{"id":3867,"date":"2020-02-16T10:45:06","date_gmt":"2020-02-16T16:45:06","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3867"},"modified":"2021-02-16T10:47:07","modified_gmt":"2021-02-16T16:47:07","slug":"principiantes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3867","title":{"rendered":"Principiantes"},"content":{"rendered":"\n<p>El desarrollo en\nla vida espiritual, comparado con el de la vida corporal, ha permitido\ndistinguir fases, momentos, situaciones y etapas de crecimiento en sentido\nparecido a la ni\u00f1ez, adolescencia, juventud, madurez, etc. La equiparaci\u00f3n m\u00e1s\ncl\u00e1sica y tradicional ha sido la de principiantes, &nbsp;aprovechados y perfectos\no sus equivalentes: &nbsp;v\u00eda purificativa, iluminativa y unitiva.<\/p>\n\n\n\n<p>J. de la Cruz\nasumi\u00f3 la divisi\u00f3n tripartita como instrumento pedag\u00f3gico, pero sin sentirse\nesclavo del mismo. Existen para \u00e9l otros referentes m\u00e1s claros y mejor\ncaracterizantes del progreso espiritual, como las formas oracionales y las\nfases cat\u00e1rticas o \u201cnoches\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>La importancia\nrelativa que tienen para \u00e9l las reparticiones tradicionales queda patente al\ncomprobar que nunca las adopta como esquema b\u00e1sico para exponer su doctrina.\nLas acomoda a \u00e9sta, de tanto en tanto, para que se comprenda mejor por quienes\nest\u00e1n habituados a usar el bar\u00f3metro de los tres estados o v\u00edas. Da por buena\nla equivalencia de los dos t\u00e9rminos, estados y v\u00edas (CB, argumento). Lo que\ntradicionalmente presentan los autores como estado de perfectos, lo designa \u00e9l\ncomo estado de &nbsp;uni\u00f3n-perfecci\u00f3n o de &nbsp;matrimonio espiritual.<\/p>\n\n\n\n<p>Pone su empe\u00f1o en\nconducir a las almas lo m\u00e1s r\u00e1pidamente posible a esa meta, a la que todas\nest\u00e1n llamadas. Ello le obliga a se\u00f1alar un camino seguro y a recordar las\netapas del mismo. Una de las mejor descritas por \u00e9l es la que corresponde a la\nni\u00f1ez espiritual, la que suele llamarse \u201cestado de principiantes\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En la pluma\nsanjuanista \u201cprincipiantes\u201d no son cristianos del mont\u00f3n, creyentes sin\npreocupaci\u00f3n alguna por su elevaci\u00f3n espiritual. Son profesionales de la vida\nespiritual con vocaci\u00f3n y compromiso suficientemente clarificados. Los\n\u201cprincipiantes\u201d sanjuanistas alcanzan niveles que actualmente se consideran\ncasi ideales. Por ello parece excesiva la dureza con que, a primera vista, los\ntrata el Santo. No es porque los desprecie o los margine; al contrario, le\nmerecen estima y compasi\u00f3n. Lamenta profundamente que hayan trabajado con denuedo\ny mantengan intactas ilusiones de alcanzar la perfecci\u00f3n, pero, a la vez, se\npierdan en ni\u00f1er\u00edas y no ataquen de ra\u00edz sus defectos.<\/p>\n\n\n\n<p>Su gran\npreocupaci\u00f3n es precisamente desenmascarar enga\u00f1os y hacer ver a los\nprincipiantes que en el camino espiritual no valen las apariencias, como ellos\ncreen, sino la virtud s\u00f3lida. Mantener las posturas y situaciones propias de\nprincipiantes significa, seg\u00fan \u00e9l, renunciar a la santidad. Lo que el Santo\npretende es ofrecer est\u00edmulos y razones para que los principiantes no queden\nestancados definitivamente.<\/p>\n\n\n\n<p>No se propuso\nnunca un estudio sistem\u00e1tico y espec\u00edfico de ese estado espiritual, pero abund\u00f3\nen consideraciones sobre \u00e9l y lo caracteriz\u00f3 con rasgos penetrantes y certeros.\nSus descripciones quieren dejar patente la urgencia que tiene todo espiritual\nde superar la vida de sentido, si quiere ir adelante hasta la meta de la\nsantidad. La vida del sentido es la t\u00edpica de los principiantes<\/p>\n\n\n\n<h3>I. Caracterizaci\u00f3n\nde los principiantes<\/h3>\n\n\n\n<p>J. de la Cruz\nsuele dibujar el primer estadio de la vida espiritual en visi\u00f3n retrospectiva\ndesde el punto m\u00e1s alto o avanzado. Se ve, as\u00ed como en contraste, a base de\ncomparaci\u00f3n o confrontaci\u00f3n de situaciones. Puntos fundamentales de\nconfrontaci\u00f3n son precisamente los extremos del itinerario: el estado de\nprincipiantes y el de los perfectos. Al margen de esta comparaci\u00f3n est\u00e1n las\np\u00e1ginas dedicadas directamente a los defectos de los principiantes en S y N, como\nse ver\u00e1 m\u00e1s adelante.<\/p>\n\n\n\n<p>Para abarcar el\nmundo espiritual en que coloca J. de la Cruz a los principiantes hay que tener\nen cuenta que ese estado espiritual se corresponde en su pluma con otras\ncategor\u00edas. Las principales son las siguientes: v\u00eda purgativa, v\u00eda del discurso\ny la meditaci\u00f3n, ejercicio de mortificaci\u00f3n y virtudes, vida de sentido, etc.\nAl caracterizar este per\u00edodo espiritual se\u00f1ala los rasgos m\u00e1s salientes a nivel\npsicol\u00f3gico, moral y experiencial, tanto en el plano negativo de defectos, como\nen el positivo de logros y conquistas.<\/p>\n\n\n\n<p>1. EL ARRANQUE: COMPUNCI\u00d3N DEL CORAZ\u00d3N Y CONVERSI\u00d3N. El\nprincipiante a quien J. de la Cruz toma de la mano, no es el ignorante o el\ndespreocupado de su vida espiritual. Ha dado ya pasos muy importantes; el de mayor\nalcance es el de la compunci\u00f3n y conversi\u00f3n a Dios, una vez tomada conciencia\nde los beneficios de \u00e9l recibidos y de la propia miseria (CB 1,1). El\nreconocimiento de las misericordias de Dios (CB 33,2) y de la deuda con \u00e9l\ncontra\u00edda (CB 1,1) provoca la compunci\u00f3n del coraz\u00f3n (CB 33,1) e impulsa la\nconversi\u00f3n con prop\u00f3sito y decisi\u00f3n de darse a Dios (CB 1,1).<\/p>\n\n\n\n<p>Es entonces cuando\ncomienza de veras la vida espiritual y la diferencia de \u201clos hombres comunes\u201d\nque no trabajan por \u201cir a Dios\u201d (S 3,28,8). En sinton\u00eda con &nbsp;S. Teresa y su\n\u201cdeterminada determinaci\u00f3n\u201d, J. de la Cruz coloca el comienzo aut\u00e9ntico del\nitinerario espiritual \u201cdespu\u00e9s que el alma determinadamente se convierte a\nservir a Dios\u201d (N 1,1,2). Ah\u00ed comienza para \u00e9l la etapa de los principiantes.\nSu duraci\u00f3n y t\u00e9rmino est\u00e1n fijados en estas se\u00f1ales: cuando Dios los va\nsacando de la meditaci\u00f3n y \u201ccomienzan a entrar en la noche oscura\u201d (N 1,1,1).\nEs el recorrido que va de la meditaci\u00f3n a la contemplaci\u00f3n, del dominio del\nsentido al del esp\u00edritu.<\/p>\n\n\n\n<p>2. RASGOS POSITIVOS. El principiante no es persona\ndespreocupada de su vida religiosa y espiritual, ya que abriga serios deseos de\nvirtud y pone empe\u00f1o en practicarla. Pospone incluso intereses puramente\nhumanos al ideal superior que le ofrece la fe. Su af\u00e1n sincero de perfecci\u00f3n se\nexpresa en actos concretos y en posturas inconfundibles.<\/p>\n\n\n\n<p>J. de la Cruz,\nsiguiendo categor\u00edas culturales de su tiempo, se\u00f1ala los siguientes rasgos de\nlos principiantes: evitar pasatiempos, placeres, ocupaciones peligrosas o\ncontrarias al compromiso cristiano; asumir responsablemente las obligaciones\ndel propio estado y las exigencias del mismo; practicar las obras de piedad y\ncaridad, procurando por todos los medios mantener el fervor; fomentar el\nservicio divino a trav\u00e9s de las pr\u00e1cticas religiosas, como el culto, los\nsacramentos, la lectura espiritual, las devociones y la liturgia (S 3,37-45).\nTraducido todo esto al lenguaje moderno podr\u00eda decirse que los principiantes\nsanjuanistas tratan de encauzar su compromiso humano en una visi\u00f3n religiosa de\nla vida, cultivando la dimensi\u00f3n espiritual de manera concreta y con empe\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Un conocido texto\nsanjuanista compendia esta visi\u00f3n positiva de los principiantes: \u201cSu deleite es\npasarse grandes ratos en oraci\u00f3n, y por ventura las noches enteras; sus gustos\nson las penitencias, sus contentos los ayunos; y sus consuelos usar de los\nsacramentos y comunicar en las cosas divinas, de las cuales cosas, aunque con\ngrande eficacia y porf\u00eda, asisten a ellas y las usan y tratan con grande\ncuidado los espirituales, hablando espiritualmente, com\u00fanmente se han muy flaca\ne imperfectamente en ellas\u201d (N 1,1,3).<\/p>\n\n\n\n<p>Dentro de la\nt\u00f3nica general, existen diferencias. No todos \u201cse han flaca e imperfectamente\u201d\nen las cosas espirituales. Los hay que proceden con mayor \u201cperfecci\u00f3n\u201d,\ngracias, ante todo, a la sinceridad que los contradistingue: \u201cSe aprovechan y\nedifican mucho con la humildad, no s\u00f3lo teniendo a sus propias cosas en nada,\nm\u00e1s con muy poca satisfacci\u00f3n de s\u00ed. A todos los dem\u00e1s tienen por muy mejores,\ny les suelen tener en santa envidia, con ganas de servir a Dios como ellos &#8230;\nTanto m\u00e1s conocen lo mucho que Dios merece y lo poco que es todo cuanto hacen\npor \u00e9l; y as\u00ed, cuanto m\u00e1s hacen, tanto menos se satisfacen &#8230; teni\u00e9ndose en\npoco, tienen gana tambi\u00e9n que los dem\u00e1s los tengan en poco y que los deshagan y\ndesestimen sus cosas\u201d (N 1,2,6).<\/p>\n\n\n\n<p>Van m\u00e1s all\u00e1:\n\u201cTienen gran deseo que les ense\u00f1e cualquiera que les pueda aprovechar; est\u00e1n\nmuy lejos de querer ser maestros de nadie; est\u00e1n muy prontos de caminar y echar\npor otro camino del que llevan, si se lo mandaren, porque nunca piensan que\naciertan en nada; de que alaben a los dem\u00e1s se gozan, s\u00f3lo tienen pena de que\nno sirven a Dios como ellos\u201d (ib. n. 7). Hasta \u201cdar\u00e1n estos la sangre de su\ncoraz\u00f3n a quien sirve a Dios, y ayudar\u00e1n cuanto est\u00e1 en s\u00ed a que le sirvan\u201d\n(ib. 8).<\/p>\n\n\n\n<p>Es el nivel m\u00e1ximo\nen estado de principiantes. Son pocas las personas que \u201cal principio caminan\ncon esta manera de perfecci\u00f3n\u201d; son \u201clas menos\u201d. Lo corriente es que los\nprincipiantes obren, \u201ccomo flacos, flacamente\u201d, incluso en las cosas\nespirituales. Su vida est\u00e1 llena de contrastes: por un lado, empe\u00f1o serio en lo\nespiritual; por otro, abuso de ni\u00f1er\u00edas en lugar de actitudes maduras.<\/p>\n\n\n\n<p>3. RASGOS NEGATIVOS. Aplicando\nel viejo proverbio de que el obrar sigue al ser, J. de la Cruz asegura que\n\u201ccada uno obra conforme al h\u00e1bito de perfecci\u00f3n que tiene\u201d (N 1,1,3). El hombre\ndominado por el sentido se deja arrastrar por gustos y afectos inmediatos,\nincluso en la pr\u00e1ctica de las cosas espirituales, sin excluir la penitencia (N\n1,6,2). Dejando a un lado defectos particulares, como los referidos a los\nvicios capitales (N 1,2-7), la precariedad espiritual de los principiantes se\nmanifiesta en actitudes y situaciones generales, como las siguientes.<\/p>\n\n\n\n<p>a) <em>Dominio del gusto y \u201cjugo sensible<\/em>\u201d. Es lo que caracteriza el per\u00edodo que precede a la purificaci\u00f3n radical del sentido. Hasta que la noche\npasiva no realiza su labor, la vida espiritual est\u00e1 dominada por el sabor y\njugo que se experimenta en las cosas, incluidas las espirituales. Los\nprincipiantes \u201cson movidos a estas cosas y ejercicios espirituales por el\nconsuelo y gusto que all\u00ed hallan\u201d (N 1,1,3). \u201cOrdinariamente les da la fuerza\npara obrar el sabor sensitivo y por \u00e9l se mueven\u201d (CB 25,10). De hecho, \u201cel\nestilo que llevan los principiantes en el camino de Dios es bajo y frisa mucho\nen su propio amor y gusto\u201d (N 1,8,3). Hasta en la penitencia corporal, de por\ns\u00ed necesaria en la vida espiritual (S 2,20,2; 3,25,8), algunos principiantes\nproceden indiscretamente guiados por la apariencia y el gusto (N 1,1,3), no\nsujet\u00e1ndose a la obediencia, en lo que demuestran que son imperfect\u00edsimos,\ngente sin raz\u00f3n. Practican penitencia de bestias, mientras la de obediencia es\n\u201cpenitencia de la raz\u00f3n y discreci\u00f3n\u201d (N 1,6,1-2).<\/p>\n\n\n\n<p>b) <em>Infantilismo espiritual. <\/em>Es diagn\u00f3stico t\u00edpicamente sanjuanista, ya que los principiantes, por lo\ngeneral, proceden flaca e imperfectamente, \u201ccomo flacos ni\u00f1os\u201d. La figura del\nni\u00f1o criado a los pechos de la madre es s\u00edmil favorito del Santo para describir\ngr\u00e1ficamente la vida del principiante. A medida que el ni\u00f1o va creciendo, la\nmadre le va quitando el regalo, poniendo el \u201camargo ac\u00edbar en el dulce pecho y,\nabaj\u00e1ndole de los brazos le hace caminar por su pie\u201d (N 1,1,2). Es lo que hace\nDios con los principiantes: \u201cPor cuanto a\u00fan no tienen destetado y desarrimado\nel paladar de las cosas del siglo\u201d, Dios los lleva \u201ccomo al ni\u00f1o, que\ndesembaraz\u00e1ndole la mano de una cosa, se la ocupan con otra,\nporque no llore, dej\u00e1ndole las manos vac\u00edas\u201d (S 3,31,1).<\/p>\n\n\n\n<p>c) <em>Volubilidad e inconstancia<\/em>. Es consecuencia natural de la curiosidad e insaciabilidad del sentido,\nsiempre ansioso de novedad. Frente a la firmeza de la motivaci\u00f3n teologal, los\nprincipiantes se dejan llevar por el fervor sensible, m\u00e1s aparente que real.\nLos trazos apuntados por el Santo son de gran realismo: \u201cEstos son los que\nnunca perseveran en un lugar, ni a veces en un estado, sino que ahora los\nver\u00e9is en un lugar, ahora en otro; ahora tomar una ermita, ahora otra; ahora\ncomponer un oratorio, ahora otro &#8230; Y de estos son tambi\u00e9n aquellos que se les\nacaba la vida en mudanzas de estados y modos de vivir &#8230; y como se movieron\npor aquel gusto sensible, de aqu\u00ed es que presto buscan otra cosa, porque el\ngusto sensible es inconstante, porque falta muy de presto\u201d (S 3,41,2).<\/p>\n\n\n\n<p>Los efectos\nnegativos son manifiestos, como \u201cel no acomodarse a orar en todos los lugares,\nsino en los que son a su gusto; y as\u00ed, muchas veces falta \u2013el principiante\u2013 a\nla &nbsp;oraci\u00f3n, pues, como dicen, no est\u00e1 hecho m\u00e1s que al libro\nde su aldea\u201d (ib. n. 1).<\/p>\n\n\n\n<p>d) <em>Ego\u00edsmo sutil<\/em>. Es lo que sintetiza, en el fondo, todas las dem\u00e1s imperfecciones y\ndeficiencias del principiante, cuyo estilo peculiar de obrar \u201cfrisa mucho en\namor propio\u201d (N 1,8,3). El refinamiento del ego\u00edsmo lleva a convertir a veces\nla voluntad de Dios en el propio querer. Las pinceladas de J. de la Cruz a este\nprop\u00f3sito son magistrales. \u201cY muchas veces de \u00e9stos querr\u00edan que quisiese Dios\nlo que ellos quieren, y se entristecen de querer lo que quiere Dios, con\nrepugnancia de acomodar su voluntad a la de Dios &#8230; midiendo a Dios consigo, y\nno a s\u00ed mismo con Dios, siendo muy al contrario de lo que \u00e9l\nmismo ense\u00f1\u00f3 en el Evangelio\u201d (N 1,7,3).<\/p>\n\n\n\n<p>El amor propio\njuega tan malas partidas que llega a confundir el bien con el mal y a invertir\nlos t\u00e9rminos: \u201cSe enga\u00f1an teniendo por mejores las cosas y obras de que ellos\ngustan que aquellas de que no gustan, y alaban y estiman las unas y desestiman\nlas otras &#8230; Lo que de sus obras es malo, dicen ellos que es bueno. Lo cual\nles nace de poner ellos el gusto en sus obras, y no en s\u00f3lo dar gusto a Dios\u201d\n(S 3,28,8). Tal deformaci\u00f3n alcanza hasta las cosas espirituales que\ncontradicen al gusto sensible, \u201cen no hallando sabor en ellas las fastidian &#8230;\nSi una vez no hallaron en la oraci\u00f3n la satisfacci\u00f3n que ped\u00eda su gusto &#8230; no\nquerr\u00edan volver a ella, o a veces la dejan, o van de mala gana\u201d (N 1,2,7).<\/p>\n\n\n\n<p>El amor propio, el\ngusto sensible y los vicios capitales explican las imperfecciones t\u00edpicas de\nlos principiantes, que siempre tienen \u201calg\u00fan ganadillo de apetitos y gustillos\ny otras imperfecciones &#8230; procurando apacentarlos en seguirlos y cumplirlos\u201d\n(CB 26,18). Hasta que la noche purificadora no cumple su misi\u00f3n, se percibe\n\u201ccu\u00e1n faltos van estos principiantes en las virtudes acerca de lo que con el\ndicho gusto con facilidad obran\u201d; queda patente \u201ccu\u00e1n de ni\u00f1os es el obrar que\n\u00e9stos obran\u201d (N 1,1,3).<\/p>\n\n\n\n<h3>II. Peculiaridades\ndel estado<\/h3>\n\n\n\n<p>La actividad\nespiritual en la fase de principiantes est\u00e1 dominada por el sentido, en cuanto\n\u00e9ste se contrapone al esp\u00edritu, tanto en el plano del conocimiento como del\nafecto J. de la Cruz arranca de una correspondencia sustancial entre vida del\nsentido-meditaci\u00f3n y vida del esp\u00edritu-contemplaci\u00f3n (S 2,13,5; N 1,8,3;\n1,10,1, etc.). En esta \u00f3ptica, la contraposici\u00f3n se expresa tambi\u00e9n como \u201cvida\nexterior-interior\u201d, o \u201cinferior-superior\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>El predominio de\nuna de las partes no se refiere, naturalmente, al plano humano y psicol\u00f3gico,\nya que act\u00faan siempre conjuntamente. Ata\u00f1e a la dimensi\u00f3n espiritual, en cuanto\nlos impulsos y las motivaciones en el obrar proceden de lo que afecta inmediatamente\nal sentido o del esp\u00edritu. Si el hombre se deja dominar por el primero, se\nvuelve \u201csensual\u201d; si se ajusta al segundo, se convierte en \u201cespiritual\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>a) <em>Meditaci\u00f3n\ndiscursiva<\/em>. Desde esta perspectiva, el hombre, en su comunicaci\u00f3n personal\ncon Dios, se sirve de la meditaci\u00f3n discursiva o de la contemplaci\u00f3n intuitiva.\nEl Santo distingue la vida o estado de meditaci\u00f3n y el estado de contemplaci\u00f3n;\ncon otra expresi\u00f3n: \u201clos que meditan\u201d y los \u201ccontemplativos\u201d. Se\u00f1ala tambi\u00e9n grados\no niveles en el estado contemplativo, mientras los desconoce en el \u00e1mbito de la\nmeditaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Para J. de la Cruz\nes casi un axioma que el primer estadio de la vida espiritual comprometida se\ncaracteriza por el ejercicio de la meditaci\u00f3n: \u201cEs de saber que el estado y\nejercicio de principiantes es de meditar y hacer actos y ejercicios discursivos\ncon la imaginaci\u00f3n. En este estado es necesario al alma que se le d\u00e9 materia\npara que medite y discurra, y le conviene que de suyo haga actos interiores y\nse aproveche del sabor y jugo sensitivo en las cosas espirituales\u201d (LlB 3,32).<\/p>\n\n\n\n<p>El advenimiento de\nla &nbsp;\u201cadvertencia amorosa\u201d o contemplaci\u00f3n corresponde\nprecisamente al paso a un estado superior, el de los &nbsp;aprovechados: \u201cEn\nesta noche oscura \u2013de contemplaci\u00f3n\u2013 comienzan a entrar las almas cuando Dios\nlas va sacando de estado de principiantes, que es de los que meditan en el\ncamino espiritual, y las comienza a poner en el de los aprovechantes, que es ya\nel de los contemplativos, para que pasando de aqu\u00ed, lleguen al estado de los\nperfectos\u201d (N 1,1,1). Las expresiones dejan bastante claro que el paso de un\nestado a otro no es repentino, sino progresivo y casi imperceptible. Por este\nmotivo, J. de la Cruz juzg\u00f3 conveniente establecer criterios de discernimiento\nal tratar del tr\u00e1nsito de la meditaci\u00f3n a la contemplaci\u00f3n (S 2,12-15) y de\nprincipiantes a aprovechados (N 1,9). Son fundamentalmente los mismos, lo que\nconfirma su identificaci\u00f3n entre ejercicio de meditaci\u00f3n y principiantes.<\/p>\n\n\n\n<p>b) <em>Mortificaci\u00f3n y ejercicio de virtudes. <\/em>En J. de la Cruz, lo mismo que en otros maestros de\nsu tiempo, meditaci\u00f3n y mortificaci\u00f3n son los dos pilares sobre los que se\nasienta la vida espiritual en sus primeras etapas. Son como dos caras de la\nmisma realidad; una implica y exige la otra. Por eso, el principiante es el que\nse ejercita \u201cen los trabajos de la mortificaci\u00f3n y en la meditaci\u00f3n de las\ncosas espirituales\u201d (CB 22,3). Es la llamada v\u00eda asc\u00e9tica, un camino de buscar\na Dios \u201cobrando el bien y mortificando en s\u00ed el mal\u201d (CB 3,4).<\/p>\n\n\n\n<p>La &nbsp;mortificaci\u00f3n\ntiene doble vertiente: la lucha contra los &nbsp;apetitos o afectos\ndesordenados y la pr\u00e1ctica de las &nbsp;virtudes. Ambas cosas exigen esfuerzo, por tanto,\nmortificaci\u00f3n. El servir a Dios consiste precisamente en ir \u201cejercit\u00e1ndose en\nlas virtudes y mortificaciones, en la vida activa y contemplativa\u201d (CB 3,1).\nInsiste el Santo en que no se pueden adquirir las virtudes sino a trav\u00e9s de\n\u201clas mortificaciones, penitencias y ejercicios espirituales\u201d (CB 3,4). Para\nbuscar a Dios de d\u00eda y hallarle no hay otro camino que \u201cel ejercicio y obras de\nlas virtudes\u201d (ib. 3).<\/p>\n\n\n\n<p>c) <em>Abnegaci\u00f3n y humildad. <\/em>No abunda J. de la Cruz en recetarios penitenciales, como tantos maestros\nque se dan prisa en \u201cmortificar luego a sus disc\u00edpulos de cualquier apetito\u201d (S\n1,12,6). M\u00e1s que la variedad y multiplicidad de las penitencias exteriores le\ninteresa la disposici\u00f3n interior y la motivaci\u00f3n teologal. Lo fundamental para\n\u00e9l es la \u201cmortificaci\u00f3n viva\u201d (N 2,24,4), que est\u00e1 siempre animada por la\nhumildad y la caridad (S 2,29,5.9).<\/p>\n\n\n\n<p>Cualquier\nmortificaci\u00f3n exterior tiene que ir precedida y alimentada por la abnegaci\u00f3n\ninterior, que equivale a la desnudez espiritual. En caso contrario, no existe\nverdadera &nbsp;negaci\u00f3n de s\u00ed mismo, sino \u201cgolosina de esp\u00edritu\u201d (S\n2,7,5; 3,23,4). La verdadera mortificaci\u00f3n ha de ordenarse al dominio de las &nbsp;pasiones y a\nconstruir profunda armon\u00eda entre los sentidos y el esp\u00edritu (S 3,16-27; N\n1,13.15). Lo fundamental es mortificar las inclinaciones radicales de las que\nproceden los apetitos desordenados: concupiscencia de la carne, concupiscencia\nde los ojos y soberbia de la vida (S 1,13,8).<\/p>\n\n\n\n<p>La supremac\u00eda de\nla abnegaci\u00f3n interior sobre la penitencia exterior est\u00e1 insistentemente\nreiterada por J. de la Cruz con especial vigor: \u201cY as\u00ed querr\u00eda yo persuadir a\nlos espirituales c\u00f3mo este camino de Dios no consiste en multiplicidad de\nconsideraciones, ni modos, ni maneras, ni gustos&#8230;, sino en una cosa sola\nnecesaria, que es saberse negar de veras, seg\u00fan lo exterior e interior, d\u00e1ndose\nal padecer por Cristo y aniquilarse en todo, porque, ejercit\u00e1ndose en esto,\ntodo esotro y m\u00e1s que ello se obra y se halla en ello\u201d (S 2,7,8).<\/p>\n\n\n\n<p>Reconoce que las\nconsideraciones, modos y maneras apuntadas, \u201cen su manera, son necesarias a los\nprincipiantes\u201d (ib.), pero lamenta que se considere fundamental lo que es muy\nsecundario: \u201cEs harto de llorar la ignorancia de algunos que se cargan de\nextraordinarias penitencias y de otros muchos voluntarios ejercicios, y piensan\nque les bastar\u00e1 eso y esotro &#8230; si con diligencia ello no procuran negar sus\napetitos. Los cuales si tuviesen cuidado de poner la mitad de aquel trabajo en\nesto, aprovechar\u00edan m\u00e1s en un mes que por todos los dem\u00e1s ejercicios en muchos\na\u00f1os\u201d (S 1,8,4).<\/p>\n\n\n\n<p>d) <em>Motivaci\u00f3n teologal. <\/em>Son necesarias la discreci\u00f3n y la obediencia para que las mortificaciones no\nse conviertan en penitencia de bestias (N 1,6,1-2). M\u00e1s decisivo es que est\u00e9n\nsiempre motivadas y orientadas teologalmente, es decir, por la caridad. Es bien\nconocida la importancia de este punto en el magisterio sanjuanista. Entre las\nreiteradas afirmaciones a este prop\u00f3sito bastar\u00e1 recordar la siguiente\namonestaci\u00f3n: \u201cHa de advertir el cristiano que el valor de sus buenas obras,\nayunos, limosnas, penitencias, oraciones, etc. que no se funda tanto en la\ncantidad y cualidad de ellas, sino en el amor de Dios que \u00e9l lleva en ellas\u201d (S\n2,27,5; cf. S 2,7,8).<\/p>\n\n\n\n<p>e) <em>Imitaci\u00f3n-ejemplaridad\nde Cristo<\/em>. El saberse negar por Cristo no es simple ejercicio de ascesis.\nEs, ante todo, empe\u00f1o de imitaci\u00f3n y reproducci\u00f3n de actitudes b\u00e1sicas. Todo cuanto\npueden hacerse para purificarse activamente, que es lo espec\u00edfico de\nprincipiantes, lo sintetiza J. de la Cruz en un par de avisos: \u201cLo primero,\ntraiga un ordinario apetito de imitar a Cristo en todas sus cosas,\nconform\u00e1ndose con su vida, la cual debe considerar para saberla imitar y\nhaberse en todas las cosas como se hubiera \u00e9l. Lo segundo, para poder bien\nhacer esto, cualquier gusto que se le ofreciere a los sentidos, como no sea\npuramente para honra y gloria de Dios, ren\u00fancielo y qu\u00e9dese vac\u00edo de \u00e9l por amor\nde Jesucristo, el cual en esta vida no tuvo otro gusto, ni le quiso, que hacer\nla voluntad de su Padre, lo cual llamaba (Jn 4,34) \u00e9l su comida y manjar\u201d (S\n1,13,3-4; cf. 2,7).<\/p>\n\n\n\n<h3>III. Valoraci\u00f3n y\norientaciones pedag\u00f3gicas<\/h3>\n\n\n\n<p>El diagn\u00f3stico\nsevero sobre los principiantes no significa que J. de la Cruz considere in\u00fatil\no superflua esa situaci\u00f3n espiritual. La acepta y asume como algo natural y\nobligado en el camino hacia la perfecci\u00f3n; como tal la estima y pondera. Dado\nque el hombre se pone en contacto con la realidad que le circunda a trav\u00e9s del\nsentido, no hay posibilidad de evadirse de esa ley de vida ni siquiera en el\n\u00e1mbito espiritual. El sentido puede orientarse y disciplinarse, pero no\ndestruirse (S 1,3,4). El dominio de sus tendencias no consiste en carecer de\nlas cosas que le son naturales, sino \u201cen la desnudez del gusto y apetito de\nellas\u201d (ib.). A este objetivo ha de tender el esfuerzo de los principiantes,\npor cuanto dominados por la vida del sentido. J. de la Cruz reconoce sin\ndificultad que \u201cen su manera\u201d les son necesarios los medios de que se sirve el\nsentido para caminar hacia Dios (S 2,7,8).<\/p>\n\n\n\n<p>El sentido, por\notra parte, es incapaz de penetrar en la sustancia y valor real de las cosas;\nno pasa de la corteza, de lo exterior y accidental. Hay que superarlo para\nalcanzar la sustancia del esp\u00edritu (S 3,20,2). En estas constataciones se apoya\nJ. de la Cruz para valorar en su justa medida la situaci\u00f3n de los principiantes\ny para impartir orientaciones pedag\u00f3gicas encaminadas a superar esta etapa\nprimeriza.<\/p>\n\n\n\n<p>Conviene, ante\ntodo, tomar conciencia de que no es una situaci\u00f3n ideal, ni mucho menos una\nmeta en la que el espiritual aut\u00e9ntico pueda sentirse satisfecho. Es algo\ntransitorio que reclama superaci\u00f3n (S 2,12,5). Aunque previa a otras etapas\nposteriores, la fase de principiantes dista mucho de la meta definitiva; es\nciertamente indispensable, pero medio remoto para la uni\u00f3n, seg\u00fan J. de la Cruz\n(S 2,12,5; 1,13,1, etc.). Mientras el hombre se sienta dominado por sus\napetitos y gustos sensibles, dista mucho de la verdadera vida del esp\u00edritu, sin\nla cual no es posible la uni\u00f3n con Dios. Conjugar el ineludible recurso al\nsentido con su transcendencia espiritual exige una pedagog\u00eda sabia y\nequilibrada. Entre las normas apuntadas por el Santo destacan las siguientes.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo primero es\nrespetar la pedagog\u00eda divina que mueve y gu\u00eda a cada alma \u201cordenada y\nsuavemente y al modo de la misma alma\u201d (S 2,17,3). Las diferencias son muchas,\npero como criterio general ha de servir el siguiente: \u201cOrdinariamente va Dios\ncriando en esp\u00edritu y regalando al modo que la amorosa madre hace al ni\u00f1o\u201d (S\n2,14,3; 2,17,6-7; 3,28,8; cf. E. Pacho, <em>S\u00edmiles de la pedagog\u00eda sanjuanista: el \u201cni\u00f1o tierno\u201d en los brazos de Dios<\/em>, en ES II, 127-140).<\/p>\n\n\n\n<p>En consonancia con\nesta condescendencia divina, \u201ca los principiantes bien se les permite, y aun\nles conviene, tener alg\u00fan gusto y jugo sensible acerca de las im\u00e1genes,\noratorios y otras cosas devotas visibles\u201d, ya que obran como ni\u00f1os (S 3,39,1).\nEl Santo va m\u00e1s all\u00e1 con una norma general: los principiantes pueden servirse\nde las cosas sensibles siempre que favorezcan el verdadero esp\u00edritu: \u201cNo s\u00f3lo\nno se han de evitar las tales mociones \u2013sensibles\u2013 cuando causan devoci\u00f3n y\noraci\u00f3n, mas se pueden aprovechar de ellas, y aun deben, para tan santo\nejercicio; porque hay almas que se mueven mucho en Dios por objetos sensibles\u201d\n(S 3,24,4).<\/p>\n\n\n\n<p>El gusto sensible,\nsea en la oraci\u00f3n, sea en otras pr\u00e1cticas espirituales, tiene una finalidad muy\nconcreta: ir enamorando y cebando al alma para que de lo sensible pase natural\ny progresivamente a lo espiritual, de la corteza, a la sustancia (S 2,12,4; LlB\n3,32). Conseguido el objetivo y el l\u00edmite de su eficacia, debe dejar paso a lo\ninterior (ib. 2,13).<\/p>\n\n\n\n<p>En ning\u00fan caso se\nha de perder de vista el l\u00edmite de las posibilidades humanas: \u201cPor m\u00e1s que el\nprincipiante se ejercite en mortificar en s\u00ed todas sus acciones y pasiones,\nnunca del todo ni con mucho puede \u2013purificarse\u2013 hasta que Dios lo hace\npasivamente por medio de la purgaci\u00f3n de la noche\u201d (N 1,7,5). El esfuerzo\nasc\u00e9tico personal es insuficiente para romper todos los lazos que atan\nnormalmente el sentido a sus tendencias naturales. Seg\u00fan J. de la Cruz, es\nimprescindible la acci\u00f3n divina para superar la fase de principiantes, de tal\nforma que Dios, \u201cdestet\u00e1ndolos de los pechos de estos gustos y sabores en puras\nsequedades y tinieblas interiores, les quita todas las impertinencias y\nni\u00f1er\u00edas, y hace ganar las virtudes por medios diferentes\u201d (ib.).<\/p>\n\n\n\n<p>El esfuerzo\npersonal del principiante en arrancar vicios y dominar apetitos es, sin embargo,\ncondici\u00f3n indispensable para la intervenci\u00f3n divina. Debe orientarse a combatir\nla \u201cpropiedad de coraz\u00f3n y el asimiento al modo, multitud y curiosidad de las\ncosas\u201d. Ha de afianzar \u201cla pobreza de esp\u00edritu, que s\u00f3lo mira en la sustancia\nde la devoci\u00f3n\u201d (N 1,3,1). La disposici\u00f3n a la acci\u00f3n divina exige, ante todo,\nno oponer resistencia a la misma; dejarse llevar de la mano de Dios \u201csin patear\ncomo el ni\u00f1o\u201d, empe\u00f1ado \u201cen ir por su pie\u201d (S pr\u00f3l. 3).<\/p>\n\n\n\n<p>Tiene importancia\ndecisiva el discernir cu\u00e1ndo est\u00e1 superado el momento de apoyarse en el gusto\nde lo sensible, dando lugar a la acci\u00f3n del Esp\u00edritu.<\/p>\n\n\n\n<p>J. de la Cruz\ninvita a los principiantes a secundarla sin temor: \u201cDejad vuestras operaciones\nque si antes os ayudaban para negar el mundo y a vosotros mismos que \u00e9rades\nprincipiantes, ahora que os hace Dios merced de ser obrero, os ser\u00e1n obst\u00e1culo\ngrande y embarazo\u201d (LlB 3,65).<\/p>\n\n\n\n<p>No existe, naturalmente, regla fija y universal para determinar el c\u00f3mo y el cu\u00e1ndo puede considerarse superada la situaci\u00f3n de principiantes. Es algo personal y complejo, y no se produce de forma instant\u00e1nea. En la visi\u00f3n sanjuanista, el cambio progresivo se produce cuando Dios comienza a probar la seriedad y fidelidad de quienes se han ejercitado prolongadamente como principiantes en la mortificaci\u00f3n y en la oraci\u00f3n. Sintetiza bien su pensamiento el texto siguiente: \u201cQueriendo Dios llevarlos \u2013a los principiantes\u2013 delante y sacarlos de este bajo modo de amor a m\u00e1s alto grado de amor y librarlos del bajo ejercicio de sentido y discurso &#8230; ya que se han ejercitado alg\u00fan tiempo en el camino de la virtud, perseverando en meditaci\u00f3n y oraci\u00f3n, en que con el sabor del gusto que all\u00ed han hallado se han desaficionado de las cosas del mundo y cobrado algunas fuerzas espirituales en Dios, con que podr\u00e1n sufrir por Dios un poco de carga y sequedad sin volver atr\u00e1s, con que tienen refrenados los apetitos de las criaturas, al mejor tiempo, cuanto m\u00e1s a su sabor y gusto andan en estos ejercicios espirituales, y cuando m\u00e1s claro a su parecer les luce el sol de los divinos favores, oscur\u00e9celes Dios toda esta luz y ci\u00e9rrales la puerta y manantial de la dulce agua espiritual que andan gustando en Dios todas las veces y todo el tiempo que ellos quer\u00edan &#8230; y los deja a oscuras\u201d (N 1,8,3). Esta especie de apag\u00f3n se\u00f1ala el comienzo de la noche pasiva del sentido. Por lo regular dura mucho tiempo, hasta que consigue \u201creformar los apetitos\u201d (ib. 4).<\/p>\n\n\n\n<p>Los textos y las\nreflexiones que preceden dibujan con suficiente precisi\u00f3n la figura del\nprincipiante contemplado por J. de la Cruz. No es ning\u00fan creyente ambiguo;\ntampoco un descuidado o indeciso en la vida espiritual. Con ese nombre se\ndesigna a personas seriamente comprometidas con su vocaci\u00f3n cristiana, aunque\ntodav\u00eda apegadas a formas y expresiones poco profundas y eficaces.<\/p>\n\n\n\n<p>BIBL. \u2014 ALFONSO TORRES, \u201cEl Doctor de la perfecta abnegaci\u00f3n\u201d, en <em>Manresa <\/em>14 (1942) 193201; VENARD F. POSLUSNEY, \u201cThe Beginner in the Spiritual\nLife according to St. John of the Cross\u201d, en <em>Cross and Crown <\/em>13 (1961) 22-37; GIOVANNA DELLA CROCE, \u201cCristo crocefisso e l\u2019ascesi cristiana\nin S. Giovanni della Croce\u201d, en <em>Presenza del Carmelo<\/em>, n. 18 (1979) 41-50; Jordan Aumann, \u201cAscetical Teaching of St. John of\nthe Cross\u201d, en <em>Angelicum <\/em>68 (1991) 339-350.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Eulogio Pacho<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El desarrollo en la vida espiritual, comparado con el de la vida corporal, ha permitido distinguir fases, momentos, situaciones y etapas de crecimiento en sentido parecido a la ni\u00f1ez, adolescencia, juventud, madurez, etc. La equiparaci\u00f3n m\u00e1s cl\u00e1sica y tradicional ha &hellip; <a href=\"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3867\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":""},"categories":[23],"tags":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p2dsrC-10n","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3867"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3867"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3867\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3868,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3867\/revisions\/3868"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3867"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3867"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3867"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}