{"id":4553,"date":"2015-01-21T16:48:35","date_gmt":"2015-01-21T22:48:35","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4553"},"modified":"2022-01-21T16:49:22","modified_gmt":"2022-01-21T22:49:22","slug":"comunion-eucaristica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4553","title":{"rendered":"Comuni\u00f3n eucar\u00edstica"},"content":{"rendered":"\n<p>Para el estudio de la\npiedad eucar\u00edstica de T, remitimos a la voz Eucarist\u00eda. Aqu\u00ed trataremos s\u00f3lo\ndel sacramento de la comuni\u00f3n: primero, en la pr\u00e1ctica de T; luego, en su\nense\u00f1anza espiritual.<\/p>\n\n\n\n<p>1. En la vida espiritual\nde T la comuni\u00f3n adquiere importancia especial a partir de su conversi\u00f3n;\nrelevancia que se vuelve dram\u00e1tica en su per\u00edodo m\u00edstico.<\/p>\n\n\n\n<p>Es muy poco lo que\nsabemos de la pr\u00e1ctica de la comuni\u00f3n sacramental en la historia personal de T\ndurante su vida en familia. No nos quedan datos sobre su primera comuni\u00f3n ni\nsobre su iniciaci\u00f3n catequ\u00e9tica de infancia. Sus primeras confidencias se\nrefieren ya a los a\u00f1os de iniciaci\u00f3n en la oraci\u00f3n personal, siendo religiosa,\na\u00f1os en que ella lucha contra distracciones y dificultades en la meditaci\u00f3n:\n\u201cSi no era acabando de comulgar, jam\u00e1s osaba comenzar a tener oraci\u00f3n sin un\nlibro\u201d (V 4,9). A\u00fan no practicaba la comuni\u00f3n diaria (ni siquiera \u201ccomuni\u00f3n\nfrecuente\u201d, desde nuestros par\u00e1metros de hoy). Eran relativamente pocos los\nd\u00edas de comuni\u00f3n permitidos por las Constituciones de la Encarnaci\u00f3n (cf la\nr\u00fabrica tercera de las mismas: BMC 9,485). Uno de sus primeros recuerdos\nemotivos se refiere a la comuni\u00f3n que ella solicita tras los cuatro d\u00edas en\nestado de coma (de \u201cparoxismo\u201d, dice): \u201ccomulgu\u00e9 con hartas l\u00e1grimas\u201d (V 5,10).\nY qued\u00f3 en la enfermer\u00eda conventual \u201ccomulgando m\u00e1s a menudo&#8230; y desearlo\u201d\n(6,4). La comuni\u00f3n \u201cfrecuente\u201d ser\u00e1 uno de los recursos para superar el bache\nde los a\u00f1os de baja (ib 7). El nuevo confesor, padre Vicente Barr\u00f3n, la anima a\n\u201cconfesar de quince a quince d\u00edas\u201d (7,17; 19,12), y como el citado \u201cparoxismo\u201d\nle ha dejado quiebras de est\u00f3mago con frecuentes v\u00f3mitos matinales, para poder\ncomulgar en la misa comunitaria (de la ma\u00f1ana), ella tiene que infligirse un\nv\u00f3mito provocado al anochecer del d\u00eda anterior (7,11). Pero a medida que\ncultiva su vida de oraci\u00f3n, la comuni\u00f3n se va convirtiendo en el momento m\u00e1s\nintensivo de \u00e9sta: \u201ccuando comulgaba, como sab\u00eda estaba all\u00ed cierto el Se\u00f1or\ndentro de m\u00ed, pon\u00edame a sus pies, pareci\u00e9ndome no eran de desechar mis\nl\u00e1grimas&#8230;\u201d (9,2).<\/p>\n\n\n\n<p>Las cosas cambian\nradicalmente al iniciar su vida m\u00edstica. Para ella, no hay vida m\u00edstica sin\nEucarist\u00eda. La comuni\u00f3n parece transformarla: \u201cNo creo soy yo la que hablo\ndesde esta ma\u00f1ana que comulgu\u00e9. Parece que sue\u00f1o lo que veo y no querr\u00eda ver\nsino enfermos de este mal que estoy yo ahora&#8230;\u201d (16,6; cf 16,2). \u201cSiempre\ntornaba a mi costumbre de holgarme con este Se\u00f1or, en especial cuando\ncomulgaba\u201d (22,4). Est\u00e1 convencida de que en la comuni\u00f3n se encuentra real y\npersonalmente con la Humanidad de su Se\u00f1or (c. 22). Convencida de que comulgar\nes recibirlo en su \u201cpobre posada\u201d (C 34, 7-8). En la comuni\u00f3n revive con toda\nintensidad el contenido de las m\u00edsticas visiones cristol\u00f3gicas: \u201cCuando yo me\nllegaba a comulgar y me acordaba de aquella majestad grand\u00edsima que hab\u00eda\nvisto, y miraba que era el que estaba en el Sant\u00edsimo Sacramento&#8230;, los\ncabellos se me espeluzaban y toda parec\u00eda me aniquilaba\u201d (V 38,19). Las\ncomuniones le agudizan el amor a El: \u201cEn acabando de comulgar&#8230;, repres\u00e9ntase\ntan se\u00f1or de aquella posada, que parece toda deshecha el alma se ve consumir en\nCristo&#8230;\u201d (28,8). \u201cVi\u00e9nen\u00adme algunas veces unas ansias de comulgar tan\ngrandes, que no s\u00e9 si se podr\u00eda encarecer. Acaeci\u00f3me una ma\u00f1ana que llov\u00eda\ntanto, que no parece hac\u00eda para salir de casa. Estando yo fuera de ella, yo\nestaba ya tan fuera de m\u00ed con aquel deseo, que aunque me pusieran lanzas a los\npechos, me parece entrara por ellas, cu\u00e1nto m\u00e1s agua\u201d (39,22).<\/p>\n\n\n\n<p>En lo sucesivo, los\nmomentos fuertes que jalonan la vida m\u00edstica de T acontecen a la hora de\ncomulgar. Cuando sobreviene el trance crucial en que sus amedrentados asesores\nle reducen taxativamente las comuniones (25,4) y le impiden la oraci\u00f3n, el\nSe\u00f1or interviene: \u201cD\u00edjome que les dijese que ya aquello era tiran\u00eda\u201d (29,6).\nPoco despu\u00e9s, \u201chabiendo comulgado\u201d, recibe la misi\u00f3n y el carisma de fundadora\n(32,11). La serie de gracias incisivas que ella va anotando en su cuaderno de\nRelaciones son prolongaci\u00f3n de su comuni\u00f3n (R 26,1; 15,1-4; 47. 49&#8230;).\nRecibiendo la comuni\u00f3n de mano de fray Juan de la Cruz, se le otorga la gracia\nesponsal del matrimonio m\u00edstico (R 35; M 7,2,1). Con frecuencia, la comuni\u00f3n\ntiene eficacia terap\u00e9utica, incluso sobre sus achaques f\u00edsicos: \u201cComo con la\nmano se le quitaban y quedaba buena del todo\u201d (R 1,23; C 34,6). Es sumamente\ndram\u00e1tica su \u00faltima comuni\u00f3n, en el lecho de muerte, ya no referida por ella\nsino por las religiosas que asisten al acto: \u201c\u00a1Hora es ya, Esposo m\u00edo, de que\nnos veamos!\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>2.&nbsp;Su ense\u00f1anza.\n\u2013 La Santa dedica tres cap\u00edtulos del Camino de Perfecci\u00f3n (33-35) a educar la\npiedad eucar\u00edstica en la comuni\u00f3n de sus disc\u00edpulas. Les habla desde su\nexperiencia personal: \u201cYo conozco una persona&#8230; S\u00e9 de esta persona que muchos\na\u00f1os, aunque no era muy perfecta, cuando comulgaba, ni m\u00e1s ni menos que si\nviera con los ojos corporales entrar en su posada el Se\u00f1or, procuraba esforzar\nla fe&#8230;, desocup\u00e1base de todas las cosas exteriores&#8230; y entr\u00e1base con \u00c9l&#8230;\nConsider\u00e1base a sus pies&#8230; Y, aunque no sintiese devoci\u00f3n, la fe la dec\u00eda que\nestaba bien all\u00ed\u201d (C 34, 6-7).<\/p>\n\n\n\n<p>Sin duda, el dato m\u00e1s\ndestacado en su pedagog\u00eda de la comuni\u00f3n es el realismo de fe en la real\npresencia del Se\u00f1or. Insistir\u00e1 en que no equivale a la relaci\u00f3n psicol\u00f3gica o convencional\ncon una imagen de Jes\u00fas: \u201cEsto pasa ahora y es entera verdad\u201d (34,8). No es el\nmomento de retornar a las escenas contadas por el Evangelio, de Jes\u00fas en la\nPasi\u00f3n o en el Huerto de Getseman\u00ed&#8230; La comuni\u00f3n es el presente de todo eso en\nla interioridad de quien comulga con viva fe y con deseos intensos. Fe, amor, y\ndeseos&#8230;, porque la Eucarist\u00eda es teof\u00e1nica: es reveladora del misterio de\nJes\u00fas. \u201cA los que ve que se han de aprovechar de su presencia, \u00c9l se les\ndescubre; que aunque no le vean con los ojos corporales, muchos modos tiene de\nmostrarse al alma&#8230; No viene tan disfrazado, que de muchas maneras no se d\u00e9 a\nconocer, conforme al deseo que tenemos de verle\u201d (ib 10.12).<\/p>\n\n\n\n<p>En la Eucarist\u00eda,\nseg\u00fan ella, toca fondo la k\u00e9nosis de Jes\u00fas, en su proceso de abajamiento. En la\nEucarist\u00eda, \u00e9l \u201cse disfraza\u201d para hac\u00e9rsenos m\u00e1s \u201ctratable\u201d. Si, tal como est\u00e1,\nlo vi\u00e9ramos \u201cglorificado\u201d, \u201cno habr\u00eda sujeto que lo resistiese de nuestro bajo\nnatural, ni habr\u00eda mundo ni quien quisiese parar en \u00e9l&#8230; Debajo de aquel pan\nest\u00e1 tratable; porque si el rey se disfraza&#8230;\u201d (ib 9). De lo contrario,\n\u201c\u00a1qui\u00e9n osara llegar&#8230; tan indignamente!\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde el punto de\nvista de nuestra oraci\u00f3n personal, la comuni\u00f3n eucar\u00edstica nos ofrece la mejor\ncoyuntura: comulgar es acoger al Se\u00f1or en la posada del propio ser. \u00c9l se deja\ninteriorizar en nosotros, para ahondar nuestra relaci\u00f3n con \u00e9l y facilitar as\u00ed\nnuestra oraci\u00f3n de recogimiento y de quietud, unificando en \u00e9l la dispersi\u00f3n de\nsentidos y potencias. Es tambi\u00e9n la mejor oportunidad para \u201cdarle gracias\u201d y\n\u201cpara negociar\u201d, es decir, para presentarle los avatares de nuestra vida y de\nlos hermanos (ib 10).<\/p>\n\n\n\n<p>Como era natural en la\npiedad de su tiempo \u2013y anticip\u00e1ndose a la explosi\u00f3n reparadora de los maestros\ndel siglo XIX\u2013, el hecho de las profanaciones del Sacra\u00admento se le convierte a\nella en est\u00edmulo sumo de reparaci\u00f3n. Lo deja fluir explosivamente en sus\noraciones al Padre Eterno, que \u201cconsiente\u201d tales desacatos a costa de su hijo\npresente en la Iglesia. Es todo un idilio el relato que hace a sus monjas del\npeligro en que estuvo la Eucarist\u00eda con ocasi\u00f3n de su fundaci\u00f3n del Carmelo de\nMedina (F 3).<\/p>\n\n\n\n<p>Eso mismo la lleva a\nextremar en la comuni\u00f3n la oraci\u00f3n por la Iglesia. Se la inculca\napasionadamente a las lectoras del Camino (c. 35). En una especie de sinaxis\nimprovisada, T las convoca y las enrola en una espont\u00e1nea prez eucar\u00edstica, que\ncomienza: \u201cPadre Santo, que est\u00e1s en los cielos&#8230; alguien ha de haber que\nhable por vuestro Hijo&#8230; Seamos nosotras, hijas, aunque es atrevimiento siendo\nlas que somos&#8230;\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Y concluye presentando\nal Se\u00f1or \u201ceste pan sacrat\u00edsimo, y aunque nos le disteis, torn\u00e1rosle a dar, y\nsuplicaros, por los m\u00e9ritos de vuestro Hijo&#8230;, se sosiegue este mar: no ande\nsiempre en tanta tempestad esta nave de la Iglesia\u201d (35,5).<\/p>\n\n\n\n<p>A nivel bien distinto,\nen la codificaci\u00f3n de la vida de las carmelitas, Teresa extendi\u00f3, todo lo\nposible entonces, el n\u00famero de comuniones en las comunidades de sus Carmelos.\nDedica al tema el cap\u00edtulo 2\u00ba de las Constituciones, con el t\u00edtulo \u201cQu\u00e9 d\u00edas se\nha de recibir al Se\u00f1or\u201d. Siempre partidaria de ampliar ese n\u00famero en lo\nposible. Cuenta su primer bi\u00f3grafo, Ribera: \u201cFuera de aqu\u00e9llas [de las Constituciones]\nmand\u00f3 que cada monja comulgase todos los a\u00f1os el d\u00eda en que tom\u00f3 el h\u00e1bito y en\nel que hizo profesi\u00f3n&#8230; Y para que se supiese su voluntad, una vez que se lo\npreguntaron pidi\u00f3 tinta y papel y lo escribi\u00f3 y firm\u00f3 de su nombre. Y es esto\ncert\u00edsimo&#8230;\u201d (La Vida de la Madre Teresa&#8230;, IV, 12, p. 424). A\u00fan hoy se\nconserva ese apunte de la Santa (A 2).<\/p>\n\n\n\n<p>BIBL. \u2013 D. de Pablo\nMaroto, Espiritualidad eucar\u00edstica seg\u00fan santa Teresa, en \u00abVidaSobr.\u00bb 66\n(1986), pp. 321-336; Id., Vida eucar\u00edstica de Santa Teresa en el siglo de las\nReformas, Madrid, 1990.<\/p>\n\n\n\n<p>T. \u00c1lvarez<\/p>\n\n\n\n<p>Todos los\nderechos:&nbsp;<em>Diccionario Teresiano<\/em>, Gpo.Ed.FONTE<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para el estudio de la piedad eucar\u00edstica de T, remitimos a la voz Eucarist\u00eda. Aqu\u00ed trataremos s\u00f3lo del sacramento de la comuni\u00f3n: primero, en la pr\u00e1ctica de T; luego, en su ense\u00f1anza espiritual. 1. 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