{"id":3810,"date":"2020-02-16T09:41:28","date_gmt":"2020-02-16T15:41:28","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3810"},"modified":"2021-02-16T09:43:44","modified_gmt":"2021-02-16T15:43:44","slug":"mortificacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3810","title":{"rendered":"Mortificaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<p>La propuesta de\nmortificaci\u00f3n hecha por Juan de la Cruz es m\u00e1s interior que exterior. Por eso\nno habla tanto de mortificaciones, consideradas \u00e9stas como pr\u00e1cticas concretas\nexternas a realizar, cuanto de mortificaci\u00f3n, que es, m\u00e1s bien, una actitud\nespiritual global. Para comprender plenamente el contenido de este concepto\nespiritual habr\u00eda que tener en cuenta no s\u00f3lo las veces que nuestro m\u00edstico\nhabla de \u201cmortificaci\u00f3n\u201d y \u201cmortificar\u201d, sino tambi\u00e9n aquellas otras ocasiones\nen que emplea palabras como \u201cmorir\u201d, \u201cmuerte\u201d, \u201cmatar\u201d, con el sentido de mortificar\no mortificaci\u00f3n. En todo caso la primera serie de palabras subrayar\u00eda m\u00e1s la\nactitud activa: de decisi\u00f3n de la voluntad y esfuerzo de la persona en el\ncamino espiritual. La segunda, subrayar\u00eda, adem\u00e1s, con frecuencia, una\ndimensi\u00f3n m\u00e1s pasiva y de gratuidad en la experiencia de mortificaci\u00f3n como\nmuerte total al hombre viejo.<\/p>\n\n\n\n<h3>I. La\nmortificaci\u00f3n como virtud<\/h3>\n\n\n\n<p>En l\u00ednea con lo\nanteriormente dicho, para nuestro m\u00edstico la mortificaci\u00f3n m\u00e1s que una simple\npr\u00e1ctica religiosa o asc\u00e9tico-espiritual es una virtud a vivir y a conseguir,\nuna actitud de vida, un compromiso. Actitud de mortificaci\u00f3n que, a veces,\nenumera como una cualidad positiva entre las muchas que la persona puede ir\nalcanzando y que son las adecuadas para lograr un recto caminar (Ct del\n12.10.1589 y del 6.7.1591; N 2 y 3; CB,3,4; 22,3; Av, etc.). Incluso considera\nque, el no saber vivir la mortificaci\u00f3n, es camino f\u00e1cil para no perseverar en\nlas obras buenas (cf. S 3,28,7; LB 2,27).<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque las\npalabras <em>mortificaci\u00f3n <\/em>y <em>mortificar <\/em>se pueden aplicar para designar en general la actitud de\nrenuncia y &nbsp;negaci\u00f3n evang\u00e9licas de s\u00ed mismo y de las cosas, el Santo\nlas aplica de modo especial a los &nbsp;apetitos y las pasiones. Viene a decir: para ir adelante\nen el camino del evangelio, el hombre ha de esforzarse en mortificar los\napetitos sensitivos y espirituales, y las pasiones. La negaci\u00f3n de s\u00ed mismo,\nque se traduce en la negaci\u00f3n del apetito del gusto en todas las cosas, lleva a\nvivir una situaci\u00f3n humana en la que el apetito y las pasiones est\u00e1n\nmortificadas. Y, en la medida en que apetitos y pasiones est\u00e1n mortificados, el\nhombre va dando otros pasos necesarios en este camino, es decir, puede salir y\ncaminar hacia la libertad de la uni\u00f3n con Dios. Afirma E. Ancilli: \u201cLa\nmortificaci\u00f3n que debe conducirnos a la santidad no consiste obviamente en la\nmutilaci\u00f3n de nuestras tendencias profundas; m\u00e1s bien es su rectificaci\u00f3n y\nsublimaci\u00f3n. Pero, puesto que con la mortificaci\u00f3n impedimos que las tendencias\n\u201cvivan\u201d, se dice que las \u201cmortificamos\u201d, es decir, que, en cierto modo, les\ndamos muerte. El t\u00e9rmino era exacto en la moral estoica, en que, en efecto, se\ntrataba de matar las propias pasiones. Pas\u00f3 a la tradici\u00f3n cristiana, pero en\nsentido algo distinto: no se trata de extirpar ni eliminar, sino de corregir y\norientar\u201d (\u201cAscesis\u201d, <em>Diccionario de Espiritualidad<\/em>, Barcelona, Herder, 1983, vol. I, 181).<\/p>\n\n\n\n<p>Como sin\u00f3nimos de apetitos\ny &nbsp;pasiones mortificadas J. de la Cruz emplea, a veces,\notras palabras que son muy significativas: amortiguar, amortiguados, adormecer,\nadormir, adormecimiento, dormir, vencer, vencidos, sosegar, sosegada, acallar,\netc. En todas sus obras son varios los textos res\u00famenes en los que encontramos\nalgunos de estos t\u00e9rminos comentando la importancia de que las fuerzas vivas de\nlos apetitos y pasiones se encuentren mortificadas para que el hombre pueda ir\nadelante en el camino de la experiencia y comuni\u00f3n con Dios. Uno de ellos se\nhalla, por ejemplo, al final de <em>C\u00e1ntico<\/em>, comentando el verso \u201cY el cerco sosegaba\u201d: \u201cPor el cual\ncerco entiende aqu\u00ed el alma las pasiones y apetitos del alma, los cuales, cuando\nno est\u00e1n vencidos y amortiguados, la cercan en derredor, combati\u00e9ndola de una\nparte y de otra, por lo cual los llama cerco. El cual dice que tambi\u00e9n est\u00e1 ya\nsosegado, esto es, las pasiones ordenadas en raz\u00f3n y los apetitos mortificados;\nque, pues, as\u00ed es, no deje de comunicarle las mercedes que le ha pedido, pues\nel dicho cerco no es par te para impedirlo. Esto dice porque, hasta que el alma\ntiene ordenadas sus cuatro pasiones a Dios y tiene mortificados y purificados\nlos apetitos, no est\u00e1 capaz de ver a Dios\u201d (CB 40,4).<\/p>\n\n\n\n<h3>II. Sentido\ncristiano de la mortificaci\u00f3n sanjuanista<\/h3>\n\n\n\n<p>La necesidad de la\nmortificaci\u00f3n de las pasiones, concupiscencias y apetitos del hombre para vivir\nel evangelio no es algo que Juan de la Cruz afirme al margen de lo que es el\nrazonamiento del Nuevo Testamento. As\u00ed lo viene a decir \u00e9l cuando, en la\nexplicaci\u00f3n de la tercera estrofa de su gran primera obra, <em>C\u00e1ntico Espiritual<\/em>, recuerda el texto de Rom 8,13, en que se exhorta a\nvivir no seg\u00fan la carne sino seg\u00fan el Esp\u00edritu, haciendo morir en s\u00ed las obras\nde la carne. Se cita expresamente \u201cSi spiritu facta carnis motificaveriris,\nvivetis<em>\u201d, <\/em>tanto en CA 3,9 como en CB 3,10 (tambi\u00e9n LlB 2,32; sobre\nel sentido paulino de esta ense\u00f1anza sanjuanista, cf. M. A. D\u00edez, <em>Pablo en Juan de la Cruz<\/em>, p. 147165). Tambi\u00e9n, ya casi al final del primer libro\nde <em>Subida<\/em>, el Santo hace referencia a la importancia de mortificar\nlas famosas tres concupiscencias de que habla san Juan (1 Jn 2,16: S 1,13,5).\nTampoco faltan en \u00e9ste y otros textos y contextos en que se habla de\nmortificaci\u00f3n ciertas referencias cristol\u00f3gicas, es decir, referencias a seguir\nlos pasos de Jes\u00fas, imitando su vida y mortificaci\u00f3n (cf. 1 Pe 2,21: S 2,29,9;\nCt del 18.11.1586 y del 18.7.1589).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, para\ncomprender de verdad el sentido cristiano de la mortificaci\u00f3n sanjuanista,\nadem\u00e1s de tener en cuenta las referencias expl\u00edcitas a los textos\nneotestamentarios que hablan de ello, hay que iluminar tambi\u00e9n este discurso a\nla luz de todo lo que se dice respecto de otros conceptos en los que el NT\narticula su doctrina asc\u00e9tico\/m\u00edstica. Muy clarificadora me parece la reflexi\u00f3n\nsiguiente: a decir verdad, la palabra \u201cmortificaci\u00f3n\u201d no aparece en el &nbsp;Evangelio. Cristo\nha usado otras palabras, y con matices distintos; lo que exige de quien quiere\nseguirle es: abnegaci\u00f3n y llevar la cruz (Lc 9,23; 14,27), renuncia y\ndesasimiento (14, 26 et 33), cortes dolorosos (Mt 5, 29-30; Jn 15, 2), lucha (Mt\n10,34; Lc 11,21-26), penitencia (Mt 11,20; Lc 13,15), etc. La idea de\nmortificaci\u00f3n se evoca claramente en la comparaci\u00f3n del grano de trigo que\nmuere en la tierra (Jn 12, 24-26). La palabra mortificaci\u00f3n es paulina, como\ntambi\u00e9n la de despojarse (Col 3, 9-10), y la de crucificar los propias\napetencias (Gal 5,24). Todos estos t\u00e9rminos expresan ideas relacionadas entre\ns\u00ed, y tienen grandes coincidencias, hasta el punto de que con frecuencia se usa\nuno por otro (Ch. Morel, \u201cMortification\u201d, en <em>DS<\/em>, t. 10, 1980, col. 1791). Quien lee a J. de la\nCruz puede comprobar f\u00e1cilmente c\u00f3mo en sus escritos tambi\u00e9n est\u00e1n presentes\ntodas estas palabras y conceptos que ayudan a identificar mucho mejor las\nl\u00edneas m\u00e1s b\u00edblicas de su discurso asc\u00e9tico.<\/p>\n\n\n\n<h3>III. Mortificaci\u00f3n\ntotal<\/h3>\n\n\n\n<p>Expresamente el\nSanto se plantea si la mortificaci\u00f3n ha de ser <em>total <\/em>y de <em>todos los apetitos<\/em>. La respuesta es afirmativa (S 1,11 y 12). Su\nrazonamiento es casi minucioso, y surge como un par\u00e9ntesis necesario dentro de\nla explicaci\u00f3n de la purificaci\u00f3n activa del sentido: \u201cParece que ha mucho que\nel lector desea preguntar que si es de fuerza que, para llegar a este alto\nestado de perfecci\u00f3n, ha de haber precedido mortificaci\u00f3n total en todos los\napetitos, chicos o grandes, y que si bastar\u00e1 mortificar alguno de ellos y dejar\notros, a lo menos aquellos que parecen de poco momento; porque parece una cosa\nrecia y muy dificultosa poder llegar el alma a tanta pureza y desnudez, que no\ntenga voluntad y afici\u00f3n a ninguna cosa\u201d (S 1,11,1). Aclara acto seguido que se\nrefiere fundamentalmente a los apetitos voluntarios y a los h\u00e1bitos voluntarios\nde los mismos. Porque los apetitos naturales involuntarios \u201cpoco o nada impiden\npara la uni\u00f3n\u201d; y porque \u201cquitar \u00e9stos \u2013que es mortificarlos del todo en esta\nvida\u2013 es imposible\u201d (S 1,11, 2). Pero no s\u00f3lo se contenta con afirmar.\nJustifica tambi\u00e9n por qu\u00e9 hay que vaciarse de todo apetito voluntario, sea\ngrande o peque\u00f1o. \u201cLa raz\u00f3n es porque el estado de esta divina uni\u00f3n consiste\nen tener el alma seg\u00fan la voluntad con tal transformaci\u00f3n en la voluntad de\nDios, de manera que no haya en ella cosa contraria a la voluntad de Dios, sino\nque en todo y por todo su movimiento sea voluntad solamente de Dios\u201d (ib.). La\nmotivaci\u00f3n \u00faltima es, pues, fundamentalmente teologal.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta reflexi\u00f3n es\nla conclusi\u00f3n l\u00f3gica de su peque\u00f1o tratado sobre el da\u00f1o o da\u00f1os de los\napetitos no negados o mortificados (S 1,6-10). Hablando de ellos unos cap\u00edtulos\nantes hab\u00eda dicho y explicado que el no negar o mortificar los apetitos\nvoluntarios, aparte de producir una serie de da\u00f1os antropol\u00f3gicos que se\nderivan para la persona (\u201ccansan el alma y la atormentan y oscurecen y la\nensucian y la enflaquecen\u201d: S 1,6,5), tiene como consecuencia un da\u00f1o teologal\nde no menor importancia: \u201cla privan del Esp\u00edritu de Dios\u201d (S 1,6,1). Ambas\nclases de da\u00f1os se pueden resumir en la afirmaci\u00f3n siguiente, de gran fuerza\nexpresiva: \u201clos apetitos no mortificados llegan a tanto que matan el alma en Dios,\nporque ella primero no los mat\u00f3 &#8230; y s\u00f3lo lo que en ella vive son ellos\u201d (S\n1,10,3). En otro texto dir\u00e1, con palabras no menos claras, aunque quiz\u00e1 puestas\nen clave m\u00e1s positiva: \u201cEl camino de buscar a Dios es ir obrando en Dios el\nbien y mortificando en s\u00ed el mal\u201d (CB 3,4; cf. Ct del 12.10.1589). Afirmaci\u00f3n\ncon claro sabor de referencias b\u00edblicas.<\/p>\n\n\n\n<p>De estos textos, y\ndel contexto de toda la obra del Santo, se deduce que lo que se pretende con\ndicha mortificaci\u00f3n es destruir, hacer morir una situaci\u00f3n del hombre en la que\n\u00e9ste camina guiado s\u00f3lo o principalmente por sus apetitos tanto sensitivos como\nespirituales, pasiones, concupiscencias, etc. Situaci\u00f3n creada a partir del\npecado original, que rompi\u00f3 el equilibrio interno que deb\u00eda reinar en el hombre\n(S 1,1,1 y 15,1).<\/p>\n\n\n\n<h3>IV. Verdadera\nmortificaci\u00f3n<\/h3>\n\n\n\n<p>Es tanto lo que el\nhombre se juega en la mortificaci\u00f3n vivida al estilo del NT, que no se puede\nandar con medias tintas. Por eso, se explica que nuestro autor critique, por su\nparte, una mortificaci\u00f3n a medias, s\u00f3lo en lo material o de las cosas profanas,\no una mortificaci\u00f3n que no se viva en funci\u00f3n de llegar a una verdadera\ndesnudez y pobreza de esp\u00edritu. Comentando la radicalidad del precepto\nevang\u00e9lico de \u201cnegarnos a nosotros mismos\u201d, a\u00f1ade que algunos \u201centienden que\nbasta cualquier manera de retiramiento y reformaci\u00f3n en las cosas y otros se\ncontentan con en alguna manera ejercitarse en las virtudes y continuar la\noraci\u00f3n y seguir la mortificaci\u00f3n, m\u00e1s no llegan a la desnudez y pobreza o\nenajenaci\u00f3n o pureza espiritual (que todo es uno), que aqu\u00ed nos aconseja el\nSe\u00f1or &#8230; que piensan que basta negarla (la naturaleza) en lo del mundo y no\naniquilarla y purificarla en la propiedad espiritual\u201d (S 2,7,5; cf. 2,17,4).<\/p>\n\n\n\n<p>La mortificaci\u00f3n\nsanjuanista siempre ha de afectar a lo interior del hombre para ser verdadera y\ntotal. Una mortificaci\u00f3n que se queda fuera o en la superficie, a Juan de la\nCruz no le interesa. Por eso, \u00e9l suele preferir hablar de penitencia o\npenitencias para designar lo que hoy d\u00eda se llama mortificaciones. Es una\nexcepci\u00f3n CB 3,4, donde habla de un camino de \u201cmortificaciones, penitencias y\nejercicios espirituales\u201d. Con todo, incluso a veces su discurso sobre la\npenitencia o las penitencias tiene un sentido de mortificaci\u00f3n interior del\nhombre (N 1,9,4; 6,2; 14,5; 2,16,10; 23,3; CB 31,6).<\/p>\n\n\n\n<p>En el libro <em>Noche oscura <\/em>hay dos expresiones muy gr\u00e1ficas para subrayar la fuerza de la\nmortificaci\u00f3n: \u201cmorir por verdadera mortificaci\u00f3n\u201d (N 1, canc. 1\u00aa, decl. 1), y\n\u201cviva mortificaci\u00f3n\u201d (N 2,24,4). Estas frases se encuentran precisamente en el\nlibro destinado a tratar no tanto de la purificaci\u00f3n activa, cuando m\u00e1s bien\ndel camino de la purificaci\u00f3n pasiva, que llama, en su fase m\u00e1s decisiva y\nprofunda, \u201csepulcro de oscura muerte\u201d (N 2,6,1). De hecho, llegar al estado de\nverdadera y viva mortificaci\u00f3n es, sobre todo, un don de Dios: algo que no se\nalcanza s\u00f3lo por el esfuerzo y compromiso del hombre, sino principalmente a\ntrav\u00e9s del paso por la purificaci\u00f3n o noche pasiva, tanto sensitiva como del\nesp\u00edritu (N 1,7,5; N 2,23,10).<\/p>\n\n\n\n<p>Queriendo explicar\nel sentido de la primera canci\u00f3n del poema <em>Noche oscura<\/em>, el Santo\nescribe: \u201cCuenta el alma en esta primera canci\u00f3n el modo y manera que tuvo en\nsalir seg\u00fan la afici\u00f3n, de s\u00ed y de todas las cosas, muriendo por verdadera\nmortificaci\u00f3n a todas ellas y a s\u00ed misma, para venir a vivir vida de amor dulce\ny sabrosa con Dios\u201d (N 1, canc. 1\u00aa, decl. 1). El texto tiene amplias\nreferencias paulinas y bautismales. Algo que se percibe mejor cuando a\ncontinuaci\u00f3n se explica que esta meta s\u00f3lo se puede alcanzar plenamente de\nforma pasiva, porque, s\u00f3lo la oscura noche de contemplaci\u00f3n y de amor por la\nque Dios encamina al hombre, puede causar en el alma la completa negaci\u00f3n y\nverdadera mortificaci\u00f3n de s\u00ed y de todas las cosas (N 1, canc. 1\u00aa, decl. 1-2).<\/p>\n\n\n\n<p>Grandes son las\ncoincidencias de este texto con otro de <em>Llama <\/em>en el que comenta el verso \u201cMatando, muerte en vida\nla has trocado\u201d y que insiste en la idea de que s\u00f3lo Dios matando lo que era\nmuerte en el hombre, puede conducirlo a la verdadera vida (LlB 2, 32-36): \u201cMas\nt\u00fa, \u00a1oh divina vida!, nunca matas sino para dar vida, as\u00ed como nunca llagas\nsino para sanar &#8230; Llag\u00e1steme para sanarme, \u00a1oh divina mano!, y mataste en m\u00ed\nlo que me ten\u00eda muerta, sin la vida de Dios en que ahora me veo vivir\u201d (LlB 2,16;\ncf. 2,31).<\/p>\n\n\n\n<p>Este, sin embargo,\nno es un proceso que Dios haga en contra de la voluntad del hombre. Ya casi al\nfinal de <em>Noche<\/em>, no s\u00f3lo se habla de un estado de gran desnudez y \u201cviva\nmortificaci\u00f3n\u201d, sino tambi\u00e9n se recuerda que \u00e9ste es un camino en el que el\nhombre acepta \u201cser desnudado de su voluntad y ser mortificado\u201d de toda la\npropia realidad vieja en el paso por la noche en busca del Amado (N 2, 24,4).\nComo dice en CB 29,11: \u201cTal es el que anda enamorado de Dios, que no pretende\nganancia ni premio, sino s\u00f3lo perderlo todo y a s\u00ed mismo en su voluntad por\nDios; y \u00e9sa tiene por su ganancia; y as\u00ed lo es, seg\u00fan dice san Pablo, diciendo:\n\u2018Mori lucrum\u2019; esto es, mi morir por Cristo es mi ganancia (Fip 1,21),\nespiritualmente a todas las cosas y a m\u00ed mismo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>BIBL. \u2014 LUCIEN MARIE DE ST. JOSEPH, \u201cAsc\u00e8se de\nlumi\u00e8re\u201d, en <em>EtCarm <\/em>(1948) 201-219; Id. \u201cAn\u00e9antissement ou\nrestauration?\u201d, en <em>EtCarm <\/em>(1954) 194-212; G. JORDAN, \u201cMortification: Saint John of the Cross,\nabundance of Life in Christ\u201d, en <em>Religious Life Review <\/em>27 (1988) 195-204; EULOGIO PACHO, <em>San Juan de la Cruz. <\/em><em>Temas fundamentales<\/em>, t. 2, Burgos, Monte Carmelo, 1984, p. 24-28; MIGUEL \u00c1NGEL\nDIEZ, <em>Pablo en Juan de la Cruz. Sabidur\u00eda\ny ciencia de Dios<\/em>, Burgos, Monte Carmelo, 1990.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Jos\u00e9 Dami\u00e1n Gait\u00e1n<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La propuesta de mortificaci\u00f3n hecha por Juan de la Cruz es m\u00e1s interior que exterior. 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