{"id":4549,"date":"2015-01-21T16:40:49","date_gmt":"2015-01-21T22:40:49","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4549"},"modified":"2022-01-21T16:41:49","modified_gmt":"2022-01-21T22:41:49","slug":"cielo-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4549","title":{"rendered":"Cielo"},"content":{"rendered":"\n<p>1.La meta final de sus\naspiraciones<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEl cielo es el fin\n\u00faltimo y la realizaci\u00f3n de las aspiraciones m\u00e1s profundas del hombre, el estado\nsupremo y definitivo de la dicha\u00bb (CEC 1024).<\/p>\n\n\n\n<p>La meta del cielo\naparece en los deseos de Teresa desde su m\u00e1s tierna infancia (V 3,6). Gustaba\ncon su hermano Rodrigo meditar en la gloria del cielo y repetir: \u00ab\u00a1para\nsiempre, siempre, siempre!\u00bb (V 1,4). As\u00ed, reconoce que le \u00abquedase en esta\nni\u00f1ez imprimido el camino de la verdad\u00bb (ib). Y no otro es el camino de la\noraci\u00f3n, que ella propone como \u00abel camino para el cielo\u00bb (V 8,5), convencida de\nque \u00absi todo nuestro cuidado y trato fuese en el cielo&#8230;, muy en breve se nos\ndar\u00eda este bien\u00bb (V 11,2).<\/p>\n\n\n\n<p>El c\u00famulo de gracias\nm\u00edsticas que recibe son interpretadas por ella en sentido escatol\u00f3gico, como\nuna iniciaci\u00f3n en la vida celeste. Este es el sentido de las hablas y visiones\nm\u00edsticas: \u00abLas hablas, especialmente las \u2018hablas sin palabras\u2019, son un anticipo\nde las intercomunicaciones de los bienaventurados; se realizan seg\u00fan el patr\u00f3n\nde las hablas beat\u00edficas, y personalmente han servido a Teresa para penetrar la\nnaturaleza del lenguaje del cielo e incluso para introducirla personalmente en\nese mundo de relaciones trascendentes e inefables. Tales son en el fondo las\nrelaciones con Cristo presente y con la Trinidad sacrat\u00edsima inhabitante en el\nalma\u00bb (T. \u00c1lvarez, Estudios Tere\u00adsianos, III, p. 146).<\/p>\n\n\n\n<p>2. La \u00abnoticia\u00bb de los\nbienes del cielo<\/p>\n\n\n\n<p>Una de las primeras\ngracias m\u00edsticas que recibe es la \u00abnoticia\u00bb o conocimiento de los \u00abbienes y\nsecretos\u00bb divinos, que hay en el cielo: \u00abLo que me parece es que quiere el\nSe\u00f1or de todas maneras tenga esta alma alguna noticia de lo que pasa en el cielo,\ny par\u00e9ceme a m\u00ed que as\u00ed como all\u00e1 sin hablar se entiende (lo que yo nunca supe\ncierto es as\u00ed, hasta que el Se\u00f1or por su bondad quiso que lo viese y me lo\nmostr\u00f3 en un arrobamiento), as\u00ed es ac\u00e1, que se entienden Dios y el alma con\ns\u00f3lo querer Su Majestad que lo entienda, sin otro artificio para darse a\nentender el amor que se tienen estos dos amigos\u00bb (V 27,10).<\/p>\n\n\n\n<p>Esta \u00abnoticia de lo\nque pasa en el cielo\u00bb deja en ella un profundo convencimiento, que trata de\ntransmitir a sus interlocutores en forma de interrogaci\u00f3n: \u00ab\u00bfQu\u00e9 bienes pod\u00e9is\nbuscar aun en esta vida \u2013dejemos lo que se gana para sin fin\u2013, que sea como el\nmenor de \u00e9stos?\u00bb (V 27,11). Y al final exclama: \u00abMirad que es as\u00ed cierto, que\nse da Dios a S\u00ed a los que todo lo dejan por El. No es aceptador de personas, a\ntodos ama. No tiene nadie excusa por ruin que sea, pues as\u00ed lo hace conmigo\ntray\u00e9ndome a tal estado. Mirad que no es cifra lo que digo, de lo que se puede\ndecir; s\u00f3lo va dicho lo que es menester para darse a entender esta manera de\nvisi\u00f3n y merced que hace Dios al alma; mas no puedo decir lo que se siente\ncuando el Se\u00f1or la da a entender secretos y grandezas suyas, el deleite tan\nsobre cuantos ac\u00e1 se pueden entender,que bien con raz\u00f3n hace aborrecer los\ndeleites de la vida, que son basura todos juntos. Es asco traerlos a ninguna\ncomparaci\u00f3n aqu\u00ed, aunque sea para gozarlos sin fin, y de estos que da el Se\u00f1or\nsola una gota de agua del gran r\u00edo caudaloso que nos est\u00e1 aparejado\u00bb (V 27,12).<\/p>\n\n\n\n<p>La relaci\u00f3n de esta\ngracia m\u00edstica con la primera visi\u00f3n de Jesucristo (V 27,2) y la evocaci\u00f3n\nseguidamente de su misterio redentor (V 27,13) revelan el contenido\ncristol\u00f3gico de los \u00absecretos y grandezas\u00bb del cielo, que Dios le dio a\nentender en aquella clara \u00abnoticia\u00bb. Esto significa que la gloria del cielo\nconsiste en la posesi\u00f3n plena de los bienes de la redenci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed describe el\nCatecismo la bienaventuranza eterna: \u00abLa vida de los bienaventurados consiste\nen la plena posesi\u00f3n de los frutos de la redenci\u00f3n realizada por Cristo quien\nasocia a su glorificaci\u00f3n celestial a aquellos que han cre\u00eddo en \u00c9l y que han\npermanecido fieles a su voluntad\u00bb (CEC 1026).<\/p>\n\n\n\n<p>Teresa de Jes\u00fas no\npuede sufrir que estos bienes se posterguen o se pospongan a los bienes\nterrenos, menospreciando al que \u00abnos gan\u00f3 a costa de tanta sangre\u00bb; y quisiera\npoder dar voces, para \u00abdecir estas verdades\u00bb: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 hemos de querer tantos\nbienes y deleites y gloria para sin fin, todos a costa del buen Jes\u00fas? \u00bfNo\nlloraremos siquiera con las hijas de Jerusal\u00e9n, ya que no le ayudemos a llevar\nla cruz con el Cirineo? \u00bfQue con placeres y pasatiempos hemos de gozar lo que\nEl nos gan\u00f3 a costa de tanta sangre? \u2013Es imposible. \u00bfY con honras vanas\npensamos remedar un desprecio como El sufri\u00f3 para que nosotros reinemos para\nsiempre? \u2013No lleva camino, errado, errado va el camino. Nunca llegaremos all\u00e1\u00bb\n(V 27,13).<\/p>\n\n\n\n<p>3. Visi\u00f3n del cielo:\nexperiencia de salvaci\u00f3n<\/p>\n\n\n\n<p>Otra de las grandes\ngracias m\u00edsticas, reveladoras de la gloria eterna, fue su arrebatamiento hasta\nel tercer cielo, como San Pablo. La Santa parangona esta visi\u00f3n con la del\nAp\u00f3stol: \u00abV\u00ednome un arrebatamiento de esp\u00edritu con tanto \u00edmpetu que no hubo\npoder resistir. Parec\u00edame estar metida en el cielo, y las primeras personas que\nall\u00e1 vi fue a mi padre y madre, y tan grandes cosas \u2013en tan breve espacio como\nse pod\u00eda decir una avemar\u00eda\u2013 que yo qued\u00e9 bien fuera de m\u00ed, pareci\u00e9ndome muy\ndemasiada merced\u00bb (V 38,1).<\/p>\n\n\n\n<p>En un principio, esta\ngracia la llena de temor y de confusi\u00f3n, porque es consciente de que s\u00f3lo los\nsantos como san Pablo (2Cor 12, 2 y 4) o san Jer\u00f3nimo (XL 22, 416) han tenido\nacceso a ella. Pero comprueba su autenticidad por los efectos admirables que\ndeja en su alma: \u00abestimar y tener en poco las cosas de la vida\u00bb (V 38,2);\n\u00abgrande el desprecio&#8230; de todo lo de ac\u00e1\u00bb (V 38,3); \u00abl\u00e1stima de ver lo que\nestiman los hombres, acord\u00e1ndome de lo que nos tiene guardado el Se\u00f1or\u00bb (V\n38,4).<\/p>\n\n\n\n<p>Las visiones del cielo\nse repiten, especialmente en Moradas sextas (M 6,4-5; 5,7-8). Son como un asomo\na la vida beat\u00edfica, donde ve y oye cosas inefables, como el Ap\u00f3stol. Tampoco\nella sabr\u00eda decir si su experiencia se ha realizado en el cuerpo o fuera del\ncuerpo, en clara reminiscencia del episodio paulino (2Cor 12,2).<\/p>\n\n\n\n<p>El P. Tom\u00e1s \u00c1lvarez\ncomenta los efectos que producen en ella estas visiones: \u00abLa introducen\nprogresivamente en la sociedad beat\u00edfica; no se reducen a simples asomadas al\nmundo maravilloso de la otra Iglesia; son una serie de estrenos convergentes\nque hasta cierto punto normalizan sus relaciones con los ciudadanos de la\ngloria: los conoce de presencia, sin que la hablen; aprecia casi a vista de\nojos sus grados de gloria; distingue por el encendimiento o la inflamaci\u00f3n el\ngrado jer\u00e1rquico de los esp\u00edritus ang\u00e9licos; se familiariza con ellos, y de\nhecho tiene a veces la impresi\u00f3n de hallar en ellos m\u00e1s \u2018compa\u00f1\u00eda\u2019 y \u2018m\u00e1s ayuda\u2019\nque en los amigos de la tierra\u00bb (T. \u00c1lvarez, Estudios Teresianos, III, p. 147).<\/p>\n\n\n\n<p>4. El cielo en la\ntierra<\/p>\n\n\n\n<p>Si bien las gracias\nm\u00edsticas que recibe Teresa la trasladan al cielo, ella trasladar\u00e1 el cielo a la\ntierra, haciendo de su coraz\u00f3n la morada de Dios. Este es el sentido de su\ncomentario a la petici\u00f3n del Padre\u00adnuestro: Que est\u00e1s en los cielos. \u00ab\u00bfPen\u00ads\u00e1is\nque importa poco saber qu\u00e9 cosa es cielo y ad\u00f3nde se ha de buscar vuestro\nsacrat\u00edsimo Padre? [&#8230;] Ya sab\u00e9is que Dios est\u00e1 en todas partes. Pues claro est\u00e1\nque adonde est\u00e1 el rey, all\u00ed dicen est\u00e1 la corte. En fin, que adonde est\u00e1 Dios,\nes el cielo. Sin duda lo pod\u00e9is creer que adonde est\u00e1 Su Majestad est\u00e1 toda la\ngloria. Pues mirad que dice San Agust\u00edn que le buscaba en muchas partes y que\nle vino a hallar dentro de s\u00ed mismo\u00bb (C 28,1-2).<\/p>\n\n\n\n<p>El cielo no es el\nlugar al cual vamos cuando morimos; est\u00e1 ya en nuestro coraz\u00f3n, pues \u00abno es\notra cosa el alma del justo sino un para\u00edso adonde dice El tiene sus deleites\u00bb\n(M 1,1,1). Dios tampoco es aquel a quien encontramos al final del camino; est\u00e1\ncon nosotros y dentro de nosotros: as\u00ed como tiene su morada en el cielo, \u00abdebe\ntener en el alma una estancia adonde s\u00f3lo Su Majestad mora, y digamos otro\ncielo\u00bb (M 7,1,3). Por eso, \u00abno ha menester [el alma] para hablar con su Padre\nEterno ir al cielo ni para regalarse con El\u00bb (C 28,2).<\/p>\n\n\n\n<p>Este es el lugar en el\nque es preciso entrar para encontrarle; porque hacia Dios vamos y con Dios\nestamos, seg\u00fan el pensamiento de uno de los bestseller de los a\u00f1os 70 (Sincero\npara con Dios), cuando nos encontramos con El en lo hondo de la vida y de\nnuestro coraz\u00f3n. Por eso la Santa exhorta a entrar dentro de nosotros mismos:\n\u201cPues pensar que hemos de entrar en el cielo y no entrar en nosotros,\nconoci\u00e9ndonos y considerando nuestra miseria y lo que debemos a Dios y\npidi\u00e9ndole muchas veces misericordia, es desatino\u00bb (M 2,1,1).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero este \u00abentrar en\nnosotros\u00bb para encontrar al Se\u00f1or, no es simple introspecci\u00f3n psicol\u00f3gica; ha\nde ser en Cristo y por Cristo, en comuni\u00f3n con su misterio redentor, para que\nel encuentro fructifique en obras de servicio: \u00abEl mismo Se\u00f1or dice: Ninguno\nsubir\u00e1 a mi Padre, sino por M\u00ed, no s\u00e9 si dice as\u00ed, creo que s\u00ed; y quien me ve a\nM\u00ed, ve a mi Padre. Pues si nunca le miramos ni consideramos lo que le debemos y\nla muerte que pas\u00f3 por nosotros, no s\u00e9 c\u00f3mo le podemos conocer ni hacer obras\nen su servicio, porque la fe sin ellas y sin ir llegadas al valor de los\nmerecimientos de Jesucristo, bien nuestro, \u00bfqu\u00e9 valor pueden tener? \u00bfNi qui\u00e9n\nnos despertar\u00e1 a amar a este Se\u00f1or?\u00bb (M 2,1,1).<\/p>\n\n\n\n<p>BIBL. \u2013 T. \u00c1lvarez,\nEstudios teresianos III, pp. 146-148 (\u00abEl cielo, Iglesia triunfante\u00bb).<\/p>\n\n\n\n<p>Ciro Garc\u00eda<\/p>\n\n\n\n<p>Todos los\nderechos:&nbsp;<em>Diccionario Teresiano<\/em>, Gpo.Ed.FONTE<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1.La meta final de sus aspiraciones \u00abEl cielo es el fin \u00faltimo y la realizaci\u00f3n de las aspiraciones m\u00e1s profundas del hombre, el estado supremo y definitivo de la dicha\u00bb (CEC 1024). 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