{"id":4518,"date":"2015-01-21T13:29:12","date_gmt":"2015-01-21T19:29:12","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4518"},"modified":"2022-01-21T13:32:04","modified_gmt":"2022-01-21T19:32:04","slug":"simbologia-biblica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4518","title":{"rendered":"Simbolog\u00eda b\u00edblica"},"content":{"rendered":"\n<p>Utilizamos el t\u00e9rmino\n\u201csimbolog\u00eda\u201d en su acepci\u00f3n m\u00e1s amplia, para seriar la tupida red de im\u00e1genes\nque T extrae de la Biblia, sea ella consciente o no de la cantera de origen. En\nsu conjunto, variedad y magnitud reflejan bien el soporte b\u00edblico de la\nexperiencia y del ideario teresianos. Por su n\u00famero y calidad forman una\npeque\u00f1a constelaci\u00f3n equiparable a la serie de tipos b\u00edblicos presentes en los\nescritos de la Santa. (Ver: Tipolog\u00eda B\u00edblica). De hecho ella, como gran parte\nde los maestros espirituales, est\u00e1 convencida de que las p\u00e1ginas de la Biblia\ncontienen un ingente rimero aleg\u00f3rico de cosas y motivos sugeridores: \u201c\u00a1Oh\nJes\u00fas, qui\u00e9n supiera las muchas cosas de la Escritura que debe haber para dar a\nentender esta paz del alma!\u201d (M 7,3,13). Ese atisbo del simbolismo b\u00edblico\nsurge en las moradas finales del Castillo, despu\u00e9s de haber evocado \u201cel \u00f3sculo\nque ped\u00eda la esposa\u201d, \u201clas aguas que se dan a la cierva herida\u201d, \u201cel tabern\u00e1culo\nde Dios\u201d, \u201cla paloma que envi\u00f3 No\u00e9\u201d, \u201cla oliva en se\u00f1al de haber hallado tierra\nfirme\u201d, etc. Es probable que T se iniciase en ese modo de interpretar las\nim\u00e1genes b\u00edblicas, leyendo Los Morales de san Gregorio, a partir del pr\u00f3logo\ndel libro.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese despliegue de\nimaginer\u00eda b\u00edblica a lo largo de los escritos teresianos, habr\u00eda que distinguir\nel grupo selecto de im\u00e1genes mayores, m\u00e1s o menos elaboradas por la Santa, y\npor otra parte la serie de im\u00e1genes menores, m\u00e1s numerosas pero menos densas de\ncontenido.<\/p>\n\n\n\n<p>La serie primera gira\nen torno a los argumentos de mayor relieve en la exposici\u00f3n doctrinal de la\nSanta. Basta apuntar algunas:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 el alma: jard\u00edn o\nvergel (V 11,8; 14,1.9), para\u00edso donde Dios tiene sus deleites (M 1,1,1), \u00e1rbol\nde vida, plantado en las corrientes de \u201clas aguas de la vida que es Dios\u201d (M\n1,2,1), palacio de Dios, posada y morada, etc. \u2013 Motivos b\u00edblicos patentes (cf\nm\u00e1s adelante los art\u00edculos respectivos).<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 el amor: es fuego,\ncentella encendida en el alma (V 15,4), \u201cfuego en el alma\u201d (V 32,2), \u201cfuego\nfuerte, poderoso, no sujeto a los elementos\u201d (C 19,3); es \u201csaeta de fuego\u201d (M\n6,11,2), \u201cdardo de oro\u201d que penetra las entra\u00f1as (V 29,13), es \u201cherida del\ncoraz\u00f3n\u201d (R 5,15), \u201cherida sabros\u00edsima\u201d (M 6,2,2). Es \u201cvino y borrachez\u201d (C\n18,2; Conc 4,3.4)&#8230; Imaginer\u00eda que refleja de cerca dos motivos b\u00edblicos bien\nperfilados: el pasaje prof\u00e9tico de Trenos 1,13: \u201cdesde lo alto meti\u00f3 fuego en\nmis huesos\u201d; y la cl\u00e1sica \u201cherida del coraz\u00f3n\u201d de los amantes de los Cantares\n(\u201cvulnerasti cor meum\u201d, 4 9).<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Jesucristo: es, ante\ntodo, el Esposo, como en los Cantares y en las par\u00e1bolas. Es Rey y Se\u00f1or, Se\u00f1or\nde se\u00f1ores, \u201cEmperador de los emperadores\u201d (CE 37,6)&#8230; El t\u00edtulo de Rey es el\nde Jes\u00fas en la cruz (Jn 19,19) y en tantos pasajes b\u00edblicos. \u201cRey de reyes&#8230;\u201d (Ap\n19,16). Camino y dechado. Esposo. A Teresa le impact\u00f3 especialmente ese t\u00edtulo\nle\u00eddo del Esposo en los Cantares (1,3.11), y amorosamene glosado por ella en M\n5,1,12; 5,2,12; y Conc 6).<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 la iluminaci\u00f3n\ninterior, que es luz, sol, l\u00e1mpara, centella, camino&#8230; El Esp\u00edritu Santo es\naire, fuego, paloma; pasa como la saeta que atraviesa el aire&#8230; Con la\nsubsiguiente serie de im\u00e1genes de la vida espiritual: agua, riego, lluvia del\ncielo, fuente viva, corriente de agua viva&#8230; Todas ellas de inspiraci\u00f3n b\u00edblica.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 la uni\u00f3n del alma a\nDios tiene su mejor soporte en la imagen esponsal de los Cantares, elevada a\ns\u00edmbolo supremo en las \u00faltimas moradas del Castillo Interior, ya desarrollada\nen los Conceptos y glosada en varios poemas.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre las im\u00e1genes menores\nno pod\u00eda faltar la recuperaci\u00f3n del llamado \u201cbestiario b\u00edblico\u201d: el \u00e1guila, la\nabeja y la ara\u00f1a, los cuatro animales, la cierva, el drag\u00f3n, el le\u00f3n, la\npaloma, la v\u00edbora, la hormiga, la mariposa, el ave f\u00e9nix, la oruga, el erizo,\nel gusano&#8230;, el p\u00e1jaro solitario.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque en apariencia\nesa imaginer\u00eda b\u00edblica coincida con la serie de t\u00f3poi o lugares comunes\ncl\u00e1sicos en la literatura espiritual, al pasar por la pluma de la Santa\nadquieren matices y valor originales. Con relativa importancia doctrinal en su\nconjunto. Y con empalme directo o indirecto en la Palabra b\u00edblica.<\/p>\n\n\n\n<p>Espigamos a\ncontinuaci\u00f3n una serie de im\u00e1genes selectas, suficientes para ilustrar este\naspecto del magisterio teresiano.<\/p>\n\n\n\n<p>Abeja (miel \/ ara\u00f1a). \u2013\nLa abeja est\u00e1 presente con cierta sobriedad en la simbolog\u00eda m\u00edstica de T. Ella\nha observado y admirado: la abeja, la colmena y la miel, las flores, el vuelo,\nla labra de la miel. Abeja y ara\u00f1a pasan a ser s\u00edmbolos de lo bueno y lo malo.\n\u201c\u00bfQui\u00e9n lo pudiera creer&#8230; que un gusano [de seda] y una abeja sean tan\ndiligentes en trabajar para nuestro provecho&#8230;?\u201d (M 5,2,2). La abeja que labra\nla miel en lo secreto de la colmena simboliza la voluntad en la oraci\u00f3n de\nquietud (V 15,6). Su ir y venir de las flores a la colmena, la relaci\u00f3n entre\nla labor de la mente y la quietud del recogimiento interior (C 28,7). La abeja\nmisma es la imagen de la humildad, \u201cque siempre labra, como la abeja en la\ncolmena, la miel\u201d (M 1,2,8), y que es capaz de transformar defectos y miserias\nen bienes y virtudes: al contrario de \u201cla ara\u00f1a, que todo lo que come convierte\nen ponzo\u00f1a&#8230;, la abeja lo convierte en miel\u201d (F 8,3). Lo repetir\u00e1, al glosar\nel escandalismo de quienes se molestan ante las im\u00e1genes y el l\u00e9xico de los\nCantares b\u00edblicos: son \u201ccomo las cosas ponzo\u00f1osas, que cuanto comen se vuelve\nen ponzo\u00f1a: as\u00ed nos acaece&#8230;\u201d (Conc 1,3). \u2013 En el Vejamen (n. 8), T desea que\na su hermano Lorenzo \u201cse le pegue algo de estar junto a la miel\u201d, y en este\ncaso la miel es fray Juan de la Cruz con quien aqu\u00e9l ha comenzado a dirigirse\nespiritualmente (cf cta 177). \u2013 Las tres im\u00e1genes \u2013abeja, ara\u00f1a, miel\u2013 son\nb\u00edblicas, pero no es probable que en este caso el texto b\u00edblico sea el\ninspirador de T.<\/p>\n\n\n\n<p>Abismo.&nbsp;\u2013&nbsp;Abismo\ny pi\u00e9lago son im\u00e1genes de origen b\u00edblico. Abismo (sheol) es el lugar de los\nmuertos (en el N.T., \u201chades y gehenna: Mt 16,18; 5,29), su hondura y oscuridad.\nPi\u00e9lago, la inmensidad del oc\u00e9ano (Jon 2,6). En T apenas conservan ese\nsignificado originario (E 12,1). M\u00e1s frecuentemente los refiere a s\u00ed misma en\nsentido figurado y negativo, o a Dios en positivo. Siempre en textos\nemocionales. \u201cPi\u00e9lago de maldades que soy yo\u201d (V 18,8). \u201cHa sido esta alma [yo]\nun abismo de mentiras y pi\u00e9lago de vanidades\u201d (V 40,4), \u201csiendo yo un pi\u00e9lago\nde pecados y maldades\u201d (R 3,12). En cambio, Dios \u201ces un pi\u00e9lago sin suelo de\nmaravillas, una hermosura que contiene en s\u00ed todas las hermosuras\u201d (C 22,6). En\nlas Exclamaciones, \u201clos abismos\u201d son los infiernos, y el pecado es \u201cguerra\ncontinua contra quien los puede hundir en los abismos en un momento\u201d (E 12,1).<\/p>\n\n\n\n<p>Agua. \u2013&nbsp;Elemento\ncon m\u00faltiples simbolismos en la Biblia, generalmente alusivos a la vida, al\norigen de la vida, al poder creador de Dios, a la saciedad de los deseos\nhumanos&#8230; Para T, el agua es uno de los s\u00edmbolos preferidos, no s\u00f3lo porque\n\u201ccampo o agua, flores\u201d (V 9, 5) la impactan y recogen, \u201cle traen memoria del\nCreador\u201d y le \u201csirven de libro\u201d, sino porque le resulta f\u00e1cil descubrir su\nsimbolismo: \u201cno hallo cosa mejor para declarar algunas de esp\u00edritu que esto de\nagua&#8230;; soy tan amiga de este elemento, que le he mirado con m\u00e1s advertencia\nque otras cosas, que en todas las que cri\u00f3 tan gran Dios&#8230; debe haber hartos\nsecretos\u201d (M 4,2,2).<\/p>\n\n\n\n<p>De ah\u00ed que le sea tan\nespont\u00e1neo el empalme con el simbolismo b\u00edblico del agua: \u2013la Samaritana y la\nsed del agua viva (V 30,19; C 19,2; M 6,11,5); \u2013Jes\u00fas que llama a todos a S\u00ed\npara darles de beber (E 13); \u2013la fuente de agua viva (C 28,5); \u2013el agua de las\nl\u00e1grimas (V 10,3; 11,9; 19,2); \u2013agua para la cierva sedienta (M 7,3,13); \u2013el\n\u00e1rbol de la vida plantado junto a las corrientes de las aguas (M 7,2,9); \u2013los\nmanantiales c\u00f3smicos y Dios que no deja salir al mar de sus t\u00e9rminos (M 6,5,3);\n\u2013el agua de la gracia (V 11,6-9; 14,2; 21,1&#8230;); \u2013agua de las nubes del cielo\n(V 20,2-3; 22,2); \u2013agua que mata el fuego (t\u00e1cita alusi\u00f3n al verso de los\nCantares, 8,7: \u201caquae multae&#8230;\u201d: C 19).<\/p>\n\n\n\n<p>Aguila (ave). \u2013 Imagen\nde probable inspiraci\u00f3n b\u00edblica, si bien de simbolismo literario universal.\nMencionada siempre por T en sentido figurado, integra el grupo de ave, vuelo,\nalas, ave f\u00e9nix, paloma, gallina&#8230; Teresa se inspira probablemente en Exodo\n19,4 (\u201ccomo un \u00e1guila real, Dios llevar\u00e1 al pueblo de Israel sobre sus alas\u201d),\ny en el Deuteronomio 32,11 (\u201ccomo el \u00e1guila incita a sus polluelos a volar, as\u00ed\nEl&#8230;\u201d). Pero adem\u00e1s ella se hace eco del simbolismo mitol\u00f3gico del \u00e1guila, muy\npresente en la literatura de su tiempo, a la vez que filtrado en el lenguaje\npopular. De ah\u00ed el significado polivalente que el \u00e1guila adquiere en sus\nescritos. En Vida simboliza a Dios, \u201c\u00e1guila caudalosa\u201d que con gran \u00edmpetu\nlevanta sobre sus alas al alma, \u201ca la manera que las nubes (\u2018o el sol\u2019) cogen\nlos vapores de la tierra y lev\u00e1ntanla toda de ella\u201d (V 20,2.3; y 20,22.28), de\nsuerte que Dios es \u00e1guila, nube y sol, figuras b\u00edblicas las tres. Dios, como el\n\u00e1guila, va capacitando los ojos del alma para mirar de hito en hito al sol\n(Dios, \u201csol de justicia\u201d), eco de la leyenda mitol\u00f3gica de los ojos del \u00e1guila,\nque no s\u00f3lo mira al sol de hito en hito, sino que incita a sus polluelos a\nhacer lo mismo, y al que no resiste \u201clos rayos vivos de su luz, lo arroja del\nnido como ajeno\u201d. Sin aludir expresamente al pasaje del Deutero\u00adnomio, T lo\nglosa hermosamente: \u201cAlgunas cosas que nos parecen imposibles, vi\u00e9ndolas en\notros tan posibles y con la suavidad que las llevan, animan mucho y parece que\ncon su vuelo nos atrevemos a volar, como hacen los hijos de las aves cuando se\nense\u00f1an, que aunque no es de presto dar un gran vuelo, poco a poco imitan a sus\npadres. En gran manera aprovecha esto, yo lo s\u00e9\u201d (M 3,2,12). Por fin, Dios otorga\nal alma vuelo de \u00e1guila real (V 39,12), y \u00e9l mismo es \u201c\u00e1guila caudalosa de la\nmajestad de Dios\u201d (E 14,4). Evocando el texto del salmo 102,5 (\u201cDios renovar\u00e1\ntu juventud como la del \u00e1guila\u201d), la Santa unifica dos mitos, el del \u00e1guila y\nel del ave f\u00e9nix. (Ave f\u00e9nix.)<\/p>\n\n\n\n<p>En el Epistolario,\n\u201c\u00e1guila\/s\u201d es uno de los cript\u00f3nimos utilizados por T en el carteo del a\u00f1o 1576\ny ss. Con Graci\u00e1n: \u00e1guilas son las carmelitas descalzas (cartas 119 y 121: del\n6.9.1576, y 9.9.1576); al menos en una ocasi\u00f3n designa a los descalzos:\n\u201cPerucho&#8230; tiene un hermano que le han echado las aves nocturnas&#8230;, que\nquiere est\u00e9 entre las \u00e1guilas (los descalzos)\u201d (cta 145, n. 3, a Graci\u00e1n, del\n4.11.1576).<\/p>\n\n\n\n<p>Aire. \u2013&nbsp;Imagen\nb\u00edblica (pneuma) de amplio simbolismo (Esp\u00edritu Santo, alma o esp\u00edritu humano,\nvida), con gran influjo en la simbolog\u00eda de los m\u00edsticos cristianos. Basta\nrecordar a san Juan de la Cruz: \u201cel aire de la almena\u201d (Noche, estrofa 7), \u201cel\nsilbo de los aires amorosos\u201d (C\u00e1ntico, 14), \u201cven austro que recuerdas los\namores\u201d (ib 17), \u201cel aspirar del aire\u201d (ib 39), \u201cen su aspirar sabroso\u201d (Llama,\n4). En cambio, su presencia es irrelevante en la imaginer\u00eda teresiana, incluso\nen sus numerosas variantes l\u00e9xicas (viento, soplo, aliento, huelgo, resollar,\nrespiro&#8230;), rara vez empleadas con carga simb\u00f3lica. Unicamente la imagen del\n\u201caire sosegado\u201d, que aumenta el buen bogar de la nave, le sirve en ocasiones\npara subrayar la acci\u00f3n de la gracia o del Esp\u00edritu en la vida espiritual (V\n30,19; C 28,5), en contraste con la insuficiencia del esfuerzo o del remar\nhumano. \u2013 T conoce la teor\u00eda cl\u00e1sica de los \u201ccuatro elementos\u201d (agua\/fuego,\ntierra\/aire: cf C 19,3-5; M 4,2,2). A los tres primeros les concede m\u00e1s\ncontenido simb\u00f3lico que al \u201caire\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Alas (alas de paloma \/\nalas de \u00e1guila). \u2013&nbsp;Imagen de claro origen b\u00edblico. T recurre a ella con\nexpresa alusi\u00f3n al texto sagrado. Su impetuoso anhelo de Dios exige alas de\npaloma como las del Salmo 54,7. Se siente a s\u00ed misma con alma alada, lista para\nemprender el \u201cvuelo del esp\u00edritu\u201d. Dios es \u201c\u00e1guila caudal\u201d que la acoge sobre\nsus alas para elevarla sobre todo lo creado (Ex 19,4; Deut 32,11; Sal 56,1&#8230;):\nim\u00e1genes que se hallan fundidas en el cap. 20 de Vida, uno de los m\u00e1s intensos\ndel libro. He aqu\u00ed los pasajes m\u00e1s expresivos: \u201cV\u00e1lgame Dios&#8230;, c\u00f3mo se siente\nten\u00eda raz\u00f3n [David] y la tendr\u00e1n todos de pedir alas de paloma&#8230;\u201d (n. 24).\n\u201cEnti\u00e9ndese claro un vuelo que da el esp\u00edritu para levantarse de todo lo criado\ny de s\u00ed mismo&#8230;; mas es vuelo suave, es vuelo deleitoso, vuelo sin ruido. \u00a1Qu\u00e9\nse\u00f1or\u00edo tiene un alma que el Se\u00f1or llega aqu\u00ed, que lo mire todo sin estar\nenredada en ello\u201d (ib 24-25). \u201cAqu\u00ed le nacieron [al alma] alas de paloma para\nvolar; ya se le ha ca\u00eddo el pelo malo\u201d (V 20, 22: la alusi\u00f3n al \u201cpelo malo\u201d\nprolonga la imagen del \u201cpajarillo reci\u00e9n nacido\u201d de cap\u00edtulos anteriores:\n13,2). Tambi\u00e9n utiliza la imagen b\u00edblica de Yaw\u00e9h que cobija bajo sus alas o\ntoma sobre ellas al pueblo de Israel (Sal 16,8; 35,8; E 19,4): \u201cmuchas veces&#8230;\nviene un \u00edmpetu tan acelerado y fuerte, que veis y sent\u00eds levantarse esta nube\no esta \u00e1guila caudalosa y cogeros con sus alas\u201d (V 20,3); cf otros textos en\nque utiliza la misma imagen con variantes: V 8,10; 18,14; 31,18; 38,10.12; C\n28,2).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c1ngel de luz.\n\u2013&nbsp;T\u00edtulo que san Pablo da a \u201cSatan\u00e1s, que tambi\u00e9n se transfigura en \u00e1ngel\nde luz\u201d (2 Cor 11,14). En ese mismo sentido utiliza T la imagen para designar\nal demonio, disfrazado de \u201c\u00e1ngel bueno\u201d, sobre todo en las Moradas: \u201cEs mucho\nmenester no descuidarnos para entender sus ardides y que no nos enga\u00f1e, hecho\n\u00e1ngel de luz\u201d (M 1,2,15). Porque el demonio \u201csabe bien contrahacer el esp\u00edritu\nde luz\u201d (M 6,3,16; cf M 5,1,1 y V 14,8). En todos esos pasajes, T se refiere a\nlas posibles interferencias del demonio en los estados m\u00edsticos.<\/p>\n\n\n\n<p>Animales (los cuatro).\n\u2013&nbsp;Los cuatro animales simb\u00f3licos de las visiones apocal\u00edpticas de Ezequiel\n(1,4 ss.) y de Juan en el Apocalipsis, identificados en la tradici\u00f3n literaria\ny pict\u00f3rica con los cuatro evangelistas, aparecen tambi\u00e9n en una de las m\u00e1s\nfulgurantes visiones de T (V 39,22). En \u201cun arrobamiento grande\u201d se le abren\nlos cielos, como a Ezequiel (Ez 1,2) y contempla el trono de Dios: \u201cVi abrir\nlos cielos&#8230;, represent\u00f3seme el trono&#8230; que he visto otras veces, y otro\nencima de \u00e9l, adonde por una noticia que no s\u00e9 decir&#8230; entend\u00ed estar la\ndivinidad. Parec\u00edame sostenerle unos animales; a m\u00ed me parece he o\u00eddo una\nfigura de estos animales. Pens\u00e9 si eran los evangelistas. Mas c\u00f3mo estaba el\ntrono ni qu\u00e9 estaba en \u00e9l, no lo vi, sino gran multitud de \u00e1ngeles&#8230; La gloria\nque entonces en m\u00ed sent\u00ed no se puede escribir ni aun decir&#8230;\u201d El relato\nprosigue, con otros datos sobre el cielo y la visi\u00f3n beat\u00edfica.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c1rbol \/ manzano.\n\u2013&nbsp;La imagen del \u00e1rbol suministra a la Santa un triple motivo de simbolismo\nderivado de la Biblia: a) el \u00e1rbol del Apocalipsis, plantado junto a las\ncorrientes de las aguas, simboliza, para ella, al alma en gracia, plet\u00f3rica de\nvida, en contraste con el alma en pecado (M 1,2,1): \u201cque as\u00ed como el \u00e1rbol que\nest\u00e1 cabe las corrientes de las aguas est\u00e1 m\u00e1s fresco y da m\u00e1s fruto, \u00bfqu\u00e9 hay\nque maravillar de&#8230; esta alma&#8230;? (M 7,2,9). b) El \u00e1rbol que ofrece sombra al\nprofeta Jon\u00e1s, y que luego es ro\u00eddo por la oruga, se torna s\u00edmbolo de la vida\ndesganada del espiritual cuyas virtudes son f\u00e1cil presa del des\u00e1nimo (V 31,21).\nc) El simbolismo m\u00e1s fuerte lo toma ella del manzano del Cantar de los\nCantares, que tambi\u00e9n inspir\u00f3 a san Juan de la Cruz. Para ella el manzano es\ns\u00edmbolo del reposo m\u00edstico, bajo la sombra del Esp\u00edritu, en la presencia gozosa\ndel Amado. Se convierte as\u00ed en s\u00edmbolo complejo y completo de la vida m\u00edstica,\ndesarrollado en los cap\u00edtulos 5-7 de los Conceptos y enriquecido con amplio\ncortejo de imaginer\u00eda aleg\u00f3rica: sombra y descanso (Conc 5,7), roc\u00edo (5,4),\nfrutos, flores y olores arom\u00e1ticos (7,7). En \u00faltima instancia, Teresa \u2013lo mismo\nque m\u00e1s tarde har\u00e1 fray Juan de la Cruz\u2013 condensa el simbolismo en la s\u00edntesis\n\u201cmanzano\/cruz\u201d: \u201cEntiendo yo por el manzano el \u00e1rbol de la cruz, porque dijo en\notro cabo en los Cantares: debajo del manzano te resucit\u00e9\u201d (Conc 7,8). Fray\nJuan de la Cruz escribir\u00e1: \u201cDebajo del manzano: esto es, debajo del \u00e1rbol de la\nCruz, que aqu\u00ed es entendido por el manzano&#8230;\u201d (C\u00e1ntico 23,3: a continuaci\u00f3n,\nalega \u2013lo mismo que T\u2013 el verso \u201csub arbore malo suscitavi te\u201d: Cantares 8, 5).\nEn la misma l\u00ednea aleg\u00f3rica compondr\u00e1 T su poes\u00eda 19, dedicada al \u201c\u00e1rbol de la\nCruz\u201d, en una de cuyas estrofas canta: \u201cEs la Cruz el \u00e1rbol verde \/ y deseado \/\nde la esposa, que a su sombra \/ se ha sentado \/ para gozar de su Amado \/ el Rey\ndel cielo, \/ y ella sola es el camino \/ para el cielo\u201d. \u2013 En el mimo poema se\nampl\u00eda el simbolismo \u201c\u00e1rbol\/cruz\u201d: la cruz es \u201cpalma preciosa \/ donde ha\nsubido\u201d; \u201ces una oliva preciosa \/ la santa Cruz\u201d; \u201cla cruz es \u00e1rbol de vida \/ y\nde consuelo\u201d; es \u201ccamino deleitoso \/ para el cielo\u201d. Es posible que en ese\npoema teresiano a la Cruz haya influido la liturgia del Viernes Santo con el\nprecioso himno \u201cVexilla Regis prodeunt\u201d, que proclama la Cruz como \u201carbor\ndecora et fulgida\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Armas. \u2013&nbsp;El\nsimbolismo de la milicia espiritual (\u201carmas de justicia\u201d, \u201carmas de luz\u201d,\n\u201carmas no carnales\u201d, \u201clucha con los poderes espirituales del mal\u201d: Ef 6,\n12.16.17&#8230;) llega a Teresa desde san Pablo, muy probablemente a trav\u00e9s de la\nRegla carmelitana. En ella tambi\u00e9n es copioso el l\u00e9xico combativo, siempre en\nacepci\u00f3n figurada y espiritual: armas, lucha, bater\u00eda, artiller\u00eda, banderas,\ncastillo, guerra, capitanes, alf\u00e9rez, soldados, batalla, victoria. Suya es la\nconsigna dada a las lectoras carmelitas: \u201cencerradas, peleamos\u201d (C 3,5).\nAspecto combativo de la vida espiritual fuertemente presente en el Camino (cc.\n1.3.16 etc.), y en las Moradas. Armas espirituales.<\/p>\n\n\n\n<p>Aroma Olor.<\/p>\n\n\n\n<p>Ave f\u00e9nix. \u2013&nbsp;El\nmito del ave f\u00e9nix que cada cien a\u00f1os renace de las propias cenizas, tiene\nparcial acogida en el salmo 103, 5 (\u201ccomo un \u00e1guila se renovar\u00e1 tu juventud\u201d;\ncf Is 40,31). T ley\u00f3 probablemente el relato legendario en el Tercer Abecedario\nde F. de Osuna (tr. 16, c. 5), con su traslaci\u00f3n a lo espiritual. Pudo verlo\ntambi\u00e9n en alguna glosa del salterio. El mito se hab\u00eda convertido ya en s\u00edmbolo\nde la transformaci\u00f3n del hombre viejo en hombre nuevo (Ef 4,24). Pero ella lo\nha incorporado a su experiencia m\u00edstica. Por eso aparece por primera vez en el\nrelato de Vida. Para ella, la Eucarist\u00eda es el fuego que \u201cconsume el hombre\nviejo de faltas y tibieza y miseria, y a manera de c\u00f3mo hace el ave f\u00e9nix\n\u2013seg\u00fan he le\u00eddo\u2013 y de la misma ceniza, despu\u00e9s que se quema, sale otra, as\u00ed\nqueda hecha otra el alma&#8230; No parece es la que antes, sino que comienza con\nnueva puridad&#8230;\u201d Refrendado por la palabra interior: \u201cSu Majestad&#8230; me dijo: \u2018buena\ncomparaci\u00f3n has hecho, mira no se te olvide para procurar mejorarte\nsiempre\u2019&#8230;\u201d (V 39, 23). \u2013 El simbolismo reaparecer\u00e1 de nuevo en las Moradas:\naqu\u00ed es la palabra de Dios, surgida de lo interior del alma, la que hace crecer\nla centella que salta del \u201cbrasero encendido que es mi Dios\u201d. El \u00e9xtasis es\ncentella de fuego que, \u201cabrasada toda ella, como un ave f\u00e9nix, queda toda\nrenovada\u201d (M 6,4,3): pasaje que la autora retoc\u00f3 cuidadosamente y anot\u00f3 al\nmargen del aut\u00f3grafo. Cuando lo escribe, ya ha podido escuchar las glosas de\nfray Juan de la Cruz, que tambi\u00e9n utiliza el simbolismo del f\u00e9nix y lo\nconsignar\u00e1 en el C\u00e1ntico (1,17), si bien relacion\u00e1ndolo con el salmo 72,21-22.<\/p>\n\n\n\n<p>Azufre.\n\u2013&nbsp;Pertenece al l\u00e9xico simb\u00f3lico derivado de la Biblia. En general, los\nescritores sagrados lo mencionan como agente o como signo de los castigos\ndivinos (Ap 9.17-18; 14,10; Sal 11,6; G\u00e9n 19,24, recordado por Lc 17,29). De\nah\u00ed que en los escritos teresianos el olor de azufre se asocie a la presencia\ndel diablo. Luego de referir una aparici\u00f3n diab\u00f3lica, T anota c\u00f3mo otras\npersonas \u201cbien de creer&#8230;, olieron un olor muy malo, como de piedra azufre. Yo\nno lo ol\u00ed\u201d (V 31,6). \u00danica presencia de ese vocablo en los escritos teresianos.<\/p>\n\n\n\n<p>B\u00e1culo. \u2013&nbsp;Imagen\nfrecuente en los libros del A.T., con m\u00faltiples significados: apoyo, autoridad,\ncorrecci\u00f3n, pastoreo&#8230; Seg\u00fan Covarrubias, \u201csignifica apoyo y descanso\u201d, o bien\nayuda para caminar y para vivir. \u201cB\u00e1culo de nuestra vejez\u201d (Tob 5,23; 10,4). T\nune esa imagen a otro s\u00edmbolo b\u00edblico: \u201ccolumna\u201d. Dios es para ella \u201ccolumna y\nb\u00e1culo que me ha de sustentar, para no dar gran ca\u00edda\u201d (V 19,10).<\/p>\n\n\n\n<p>Banderas.\n\u2013&nbsp;Ense\u00f1a militar. Con clara funci\u00f3n simb\u00f3lica. Teresa acepta el simbolismo\ndel lenguaje popular. Quiz\u00e1s conozca la versi\u00f3n asc\u00e9tica de san Ignacio en los\nEjercicios espirituales, si bien nunca alude expresamente al tema de \u201clas dos\nbanderas\u201d. En una de sus visiones m\u00edsticas, relatadas al final de Vida, ve \u201ca\nlos de la Compa\u00f1\u00eda&#8230; en el cielo, con banderas blancas\u201d&nbsp;(38,15). Ella\nvive en su ciudad y en su familia intenso ambiente militar. Uno de sus\nhermanos, Lorenzo, es abanderado de las huestes que luchan contra Pizarro en la\nbatalla de I\u00f1aquitos. Por eso, en su pluma el simbolismo de la bandera adquiere\ngran realismo asc\u00e9tico-m\u00edstico. Con significado polis\u00e9mico. Y forma parte del\ngrupo simb\u00f3lico del \u201ccombate\u201d (lucha, armas, alf\u00e9rez, capit\u00e1n, soldados,\ncastillo, bater\u00eda, artiller\u00eda&#8230;).<\/p>\n\n\n\n<p>En Vida, las \u00faltimas\ngracias m\u00edsticas recibidas por ella, le han conferido m\u00edstica investidura de\nabanderada, habilitada para izar la bandera de la verdad en lo alto de la\ntorre: \u201caqu\u00ed se levanta ya del todo la bandera por Cristo, que no parece otra\ncosa sino que este alcaide de esta fortaleza se sube o le suben a la torre m\u00e1s\nalta a levantar la bandera por Dios. Mira a los de abajo, como quien est\u00e1 en\nsalvo. Ya no teme los peligros, antes los desea&#8230;\u201d (20,22). En el Camino, al\ngrupo de carmelitas lectoras se le asigna como ense\u00f1a la bandera de la pobreza\n(2,8), y en su calidad de contemplativas, a ellas les toca \u2013como al alf\u00e9rez de\nlos tercios\u2013 mantener alta la bandera sin armas para defenderse: misi\u00f3n de\ntestificar, pero en silencio (cf Po 29). Dedica uno de sus poemas a la bandera\nde la cruz&nbsp;: \u201cOh bandera en cuyo amparo \/ el m\u00e1s flaco ser\u00e1 fuerte&#8230;\u201d (Po\n18,1; cf Po 19 y 20).<\/p>\n\n\n\n<p>En el lenguaje\ncoloquial de las cartas, recupera el simbolismo del lenguaje popular (cta\n162,3: a Graci\u00e1n, del 13.12.1576; y a Mar\u00eda de san Jos\u00e9, cta 347,16, del\n4.7.1580). El pasaje m\u00e1s expresivo se halla en su pol\u00e9mica respuesta a la carta\ndel P. Juan Su\u00e1rez: \u201cDe este Rey somos todos vasallos. Plega a Su Majestad que\nlos del Hijo (=jesuitas) y los de la Madre (=carmelitas) sean tales que como\nsoldados esforzados s\u00f3lo miremos ad\u00f3nde va la bandera de nuestro Rey para\nseguir su voluntad&#8230;\u201d (cta 228,7, del 10.2.1578).<\/p>\n\n\n\n<p>Beso. \u2013&nbsp;Es una de\nlas im\u00e1genes que pasan de la poes\u00eda amatoria de la Biblia a la simbolog\u00eda\nespiritual de la Santa. En estricta dependencia del Cantar de los Cantares,\ncuyo primer poema comienza: \u201c\u00a1B\u00e9seme con beso de su boca! Son mejores que el vino\ntus amores\u201d, y que Teresa tom\u00f3 por lema de los cap\u00edtulos 1-3 de su libro\nConceptos o Meditaciones sobre los Cantares, traduci\u00e9ndolo seg\u00fan la versi\u00f3n de\nla Vulgata: \u201cB\u00e9seme el Se\u00f1or con el beso de su boca, porque m\u00e1s valen tus\npechos que el vino\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00f3lo en las cartas\nutilizar\u00e1 ese vocablo en su acepci\u00f3n no metaf\u00f3rica. En su acepci\u00f3n traslaticia,\nlo interpreta como beso de Dios al alma. No a la inversa. Pero es el alma quien\npide esta \u201calt\u00edsima petici\u00f3n\u201d (Conc 1,12).<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEstas palabras\nverdaderamente pondr\u00edan temor en s\u00ed, si estuviese en s\u00ed quien las dice, tomada\nsola la letra. Mas a quien vuestro amor, Se\u00f1or, ha sacado de s\u00ed, bien\nperdonar\u00e9is que diga esto y m\u00e1s, aunque sea atrevimiento\u201d (ib).<\/p>\n\n\n\n<p>El simbolismo del\nbeso, m\u00e1s que amor, \u201csignifica paz y amistad\u201d (ib). Hay \u201cbesos falsos\u201d, como el\nde Judas (2,13), que producen \u201cfalsa paz\u201d. En cambio, el beso del Se\u00f1or es\nfuente de paz profunda. Sella el estado de quietud y calma final de las\ns\u00e9ptimas moradas: efectos que \u201cda Dios cuando llega el alma a s\u00ed, con este\n\u00f3sculo de paz que ped\u00eda la Esposa, que yo entiendo se le cumple aqu\u00ed esta\npetici\u00f3n\u201d (M 7,3,13).<\/p>\n\n\n\n<p>En el tratadillo de\nlos Conceptos, Teresa termina su glosa pidiendo para s\u00ed misma este beso: \u201cPues,\nSe\u00f1or m\u00edo, no os pido otra cosa en esta vida, sino que me bes\u00e9is con beso de\nvuestra boca&#8230; Que no haya cosa que me impida pueda yo decir, Dios m\u00edo y\ngloria m\u00eda, con verdad que son mejores tus pechos y m\u00e1s sabrosos que el vino\u201d\n(3,15).<\/p>\n\n\n\n<p>Bodas. \u2013&nbsp;Vocablo\nempleado por Teresa \u00fanicamente en acepci\u00f3n figurada para expresar la relaci\u00f3n\nterminal (celeste) del hombre con Dios. Simple variante del rico simbolismo\nnupcial. De inspiraci\u00f3n evang\u00e9lica: deriva de la par\u00e1bola del Se\u00f1or que invita\na las bodas de su hijo (Mt 22). Desde esa par\u00e1bola, y sin citarla expresamente,\nT mantiene en continuidad una versi\u00f3n espiritual. \u2013 En Camino, hablando de la\nvida religiosa, exhorta a las lectoras a ser fieles esposas, en espera de las\nbodas eternas: \u201cnosotras, ya desposadas, antes de las bodas, que nos ha de\nllevar a su casa&#8230;\u201d (22,7: en la primera redacci\u00f3n hab\u00eda matizado: \u201cnosotras\nestamos desposadas \u2013y todas las almas por el bautismo\u2013, antes de las bodas y\nque nos lleve a su casa el desposado&#8230;\u201d CE 38,1). \u2013 En la Exclamaci\u00f3n 4,2, ora\npos s\u00ed misma, suplicando al Se\u00f1or la gracia de comparecer ante \u00c9l \u201ccon\nvestidura de bodas\u201d. \u2013 Lo mismo en los poemas festivos, compuestos para\ncelebrar la profesi\u00f3n religiosa de las j\u00f3venes carmelitas: la profesi\u00f3n es un\ndesposorio con Cristo, pero con sentido escatol\u00f3gico, porque es preparaci\u00f3n de\nlas \u201cbodas celestiales\u201d (Po 29; cf Po 30,1). \u2013 Al desarrollar en las Moradas el\ns\u00edmbolo nupcial en clave m\u00edstica, ya no parece inspirarse en la par\u00e1bola de las\nbodas, ni utiliza este vocablo.<\/p>\n\n\n\n<p>Bodega. \u2013&nbsp;En\nacepci\u00f3n figurada: \u00e1mbito del amor. Simbo\u00adlismo expresamente tomado del Cantar\nde los Cantares (2,4: \u201cllev\u00f3me el Rey a la bodega del vino\u201d). Dedicar\u00e1 al tema\nel cap\u00edtulo sexto de los Conceptos, que lleva por lema ese verso de los\nCantares: \u201cMeti\u00f3me el Rey en la bodega del vino y orden\u00f3 en m\u00ed la caridad\u201d (cf el\nc. 5,1). En las Moradas tambi\u00e9n explotar\u00e1 ese simbolismo para exponer el amor\nm\u00edstico. El vino es el amor. La bodega es el espacio de Dios y de su pura\ngratuidad: \u201cEsta entiendo yo es la bodega adonde nos quiere meter el Se\u00f1or\ncuando quiere y como quiere; mas por diligencias que nosotros hagamos, no\npodemos entrar. Su Majestad nos ha de meter y entrar El en el centro de nuestra\nalma\u201d (M 5,1,12; cf 5,2,12; 7,4,11). Pero el simbolismo de \u201cvino y bodega\u201d se\ndesarrolla m\u00e1s ampliamente en los Conceptos, que se internan tem\u00e1ticamente en\nel poema b\u00edblico de los Cantares, y donde extender\u00e1 la imagen a la \u201cborrachez\u201d\n(4, 3-4; 7,6), o la \u201cembriaguez\u201d (4, 4-5; 6,3-4; 7,5), \u201cemborrachar\/\nemborrachados\u201d (6,3; 7,5). \u2013 La importancia de ese simbolismo en los textos\nteresianos se debe al hecho singular de presentarse como eco y prolongaci\u00f3n del\npoema b\u00edblico.<\/p>\n\n\n\n<p>Brasero.\n\u2013&nbsp;Brasero de aromas es imagen con que T presenta a Dios y su acci\u00f3n en lo\nprofundo del alma. Pertenece al grupo \u201cfuego, llama, centella, calor\u201d. Probable\nreminiscencia b\u00edblica (Ap 8,4; Cant 3,6&#8230;: \u201chumo de aromas que asciende hasta\nDios\u201d; \u201ccolumna de humo que sube del desierto, como nube de incienso y de mirra\ny perfumes de mercaderes\u201d). En los escritos de T aparece \u00fanicamente en el\nCastillo, cuando la Santa ya ha escuchado largamente a fray Juan de la Cruz, en\nquien la imagen del fuego y de la fragancia de aromas es insistente, si bien \u00e9l\nno menciona el brasero (cf C\u00e1ntico 16,1; y glosando el texto de los Cantares,\nib 17,10).<\/p>\n\n\n\n<p>El brasero expresa\nsimb\u00f3licamente una de las experiencias m\u00edsticas que T tiene del hond\u00f3n de su\nalma: \u201centiende una fragancia, digamos ahora, como si en aquel hond\u00f3n interior\nestuviese un brasero adonde se echasen olorosos perfumes&#8230;; el calor y humo\noloroso penetra toda el alma, y aun hartas veces \u2013como he dicho\u2013 participa el\ncuerpo\u00bb\u201d(M 4,2,6). M\u00e1s adelante esa experiencia se ahonda y clarifica. Es Dios\ny su acci\u00f3n lo que se identifica con el brasero fragante, oculto en el hond\u00f3n\ndel alma. T lo relaciona con la herida de amor \u201cque parece le llega a las\nentra\u00f1as\u201d: \u201cEstaba pensando [yo] ahora que en este fuego encendido del brasero\nque es mi Dios saltaba alguna centella y daba en el alma, de manera que se\ndejaba sentir aquel encendido fuego&#8230; Par\u00e9ceme es la mejor comparaci\u00f3n que he\nacertado a decir\u201d (M 6,2,4). Experiencia que se sit\u00faa en el contexto de la\nfamosa \u201cherida del dardo\u201d referida en Vida 29,13.<\/p>\n\n\n\n<p>(Por esas fechas, o\npoco antes, daba ella consejos a su hermano Lorenzo sobre el uso del brasero y\nde las pastillas arom\u00e1ticas, confeccionadas por T y sus monjas, para afrontar\nel fr\u00edo del invierno abulense (cta 177, del 17.1.1577).<\/p>\n\n\n\n<p>Brazo. \u2013&nbsp;Imagen\nde probable reminiscencia b\u00edblica. Dicho de Dios, indica su poder o su fuerza\n(Lc 1,31; He 13,17). Presente, aunque raras veces, en los escritos de T:\n\u201cAlargad, Se\u00f1or, vuestro poderoso brazo, no se le pase la vida en cosas tan\nbajas\u201d (M 6,6,4: con alusi\u00f3n al paso del Jord\u00e1n o del Mar Rojo). M\u00e1s\nfrecuentemente indica \u201clos brazos amorosos de Dios\u201d (V 17,2; C 27,6, etc. \u201cLos\nbrazos del amor\u201d, Po 3). (En la biograf\u00eda de T hay un episodio realista,\nreiteradamente aludido en el epistolario del a\u00f1o 1578: la luxaci\u00f3n del brazo\nizquierdo en la Nochebuena de 1577, curado en mayo de 1578 gracias a la\ncurandera de Medina (cta 244, 4).<\/p>\n\n\n\n<p>B\u00fasqueda. \u2013&nbsp;La\nexhortaci\u00f3n b\u00edblica a la b\u00fasqueda del rostro de Dios o a la b\u00fasqueda del reino\n(en los Salmos o en el Evangelio) tiene eco en la experiencia m\u00edstica de\nTeresa. Acuciada por el sentimiento de la ausencia de Dios, repite el verso del\nsalmo 41,4: \u201cdiciendo y preguntando a s\u00ed misma \u00bfd\u00f3nde est\u00e1 tu Dios?\u201d (V 20,11).\nA\u00f1os despu\u00e9s, la palabra interior que le sugiere \u201cb\u00fascate en M\u00ed\u201d ocasiona el\nVejamen, en que participan fray Juan de la Cruz y otros amigos. Esa misma\npalabra interior inspirar\u00e1 poco despu\u00e9s el poema teresiano de la doble\nb\u00fasqueda: \u201cAlma, buscarte has en M\u00ed \/ y a M\u00ed buscarme has en ti\u201d. (Ver: B\u00fasqueda\nde Dios y Vejamen).<\/p>\n\n\n\n<p>Cabello. \u2013&nbsp;Imagen\ncl\u00e1sica del Cantar de los Cantares (4,9), cuyo simbolismo ha sido reelaborado\nfrecuentemente por los m\u00edsticos (cf san Juan de la Cruz: C\u00e1ntico 31). La Santa\nrecurre s\u00f3lo una vez a su simbolismo (C 16,2): la humildad \u201cle trajo del cielo\na las entra\u00f1as de la Virgen, y con ella [cpm la humildad] le traeremos nosotras\nde un cabello a nuestras almas\u201d. Quiz\u00e1s se halle un eco de ese simbolismo en M\n7,4,13: alusi\u00f3n a Mar\u00eda, que enjuga con sus cabellos los pies de Jes\u00fas (Lc\n7,37-38).<\/p>\n\n\n\n<p>Cadena. \u2013&nbsp;T\nretiene el simbolismo b\u00edblico de la cadena (Jer 28,10&#8230;; He 12,7), en sentido\nde esclavitud, prisi\u00f3n, privaci\u00f3n de libertad. As\u00ed, en su poema \u201cVuestra soy\u201d:\n\u201cSea Jos\u00e9 puesto en cadenas \/ o David sufriendo penas&#8230;\u201d Con igual fuerza en\nla Exclamaci\u00f3n 17,3: \u201cDichosos los que con fuertes grillos y cadenas de los\nbeneficios de la misericordia de Dios se vieren presos e inhabilitados para ser\npoderosos para soltarse&#8230;\u201d Ella misma, en lo hondo de su experiencia m\u00edstica,\nse sentir\u00e1 como \u201cpobre mariposilla, atada con tantas cadenas que no te dejan\nvolar lo que querr\u00edas&#8230;\u201d (M 6,6,4). En Vida y en Moradas tambi\u00e9n el pecado es\ncadena que esclaviza (M 7,1,4). El punto de honra \u201ces cadena que no hay lima\nque la quiebre, si no es Dios&#8230; Es una ligadura, para este camino, que yo me\nespanto el da\u00f1o que hace\u201d (V 31,20).<\/p>\n\n\n\n<p>C\u00e1liz \/ beber el\nc\u00e1liz. \u2013&nbsp;En la imaginer\u00eda b\u00edblica, \u201cbeber el c\u00e1liz\u201d equivale a aceptar y\nsoportar la tribulaci\u00f3n. Especialmente alusivo a la palabra de Jes\u00fas acerca de\nsu pasi\u00f3n (\u201cel c\u00e1liz que me da el Padre, \u00bfno lo he de beber?\u201d: Jn 18,11), o a\nla interrogaci\u00f3n prof\u00e9tica que \u00e9l mismo dirige a los hijos del Zebedeo (Mt\n20,22). T retiene ese simbolismo b\u00edblico, ya sea en la acepci\u00f3n gen\u00e9rica de\nbeber el c\u00e1liz de la tribulaci\u00f3n (Vejamen 1; y cta 38,1), ya sea tom\u00e1ndolo como\nunidad de medida en la capacidad de soportar la prueba (hay personas que \u201cno\nson para beber el c\u00e1liz\u201d: C 18,6), ya sea para compartirlo con Jes\u00fas mismo:\n\u201cTengo para m\u00ed que quiere el Se\u00f1or dar muchas veces&#8230; estos tormentos para\nprobar a sus amadores y saber si podr\u00e1n beber el c\u00e1liz y ayudarle a llevar la\ncruz, antes que ponga en ellos grandes tesoros\u201d (V 11,11). Lo repetir\u00e1 en M\n6,11,11 para indicar que el paso por la prueba \u201cdel c\u00e1liz\u201d es necesario para\nadentrarse en las moradas postreras del Castillo. (Del c\u00e1liz lit\u00fargico hablar\u00e1\nT en sus cartas: 123, 309, etc.).<\/p>\n\n\n\n<p>C\u00e1rcel. \u2013&nbsp;La\nimagen paulina del cuerpo humano, \u201ctaber\u00adn\u00e1culo\u201d (1 Cor 5,4) o prisi\u00f3n del\nesp\u00edritu (Fil 1,23; Rom 7,24: \u201cqui\u00e9n me librar\u00e1 de este cuerpo de muerte&#8230;\u201d)\ntiene amplio eco en los escritos de T, que a sus lectores los \u201cdesea ver\nsueltos de esta c\u00e1rcel de esta vida\u201d (V. 20,25; \u201cc\u00e1rcel tan tenebrosa\u201d: V\n32,5). A veces \u201cda un gran deseo de verse ya con Dios y desatado de esta\nc\u00e1rcel, como le ten\u00eda san Pablo\u201d (C 19,11). Como c\u00e1rcel y \u201catadura\u201d siente ella\nal cuerpo (V 32,13; E 1, 2), donde la \u201cencarcelada\u201d es el alma (E 6,2; 15,1),\nque por fin se ver\u00e1 liberada por la muerte, con la cual \u201cen un momento se ve el\nalma libre de esta c\u00e1rcel y puesta en descanso\u201d (V 38, 5). Es uno de los\nmotivos centrales del poema \u201cVivo sin vivir en m\u00ed\u201d: \u201cAy, qu\u00e9 larga es esta\nvida&#8230;, esta c\u00e1rcel y estos hierros \/ en que el alma est\u00e1 metida\u201d. En esa\nmisma estrofa aparece la imagen b\u00edblica de la vida \u201cdestierro\u201d. \u201cHierros\u201d y\n\u201cdestierro\u201d reaparecer\u00e1n en el poema \u201cCu\u00e1n triste es, Dios m\u00edo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Carne \/ esp\u00edritu.\n\u2013&nbsp;De esa antinomia paulina (G\u00e1l 5,17: \u201cla carne es contraria al esp\u00edritu\u201d,\nRom 8,1), Teresa retiene especialmente el simbolismo de aqu\u00e9lla, como parte\nmaterial del hombre, o su cuerpo o el \u201chombre viejo\u201d. (T. retiene el concepto\nde \u201chombre viejo\u201d: V 39,23; y el de \u201cvida nueva, libro nuevo\u201d: V. 23,1). Se\nhace eco, a su modo, del binomio del Ap\u00f3stol: en el \u201cvuelo de esp\u00edritu\u201d,\n\u201cparece que aquella avecica del esp\u00edritu se escap\u00f3 de esta miseria de esta\ncarne y c\u00e1rcel de este cuerpo\u201d (R 5,12). Conserva el simbolismo negativo: as\u00ed,\nel cap\u00edtulo 2\u00ba de los Conceptos \u201ctrata de la falsa paz que ofrecen al alma el\nmundo, la carne y el demonio\u201d (t\u00edt. y n. 14; cf V 5,9; 39); que no hay\n\u201cseguridad mientras vivimos en esta carne\u201d (V 39,20). M\u00e1s de una vez, en\nsentido positivo. De Jes\u00fas mismo recuerda la palabra de la oraci\u00f3n del Huerto:\n\u201cmirad que dice el buen Jes\u00fas&#8230; que la carne es enferma&#8230; Pues aquella carne\ndivina y sin pecado dice Su Majestad que es enferma, \u00bfc\u00f3mo queremos la nuestra\ntan fuerte&#8230;?\u201d (Conc 3,10). En sus visiones de la Humanidad de Cristo, T ve\n\u201csu carne glorificada\u201d (V 29,4).<\/p>\n\n\n\n<p>Cautiverio \/ prisi\u00f3n.\n\u2013&nbsp;El cautiverio en tiempo de T era un triste fen\u00f3meno de \u00e9poca. Ella est\u00e1\nal corriente. Pero la imagen del cautivo y el cautiverio tiene fuerte influjo\npaulino, tanto en su experiencia personal como en sus escritos. Es una imagen tupida\nde matices y variantes: cautividad del alma, prisionero y prisi\u00f3n, c\u00e1rcel,\nhierros, cadenas, encadenada, encarcelar, vivir sin libertad, tener el alma\naherrojada, sentirse vendida en tierra ajena&#8230; El poema 1\u00ba (\u201cVivo sin vivir en\nm\u00ed&#8230;\u201d) es una glosa al tema paulino de \u201calma prisionera del cuerpo\u201d, mientras\na la inversa el amor es \u201cprisi\u00f3n de Dios\u201d: \u201cEsta divina prisi\u00f3n \/ del amor en\nque yo vivo \/ hace a Dios mi cautivo \/ y libre mi coraz\u00f3n&#8230;\u201d En el poema 18,\n\u201cquien no os ama est\u00e1 cautivo \/ y ajeno de libertad\u201d. Prisi\u00f3n de amor es la\nclausura de los Carmelos (Po 30: \u201c&#8230;nuestro Esposo nos quiere en prisi\u00f3n&#8230;\u201d).\nLa verdadera libertad consiste en \u201ctener por cautiverio haber de vivir\u201d (V\n16,8). La m\u00e1s vibrante evocaci\u00f3n de san Pablo aparece en Vida 21,6, hablando\ndel amor m\u00edstico: \u201cTodo la cansa. Vese encadenada y presa. Entonces siente m\u00e1s\nverdaderamente el cautiverio que traemos con los cuerpos y la miseria de la\nvida. Conoce la raz\u00f3n que ten\u00eda san Pablo de suplicar a Dios le librase de\nella. Da voces con \u00e9l. Pide a Dios libertad&#8230; Anda como vendida en tierra\najena&#8230;\u201d (cf E 17,3).<\/p>\n\n\n\n<p>Centella \/ centellica.\n\u2013&nbsp;Imagen de probable origen b\u00edblico (Sap 3,7; 2,2; Ecl 42,23&#8230;). Presente\ny elaborada en la tradici\u00f3n espiritual cristiana (\u201cscintilla animae\u201d), y especialmente\nen la tradici\u00f3n carmelitana. Uno de los primitivos generales carmelitas,\nNicol\u00e1s \u201cG\u00e1lico\u201d, escribi\u00f3 un tratadillo titulado \u201cIgnea sagitta\u201d. M\u00e1s\nclaramente retorna esa imagen en el C\u00e1ntico Espiritual de san Juan de la Cruz\n(\u201cal toque de centella&#8230;\u201d). \u2013 En T la imagen de la centella se integra en el\ngrupo simb\u00f3lico del fuego (brasero, llama, fuego, saeta, dardo, inflamamiento,\nascua, hierro candente&#8230;). En Vida, la centella se identifica con la oraci\u00f3n\nde quietud, primer destello de las gracias m\u00edsticas: \u201cEs, pues, esta oraci\u00f3n\nuna centellica que comienza el Se\u00f1or a encender en el alma, de verdadero amor\nsuyo&#8230; Pues esta centellica puesta por Dios, por peque\u00f1ita que es, hace mucho\nruido&#8230;, comienza a encender el gran fuego que echa llamas de s\u00ed&#8230; del\ngrand\u00edsimo amor de Dios\u201d (V 15,4). En las Moradas reelaborar\u00e1 esa imagen a la\naltura de las moradas sextas: el brasero es Dios; de \u00e9l salta la centella que\n\u201cda en el alma\u201d y la abrasa en vivos deseos (6,2,4; 6,4,3; 6,7,11; y cf\n6,1,11). El mismo simbolismo aparece en Camino 28,8, a prop\u00f3sito de la oraci\u00f3n\nde recogimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Cielo emp\u00edreo.\n\u2013&nbsp;M\u00e1s que de la Biblia, la imagen del cielo emp\u00edreo procede de la\nmitolog\u00eda y filosof\u00eda cosmog\u00f3nica antigua: emp\u00edreo era la m\u00e1s alta de las\nesferas celestes, espacio del fuego puro y de los astros incorruptibles. En el\nlenguaje eclesi\u00e1stico pas\u00f3 a significar la \u201cmorada de la divinidad\u201d. Teresa lo\nevoca en las moradas supremas del Castillo, como s\u00edmbolo del fondo del alma,\nque Dios se reserva como morada: \u201c&#8230;estando el alma tan hecha una cosa con\nDios, metida en esta aposento de cielo emp\u00edreo que debemos tener en lo interior\nde nuestras almas&#8230;\u201d (M 6,4,8). \u201cEn metiendo el Se\u00f1or el alma en esta morada\nsuya, que es el centro de la misma alma, as\u00ed como dicen que el cielo emp\u00edreo\n\u2013adonde est\u00e1 nuestro Se\u00f1or\u2013 no se mueve como los dem\u00e1s, as\u00ed parece en los\nmovimientos de esta alma&#8230;\u201d (M 7,2,9). As\u00ed, en la idea que T tiene del alma\nhumana y del cosmos, aqu\u00e9lla reflejar\u00eda la estructura de \u00e9ste.<\/p>\n\n\n\n<p>Cielo (=firmamento).\n\u2013&nbsp;El cielo material es, en la Biblia y en T, imagen del Reino de los\ncielos (inmaterial). \u201cLos cielos cantan la gloria de Dios\u201d (salmo 18,2). A\nella, \u201cs\u00f3lo mirar el cielo recoge mi alma\u201d (V 38,6), y la hace elevarse a \u201clas\ncosas celestiales\u201d. En C 28,5 hablar\u00e1 de \u201ceste cielo peque\u00f1o de nuestra alma\u201d\n(cf M 7,1,3).<\/p>\n\n\n\n<p>Cierva. \u2013&nbsp;Imagen\nb\u00edblica conocida por Teresa, que reza asiduamente el salmo 41 (\u201cComo ans\u00eda la\ncierva las corrientes de agua&#8230;\u201d), y que conoce el conjuro del Esposo a las\nhijas de Jeresusal\u00e9n (\u201cpor las ciervas y las gacelas de los campos&#8230;\u201d: Cant\n2,7-8). De ellos ha pasado a la tradici\u00f3n espiritual la imagen de \u201cla cierva\nherida\u201d (cf san Juan de la Cruz, C\u00e1nt,1&#8230;). De los dos pasajes b\u00edblicos, en T\nprevalece el primero: la cierva se convierte en el s\u00edmbolo del alma de los\ngrandes deseos. En Vida 29,11 hace un precioso comentario del alma herida de\namor como la cierva del salmo: \u201c\u00a1Oh, qu\u00e9 es ver un alma herida! Que digo que se\nentiende de manera que se puede decir herida por tan excelente causa; y ve\nclaro que no movi\u00f3 ella por d\u00f3nde le viniese este amor, sino que del muy grande\nque el Se\u00f1or la tiene parece cay\u00f3 de presto aquella centella en ella que la\nhace toda arder. \u00a1Oh, cu\u00e1ntas veces me acuerdo, cuando as\u00ed estoy, de aquel\nverso de David: Quemadmodum desiderat cervus ad fontes aquarum, que me parece\nlo veo al pie de la letra en m\u00ed!\u201d De la bella imagen b\u00edblica, en el presente\npasaje T retiene especialmente las tres componentes: la herida, la sed, y el\nagua \u201cmedicina para tan subido mal\u201d. \u2013 En M 7,4,13, la cierva que ha llegado a\nlos torrentes de agua es s\u00edmbolo del alma que ha llegado a la saciedad final de\nlas s\u00e9timas moradas. En este \u00faltimo pasaje T asocia la imagen de la cierva, a\nun sartal de im\u00e1genes b\u00edblicas: el \u00f3sculo de la esposa, el tabern\u00e1culo de Dios,\nla paloma y la oliva de No\u00e9, dejando abierta esa serie simb\u00f3lica al restante\narsenal aleg\u00f3rico de la sagrada Escritura: \u201c\u00a1Qui\u00e9n supiera las muchas cosas de\nla Escritura que debe haber para dar a entender esta paz del alma!\u201d (M 7,3,13).<\/p>\n\n\n\n<p>Cilicio. \u2013&nbsp;Cilicio\ny ceniza son en la Biblia expresi\u00f3n t\u00edpica del gesto penitencial (Mt 11,21; Lc\n10,13). En los escritos de T no es met\u00e1fora ni s\u00edmbolo sino instrumento f\u00edsico\nde mortificaci\u00f3n corporal. Nunca lo menciona con relaci\u00f3n a s\u00ed misma o a sus\nmonjas. Lo regala y recomienda a su hermano Lorenzo, fervoroso aprendiz de vida\nespiritual: \u201cLe env\u00edo ese cilicio, que despierta mucho el amor\u201d, y humoriza:\n\u201cri\u00e9ndome estoy c\u00f3mo \u00e9l me env\u00eda confites, regalos y dineros, y yo cilicios\u201d\n(cta 177, del 17.1.1577). T admira a fray Pedro de Alc\u00e1ntara, que \u201chab\u00eda tra\u00eddo\nveinte a\u00f1os cilicio de hojadelata continuo\u201d (V 30,2), y no menos a Catalina de\nCardona, que tra\u00eda \u201ccilicios asper\u00edsimos\u201d (F 28,27). Pensando en su posibilidad\nde imitarla, \u201cseg\u00fan los deseos que me da el Se\u00f1or de hacer [penitencia]\u201d, oye\nen su interior esta palabra: \u201c\u00bfVes toda la penitencia que hace? En m\u00e1s tengo tu\nobediencia\u201d (R 23).<\/p>\n\n\n\n<p>Ciza\u00f1a. \u2013&nbsp;Imagen\nb\u00edblica que ha pasado al lenguaje com\u00fan (par\u00e1bola del trigo y la ciza\u00f1a: Mt\n13,24). Teresa recuerda su presencia en la vida de la Iglesia y, como el Evangelio,\natribuye su siembra a Satan\u00e1s (C 21,9). Lo mismo en su carta al P. General (cta\n271,5), hablando de la vida religiosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Clavo. \u2013&nbsp;El\nsimbolismo de los clavos tiene su origen en el realismo de la pasi\u00f3n de Jes\u00fas\n(Jn 20,25). Ya antes de la Santa, la liturgia y la hagiograf\u00eda hab\u00edan cargado\nde simbolismo los clavos con que fue crucificado (\u201cdulce ferrum, dulces\nclavos&#8230;!\u201d; \u201cclavo dexterae tuae\u201d), para convertirlos en arras m\u00edsticas del\ndesposorio del alma con \u00c9l. As\u00ed aparecen tambi\u00e9n en el m\u00edstico ritual de la\nexperiencia nupcial de Teresa. Lo escribe ella en la Relaci\u00f3n 35 (noviembre de\n1572), al referir la gracia de ingreso en el matrimonio m\u00edstico: \u201cDiome su mano\nderecha y d\u00edjome: \u2018mira este clavo que es se\u00f1al que ser\u00e1s mi esposa desde\nhoy&#8230;; de aqu\u00ed adelante&#8230; mirar\u00e1s mi honra como verdadera esposa m\u00eda\u2019&#8230;\u201d No\nrecordar\u00e1 el simbolismo del clavo en el lugar paralelo de las Moradas 7,2,2. Ya\nantes hab\u00eda referido ella una visi\u00f3n de Jes\u00fas con las manos traspasadas por los\nclavos (V 39,1), visi\u00f3n igualmente acompa\u00f1ada de unas palabras de promesa. El\nsimbolismo del clavo pasar\u00e1 a la liturgia carmelitana de la Transverberaci\u00f3n de\nla Santa, e influir\u00e1 en la iconograf\u00eda barroca de la misma.<\/p>\n\n\n\n<p>Cordero de Dios.\n\u2013&nbsp;\u201cCordero de Dios\u201d es la presentaci\u00f3n de Jes\u00fas hecha por el Precursor (Jn\n1,29.36). Teresa retiene esa imagen b\u00edblica en Camino. \u201cSiempre que tornamos a\npecar lo ha de pagar este amant\u00edsimo cordero?\u201d (3,8; cf 33,4). La redacci\u00f3n\nprimera dec\u00eda en ambos pasajes \u201cmans\u00edsimo cordero\u201d: CE 4,2; 59,1. Lo repite\npo\u00e9ticamente en Po 11,1.<\/p>\n\n\n\n<p>Crisol. \u2013&nbsp;De la\nBiblia pasa a los textos teresianos la comparaci\u00f3n de \u201clos justos probados por\nDios\u201d, como el oro es acendrado en el crisol: \u201ccomo el oro se prueba en el\ncrisol, as\u00ed prueba el Se\u00f1or al justo\u201d (Sap 3,6: Prov 27,21; Ecl 2,5).\nProbablemente a ella le llega la imagen b\u00edblica a trav\u00e9s de la liturgia. El\nrecurso a la imagen del crisol y el oro es relativamente frecuente en su\nescritos. La enriquece con la nueva imagen del oro y los esmaltes y piedras\npreciosas. As\u00ed en Vida, hablando de la pena m\u00edstica por el sentimiento de\nausencia de Dios, escribe: \u201cMe dijo [el Se\u00f1or]&#8230; que en esta pena se\npurificaba el alma como el oro en el crisol, para poder mejor poner los\nesmaltes de sus dones, y que se purgaba all\u00ed lo que hab\u00eda de estar en\npurgatorio\u201d (V 20,16; cf 30,14; Conc 6,10; M 4,2,8).<\/p>\n\n\n\n<p>Dardo. \u2013&nbsp;Imagen\nde origen b\u00edblico, relacionado con las im\u00e1genes de la \u201cherida\u201d (\u201cvulnerasti cor\nmeum\u201d: Cant 4, 9), y del \u201cfuego\u201d (\u201csaetas con carbones de fuego\u201d: salmo 119,4;\ny otros salmos). En los escritos de T aparece siempre como exponente del amor\nm\u00edstico: \u201csaeta de fuego\u201d (M 6,11,2), \u201cflecha enherbolada\u201d (\u201chiri\u00f3me con una\nflecha enherbolada de amor\u201d: Po 3), disparada desde lo hondo del alma: \u201chay en\nlo interior quien arroje estas saetas y d\u00e9 vida a esta vida\u201d (M 7,2,6).<\/p>\n\n\n\n<p>El pasaje m\u00e1s\nexpresivo y famoso es el relato de la llamada gracia del dardo, a manos del\nquerub\u00edn: \u201cun dardo de oro largo, y al fin del hierro\u2026 un poco de fuego\u201d (V\n29,13). Imagen repetida en los lugares paralelos de M 6,2,4, (\u201csaeta\u201d que lleva\ntras s\u00ed las entra\u00f1as\u201d), y R 5,17 (\u201dherida\u201d y \u201csaeta\u201d en el coraz\u00f3n).<\/p>\n\n\n\n<p>Dechado. \u2013&nbsp;Es la\nversi\u00f3n del \u201cexemplar\u201d b\u00edblico, pero con matiz femenino. En el N. T. Jes\u00fas es\nel ejemplar absoluto (Heb 8,5; 9,23.24&#8230; \u201cExemplum dedi vobis&#8230;\u201d: Jn 13,15).\nTeresa hab\u00eda escrito de propia mano en el breviario la consigna de Jes\u00fas: \u201cdeprended\nde m\u00ed que soy manso y humilde\u201d. Y tanto en Camino (2,1) como en Moradas\n(1,2,2&#8230;; 7,4,8) reitera el lema: \u201c\u00a1los ojos en vuestro Esposo!\u201d Ella retiene\nel uso popular del vocablo \u201cdechado\u201d, que es \u201cel exemplar de donde la\nlabrandera saca alguna labor\u201d (Covarrubias, s.v.). \u201cEl dise\u00f1o que hace el\nbordador entre las labranderas se llama dechado\u201d (ib s.v. \u201cmuestra\u201d, p. 818).\nPara ella, el dechado es Cristo: \u201cMirando su vida, es el mejor dechado\u201d (V\n22,7) \u201cVos sois nuestro dechado y maestro\u201d (C 36,5). Y en el lugar paralelo de\nMoradas: \u201cEs menester mirar a nuestro dechado Cristo\u201d (M 6,7,13). Obviamente,\nesa lecci\u00f3n cristol\u00f3gica de T, desborda la imagen del \u201cdechado\u201d y se ampl\u00eda en\nel concepto de imitaci\u00f3n, seguimiento, ejemplo, configuraci\u00f3n&#8230; (T desconoce\nel vocablo \u201cmodelo\u201d).<\/p>\n\n\n\n<p>Desierto.\n\u2013&nbsp;Imagen b\u00edblica de gran trascendencia en la espiritualidad cristiana. La\nexperiencia del desierto es una etapa intermedia y simb\u00f3lica en la historia del\nPueblo de Dios, despu\u00e9s de la esclavitud de Egipto y antes de la libertad de la\ntierra prometida. Para Teresa, el Carmelo y los ermita\u00f1os que en \u00e9l iniciaron\nla vida camelitana son fuente de inspiraci\u00f3n e imagen tipol\u00f3gica de la vida\nespiritual. Aparte el profeta El\u00edas, otros tipos de vida en el desierto son san\nJer\u00f3nimo y Mar\u00eda Magdalena (V 11,10 y 22,12). Y en general los grandes\nsolitarios del Yermo (conocidos por ella en Flos Sanctorum, en las Vitae Patrum\no en las Colaciones de Casiano: \u201cLos grandes santos que vivieron en los\ndesiertos\u2026 hac\u00edan graves penitencias y\u2026 ten\u00edan grandes batallas con el demonio\ny consigo mismos\u201d (R 36,1; cf V 7,22). Su admiraci\u00f3n por ellos llega a provocar\nen T una especie de emulaci\u00f3n. \u201cComenc\u00e9 a haber envidia de los que est\u00e1n en los\ndesiertos, pareci\u00e9ndome que como no oyesen ni viesen nada, estaban libres de\neste divertimiento\u201d (R 44), y todav\u00eda a la altura de las sextas moradas \u201cha\ngran envidia a los que viven y han vivido en los desiertos\u201d (M 6,6,3). Algo de\nese ideal pasa a su concepci\u00f3n de los nuevos carmelos: ser\u00e1n peque\u00f1os desiertos\nen plena ciudad; sus monjas ser\u00e1n \u201cermita\u00f1as\u201d (C 13,6), \u201ccomo nuestros Padres\nsantos pasados ermita\u00f1os, cuya vida pretendemos imitar\u201d (C 11,4). Y otro tanto\ndesear\u00e1 para la vida de los descalzos, iniciada por fray Juan de la Cruz (cta\n135,13).<\/p>\n\n\n\n<p>Ella misma, en la fase\next\u00e1tica de su vida m\u00edstica, por los a\u00f1os 1560-1572, vive esa experiencia de\ndesierto interior, en soledad y desolaci\u00f3n, con acuciante \u201cansia de ver a Dios,\ny aquel (=este) desierto y soledad le parece mejor que toda la compa\u00f1\u00eda del\nmundo\u201d (V 20,13; cf 20,10 y 24,4). Ansia de desierto y de fuga del mundo las\nrecordar\u00e1 en las moradas sextas, identificando esos sentimientos en san\nFrancisco de As\u00eds (\u201ccuando lo toparon los ladrones, que andaba por el campo\ndando voces, y les dijo que era pregonero del gran Rey\u201d) y en fray Pedro de\nAlc\u00e1ntara y \u201cotros santos que van a los desiertos por poder pregonar lo que san\nFrancisco, estas alabanzas de su Dios\u201d (M 6,6,11).<\/p>\n\n\n\n<p>Destierro.\n\u2013&nbsp;Tambi\u00e9n para T es convicci\u00f3n y t\u00f3pico la imagen paulina de la vida\npresente como destierro (2Cor 5,7; cf Heb 11,13; 1Pet 2,11). \u201cPasen como\npudieren este destierro, que harta malaventura es de un alma que ama a Dios&#8230;\u201d\n(V 11, 15). El cielo es \u201cnuestra verdadera tierra\u201d (V 38,6). \u201cSiento tanto\nverme en este destierro muchas veces&#8230;\u201d (V 21,7). Con el mismo contenido de\nexperiencia personal, cf E 14,2; 15,1; 17,4, etc. O bien, su c\u00e9lebre poema\nexperiencial: \u201c\u00a1Ay qu\u00e9 larga es esta vida \/ qu\u00e9 duros estos destierros&#8230;\u201d (Po\n2,3). Es mucho menos frecuente en la Santa la imagen de la vida-peregrinaci\u00f3n:\n\u201csomos ac\u00e1 peregrinos\u201d (V 38,6). Es probablemente un \u00e1pax teresiano, pero en un\ndenso contexto b\u00edblico: \u201cPorque si uno ha de ir a vivir de asiento a una\ntierra, esle gran ayuda, para pasar el trabajo del camino, haber visto que es\ntierra adonde ha de estar muy a su descanso, y tambi\u00e9n para considerar las\ncosas celestiales y procurar que nuestra conversaci\u00f3n sea all\u00e1 [Fip 3,20]\u201d\n(ib).<\/p>\n\n\n\n<p>Diluvio.\n\u2013&nbsp;Vocablo b\u00edblico con que T recuerda el desbordamiento del r\u00edo Arlanz\u00f3n\n(23.5.1582), apenas hab\u00eda fundado el Carmelo de Burgos (cta 452,2).<\/p>\n\n\n\n<p>Drag\u00f3n. \u2013&nbsp;En la\nBiblia designa frecuentemente al demonio (Ap 12, 3-4&#8230;). Tambi\u00e9n T lo llama\nas\u00ed: \u201cespantoso drag\u00f3n\u201d (V 14,11).<\/p>\n\n\n\n<p>Esclavo \/ siervo.\n\u2013&nbsp;Teresa se hace eco del texto de Isa\u00edas sobre el Mes\u00edas, siervo de Yahw\u00e9\n(Is 50,4&#8230;). As\u00ed, en C 33,4: \u201cesto os enternezca el coraz\u00f3n, hijas, para amar\na vuestro Esposo, que no hay esclavo que de buena gana diga que lo es, y que el\nbuen Jes\u00fas parece que se honra de ello\u201d. Y m\u00e1s en firme al finalizar las\nMoradas: \u201cPoned los ojos en el Crucificado y har\u00e1seos todo poco&#8230; \u00bfSab\u00e9is qu\u00e9\nes ser espirituales de veras? Ser esclavos de Dios&#8230;, como El lo fue\u201d (M\n7,4,8). En el vocabulario teresiano, es corriente la expresi\u00f3n \u201csierva de\nDios\u201d, dicho de s\u00ed misma (\u201csierva de este Se\u00f1or y Rey\u201d: V 25,19; 15,6&#8230;), o\n\u201csiervos de Dios\u201d, dicho de los cristianos verdaderos (V 11,14&#8230;).<\/p>\n\n\n\n<p>Esponja. \u2013&nbsp;Imagen\ncomplementaria del ciclo simb\u00f3lico del agua, con sus m\u00faltiples variantes.\nAparece s\u00f3lo dos veces en los escritos teresianos. En ambos casos con funci\u00f3n\nautobiogr\u00e1fica, para expresar pl\u00e1sticamente la experiencia m\u00edstica que T tiene\nde la presencia de la Trinidad en su alma, o la de Dios en el cosmos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEsta presencia de las\nTres Personas\u2026 he tra\u00eddo hasta hoy presentes en mi alma\u2026 Se me represent\u00f3 como\ncuando en una esponja se incorpora y embebe el agua: as\u00ed me parece mi alma que\nse hench\u00eda de aquella divinidad, y por cierta manera gozaba en s\u00ed y ten\u00eda las\nTres Personas\u201d (R 18).<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cUna vez entend\u00ed c\u00f3mo estaba el se\u00f1or en todas las cosas y c\u00f3mo en el alma, y p\u00fasoseme comparaci\u00f3n de una esponja que embebe el agua en s\u00ed\u201d (R 45).<\/p>\n\n\n\n<p>Flecha. &#8211;<a>F<\/a> Como dardo y saeta, en acepci\u00f3n figurada (amor), reminiscencia del Cantar b\u00edblico. En los escritos de la Santa aparece sola una vez en el poema 3, glosando las palabras \u201cdilectus meus mihi\u201d (Cant 6, 2): \u201cHiriome con una flecha \/ enherbolada de amor \/ y mi alma qued\u00f3 hecha \/ una con su Criador\u201d. \u2019 Saeta y dardo.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente de agua viva.\n\u2013&nbsp;La simb\u00f3lica \u201cfuente de agua viva\u201d es frecuente en ambos Testamentos\ndesde el G\u00e9nesis (2,6), hasta el Apocalipsis (21,6). En T influye sobre todo la\npromesa de Jes\u00fas en Jn (4,14), tanto a nivel autobiogr\u00e1fico, como doctrinal.\n\u201cOh, \u00a1qu\u00e9 de veces me acuerdo del agua viva que dijo el Se\u00f1or a la Samaritana!,\ny as\u00ed soy muy aficionada a aquel Evangelio\u201d (V 30,19). Lo mismo en l\u00ednea\ndoctrinal en C 19,2, y M 6,11,5. En E 13,4, la fuente es Dios mismo: \u201c\u00a1Oh almas\nbien\u00adaventuradas!&#8230;, pues est\u00e1is tan cerca de la fuente, coged agua para los\nque ac\u00e1 perecemos de sed\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Gusano. \u2013&nbsp;Es una\nde las im\u00e1genes b\u00edblicas elevadas de rango al ser aplicada al Siervo de Yaw\u00e9h:\n\u201cego sum vermis et non homo\u201d (gusano y no hombre: salmo 21,7). Teresa aplica\nesa imagen a s\u00ed misma con inusitada humildad, especialmente al sentirse en\npresencia del Alt\u00edsimo: \u201c&#8230;pecadorcilla, gusanillo que as\u00ed se os atreve\u201d (C\n3,9). Se asombra de que Dios tenga \u201camor tan grande a un gusano tan podrido&#8230;\u201d\n(V 20,7), y a El mismo se lo confiesa, al tomar conciencia de la uni\u00f3n m\u00edstica:\n\u201c\u00a1Se\u00e1is alabado, oh regalo de los \u00e1ngeles, que as\u00ed quer\u00e9is levantar un gusano\ntan vil!\u201d (V 19,2. Reiterado en M 1,1,3; 5,4,10; 6,4,7.10; F 7,1; Conc\n1,10&#8230;).<\/p>\n\n\n\n<p>Hormiga. \u2013&nbsp;En la\nBiblia, la hormiga es imagen de la peque\u00f1ez y de la laboriosidad (Prov 6,6;\n20,25). Tambi\u00e9n T ve reflejado en la peque\u00f1ez de la hormiga el poder y saber de\nDios: \u201cen todas las cosas que cri\u00f3 gran Dios, tan sabio, debe haber hartos\nsecretos\u2026 en cada cosita que Dios cri\u00f3 hay m\u00e1s de lo que se entiende, aunque\nsea una hormiguita\u201d (M 4,2,2). A s\u00ed misma se ve ella como una \u201chormiguilla\u2026 que\nel Se\u00f1or quiere que hable\u201d (V 31,21): \u201c\u00a1Oh grandeza de Dios, c\u00f3mo mostr\u00e1is\nvuestro poder en dar osad\u00eda a una hormiga!\u201d, es decir, a T (F 2,7). De vuelta\nde su experiencia de lo divino, al verse enredada en las cosas de la tierra\n\u201ctodo me parec\u00eda un hormiguero\u201d (V 39,22).<\/p>\n\n\n\n<p>Huerto. \u2013&nbsp;Imagen\nde probable origen b\u00edblico. Por dos veces cita T el verso de los Cantares 5,1:\n\u201cVeniat dilectus meus in hortum suum\u201d (R 24 y 44). El hecho de alegar el texto\nen lat\u00edn denota cierta familiaridad de T con ese preciso verso del Cantar. Para\nella, el alma humana es \u201chuerto de Dios\u201d (\u201chortus conclusus\u201d: Cant 4,12).\nExpresa pl\u00e1sticamente la tesis de la inhabitaci\u00f3n: que Dios \u201cviene\u201d al huerto\ndel alma, y \u201cse deleita\u201d en ella. Quiz\u00e1s inspir\u00f3 en ese vers\u00edculo b\u00edblico su\nalegor\u00eda del \u201chuerto y las maneras de regarlo\u201d de Vida c. 11 y siguientes.<\/p>\n\n\n\n<p>De hecho ella misma\nafirm\u00f3 el dato autobiogr\u00e1fico: \u201cReg\u00e1lame esta comparaci\u00f3n, porque muchas veces\nen mis principios&#8230; me era gran deleite considerar ser mi alma un huerto, y al\nSe\u00f1or que se paseaba en \u00e9l\u201d (V 14, 9; y ya antes, 10,9). En su oraci\u00f3n de\nprincipiante, tambi\u00e9n sol\u00eda acogerse al \u201chuerto de Getseman\u00ed\u201d: \u201cEn especial me\nhallaba muy bien en la Oraci\u00f3n del Huerto. All\u00ed era mi acompa\u00f1arle\u201d (9,4). \u2013\n(Del simbolismo del huerto, elaborado por T, se tratar\u00e1 en la voz S\u00edmbolog\u00eda\nTeresiana).<\/p>\n\n\n\n<p>Jesucristo.\n\u2013&nbsp;Jes\u00fas en su existencia terrena y en la supervivencia gloriosa es para T\nun condensado de s\u00edmbolos: cordero de Dios, pastor, camino, verdad y amor\n(\u201ccapit\u00e1n del amor\u201d: C 6,9), maestro, libro vivo, esposo, se\u00f1or, rey,\nemperador, el crucificado, el dechado, el juez futuro, fuente de agua viva,\nvida, pan eucar\u00edstico, man\u00e1, siervo de Yaw\u00e9h&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Lago. \u2013&nbsp;En la\nBiblia es frecuente la figuraci\u00f3n del infierno como lago profundo (Is\n14,15.19&#8230; hasta Ap 14,19.20). Teresa ha podido leer esa imagen en los salmos\n(27,1; 29,4; 142,7). Ella la utiliza una sola vez, para designar el infierno,\n\u201caquel lago hediondo\u201d (E 11,1).<\/p>\n\n\n\n<p>L\u00e1mpara. \u2013&nbsp;En el Evangelio,\nla l\u00e1mpara encendida es s\u00edmbolo de la luz y las buenas obras (Mt 25: par\u00e1bola\nde las diez doncellas). \u2013 En T aparece todo el grupo sem\u00e1ntico del Evangelio:\nl\u00e1mpara, lamparilla, candela, candil, aceite, aceitera, luz&#8230; Para ella son\nim\u00e1genes cargadas de realismo, pues tanto en la Encarnaci\u00f3n como en los\nCarmelos posteriores el cuidado de la l\u00e1mpara o de la candileja durante la\nnoche conventual es de primera necesidad. Todav\u00eda al final de su vida lo\nencarga al Carmelo de Soria: \u201cSiempre, despu\u00e9s que salgan de maitines, se\nencienda una lamparilla que llegue hasta la ma\u00f1ana, porque es mucho peligro\nquedar sin luz&#8230;\u201d (Ap 17,15). \u2013 M\u00e1s importante es su recurso a la acepci\u00f3n\naleg\u00f3rica del Evangelio (Conc 2,5). Teresa dedicar\u00e1 un poema a glosar la\npar\u00e1bola de las diez doncellas: \u201cHermanas, porque vel\u00e9is&#8230; \u2013 En vuestra mano\nencendida \/ tened siempre una candela \/ y estad con el velo en vela&#8230; \/ Tened\nolio en la aceitera \/ de obras y merecer&#8230;\u201d (Po 25).<\/p>\n\n\n\n<p>Le\u00f3n. \u2013&nbsp;De\nsimbolismo t\u00f3pico. En la Biblia tiene significado polivalente. Como s\u00edmbolo del\nMes\u00edas (le\u00f3n de Jud\u00e1), aparece s\u00f3lo en los poemas de T: as\u00ed en el villancico\nnavide\u00f1o \u201cEste ni\u00f1o\u201d (Po 16) y en uno de los poemas a la Cruz (Po 18). En\ncambio, como s\u00edmbolo negativo (\u201cle\u00f3n y drag\u00f3n\u201d: salmo 90,13), aparece una sola\nvez en Vida 35,15, donde los \u201cleones\u201d temibles nos acechan en los peligros\nmundanos.<\/p>\n\n\n\n<p>Libro de la Vida.\n\u2013&nbsp;Esa imagen, reiterada en el Apocalipsis (19,9; 21,27&#8230;), es incorporada\npor T a una de sus exclamaciones en un contexto repleto de evocaciones\nb\u00edblicas: \u201cBienaventurados los que est\u00e1n escritos en el libro de la vida\u201d (E\n17,6). (El t\u00edtulo \u201cLibro de la vida\u201d, dado a su autobiograf\u00eda no se debe a la pluma\nde T).<\/p>\n\n\n\n<p>Llaga\/s. \u2013&nbsp;Con\nsimbolismo polivalente, tanto en la Biblia como en la simbolog\u00eda de Teresa.\nBien sean las llagas f\u00edsicas del Se\u00f1or, bien las simb\u00f3licas del propio esp\u00edritu\nde Teresa. La visi\u00f3n de las llagas de Jes\u00fas est\u00e1 muy presente en la experiencia\nm\u00edstica de ella (V 29,4; 39,1). De ah\u00ed su grito: \u201c\u00a1Oh fuentes vivas de las\nllagas de mi Dios, c\u00f3mo manar\u00e9is siempre con gran abundancia para nuestro\nmantenimiento&#8230;!\u201d (E 9,2). T siente la intensidad del amor como una llaga del\nalma, herida por la llama de Dios: \u201cEsta llaga de la ausencia del Se\u00f1or&#8230;\u201d(V\n29,10): en el contexto de la herida del dardo o transverberaci\u00f3n. Pero ella\nmisma advierte en un pasaje paralelo que \u00abeste dolor no es en el sentido, ni\ntampoco es llaga material, sino en lo interior del alma, sin que parezca dolor\ncorporal\u00bb (R 5,17; cf E 6,1). Tambi\u00e9n el pecado llaga al alma, y los\nsacramentos son \u201cmedicina y ung\u00fcento para nuestras llagas, que no las\nsobresanan sino que del todo las quitan\u201d (V 19,5).<\/p>\n\n\n\n<p>Luz. \u2013&nbsp;En la\nBiblia, luz es el factor f\u00edsico que indica o anuncia la presencia de la\ndivinidad. En el Evangelio, Jes\u00fas \u201ces la luz verdadera que ilumina a todo\nhombre\u201d (Jn 1,9). T cita la palabra de Jes\u00fas: \u201cYo soy la luz del mundo\u201d (Jn\n8,12: M 6,7,6). En los escritos de la Santa es de alta frecuencia el uso de la\nluz como imagen de la verdad. \u201cDar luz\u201d es hacer saber, tomar conciencia. Nos\ndan luz Dios (V 21,7; 25,19) o los letrados. \u201cEs gran cosa letras, porque\n\u00e9stas&#8230; nos dan luz\u201d (V 13,16). Pero es m\u00e1s caracter\u00edstico el simbolismo de la\nluz en la vida m\u00edstica. A veces T tiene experiencia de \u201cotra luz\u201d tan diversa\nde la de ac\u00e1, que no logra describirla. \u201cEs una luz tan diferente de las de\nac\u00e1, que parece una cosa tan deslustrada la claridad del sol que vemos, en\ncomparaci\u00f3n de aquella claridad y luz que se representa a la vista, que no se\nquerr\u00edan abrir los ojos despu\u00e9s&#8230; No se representa sol, ni la luz es como la\ndel sol; parece en fin luz natural, y estotra cosa artificial. Es luz que no\ntiene noche, sino que, como siempre es luz, no la turba nada&#8230;\u201d (V 28,5). Y de\nnuevo: \u201c&#8230;en s\u00f3lo la diferencia que hay de esta luz que vemos a la que all\u00e1 se\nrepresenta, siendo todo luz, no hay comparaci\u00f3n, porque la claridad del sol\nparece cosa muy desgustada. En fin, no alcanza la imaginaci\u00f3n, por muy sutil\nque sea, a pintar ni trazar c\u00f3mo ser\u00e1 esta luz&#8230;\u201d (V 38,2). En las moradas, la\nluz es progresiva, se acrecienta de morada en morada (M 1,2,14), mientras que\nel pecado es \u201ctinieblas tenebrosas\u201d. Una de las invocaciones de la Santa es:\n\u201cSe\u00f1or, dad ya luz a estas tinieblas\u201d (C 3,9). \u2013 Cf M. A. Pelligro, Luz y\nsombra en la vida y obra de Santa Teresa de \u00c1vila, Universidad de Connecticut\n1975.<\/p>\n\n\n\n<p>Man\u00e1. \u2013&nbsp;Manjar\nb\u00edblico, regalo de Yaw\u00e9h al pueblo en el desierto (E 16,31), que ten\u00eda en s\u00ed\ntoda clase de sabores (Sap 16,20). Teresa lo emplea en su doble acepci\u00f3n\naleg\u00f3rica: como don de Dios, y como manjar de sabor exquisito (C 10,4). Lo es\nla Eucarist\u00eda: \u201cSu Majestad nos dio este mantenimiento y man\u00e1 de la Humanidad,\nque le hallamos como queremos, y que si no es por nuestra culpa no moriremos de\nhambre; que de todas cuantas maneras quisiere comer el alma hallar\u00e1 en el\nSant\u00edsimo Sacramento sabor y consolaci\u00f3n\u201d(C 34,2). Glosa esta \u00faltima que\ndepende del texto sapiencial (Sap 16,20), constantemente aplicado por la liturgia\na la Eucarist\u00eda a partir del Evangelio de Juan (Jn 6,31-59). En las moradas\nm\u00edsticas \u201cllueve del cielo\u201d el verdadero man\u00e1 (M 2,1,7). Man\u00e1 exquisito es la\npalabra de Dios, especialmente la de los Cantares (Conc 5,2).<\/p>\n\n\n\n<p>Manzano\/ manzanas.\n\u2013&nbsp;Las dos im\u00e1genes, el \u00e1rbol y los frutos, son recordadas por T \u00fanicamente\ncomentando los pasajes respectivos del Cantar de los Cantares (2,5 y 8,5). En\nel librito de los Conceptos (caps. 5 y 7) comentar\u00e1 los versos: \u201csostenedme con\nflores y acompa\u00f1adme con manzanas&#8230;\u201d (6, 13 y 5,5); \u201csu fruto es dulce para mi\ngarganta\u201d (5,2); \u201casent\u00e9me a la sombra del (\u00e1rbol) que hab\u00eda deseado\u201d (5,2);\n\u201cdebajo del \u00e1rbol manzano te resucit\u00e9\u201d (7,8). \u2013 \u201cEntiendo yo por manzano el\n\u00e1rbol de la cruz&#8230;\u201d (7,8). \u2013 Su fruto es el Amado. O bien las virtudes:\n\u201cAcompa\u00f1adme con manzanas: dadme, Se\u00f1or, trabajos, dadme persecuciones&#8230;\nporque, como ya no mira su contento sino el contentar a Dios, su gusto es en\nimitar en algo la vida trabajos\u00edsima que Cristo vivi\u00f3\u201d (7,8). \u2013 La sombra del\nmanzano es \u201cel amparo del Se\u00f1or\u201d (5,3). \u201cAcu\u00e9rdome cuando el \u00e1ngel dijo a la\nVirgen sacrat\u00edsima, se\u00f1ora nuestra: \u2018la virtud del muy alto os har\u00e1 sombra\u2019.\n\u00a1Qu\u00e9 amparada se ve un alma cuando el Se\u00f1or la pone en esta grandeza&#8230;!\u201d\n(5,2). S\u00f3lo esta tercera imagen \u2013la sombra\u2013 pasar\u00e1 a otros escritos teresianos.\n\u2013 Uno de los poemas teresianos dedicados a la Cruz (Po 19), dedica una estrofa\na evocar el otro \u00e1rbol de los Cantares: la palmera del c. 7, 7-8.<\/p>\n\n\n\n<p>Mar. \u2013&nbsp;Aparte el\nt\u00f3pico simbolismo del mar y su oleaje, Teresa retiene de la Biblia tres o\ncuatro acepciones simb\u00f3licas del mar: a) el Mar Rojo (\u201cMar Bermejo\u201d, dice ella:\nc. 128, 4); b) el mar de Jes\u00fas (lago de Galilea); c) lo \u201cprofundo del mar\u201d de\nlos naufragios de Pablo; d) el mar en general.<\/p>\n\n\n\n<p>a) Teresa misma ha\ntenido una experiencia \u00edntima en el per\u00edodo en que su obra de fundadora parec\u00eda\nir a pique: \u201cVi una gran tempestad de trabajos, y que como los egipcios\npersegu\u00edan a los hijos de Israel, as\u00ed hab\u00edamos de ser perseguidos; mas que Dios\nnos pasar\u00eda a pie enjuto y los enemigos ser\u00edan envueltos en las olas\u201d (R 37,\nprobablemente de 1573). Cuando, por fin, se desata esa tormenta, Teresa relee\nla historia de Mois\u00e9s y \u201cel mar Bermejo&#8230;\u201d (cta 128,4: del 5.10.1576). Con\ndiversas alusiones que utilizan ese mismo lenguaje figurado (cta 284,4; M\n6,6,4).<\/p>\n\n\n\n<p>b) Del mar de Jes\u00fas,\nrecordar\u00e1 las dos escenas, cuyo simbolismo ella ha visto comentado por el\nCartujano: Jes\u00fas dormido mientras arrecia la tempestad (Mt 8,25), que ella\nadopta como motivo simb\u00f3lico cuando la comunidad de Sevilla est\u00e1 sometida a\ndur\u00edsima prueba: \u201cel buen Jes\u00fas las ayudar\u00e1, que aunque duerme en la mar,\ncuando crece la tormenta, hace parar los vientos\u201d (cta 284,3; y V 25,19; C\n35,5); y Jes\u00fas que tiende la mano a Pedro, cuando \u00e9ste duda y se hunde (Mt 14,\n29): escena de la que T retiene s\u00f3lo el valor simb\u00f3lico del gesto primero de\nPedro: de principiante, \u201cpensaba (yo) muchas veces que no hab\u00eda perdido nada\nsan Pedro en arrojarse en la mar, aunque despu\u00e9s temi\u00f3&#8230;\u201d (V 13,3; Conc 2,29).<\/p>\n\n\n\n<p>c) Al menos una\nevocaci\u00f3n del pasaje paulino de 2 Cor 11, 25: \u201cnoche y d\u00eda estuve en lo\nprofundo del mar\u201d. Teresa compara los dos Pablos: a Graci\u00e1n con el Ap\u00f3stol:\n\u201c\u00a1Oh, qu\u00e9 bien le vino a mi Pablo (=Graci\u00e1n) el nombre! Ya est\u00e1 muy levantado,\nya en lo profundo del mar. Yo le digo que hay bien de qu\u00e9 nos gloriar en la\ncruz de nuestro Se\u00f1or Jesucristo\u201d (cta 279) (eco de G\u00e1latas 6,14).\nEfectivamente Graci\u00e1n hab\u00eda descendido de su alto cargo de Visitador Apost\u00f3lico\na la pena de c\u00e1rcel (1578).<\/p>\n\n\n\n<p>d) En los escritos de\nla Santa, el \u201cmar tempestuoso\u201d es corrientemente la vida humana: as\u00ed, en unos\nde sus poemas, \u201cAlegre pasa y muy gozoso \/ las ondas de este mar tempestuoso\u201d\n(Po 5; cf V 8,2 y al comienzo de las Exclamaciones: \u201c\u00bfqu\u00e9 te consuela, oh \u00e1nima\nm\u00eda, en este tempestuoso mar?\u201d E 1,1), si bien puede figurar tambi\u00e9n la\ninmensidad divina: \u201c&#8230;cu\u00e1ndo ser\u00e1 aquel dichoso d\u00eda que te has de ver ahogado\nen aquel mar infinito de la suma Verdad&#8230;\u201d (E 17,4).<\/p>\n\n\n\n<p>Margarita preciosa. \u2013 Del Evangelio pasan a los escritos teresianos las im\u00e1genes del \u201cReino\u201d: la margarita preciosa, la perla, el tesoro escondido, las piedras preciosas (Mt 13,44-45), que T traslada al reino del alma. En las Moradas, la contemplaci\u00f3n es la margarita preciosa, o el tesoro que buscaban los antiguos santos del Carmelo (M 5,1,2). Ya al comienzo de las Moradas, el alma del hombre es \u201cla perla oriental\u201d, en un contexto alusivo al Apocalipsis (M 1,2,1). Glosando el verso de los Cantares \u201ctoda hermosa eres, amiga m\u00eda\u201d, T presenta as\u00ed al alma enamorada: \u201cPar\u00e9ceme a m\u00ed que va Su Majestad esmaltando sobre este oro que ya tiene aparejado con sus dones&#8230; para ver de qu\u00e9 quilates es el amor que le tiene&#8230; Esta alma, que es el oro, est\u00e1se en este tiempo sin hacer m\u00e1s movimiento ni obrar m\u00e1s por s\u00ed que estar\u00eda el mismo oro; y la divina Sabidur\u00eda, contenta de verla&#8230;, va asentando en este oro muchas piedras preciosas y esmaltes con mil labores\u201d (Conc 6,10). M\u00e1s frecuentemente recurre a las joyas, como imagen de la gracia o del amor (V 10,5.6; 18,4; 28,13&#8230;; M 6,5,11; 6,9,2&#8230;).<\/p>\n\n\n\n<p>Monte. \u2013&nbsp;En los\nescritos teresianos apenas est\u00e1 desarrollado el simbolismo del monte, aun\ncuando ella haya le\u00eddo el libro de B. de Laredo Subida del Monte Si\u00f3n (nunca\nmenciona este \u00faltimo vocablo: V 23,12) y conozca el lenguaje espiritual de fray\nJuan de la Cruz. Ella menciona tres montes b\u00edblicos: Monte Carmelo (\u2019 Carmelo),\nMonte Tabor (R 36,1), y Monte Calvario (C 28,4). Al menos en una ocasi\u00f3n lo\nutiliza como imagen de la vida espiritual: \u201c&#8230;muchos quedan al pie del monte,\nque pudieran subir a la cumbre&#8230;\u201d (Conc 2,17).<\/p>\n\n\n\n<p>Morada\/s.\n\u2013&nbsp;Vocablo t\u00e9cnico y polivalente en los escritos teresianos. De inspiraci\u00f3n\nb\u00edblica. A veces retiene el significado evang\u00e9lico: \u201cmoradas\u201d en la casa del\nPadre celeste. Con m\u00e1s frecuencia indica los diversos estados o etapas del\ncamino espiritual. O bien, diversos niveles de interioridad en el simbolismo\ndel \u201ccastillo del alma\u201d. En el libro titulado \u201cCastillo Interior\u201d, indica las\nsiete secciones en que est\u00e1 dividido, desde las moradas primeras hasta las\ns\u00e9ptimas. Incluso pas\u00f3 a formar parte del t\u00edtulo de ese mismo libro, ya desde\nla primera edici\u00f3n de fray Luis de Le\u00f3n: \u201cCastillo Interior o las Moradas\u201d,\nep\u00edgrafe retenido por algunos editores modernos. Aqu\u00ed analizaremos \u00fanicamente\nel significado del t\u00e9rmino en este libro de la Santa.<\/p>\n\n\n\n<p>Origen b\u00edblico. Antes\nde redactar el \u201cCastillo Interior\u201d, las primeras menciones de las \u201cmoradas\u201d son\nalusivas a los correspondientes textos b\u00edblicos, dos especialmente: \u201cHay muchas\nmoradas en el cielo\u201d (Jn 14,2: V 13,13; C 20,1); y \u201chagamos aqu\u00ed tres moradas\u201d\n(episodio del Tabor, Mt 17,4: C 31,3; V 15,1). En la p\u00e1gina primera del\n\u201cCastillo\u201d, al plantear el simbolismo del libro, prevalecer\u00e1 el primero de esos\ndos pasajes evang\u00e9licos: \u201cEn el cielo hay muchas moradas\u201d (M 1,1,1). La autora\nmantendr\u00e1 as\u00ed el empalme con la tem\u00e1tica joannea de la \u201cmorada\u201d (mon\u00e9\/m\u00e9nein),\na base de una sencilla transposici\u00f3n simb\u00f3lica seg\u00fan la cual el alma humana\ncalca la estructura del cielo: en uno y otra \u2013cielo\/alma\u2013 hay muchas moradas,\npues \u201cnuestra alma es como un castillo&#8230; adonde hay muchos aposentos, as\u00ed como\nen el cielo hay muchas moradas\u201d (1,1,1; 1,1,3). Por ello, a la morada final le\nllamar\u00e1 \u201ccielo emp\u00edreo que debemos tener en lo interior de nuestras almas\u201d (M\n6,4,8; y 7,2,9, donde vuelve a establecer el paralelo entre cielo y alma humana).<\/p>\n\n\n\n<p>La acepci\u00f3n simb\u00f3lica.\nAnte todo, \u201cmorada\u201d es una fracci\u00f3n del gran s\u00edmbolo del \u201ccastillo del alma o\ncastillo interior\u201d: \u201cConsideremos que este castillo tiene muchas moradas, unas\nen lo alto, otras embajo, otras a los lados, y en el centro y mitad de todas\ntiene la m\u00e1s principal, que es adonde pasan las cosas de mucho secreto entre\nDios y el alma\u201d (1,1,3). El simbolismo b\u00e1sico del \u201ccastillo\u201d est\u00e1 integrado por\nuna serie de im\u00e1genes y sus correspondientes vocablos: cerca y arrabal, ronda y\npuerta de entrada, c\u00e1mara o palacio del rey, aposentos bajos y piezas altas,\ncielo emp\u00edreo de Dios, etc. Entre todos esos elementos prevalece el de\n\u201cmorada\u201d. De ella depende la estructura interior del castillo como s\u00edmbolo\nespacial del alma humana. Morada es, simb\u00f3licamente, espacio interior. La serie\nde moradas simboliza los diversos niveles de interioridad y profundidad en el\n\u00e1mbito del alma. Niveles din\u00e1micos, en que la vida de la persona se realiza m\u00e1s\no menos superficialmente, m\u00e1s o menos espiritualmente: desde la vida en la\n\u00f3rbita de lo sensible, hasta las vivencias hondas en puro esp\u00edritu. Seg\u00fan el\nesquema del libro, hay un \u00faltimo nivel, morada reservada a Dios en el centro\ndel castillo (1,2,8.14), o en el hond\u00f3n del alma (4,2,6), o en el esp\u00edritu del\nalma (7,2,10; 7,1,10-11): ah\u00ed, el alma es propiamente \u201csu morada\u201d de El\n(7,1,3). Es decir, ah\u00ed es donde la vida humana se realiza como pura relaci\u00f3n\ncon lo trascendente. En cierto modo, en el polo opuesto de nuestra primordial\nrelaci\u00f3n con la exterioridad sensible. Porque en el esquema simb\u00f3lico de T la\ninterioridad humana contiene la realidad divina, de suerte que tambi\u00e9n \u201cSu\nMajestad mismo sea nuestra morada\u201d (5,2,5).<\/p>\n\n\n\n<p>La acepci\u00f3n derivada.\nSobre ese simbolismo estructural construye T la acepci\u00f3n din\u00e1mica de morada. La\nvida espiritual es \u2013como toda vida\u2013 un proceso. Teresa lo ha jalonado en siete\nmoradas (siete etapas), que son meramente representativas de las infinitas\nsituaciones progresivas que vive el hombre: \u201cun mill\u00f3n\u201d, dir\u00e1 ella (1,2,12).\nCada morada marca un estadio del proceso\/progreso. Y cada una de ellas est\u00e1\ndise\u00f1ada a base de una terna de componentes: ante todo, la llamada o la gracia\ndel Se\u00f1or del castillo; de ella deriva una forma de vida dentro de \u00e9ste, un\ndeterminado estado \u00e9tico del hombre (efectos, virtudes&#8230;); y de ambas cosas,\nderivar\u00e1 un grado de relaci\u00f3n creciente entre Dios y hombre, que puede\ncoincidir con diversos grados o formas de oraci\u00f3n, desde los balbuceos del\n\u201csordomudo\u201d de las primeras moradas (2,1,2), hasta la oraci\u00f3n de uni\u00f3n en las s\u00e9ptimas.\nEn esa relaci\u00f3n rec\u00edproca, T destaca la alternancia de los dos dialogantes,\nDios y el hombre: tres moradas de intensa actividad humana; las cuatro\nrestantes, de neta receptividad y fuerte influjo divino. De ah\u00ed: tres primeras\nmoradas predominantemente asc\u00e9ticas; y cuatro moradas finales netamente\nm\u00edsticas. En un cierto punto del proceso, \u201cmanda Dios cerrar las puertas de\nestas moradas todas, y s\u00f3lo en la que El est\u00e1 queda abierta para entrambos\u201d\n(6,4,9).<\/p>\n\n\n\n<p>Nave, nao, navegar.\n\u2013&nbsp;S\u00edmbolo polis\u00e9mico en los escritos de T. Ella asume, al menos una vez el\nsimbolismo evang\u00e9lico de Jes\u00fas, dormido en la nave durante la tempestad (Mt\n8,23-27), y lo traslada a la presencia de Jes\u00fas en las borrascas de la Iglesia:\n\u201cYa, Se\u00f1or, ya: haced que se sosiegue este mar, no ande siempre en tanta\ntempestad esta nave de la Iglesia, y salvadnos, Se\u00f1or m\u00edo, que perecemos\u201d (C\n35,5). M\u00e1s frecuentemente recurre a la imagen de la nave para simbolizar el\nalma, propia o ajena, \u201cla navecica de nuestra alma\u201d. As\u00ed, por ejemplo, en el pasaje\nde M 6,5,3, cuajado de evocaciones b\u00edblicas: \u201cNo parece sino que aquel pilar de\nagua que dijimos&#8230; que con tanta suavidad y mansedumbre se hench\u00eda, aqu\u00ed\ndesat\u00f3 este gran Dios, que detiene los manantiales de las aguas y no deja salir\nla mar de sus t\u00e9rminos (Prov 8,29 y Job 38,8.10) los manantiales&#8230;; se levanta\nuna ola tan poderosa, que sube a lo alto esta navecica de nuestra alma&#8230;\u201d (y\nsigue una t\u00e1cita alusi\u00f3n al mismo pasaje de Mt 8,23). Esa imagen de la \u201cnao del\nalma\u201d reaflora en el puerto final de las Moradas 7,3,14: \u201ccomo una nao que va\nmuy demasiado de cargada&#8230;\u201d La misma imagen del alma navegando en calma o\nbogando entre borrascas hab\u00eda aparecido en Vida 30,19 y en Camino 28,5,\nsimbolizado el aspecto m\u00edstico de la vida espiritual.<\/p>\n\n\n\n<p>Ni\u00f1o\/s. \u2013&nbsp;La\nimagen del ni\u00f1o lactante o del ni\u00f1o en brazos de su madre abunda en la Biblia.\nEn el A.T., por ejemplo en el salmo 130,2, o en N\u00fam 11,12&#8230; M\u00e1s cercanos a la\nlectura de la Santa est\u00e1n los pasajes del Evangelio (Mt 18,3) y de san Pablo (1\nCor 3,1; 13,11; Ef 4,4; 1Tes 2,7&#8230;). En la liturgia del tiempo pascual,\ndomingo de \u201cQuasi modo\u201d, ella ha escuchado tantas veces las primeras palabras\ndel introito, tomadas de 1Pe 2,2: \u201ccomo ni\u00f1os reci\u00e9n nacidos&#8230; hambread la\nleche\u201d. Con todo, la imagen del ni\u00f1o en los textos teresianos parece m\u00e1s bien\nde inspiraci\u00f3n personal, desde la sensibilidad femenina de T. La usa para\nilustrar el fen\u00f3meno de la vida espiritual, por contraste: el ni\u00f1o crece, sin\nposible regreso de la juventud a la infancia (\u201cdespu\u00e9s que crece no torna a\ndescrecer\u201d), mientras que en la vida espiritual existe el riesgo constante de\nla involuci\u00f3n y el retroceso (V 15,12); o para indicar la desproporci\u00f3n que hay\nentre ciertos pesos de la vida y las d\u00e9biles espaldas del hombre (F 18,10), o bien\n\u201cel acelerado llorar de ciertos ni\u00f1os\u201d y los desmesurados fervores de ciertos\nmomentos de oraci\u00f3n, \u201cque parecen ahogar el esp\u00edritu\u201d (V 29,9). O la\nsuperficialidad con que a veces se vive la vida, como si fuese \u201cjuego de ni\u00f1os\u201d\n(V 21,9; C 20,4&#8230;).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la imagen m\u00e1s\nelaborada, en forma y en fondo, es la del \u201cni\u00f1o que a\u00fan mama, cuando est\u00e1 a los\npechos de su madre, y ella, sin que \u00e9l paladee, \u00e9chale la leche en la boca, por\nregalarle\u201d (C 31,9): imagen que ha sido recordada y matizada por T al menos en\ncuatro ocasiones sucesivas: En Vida 15,12, en Camino 31,9-10, en Conceptos\n4,4-5, y en Moradas 4,3,10. (Es interesante notar que la Santa a\u00f1adi\u00f3 de\nintento esa comparaci\u00f3n al final del Camino E para que se introdujese en el\ntexto del cap\u00edtulo correspondiente.) Se recurre a ella invariablemente para\nilustrar el ingreso en la oraci\u00f3n m\u00edstica, que T llama oraci\u00f3n de quietud o\nquietud de la voluntad. Con la estampa del ni\u00f1o \u201cque recibe el regalo de la\nleche y del\u00e9itase en \u00e9l, mas no tiene entendimiento para entender c\u00f3mo le viene\naquel bien&#8230;\u201d, a la Santa le interesa subrayar dos o tres aspectos\nfundamentales de la experiencia m\u00edstica inicial: el goce \u00edntimo del sujeto\n(\u201cgustos\u201d), la gratuidad de la infusi\u00f3n de amor, y su car\u00e1cter misterioso e\ninefable. Incluso, la ternura maternal de Dios, que sin m\u00e9ritos nuestros\nderrama su amor en el coraz\u00f3n del orante.<\/p>\n\n\n\n<p>Noche &#8211;&nbsp;\u201cNoche\u201d\nes un referente polis\u00e9mico pero frecuente, tanto en el A. T. (baste recordar\nlas noches del Exodo), como en el Evangelio (\u201cviene la noche, y ya no se puede\ntrabajar\u201d: Jn 9,4). En T el simbolismo de la noche no ha sido desarrollado como\nen san Juan de la Cruz. En ella es m\u00e1s bien ocasional y espor\u00e1dico. Es c\u00e9lebre\nsu evaluaci\u00f3n de la vida humana: \u201ctodo es una noche en mala posada\u201d (C 40,9,\npero hay que leerlo en su contexto). El curso c\u00edclico e imparable del amanecer\ny anochecer es para ella una imagen de la gratuidad de todo lo m\u00edstico (R 28,1;\nC 31,6). Las \u201ctinieblas tenebrosas\u201d en el Castillo designan \u201cel pecado en el\nalma\u201d (M 1,2,1), \u201cTinieblas oscur\u00edsimas\u201d o \u201cc\u00e1rcel tenebrosa\u201d, el infierno (V\n32,3.5. Cf M. L. H. Smitheram, The Symbol of Night in the\nWords of Santa Teresa de Jes\u00fas, Universidad de California, 1977).<\/p>\n\n\n\n<p>Nube. \u2013&nbsp;Imagen\nb\u00edblica, que en las teofan\u00edas (Sina\u00ed, templo, Tabor&#8230;) expresa la presencia de\nYaw\u00e9h. Ese mismo significado le da T. En la alegor\u00eda del huerto y el riego (V\n11,6), la \u201ccuarta agua\u201d o cuarta manera de riego es la lluvia que proviene de\nlas nubes del cielo con que \u201cla riega el Se\u00f1or sin trabajo ninguno nuestro\u201d (V\n11,7). \u201cPodemos creer que est\u00e1 con nosotros esta nube de la gran majestad ac\u00e1\nen la tierra\u201d (20,2). En ese mismo contexto m\u00edstico, \u201cviene un \u00edmpetu tan\nacelerado y fuerte, que veis y sent\u00eds levantarse esta nube o esta \u00e1guila\ncaudalosa&#8230;\u201d (V 20,3; y cf M 7,1,6 y Conc 5,4). Ver: Sol, sombra.<\/p>\n\n\n\n<p>Olio \/ oliva.\n\u2013&nbsp;Imagen de origen evang\u00e9lico. (Olio es voz po\u00e9tica: una sola presencia en\nel l\u00e9xico teresiano). Tomada de la par\u00e1bola de las diez doncellas (Mt 25). Uno\nde los poemas de T, dedicado \u00edntegramente a glosar la par\u00e1bola, dice: \u201cTened\nolio en la aceitera \/ de obras y merecer \/ para poder proveer \/ la l\u00e1mpara que\nno se muera\u201d (Po 25,5). Teresa glosa en sentido m\u00edstico la par\u00e1bola evang\u00e9lica\nde las diez v\u00edrgenes: el aceite (olio) son las virtudes y las buenas obras; la\naceitera es la vida religiosa; una y otra producen la luz que destella e\nilumine en torno. La Santa utiliza m\u00e1s frecuentemente el vocablo aceite. En el\npoema 19, dedicado a la cruz: \u201cEs una oliva preciosa \/ la santa cruz \/ que con\nsu aceite nos unta \/ y nos da luz. \/ Alma m\u00eda, toma la cruz \/ con gran\nconsuelo, \/ que ella sola es el camino \/ para el cielo.\u201d (Po 19,4). Aceite y\naceitera (o candil) manten\u00edan total realismo en el ambiente teresiano (cf\nApuntes, 17,15). Oliva, s\u00edmbolo de la paz, de origen b\u00edblico (G\u00e9n 8,11),\nmantiene ese simbolismo en M 7,3,13, para expresar la paz final del alma que se\nha adentrado en la fase del matrimonio m\u00edstico: \u201cAqu\u00ed halla la paloma que envi\u00f3\nNo\u00e9 a ver si era acabada la tempestad, la oliva, por se\u00f1al que ha hallado\ntierra firme dentro en las aguas y tempestades de este mundo\u201d. Teresa escribe\nnormalmente olio, tambi\u00e9n cuando habla del sacramento de la Unci\u00f3n de los\nenfermos (F 22,18). Olear es administrar el sacramento de la Unci\u00f3n (F 12,8;\n22,8 y Cartas).<\/p>\n\n\n\n<p>Olor. \u2013&nbsp;Los dos\nmotivos b\u00edblicos presentes en la imaginar\u00eda teresiana son: el Cantar de los\nCantares, y la fragancia de su huerto; y el pasaje de san Pablo en que elogia a\nla comunidad de Corinto por ser \u201cbuen olor de Cristo\u201d (2 Cor 2,15).<\/p>\n\n\n\n<p>Este texto paulino\nsubyace a la alegor\u00eda del \u201cjard\u00edn\u201d desarollada por T a partir de Vida 11. El\nhuerto es el alma (o el hombre). Toda su funci\u00f3n es producir flores y frutos\npara s\u00ed mismo y para el Se\u00f1or del huerto. Ante todo, flores: \u201cechar flores que\nden de s\u00ed gran olor para dar recreaci\u00f3n a este Se\u00f1or nuestro\u201d (11,6);\n\u201ccomienzan las flores y claveles a dar olor\u201d (14,9); as\u00ed, reiteradamente, hasta\nla afirmaci\u00f3n final: \u201cmientras m\u00e1s crece el amor y la humildad en el alma,\nmayor olor dan de s\u00ed estas flores de virtudes, para s\u00ed y para los otros\u201d\n(21,8). \u2013 El motivo de los Cantares es mucho m\u00e1s expl\u00edcito, especialmente en\nlos escritos tard\u00edos de la Santa: Conceptos y Castillo Interior. En los\nConceptos glosa expresamente el verso \u201ctus pechos&#8230;, que dan de s\u00ed fragancia\nde muy buenos olores\u201d, y \u201color m\u00e1s que los ung\u00fcentos muy buenos\u201d (t\u00edtulo del\ncap. 4, y texto. En el cap\u00edtulo siguiente glosar\u00e1 el tema de \u201clos frutos\u201d).\nTeresa pasa de la glosa a la autobiograf\u00eda: \u201cSi\u00e9ntese una suavidad en lo\ninterior del alma, tan grande, que&#8230; parece que todo el hombre interior y\nexterior conforta, como si le echasen en los tu\u00e9tanos una unci\u00f3n suav\u00edsima, a\nmanera de un gran olor&#8230; que nos penetra todos\u201d (4,2). Reanudar\u00e1 el tema al final\ndel librito, c. 7,3, glosando el verso \u201csostenedme con flores\u201d: \u201cDe otro olor\nson esas flores que las que ac\u00e1 olemos\u201d (cf tambi\u00e9n 7,7). El dato\nm\u00edstico-autobiogr\u00e1fico pasar\u00e1 a las Moradas. Tambi\u00e9n aqu\u00ed testificar\u00e1 T la\nexperiencia m\u00edstica de esa fragancia interior, desde los comienzos de la vida\npropiamente m\u00edstica: \u201cEntiende (el alma) una fragancia&#8230; como si en aquel\nhond\u00f3n interior estuviese un brasero adonde se echasen olorosos perfumes; ni ve\nlumbre ni d\u00f3nde est\u00e1; mas el calor y humo oloroso penetra toda el alma, y\naun&#8230; el cuerpo\u201d (M 4,2,6). Experiencia que se intensifica en las moradas\nsextas (6,2,8): el Se\u00f1or despierta al alma en lo interior, \u201cparece viene una\ninflamaci\u00f3n deleitosa, como si de presto viniese un olor tan grande, que se\ncomunicase por todos los sentidos&#8230; para dar a sentir que est\u00e1 all\u00ed el\nEsposo\u201d. (Con respecto al problema m\u00edstico de los sentidos interiores, si bien\nla Santa alude alguna vez a ellos (R 5,3), nunca lo hace con relaci\u00f3n a los\nolores).<\/p>\n\n\n\n<p>Es preciso recordar\nque desde los comienzos de su vida de oraci\u00f3n, a T la recogen los aromas: en\nlos primeros tan\u00adteos, \u201caprovech\u00e1bame a m\u00ed ver campo o agua, flores. (En el\npasaje paralelo de la R 1,11 completa: &#8230;agua, campos, flores, olores,\nm\u00fasicas&#8230;). En estas cosas hallaba yo memoria del Criador&#8230;, me despertaban y\nrecog\u00edan y serv\u00edan de libro\u201d (V 9,5).<\/p>\n\n\n\n<p>Oruga. \u2013&nbsp;Insecto\nque evoca al gusano que hizo secar el ricino de Jon\u00e1s en N\u00ednive (Jon 4,7). T lo\nrecuerda dos veces para simbolizar el \u201cpunto de honra\u201d (V 31,21) o ciertos\ndefectos secretos y arraigados (amor propio, propia estima, falta de caridad,\njuzgar al pr\u00f3jimo\u2026) que \u201cson gusanos que no se dan a entender hasta que, como\nel que roy\u00f3 la yedra a Jon\u00e1s nos han ro\u00eddo las virtudes\u201d (M 6,3,6).<\/p>\n\n\n\n<p>P\u00e1jaro solitario.\n\u2013&nbsp;Es la famosa imagen aleg\u00f3rica de san Juan de la Cruz (CB 14-15,24).\nTeresa no llega a esbozar algo remotamente parecido al texto sanjuanista. Con\ntodo, la imagen del p\u00e1jaro solitario tiene, en ella, la doble singularidad del\nempalme directo con la Biblia, y la cita excepcional en el lat\u00edn de la Vulgata,\nrecitado por ella en el oficio coral. La Santa recurre a la imagen del Salmo\n101 para simbolizar el \u201cextremo de soledad\u201d que la abruma (a ella o al m\u00edstico\nde la \u201ccuarta agua\u201d, y al salmista mismo), a causa de la ausencia de Dios,\npadecida y sentida como carencia de algo absolutamente necesario para vivir\n(especie de angustia como por falta de ox\u00edgeno para el alentar del esp\u00edritu).\nEl texto de la soledad se halla en Vida 20,10, y es sumamente expresivo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cCon esta comunicaci\u00f3n\ncrece el deseo y el extremo de soledad en que se ve, con una pena tan delgada y\npenetrativa que, aunque el alma se estaba puesta en aquel desierto, que al pie\nde la letra me parece se puede entonces decir (y por ventura lo dijo el Real\nProfeta estando en la misma soledad, sino que, como a santo, se la dar\u00eda el\nSe\u00f1or a sentir en m\u00e1s excesiva manera): Vigilavi et factus sum sicut passer\nsolitarius in tecto; y as\u00ed se me representa ese verso entonces que me parece lo\nveo yo en m\u00ed, y consu\u00e9lame ver que han sentido otras personas tan gran extremo\nde soledad, cu\u00e1nto m\u00e1s tales. As\u00ed parece que est\u00e1 el alma no en s\u00ed, sino en el\ntejado o techo de s\u00ed misma y de todo lo criado; porque aun encima de lo muy\nsuperior del alma me parece que est\u00e1\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Notemos de paso que T\nno ha escrito ese texto bajo la influencia de fray Juan de la Cruz, a quien,\npor esas fechas (1565), a\u00fan no conoc\u00eda. Ver: Soledad.<\/p>\n\n\n\n<p>Palma. \u2013&nbsp;En la\nacepci\u00f3n de palmera. Imagen tomada del Cantar de los Cantares. Para T simboliza\nel \u00e1rbol de la cruz. En Cant 7,7-8 la Vulgata traduc\u00eda: \u201cStatura tua assimilata\nest palmae&#8230; Dixi: ascendam in palmam et apprehendam fructus eius\u201d. Fray Luis\nde Le\u00f3n tradujo: \u201cEsta tu disposici\u00f3n semejante es a la palma, y tus pechos a\nlos racimos de la vid. Dije: subir\u00e9 a la palma y asir\u00e9 sus racimos&#8230;\u201d Teresa\nno coment\u00f3 esos versos en su librito de los Conceptos. En cambio en uno de los\npoemas dedicados a la Cruz, los glos\u00f3 en una estrofa: \u201cDe la cruz dice la\nEsposa \/ a su Querido \/ que es una palma preciosa \/ donde ha subido \/ y su fruto\nle ha sabido \/ a Dios del cielo \/ y ella sola es el camino \/ para el cielo\u201d (Po\n19, estrofa 3\u00aa). El poema dedicar\u00e1 otra estrofa a identificar la Cruz con \u201cel\n\u00e1rbol verde y deseado de la esposa\u201d de los Cantares (Cant. 2,3). \u2019 Arbol \/\nmanzano.<\/p>\n\n\n\n<p>Paloma. \u2013&nbsp;Teresa\nretiene el simbolismo b\u00edblico de la paloma. No parece inspirarse en los pasajes\nde los Cantares (2,10.14), ni siquiera en el pasaje de Vida 20,29, con posible\nalusi\u00f3n a Cant. 1,15. Hablando de la propia experiencia del vuelo m\u00edstico,\nevoca expresamente el salmo 54,7: \u201cV\u00e1lgame Dios, qu\u00e9 claro se ve aqu\u00ed la\ndeclaraci\u00f3n del verso, y c\u00f3mo se entiende ten\u00eda raz\u00f3n [el salmista] y la\ntendr\u00e1n todos de pedir alas de paloma&#8230;\u201d (V 20,24). Pero su experiencia\nm\u00edstica conecta m\u00e1s directamente con el Evangelio, en que la paloma simboliza\nal Esp\u00edritu Santo (Mt 3,16; Jn 1,32). As\u00ed aparece en alguna de sus gracias\nm\u00edsticas: \u201cVeo sobre mi cabeza una paloma, bien diferente de las de ac\u00e1&#8230;\u201d (V\n38,10-11), con rico simbolismo. \u201cOtra vez vi la misma paloma sobre la cabeza de\nun Padre de la Orden de santo Domingo&#8230;\u201d (ib12; cf M 7,3,13).<\/p>\n\n\n\n<p>Pan. \u2013 En la Biblia\ntiene simbolismo m\u00faltiple: \u201cpan del cielo\u201d es el man\u00e1 y la Eucarist\u00eda (Jn\n6,31), los \u201cpanes de la proposici\u00f3n\u201d son sagrados (Mt 12,4), los panes del\nmilagro de la multiplicaci\u00f3n (Jn 6) preparan el pan de la Eucarist\u00eda, \u201cpan de\nvida\u201d (Jn 6, 48)&#8230; Teresa adopta sobre todo este \u00faltimo simbolismo. Dedica un\nextenso comentario a la correspondiente petici\u00f3n del Padrenuestro (C 33-35),\nque ella interpreta no s\u00f3lo del alimento cotidiano, sino del sacramental: \u201cpan\nde cada d\u00eda\u201d, ser\u00e1 el pan de \u201cpara siempre\u201d en el cielo (34,1); el \u201cd\u00e1noslo\nhoy\u201d es \u201cpara un d\u00eda, mientras dure el mundo no m\u00e1s\u201d (ib). T es consciente de\nque bajo las especies de pan \u201cel Se\u00f1or est\u00e1 tratable\u201d (C 34,9). En la oraci\u00f3n\ndel principiante, \u201cel conocimiento propio es el pan con que todos los manjares\nse han de comer, por delicados que sean&#8230; y sin este pan no se podr\u00edan\nsustentar\u201d (V 13,15).<\/p>\n\n\n\n<p>Para\u00edso. \u2013&nbsp;En la\nBiblia tiene doble acepci\u00f3n: geogr\u00e1fica, el Ed\u00e9n (G\u00e9n 2-3), y figurada, lugar\nde delicias, cielo (Lc 23, 43; 2 Cor 12,4). En Teresa prevalece la acepci\u00f3n\nsegunda. Al fundar el Carmelo de San Jos\u00e9 asegura le dijo el Se\u00f1or \u201cque era\nesta casa para\u00edso de su deleite\u201d (V 35,12). A su modo lo repetir\u00e1 ella en\nCamino 13,7: \u201cesta casa es un cielo si le puede haber en la tierra&#8230;\u201d Tambi\u00e9n\nlo es, para Dios, el alma del hombre: \u201cpara\u00edso adonde dice El tiene sus\ndeleites\u201d (M 1,1,1; C 29,4 y Conc 6,3). Ya hacia el final de su vida,\nresidiendo en el Carmelo de Malag\u00f3n, escribe al de Sevilla: \u201cLa casa (de\nMalag\u00f3n) est\u00e1 como un para\u00edso\u201d (cta 330,16). \u2013 En cuanto a la acepci\u00f3n\n\u201cgeogr\u00e1fica\u201d (=para\u00edso terrenal), es singular el episodio que le ocurre con el\nte\u00f3logo Rodrigo \u00c1lvarez: parece que \u00e9ste pregunt\u00f3 a T si en sus visiones hab\u00eda\nlocalizado el para\u00edso. Le responde ella: \u201cLo que dice vuestra merced del agua,\nyo no lo s\u00e9, ni tampoco he entendido ad\u00f3nde est\u00e1 el para\u00edso terrenal\u201d (R 5,24).<\/p>\n\n\n\n<p><a>Saeta<\/a>. \u2013 Lo mismo que\ndardo, imagen b\u00edblica del grupo sem\u00e1ntico de la \u201cherida de amor\u201d, reminiscencia\ndel Cantar de los Cantares (4,9). La saeta es el amor (Conc 6,5). \u201cNo procede\nde nuestro natural&#8230; esta saeta de fuego\u201d (M 6,1,2), sino de lo muy interior,\npues \u201chay en lo interior quien arroje esta saeta y d\u00e9 vida a esta vida&#8230;\u201d (M\n7,2,6). Y \u201cllega a lo m\u00e1s vivo de las entra\u00f1as\u201d (V 29,10), pero cura lo mismo\nque ella hiri\u00f3 (E 16,2). A veces es saeta envenenada \u201ccon hierba para\naborrecerse a s\u00ed por amor de este Se\u00f1or, y perder\u00eda de buena gana la vida por\nEl\u201d (V 29,10). El Esp\u00edritu de Dios es como la saeta que \u201cpasa sin dejar se\u00f1al\u201d\n(cta 177,10).<\/p>\n\n\n\n<p>Sello. \u2013&nbsp;Imagen\nb\u00edblica, usada por san Pablo (Ef 1,13; 4, 30), e incorporada a la teolog\u00eda\ntradicional para designar el car\u00e1cter que imprimen ciertos sacramentos. No\nmenos ha influido en la tradici\u00f3n espiritual el pasaje de los Cantares:\n\u201cgr\u00e1bame como sello en tu brazo, como un sello en tu coraz\u00f3n, porque es fuerte\nel amor como la muerte\u201d (8,6). T ha comentado la \u00faltima parte de ese texto (E\n17,3). Pero al trasladar la imagen del sello al plano m\u00edstico para simbolizar\nla impronta que deja la uni\u00f3n m\u00edstica en el alma, invierte el simbolismo: no es\nella la sellada en el Amado, sino a la inversa, el rostro del Amado el que\nqueda \u201cimpreso\u201d en ella, en su memoria, o en su alma: \u201cquiere (Dios) que sin\nque ella (el alma) lo entienda, salga de all\u00ed sellada con su sello. Porque\nverdaderamente el alma all\u00ed no hace m\u00e1s que lacera cuando imprime otro el\nsello&#8230;\u201d (M 5, 2,12). En el plano autobiogr\u00e1fico, T reiterar\u00e1 la afirmaci\u00f3n de\nque la presencia de El se le \u201cimprime\u201d en el alma (V 27,5), le queda \u201cimprimida\nsu majestad y hermosura\u201d (V 28,9; 37,4), \u201cde tal manera queda impreso en la\nmemoria, que nunca jam\u00e1s se olvida\u201d (M 6,4,5). Puede ella, en cualquier\nmomento, volver los ojos de la mente a \u201cla imagen que tengo en mi alma\u201d (V\n37,4). \u2013 Un eco de ese simbolismo se halla en la carta confidencial de T a su\nhermano Lorenzo, a quien pide para sellar y lacrar las cartas el sello que ella\nemplea normalmente y que lleva el anagrama IHS, y as\u00ed dejar de hacerlo con el\nsello prestado en que figura el escorzo de una calavera: \u201cVenga mi sello, que\nno puedo sufrir el sellar con esta muerte (con la calavera), sino con quien\nquerr\u00eda que lo estuviese en mi coraz\u00f3n como en el de san Ignacio\u201d (cta 172,5).\nEl \u00faltimo inciso alude a la leyenda de san Ignacio de Antioqu\u00eda, de quien se\nrefiere que \u201cdespu\u00e9s de martirizado, le hallaron en su coraz\u00f3n impreso en\nletras de oro el nombre de Jes\u00fas\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Sol. \u2013&nbsp;S\u00edmbolo de\nDios en la Biblia como en otras religiones. \u201cSol de justicia\u201d (Mal 4,2) es el\nt\u00edtulo con que lo menciona T repetidas veces (V 20,19; 20,28; M 6,5,9;\n7,1,3&#8230;). Sol divino, \u201csol resplandeciente\u201d, que est\u00e1 en el centro del\ncastillo (centro del alma), d\u00e1ndole \u201cresplandor y hermosura\u201d (M 1,2,1 y 3).\nComo el \u00e1guila, el alma del m\u00edstico apenas logra llegar, poco a poco, a \u201cmirar\nde hito en hito\u201d a este \u201cdivino sol\u201d (V 20,28-29). Esa luz m\u00edstica es comparada\nrepetidas veces a la \u201cluz del sol\u201d, pero la de \u00e9ste es muy \u201cdesgustada\u201d en\ncomparaci\u00f3n de aqu\u00e9lla (V 38,2; cf 28,5; M 7,1,6). En plena experiencia\nm\u00edstica, T comprende que en el centro del alma \u201chay sol, de donde procede una\ngran luz que se env\u00eda a las potencias\u201d (M 7,2,6). Para decir que el alma en\ngracia m\u00edstica es como un sol, recuerda el texto de los Cantares (6,9): \u201c\u00bfQui\u00e9n\nes \u00e9sta que ha quedado como el sol?\u201d (Conc 6,11). \u2013 Es cl\u00e1sico el lema\nteresiano refiri\u00e9ndose al propio conocimiento: \u201cen pieza adonde entra el sol no\nhay telara\u00f1a escondida: ve su miseria\u201d (V 19,2).<\/p>\n\n\n\n<p>Sombra. \u2013 Imagen\ntomada del Cantar de los Cantares (2,3: \u201csent\u00e9me a la sombra del que deseaba\u201d).\nTeresa glosa ese verso en Conc 5 y 6, traslad\u00e1ndolo al plano m\u00edstico: amparo y\ndescanso del alma bajo la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo (Conc 5,5), como en la\nanunciaci\u00f3n de la Virgen Mar\u00eda (Lc 1,35: Conc 5,2 y 6,7). \u201cVenturosa el alma que\nmerece estar debajo de esta sombra&#8230;, sombra de la divinidad\u201d (Conc 5, 3-4).\nEn uno de sus poemas, ser\u00e1 \u201cla sombra de la cruz\u201d: \u201cEs la cruz el \u00e1rbol verde\/\ny deseado \/ de la Esposa, que a su sombra \/ se ha sentado \/ para gozar de su\nAmado, \/ el Rey del cielo, \/ y ella sola es el camino \/ para el cielo\u201d (Po 19).\nCf san Juan de la Cruz, Llama 3, 12-13.<\/p>\n\n\n\n<p><a>Sortija<\/a>. \u2013&nbsp;El simbolismo\nb\u00edblico del anillo llegar\u00e1 probablemente a T desde la escena del hijo pr\u00f3digo\n(Lc 15,22). En su vocabulario no aparece el vocablo \u2018anillo\u2019 (es un apax en la\nR. 38, ciertamente espuria), sino \u2018sortija\/sortijica\u201d, con su simbolismo\nnupcial: \u201c\u00bfQu\u00e9 esposa hay que recibiendo muchas joyas de valor de su esposo no\nle d\u00e9 siquiera una sortija&#8230;, por prenda que ser\u00e1 suya hasta que muera? Pues \u00bfqu\u00e9\nmenos merece este Se\u00f1or&#8230;?\u201d (C 23,2; cf CE 39,2). \u2019 Margarita.<\/p>\n\n\n\n<p>Tabern\u00e1culo.\n\u2013&nbsp;Tabern\u00e1culo era la tienda que serv\u00eda de santuario a los israelitas en el\ndesierto. M\u00e1s tarde, ocup\u00f3 la parte m\u00e1s sacra del templo. Templo y tabern\u00e1culo\nson los lugares de la presencia de Yahv\u00e9. Teresa traslada su simbolismo a las\nmoradas s\u00e9ptimas de su Castillo Interior. En lo hondo y sacro de esas moradas,\n\u201cse deleita (el alma) en el tabern\u00e1culo de Dios\u201d (M 7,3,13). \u201cPasa con tanta\nquietud y tan sin ruido todo lo que el Se\u00f1or aprovecha aqu\u00ed al alma y la\nense\u00f1a, que me parece es como en la edificaci\u00f3n del templo de Salom\u00f3n, adonde\nno se hab\u00eda de o\u00edr ning\u00fan ruido\u201d (M 7,3,11). El pasaje aludido se halla en el\nlibro primero de los Reyes 6,7: \u201cEl templo se construy\u00f3 con piedra labrada ya\nen la cantera; durante las obras no se oyeron en el templo martillos, hachas ni\nherramientas\u201d). Ambos textos se hallan en un contexto tupido de motivos\nsimb\u00f3licos tomados de la Biblia.<\/p>\n\n\n\n<p>Talento. \u2013&nbsp;Imagen\nb\u00edblica. De la par\u00e1bola de los talentos (Mt 25,14ss), Teresa retiene el vocablo\ny la lecci\u00f3n evang\u00e9lica. Talento era una moneda de alt\u00edsimo valor en la \u00e9poca\nde Jes\u00fas. Al asumirla El en la par\u00e1bola de los talentos, la convierte en\ns\u00edmbolo del c\u00famulo de bienes con que Dios agracia a cada hombre. A unos m\u00e1s, a\notros menos. A nadie deja a manos vac\u00edas. Con la consiguiente alternativa por\nparte del hombre, que o los hace producir m\u00e1s y m\u00e1s, o los entierra y los\nanula. Teresa recupera ese simbolismo y, como de ordinario en su lectura de las\npar\u00e1bolas evang\u00e9licas, lo traslada al plano m\u00edstico. Para ella, los \u201ctalentos\nde alt\u00edsimo valor\u201d son las gracias m\u00edsticas. En primer lugar, las que ella ha\nrecibido. Ante ellos se siente anonadada de responsabilidad. Se lo dice a Dios\nmismo, en un requiebro agradecido y algo desatinado: \u201cNo sea tanto el amor\n(vuestro), oh Rey eterno, que pong\u00e1is en aventura joyas tan preciosas\u2026 Parece\nque no s\u00f3lo se esconden los talentos, sino que se entierran en ponerlos en\ntierra tan astrosa\u201d (V 18,4). La \u201ctierra astrosa\u201d es el alma de Teresa. Las\njoyas y talentos, los dones m\u00edsticos que recibe. Ella desear\u00eda que esos dones\nse concediesen \u201ca quien m\u00e1s aproveche\u2026, porque crezca vuestra gloria\u201d (ib).<\/p>\n\n\n\n<p>En el mismo plano\nm\u00edstico, se lo inculca al disc\u00edpulo que ha sido agraciado con las primeras\nfulgurantes gracias de contemplaci\u00f3n (segunda agua o segundo grado de orar): a\nesas almas \u201cquerr\u00edalas mucho avisar que miren no escondan el talento, pues que\nparece las quiere Dios escoger para provecho de muchas otras\u2026\u201d (V 15,5).<\/p>\n\n\n\n<p>Tesoro. \u2013&nbsp;Imagen\nb\u00edblica, reiteradamente usada por Jes\u00fas en las par\u00e1bolas del reino. Tesoro era\nel c\u00famulo de riquezas, joyas y metal precioso, reunido por un privado o por el\nrey (tesoro del estado), o guardado en el templo. Jes\u00fas lo utiliza como s\u00edmbolo\nde los bienes del reino de los cielos, que es semejante a \u201cun tesoro escondido\nen el campo\u201d (Mt 13,44), o interiormente guardado en el coraz\u00f3n (Mt 6,21). Pero\na la vez propone el simbolismo inverso: da todas las riquezas que tienes, y\n\u201ctendr\u00e1s un tesoro en los cielos\u201d (Mt 19,21-22). Eso es \u201catesorar\u201d (Mt\n6,19-20). Seg\u00fan san Pablo, el dep\u00f3sito del verdadero tesoro ya no est\u00e1 en el\ntemplo, sino en Jes\u00fas, \u201cen quien residen todos los tesoros de sabidur\u00eda y\nciencia\u201d (Col 2,3).<\/p>\n\n\n\n<p>Teresa asume ese\nsimbolismo y lo introduce en su lenguaje ordinario. Prefiere darle sentido\nm\u00edstico. Como en el caso de otras im\u00e1genes evang\u00e9licas \u2013la perla, la preciosa\nmargarita, el talento, la moneda perdida, etc.\u2013 el tesoro son los dones de Dios\nal hombre, que introducen el reino de los cielos en lo interior de cada uno.\nComo prolongaci\u00f3n de la afirmaci\u00f3n de san Pablo, tambi\u00e9n ella se experimenta a\ns\u00ed misma como inmenso dep\u00f3sito de los tesoros de Dios. Es tesoro que se nos da,\nque lo ganamos o lo perdemos (V 10,6; 11,3); \u201cnunca acabaremos de ganar tan\ngran tesoro hasta que se nos acabe la vida\u201d (16,8).<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cGrandes tesoros de\nDios\u201d son las gracias m\u00edsticas. En un cierto momento de su vida, Teresa\ncomienza a tener experiencia de alma que guarda tesoros del cielo\u201d (V 19,3). Ha\nsido el Se\u00f1or quien ha \u201ccomenzado a abrir los tesoros para vuestra sierva\u201d (V\n19,7). Sabe que \u201csi no usamos bien del tesoro\u2026 nos lo tornar\u00e1 a tomar, y nos\nquedaremos muy m\u00e1s pobres\u201d (V 10,6), por eso casi se siente forzada a parar la\nmano dadivosa del supremo Dador: \u201cNo pong\u00e1is tesoro semejante adonde a\u00fan no\nest\u00e1, como hab\u00eda de estar, del todo perdida la codicia de consolaciones de la\nvida, que lo gastar\u00e1 mal gastado (V 18,4).<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n otras personas\nson aut\u00e9nticos tesoros de Dios: \u201ces un gran tesoro el que tienen all\u00e1 en ese\nsanto (que es fray Juan de la Cruz)\u201d (carta a Ana de Jes\u00fas: 277). Hay gran\ntesoro encerrado en las virtudes, en la obediencia (cf F 5,13), o en los\nsufrimientos llevados con amor (cf cta 284,1; 294,1). Los tesoros de la tierra\nson \u201casco y basura, comparados a estos tesoros que se han de gozar sin fin\u201d (M\n6,4,10).<\/p>\n\n\n\n<p>Velar (vigilancia).\n\u2013&nbsp;En el Evangelio, estar en vela es una de las consignas de Jes\u00fas,\nreiterada simb\u00f3licamente en las par\u00e1bolas de la vigilancia (Mt 24-25). T asumi\u00f3\nese simbolismo y lo glos\u00f3 po\u00e9ticamente en uno de sus poemas festivos: \u201cAqueste\nvelo gracioso \/ os dice que est\u00e9is en vela&#8230;\u201d (Po 25). Las seis estrofas del\npoema desgranan al detalle los elementos de la par\u00e1bola de las diez muchachas\n(Mt 25,1&#8230;): estar en vela, esperar al esposo, hasta la hora impensada, con la\nvela encendida, y el olio en la aceitera, o ir a comprarlo&#8230; \u2013 Ya en C 7,6\nhab\u00eda utilizado esos elementos simb\u00f3licos, citando expresamente la palabra\nevang\u00e9lica (Mt 26,41): \u201ces menester siempre velar y orar\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>V\u00edbora.\n\u2013&nbsp;Mantiene el simbolismo t\u00f3pico, presente en la Biblia (Mt 3,7; 23,33).\nEntre los elementos simb\u00f3licos del Castillo, las v\u00edboras son el prototipo de\n\u201clas cosas emponzo\u00f1osas\u201d que pueden pasar el \u201cfoso\u201d a las moradas inferiores (M\n1,2,14). En el fondo, la v\u00edbora simboliza al pecado, que tambi\u00e9n puede entrar y\nenvenenar lo interior del castillo: \u201cSi a uno lo muerde una v\u00edbora, se\nemponzo\u00f1a todo y se hincha: as\u00ed ac\u00e1 (al pecar)\u2026 Es menester muchas curas para\nsanar\u201d (2,1,5).<\/p>\n\n\n\n<p>Vino. \u2013&nbsp;De\nm\u00faltiples acepciones figuradas en la Biblia: indica alegr\u00eda, amor, vida,\npresagio del reino futuro, felicidad del reino&#8230; En los escritos teresianos,\nsu uso est\u00e1 muy vinculado a esa polisemia b\u00edblica. Pero fundamentalmente\nsimboliza el amor. En el \u00e9xtasis, el amor es tan fuerte que hace \u201cperderse de\ns\u00ed\u201d (V 18,13), como en la embriaguez (T usa tambi\u00e9n borrachez: Conc 4,3.4;\n7,6). A los grandes contemplativos el Se\u00f1or les da en mantenimiento \u201cvino de\namor\u201d, \u201cpara que, emborrachados, no entiendan lo que pasan y lo puedan sufrir\u201d\n(C 18,2). La Santa comentar\u00e1 extensamente el verso de los Cantares: \u201cllev\u00f3me el\nrey a la bodega del vino\u201d (Cant. 1,3: en Conc c. 4 y ss; y M 5,1,12; 5,2,8.12):\n\u201cDice que la meti\u00f3 en la bodega del vino&#8230; M\u00e9tela en la bodega para que all\u00ed\nm\u00e1s sin tasa pueda salir rica. No parece que el Rey quiere dejarle nada por\ndar, sino que beba conforme a su deseo y se embriague bien, bebiendo de todos\nesos vinos que hay en la despensa de Dios\u201d (Conc 6,3). De suerte que \u201c&#8230;en\neste tan subido amor de Dios, emborrachadas de aquel vino celestial, no se\nacuerdan&#8230;\u201d, como hicieron los m\u00e1rtires (7,5). T recordar\u00e1 tambi\u00e9n el vino de\nla Eucarist\u00eda (C 34,3).<\/p>\n\n\n\n<p>Yugo. \u2013&nbsp;Simple\nadopci\u00f3n de la imagen y el lema evang\u00e9lico: \u201cmi yugo es suave y mi carga ligera\u201d\n(Mt 11,30), para insistir en una de las caracter\u00edsticas de la vida espiritual\nseg\u00fan ella: \u201cla suavidad\u201d. \u201cEn todo se sirve a Dios. Suave es su yugo, y es\ngran negocio no traer el alma arrastrada, como dicen, sino llevarla con\nsuavidad\u201d (V 11,16). Por \u201csuavidad\u201d entiende ella lo contrapuesto a rigor,\ndureza, aspereza, como ser\u00edan \u201cpaz y quietud\u201d (M 4,2,4). La vida espiritual \u201cno\nha de ir a fuerza de brazos&#8230;, sino con suavidad\u201d (M 2,1,10; cf V 36,29).<\/p>\n\n\n\n<p>T. \u00c1lvarez<\/p>\n\n\n\n<p>Todos los derechos:&nbsp;<em>Diccionario Teresiano<\/em>,\nGpo.Ed.FONTE<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Utilizamos el t\u00e9rmino \u201csimbolog\u00eda\u201d en su acepci\u00f3n m\u00e1s amplia, para seriar la tupida red de im\u00e1genes que T extrae de la Biblia, sea ella consciente o no de la cantera de origen. 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