{"id":4533,"date":"2015-01-21T13:52:53","date_gmt":"2015-01-21T19:52:53","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4533"},"modified":"2022-01-21T13:53:39","modified_gmt":"2022-01-21T19:53:39","slug":"sacerdote","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4533","title":{"rendered":"Sacerdote"},"content":{"rendered":"\n<p>1.&nbsp;En la\nbiograf\u00eda de Teresa, los sacerdotes \u2013seculares o religiosos\u2013 desempe\u00f1an un\npapel importante. En su familia era sacerdote uno de los t\u00edos maternos, pero\nnunca es mencionado por la Santa. En el entramado de la vida familiar, no\nsabemos de sacerdotes que tuviesen especial trato con don Alonso o con do\u00f1a\nBeatriz. Igualmente, en la biograf\u00eda de T ni\u00f1a y adolescente, los sacerdotes\ncomparecer\u00e1n en funci\u00f3n del sacramento de la penitencia, entonces frecuente.\nPero innominados. No afloran ni los nombres ni los servicios de los respectivos\np\u00e1rrocos de \u00c1vila (San Juan) o de Gotarrendura.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s tarde, cuando T es\nya monja, intervienen en su biograf\u00eda numerosos sacerdotes de gran calidad, y\nalguno que otro menos recomendable. El primero que comparece en la\nautobiograf\u00eda de la Santa \u2013en anonimato, como casi todos los personajes del\nlibro\u2013 es el cura de Becedas, cuyo perfil traza ella en el cap\u00edtulo 5\u00ba y al que\nlogr\u00f3 reincorporar a una santa vida sacerdotal. Ser\u00eda algo as\u00ed como su primera\nconquista espiritual, cuando T contaba apenas 24 a\u00f1os. Pero el episodio dista\nmucho de revestir la importancia que tendr\u00eda, siglos despu\u00e9s, para Teresa de Lisieux\nla conversi\u00f3n de su \u201cprimer hijo\u201d espiritual, el asesino Pranzini.<\/p>\n\n\n\n<p>En los comienzos de su\nvida m\u00edstica, hacia los 40 de edad, T tiene la suerte de conocer de cerca y\nsometer sus problemas de esp\u00edritu a un sacerdote ejemplar, el abulense Gaspar\nDaza, persona \u201cde bondad y buena vida&#8230;, hombre tan santo&#8230;\u201d (V 23,6.8),\n\u201cespejo de todo el lugar\u201d (32,18). Daza era efectivamente un hombre de calidad.\nA \u00e9l se deb\u00eda en gran parte el movimiento de renovaci\u00f3n espiritual de la ciudad\n(cf Bilinkoff, \u00c1vila de Santa Teresa&#8230;, c. 4). Daza tuvo la modestia y el buen\nsentido de no responsabilizarse de la direcci\u00f3n espiritual de T. Ser\u00e1 \u00e9l\nprobablemente quien le aconseje recurrir a los jesuitas de la ciudad, m\u00e1s\nacreditados en el discernimiento de esp\u00edritu. Pero \u00e9l seguir\u00e1 fiel a la madre\nTeresa hasta el fin. Incluso decidir\u00e1 ser enterrado cerca del que ser\u00eda\npresunto sepulcro de ella y de Lorenzo de Cepeda, en la iglesita de San Jos\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>Al lado de Daza, la\nSanta entabla relaciones de asesoramiento espiritual con el \u201cCaballero santo\u201d,\nFrancisco de Salcedo, entonces casado y m\u00e1s tarde sacerdote, cuya trayectoria\nespiritual, contrapunteada de altibajos, seguir\u00e1 de cerca ella hasta el fin de\nsu vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre los pocos\nsacerdotes seculares que desfilan por el Libro de la Vida, comparecen en los\n\u00faltimos cap\u00edtulos otros dos de signo contrastante: el inquisidor Francisco de\nSoto y Salazar, a cuyo dictamen somete la Santa sus experiencias m\u00edsticas y el\ncual, a su vez, se atreve a pedirle que ella consulte a Dios si le convendr\u00eda \u201ctomar\nun obispado\u201d (V 40,16; R 4,3); y el caso del sacerdote embrollado en grave\nsituaci\u00f3n moral, al que T logra atraer a una total mejora de conducta (V\n31,7-8). En esos mismos cap\u00edtulos se cierra el cuadro con la figura sombr\u00eda de\nun sacerdote sacr\u00edlego, m\u00edsticamente intuido por T (38,23).<\/p>\n\n\n\n<p>Ultimo sacerdote\nsecular mencionado en Vida ser\u00e1 \u201cel Maestro\u201d, san Juan de \u00c1vila. Teresa desea\nque el destinatario primero del escrito, el dominico Garc\u00eda de Toledo, env\u00ede a\neste hombre de Dios el aut\u00f3grafo de la obra, para recabar su dictamen acerca de\nla misma (ep\u00edl. n. 2). Lo lograr\u00e1 tres a\u00f1os m\u00e1s tarde. Poco antes de morir, el\nsanto ap\u00f3stol de Andaluc\u00eda le escribe dos cartas decisivas. Todav\u00eda en 1576,\nTeresa lo recordar\u00e1 con gratitud y veneraci\u00f3n (R 4,6).<\/p>\n\n\n\n<p>Ni en el Camino ni en\nlas Moradas se har\u00e1 menci\u00f3n de otros sacerdotes. En cambio, comparecer\u00e1n\nnumerosos en las Fundaciones y en el Epistolario. Baste recordar los m\u00e1s\ndestacados: a) ante todo, Juli\u00e1n de \u00c1vila, \u201cmuy siervo de Dios, y desasido de\ntodas las cosas del mundo, y de mucha oraci\u00f3n\u201d (F 3,2), que la acompa\u00f1ar\u00e1 como\ncapell\u00e1n de viajes y fundaciones, y que ser\u00e1 permanentemente capell\u00e1n de San\nJos\u00e9 de \u00c1vila. \u2013 b) Otros capellanes de sus Carmelos, incluso a veces\nproblem\u00e1ticos, ser\u00e1 por ejemplo el dif\u00edcil Garci\u00e1lvarez, de Sevilla, o Gaspar\nde Villanueva, en Malag\u00f3n. \u2013 c) En la fundaci\u00f3n de Toledo, Teresa afrontar\u00e1\npersonalmente al gobernador eclesi\u00e1stico que, en ausencia forzada del arzobispo\nCarranza, era don G\u00f3mez Tello de Gir\u00f3n (F 15,5). \u2013 d) En la fundaci\u00f3n de\nSegovia, es famoso el encuentro de T con el joven can\u00f3nigo Juan de Orozco\nCovarrubias, futuro obispo de Guadix, en conflicto con el Provisor de la\ndi\u00f3cesis, \u201cque no consinti\u00f3 decir m\u00e1s misa y quer\u00eda llevar preso\u201d a fray Juan\nde la Cruz (F 21,5). \u2013 e) En la de Palencia, a figuras sacerdotales de calidad:\nJer\u00f3nimo Reinoso y Mart\u00edn Alonso de Salinas (F 29). \u2013 f) En Burgos, al famoso\nProvisor que asesora al Arzobispo en contra de la Fundadora (F 31,42) \u2013 g) Y\npor fin, en los \u00faltimos pliegos de su Epistolario, ya a finales de su vida, a\nA. Vel\u00e1zquez, Pedro Manso, Sancho D\u00e1vila, los tres futuros obispos&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Al lado de esta\ncalificada y variada galer\u00eda de sacerdotes seculares, habr\u00eda que enumerar la\nmucho m\u00e1s numerosa de sacerdotes religiosos: carmelitas, dominicos,\nfranciscanos, jesuitas, agustinos, cartujos, jer\u00f3nimos&#8230; En resumen, en las\ndos d\u00e9cadas \u00faltimas de su vida Teresa tuvo ante s\u00ed una espaciosa escala del\nmundillo clerical. Con una gama de sacer\u00addotes suficientemente representativa\nde ese estamento de la iglesia espa\u00f1ola. M\u00e1s alg\u00fan caso excepcional de\nsacerdotes extranjeros (don Teutonio&#8230;). Lo cual le permiti\u00f3 ser buena\nconocedora del sacerdocio y de su posible espiritualidad.<\/p>\n\n\n\n<p>2.&nbsp;Su idea del\nsacerdote y de la espiritualidad sacerdotal. \u2013 Es normal que T comparta, desde\nsu infancia y juventud, la idea que del sacerdote se tiene en su tiempo y en su\nciudad de \u00c1vila. Es posible que hasta ella llegasen, aunque tarde, las ideas\ndebatidas en el Concilio de Trento, e incluso las difundidas por su admirado\n\u201cMaestro\u201d, san Juan de \u00c1vila. En los escritos teresianos no quedan alusiones a\nesas posibles fuentes.<\/p>\n\n\n\n<p>Para ella, el\nsacerdote no s\u00f3lo es un \u201cconsagrado\u201d, con poderes espirituales recibidos en el\nsacramento del Orden, sino que lo ve integrado en un estamento social que lo\ncoloca por encima del vulgo y de la nobleza. Situaci\u00f3n de \u201cclase social\u201d\naparte, especialmente apreciable en \u00c1vila, donde los sacerdotes \u2013can\u00f3nigos,\nbeneficiados, curas, capellanes de ermitas o de monasterios, etc.\u2013 eran\nnumerosos, con poderes efectivos a trav\u00e9s del cabildo catedralicio, y con\npresencia e influjo en el Concejo de la ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p>En el aspecto\nestrictamente religioso, ya en sus a\u00f1os j\u00f3venes desde antes de hacerse\nreligiosa, T tuvo la ocasi\u00f3n de leer una especie de compendio calificado de\n\u201cespiritualidad sacerdotal\u201d en las Cartas de san Jer\u00f3nimo. Libro decisivo en la\nhistoria de su vocaci\u00f3n (V 3,7). En la versi\u00f3n castellana que ella manej\u00f3\n(versi\u00f3n de Juan de Molina, probablemente en su edici\u00f3n de Sevilla, 1532), el\ntraductor hab\u00eda organizado el epistolario del Santo estridonense en varias\nsecciones, bajo ep\u00edgrafes indicativos: \u201ccartas del estado erem\u00edtico\u201d (dirigidas\na los monjes), \u201ccartas del estado virginal\u201d (dirigidas a las religiosas), etc.,\ny ah\u00ed una extensa secci\u00f3n de cartas a los sacerdotes: \u201cLibro 2\u00ba, trata del\nestado eclesi\u00e1stico, ass\u00ed de los perlados e pastores de la yglesia, como de los\notros sacerdotes inferiores destos&#8230;\u201d. No es inveros\u00edmil que alguna de las\ntesis doctrinales de la Santa acerca de la santidad sacerdotal, tengan su\nfuente inmediata en el ideario del Santo ermita\u00f1o de Bel\u00e9n, o en el famoso\ntexto de san Agust\u00edn sobre los Pastores, incluido en esa misma secci\u00f3n del\nepistolario jeronimiano.<\/p>\n\n\n\n<p>De hecho, la idea que\nella tiene del sacerdote implica unas cuantas connotaciones que definen el\nperfil espiritual de \u00e9ste: el sacerdote, seg\u00fan ella, debe ser hombre de letras;\nresponsable de la palabra de Dios, en la Sagrada Escritura; responsable, en\ncierto modo, de las almas confiadas a su cuidado; sobre todo, responsable de la\nEucarist\u00eda. Especialmente llamado a la Santidad. Escribir\u00e1 ella tras una de sus\nexperiencias m\u00edsticas: \u201cEntend\u00ed bien cu\u00e1n m\u00e1s obligados est\u00e1n los sacerdotes a\nser buenos que otros, y cu\u00e1n recia cosa es tomar este Sant\u00edsimo Sacramento\nindignamente&#8230;\u201d (V 38,23). El es tambi\u00e9n un creyente particularmente vinculado\na la Iglesia. En la mente de T, la Iglesia misma es vista con sumo realismo, no\ns\u00f3lo como misterio de identificaci\u00f3n con Cristo Se\u00f1or (C 1,2), sino como\nmilitancia terrena del Pueblo de Dios, en vista del Reino. En esa militancia, T\natribuye al sacerdote responsabilidades especiales de ejemplaridad y liderazgo.\nEn la imagen pl\u00e1stica del \u201ccastillito\u201d con que ella simboliza a la Iglesia de\nsu tiempo crispada de tensiones y herida de defecciones (\u201cdeshechas las\niglesias, perdidos tantos sacerdotes, quitados los sacramentos\u201d: C 35,3), ellos\n\u2013los sacerdotes\u2013 son \u201clos capitanes\u201d: Cristo es \u201cel capit\u00e1n del amor\u201d, los\nfieles son los soldados de Cristo, sus abanderadas (\u201calf\u00e9reces\u201d) las contemplativas\nen oraci\u00f3n, \u201ccapitanes\u201d indispensables los sacerdotes: \u201c\u00a1buenos quedar\u00edan los\nsoldados sin capitanes! &#8230; Porque, a no ser esto as\u00ed (de no ser ellos santos),\nni merecen nombre de capitanes, ni permita el Se\u00f1or salgan de sus celdas, que\nm\u00e1s da\u00f1o har\u00e1n que provecho\u201d (C 3,3).<\/p>\n\n\n\n<p>En ese mismo contexto,\nT traza as\u00ed los rasgos fison\u00f3micos del sacerdote ap\u00f3stol: \u201chan de ser los que\nesfuercen a la gente flaca y pongan \u00e1nimo a los peque\u00f1os&#8230; Han de vivir entre\nlos hombres y tratar con los hombres y estar en los palacios y aun hacerse\nalgunas veces con ellos en lo exterior&#8230; (Han de) tratar con el mundo y vivir\nen el mundo y tratar negocios del mundo y hacerse, como he dicho, a la\nconversaci\u00f3n del mundo, y ser en lo interior extra\u00f1os al mundo y estar como\nquien est\u00e1 en destierro y, en fin, no ser hombres sino \u00e1ngeles\u201d (C 3,3). Ideas\ny consignas con secretas resonancias de la oraci\u00f3n sacerdotal de Jes\u00fas. Teresa\nprosigue a\u00fan en el aspecto testifical: \u201cno es ahora tiempo de ver\nimperfecciones en los que han de ense\u00f1ar\u201d. \u201cSi en lo interior no est\u00e1n\nfortalecidos&#8230;, desasidos de las cosas que se acaban y asidos a las eternas\u201d,\nser\u00e1 nula la eficacia de su palabra (C 3,4).<\/p>\n\n\n\n<p>En el fondo, es\nevidente que la Santa exige calidad especial en el sacerdote. Est\u00e1 convencida\nde que \u201cm\u00e1s har\u00e1 uno perfecto que muchos que no lo sean\u201d (ib 5). Lo hab\u00eda\nescrito ya en textos anteriores, hablando de \u201cletrados\u201d sacerdotes: \u201cveo yo que\nhar\u00eda m\u00e1s provecho una persona del todo perfecta, con hervor verdadero de amor\nde Dios, que muchas con tibieza\u201d (R 3,7). Es decir, seg\u00fan ella, la santidad es\nun postulado primario del ser sacerdotal. En el plano de la acci\u00f3n, sin\nsantidad interior, quedar\u00e1 diezmada la eficacia de la acci\u00f3n evangelizadora.<\/p>\n\n\n\n<p>3.&nbsp;El sacerdote\nen la espiritualidad de Teresa. \u2013 El tema del sacerdocio bautismal del\ncristiano no est\u00e1 presente en la tem\u00e1tica de Teresa. No fue su tiempo el m\u00e1s\npropenso a destacar esa faceta del misterio cristiano, ni en la catequesis ni\nen la teolog\u00eda coet\u00e1nea ni en el magisterio oficial de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Tanto menos est\u00e1\npresente en sus escritos cualquier tipo de alusi\u00f3n a un posible sacerdocio\nministerial de la mujer. Tampoco esa categor\u00eda tem\u00e1tica est\u00e1 presente en el\ncontexto doctrinal de T ni en su experiencia de vida cristiana, aun teniendo en\ncuenta que ella ha sentido vivamente la marginaci\u00f3n de la mujer no s\u00f3lo en la\nsociedad y en la cultura sino tambi\u00e9n en la iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>En cambio, en su\nexperiencia de oraci\u00f3n es neta la vivencia de ese su sacerdocio bautismal. Tal\ncomo nos han llegado en sus escritos, sus \u201coraciones\u201d asumen y expresan el\ncar\u00e1cter sacerdotal de la oraci\u00f3n cristiana. En las p\u00e1ginas de Vida y en los\nsoliloquios diseminados a lo largo del Camino, lo mismo que en las diecisiete\nExclamaciones, es constante el tenor sacerdotal de las oraciones de Teresa. De\ncontenido frecuentemente doxol\u00f3gico (alabanza, adoraci\u00f3n, bendici\u00f3n); otras\nveces, de intercesi\u00f3n por la Iglesia desunida, o por los pueblos en guerra, o\npor las defecciones sacerdotales de la Europa de su tiempo. Casi siempre con\npatente nervadura cristol\u00f3gica. Son especialmente intensas las motivadas por la\ncelebraci\u00f3n del misterio eucar\u00edstico, en que T se une a Cristo sacerdote y\ndesde El se eleva al Padre en s\u00faplica por la Iglesia (C 35,3-5).<\/p>\n\n\n\n<p>Esa faceta de su\nexperiencia personal, en Teresa se incorpor\u00f3 a su carisma de fundadora, carisma\ncontemplativo que en su oraci\u00f3n sacerdotal se vuelve esencialmente apost\u00f3lico.\nDe hecho, la oraci\u00f3n y la vida contemplativa del grupo iniciado en San Jos\u00e9 no\nson concebidos en funci\u00f3n meramente escatol\u00f3gica (\u201cvacare soli Deo\u201d), sino como\nservicio eclesial. La espiritualidad de la carmelita se definir\u00e1 desde ah\u00ed, en\ncalidad de comunidad orante dentro de la Iglesia y por ella: de suerte que\n\u201ccuando vuestras oraciones y deseos y disciplinas y ayunos no se emplearen por\nesto que he dicho, pensad que no hac\u00e9is ni cumpl\u00eds el fin para que aqu\u00ed os\njunt\u00f3 el Se\u00f1or\u201d (C 3,10).<\/p>\n\n\n\n<p>Dentro de esa\nintencionalidad apost\u00f3lica de la vida contemplativa, T propondr\u00e1 como objetivo\nprimario la oraci\u00f3n por los sacerdotes, precisamente en atenci\u00f3n a la alta\nmisi\u00f3n que a ellos les corresponde en el tejido eclesial. Tambi\u00e9n esta\nexplicitaci\u00f3n del carisma de grupo tiene neto arraigo en la experiencia de la\nSanta. Lo hab\u00eda escrito ella misma, en t\u00e9rminos autobiogr\u00e1ficos, ya antes de\nredactar Vida: \u201cDeseo grand\u00edsimo, m\u00e1s que suelo, siento en m\u00ed, que tenga Dios\npersonas que con todo desasimiento le sirvan y que en nada de lo de ac\u00e1 se\ndetengan \u2013como veo es todo burla\u2013, en especial letrados; que como veo las\ngrandes necesidades de la Iglesia, \u00e9stas me afligen tanto, que me parece cosa\nde burla tener por otra cosa pena, y as\u00ed no hago sino encomendarlos a Dios;\nporque veo yo que har\u00eda m\u00e1s provecho una persona del todo perfecta, con hervor\nverdadero de amor de Dios, que muchas con tibieza\u201d (R 3,7).<\/p>\n\n\n\n<p>En fuerza de esa su\nparticular evaluaci\u00f3n de la eficacia apost\u00f3lica vinculada a santidad personal,\nser\u00e1 esta \u00faltima la que constituir\u00e1 el objetivo preciso de la oraci\u00f3n \u201cpor el\nsacerdote\u201d. Se lo propondr\u00e1 expresamente al grupo de contemplativas: \u201cPara\nestas dos cosas os pido yo procur\u00e9is ser tales que merezcamos alcanzarlas de\nDios: la una, que haya muchos de los muy muchos letrados y religiosos que hay,\nque tengan las partes que son menester para esto&#8230;, y a los que no est\u00e1n\ndispuestos, que los disponga el Se\u00f1or: que m\u00e1s har\u00e1 uno perfecto, que muchos\nque no lo est\u00e9n. La otra, que despu\u00e9s de puestos en esta pelea \u2013que no es\npeque\u00f1a\u2013, los tenga el Se\u00f1or de su mano&#8230;\u201d (C 3,5).<\/p>\n\n\n\n<p>T. \u00c1lvarez<\/p>\n\n\n\n<p>Todos los\nderechos:&nbsp;<em>Diccionario Teresiano<\/em>, Gpo.Ed.FONTE<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1.&nbsp;En la biograf\u00eda de Teresa, los sacerdotes \u2013seculares o religiosos\u2013 desempe\u00f1an un papel importante. En su familia era sacerdote uno de los t\u00edos maternos, pero nunca es mencionado por la Santa. 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