{"id":3859,"date":"2020-02-16T10:39:10","date_gmt":"2020-02-16T16:39:10","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3859"},"modified":"2021-02-16T10:40:16","modified_gmt":"2021-02-16T16:40:16","slug":"peticion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3859","title":{"rendered":"Petici\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<p>La oraci\u00f3n de\npetici\u00f3n probablemente sea la que hace con m\u00e1s frecuencia el hombre en su relaci\u00f3n\ncon &nbsp;Dios. Al sentirse necesitado, instintivamente se dirige a\nDios como remedio de todos sus males. En el fondo puede ser expresi\u00f3n de su\nconfianza; pero tambi\u00e9n de su ego\u00edsmo, sobre todo cuando s\u00f3lo se acuerda de \u00e9l\nen los momentos de pobreza o aprieto. S. Juan de la Cruz sale al paso para\nense\u00f1ar al hombre c\u00f3mo tiene que dirigirse a Dios pidiendo su ayuda. Siente que\nalguien lo haga de forma no apropiada. Ser\u00eda vivir en el enga\u00f1o. Sus ense\u00f1anzas\nson breves, pero seguras. No habla muchas veces de \u201cpetici\u00f3n\u201d a Dios: no llegan\na treinta. Con m\u00e1s frecuencia usa el verbo \u201cpedir\u201d. Tres son los lugares principales\ndonde ense\u00f1a c\u00f3mo hacer la oraci\u00f3n de petici\u00f3n: <em>Subida <\/em>2,21; 3,44 y <em>Llama <\/em>1,27-28,31,33-34,36.<\/p>\n\n\n\n<p>Asienta, como\npunto de partida, este principio: \u201cPara alcanzar las peticiones que tenemos en\nnuestro coraz\u00f3n, no hay mejor medio que poner la fuerza de nuestra oraci\u00f3n en\naquella cosa que es m\u00e1s gusto de Dios; porque entonces no s\u00f3lo dar\u00e1 lo que le\npedimos, que es la salvaci\u00f3n, sino a\u00fan lo que \u00e9l ve que nos conviene y nos es\nbueno, aunque no se lo pidamos\u201d (S 3,44,2). Y como punto de llegada este otro:\n\u201cCon grande conformidad de las dos partes, donde lo que t\u00fa quieres pida, pido,\ny lo que t\u00fa no quieres, no quiero, ni me pasa por pensamiento querer; y pues\nson ya delante de tus ojos m\u00e1s v\u00e1lidas y estimadas mis peticiones, pues salen\nde ti y t\u00fa me mueves a ellas, y con sabor y gozo en el Esp\u00edritu Santo te lo\npido\u201d (LlB 1,36).<\/p>\n\n\n\n<p>Entre el punto de\npartida y el de llegada hay un tiempo para aprender a dirigirse a Dios, como se\nense\u00f1a en el cap\u00edtulo 44 del libro tercero de la <em>Subida<\/em>. Hay que pasar de la petici\u00f3n ego\u00edsta, a abandonarse al\nquerer de Dios para conseguir lo que se pide. Es todo un arte; arte cristiano,\nque los intereses humanos pueden falsificar. Se puede pedir e incluso hacer\nmuchas peticiones, repetidamente, y sin embargo estar muy lejos de obtener lo\nque se desea. No porque Dios no quiera escuchar, sino porque el orante no se\nhace escuchar. Pide, s\u00ed, y mucho, pero poniendo la confianza m\u00e1s en sus formas\nde orar, en sus devociones y ceremonias, que en aquel a quien pide, y as\u00ed no\nalcanzar\u00e1 de Dios lo que desea.<\/p>\n\n\n\n<p>El Santo rechaza\ncomo inapropiado para la &nbsp;oraci\u00f3n de petici\u00f3n: pretender m\u00e1s la honra propia que la\nde Dios; multiplicar demasiado los ruegos; inventar ceremonias que no usa ni\ntiene aprobadas la &nbsp;Iglesia; usar nuevas formas, \u201ccomo si supiesen m\u00e1s que el\n&nbsp;Esp\u00edritu Santo y su Iglesia\u201d; preferir las ceremonias y\ndevociones propias a las que ense\u00f1\u00f3 &nbsp;Cristo; empe\u00f1arse en multiplicidad de peticiones, cuando\nbastar\u00eda repetir, muchas veces y con fervor y con cuidado, las pocas que\ncontiene el Padre Nuestro, oraci\u00f3n de petici\u00f3n por excelencia. Hay una condena\nde las peticiones que van dirigidas m\u00e1s a uno mismo que a Dios. Aprueba sin\nembargo el que algunos d\u00edas algunas personas se propongan a veces hacer sus devociones,\ncomo ayudar y otras semejantes; pero reprueba \u201cel estribo que llevan en sus\nlimitados modos y ceremonias con que las hacen\u201d (S 3,44,5). El orante verdadero\nparte de la confianza en Dios; pone la fuerza de la oraci\u00f3n en lo que m\u00e1s\nagrada a Dios; endereza a Dios las fuerzas de la voluntad y el gozo de ella en\nlas peticiones; persevera en la oraci\u00f3n del Padre Nuestro, que \u201cencierra todo\nlo que es voluntad de Dios y todo lo que nos conviene\u201d; su petici\u00f3n la\nmanifiesta en lo escondido, en el interior o en lugares solitarios.<\/p>\n\n\n\n<p>Los cap\u00edtulos\n19,20 y 21 del libro segundo de la <em>Subida <\/em>tienen particular inter\u00e9s, porque en ellos se expone c\u00f3mo\nDios, aunque responde a veces, a lo que se le pide sobrenaturalmente y de forma\nno apropiada, no le gusta hacerlo y se enoja. \u201cAunque les responde, ni es buen\nt\u00e9rmino ni Dios gusta de \u00e9l, antes disgusta; y no s\u00f3lo eso, mas muchas veces se\nenoja y ofende mucho\u201d (S 2,21,1). \u201cDios no gusta de ello, pues de todo lo\nil\u00edcito se ofende\u201d (ib.). \u201cPero las que responde Dios digo que es por la\nflaqueza del alma que quiere ir por aquel camino, porque no desenvuelve y\nvuelve atr\u00e1s, o porque no piense est\u00e1 Dios mal con ella y se sienta demasiado,\no por otros fines que Dios sabe, fundados en la flaqueza de aquel alma\u201d (ib. n.\n2). \u201cA la misma manera condesciende Dios con algunas almas, concedi\u00e9ndoles lo\nque no les est\u00e1 mejor, porque ellas no quieren o no saben ir sino por all\u00ed\u201d\n(ib. n. 3). \u201cLo da con tristeza\u201d (ib.). \u201cDe mala gana\u201d (ib.). Se enoja \u201cmucho\ncontra ellos\u201d (ib. n. 6). \u201cSe enoj\u00f3 Dios mucho contra Balam\u201d (ib.).<\/p>\n\n\n\n<p>Principio base en\nel tema de la oraci\u00f3n de petici\u00f3n es: \u201cDios es de manera que, si le llevan por\nbien y a su condici\u00f3n, har\u00e1n de \u00e9l cuanto quisieren; mas si va sobre inter\u00e9s,\nno hay hablarle\u201d (S 3,44,3). Este principio vale para los que piden sin saber\nc\u00f3mo hay que hacerlo y para los que han aprendido ya a dirigirse al Se\u00f1or.\nEstos \u00faltimos tienen la experiencia de que a Dios es f\u00e1cil ganarlo: \u201cCuando\nDios es amado, con gran facilidad acude a las peticiones de su amante\u201d (CB\n1,13); pero siempre a su tiempo, porque una cosa es \u201cverlo\u201d y \u201co\u00edrlo\u201d y otra\n\u201ccumplirlo\u201d (CB 2,4). Llega un momento en que el alma ya no pide; s\u00f3lo sabe\npresentar a Dios lo que desea, porque lo que quiere es que se haga su voluntad\n(CB 38,5; LlB 1,28). Una \u00faltima ense\u00f1anza del Santo para alcanzar las peticiones:\n\u201cSal fuera y glor\u00edate en tu gloria; esc\u00f3ndete en ella y goza, y alcanzar\u00e1s las\npeticiones de tu coraz\u00f3n\u201d (Av: \u201cDichos de luz y amor\u201d, 27<em>).<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Evaristo Renedo<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La oraci\u00f3n de petici\u00f3n probablemente sea la que hace con m\u00e1s frecuencia el hombre en su relaci\u00f3n con &nbsp;Dios. Al sentirse necesitado, instintivamente se dirige a Dios como remedio de todos sus males. 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