{"id":3857,"date":"2020-02-16T10:38:04","date_gmt":"2020-02-16T16:38:04","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3857"},"modified":"2021-02-16T10:38:51","modified_gmt":"2021-02-16T16:38:51","slug":"penitencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3857","title":{"rendered":"Penitencia"},"content":{"rendered":"\n<p>En siglos pasados\nse ha presentado a Juan de la Cruz como un hombre de una gran penitencia, tanto\ninterna como externa. En nuestro siglo, dicho planteamiento poco a poco se est\u00e1\ncambiando y matizando. Una muestra de este cambio la encontramos en el siguiente\ntexto de E. Allison Peers: \u201cLa austeridad de san Juan de la Cruz se\nmanifestaba, no en su lenguaje, ni en su rostro, sino en su vida misma. Excepto\npor las huellas que, sin duda alguna, dej\u00f3 sobre su rostro, podemos estar\nseguros de que su ascetismo era enteramente <em>\u00e0 l\u2019int\u00e9rieur<\/em>: cualquier alarde\nle hubiera repugnado, hasta serle intolerable\u201d (<em>San Juan de la Cruz, esp\u00edritu de llama<\/em>, Madrid, 1950, 96). Y m\u00e1s adelante a\u00f1ade: \u201cFueran cuales\nfueren las austeridades corporales que Juan pusiera en pr\u00e1ctica \u2013y siendo \u00e9ste\nun asunto entre el Santo y su Dios no nos concierne a nosotros\u2013, de ellas hace\nmuy poca menci\u00f3n en sus escritos &#8230; su insistencia mayor no la pone en la\nmortificaci\u00f3n de la carne, sino en la del deseo\u201d (ib. 134).<\/p>\n\n\n\n<h3>I. El concepto y las expresiones<\/h3>\n\n\n\n<p>En general podemos\ndecir que para J. de la Cruz el concepto y la palabra \u201cpenitencia\u201d es\nfundamentalmente sin\u00f3nimo de mortificar y mortificaci\u00f3n: t\u00e9rminos \u00e9stos que,\npor otra parte, usa con m\u00e1s frecuencia. De hecho, en una carta a las monjas de &nbsp;Beas ambos t\u00e9rminos\naparecen unidos: \u201cSigan la mortificaci\u00f3n y penitencia, queriendo que les cueste\nalgo este Cristo\u201d (Ct del 18.7.1589). Otras veces usa penitencia en sentido de\ndesasimiento (Ct de 1589-1590?), o como camino y signo de conversi\u00f3n personal\n(S 2,20,2; Po 6).<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando habla de\npenitencia, por lo general, no suele detenerse a darnos grandes explicaciones.\nM\u00e1s bien la indica simplemente entre los elementos importantes para el camino\nasc\u00e9tico cristiano. En una de las primeras estrofas o canciones de <em>C\u00e1ntico Espiritual <\/em>nos dice: \u201cPor las riberas, que son bajas, entiende (el\nalma) las mortificaciones, penitencias y ejercicios espirituales, por las\ncuales tambi\u00e9n dice que ir\u00e1 ejercitando en ellas la vida activa, junto con la\ncontemplativa\u201d (CB 3,4; cf. S 2,17,4; N 1,1,3; Av 6,34). El valor de la\npenitencia se aprecia sobre todo a medida que el camino espiritual va alcanzando\nmayores cuotas de madurez (CB 31,6). Lo que le lleva a decir en <em>Llama <\/em>que: \u201cNo hubo tribulaci\u00f3n,\nni tentaci\u00f3n, ni penitencia, ni otro cualquier trabajo que en este camino haya\npasado, a que no corresponda ciento tanto de consuelo, deleite, etc. en esta\nvida\u201d (LlB 2,23).<\/p>\n\n\n\n<h3>II. Pr\u00e1cticas\nambiguas<\/h3>\n\n\n\n<p>Pero no todo son\nalabanzas respecto de la penitencia. Suele se\u00f1alar el fervor por las mismas\ncomo una de las caracter\u00edsticas de los &nbsp;principiantes.\nConocidas son las cr\u00edticas del Santo respecto de la forma de practicarla que en\ngeneral tienen todos ellos. Lamenta \u201cla ignorancia de algunos que (en lugar de\ntrabajar por negar sus apetitos) se cargan de extraordinarias penitencias y otros\nmuchos voluntarios ejercicios, y piensan que les bastar\u00e1 eso y esotro para venir\na la uni\u00f3n de la divina Sabidur\u00eda\u201d (S 1,8,4). La &nbsp;gula espiritual,\nla indiscreci\u00f3n en las penitencias corporales, m\u00e1s all\u00e1 de lo que uno puede\nhacer (N 1,6,1), y el anteponer \u00e9stas a cualquier otro juicio o criterio de\ndiscernimiento ser\u00eda una de las principales tentaciones de determinados\nprincipiantes en la vida espiritual. \u201cEstos son imperfect\u00edsimos, gente sin\nraz\u00f3n, que posponen la sujeci\u00f3n y obediencia \u2013que es penitencia de raz\u00f3n y\ndiscreci\u00f3n\u2013, y por eso es para Dios m\u00e1s acepto y gustoso sacrificio que todos\nlos dem\u00e1s (cf. 1 Sam 15,22) a la penitencia corporal, que, dejada estotra\nparte, no es m\u00e1s que penitencia de bestias, a que tambi\u00e9n como bestias se\nmueven por el apetito y gusto que all\u00ed hallan\u201d (N 1,6,2).<\/p>\n\n\n\n<p>Ya en este texto\nse ve claro que, para nuestro m\u00edstico, el verdadero valor de la penitencia\ntiene su ra\u00edz m\u00e1s en lo interior que en lo exterior, es decir, si son signo de\ncambio de actitud interior. En otro lugar recuerda el ejemplo de N\u00ednive que\nhizo penitencia por sus pecados, y al rey Acab, quien tras la advertencia del\nprofeta El\u00edas, \u201crompi\u00f3 las vestiduras de dolor, y se visti\u00f3 de cilicio y ayun\u00f3\ny durmi\u00f3 en saco y anduvo triste y humillado\u201d (S 2,20,2; respecto del vestirse\nde cilicio, cf. LlB 2,31, en referencia a Mardoqueo).<\/p>\n\n\n\n<p>En otro lugar\naclarar\u00e1, al estilo paulino, que s\u00f3lo el amor da valor a la pr\u00e1ctica de la\npenitencia. Hablando de los bienes morales y de c\u00f3mo se ha de enderezar en\nellos el gozo a Dios, comenta que \u201cha de advertir el cristiano que el valor de\nsus buenas obras, ayunos, limosnas, penitencias, (oraciones), etc\u00e9tera, que no se\nfunda tanto en la cantidad y cualidad de ellas, sino en el amor de Dios que \u00e9l\nlleva en ellas\u201d (S 3,27,5; cf. S 3,28,7).<\/p>\n\n\n\n<h3>III. Formas\nconcretas y tradicionales<\/h3>\n\n\n\n<p>Es este modo de\npensar lo que hace que J. de la Cruz no sea muy pr\u00f3digo en sugerir pr\u00e1cticas\npenitenciales exteriores o corporales a lo largo de sus escritos. Lo cual no\ndeja de extra\u00f1ar en una \u00e9poca en la que se le daba tanta importancia a todo ese\ntipo de pr\u00e1cticas. No ignora, sin embargo, el valor de dichas obras\ntradicionalmente consideradas de penitencia, como el ayuno, la sobriedad en el\ncomer, en el beber, en el dormir, las limosnas, etc. Un poco m\u00e1s arriba ya\ncitamos un texto en el que se incluyen en la categor\u00eda de obras buenas el\nayuno, las limosnas, y las penitencias (S 3,27,5).<\/p>\n\n\n\n<p>Otras referencias\nm\u00e1s detalladas a las pr\u00e1cticas de penitencia tradicionales que encontramos en\nlos escritos sanjuanistas guardan siempre una gran coherencia con todo lo que\nhasta aqu\u00ed venimos diciendo. He aqu\u00ed algunos ejemplos:<\/p>\n\n\n\n<p>a) <em>Ayuno. <\/em>No condena el uso de\nalgunas personas que se proponen ayunar y otras devociones en d\u00edas contados,\n\u201csino el estilo que llevan en sus limitados modos y ceremonias con que las\nhacen\u201d (S 3,44,5). Condena la soberbia y vanagloria en las propias obras\nbuenas: \u201ccomo el fariseo en el Evangelio, que oraba y se congraciaba con Dios con\njactancia de que ayunaba y hac\u00eda otras buenas obras\u201d (Lc 18,12: S 3,28,2; cf. S\n3,28,3; N 1,2,1). Condena el uso de algunas personas que, llevadas por las\npropias apetencias malsanas, aunque bajo capa de bien, \u201cse debilitan con ayunos,\nhaciendo m\u00e1s de lo que su flaqueza sufre\u201d (N 1,6,1).\nEstablece un principio general: \u201cMejor es vencerse en la lengua que ayunar a\npan y agua\u201d (Av 5,12).<\/p>\n\n\n\n<p>b)<em> Comer y beber. <\/em>El hombre sensitivo suele tener apegos a distintas personas, lugares,\ncosas, y a \u201ctal manera de comida\u201d (S 1,11,4; <em>Av <\/em>2,42). Tambi\u00e9n se indica que algunos a las fiestas\nvan y se alegran m\u00e1s por ser vistos, por ver y por comer que por la fiesta\nreligiosa en s\u00ed (S 3,38,2). \u201cDel gozo en el sabor de los manjares derechamente\nnace gula y embriaguez, ira, discordia, y falta de caridad con los pr\u00f3jimos y\npobres, como tuvo con L\u00e1zaro aquel epul\u00f3n que com\u00eda cada d\u00eda espl\u00e9ndidamente\u201c\n(Lc 16,19: S 3,25,5). Dios mueve a los principiantes a ejercitarse con buenas\nacciones en lo que se refiere a las cosas naturales exteriores. As\u00ed, entre\notras cosas, en \u201cmortificar el gusto en la comida\u201d (S 2,17,4). A la luz de la\nense\u00f1anza de Mt 6,25-33, sugiere ejercitarse en poner la confianza en la\nprovidencia tanto respecto de la comida como del vestido (Ca 7; Ct del\n20.6.1590). Pero tambi\u00e9n recuerda con Pablo que se puede comer y beber sin apartar\npor ello nuestro coraz\u00f3n de Dios (N 2,19,2).<\/p>\n\n\n\n<p>c) <em>Tacto y dem\u00e1s sentidos. <\/em>De poner el gozo en el tacto se puede derivar, entre otros da\u00f1os, mengua en\nlos ejercicios espirituales y penitencia corporal, y tibieza e indevoci\u00f3n\nacerca del uso de los sacramentos de la Penitencia y Eucarist\u00eda\u201d (S 3,25,8; cf.\nS 3,24,1; 25,6; N 1,4,1). \u201cMacerar con penitencia y santo rigor el tacto\u201d se\nencuentra entre las cosas externas buenas a las que se siente impulsado el\nprincipiante (S 2,17,4). Negando en los sentidos (o\u00eddo, vista, olfato, paladar,\ntacto) el gusto de todo lo que puede caer en ellos, \u00e9stos quedan\na oscuras y sin nada (S 1,3,2). Ense\u00f1anza que, como se ve, va mucho m\u00e1s all\u00e1 de\nuna pura penitencia exterior, y que se completa con esa otra consigna en el uso\nde los sentidos que consiste en buscar siempre a trav\u00e9s de ellos y en ellos\naquello que es mayor honra y gloria de Dios (S 1,13,4).<\/p>\n\n\n\n<p>d) <em>Vestir y dormir\/velar. <\/em>Vestir y dormir de forma penitente: el rey Acab, en se\u00f1al de penitencia y\nconversi\u00f3n, se visti\u00f3 de cilicio y durmi\u00f3 en lecho de saco (S 2,20,2). El alma\nenamorada siempre piensa y anhela al Amado: cuando trata con la gente, cuando\nhabla, \u201ccuando come, cuando duerme, cuando vela\u201d (N 2,19,2).<\/p>\n\n\n\n<p>e) <em>La purificaci\u00f3n pasiva como ayuno y dieta. <\/em>Despu\u00e9s de todo lo dicho me parece muy\nsignificativo encontrarnos con que Juan de la Cruz habla de la noche pasiva\ncomo de un tiempo de \u201cayuno y penitencia\u201d, en el que Dios tiene al hombre \u201cen\ndieta y abstinencia de todas las cosas\u201d, en la privaci\u00f3n y purgaci\u00f3n de todo\naquello que puede impedirle caminar hacia la meta de la uni\u00f3n perfecta de amor\nde Dios (N 1,9,4; 1,14,5; 2,16,10; 2,23,3). Se trata de una dieta y abstinencia\nnecesaria para curar y sanar, como bellamente se expresa en el texto siguiente:\n\u201cComo est\u00e1 puesta aqu\u00ed en cura esta alma para que consiga su salud, que es el\nmismo Dios, ti\u00e9nela Su Majestad en dieta y abstinencia de todas las cosas,\nestragado el apetito para todas ellas; bien as\u00ed como para que sane el enfermo\nque en su casa es estimado\u201d (N 2,16,10).<\/p>\n\n\n\n<p>BIBL. \u2014 F. JUBERIAS, \u201cLa \u2018sinkat\u00e1basis\u2019 o\n\u2018condescendencia\u2019 de San Juan de la Cruz\u201d, en <em>Teolog\u00eda Espiritual <\/em>24 (1980) 421-454; J. V. RODR\u00cdGUEZ, \u201cJuan de la\nCruz. Penitencia y mortificaci\u00f3n\u201d, en <em>Teresa de Jes\u00fas <\/em>n. 81 (1996) 108-110.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Jos\u00e9 Dami\u00e1n Gait\u00e1n<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En siglos pasados se ha presentado a Juan de la Cruz como un hombre de una gran penitencia, tanto interna como externa. 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