{"id":4551,"date":"2015-01-21T16:43:48","date_gmt":"2015-01-21T22:43:48","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4551"},"modified":"2022-01-21T16:46:27","modified_gmt":"2022-01-21T22:46:27","slug":"comunidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4551","title":{"rendered":"Comunidad"},"content":{"rendered":"\n<h1>(en Santa Teresa de Jes\u00fas)<\/h1>\n\n\n\n<p>El tema se contempla\nen dos perspectivas. Una nos mostrar\u00eda las dos experiencias b\u00e1sicas de\ncomunidad que tuvo Teresa de Jes\u00fas, en la Encarnaci\u00f3n y en San Jos\u00e9. Otra, su\npensamiento en torno a la comunidad religiosa, concretamente en el Carmelo\nfemenino. Puede preguntarse si, en su proyecto fundacional, tuvo en mente un\ndise\u00f1o de comunidad y con qu\u00e9 rasgos.<\/p>\n\n\n\n<p>1. La primera\nexperiencia 1535-1562<\/p>\n\n\n\n<p>1.1.En el Monasterio\nde la Encarnaci\u00f3n<\/p>\n\n\n\n<p>Santa Mar\u00eda de la\nEncarnaci\u00f3n de \u00c1vila, es el monasterio de monjas carmelitas en que, a sus 20\na\u00f1os, ingresa do\u00f1a Teresa de Ahumada, el 2 de noviembre de 1535. \u00bfPor qu\u00e9\nprecisamente aqu\u00ed? Ella dice: \u00abera al que yo ten\u00eda mucha afici\u00f3n\u00bb; y \u00abadonde\nestaba aquella mi amiga\u00bb (V 4,1). Su amiga es do\u00f1a Juana Ju\u00e1rez.<\/p>\n\n\n\n<p>La fundaci\u00f3n\noriginaria en 1479, comenz\u00f3 como un beaterio carmelitano que se reg\u00eda por un\nestatuto especial. El definitivo edificio ser\u00eda inaugurado el 4 de abril de\n1515, el mismo d\u00eda en que la ni\u00f1a Teresa de Ahumada era bautizada. A partir de\naqu\u00ed la comunidad cambia su estatuto jur\u00eddico para convertirse en monasterio\nbajo las constituciones de la Orden.<\/p>\n\n\n\n<p>Al ingreso de Teresa\nde Ahumada la comunidad se regir\u00eda, con toda probabilidad, por las\nConstituciones de la Encarnaci\u00f3n de \u00c1vila, texto publicado por el P. Silverio\n(BMC 9, Burgos, 481-523). Eran monjas de profesi\u00f3n solemne y rezo coral. El\nvoto de clausura no estaba en vigor en esa \u00e9poca: \u00abEn la casa en que era monja\nno se promet\u00eda clausura\u00bb (V 4,5).<\/p>\n\n\n\n<p>1.2.El marco\ncomunitario desde la legislaci\u00f3n<\/p>\n\n\n\n<p>Las Constituciones de\nla Encarnaci\u00f3n, junto con la Regla del Carmen, ser\u00edan los primeros textos\nlegales de la Orden que conoci\u00f3 y estudi\u00f3 la joven novicia Teresa de Ahumada.\nPresentan un programa de vida religiosa con tonos de gran exigencia. De su\nlectura se entresacan los siguientes caracteres comunitarios:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Presentan una\ncomunidad estructurada verticalmente en torno a la autoridad y a las normas.<br>\n\u2013 Son escasos los factores que ayuden al conjunto de monjas a sentirse\ncomunidad convocada. \u00c9sta encuentra su identidad casi exclusivamente en los\nactos corales y lit\u00fargicos.<br>\n\u2013 En la plasmaci\u00f3n del carisma orante del Carmelo, la oraci\u00f3n mental no figura\ncomo acto de la comunidad.<br>\n\u2013 En cuanto al estilo de la relaci\u00f3n interpersonal, hay ex-presiones\nciertamente significativas en las leyes, como \u00abhermandad\u00bb, \u00abnuestra compa\u00f1\u00eda\u00bb,\n\u00ablas hermanas se hablen dulcemente\u00bb. Pero predomina el tono de mutuo respeto y\nreverencia.<br>\n\u2013 La priora queda en un plano distante, y se configura como garante de la\nobservancia regular, la guarda de la honestidad y el buen cumplimiento de las\nnormas.<br>\n\u2013 Se prescribe un silencio de car\u00e1cter asc\u00e9tico. Y no se contemplan momentos\ncomunitarios para el di\u00e1logo fraterno. Los actos de recreaci\u00f3n comunitaria no\nfiguran en las constituciones.<br>\n\u2013 Es escasa la doctrina sobre el amor fraterno. Mucho m\u00e1s relieve tienen las\npenas previstas para el quebranto de la caridad, que se recogen detalladamente\nen un largo apartado de culpas y penas. S\u00ed se aconseja expresamente la caridad\nen el acto de la correcci\u00f3n fraterna.<br>\n\u2013 Las constituciones programan una vida com\u00fan con escasos elementos de cohesi\u00f3n\nfraterna. No se tiene en cuenta el factor n\u00famero, ni existen criterios, como la\nidoneidad para la vida en com\u00fan, en las condiciones para la admisi\u00f3n al h\u00e1bito.<br>\n\u2013 Los derechos de las capitulares a participar por votaci\u00f3n secreta en la\nelecci\u00f3n de priora, admisi\u00f3n de novicias y otras decisiones importantes,\ntampoco presentan originalidad respecto al derecho com\u00fan de los monasterios\nsimilares de la \u00e9poca.<br>\n\u2013 En cuanto a los confesores ordinarios, las leyes son restrictivas. Y las\nreligiosas tienen poca libertad para llamar a otros. No es extra\u00f1o que do\u00f1a\nTeresa hubiera padecido esta carencia en los primeros a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese marco legal\nmuchas carmelitas sirvieron, seg\u00fan la Santa \u00abcon mucha perfecci\u00f3n al Se\u00f1or\u00bb (V\n7,3). S\u00f3lo que estas leyes obedecen a la mentalidad de una \u00e9poca, con sensibles\ncarencias en torno al sentido de la comuni\u00f3n fraterna.<\/p>\n\n\n\n<p>1.3. Otras\ncircunstancias de la vida real<\/p>\n\n\n\n<p>La primera, el n\u00famero.\nCuando se inaugur\u00f3 el monasterio nuevo en 1515, la fundadora, do\u00f1a Beatriz\nGuiera y sus compa\u00f1eras, eran partidarias de establecer un n\u00famero l\u00edmite de 14\nmonjas. Pero la enorme afluencia de vocaciones, pronto les llev\u00f3 a desistir, y\nel convento se llen\u00f3 hasta rebosar. Las referencias de la Santa sit\u00faan el\nn\u00famero en torno a 180 (cta A una aspirante religiosa, mayo.1581, n. 2). Lo\nmismo se comprueba por otros documentos de la \u00e9poca (Do\u00f1a Mar\u00eda Pinel, Noticias\ndel Santo Convento de la Encarnaci\u00f3n, BMC, 2, 102).<\/p>\n\n\n\n<p>Al mismo tiempo se dan\notras circunstancias coyunturales: una de ellas, la extrema penuria econ\u00f3mica a\nque lleg\u00f3 la comunidad. Para aliviar la situaci\u00f3n, algunas monjas salen a pasar\nlargas temporadas en sus familias o en casas de amigos. Hubo que buscar ayudas\nde las familias pudientes. Y la misma do\u00f1a Teresa recibir\u00eda el encargo de\natender en el locutorio y visitar en sus casas a muchos de esos bienhechores (V\n32,9).<\/p>\n\n\n\n<p>Otra, las\ndesigualdades basadas en el linaje y los bienes de fortuna. Mientras las\n\u00abdo\u00f1as\u00bb disponen de espaciosas celdas con varios compartimentos, las m\u00e1s pobres\nduermen en una sala com\u00fan. Algu\u00adnas de las primeras mantienen dentro criadas a\nsu servicio. Hab\u00eda tambi\u00e9n diferencias en el comer, entre las que pod\u00edan ser\nayudadas por sus familias y las dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, en el\nmonasterio, aun d\u00e1ndose una fidelidad b\u00e1sica al coro y a los rezos comunes, se\nhizo dif\u00edcil mantener el clima adecuado de silencio y oraci\u00f3n. En realidad era\nun monasterio de fundaci\u00f3n reciente y escasa tradici\u00f3n, que se vio desbordado\npor la situaci\u00f3n. Exceso de locutorio, dependencia de los parientes. Seglares\nque moraban en el convento trayendo y llevando noticias y recados de fuera.\nAlgunas monjas de dudosa vocaci\u00f3n, que hab\u00edan recalado en el convento. Todo un\nmundillo monjil. (Steggink, Otger, Experiencia y realismo de Santa Teresa y San\nJuan de la Cruz, Madrid 1974, 70-90).<\/p>\n\n\n\n<p>Hay pasajes teresianos\n(V 7,3-5) que denuncian abusos y relajaciones en monasterios de aquel tiempo.\nCon evidente delicadeza, sale en defensa del suyo: \u00abEsto no se tome por el m\u00edo,\nporque hay tantas que sirven muy de veras y con mucha perfecci\u00f3n&#8230; Y no es de\nlos muy abiertos, y en \u00e9l se guarda toda religi\u00f3n\u00bb (V 7,3).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero a la vez no puede\nmenos de ser realista. S\u00f3lo un dato entre muchos: Acababa de integrarse en la\nnueva fundaci\u00f3n de San Jos\u00e9, y ante el peligro de que el P. General le mandase\nregresar a la Encarnaci\u00f3n, escrib\u00eda que le ser\u00eda \u00abdesconsuelo, por muchas\ncausas que no hay por qu\u00e9 decir. Una bastaba, que era no poder yo all\u00e1 guardar\nel rigor de la Regla primera, y ser de m\u00e1s de ciento cincuenta el n\u00famero\u00bb (F\n2,1).<\/p>\n\n\n\n<p>1.4. C\u00f3mo vive la\nmadre Teresa esta experiencia<\/p>\n\n\n\n<p>Entra en la comunidad\ncon gesto humilde, pidiendo la hermandad de las hermanas. Ella viene a\nentregarse a Dios, a beber en las fuentes del Carmelo. Viene a aprender. La\nreciben en su compa\u00f1\u00eda con cari\u00f1oso respeto y cierta admiraci\u00f3n. Aquella joven\nde familia hidalga, dotada de evidentes gracias personales, ha tenido el coraje\nde afrontar la fuga de la casa paterna contra la voluntad de su padre (V 3,7;\n4,1). Se le asigna una amplia celda, como correspond\u00eda a su rango y dote. En\ncuanto a la casa, ella la describe como \u00abgrande y deleitosa\u00bb (V 36,8).<\/p>\n\n\n\n<p>1.4.1.&nbsp;Su estado\nde \u00e1nimo. \u2013 Lo conocemos a trav\u00e9s de sus testimonios personales. En primer\nlugar hay un antes y un despu\u00e9s de la toma de h\u00e1bito, como si el Se\u00f1or, tras\nlas previas luchas vocacionales y las sequedades del a\u00f1o de postulantado,\nhubiera querido llenar su alma de un gozo nuevo: \u00abEn tomando el h\u00e1bito&#8230; a la\nhora me dio un tan gran contento de tener aquel estado, que nunca m\u00e1s me falt\u00f3\nhasta hoy&#8230; D\u00e1banme deleite todas las cosas de la religi\u00f3n\u00bb (V 4,2). Pasar\u00eda\ndespu\u00e9s por las ansiedades y temores l\u00f3gicos del noviciado \u00abgrandes\ndesasosiegos con cosas que en s\u00ed ten\u00edan poco tomo\u00bb. Pero \u00abcon el gran contento\nque ten\u00eda de ser monja todo lo pasaba\u00bb (V 5,1). Una extra\u00f1a y grave enfermedad\nal a\u00f1o de profesar, la obliga a ausentarse del convento para curarse (V 4,5).\n\u00bfExceso de penitencia, angustia interior, inadaptaci\u00f3n a los manjares? \u00bfO un\nepisodio m\u00e1s de su siempre fr\u00e1gil salud?<\/p>\n\n\n\n<p>Sentimientos \u00edntimos\nque pueden ratificarse con otros pasajes: \u00abYo nunca supe lo que era descontento\nde ser monja ni un momento\u00bb escribe (V 36,11). En superlativo: \u00abY como estaba\ntan content\u00edsima en aquella casa&#8230;\u00bb (V 32,12). Si no conoci\u00e9ramos los motivos,\nser\u00eda extra\u00f1o que tuviese la tentaci\u00f3n de irse a otra comunidad de la misma\nOrden, donde nadie la conociera, muy probablemente a La Encarnaci\u00f3n de\nValencia. Que nadie viera y que nadie comentara sus arrobamientos y fen\u00f3menos\nm\u00edsticos. (Efr\u00e9n de la Madre de Dios, Tiempo y vida de Santa Teresa, I, n.\n469). Contaba entonces 42 a\u00f1os (V 31,13).<\/p>\n\n\n\n<p>Su contento interior\nest\u00e1 lleno de gratitud y alabanza a Dios por la vocaci\u00f3n, por haberla tra\u00eddo a\naquel lugar: \u00abde traerme por tantos rodeos vuestra piedad y grandeza a estado\ntan seguro y a casa donde hab\u00eda muchas siervas de Dios, de quien yo pudiera\ntomar\u00bb (V 4,3). Y en otro pasaje: \u00abBendito se\u00e1is, mi Dios y al\u00e1beos todo lo\ncriado, que&#8230; darme estado de monja fue grand\u00edsima merced\u00bb (C 8,2). Esa es la\nvisi\u00f3n global, muy por encima de los peque\u00f1os sinsabores de lo cotidiano. El\nllanto y las l\u00e1grimas que refiere en algunos pasajes de su vida, tienen motivos\nbien diferentes (V 9,1.8).<\/p>\n\n\n\n<p>1.4.2.&nbsp;Sus\nrelaci\u00f3nes fraternas. \u2013 En la convivencia con las hermanas de esa numerosa y\ncompleja comunidad, es donde Teresa de Ahumada, desplegar\u00eda la riqueza de su\nvirtud y de sus dotes para la relaci\u00f3n humana. Poco se sabe sobre su relaci\u00f3n\ncon las prioras de turno. \u00bfQu\u00e9 ayuda y consejo le prestaron, por ejemplo, en\nsus crisis afectiva y espiritual? Se sabe que, desde joven, tuvieron gran\nconfianza en ella, y que se sinti\u00f3 querida y valorada. \u00abComo me ve\u00edan tan moza\ny en tantas ocasiones, y apartarme muchas veces a soledad a rezar y leer&#8230; y\nmucho hablar de Dios&#8230;, no decir mal&#8230;, con esto me daban tanta y m\u00e1s\nlibertad que a las muy antiguas y ten\u00edan gran seguridad de m\u00ed\u00bb (V 7,2).<\/p>\n\n\n\n<p>En el cultivo de la\nrelaci\u00f3n fraterna brilla con luz propia la honradez y sinceridad de su caridad:\n\u00abNo era inclinada a murmurar, ni a decir mal de nadie, ni me parece pod\u00eda\nquerer mal a nadie\u00bb (V 32,7). No es extra\u00f1o que tuviera \u00abtantas amigas\u00bb (V\n36,8).<\/p>\n\n\n\n<p>Es verdad que en\nmomentos muy puntuales sufre murmuraci\u00f3n, no digo ahora de parte de extra\u00f1os,\nsino de las monjas de su comunidad. Dos momentos, muy alejados uno del otro,\nas\u00ed lo ratifican. Uno en plena juventud, reci\u00e9n recuperada la pr\u00e1ctica de la\noraci\u00f3n: \u00abComenz\u00f3 la murmuraci\u00f3n de golpe&#8230; dec\u00edan que me quer\u00eda hacer santa y\nque inventaba novedades\u00bb (V 19,7-8). Otro, en su madurez humana, cuando se\ncomentan sus proyectos fundacionales: \u00abEstaba malquista en todo el monasterio,\nporque quer\u00eda hacer un monasterio m\u00e1s encerrado&#8230; Dec\u00edan que las afrentaba\u00bb (V\n33,2). Las cr\u00edticas subir\u00edan mucho m\u00e1s de tono en el episodio de la nueva\nfundaci\u00f3n (V 36,11-13). Eran riesgos que afrontaba desde una convicci\u00f3n\ninterior.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfC\u00f3mo la ve\u00edan las\ndem\u00e1s? Ana Mar\u00eda de Jes\u00fas, testigo en los procesos de canonizaci\u00f3n, declaraba\nque \u00abpor entonces todas las religiosas del dicho convento la quer\u00edan y\nestimaban mucho\u00bb (Proceso de \u00c1vila, 1610, 4\u00aa: BMC 19, 441). La experiencia de\nsoledad humana (sentirse sola, marginada o aislada en la masa) que muy\nposiblemente se daba en aquella comunidad, ella no la sufre.<\/p>\n\n\n\n<p>1.4.3.&nbsp;\u00abBuscar\ncompa\u00f1\u00eda\u00bb (V 7,22). \u2013 La expresi\u00f3n se refiere a la necesidad de relaciones en\nprofundidad, confesores o consejeros espirituales: \u00abYo no hall\u00e9 confesor que me\nentendiese, aunque le busqu\u00e9 en 20 a\u00f1os\u00bb (V 4,7). Largos per\u00edodos de crisis,\ndudas sobre sus experiencias espirituales, luchas personales, en que se ve\nsola, sin ayuda. Nadie, ni priora, ni maestra de novicias, ni confesor que la\nayude y aconseje. Su palabra suena como un lamento: \u00abGran mal es un alma sola\nentre tantos peligros; par\u00e9ceme a m\u00ed que si yo tuviera con quien tratar todo\nesto&#8230;\u00bb (V 7,20). Una larga b\u00fasqueda, que cambia completamente de signo en su\nmadurez, en amplias relaciones, no s\u00f3lo con buenos confesores y te\u00f3logos de\ngran prestigio, sino incluso con santos hoy canonizados (V 23,4.8.10).<\/p>\n\n\n\n<p>Otra cara de la misma\nmoneda, es la necesidad de amigos en torno a Cristo y compa\u00f1eros de camino,\nante las escasas posibilidades de contacto espiritual que se dan en la\ncomunidad. Por la gran significaci\u00f3n de sus miembros, es cap\u00edtulo aparte el\ngrupo de \u00ablos cinco\u00bb (V 16,7). Luego est\u00e1 su peque\u00f1o c\u00edrculo de amigas, monjas\ny seglares, que se re\u00fanen en su celda en \u00edntimos y espirituales coloquios y\npara ayudarse en la oraci\u00f3n. Precisamente en una de las veladas de este grupo,\nsurgir\u00eda el primer esbozo de la futura comunidad (V 32,10).<\/p>\n\n\n\n<p>El locutorio, punto\nd\u00e9bil en la Encarnaci\u00f3n, fue tambi\u00e9n para Teresa lugar de relaci\u00f3n y conversaci\u00f3n.\nVisitas que interesan a la comunidad, y otras personas. Esto ser\u00eda para Teresa\ncomo una espada de doble filo. Mientras, por un lado, se prodiga en ser amable\ncon las visitas, consolarles, darles consejos o ense\u00f1arles a orar, por otro\nlado, algunas de estas amistades, como es bien sabido, afectaron por alg\u00fan\ntiempo a su mundo afectivo y emocional, y dificultaron su vida de oraci\u00f3n (V\n7,6.8).<\/p>\n\n\n\n<p>La casa y las\nhermanas, compartiendo cada d\u00eda oraci\u00f3n y vida, gozos y preocupaciones, fueron\ntejiendo en su esp\u00edritu un hondo y agradecido sentido de pertenencia. Entre sus\nmonjas ella se ha sentido hermana y carmelita. De este monasterio se siente\nhija. Y cuando, a\u00f1os m\u00e1s tarde, en sus viajes de fundadora, pase por \u00c1vila, se\nacercar\u00e1 a la Encarnaci\u00f3n con este comentario: \u00abVu\u00e9lvome a mi madre\u00bb (BMC 2,\n108). En el juicio que reflejan sus escritos sobre esta comunidad, Teresa se\nmuestra delicada y generosa con las personas. No se escandaliza de las\ndebilidades humanas. Pero en una clara mirada a las realidades negativas, se le\npresenta la otra alternativa. El proyecto de un nuevo marco vital donde vivir\nel m\u00e1s puro ideal del Carmelo contemplativo. Un proyecto largamente pensado,\norado y consultado (V 32,12-13), que se le hace cada d\u00eda m\u00e1s urgente ante los\nproblemas y males de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>2. La otra experiencia\n1562-1582<\/p>\n\n\n\n<p>2.1.Una comunidad en\nformaci\u00f3n<\/p>\n\n\n\n<p>En la madrugada del 24\nde agosto de 1562, mientras se desata una gran pol\u00e9mica por la nueva fundaci\u00f3n,\nTeresa asiste, a la inauguraci\u00f3n del nuevo conventito de San Jos\u00e9, y da el\nh\u00e1bito a las cuatro primitivas. Ella es hija de la Encarnaci\u00f3n y a la vez\nfundadora de San Jos\u00e9. Pero no se queda a vivir all\u00ed, porque, en cuanto la\nnoticia llega a la Encarnaci\u00f3n, la priora manda llamarla para pedirle cuentas\n(V 36,11). S\u00f3lo meses m\u00e1s tarde tendr\u00eda autorizaci\u00f3n para trasladarse y tomar\nel cargo de Priora. Bajo su direcci\u00f3n y magisterio, la comunidad ir\u00eda\nr\u00e1pidamente creciendo hasta llegar al n\u00famero de trece. En principio, la madre\nTeresa s\u00f3lo pensaba en esa \u00fanica fundaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Al mismo tiempo se va\nperfilando la legislaci\u00f3n. Una legislaci\u00f3n para una comunidad de nuevo cu\u00f1o. Al\ncomienzo ser\u00edan unas breves normas redactadas por la madre Teresa. En el\ntrascurso de los cinco primeros a\u00f1os, termina la redacci\u00f3n de las\nconstituciones. Son fruto de sus propias intuiciones, de las experiencias\npasadas y de la vida misma. Reciben la aprobaci\u00f3n del General de la Orden en\n1567. Es un libro breve, con fuerte impronta teresiana, escrito con aliento\nespiritual. El apartado de culpas y penas no es de su pluma. Otros escritos\nteresianos, y sobre todos ellos el Camino de Perfecci\u00f3n, escrito a petici\u00f3n de\nsus monjas, ayudan a completar el dise\u00f1o de la comunidad teresiana.<\/p>\n\n\n\n<p>2.2. L\u00edneas b\u00e1sicas de\nla nueva comunidad<\/p>\n\n\n\n<p>En la famosa velada,\nya mencionada, con el grupo de amigas (V 32.10), surgen las l\u00edneas elementales\nde la posible fundaci\u00f3n. La documentaci\u00f3n existente, revela cu\u00e1les fueron los\ncomentarios: En la En\u00adcarnaci\u00f3n hay demasiada gente, la casa es enorme, el\nambiente poco recogido y de mucho ruido, falta un clima de paz y sosiego.\nHagamos por lo tanto un monasterio \u00abpeque\u00f1o y de pocas monjas\u00bb (Tom\u00e1s de la\nCruz &#8211; Sime\u00f3n de la Sagrada Familia, La Reforma Teresiana. Documentaci\u00f3n de sus\nprimeros d\u00edas, Teresia\u00adnum, Roma 1962, 211).<\/p>\n\n\n\n<p>Ese monasterio\n\u00abpeque\u00f1o y de pocas monjas\u00bb, ser\u00e1 el nuevo enmarque donde vivir dos valores\nprimordiales que ella descubre como propios del Carmelo: contemplaci\u00f3n y\nhermandad, ambos en armoniosa integraci\u00f3n. Al primero, Teresa de Jes\u00fas lo\nllamar\u00e1 \u00abtesoro\u00bb y \u00abpreciosa margarita\u00bb, al evocar con nostalgia los or\u00edgenes\nerem\u00edticos del Carmelo: \u00abde esta casta venimos\u00bb (M 5,1,2). Y lo asume en una\nclara afirmaci\u00f3n: \u00abEl estilo que pretendemos llevar es no s\u00f3lo de ser monjas,\nsino ermita\u00f1as\u00bb (C 13,6). Quedar\u00eda plasmado en tres elementos b\u00e1sicos de\nsoledad para la contemplaci\u00f3n: clausura estricta, celda y ermitas (Cons\n8.15.32), dejando de lado la sala com\u00fan de labor (Cons 8).<\/p>\n\n\n\n<p>El otro rasgo, \u00abestilo\nde hermandad\u00bb, es una expresi\u00f3n ya cl\u00e1sica de la Santa. Una hermandad fraterna\nque no se expresa s\u00f3lo en la seriedad de actos comunes o momentos corales. Es\nlo que trata de explicar a fray Juan de la Cruz, reci\u00e9n conquistado para su\ncausa, tray\u00e9ndolo hasta la fundaci\u00f3n de Valladolid en 1568. Que sea testigo de\nla \u00abmanera de proceder\u00bb y \u00abdel estilo de hermandad y recreaci\u00f3n que tenemos\njuntas, que todo es con tanta moderaci\u00f3n, que s\u00f3lo sirve para entender all\u00ed las\nfaltas de las hermanas y tomar un poco de alivio\u00bb (F. 13, 5). Lo que aqu\u00ed se\ndescribe es la recreaci\u00f3n comunitaria. En torno al sentido de la frase\n\u00abentender las faltas\u00bb, las interpretaciones han sido varias. En ese contexto,\nla palabra \u00abfaltas\u00bb no se traducir\u00eda como fallos o culpas, sino como carencias\no necesidades de las hermanas (cf \u00c1lvarez, Tom\u00e1s, EstTer, III, Monte Carmelo,\nBurgos 1996, 531-540). Con esta interpretaci\u00f3n la recreaci\u00f3n comunitaria al\nestilo teresiano toma distancia de la correcci\u00f3n y se define como tiempo de\ndistensi\u00f3n, alivio y buen humor.<\/p>\n\n\n\n<p>La conformaci\u00f3n de\nesta comunidad es una convergencia feliz entre las normas y las realidades, y\nse completar\u00eda con otras caracter\u00edsticas, aqu\u00ed recogidas en s\u00edntesis: comunidad\nde gente escogida (Cons 21); ocupadas en oraci\u00f3n por la Iglesia (C 3,1-2); en\npobreza, sin rentas, en trabajo y austeridad de vida (Cons 9.11.12.32); todas\niguales en derechos, sin t\u00edtulos de \u00abdon\u00bb ni diferencias de clase (Cons 30);\nsin la exigencia de \u00abdote\u00bb (Cons 21); con una s\u00f3lida formaci\u00f3n y buenos libros\n(Cons 8); unidas en un amor desprendido y oblativo (Cons 28); en alegr\u00eda y\nacci\u00f3n de gracias (V 35,12); en gozoso clima de familia (Cons 26-28); y en el\nhorario diario, adem\u00e1s de la Eucarist\u00eda y el rezo coral, dos horas de oraci\u00f3n\nmental (Cons 2.7). Todo converge hacia la plasmaci\u00f3n de una peque\u00f1a comunidad\norante y fraterna.<\/p>\n\n\n\n<p>Y como base firme\ndonde asentar la paz interior y exterior, virtudes pr\u00e1cticas: \u00abImporta mucho\nentendamos lo muy mucho que nos va en guardarlas para tener la paz&#8230; interior\ny exteriormente: La una es amor unas con otras; otra, desasimiento de todo lo\ncriado; la otra, verdadera humildad&#8230; que las abraza a todas\u00bb (C. 4.4).<\/p>\n\n\n\n<p>2.3.C\u00f3mo vive T la\nnueva experiencia<\/p>\n\n\n\n<p>Hay varios factores\nque convergen en esta experiencia de vida en San Jos\u00e9 de \u00c1vila y que la hacen\nexcepcional. El primero es la presencia y la catequesis oral de la madre\nTeresa. Otro factor a tener en cuenta es que, en la elaboraci\u00f3n de las\nconstituciones, se tienen en cuenta, entre otros muchos, los datos aportados\npor el fluir de la vida. Y es evidente finalmente, ese clima especial y \u00fanico\nde fervor y de unidad que se da en los comienzos, y que queda como un reclamo\npara las generaciones venideras. Estos factores, en su conjunto, no se dar\u00edan\nen las comunidades posteriores.<\/p>\n\n\n\n<p>Son muy precisos los\ndatos sobre la experiencia de los cinco primeros a\u00f1os en San Jos\u00e9. Teresa los\ndescribe como \u00ablos m\u00e1s descansados de mi vida, cuyo sosiego y quietud echa\nharto de menos muchas veces mi alma\u00bb (F 1,1). Basta fijarse en los t\u00e9rminos del\nlenguaje: \u00abcontento\u00bb, \u00absosiego\u00bb, \u00abquietud\u00bb, \u00abalegr\u00eda\u00bb, \u00abdescanso\u00bb, etc. O\nexpresiones que hablan por s\u00ed mismas: \u00abesto es un cielo\u00bb, \u00abun rinconcito de\nDios\u00bb, las hermanas tienen \u00abalmas de \u00e1ngeles\u00bb. Todo un anuncio de buena nueva\njalonado de bendiciones y alabanzas al Se\u00f1or (V 35.36; F 1,1-6).<\/p>\n\n\n\n<p>No es ella sola la que\nvive este gozo, son todas las hermanas de la comunidad. Y esto resulta m\u00e1s\nsignificativo si tenemos en cuenta la austeridad y pobreza en que viven. Una\nclave importante es el estilo de humanismo y suavidad: \u00abgran perfecci\u00f3n con\nmucha suavidad\u00bb (V 36,30). \u00abLl\u00e9vanlo con una alegr\u00eda y contento que cada una se\nhalla indigna de haber merecido venir a tal lugar\u00bb (V 35,12).<\/p>\n\n\n\n<p>Bendice a Dios por\nesta realidad. \u00c9l es quien ha convocado a estas hermanas, almas escogidas, que\nson un verdadero regalo suyo, \u00abporque yo no supiera desearlas tales para este\nprop\u00f3sito\u00bb (V 35,12). S\u00f3lo de Dios puede brotar tanta alegr\u00eda: \u00abD\u00e1les Dios un\ncontento y alegr\u00eda tan ordinaria que no parece sino un para\u00edso en la tierra\u00bb\n(cta a D. Crist\u00f3bal R. Moya, 26-6-1968, n. 1).<\/p>\n\n\n\n<p>Otros testimonios\nreferentes a estos a\u00f1os confirmar\u00edan la misma realidad. Entre varios posibles,\ntienen gran valor hist\u00f3rico los que aporta Francisco de Ribera, primer bi\u00f3grafo\nde la Santa en los cap\u00edtulos 5 y 6 de la Vida de Santa Teresa de Jes\u00fas, Libro\nII. Por su parte, Mar\u00eda de San Jos\u00e9 nos presenta su impresi\u00f3n personal. Ella se\nsinti\u00f3 fascinada por la madre Teresa y sus hijas, por la admirable vida y\nconversaci\u00f3n y en especial por la \u00absuavidad y gran discreci\u00f3n\u00bb: \u00abMe llam\u00f3 el\nSe\u00f1or a la religi\u00f3n viendo y tratando a nuestra Madre y a sus compa\u00f1eras\u00bb\n(Libro de las recreaciones, 2; Humor y Espiritualidad, Monte Carmelo, Burgos\n1966, 170-171). Una inc\u00f3gnita preocupante era la opini\u00f3n del General de la\nOrden que visit\u00f3 San Jos\u00e9 de \u00c1vila en 1567. Felizmente, y a pesar de los\nproblemas que surgir\u00edan despu\u00e9s, Teresa encuentra en \u00e9l una cari\u00f1osa acogida.\n\u00abAlegr\u00f3se de ver la manera de vivir\u00bb (F 2,3).<\/p>\n\n\n\n<p>Estas son las\nvaloraciones, netamente positivas. Posiblemente haya que bajar el diapas\u00f3n en\nreferencia a los a\u00f1os posteriores, cuando las fundaciones se van multiplicando.\nNunca faltaron problemas, fragilidades e incluso contradicciones. A la misma\nSanta le tocar\u00e1 enfrentarlos. Pero su testimonio de admiraci\u00f3n es di\u00e1fano:\n\u00abPues comenzando a poblarse estos palomarcitos de la Virgen, nuestra Se\u00f1ora,\ncomenz\u00f3 la Divina Majestad a mostrar sus grandezas en estas mujercitas flacas,\naunque fuertes en los deseos y en el desasirse de todo lo criado\u00bb (F 4,5). O\ncuando exclama: \u00abAlgunas veces me es particular gozo cuando, estando juntas,\nlas veo a las hermanas tenerle tan grande interior, que la que m\u00e1s puede, m\u00e1s\nalabanzas da a nuestro Se\u00f1or\u00bb (M 6,6,12).<\/p>\n\n\n\n<p>3. Caracterizaci\u00f3n de\nla comunidad teresiana<\/p>\n\n\n\n<p>3.1. Enclave teologal<\/p>\n\n\n\n<p>El peque\u00f1o \u00abcolegio de\nCristo\u00bb (CE 20,1) no es simple realizaci\u00f3n humana. Teresa de Jes\u00fas lo sit\u00faa en\nuna perspectiva de gracia. La vocaci\u00f3n es un don, cada hermano es un don, la\ncomunidad pertenece al Se\u00f1or, es obra suya. La realiza y sostiene por el\nEsp\u00edritu. Se lo recuerda a sus monjas en estos tres postulados: a) El Se\u00f1or nos\nha reunido: \u00abGracias al Se\u00f1or que nos junt\u00f3 aqu\u00ed\u00bb (C 1,5; 3,1.10; 8,3). b) El\nSe\u00f1or mora con nosotras; esta casa es \u00abrinconcito de Dios\u00bb, \u00abmorada en que Su\nMajestad se deleita\u00bb (V 35,12). c) El Se\u00f1or cuidar\u00e1 de vosotras: \u00abLos ojos en\nvuestro Esposo; \u00c9l os ha de sustentar\u00bb (C 2,1). La actualidad de estos conceptos\nteol\u00f3gicos es ratificada en el Vaticano II (PC 15).<\/p>\n\n\n\n<p>3.2. Soledad en\ncompa\u00f1\u00eda<\/p>\n\n\n\n<p>Teresa trata, en\nprimera instancia, de revitalizar el carisma contemplativo del Carmelo. Y\nentiende que esa nueva savia dif\u00edcilmente puede circular en las estructuras\ncomunitarias de la Encarnaci\u00f3n. De ah\u00ed su idea de grupo unido e identificado\ncon el ideal primigenio. En esas coordenadas se sit\u00faa, por un lado, la\nvaloraci\u00f3n de la soledad (Cons 8), y por otro, las oportunidades de relaci\u00f3n.\nSilencio y palabra. Y no s\u00f3lo a trav\u00e9s de los actos lit\u00fargicos, sino tambi\u00e9n en\nel di\u00e1logo espiritual privado (Cons 7), y en las recreaciones, en \u00abque todas\njuntas puedan hablar en lo que m\u00e1s gusto les diere\u00bb (Cons 26.28). La armon\u00eda de\nla vida de esta comunidad est\u00e1 en el equilibrio entre el silencio contemplativo\nbajo la Palabra, n\u00facleo central de la Regla del Carmelo, y los momentos del\ncompartir esp\u00edritu y vida, liturgia y fiesta. \u00abMientras m\u00e1s santas, m\u00e1s\nconversables con las hermanas\u00bb (C 41,7). Todo ello condimentado con la alegr\u00eda,\nelemento t\u00edpico de las comunidades teresianas.<\/p>\n\n\n\n<p>3.3. Un grupo peque\u00f1o<\/p>\n\n\n\n<p>La madre Teresa hace\nun c\u00e1lculo muy preciso del n\u00famero desde el primer esbozo de comunidad. El\nn\u00famero entra como dato importante dentro del modelo de comunidad que ha idea\u00addo\npara el Carmelo. Huye de la comunidad-masa como la experimentada en la\nEncarnaci\u00f3n. Despu\u00e9s de mucho pensar y consultar, el n\u00famero quedar\u00eda fijado en\ntrece, ni una m\u00e1s. \u00abPorque esto tengo por muchos pareceres sabido, y visto por\nexperiencia, que para llevar el esp\u00edritu que se lleva y vivir de limosna&#8230;, no\nse sufre m\u00e1s\u00bb (V 36,29). Porque \u00abadonde hay pocas, hay m\u00e1s conformidad y\nquietud\u00bb (F 2, 1). Un c\u00e1lculo del n\u00famero as\u00ed de preciso, en el siglo XVI, es un\ndato relevante. Las razones que posteriormente influyen en la ampliaci\u00f3n del\nn\u00famero hasta 21, no invalidan el planteamiento original.<\/p>\n\n\n\n<p>3.4. Un grupo selecto<\/p>\n\n\n\n<p>Teresa de Jes\u00fas es muy\nexigente en esto. \u00abDonde son tan pocas, de raz\u00f3n hab\u00edan de ser escogidas\u00bb (cta\na do\u00f1a Mar\u00eda de Mendoza, 7.3.1572, n. 5) \u00abQue sean personas de oraci\u00f3n y para\nnuestro modo\u00bb (cta a don Crist\u00f3bal R. Moya, 8.6.1568, n. 1). No importa que no\ntengan bienes de fortuna si los tienen de virtudes (Cons 21). Las cualidades\nque reflejan mayor sensibilidad para su \u00e9poca, ser\u00edan las referentes al talento\no buen entendimiento (C 14,2; Cons. 21), y al equilibrio ps\u00edquico para convivir\n(F 7). Estar tambi\u00e9n muy alerta frente a las presiones del exterior (C 14,2; CE\n20,1), y ayudar al candidato para que haga una opci\u00f3n desde la libertad (Cons\n17; C 13,7). La idea base ser\u00eda que, aun contando con la fragilidad humana, una\ncomunidad podr\u00e1 mantenerse unida y en crecimiento, en la medida en que sea\nl\u00facida para admitir en su seno s\u00f3lo aquellos miembros que puedan adherirse a\ntodo su ideal, y siendo consciente de que tiene un l\u00edmite de conflictividad que\nno es prudente rebasar.<\/p>\n\n\n\n<p>3.5. La necesidad\nineludible de amarse (C 4,5)<\/p>\n\n\n\n<p>Podr\u00eda haber fallos en\notras cosas, pero es impensable vivir juntos sin amarse. La madre Teresa con\nevidente dramatismo afirma rotunda que no hay mayor desgracia para la comunidad\nque la ruptura del amor. Es como echar de casa al Se\u00f1or (C 7,10). Por el\ncontrario, la peque\u00f1a comunidad ha de ser como una familia: \u00abEn esta casa&#8230;\ntodas han de ser amigas, todas se han de amar, todas se han de querer, todas se\nhan de ayudar (C 4,7). De la lectura del libro Camino (cap\u00edtulos 4 a 7) surge\nla clara conclusi\u00f3n de que hay que educar en el amor. Es de absoluta necesidad\npara el equilibrio personal y comunitario. Educar para un amor puro y oblativo,\nuniversal y sin exclusivismos (C 4,5.8; M 1.2,17). Entender el amor como don y\ntarea (M 5.3,9). Y educar tambi\u00e9n para el perd\u00f3n y la misericordia (C 36,7).<\/p>\n\n\n\n<p>3.6. Convocadas para\nuna misi\u00f3n eclesial<\/p>\n\n\n\n<p>Teresa de Jes\u00fas\ndescribe su comunidad como un \u00abcastillito&#8230; de buenos cristianos\u00bb (C 3,2), y\nas\u00ed se lo transmite a sus hijas. La comunidad no est\u00e1 reunida s\u00f3lo para su\npropia santificaci\u00f3n, sino para vivir por la Iglesia y la humanidad. Para\nentrar en combate por medio de la intercesi\u00f3n. \u00abEste es vuestro llamamiento\u00bb (C\n1,5). Misi\u00f3n que toma tintes de urgencia ante las noticias que le llegan sobre\nel desgarro de la Iglesia con el avance de la Reforma Protestante: \u00abEst\u00e1se\nardiendo el mundo\u00bb (C 1,5). \u00bfQu\u00e9 hacer? \u00abEso poquito\u00bb ser\u00e1: Vivir una fidelidad\nevang\u00e9lica y \u00abque todas ocupadas en oraci\u00f3n por los que son defensores de la\nIglesia y predicadores y letrados&#8230; ayud\u00e1semos en lo que pudi\u00e9semos\u00bb (C 1,2).\nLuego vendr\u00edan sus ansias misioneras ante el paganismo del Nuevo Mundo. Esta\ntoma de conciencia eclesial implicar\u00eda definitivamente a las comunidades\nteresianas en la ev\u00c1ngelizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>3.7. La comunidad,\nescuela de formaci\u00f3n<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00ed, sobre las prioras\nde sus comunidades y las maestras de novicias recae esa ineludible misi\u00f3n. Se\nha se\u00f1alado anteriormente la necesidad de educar en el amor. Tambi\u00e9n hay que\ninstruirles en los misterios de la fe, la oraci\u00f3n y la vida misma, no s\u00f3lo los\noficios. Para ello Teresa quiso dotar a las comunidades de buenas prioras,\npersonas equilibradas, serenamente firmes, capaces de conducir a cada hermana y\nal grupo hacia el plan de Dios con delicadeza y sabidur\u00eda. Como peque\u00f1os\ndetalles: ella cuida de que haya buenos libros (Cons 8), orienta e ilumina a\ncada monja en su vida interior en encuentros personales, exhorta e instruye a\nla comunidad (Cons 41. 43), permite el di\u00e1logo espiritual privado entre\nhermanas (Cons 7). Escoge con cuidado a la Maestra de novicias (C 40). La\nconsigna para la formaci\u00f3n es \u00abcriar almas para que more el Se\u00f1or\u00bb e insistir\nm\u00e1s en \u00ablas virtudes, que en el rigor de la penitencia\u00bb (Cons 40).<\/p>\n\n\n\n<p>3.8.Gran perfecci\u00f3n\ncon mucha suavidad (V 36,29)<\/p>\n\n\n\n<p>Es otro de los rasgos\ndel grupo teresiano. Educar a las hermanas para una radicalidad evang\u00e9lica,\nllev\u00e1ndolas con delicadeza. En el ejercicio de este magisterio y de la\nautoridad en general, hay un estilo: que la priora act\u00fae con amor de madre, y\nque procure ser amada para ser obedecida (Cons 34). Es la actitud maternal, no\nmaternalista, que acompa\u00f1a con suavidad, a la vez que corrige, amonesta y ayuda\na crecer a las s\u00fabditas, dej\u00e1ndose de ni\u00f1er\u00edas. Mantener la obediencia bajo la\nayuda persuasiva del amor es una faceta m\u00e1s del humanismo teresiano.<\/p>\n\n\n\n<p>Son rasgos, no\nexclusivos por supuesto, pero que, en su conjunto, dan un sello de\nsingularidad. A ellos podr\u00edan a\u00f1adirse muchos otros matices. En todo caso, puede\ndecirse que el modelo de comunidad y el estilo que lo caracteriza, aparece como\nuno de los elementos fundamentales del movimiento renovador que Teresa promueve\nen el Carmelo. Sus aportaciones al concepto y desarrollo de la comunidad\nreligiosa en su momento hist\u00f3rico, son importantes y de gran inter\u00e9s. Su\ntrayectoria fue pasar del no grupo al grupo, en la convicci\u00f3n de que s\u00f3lo los\ngrupos fuertemente unidos y mentalizados pueden mantener la pureza de un ideal\ncon aut\u00e9ntica capacidad de irradiaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>BIBL. \u2013 Ildefonso\nMoriones, Ana de Jes\u00fas y la herencia teresiana, Roma, 1968; Id.,El carisma\nteresiano. Estudio sobre los or\u00edgenes, Roma, 1972; L. del Burgo, La comunidad\nteresiana, en \u00abComunidades\u00bb 9 (1981), 170-180; \u00c1lvarez, Tom\u00e1s, Temas Teresianos\nIII, Monte Carmelo, Burgos 1996, 260-279; 531-541; Efr\u00e9n &#8211; Steggink, Otger,\nTiempo y Vida de Santa Teresa, BAC 283, Madrid 1968; Steggink, Otger,\nExperiencia y realismo en Santa Teresa de Jes\u00fas y San Juan de la Cruz,\nEspiritualidad, Madrid 1974; Murillo Agos, Jes\u00fas, La comunidad en Teresa de\nJes\u00fas, El Carmen, Vitoria 1982; G. Pozzobon, La comunit\u00e1 teresiana. Genesi e\nformulazione&#8230;, Roma, 1979; Ruiz, Alfonso, Un estilo de hermandad, Monte\nCarmelo, Burgos, 1981.<\/p>\n\n\n\n<p>Jes\u00fas Murillo<\/p>\n\n\n\n<p>Todos los derechos:&nbsp;<em>Diccionario Teresiano<\/em>,\nGpo.Ed.FONTE<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(en Santa Teresa de Jes\u00fas) El tema se contempla en dos perspectivas. 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