{"id":4562,"date":"2015-01-21T17:02:51","date_gmt":"2015-01-21T23:02:51","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4562"},"modified":"2022-01-21T17:04:19","modified_gmt":"2022-01-21T23:04:19","slug":"contemplacion-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4562","title":{"rendered":"Contemplaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<p>1. En general<\/p>\n\n\n\n<p>T entiende por\n\u201ccontemplaci\u00f3n\u201d una forma de oraci\u00f3n superior a la meditaci\u00f3n y\nestructuralmente diversa de \u00e9sta. La meditaci\u00f3n es discursiva. La contemplaci\u00f3n\nno, es m\u00e1s bien intuitiva. Aqu\u00e9lla es racional, fundamentalmente obra del\nentendimiento orientado hacia la voluntad y la acci\u00f3n. La contemplaci\u00f3n afecta\ndirectamente a la voluntad y envuelve a toda la persona del orante, a toda su\nactividad an\u00edmica, en un sencillo flujo de actividad y pasividad. Realiza una\nespecial relaci\u00f3n del hombre con Dios, prepara a la uni\u00f3n m\u00edstica y perdura en\nlos altos grados de la misma. T distinguir\u00e1 los actos o momentos pasajeros de\ncontemplaci\u00f3n, y el \u201cestado de contemplaci\u00f3n\u201d, que coincidir\u00e1 en los escritos\nteresianos con los altos grados de experiencia m\u00edstica, cuando el sujeto se ha sensibilizado\ny connaturalizado con la presencia y la acci\u00f3n de Dios en \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque sin darle\nnombre de \u201ccontemplaci\u00f3n\u201d, T le dedica una especie de instant\u00e1nea descriptiva\nen el cap\u00edtulo primero de Vida, al recordar la eclosi\u00f3n de su sensibilidad\ninfantil, pensando en la eternidad o abandon\u00e1ndose al deseo de ver a Dios:\n\u201cEspant\u00e1banos mucho el decir que pena y gloria era para siempre en lo que\nle\u00edamos. Acaec\u00edanos estar muchos ratos tratando de esto, y gust\u00e1bamos de decir\nmuchas veces \u2018para siempre, siempre, siempre\u2019. En pronunciar esto mucho rato,\nera el Se\u00f1or servido me quedase en esta ni\u00f1ez imprimido el camino de la verdad\u201d\n(1,4). He subrayado los vocablos m\u00e1s indicativos de la modulaci\u00f3n contemplativa\ninfantil: \u201cespantarse mucho\u201d (asombro), \u201cestar muchos ratos\u201d o \u201cmucho rato\u201d\n(embeleso prolongado), \u201ccamino de verdad impreso en el alma\u201d (inicial \u00edndice de\ninfusi\u00f3n o de pasividad contemplativa).<\/p>\n\n\n\n<p>Rara vez aludir\u00e1 ella\nal acto natural de contemplar algo, como el paisaje o el agua o el rostro de un\nni\u00f1o. Lo atestigua s\u00f3lo de soslayo: \u201cAprovech\u00e1bame a m\u00ed tambi\u00e9n ver campo o\nagua, flores. En estas cosas hallaba yo memoria del Criador, digo que me\ndespertaban y recog\u00edan y serv\u00edan de libro\u201d (V 9,5; en la R 1,11 completa la\nserie: \u201ccuando veo alguna cosa hermosa, rica, como agua, campos, flores,\nolores, m\u00fasicas&#8230;\u201d, pero en este pasaje trascendi\u00e9ndolos ya desde la alta\ncontemplaci\u00f3n de lo divino).<\/p>\n\n\n\n<p>Desde el punto de\nvista psicol\u00f3gico, en la contemplaci\u00f3n \u2013seg\u00fan ella\u2013 est\u00e1n \u201catados\u201d el\nentendimiento y la fantas\u00eda. Es cl\u00e1sico su momento de autoan\u00e1lisis: \u201cEste\nentendimiento [abarca a entendimiento e imaginaci\u00f3n] est\u00e1 tan perdido [en la\ncontemplaci\u00f3n], que no parece sino un loco furioso, que nadie le puede atar, ni\nsoy se\u00f1ora de hacerle estar quedo un credo&#8230; Conozco m\u00e1s entonces la\ngrand\u00edsima merced que me hace el Se\u00f1or cuando tiene atado este loco en perfecta\ncontemplaci\u00f3n\u201d (V 30,16). Desde el punto de vista pedag\u00f3gico, en el magisterio\nteresiano hay dos maneras de superar el discurrir de la meditaci\u00f3n: una, con la\nsencilla superaci\u00f3n de la oraci\u00f3n discursiva, que llama ella \u201crecogimiento\u201d u\n\u201coraci\u00f3n de recogimiento\u201d, y la otra ya en \u201ccontemplaci\u00f3n m\u00edstica\u201d que ella\nalguna rara vez designar\u00e1 con el t\u00e9rmino teol\u00f3gico latinizante \u201cinfusa\u201d: \u201cluz\ninfusa\u201d (M 6,9,4), \u201cresplandor infuso\u201d (V 28,5), \u201csabidur\u00eda infundida\u201d (C 6,9).\nPara esta sola reserva el nombre de \u201ccontemplaci\u00f3n\u201d. Suele calificarla de\n\u201cperfecta contemplaci\u00f3n\u201d (V 22 passim; C 16; 25,1; 27-28; M 6,7,7; F 4,8&#8230;);\nen sus grados m\u00edsticos m\u00e1s altos: \u201csubida contemplaci\u00f3n\u201d o \u201csubid\u00edsima\ncontemplaci\u00f3n\u201d (V 8,11; 22 t\u00edt&#8230;; CE 60,2), \u201ccumbre de contemplaci\u00f3n\u201d (V 22,7;\nConc 5,3).<\/p>\n\n\n\n<p>Las notas\ncaracter\u00edsticas de la contemplaci\u00f3n infusa son, seg\u00fan ella, desde el punto de\nvista psicol\u00f3gico, la fijaci\u00f3n de la mente en uno cualquiera de los aspectos\ndel \u201cmisterio\u201d, con la consiguiente cesaci\u00f3n del flujo de pensamientos e\nim\u00e1genes: T titubea entre las dos f\u00f3rmulas \u201cel entendimiento no discurre\u201d o \u201cno\nobra\u201d, si bien esta \u00faltima se la corregir\u00e1n los te\u00f3logos asesores. M\u00e1s\nimportante es su origen: desde el punto de vista gen\u00e9tico, \u201cesta es cosa que la\nda Dios\u201d (C 17,2), \u201ccosa sobrenatural\u201d (V 23,5&#8230;); es decir, es pura\niniciativa de Dios en nosotros, pura gracia: \u201csin ruido de palabras, le est\u00e1\nense\u00f1ando este Maestro divino, suspendiendo las potencias, porque entonces\nantes da\u00f1ar\u00edan que aprovechar\u00edan si obrasen. Gozan sin entender c\u00f3mo gozan.\nEst\u00e1 el alma abras\u00e1ndose en amor y no entiende c\u00f3mo ama. Conoce que goza de lo\nque ama y no sabe c\u00f3mo lo goza. Bien entiende que no es gozo que alcanza el\nentendimiento a desearle. Abr\u00e1zale la voluntad sin entender c\u00f3mo&#8230; Es don del\nSe\u00f1or de ella y del cielo, que en fin da como quien es. \u2013Esta, hijas, es\ncontemplaci\u00f3n perfecta\u201d (C 25,2). T insiste repetidas veces en que no hay t\u00e9cnicas\noracionales que produzcan este g\u00e9nero de contemplaci\u00f3n o introduzcan en ella.\nEn neta contraposici\u00f3n con las dos formas de oraci\u00f3n mental y vocal: \u201cpensar y\nrezar&#8230; En estas dos cosas podemos algo nosotros, con el favor de Dios; en la\ncontemplaci\u00f3n que ahora dije, ninguna cosa [podemos]. Su Majestad es el que\ntodo lo hace, que es obra suya sobre nuestro natural\u201d (ib 3).<\/p>\n\n\n\n<p>2. El ingreso en la\ncontemplaci\u00f3n<\/p>\n\n\n\n<p>Es tradicional la\ngraduatoria de la oraci\u00f3n en tres etapas sucesivas: vocal, mental-meditativa,\ncontemplaci\u00f3n. Tambi\u00e9n T retiene ese escalaf\u00f3n, con cierta perspectiva\ncronol\u00f3gica o pedag\u00f3gica (C 25). Pero sin car\u00e1cter inflexible. Al contrario,\nest\u00e1 convencida de que es en la gracia de la contemplaci\u00f3n m\u00edstica, donde Dios\nmanifiesta m\u00e1s ostensiblemente su gratuidad incondicional. Es muy posible el\npaso de la oraci\u00f3n vocal a la contemplativa: \u201cOs digo que es muy posible que\nestando rezando el Patern\u00f3ster os ponga el Se\u00f1or en contemplaci\u00f3n perfecta\u201d (C\n25,1: reiterado en C 30,7).<\/p>\n\n\n\n<p>De hecho, \u201calgunas\nveces querr\u00e1 Dios a personas que est\u00e1n en mal estado hacerles tan gran favor,\npara sacarlas por este medio de las manos del demonio\u201d (C 1,6). El puede\n\u201calgunas veces subir un alma distra\u00edda a perfecta contemplaci\u00f3n\u201d (es el t\u00edtulo\ndel c. 16 de C). \u201cHay almas que entiende Dios que por este medio las puede\ngranjear para s\u00ed. Ya que las ve del todo perdidas, quiere Su Majestad que no\nquede por El, y aunque est\u00e9n en mal estado y faltas de virtudes, dale gustos y\nregalo&#8230; y aun p\u00f3nela en contemplaci\u00f3n, algunas veces, pocas, y dura poco&#8230;\n(C 16,8). Ser\u00eda, seg\u00fan ella, el caso de San Pablo en el camino de Damasco (\u201ca\nSan Pablo lo puso luego en la cumbre de la contemplaci\u00f3n\u201d: Conc 5,3). M\u00e1s\nfrecuentemente, como testigos de esa especie de excepci\u00f3n, propondr\u00e1 a san\nPablo y la Magdalena (C 40,3; M 1,1,3). Son muestras excepcionales de la\nlibertad y gratuidad absolutas con que El otorga \u201ca quien quiere\u201d el don de la\ncontemplaci\u00f3n. Con todo, lo normal es que la conceda a quien se ha dispuesto\nadecuadamente para recibir ese don de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>La Santa se\u00f1al\u00f3 el\nmomento de ingreso en la contemplaci\u00f3n en tres pasajes diversos: a) en Vida\nc.10; b) en Camino, 28 y ss.; c) en las Moradas cuartas.<\/p>\n\n\n\n<p>a) En Vida 10, se\nlimita a constatar su caso personal: \u201cTen\u00eda yo algunas veces&#8230;, aunque con mucha\nbrevedad, comienzo de lo que ahora dir\u00e9: acaec\u00edame en esta representaci\u00f3n de\nponerme cabe Cristo&#8230;, y aun algunas veces leyendo, venirme a deshora un\nsentimiento de la presencia de Dios que en ninguna manera pod\u00eda dudar que\nestaba dentro de m\u00ed o yo toda engolfada en El\u201d (10,1). \u201cCreo lo llaman m\u00edstica\nteolog\u00eda\u201d, a\u00f1adir\u00e1 enseguida. Ese ingreso en la contemplaci\u00f3n primeriza de la\npresencia de Dios hab\u00eda sido preparado por un largo y penoso per\u00edodo de lucha:\n\u201cpeleaba con una sombra de muerte, y no hab\u00eda qui\u00e9n me diese vida\u201d, dice\nsintetizando ese proceso (V 8,12). Noche cerrada, que hab\u00eda culminado en lo que\nllamamos \u201cconversi\u00f3n\u201d de T (ib 9). En realidad, fue su \u201cconversi\u00f3n a Cristo\u201d la\nque hizo de port\u00f3n de acceso al oasis de la contemplaci\u00f3n. El punto de arribo\nlo describe as\u00ed: \u201cEsto no era manera de visi\u00f3n&#8230; Suspende el alma de suerte,\nque toda parec\u00eda estar fuera de s\u00ed: ama la voluntad, la memoria me parece est\u00e1\ncasi perdida, el entendimiento no discurre [\u201cno obra\u201d, hab\u00eda escrito primero] a\nmi parecer, mas no se pierde; mas, como digo, no obra, mas est\u00e1 como espantado\nde lo mucho que entiende, porque quiere Dios entienda que de aquello que Su\nMajestad le representa ninguna cosa entiende\u201d (ib 1).<\/p>\n\n\n\n<p>Pasando del testimonio\nautobiogr\u00e1fico al meramente doctrinal, reanudar\u00e1 el tema en los cap\u00edtulos 14-15\nde Vida, donde puntualizar\u00e1 m\u00e1s detalladamente las diferencias entre \u201cprimera y\nsegunda agua\u201d, es decir, entre oraci\u00f3n asc\u00e9tica, aunque sea sumamente\nsimplificada (V 13,22), y oraci\u00f3n de quietud y gustos \u201cque son ya\nsobrenaturales\u201d (ib 14 t\u00edt.).<\/p>\n\n\n\n<p>b) En Camino, la\nllegada a la contemplaci\u00f3n se presenta como t\u00e9rmino de la \u201coraci\u00f3n de\nrecogimiento\u201d. Sucesi\u00f3n sin continuidad. Ya en Vida hab\u00eda apuntado la\nexistencia de ese estadio previo: \u201cPrimero [es decir, antes del ingreso en la\n\u201cm\u00edstica teolog\u00eda\u201d], hab\u00eda tenido muy continuo una ternura, que en parte algo\nde ella me parece se puede procurar&#8230;\u201d (V 10,2). Volver\u00e1 a apuntarlo al final\nde ese primer grado de oraci\u00f3n (V 13,22). Ahora, en el Camino, expondr\u00e1\nextensamente la llamada \u201coraci\u00f3n de recogimiento\u201d (cf c. 28 t\u00edt.), y la\ndescribe como una sencilla praxis que rebasa a la simple meditaci\u00f3n y que es\nnormalmente asequible a quien la practica. Con la peculiaridad de preparar el\nterreno a la recepci\u00f3n de la gracia de contemplaci\u00f3n: \u201cbuen fundamento para, si\nquisiere el Se\u00f1or, levantaros a grandes cosas, que halle en vos aparejo\u201d (C\n29,8). Esas \u2018grandes cosas\u2019 acontecer\u00e1n a partir de la oraci\u00f3n de \u201cquietud\u201d, de\nque tratar\u00e1 enseguida (cc. 30-31) y que ser\u00e1 el ingreso en la contemplaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La exposici\u00f3n del\nCamino tiene intenci\u00f3n pedag\u00f3gica: es cierto que Dios otorga gratuitamente su\ndon de \u201ccontemplaci\u00f3n\u201d. Pero lo normal es que el sujeto se halle preparado. Lo\ncual exige una seria dosis asc\u00e9tica (amor, desasimiento, humildad, sed del agua\nviva), y un proceso de interiorizaci\u00f3n de la oraci\u00f3n, que ella condensa en la\npeque\u00f1a t\u00e9cnica del recogimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>c) Por fin, en el\nCastillo Interior reserva una secci\u00f3n de las moradas \u2013las cuartas\u2013 para\ncodificar la etapa de transici\u00f3n, del recogimiento a la primera oraci\u00f3n\ncontemplativa: oraci\u00f3n de \u201cquietud\u201d. Las dise\u00f1ar\u00e1 con el delicado s\u00edmbolo de\nlas dos fuentes: fuente con canales y arcaduces, que aporta el agua al interior\ndel castillo trabajosamente, a base de esfuerzo humano; y pil\u00f3n que mana y\nvierte agua desde lo m\u00e1s hondo del castillo y se expande por las moradas todas\nsilenciosamente, como las aguas de Silo\u00e9, dilatando el coraz\u00f3n (M 4,2,1-5).<\/p>\n\n\n\n<p>3 .Los grados de la\ncontemplaci\u00f3n<\/p>\n\n\n\n<p>Teresa escribe sus\ntextos desde lo alto de su experiencia m\u00edstica. De ah\u00ed que al establecer las\ngraduatorias del proceso de relaci\u00f3n \u201calma-Dios\u201d, conceda siempre atenci\u00f3n\nespecial a las etapas m\u00edsticas. Y que a \u00e9stas las mida por el par\u00e1metro de la\noraci\u00f3n contemplativa. Las dos exposiciones m\u00e1s importantes se hallan en Vida\n(a), y en Moradas (b).<\/p>\n\n\n\n<p>a) En Vida (cc 14 y\nss.) propone tres grados de contemplaci\u00f3n infusa. En el s\u00edmil de huerto de\nregad\u00edo, aguas 2\u00aa, 3\u00aa,y 4\u00aa. A saber:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 el primer grado de\ncontemplaci\u00f3n infusa ser\u00eda la oraci\u00f3n de quietud: infusi\u00f3n de amor. Embeleso de\nla voluntad, en que hace de talism\u00e1n el \u201cBien de Dios\u201d, su bondad, amor,\nbelleza, misericordia&#8230; Peque\u00f1a puerta de ingreso en el espacio de la\nexperiencia de lo divino.<br>\n\u2013 el segundo grado ser\u00eda ya el ingreso en las formas ext\u00e1ticas, que T llama\n\u201csue\u00f1o de potencias\u201d (c. 16,2), \u201cembriaguez de amor\u201d, \u201cborrachez del alma\u201d (V\n16,2; 18,13: im\u00e1genes que abundar\u00e1n luego en los Conceptos 4,3-5; 6,3).<br>\n\u2013 el tercer grado ser\u00eda la \u2018uni\u00f3n\u2019, no s\u00f3lo de la voluntad humana con la de\nDios, sino del pobre esp\u00edritu humano con el divino. Teresa dir\u00e1 que, llegada a\nese punto, crec\u00eda en ella \u201cun amor grande de Dios, que no sab\u00eda qui\u00e9n se le\npon\u00eda, porque era muy sobrenatural\u201d. \u201cEn queri\u00e9ndome divertir (=distraer),\nnunca sal\u00eda de oraci\u00f3n. Aun durmiendo me parec\u00eda estaba en ella&#8230; Aqu\u00ed era\ncrecer el amor&#8230;\u201d (V 29, 7-8).<\/p>\n\n\n\n<p>b) En el Castillo\nInterior, escrito ya en plena madurez, T propondr\u00e1 otra graduatoria,\nligeramente diversa pero m\u00e1s certera. Las tres primeras moradas se\u00f1alar\u00e1n tres\nmomentos de la oraci\u00f3n meditativa. Las tres \u00faltimas (quintas, sextas,\ns\u00e9ptimas), tres grados de contemplaci\u00f3n. Entre aqu\u00e9llas y \u00e9stas, intercalar\u00e1\nlas moradas cuartas, que propondr\u00e1n una oraci\u00f3n de \u201cquietud\u201d como fase de\ntransici\u00f3n e ingreso en el estado de contemplaci\u00f3n infusa. Y \u00e9sta \u00faltima se\ndesplegar\u00e1 en un proceso de uni\u00f3n con el misterio divino: uni\u00f3n inicial del\nalma con Dios en las moradas quintas; uni\u00f3n ext\u00e1tica (\u201cVivo ya fuera de m\u00ed\u201d) en\nlas moradas sextas; y uni\u00f3n consumada (\u201cya toda me entregu\u00e9 y di\u201d), uni\u00f3n en\ncierto modo indisoluble en las moradas s\u00e9ptimas: \u201cAc\u00e1 [en este grado de\ncontemplaci\u00f3n] es&#8230; como si un arroyico peque\u00f1o entra en la mar, no habr\u00e1\nremedio de apartarse\u201d (M 7,2,4).<\/p>\n\n\n\n<p>Una sencilla tabla\nsin\u00f3ptica de la graduatoria de Vida, confrontada con la graduatoria de las Moradas,\npermite apreciar la diversidad de esquemas y la ventaja de la s\u00edntesis final:<\/p>\n\n\n\n<p>4. El contenido de la\ncontemplaci\u00f3n<\/p>\n\n\n\n<p>Podr\u00eda condensarse en\ndos palabras: presencia y amor de Dios. Y a trav\u00e9s de ambos, nueva actitud\nfrente a todo lo humano y todo lo creado. Presencia amorosa de lo divino, que\nva impregnando todo el espacio existencial.<\/p>\n\n\n\n<p>Como hemos visto, en T\nla contemplaci\u00f3n infusa se inicia con el hecho de la mutua presencia : \u201cDios\ndentro de m\u00ed \/ yo toda engolfada en El\u201d (V 10,1). Inmediatamente comparece el\ncambio afectivo: embeleso amoroso de la voluntad. De suerte que la\ncontemplaci\u00f3n infusa \u2013\u201cm\u00edstica teolog\u00eda\u201d, dir\u00e1 ella\u2013 no s\u00f3lo sea sabidur\u00eda\nsabrosa, sino tensi\u00f3n de amor humano hacia la esfera de la divinidad, e impacto\ndel amor divino en el propio ser. En T el amor pone en marcha los deseos.\n\u201cDeseos siempre los tuve grandes\u201d, dir\u00e1 ella. Pero la contemplaci\u00f3n m\u00edstica\nprovoca la tensi\u00f3n suma entre la vida y la muerte: deseos de ver a Dios; deseos\nde librarse del riesgo de la vida, aunque sea a costa de la muerte; deseos de\nestar en Cristo; o de llegar a la plena y definitiva posesi\u00f3n de lo divino. Con\nla consiguiente mutaci\u00f3n \u00f3ptica en la visi\u00f3n de la vida presente: \u201c\u00a1Oh vida,\nvida&#8230;!\u201d, exclamar\u00e1 repetidas veces ella. \u201c\u00a1C\u00f3mo puedes sustentarte estando\nausente de la Vida!\u201d (E 1,1).<\/p>\n\n\n\n<p>Materiales para el\nfuego de la contemplaci\u00f3n son, en cierto modo, todo: las personas, la belleza\nde lo creado, el encanto del agua, la farsa de la vida, \u201chonra, placeres y\ndineros\u201d vistos desde la atalaya en que se ven verdades. El pecado. La Iglesia\ny los grandes males de la humanidad, el alma propia o la ajena, la gracia, el\nEsp\u00edritu Santo, la inhabitaci\u00f3n de la Trinidad en el alma, la Eucarist\u00eda, \u201clos\ncielos abiertos\u201d, la Humanidad de Cristo resucitado&#8230; Dir\u00edase que el arco de\nla contemplaci\u00f3n abarca desde las cosas m\u00e1s banales (\u201cuna hormiguita\u201d: M\n4,2,2), hasta \u201cla Verdad de Dios de la que deriva toda verdad, lo mismo que\ntodo amor deriva de su amor\u201d (V 40, 1-4).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero lo m\u00e1s preciado,\nentre todos los contenidos de la contemplaci\u00f3n, es \u2013para ella\u2013 el misterio de\nCristo Jes\u00fas. En todas sus manifestaciones: sus palabras, su conducta\nhist\u00f3rica, su amor, sus sentimientos, su relaci\u00f3n con el Padre, su cruz, su\ngloria. Teresa ha defendido de manera especial el car\u00e1cter cristol\u00f3gico de la\ncontemplaci\u00f3n m\u00edstica. No es verdad \u2013seg\u00fan ella\u2013 que la contemplaci\u00f3n cristiana\nadopte la tesis plat\u00f3nica de objetivarse en las formas puras e inmateriales. La\nHuma\u00adnidad de Jes\u00fas no s\u00f3lo es objeto posible en la m\u00e1s alta contemplaci\u00f3n,\nsino que en la contemplaci\u00f3n cristiana es ineludible. El es camino y puerto\nfinal. De ah\u00ed que, seg\u00fan ella, Cristo y su Humanidad santa marquen la escalada\nde la contemplaci\u00f3n, en su l\u00ednea ascensional hacia lo divino, y en su dimensi\u00f3n\nexpansiva hacia todo lo humano.<\/p>\n\n\n\n<p>BIBL. \u2013 B. Jim\u00e9nez\nDuque, Apuntes acerca de la contemplaci\u00f3n en Santa Teresa, en \u00abMteCarm.\u00bb 78\n(1970), 219-234; L. Oechslin, L\u2019appel \u00e0 la contemplation d\u2019apr\u00e8s Sainte Th\u00e9r\u00e8se.\nen \u00abCarmel\u00bb 39 (1956), 103-117; A. Moreno, Contemplation acording Teresa and\nJohn of the Cross, en \u00abRevRel\u00bb 37 (1978), 256-267; M. Herr\u00e1iz, Espiritualidad y\ncontemplaci\u00f3n, en \u00abA zaga de tu huella\u00bb, Burgos 2001, pp. 665-684.<\/p>\n\n\n\n<p>T. \u00c1lvarez<\/p>\n\n\n\n<p>Todos los derechos:&nbsp;<em>Diccionario Teresiano<\/em>,\nGpo.Ed.FONTE<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1. En general T entiende por \u201ccontemplaci\u00f3n\u201d una forma de oraci\u00f3n superior a la meditaci\u00f3n y estructuralmente diversa de \u00e9sta. La meditaci\u00f3n es discursiva. La contemplaci\u00f3n no, es m\u00e1s bien intuitiva. 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