{"id":4559,"date":"2015-01-21T16:57:15","date_gmt":"2015-01-21T22:57:15","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4559"},"modified":"2022-01-21T17:00:10","modified_gmt":"2022-01-21T23:00:10","slug":"consolaciones-espirituales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4559","title":{"rendered":"Consolaciones espirituales"},"content":{"rendered":"\n<p>1.&nbsp;Consolaci\u00f3n y\ndesolaci\u00f3n. \u2013 Son dos situaciones extremas y opuestas del camino espiritual. En\nlos escritos teresianos no aparece el t\u00e9rmino desolaci\u00f3n, pero s\u00ed se describe\nesa t\u00edpica situaci\u00f3n aflictiva, presente en otros m\u00edsticos y maestros espirituales.\nSu descripci\u00f3n es un peque\u00f1o jir\u00f3n de la autobiograf\u00eda de T en pleno per\u00edodo\nm\u00edstico, cap\u00edtulo 30 de Vida. Teresa, que hab\u00eda le\u00eddo el comentario de san\nGregorio al libro de Job, ahora compara ese trance suyo con el santo de Hus:\n\u201c&#8230;permite el Se\u00f1or y le da licencia (al demonio), como se la dio para que\ntentase a Job, aunque a m\u00ed \u2013como a ruin\u2013 no es con aquel rigor\u201d (30,10). A\nveces es una situaci\u00f3n psicol\u00f3gica pasajera. Otras han sido per\u00edodos de \u201cocho y\nquince d\u00edas, y aun tres semanas, y no s\u00e9 si m\u00e1s&#8230;\u201d (n. 11), en que ella se ha\nsentido sumergida en la desolaci\u00f3n, con la mente oscurecida, \u201cel alma\naherrojada\u201d y todo su ser como en \u201cun traslado del infierno\u201d (n. 12), vac\u00eda de\nDios, \u201ccasi como cosa que oy\u00f3 de lejos le parece conoce a Dios\u201d (n. 12). Termina\nesa descripci\u00f3n con una pincelada colorista: \u201cTener, pues, conversaci\u00f3n con\nnadie es peor. Porque un esp\u00edritu tan disgustado de ira pone el demonio, que\nparece a todos me querr\u00eda comer, sin poder hacer m\u00e1s, y algo parece se hace en\nirme a la mano, o hace el Se\u00f1or en tener de su mano a quien as\u00ed est\u00e1, para que\nno diga ni haga contra sus pr\u00f3jimos cosa que los perjudique y en que ofenda a\nDios\u201d (n.13). La cascada de vocablos usados por T, en lugar de \u201cdesolaci\u00f3n\u201d,\nson numerosos: \u201ccongoja\u201d, \u201cdesconsuelo\u201d, \u201cesp\u00edritu de ira\u201d, \u201ctrabajos de cuerpo\ny alma\u201d, \u201cde los m\u00e1s penosos y sutiles&#8230;\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>T dispone igualmente\nde un rico l\u00e9xico de variantes para el aspecto opuesto: consolaci\u00f3n y consuelo,\nternura y l\u00e1grimas, contentos y gustos. Los dos \u00faltimos tienen ya acepci\u00f3n\nt\u00e9cnica, para designar las primeras manifestaciones de la oraci\u00f3n m\u00edstica. Para\nella, en la vida espiritual el gran Consolador es Jes\u00fas, o el Se\u00f1or: \u201ceste\nSe\u00f1or y consolador m\u00edo&#8230;\u201d (V 40,20), \u201cverdadero consolador\u201d (M 6,11,9). \u00c9l\nsirve de punto de referencia: en la Pasi\u00f3n \u201cdesierto qued\u00f3 este Se\u00f1or de toda\nconsolaci\u00f3n\u201d (V 20,10). Tambi\u00e9n la Virgen Mar\u00eda es modelo y fuente de consuelo\nen los trances de dolor. \u201cNo pienses cuando ves a mi Madre \u2013le dice el Se\u00f1or a\nT\u2013 que me tiene en sus brazos, que gozaba de aquellos contentos sin grave\ntormento. Desde que le dijo Sime\u00f3n aquellas palabras, le dio mi Padre clara luz\npara que viese lo que yo hab\u00eda de padecer\u201d (Rel 36,1). Al lado de la Virgen\naparece tambi\u00e9n ese profeta de la consolaci\u00f3n, el anciano Sime\u00f3n con el Ni\u00f1o\nJes\u00fas \u2013como \u201cun romerito\u201d\u2013 en sus brazos (C 31,2).<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar de la\nfrecuente referencia de T a san Pablo, no cita ella ni parece aludir al texto\ncl\u00e1sico del Ap\u00f3stol: 2 Cor 1, 3-7. En cambio, en momentos de desolaci\u00f3n, s\u00ed le\nha servido otro pasaje paulino: \u201c&#8230;dec\u00eda san Pablo que era Dios muy fiel, que\nnunca a los que le amaban consent\u00eda ser del demonio enga\u00f1ados&#8230; (1 Cor 10,13).\nEsto me consol\u00f3 mucho\u201d (V 23,15). Tambi\u00e9n es para ella motivo de \u00edntimo\nconsuelo el salmo 33,19: \u201cmientras menos consolaci\u00f3n exterior, m\u00e1s regalo os\nhar\u00e1 (el Se\u00f1or). Jam\u00e1s falta&#8230; As\u00ed lo dice David: que est\u00e1 el Se\u00f1or con los\nafligidos\u201d (C 29,2). La conmueve de modo especial la palabra de Jes\u00fas. \u201cvenid a\nM\u00ed todos los que trabaj\u00e1is y est\u00e1is cargados, y yo os consolar\u00e9\u201d: glosado en la\nExclamaci\u00f3n 8.<\/p>\n\n\n\n<p>2.&nbsp;En el principiante\nespiritual. \u2013 Teresa hab\u00eda le\u00eddo probablemente los cap\u00edtulos del \u2018Maestro\u2019 san\nJuan de \u00c1vila en el Audi, filia, sobre la tentaci\u00f3n que sufre el principiante\n\u201cbuscando consuelos y gustos espirituales\u201d (II, 2,8). Pero a ella la adoctrin\u00f3\nm\u00e1s la propia experiencia, con alternancia de consuelos y desconsuelos en los\ncomienzos de su vida espiritual. \u201cContent\u00edsima\u201d apenas toma el h\u00e1bito: \u201cmud\u00f3\nDios la sequedad que ten\u00eda mi alma en grand\u00edsima ternura; d\u00e1banme deleite todas\nlas cosas de la religi\u00f3n\u201d (V 4, 2). Pero pronto se le trastroc\u00f3 ese paisaje\ninterior: \u201cDieciocho a\u00f1os pas\u00e9 grandes sequedades\u201d (V 4,9). En cuanto a la\n\u201cgrand\u00edsima ternura\u201d mencionada por ella, es significativa la historia de sus\nl\u00e1grimas. Primero, ten\u00eda \u201cmucha envidia si ve\u00eda a alguna tener l\u00e1grimas\u201d (V\n3,1). Porque \u201cera tan recio mi coraz\u00f3n, que si leyera toda la Pasi\u00f3n no llorara\nuna l\u00e1grima\u201d (ib). Pero apenas profesa, \u201cya el Se\u00f1or me hab\u00eda dado don de\nl\u00e1grimas\u201d (V 4,7). Nuevo cambio de signo en los a\u00f1os de sequedad: \u201cenoj\u00e1bame en\nextremo de mis l\u00e1grimas&#8230; Parec\u00edanme l\u00e1grimas enga\u00f1osas\u201d (V 6,4). Y sin\nembargo su conversi\u00f3n acaecer\u00e1, como la de san Agust\u00edn, \u201ccon grand\u00edsimo\nderramamiento de l\u00e1grimas\u201d (V 9,9). \u201cL\u00e1grimas gozosas\u201d, dir\u00e1 luego (19,1). \u201cL\u00e1grimas\ntodo lo ganan\u201d (19,3)&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Desde esa su\nexperiencia, al principiante lo prevendr\u00e1 en t\u00e9rminos categ\u00f3ricos acerca de\ntoda esa zona de consolaciones y ternuras en los comienzos de la vida\nespiritual. Dedica al tema el cap\u00edtulo primero de su \u2018tratadillo\u2019 de los grados\nde oraci\u00f3n (V 11). En el s\u00edmbolo del pozo y el huerto del alma, es un\npresupuesto perentorio que el hortelano (el principiante) ha de atravesar\nper\u00edodos m\u00e1s o menos largos en que el pozo se niegue a dar agua. \u201cPues \u00bfqu\u00e9\nhar\u00e1 aqu\u00ed el que ve que en muchos d\u00edas no hay sino sequedad y disgusto y\ndesabor y mala gana para venir a sacar el agua&#8230;?\u201d La respuesta es: \u201calegrarse\ny consolarse y tener por grand\u00edsima merced trabajar en huerto de tan gran\nEmperador&#8230; Su intento no ha de ser contentarse a s\u00ed sino a \u00c9l&#8230; Ay\u00fadele a\nllevar la cruz\u201d (V 11,10). Consigna central para el principiante es\n\u201cdeterminarse a servir por amor\u201d; \u201cse determine, aunque para toda la vida le\ndure esta sequedad\u201d; \u201cquien viere en s\u00ed esta determinaci\u00f3n, no hay que temer\u201d\n(V 11,10.12).<\/p>\n\n\n\n<p>Frente al problema\nte\u00f3rico del deseo o la petici\u00f3n de \u201cconsolaciones espirituales\u201d, la respuesta\nde T es categ\u00f3rica. Total abandono a la voluntad de Dios. \u201cGu\u00ede Su Majestad por\ndonde quisiere. Ya no somos nuestros sino suyos\u201d (n. 12). Intencionada toma de\nposiciones frente a los letrados de su entorno, no sin un fino toque de iron\u00eda:\n\u201cPara mujercitas como yo, flacas&#8230; [pase!]; mas para hombres de tomo de\nletras, de entendimiento, que veo hacer tanto caso de que Dios no les da\ndevoci\u00f3n&#8230;, me hace disgusto o\u00edrlo\u201d (n. 14). En la perspectiva doctrinal de T,\nse tratar\u00eda de una norma de profilaxis espiritual: erradicar desde la base toda\ninfiltraci\u00f3n de hedonismo espiritual. El apetito o la expectativa de gustos y\nconsolaciones espirituales derivar\u00eda en una grave deformaci\u00f3n de la vida misma.<\/p>\n\n\n\n<p>3.&nbsp;Dentro de la\nexperiencia m\u00edstica. \u2013 Tratar\u00e1 el argumento en el Castillo Interior, al llegar\na las moradas sextas. Lo normal es que el m\u00edstico pase por el crisol de \u201clos\ngrandes trabajos\u201d (M 6,1), con pena profunda por el sentimiento de la ausencia\nde Dios, y por el recuerdo de los propios pecados (M 6,7,1-6; cf 6,6,9-10).\nPero esa misma experiencia m\u00edstica har\u00e1 brotar torrentes de indecible\nconsolaci\u00f3n espiritual. Ciertas gracias m\u00edsticas constituir\u00e1n un anticipo del goce\nescatol\u00f3gico, preludio de la bienaventuranza celeste. Centro irradiante de\ntodas ellas ser\u00e1 Cristo en su Humanidad de resucitado. S\u00f3lo \u201cacordarse de su\nmans\u00edsimo y hermoso rostro, es grand\u00edsimo consuelo\u201d (6,9,14).<\/p>\n\n\n\n<p>4.&nbsp;El arte de\nconsolar a los otros. \u2013 En la psicolog\u00eda de T es cong\u00e9nito el sentido de\nbenevolencia hacia los dem\u00e1s. Desde joven, \u201cen esto de dar contento a otros he\ntenido extremo\u201d (V 3,4). Altruismo innato, que en T se eleva de grado con la\nllegada de la experiencia m\u00edstica. Baste recordar los dos extremos cronol\u00f3gicos\nde ese per\u00edodo.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin duda se debi\u00f3 a su\nrenombre de buena amiga y de su capacidad consoladora el episodio, un tanto\nex\u00f3tico, de su env\u00edo a Toledo en pleno invierno de 1561\/1562, \u00fanicamente para\nconsolar a una dama desconsolada, D.\u00aa Luisa de la Cerda. Comenta Teresa: \u201cFue\nel Se\u00f1or servido que aquella se\u00f1ora se consol\u00f3 tanto, que conocida mejor\u00eda\ncomenz\u00f3 luego a tener, y cada d\u00eda m\u00e1s se hallaba consolada. T\u00favose a mucho,\nporque la pena la ten\u00eda en gran aprieto\u201d (V 34,3).<\/p>\n\n\n\n<p>El otro episodio ya no\npudo relatarlo ella. Sucedi\u00f3 el \u00faltimo a\u00f1o de su vida, durante su residencia en\nun hospital burgal\u00e9s. Nunca hab\u00eda tenido T esa experiencia de contacto\ninmediato con el dolor y la miseria humana. Desde su celdilla improvisada, o\u00eda\nlos alaridos de los enfermos durante las curas. No resiste, y d\u00eda tras d\u00eda baja\na consolarlos. Su enfermera Ana de san Bartolom\u00e9 cuenta las estratagemas de que\nse serv\u00eda, y hasta qu\u00e9 punto era bals\u00e1mica su palabra o su mera presencia. El\nm\u00e9dico de turno, Antonio de Aguiar, comentando \u201cla blandura de su santo y\nreligioso trato\u201d, recuerda : \u201cTen\u00eda Teresa una deidad consigo, para este\ntestigo sacrosanta&#8230;, como del cielo&#8230; Sus palabras sacaban consigo pegado un\nfuego que derret\u00eda, sin quemar, los corazones de quien trataba\u201d (BMC 20, 425).\nAguiar era el m\u00e9dico de la madre Teresa y del Hospital de la Concepci\u00f3n, donde\nella ten\u00eda residencia prestada.<\/p>\n\n\n\n<p>5.&nbsp;Nuestra Se\u00f1ora\nde la Consolaci\u00f3n. \u2013 En la Virgen Mar\u00eda vio T un ejemplo sumo de desolaci\u00f3n y\nde consolaci\u00f3n. Desolaci\u00f3n, en su \u201ctransfixi\u00f3n\u201d al pie de la Cruz. Teresa no\nretiene ese vocablo lit\u00fargico, sino el popular \u201ctraspasamiento\u201d: \u201cmas \u00a1cu\u00e1l\ndeb\u00eda ser el traspasamiento de la Virgen!\u201d El s\u00e1bado antes de la Resurrecci\u00f3n,\n\u201cla pena la ten\u00eda tan absorta y traspasada&#8230;\u201d (R 15,6). A Teresa nunca le\nagrad\u00f3 la llamada misa \u201cde spasmo Beatae Virginis Mariae\u201d (= del desmayo de la\nVirgen). Seg\u00fan ella, la Se\u00f1ora \u201cestaba en pie\u201d, traspasada de dolor. Pero ella\nfue la primera en recibir la consolaci\u00f3n del Resucitado. As\u00ed lo percibe Teresa\nen una de sus experiencias m\u00edsticas: \u201cD\u00edjome (el Se\u00f1or) que en resucitando\nhab\u00eda visto a nuestra Se\u00f1ora&#8230;, y que hab\u00eda estado mucho con ella, porque\nhab\u00eda sido menester hasta consolarla\u201d (R 15,6).<\/p>\n\n\n\n<p>T es amiga de plasmar\nen im\u00e1genes el contenido de sus experiencias cristol\u00f3gicas y marianas. A eso se\ndebe que en su \u00faltima visita al Carmelo de Malag\u00f3n (1580) dejase a la comunidad\nel regalo de una imagen, hoy c\u00e9lebre, de Nuestra Se\u00f1ora de la Consolaci\u00f3n\u201d.\nTiempo despu\u00e9s, cediendo a las s\u00faplicas del Padre General, Juan de la\nConcepci\u00f3n, la comunidad le cedi\u00f3 la imagen (1689), que tuvo durante siglos\ncapilla y culto en el convento barcelon\u00e9s de \u201cSan Jos\u00e9\u201d, con amplia veneraci\u00f3n\npopular. As\u00ed, hasta la desoladora profanaci\u00f3n de 1835. Reco\u00adgida de entre los\ndesechos, la imagen pas\u00f3 a la iglesia de las carmelitas de Barcelona, donde\nsigui\u00f3 siendo venerada hasta que, un siglo despu\u00e9s (1936), de nuevo fue asolada\nla iglesia y robada la imagen. Entre tanto, ya desde fines del siglo XVII, su\ndevoci\u00f3n se hab\u00eda extendido en Tortosa, en torno a una imagen pict\u00f3rica, copia\nde la peque\u00f1a estatua de San Jos\u00e9 de Barcelona. Ah\u00ed, en Tortosa y en pleno\nper\u00edodo de exclaustraci\u00f3n, la devoci\u00f3n popular a nuestra Se\u00f1ora de la\nConsolaci\u00f3n prende en un alma privilegiada, Rosa Molas y Vallv\u00e9 (1815-1876),\nhoy Santa Rosa Molas, madre y fundadora de una congregaci\u00f3n de caridad y\nconsolaci\u00f3n, a la que impuso el nombre de \u201cHermanas de Nuestra Se\u00f1ora de la\nConsolaci\u00f3n\u201d: 1858 (cf Mar\u00eda Esperanza Casaus, La imagen de nuestra Se\u00f1ora de\nla Consolaci\u00f3n, en \u201cMonte Carmelo\u201d 107 \u20131999\u2013 pp. 541-575).<\/p>\n\n\n\n<p>En el Carmelo de\nMalag\u00f3n se conserva todav\u00eda hoy un \u00f3leo, retrato y recuerdo de la imagen donada\npor la Santa. Es un cuadro de buen pincel: la Se\u00f1ora tiene en su derecha al\nNi\u00f1o Jes\u00fas, y en su izquierda un libro abierto en que se leen las palabras de\nIsa\u00edas (40,1): \u201cConsolamini, popule meus\u201d. Y al pie de la imagen, la leyenda:\n\u201cV. R. [=verdadero retrato] de la Milagrosa ymagen de N\u00aa Sra. de la\nConsolacion, que llevaba santa Tereza en sus jornadas\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>BIBL. \u2013 M. E. Casaus\nCasc\u00e1n, La imagen de Nuestra Se\u00f1ora de la Consolaci\u00f3n. Desde Santa Teresa a\nSanta Mar\u00eda Rosa Molas, en \u00abMteCarm.\u00bb 107 (1999), 541-575; S. L\u00f3pez Santidri\u00e1n,\nEl consuelo espiritual y la Humanidad de Cristo en un maes\u00adtro de Santa Teresa.\nEn \u00abEphCarm\u00bb 31 (1980) 161-193.<\/p>\n\n\n\n<p>T. \u00c1lvarez<\/p>\n\n\n\n<p>Todos los derechos:&nbsp;<em>Diccionario Teresiano<\/em>,\nGpo.Ed.FONTE<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1.&nbsp;Consolaci\u00f3n y desolaci\u00f3n. \u2013 Son dos situaciones extremas y opuestas del camino espiritual. En los escritos teresianos no aparece el t\u00e9rmino desolaci\u00f3n, pero s\u00ed se describe esa t\u00edpica situaci\u00f3n aflictiva, presente en otros m\u00edsticos y maestros espirituales. 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