{"id":3899,"date":"2020-02-17T09:14:55","date_gmt":"2020-02-17T15:14:55","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3899"},"modified":"2021-02-17T09:16:27","modified_gmt":"2021-02-17T15:16:27","slug":"vidriera-y-rayo-del-sol","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3899","title":{"rendered":"Vidriera y rayo del sol"},"content":{"rendered":"\n<p>El s\u00edmil de la\nvidriera y el sol es de antiguo abolengo en la tradici\u00f3n espiritual; algo\nsemejante al del &nbsp;fuego y el le\u00f1o. Lo acogen con fidelidad los escritos\nsanjuanistas bajo diversas f\u00f3rmulas, pero siempre con vinculaci\u00f3n al \u201crayo del\nsol\u201d, que es el otro referente en la comparaci\u00f3n. El rayo del sol da o pega en\nel <em>cristal<\/em>, en la <em>ventana<\/em>, en el <em>vidrio <\/em>o en la <em>vidriera<\/em>. Los t\u00e9rminos menos usados son el \u201ccristal\u201d y el\n\u201cvidrio\u201d, que aparecen en dos ocasiones solamente. Vidrio, en una de ellas, es\nversi\u00f3n de un texto b\u00edblico (Prov 23,31) sin que establezca comparaci\u00f3n alguna\n(S 3,22,6). Tampoco est\u00e1 presente el s\u00edmil en dos de los lugares en que J. de\nla Cruz usa el sustantivo \u201cventana\u201d (S 2,3,3). En otros cuatro alterna\nliteraria y doctrinalmente con \u201cvidriera\u201d, resultando perfectamente id\u00e9nticos\nen la estructura y en el significado del s\u00edmil.<\/p>\n\n\n\n<p>Este, como tantos\notros, arranca de la observaci\u00f3n f\u00edsica y se traslada al \u00e1mbito espiritual. Lo\nque se percibe en la ventana o en el vidrio cuando el sol reverbera en \u00e9l se\naplica al impacto de la comunicaci\u00f3n divina en el &nbsp;alma. La limpieza\no las manchas en el vidrio determinan su mayor o menor recepci\u00f3n del rayo\nluminoso; lo mismo sucede en el alma ante la iluminaci\u00f3n divina. Siguiendo su\ncostumbre, J. de la Cruz comienza por aclarar la relaci\u00f3n entre los dos\nextremos de la comparaci\u00f3n: \u201cLa vidriera, aunque se parece al mismo rayo, tiene\nsu naturaleza distinta del mismo rayo; mas podemos decir que aquella vidriera\nes rayo o luz por participaci\u00f3n\u201d (S 2,5,6).<\/p>\n\n\n\n<p>Explica esta\nespecie de transformaci\u00f3n en el plano natural de la manera siguiente: \u201cCuando\nel cristal limpio y puro es embestido de la luz, cuanto m\u00e1s grados de luz va\nrecibiendo, tanto m\u00e1s de luz en \u00e9l se va reconcentrando, y tanto m\u00e1s se va \u00e9l\nesclareciendo; y puede llegar a tanto su copiosidad de luz que recibe, que\nvenga \u00e9l a parecer todo luz, y no se divise entre la luz, estando \u00e9l\nesclarecido en ella todo lo que puede recibir de ella, que es venir aparecer\ncomo ella\u201d (LlB 1,13). En la descripci\u00f3n del referente anota a\u00fan otro detalle\ncon respecto a la sombra en el madero y en el cristal cuando reciben la luz: en\nel primero es opaca, mientras en el segundo es clara (LlA 3,12). Este aspecto\ncarece, sin embargo, de aplicaci\u00f3n directa a partir del s\u00edmil estudiado.<\/p>\n\n\n\n<p>Si se comparan los\ntextos en los que J. de la Cruz ilustra su pensamiento con el s\u00edmil del rayo\ndel sol y la vidriera, se constata que la idea central, com\u00fan a todos ellos,\nadopta ligeras variaciones seg\u00fan el contexto doctrinal de cada caso. El n\u00facleo\naglutinador de todos responde a la relaci\u00f3n m\u00e1s natural entre el efecto de la\nluz en el cristal, seg\u00fan queda se\u00f1alado. La acci\u00f3n de Dios en el alma, su\ncomunicaci\u00f3n e iluminaci\u00f3n, es tanto m\u00e1s clara, pura y sencilla cuanto m\u00e1s\nlimpia de manchas y motas \u2013espiritualmente hablando\u2013 la encuentre. Tiene a la\nvez efectos de purificaci\u00f3n, iluminaci\u00f3n y uni\u00f3n. Seg\u00fan estos efectos, unas\nveces se propone el s\u00edmil del rayo del sol en conexi\u00f3n con la &nbsp;advertencia\namorosa o contemplaci\u00f3n; otras, con la misma &nbsp;uni\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>a) <em>La vidriera y la contemplaci\u00f3n divina<\/em>. La noticia general, sencilla y amorosa, que\nsustituye paulatinamente a la &nbsp;meditaci\u00f3n, es tanto m\u00e1s \u201csencilla, perfecta,\nespiritual e interior\u201d, cuanto menos adherida est\u00e1 a formas imaginarias o\ninteligibles. \u201cLo cual se entender\u00e1 bien \u2013escribe el Santo\u2013 por esta\ncomparaci\u00f3n. Si consideramos en el rayo del sol que entra por la ventana, vemos que cuando el dicho rayo est\u00e1 m\u00e1s poblado de \u00e1tomos y motas, mucho\nm\u00e1s palpable y sensible y m\u00e1s claro la parece a la vista del sentido. Y est\u00e1\nclaro que entonces el rayo est\u00e1 menos puro y menos claro y sencillo y perfecto,\npues est\u00e1 lleno de tantas motas y \u00e1tomos. Y tambi\u00e9n vemos que cuando est\u00e1 m\u00e1s\npuro y limpio de aquellas motas y \u00e1tomos, menos palpable y m\u00e1s oscuro le parece\nal ojo material; y cuanto m\u00e1s limpio est\u00e1, tanto m\u00e1s oscuro y menos\naprehensible le parece &#8230; De donde si entrase el rayo por una ventana y\nsaliese por otra, sin topar en cosa alguna que tuviese todo de cuerpo, no se\nver\u00eda nada, y con todo eso el rayo estar\u00eda en s\u00ed m\u00e1s puro y limpio que cuando,\npor estar lleno de cosas visibles, se ve\u00eda y sent\u00eda m\u00e1s claro\u201d (S 2,14,9).<\/p>\n\n\n\n<p>La aplicaci\u00f3n es\ninmediata a la luz espiritual \u201cen la vista del alma o entendimiento\u201d, en el\ncual la noticia general amorosa de Dios \u201cembiste tan pura y sencillamente y tan\ndesnuda ella y ajena de todas las formas inteligibles\u201d, que el entendimiento no\nla hecha de ver, y cuando es m\u00e1s sencilla y pura \u201cle hace tiniebla, porque le\najena de sus acostumbradas luces, de formas y fantas\u00edas\u201d. Si no embiste con\ntanta fuerza en el alma, \u201cni siente tiniebla, ni ve luz, ni aprehende nada que\nno sepa ella\u201d; por lo mismo, a veces se queda el alma en un \u201colvido grande\u201d\n(ib. n. 10). La comparaci\u00f3n al mismo prop\u00f3sito se repite casi a la letra en <em>Noche <\/em>(2,8,3-4), aunque\nen lugar de la noticia amorosa el extremo comparativo es el \u201cdivino rayo de\ncontemplaci\u00f3n\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>b) <em>La vidriera y la\nuni\u00f3n transformante<\/em>. Como variante de la anterior aplicaci\u00f3n del s\u00edmil\naparece la comparaci\u00f3n con el alma que se vuelve \u201csim\u00edlima a Dios en pureza\u201d\npor la participaci\u00f3n en la uni\u00f3n transformante. Para ello ha de tener en s\u00ed\npureza total, \u201csin alguna mezcla de imperfecci\u00f3n\u201d. Tambi\u00e9n a este prop\u00f3sito\nhabla de \u201cponer una comparaci\u00f3n\u201d para que se comprenda mejor su pensamiento:\n\u201cEst\u00e1 el rayo del sol dando en una vidriera; si la vidriera tiene algunos velos\nde manchas o nieblas, no la podr\u00e1 esclarecer y transformar en su luz totalmente\ncomo si estuviera limpia de todas aquellas manchas y sencilla\u201d. Tanto menos la\nesclarecer\u00e1 cuanto menos desnuda estuviere de velos y manchas, \u201cy tanto m\u00e1s\ncuanto m\u00e1s limpia estuviere. Y no quedar\u00e1 por el rayo, sino por ella; tanto que\nsi ella estuviere limpia y pura del todo, de tal manera la transformar\u00e1 y\nesclarecer\u00e1 el rayo, que parecer\u00e1 el mismo rayo, y dar\u00e1 la misma luz que el\nrayo\u201d (S 2,5,6).<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n en este\ncaso la aplicaci\u00f3n a la uni\u00f3n transformante o divinizaci\u00f3n del alma es clara e\ninmediata. Tan pronto como el alma se despoja y desnuda de toda mancha de\ncriatura, de todo lo que no es Dios, \u201cluego queda esclarecida y transformada en\nDios, y le comunica Dios su ser sobrenatural de tal manera, que parece el mismo\nDios y tiene lo que tiene el mismo Dios &#8230; Y el alma m\u00e1s parece Dios que alma\n&#8230; aunque es verdad que su ser naturalmente tan distinto le tiene del de Dios como\nantes, aunque est\u00e9 transformada\u201d (ib. n. 7; cf. CB 26,4 y 17).<\/p>\n\n\n\n<p>c) <em>La vidriera y\nlos grados de amor<\/em>. La predilecci\u00f3n de J. de la Cruz por el s\u00edmil de la\nvidriera le permite extender la comparaci\u00f3n m\u00e1s all\u00e1 de lo que es corriente en\nla tradici\u00f3n espiritual. La mayor o menor cantidad de luz concentrada en el\ncristal o vidrio puede compararse a la intensidad o grados de amor a que puede\nllegar el alma en esta vida. Seg\u00fan el Santo, el crecimiento del amor divino\nest\u00e1 en proporci\u00f3n a la mayor aproximaci\u00f3n a su centro, que es Dios. Llegar al\n\u00faltimo grado, es llegar al \u201cm\u00e1s profundo centro del alma\u201d, donde es\ntransformada y esclarecida \u201cseg\u00fan todo el ser y potencia y virtud de ella,\nseg\u00fan es capaz de recibir, hasta ponerla que parezca Dios\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo ilustra una vez\nm\u00e1s el rayo de luz. Lo dicho sucede \u201cbien as\u00ed como cuando el <em>cristal <\/em>limpio y puro es\nembestido de la luz, cuantos m\u00e1s grados de luz va recibiendo, tanto m\u00e1s de luz\nen \u00e9l se va reconcentrando, y tanto m\u00e1s se va \u00e9l esclareciendo; y puede llegar\na tanto por la copiosidad de luz que recibe, que venga a parecer todo luz, y no\nse divise entre la luz, estando \u00e9l esclarecido en ella todo lo que puede\nrecibir de ella, que es venir a parecer como ella\u201d (LlB 1,13).<\/p>\n\n\n\n<p>Esta variada\naplicaci\u00f3n espiritual del s\u00edmil de la vidriera embestida por el rayo del sol se\ncomplementa en las p\u00e1ginas sanjuanistas con otros detalles menores, en parte\nconsecuencia de las observaciones precedentes. Si el rayo del sol en la\nvidriera emite resplandor, nada tan apropiado como compararlo a los resplandores\nque se desprenden de las l\u00e1mparas de fuego que iluminan las cavernas profundas\ndel sentido (LlB 3,77). La constataci\u00f3n de que las \u201cm\u00e1culas y motas\u201d\ndesaparecen cuando el sol se infunde en la vidriera, pero vuelven a aparecer\ncuando se aparta el sol, es aplicable a lo que sucede cuando a la noticia\nsencilla y amorosa de Dios vuelve a sustituirse con formas particulares y actos\nimaginarios (CB 26,17).<\/p>\n\n\n\n<p>Encuadrando la\niluminaci\u00f3n divina en ese contexto, puede afirmar J. de la Cruz, al insistir en\nsu norma de no apegarse a las gracias especiales, como visiones, revelaciones,\nque cuando son obra de Dios no \u201cpuede resistir el alma aunque quiera, m\u00e1s que\nla vidriera al rayo del sol cuando en ella da\u201d (S 2,11,6). Lo reafirma con\nmayor fuerza m\u00e1s adelante: \u201cLa vidriera no es parte para impedir el rayo del\nsol que da en ella, sino que pasivamente, estando ella dispuesta con limpieza\nla esclarece sin su diligencia u obra\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>La aplicaci\u00f3n que\nsigue puede ser la conclusi\u00f3n pr\u00e1ctica general: \u201cAs\u00ed tambi\u00e9n el alma, aunque\nella quiera, no puede dejar de recibir en s\u00ed las influencias y comunicaciones\nde aquellas figuras, aunque m\u00e1s las quisiere resistir; porque a las infusiones\nsobrenaturales no las puede resistir la voluntad negativa con resignaci\u00f3n\nhumilde y amorosa, sino sola la impureza e imperfecciones del alma, como\ntambi\u00e9n en la vidriera impiden la claridad las manchas\u201d (S 2,16,10).<\/p>\n\n\n\n<p>Probablemente la\nconexi\u00f3n figurativa entre la vida espiritual y el caso de la vidriera y el sol\nes la que establece el Santo al explicar el origen de la &nbsp;iluminaci\u00f3n divina\nque llega al hombre a trav\u00e9s de la contemplaci\u00f3n m\u00edstica. Manteniendo la teor\u00eda\ndionisiana de la derivaci\u00f3n a trav\u00e9s de las jerarqu\u00edas ang\u00e9licas, \u201cde unas en\notras sin alguna dilaci\u00f3n\u201d, a\u00f1ade que es \u201cas\u00ed como el rayo del sol comunicado a\nmuchas vidrieras ordenadas entre s\u00ed; que, aunque es verdad que de suyo el rayo\npasa por todas, todav\u00eda cada una le env\u00eda e infunde en la otra m\u00e1s modificado,\nconforme al modo de aquella vidriera, algo m\u00e1s abreviada y remisamente, seg\u00fan ella\nest\u00e1 m\u00e1s o menos cerca del sol\u201d (N 2,12,3).<\/p>\n\n\n\n<p><em>Eulogio Pacho<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El s\u00edmil de la vidriera y el sol es de antiguo abolengo en la tradici\u00f3n espiritual; algo semejante al del &nbsp;fuego y el le\u00f1o. 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