{"id":4520,"date":"2015-01-21T13:33:30","date_gmt":"2015-01-21T19:33:30","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4520"},"modified":"2022-01-21T13:34:57","modified_gmt":"2022-01-21T19:34:57","slug":"sequedad-es","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4520","title":{"rendered":"Sequedad\/es"},"content":{"rendered":"\n<h1>&#8230;  en la vida espiritual<\/h1>\n\n\n\n<p>Sequedad, en la vida\nespiritual, es el estado de \u00e1nimo en que la propia pobreza reduce en extremo el\nflujo psicol\u00f3gico de nuestra relaci\u00f3n con Dios. Esta pobreza espiritual tiene\nsu manifestaci\u00f3n m\u00e1s patente en los momentos de oraci\u00f3n personal, bien sea como\nimpotencia mental y afectiva en la meditaci\u00f3n, bien como experiencia extrema de\nla propia precariedad en las altas formas de oraci\u00f3n contemplativa. En los\ntextos teresianos, la sequedad espiritual se contrapone frecuentemente a la\nternura (V 4,2) o al don de l\u00e1grimas (V 11,9; 3,1), o a los consuelos,\n\u201ccontentos y gustos\u201d espirituales (M 4,1). No es incompatible con el fervor o\nel amor (\u201cfervor charitatis\u201d); al contrario, fervor y amor hacen m\u00e1s dolorosos\ny purificadores los estados de sequedad espiritual. M\u00e1s all\u00e1 de los momentos de\noraci\u00f3n puede afectar a todo el espectro de la vida espiritual, bien sea en el\nprincipiante, bien en el m\u00edstico. Aun sin llegar a la forma extrema de\ndesolaci\u00f3n, puede condicionar toda la gama de lo psicol\u00f3gico, lo teologal y lo\napost\u00f3lico. As\u00ed, en unos casos se tratar\u00e1 de una prueba pasajera. En otros, de\nuna componente de toda la religiosidad de la persona. \u2013 Aqu\u00ed resumiremos el\npensamiento de la Santa en tres apartados: 1) ella misma pas\u00f3 por la prueba de\nla aridez espiritual; 2) ense\u00f1a al principiante c\u00f3mo ha de comportarse en esos\nper\u00edodos; 3) a\u00fan a nivel m\u00edstico, los trances \u2013pasajeros o duraderos\u2013 de\nsequedad tienen funci\u00f3n purificadora y madurativa.<\/p>\n\n\n\n<p>1.&nbsp;La experiencia\nespiritual de Teresa misma. \u2013 No adoleci\u00f3 de sequedad ni de pobreza an\u00edmica la\nprimera experiencia espiritual de Teresa ni\u00f1a. Ella y Rodrigo, leyendo \u201cvidas\nde santos\u201d, se sienten conmovidos hasta prolongar \u201cmucho rato\u201d o \u201cmuchos ratos\u201d\nel eco de la lectura, dej\u00e1ndose invadir por el asombro (\u201cespant\u00e1banos mucho\u201d) y\n\u201cgustando\u201d a fondo de esa carga emotiva (V 1,4). El contrapunto de la sequedad\nsobreviene m\u00e1s tarde, al reanudar la pr\u00e1ctica de la oraci\u00f3n. Sufre ella una\ncierta atrofia emotiva y discursiva: \u201csi ve\u00eda a alguna tener l\u00e1grimas cuando\nrezaba&#8230;, hab\u00edala mucha envidia; porque era tan recio mi coraz\u00f3n en este caso,\nque, si leyera toda la Pasi\u00f3n, no llorara una l\u00e1grima. Esto me causaba pena\u201d (V\n3,1). Supera moment\u00e1neamente esa situaci\u00f3n al comenzar su vida religiosa: \u201cMud\u00f3\nDios la sequedad que ten\u00eda mi alma en grand\u00edsima ternura. D\u00e1banme deleite todas\nlas cosas de la religi\u00f3n&#8230;\u201d (V 4,2). Pero esa ternura, incluso acompa\u00f1ada ya\npor el don de l\u00e1grimas (V 4,7) fue pasajera. La subsiguiente jornada de\nsequedad, especialmente en la oraci\u00f3n, se prolong\u00f3 al menos 18 a\u00f1os:\n\u201c&#8230;dieciocho a\u00f1os pas\u00e9 este trabajo, y en estos grandes sequedades, por no\npoder discurrir\u201d (V 4,8: en la R 4,2, hablar\u00e1 de \u201c22 a\u00f1os con grandes\nsequedades\u201d). Ella misma describe con un par de pinceladas aquella su\nsituaci\u00f3n: \u201cmuy muchas veces, algunos a\u00f1os, ten\u00eda m\u00e1s cuenta con desear se\nacabase la hora que ten\u00eda por m\u00ed de estar (en oraci\u00f3n), y escuchar cu\u00e1ndo daba\nel reloj, que no en otras cosas buenas; y hartas veces no s\u00e9 qu\u00e9 penitencia\ngrave se me pusiera delante que no la acometiera de mejor gana que recogerme a\ntener oraci\u00f3n\u201d (V 8,7).<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan el c\u00f3mputo de T,\nesos 18 \u00f3 22 a\u00f1os de sequedad cesar\u00edan al comenzar ella la oraci\u00f3n m\u00edstica (V\n10,1). Es decir, la habr\u00edan acompa\u00f1ado desde los 20 a los 40 a\u00f1os, aproximadamente.\nPero a\u00fan posteriormente, ya en alta mar de oraci\u00f3n contemplativa, testifica\nella la existencia de intervalos de sequ\u00eda mucho m\u00e1s penosa. Lo veremos\nenseguida, al hacer un balance sumario de su vida espiritual. Ello nos\npermitir\u00e1 vislumbrar c\u00f3mo la contraprueba de las sequedades sirvi\u00f3 para\ntroquelar la vida espiritual de T<\/p>\n\n\n\n<p>2.&nbsp;Consignas de\nascesis en los trances de sequedad. \u2013 Al menos dos veces ha afrontado T\nexpresamente el tema de las sequedades. En Vida 11, al educar al aprendiz de\noraci\u00f3n. Y en las Moradas terceras, cuyo cap\u00edtulo 2\u00ba se titula: \u201c&#8230;trata de\nlas sequedades en la oraci\u00f3n&#8230; y c\u00f3mo es menester probarnos, y que prueba el\nSe\u00f1or a los que est\u00e1n en estas moradas\u201d. A ella no s\u00f3lo le resulta normal la\ninterferencia de las sequedades en los comienzos de la vida espiritual; sino\nque retiene absolutamente necesario prevenir al principiante acerca de ellas,\ninformarlo sobre la normalidad de su presencia y darle unas consignas pr\u00e1cticas\nsobre el modo de conducirse, duren lo que duraren. Teresa ha introducido ya en\nsu exposici\u00f3n el s\u00edmil del pozo y el huerto. El huerto es el orante. El pozo y\nel agua son los recursos de oraci\u00f3n. El agua de riego simboliza la fluidez y la\nternura que matizan la oraci\u00f3n del principiante. \u201cPues \u00bfqu\u00e9 har\u00e1 aqu\u00ed el que ve\nque en muchos d\u00edas no hay sino sequedad y disgusto y dessabor y tan mala gana\npara venir a sacar el agua&#8230; y el gran trabajo que es echar muchas veces el\ncaldero en el pozo y sacarle sin agua&#8230; Y muchas veces le acaecer\u00e1 aun para\nesto no se le alzar los brazos ni podr\u00e1 tener un buen pensamiento&#8230;\u201d (V\n11,10). La reiteraci\u00f3n del \u201cmuchas veces\u201d y \u201cmuchos d\u00edas\u201d debe insinuar al\nlector la absoluta normalidad de esa situaci\u00f3n. A la pregunta inicial \u201cPues\n\u00bfqu\u00e9 har\u00e1&#8230;?\u201d, responder\u00e1 enseguida.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes, nos interesa\nconocer el diagn\u00f3stico de esa situaci\u00f3n. \u00bfA qu\u00e9 se debe, o de d\u00f3nde proceden\nesas sequedades, las de la oraci\u00f3n o las de la vida? Para T es claro que en el\nfondo tienen su origen en el \u201ctrato con Dios\u201d. Son providenciales, puras\npruebas de \u00c9l, que no s\u00f3lo purifica la actitud del hombre que intenta\nacerc\u00e1rsele, sino que eleva a un plano de pureza y desinter\u00e9s gratuito la\nrelaci\u00f3n humana con \u00c9l. S\u00ed, para T es claro que en ocasiones nuestras\nsequedades pueden provenir de anomal\u00edas ps\u00edquicas o f\u00edsicas \u2013enfermedades y\n\u201cmelancol\u00eda\u201d\u2013: frecuentemente \u201cvienen de indisposici\u00f3n corporal, que somos tan\nmiserables, que participa esta encarceladita de esta pobre alma de las miserias\ndel cuerpo\u201d (V 11,15). M\u00e1s frecuentemente las sequedades proceden de la secreta\npretensi\u00f3n del orante, que quisiera quemar etapas, o bien imponer su propio\nritmo al progreso de su relaci\u00f3n con El, y \u201cno pueden poner a paciencia que se\nles cierre la puerta para entrar a donde est\u00e1 nuestro Rey, por cuyos vasallos\nse tienen y lo son\u201d (M 3,1,6). \u201cLo m\u00e1s ordinario vienen de aqu\u00ed las grandes\nsequedades en la oraci\u00f3n, aunque tambi\u00e9n hay otras causas. Y dejo (de lado)\nunos trabajos interiores, que tienen muchas almas buenas, (trabajos)\nintolerables y muy sin culpa suya&#8230; y de las que tienen melancol\u00eda y otras\nenfermedades\u201d (ib). \u201cOh humildad, humildad! No s\u00e9 qu\u00e9 tentaci\u00f3n me tengo en\neste caso, que no puedo acabar de creer a quien tanto caso hace de estas\nsequedades, sino que es un poco de falta de ella&#8230;\u201d (ib, 7).<\/p>\n\n\n\n<p>Las pautas que da la\nSanta frente a esta prueba espiritual se hallan resumidas en el cap\u00edtulo 11 de\nVida: \u201cTengo para m\u00ed que quiere el Se\u00f1or muchas veces al principio, y otras a\nla postre, estos tormentos y otras muchas tentaciones que se ofrecen, para\nprobar a sus amadores y probar si podr\u00e1n beber el c\u00e1liz, y ayudarle a llevar la\ncruz, antes que ponga en ellos grandes tesoros. Y para bien nuestro creo nos\nquiere Su Majestad llevar por aqu\u00ed, para que entendamos bien lo poco que somos\u201d\n(V 11,11). Por tanto, tambi\u00e9n las sequedades forman parte de la alta pedagog\u00eda\ndel Se\u00f1or en la concesi\u00f3n de sus gracias. \u201cDeterm\u00ednese, aunque para toda la\nvida le dure esta sequedad, no dejar a Cristo caer con la cruz\u201d (V 11,10), es\ndecir, acepte las sequedades como un modo de compartir la cruz de Cristo:\n\u201cay\u00fadele a llevarla, y piense que toda la vida vivi\u00f3 (\u00c9l) en ella\u201d (ib). A causa\nde las sequedades, \u201cno deje jam\u00e1s la oraci\u00f3n\u201d (ib). No pierda la paz: \u201ctorno a\navisar, que importa mucho que de sequedades ni de inquietud y distraimiento en\nlos pensamientos, no se apriete ni se aflija, si quiere ganar libertad de\nesp\u00edritu y no andar siempre atribulado\u201d (ib 17). Teresa extiende esas consignas\na todo el camino espiritual: \u201cEsto no lo digo tanto por los que comienzan&#8230;,\nsino por otros: que habr\u00e1 muchos que lo ha que comenzaron y nunca acaban de\nacabar. Y creo es gran parte este no abrazar la cruz desde el principio, que\nandar\u00e1n afligidos, pareci\u00e9ndoles no hacen nada: en dejando de obrar el\nentendimiento no lo pueden sufrir, y por ventura entonces engorda la voluntad y\ntoma fuerza, y no lo entienden ellos\u201d (ib 15).<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando la Santa\nescrib\u00eda esas consignas, conoc\u00eda casos en que las sequedades se hab\u00edan\nconvertido en peque\u00f1os atolladeros o quiz\u00e1s en aut\u00e9nticas depresiones. A esas\npersonas no duda en abrirles un horizonte de libertad. Llega a proponerles una\nopci\u00f3n extrema: dejar temporalmente la oraci\u00f3n o mudar la hora de hacerla. \u201cQue\nmuden la hora de oraci\u00f3n&#8230; Pasen como pudieren este destierro, que harta\nmalaventura es para un alma que ama a Dios ver que vive en esta miseria y que\nno puede lo que quiere\u201d. Obre \u201ccon discreci\u00f3n&#8230;: es bien ni siempre dejar la\noraci\u00f3n cuando hay gran distraimiento y turbaci\u00f3n en el entendimiento, ni\nsiempre atormentar el alma a lo que no puede\u201d (V 11,15-16).<\/p>\n\n\n\n<p>En el epistolario\nteresiano es posible espigar toda una serie de episodios pedag\u00f3gicos, en que la\nSanta imparte consignas concretas a quienes sufren la prueba molesta de las\nsequedades. Elegimos tres casos sumamente dispares: a) a su hermano Lorenzo,\nque de pronto ha pasado de los fervores a las sequedades, le responde: \u201cEn\nforma hab\u00eda deseado (yo) estos d\u00edas tuviese vuestra merced alguna sequedad, y\nas\u00ed me holgu\u00e9 harto cuado vi su carta, aunque esa no se puede llamar sequedad.\nCrea que para muchas cosas (la sequedad) aprovecha mucho\u201d (cta 185,5). b) A su\nsobrina Teresita, novicia en el Carmelo de San Jos\u00e9 de \u00c1vila, probada con las\nprimeras sequedades en la oraci\u00f3n, le escribe T: \u201cEn lo que toca a las\nsequedades, par\u00e9ceme que la trata ya nuestro Se\u00f1or como a quien tiene por\nfuerte, pues la quiere probar para ver el amor que le tiene, si es tan bien en\nla sequedad como en los gustos: t\u00e9ngalo por merced de Dios muy grande. Ninguna\npena le d\u00e9, que no est\u00e1 en eso la perfecci\u00f3n sino en las virtudes. Cuando no\npensare, tornar\u00e1 la devoci\u00f3n\u201d (cta 351, 2). c) A otra de sus novicias, Leonor\nde la M., que ha iniciado la vida carmelita con un gesto quiz\u00e1s heroico, T le\nda esta lecci\u00f3n: \u201cEn la (tentaci\u00f3n) que trae de parecerle anda desaprovechada,\nha de sacar grand\u00edsimo aprovechamiento; porque la lleva Dios como a quien tiene\nya en su palacio&#8230; Hasta ahora puede ser que tuviese m\u00e1s ternuritas, como\n(=porque) la quer\u00eda Dios ya desasir de todo, y era menester\u201d (cta 449,2). Y le\ncuenta a continuaci\u00f3n el episodio de las \u201csequedades\u201d de Marid\u00edaz, salpicadas\nde gracejo y sentido del humor.<\/p>\n\n\n\n<p>3.&nbsp;Sequedades en\nla vida m\u00edstica. \u2013 Dentro de la vida m\u00edstica sit\u00faa san Juan de la Cruz el\nestadio de la noche pasiva del esp\u00edritu. Santa Teresa, a su vez, es testigo\nexpl\u00edcito de que la vida m\u00edstica, tal como ella la vive y la codifica\ndoctrinalmente, no es un idilio sin fisuras. Tiene su flanco oscuro. No s\u00f3lo a\ncausa de la extra\u00f1a revivencia m\u00edstica de los pecados pasados, pero presentes y\nlacerantes en la memoria (M 6,7,1&#8230;; R 4,17). Sino por la interferencia de\nepisodios o de periodos de sequedad, mucho m\u00e1s profundos y dolorosos que los\nsufridos en etapas anteriores del camino espiritual.<\/p>\n\n\n\n<p>a) Los describe ella\npor primera vez al referir en Vida c. 30 su progreso en la experiencia m\u00edstica.\nYa los hab\u00eda anunciado al hablar de la eclosi\u00f3n beatificante de sus visiones\ncristol\u00f3gicas, como situaciones en que permite Dios \u201cque padezca el alma una\nsequedad y soledad tan grande, que aun entonces de Dios parece se olvida\u201d\n(28,9). A continuaci\u00f3n describir\u00e1 esa situaci\u00f3n con pinceladas que reflejan al\nvivo la dolorosa experiencia de quien ha pasado por ese vac\u00edo de Dios: de \u00c9l le\nqueda \u201cs\u00f3lo una memoria como de cosa que se ha so\u00f1ado\u201d (30,8). \u201cParec\u00edame yo\ntan mala, que cuantos males y herej\u00edas se hab\u00edan levantado me parec\u00eda eran por\nmis pecados\u201d (ib). Ese oscurecimiento \u00edntimo le dura a veces un solo d\u00eda, pero\n\u201cotras d\u00farame ocho y quince d\u00edas, y a\u00fan tres semanas, y no s\u00e9 si m\u00e1s, en\nespecial las Semanas Santas, que sol\u00edan ser mi regalo. Me acaece que coge de\npresto el entendimiento por cosas tan livianas a las veces, que otras me reir\u00eda\nyo de ellas, y h\u00e1cele estar trabucado&#8230;, y el alma aherrojada all\u00ed, sin ser\nse\u00f1ora de s\u00ed ni poder pensar otra cosa m\u00e1s que disparates&#8230;\u201d (30,11). Seguir\u00e1\nsobrecargando las tintas para describir esa situaci\u00f3n espiritual de absoluta\nimpotencia.<\/p>\n\n\n\n<p>b) M\u00e1s tarde, al\ncodificar en \u201cper\u00edodos\u201d o \u201cmoradas\u201d las etapas de la vida m\u00edstica, T colocar\u00e1\nesos intervalos de sequedad purificadora a la altura de las moradas sextas. No\ns\u00f3lo al ingresar en ellas, sino tambi\u00e9n en el punto de paso a la etapa final de\nlas moradas s\u00e9ptimas. \u201cVienen unas sequedades, que no parece que jam\u00e1s se ha\nacordado de Dios ni se ha de acordar, y que como una persona de quien oy\u00f3 decir\ndesde lejos, (as\u00ed) es cuando oye hablar de Su Majestad\u201d (M 6,1,8: est\u00e1\naludiendo al trance an\u00edmico relatado en la Relaci\u00f3n 15, \u201cPascua de Salamanca\u201d,\n1571). El paso a las s\u00e9timas moradas alzar\u00e1 por fin una barrera \u201ccasi\u201d infran\u00adquea\u00adble\na la irrupci\u00f3n de las sequedades: en las moradas finales, ya no tiene \u201cni\nsequedades ni trabajos interiores, sino una memoria y ternura con nuestro\nSe\u00f1or, que nunca querr\u00eda sino estar d\u00e1ndole alabanzas; y cuando se descuida, el\nmismo Se\u00f1or la despierta de la manera que queda dicho&#8230;\u201d (M 7,3,8). Lo\nreitera: \u201cEn esta morada&#8230; casi nunca hay sequedad ni alborotos interiores de\nlos que hab\u00eda en todas las otras a tiempos, sino que est\u00e1 el alma en quietud\ncasi siempre\u201d (ib 10). Los dos atenuantes \u201ccasi nunca\u201d y \u201ccasi siempre\u201d limitan\nla rotundidad de la afirmaci\u00f3n anterior. De hecho, en relatos y confidencias\nposteriores, enmarcadas en su per\u00edodo de \u201cmatrimonio espiritual\u201d, podemos\nsorprender a la Santa misma sufriendo m\u00e1s de una vez esa humillaci\u00f3n de la\npropia sequ\u00eda interior. As\u00ed, por ejemplo, al contar su viaje a la fundaci\u00f3n de\nSegovia, en compa\u00f1\u00eda de fray Juan de la Cruz, en 1574: \u201cfui con harta calentura\ny hast\u00edo y males interiores, de sequedad y oscuridad en el alma grand\u00edsima&#8230;,\nque lo recio me durar\u00eda tres meses\u201d (F 21,4). Nuevo par\u00e9ntesis, con \u201cocho d\u00edas\u201d\nde sequedad, dos a\u00f1os despu\u00e9s, como preparaci\u00f3n a una improvisa andanada de\narrobamientos que sobrevendr\u00e1n enseguida (cta 177,4). Y seguir\u00e1n salpicaduras\nm\u00e1s o menos intensas de sequedad hasta su postrer balance espiritual un a\u00f1o\nantes de morir (R 6,9).<\/p>\n\n\n\n<p>c) En todo caso, la\nevaluaci\u00f3n que hace ella de esos tr\u00e1nsitos espirituales del m\u00edstico por baches\nde aridez queda siempre resumido en la alternancia de la pobreza humana frente\na la gratuidad y abundancia de la gracia de Dios. Suma experiencia m\u00edstica de\nla propia pobreza, como terreno propicio para acoger la semilla de las mercedes\nm\u00edsticas. De suerte que en el plan de Dios, nunca las sequedades son pausas de\nr\u00e9mora o n\u00fameros negativos en el balance espiritual. Tambi\u00e9n ellas son\nmateriales de construcci\u00f3n. Sirven para fundamentar en lo hondo la elevaci\u00f3n\nhacia la altura.<\/p>\n\n\n\n<p>T. \u00c1lvarez<\/p>\n\n\n\n<p>Todos los derechos:&nbsp;<em>Diccionario Teresiano<\/em>,\nGpo.Ed.FONTE<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&#8230; en la vida espiritual Sequedad, en la vida espiritual, es el estado de \u00e1nimo en que la propia pobreza reduce en extremo el flujo psicol\u00f3gico de nuestra relaci\u00f3n con Dios. 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