{"id":3842,"date":"2020-02-16T10:27:30","date_gmt":"2020-02-16T16:27:30","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3842"},"modified":"2021-02-16T10:28:49","modified_gmt":"2021-02-16T16:28:49","slug":"oracion-3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3842","title":{"rendered":"Oraci\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<p>\u201cDoctor de la\noraci\u00f3n\u201d llam\u00f3 el papa P\u00edo XI a Juan de la Cruz en el breve declaratorio de su\ndoctorado. Es el motivo central de su doctorado. Y sin embargo este maestro no\nhabla de la oraci\u00f3n directa y expresamente, no se plantea sistem\u00e1ticamente la\ndescripci\u00f3n, definici\u00f3n, divisi\u00f3n y problem\u00e1tica que surge en la oraci\u00f3n\ncristiana; y a cualquier lector, sin perjuicio de lo dicho, le parece que no\ndeja de hablar de oraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El mensaje\nsanjuanista sobre la pr\u00e1ctica cristiana de la oraci\u00f3n es por eso de gran hondura,\namplitud y originalidad. Hondura porque coloca la cuesti\u00f3n m\u00e1s all\u00e1 de la mera\ndescripci\u00f3n y did\u00e1ctica de un ejercicio concreto o de una pr\u00e1ctica devocional;\namplitud, porque traslada la cuesti\u00f3n sobre la dificultad o sobre el ejercicio\nde la oraci\u00f3n a la pregunta por su autenticidad, es decir, desplaza la cuesti\u00f3n\nsobre la oraci\u00f3n, su qu\u00e9, su c\u00f3mo, su cu\u00e1ndo y d\u00f3nde a la cuesti\u00f3n sobre qui\u00e9n\nes el que ora y en qu\u00e9 condiciones se puede decir que un hombre ora. Le importa\nhacer orantes no hacer ni ense\u00f1ar oraciones; de ah\u00ed la originalidad de su\nmensaje.<\/p>\n\n\n\n<p>Quedan las\npreguntas sobre la oraci\u00f3n desplazadas hacia el campo de c\u00f3mo es Dios y c\u00f3mo es\nel hombre que se buscan y encuentran en la cancha y lucha de la oraci\u00f3n; y por\ntanto todas sus relaciones, cifradas sanjuanistamente como \u201cuni\u00f3n de amor y\ncomo vida teologal en Cristo\u201d, se interpretan o pueden ser tomadas como vida de\noraci\u00f3n. Todas esas relaciones complejas como la vida van a ser por tanto\nobservadas, descritas, analizadas en cuanto se reflejan en el campo de la\noraci\u00f3n. Por condicionamientos culturales de su tiempo y de los instrumentos\nconceptuales y de vocabulario en curso en su \u00e9poca la apariencia es de un\nexceso de oraci\u00f3n: parece que no haya otros elementos en la vida cristiana,\npero la verdad es que en ella refluyen todos los frutos y situaciones de la\nvida creyente, en ella se observa como en la pantalla de la conciencia, la\ngracia de la vida divina en cuanto le es dado alcanzarla al protagonista\nhumano.<\/p>\n\n\n\n<p>Para estudiar el\ntema y respetar esta amplitud, originalidad y profundidad es preciso abordarlo,\nprimero como experiencia personal; como clave de lectura del conjunto de su\ndoctrina y como mensaje expl\u00edcito sobre la pr\u00e1ctica concreta de la oraci\u00f3n. En\nsentido amplio podr\u00eda el tema abarcar el entero sistema y el completo proceso\nsanjuanista, en sentido estricto habr\u00edamos de partir de los textos cuyo fin es\nexpresamente ense\u00f1ar, criticar, recomendar o describir formas del acto concreto\ny singular de la oraci\u00f3n tomada como pr\u00e1ctica particular de di\u00e1logo expreso con\nDios.<\/p>\n\n\n\n<h3>I. La oraci\u00f3n\nvivida<\/h3>\n\n\n\n<p>Esta realidad\npermanente de la vida cristiana tiene en J. de la Cruz un dato biogr\u00e1fico\nprevio indisociable de su mensaje: su propia experiencia. Dedic\u00f3 a ella su vida\nentera. La aprendi\u00f3 en la infancia. Le penetr\u00f3 por los poros con todas las\nriquezas e impurezas y poluciones con que la vive el pueblo pobre en que vivi\u00f3.\nLa encontr\u00f3 en la atm\u00f3sfera cultural e ilustrada de aquella \u00e9poca y sociedad\nsacralizada; lleg\u00f3 a ella cuando la oraci\u00f3n era el \u00faltimo \u201cdescubrimiento\u201d de\nlos albores de la modernidad: conquista y cultivo del continente de la\ninterioridad, la subjetividad moderna. Se vio entre dos filos: el formalismo\ntentado de farise\u00edsmo y de superstici\u00f3n del catolicismo popular y el iluminismo\nsubjetivista de los grupos espirituales m\u00e1s fervientes. La oraci\u00f3n era el gran\nejercicio espiritual de la \u00e9poca, la moda intelectual por excelencia. En cierto\nmodo es la palanca que hace girar y cambiar la \u00e9poca medieval en moderna: de\nuna religiosidad exterior, social y formal a una espiritualidad de devociones,\npersonal, interior y a veces \u201cde interior\u201d; del primado de la objetividad, al\nprimado del sujeto en la experiencia humana y religiosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando J. de la\nCruz alcanza a encontrarse con esta corriente cultural, ya la pr\u00e1ctica y la\npedagog\u00eda de la oraci\u00f3n ha llegado a sus cumbres: \u2018devotio moderna\u2019,\nfranciscanos, Luis de Granada, Teresa de Jes\u00fas. En esta corriente se nutre y\ncon ella ha de encontrarse y definirse J. de la Cruz. Oraci\u00f3n y piedad infantil\nen su familia; oraci\u00f3n en su juventud ligada al trabajo y al estudio; oraci\u00f3n\nen la c\u00e1rcel, l\u00f3brego oratorio y seco reclinatorio. Oraci\u00f3n busca cuando se\ndeclara su crisis de vocaci\u00f3n; y su opci\u00f3n por el Carmelo y por iniciar un\nCarmelo reformado, siguiendo el apenas esbozado modelo Teresiano, indica que es\nhombre que de su talante radicalmente contemplativo quiere hacer su centro y\ncolumna vertebral. &nbsp;Duruelo ser\u00e1 la cifra de su intento: la sabidur\u00eda m\u00edstica\nalcanzada por la sobriedad y el desierto, por la oraci\u00f3n y el silencio: \u201cSupe\nque despu\u00e9s que acaban maitines hasta prima no se tornaban a ir, sino all\u00ed se\nquedaban en oraci\u00f3n, que la ten\u00edan tan grande que les acaec\u00eda irse con harta\nnieve los h\u00e1bitos cuando iban a prima y no lo haber sentido\u201d (F 14, 7). Santa\nTeresa destaca esa componente como privilegiada en su proyecto vital desde el\narranque mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Los testigos se\nesfuerzan en vano en hacernos saber lo que es evidente: fue \u201cun hombre de\nalt\u00edsima oraci\u00f3n\u201d, que \u201ctrataba cara a cara con Dios\u201d, que \u201csupo y sinti\u00f3\naltamente de Dios\u201d. Hablan admirados y ciertamente condicionados por las\npreguntas de sus preferencias en cuanto a lugares (coro, templo, celda y montes\ny campos, a la orilla del r\u00edo \u201cdonde los pececillos se entrecruzan bajo el\nagua\u201d, de camino, en ventas y posadas), tiempos (d\u00edas y noches enteras,\nvigilias y madrugadas), momentos (antes de cualquier empresa o determinaci\u00f3n,\n\u201ctengo oraci\u00f3n para todo lo que tengo que tratar y aunque haya mudanzas no me\nmudo de lo que Dios me dijo en la oraci\u00f3n\u201d), duraci\u00f3n (muchos o largas horas,\nnoches enteras), posturas (de rodillas, con las manos puestas) y de su\nmodalidades (con la Biblia, a solas en lo secreto, en una cuevecica, en los\nriscos altos de la huerta, en una ermita, entre los \u00e1rboles, entre unos mimbres,\njunto a una acequia, \u201cse sal\u00eda por aquel desierto: BMC 14, 107) y estilos: ante\nel sant\u00edsimo Sacramento, la ordinaria presencia de Dios que tra\u00eda era traer su\nalma dentro de la Sant\u00edsima Trinidad\u201d (BMC 14, 196), \u201csiempre andaba en\noraci\u00f3n\u201d (BMC 14, 37, 51, 182), \u201cparec\u00eda que de continuo le tiraban el coraz\u00f3n\ndel cielo\u201d (BMC 14, 293). Baste el testimonio no condicionado por pregunta de\ntribunal alguno de santa Teresa. \u201cMucho me ha animado el esp\u00edritu que el Se\u00f1or\nle ha dado y la virtud, entre tantas ocasiones, para pensar llevamos buen principio.\nTiene harta oraci\u00f3n y buen entendimiento\u201d (Ct del 6.7.1568). La observaci\u00f3n de &nbsp;S. Teresa es m\u00e1s\ninteresante por cuanto proviene de la primera hora de fray Juan cuando a\u00fan s\u00f3lo\nse propone ser descalzo. La oraci\u00f3n ya era casi consubstancial a \u00e9l. La\nbiograf\u00eda efectivamente vivida no har\u00e1 sino confirmar este primer rasgo de su\nestilo y vida personal. Todo es oraci\u00f3n en la vida de fray Juan. Su di\u00e1logo con\nDios es constante y fluido, del mismo tono que su existencia entera. Si el\nestilo es el hombre, la oraci\u00f3n es el creyente.<\/p>\n\n\n\n<h3>II. Experiencia<\/h3>\n\n\n\n<p>No s\u00f3lo los\ntestigos de vista de su aventura interior son buenos para hablar de su modo de\norar; ha orado escribiendo, y por tanto ha dejado pasar algo de su modo, de su\nsecreto e \u00edntimo estilo a los libros. Podemos rastrear su experiencia de\noraci\u00f3n en las oraciones que han quedado sembradas por sus p\u00e1ginas. No son\ntantas como en el caso teresiano, pero sus obras adem\u00e1s de ense\u00f1anzas, glosas,\ncautelas, preceptos y consignas sobre el camino de la oraci\u00f3n, guardan piezas\nde oraci\u00f3n, escritas en estilo directo como verdaderas plegarias dirigidas\nespont\u00e1neamente a Dios. El acto de escribir, limita de por s\u00ed la espontaneidad\nen el acto de orar, pero algo de su estilo y su modo de orar se alcanza\nobservando oraciones compuestas y escritas.<\/p>\n\n\n\n<p>La m\u00e1s frecuente\noraci\u00f3n es quiz\u00e1 la de servirse de la Escritura, para escuchar y responder a la\npalabra de Dios. Un acercamiento vivencial que hace que la Palabra de Dios sea\nalimento y expresi\u00f3n de su misma oraci\u00f3n: palabra recibida y palabra ofrecida.<\/p>\n\n\n\n<p>La oraci\u00f3n\nlit\u00fargica era parte de su tiempo y su vocaci\u00f3n; tanto la misa como la del\nOficio divino. De su sensibilidad lit\u00fargica y su pr\u00e1ctica de acomodar la propia\noraci\u00f3n al tiempo que la iglesia vive es buen exponente este texto: \u201cEstos d\u00edas\ntraiga empleado el interior en deseo de la venida del Esp\u00edritu Santo, y en la\nPascua y despu\u00e9s de ella continua presencia suya; y tanto sea el cuidado y\nestima de esto, que no le haga el caso otra cosa ni mire en ella, ahora sea de\npena, ahora de otras memorias de molestia; y todos estos d\u00edas, aunque haya\nfaltas en cada, pasar por ellas por amor del Esp\u00edritu Santo y por lo que se\ndebe a la paz y quietud del alma en que \u00e9l se agrada morar\u201d (Ct a una Descalza,\npor Pentecost\u00e9s de 1590). Jos\u00e9 Vicente Rodr\u00edguez ha observado que esta famosa\noraci\u00f3n tiene estructura, tono y sabor de colecta lit\u00fargica: \u201c\u00a1Recu\u00e9rdanos t\u00fa y\nal\u00fambranos, Se\u00f1or m\u00edo, para que conozcamos y amemos los bienes que siempre nos\ntienes propuestos, y conoceremos que te moviste a hacernos mercedes y que te\nacordaste de nosotros\u201d (LlB 4,9).<\/p>\n\n\n\n<p>De su cuidado y\naprecio por la oraci\u00f3n de la Iglesia hay testimonio escrito tambi\u00e9n por \u00e9l y\nmuchos testimonios de su exquisito respeto y atenci\u00f3n por la sobria manera de\nrezar de la Iglesia: \u201cDe esta manera, pues, se han de enderezar a Dios las\nfuerzas de la voluntad y el gozo de ella en las peticiones, no curando de\nestribar en las invenciones de ceremonias que no usa ni tiene aprobadas la\nIglesia cat\u00f3lica, dejando el modo y manera de decir la misa al sacerdote, que\nall\u00ed la Iglesia tiene en su lugar, que \u00e9l tiene orden de ella c\u00f3mo lo ha de\nhacer. Y no quieran ellos usar nuevos modos, como si supiesen m\u00e1s que el\nEsp\u00edritu Santo y su Iglesia. Que si por esa sencillez no los oyere Dios, crean\nque no lo oir\u00e1 aunque m\u00e1s invenciones hagan. Porque Dios es de manera que, si\nle llevan por bien y a su condici\u00f3n, har\u00e1n de \u00e9l cuanto quisieren; mas si va\nsobre inter\u00e9s, no hay hablarle (S 3,44,3).<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque su cr\u00edtica\na la religiosidad popular es seria y radical, no cae en ning\u00fan exceso erasmista\nni iconoclasta luterano, deja la oraci\u00f3n y el uso de im\u00e1genes, f\u00f3rmulas,\nexpresiones externas en su punto: ni la hueca o farisaica oraci\u00f3n formalista y\nexterna, popular y supersticiosa, hechiza y m\u00e1gica; ni la mera oraci\u00f3n de\ninterior, iluminada y sin mediaciones ni recursos devocionales, sin expresi\u00f3n\np\u00fablica o com\u00fan, sin encarnaci\u00f3n ni sacramentos. Se ha servido de las im\u00e1genes,\ndel agua bendita, de las procesiones y dem\u00e1s rituales y gestos de la\nreligiosidad del tiempo; se ha interesado por el adorno y la est\u00e9tica\nreligiosa; ha pintado para expresar su sentimiento (dibujo con el Cristo), ha\nusado sobria pero constantemente de la imaginaci\u00f3n y, purificada su\nsensibilidad, ha exigido adecuaci\u00f3n est\u00e9tica de los medios al nobil\u00edsimo fin\ndel encuentro con Dios. Es conocido su di\u00e1logo con un cuadro de Cristo con la\nCruz. Una imagen ha preferido ciertamente a todas las dem\u00e1s: la cruz.<\/p>\n\n\n\n<p>Ha usado la m\u00fasica\ny el canto en su oraci\u00f3n, en los caminos, en las fiestas conventuales, en la\ndeclamaci\u00f3n de sus poemas. Ha orado en la salud y en la enfermedad, ha orado\npidiendo y obteniendo favores, para s\u00ed y para otros que los testigos han\ninterpretado como extraordinarios y como fruto de su oraci\u00f3n. Ha usado con\nsencillez de la oraci\u00f3n de petici\u00f3n y su aparente ineficacia est\u00e1 bien explicada\nen <em>C\u00e1ntico <\/em>(2,14).<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00ed se habla de\nla necesidad de paciencia y de tiempo para que la petici\u00f3n se vea cumplida\n\u201cque, aunque Dios no acuda luego a su necesidad y ruego que no por eso dejar\u00e1\nde acudir en el tiempo oportuno el que es ayudador &#8230; en las oportunidades y\nla tribulaci\u00f3n, si ella no desmayare y cesare\u201d (ib.).<\/p>\n\n\n\n<p>Ha muerto orando\ncon salmos, con una imagen en la mano siguiendo los preceptos de la buena\nmuerte y el arte de bien morir.<\/p>\n\n\n\n<h3>III. As\u00ed oraba<\/h3>\n\n\n\n<p>Una antolog\u00eda de\noraciones sanjuanistas (A. Ruiz, <em>San Juan\nde la Cruz, maestro de oraci\u00f3n, <\/em>Burgos, 1991) muestra la abundancia de\ntextos y la riqueza y peculiaridad de estas oraciones, tan tocadas por sus\nversos y tan entrelazadas en su contexto vital y doctrinal, tan suyas en fin,\nque es imposible rezarlas a quien ande desprovisto de su experiencia. Siempre\nnos quedan grandes por su ardor o por su calidad po\u00e9tica; y aunque a cada uno\nla ayudan a descubrir su propia gracia, esta sustituci\u00f3n y pretendido vicariato\nde nuestra propia oraci\u00f3n nunca es total ni adecuada, nos queda holgada su\noraci\u00f3n. No llenamos ni alcanzamos su sentido.<\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s de los\nversos que hablan al t\u00fa divino, abundan en sus p\u00e1ginas los soliloquios, los\nidilios, las elevaciones (LlB 2, 15-19) y exclamaciones, las admiradas\nglorificaciones o doxolog\u00edas. Habr\u00eda que completar el elenco con las muchas\nveces en que el orante Juan se disfraza y disimula su voz citando la &nbsp;Escritura: para\nlas quejas m\u00e1s amargas ante la ausencia, silencio o fuego amargo de Dios y para\nlos delirios m\u00e1s atrevidos del idilio se remite y disimula bajo la voz de\nJerem\u00edas o de la Esposa del Cantar. Las oraciones con cita escritur\u00edstica\ncompletan la manifestaci\u00f3n del alma orante y completan el repertorio. Habla el\nm\u00edstico por boca del profeta. Los coloquios versificados del &nbsp;Esposo y Esposa\ndisfrazan su voz y dan salida a su peculiar modo de orar y de hablar con el\nAmado.<\/p>\n\n\n\n<p>No podemos citar\ntodas las ocurrencias de una oraci\u00f3n, basta que el lector busque la funci\u00f3n\napelativa del lenguaje presente en el relieve del texto: all\u00ed donde se reclama,\nse pide o se invoca a un t\u00fa divino hay una oraci\u00f3n evidente o disfrazada.\nMuchas de ellas, nacidas en la ardiente estrella de los versos, pasan al planeta\nde la prosa fr\u00edas y aguadas, llenas de incisos y comentarios; queda siempre un\nrastro de oraci\u00f3n, aunque prosaica por acomodarse a los modos del glosador.<\/p>\n\n\n\n<p>Este disfraz\nfemenino de la esposa, o el que recubre el alma del m\u00edstico con las palabras y\nsentimientos del salmista, de los profetas, dolientes o videntes, es un recurso\nque habla de su discreci\u00f3n, de su renuencia a presentarse en primera persona,\nde su pudor y de su humildad ret\u00f3rica o sincera que evita la presencia del yo.\nOraci\u00f3n po\u00e9tica, disfrazada bajo la palabra de salmistas y de profetas, o bajo\nla palabra de las mujeres apasionadas buscadoras del amor y de una concreta y\npersonal presencia. En todo caso oraci\u00f3n sanjuanista.<\/p>\n\n\n\n<p>Por este recurso\nal disfraz y por tener su primera versi\u00f3n en los poemas las oraciones que pasan\na sus escritos son tan personales y vivas que con dificultad pueden usarse como\nf\u00f3rmulas de pauta. Tan ligadas est\u00e1n mediante sus poemas a su experiencia vital\nque su colecci\u00f3n no sirve de devocionario.<\/p>\n\n\n\n<p>Podemos en ellos\nescuchar su viva palabra, pero no imitarla. Interesa ahora que a pesar de su\ncuidado y de su natural pudor, a pesar de estar escondidas entre sus p\u00e1ginas\ncalculadamente serenas y an\u00f3nimas, su voz se escucha en la oraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo el sistema\nsanjuanista ha tenido versiones en verso, ha sido fuego de amor, se ha cocido\nantes en la fragua del di\u00e1logo amoroso. Los poemas son oraciones en algunos\ntramos, algunos por entero: <em>La fonte <\/em>es\nuna oraci\u00f3n confesante, el <em>Vivo sin vivir\nen m\u00ed, <\/em>un poema escatol\u00f3gico; el <em>C\u00e1ntico\n<\/em>es oraci\u00f3n en sus partes dialogadas, cuando el sujeto de la enunciaci\u00f3n es\nevidentemente el protagonista mismo del poema; la <em>Llama de amor viva <\/em>y la quinta estrofa de la <em>Noche <\/em>en cuanto exclamaciones que se prolongan en los comentarios.<\/p>\n\n\n\n<p>En los <em>avisos <\/em>espirituales est\u00e1 el primer\nmanojo de oraciones nacidas de su pluma. (Av pr\u00f3l, 2, 16, 26, 27, 31, 33, 34,\n47, 48, 50, 53), pero es la <em>oraci\u00f3n de alma enamorada <\/em>su mejor exponente de oraci\u00f3n escrita. Es un prototipo de\noraci\u00f3n cristiana: Se dirige al Padre, se alcanza en Cristo y por Cristo, surge\nnacida de la pobreza y el pecado (si todav\u00eda te acuerdas de mis pecados),\nreclama s\u00f3lo la voluntad de Dios (haz en ellos tu voluntad), apela a la\nmisericordia (ejercita tu bondad y misericordia) y expone nuestra radical\nimpotencia (si esperas a mis obras&#8230; d\u00e1melas t\u00fa&#8230; \u00bfqui\u00e9n se podr\u00e1 librar&#8230;\nsi no lo levantas t\u00fa&#8230;? \u00bfC\u00f3mo se levantar\u00e1 el hombre&#8230;?) La oraci\u00f3n pasa por\nun reflujo de pausa y silencio hasta que nace en la conciencia creyente la\ncerteza de que en este tiempo de gracia \u201cen tu \u00fanico Hijo Jesucristo me diste\ntodo lo que quiero\u201d. Ya no hay pobreza, la oraci\u00f3n se convierte en exultaci\u00f3n\npor lo conseguido ya en Cristo: \u201cM\u00edos son los cielos y m\u00eda es la tierra&#8230;\u201d.\nVuelve al soliloquio (Tuyo es todo y todo para ti no te pongas en menos&#8230;) y\ntermina enigm\u00e1ticamente se\u00f1alando el camino de la consecuci\u00f3n de las\npeticiones: conciencia y gozo actual incompleto, pero cierto, de la gloria\niniciada y anticipada en Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Las oraciones\npersonales del Santo son su primer paso en el camino de mistagog\u00eda espiritual\nque propone. Por esa puerta se ha de entrar en su pensamiento y mensaje.<\/p>\n\n\n\n<h3>IV. Doctrina<\/h3>\n\n\n\n<p>La oraci\u00f3n como ejercicio\nteologal queda por supuesto en la ense\u00f1anza y en la vida de fe que el Doctor\nM\u00edstico ense\u00f1a. Importa decir que el Santo desde el inicio se remite a lo ya\ndicho, escrito y ense\u00f1ado. Es muy posible que en su concreta pedagog\u00eda de la\noraci\u00f3n siguiese otra presentaci\u00f3n que la que pas\u00f3 a sus obras mayores. De eso\nno va a hablar, ni \u201cde cosas morales y sabrosas\u201d, ni de grados y formas de\noraci\u00f3n. Desde el principio hay que avisar que Juan de la Cruz no es maestro de\noraci\u00f3n en cuanto que presente un buen sistema pedag\u00f3gico, un completo elenco\nde temas, un orden de formas y concretas maneras de proceder.<\/p>\n\n\n\n<p>Quien busque este\ntipo de ense\u00f1anza se lleva gran decepci\u00f3n. Busque m\u00e1s bien la formaci\u00f3n de un\norante y de sus actitudes teologales y aprenda eso que es orar, poner en acto\nla vida teologal de la fe y la esperanza y el amor en ejercicio. Y de eso s\u00ed es\nmaestro y experto gu\u00eda J. Ah\u00ed sus exigencias se ridiculizan, su doctrina se\nsimplifica, su magisterio se ampl\u00eda a todo creyente y sus consignas se aclaran.<\/p>\n\n\n\n<p>Como todos los\nelementos del organismo espiritual, la oraci\u00f3n se transforma al ritmo del progreso\nespiritual. Marca su crecimiento el ritmo de la vida teologal. Por ello J.\ncomienza su exposici\u00f3n por la formaci\u00f3n del orante en sus actitudes\nfundamentales para orar: libertad y purificaci\u00f3n de la mente, el recuerdo y el\ncoraz\u00f3n para poder orar en esp\u00edritu y verdad. Ese aprendizaje de la fe, de la\npobreza y desnudez espiritual y del amor fuerte es el n\u00facleo duro de su\npedagog\u00eda para orar (y para vivir).<\/p>\n\n\n\n<p>1. ES NECESARIO ORAR PARA NO\nCAER. Comienza el Santo su ense\u00f1anza por una descripci\u00f3n en aguafuerte de la\nmiseria del hombre sin oraci\u00f3n (S 1,610). Pondera su esclavitud, su debilidad,\nsu enorme ceguera e ignorancia, la miseria en fin del hombre sometido bajo la\nf\u00e9rula de lo sensual, de lo m\u00e1s bajo de s\u00ed mismo. La oraci\u00f3n en el pensamiento\nsanjuanista no es s\u00f3lo un recurso de nuestras necesidades. La oraci\u00f3n es un\ninstrumento de uni\u00f3n con Dios, y que, por tanto, previamente ha de remover los\nobst\u00e1culos, los apetitos y apegos que esclavizan e impiden toda lucidez para\nconocer y escuchar la voz de Dios. La oraci\u00f3n delata ante el hombre su\nexistencia miserable y le muestra su alt\u00edsima dignidad y vocaci\u00f3n. Con \u201cla\ninflamaci\u00f3n mayor de otro amor mejor\u201d (S 1,14,2) puede el hombre iniciar su\ncamino de oraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>2. CR\u00cdTICA Y EDUCACI\u00d3N DE LA MISMA ORACI\u00d3N (S 3,35-45).\nEs significativo destacar que el mensaje m\u00e1s directo sobre la oraci\u00f3n Juan de\nla Cruz lo ha enmarcado en la educaci\u00f3n de la voluntad por el amor o la caridad\nsobrenatural. Orar para \u00e9l y orar bien no es cuesti\u00f3n sino de saber amar con\nlibertad y con fortaleza. Es cuesti\u00f3n de voluntad purificada y determinada. En\nese contexto repasa las formas, mediaciones y m\u00e9todos que su tiempo y sociedad\nusaba para orar. Su doctrina de la purificaci\u00f3n activa del esp\u00edritu le sirve\npara denunciar la insuficiencia de todo ejercicio meramente exterior de la\nreligi\u00f3n en general y de la oraci\u00f3n en particular. Denuncia el desv\u00edo de la\nfuerza afectiva del amor, de la energ\u00eda ps\u00edquica del hombre, hacia las\nmediaciones que ciertamente favorecen, pero no ejecutan verdadera comuni\u00f3n con\nDios. Declara frustrada la oraci\u00f3n sin contacto con Dios en esp\u00edritu y en\nverdad; es falsa aquella oraci\u00f3n que privilegia las mediaciones, as\u00ed sean las\nm\u00e1s santas realidades, los mismos sacramentos o las im\u00e1genes, sobre el\ncompromiso personal y la fuerza de la voluntad entregada y personalmente dada y\nefectivamente sacrificada en su centro de deseo, de afecto, de deliberaci\u00f3n y\nopci\u00f3n en libertad. \u00c9se vivo centro es lo que compone la respuesta oracional\nautentica. Ni im\u00e1genes ni retratos (S 3,35) pueden llevarse \u201cla honesta y grave\ndevoci\u00f3n del alma\u201d; clama el santo por la purificaci\u00f3n de la religi\u00f3n, por la\nevangelizaci\u00f3n de la oraci\u00f3n, siempre en riesgo de paganizarse. Acusa de\nidolatr\u00eda a su tiempo y sociedad. \u201cLa viva imagen que motiva para orar ha de\nbuscarse dentro de s\u00ed&#8230;, es Cristo crucificado\u201d (35,5). Recomienda por extenso\nsobriedad, sencillez y despego en el uso de estas motivaciones y fervores artificiales\no exteriores. Reclama desnudez y pobreza de esp\u00edritu en el modo de orar. Una\nfuerte purificaci\u00f3n de la oraci\u00f3n, una serena evangelizaci\u00f3n, pide ante todo\nretener y seguir las consignas del Se\u00f1or: buscar primero lo importante, la voluntad\nde Dios; lo dem\u00e1s es a\u00f1adidura, (S 3,44,2); confiar en el modo de orar de la\niglesia m\u00e1s que en el propio gusto (ib. 3); ser despegados y orar en gratuidad,\nno tratar de forzar a Dios \u201cque Dios es de tal manera que si le llevan por bien\ny a su condici\u00f3n, har\u00e1n de \u00e9l cuanto quisieren; mas si va sobre inter\u00e9s no hay\nhablarle\u201d (ib.); no multiplicar experiencias y modas, que \u201cno ense\u00f1\u00f3 variedad\nde peticiones, sino que \u00e9stas se repitiesen muchas veces y con fervor y con\ncuidado; y sin otras ceremonias que el silencio y la soledad \u201ccon entero y puro\ncoraz\u00f3n\u201d (ib. 4) en el desierto o en la noche.<\/p>\n\n\n\n<p>Est\u00e1 J. de la Cruz\nsiempre repitiendo las cr\u00edticas del evangelio contra el peligro farisaico de\nlos hombres de oraci\u00f3n. Sobre los rosarios (ib. 7-8) dice: \u201cno importa m\u00e1s para\nque Dios oiga mejor lo que se reza sino la oraci\u00f3n que va con sencillo y\nverdadero coraz\u00f3n no mirando m\u00e1s que agradar a Dios. Todo asimiento a los\nmedios va contra oraci\u00f3n verdadera. Sobre las im\u00e1genes y las romer\u00edas (ib. 36)\naplica el mismo criterio: \u201cPurificar el gozo de la voluntad en ellas y\nenderezar por ellas el alma a Dios&#8230;, no haciendo caso de nada de estos\naccidentes, no repare m\u00e1s en ella, sino luego levante de ah\u00ed la mente a lo que\nrepresenta, poniendo el jugo y gozo de la voluntad en Dios con la oraci\u00f3n y devoci\u00f3n\nde su esp\u00edritu\u201d (ib. 37,2). Hace en estos cap\u00edtulos un precioso reportaje y\ncuadro de costumbres de \u00e9poca, distanci\u00e1ndose ir\u00f3nicamente de lo que observa.\nPara los oratorios y lugares de oraci\u00f3n tambi\u00e9n establece criterios; despu\u00e9s de\ndescribir los rid\u00edculos modos y preferencias en que gasta lo que a Dios se\ndebe, promueve el arte y a la est\u00e9tica, pero ligada a la sobriedad.<\/p>\n\n\n\n<p>No olvidemos que\nest\u00e1 apuntando el barroco, \u00a1qu\u00e9 habr\u00eda de decir si le hubiese tocado el siglo\nsiguiente! Fiestas, ceremonias, f\u00f3rmulas de oraci\u00f3n u \u201coraciones\nceremoni\u00e1ticas\u201d (S 3,43,3), rezos, misas de encargo, sufragios, ofrendas y\nrogativas, procesiones, peregrinaciones, todo es mirado con distancia y leve\nsonrisa, todo lo quiere ver reducido a lo que es: una mediaci\u00f3n; y por tanto\ndeja toda ayuda y forma de oraci\u00f3n sometida al mismo riguroso criterio teologal\nde buscar el encuentro personal con Dios por encima de y a trav\u00e9s de todo\nartificio orante.<\/p>\n\n\n\n<p>Sencillez de fe,\ndesprendimiento, confianza en Dios y no en nuestras obras y palabras,\nrecogimiento afectivo. Adem\u00e1s de un general criterio est\u00e9tico de buen gusto\najeno a todo exceso, pide sobriedad en la participaci\u00f3n emocional y\nespecialidad en la b\u00fasqueda y parsimonia de palabras, gestos y expresiones.\n\u201cSepan, pues, \u00e9stos que cuanta m\u00e1s fiducia hacen de estas cosas y ceremonias,\ntanta menor confianza tienen en Dios, y no alcanzar\u00e1n de Dios lo que desean.\nHay algunos que m\u00e1s oran por su pretensi\u00f3n que por la honra de Dios; que,\naunque ellos suponen que, si Dios se ha de servir, se haga, y si no, no,\ntodav\u00eda por la propiedad y vano gozo que en ello llevan, multiplican demasiados\nruegos por aquello, que ser\u00eda mejor mudarlos en cosas de m\u00e1s importancia para\nellos, como es el limpiar de veras sus conciencias y entender de hecho en cosas\nde su salvaci\u00f3n, posponiendo muy atr\u00e1s todas esotras peticiones suyas que no\nson esto. Y de esta manera, alcanzando esto que m\u00e1s les importa, alcanzar\u00edan\ntambi\u00e9n todo lo que de esotro les estuviere bien, aunque no se lo pidiesen,\nmucho mejor y antes que si toda la fuerza pusiesen en aquello\u201d (S 344,1). El\npadrenuestro le parece suficiente f\u00f3rmula y recurso bastante.<\/p>\n\n\n\n<p>3. PURIFICACI\u00d3N PASIVA DEL\nSENTIDO<em>. <\/em>La otra gran cr\u00edtica de la oraci\u00f3n la expone J. de la Cruz en la secci\u00f3n de\nla <em>Noche oscura <\/em>dedicada a justificar la necesidad de la primera noche del esp\u00edritu (N\n1,2-7). Argumenta mostrando los defectos de los aprovechados o de los\nespirituales. Una cr\u00edtica de fondo penetra toda su relectura o extrapolaci\u00f3n de\nlos pecados capitales en el contexto de la vida espiritual avanzada. Dos\ndefectos radicales encuentra: infantilismo y farise\u00edsmo de la oraci\u00f3n o de los\nestilos de relaci\u00f3n con Dios. Muchas observaciones son del campo de la oraci\u00f3n,\npero pueden manifestarse en otras expresiones de la vida espiritual de\ncontemplativos y \u201caprovechados\u201d. La oraci\u00f3n al fin es int\u00e9rprete del\nomnipotente deseo humano y \u00e9ste no nos da la uni\u00f3n con Dios, sino la apertura a\nla pura gracia que se ha de recibir con humildad y en fe desnuda. No es la\nafirmaci\u00f3n en la calidad o cantidad de los ejercicios de oraci\u00f3n lo que funda\nel valor de la oraci\u00f3n cristiana, sino la limpia disposici\u00f3n a la gracia\ngratuitamente recibida. A denunciar los \u201cramos de soberbia oculta\u201d, de vanidad\nsutil, de avaricia y gula espiritual, etc., dedica espl\u00e9ndidos cap\u00edtulos llenos\notra vez de iron\u00eda y agud\u00edsimos en su penetraci\u00f3n y denuncia de la espesa trama\nde nuestros mecanismos de defensa y autojustificaci\u00f3n. Una de las piezas\nmaestras sobre las trampas de la oraci\u00f3n, sobre su ambig\u00fcedad e incluso sobre\nsu miseria en cuanto gesto humano, tambi\u00e9n inapropiado para cumplir su\npretensi\u00f3n de unirnos con Dios. Moldeado este gesto humano por la vida teologal\nde fe, esperanza y amor, purificado y sencillo dar\u00e1 maduros\nfrutos de gracia y belleza que regenera al hombre (N 2,12-13).<\/p>\n\n\n\n<p>4. LA MEDITACI\u00d3N. Entrar en la\nvida de oraci\u00f3n es entrar en la &nbsp;meditaci\u00f3n de los misterios: \u201cLo primero traiga un\nordinario apetito de imitar a Cristo en todas sus cosas, conform\u00e1ndose con su\nvida la cual debe <em>considerar <\/em>para saberla imitar y haberse en todas las cosas\ncomo se hubiera \u00e9l\u201d (S 1,13,3) Naturalmente nunca la oraci\u00f3n es solo\nmeditaci\u00f3n. Es compromiso de ejercitar lo all\u00ed aprendido y recibido. La oraci\u00f3n\ntiende a cambiar al hombre para la comuni\u00f3n con Dios, no a cambiar a Dios.\nConsiderar, conocer, discurrir, imaginar son actos del entendimiento que ha de\nser elevado por la fe para que den de s\u00ed su valor teologal. Es lo que ense\u00f1a el\nSanto en <em>Subida <\/em>2,12,3; 2,15, verdadero tratado de la meditaci\u00f3n. Alabanza de contemplaci\u00f3n\ny menosprecio de la meditaci\u00f3n habr\u00eda que titularlo. Sin embargo, hay que\nentender que \u201ca los principiantes son necesarias estas consideraciones y formas\ny modos de meditaci\u00f3n para ir enamorando y cebando el alma por el sentido&#8230; y\nas\u00ed le sirven de medios remotos para unirse con Dios, pero ha de ser de manera\nque pasen por ellos y no se est\u00e9n siempre en ellos\u201d (S 2,12,5). Esta es la\nsustancia del pensamiento sanjuanista. La meditaci\u00f3n no es una forma de oraci\u00f3n\nperenne, m\u00e1s bien es un estilo de relaci\u00f3n de trato con Dios para siempre, pues\ncomporta reducci\u00f3n de Dios im\u00e1genes y pensamientos a ideas y proyectos\nnuestros. Como forma de oraci\u00f3n mental o vocal puede permanecer, pero cambiando\nsus estilos y modos de darse pues no es medio adecuado para la uni\u00f3n con Dios.\nSu mejor servicio es que habit\u00fae al trato humilde con Dios, que vaya\nenamorando, que vaya disponiendo para la aparici\u00f3n de otro modo de comunicaci\u00f3n\nteologal.<\/p>\n\n\n\n<p>5. LA CONTEMPLACI\u00d3N<em>. <\/em>Es la forma por\nexcelencia de oraci\u00f3n sanjuanista. Es en ella el maestro por excelencia. \u00c9sta\nes la que considera realidad permanente en toda autentica oraci\u00f3n, \u00e9ste es el\nestilo respetuoso con el modo de darse la verdadera experiencia religiosa. Sabe\nque hay muchos orantes que ni sospechan que lo son y muchos que creen tener\noraci\u00f3n carecen de ella (S pr\u00f3l. 6), por eso, busca ante todo ense\u00f1ar este modo\nde orar que es v\u00e1lido para ejercerlo sobre todas las mediaciones y bajo todas\nlas dem\u00e1s formas de oraci\u00f3n: vocal, mental, lit\u00fargica, personal, \u201clectio\ndivina\u201d, rito corporal, etc.<\/p>\n\n\n\n<p>La oraci\u00f3n\ncontemplativa se compone ante todo de ejercicio de fe, esperanza y amor. Se\neduca con aprendizaje del recogimiento y de los actos anag\u00f3gicos de la fe; se\naprende y adquiere inicialmente mediante el ejercicio perseverante de la\nmeditaci\u00f3n. De hecho, es el fruto (sobre)natural y esperado de la meditaci\u00f3n y\nde cualquier otra forma inicial de oraci\u00f3n. Es la meta y es la sabia de todos\nlos actos religiosos. \u201cYa el alma en este tiempo tiene el esp\u00edritu de la\nmeditaci\u00f3n en sustancia y h\u00e1bito. Porque es de saber que el fin de la\nmeditaci\u00f3n y discurso en las cosas de Dios es sacar alguna noticia y amor de\nDios &#8230; y vienen por el uso a continuarse tanto, que se hace h\u00e1bito en ella&#8230;\npor el uso se ha hecho y vuelto en ella en h\u00e1bito y sustancia de una noticia\namorosa general, no distinta ni particular como antes. Por lo cual, en\nponi\u00e9ndose en oraci\u00f3n, ya, como quien tiene allegada el agua, bebe sin trabajo\nen suavidad, sin ser necesario sacarla por los arcaduces de las pesadas\nconsideraciones y formas y figuras. De manera que, luego en poni\u00e9ndose delante\nde Dios, se pone en acto de noticia confusa, amorosa, pac\u00edfica y sosegada, en\nque est\u00e1 el alma bebiendo sabidur\u00eda y amor y sabor\u201d (S 2,14,2). La descripci\u00f3n\nes completa y suficiente para entender de qu\u00e9 habla el Santo. Aunque\ncontemplaci\u00f3n es una noci\u00f3n de tal magnitud y porte que desborda su\nconsideraci\u00f3n ce\u00f1ida al estrecho margen de las formas de oraci\u00f3n podemos decir que\nante todo contemplaci\u00f3n es el modo de toda gracia verdadera. Es noticia amorosa\ny en la noche, es decir, sin participaci\u00f3n discursiva y sensitiva.<\/p>\n\n\n\n<p>En el conjunto de\nla pedagog\u00eda sanjuanista esta gracia y la disposici\u00f3n necesaria para ella que a\nveces toma el mismo nombre ocupa el m\u00e1s alto rango en su escala de valores y\npor tanto su m\u00e1s alto aprecio. Funciona como el ideal que asint\u00f3ticamente busca\nincesantemente el orante.<\/p>\n\n\n\n<p>6. LAS SE\u00d1ALES. El inicio de esta nueva comunicaci\u00f3n de\nDios es un t\u00f3pico que le ha preocupado por tres veces al menos y hasta parece\npor el pr\u00f3logo de la <em>Subida <\/em>que es la\nraz\u00f3n pr\u00e1ctica de sus libros. S 2,12-15, N 1,910 y LlB 3,31-67 se ocupan de\nesta etapa sumamente delicada y desconocida por los gu\u00edas espirituales de su\ntiempo. No hay que repetir aqu\u00ed las se\u00f1ales de aparici\u00f3n de la contemplaci\u00f3n\npurgativa o de la contemplaci\u00f3n serena: b\u00e1sicamente se resumen: <em>la primera<\/em>, no poder meditar, cesa la\nconcentraci\u00f3n y aparece una extra\u00f1a sensaci\u00f3n de no avanzar; <em>la segunda<\/em>, no encontrar gusto en las\ncosas de Dios, pero tampoco en las profanas, sequedad y <em>la tercera <\/em>en medio de todo una fuerte solicitud por entregarse a\nDios con fidelidad. Si \u00e9stas se dan juntas, el autor recomienda confiar y\nesperar en que Dios est\u00e1 al fondo de estas sensaciones. La contemplaci\u00f3n\npurgativa e infusa hace su aparici\u00f3n. Dios prepara su morada.<\/p>\n\n\n\n<p>La esencia est\u00e1\ndefinida as\u00ed: en la contemplaci\u00f3n \u201cde secreto ense\u00f1a Dios al alma y la instruye\nen perfecci\u00f3n de amor, sin ella entender c\u00f3mo es esta contemplaci\u00f3n infusa; por\ncuanto es sabidur\u00eda de Dios amorosa\u201d (N 2,5,1). \u201cContemplaci\u00f3n no es otra cosa\nque infusi\u00f3n secreta, pac\u00edfica y amorosa de Dios que si le dan lugar inflama al\nalma en esp\u00edritu de amor\u201d (N 1,10,6). Se trata de la buena forma de oraci\u00f3n si\nas\u00ed se puede llamar a esta comunicaci\u00f3n general, honda, sencilla, eficaz y\npasiva. Se trata de la actuaci\u00f3n divina de la vida teologal.<\/p>\n\n\n\n<p>Un resumen de las\npr\u00e1cticas recomendadas y actualizadas: \u201cCon las varias indicaciones que da el\nautor, podemos sugerir algunas orientaciones pr\u00e1cticas para actuar esta forma\nde oraci\u00f3n contemplativa a quien se encuentran en ella o en condiciones de entrar.<\/p>\n\n\n\n<p>a) Contenidos y\nconocimientos del misterio, asimilados por v\u00eda de lectura, reflexi\u00f3n,\ncelebraci\u00f3n, experiencias de vida. <\/p>\n\n\n\n<p>b) Una cierta\nmadurez en el recogimiento teologal habitual, que alcance a todas las actuaciones\nde la existencia, y no solamente a la pr\u00e1ctica de la oraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>c) Capacidad\nespiritual de entrar en comuni\u00f3n interpersonal profunda, a niveles de actuaci\u00f3n\nps\u00edquica relativamente independientes de la imaginaci\u00f3n. d) Contacto\nprolongado, mental y afectivo, con las mismas realidades vivas: Dios, Cristo,\nlos misterios, ciertas verdades; y no variar a cada momento, como si fueran\ntemas de meditaci\u00f3n. e) Gradualidad en la transici\u00f3n del discurso a la mirada\nsilenciosa; incluso, abandonar del todo el discurso, ya que \u00e9ste puede servir\nde soporte permanente a la advertencia amorosa, manteni\u00e9ndolo con moderaci\u00f3n.\nf) No inquietarse por los movimientos de los sentidos y de la imaginaci\u00f3n; pero\ntampoco valorar la experiencia nueva seg\u00fan el criterio de la gratificaci\u00f3n\nsensible. g) Saber esperar en la m\u00e1s completa gratuidad\u201d. (F. Ruiz Salvador, <em>M\u00edstico y maestro. <\/em>Madrid 1986, p. 219).<\/p>\n\n\n\n<p>Esta es la cumbre\nde la oraci\u00f3n sanjuanista y es tambi\u00e9n la medida de la verdadera vida teologal.\nSu crecimiento en calidad se expresa en este estilo de oraci\u00f3n que penetra\ntodos los dem\u00e1s espacios de la relaci\u00f3n religiosa. En la noche oscura la\noraci\u00f3n tambi\u00e9n sufre el mismo oscurecimiento que todos los dem\u00e1s elementos de\nla relaci\u00f3n con Dios. La purgaci\u00f3n a que se ve sometido el hombre llega hasta\nel extremo de sofocar la misma posibilidad de orar. No es tiempo ni de eso.\nS\u00f3lo la fuerte y silenciosa fidelidad cabe entonces. Describe as\u00ed: \u201cNi puede\nlevantar afecto ni mente a Dios, ni le puede rogar pareci\u00e9ndole &#8230; que ha\npuesto Dios una nube delante porque no pase la oraci\u00f3n<\/p>\n\n\n\n<p>&#8230; Y si algunas\nveces ruega, es tan sin fuerza y sin jugo, que le parece que ni lo oye Dios ni\nhace caso de ello&#8230; A la verdad no es este tiempo de hablar con Dios, sino de\nponer, como dice Jerem\u00edas (Lm. 3,29), su boca en el polvo, si por ventura le\nviniese alguna actual esperanza, sufriendo con paciencia su purgaci\u00f3n. Dios es\nel que anda aqu\u00ed haciendo pasivamente la obra en el alma; por eso ella no puede\nnada. De donde ni rezar ni asistir con advertencia a las cosas divinas puede,\nni menos en las dem\u00e1s cosas y tratos temporales\u201d (N 2,8,1).<\/p>\n\n\n\n<p>Pasada la\npurificaci\u00f3n pasiva la oraci\u00f3n entra en un riqu\u00edsimo despliegue de matices y\nvalores. Las canciones finales del <em>C\u00e1ntico <\/em>y la <em>Llama <\/em>hacen referencia a que la vida espiritual se resuelve en\nejercicio de amor y las fronteras de la vida y la oraci\u00f3n se pierden. La\nalabanza, el agradecimiento y la adoraci\u00f3n componen la meta final de este\nproceso de disposici\u00f3n del hombre para orar e indican la \u00faltima respuesta del\nhombre en estado de uni\u00f3n con Dios: \u201cLos amigables regalos que el Esposo hace\nal alma en este estado son inestimables, y las alabanzas y requiebros de divino\namor que con gran frecuencia pasan entre los dos son inefables. Ella se emplea\nen alabar y regraciar a \u00e9l; \u00e9l, en engrandecer, alabar y regraciar a ella\u201d (CB\n34,1).<\/p>\n\n\n\n<p>BIBL. \u2014 F. RUIZ, <em>M\u00edstico y maestro<\/em>, Madrid, EDE, 1986, p. 207-232; A. RUIZ <em>San Juan de la<\/em> <em>Cruz, maestro de oraci\u00f3n<\/em>, Burgos, Monte Cramelo, 1989; C. TONNELIER, <em>Prier 15 jours avec Jean de la Croix<\/em>, Paris, Nouvelle Cit\u00e9, 1990; A. BELLENA, \u201cOrazione\ne contemplazione in S. Giovannie della Croce<em>\u201d<\/em>, en <em>Palestra del Clero <\/em>70 (1991) 515-524; M. HERRAIZ<em>, La oraci\u00f3n, palabra de un maestro: san Juan de la\nCruz, <\/em>Madrid, EDE, 1991, 138\np. Id. \u201cLa oraci\u00f3n experiencia teologal\u201d, en <em>Experiencia y pensamiento en\nSan Juan de la Cruz<\/em>, Madrid, 1990, 195-223.\nAA. VV<em>. Carmel <\/em>62 (1991); E. LARKIN, \u201cThe prayer Journey of John of the Cross<em>\u201d<\/em>, en <em>Juan de la Cruz, esp\u00edritu de llama<\/em>, p. 705-717; S. PAYNE, \u201cThe tradition of Prayer in Teresa and John of\nthe Cross<em>\u201d<\/em>, en <em>Spiritual Tradition for the cotemporary Church<\/em>, Nashville, Abingdon Press, 1990, p. 235-258; D. POIROT<em>, <\/em>\u201cJean de la Croix, guide pour la vie. Pri\u00e8re et demarche spituelle\u201d, en <em>Mystique et p\u00e9dagogie spirituelle. Ignace, Th\u00e9r\u00e8se, Jean de la Croix<\/em>. Colloque public du Centre S\u00e8vres, Paris,\nM\u00e8dias\u00e8vres, 1992, p. 29-43.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Gabriel Castro<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cDoctor de la oraci\u00f3n\u201d llam\u00f3 el papa P\u00edo XI a Juan de la Cruz en el breve declaratorio de su doctorado. Es el motivo central de su doctorado. 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