{"id":4566,"date":"2015-01-21T17:13:02","date_gmt":"2015-01-21T23:13:02","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4566"},"modified":"2022-01-21T17:14:46","modified_gmt":"2022-01-21T23:14:46","slug":"cruz-3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4566","title":{"rendered":"Cruz"},"content":{"rendered":"\n<p>En los escritos de T,\ncomo en la tradici\u00f3n espiritual cristiana, la cruz es realidad y s\u00edmbolo.\nRealidad hist\u00f3rica, la cruz en que Jes\u00fas muri\u00f3 \u201cmuerte de Cruz\u201d (Fip 2, 8).\nRealidad objetiva materializada en las cruces que recuerdan a aqu\u00e9lla y a la vez\nla simbolizan: la cruz como se\u00f1al del cristiano. Y, a su vez, prolongaci\u00f3n y\ns\u00edmbolo retrospectivo de la cruz de Cristo son los sufrimientos que sellan y\nacrisolan la vida del creyente, en cuanto aceptados en m\u00edstica simbiosis con el\nCrucificado. Las dos cosas, realidad y s\u00edmbolo, han sido celebradas por T en\nsus poemas. Seguiremos ese esquema en la siguiente exposici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>1. La cruz en la base\nde la experiencia m\u00edstica de Teresa<\/p>\n\n\n\n<p>En la liturgia anual\ncarmelita del tiempo de la Santa, revest\u00edan car\u00e1cter especial la celebraci\u00f3n\ndel Viernes Santo y la fiesta de la Exaltaci\u00f3n de la santa Cruz (14 de\nseptiembre). La primera, porque la liturgia carmelita segu\u00eda el rito\njerosolimitano (\u201crito del Santo Sepulcro\u201d o de \u201cLa Pasi\u00f3n\u201d: cf MHCT, 3, doc.\n295), y porque T viv\u00eda con especial intensidad el final de la Semana Santa (cf\nR 15). La fiesta de la Exaltaci\u00f3n de la Cruz, porque en ella comenzaba para la\ncomunidad carmelita la preparaci\u00f3n penitencial a la Pascua del Se\u00f1or. Cuando\nella fomente el nuevo estilo festivo de vida en sus Carmelos, festejar\u00e1 con\nalegr\u00eda y poemas celebrativos de la Cruz la llegada de esa fiesta.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero ya antes la Cruz\ndel Se\u00f1or hab\u00eda entrado en la vida de T. No s\u00f3lo porque en su tiempo presid\u00eda\nlos altares, las viviendas y los cruceros de los caminos (recu\u00e9rdese el de los\n\u201cCuatro Postes\u201d, a la salida de \u00c1vila, por donde ella emprender\u00eda de ni\u00f1a la\nfuga a tierra de moros (V. 1, 4); sino porque de hecho impregnaba lo hondo de\nla religiosidad popular y, en el caso de T, la piedad familiar. Uno de sus primeros\nrecuerdos es el de la devoci\u00f3n de su padre, don Alonso, a la cruz de Jes\u00fas:\nenfermo de su postrera enfermedad, \u201calgunas veces le apretaba tanto (el dolor\nde espaldas), que le congojaba mucho. D\u00edjele yo que, pues era tan devoto de\ncuando el Se\u00f1or llevaba la cruz a cuestas, que pensase Su Majestad le quer\u00eda\ndar a sentir algo de lo que hab\u00eda pasado con aquel dolor\u201d (V 7, 16). Idea que\nreaflora m\u00e1s tarde con toda fuerza en la pedagog\u00eda de la Santa.<\/p>\n\n\n\n<p>A nivel mucho m\u00e1s\nprofundo el misterio de la cruz de Jes\u00fas penetra en la experiencia m\u00edstica de\nT. En los comienzos de esa su experiencia fue determinante el drama provocado\npor los te\u00f3logos asesores, malos consejeros, que la obligaron a rechazar las\nvisiones cristol\u00f3gicas haci\u00e9ndoles muecas groseras: \u201cm\u00e1ndanme que ya que no\nhab\u00eda remedio de resistir, que siempre me santiguase y diese higas&#8230;\u201d (V 29,\n5). Cuando la repugnancia de ella a ese gesto llega al colmo, T opta por\nsustituir las higas con la cruz: \u201cD\u00e1bame este dar higas grand\u00edsima pena&#8230; Y\npor no andar santigu\u00e1ndome, tomaba una cruz en la mano&#8230;\u201d (ib 6). Es el\nmomento en que sobreviene lo inesperado: \u201cUna vez, teniendo yo la cruz en la\nmano, que la tra\u00eda en un rosario, me la tom\u00f3 con la suya, y cuando me la torn\u00f3\na dar, era de cuatro piedras grandes muy m\u00e1s preciosas que diamantes, sin\ncomparaci\u00f3n, porque no la hay casi a lo que se ve sobrenatural&#8230; Ten\u00eda las\ncinco llagas de muy linda hechura. D\u00edjome que as\u00ed la ver\u00eda de aqu\u00ed adelante, y\nas\u00ed me acaec\u00eda&#8230; Mas no la ve\u00eda nadie sino yo\u201d (V 29, 7. \u2013 Comenta el primer\nbi\u00f3grafo de T, padre Ribera: \u201cAns\u00ed aconteci\u00f3 a santa Catalina de Sena, como\ncuentan fray Raimundo y san Antonino, que la meti\u00f3 el Se\u00f1or en el dedo un\nanillo de oro y perlas y se le qued\u00f3 en el dedo, pero s\u00f3lo ella le ve\u00eda y no\nlos dem\u00e1s\u201d: Vida de la M. T., 1, c. 13, p. 86; cf Glanes, p. 19). M\u00edstico rito\nesponsal con el Crucificado, que culminar\u00e1 a\u00f1os m\u00e1s tarde con la entrega del\nclavo del Crucificado, \u201cen se\u00f1al que ser\u00e1s mi esposa\u201d (R 35).<\/p>\n\n\n\n<p>A ese mismo contexto\nde experiencias m\u00edsticas pertenece la reacci\u00f3n de T frente a los miedos de\ndiabolismo que le inculcan los te\u00f3logos en t\u00e9rminos esperp\u00e9nticos: \u201csiendo yo\nsierva de este Se\u00f1or y Rey, \u00bfqu\u00e9 mal me pueden hacer (los demonios)?&#8230; Tomaba\nuna cruz en la mano y parec\u00eda verdaderamente darme Dios \u00e1nimo&#8230;, que no tem\u00eda\ntomarme con ellos a brazos, que me parec\u00eda f\u00e1cilmente con aquella cruz los\nvenciera a todos\u201d (V 25, 19).<\/p>\n\n\n\n<p>En realidad, la\nexperiencia de la cruz introduc\u00eda a T en la experiencia del Crucificado (V 29,\n4; 33, 14; 38, 14), de sus llagas (R 15; V 35, 2; 36, 1; 39, 1), de su Pasi\u00f3n y\nsufrimientos (R 26, 1; 36, 1), de su Humanidad (V 22). De ah\u00ed su consigna: \u201clos\nojos en el Crucificado, y har\u00e1seos todo poco\u201d (M 7, 4, 8; C. 2, 1).<\/p>\n\n\n\n<p>2. La cruz del\nCrucificado<\/p>\n\n\n\n<p>En tiempo de la Santa\nera normal e ineludible la formaci\u00f3n a la oraci\u00f3n y meditaci\u00f3n a base de la\nPasi\u00f3n de Jes\u00fas. No parece que ella haya conocido la pr\u00e1ctica del Viacrucis,\nque adquirir\u00e1 su forma definitiva en el siglo siguiente. Sin embargo, para T el\nmisterio de Jes\u00fas cargado con la cruz, ca\u00eddo bajo el peso de la cruz, colgado\nen la cruz, muerto en la cruz&#8230; ha constituido parte de su propio camino\nespiritual y pas\u00f3 a ser el contenido principal de su itinerario de oraci\u00f3n. Los\nmomentos m\u00e1s recordados por ella son a la vez hist\u00f3ricos y simb\u00f3licos: ayudarle\na llevar la cruz con el Cireneo (V 27,13), no dejarle caer bajo la cruz (11,10;\nC 26,5); estar al pie de su cruz como san Juan (25,5), o como la Virgen (Conc\n3,11); ceder al asombro ante el silencio de Jes\u00fas que clavado en la cruz no se\nqueja ni siquiera a su madre la Virgen: \u201cpues con raz\u00f3n se quejara a su\nmadre&#8230;: siempre nos consuela m\u00e1s quejarnos a los que sabemos sienten nuestros\ntrabajos y nos aman m\u00e1s\u201d (Conc 3,11). Y por fin la muerte de Jes\u00fas en la cruz:\n\u201cmirad lo que cost\u00f3 a nuestro Esposo el amor que nos tuvo, que por librarnos de\nla muerte, la muri\u00f3 tan penosa como muerte de cruz\u201d (M 5,3.12).<\/p>\n\n\n\n<p>En su glosa a los\nCantares, T recoger\u00e1 la tradicional identificaci\u00f3n de la cruz de Jes\u00fas con el\nmanzano del epitalamio b\u00edblico: \u201centiendo yo por el manzano el \u00e1rbol de la\ncruz, porque dijo en otro cabo en los Cantares: \u2018debajo del \u00e1rbol manzano te\nresucit\u00e9\u2019, y un alma que est\u00e1 rodeada de cruces de trabajos y persecuciones,\ngran remedio es para no estar tan ordinario en el deleite de la contemplaci\u00f3n\u201d\n(Conc 7,8). \u201c\u00a1C\u00f3mo baja sus ramas este divino manzano, para que unas veces las\ncoja el alma considerando sus grandezas y las muchedumbres de sus misericordias\nque ha usado con ella, y que vea y goce del fruto que sac\u00f3 Jesucristo Se\u00f1or\nnuestro de su Pasi\u00f3n, regando este \u00e1rbol con su sangre preciosa con tan\nadmirable amor!\u201d (ib 5,5).<\/p>\n\n\n\n<p>Es probable que ese\nsimbolismo \u201cmanzano-cruz\u201d lo haya recibido T del primer magisterio oral de fray\nJuan de la Cruz, quien al comentar en el C\u00e1ntico Espiritual el pasaje de los\nCantares escribir\u00e1: \u201cDebajo del manzano, entendiendo por el manzano el \u00e1rbol de\nla cruz donde el Hijo de Dios redimi\u00f3 y&#8230; se despos\u00f3 con la naturaleza humana,\ny consiguientemente con cada \u00e1nima\u201d (CA 28,2: con peque\u00f1os matices variantes en\nen CB 23,3).<\/p>\n\n\n\n<p>Ya en los a\u00f1os\niniciales de su experiencia m\u00edstica, cuando a T le arrebataron por decreto sus\nlibros espirituales, el Se\u00f1or le hab\u00eda prometido: \u201cNo hayas miedo, yo te dar\u00e9\nlibro vivo\u201d. Y el libro vivo fue para ella el Crucificado: \u201c\u00bfQui\u00e9n ve al Se\u00f1or\ncubierto de llagas y afligido con persecuciones que no las abrace y las ame y\nlas desee?\u201d (V 25, 5). Libro vivo es una versi\u00f3n original del b\u00edblico \u201clibro de\nla vida\u201d (A 3,5; 20,15&#8230;). Otros pasajes b\u00edblicos de que se alimenta la piedad\nde T son: la palabra de Jes\u00fas \u201ctoma tu cruz y s\u00edgueme\u201d (V 15,13); o el texto de\nsan Pablo: no gloriarse sino en la cruz del Se\u00f1or (cta 279), o la experiencia\ntestificada por el mismo Ap\u00f3stol: \u201cme acordaba de lo que dice san Pablo, \u2018que\nest\u00e1 crucificado al mundo\u2019&#8230;\u201d (V 20, 11).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, sobre todo, T ha\nle\u00eddo y meditado innumerables veces la Pasi\u00f3n de Jes\u00fas: desde los a\u00f1os en que\n\u201cera tan recio mi coraz\u00f3n, que&#8230; si leyera toda la Pasi\u00f3n no llorara una\nl\u00e1grima\u201d (V 3,1), hasta los a\u00f1os de su conversi\u00f3n en que \u201csi comenzaba a llorar\npor la Pasi\u00f3n, no sab\u00eda acabar\u201d (M 4,1,6).<\/p>\n\n\n\n<p>3. La se\u00f1al de la Cruz<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n T es humilde\ntestigo de la religiosidad popular en el afecto y veneraci\u00f3n de la cruz y las\ncruces que materializaban \u2013entonces m\u00e1s que ahora\u2013 la cruz hist\u00f3rica de Jes\u00fas.\nEs f\u00e1cil documentar en sus escritos varias de esas pr\u00e1cticas populares,\nadoptadas sin remilgos por una m\u00edstica como ella:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 T lleva siempre en\nsu rosario una gran cruz, que utiliza, como hemos visto, en sus pseudo-exorcismos\nantidiab\u00f3licos (V 29,7). Est\u00e1 convencida, como la gente sencilla de su tiempo,\ndel poder de la cruz contra las asechanzas del demonio (V 25, 19; 31,4.10&#8230;).<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Es amiga de\nsantiguarse (hacer la se\u00f1al de la cruz sobre s\u00ed misma). Recuerda que lo hac\u00eda\ndesde ni\u00f1a antes de dormir (V 9,4). Aconseja hacerlo al comenzar la oraci\u00f3n (C\n26,1). Santiguarse es, para ella, gesto de invocaci\u00f3n o de simple asombro (V\n37,9). Pero lo mismo para ella que para la religiosidad popular, el acto de\nsantiguarse era un reconocimiento del poder salvador de la cruz de Jes\u00fas.\n\u201cTodos los males destierra\u201d; bajo su amparo \u201cel m\u00e1s flaco ser\u00e1 fuerte\u201d, cantar\u00e1\nella en sus poemas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 En la primera visita\nal convento de Duruelo, \u201cportalito de Bel\u00e9n\u201d seg\u00fan ella, la encanta la pobre y\ndesnuda cruz que adornaba la \u201cermitilla\u201d: \u201cNunca se me olvida una cruz peque\u00f1a\nde palo que ten\u00eda para el agua bendita, que ten\u00eda en ella pegada una imagen de\npapel con un Cristo que parec\u00eda pon\u00eda m\u00e1s devoci\u00f3n que si fuera de cosa muy\nbien labrada\u201d (F 14,6). Tambi\u00e9n ella har\u00eda poner una gran cruz de madera\ndesnuda por todo ornamento en cada celda de sus carmelos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Aunque no viaj\u00f3 a\nCaravaca, vener\u00f3 y llev\u00f3 consigo una peque\u00f1a reproducci\u00f3n de la famosa \u201cCruz de\nCaravaca\u201d. Hizo llegar tambi\u00e9n otra reproducci\u00f3n de la misma a su amiga D.\u00aa\nLuisa de la Cerda (cta 158,6).<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 T tambi\u00e9n comparti\u00f3\nla sencilla devoci\u00f3n popular en su \u00faltimo viaje de fundadora, al llegar a\nBurgos. En toda Castilla era famoso el Santo Cristo de Burgos. Ya al planear el\nviaje de Palencia a la capital de Castilla, hab\u00eda incluido en su agenda la\nvisita al \u201cCrucifijo de ese lugar\u201d (cta 430,3). Y al llegar a la ciudad, aunque\nempapada de agua y de fr\u00edo, fue \u201clo primero ver el Santo Crucifijo, para\nencomendarle el negocio\u201d de la fundaci\u00f3n (F 31,18).<\/p>\n\n\n\n<p>4. C\u00f3mo llevar la cruz\nde Cristo en la propia vida<\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s de realidad y\nmisterio, la cruz es para T una lecci\u00f3n de vida. \u201cEn la cruz est\u00e1 la vida\u201d, es\nel primer verso de uno de sus poemas. Lecci\u00f3n plena, de alcance universal. De\nascesis y de m\u00edstica.<\/p>\n\n\n\n<p>En el plano asc\u00e9tico,\nes fundamental la aceptaci\u00f3n de las cruces que no pueden faltar en la vida. Lo\nmismo que ocurri\u00f3 a Jes\u00fas. Se lo inculca al principiante en los cap\u00edtulos\ndedicados al primer grado de oraci\u00f3n (V 11-13). Pero la consigna vale para todo\nel camino espiritual: \u201c&#8230;primeros, medianos y postreros (=principiantes,\naprovechados y perfectos) todos llevan sus cruces, que por este camino que fue\nCristo han de ir los que le siguen\u201d (V 11,5). Condici\u00f3n indispensable para una\nbuena puesta en marcha del principiante es la determinada determinaci\u00f3n de\nllevar con El la cruz y seguirlo \u201chasta muerte de Cruz, y que est\u00e9 determinado\na ayud\u00e1rsela a llevar y a no dejarlo solo con ella. Quien viere en s\u00ed esta\ndeterminaci\u00f3n, no, no hay que temer\u201d (ib 12). Insistir\u00e1: \u201cEs gran negocio\ncomenzar las almas&#8230; desasidas de todo g\u00e9nero de contentos, determinadas a\ns\u00f3lo ayudar a llevar la cruz a Cristo, como buenos caballeros que sin sueldo\nquieren servir a su rey&#8230;\u201d (15,11). A las j\u00f3venes lectoras del Camino se lo\nreitera haci\u00e9ndolas confrontarse con la cruz de Jes\u00fas, de suerte que \u201cla que no\nquisiere llevar cruz sino la que le dieren muy puesta en raz\u00f3n, no s\u00e9 yo para qu\u00e9\nest\u00e1 en el monasterio\u201d C 13,1; cf 10,11).<\/p>\n\n\n\n<p>Es revelador el\nepisodio acaecido al final de su vida (mayo de 1582). En el Carmelo de Soria\nhab\u00eda ingresado una joven de la alta nobleza navarra, tras llevar a cabo un\ngesto realmente heroico. En el noviciado la sorprende un per\u00edodo de sequedades\ny nuevas pruebas familiares. La novicia se las comunica a la Santa. Y \u00e9sta le\nresponde: \u201cNinguna pena de eso tenga. Pr\u00e9ciese de ayudar a llevar a Dios la\ncruz, y no haga presa en los regalos, que es de soldados civiles querer luego\nel jornal. Sirva de balde como hacen los grandes al rey. El del cielo sea con\nella\u201d (cta 449,4).<\/p>\n\n\n\n<p>La interesada era\nLeonor de Ayanz y Beamonte. El lema fundamental de la ascesis teresiana es:\ndeterminada determinaci\u00f3n de ayudar a Cristo a llevar su cruz, abrazando las\nque surgen en la propia vida.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cAyudar a Cristo a\nllevar la cruz\u201d es a la vez la c\u00e9lula germinal de la m\u00edstica de la cruz,\npresente en la experiencia y en el magisterio de la Santa. Ya al proponer esa\nconsigna al principiante, le advierte que ser\u00e1 v\u00e1lida para todo el camino\nespiritual: \u201cAy\u00fadele a llevar la cruz, y piense que toda su vida vivi\u00f3 (Cristo)\nen ella, y no quiera ac\u00e1 su reino&#8230; Y as\u00ed se determine, aunque para toda la\nvida le dure esta sequedad, no dejar a Cristo caer con la cruz\u201d (V 11,10).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero tanto ella como\nsus lectores tendr\u00e1n que penetrar en lo hondo del misterio de la cruz, culmen\ndel proceso de abajamiento del Verbo Encarnado y consumaci\u00f3n de su obra\nredentora. Muerte por amor y dolor. Dolor y amor que se compenetran. Pero de\nsuerte que el amor sea la medida de la capacidad de dolor. No s\u00f3lo en la Pasi\u00f3n\nde Jes\u00fas sino en la capacidad de compartir su cruz por parte de sus seguidores.\n\u201cEstos son sus dones (los de Dios): da conforme al amor que nos tiene. Al que\nama m\u00e1s, da de estos dones m\u00e1s; a los que menos, menos&#8230; A quien le amare\nmucho, ver\u00e1 que puede padecer mucho por El. Al que amare poco, poco&#8230; La\nmedida del poder llevar gran cruz o peque\u00f1a es el amor\u201d (C 327; cf M 4,2,9).<\/p>\n\n\n\n<p>Desde esa experiencia\ndel misterio de la cruz, en dolor por amor, a T le sobrevinieron dos grandes\nsorpresas. La primera, que el Crucificado pudiera darle sus sufrimientos:\nd\u00e1rselos, en propiedad, a ella para que los presentara como propios al Padre.\nLa segunda, que en ella surgiera y creciera hasta el extremo de lo posible el\n\u201cdeseo de padecer\u201d por y con Cristo. Baste documentar uno y otro aspecto:<\/p>\n\n\n\n<p>El hecho primero lo\nrefiere T en uno de sus apuntes \u00edntimos, Relaci\u00f3n 51. Es\u00adcucha esta palabra\ninterior: \u201c&#8230; lo que yo tengo es tuyo, y as\u00ed te doy todos los trabajos y\ndolores que pas\u00e9, y con esto puedes pedir a mi Padre como cosa propia\u201d&#8230; Desde\nentonces miro muy de otra suerte lo que padeci\u00f3 el Se\u00f1or, como cosa propia, y\ndame gran alivio\u201d. \u2013 Cuando ella redacte, dos a\u00f1os despu\u00e9s, el Castillo Interior,\nrecordar\u00e1 ese hecho m\u00edstico a la altura de las moradas sextas, enmarc\u00e1ndolo en\nla experiencia de la propia pobreza: \u201c&#8230;estaba muy afligida delante de un\ncrucifijo, considerando que nunca hab\u00eda tenido qu\u00e9 dar a Dios&#8230; D\u00edjole el\nmismo Crucificado, consol\u00e1ndola, que El le daba todos los dolores y trabajos\nque hab\u00eda pasado en su Pasi\u00f3n, que los tuviese por propios, para ofrecer a su\nPadre&#8230;\u201d (M 6,5,6).<\/p>\n\n\n\n<p>La segunda sorpresa,\nfue el irreprimible deseo de padecer, m\u00e1s sorpresivo y quiz\u00e1s parad\u00f3jico para nosotros\nque para el m\u00edstico. Para \u00e9ste \u2013y para T\u2013 lo normal en el camino de \u201cayuda al\nSe\u00f1or con la cruz\u201d, es que surja el deseo de compartirla con El y por El, en la\nalternancia creciente de amor y dolor. Teresa lo documentar\u00e1 por \u00faltima vez al\nfinal del Castillo al describir la situaci\u00f3n de quien ha llegado a la \u00faltima\nmorada:<\/p>\n\n\n\n<p>Vive ya \u201ccon un deseo\nde padecer grande, mas no de manera que lo inquiete, como sol\u00eda&#8230;\u201d (M 7,3,4).\nMuy en contraste con la conclusi\u00f3n del relato de Vida, donde uno de sus\noraciones culminantes era: \u201cSe\u00f1or, o morir o padecer: no os pido otra cosa\u201d (V\n40,20).<\/p>\n\n\n\n<p>En ese proceso de\ninmersi\u00f3n en el misterio de la cruz las dos \u00faltimas connotaciones ser\u00e1n: la\nnecesidad absoluta de configurarse con el Siervo de Yahw\u00e9 (M 7,4,8); y la\nseguridad del valor y dignidad a\u00f1adidos a los m\u00e1s m\u00ednimos actos humanos por la\nincorporaci\u00f3n a la cruz de Jes\u00fas (M 7,4,15, ya en la conclusi\u00f3n del libro).\n\u201c\u00bfSab\u00e9is qu\u00e9 es ser espirituales de veras? Hacerse esclavos de Dios, a quienes,\nse\u00f1alados con su hierro que es el de la cruz&#8230;, los pueda vender por esclavos\nde todo el mundo, como El lo fue, que no les hace ning\u00fan agravio ni peque\u00f1a\nmerced\u201d (ib n. 8).<\/p>\n\n\n\n<p>5. Poemas a la cruz de\nJes\u00fas<\/p>\n\n\n\n<p>En el exiguo\nflorilegio de poemas teresianos que han llegado hasta nosotros, hay al menos\ntres dedicados a la cruz de Jes\u00fas. Los tres literariamente exquisitos y de\nprofundo contenido espiritual y teol\u00f3gico. Adem\u00e1s de ellos, la cruz est\u00e1\npresente en varios otros poemas de la Santa.<\/p>\n\n\n\n<p>Probablemente, los\ntres primeros (numerados: 18, 19 y 29) fueron compuestos por ella para celebrar\nla fiesta de la Exaltaci\u00f3n de la Cruz en las recreaciones que ten\u00edan lugar como\npreparaci\u00f3n al subsiguiente tiempo de ayunos, que comenzaban en esa fecha.\nPoemas festivos, por tanto, pero de intensa vibraci\u00f3n po\u00e9tica y con clara\nreferencia autobiogr\u00e1fica.<\/p>\n\n\n\n<p>El poema primero (n.\n18) comienza con el estribillo: \u201cCruz, descanso sabroso de mi vida \/ vos se\u00e1is\nla bienvenida\u201d. La imagen central, \u201ccruz-bandera\u201d, con que celebra el \u201ctriunfo\u201d\nde Jes\u00fas por la cruz, es eco prolongado del himno lit\u00fargico \u201cVexilla Regis\nprodeunt \/ fulget crucis mysterium\u201d. Los versos de la Santa retienen el tono de\nese himno marcial, pero con matices intimistas, que permiten a la autora\ndialogar con la cruz: \u201cvos fuisteis la libertad \/ de nuestro gran cautiverio\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>El segundo poema (n.\n19) es quiz\u00e1 el m\u00e1s original del poemario teresiano. \u201cCanto de cisne\u201d de la\nautora, seg\u00fan su editor cr\u00edtico \u00c1ngel C. Vega. Casi todas sus estrofas est\u00e1n\ninspiradas en el b\u00edblico Cantar de los Cantares. Comienzan con la letrilla: \u201cEn\nla cruz est\u00e1 la vida\u201d. Sigue cada una de las estrofas inspirada en un motivo\nb\u00edblico: \u201cEn la cruz est\u00e1 el Se\u00f1or \/ de cielo y tierra\u201d (estrofa primera). La\ncruz es \u201cla palma preciosa\u201d de los Cantares (estrofa segunda). Ella es \u201cla\noliva preciosa\u201d (estrofa tercera), tambi\u00e9n de los Cantares, que siguen\ninspirando la estrofa cuarta: \u201cEs la cruz el \u00e1rbol precioso \/ y deseado\u201d. Hay\nun eco del Apocalipsis (o del G\u00e9nesis) en la siguiente: la cruz es el \u201c\u00e1rbol de\nvida\u201d. Y por fin la estrofa \u00faltima contiene un eco del pensamiento paulino: \u201cEn\nla cruz est\u00e1 la gloria \/ y el honor\u201d&#8230; Todo un sartal de motivos b\u00edblicos\npo\u00e9ticamente engarzados.<\/p>\n\n\n\n<p>El poema tercero es un\ncanto de victoria al triunfo de la cruz, a modo de epinicio m\u00edstico. Grito de\nguerra y de paz. La letrilla inicial habla de militancia, banderas, paz y\ntierra. La bandera es la cruz. Capit\u00e1n fuerte, el crucificado. Militantes son\nlas destinatarias del poema: las carmelitas y la autora. \u201cNo haya ning\u00fan\ncobarde \/ aventuremos la vida\u201d. El triunfo de la cruz es la muerte del\ncrucificado, que \u201cse ofrece a morir en cruz \/ por darnos a todos luz\u201d. Las dos\nprimeras estrofas cantan la gesta de la cruz. Las otras dos son el grito de\nllamada en pos del Crucificado. Terminan: \u201cSigamos estas banderas \/ pues Cristo\nva en delantera\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>La Santa introdujo el\ntema de la cruz en varios otros poemas: n\u00fameros 20, 22, 26, 30 y 31. Pero le\ndedic\u00f3 \u00edntegro el poema 21 al ap\u00f3stol san Andr\u00e9s, que muere enamorado de la\ncruz de Jes\u00fas. La \u00faltima estrofa pone en boca del Ap\u00f3stol un remedo del himno\nlit\u00fargico \u201cSalve, crux pretiosa\u201d. Dice as\u00ed:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c\u00a1Oh cruz, madero\nprecioso,<br>\nlleno de gran majestad!<br>\nPues siendo de despreciar,<br>\ntomaste a Dios por esposo,<br>\na ti vengo muy gozoso,<br>\nsin merecer el quererte:<br>\nesme muy gran gozo el verte\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>T. \u00c1lvarez<\/p>\n\n\n\n<p>Todos los derechos:&nbsp;<em>Diccionario Teresiano<\/em>,\nGpo.Ed.FONTE<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En los escritos de T, como en la tradici\u00f3n espiritual cristiana, la cruz es realidad y s\u00edmbolo. 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