{"id":4522,"date":"2015-01-21T13:36:07","date_gmt":"2015-01-21T19:36:07","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4522"},"modified":"2022-01-21T13:37:17","modified_gmt":"2022-01-21T19:37:17","slug":"seguridad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4522","title":{"rendered":"Seguridad"},"content":{"rendered":"\n<p>\u00abCerteza\u00bb y\n\u00abseguridad\u00bb fueron dos anhelos y a la vez dos problemas diversos e intensamente\nvividos por T. A causa, entre otros motivos, de los te\u00f3logos sus coet\u00e1neos. Se\ntrataba, por un lado, de \u00abla certeza de estar en gracia de Dios\u00bb, s\u00ed o no. Y\npor otro, de \u00abla seguridad de perseverancia final\u00bb o bien, de no pecar gravemente\nen lo futuro, s\u00ed o no. Ambos problemas ten\u00edan repercusi\u00f3n diversa en el \u00e1nimo\nde los te\u00f3logos, y en la vivencia espiritual de ella.<\/p>\n\n\n\n<p>Para los te\u00f3logos\nasesores suyos, como para todo creyente cat\u00f3lico, eran norma taxativa las dos o\nm\u00e1s declaraciones formales del reciente concilio de Trento, una sobre la no\ncerteza de la gracia, a no ser por revelaci\u00f3n especial; otra sobre la no\nseguridad absoluta de la propia perseverancia y subsiguiente salvaci\u00f3n eterna.\nAmbos decretos hab\u00edan sido formulados en la famosa sesi\u00f3n sexta (\u00abDe\niustificatione\u00bb) del Concilio el a\u00f1o 1547 y parec\u00edan se\u00f1alar una l\u00ednea\ndivisoria entre la fe cat\u00f3lica y la discrepancia protestante. Lo cual hac\u00eda al\ntema sensibil\u00edsimo en el medio ambiente teresiano.<\/p>\n\n\n\n<p>El Concilio hab\u00eda\nprescrito que \u00abninguno puede saber con certeza de fe \u2013en la que no puede haber\nenga\u00f1o\u2013 que ha conseguido la gracia de Dios\u00bb (sesi\u00f3n 6, c. 9). Y de nuevo:\n\u00abNinguno, mientras se mantiene en esta vida mortal, debe estar tan\npresuntuosamente persuadido del profundo misterio de la predestinaci\u00f3n divina,\nque crea por cierto ser seguramente del n\u00famero de los predestinados\u00bb (ib c.\n12). Y m\u00e1s lac\u00f3nicamente en el canon respectivo: \u00abSi alguno dijere, con\nabsoluta e infalible certidumbre, que ciertamente ha de tener hasta el fin el\ndon de la perseverancia, a no saber esto por especial revelaci\u00f3n, sea anatema\u00bb\n(ib canon 16).<\/p>\n\n\n\n<p>De rebote, ambos\ndecretos conciliares planteaban a T en el terreno pr\u00e1ctico de la vida un doble\nproblema serio, incluso angustioso: \u00bfEstaba ella cierta, s\u00ed o no, de que sus\ngracias m\u00edsticas eran de Dios? Lo cual no s\u00f3lo la forzaba al constante\ndiscernimiento entre el origen divino de su experiencia m\u00edstica, y el posible\norigen diab\u00f3lico de la misma, sino que adem\u00e1s la enfrentaba con la disyuntiva\nde sus momentos de absoluta certeca psicol\u00f3gica (\u00abya no pod\u00eda dudar\u00bb) y sus\nprolongadas situaciones de \u00abtemor y temblor\u00bb a que alude el Concilio. Vaiv\u00e9n\nan\u00edmico y doloroso entre certezas psicol\u00f3gicas e incertidumbres de fe.<\/p>\n\n\n\n<p>La Santa da fe de su\nangustia reiteradamente. Alguna vez, en t\u00e9rminos pat\u00e9ticos: \u00abAcu\u00e9rdome que me\ndio en aquellas horas de oraci\u00f3n aquella noche un afligimiento grande de pensar\nsi estaba en enemistad con Dios; y como no pod\u00eda yo saber si estaba en gracia o\nno (no para que yo lo desease saber, mas dese\u00e1bame morir por no me ver en vida\nadonde no estaba segura si estaba muerta, porque no pod\u00eda haber muerte m\u00e1s\nrecia para m\u00ed que pensar si ten\u00eda ofendido a Dios), y apret\u00e1bame esta pena;\nsuplic\u00e1bale no lo permitiese, toda regalada y derretida en l\u00e1grimas. Entonces\nentend\u00ed que bien me pod\u00eda consolar y estar cierta que estaba en gracia\u00bb (V 34\n10). Texto que fray Luis, en su primera edici\u00f3n, se apresura a remediar:\n\u00ab&#8230;consolar y confiar que estaba en gracia\u00bb (ed. pr\u00edncipe, p. 431).<\/p>\n\n\n\n<p>Es evidente el control\ndel centinela te\u00f3logo sobre la espontaneidad de la escritora m\u00edstica. Esa\npeque\u00f1a escaramuza entre los dos se repite ante afirmaciones similares acerca\nde la certeza de lo sobrenatural. Teresa deja constancia de sus temores en una\nde sus Relaciones, que el mismo fray Luis tanscribe as\u00ed, sin comentario alguno\n(las cursivas son m\u00edas): \u00abEstando un d\u00eda con temor de si estaba en gracia o no,\nme dijo [el Se\u00f1or]: Hija, muy diferente es la luz de las tinieblas. Yo soy\nfiel. Nadie se perder\u00e1 sin entenderlo. Enga\u00f1arse ha quien se asegurare por\nregalos espirituales. La verdadera seguridad es el testimonio de la buena\nconciencia. Mas nadie piense que por s\u00ed puede estar en la luz, as\u00ed como no\npodr\u00eda hacer que no viniese la noche natural. Porque depende de mi gracia&#8230;\u00bb\n(ed. pr\u00edncipe, p. 549. El pasaje editado por fray Luis no se salvar\u00e1 de las\ninmediatas acusaciones ante la inquisici\u00f3n. El te\u00f3logo delator se escandaliza\nde la afirmaci\u00f3n \u00abnadie se perder\u00e1 sin entenderlo\u00bb).<\/p>\n\n\n\n<p>Con todo, en el fondo,\nT est\u00e1 cierta de que el amor que se le infunde es \u00abmuy sobrenatural\u00bb (V 29,8).\nY aunque tarde, llegar\u00e1 a su esp\u00edritu una dilatada y permanente paz.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s complicado es el\nproblema segundo, acerca de la perseverancia final. En T sobrevive una doble\nconvicci\u00f3n. El Se\u00f1or le ha dicho en un momento solemne que ya nadie ser\u00e1 capaz\nde \u00abquitarte de m\u00ed\u00bb (R 35), y a esa palabra de El queda vinculada la gracia del\n\u00abmatrimonio spiritual\u00bb. Por otro lado, ella asegura que, mientras el llamado\ndesposorio espiritual es todav\u00eda quebradizo y reversible, en el \u00abmatrimonio\nespiritual\u00bb (estado de las moradas s\u00e9ptimas), Dios y el alma ya \u00abno se apartan,\nporque siempre queda el alma con su Dios en aquel centro&#8230; Como si cayendo el\nagua del cielo en un r\u00edo o fuente, adonde queda hecho todo agua, que no podr\u00eda\nya dividir ni apartar cu\u00e1l es el agua del r\u00edo, o lo que cay\u00f3 del cielo; o como\nsi un arroyico peque\u00f1o entra en la mar, no habr\u00e1 remedio de apartarse&#8230;\u00bb (M\n7,2,4).<\/p>\n\n\n\n<p>Y sin embargo, T es\nconsciente de que hasta el fin de su vida terrena perdura ese riesgo fatal de\n\u00abapartarse de Dios\u00bb. He aqu\u00ed su toma de posiciones, a ra\u00edz del texto anterior:\n\u00abParece que quiero decir que, llegando el alma a hacerla Dios esta merced, est\u00e1\nsegura de su salvaci\u00f3n y de tornar a caer. No digo tal, y en cuantas partes\ntratare de esta manera, que parece est\u00e1 el alma en seguridad, se entienda\nmientras la divina Majestad la tuviere as\u00ed de su mano y ella no le ofendiere.\nAl menos s\u00e9 cierto que, aunque se ve en este estado y le ha durado a\u00f1os, que no\nse tiene por segura&#8230;\u00bb (M 7,2,9). Y de nuevo en el cap\u00edtulo final del libro:\n\u00abEstas almas&#8230; de pecados mortales \u2013que ellas entiendan\u2013 est\u00e1n libres, aunque\nno seguras\u00bb (M 7,4,3), y esta vez fray Luis s\u00ed acotar\u00e1 el texto teresiano con\nuna larga nota marginal, que empieza: \u00abEn estas palabras demuestra claramente\nla Santa Madre la verdad y limpieza de su doctrina acerca de la certidumbre de\nla gracia&#8230;\u00bb (edici\u00f3n de 1589, p. 184). Hab\u00edan mediado ya delaciones contra\nlas afirmaciones de la Santa, le\u00eddas en la edici\u00f3n precedente del mismo fray\nLuis.<\/p>\n\n\n\n<p>En la \u00faltima de sus\nExclamaciones, de nuevo ora la Santa as\u00ed: \u00ab\u00a1Oh libre albedr\u00edo, tan esclavo de\ntu libertad, si no vives enclavado en el temor y amor de quien te cri\u00f3! \u00a1Oh\ncu\u00e1ndo ser\u00e1 aquel dichoso d\u00eda que te has de ver ahogado en aquel mar infinito\nde la suma verdad, donde ya no ser\u00e1s libre para pecar ni lo querr\u00e1s ser, porque\nestar\u00e1s seguro de toda miseria, naturalizado con la vida de tu Dios!\u00bb (E 17,4).\n<\/p>\n\n\n\n<p>T. \u00c1lvarez<\/p>\n\n\n\n<p>Todos los derechos:&nbsp;<em>Diccionario Teresiano<\/em>,\nGpo.Ed.FONTE<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abCerteza\u00bb y \u00abseguridad\u00bb fueron dos anhelos y a la vez dos problemas diversos e intensamente vividos por T. 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