{"id":4391,"date":"2021-11-14T00:50:52","date_gmt":"2021-11-14T06:50:52","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4391"},"modified":"2021-11-10T09:54:56","modified_gmt":"2021-11-10T15:54:56","slug":"lectio-dom-14-nov-de-2021","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4391","title":{"rendered":"Lectio Dom, 14 nov. de 2021"},"content":{"rendered":"\n<p><em>Discurso final <\/em><em>Marco 13,24-32<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Oraci\u00f3n inicial<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Shadai, Dios de la monta\u00f1a, que haces de nuestra fr\u00e1gil vida la roca de tu morada, conduce nuestra mente a golpear la roca del desierto, para que brote el agua para nuestra sed. La pobreza de nuestro sentir nos cubra como un manto en la obscuridad de la noche y abra el coraz\u00f3n para acoger el eco del Silencio para que el alba envolvi\u00e9ndonos en la nueva luz matutina nos lleve con las cenizas consumadas por el fuego de los pastores del Absoluto que han vigilado por nosotros junto al Divino Maestro, el sabor de la santa memoria.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Lectio<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El\ntexto:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abMas por esos d\u00edas, despu\u00e9s de\naquella tribulaci\u00f3n, el sol se oscurecer\u00e1, la luna no dar\u00e1 su resplandor, las\nestrellas ir\u00e1n cayendo del cielo, y las fuerzas que est\u00e1n en los cielos ser\u00e1n\nsacudidas. Y entonces ver\u00e1n al Hijo del hombre que viene entre nubes con gran\npoder y gloria; entonces enviar\u00e1 a los \u00e1ngeles y reunir\u00e1 de los cuatro vientos\na sus elegidos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo. \u00abDe\nla higuera aprended esta par\u00e1bola: cuando ya sus ramas est\u00e1n tiernas y brotan\nlas hojas, sab\u00e9is que el verano est\u00e1 cerca. As\u00ed tambi\u00e9n vosotros, cuando ve\u00e1is\nque sucede esto, sabed que \u00c9l est\u00e1 cerca, a\nlas puertas. Yo os aseguro que no pasar\u00e1 esta generaci\u00f3n hasta que todo esto\nsuceda. El cielo y la tierra pasar\u00e1n, pero mis palabras no pasar\u00e1n. Mas de\naquel d\u00eda y hora, nadie sabe nada, ni los \u00e1ngeles en el cielo, ni el Hijo, sino\ns\u00f3lo el Padre.<\/p>\n\n\n\n<p>Momento de silencio:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Dejamos que la voz del Verbo resuene en nosotros.<\/em><em><\/em><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Meditatio<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Algunas preguntas:<\/p>\n\n\n\n<p><em>&#8211; Despu\u00e9s de aquella tribulaci\u00f3n<\/em>.\nLa vida humana\nlleva las se\u00f1ales\ndel trabajo, el sello\nde la muerte pre\u00f1ada de vida nueva:\n\u00bfPodemos contarnos entre\nlos elegidos que ser\u00e1n\nreunidos desde los cuatro vientos?<\/p>\n\n\n\n<p>El\nHijo del hombre\nviene sobre las nubes: \u00bfSeremos capaces de levantar la mirada desde nuestra\nmiseria para verlo llegar sobre el horizonte\nde nuestra vida?<\/p>\n\n\n\n<p><em>Aprended de la higuera: <\/em>El\nhombre tiene tanto que aprender\ny no debe buscar qui\u00e9n sabe en d\u00f3nde. La naturaleza es el\nprimer libro de Dios. \u00bfTenemos voluntad para abrirlo, o quiz\u00e1s le rompemos las p\u00e1ginas creyendo\nque es nuestro?<\/p>\n\n\n\n<p>Todo\npasa, s\u00f3lo la Palabra de Dios permanece para siempre. Cu\u00e1ntas\npalabras vanas, cu\u00e1ntos\nsue\u00f1os y placeres arrebatados por el tiempo que inexorablemente se lleva todo lo que tiene fin. La roca sobre\nla que hab\u00edamos construido a nosotros mismos\n\u00bfes la roca de la Palabra\ndel Dios viviente?<\/p>\n\n\n\n<p>Aquel d\u00eda y aquella\nhora ninguno la conoce: no est\u00e1 en nosotros el saberlo. El Padre lo sabe.\n\u00bfEstamos dispuestos a creerlo?<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Clave de lectura:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El profundo cambio del cosmos\ndescrito por Marcos entre met\u00e1foras y realidades anuncia la inminencia del fin\nque nos introduce en una inmensa novedad. La aparici\u00f3n del Hijo sobre las nubes\nabre a la humanidad a la dimensi\u00f3n celeste. \u00c9l no es un juez inapelable, sino\nun Salvador potente, que aparece en el esplendor de su gloria divina, para\nreunir a los elegidos, para hacerlos part\u00edcipes de la vida eterna en el reino\ndichoso del cielo. No hay en Marcos escena de juicio, amenaza o\ncondena&#8230;queriendo suscitar la esperanza y alimentar\nla espera, se anuncia la victoria final.<\/p>\n\n\n\n<p>vv. 24-25. Despu\u00e9s de aquella\ntribulaci\u00f3n, el sol se oscurecer\u00e1&#8230; a la gran tribulaci\u00f3n se opone una nueva\nrealidad. El evangelista considera vecina la parus\u00eda, aunque permanece oculta\nla hora. La desintegraci\u00f3n del cosmos est\u00e1 descrito con expresiones t\u00edpicas del\nleguaje apocal\u00edptico, con una forma estil\u00edstica cuidada: los cuatro elementos\nest\u00e1n dispuestos de dos en dos, recurriendo al paralelismo. Es evidente el\nreclamo a Is. 13,10 cuando se habla de oscurecerse tanto el sol como la luna, y\na Is. 34, 4 cuando se habla de la convulsi\u00f3n de las potencias que est\u00e1n en los\ncielos.<\/p>\n\n\n\n<p>v. 26. Entonces ver\u00e1n al Hijo del\nHombre que viene entre nubes con gran poder y gloria. Es el punto culminante\ndel discurso escatol\u00f3gico de Marcos. El tiempo de la espera se cumple, llega el\nmomento de la recapitulaci\u00f3n de todo en Cristo. El fin del mundo no es otra\ncosa que premisa de la parus\u00eda gloriosa del Hijo del hombre prevista por Daniel\n7,13. Las nubes indican la presencia de Dios que en las teofan\u00edas le sirven\npara descender sobre la tierra. Los atributos de la soberan\u00eda divina, el poder\ny la gloria, recordados por Jes\u00fas ante el sanedr\u00edn (14, 62), no son una amenaza para el hombre, sino la proclamaci\u00f3n\nsolemne de la dignidad mesi\u00e1nica que trasciende la humanidad de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>v. 27. Entonces enviar\u00e1 a los \u00e1ngeles\ny reunir\u00e1 de los cuatro vientos a sus elegidos, desde el extremo de la tierra\nhasta el extremo del cielo. Con este primer acto del Hijo del hombre,\naparece el verdadero significado de la parus\u00eda: la salvaci\u00f3n escatol\u00f3gica del pueblo de Dios , disperso por el mundo.\nLos elegidos ser\u00e1n todos reunidos. Ninguno ser\u00e1 olvidado. No se habla de castigo para\nlos enemigos ni de cat\u00e1strofes punitivas, sino de unificaci\u00f3n.\nY existir\u00e1 un lugar extra\u00f1o a esto, porque desde la extremidad de la tierra\nhasta la extremidad del cielo, los \u00e1ngeles reunir\u00e1n a los hombres en torno a\nCristo. Es un encuentro glorioso. <\/p>\n\n\n\n<p>v. 28. De la higuera\naprended esta par\u00e1bola: cuando ya sus ramas est\u00e1n\ntiernas y brotan las hojas, sab\u00e9is que el verano\nest\u00e1 cerca. La par\u00e1bola de la higuera\nnos viene a decir la certeza y la proximidad de los sucesos\nanunciados, y de modo particular la venida del Hijo\ndel hombre, prefigurada en la cercana\npasi\u00f3n, muerte y resurrecci\u00f3n. El mandato\ndirigido a los oyentes: <em>\u00a1Aprended! <\/em>revela el sentido parent\u00e9tico de la semejanza: es una invitaci\u00f3n a\npenetrar profundamente en el sentido de las palabras de Jes\u00fas para comprender el proyecto de Dios sobre el mundo. El \u00e1rbol de la higuera que pierde sus hojas en el avanzado oto\u00f1o y le\nrenacen ya tarde con respecto a las otras plantas, pasada la primavera, anuncia\nla llegada del verano.<\/p>\n\n\n\n<p>29\nAs\u00ed tambi\u00e9n vosotros, cuando ve\u00e1is que sucede esto,\nsabed que \u00c9l est\u00e1 cerca,\na las puertas. El hombre puede\nconocer el dise\u00f1o\nde Dios por las cosas\nque acontecen.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfCu\u00e1les son las cosas que acontecen?\nMarcos ha hablado en el v. 14 de la abominaci\u00f3n de la desolaci\u00f3n. Esta es la\nse\u00f1al, la se\u00f1al del fin, o sea de la parus\u00eda, de la aparici\u00f3n del Hijo del\nhombre. Estas cosas que son el principio de los dolores, nos llevar\u00e1n a un\nnuevo nacimiento, porque <em>\u00c9l est\u00e1 cerca, a\nlas puertas.<\/em><em><\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Yo\nos aseguro que no pasar\u00e1\nesta generaci\u00f3n hasta\nque todo esto suceda. Se han\nhecho muchas hip\u00f3tesis sobre el significado de esta generaci\u00f3n. M\u00e1s que de una\nafirmaci\u00f3n cronol\u00f3gica se trata de una expresi\u00f3n cristol\u00f3gica. La Iglesia\nprimitiva siempre ha afirmado, aun esperando una venida en breve t\u00e9rmino\ndel Se\u00f1or, lo incierto\ndel momento preciso. Todo creyente\nque lee esto,\nen cualquier tiempo,\npuede creerse como haciendo\nparte de esta generaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El cielo y la tierra pasar\u00e1n, pero\nmis palabras no pasar\u00e1n. La certeza de que las palabras del Se\u00f1or no pasar\u00e1n\njam\u00e1s, infunde confianza a cualquiera que reflexione sobre la caducidad del mundo y de las cosas del mundo. Construirse sobre la Palabra de Dios permitir\u00e1 que no subsista\nla abominaci\u00f3n de la desolaci\u00f3n y que el sol, la luna y las\nestrellas no pierdan\nsu esplendor. El hoy de Dios se convierte para\nel hombre en la\n\u00fanica v\u00eda para llegar a si mismo, porque si en su palabras no existe ni el ayer\nni el ma\u00f1ana, no deber\u00e1\ntemer ya la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>v.\n32 Mas de aquel d\u00eda y hora,\nnadie sabe nada,\nni los \u00e1ngeles en el cielo, ni el Hijo,\nsino s\u00f3lo el Padre.\nEl final es cierto, pero\nel conocimiento de cuando vendr\u00e1,\nest\u00e1 reservado al Padre.\nJes\u00fas no ha dicho nunca nada de preciso sobre esto. Por tanto, si alguno\npretende referirse a una presunta ense\u00f1anza de Jes\u00fas, miente. El final hace\nparte de los secretos insondables que configuran el misterio de Dios. La misi\u00f3n\ndel Hijo es la actuaci\u00f3n del Reino, no la revelaci\u00f3n del cumplimiento de la\nhistoria humana. Jes\u00fas comparte as\u00ed, hasta\nel fondo, su condici\u00f3n humana.\nCon su <em>k\u00e9nosis <\/em>voluntaria est\u00e1 muy bien de acuerdo la posibilidad de ignorar el d\u00eda y la hora del fin del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Reflexi\u00f3n:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La\ntribulaci\u00f3n como pan cotidiano para la vida del hombre\nes se\u00f1al de la venida\ndel Hijo de Dios.\nUna vida pre\u00f1ada\nde un rostro nuevo tiene que conocer\nlos dolores del parto.\nDispersos hasta la extremidad de la tierra,\nlejos los unos\nde los otros, los hijos\ndel Alt\u00edsimo ser\u00e1n reunidos\nde los cuatro vientos, por el esp\u00edritu\ndivino que recorre\nla tierra. El Hijo del hombre\nviene sobre las nubes, mientras\nnuestra mirada est\u00e1 fija en la tierra, en nuestras obras de fango, perdido\nentre las l\u00e1grimas\nde la disoluci\u00f3n y del enga\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando seamos capaces de levantar la mirada desde\nnuestra miseria para\nverlo llegar al horizonte de\nnuestra historia, la vida se llenar\u00e1 de luz, y aprenderemos a leer su escritura sobre\nla arena de nuestro pensar\ny querer, de nuestro caer y so\u00f1ar,\nde nuestro caminar y\naprender. Cuando tengamos el valor de deshojar las p\u00e1ginas de la vida de cada\nd\u00eda y recoger las semillas de la Palabra eterna arrojadas sobre los surcos de\nnuestro ser, encontrar\u00e1 paz nuestro\ncoraz\u00f3n. Y las vanas palabras, los placeres tragados por el tiempo, no ser\u00e1 sino un recuerdo\nperdido porque la roca sobre la cual nos hemos construidos a nosotros mismos\nser\u00e1 la Palabra\ndel Dios viviente. Si aquel d\u00eda y aquella hora ninguno la sabe,\nno es para nosotros el indagar. El Padre la sabe y nosotros nos fiamos de \u00c9l.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Oratio Sabidur\u00eda 9,1-6,9-11<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u00abDios de mis antepasados, Se\u00f1or de misericordia, que hiciste todas las cosas con tu palabra, y con tu sabidur\u00eda\nformaste al hombre para que dominase sobre tus criaturas, gobernase el mundo con santidad y justicia y juzgase con rectitud de\nesp\u00edritu; dame la Sabidur\u00eda\nentronizada junto a ti, y no me excluyas de entre tus hijos.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque soy siervo tuyo,\nhijo de tu esclava,\nun hombre d\u00e9bil y de vida ef\u00edmera, incapaz de comprender\nel derecho y las leyes. Pues, aunque uno sea perfecto\nentre los hombres, si le falta la sabidur\u00eda que viene de ti, ser\u00e1\ntenido en nada. Contigo est\u00e1 la Sabidur\u00eda que conoce tus obras,\nque estaba a tu lado cuando hac\u00edas el mundo, que conoce lo que te agrada y lo que es conforme a tus mandamientos. Env\u00edala desde el santo cielo,\nm\u00e1ndala desde tu trono glorioso, para que me acompa\u00f1e\nen mis tareas y pueda yo conocer lo que te agrada. Ella, que todo lo sabe y comprende,\nme guiar\u00e1 prudentemente en mis empresas\ny me proteger\u00e1 con su gloria.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Contemplatio<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Se\u00f1or, miro la rama tierna de la higuera\nque es mi vida y espero. Mientras\nlas sombras de la tarde se\nalargan sobre mis pasos, recapacito en tus palabras. Cu\u00e1nta paz en el coraz\u00f3n mientras\nla mente deja vagar el pensamiento sobre\nti. En tu tiempo mi espera\nde ti se cumple.<\/p>\n\n\n\n<p>En mi tiempo tu espera de mi se\ncumple. El tiempo, como un misterio de pasado y futuro, de eterno presente. Las olas del hoy se quiebran en las experiencias llameantes de tu Presencia y me recuerdan a los juegos sobre\nla arena que puntualmente el mar me destruye. Y sin embargo soy feliz. Feliz de\nmi nada, de mi arena que no queda en pie, porque una vez m\u00e1s tu Palabra\nescribe. Tratamos de pararnos en el tiempo, escribiendo y hablando, realizando\nobras excelsas que resistan la intemperie de los siglos. Y t\u00fa, sin embargo, te paras a escribir sobre\nla arena, para\nrealizar obras de amor\nque tienen el perfume de una lepra acariciada y no temida,\nel sonido de voces roncas\ny sin forma como subfondo de cada d\u00eda. El sabor de una venganza esfumada\ny de un abrazo dado de nuevo&#8230; obras que no quedan sino en el coraz\u00f3n de Dios\ny en la memoria de aqu\u00e9llos\nque viven, atentos\na las huella del vuelo de una paloma en el cielo de la propia existencia. Que yo\npueda mirar cada d\u00eda las nubes y consumarme en la nostalgia de tu regreso,\ntierno amor del alma m\u00eda. Am\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<p>Todos\nlos derechos: www.ocarm.org<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Discurso final Marco 13,24-32 Oraci\u00f3n inicial Shadai, Dios de la monta\u00f1a, que haces de nuestra fr\u00e1gil vida la roca de tu morada, conduce nuestra mente a golpear la roca del desierto, para que brote el agua para nuestra sed. 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