{"id":3840,"date":"2020-02-16T10:25:43","date_gmt":"2020-02-16T16:25:43","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3840"},"modified":"2021-02-16T10:27:13","modified_gmt":"2021-02-16T16:27:13","slug":"olvido","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3840","title":{"rendered":"Olvido"},"content":{"rendered":"\n<p>\u201cOlvido de lo\ncriado, Memoria del Criador, Atenci\u00f3n a lo interior, Y estarse amando al\nAmado\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En esta breve\nletrilla, queda resumido el sentido hondo y radical del olvido sanjuanista, el\nsentido m\u00edstico del olvido. El olvido no es s\u00f3lo la negaci\u00f3n de una potencia\nespiritual \u2013la memoria\u2013, ni el olvidar un medio entre otros, para llegar al fin\nde la uni\u00f3n con Dios; el olvido es mucho m\u00e1s, es un modo de estar, contrapunto\ndel recuerdo amoroso de <em>Llama. <\/em>El alma que ha llegado a su ser en Dios, su verdadero\nser, es toda olvido. Contrariamente al alma como ser en el mundo, que se vive\ncomo cuidado, pues el cuidado y la preocupaci\u00f3n son constitutivos de nuestra\nexistencia finita en el tiempo, seg\u00fan ha puesto de manifiesto la filosof\u00eda de\neste siglo (Heidegger en <em>Ser y Tiempo<\/em>).<\/p>\n\n\n\n<p>El verbo olvidar aparece,\nsobre todo, y con gran frecuencia en el libro 3 de la <em>Subida<\/em>, esto es lo\nl\u00f3gico, puesto que en dicho libro se trata de la purificaci\u00f3n de la memoria. Su\nactividad natural de aprehensi\u00f3n de los objetos se ve suspendida y como\ncontravenida: \u201cEn todas las cosas que oyere, viere, oliere, gustare o tocare,\nno haga archivo ni presa de ellas en la memoria, sino que las deje luego\nolvidar, y lo procure con la eficacia, si es menester, que otros acordarse\u201d (S\n3,2,14). En este sentido hay una psicolog\u00eda impl\u00edcita de la memoria y el\nolvido, que presupone un esquema de conocimiento cl\u00e1sico, de tipo tomista, pero\nque lo sobrepasa.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre capta el\nmundo por los sentidos exteriores, la imaginaci\u00f3n y la memoria, a modo de\nsentidos internos, hacen presa y archivo de lo percibido, y, en \u00faltimo t\u00e9rmino,\nel entendimiento abstrae y conoce. Pero ciertamente, si el esquema fuera tan\nsimple, no tendr\u00eda sentido que J. de la Cruz se ocupara tan ampliamente, no ya\nde la memoria, sino del olvido, cuyas referencias desbordan, con mucho, los\ncap\u00edtulos de la purificaci\u00f3n de esta potencia. Referencias diseminadas en <em>Llama<\/em>, en <em>C\u00e1ntico<\/em>, en los poemas o en las <em>Cautelas\n<\/em>y <em>Cartas<\/em>, que a rengl\u00f3n seguido\ntrataremos de unificar e interpretar.<\/p>\n\n\n\n<p>El olvido, en los\nmomentos clave de la experiencia m\u00edstica, por tanto, en aquellos textos que se\nrefieren no ya a procesos, sino a estados culminantes que corresponden a la\nuni\u00f3n, el olvido es sin\u00f3nimo de &nbsp;soledad y &nbsp;recogimiento. Es el modo de existencia teologal del alma\nenamorada, que no pertenece al mundo, aunque est\u00e9 en el mundo y en la carne, ni\nse define por su temporalidad, pues en el tiempo vive ya entregada al sabor de\nlos a\u00f1os eternos: \u201cY la memoria que de suyo percib\u00eda s\u00f3lo las figuras y los fantasmas\nde las criaturas, es trocada por medio de esta uni\u00f3n a tener en la mente los\na\u00f1os eternos\u201d (LlB 2, 34). El tiempo mismo es para ella pasi\u00f3n de amor, es\ndecir paciencia y ofrenda, seg\u00fan queda expresado a partir del &nbsp;ext\u00e1sis amoroso de\nla canci\u00f3n 13 de <em>C\u00e1ntico<\/em>. Con esta doble perspectiva de <em>C\u00e1ntico <\/em>y <em>Llama <\/em>en el horizonte\nhan de leerse los consejos y advertencias de <em>Subida<\/em>: \u201cPor tanto, estando en tal lugar, olvidados del\nlugar, han de procurar estar en su interior con Dios, como si no estuviesen en\nel tal lugar\u201d (S 3,43,2).<\/p>\n\n\n\n<p>Desde que se\nexpone en <em>Subida <\/em>el tema de la &nbsp;purificaci\u00f3n de la memoria, explicando los da\u00f1os que de\nla fijaci\u00f3n en la potencia rememorante se derivan: enga\u00f1o, turbaci\u00f3n del \u00e1nimo,\ntristeza, etc., hay una intensidad creciente en la vivencia del olvido. Esta\nintensidad es correlativa de la profundizaci\u00f3n de la conciencia m\u00edstica que se va\nproduciendo, a medida que, tras la purificaci\u00f3n del &nbsp;apetito y las\npotencias, se apartan de la vista espiritual los objetos de aprehensi\u00f3n\nexterior, y al mismo tiempo, los espacios interiores, ps\u00edquicos, desde los que\nesas aprehensiones se realizan, se van despejando. Por esto, para distinguir\ncon m\u00e1s claridad el alcance y sentido de esta realidad antropol\u00f3gica y\nespiritual que es el olvido, en la obra sanjuanista, vamos a analizarlo por\npartes.<\/p>\n\n\n\n<h3>I. Olvido como\npurificaci\u00f3n<\/h3>\n\n\n\n<p>El olvido como\npurgaci\u00f3n o transposici\u00f3n de la memoria se entiende como actividad contraria al\nmovimiento natural de recordar: \u201cSe vac\u00eda y purga la memoria &#8230; y queda\nolvidada y a veces olvidad\u00edsima, que ha menester hacerse gran fuerza y trabajar\npara acordarse de algo\u201d (S 3,2,5). Este movimiento inicial se presenta como\nextremadamente violento, y no lo podr\u00edamos aceptar, si no fuera por el esquema\nlineal de la exposici\u00f3n que nos ha anunciado que esta situaci\u00f3n parad\u00f3jicamente\nes la de \u201cla memoria embebida en un sumo bien\u201d y se debe a que \u201caquella divina\nuni\u00f3n la vac\u00eda la fantas\u00eda y la barre de todas las formas y noticias, y la sube\na lo sobrenatural\u201d (S 3,2,4).<\/p>\n\n\n\n<p>Frente a tal\ncolapso de olvido, lo primero que surge es la objeci\u00f3n, el propio autor as\u00ed lo\nsiente, y sale al paso de ella, pensando en el posible lector de su obra: \u201cDir\u00e1\nalguno que bueno parece esto, pero que de aqu\u00ed se sigue la destrucci\u00f3n del uso\nnatural y curso de las potencias, y que quede el hombre como bestia, olvidado,\ny aun peor, sin discurrir ni acordarse de las necesidades y operaciones\nnaturales\u201d (S 3,2,7). Inmediatamente responde: \u201cA lo cual respondo que es as\u00ed,\nque cuanto m\u00e1s va uni\u00e9ndose la memoria con Dios, m\u00e1s va perfeccionando las\nnoticias distintas hasta perderlas del todo, que es cuando en perfecci\u00f3n llega\nal grado de uni\u00f3n. Y as\u00ed, al principio, cuando \u00e9sta se va haciendo, no puede\ndejar de traer grande olvido acerca de todas las cosas, pues se le van rayendo las\nformas y noticias\u201d (S 3,2,8).<\/p>\n\n\n\n<p>El olvido psicol\u00f3gico\n(no acordarse) es un estado de transici\u00f3n en el cambio radical de orientaci\u00f3n\nque tiene lugar en la noche; conversi\u00f3n de la tensi\u00f3n natural (posesiva) de la\nmemoria, sac\u00e1ndola de sus quicios naturales y subi\u00e9ndola sobre s\u00ed\u2013 hacia su\npr\u00f3ximo despliegue sobrenatural \u201cen suma esperanza de Dios incomprehensible\u201d (S\n3,2,2). El olvido es la noche real de la potencia rememorante, como el\n\u201cnescivi\u201d lo es del entendimiento, y la aridez y sequedad afectivas lo son de\nla voluntad. En este primer momento, que podr\u00edamos llamar negativo, el olvido\nse presenta, pues, como cese brusco de la actividad de la memoria, por su\n\u201cabsorbimiento\u201d en Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>El contacto, que\nempieza a ser sustancial, entre el polo divino y el humano ha de ser necesariamente\nviolento en su fase de adaptaci\u00f3n, puesto que la parte m\u00e1s fr\u00e1gil, la criatura,\nno est\u00e1 a\u00fan bien dispuesta, de aqu\u00ed el sacudimiento que sufre la memoria en\nestos toques: \u201cY como Dios no tiene forma ni imagen que puede ser comprehendida\nde la memoria, de aqu\u00ed es que cuando est\u00e1 unida con Dios &#8230; se queda sin forma\nni figura, perdida la imaginaci\u00f3n y embebida la memoria en sumo bien, en grande\nolvido, sin acuerdo de nada &#8230; Y as\u00ed es cosa notable lo que a veces pasa en\nesto, porque algunas veces cuando Dios hace estos toques de uni\u00f3n en la\nmemoria, s\u00fabitamente le da un vuelco en el cerebro (que es donde ella tiene su\nasiento) tan sensible, que le parece que se desvanece toda la cabeza y que se\npierde el juicio y el sentido\u201d (S 3,2,4-5). Despu\u00e9s se queda en suspensi\u00f3n,\ncomo \u201cen olvido y sin tiempo\u201d, esta situaci\u00f3n ya se hab\u00eda descrito con menos\nviolencia en (S 2,14,10-11). Incluso la memoria actual autom\u00e1tica, sobre la que\nse asienta la continuidad habitual del tiempo vivido, parece alterarse, como ya\nhemos se\u00f1alado, hasta el punto que \u201cha menester hacerse gran fuerza y trabajar\npara acordarse de algo\u201d (S 3,2,5). Estos trastornos psicof\u00edsicos ocurren al\nprincipio, porque despu\u00e9s \u201cque llega a tener el habito de la uni\u00f3n, que es un\nsumo bien, ya no tiene esos olvidos en esa manera en lo que es raz\u00f3n moral y\nnatural; antes en las operaciones convenientes y necesarias tiene mucha mayor\nperfecci\u00f3n\u201d (S 3,2,8).<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que aparece a\nprimera vista como una paradoja de destrucci\u00f3n, queda esclarecido si hacemos la\ndistinci\u00f3n, con Marcel de Corte, entre los planos psicol\u00f3gico y ontol\u00f3gico del\nser humano, y, por tanto, de la incidencia que las distintas actividades\nmentales, con su consiguiente suspensi\u00f3n en la ascesis, tienen en esos planos (<em>L\u2019 exp\u00e9rience mystique chez Plotin et chez Saint Jean de\nla Croix<\/em>). El olvido, como actividad negadora, no ataca a\nla memoria profunda del ser espiritual, sino a la memoria emp\u00edrica o\npsicol\u00f3gica, por lo que justamente despeja la capacidad del ser espiritual\nprofundo y unitario, \u2013el de \u201clas profundas cavernas del sentido\u201d\u2013, m\u00e1s all\u00e1 de\nsu diversificaci\u00f3n en potencias.<\/p>\n\n\n\n<h3>II. Dimensi\u00f3n\nmoral del olvido<\/h3>\n\n\n\n<p>Tomando la\nmet\u00e1fora de la socavaci\u00f3n entra\u00f1al \u2013ahondamiento espiritual sugerido en la\nimagen de las cavernas\u2013, en el desarrollo procesual de la experiencia m\u00edstica\nnos adentramos ya en un segundo nivel, m\u00e1s profundo, y por tanto m\u00e1s\nsignificativo existencialmente hablando; nos encontramos en la dimensi\u00f3n moral\ndel olvido: en relaci\u00f3n con el mundo, o sea con el objeto. Antes hablamos de la\nactividad (psicol\u00f3gica) de olvidar, ahora tratamos de un estado, o actitud\ninterna, un estado que significa una opci\u00f3n de libertad del sujeto moral, que\nse autodetermina como tal sujeto al relacionarse, desear y decidir sobre los\nobjetos del mundo. Esta distinci\u00f3n se entiende a la luz de la demarcaci\u00f3n\nexistencial de la memoria que hicimos en otro lugar (M. S. Roll\u00e1n, <em>Demarcaci\u00f3n existencial de la memoria sanjuanista)<\/em>, en la que podemos distinguir planos: en primer lugar,\ntenemos la memoria de las cosas como objetos que configuran un mundo, una vez\nconfigurado este mundo significativo para un sujeto; hablamos, en segundo\nlugar, de la memoria de s\u00ed misma, sujeto del rememorar, y finalmente, en cuanto\nnos referimos al horizonte espiritual y m\u00edstico en que esta potencia cobra su\nverdadero sentido, al modo agustiniano, a la vez que se despliega, liber\u00e1ndose\ndel mundo, hablamos de memoria de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, en el\ntratamiento del olvido, el segundo momento se distingue por la prosecuci\u00f3n de\nun bien moral, que consiste en el dominio de las pasiones: \u201cEsta rienda y freno\nno la puede tener de veras el alma no olvidando y apartando cosas de s\u00ed, de\ndonde le nacen las afecciones. Y nunca le nacen al alma turbaciones si no es de\nlas aprehensiones de la memoria; porque olvidadas todas las cosas, no hay cosa\nque perturbe la paz ni que mueva los apetitos\u201d (S 3,5,1). Se persigue, pues, no\ncomo finalidad moral en s\u00ed, sino como v\u00eda de despejamiento y acceso a otros\nestratos m\u00e1s profundos, la tranquilidad de \u00e1nimo, la serenidad, una cierta\napatheia, en el estilo de la sabidur\u00eda filos\u00f3fica cl\u00e1sica. \u201cPero aunque otro\nprovecho no se siguiese al hombre que las penas y turbaciones de que se libra\npor este olvido y vac\u00edo de la memoria, era grande ganancia y bien para \u00e9l\u201d (S\n3,6,3). Coincidencia pasajera la de este talante de impasibilidad moral, en un\nesp\u00edritu apasionado como el sanjuanista, que expresar\u00e1 su culminaci\u00f3n en la\npasi\u00f3n desbordante de <em>Llama <\/em>con el s\u00edmbolo del fuego.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero ciertamente,\nantes de que el olvido se torne \u201ccomo un r\u00edo de paz, en que le quitar\u00e1 todos\nlos recelos y sospechas, turbaci\u00f3n y tinieblas que le hac\u00edan temer que estaba o\nque iba perdida\u201d (S 3,3,6), antes de que este caudal de contemplaci\u00f3n fluya por\nlos cauces de lo eterno, libre de vuelcos y convulsiones, ha de sufrir todav\u00eda\nel alma \u201cen aflicci\u00f3n y angustia acerca de la memoria\u201d (N 2,4,1). Entre la\nenajenaci\u00f3n y doloroso absorbimiento de la memoria en Dios, y la expansi\u00f3n\nteologal de la conciencia en el vuelo libre de la esperanza, se extienden diversas\ncapas de olvido. Se trata de un olvido que, si en el primer momento tiene sabor\na muerte, m\u00e1s adentro tiene la forma de una espera. Una vez desamarrada la\npresencia tensa del yo a s\u00ed mismo, la angustia se disolver\u00e1 en un olvido de\ncar\u00e1cter positivo, aquel en cuyo fondo, no ya sombr\u00edo, sino iluminado, germina\nla esperanza. De modo que el olvido es, en este su significado moral, como una\nforma de desenganche respecto a s\u00ed mismo, \u201csaliendo de s\u00ed misma por olvido de\ns\u00ed, lo cual se hace por el amor de Dios\u201d (CB 1,20), nos encontramos en los\ninicios de <em>C\u00e1ntico <\/em>en un punto de arranque de un movimiento de expansi\u00f3n\namorosa, y de acogida del otro, seg\u00fan la bella intuici\u00f3n de Ballestero. La\ntensi\u00f3n rememorante que era incurvaci\u00f3n sobre s\u00ed y autocompasi\u00f3n narcisista\nacompa\u00f1ada de miedos y recelos de perderse, se suelta, se liberan as\u00ed los\nfondos morbosos de la nostalgia que colorea ese af\u00e1n obsesivo y escrupuloso de\ndiscernimiento imposible; siguiendo el alma la consigna que se le propon\u00eda de\n\u201cno querer aplicar su juicio para saber que sea lo que en s\u00ed tiene y siente\u201d (S\n3,8,5), lograr\u00e1 que \u201cla memoria se quede callada y muda y s\u00f3lo el o\u00eddo del\nesp\u00edritu en silencio a Dios\u201d (S 3,3,5).<\/p>\n\n\n\n<p>El olvido se\ntornar\u00e1 descanso y quietud, acceso a un fondo de estabilidad moral y espiritual,\nclausura de la extraversi\u00f3n indeterminada de los apetitos, \u201cconvendr\u00e1 que &#8230;\nolvidadas todas las tuyas cosas y alej\u00e1ndote de todas las criaturas, te\nescondas en tu retrete interior\u201d (CB 1,9), escondimiento y recogimiento de la\ndispersi\u00f3n en la que se ejercitaban las potencias. Con ello se viene a\ninstaurar, sin embargo, un nuevo modo de apertura: al ser de Dios en quien el\nalma tiene su m\u00e1s profundo centro, \u201cmemoria del Criador\u201d, espera de Aquel que\nvendr\u00e1, estando las puertas cerradas, y se extender\u00e1 sobre ella como r\u00edo de\npaz, sin que el obrar o discurrir de las potencias sepa c\u00f3mo (S3,3,6). La\nangostura se torna amorosa acogida, pues \u201cel tiempo y caudal del alma que hab\u00eda\nde gastar en esto y entender con ello\u201d, lo va a emplear desde ahora \u201cen otro\nmejor y m\u00e1s provechoso ejercicio, que es el de la voluntad para con Dios\u201d (S\n3,13,1).<\/p>\n\n\n\n<h3>III. Olvido como\nsalvaci\u00f3n<\/h3>\n\n\n\n<p>Llegamos as\u00ed al verdadero\nsentido \u2013espiritual\u2013 del olvido: el olvido es salvaci\u00f3n, pues el cuidado de la\nmemoria hac\u00eda de la condici\u00f3n humana una condici\u00f3n enferma, que es sanada en la\nexperiencia m\u00edstica, por la purificaci\u00f3n de la noche, entendida como olvido.\nPor el olvido adviene el perd\u00f3n o restauraci\u00f3n de la propia vida, que estaba\nda\u00f1ada, seg\u00fan se expres\u00f3 m\u00e1s arriba, por ponerse en las aprehensiones de la\nmemoria. Esta sanaci\u00f3n es la que experimentaban los enfermos o pecadores que se\nencontraban verdaderamente con Jes\u00fas. A este prop\u00f3sito es ilustrador el texto\nde <em>Llama <\/em>que se refiere a la Samaritana: \u201cY la Samaritana olvid\u00f3\nel agua y el c\u00e1ntaro por la dulzura de las palabras de Dios\u201d (LlB 1,6). Este\nolvido se presenta como una enorme fuerza de crecimiento y de gracia, una\nfuerza realmente liberadora y sanadora. El apego al recuerdo se opon\u00eda a esta\nlibertad. Es la superaci\u00f3n de las \u00faltimas formas de resistencia (servidumbre\ndel pecado en la que se encuentra el hombre viejo) de un alma desasida, de un\ndeseo \u2013metaforizado en la sed\u2013 en v\u00edas de transfiguraci\u00f3n, de una conciencia\npurificada y abierta a la memoria del origen, que es aspiraci\u00f3n del Esp\u00edritu:\n\u201cTiene en s\u00ed el alma, mediante este olvido y recogimiento de todas las cosas,\ndisposici\u00f3n para ser movida del &nbsp;Esp\u00edritu Santo y ense\u00f1ada por \u00e9l\u201d (S 3,6,3).<\/p>\n\n\n\n<p>Nos hallamos ante\nuna memoria ingr\u00e1vida que no se revuelve ya sobre s\u00ed, que no hace acopio de\nrecuerdos, ni sentimientos, que no mistifica la nostalgia, que no se\napesadumbra sobre el pasado irreversible, y tampoco se refugia en \u00e9l, flaquezas\nsobre las que insisten los <em>Dichos<\/em>, las <em>Cautelas <\/em>y <em>Cartas<\/em>, y a\u00fan algunos consejos de <em>Subida. <\/em>El olvido m\u00edstico ha trastocado la potencia\nespiritual y la ha devuelto a su ser como \u201cmemoria de predestinaci\u00f3n y\nradicaci\u00f3n en la eternidad amorosa de Dios\u201d, como se\u00f1ala O. Gonz\u00e1lez de\nCardedal (<em>Misterio, memoria y m\u00edstica<\/em>).<\/p>\n\n\n\n<p>Este aspecto del\nolvido parece estar menos desarrollado en un discurso racional y l\u00f3gico, como\nera el de la purificaci\u00f3n de la memoria en <em>Subida<\/em>.\nComo suele ocurrir, al adentrarse m\u00e1s en la dimensi\u00f3n del misterio, el m\u00edstico\nabandona las explicaciones y se entrega al lenguaje po\u00e9tico. El olvido como\nsin\u00f3nimo de soledad, sue\u00f1o amoroso y recogimiento, que es, como apunt\u00e1bamos al\ncomienzo de estas l\u00edneas, el estar en su ser del m\u00edstico, con el cesamiento de\nlos cuidados del mundo que parece desdibujarse, lo encontramos sobre todo\npoetizado, en unos pocos versos de gran densidad espiritual:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cQued\u00e9me y\nolvid\u00e9me, \/ el rostro reclin\u00e9 sobre el Amado ces\u00f3 todo y dej\u00e9me, \/ dejando mi\ncuidado \/ entre las azucenas olvidado\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Vienen a coincidir\nel final del poema de <em>Noche <\/em>\u2013sin explicar, como sabemos\u2013 y el final de <em>Llama, <\/em>\u201crecuerdo amoroso\u201d\nde una alma donde \u201csecret\u00edsimamente mora el Amado, con tanto m\u00e1s \u00edntimo e\ninterior y estrecho abrazo cuanto ella est\u00e1 m\u00e1s pura y sola de otra cosa que\nDios\u201d (LlB 4,14). Parad\u00f3jicamente el recuerdo y el olvido se encuentran.\nIncluso el final de <em>C\u00e1ntico<\/em>, despu\u00e9s de entrarse la Esposa en \u201cel huerto deseado\u201d,\n\u201cya cosa no sab\u00eda\u201d. \u201cLa raz\u00f3n es porque aquella bebida de alt\u00edsima sabidur\u00eda de\nDios que all\u00ed bebi\u00f3 le hace olvidar todas las cosas del mundo\u201d (CB 26,13). El\nolvido del alma enamorada es una forma sublime de &nbsp;pobreza, y de\ngracia a la vez, pues \u201candando enamorada \/ me hice perdidiza y fui ganada\u201d (CB\n30,9). El olvido es descanso y quietud. Por eso J. de la Cruz puede cantar,\ndespu\u00e9s de tantas peripecias entre la ausencia doliente del Amado y la\npresencia deseada: \u201c\u00a1Oh dulc\u00edsimo amor de Dios mal conocido! El que hall\u00f3 sus\nvenas descans\u00f3\u201d (Av 16).<\/p>\n\n\n\n<p>En \u00faltimo lugar,\ncon otro sentido diferente, en realidad completamente opuesto al que hemos\nexpuesto, J. de la Cruz se refiere al olvido para hablar del alma que olvida a\nDios, esto equivale al olvido o renunciamiento de su propio ser. Es como el\nalma vuelta del rev\u00e9s o desfondada, que queda recogida tan dram\u00e1ticamente en la\nimagen de Ezequiel al exponer el m\u00edstico la purificaci\u00f3n de los apetitos: \u201cY\nlos varones que estaban en el tercer aposento, son las im\u00e1genes y\nrepresentaciones de las criaturas, que guarda y revuelve en s\u00ed la tercera parte\ndel alma que es la memoria. Las cuales se dice que est\u00e1n vueltas las espaldas\ncontra el templo porque, cuando ya, seg\u00fan estas tres potencias, abraza el alma\nalguna cosa de la tierra acabada y perfectamente, se puede decir que tiene las\nespaldas contra el templo de Dios, que es la recta raz\u00f3n del alma, la cual no\nadmite en s\u00ed cosa de criatura\u201d (S 1,9,6). En el libro 3\u00ba de <em>Subida <\/em>se encuentran\nalgunas alusiones a este estado, en concreto del alma, perdida por la avaricia,\nque ha hecho del dinero su dios (S 3,19,8). Pero sobre todo queda bellamente\nrecogida esta idea, del olvido de Dios, no exenta de un eco de dolor y\narrepentimiento en los <em>Dichos<\/em>: \u201cSecado se ha mi esp\u00edritu porque se olvida de\napacentarse en ti\u201d (Av 38).<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n en el <em>Romance <\/em>sobre el salmo\n\u201csuper flumina Babylonis\u201d, la fuente del amor, es la fuente de vida, que no ha\nde ser olvidada en tierras de exilio, bajo pena de callar en una mudez de\nmuerte, \u201ccon mi paladar se junte \/ la lengua con que hablaba, \/ si de ti yo me\nolvidare \/ en la tierra do moraba\u201d; mudez contraria, \u00e9sta, al silencio en medio\nde la gloria que festeja y recrea el alma en el recuerdo de Dios, del final de <em>Llama: <\/em>\u201cEn la cual\naspiraci\u00f3n llena de bien y gloria y delicado amor de Dios, yo no querr\u00eda hablar\nni a\u00fan quiero, porque veo claro que no lo tengo de saber decir\u201d (LlB 4, 17).<\/p>\n\n\n\n<p>BIBL. \u2014 MANUEL BALLESTERO, <em>Juan de la Cruz:<\/em> <em>de la angustia al olvido<\/em>, Pen\u00ednsula, Barcelona 1977; JEAN BARUZI, <em>Saint Jean de la Croix et le probl\u00e8me de l\u2019 exp\u00e9rience mystique, <\/em>2\u00aa ed. Alcan, Paris 1931; PEDRO CEREZO GAL\u00c1N, \u201cLa\nantropolog\u00eda del esp\u00edritu en Juan de la Cruz\u201d, en <em>Actas del Congreso Internacional\nSanjuanista, Pensamiento <\/em>III (1993) 127-154; MARCEL DE CORTE, \u201cL\u2019exp\u00e9rience mystique chez Plotin et\nchez saint Jean de la Croix\u201d, en <em>EtCarm <\/em>20, (1935) 164-215; OLEGARIO GONZ\u00c1LEZ DE CARDEDAL, \u201cMisterio, Memoria, M\u00edstica\u201d, en <em>Actas del Congreso Internacional Sanjuanista<\/em>, <em>Pensamiento <\/em>III (1993) 429-453; HENRI SANSON, <em>L\u2019esprit humain selon saint Jean de la Croix<\/em>, PUF, Paris 1953; MAR\u00cdA DEL SAGRARIO ROLL\u00c1N, <em>Extasis y purificaci\u00f3n del deseo<\/em>, Avila, 1991; Id. \u201cEl tiempo vivido en san Juan de la Cruz\u201d, en <em>Cuadernos Salmantinos de Filosof\u00eda<\/em>, XV (1988); Id. \u201cEl vaciamiento del yo: una\naproximaci\u00f3n a la introspecci\u00f3n sanjuanista\u201d, en <em>Antropolog\u00eda de san Juan de la\nCruz<\/em>, Avila 1988; Id.\n\u201cDemarcaci\u00f3n existencial de la memoria sanjuanista\u201d, en <em>SJC <\/em>10 (1994) 173-188;\nANTOINE VERGOTE, <em>Dette et d\u00e9sir; deux axes chr\u00e9tiens et la d\u00e9rive\npathologique<\/em>, Seuil, Paris 1978.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Mar\u00eda del Sagrario Roll\u00e1n<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cOlvido de lo criado, Memoria del Criador, Atenci\u00f3n a lo interior, Y estarse amando al Amado\u201d. 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