{"id":3876,"date":"2020-02-16T10:53:25","date_gmt":"2020-02-16T16:53:25","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3876"},"modified":"2021-02-16T10:54:57","modified_gmt":"2021-02-16T16:54:57","slug":"senales-de-la-contemplacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3876","title":{"rendered":"Se\u00f1ales (de la contemplaci\u00f3n)"},"content":{"rendered":"\n<p>Un tema recurrente\nen los escritos de Juan de la Cruz es el del desarrollo y evoluci\u00f3n de la\nexperiencia orante del hombre espiritual. &nbsp;Una perspectiva\nprivilegiada para asomarnos al mundo, mucho m\u00e1s amplio, de las relaciones del &nbsp;hombre con Dios, y\nevaluar el desarrollo del itinerario espiritual hacia la &nbsp;uni\u00f3n con Dios.<\/p>\n\n\n\n<h3>I. Encrucijada\ndecisiva<\/h3>\n\n\n\n<p>El Santo, buen\nmaestro espiritual y consumado pedagogo en los caminos del esp\u00edritu, es\nespecialmente sensible a un hecho que, tarde o temprano, aparece siempre en el\ncamino del hombre que avanza hacia la comuni\u00f3n con Dios: la inflexi\u00f3n dr\u00e1stica\nque experimenta la propia experiencia orante, llegados a un punto en el cual\ntodo lo que antes era mediaci\u00f3n y apoyo para la oraci\u00f3n, se convierte,\nsorprendentemente, en obst\u00e1culo y dificultad para el ejercicio y desarrollo de\nla misma. Se trata del paso decisivo de la meditaci\u00f3n a la contemplaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>1. <em>Desde la meditaci\u00f3n. <\/em>La primera fase de la experiencia orante suele ir caracterizada por un\nmayor protagonismo activo por parte del hombre: es \u00e9l quien busca a Dios, quien\nhabla a Dios, quien se expresa a s\u00ed mismo en la oraci\u00f3n, haciendo aflorar en\npresencia de Dios lo mejor de su riqueza interior. Es una forma orante m\u00e1s\nverbal, m\u00e1s conceptual, m\u00e1s imaginativa, m\u00e1s discursiva; en una palabra, m\u00e1s\nactiva. Es lo que el Santo llama \u201cmeditaci\u00f3n\u201d, y define como \u201cacto discursivo\npor medio de im\u00e1genes, formas y figuras, fabricadas e imaginadas por los\nsentidos\u201d (S 2,12,3), ya que mediante ella \u201cobra el alma discurriendo con las\npotencias sensitivas\u201d (S 2,14,6).<\/p>\n\n\n\n<p>Se trata de una\nforma de oraci\u00f3n \u201cnecesaria\u201d para los principiantes (S 2,12,5), cuyo fin es\n\u201csacar alguna noticia y amor de Dios\u201d (S 2,14,2). El Santo la llama \u201cestado y\nejercicio de principiantes\u201d que consiste en \u201cmeditar y hacer actos y ejercicios\ndiscursivos con la imaginaci\u00f3n\u201d (LB 3,32).<\/p>\n\n\n\n<p>2. <em>A la contemplaci\u00f3n<\/em>. Despu\u00e9s de haberse ejercitado durante un tiempo conveniente en esta forma\nde oraci\u00f3n discursiva o meditaci\u00f3n, Dios da generalmente un nuevo impulso al\nproceso orante, \u201cpues, como el estilo que llevan los principiantes en el camino\nde Dios es bajo y que frisa mucho con su propio amor y gusto\u201d, quiere Dios\n\u201cllevarlos adelante, y sacarlos de este bajo modo de amor a m\u00e1s alto grado de\namor de Dios y librarlos del bajo ejercicio del sentido y discurso, con que tan\ntasadamente y con tantos inconvenientes andan buscando a Dios,\ny ponerlos en ejercicio de esp\u00edritu, en que m\u00e1s abundantemente y m\u00e1s libres de\nimperfecciones pueden comunicarse con Dios\u201d (N 1,8,3).<\/p>\n\n\n\n<p>Dios abre as\u00ed\ncamino a la experiencia de la contemplaci\u00f3n, que es una forma nueva de oraci\u00f3n\ndonde el hombre cede protagonismo en la medida en que es Dios quien lo va\nasumiendo. El Santo define la contemplaci\u00f3n como \u201cinfusi\u00f3n secreta, pac\u00edfica y\namorosa de Dios que, si la dan lugar, inflama al alma en esp\u00edritu de amor\u201d (N\n1,10,6). Es de notar que hemos pasado de una forma de oraci\u00f3n en que el hombre\nbusca a Dios, a otra en la que es Dios mismo quien se autocomunica al hombre.\nSe le \u201cinfunde\u201d. Una forma de oraci\u00f3n \u201cen que en secreto ense\u00f1a Dios al alma y\nla instruye en perfecci\u00f3n de amor, sin ella hacer nada ni entender c\u00f3mo\u201d (N\n2,5,1). M\u00e1s adelante, describir\u00e1 la contemplaci\u00f3n como \u201cciencia de amor, la\ncual &#8230; es noticia infusa de Dios amorosa, que juntamente va ilustrando y\nenamorando el alma, hasta subirla de grado hasta Dios, su Criador, porque s\u00f3lo\nel amor es el que une y junta al alma con Dios\u201d (N 2,18,5).<\/p>\n\n\n\n<p>Se trata, pues, de\nun cambio radical de protagonismo. Ahora es Dios quien obra en el hombre. A\nDios le corresponder\u00e1 el verbo \u201chacer\u201d, mientras que el verbo que mejor cuadra\nal hombre ser\u00e1 el \u201cpadecer\u201d. Del mismo modo, Dios ser\u00e1 el sujeto del verbo\n\u201cdar\u201d, y el hombre el del verbo \u201crecibir\u201d. Ninguna reflexi\u00f3n nuestra puede aqu\u00ed\nsustituir la lectura reposada, y atenta a los verbos, del texto insuperable del\nSanto en la <em>Llama <\/em>(LlB 3,32-41).<\/p>\n\n\n\n<p>3. El desconcierto del paso. Cuando acontece este cambio\nen la propia experiencia orante, el desconcierto del hombre suele ser grande y\ndesestabilizador, \u201cse le ha vuelto todo al rev\u00e9s\u201d (N 1,8,3), pues lo que antes\nle era medio y ayuda para la oraci\u00f3n, es decir, su propia actividad discursiva,\nahora no le sirve ya. Es m\u00e1s, se siente cada vez m\u00e1s incapaz de ella.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otro lado, al\nno reconocer a\u00fan el valor orante de la nueva experiencia contemplativa, le\nparece que no hace nada y que pierde el tiempo, pues no se ejercita como antes\ncon sus capacidades discursivas, ni puede hacerlo (S 2,12,6-7; S 2,14,3-4; N\n1,10,1-2; etc.).<\/p>\n\n\n\n<h3>II. Criterios de\ndiscernimiento<\/h3>\n\n\n\n<p>J. de la Cruz\nafirmaba en cierta ocasi\u00f3n que se decid\u00eda a escribir \u201cpor la mucha necesidad\nque tienen muchas almas\u201d (S pr\u00f3l. 3). Tambi\u00e9n, al hacerlo sobre este tema, lo\nque le mueve es venir en ayuda de quien necesita luz para discernir la propia\nexperiencia y poder as\u00ed acertar con la actitud m\u00e1s adecuada para afrentar la\nnueva situaci\u00f3n en que se halla, pues \u201ces recia y trabajosa cosa en tales\nsazones no entenderse una alma ni hallar quien la entienda\u201d (S pr\u00f3l. 4).<\/p>\n\n\n\n<p>1. <em>El agravio de la inexperiencia<\/em>. Y lo primero que lamenta el Santo es la\ninexperiencia de ciertos maestros espirituales que, sin comprender el momento\nde crecimiento en que se halla el orante, y sin saber c\u00f3mo afrontarlo\nadecuadamente, lo \u00fanico que hacen es crear nuevas dificultades, desorientando\nal alma, y haci\u00e9ndole volver atr\u00e1s, en vez de facilitarle el avance en su\ncamino oracional (S pr\u00f3l. 5-6). Es muy oportuno aqu\u00ed repasar cuanto el Santo\ndice acerca de los \u201cmaestros espirituales\u201d (LlB 3,30-62):\n\u201cDe esta manera \u2013escribe\u2013 muchos maestros espirituales hacen mucho da\u00f1o a\nmuchas almas, porque, no entendiendo ellos las v\u00edas y propiedades del esp\u00edritu,\nde ordinario hacen perder a las almas la unci\u00f3n de estos delicados ung\u00fcentos\ncon que el Esp\u00edritu Santo les va ungiendo y disponiendo para s\u00ed, instruy\u00e9ndolas\npor otros modos rateros que ellos han usado o le\u00eddo por ah\u00ed, que no sirven m\u00e1s\nque para principiantes. Que, no sabiendo ellos m\u00e1s que para \u00e9stos, y aun eso\nplega a Dios, no quieren dejar las almas pasar, aunque Dios las quiera llevar,\na m\u00e1s de aquellos principios y modos discursivos e imaginarios, para que nunca\nexcedan y salgan de la capacidad natural, con que el alma puede hacer muy poca\nhacienda\u201d (LlB 3,31).<\/p>\n\n\n\n<p>2. \u201c<em>Se\u00f1ales\u201d claras para discernir el paso<\/em>. Frente a estos \u201cmaestros espirituales\u201d as\u00ed\ndenostados, Juan de la Cruz, desde su experiencia de orante y de acompa\u00f1ante\nespiritual, ofrece unos indicios o se\u00f1ales claras y sencillas para discernir\ncu\u00e1ndo es llegado el momento en que se produce la inflexi\u00f3n decisiva en el\nproceso orante y, por tanto, es necesario renunciar al ejercicio de la\nmeditaci\u00f3n para dejarse introducir, cada vez m\u00e1s d\u00f3cilmente, en la oraci\u00f3n\ncontemplativa. Las se\u00f1ales que ofrece son tres, siempre las mismas, aunque a\nveces var\u00eda el orden de las mismas, seg\u00fan el momento en que las redacte en una\nu otra de sus obras.<\/p>\n\n\n\n<p>No importa tanto\nel orden, si tenemos en cuenta una advertencia muy importante que el mismo\nSanto resalta: \u201cEstas tres se\u00f1ales ha de ver en s\u00ed juntas, por lo menos, el\nespiritual para atreverse seguramente a dejar el estado de meditaci\u00f3n y del\nsentido y entrar en el de contemplaci\u00f3n y del esp\u00edritu\u201d (S 2,13,5). Las se\u00f1ales\nlas encontramos descritas en S 2,13 y en N 1,9. En su enunciaci\u00f3n, suenan as\u00ed:<\/p>\n\n\n\n<p>a)<em> Primera se\u00f1al<\/em>: \u201cLa primera es ver en s\u00ed que ya no puede meditar ni discurrir con la\nimaginaci\u00f3n, ni gustar de ello como de antes sol\u00eda; antes halla ya sequedad en\nlo que de antes sol\u00eda fijar el sentido y sacar gusto\u201d (S 2,13,2). En <em>Noche <\/em>esta se\u00f1al pasa a ser la\ntercera, y se describe as\u00ed: \u201cLa tercera se\u00f1al que hay para que se conozca esta\npurgaci\u00f3n del sentido es el no poder ya meditar ni discurrir en el sentido de\nla imaginaci\u00f3n, como sol\u00eda, aunque m\u00e1s haga de su parte\u201d (N 1,9,8).<\/p>\n\n\n\n<p>b) <em>Segunda se\u00f1al<\/em>: \u201cLa segunda es cuando ve no le da ninguna gana de poner la imaginaci\u00f3n ni\nel sentido en otras cosas particulares, exteriores ni interiores\u201d (S 2,13,3).\nEn <em>Noche <\/em>esta se\u00f1al pasa a ser la primera, y suena as\u00ed: \u201cLa primera es si, como no\nhalla gusto ni consuelo en las cosas de Dios, tampoco le halla en alguna de las\ncosas criadas\u201d (N 1,9,2).<\/p>\n\n\n\n<p>c) <em>Tercera se\u00f1al<\/em>: \u201cLa tercera y m\u00e1s cierta es si el alma gusta de estarse a solas con\natenci\u00f3n amorosa a Dios, sin particular consideraci\u00f3n, en paz interior y\nquietud y descanso y sin actos y ejercicios de las potencias, memoria,\nentendimiento y voluntad -a lo menos discursivos, que es ir de uno en otrosino\ns\u00f3lo con la atenci\u00f3n y noticia general amorosa, sin particular inteligencia y\nsin entender sobre qu\u00e9\u201d (S 2,13,4). En <em>Noche <\/em>esta se\u00f1al ocupa el lugar central, siendo la\nsegunda de las tres. El Santo la redacta as\u00ed: \u201cLa segunda se\u00f1al &#8230; es que ordinariamente\ntrae la memoria en Dios con solicitud y cuidado penoso, pensando que no sirve a\nDios, sino que vuelve atr\u00e1s, como se ve en aquel sinsabor en las\ncosas de Dios. Y en esto se ve que no sale de flojedad y tibieza este sinsabor\ny sequedad; porque de raz\u00f3n de la tibieza es no se le dar mucho ni tener solicitud\ninterior por las cosas de Dios\u201d (N 1,9,3).<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar de las\ncoincidencias, hay en las dos redacciones matices diversos, que se explican por\nla distinta perspectiva contextual en que se sit\u00faa el Santo al escribir. En <em>Subida <\/em>busca directamente\nel discernimiento sobre el cambio en el modo oracional, el paso de la\nmeditaci\u00f3n a la contemplaci\u00f3n. En <em>Noche<\/em>, en cambio, el discernimiento apunta m\u00e1s bien a\nidentificar el fen\u00f3meno purificativo que se produce en la noche del sentido.\nAunque, seg\u00fan el Santo, ambos momentos coinciden cronol\u00f3gicamente en la\npr\u00e1ctica, el matiz es diverso, seg\u00fan nos fijemos en un aspecto o dimensi\u00f3n de\nla experiencia o nos fijemos en otro. En otro lugar, encontramos un breve\n\u201caviso\u201d del Santo sobre \u201clas tres se\u00f1ales del recogimiento interior\u201d, que\ntienen una estrecha cercan\u00eda y familiar con las que aqu\u00ed nos ocupan (Av 2,39).<\/p>\n\n\n\n<h3>III. Finalidad\npedag\u00f3gica<\/h3>\n\n\n\n<p>Ya hemos indicado\nc\u00f3mo, en todo este tema, la intenci\u00f3n de Juan de la Cruz no es otra sino ayudar\nal hombre en su camino espiritual, d\u00e1ndole luz para comprender su propia\nexperiencia y pautas concretas para afrontar esta coyuntura con acierto, no\nentorpeciendo la obra de Dios en el alma sino m\u00e1s bien adecu\u00e1ndose d\u00f3cilmente a\nla misma.<\/p>\n\n\n\n<p>1. <em>Empe\u00f1o personal<\/em>.\nUna vez identificada la naturaleza del paso que se est\u00e1 viviendo, lo primero\nque le preocupa al Santo es librar al hombre del comportamiento errado que\nf\u00e1cilmente, de forma casi instintiva, se siente tentado a asumir.<\/p>\n\n\n\n<p>Es \u00e9ste un momento\nen que \u201cpadecen los espirituales grandes penas &#8230; por el recelo que tienen de\nque van perdidos en el camino &#8230; Entonces se fatigan y procuran, como lo han\nhabido de costumbre, arrimar con alg\u00fan gusto las potencias a alg\u00fan objeto de\ndiscurso, pensando ellos que, cuando no hacen esto y se sienten obrar, no se\nhace nada\u201d (N 1,10,1).<\/p>\n\n\n\n<p>Lo primero que no\nse debe hacer es empe\u00f1arse en continuar con la forma meditativa-discursiva de\noraci\u00f3n \u201cporque de tal manera pone Dios al alma en este estado y en tan\ndiferente camino la lleva, que, si ella quiere obrar con sus potencias, antes\nestorba la obra que Dios en ella va haciendo, que ayuda\u201d (N 1,9,7).<\/p>\n\n\n\n<p>2. <em>Comportamiento adecuado<\/em>. Pasando a la pedagog\u00eda m\u00e1s positiva, la recomendaci\u00f3n del Santo en este\ncaso es \u201cconfiar en Dios\u201d, consolarse \u201cperseverando en paciencia\u201d (N 1,10,3),\n\u201cdejar estar el alma en sosiego y quietud\u201d, \u201cperseverar en la oraci\u00f3n sin hacer\nellos nada\u201d, \u201cdejar al alma libre y desembarazada y descansada de todas las\nnoticias y pensamientos\u201d, \u201ccontentarse s\u00f3lo con una advertencia amorosa y\nsosegada en Dios\u201d (N 1,10,4). En definitiva: \u201cs\u00fafrase y est\u00e9se sosegado\u201d (N\n1,10,5).<\/p>\n\n\n\n<p>Puede dar la\nimpresi\u00f3n de que el Santo invitara a una actitud de mera pasividad, renunciando\na la propia responsabilidad personal. Nada m\u00e1s lejos de su intenci\u00f3n. Lo\ncomprender\u00e1 bien quien haya captado el genuino sentido sanjuanista de la\n\u201cpasividad\u201d, que podr\u00edamos calificar de pasividad activa. Para \u00e9l, en efecto, la\n\u201cactividad\u201d del hombre alcanza su plenitud y madurez cuando cede ante la\n\u201cactividad\u201d de Dios, y se transforma, no en inercia sino en acogida, en\nreceptividad. Es lo que, de forma parad\u00f3jica, el Santo llama \u201cobrar\npasivamente\u201d: \u201cA estos tales se les ha de decir que aprendan a estarse con\natenci\u00f3n y advertencia amorosa en Dios en aquella quietud, y que no se den nada\npor la imaginaci\u00f3n ni por la obra de ella, pues aqu\u00ed, como decimos, descansan\nlas potencias y no obran activamente, sino pasivamente, recibiendo lo que Dios\nobra en ellas\u201d (S 2,12,8).<\/p>\n\n\n\n<p>Llegamos as\u00ed a un\nverbo clave para la recta comprensi\u00f3n de la doctrina sanjuanista: \u201crecibir\u201d. La\nexperiencia contemplativa gira en torno a estos dos verbos: \u201cdar\u201d y \u201crecibir\u201d,\nreferidos, respectivamente, a Dios y al hombre. La contemplaci\u00f3n es infusi\u00f3n de\nDios en el alma, autodonaci\u00f3n y autocomunicaci\u00f3n de un Dios que trata con el\nhombre \u201cen modo de dar\u201d, y que configura la actitud justa del hombre ante \u00e9l\ncomo acogida, receptividad, debiendo colocarse ante Dios \u201cen modo de recibir\u201d\n(LlB 3,34). La articulaci\u00f3n de estos dos verbos, y sus correspondientes\nactitudes, es la urdimbre sobre la cual se va tejiendo el denso y significativo\ndiscurso del Santo en el comentario a la tercera canci\u00f3n de la <em>Llama<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<h3>IV. Sintonizar con\nla pedagog\u00eda divina<\/h3>\n\n\n\n<p>Para el Santo lo\nm\u00e1s importante y decisivo es que lleguemos a sintonizar con la pedagog\u00eda de\nDios, que es quien de verdad asume el protagonismo en nuestro camino\nespiritual. Como muestra, aducimos s\u00f3lo dos textos. El primero dedicado a los\n\u201cmaestros espirituales\u201d: \u201cAdviertan los que gu\u00edan las almas y consideren que el\nprincipal agente y gu\u00eda y movedor de las almas en este negocio no son ellos\nsino el Esp\u00edritu Santo, que nunca pierde cuidado de ellas, y que ellos s\u00f3lo son\ninstrumentos para enderezarlas &#8230; seg\u00fan el esp\u00edritu que Dios va dando a cada\nuna &#8230; mirando el camino y por d\u00f3nde Dios las lleva\u201d (LlB 3,46).<\/p>\n\n\n\n<p>El segundo,\nenderezado directamente al interesado: \u201cHa de advertir el alma en esta quietud\nque, aunque entonces ella no se sienta caminar ni hacer nada, camina mucho m\u00e1s\nque si fuese por su pie, porque la lleva Dios en sus brazos; y as\u00ed, aunque\ncamina al paso de Dios, ella no siente el paso. Y, aunque ella misma no obra\nnada con las potencias de su alma, mucho m\u00e1s hace que si ella lo hiciese, pues\nDios es el obrero. Y que ella no lo eche de ver no es maravilla, porque lo que\nDios obra en el alma a este tiempo no lo alcanza el sentido, porque es en\nsilencio &#8230; D\u00e9jese el alma en las manos de Dios y no se ponga en sus propias\nmanos ni en las de estos dos ciegos, que, como esto sea y ella no ponga las\npotencias en algo, segura ir\u00e1\u201d (LlB 3,67).<\/p>\n\n\n\n<p>En conclusi\u00f3n, lo\nque Juan de la Cruz busca, y lo \u00fanico que le mueve a escribir desde su propia\nexperiencia, es venir en ayuda de quienes necesitan luz y orientaci\u00f3n para su\ncaminar hacia Dios. Es su intenci\u00f3n claramente confesada: \u201cDe todo, con el\nfavor divino, procuraremos decir algo, para que cada alma que esto leyere, en\nalguna manera eche de ver el camino que lleva y el que le conviene llevar\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Alfonso Balde\u00f3n-Santiago<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un tema recurrente en los escritos de Juan de la Cruz es el del desarrollo y evoluci\u00f3n de la experiencia orante del hombre espiritual. &nbsp;Una perspectiva privilegiada para asomarnos al mundo, mucho m\u00e1s amplio, de las relaciones del &nbsp;hombre con &hellip; <a href=\"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3876\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":""},"categories":[23],"tags":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p2dsrC-10w","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3876"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3876"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3876\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3877,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3876\/revisions\/3877"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3876"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3876"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3876"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}