{"id":3869,"date":"2020-02-16T10:47:39","date_gmt":"2020-02-16T16:47:39","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3869"},"modified":"2021-02-16T10:49:08","modified_gmt":"2021-02-16T16:49:08","slug":"revelacion-es","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3869","title":{"rendered":"Revelaci\u00f3n\/es"},"content":{"rendered":"\n<p>Juan de la Cruz habla\ncon frecuencia de \u201crevelaci\u00f3n\u201d, \u201crevelaciones\u201d. De las 63 veces, 56 lo hace en <em>Subida <\/em>(S 2,27,7) y las\notras 7 en <em>C\u00e1ntico <\/em>(18,1). Usa el verbo \u201crevelar\u201d otras 45 veces, en sus\ndiversos tiempos y con el significado de aparecer, comunicar, demostrar, descubrir,\ninfundir, manifestar, mostrar, vislumbrar. De las 45 presencias del verbo\n\u201crevelar\u201d, 38 pertenecen a la <em>Subida<\/em>, y 7 al <em>C\u00e1ntico Espiritual<\/em>. La tem\u00e1tica por \u00e9l desarrollada alude a la noci\u00f3n y\ndivisi\u00f3n, a los criterios de discernimiento, a la postura ante las revelaciones\ny al valor que deben atribu\u00edrseles en la vida espiritual. Se puede constatar\ncon cierta facilidad que su doctrina, sus criterios y sus posturas\nespirituales, ante todo lo que es excepcional en la vida del esp\u00edritu y excede\nla raz\u00f3n humana y la experiencia m\u00edstica ordinaria de la gracia y de las\nvirtudes cristianas, coinciden respecto a toda la fenomenolog\u00eda m\u00edstica\nextraordinaria, ya se trate de locuciones, revelaciones, visiones, sentimientos\nespirituales.<\/p>\n\n\n\n<h3>I. Noci\u00f3n y\ndivisi\u00f3n<\/h3>\n\n\n\n<p>Al trazar el\nprograma de la <em>Subida del Monte Carmelo <\/em>se\u00f1ala J. de la Cruz las distintas \u201caprehensiones e\ninteligencias\u201d que pueden llegar al entendimiento, distinguiendo las de\nproveniencia natural y las de origen &nbsp;sobrenatural.\nEstas pueden ser corporales o espirituales seg\u00fan lleguen por v\u00eda de los\nsentidos o no (S 2,10). Entre las que no provienen de los sentidos corporales enumera\n\u201ccuatro aprehensiones del entendimiento puramente espirituales &#8230; que son\nvisiones, revelaciones, locuciones y sentimientos espirituales. A las cuales\nllamamos puramente espirituales, porque no, como las corporales imaginarias, se\ncomunican al entendimiento por v\u00eda de los sentidos corporales, sino, sin alg\u00fan\nmedio de alg\u00fan sentido corporal exterior o interior, se ofrecen al entendimiento\npor v\u00eda sobrenatural pasivamente, que es sin poner el alma alg\u00fan acto u obra de\nsu parte, a lo menos activo\u201d (S 2,23,1). Por tratarse de noticias puramente\nespirituales, no necesitan de los sentidos corporales, ya sean externos ya\ninternos. Se ofrecen al entendimiento clara y distintamente, pero por v\u00eda\npasiva, sin acto alguno por parte del alma. Son <em>sobrenaturales <\/em>y son <em>pasivas. <\/em>Evidentemente la\ndoctrina escol\u00e1stica del tiempo est\u00e1 presente. En ella hab\u00eda sido formado el\nSanto. En este cuadro coloca J. de la Cruz las \u201crevelaciones\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En sentido amplio\nrevelaci\u00f3n es para \u00e9l \u201clo que recibe como aprehendiendo y entendiendo cosas\nnuevas, as\u00ed como el o\u00eddo oyendo cosas no o\u00eddas, llamamos revelaci\u00f3n\u201d (S\n2,23,3). Propone una definici\u00f3n m\u00e1s descriptiva (S 2,25) al estudiar los\ndiversos tipos de revelaci\u00f3n (S 2, 25 y 27) adoptando la analog\u00eda entre\nsentidos corporales y las capacidades espirituales. Siguiendo la doctrina\ntomista, incluye las revelaciones en el esp\u00edritu de profec\u00eda: \u201clas cuales\npropiamente pertenecen al esp\u00edritu de profec\u00eda\u201d (S 2,25,1).<\/p>\n\n\n\n<p>Distingue el Santo\ndos clases de revelaciones: \u201cPodemos decir que hay dos maneras de revelaciones:\nunas, que son descubrimiento de verdades del entendimiento, que propiamente se\nllaman noticias intelectuales o inteligencias; otras, que son manifestaci\u00f3n de\nsecretos, y \u00e9stas se llaman propiamente, y m\u00e1s que estotras, revelaciones.\nPorque las primeras no se pueden llamar en rigor revelaciones, porque aquellas\nconsisten en hacer Dios entender al alma verdades desnudas, no s\u00f3lo acerca de\nlas cosas temporales, sino tambi\u00e9n de las espirituales, mostr\u00e1ndoselas clara y\nmanifiestamente. De las cuales he querido tratar debajo de nombre de\nrevelaciones; lo uno, por tener mucha vecindad y alianza con ellas; lo otro,\npor no multiplicar muchos nombres de distinciones. Pues, seg\u00fan esto, bien\npodemos distinguir ahora las revelaciones en dos g\u00e9neros de aprehensiones. Al\nuno llamaremos noticias espirituales, y al otro, manifestaci\u00f3n de secretos y\nmisterios ocultos de Dios\u201d (S 2,25,2-3. cf. tambi\u00e9n S 3,7 y CB 14 y 15).\nConsagra sendos cap\u00edtulos a cada uno de los dos g\u00e9neros.<\/p>\n\n\n\n<p>Dedica el cap\u00edtulo\n26 a las noticias espirituales, a las que llama de hecho \u201cinteligencia de\nverdades desnudas en el entendimiento\u201d, y el cap\u00edtulo 27 a \u201cla manifestaci\u00f3n de\nsecretos y misterios ocultos de Dios\u201d, en el que habla propiamente de las que\nson para el Santo las que verdaderamente se pueden llamar \u201crevelaciones\u201d. En\neste cap\u00edtulo 27 de S 2, ya en el t\u00edtulo nos resume perfectamente cu\u00e1l es su\nintenci\u00f3n y su contenido: \u201cEn que se trata del segundo g\u00e9nero de revelaciones,\nque es descubrimiento de secretos [y misterios] ocultos. Dice la manera en que\npueden servir para la uni\u00f3n de Dios y en qu\u00e9 estorbar, y c\u00f3mo el demonio puede\nenga\u00f1ar mucho en esta parte\u201d. Esta manifestaci\u00f3n de secretos y misterios\nocultos \u201cpuede ser en dos maneras: La primera, acerca de lo que es Dios en s\u00ed,\ny en \u00e9sta se incluye la revelaci\u00f3n del misterio de la Sant\u00edsima Trinidad y\nunidad de Dios. La segunda es acerca de lo que es Dios en sus obras, y en \u00e9sta\nse incluyen los dem\u00e1s art\u00edculos de nuestra fe cat\u00f3lica y las proposiciones que\nexpl\u00edcitamente acerca de ellas puede haber de verdades&#8230;\u201d (S 2,27,1).<\/p>\n\n\n\n<p>Estas revelaciones\nno s\u00f3lo se dan de palabra, sino que se pueden percibir de otras muchas maneras,\n\u201cporque las hace Dios de muchos modos y maneras\u201d (S 2,27,1). Como ejemplo de\nesta \u00faltima afirmaci\u00f3n cita particularmente el Apocalipsis, \u201cdonde no solamente\nse hallan todos los g\u00e9neros de revelaciones que habemos dicho, mas tambi\u00e9n los\nmodos y maneras que aqu\u00ed decimos\u201d (ib<em>.<\/em>)<em>. <\/em>Estas revelaciones, \u201cque se incluyen en la segunda manera\n<\/p>\n\n\n<p>[acerca de las obras de Dios]<\/p>\n\n\n\n<p>, todav\u00eda las hace Dios en este tiempo a quien\nquiere\u201d (ib<em>.<\/em>)<em>. <\/em>En esta segunda manera de revelaci\u00f3n se incluye tambi\u00e9n\ntodo lo referente a los art\u00edculos de la fe. Pero puntualiza el Santo diciendo\nque \u201cesto no se llama propiamente revelaci\u00f3n, por cuanto ya est\u00e1 revelado,\nantes es manifestaci\u00f3n o declaraci\u00f3n de lo ya revelado (ib<em>.<\/em>)<em>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En este g\u00e9nero de\nrevelaciones, como en toda clase de las mismas, \u201cpuede el demonio mucho meter\nla mano, porque, como las revelaciones de este g\u00e9nero ordinariamente son por\npalabras, figuras y semejanza, etc., puede el demonio muy bien fingir otro\ntanto, mucho m\u00e1s que cuando las revelaciones [no] son en esp\u00edritu solo\u201d (S\n2,27,3). Y, si es verdad que es necesario no hacer caso de las revelaciones en\ntorno a las verdades de fe, \u00bfcu\u00e1nto m\u00e1s necesario no ser\u00e1 cerrar los ojos a las\nverdades que no son de &nbsp;fe? (cf. S 2,27,5-6). De ah\u00ed la urgencia de contar con\ncriterios seguros de discernimiento.<\/p>\n\n\n\n<h3>II. Criterios de\ndiscernimiento<\/h3>\n\n\n\n<p>El Santo tiene\nclaro que hay graves riesgos en cuanto a la apreciaci\u00f3n de las revelaciones y de\ncualquier otro &nbsp;fen\u00f3meno m\u00edstico, pues aunque sean verdaderas, no siempre\nlo son en sus causas ni en el modo de entenderlas por parte de la criatura\nhumana: \u201cY aqu\u00ed est\u00e1 un grande enga\u00f1o, porque las revelaciones o locuciones de\nDios no siempre salen como los hombres las entienden o como ellas suenan en s\u00ed.\nY, as\u00ed, no se han de asegurar en ellas ni creerlas a carga cerrada, aunque\nsepan que son revelaciones o respuestas o dichos de Dios. Porque, aunque ellas\nsean ciertas y verdaderas en s\u00ed, no lo son siempre en sus causas y en nuestra\nmanera de entender\u201d (S 2,18,9; cf. S 2,22,13). El cap\u00edtulo 19 le dedica a estudiar\nen detalle estas afirmaciones, aplicadas en particular a las visiones y\nlocuciones de Dios (S 2,19), comenzando por las revelaciones (S 2,19,1). Llega\na afirmar J. de la Cruz que, \u201ccomo Dios es inmenso y profundo, suele llevar en\nsus profec\u00edas, locuciones y revelaciones, otras v\u00edas, conceptos e inteligencias\nmuy diferentes de aquel prop\u00f3sito y modo a que com\u00fanmente se pueden entender en\nnosotros, siendo ellas tanto m\u00e1s verdaderas y ciertas cuanto a nosotros nos\nparece que no\u201d (S 2,19,1). En los n\u00fameros siguientes de este mismo cap\u00edtulo\nexplica el Santo las muchas y variadas maneras c\u00f3mo puede uno enga\u00f1arse \u201cacerca\nde las locuciones y revelaciones de parte de Dios, por tomar la inteligencia de\nellas a la letra y corteza\u201d. Siempre es dif\u00edcil entender el esp\u00edritu. Y cita a\nsan Pablo, 2 Cor 3,6, donde se afirma que \u201cla letra mata y el esp\u00edritu da vida\u201d\n(S 2,19,5). Por lo tanto, aunque las revelaciones sean de Dios, no nos podemos\nasegurar en ellas (S 2,19,10).<\/p>\n\n\n\n<p>Tampoco se ha de\npensar que, aunque sean de Dios, han de acontecer infaliblemente tal y como\nsuenan: \u201cY as\u00ed, no hay que pensar que, porque sean los dichos y revelaciones de\nparte de Dios, han infaliblemente de acaecer como suenan, mayormente cuando\nest\u00e1n asidos a causas humanas, que pueden variar, o mudarse o alterarse\u201d (S\n2,20,4). La raz\u00f3n es porque Dios solo sabe cu\u00e1ndo el hombre est\u00e1 pendiente de\nestas causas. Dios hace la revelaci\u00f3n y, unas veces calla la condici\u00f3n y otras,\ndice tal condici\u00f3n (S 2,20).<\/p>\n\n\n\n<h3>III. Postura\nsanjuanista<\/h3>\n\n\n\n<p>A la luz de estas\nconstataciones es comprensible la postura de rechazo total postulada por el\nSanto: \u201cPor tanto, el alma pura, cauta, y sencilla y humilde, con tanta fuerza\ny cuidado ha de resistir [y desechar] las revelaciones y otras visiones, como\nlas muy peligrosas tentaciones; porque no hay necesidad de quererlas, sino de\nno quererlas para ir a la uni\u00f3n de amor\u201d (S 2,27,6). La raz\u00f3n fundamental de\ntodo esto es porque ninguna de las aprehensiones, sean del orden que sean,\n\u201cpueden ser medio para la uni\u00f3n, pues que ninguna proporci\u00f3n tienen con Dios\u201d\n(ib.). El demonio puede servirse de estos medios m\u00edsticos extraordinarios para\nsustituir la fe, cuando se andan buscando o se van admitiendo sin m\u00e1s. Se sit\u00faa\nel Santo en el mismo plano que los grandes maestros de la tradici\u00f3n espiritual\ncristiana, entre ellos S. Teresa de Jes\u00fas, al relacionar estos fen\u00f3menos de las\nrevelaciones \u2013y otros\u2013 con las comunicaciones espirituales de la vida espiritual\nentre Dios y la persona humana. La norma de oro sanjuanista ser\u00e1: \u201ctenga\ncuidado de no admitir, si no fuere algo con alg\u00fan raro parecer (y entonces, no\ncon gana ninguna de ello)\u201d (S 2,11,13). Nunca nos podemos asegurar de ellas (S\n2, 19,10).<\/p>\n\n\n\n<p>J. de la Cruz es\ntan receloso de todo esto que, \u201caunque sean por parte de Dios, no las ha el\nalma de querer admitir\u201d (S 2,17,7). Ya hab\u00eda afirmado anteriormente: \u201cY as\u00ed, no\nha de querer el alma admitir las dichas revelaciones, para ir creciendo, aunque\nDios se las ofrezca\u201d (S 2,17,6). El demonio es muy sagaz para hacer creer\nmuchas cosas que no son verdad. Por eso hasta Dios mismo se enoja con quien\nadmite cualquier clase de revelaci\u00f3n o de otro fen\u00f3meno m\u00edstico extraordinario.\nLo mejor es huir, para no ser enga\u00f1ados, y evitar cualquier peligro,\npresunci\u00f3n, curiosidad, vanagloria (S 2,21,11).<\/p>\n\n\n\n<h3>IV. Valoraci\u00f3n teol\u00f3gica<\/h3>\n\n\n\n<p>El Santo es\nabsolutamente contrario a todo lo que sea querer saber o conocer cosas de modo\nsobrenatural, pues hay una raz\u00f3n natural y una ley evang\u00e9lica para regirse el &nbsp;hombre\nsuficientemente y poder solucionar las dificultades que pudieran aparecer:\n\u201cAunque querer saber cosas por v\u00eda sobrenatural, por muy peor lo tengo que\nquerer otros gustos espirituales en el sentido. Porque yo no veo por d\u00f3nde el\nalma que las pretende deje de pecar por lo menos venialmente, aunque m\u00e1s buenos\nfines tenga y m\u00e1s puesta est\u00e9 en perfecci\u00f3n, y quien se lo mandase y\nconsintiese tambi\u00e9n. Porque no hay necesidad de nada de eso, pues hay raz\u00f3n\nnatural y doctrina evang\u00e9lica, por donde muy bastantemente se pueden regir, y\nno hay dificultad ni necesidad que no se pueda desatar y remediar por estos\nmedios muy a gusto de Dios y provecho de las almas. Y tanto nos habremos de\naprovechar de la raz\u00f3n y doctrina evang\u00e9lica, que, aunque ahora queriendo\nnosotros, ahora no queriendo, se nos dijesen algunas cosas sobrenaturales, s\u00f3lo\nhabemos de recibir aquello que cae en mucha raz\u00f3n y ley evang\u00e9lica. Y entonces\nrecibirlo, no porque es revelaci\u00f3n, sino porque es raz\u00f3n, dejando a parte todo\nsentido de revelaci\u00f3n; y aun entonces conviene mirar y examinar aquella raz\u00f3n\nmucho m\u00e1s que si no hubiese revelaci\u00f3n sobre ella, por cuanto el &nbsp;demonio dice\nmuchas cosas verdaderas y por venir, y conforme a raz\u00f3n, para enga\u00f1ar\u201d (S\n2,21,4).<\/p>\n\n\n\n<p>J. de la Cruz\nestablece distinci\u00f3n clara entre lo que conven\u00eda en el A. Testamento y lo que\nconviene en el N. Testamento respecto a preguntar a Dios determinadas cosas: S\u00ed\nconven\u00eda que los profetas y sacerdotes quisieran revelaciones y dem\u00e1s\naprehensiones sobrenaturales y que preguntasen a Dios y que Dios respondiese de\nmuchas maneras y con muchas significaciones. Pero no as\u00ed ahora, pues el que\nesto hiciera, \u201cno s\u00f3lo har\u00eda una necedad, sino har\u00eda agravio a Dios\u201d (S\n2,22,5). La raz\u00f3n que da es hondamente teol\u00f3gica: \u201cPorque t\u00fa pides locuciones y\nrevelaciones en parte, y si pones en \u00e9l lo ojos, lo hallar\u00e1s en todo; porque \u00e9l\nes toda mi locuci\u00f3n y respuesta y es toda mi visi\u00f3n y toda mi revelaci\u00f3n &#8230; Y\nas\u00ed, har\u00eda mucho agravio a mi amado Hijo, porque no s\u00f3lo en aquello le faltar\u00eda\nen la fe, mas le obligaba otra vez a encarnar y pasar por la vida y la muerte\nprimera. No hallar\u00e1s qu\u00e9 pedirme ni qu\u00e9 desear de revelaciones o visiones de mi\nparte. M\u00edralo t\u00fa bien, que ah\u00ed lo hallar\u00e1s ya hecho y dado todo eso, y mucho\nm\u00e1s, en \u00e9l\u201d (S 2,22,5). \u201cY si tambi\u00e9n quisieses otras visiones y revelaciones\ndivinas o corporales, m\u00edrale a \u00e9l tambi\u00e9n humanado, y hallar\u00e1s en eso m\u00e1s que\npiensas; porque tambi\u00e9n dice el Ap\u00f3stol (Col 2,9)<\/p>\n\n\n\n<p>&#8230; En Cristo mora\ncorporalmente toda plenitud de divinidad\u201d (S 2, 22,6). Todo esto ha de tenerse\npresente en el Santo como doctrina fundamental respecto a lo que son noticias\nsobrenaturales o aprehensiones m\u00edsticas extraordinarias. La fe no necesita\napoyarse en ellas. El creyente tiene en Cristo todo lo que necesita para su fe\ny para el seguimiento de Cristo. Lo m\u00e1s seguro y certero en todo esto es\nrechazarlo, pues poco va en que se tenga o no, aunque sean claras incluso (S 2,\n22,16).<\/p>\n\n\n\n<p>J. de la Cruz\nvalora muy poco esto de las noticias sobrenaturales, aunque sean efectivamente\nmedios para la purificaci\u00f3n del alma y para la uni\u00f3n con Dios, que valen menos\nque un acto de &nbsp;humildad (S 3, 9,4). Delante de Dios es m\u00e1s precioso\ncualquier acto de voluntad hecho en caridad, que cuantas noticias\nsobrenaturales se pueden tener del cielo, ya que \u00e9stas no son m\u00e9rito ni\ndem\u00e9rito, pues son siempre gracias de Dios, que concede a quien quiere y cuando\nquiere.<\/p>\n\n\n\n<h3>V. Pautas de\ndirecci\u00f3n espiritual<\/h3>\n\n\n\n<p>La primera l\u00ednea\nde atenci\u00f3n ha de prestarse a quienes tienen voluntad de admitir revelaciones y\nse inclinan a ellas. Sin excluir a los mismos confesores y directores\nespirituales. El demonio siente gran satisfacci\u00f3n ante tales circunstancias y con\nesas personas que as\u00ed piensan y pueden por consiguiente actuar: \u201cY as\u00ed el\ndemonio gusta mucho cuando un alma quiere admitir revelaciones y la ve\ninclinada a ellas, porque tiene \u00e9l entonces mucha ocasi\u00f3n y mano para ingerir\nerrores y derogar en lo que pudiere a la fe; porque como he dicho, grande\nrudeza se pone en el alma que las quiere acerca de ella, y aun a veces hartas\ntentaciones e impertinencia\u201d (S 2,11,12).<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta el padre\nespiritual, si es inclinado a estas revelaciones, podr\u00e1 hacer gran da\u00f1o al\ndisc\u00edpulo, si persevera con \u00e9l, pues se comunican la estima por ellas, siendo\npeligroso: \u201cSi el padre espiritual es inclinado a esp\u00edritu de revelaciones, de\nmanera que le hagan alg\u00fan caso, o lleno, o gusto en el alma, no podr\u00e1 dejar,\naunque \u00e9l no lo entienda, de imprimir en el esp\u00edritu del disc\u00edpulo aquel jugo y\nt\u00e9rmino, si el disc\u00edpulo no est\u00e1 m\u00e1s adelante que \u00e9l. Y, aunque lo est\u00e9, le\npodr\u00e1 hacer harto da\u00f1o si con \u00e9l persevera, porque, de aquella inclinaci\u00f3n que\nel padre espiritual tiene y gusto en tales visiones [en este caso equivale a\nrevelaciones, de las que est\u00e1 hablando], le nace cierta manera de\nestimativa&#8230;\u201d (S 2,18,6).<\/p>\n\n\n\n<p>El Santo trata con\ndureza a los confesores y directores espirituales, que no cumplen debidamente\nsu responsable y alta misi\u00f3n. Les atribuye un papel decisivo en la orientaci\u00f3n\nque han de dar a las almas ante la presencia de fen\u00f3menos extraordinarios (S\n2,19-22). El criterio a seguir es para \u00e9l el siguiente: \u201cEncam\u00ednenlas en la fe [los\ndirectores espirituales y los confesores], ense\u00f1\u00e1ndolas buenamente a desviar\nlos ojos de todas aquellas cosas, d\u00e1ndoles doctrina en c\u00f3mo han de desnudar el\napetito y el esp\u00edritu de ellas para ir adelante, y d\u00e1ndoles a entender c\u00f3mo es\nm\u00e1s preciosa delante de Dios una obra o acto de voluntad hecho en caridad, que\ncuantas visiones [y revelaciones] y comunicaciones pueden tener del cielo, pues\n\u00e9stas ni son m\u00e9rito ni dem\u00e9rito; y c\u00f3mo muchas almas, no teniendo cosas de\n\u00e9stas, est\u00e1n sin comparaci\u00f3n mucho m\u00e1s adelante que otras que tienen muchas\u201d (S\n2,22,19).<\/p>\n\n\n\n<p>Se podr\u00eda muy bien\ndecir que hace aqu\u00ed el Doctor m\u00edstico una s\u00edntesis de su doctrina y de sus\ncriterios seguros y tajantes respecto a todo el proceso de &nbsp;purificaci\u00f3n del\nalma para llegar a la uni\u00f3n con Dios, sin hacer distinci\u00f3n entre lo activo y lo\npasivo, lo sensitivo y lo espiritual, lo &nbsp;natural y lo\nsobrenatural. Son los verdaderos efectos de las aut\u00e9nticas revelaciones divinas\nsobrenaturales, que van directamente contra aquellos soberbios de coraz\u00f3n que,\nal sentir cualquiera de estos sentimientos suaves de Dios y algunas\naprehensiones devotas, ya se satisfacen y piensan que est\u00e1n muy cerca de Dios y\nque los que no los tienen est\u00e1n muy bajos espiritualmente y los desestiman,\ncomo hizo el fariseo con el publicano. La mejor medicina contra esto es saber\nque la virtud no consiste en estas aprehensiones y en estos sentimientos de\nDios, y que la humildad es m\u00e1s valiosa que todo ello (cf. S 3,9,1-4). Son los\npeligros de caer en propia estimaci\u00f3n y vana presunci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Aplicaciones conclusivas<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Entendiendo por\nrevelaci\u00f3n el \u201cdescubrimiento de alguna verdad oculta o manifestaci\u00f3n de alg\u00fan\nsecreto o misterio\u201d, J. de la Cruz distingue dos tipos: <em>manifestaci\u00f3n de secretos <\/em>(revelaciones en sentido estricto) y <em>noticias intelectuales, <\/em>que no son propiamente revelaciones pero s\u00ed\nmuy semejantes a ellas. La doctrina sanjuanista acerca de las revelaciones,\ncomo acerca de los dem\u00e1s fen\u00f3menos m\u00edsticos extraordinarios, es clara en dos\npuntos fundamentales: en que no pueden ser medios para la purificaci\u00f3n del alma\ny para la uni\u00f3n con Dios; en que no son necesarias para el progreso en el\ncamino de la perfecci\u00f3n evang\u00e9lica. En lo que al discernimiento se refiere\ninsiste el Santo en que hay que estar siempre muy en guardia, porque pueden ser\nfalsas, enga\u00f1osas y peligrosas, tanto por parte del demonio como de la propia\nsugesti\u00f3n o imaginaci\u00f3n. Aun siendo de Dios, no siempre son interpretadas por\nparte del hombre correctamente, pues no siempre coincide su interpretaci\u00f3n con\nla finalidad que Dios tiene y sus proyectos.<\/p>\n\n\n\n<p>J. de la Cruz es\ntotalmente contrario a admitir revelaciones y a quienes se inclinan a ellas. El\ndemonio se goza en tales circunstancias. Ninguna de las aprehensiones\nsobrenaturales son medio necesario para la uni\u00f3n con Dios. Ni tampoco es m\u00e1s\nperfecto quien se ve agraciado con tales dones. Por eso, y por los riesgos que\nconllevan, no se han de pedir ni admitir. Nunca nos podemos asegurar de las\nrevelaciones, como de ninguna otra aprehensi\u00f3n sobrenatural. Incluso aunque\nsean de Dios. Insiste el Santo en que no hay necesidad de nada que suene a\nfen\u00f3meno m\u00edstico extraordinario, pues existen <em>la raz\u00f3n natural <\/em>y <em>la ley\nevang\u00e9lica, <\/em>que son suficientes para solucionar cualquier tipo de problemas\ny para guiar en el amor a Dios y al pr\u00f3jimo. La fe no necesita apoyarse en\nninguna de las aprehensiones o noticias sobrenaturales para su certeza y\nseguridad.<\/p>\n\n\n\n<p>Los confesores y &nbsp;directores\nespirituales juegan papel muy importante en todo este mundo de los fen\u00f3menos\nm\u00edsticos extraordinarios y en su discernimiento. Es fundamental que ellos\nmismos no sean inclinados a estimar estos hechos y manifestaciones\nextraordinarias. Puede ser un riesgo para los disc\u00edpulos de tales directores y\nconfesores. Delante de Dios es m\u00e1s provechoso cualquier acto de voluntad hecho\nen caridad que todas las gracias m\u00edsticas extraordinarias, como es m\u00e1s valiosa\nla humildad que todas las visiones, revelaciones y sentimientos del cielo.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Mauricio Mart\u00edn del Blanco<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Juan de la Cruz habla con frecuencia de \u201crevelaci\u00f3n\u201d, \u201crevelaciones\u201d. De las 63 veces, 56 lo hace en Subida (S 2,27,7) y las otras 7 en C\u00e1ntico (18,1). 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