{"id":4524,"date":"2015-01-21T13:38:32","date_gmt":"2015-01-21T19:38:32","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4524"},"modified":"2022-01-21T13:39:39","modified_gmt":"2022-01-21T19:39:39","slug":"seguimiento-de-cristo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4524","title":{"rendered":"Seguimiento de Cristo"},"content":{"rendered":"\n<p>El seguimiento-imitaci\u00f3n\nde Cristo ocupa el centro de la vida teresiana. Nadie m\u00e1s que el Se\u00f1or hace\n\u00abcristiana\u00bb nuestra santidad. Sin El nada, con El todos los matices de una vida\nconsagrada a Dios y a la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando T repasa su\n\u00abconversi\u00f3n\u00bb (\u00abacabar ya de en todo en todo apartarme del mundo\u00bb: V 32,8), toma\nla decisi\u00f3n sobre \u00ablo primero\u00bb que ten\u00eda que hacer: \u00abseguir el llamamiento que\nsu Majestad me hab\u00eda hecho a religi\u00f3n\u00bb (ib 9). Es decir, se \u00abdetermina\u00bb\nconsciente y firmemente a ser perfecta religiosa consagrada: \u00abDetermin\u00e9 hacer\neso poquito que era en m\u00ed, que es seguir los consejos evang\u00e9licos con toda la\nperfecci\u00f3n que yo pudiese, y procurar que estas poquitas que est\u00e1n aqu\u00ed\nhiciesen lo mismo, confiada en la gran bondad de Dios que nunca falta de ayudar\na quien por \u00e9l se determina a dejarlo todo\u00bb (C 1,2). Hay un \u00abllamamiento\u00bb y un\n\u00abseguimiento\u00bb evang\u00e9licos, signos de la gran bondad divina, dirigidos a todos\nlos creyentes.<\/p>\n\n\n\n<p>Basta dejarnos llevar\npor la Santa en la explicaci\u00f3n de su propia experiencia al respecto, riqu\u00edsima\nen resonancias fundamentales para todo cristiano: vocaci\u00f3n, seguimiento e\nimitaci\u00f3n de Cristo. \u00abLibro vivo\u00bb de experiencia, m\u00e1s que simple gui\u00f3n\ntem\u00e1tico.<\/p>\n\n\n\n<p>1. Llamamiento de\nJes\u00fas<\/p>\n\n\n\n<p>La invitaci\u00f3n a seguir\na Jes\u00fas es para T un \u00abllamamiento\u00bb divino de amor. Una palabra directa,\ndirigida por Dios en Cristo a quien est\u00e1 en actitud de escucharle, hasta que\ntermine de hablarnos. Una bendici\u00f3n siempre actual, pues \u00abla llamada de Dios es\nirrevocable\u00bb: \u00abNo deja de nos llamar nuestro Dios, y nos amar\u00bb (Rom 11,29 = Po\n10,5). Una Palabra que se escucha con gozo en el coraz\u00f3n, como gracia\ninmerecida: \u00abmi Padre se deleita contigo y el Esp\u00edritu Santo te ama\u00bb (R 13).\nJes\u00fas nos mira por pura benevolencia, pues \u00abno tenemos nada que no recibimos\u00bb\n(M 6,5,6 = 1Cor 4,7) y s\u00f3lo podemos \u00abpresumir de su misericordia\u00bb (M 3,1,3).<\/p>\n\n\n\n<p>a) \u00abMi llamamiento\u00bb:\nLa percepci\u00f3n espiritual de que Dios se fije en nosotros como somos, la revive\nT en primera persona como impulsi\u00f3n misteriosa y singular del Esp\u00edritu (PC 1;\nExAp.EvTest 3). \u00abVivo en el Se\u00f1or, que me quiso para s\u00ed\u00bb (Po 1,2); \u00abvuestra\nsoy, pues me llamasteis\u00bb (Po 2,3). En los cc. 3-9 de Vida relata Teresa los\naltibajos de este \u00abmi llamamiento\u00bb (V 35,4), los \u00abtantos rodeos\u00bb con que Dios\nla cerca y atrae a estado tan seguro como es el religioso (V 4,3). Jes\u00fas quiere\nque dejemos atr\u00e1s otras motivaciones indignas de \u00e9l: inter\u00e9s, temor,\nseudoseguridades, todo lo que es \u00abvanidad\u00bb (V 3,1-5).<\/p>\n\n\n\n<p>La capacidad de seguir\na Cristo, sin negar lo que hay de entrega libre humana, le viene al disc\u00edpulo\ndel mismo que le llama: \u00abSi el Se\u00f1or no me ayudara, no bastaran mis\nconsideraciones para ir adelante&#8230;Me dio \u00e1nimo contra m\u00ed, de forma que lo puse\npor obra\u00bb (V 4,1). Es Jes\u00fas quien enamora el coraz\u00f3n de sus disc\u00edpulos, quien\nse comunica hasta ganarlos: \u00abCuando su Majestad quiere no podemos sino andar\nsiempre con El, como se ve claro por las maneras y modos con que su Majestad se\nnos comunica y nos muestra el amor que nos tiene\u00bb (M 6,7,1).<\/p>\n\n\n\n<p>Si \u00abDios lo puede\ntodo\u00bb (C 16,1) y \u00absu querer es obrar\u00bb (C 22,7), \u00abcuando el Se\u00f1or quiere para s\u00ed\nun alma, tienen poca fuerza las criaturas para estorbarlo\u00bb (F 10,8). Como dice\nla Iglesia, \u00abs\u00f3lo el amor de Dios llama de forma decisiva\u00bb (ExAp. EvTest 13).\nUn amor gratuito que ella no puede menos de cantar: \u00absin tener que amar, am\u00e1is;\nengrandec\u00e9is nuestra nada\u00bb (Po 6,3).<\/p>\n\n\n\n<p>b) Llamada eclesial:\nEl alma de la Santa se remueve en emociones cuando narra la vocaci\u00f3n de otros\nal seguimiento de Cristo (F 10,8-11). Depositaria de un carisma renovador,\ncanta los acontecimientos de familia sinti\u00e9ndose maternalmente afectada: tomas\nde h\u00e1bito, profesiones, etc. Dos tercios de sus poemas se refieren a la\nvocaci\u00f3n-respuesta que Dios va suscitando \u00aben grupo\u00bb dentro del \u00abpeque\u00f1o\ncolegio de Cristo\u00bb (CE 20,1), como llama a sus comunidades. Y pondera \u00abla gran\nmerced que el Se\u00f1or ha hecho a las que trajo aqu\u00ed\u00bb (C 8,2), o \u00abescogido para\naqu\u00ed\u00bb (C 13,6), o \u00abque aqu\u00ed os junt\u00f3 el Se\u00f1or\u00bb (C 3,10). La llamada se\npluraliza eclesialmente, es ya \u00abnuestro llamamiento y a lo que estamos\nobligadas\u00bb (C 4,1). El mismo Se\u00f1or \u00abque me quiso para s\u00ed\u00bb (Po 1,2) le asegura\nde que \u00abllamo en cualquier tiempo\u00bb (Po 8,6), y de que su invitaci\u00f3n a seguirle\nhasta el final es correspondida por almas generosas que se entregan, ofrecen,\nimitan, sirven y se abrazan a la cruz del Maestro (VC 18).<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed se relacionan los\naspectos \u00abpersonales\u00bb y \u00abeclesiales\u00bb de toda vocaci\u00f3n. Dios llama normalmente\n\u00abdesde\u00bb la Iglesia (Cons 21) y eleva a cada disc\u00edpulo a \u00absigno\u00bb vivo de la\nsantidad de la Esposa de Cristo (cf LG 31.44; PC 1;EvTes 3). Una llamada a\n\u00abrenovarse sin cesar\u00bb (LG 8.9), que T formula con el conocido \u00abir comenzando\nsiempre de bien en mejor\u00bb (F 28,32) como si en cada uno se iniciara todo\nseguimiento de Cristo (F 27,11).<\/p>\n\n\n\n<p>c) Fe y amor, bases\ndel \u00abseguimiento\u00bb: La Santa no distingue entre invitaciones (\u00absi quieres\u00bb) e\nimperativos del Se\u00f1or (\u00abven y s\u00edgueme\u00bb). Recuerda desde joven lo fatal que es\nquedarse en meras posibilidades, perteneciendo al grupo de los \u00abllamados\u00bb y \u00abno\nescogidos\u00bb (Mt 20,16 = V 3,1; M 5,1,2). Sabe que la Palabra de Jes\u00fas no solo\nense\u00f1a con autoridad sino que llama con efectividad. Por eso ante \u00abel mismo\nsoy\u00bb (F 31,4) o \u00ab\u00bfno sabes que soy poderoso?\u00bb (V 36,16) ella responde tambi\u00e9n\ncon radical confianza: \u00abFirmemente creo que pod\u00e9is lo que quer\u00e9is\u00bb (E 6,1).<\/p>\n\n\n\n<p>Este rendimiento ante\nel poder\u00edo de quien habla mirando a los ojos es un acto de fe imprescindible.\nSin timideces ni razonamientos humanos, como explica la Santa: \u00abEl que todo lo\npuede, quiere que entendamos se ha de hacer lo que quiere\u00bb (V 25,1). Si dice\n\u00abven\u00bb, \u00abello se ha de cumplir, queramos o no\u00bb (C 32,5) porque \u00absu querer es\nobrar\u00bb (C 16,10; 22,5).<\/p>\n\n\n\n<p>No es determinismo\nsino confianza absoluta lo que destaca T cuando recuerda el pasaje evang\u00e9lico\ndel \u00abmancebo\u00bb rico (Lc 18,22). Le falt\u00f3 libertad para \u00abdeterminarse\u00bb y que \u00abdel\ntodo posea el Se\u00f1or el alma\u00bb; y, a pesar de los preceptos cumplidos, no\nentendi\u00f3 el cari\u00f1o con que Jes\u00fas le miraba y prefiri\u00f3 \u00abirse triste\u00bb con sus\nriquezas, dando la espalda al Se\u00f1or (M 3,1,6-7). La l\u00ednea divisoria entre el s\u00ed\ny el no a Cristo discurre siempre sobre el carril de la absoluta fianza en\nJes\u00fas, que puede pedirnos el obsequio total de nuestra libertad. De ah\u00ed que\nconcluya la Santa: \u00abPor su mandamiento venimos aqu\u00ed; verdaderas son sus\npalabras: no pueden faltar\u00bb (C 2,2). Y as\u00ed lo destaca en una de las expresiones\nm\u00e1s teol\u00f3gicas salidas de su pluma: \u00abEl amor de contentar a Dios y la fe hacen\nposible lo que por raz\u00f3n natural no lo es\u00bb (F 2,4).<\/p>\n\n\n\n<p>El \u00abamor de contentar\na Dios\u00bb es la disposici\u00f3n b\u00e1sica del disc\u00edpulo de Cristo, suscitada por el\ncalado de su misma mirada \u00abcari\u00f1osa\u00bb (Mc 10,21). El trueque de amores (\u00abes\nhermoso trueque dar nuestro amor por el suyo\u00bb: C 16,10) se debe a una gracia\nimpulsiva del Esp\u00edritu: \u00abcuando quer\u00e9is pod\u00e9is, y nunca dej\u00e1is de querer si os\nquieren\u00bb (V 25,17). Y es tambi\u00e9n el resultado demostrativo de esa iniciativa\ndivina: \u00ab\u00bfEn qu\u00e9 te le puedo m\u00e1s mostrar que [en] querer para ti lo que quise\npara M\u00ed?\u00bb (R 36). En efecto, s\u00f3lo el amor que Dios nos tiene puede despertar el\n\u00abamor de contentar a Dios\u00bb (F 2,4).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abAmor saca amor\u00bb,\nsentencia la Santa (V 22,14). Y a vivir este amor, seg\u00fan el paradigma de\nCristo, se ordenan todos los dem\u00e1s medios de santificaci\u00f3n cristiana, pues ese\namor es el \u00abdon principal y m\u00e1s necesario\u00bb (LG 42), la energ\u00eda nueva que lleva\ntodo a su perfecci\u00f3n. Si la Iglesia \u00abtiene por ley el nuevo mandato de amar\ncomo Cristo nos am\u00f3 a nosotros\u00bb (LG 9), T no dejar\u00e1 de formular esa ley nueva\ncasi con las mismas palabras del Aquinate (STh 2-2,184,3): \u00abEntendamos, hijas\nm\u00edas, que la perfecci\u00f3n verdadera es amor de Dios y del pr\u00f3jimo; y, mientras\ncon m\u00e1s perfecci\u00f3n guard\u00e1remos estos dos mandamientos, seremos m\u00e1s perfectas\u00bb\n(M 1,2,17). Esto equivale a \u00abtrabajar y determinarse y disponerse con cuantas\ndiligencias pueda a hacer su voluntad conforme con la de Dios&#8230;, que en esto\nconsiste la mayor perfecci\u00f3n que se puede alcanzar en el camino espiritual\u00bb (M\n2,1,8).<\/p>\n\n\n\n<p>En consecuencia, la\nrespuesta del llamado es un s\u00ed a Dios, un \u00abfiat\u00bb como el de Cristo al Padre.\nTodo el mensaje teresiano pasa por el matiz de este \u00abcumplir\u00bb con Dios, como el\nSe\u00f1or, con una entrega total de s\u00ed mismos: \u00abdar el coraz\u00f3n\u00bb (Po 1,2),\n\u00abofrecerse\u00bb y \u00abrendirse\u00bb inmolada (Po 2 y 29), \u00abser-para mi Amado\u00bb (Po 3), etc.\nDe este amar a Dios con todo el coraz\u00f3n hace la Santa una consigna program\u00e1tica\nen todos sus escritos. Bot\u00f3n de prueba de este \u00abs\u00f3lo Dios basta\u00bb son los versos\ndel poema biogr\u00e1fico Dilectus meus mihi: \u00abYo toda me entregu\u00e9 y di, \/ y de tal\nsuerte he trocado, \/ que es mi Amado para m\u00ed \/ y yo soy para mi Amado \/\/ Y mi\nalma qued\u00f3 hecha \/ una con su Criador. \/ Ya yo no quiero otro amor \/ pues a mi\nDios me he entregado\u00bb (P 3,1.3).<\/p>\n\n\n\n<p>2. Seguimiento e\nimitaci\u00f3n de Cristo<\/p>\n\n\n\n<p>La formulaci\u00f3n\nteresiana del \u00abseguimiento-imitaci\u00f3n\u00bb de Cristo es tan rica en resonancias que\nse impone matizar su experiencia-mensaje en varios moldes simb\u00f3licos. A partir\nde un enunciado com\u00fan (\u00abSigamos a Jes\u00fas, que es nuestro Camino y Luz\u00bb: Po\n20,2), tres t\u00e9rminos catalizan las innumerables sugerencias al prop\u00f3sito:\n\u2013seguirle como \u00abCamino\u00bb, \u2013imitarle como \u00abMaestro y dechado\u00bb, \u2013servirle como\n\u00abcapit\u00e1n del amor\u00bb. Se trata de una misma realidad, presentada en c\u00edrculos\nconvergentes, desde la experiencia unitaria y espl\u00e9ndida de T. Nos limitaremos\na dejarle hablar, declamar y arengar, pues los comentarios adicionales podr\u00edan\nmermar la frescura del ideal que la Santa nos brinda como \u00abrespuesta\u00bb al ya\nvisto \u00abllamamiento\u00bb del Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>a) Jes\u00fas mismo es el\n\u00abcamino de perfecci\u00f3n\u00bb (V 15,13). No hay otra \u00abpuerta\u00bb ni otro \u00absendero\u00bb para\nvivir ese \u00abno deja de nos amar, nuestro Dios, y nos llamar\u00bb (Po 10,5). De aqu\u00ed\nese grito program\u00e1tico y din\u00e1mico de la Santa: \u00abSig\u00e1mosle sin recelo, monjas\ndel Carmelo\u00bb (ib).<\/p>\n\n\n\n<p>Sobre la base de que\nJes\u00fas es \u00abel Camino\u00bb (\u00abel mismo Se\u00f1or dice que es camino\u00bb: Jn 14,6=M 6,7,6),\nTeresa reconstruye un recorrido vivencial. M\u00e1s como quien revive la andadura\nque como quien programa un itinerario. Su rica sensibilidad y memoria infunden\nal t\u00e9rmino \u00abcamino\u00bb una carga de experiencia profunda, unos contenidos de\nvicisitudes rememoradas: el duro inicio, los esfuerzos iniciales de adaptaci\u00f3n,\nlas etapas con sus altibajos, los medios y las formas de caminar orando, el\ncansancio y los consuelos, las an\u00e9cdotas y el proyecto esencial hasta la meta.Y\nen \u00abeste viaje\u00bb interior del alma (C 23,6) hay que poner la mirada en quien va\nadelante, Jes\u00fas, y hace compa\u00f1\u00eda: \u00abPor este camino que fue Cristo han de ir los\nque le siguen si no se quieren perder\u00bb (V 11,5). En \u00e9l se reedita la traves\u00eda\npascual del Se\u00f1or, distintivo del peregrino en la fe, gu\u00eda que marca el ritmo\nde marcha, seguridad hasta la meta de Jerusal\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<p>El \u00fanico bast\u00f3n\npermitido al disc\u00edpulo es la cruz de cada d\u00eda: \u00abSi consideramos el camino que\nsu Majestad tuvo en esta vida&#8230;, no habr\u00eda cosa que m\u00e1s nos alegrase que el\npadecer, ni la debe haber m\u00e1s segura para asegurar vamos bien en el servicio de\nDios\u00bb (cta 310,1, del 17.9.1579).<\/p>\n\n\n\n<p>La conformidad del\ndisc\u00edpulo con el Jes\u00fas a quien sigue convierte en paradoja la \u00abv\u00eda estrecha que\nlleva a la vida eterna\u00bb (V 35,13 = Mt 7,14) en \u00abcamino ancho, real y seguro\u00bb\n(ib; cf C 21,5). Porque este sendero \u00abva por el valle de la humildad\u00bb, en que\nya no hay \u00abmiedo de perderse\u00bb para quien \u00abama la verdad\u00bb y se determina a\n\u00abdejarlo todo por Vos\u00bb, donde la \u00abnoche\u00bb se ilumina por \u00abeste Sol de justicia\u00bb,\nlo \u00abestrecho\u00bb se convierte en \u00abancho\u00bb, lo \u00abtrabajoso\u00bb en \u00abf\u00e1cil\u00bb, lo\n\u00abimposible\u00bb en \u00abposible&#8230; cuando le dais Vos, Se\u00f1or, la mano\u00bb (V 35,13-14).<\/p>\n\n\n\n<p>Este lirismo teresiano\nno cela los peligros, es verdad, pero la dificultad no es tanta como para\npensar que se lleva una cruz sin promesa de victoria. Y el \u00abno hayas miedo,\nhija, que Yo soy\u00bb (Mt 14,27; M 6,50; Lc 24,36; Jn 6,20, etc.) es el logos\nevang\u00e9lico que m\u00e1s impresion\u00f3 a la Santa, a juzgar por la docena larga de veces\nque lo repite entre sus vivencias m\u00e1s profundas, con otras expresiones\nequivalentes: \u00abno tengas pena\u00bb (V 26,6; M 6,4,16), \u00ab\u00bfde qu\u00e9 te afliges?\u00bb (R\n27), \u00ab\u00bfen qu\u00e9 dudas?\u00bb (F 31,49) \u00absosi\u00e9gate\u00bb (R 60), \u00abvete con \u00e1nimo\u00bb (V 35,8),\n\u00abque no me fatigase\u00bb (V 33,3.8; etc.). As\u00ed, de la mano del Maestro que da tan\nanimosas consignas, la Teresa-disc\u00edpula se siente a gusto, acompa\u00f1ada de Jes\u00fas\nque \u00abanda-con\u00bb (V 32,11) y \u00abva-en-delantera\u00bb (Po 29,5) de su colegio\napost\u00f3lico.<\/p>\n\n\n\n<p>La \u00absanta andariega\u00bb,\nque tanto sab\u00eda de arduos caminos, concluye el s\u00edmbolo del camino-caminante con\neste consejo: \u00abAndar con fortaleza caminos de puertos tan \u00e1speros, como es el\nde esta vida, mas no para acobardarnos en andarle. Pues, en fin, yendo con\nhumildad, mediante la misericordia de Dios hemos de llegar a aquella ciudad de\nJerusal\u00e9n, adonde todo se nos har\u00e1 poco lo que se ha padecido\u00bb (F 4,4). Alude a\nla Jerusal\u00e9n celeste, \u00abmeta\u00bb, \u00abpremio\u00bb y \u00abtodo\u00bb (V 22,7) realizados ya en\nJes\u00fas, \u00abnuestra gu\u00eda\u00bb y \u00abglorioso vencimiento\u00bb (Po 29,3-4). Pero ya en este\ncaminar temporal su misterio pascual es la referencia obligada para las dos\nactitudes b\u00e1sicas de la vida: la tristeza en el Huerto y la alegr\u00eda del\nResucitado (C 26,5). Y algo m\u00e1s, seg\u00fan ella: \u00abmientras m\u00e1s adelante va un alma,\nm\u00e1s acompa\u00f1ada es de este buen Jes\u00fas\u00bb (M 6,8,1).<\/p>\n\n\n\n<p>b) Imitando a \u00abnuestro\ndechado y Maestro\u00bb (C 36,5). Fue san Pablo quien acentu\u00f3 con el t\u00e9rmino\n\u00abimitaci\u00f3n\u00bb las actitudes inherentes del cristiano respecto a las del mismo\nCristo (1Cor 11,1; Fip 2,5ss.). A cuantos siguen a Jes\u00fas no \u00abseg\u00fan la carne\nsino seg\u00fan el esp\u00edritu\u00bb (cf Rom 8,9), Teresa les recomienda leer, entre otros\n\u00abbuenos libros para el mantenimiento del alma\u00bb, el \u00abContemptus mundi\u00bb o\n\u00abImitaci\u00f3n de Cristo-Kempis\u00bb (Cons 8). Su intenci\u00f3n es que as\u00ed conozcan mejor\nlos sentimientos de Cristo y \u00abprocuren imitar a su Esposo, que dio su vida por\nnosotros\u00bb (Cons 28). Y la Iglesia, sin reducir este dinamismo a la vida\nreligiosa \u2013pues est\u00e1 claro en los Evangelios y Pablo que es propio de todo\ncristiano\u2013, afirma que el que sigue los consejos evang\u00e9licos \u00abimita m\u00e1s de\ncerca\u00bb al Se\u00f1or (LG 44).<\/p>\n\n\n\n<p>La Santa, al ce\u00f1irse\nahora al hilo nocional de la \u00abimitaci\u00f3n\u00bb de Cristo, nos brinda muchos matices\nsugestivos y complementarios del \u00abseguimiento\u00bb de Jes\u00fas. Lo hace al filo de dos\nt\u00e9rminos complementarios: DECHADO y MAESTRO. El primero es de cu\u00f1o teresiano,\nel segundo del com\u00fan evang\u00e9lico.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEl es el mejor\ndechado\u00bb (V 22,7): Apelativo intimista y muy femenino que captaban bien sus\nhijas habituadas al bastidor de bordar. Modelo del que se saca la copia \u00abcomo\nquien tiene un dechado delante, que est\u00e1 sancando aquella labor\u00bb (V 14,8).\nLabor\u00edo artesanal, que pide atenci\u00f3n y \u00abrecogimiento\u00bb. Aplicado a la persona de\nCristo, nos trae no s\u00f3lo su imagen sino su misma presencia real: \u00abquisiera yo\nsiempre traer delante de los ojos su retrato e imagen, ya que no pod\u00eda traerle\nesculpido en mi alma como yo quisiera\u00bb (V 22,4) \u2013nos dice en este c. 22 de\nVida, fuertemente cristoc\u00e9ntrico\u2013.<\/p>\n\n\n\n<p>El \u00abretrato\u00bb de Jes\u00fas\nes una provocaci\u00f3n de su presencia espiritual, de la proximidad del Amado. El\nJes\u00fas \u00abverdadero amigo\u00bb se deja sentir \u00abcabe m\u00ed\u00bb, est\u00e1 \u00abtan cerca\u00bb que est\u00e1 \u00abal\nlado\u00bb, \u00abmir\u00e1ndoos\u00bb, \u00abpresente\u00bb (V 22,6-7): \u00abEste Se\u00f1or nuestro es por quien nos\nvienen todos los bienes. El lo ense\u00f1ar\u00e1 [c\u00f3mo caminar tras contemplarlo];\nmirando su vida, es el mejor dechado \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s queremos de tan buen amigo al\nlado? \u00a1Bienaventurado quien de verdad le amare y siempre le trajere cabe s\u00ed!\u00bb\n(V 22,7). As\u00ed lo recomienda luego a sus hijas: \u00abprocurad traer una imagen o\nretrato de este Se\u00f1or que sea a vuestro gusto; no para traerle en el seno y\nnunca le mirar, sino para hablar muchas veces con \u00e9l, que \u00e9l os dar\u00e1 qu\u00e9 le\ndecir\u00bb (C 26,9; cf C 34,11, donde distingue entre \u00abdibujo\u00bb y \u00abpresencia\u00bb real\nde Jes\u00fas en la Eucarist\u00eda).<\/p>\n\n\n\n<p>La conformidad con el\nJes\u00fas-Dechado es el fruto de la oraci\u00f3n de recogimiento, que contempla a Cristo\ndesde su cuna a su cruz (cf VC 23). No se pueden captar todos los matices de\nesta Imagen, \u00abantes de que subiese al cielo\u00bb ni \u00abdespu\u00e9s de resucitado\u00bb, sin su\namor atractivo que \u00abesfuerza a unos\u00bb, \u00abanima a los otros\u00bb y que \u00abno parece fue\nen su mano apartarse un momento de nosotros\u00bb (V 22,6). En ese entrecruce de\nmiradas sostenidas va cuajando el bordado, que es la \u00abescultura\u00bb en el alma de\nlas huellas del Amado: \u00abEs larga la vida y hay en ella muchos trabajos; y hemos\nmenester mirar a nuestro dechado Cristo&#8230; para llevarlos a perfecci\u00f3n\u00bb (M\n6,7,13). Mirar para imitar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLe&nbsp;est\u00e1&nbsp;ense\u00f1ando&nbsp;este&nbsp;divino&nbsp;Maestro\u00bb&nbsp;(C&nbsp;25,2):&nbsp;Otro\ns\u00edmbolo evang\u00e9lico sobre el que T marca su huella tan femenina. Se trata no\ntanto de un aprendizaje doctrinal cuanto de enamorarse del \u00abMaestro de la\nsabidur\u00eda\u00bb (C 21,4) y de \u00abnuestro Ense\u00f1ador Cristo\u00bb (C 10,3). A la plasticidad\nde la mirada (=dechado) se a\u00f1ade ahora la atenci\u00f3n ac\u00fastica del disc\u00edpulo a los\npies del Maestro.<\/p>\n\n\n\n<p>La Santa halla el\nmejor tipo referencial de esta atenci\u00f3n al Jes\u00fas que habla en la actitud de\nMar\u00eda Magdalena, de la que era \u00abmuy devota\u00bb. La escena se presta a ello como\nsemblanza de toda relaci\u00f3n contemplativa e \u00edntima con el Se\u00f1or: \u00abEl Maestro\nest\u00e1 ah\u00ed y te llama\u00bb (Jn 11,28ss)&#8230; Y la disc\u00edpula se postra \u00absin bullir ni\nmenear\u00bb (V 17,4), \u00abembebida\u00bb (ib 5) y \u00abenferma de amor\u00bb (C 40,3). No hay que\nperderse ning\u00fan acento, pues a veces Jes\u00fas habla \u00absin ruido de palabras\u00bb (C\n25,2). Est\u00e1 ense\u00f1ando los \u00abmisterios del Reino\u00bb a \u00ablos suyos\u00bb y \u00abnunca est\u00e1 tan\nlejos del disc\u00edpulo que sea menester dar voces\u00bb (C 26,10).<\/p>\n\n\n\n<p>El impacto amoroso es\nrec\u00edproco y correspondido por ambas partes: \u00abAllegadas, pues, a este Maestro de\nla Sabidur\u00eda quiz\u00e1s os ense\u00f1e alguna consideraci\u00f3n que os contente&#8230;, que el\nmismo maestro cuando ense\u00f1a una cosa toma amor al disc\u00edpulo y gusta de que le\ncontente lo que le ense\u00f1a y ayuda mucho a que lo aprenda; y as\u00ed har\u00e1 este\nMaestro celestial con nosotras\u00bb (C 21,4). El c. 26 de Camino es un ejemplo de\nmistagog\u00eda orante, aprendida y repetida por Teresa a los pies del Se\u00f1or: \u00abJuntaos\ncabe este buen Maestro, muy determinadas a aprender lo que os ense\u00f1a; y su\nMajestad har\u00e1 que no dej\u00e9is de salir buenas disc\u00edpulas ni os dejar\u00e1 si no le\ndej\u00e1is. Mirad las palabras que dice aquella boca divina, que en la primera\nentender\u00e9is luego el amor que os tiene: que no es peque\u00f1o bien y regalo del\ndisc\u00edpulo ver que su Maestro le ama\u00bb (C 26,10).<\/p>\n\n\n\n<p>El \u00abs\u00edgueme\u00bb del\nMaestro conduce al \u00abvenid y ved\u00bb d\u00f3nde vive y c\u00f3mo quiere morir de amor. Todas\nsus palabras se condensan en este prop\u00f3sito de redenci\u00f3n amorosa, que suscita\nen T esta respuesta: \u00ab\u00a1Oh Se\u00f1or, Se\u00f1or! \u00bfSois Vos nuestro dechado y Maestro?\nS\u00ed, por cierto. \u00bfPues en qu\u00e9 estuvo vuestra honra, Honrador nuestro? \u00bfNo la\nperdisteis por cierto en ser humillado hasta la muerte? No, Se\u00f1or, sino que la\nganasteis para todos\u00bb (C 36,5). As\u00ed, todo coloquio con Cristo es un mensaje de\namor para el disc\u00edpulo. La premonici\u00f3n del Tabor incluye seguir al Maestro\nhasta su anonadamiento en Jerusal\u00e9n (cf R 36; VC 23).<\/p>\n\n\n\n<p>De este rico arsenal\nteresiano, destacar\u00edamos algunos matices que nos parecen m\u00e1s sobresalientes:<\/p>\n\n\n\n<p>1.&nbsp;Renacidos como\n\u00abim\u00e1genes del Hijo\u00bb, \u00abno nos puede su Majestad hac\u00e9rnoslo mayor [regalo] que es\ndarnos vida que sea imitando a la que vivi\u00f3 su Hijo tan Amado\u00bb (M 7,4,4). A\neste fin de \u00abimitarle en el padecer\u00bb, recalca ella, se ordenan todas las\ngracias y consuelos que Dios nos hace al presente.<\/p>\n\n\n\n<p>2.&nbsp;Puesto que\n\u00abtodo nuestro bien y remedio es la Sacrat\u00edsima Humanidad\u00bb (M 6,7,6), la\nimitaci\u00f3n del Amado no debe salir nunca de esta \u00abmuy buena compa\u00f1\u00eda\u00bb (M 6,7,t\u00edtulo),\nso pena de \u00abno acertar-errar\u00bb en el camino: \u00abes gran cosa, mientras vivimos y\nsomos humanos, traerle Humano\u00bb (V 22,9).<\/p>\n\n\n\n<p>3.&nbsp;El estudio de\nla Humanidad de Cristo (V 29,1), desde su cuna a su cruz, de sus palabras y\ngestos, de su actitud humilde, pobre, paciente y mansa, etc., hay que hacerlo\nen oraci\u00f3n, encuentro propicio en que \u00abel Se\u00f1or ense\u00f1a a quien se quiere dar a\nser ense\u00f1ado de \u00e9l\u00bb (C 9,3).<\/p>\n\n\n\n<p>4.&nbsp;Hechos al\ntrato solitario de amistad \u00abcon quien sabemos nos ama\u00bb (V 8,5) y nos da ejemplo\nen este \u00aba solas\u00bb (C 24,4), \u00able miramos hombre y v\u00e9mosle con flaquezas y\ntrabajos\u00bb (V 22,10). As\u00ed nace el deseo de imitarle en su \u00abvida trabajos\u00edsima\u00bb\n(Conc 7,8), y su muerte \u00abmu\u00e9venos a compasi\u00f3n\u00bb (V 12,1) al tiempo que nos\n\u00abapareja\u00bb para todas las virtudes y mercedes que Dios nos tiene preparadas para\nesta contemplaci\u00f3n (M 4,2,9; 6,1,7; Po 26,9: \u00aby en su imitaci\u00f3n mi holganza\u00bb).<\/p>\n\n\n\n<p>5. Finalmente, la\nimitaci\u00f3n de los sentimientos de Cristo es la ley de recompensa escatol\u00f3gica,\nproporcionada al grado de empat\u00eda o \u00abcom-pasi\u00f3n\u00bb con El: \u00abquien m\u00e1s le imitare\nen esto&#8230; m\u00e1s gloria tendr\u00e1\u00bb (cta 367,1, del 13.1.1581). La ecuaci\u00f3n entre\n\u00abservirme-seguirme\u00bb y \u00abel Padre le honrar\u00e1\u00bb (Jn 12,26) radica en ese \u00abamor con\nque hemos imitado la vida de nuestro buen Jes\u00fas\u00bb (F 14,5).<\/p>\n\n\n\n<p>c) La doctrina\nteresiana sobre el \u00abseguimiento-imitaci\u00f3n\u00bb de Cristo incluye su mistagog\u00eda\nsobre el servicio al \u00abCapit\u00e1n del amor\u00bb (C 6,9). \u00abPor ser cristianas deb\u00e9is\ntodo eso y mucho m\u00e1s, y os basta que se\u00e1is vasallas de Dios\u00bb (M 3,1,6) \u00aby\nsiempre hallarse indignos de llamarse sus siervos\u00bb (C 17,6). No basta \u00abser\u00bb\nsiervos sino \u00abhacerse\u00bb progresivamente tales: \u00ab\u00bfSab\u00e9is qu\u00e9 es ser espirituales\nde veras?: Hacerse esclavos de Dios, a quien, se\u00f1alados con su hierro que es el\nde la cruz \u2013porque ya ellos le han dado su libertad\u2013, le pueda vender por\nesclavos de todo el mundo, como El lo fue\u00bb (M 7,4,8).<\/p>\n\n\n\n<p>Esto nos llevar\u00eda a\ndestacar cuanto la Santa afirma sobre la \u00abrenuncia propia\u00bb para \u00abservirle de\nverdad\u00bb (V 25,11) mediante la \u00aboraci\u00f3n\u00bb, la \u00abmortificaci\u00f3n\u00bb, la \u00abcaridad\nfraterna\u00bb y la \u00ababnegaci\u00f3n evang\u00e9lica\u00bb. Que el seguimiento-imitaci\u00f3n suponga\nestas formas de \u00abllevar la cruz\u00bb es algo evidente. Como que la Santa quiere a\nlos disc\u00edpulos de Cristo \u00ababanderados\u00bb y \u00abpeleones aguerridos\u00bb, sin cobard\u00edas\nni somnolencias, \u00abpues Cristo va en delantera\u00bb (Po 29,4-5). Como el mismo Se\u00f1or\nle dice a T.: \u00abGran cosa es seguirme desnudo de todo como Yo me puse en la\ncruz\u00bb (R 64). De ah\u00ed su convicci\u00f3n \u00faltima: \u00abQuien os sirviere hasta el fin,\nvivir\u00e1 sin fin\u00bb (F 27,11).<\/p>\n\n\n\n<p>BIBL. \u2013 D\u00edez, Miguel \u00c1ngel,&nbsp;Vivir\nen obsequio de Cristo: sugerencias teresianas, en MteCarm. 88 (1980) 125-182.<\/p>\n\n\n\n<p>Miguel \u00c1ngel D\u00edez <\/p>\n\n\n\n<p>Todos los derechos:\u00a0<em>Diccionario Teresiano<\/em>, Gpo.Ed.FONTE <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El seguimiento-imitaci\u00f3n de Cristo ocupa el centro de la vida teresiana. Nadie m\u00e1s que el Se\u00f1or hace \u00abcristiana\u00bb nuestra santidad. Sin El nada, con El todos los matices de una vida consagrada a Dios y a la Iglesia. 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