{"id":3814,"date":"2020-02-16T09:45:52","date_gmt":"2020-02-16T15:45:52","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3814"},"modified":"2021-02-16T09:47:12","modified_gmt":"2021-02-16T15:47:12","slug":"mujer-es-en-j-de-la-cruz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3814","title":{"rendered":"Mujer\/es en J. de la Cruz"},"content":{"rendered":"\n<p>Es constante y\nrelevante la concurrencia de la mujer en la vida de los santos. Tambi\u00e9n aqu\u00ed\nrige el or\u00e1culo divino: \u201cNo conviene al hombre estar solo\u201d (G\u00e9n. 2, 18). Gran relevancia\ntuvo la mujer en el mismo Jesucristo, y con qu\u00e9 delicadeza y alta distinci\u00f3n la\nhonr\u00f3 en su dignidad el Hijo de Mar\u00eda. Es asimismo muy acusada y permanente la\npresencia de la mujer en Juan de la Cruz, hasta el punto de que en su vida y\nactividad prevalece la comparecencia femenina sobre la masculina.<\/p>\n\n\n\n<p>Podr\u00edamos\ndistinguir en \u00e9l a la mujer en abstracto, como la media porci\u00f3n del g\u00e9nero\nhumano; y a las mujeres en concreto y que giraron en torno a su persona y su\nobra. Hasta 311 nombres de mujeres registramos en torno a J. de la Cruz. Pero\nanotemos ya de entrada con Suzanne Br\u00e9ssard que \u201cnunca hubo tantas llamas\njuntas y nunca menos riesgo de incendios\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Respecto a la\nmujer en teor\u00eda, no hay diferencia ni discriminaci\u00f3n en la apreciaci\u00f3n de J. de\nla Cruz respecto al hombre. Para este maestro espiritual, sobre hombres y\nmujeres, hab\u00eda almas; hab\u00eda personas, indistintamente llamadas a la perfecci\u00f3n\nde vida a trav\u00e9s de la oraci\u00f3n, a quienes \u00e9l orient\u00f3 hacia la intimidad divina hasta\nllegar a la &nbsp;uni\u00f3n con Dios. Esa era la meta de J. de la Cruz tanto\npara los hombres como para las mujeres espirituales.<\/p>\n\n\n\n<p>De ah\u00ed que la\nmujer simplemente como tal no desempe\u00f1e gran papel ni en su palabra ni en su\npluma. Tan solo se registran 20 frecuencias para la voz <em>mujer<\/em>, en las que s\u00f3lo hallamos estas referencias entre negativas y\npositivas: las mujeres que lloraban a Adonis (S 1,9,5-6), la mujer babil\u00f3nica\n(S 3,22,4), la mujer de Lot (Ct 9), la mujer de Pilato (S 16,3), la samaritana\n(S 3,39, 2), las mujeres en el sepulcro (S 3,31, 8), la advertencia paulina de\nque los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran (S 1,11,8; 3,18, 6) y la\nmujer que encontr\u00f3 la dracma perdida (CB 22,1).<\/p>\n\n\n\n<h3>I. Las dos madres<\/h3>\n\n\n\n<p>En el ambiente\nfamiliar de Juan de Yepes destacan tres mujeres: Catalina \u00c1lvarez, su madre;\nAna Izquierdo, su cu\u00f1ada (esposa de su hermano Francisco) y Bernarda, su\nsobrina (luego religiosa cisterciense).<\/p>\n\n\n\n<p>Su madre &nbsp;Catalina fue la\nmentora y la sombra de Juan hasta bien corrida su existencia de religioso. Ella\ncuid\u00f3 de su educaci\u00f3n y estudios, ella le alent\u00f3 en sus afanes de consagrarse a\nDios, ante ella cant\u00f3 fray Juan en &nbsp;Medina del Campo la primera misa en 1567; a su madre la\nllev\u00f3 para que atendiese a los frailes descalzos en &nbsp;Duruelo y tuvo el\nconsuelo de que al morir ella en 1580 la hubieran enterrado con honor en las\ncarmelitas descalzas de Medina \u201ccomo una santa\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Otra mujer y otra\nmadre decisiva para J. de la Cruz fue &nbsp;Teresa de Jes\u00fas.\nElla marc\u00f3 el rumbo carmelitano de fray Juan asoci\u00e1ndole como pieza fundamental\nen su tarea de la renovaci\u00f3n del Carmelo. Esto fue en septiembre de 1567, y en\n28 de noviembre de 1568, Juan de la Cruz inaugur\u00f3 en Duruelo la experiencia de\nlos carmelitas descalzos. Teresa de Jes\u00fas fue madre e hija espiritual del Santo\ny maestra y disc\u00edpula del doctor. Son ahora los dos, inseparablemente, los grandes\nSantos del Carmelo y Doctores de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<h3>II. Hijas\nespirituales<\/h3>\n\n\n\n<p>Por la Madre\nTeresa, una pl\u00e9yade de religiosas carmelitas entran en la \u00f3rbita espiritual del\nSanto. Primero en el monasterio de la Encarnaci\u00f3n de \u00c1vila, como confesor y\ndirector espiritual de una numerosa comunidad de carmelitas (1572-1577). Puesto\nall\u00ed de asiento con esa misi\u00f3n y con morada fija en el entorno del monasterio,\nJ. de la Cruz hizo una labor espiritual muy positiva entre aquellas mujeres\nnecesitadas de luces y est\u00edmulos para la perfecci\u00f3n de vida. Juntando luz de\ndoctrina y ejemplo de vida el buen director hizo labor de encaje en aquellos esp\u00edritus,\nmuy a satisfacci\u00f3n de la Madre Teresa. M\u00e1s adelante prosigui\u00f3 fray Juan su\ntarea de confesor y director espiritual de las carmelitas descalzas,\nespecialmente en los monasterios de &nbsp;Beas de Segura (Ja\u00e9n), Granada y &nbsp;Segovia.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre sus hijas\nespirituales descuellan las descalzas &nbsp;Ana de Jes\u00fas\n(Lobera), &nbsp;Ana de San Bartolom\u00e9, &nbsp;Ana de San\nAlberto, &nbsp;Catalina de Cristo, &nbsp;Magdalena del\nEsp\u00edritu Santo, &nbsp;Catalina de Jes\u00fas, &nbsp;Mar\u00eda de Jes\u00fas, &nbsp;Beatriz de San\nMiguel, &nbsp;Mar\u00eda de la Cruz, &nbsp;Leonor de San\nGabriel, etc. Estas y otras muchas religiosas fueron despu\u00e9s testigos\nexcepcionales de la santidad de fray Juan en los procesos de beatificaci\u00f3n y\ncanonizaci\u00f3n del Santo. A ellas hay que agregar otras mujeres seglares y del\nmundo que gozaron tambi\u00e9n de su direcci\u00f3n espiritual, como &nbsp;Ana de Pe\u00f1alosa, &nbsp;Juana de Pedraza, &nbsp;Mar\u00eda de Soto,\netc.<\/p>\n\n\n\n<p>La impronta e\nirradiaci\u00f3n de Juan de la Cruz sobre la mujer se ha hecho notar as\u00ed mismo\ndespu\u00e9s de su muerte y son incontables las mujeres sobre las que sigue\nejerciendo poderoso influjo el m\u00edstico Doctor. Merecen nombrarse las figuras\nm\u00e1s relevantes: las carmelitas Cecilia del Nacimiento, Mar\u00eda de san Alberto, santa\n&nbsp;Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas, beata &nbsp;Isabel de la\nTrinidad, &nbsp;S. Teresa Benedicta (Edith Stein), santa &nbsp;Teresa de los\nAndes, Madre Maravillas de Jes\u00fas, etc.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuera del Carmelo\nson tambi\u00e9n muchas las mujeres sanjuanistas en esp\u00edritu: Santa Juana Francisca\nde Chantal, Condesa de Bornos, Margarita M\u00aa L\u00f3pez de Maturana, Cristina de\nArteaga, M\u00aa Josefa Segovia, Mar\u00eda Teresa de San Juan de la Cruz (benedictina),\nFrancisca Javiera del Valle, Chiara Lubich, etc.<\/p>\n\n\n\n<h3>III. Mujeres\nestudiosas de S. Juan de la Cruz<\/h3>\n\n\n\n<p>Son legi\u00f3n las\nmujeres estudiosas del sanjuanismo en las m\u00e1s variadas facetas de la\ninvestigaci\u00f3n: biograf\u00edas, filolog\u00eda, literatura, filosof\u00eda, espiritualidad,\nm\u00edstica, etc. Por las mujeres y para ellas principalmente escribi\u00f3 J. de la\nCruz. Ellas fueron las primeras destinatarias de sus libros y ellas han sido\ntambi\u00e9n las m\u00e1s eficaces transmisoras de sus escritos.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay nombres\nfemeninos consagrados en los anales del sanjuanismo moderno, que merece la pena\nregistrarlos aqu\u00ed, al menos los m\u00e1s ilustres y conocidos: Carolina Peralta,\nGesualda del Esp\u00edritu Santo, Mar\u00eda del Sacramento, Juana de la Cruz,\nMarie-Dominique Poinsenet, OP, Eulalia Galvarriato, Gabriela Cunninghame\nGraham, Irene Behn, Mar\u00eda Teresa Hubert, Jule Galofaro, Susana Br\u00e9ssard, Hilda\nCharlotte Graef, Josefina Alvarez de C\u00e1novas, Rosalinda Murray, Jane Ellen\nAckerman, Mar\u00eda Rosa Lida, Fernanda P\u00e9pin, Margaret Wilson, Rosa Mar\u00eda de\nIcaza, Luce L\u00f3pez-Baralt, Mar\u00eda Jes\u00fas Mancho Duque, Carr\u00e9 Chataignier, Carolina\nValencia, Carmen Conde, Pilar Paz Pasamar, Hikdegard Ward, Rosa Rossi, Adela\nMedina Cuesta, Oda Schneider, Barbara Dent, Claire M. Gaudreau, Eva Cervantes,\nHildegard Waach, Marilyn May Mallory, Mar\u00eda Jes\u00fas Fern\u00e1ndez Leborans, Yvonne\nPell\u00e9-Douel, Raissa Maritain, Angeles Cardona Castro, Paola El\u00eda, Catherine\nSwietlicki, Catalina Buezo, Irene Vallejo, Encarnaci\u00f3n Garc\u00eda Valladares, Charo\nDom\u00ednguez L\u00f3pez, Mar\u00eda \u00c1ngeles L\u00f3pez Garc\u00eda, Emilia Montaner, Mercedes Navarro\nPuerto, Aurora Egido, Mar\u00eda del Sagrario Roll\u00e1n, etc.<\/p>\n\n\n\n<p>En las modernas\nbibliograf\u00edas del Santo podr\u00e1n verificarse f\u00e1cilmente las aportaciones\nsanjuanistas de \u00e9stas y otras mujeres, que aqu\u00ed no rese\u00f1amos individualmente\npor exigencias de brevedad.<\/p>\n\n\n\n<h3>IV. Juan de la\nCruz y el feminismo<\/h3>\n\n\n\n<p>En nuestro tiempo\nhierve por doquier el feminismo y arrecia fuerte el movimiento feminista. J. de\nla Cruz no necesit\u00f3 campa\u00f1as de proselitismo en favor de la mujer para haberse\nrespecto a ella con la m\u00e1xima consideraci\u00f3n, el mayor respeto, la sincera\nestima y la m\u00e1s delicada amistad. No fue nada insensible ante la mujer ni\nf\u00edsica ni psicol\u00f3gica ni espiritualmente. La asumi\u00f3 con naturalidad como ella\nes, la acept\u00f3 en su compleja personalidad y la condujo a las vetas m\u00e1s altas de\nla perfecci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, el\nhombre Juan no fue nada ajeno a la seducci\u00f3n de los encantos femeniles. S\u00f3lo\nque pudo y supo elevarse de los sentidos al esp\u00edritu, de la carne a la gracia,\nde la criatura a Dios. J. de la Cruz era ante todo un hombre, no un \u00e1ngel; de\ncarne y hueso, con todas sus pasiones. Supo bien que \u201cla mujer babil\u00f3nica\u201d\nbrinda a los humanos el embriagador n\u00e9ctar que enerva los sentidos y no perdona\nni al \u201csupremo e \u00ednclito santuario y divino sacerdocio que no le d\u00e9 a beber el\nvino de este c\u00e1liz de vano gozo, pues tan pocos se hallar\u00e1n que por santos que\nhayan sido, no los haya embelesado y trastornado algo esta bebida del gozo y\ngusto de la hermosura y gracia naturales\u201d (S 3,22,4).<\/p>\n\n\n\n<p>Lo prob\u00f3 por\nexperiencia propia fray Juan, pues fue tentado en varias ocasiones por hermosas\nmujeres que le sorprendieron en su mismo aposento. A su vista, el descalzo en\na\u00f1os de juventud, sinti\u00f3 el ramalazo de la pasi\u00f3n y percibi\u00f3 en s\u00ed la m\u00e1s\ngrande tentaci\u00f3n de su vida. Pero reaccion\u00f3 pronto y gan\u00f3 para el amor de Dios\nel alma de la gentil tentadora.<\/p>\n\n\n\n<p>Estos rasgos\nrevelan que tampoco para las mujeres era fray Juan un ser indiferente; antes\nbien, que ejerc\u00eda cierto hechizo en el sexo d\u00e9bil. Una de ellas dice que siendo\nel padre Juan \u201cun hombre no hermoso\u201d y peque\u00f1o y sin las partes que en el mundo\nllevan los ojos, \u201ccon todo eso, no s\u00e9 qu\u00e9 trasluc\u00eda en \u00e9l que llevaba los ojos\ntras de s\u00ed para mirarle como para o\u00edrle\u201d (Mar\u00eda de san Pedro, BMC 14, 183).<\/p>\n\n\n\n<p>Juan de la Cruz,\ncomo <em>santo<\/em>, las anim\u00f3 para practicar las virtudes y escalar el\narduo &nbsp;camino de la perfecci\u00f3n. Como <em>doctor<\/em>, ilumin\u00f3 sus mentes con luces del cielo para\nadentrarse en la vida de oraci\u00f3n y, pasando las noches oscuras, lograr la meta\nde la uni\u00f3n con Dios. A mujeres dedic\u00f3 los libros m\u00e1s altos de la m\u00e1s sublime\nm\u00edstica: <em>C\u00e1ntico Espiritual <\/em>(Ana de Jes\u00fas) y <em>Llama de amor viva <\/em>(Ana de Pe\u00f1alosa).\nComo <em>poeta, <\/em>J. de la Cruz supo\nencandilar el alma de las mujeres por la v\u00eda de la hermosura y por la llama del\namor. En pos de la belleza increada y en aras de la caridad divina, fray Juan\nhizo filigranas en el alma sensible y susceptible de toda mujer.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed fue J. de la\nCruz para la mujer, en plena sinton\u00eda con la actitud de Jesucristo para con\nella: las acogi\u00f3 con bondad, las ayud\u00f3 con sacrificio, las ilustr\u00f3 con su\nelevada doctrina, las sirvi\u00f3 con caridad, las defendi\u00f3 con energ\u00eda, las honr\u00f3\ncon libros, cartas y versos, las consol\u00f3 en sus penas, las perdon\u00f3 en sus\ndebilidades, las alab\u00f3 con sincero reconocimiento de sus m\u00e9ritos. A J. de la\nCruz caben en gran medida la letra y el esp\u00edritu de la exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica\n\u201cMulieris dignitatem\u201d (AAS 80, 1988, 1653-1729).<\/p>\n\n\n\n<h3>V. Una sobre todas<\/h3>\n\n\n\n<p>En el entorno\nexistencial e hist\u00f3rico femenino de J. de la Cruz hay una mujer que supera a\ntodas en verdad, bondad y belleza. Porque hubo sobre todas una Mujer en fray\nJuan que fue el amor de su vida, tan profundo y secreto, que lo ador\u00f3 silente a\ntodas horas en el altar iluminado e incandescente de su coraz\u00f3n. Apenas os\u00f3\npronunciar su nombre para no turbar la atenci\u00f3n de su contemplaci\u00f3n absorta.\nAbraz\u00f3 su Orden, profes\u00f3 su Regla, llev\u00f3 su veste, adopt\u00f3 su nombre, habit\u00f3 en\nsu casa e imit\u00f3 su vida de oyente, orante y oferente. <em>Mar\u00eda <\/em>fue el aliento de su <em>Subida<\/em>,\nluna llena de su <em>Noche oscura<\/em>,\nmelod\u00eda de su <em>C\u00e1ntico, <\/em>ardor de su <em>Llama<\/em>. En la peregrinaci\u00f3n de fray Juan\npor la tierra no pudo haber m\u00e1s bello itinerario: de mujer a Mujer, de madre a\nMadre, de virgen a Virgen, de hermana a Hermana, de se\u00f1ora a Se\u00f1ora. De Mar\u00eda a\nDios. Y el gozo final fue la posesi\u00f3n de tal prenda, que colm\u00f3 de gloria su\ncoraz\u00f3n de hombre: \u201c\u00a1Y la Madre de Dios es m\u00eda, porque Cristo es m\u00edo. Y todo es\npara m\u00ed!\u201d (<em>Oraci\u00f3n de alma enamorada<\/em>)<em>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>BIBL. \u2014 ISMAEL BENGOECHEA, <em>San Juan de la<\/em> <em>Cruz y la mujer<\/em>, Sevilla 1986; Id. \u201cSan Juan de la Cruz y el\nEterno Femenino\u201d, en <em>SJC <\/em>13 (1997) 119133.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Ismael Bengoechea<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es constante y relevante la concurrencia de la mujer en la vida de los santos. Tambi\u00e9n aqu\u00ed rige el or\u00e1culo divino: \u201cNo conviene al hombre estar solo\u201d (G\u00e9n. 2, 18). 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