{"id":3861,"date":"2020-02-16T10:40:32","date_gmt":"2020-02-16T16:40:32","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3861"},"modified":"2021-02-16T10:42:19","modified_gmt":"2021-02-16T16:42:19","slug":"poesia-sanjuanista","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3861","title":{"rendered":"Poes\u00eda sanjuanista"},"content":{"rendered":"\n<p>La poes\u00eda de Juan de la Cruz es una de las m\u00e1s sublimes,\npero tambi\u00e9n una de las m\u00e1s misteriosas de la literatura espa\u00f1ola. Incluso\nbuena parte de los poemas \u201cmenores\u201d del Santo comparten algo de esta\noriginal\u00edsima opacidad verbal que caracteriza sus obras m\u00e1s importantes, cuya\nnovedad literaria es tal que el poeta se ve precisado a comentarlas en prosa:\nel <em>C\u00e1ntico espiritual<\/em>, la <em>Noche oscura <\/em>y la <em>Llama de amor viva<\/em>. La producci\u00f3n del excelso poeta se reduce a cinco\npoemas (estos tres, m\u00e1s el del <em>Pastorcico <\/em>y de la <em>Fonte<\/em>), a una serie de composiciones, llamadas \u201cmenores\u201d,\ndistribuidas en coplas o glosas (<em>Vivo sin vivir<\/em>, <em>Entr\u00e9me donde no supe, Tras un\namoroso lance, Sin arrimo y con arrimo, Por toda la hermosura<\/em>) y romances (ocho sobre los misterios de la\ncreaci\u00f3n, encarnaci\u00f3n y redenci\u00f3n, y uno sobre el salmo \u201cSuper flumina\nBabylonis\u201d).<\/p>\n\n\n\n<h3>I. Valoraci\u00f3n de la cr\u00edtica<\/h3>\n\n\n\n<p>Los cr\u00edticos han\nido sumando sus quejas frente al radical enigma de la poes\u00eda m\u00e1s representativa\ndel Santo, que le parece a Marcelino Men\u00e9ndez Pelayo tan \u201cang\u00e9lica, celestial y\ndivina\u201d que siente \u201creligioso terror al tocarla\u201d (<em>Estudios de cr\u00edtica literaria, <\/em>Madrid, 1915, 55-56). Lo secunda D\u00e1maso Alonso: \u201cEs el mismo espanto que yo\n&#8230; hab\u00eda sentido siempre &#8230; No s\u00f3lo eran las palabras de Men\u00e9ndez Pelayo lo\nque produc\u00eda mi inicial terror, sino un conocimiento elemental de los problemas\nque entra\u00f1a la poes\u00eda de san Juan de la Cruz. Hoy puedo afirmar rotundamente\nque son los m\u00e1s dificultosos de la literatura espa\u00f1ola\u201d (<em>La poes\u00eda de san Juan de la Cruz. Desde esta ladera, <\/em>Aguilar, Madrid, 1966, 18).<\/p>\n\n\n\n<p>Esta \u201cprotesta\u201d de\nlos estudiosos frente al arte inclasificable y \u201catemorizante\u201d del Santo se\ninicia desde muy temprano. Antonio de Capmany, ya en 1787, siente que los\nversos a menudo ininteligibles del Reformador le resultan descuidados, y lo\nsecunda Francisco Pi y Margall (1853), quien encuentra a san Juan \u201cincorrecto\u201d\npero \u201csublime\u201d y \u201ccompletamente nuevo\u201d (cf. Crist\u00f3bal Cuevas Garc\u00eda<em>, San Juan de la Cruz. C\u00e1ntico espiritual, Poes\u00edas<\/em>. Alhambra, M\u00e9xico, 1985, 80). Azor\u00edn se siente perplejo\nfrente a la \u201coscuridad\u201d y las \u201ctransgresiones gramaticales\u201d de la obra del\nSanto (\u201cJuan de Yepes\u201d, en <em>Los cl\u00e1sicos redivivos. Los\ncl\u00e1sicos futuros, <\/em>Espasa Calpe,\nMadrid, 1973, 48), de seguro porque tampoco acababa de entender estos versos\ndelirantes. Jos\u00e9 Coll y Veh\u00ed aconseja leer a san Juan \u201ccon el coraz\u00f3n, m\u00e1s que\ncon los ojos\u201d (cf. C. Cuevas Garc\u00eda, 80). Julio Cejador, por su parte, no tiene\nm\u00e1s remedio que repetir el aserto de Men\u00e9ndez Pelayo casi al pie de la letra:\nla poes\u00eda del Santo \u201cno parece cosa de hombres, sino de bienaventurados\u201d (<em>Historia de la lengua y la literatura castellana: \u00c9poca\nde Felipe II<\/em>, t. III, Impr. De Galo S\u00e1ez, Madrid, 1930, 95-96).\nRoger Duvivier se une al estupor general: la obra de San Juan le parece \u201coeuvre\ninclassable\u201d (<em>La gen\u00e8se du \u2018Cantique\nspirituel\u2019 de Saint Jean de la Croix, <\/em>Les Belles Lettres, Paris, 1971, 285). Hasta los poetas\ncr\u00edticos (san Juan siempre ha sido poeta de poetas) Paul Val\u00e9ry y Jorge Guill\u00e9n\nhan quedado hermanados en una misma queja: los misterios de la poes\u00eda del Santo\nparecen excesivos. Y, curiosamente, por ello mismo se identifican con los\nmisteriosos versos sanjuan\u00edsticos, cuyos delirios po\u00e9ticos parecer\u00edan de alg\u00fan\nmodo \u201canticipar\u201d las novedades literarias del simbolismo y del surrealismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Parecer\u00eda que la\npoes\u00eda de san Juan, cuando a\u00fan estaba manuscrita, llen\u00f3 de asombro tambi\u00e9n a\nsus primeros destinatarios, las monjas y frailes del Carmelo descalzo, (y a\u00fan a\ndamas laicas como &nbsp;Ana de Pe\u00f1alosa) pues piden al Santo les declare aquellas\nliras que no acababan de comprender. La edici\u00f3n accidentada de las obras del\nSanto, por otra parte, habla por s\u00ed misma de lo dif\u00edcil que fue su inclusi\u00f3n en\nel <em>corpus <\/em>literario espa\u00f1ol: el \u201cC\u00e1ntico\u201d ve la luz primero en\nFrancia, y en versi\u00f3n francesa (1622), y es omitido de las primeras ediciones\nespa\u00f1olas de 1618 y 1619. No es hasta 1627 que al fin la literatura espa\u00f1ola\nacoge como suyo el magistral poema y se anima a editarlo en Bruselas.<\/p>\n\n\n\n<p>Dada su extra\u00f1eza\ny novedad art\u00edstica, los textos sanjuan\u00edsticos fueron, como era de esperar, los\ngrandes ausentes de las po\u00e9ticas y de los tratados cr\u00edticos del Siglo de Oro<strong>. <\/strong>Ni siquiera en los c\u00edrculos religiosos afines al Santo,\ndonde la obra circulaba ampliamente, parece que encontr\u00f3 verdadera aceptaci\u00f3n\nliteraria. &nbsp;Agust\u00edn Antol\u00ednez testimonia indirectamente el\ndesconcierto que su poes\u00eda y su t\u00e9cnica de comentario causar\u00edan entre los\nespirituales del Carmelo cuando \u201crearregla\u201d las enigm\u00e1ticas glosas a los poemas\nprincipales de San Juan, para hacerlas m\u00e1s inteligibles y m\u00e1s \u201caceptables\u201d a\neste p\u00fablico eclesi\u00e1stico, que las habr\u00eda de preferir en un principio a las\nmismas del Santo. Otro tanto sucede con los imitadores del poeta, desde Sor\nCecilia del Nacimiento hasta la Madre Castillo: a nadie se le ocurre trasvasar\na sus propios versos el misterio y la frecuente ilogicidad verbal que\ncaracteriza la obra del Reformador.<\/p>\n\n\n\n<p>San Juan ha sido\nconsiderado como un escritor al margen de las corrientes de su tiempo. Pi y\nMargall admite que no ha hallado en san Juan \u201cuna sola reminiscencia\u201d de otros\npoetas (<em>apud <\/em>Cuevas Garc\u00eda, <em>op. cit<\/em>., 15), mientras que el P. Silverio de santa Teresa\nasegura sin m\u00e1s que \u201cno tiene afinidades ni huellas de autor alguno\u201d (<em>Obras de san Juan de la Cruz<\/em>. Edici\u00f3n y notas del P. Silverio de Santa Teresa, El\nMonte Carmelo, Burgos, 1931, t. I, 170). Incluso Eulogio Pacho se hace eco de\nesta aureola de singularidad art\u00edstica que rodea al Santo: \u201cSan Juan de la Cruz\nse yergue como isla solitaria en la literatura religiosa del siglo XVI. Como si\nfuera impermeable a las corrientes y movimientos que le rodean\u201d (<em>San Juan de la Cruz y sus escritos. <\/em>Editorial Cristiandad, Madrid, 1969, 17).<\/p>\n\n\n\n<h3>II. Conciencia\npo\u00e9tica del autor<\/h3>\n\n\n\n<p>El propio san Juan\nofrece, sin embargo, algunas de las claves \u2013y a\u00fan de las fuentes m\u00e1s\nimportantes\u2013 de su innovadora po\u00e9tica. Asegura que es el primero en advertir el\nmisterio de sus versos on\u00edricos, y que su oscuridad verbal no es casual sino\ninherente al sentido m\u00e1s profundo de su obra literaria m\u00edstica. En ese breve,\npero importante tratado de po\u00e9tica que es el pr\u00f3logo al <em>C\u00e1ntico<\/em>, el Santo admite\nque sus liras m\u00e1s parecen \u201cdislates que dichos puestos en raz\u00f3n\u201d, y adelanta\nque no podr\u00e1n ser comprendidos cabalmente por \u00e9l ni por sus lectores. El enigma\npo\u00e9tico de sus obras principales es pues consciente y volitivo, ya que el poeta\nse lanza a la aventura de comunicar una experiencia espiritual literalmente\ninenarrable: su encuentro con el Infinito.<\/p>\n\n\n\n<p>El Santo sabe muy\nbien que \u201clo que Dios comunica al alma \u2026 es indecible\u201d (CB 26,4). No s\u00f3lo Dios\nno se puede decir, sino que ni siquiera se puede entender: \u201cDios, \u2026 excede al \u2026\nentendimiento, \u2026 y, cuando el entendimiento va entendiendo, no se va llegando a\nDios, sino antes apartando\u201d (LlB 3,48). Lo que no se entiende a trav\u00e9s de la\nraz\u00f3n y los sentidos, no puede, naturalmente, comunicarse a trav\u00e9s de ellos. El\nlenguaje del m\u00edstico, como insistir\u00eda siglos m\u00e1s tarde Jorge Guill\u00e9n, es un\nlenguaje \u201cinsuficiente\u201d (<em>Lenguaje y poes\u00eda, <\/em>Alianza Editorial, Madrid, 1969, 73111), y el Santo\nentiende que tiene que urdir un lenguaje po\u00e9tico nuevo si quiere comunicar algo\nde su experiencia abisal, necesariamente intransferible.<\/p>\n\n\n\n<p>En su esfuerzo por\ncomunicar de alguna manera su experiencia m\u00edstica infinita, el Santo destruye\nla lengua un\u00edvoca y limitada de sus contempor\u00e1neos europeos y maneja una\npalabra que tiene que flexibilizar y ensanchar para capacitarla para la inmensa\ntraducci\u00f3n que le exige. Como resultado, crea una poes\u00eda tan misteriosa y\nrevolucionaria que no es comprendida ni por sus coet\u00e1neos ni por sus supuestos\nseguidores, para quienes permanece impenetrable su oscuridad po\u00e9tica.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el propio\nSanto alivia el enigma de sus versos, admitiendo que el precedente de su misterio\nverbal es el <em>Cantar de los Cantares <\/em>b\u00edblico, ese poema cuya hermosura arcana ha preocupado a\nlos lectores desde antiguo. El ex\u00e9geta Saadia ponderaba ya desde el siglo X que\n\u201cel <em>Cantar <\/em>es un candado, cuya llave hemos perdido\u201d (cf. Morris Jastrow,\n<em>The Song of Songs. <\/em><em>Being a Collection\nof Love Lyrics from Ancient Palestine, <\/em>Philadelphia\/London,\n1921, 84). Y en el epitalamio b\u00edblico fue precisamente \u2013y por\nadmisi\u00f3n propia\u2013 donde J. de la Cruz aprendi\u00f3 su \u201cest\u00e9tica del delirio\u201d. Imit\u00f3\nel \u201cmisterio\u201d que rebosa el epitalamio, por entender que trataba precisamente\nde la uni\u00f3n inefable con Dios que se experimenta m\u00e1s all\u00e1 de todo lenguaje.<\/p>\n\n\n\n<p>No estamos ante\nuna imitaci\u00f3n superficial del ambiente buc\u00f3lico o de la tem\u00e1tica amorosa del <em>carmen <\/em>b\u00edblico: Juan\naclimata a su castellano precisamente los elementos del <em>Cantar <\/em>que son inherentes\na la lengua hebrea y que otros imitadores europeos evaden. Como es natural, una\npoes\u00eda tan derivada de c\u00e1nones est\u00e9ticos desconocidos como el del epitalamio\npalestino habr\u00eda de resultar incompatible con las po\u00e9ticas al uso, que lo que\ntomaban en cuenta era a Arist\u00f3teles, a P\u00edndaro, a Horacio. Existe, pues, un\nprecedente para uno de los mayores problemas est\u00e9ticos de Juan \u2013su misterio\nverbal\u2013 que tanto ha preocupado a sus lectores occidentales. S\u00f3lo que el\nprecedente literario no es occidental sino sem\u00edtico.<\/p>\n\n\n\n<h3>III. T\u00e9cnica\npo\u00e9tica original<\/h3>\n\n\n\n<p>Al acercarnos a la\npoes\u00eda sanjuanista, una de las primeras cosas que llama la atenci\u00f3n es su\nfrecuente ilogicidad verbal. El lector se siente perplejo ante versos como \u201cmi\nAmado las monta\u00f1as\u201d; \u201cel aire del almena\u201d; y la extra\u00f1a lira con la que cierra\nel <em>C\u00e1ntico<\/em>: \u201cQue nadie lo miraba \/ Aminadab tampoco parec\u00eda \/ y el\ncerco sosegaba \/ y la caballer\u00eda \/ a vista de las aguas descend\u00eda\u201d. La\nfrecuente falta de ilaci\u00f3n l\u00f3gica entre muchas de las estrofas del c\u00e9lebre\npoema es palmaria, situaci\u00f3n que se agrava si se tiene en mente que el Santo\nlas cambi\u00f3 de lugar cuando redact\u00f3 la segunda versi\u00f3n del mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Los espacios del <em>C\u00e1ntico <\/em>\u2013el poema m\u00e1s\nextremadamente misterioso del Santo\u2013 giran vertiginosamente ante nuestros ojos\ncomo en r\u00e1pido caleidoscopio: nos desplazamos, muy lejos de la buc\u00f3lica\noccidental, tan consistente como espacio ret\u00f3rico, por un paisaje alucinado de\nmonta\u00f1as, bodegas interiores, fuentes, lechos floridos rodeados de cuevas de\nleones, extra\u00f1as cavernas \u201cde la piedra\u201d. Los espacios se disuelven s\u00fabitamente,\nde la misma manera que se disuelve el tiempo narrativo, que zigzaguea entre un\npasado, un presente y un futuro permanentemente indeterminados. Colin Peter\nThompson observa que esta t\u00e9cnica, \u201ccompletamente for\u00e1nea en el contexto del\ncanon po\u00e9tico cl\u00e1sico y renacentista\u201d, parecer\u00eda asociable a la t\u00e9cnica\ncinematogr\u00e1fica moderna <em>(The Poet and the Mystic. A\nStudy of the \u201cC\u00e1ntico espiritual\u201d, <\/em>Oxford University Press, 1977, 86-87).<\/p>\n\n\n\n<p>Algunas escenas de\nla <em>Noche <\/em>son igualmente alucinadas: la hembra enamorada sale en\nlas tinieblas nocturnas a buscar a su Amado, pero la gu\u00eda que la conduce en su\ncamino es una \u201cluz\u201d que lleva ardiendo en su propio coraz\u00f3n. El lector\ncomprende no sin asombro que el camino que traza la hembra enamorada es pues\ncircular e inexistente, porque la conduce hacia ella misma. S\u00f3lo que\nprecisamente en ese sagrado \u201call\u00ed\u201d es donde encontrar\u00e1 a quien m\u00e1s ama. El\nextra\u00f1o <em>locus <\/em>m\u00edstico de la espiritualidad interior de la protagonista\nest\u00e1 oreado por un misterioso \u201cventalle de cedros\u201d, mientras que \u201cel aire del almena\u201d\nle prodiga las caricias que su Amado dormido ya no puede darle.<\/p>\n\n\n\n<p>La identidad de\nlos protagonistas po\u00e9ticos de la <em>Llama <\/em>es igualmente proteica. El poema comienza con una nota de\nabstracci\u00f3n pura, en la que el emisor de los versos se declara incendiado por\nel \u201ctoque delicado\u201d de una llama y de unas inusitadas \u201cl\u00e1mparas de fuego\u201d que\niluminan las \u201ccavernas\u201d m\u00e1s profundas de su alma. Pero al final transmuta su\nvoz po\u00e9tica por la de una hembra que ha quedado enamorada por el \u201caspirar sabroso\u201d\nde su corp\u00f3reo Amado, que despierta en lo interior de su ser.<\/p>\n\n\n\n<p>Las identidades de\nlos protagonistas del <em>C\u00e1ntico <\/em>resultan igualmente vacilantes: al principio del poema\nparecen personajes de carne y hueso; luego se transmutan en paloma y en ciervo;\nm\u00e1s adelante reaparecen en su antigua corporeidad humana (la amada se tiende\nsobre los \u201cdulces brazos del Amado\u201d); para finalmente adquirir ambos identidad\nde palomas que vuelan a su nido de amor transformante en lo alto de los\nacantilados ( \u201clas cavernas de la piedra\u201d), donde liban un\nenigm\u00e1tico y embriagante \u201cmosto de granadas\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En el <em>C\u00e1ntico <\/em>abundan estas\nescenas on\u00edricas m\u00e1s que en ning\u00fan otro poema del Santo: los amantes hacen\nguirnaldas de flores y esmeraldas que entretejen en un solo cabello de la\namada; la &nbsp;Esposa se desplaza, como si no tuviera cuerpo, a trav\u00e9s\nde fuertes, fronteras y de \u00ednsulas extra\u00f1as, que el lector va mirando desde un\nprivilegiado punto de mira a\u00e9reo, exactamente como mira al Cristo del c\u00e9lebre\ngrabado sanjuan\u00edstico; alguien conjura, a nombre de las \u201camenas liras\u201d, a los\nciervos y los &nbsp;gamos saltadores, junto a los \u201cmiedos\u201d y \u201cardores\u201d, para\nque cesen sus \u201ciras\u201d, en una escena que parecer\u00eda una miniatura persa\ndelirante. La Esposa, en otro escenario de sobre tonos son\u00e1mbulos, se mira en\nuna fuente cristalina y advierte que ha perdido su identidad: s\u00f3lo ve\nreflejados los \u201cojos deseados\u201d del Amado. Ella los mira sobre las aguas y ellos\nla miran desde lo hondo y resulta imposible distinguir a qui\u00e9n pertenece esta\nmirada auto-contemplativa. En el momento de la &nbsp;uni\u00f3n ext\u00e1tica\ntodo se con-funde: \u201cMi Amado las monta\u00f1as \/ los valles solitarios nemorosos \/\nlas \u00ednsulas extra\u00f1as \/ los r\u00edos sonorosos \/ el silbo de los aires amorosos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>El <em>C\u00e1ntico <\/em>se hab\u00eda abierto\ncon una pregunta espacial: \u201c\u00bfAd\u00f3nde te escondiste, Amado\u2026?\u201d. Y de repente, el\nlector advierte que el Amado ha quedado equiparado a los espacios mismos: a las\nmonta\u00f1as, valles, \u00ednsulas, noches, en una metaforizaci\u00f3n completamente\ndesconocida en el Siglo de Oro, que Carlos Bouso\u00f1o denomina como \u201cvisionaria\u201d o\n\u201ccontempor\u00e1nea\u201d (\u201cSan Juan de la Cruz, poeta \u2018contempor\u00e1neo\u2019\u201d, en <em>Teor\u00eda de la expresi\u00f3n po\u00e9tica<\/em>, Gredos, Madrid, 1970). Lo que se asocia en la imagen\nson las sensaciones que producen los elementos emparentados: para la Esposa\n\u2013nos dice el Santo en sus glosas\u2013 el Amado es como las monta\u00f1as, porque la\nimpresi\u00f3n que le producen \u00e9stas (altura, majestuosiad, buen olor) son\nsemejantes a las que le produce el Amado. Lo mismo sucede con el misterio que\nsugieren las \u201c\u00ednsulas extra\u00f1as\u201d, o la intimidad solitaria de los \u201cvalles\nnemorosos\u201d: son las sensaciones que le va produciendo Dios al alma. Estas\nasociaciones metaf\u00f3ricas se logran, pues, por v\u00eda de sensaciones arracionales,\ny, por m\u00e1s extra\u00f1eza, se establecen mediante frases nominales, omitiendo el\nverbo \u201cser\u201d. No dice el poeta \u201cMi Amado es las monta\u00f1as\u201d sino \u201cMi Amado las\nmonta\u00f1as\u201d. No cabe duda de que el castellano nunca se manej\u00f3 as\u00ed en la Edad\nAurea.<\/p>\n\n\n\n<p>Advirtamos de paso\nlas claves m\u00edsticas inesperadas que nos da aqu\u00ed el poeta visionario: la Esposa\nse pregunta por el espacio donde se ha perdido el Amado, para luego descubrir\nque \u00c9l <em>es <\/em>los espacios mismos, y que\nesta identidad inesperada se completa en la apreciaci\u00f3n de ella, en ella: \u201cMi\nAmado es las monta\u00f1as <em>para m\u00ed\u201d<\/em>. Lo que ella buscaba est\u00e1 en ella misma, <em>es <\/em>ella misma. De\nah\u00ed, en parte, la intuici\u00f3n de san Juan de omitir el verbo <em>ser <\/em>en todas las liras\nde la uni\u00f3n: no hay nada que separe ya la identidad transformada \u2013\u201cpor\nparticipaci\u00f3n\u201d\u2013 de los misteriosos, m\u00edsticos amantes.<\/p>\n\n\n\n<h3>IV. Antecedentes\nliterarios<\/h3>\n\n\n\n<p>Pero todos estos\ndeliquios se cantan en liras italianizantes y se encuentran entreverados de\npr\u00e9stamos frecuentes de las tradiciones europeas m\u00e1s conocidas: la l\u00edrica\ncancioneril, la poes\u00eda italiana renacentista, el romancero, as\u00ed como algunos de\nlos antecesores inmediatos del Santo (Garcilaso, &nbsp;Bosc\u00e1n y Herrera).\nTodo ello a\u00f1ade m\u00e1s misterio y m\u00e1s tensi\u00f3n po\u00e9tica a los poemas principales del\npoeta Carmelita. No es de extra\u00f1ar que la belleza on\u00edrica de sus enigmas\nverbales haya parecido inclasificable, incluso a la cr\u00edtica extranjera. Es que\nel Santo, a pesar de conocer bien sus cl\u00e1sicos y sus maestros espa\u00f1oles, en lo\nfundamental cierra filas con un poema y con una teor\u00eda po\u00e9tica tan for\u00e1nea como\nex\u00f3tica. Entiende su fecunda incoherencia verbal desde el modelo art\u00edstico del <em>Cantar de los Cantares<\/em>, donde admite haber aprendido su \u201cpo\u00e9tica del delirio\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>San Juan muestra\nuna aguda sensibilidad justamente para ciertos elementos del <em>Cantar <\/em>que son inherentes\na la lengua hebrea y que otros imitadores europeos evaden: la frecuente\nincoherencia verbal; el fragmentarismo borroso de un argumento que nunca\nacabamos de comprender; los cambios abruptos de espacio; la incongruencia de\nlos tiempos verbales y los desplazamientos temporales injustificados; las\nim\u00e1genes desconcertantes; la fuerte ambientaci\u00f3n oriental; el erotismo\nencendido de los amantes que se celebran mutuamente con unas libertades\ner\u00f3ticas que hubieran dejado perplejos a los neoplat\u00f3nicos Petrarca o\nGarcilaso. La dislocaci\u00f3n de los vers\u00edculos, que carecen de ilaci\u00f3n l\u00f3gica que\nlos una, es t\u00edpica de la poes\u00eda sem\u00edtica, hasta el punto que Gustave von\nGr\u00fcnebaum (<em>Kritik und Dichtkunst. Studien\nzur arabischen Literaturgeschichte, <\/em>Otto Harrassowits, Wiesbaden, 1955) y Wolfhart Heinrichs <em>(Arabische Dichtung und grigische Poetik, <\/em>Beirut, 1969) han denominado como \u201cconcepci\u00f3n molecular\nde la poes\u00eda\u201d a este fen\u00f3meno propio de la poes\u00eda hebrea y \u00e1rabe, en el que se presta\natenci\u00f3n a la belleza aislada de las estrofas a despecho del conjunto.<\/p>\n\n\n\n<p>Acaso por entender\na fondo esta est\u00e9tica po\u00e9tica particular fue que san Juan celebr\u00f3 en su lecho\nde muerte la hermosura independiente de las \u201cpreciosas margaritas\u201d del <em>Cantar. <\/em>Hasta las\nmisteriosas frases nominales del poeta, con su escamoteo del verbo <em>ser<\/em>, provienen del\nepitalamio: es usual en las lenguas sem\u00edticas, como el hebreo o el \u00e1rabe,\nomitir este verbo. As\u00ed, cuando fray Luis de Le\u00f3n traduce del hebreo alg\u00fan\npasaje del <em>Cantar, <\/em>como \u201cnuestro lecho florido\u201d, adjunta entre corchetes el\nverbo \u201cest\u00e1\u201d, porque realmente es esp\u00fareo al texto original. J. de la Cruz, en\ncambio, deja la equivalencia escueta, sometiendo su castellano a una s\u00fabita,\ninesperada hebraizaci\u00f3n sint\u00e1ctica: \u201cnuestro lecho florido, \/ de cuevas de\nleones enlazado, \/ en p\u00farpura tendido, \/ de paz edificado, \/ de mil escudos de oro\ncoronado\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Otro tanto sucede\ncon la met\u00e1fora a base de sensaciones a-racionales: son las usuales en el\nepitalamio. Como otrora el Santo con el verso \u201cmi Amado las monta\u00f1as\u201d, la\nEsposa del <em>Cantar <\/em>celebra la belleza de su Amado: \u201cEl tu semblante [como el\ndel] L\u00edbano\u201d (Cant 5,15). Y es que, para ella, la sensaci\u00f3n de altura y\nmajestuosidad que le produce el monte L\u00edbano, lleno de cedros olorosos, es la\nmisma que le produce el rostro incitante de su consorte.<\/p>\n\n\n\n<p>La metaforizaci\u00f3n\nnovedosa de J. de la Cruz, que Bouso\u00f1o llama \u201ccontempor\u00e1nea\u201d, acaso habr\u00eda que\nllamarla, m\u00e1s adecuadamente, \u201csem\u00edtica\u201d. Como \u201csem\u00edtica\u201d es tambi\u00e9n su\nusurpaci\u00f3n de la protagonista femenina que canta los amores en el poema: el\nSanto se hace eco de la venerable tradici\u00f3n del <em>Cantar<\/em>, de las jarchas, de la poes\u00eda \u00e1rabe popular. El\npoeta es, sin embargo, perfectamente consciente de la tradici\u00f3n en la que\ninscribe su arte po\u00e9tico. El antecedente principal de su propio enigma verbal\nno es otro que esas \u201cextra\u00f1as figuras y semejanzas\u201d \u2013la frase es del pr\u00f3logo al\n<em>C\u00e1ntico\u2013 <\/em>con las que los vers\u00edculos salom\u00f3nicos traducen, seg\u00fan\nentiende Juan, el misterio de la transformaci\u00f3n en Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Otro de los\narcanos m\u00e1s importantes de la poes\u00eda sanjuanista es su particular simbolog\u00eda\nm\u00edstica, que no siempre parece tener claros antecedentes europeos. El Santo\nparecer\u00eda hacer suyas las claves secretas de la poes\u00eda m\u00edstica suf\u00ed que lo\nantecedi\u00f3 por siglos: la noche oscura pero luminosa es la estaci\u00f3n de la\nproximidad (<em>al-qurb<\/em>) a la v\u00eda\nunitiva; la azucena es la flor emblem\u00e1tica del dejamiento espiritual; el &nbsp;\u201cp\u00e1jaro solitario\u201d\nno tiene determinado color porque implica el desasimiento de toda atadura\nmaterial; las l\u00e1mparas de fuego que iluminan al alma ext\u00e1tica representan los\natributos de Dios; el mosto de granadas de cuyos granos rojos se exprime un\nlicor embriagante es alegor\u00eda de la unidad de Dios que subyace a la diversidad\nde lo creado; las \u201craposas\u201d que el m\u00edstico debe cazar son la sensualidad del\nalma a\u00fan no pacificada; el canto del ruise\u00f1or (la \u201cdulce &nbsp;filomena\u201d) es\nalborozado himno ext\u00e1tico del todo ajeno a la <em>miserabile carmen <\/em>de Virgilo; las\nesmeraldas que el contemplativo recoge en los albores de la <em>iluminatio matutina <\/em>son los heraldos de la gnosis m\u00edstica iluminativa <em>(\u2018ilm israqi)<\/em>. Miguel As\u00edn Palacios comenz\u00f3 a estudiar esta simbolog\u00eda herm\u00e9tica\nsanjuan\u00edstica que corresponde tan de cerca al <em>trobar clus <\/em>de los m\u00edsticos\ndel Islam, y que posiblemente el Santo recibe como una tradici\u00f3n po\u00e9tica ya\nlexicalizada y cristianizada despu\u00e9s de muchos siglos de uso.<\/p>\n\n\n\n<p>Salta a la vista\nque el conocimiento de estas contextualidades literarias sem\u00edticas \u2013tanto el <em>Cantar <\/em>hebreo como la\nl\u00edrica suf\u00ed\u2013 ayudan a aliviar algunos de los enigmas m\u00e1s significativos de la\npoes\u00eda y sobre todo de la teor\u00eda po\u00e9tica del Santo, tan novedosa en el contexto\ndel Siglo de Oro espa\u00f1ol. Si bien poemas como el \u201cPastorcico\u201d o el \u201cRomance\nsobre el Evangelio <em>In principio erat Verbum <\/em>acerca de la Sant\u00edsima Trinidad\u201d obedecen mayormente a\nfiliaciones renacentistas y tradicionales espa\u00f1olas claramente reconocibles, la\nobra l\u00edrica m\u00e1s importante, m\u00e1s original y m\u00e1s caracter\u00edstica de J. de la Cruz\n\u2013el <em>C\u00e1ntico espiritual<\/em>, la <em>Llama de amor viva <\/em>y la <em>Noche oscura<\/em>\u2013 implica una riqueza extraordinaria en lo que a la\ndiversidad de sus deudas literarias se refiere.<\/p>\n\n\n\n<p>BIBL. \u2014 MIGUEL AS\u00cdN PALACIOS, <em>Huellas del<\/em> <em>Islam. Santo Tom\u00e1s de Aquino, Turmeda,\nPascal, San Juan de la Cruz<\/em>, Espasa-Calpe, Madrid, 1941; Id. <em>Sadil\u00edes y alumbrados, <\/em>ed. Luce L\u00f3pez-Baralt, Hiperi\u00f3n, Madrid, 1990; JEAN\nBARUZI, <em>Saint Jean de la Croix et le probl\u00e8me de\nl\u2019exp\u00e9rience mystique, <\/em>F\u00e9lix Alcan, Paris, 1924; D\u00c1MASO ALONSO, <em>La poes\u00eda de san Juan de la\nCruz (desde esta ladera), <\/em>Madrid 1942, 1946, etc.; V\u00cdCTOR G. DE LA CONCHA, \u201cConciencia est\u00e9tica y voluntad de estilo en san Juan de la Cruz\u201d, en <em>Bolet\u00edn de la Biblioteca Men\u00e9ndez Pelayo<\/em>, 1970, 371-410; JORGE GUILL\u00c9N, <em>Lenguaje y poes\u00eda, <\/em>Revista de Occidente, Madrid, 1962; FERNANDO L\u00c1ZARO CARRETER, \u201cPo\u00e9tica de\nsan Juan de la Cruz\u201d, en <em>Actas del Congreso\nInternacional Sanjuanista<\/em>, vol. I, Junta de Castilla y Le\u00f3n\/Consejer\u00eda de Cultura y Turismo, 25-45;\nLUCE L\u00d3PEZ-BARALT, <em>San Juan de la Cruz y el Islam, <\/em>Hiperi\u00f3n, Madrid, 1990; Id. <em>Asedios a lo Indecible. San Juan de la Cruz canta al \u00e9xtasis transformante,\n<\/em>Trotta, Madrid, 1998; MAR\u00cdA JES\u00daS\nMANCHO DUQUE, <em>Palabras y s\u00edmbolos en san\nJuan de la Cruz<\/em>, Fundaci\u00f3n Universitaria Espa\u00f1ola\/Universidad\nPontificia de Salamanca, Madrid, 1993; JEAN ORCIBAL, <em>St. Jean de la Croix et les mystiques rh\u00e9no-flamands, <\/em>Descl\u00e9e de\nBrouwer, Paris, 1966; EULOGIO PACHO, <em>San\nJuan de la Cruz. C\u00e1ntico espiritual. Primera redacci\u00f3n y texto retocado, <\/em>Fundaci\u00f3n\nUniversitaria Espa\u00f1ola, Madrid, 1981; Id. <em>Estudios\nsanjuanistas <\/em>(2 vols.). Editorial Monte Carmelo, Burgos, 1997); AA.VV., <em>Poes\u00eda y teolog\u00eda en S. Juan de la Cruz<\/em>,\n2 vol. Editorial Monte Carmelo, Burgos 1992.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Luce L\u00f3pez-Baralt<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La poes\u00eda de Juan de la Cruz es una de las m\u00e1s sublimes, pero tambi\u00e9n una de las m\u00e1s misteriosas de la literatura espa\u00f1ola. 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