{"id":3831,"date":"2020-02-16T09:55:35","date_gmt":"2020-02-16T15:55:35","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3831"},"modified":"2021-02-16T09:57:14","modified_gmt":"2021-02-16T15:57:14","slug":"nino-tierno-en-los-brazos-de-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3831","title":{"rendered":"Ni\u00f1o tierno &#8211; en los brazos de Dios"},"content":{"rendered":"\n<p>JC aparece siempre\nsintonizado con los fen\u00f3menos naturales, con los gestos ingenuos, con las\nescenas de intimidad familiar. Hieren su delgada sensibilidad como toque\ndelicado, como regalada llaga, como cauterio suave de \u201cuna mano blanda\u201d. Le\npenetran hasta lo m\u00e1s profundo del ser enamor\u00e1ndole delicadamente y produciendo\nen \u00e9l gloriosos vibramientos.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuanto ha\ncontemplado con amoroso deleite en la naturaleza acude trasfigurado a su pluma\nal momento de la escritura; lo revive en clave figurativa, convirti\u00e9ndolo en\ns\u00edmiles y s\u00edmbolos. Abundan en la pluma sanjuanista s\u00edmiles de procedencia\nfamiliar y ambiental. Entre los preferidos pueden contarse el del &nbsp;\u201clazarillo\u201d, o\nmozo de ciego, y el del \u201cni\u00f1o tierno\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Contemplando la\nvida espiritual como crecimiento y desarrollo progresivo, a partir del\nnacimiento en el bautismo, nada m\u00e1s natural compararla con el proceso biol\u00f3gico\nde la persona humana. As\u00ed lo ha hecho la tradici\u00f3n cristiana arrancando de la\nmisma Escritura. Son bien conocidas las innumerables referencias de Jes\u00fas a la\nni\u00f1ez, as\u00ed como las frecuentes y pl\u00e1sticas aplicaciones de san Pablo, tanto a\nsu propia vida espiritual como a la de las primitivas comunidades cristianas.<\/p>\n\n\n\n<p>El reclamo de la infancia,\ncomo estadio inicial de la vida o como situaci\u00f3n peculiar en lo espiritual, es\nconstante e inevitable en todos los maestros de esp\u00edritu. Sabido es que &nbsp;Teresa de Lisieux\nhizo de la \u201cinfancia espiritual\u201d el gozne de su existencia religiosa y de su\nmensaje eclesial. No es id\u00e9ntico el caso de fray Juan de Cruz, pero en su\ntem\u00e1tica y en su exposici\u00f3n adquiere relieve muy notable.<\/p>\n\n\n\n<p>Bajo dos\nconsideraciones fundamentales aparece lo infantil en sus p\u00e1ginas. Responden a\ndos visiones diferentes: risue\u00f1a una, acongojada la otra. Acaso la m\u00e1s\nllamativa y conocida es esta segunda. Cualquier lector asiduo ha constatado que\nJC vuelve con frecuencia sobre una situaci\u00f3n espiritual pintada al claroscuro,\npero dominada por las sombras. Un diagn\u00f3stico severo y preocupante la describe\ncomo \u201cinfantilismo espiritual\u201d, propio de muchas almas que llevan a\u00f1os en la\nbrega, pero avanzado poco. Personas muy entradas en a\u00f1os, pero espiritualmente\ninmaduras, con caprichos y gustos de ni\u00f1os. Se creen a veces \u201cpor de muy all\u00e1\u201d,\npero en realidad son \u201cprincipiantes\u201d. Es corriente en el Santo la equiparaci\u00f3n\nentre \u201cprincipiantes\u201d e \u201cinfantilismo espiritual\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Sabe perfectamente\nque la naturaleza no da saltos; que un crecimiento normal y seguro tiene sus\ncomienzos en la ni\u00f1ez, en lo peque\u00f1o. Reconoce tambi\u00e9n con toda claridad que en\nel orden espiritual se mantienen las mismas leyes de crecimiento y desarrollo\npropias de la naturaleza humana, porque Dios, en su sabia pedagog\u00eda, se acomoda\ny respeta el dinamismo natural del proceso vital humano (S 2, 17, 2). Existe,\npor tanto, y tiene que existir, una fase de la vida espiritual propia de los\ncomienzos, de los primeros movimientos, de los pasos titubeantes, del \u201cbalbucir\nm\u00e1s que del hablar\u201d. Todo ello existe y es bueno; necesario para un desarrollo\nnormal y corriente. Es una etapa querida por Dios y a \u00e9l agradable (S 2, 24, 4;\nLl 3, 65).<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando JC la\nemprende contra el infantilismo y amonesta de sus peligros es precisamente\nporque denota que se ha producido o se produce un estancamiento en el crecimiento\nespiritual. Estancarse en situaciones propias de principiantes es poner freno a\nla evoluci\u00f3n normal de la vida de la gracia. Como en el crecimiento natural se\ndan personas llegadas a la madurez biol\u00f3gica que demuestran actitudes\npsicol\u00f3gicas propias de la infancia, lo mismo sucede en el proceso espiritual. Los\nprincipiantes pueden ser personas mayores, aferradas a sus gustos y caprichos\nespirituales. Ni\u00f1os grandes que por falta del adecuado desarrollo sufren de\ninfantilismo. A esos sujetos es a quienes insta el Santo para que se decidan de\nuna vez a romper amarras, a que en \u201cesto de aprovechar no tengan tanta\npaciencia, que no querr\u00eda Dios ver en ellos tanta\u201d (N 1, 5, 3)<\/p>\n\n\n\n<p>Al denunciar el\nSanto la preocupante sintomatog\u00eda del infantilismo espiritual sabe que\ndiagnostica una enfermedad peligrosa: el raquitismo espiritual. Pero no se\nsirve habitualmente del s\u00edmil del ni\u00f1o tierno, del \u201cpeque\u00f1ue1o\u201d. Es el que le\nagrada y encanta cuando tiene que aludir a la otra vertiente de la infancia: la\nrisue\u00f1a y feliz de la ni\u00f1ez; la actitud que luego caracteriza permanentemente\nla vida como postura ante esa \u201cmadre\u201d que es Dios.<\/p>\n\n\n\n<h3>1. Dios, \u201cpadre\ninmenso y madre tierna\u201d<\/h3>\n\n\n\n<p>Aludir al ni\u00f1o\npeque\u00f1o implica referencia primaria y obligada a sus padres. Hablar de la paternidad\no maternidad, referidas a Dios en el orden de la gracia, equivale a pensar en\ncategor\u00edas humanas que tienen poco que ver con la realidad divina. Los\nantropomorfismos son obligados, y de ellos se sirve la revelaci\u00f3n para\nmanifestarnos las relaciones de Dios con el hombre. En ese marco se colocan las\ndescripciones sanjuanistas cuando trata de explicar el comportamiento de Dios,\npadre, con el hombre, hijo. Apoyado en la Escritura, JC comprueba c\u00f3mo es el\ntrato de Dios con el \u201chijo tierno\u201d, con el \u201cpeque\u00f1uelo\u201d, se ilustra y se figura\nperfectamente en lo que su experiencia y observaci\u00f3n le ense\u00f1an sobre la\nternura de la madre hacia el hijo.<\/p>\n\n\n\n<p>JC se presenta\ncomo buen \u201clazarillo\u201d para encaminar por esa senda de tanta actualidad cuando\nindaga sobre el rostro femenino y materno de Dios, y que ha recibido solemne\nespaldarazo en la enc\u00edclica de Juan Pablo II (<em>Mulieris dignitatem<\/em>). Entre las\ncualidades masculinas y femeninas de Dios recordadas por la Biblia, al Santo le\ncomplacen de manera especial las que dicen relaci\u00f3n a la paternidad y\nmaternidad. Y esas referencias son dominantes al hablar de la ni\u00f1ez o de la\nedad tierna del hijo. En el orden de la gracia, Dios da la vida, engendra,\nalimenta, cuida y conduce. Realiza, pues, funciones paternales y maternales.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso JC lo\npresenta conjuntamente como padre y madre. Padre con entra\u00f1as maternales; madre\ncon poder y dominio de padre. Siempre y en cualquier trance Dios est\u00e1 al\nservicio del hombre con la servidumbre y el amor de la madre tierna y del padre\ngeneroso: \u201cNo hay afici\u00f3n de madre que con tanta ternura acaricie a su hijo, ni\namor de hermano ni amistad de amigo que se le compare. Porque a\u00fan llega a tanto\nla ternura y verdad de amor con que el inmenso Padre regala y engrandece a esta\nhumilde y amorosa alma &#8230; que se sujeta a ella verdaderamente para la\nengrandecer, como si \u00e9l fuese su siervo y ella fuese su se\u00f1or. Y est\u00e1 tan\nsol\u00edcito en la regalar como si \u00e9l fuese su esclavo y ella fuese su Dios. \u00a1Tan\nprofunda es la humildad y dulzura de Dios!&#8230; Y as\u00ed, aqu\u00ed est\u00e1 empleado en\nregalar y acariciar al alma como la madre en servir y regalar a su ni\u00f1o,\ncri\u00e1ndole a sus pechos. En cual conoce el alma la verdad del dicho de Isa\u00edas (66,\n12), que dice: A los pechos de Dios ser\u00e9is llevados y sobre sus rodillas ser\u00e9is\nregalados\u201d (CB 27, 16).<\/p>\n\n\n\n<p>Verdadero el\nor\u00e1culo de Isa\u00edas, piensa el Santo, porque responde a esa postura maternal de\nDios \u201cque tiene los pechos abiertos con tan soberano y largo amor\u201d, como la\nmadre que amamanta a su hijo. En ese gesto amoroso es en el que fray Juan\ncontempla principalmente la condici\u00f3n maternal de Dios. No es el \u00fanico, ni\ntampoco es exclusivo el rostro femenino y maternal. Alterna naturalmente con el\nrecuerdo paternal.<\/p>\n\n\n\n<p>En cualquier tramo\nde la vida y en toda eventualidad Dios se muestra padre amoroso y providente\npara el hombre. Y hace sin acepci\u00f3n de personas. Es siempre el \u201cPadre de las\nlumbres, cuya mano no es abreviada\u201d (Is 59, 1). Por ello, \u201ccon abundancia se\ninfunde sin acepci\u00f3n de personas do quiera que halla lugar, como el rayo de sol,\nmostr\u00e1ndose tambi\u00e9n \u00e9l a ellos \u2013los hombres\u2013 en los caminos y v\u00edas alegremente;\nno duda ni tiene en poco tener sus deleites con los hijos de los hombres de\nmancom\u00fan en la redondez de las tierras\u201d (Ll 1, 15).<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que promete y\nhace con todos, tiene acogida especial\u00edsima en quienes saben dar respuesta a su\nsolicitud paternal. Llega a tanto que parece no tiene otra cosa que hacer que\ncuidar y mimar a las almas generosamente confiadas. Se muestra tan sol\u00edcito en\nregalarlas \u201ccon tan preciosas y delicadas y encarecidas palabras, y de\nengrandecerlas con unas y otras mercedes, que les parece \u2013a las almas\nagraciadas\u2013 que no tiene \u00e9l otras en el mundo a quien regalar, ni otra cosa en qu\u00e9\nse emplear, sino que todo es para ellas solas\u201d (Ll 2, 36).<\/p>\n\n\n\n<p>Como padre piadoso\ny omnipotente alarga sin cesar su mano blanda sin medida. Esa mano divina es\ntan \u201cgenerosa y dadivosa, cuanto poderosa y rica\u201d. Por eso dispensa\nconstantemente \u201cricas y poderosas d\u00e1divas al alma cuando se abre para hacerle\nmercedes\u201d. Hasta cuando se muestra \u201cdura y rigurosa, tocando un tantico\n\u00e1speramente\u201d, es mano \u201camigable y suave\u201d, que \u201cllaga para sanar y castiga para\nregalar\u201d. Es siempre \u201cmano misericordiosa de Padre\u201d (Ll 2, 26).<\/p>\n\n\n\n<p>Padre de bondad y\nlargueza que sienta a todos los hombres a la mesa de sus dones como a hijos\nqueridos, \u201cporque a los hijos les es dado comer con su Padre a la mesa y de su\nplato\u201d (S 1, 6, 2). Cuida atentamente y con sabia pedagog\u00eda del alimento que\nles conviene seg\u00fan las circunstancias, condescendiendo incluso \u201ccon tristeza\u201d a\nlos caprichos.<\/p>\n\n\n\n<h3>2. Solicitud\nmaterna de Dios<\/h3>\n\n\n\n<p>De Dios procede la\nvida de la gracia (am\u00e9n de la natural) al igual que el crecimiento y desarrollo\nde la misma. \u00c9l es el \u201cprincipal agente y el mozo de ciego\u201d en el camino\u201d (Ll\n3,29; 3, 65). Y \u201chace m\u00e1s en limpiar y purgar un alma que en criarla de nonada\u201d\n(S 1, 6, 4). Sale siempre al encuentro de quien le busca, y m\u00e1s busca \u00e9l a las\nalmas que \u00e9stas a \u00e9l (Ll 3, 28). Y lo hace con cada una como si no tuviera otra\ncosa que hacer (Ll 2, 36).<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque \u201ces\ncondici\u00f3n de Dios llevar antes de tiempo consigo a las almas que mucho ama,\nperfeccionando en ellas en breve tiempo &#8230; lo que en todo suceso por su paso\npudieran ir ganando\u201d (Ll 1, 34), respeta el curso normal y las leyes del\ndesarrollo. Por \u00e9l se acomoda al paso de cada alma, sin forzar a nadie (CB 23,\n6). Va \u201cperfeccionando al hombre al modo del hombre, por lo m\u00e1s bajo y\nexterior, hasta lo m\u00e1s alto e interior\u201d (S 2, 17, 4). S\u00f3lo que \u201ctiene por\ncondici\u00f3n de ir dando m\u00e1s a quien m\u00e1s tiene, y que le va dando es multiplicadamente\nseg\u00fan la proporci\u00f3n de que antes el alma tiene\u201d (CB 33, 8). Todo se reduce a\n\u201cdar m\u00e1s gracia por la gracia que ha dado\u201d (CB 32, 5; can 32-33).<\/p>\n\n\n\n<p>Dentro de esa\npedagog\u00eda divina, resulta claro para JC que Dios sigue la ley del amor maternal\ny trata con mayor cuidado y atenci\u00f3n al \u201cni\u00f1o tierno\u201d que al \u201cpeque\u00f1uelo\u201d o al\nya crecido y robusto en la vida del esp\u00edritu. Crianza y educaci\u00f3n siguen los\npasos habituales en el plano humano.<\/p>\n\n\n\n<p>JC siente\npredilecci\u00f3n por la escena encantadora de la madre amamantando a su hijo.\nNinguna otra representa m\u00e1s al vivo el rostro humano y la obra materna de Dios\nque \u00e9sta. Dios da al alma su pecho y \u00e9sta deja su rostro reclinado sobre el\nseno del Amado (CB 27; N can. 6-8). Al hablar de los pechos que alimentan al\nalma, el Santo distingue constantemente los que dan vida, que son los de Dios,\ny los que engordan \u00fanicamente apetitos y sentidos, que son los \u201cpechos de la\nmadre Eva\u201d, es decir, de la concupiscencia natural (CE 23). Seg\u00fan que el\nalimento proceda de unos o de otros, habr\u00e1 crecimiento o anemia espiritual.<\/p>\n\n\n\n<p>De una\nconsideraci\u00f3n as\u00e9ptica y gen\u00e9rica JC pasa a una descripci\u00f3n pl\u00e1stica, llena de\nencanto y belleza. \u201cDar el pecho uno a otro \u2013dice\u2013 es darle su amor y amistad y\ndescubrirle sus secretos como a amigo\u201d. Afirmar que Dios da al alma su pecho es\ndecir que le comunica \u201csu amor y sus secretos\u201d (CB 27, 4). La comparaci\u00f3n\nentonces se limita a ver a Dios como amigo; que se indica habitualmente con la\nexpresi\u00f3n \u201cabrir a uno el pecho\u201d, es lo mismo que decir: confidenciarse con \u00e9l.\nNadie hace m\u00e1s y mejor que la madre. Pero eso no se corresponde con sus\nfunciones m\u00e1s propias y espec\u00edficas: dar la vida y el alimento para\ndesarrollarla.<\/p>\n\n\n\n<p>Es lo que realiza\nDios con las almas, seg\u00fan la descripci\u00f3n gr\u00e1fica de fray Juan: \u201cLa amorosa madre\nde la gracia de Dios, luego que por nuevo calor y hervor de servir a Dios\nreengendra al alma &#8230; la hace hallar dulce y sabrosa la leche espiritual sin\nalg\u00fan trabajo suyo en todas las cosas de Dios, y en los ejercicios espirituales\ngran gusto, porque le da Dios aqu\u00ed su pecho de amor tierno, bien as\u00ed como a\nni\u00f1o tierno\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>El cuidado amoroso\nde Dios con el alma sigue esta conducta: \u201cOrdinariamente la va Dios criando en\nesp\u00edritu y regalando, al modo que la amorosa madre hace al ni\u00f1o tierno, al cual\nal calor de sus pechos lo calienta, y con leche sabrosa y manjar blando y dulce\nle cr\u00eda, y en sus brazos le trae y regala. Pero, a la medida que va creciendo,\nle va la madre quitando el regalo y, escondiendo el tierno amor, pone el amargo\nac\u00edbar en el dulce pecho, y, abaj\u00e1ndole de los brazos, le hace andar por su\npie, porque, perdiendo las propiedades de ni\u00f1o, se d\u00e9 a cosas m\u00e1s grandes y\nsustanciales\u201d (N 1, 1, 2).<\/p>\n\n\n\n<p>Tiene aplicaci\u00f3n\nnotablemente diferente en la pluma sanjuanista otra descripci\u00f3n frecuente del\nni\u00f1o a los pechos de la madre. El no tener que esforzarse para recibir el alimento\nno indica impotencia o incapacidad. Equivale espiritualmente a una situaci\u00f3n en\nque el alma ha superado el aprendizaje y las primeras dificultades en la\noraci\u00f3n y recibe pac\u00edficamente la comunicaci\u00f3n divina en el sosiego de la\ncontemplaci\u00f3n amorosa. \u201cPorque le acaece -escribe fray Juancomo a ni\u00f1o que,\nestando recibiendo la leche, que ya tiene en el pecho allegada y junta, le\nquitan el pecho y le hacen que con la diligencia de su estrujar y manosear la\nvuelva a sacar y juntar\u201d (S 2, 14, 3).<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque en contexto\ndiverso y con diferente aplicaci\u00f3n, el s\u00edmil de la madre que amamanta a su\npeque\u00f1uelo le sirve al Santo para recordar la ternura maternal de Dios con las\nalmas. En cada momento de la vida las nutre y ofrece el alimento adecuado. No\nsiempre ellas saben aprovecharse oportunamente. Prefieren a veces otros\nmanjares menos nutritivos, incluso peligrosos. No saben corresponder a la\ndelicadeza divina.<\/p>\n\n\n\n<h3>3. Patear y\nllorar, resistencia infantil del hombre<\/h3>\n\n\n\n<p>En el camino de\ngracia y de la santidad la iniciativa corresponde siempre a Dios. Todo lo que\nel hombre puede hacer, seg\u00fan piensa JC, es secundar la obra de Dios, dejarse\nllevar de \u00e9l, que es gu\u00eda seguro. El hombre lo \u00fanico de que es capaz es de\ndisponerse a la acci\u00f3n divina y acogerla con plena docilidad. No es\nfrecuentemente as\u00ed. Sus resistencias y pinitos demoran la marcha y entorpecen\nel camino.<\/p>\n\n\n\n<p>Con frecuencia el\nhombre se comporta como ni\u00f1o rebelde y gru\u00f1\u00f3n, que se empe\u00f1a en caminar cuando\na\u00fan no sabe hacer o no es tiempo de el. Tambi\u00e9n JC ha captado la escena en muchas\nocasiones y la ha plastificado en la aplicaci\u00f3n espiritual: \u201cPorque hay almas\nque, en vez de dejarse a Dios y ayudarse, antes estorban a Dios por su\nindiscreto obrar o repugnan, hechas semejantes a los ni\u00f1os que, queriendo sus\nmadres llevarlos en brazos, ellos van pateando y llorando, porfiando por se ir\nellos por su pie, para que no se pueda andar y, si se anduviere, sea al paso\ndel ni\u00f1o\u201d (S pr\u00f3l. 3; Ll 3, 66).<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n a este\nrespecto, lo que sirve de referencia no es la edad ni el nivel espiritual del\nalma. Lo decisivo es el comportamiento. Siempre que el espiritual se empecina\nen sus criterios, en sus modos y esfuerzos, al margen de lo que inspira y\nquiere Dios, imita el gesto del ni\u00f1o travieso. \u201cEn lo cual es como el muchacho\nque, queri\u00e9ndole llevar su madre en brazos, \u00e9l va gritando y pateando por irse\npor su pie, y as\u00ed ni anda \u00e9l ni deja andar a la madre\u201d (Lla 3, 66).<\/p>\n\n\n\n<p>Esas resistencias\nse hacen m\u00e1s pertinaces cuando llega la hora de valerse la criatura por s\u00ed\nmisma. Cuando Dios quiere efectivamente que el hombre camine por su pie, como\ncuando la madre aparta al ni\u00f1o del pecho y le ense\u00f1a los primeros pasos. Los\nespirituales todav\u00eda tiernos y principiantes se aferran a sus \u201cni\u00f1er\u00edas\u201d y a\nsus caprichos. A veces, en lugar del alimento que entonces se les brinda, se\napegan al jugo de los gustos sensibles: \u201ca los apetitos y pasiones que son los\npechos y la leche de la madre Eva en nuestra carne\u201d (CB 22, 8).<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras no se\n\u201catajare aquel principio de gusto y apetito sensitivo\u201d, no habr\u00e1 crecimiento en\nla virtud ni se superar\u00e1n las ni\u00f1er\u00edas. No se contar\u00e1 con fuerzas suficientes\npara caminar mientras no se \u201cvayan enjugando los pechos de la sensualidad\u201d con\nque se crean y sustentan los apetitos (N 1,13,13). Todo que ata y detiene no\n\u201ces m\u00e1s que un hilo y que un pelo\u201d, pero por no \u201cdesasirse de una ni\u00f1er\u00eda\u201d, que\ndijo Dios que hab\u00eda que vencer por \u00e9l, no \u201csolamente no van adelante, sino que,\npor aquel asimiento, vuelven atr\u00e1s, perdiendo lo que en tanto tiempo y con\ntanto trabajo han caminado y ganado, porque ya se sabe que, en este camino, el\nno ir adelante es volver atr\u00e1s, y el no ir ganando es ir perdiendo\u201d (S 1,11,5).<\/p>\n\n\n\n<h3>4. Pedagog\u00eda\nmaterna de Dios<\/h3>\n\n\n\n<p>Para fray JC esa\nconducta pueril de gustos y ni\u00f1er\u00edas es la distintiva de los \u201cprincipiantes\u201d en\nel camino espiritual. Normalmente tardan muchos a\u00f1os en llegar a la\nadolescencia o fase de \u201caprovechados\u201d. Van progresando acompa\u00f1ados siempre\nmaternalmente por la mano blanda del \u201cinmenso Dios\u201d. Cuida de ellos y los educa\ncomo la m\u00e1s tierna y amorosa de las madres. Usa de todos los recursos de la m\u00e1s\nexquisita pedagog\u00eda. Son siempre hijos tiernos que necesitan comprensi\u00f3n y\npaciencia. Hay que guiarlos paso a paso seg\u00fan edad y necesidades.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Ense\u00f1ando a andar<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Prosiguiendo la\ncomparaci\u00f3n del ni\u00f1o peque\u00f1o con los \u201cprincipiantes\u201d, razona JC: \u2018\u2019As\u00ed como el\nni\u00f1o es menester que quiera tomar el pecho para sustentarse, hasta que sea\nmayor para poderle dejar, as\u00ed ha menester dejar el pecho, para hacer su paladar\na manjar m\u00e1s sustancial y fuerte\u201d. Y contin\u00faa el raciocinio: las cosas del\nsentido y que de ellas se puede sacar \u201cson ejercicio de peque\u00f1uelo\u201d, por tanto,\nha de superarse, porque si el alma se quisiese siempre asir a ellas y no\ndesarrimarse de ellas, nunca dejar\u00eda de ser peque\u00f1uelo ni\u00f1o, y siempre hablar\u00eda\nde Dios como peque\u00f1uelo, y sabr\u00eda de Dios como peque\u00f1uelo, y pensar\u00eda de Dios\ncomo peque\u00f1uelo; porque asi\u00e9ndose a la corteza del sentido, que es el\npeque\u00f1uelo, nunca vendr\u00eda a la sustancia del esp\u00edritu, que es el var\u00f3n\nperfecto\u201d (S 2,17,6 ss.).<\/p>\n\n\n\n<p>Para que no se\nproduzca semejante estancamiento ni se deteriore el crecimiento interviene la\namorosa madre quit\u00e1ndole al \u201cpeque\u00f1uelo\u201d los pa\u00f1ales. Dado que \u201cel estilo que\nllevan los principiantes en el camino de Dios es bajo y frisa mucho en su\npropio amor y gusto&#8230; queriendo Dios llevarlos adelante\u201d procede del modo\nsiguiente: \u201cSinti\u00e9ndolos ya algo crecidillos, para que se fortalezcan y salgan\nde mantillas los desarrima del dulce pecho y, abaj\u00e1ndolos de sus brazos, los\nbeza a andar por sus pies; en lo cual sienten ellos gran novedad porque todo se\nles ha vuelto al rev\u00e9s\u201d (N 1, 8,3).<\/p>\n\n\n\n<p>La novedad se debe\na que acontece a los espirituales \u201ccomo al ni\u00f1o cuando le apartan del pecho de\nque estaba gustando a su sabor\u201d. Como \u201cse les acaba aquel gusto y sabor, naturalmente\nqueda el natural desabrido y desganado\u201d (N 1,5.2; cf. N 2,16,4; Ll 3,32.37).<\/p>\n\n\n\n<p>Es un d\u00eda de\nfiesta en la historia del alma. Algo parecido, cuenta el Santo, a la que hizo\nAbraham \u201ccuando quit\u00f3 la leche a su hijo Isaac\u201d (Gn 21, 8), porque, a\u00f1ade: \u201cSe\ngozan en el cielo de que ya saque Dios a esta alma de pa\u00f1ales, de que la baje\nde los brazos, de que la haga andar por su pie, de que tambi\u00e9n, quit\u00e1ndola el\npecho de la leche y blando y dulce manjar de ni\u00f1os, la haga comer pan con\ncorteza, y que comience a gustar el manjar de robustos\u201d (N 1,12,1).<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cPan con corteza\u201d, exigencia de crecimiento espiritual<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En la visual\nsanjuanista el quitar Dios el pecho al alma equivale a superar la etapa de\n\u201cprincipiante\u201d y pasar a la de aprovechado. Se contradistingue por el paso de\nla meditaci\u00f3n a la contemplaci\u00f3n y por el dominio de la espiritualidad sobre la\nsensualidad (S 2,16,4; N 1, 910; Ll 3,32.37). Aunque el s\u00edmil usado pudiera\nsugerir un tr\u00e1nsito repentino o muy breve, las explicaciones a\u00f1adidas en el\ncontexto describen como proceso largo y a veces penoso. Se supera felizmente\ngracias a la asistencia maternal de Dios, que sigue cuidando de las almas a\u00fan\ntiernas con sabia pedagog\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>En el proceso\nformativo o educativo JC sigue dando referencias comparativas al ni\u00f1o y a su\ncomportamiento. Lo hace volviendo sobre los manjares y los caprichos m\u00e1s\nfrecuentes y comunes. Por contraste resalta la atenci\u00f3n bondadosa de Dios,\nsiempre padre bueno y madre tierna.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras los\nespirituales se mantienen asidos al \u201cgusto y consuelo en el obrar\u201d, no van\nadelante en el camino de la perfecci\u00f3n si no se acomodan al trato que Dios les\npropone. Es precisamente cuando \u201cen sus obras y ejercicios no hallan gusto y\nconsuelo\u201d, cuando Dios los quiere llevar adelante. Lo hace \u201cd\u00e1ndoles el pan\nduro, que es el de los perfectos, y quit\u00e1ndoles la leche de ni\u00f1os, prob\u00e1ndolos\nel apetito tierno para que puedan gustar el manjar de grandes\u201d. Sucede que\n\u201ccom\u00fanmente ellos desmayan y pierden la perseverancia de que no hallan el dicho\nsabor en sus obras\u201d (S 3,28,7).<\/p>\n\n\n\n<p>Por desgracia, son\npocos los espirituales que se percatan de los bienes que pierden y de la\nabundancia de esp\u00edritu que desprecian, \u201cpor no querer ellos acabar de levantar\nel apetito de ni\u00f1er\u00edas\u201d. Se repite el caso de quienes no supieron saborear\ntodos los gustos que conten\u00eda el man\u00e1 (S 1,5,4).<\/p>\n\n\n\n<p>Ante esa falta de\nperseverancia y de confianza, Dios vuelve a mostrar su interminable paciencia y\nsu trato delicadamente materno. Se preocupa de buscar el alimento apetecido,\naunque no sea el m\u00e1s adecuado y conveniente. No hace otra cosa que condescender\ncon el ni\u00f1o que a\u00fan necesita comprensi\u00f3n y caprichitos para no desanimarse.<\/p>\n\n\n\n<p>La descripci\u00f3n\nsanjuanista, aunque larga, no tiene desperdicio por su oportunidad y belleza:\n\u201cEst\u00e1 un ni\u00f1o pidi\u00e9ndole -al padre de familia de un plato, no del mejor, sino\ndel primero que encuentra; y p\u00eddele de aqu\u00e9l porque \u00e9l sabe comer de aqu\u00e9l m\u00e1s\nque de otro. Y como el padre ve que aunque le d\u00e9 del mejor manjar no ha de\ntomar, sino aquel que pide, y que no tiene gusto sino en aqu\u00e9l, porque no se\nquede sin su comida y desconsolado, dale de aqu\u00e9l con tristeza &#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>A la misma manera\ncondesciende Dios con algunas almas, concedi\u00e9ndoles que no les est\u00e1 mejor,\nporque ellas no quieran o no saben ir sino por all\u00ed. Y as\u00ed, tambi\u00e9n algunas\nalcanzan ternuras y suavidad de esp\u00edritu o sentido, y d\u00e1selo Dios porque no son\npara comer el manjar m\u00e1s fuerte y s\u00f3lido de los trabajos de la cruz de su Hijo,\na que \u00e9l querr\u00eda que echasen mano m\u00e1s que a otra alguna cosa\u201d (S 2,21,3).<\/p>\n\n\n\n<p>Feliz y sugerente\nes otra comparaci\u00f3n sanjuanista para destacar la pedagog\u00eda divina con las almas\nfr\u00e1giles, a semejanza de lo que usan las madres con los peque\u00f1os para educarlos\nconvenientemente. Como los \u201cni\u00f1os de dijes\u201d, as\u00ed andan los imperfectos o\nprincipiantes que se cargan de im\u00e1genes, rosarios bien curiosos, reliquias,\nn\u00f3minas y otros objetos. Ponen en ellos toda su devoci\u00f3n y santidad, de modo\nque no alcanzan la \u201csustancia de la devoci\u00f3n\u201d ni la pobreza de esp\u00edritu\nnecesaria para crecer (N 1,3,1).<\/p>\n\n\n\n<p>Es absolutamente\nnecesario para ir adelante desnudarse de todos esos gustos y apetitos; \u201cporque\nel puro esp\u00edritu muy poco se ata a nada de esos objetos\u201d. Lo que resultar\u00eda\ncontraproducente ser\u00eda proceder sin la debida prudencia y precipitando las\ncosas. Al ni\u00f1o no se le puede tratar como al adulto; no es capaz de superar sus\ngustos pueriles de un golpe. La madre sabe comprender y se adapta a sus\nexigencias cuando son positivas para la formaci\u00f3n. Es lo que hace Dios con las\nalmas, seg\u00fan asegura JC: \u201cConviene advertir que a los principiantes bien se les\npermite, y aun les conviene, tener alg\u00fan gusto y jugo sensible acerca de las\nim\u00e1genes, oratorios y otras cosas devotas visibles, por cuanto a\u00fan no tienen\ndestetado y desarrimado el paladar de las cosas del siglo, porque con este\ngusto dejen el otro; como al ni\u00f1o que, por desembarazarle la mano de una cosa,\nse la ocupan con otra porque no llore, dej\u00e1ndole las manos vac\u00edas\u201d (S 3,39,1).<\/p>\n\n\n\n<p>Dura y de cruel\npenuria fue la infancia de Juan de Yepes, pero la naturaleza fue pr\u00f3diga con \u00e9l\nen dotes de observaci\u00f3n y penetraci\u00f3n. Si en el hogar falt\u00f3 el holgado\nbienestar de la riqueza, abund\u00f3 el cari\u00f1o y el amor. Juan aprendi\u00f3 a poner cada\ncosa en su sitio: en el primer puesto el valor supremo: el amor que se entrega\nsin reservas, como el amor de la madre.<\/p>\n\n\n\n<p>Las muestras m\u00e1s\ncautivadoras por \u00e9l vistas y experimentadas de ese amor maternal le sirvieron\nluego para recordar a las almas que es el amor infinito de Dios, vuelto padre\ninmenso y madre tierna. Frente a su conducta siempre paternal, el hombre se\ncomporta con frecuencia como ni\u00f1o llor\u00f3n y recalcitrante. Dios tiene que\nalimentarle, guiarle, sacarle de pa\u00f1ales y mantillas, avezarle a caminar y\ndarle manjar fuerte y s\u00f3lido.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando las almas\ngenerosas superan el infantilismo espiritual o su actuar de principiantes, se\nvan dando cuenta de la paciencia divina en esperarles y acompa\u00f1arles cual madre\ncomplaciente y cuidadosa. No les abandona cuando se sienten mayorcitos o\naprovechados, pues \u201ctodav\u00eda entienden de Dios como peque\u00f1uelos, y hablan de\nDios como peque\u00f1uelos, y saben y sienten de Dios como peque\u00f1uelos\u201d (N 2,3,3).\nCuando \u00e9l les vea fuertes y robustos adoptar\u00e1 otra pedagog\u00eda: la de la prueba\nde la noche. No son ya ni\u00f1os tiernos ni peque\u00f1uelos espiritualmente. Necesitan\notro trato.<\/p>\n\n\n\n<p><em>E. Pacho<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>JC aparece siempre sintonizado con los fen\u00f3menos naturales, con los gestos ingenuos, con las escenas de intimidad familiar. Hieren su delgada sensibilidad como toque delicado, como regalada llaga, como cauterio suave de \u201cuna mano blanda\u201d. 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