{"id":3863,"date":"2020-02-16T10:42:41","date_gmt":"2020-02-16T16:42:41","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3863"},"modified":"2021-02-16T10:43:33","modified_gmt":"2021-02-16T16:43:33","slug":"predicacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3863","title":{"rendered":"Predicaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<p>No podemos decir\nque la predicaci\u00f3n figure entre los temas socorridos de la espiritualidad\nsanjuanista, m\u00e1s bien lo toca de pasada, pero con pinceladas tan magistrales\nque valen por un tratado. Sit\u00faa Juan de la Cruz en el cap\u00edtulo 45 del libro 3\u00ba\nde la <em>Subida <\/em>la predicaci\u00f3n y a los predicadores, entre los bienes\n\u201cprovocativos\u201d, que provocan o persuaden a servir a &nbsp;Dios, y en los que\npueden gozarse vanamente tanto el predicador como sus oyentes, aunque acaba\ncentrando el asunto en el predicador. Y as\u00ed fij\u00e1ndose en el mismo establece lo\nprimero que la predicaci\u00f3n ha de ser un \u201cejercicio m\u00e1s espiritual que vocal\u201d (S\n3,45,2), que es como decir que vale m\u00e1s la unci\u00f3n que la elocuencia, a\u00f1adiendo\nuna raz\u00f3n clara: si bien se ejercita por el arte, su fuerza proviene del\nesp\u00edritu interior que la suscita, si bien \u2013dir\u00e1 despu\u00e9s para no ser mal\ninterpretado\u2013 no s\u00f3lo no condena, sino que alaba el \u201cbuen estilo, ret\u00f3rica y buen\nt\u00e9rmino\u201d que \u201chace mucho al caso\u201d (ib. 5). Podr\u00edamos decir que la cuidada preparaci\u00f3n,\nam\u00e9n de \u00fatil, es necesaria y provechosa. Pero enseguida advierte el Santo que\npor m\u00e1s esmerada que sea la ret\u00f3rica y subido el estilo y la elocuencia del que\npredica, y a\u00fan alta la doctrina (ib. 2), el fruto que causa es proporcionado al\nesp\u00edritu del que predica.<\/p>\n\n\n\n<p>Y por si no\nhubiera sido suficientemente clara su doctrina, sigue insistiendo el Santo en\nla relaci\u00f3n directa que existe entre la vida del predicador y el fruto o\nprovecho de lo que predica, se\u00f1alando que \u201ccuanto el predicador es de mejor\nvida, mayor es el fruto que hace por bajo que sea su estilo y poca su ret\u00f3rica\ny su doctrina com\u00fan\u201d (ib. 4), pues predica con el ejemplo y eso es lo\nestimulante. Lo dice con precisi\u00f3n al afirmar que \u201cdel esp\u00edritu vivo se pega el\ncalor\u201d. M\u00e1s a\u00fan, se\u00f1ala el Santo, recurriendo como de costumbre a la Escritura,\nque Dios tiene \u201cojeriza\u201d a los predicadores que predican una cosa y luego ellos\nno la cumplen. De donde se deduce que esa ser\u00eda la primera cualidad que ha de\ntener el predicador: la de cumplir cuanto predica.<\/p>\n\n\n\n<p>Queriendo remachar\nbien el tema insiste de nuevo todav\u00eda el Santo en la utilidad y provecho del\nbuen estilo y buen lenguaje, que tambi\u00e9n tienen su poder persuasivo cuando se\na\u00f1aden al buen esp\u00edritu (ib. 4). Este es siempre lo principal, de modo que, sin\nese esp\u00edritu, por m\u00e1s gusto que d\u00e9 al sentido y al entendimiento el serm\u00f3n, no\nqueda encendida ni motivada la voluntad para obrar lo que se sugiere,\nqued\u00e1ndose m\u00e1s bien \u201ctan floja y remisa\u201d \u2013dice el Santo\u2013 como antes de escuchar\nel serm\u00f3n. Para mejor darse a entender, compara un serm\u00f3n elocuente, en el que\nel predicador haya dicho \u201cmaravillosas cosas maravillosamente dichas\u201d, pero sin\nesp\u00edritu, a un concierto armonioso o m\u00fasica de campanas, que es algo que\nciertamente recrea y deleita al o\u00eddo, pero no tiene ninguna influencia para\nprovocar m\u00e1s all\u00e1 del deleite un cambio de vida. Un serm\u00f3n as\u00ed, lleva al oyente\na quedarse en la superficie de alabar su elocuencia, sin buscar para s\u00ed la\nenmienda que necesita (ib. 5).<\/p>\n\n\n\n<p>Y dicha esta\npalabra substancial acerca de la predicaci\u00f3n apenas si vuelve el Santo sobre\nella en sus escritos. S\u00f3lo en la glosa a la estrofa 29 del <em>C\u00e1ntico<\/em>, apunta una nueva\nse\u00f1al de alerta, cuando dice que alcanzado el estado de uni\u00f3n de amor, el alma\ndebe dejar de lado otros ejercicios a\u00fan provechosos, como el de la predicaci\u00f3n.\nEs lo que hizo Mar\u00eda Magdalena, que se retir\u00f3 al desierto, a pesar del fruto\nque podr\u00eda haber hecho su predicaci\u00f3n en la Iglesia primitiva. A rengl\u00f3n\nseguido, con un texto que se ha hecho famoso, llama la atenci\u00f3n de los\npredicadores \u201cque piensan ce\u00f1ir el mundo con sus predicaciones\u201d, advirti\u00e9ndoles\nque har\u00edan m\u00e1s provecho a s\u00ed mismos y a la Iglesia si gastasen siquiera la\nmitad del tiempo en oraci\u00f3n &#8230; pues de otra manera todo es martillar y hacer\npoco m\u00e1s que nada, y a veces nada, y a\u00fan a veces da\u00f1o\u201d (CB 29,2-3).<\/p>\n\n\n\n<p><em>Alfonso Ru\u00edz<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No podemos decir que la predicaci\u00f3n figure entre los temas socorridos de la espiritualidad sanjuanista, m\u00e1s bien lo toca de pasada, pero con pinceladas tan magistrales que valen por un tratado. 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