{"id":4571,"date":"2021-01-22T10:25:11","date_gmt":"2021-01-22T16:25:11","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4571"},"modified":"2022-01-22T10:26:37","modified_gmt":"2022-01-22T16:26:37","slug":"mision","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4571","title":{"rendered":"Misi\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<p>La idea de una misi\u00f3n divina no es completamente extra\u00f1a a las religiones\nno cristianas. Sin hablar de Mahoma \u00abenviado\nde Dios\u00bb, que pretende suceder\na los profetas b\u00edblicos,\nse la encuentra en cierto grado en el paganismo\ngriego. Epicteto se considera\ncomo \u00abel enviado, el inspector, el heraldo de los\ndioses\u00bb, \u00abenviado por el dios para ejemplo\u00bb: para reanimar en los hombres con\nsu ense\u00f1anza y su testimonio\nla centella divina que hay en ellos, estima haber recibido una misi\u00f3n del cielo. Igualmente\nen el hermetismo el iniciado\ntiene la misi\u00f3n de convertirse en \u00abgu\u00eda de los que son dignos, para que el g\u00e9nero humano\nsea por su medio salvado por Dios\u00bb. Pero en la revelaci\u00f3n b\u00edblica la idea de\nmisi\u00f3n tiene unas coordenadas muy diferentes. Es totalmente relativa\na la historia de la salvaci\u00f3n. Implica un llamamiento positivo de Dios manifestado expl\u00edcitamente en cada caso particular. Se aplica tanto a colectividades como a individuos. En conexi\u00f3n con las ideas de predestinaci\u00f3n y de vocaci\u00f3n,\nse traduce en un vocabulario que gravita en torno al verbo \u00abenviar\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>AT. I. LOS ENVIADOS DE Dios. 1. En el caso de los profetas\n(cf. Jer 7,25) -el primero\nde los cuales es Mois\u00e9s &#8211; es donde m\u00e1s al vivo se puede percibir la misi\u00f3n\ndivina. \u00abYo te env\u00edos: esta palabra est\u00e1 en el centro de toda vocaci\u00f3n prof\u00e9tica (cf. \u00c9x 3.10; Jer 1,7; Ez 2,3s; 3,4s). Al llamamiento de Dios responde cada uno seg\u00fan su temperamento personal:\nIsa\u00edas se ofrece (\u00abAqu\u00ed estoy, env\u00edame\u00bb, Is 6,8); Jerem\u00edas\npone objeciones (Jer 1.6): Mois\u00e9s pide signos que acrediten su misi\u00f3n (Ex 3,11ss),\ntrata de rehusarla (4,13), se queja\namargamente (5,22). Pero todos al fin obedecen\n(cf. Am 7,14s), si se except\u00faa el caso de Jon\u00e1s (Jon 1,1ss). Esta conciencia\nde una misi\u00f3n personal recibida\nde Dios es un rasgo esencial\ndel verdadero profeta.\nLo distingue de los que dicen: \u00ab \u00a1Palabra\nde Dios!\u00bb, siendo as\u00ed que Dios no los ha enviado, como aquellos profetas mentirosos contra los que lucha Jerem\u00edas\n(Jer I4,14s; 23,21.32;\n28,15; 29,9). En sentido m\u00e1s amplio se puede tambi\u00e9n hablar de misi\u00f3n divina en el caso de\ntodos los que desempe\u00f1an un papel providencial en la historia\nde Israel; pero para\nreconocer la existencia de tales misiones\nse requiere el testimonio de un profeta.<\/p>\n\n\n\n<p>2. Todas las misiones de los enviados\ndivinos son relativas\nal designio de salvaci\u00f3n. La mayor\u00eda de ellas est\u00e1n en relaci\u00f3n\ndirecta con el pueblo de Israel.\nPero esto deja margen para la mayor diversidad. Los profetas son enviados\npara convertir los corazones, anunciar\ncastigos o hacer promesas: su funci\u00f3n\nest\u00e1 estrechamente ligada con la palabra de Dios, que est\u00e1n encargados\nde llevar a los hombres. Otras misiones se refieren m\u00e1s directamente al destino hist\u00f3rico de Israel: Jos\u00e9 es enviado para preparar la acogida de los hijos de Jacob en\nEgipto (G\u00e9n 45,5) y Mois\u00e9s para sacar de all\u00ed a Israel (\u00c9x 3,10; 7,16; Sal 105,26).\nLo mismo sucede con todos los jefes y liberadores del pueblo de Dios: Josu\u00e9, los\nJueces, David, los reconstructores del juda\u00edsmo despu\u00e9s\ndel exilio, los jefes de la sublevaci\u00f3n macabea&#8230;\nAun en los casos en que a prop\u00f3sito de ellos no hablan\nexpl\u00edcitamente de misi\u00f3n los historiadores sagrados, los consideran evidentemente como enviados divinos,\ngracias a los cuales progres\u00f3 hacia su t\u00e9rmino el designio de salvaci\u00f3n. Incluso paganos pueden desempe\u00f1ar en este punto un papel providencial: Asiria es enviada para castigar\na Israel infiel (Is 10,6) y Ciro para abatir a Babilonia\ny liberar a los jud\u00edos (Is 43,14; 48,14s).\nLa historia sagrada se construye\ngracias al entrecruzamiento de todas estas misiones particulares que convergen\nhacia el mismo fin.<\/p>\n\n\n\n<p>LA MISI\u00d3N DE ISRAEL. 1. \u00bfHay que hablar tambi\u00e9n de una misi\u00f3n del pueblo\nde Israel? S\u00ed, si se piensa en el estrecho\nnexo que hay siempre entre misi\u00f3n\ny vocaci\u00f3n. La vocaci\u00f3n de Israel define su misi\u00f3n en el designio de Dios.\nElegido entre todas las naciones,\nes el pueblo consagrado, el pueblo-sacerdote encargado\ndel servicio de Yahveh (Ex 19,5s). No se dice que\ndesempe\u00f1e esta funci\u00f3n en nombre de las otras naciones.\nSin embargo, a medida\nque se desarrolla la revelaci\u00f3n los or\u00e1culos prof\u00e9ticos entrev\u00e9n el tiempo en que todas\nlas naciones se unan a \u00e9l para participar en el culto del Dios \u00fanico (cf. Is 2,1ss; 19,21-25; 45,20-25;\n60): Israel es por tanto llamado a ser el pueblo, faro de\nla humanidad entera. Asimismo, si es depositario del designio de salvaci\u00f3n, lo es con la misi\u00f3n de hacer que participen en \u00e9l los otros pueblos: desde la vocaci\u00f3n\nde Abraham exist\u00eda la idea en germen (G\u00e9n 12,3); \u00e9sta se precisa a medida que la revelaci\u00f3n va descorriendo mejor el velo de las intenciones de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>2. A partir del exilio se observa que Israel ha adquirido\nclaramente conciencia de su misi\u00f3n. Sabe ser el siervo de Yahveh enviado\npor \u00e9l en calidad de mensajero\n(Is 42,19). Ante las naciones\npaganas es su testigo, encargado\nde darlo a conocer\ncomo el Dios \u00fanico (43,10.12;\n44,8) y de \u00abtransmitir al mundo la luz imperecedera de la ley\u00bb (Sab 18.4). La vocaci\u00f3n\nnacional desemboca aqu\u00ed en\nel universalismo religioso.\nNo se trata ya de dominar a las naciones\npaganas (Sal 47,4), sino de convertirlas. As\u00ed, el pueblo de Dios se abre a los pros\u00e9litos\n(Is 56,3.6s). Un esp\u00edritu nuevo atraviesa la literatura inspirada: el libro de Jon\u00e1s\nenfoca el caso de una misi\u00f3n prof\u00e9tica\nque tenga por beneficiarios a los\npaganos, y, en el libro de los Proverbios, los enviados de la sabidur\u00eda\ndivina invitan aparentemente a todos los hombres a su fest\u00edn (Prov 9,3ss). Israel\ntiende finalmente a convertirse en un pueblo misionero, particularmente en el medio alejandrino en el que se traducen\nal griego sus libros sagrados.<\/p>\n\n\n\n<p>PRELUDIOS DEL NUEVO TESTAMENTO. 1. El tema de la misi\u00f3n divina aparece en la escatolog\u00eda prof\u00e9tica, que prepara expl\u00edcitamente el NT. Misi\u00f3n del siervo,\na la que Yahveh designa como \u00abalianza del pueblo y luz de las naciones\u00bb\n(Is 42,6s; cf. 49,5s). Misi\u00f3n del misterioso profeta,\nal que Yahveh env\u00eda \u00aba llevar la buena nueva a los pobres\u00bb (Is 61,1s). Misi\u00f3n del enigm\u00e1tico mensajero\nque despeja el camino delante de Dios (Mal 3,1) y del nuevo El\u00edas (Mal 3,23). Misi\u00f3n de los paganos convertidos que van a revelar\nla gloria de Yahveh a sus hermanos de raza (Is\n66,19s). El NT mostrar\u00e1 c\u00f3mo deben cumplirse\nestas Escrituras.<\/p>\n\n\n\n<p>2. Finalmente, la teolog\u00eda de la palabra,\nde la sabidur\u00eda y del Esp\u00edritu personifica en forma sorprendente estas realidades divinas y no vacila en hablar de su\nmisi\u00f3n: Dios env\u00eda su palabra para que ejecute ac\u00e1 abajo sus voluntades (Is 55,11;\nSal 107,20; 147,15; Sab 18,14ss);\nenv\u00eda su sabidur\u00eda para que asista al hombre\nen sus tareas (Sab 9,10); env\u00eda su Esp\u00edritu para que renueve la faz de la tierra (Sal 104,30; cf. Ez 37, 9s) y haga conocer a sus hombres su voluntad\n(Sap 9,17). Estas expresiones preludian as\u00ed al NT, pues \u00e9ste las reasumir\u00e1 para explicar\nla misi\u00f3n del Hijo de Dios, que es su palabra y su sabidur\u00eda,\ny la de su Esp\u00edritu Santo en la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>NT. I. LA MISI\u00d3N DEL HIJO DE Dios. 1. Despu\u00e9s de Juan Bautista,\nel \u00faltimo y el\nm\u00e1s grande de los profetas,\nmensajero divino y nuevo El\u00edas anunciado por Malaqu\u00edas (Mt 11,9-14), Jes\u00fas se presenta\na los hombres como el enviado de Dios\npor excelencia, el mismo del que hablaba el libro de Isa\u00edas (Lc 4,17-21; cf. Is 61,1s). La par\u00e1bola\nde los vi\u00f1adores homicidas subraya\nla continuidad de su misi\u00f3n con\nla de los profetas, pero marcando tambi\u00e9n la diferencia fundamental de los dos\ncasos: el padre de familia,\ndespu\u00e9s de haber enviado a sus servidores, env\u00eda finalmente a su hijo (Me 12,2-8 p). Por eso, al acogerlo\no desecharlo se acoge\no se\ndesecha al que le ha enviado (Le 9,48: 10,16 p), es decir, al Padre mismo, que\nha puesto todo en su mano (Mt 11,27). Esta conciencia de una misi\u00f3n divina,\nque deja entrever las relaciones\nmisteriosas del Hijo y del Padre, se explicita en frases\ncaracter\u00edsticas: \u00abYo he sido enviado&#8230;\u00bb, \u00abYo he venido&#8230;\u00bb, \u00abEl Hijo del hombre ha venido&#8230;\u00bb, para anunciar el Evangelio (Mc 1,38 p), cumplir la ley y los profetas (Mt 5,17), aportar\nfuego a la tierra (Lc 12,49), traer no la paz sino la\nespada (Mt 10,34 p), llamar no a los justos, sino a los pecadores\n(Mc 2,17 p), buscar y salvar lo que se hab\u00eda perdido (Lc 19,10), servir y dar su vida en\nrescate (Mc 10,45 p)&#8230; Todos los aspectos\nde la obra redentora realizada\npor Jes\u00fas enlazan as\u00ed con la misi\u00f3n que ha recibido del Padre, desde la predicaci\u00f3n\ngalilea hasta el sacrificio de la cruz.<\/p>\n\n\n\n<p>La cosa es todav\u00eda m\u00e1s evidente en el cuarto evangelio. El env\u00edo del Hijo al mundo\npor el Padre se repite aqu\u00ed como un estribillo\nen todos los discursos (40 veces, p. e. 3,17; 10,36: 17,18).\nAs\u00ed tambi\u00e9n el \u00fanico deseo de Jes\u00fas es \u00abhacer la\nvoluntad del que le ha enviado\u00bb (4.34; 6,38ss), de realizar sus obras (9,4), de\ndecir lo que ha aprendido\nde \u00e9l (8,26). Existe entre ellos tal unidad de vida\n(6,57; 8,16.29) que la actitud tomada frente a Jes\u00fas es una toma de posici\u00f3n frente a\nDios mismo (5,23; 12,44s: 14,24; 15,21-24). En cuanto a la pasi\u00f3n,\nconsumaci\u00f3n de su obra, Jes\u00fas ve en ella su retorno al que le ha enviado (7,33; 16,5; cf. 17,11).\nLa fe\nque exige a los hombres es una fe en su misi\u00f3n (11,42; 17,8.21.23. 25); esto implica al mismo tiempo la fe en el Hijo como enviado (6,29) y la fe en el\nPadre que le env\u00eda (5, 24; 17,3).<em> <\/em>Por la misi\u00f3n del Hijo al mundo se ha revelado,\npues, a los hombres un aspecto esencial\ndel misterio \u00edntimo de Dios: el \u00danico (Dt\n6,4; cf. Jn 17,3), al enviar a su Hijo se ha dado a conocer\ncomo el Padre.<\/p>\n\n\n\n<p>No tiene nada de extra\u00f1o\nver que los escritos apost\u00f3licos dan una importancia central\na esta misi\u00f3n del Hijo. Dios envi\u00f3 a su Hijo en la plenitud\nde los tiempos para rescatarnos y conferirnos la adopci\u00f3n filial (G\u00e1l 4,4; cf. Rom 8,15).\nDios envi\u00f3 a su Hijo al mundo como salvador,\ncomo propiciaci\u00f3n por nuestros pecados, a fin de que nosotros vivamos\npor \u00e9l: tal es la prueba suprema de\nsu amor a nosotros (1Jn 4,9s.14). Jes\u00fas es as\u00ed el enviado\npor excelencia (Jn 9,7),\nel <em>apostolos <\/em>de nuestra\nprofesi\u00f3n de fe (Heb 3.1).<\/p>\n\n\n\n<p>Los ENVIADOS DEL HIJO. 1. La misi\u00f3n de Jes\u00fas se prolonga\ncon la de sus propios enviados,\nlos doce, que por esta misma raz\u00f3n llevan el nombre de ap\u00f3stoles. Viviendo todav\u00eda Jes\u00fas los env\u00eda ya delante de \u00e9l (cf. Le 10,1)\npara predicar el Evangelio y curar (Lc 9,1 p), que es el objeto de su misi\u00f3n\npersonal. Son los obreros enviados\na la mies por el maestro (Mt 9,38 p; cf. Jn 4,38);\nson los servidores enviados por el rey para conducir\na los invitados a las bodas\nde su Hijo (Mt 22,3 p). No deben hacerse la menor ilusi\u00f3n sobre la suerte que les aguarda: el enviado\nno es mayor que el que le env\u00eda (Jn 13,16); como se ha tratado al maestro\nse tratar\u00e1 a los servidores\n(Mt 10,24s). Jes\u00fas los env\u00eda \u00abcomo ovejas en medio de los lobos\u00bb (10,16 p). Sabe que la \u00abgeneraci\u00f3n\nperversa\u00bb perseguir\u00e1 a sus enviados\ny les dar\u00e1 muerte (23,34 p). Pero lo que se\nles haga, se le har\u00e1 a \u00e9l mismo y finalmente al Padre: \u00abEl que a vosotros oye, a m\u00ed me oye, y el que a vosotros\ndesecha, a m\u00ed me desecha, y el que me desecha a\nm\u00ed, desecha al que me envi\u00f3\u00bb (Le 10,16); \u00abEl que a vosotros recibe,\na m\u00ed me recibe, y el que me recibe a m\u00ed, recibe al que me envi\u00f3\u00bb (Jn 13,20). En efecto,\nla misi\u00f3n de los ap\u00f3stoles se enlaza de la forma m\u00e1s estrecha\ncon la de Jes\u00fas: \u00abComo mi\nPadre me ha enviado, yo tambi\u00e9n os env\u00edo\u00bb (20, 21). Esta palabra ilustra el\nsentido profundo del env\u00edo final de los doce por Cristo resucitado: \u00abId&#8230;\u00bb. Ir\u00e1n, pues, a\nanunciar el Evangelio\n(Mc 16,15), a hacer disc\u00edpulos de todas las naciones\n(Mt 28,19), a llevar por todas partes su testimonio\n(Act 1,8). La misi\u00f3n del Hijo\nalcanzar\u00e1 as\u00ed efectivamente a todos los hombres gracias\na la misi\u00f3n de sus ap\u00f3stoles\ny de su Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>2. Y as\u00ed es sin duda como lo entiende\nel libro de los Hechos cuando refiere\nla vocaci\u00f3n de Pablo. Utilizando los t\u00e9rminos cl\u00e1sicos\nde las vocaciones prof\u00e9ticas,\nCristo resucitado dice a su instrumento de elecci\u00f3n: \u00abVe. Quiero enviarte\nlejos, a las naciones\u00bb\n(Act 22,21), y esta misi\u00f3n a los paganos entra exactamente en la\nl\u00ednea de la del siervo de Yahveh (Act 26,17; cf. Is 42,7.16). En efecto, el siervo\nvino en la persona de Jes\u00fas, y los enviados\nde Jes\u00fas llevan a todas las naciones el mensaje de salvaci\u00f3n que \u00e9l mismo s\u00f3lo hab\u00eda notificado a las \u00abovejas perdidas\nde la casa de Israel\u00bb\n(Mt 15,24). Esta misi\u00f3n recibida en el camino de Damasco la invocar\u00e1 siempre Pablo para justificar\nsu t\u00edtulo de ap\u00f3stol (1Cor 15,8s; G\u00e1l 1,12). Seguro de su extensi\u00f3n universal, llevar\u00e1 el Evangelio\na los paganos para obtener de ellos la obediencia de la fe (Rom 1,5) y magnificar\u00e1 la misi\u00f3n de todos los mensajeros\ndel Evangelio (10, 14s): \u00bfno se debe a ella el que nazca en el coraz\u00f3n de los hombres la fe en la palabra de Cristo (10,17)?\nM\u00e1s all\u00e1 de la funci\u00f3n personal\nde los ap\u00f3stoles, la Iglesia entera en su funci\u00f3n misionera enlaza as\u00ed con la misi\u00f3n del Hijo.<\/p>\n\n\n\n<p>LA MISI\u00d3N DEL ESP\u00cdRITU SANTO. Para cumplir esta funci\u00f3n misionera\nlos ap\u00f3stoles y los predicadores del Evangelio no est\u00e1n solos y abandonados a sus solas fuerzas humanas; realizan\nsu cometido con la fuerza del Esp\u00edritu Santo. Ahora bien, para definir el papel exacto del Esp\u00edritu\nhay que hablar todav\u00eda de misi\u00f3n en el sentido m\u00e1s fuerte del t\u00e9rmino. Jes\u00fas, evocando su futura venida en\nel serm\u00f3n despu\u00e9s de la Cena, precisaba:\n\u00abEl Par\u00e1clito, el Esp\u00edritu Santo, al que mi Padre enviar\u00e1 en mi nombre, os ense\u00f1ar\u00e1 todas las cosas\u00bb (Jn 14,26); \u00abCuando venga el Par\u00e1clito, al que yo os enviar\u00e9 de junto a mi Padre, \u00e9l dar\u00e1 testimonio de m\u00ed\u00bb (15,26; cf. 16,7). El Padre y el Hijo obran, pues, conjuntamente para enviar al Esp\u00edritu.\nLucas pone el acento sobre la acci\u00f3n de\nCristo, mientras que la del Padre consiste\nsobre todo en la promesa\nque \u00e9l ha hecho, conforme al testimonio de las Escrituras: \u00abYo enviar\u00e9 sobre vosotros,\ndice Jes\u00fas. lo que os ha prometido\nmi Padre\u00bb (Lc 24,49; cf. Act 1,4; Ez 36,27; JI 3,1s). <\/p>\n\n\n\n<p>2. Tal es, en efecto, el sentido de pentecost\u00e9s, manifestaci\u00f3n inicial de esta\nmisi\u00f3n del Esp\u00edritu que durar\u00e1 todo el tiempo que dure la Iglesia. A los doce los hace el Esp\u00edritu testigos\nde Jes\u00fas (Act 1,8). Se les da para que cumplan su funci\u00f3n\nde enviados (Jn 20,21s). En \u00e9l predicar\u00e1n en adelante el Evangelio (1Pe 1,12),\ncomo tambi\u00e9n despu\u00e9s de ellos los predicadores de todos los tiempos. La misi\u00f3n\ndel Esp\u00edritu es as\u00ed inherente\nal misterio mismo de la Iglesia cuando \u00e9sta anuncia la\npalabra para cumplir su quehacer\nmisionero. Es tambi\u00e9n la base de la santificaci\u00f3n de los hombres.\nEn efecto, si en el bautismo \u00e9stos reciben la adopci\u00f3n filial, es que Dios env\u00eda a sus corazones el Esp\u00edritu de su Hijo que\nclama: \u00abAbba!, \u00a1Padre!\u00bb (G\u00e1l 4, 6). La misi\u00f3n del Esp\u00edritu viene as\u00ed a ser el objeto\nde la experiencia cristiana. As\u00ed se consuma la revelaci\u00f3n del misterio de Dios:\ndespu\u00e9s del Hijo, palabra y sabidur\u00eda de Dios, se ha manifestado a su vez el\nEsp\u00edritu como persona divina entrando\nen la historia de los hombres, a los\nque transforma interiormente a imagen del Hijo de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Todos\nlos derechos: <em>Vocabulario de teolog\u00eda\nb\u00edblica<\/em>, X. L\u00e9on-Dufour<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La idea de una misi\u00f3n divina no es completamente extra\u00f1a a las religiones no cristianas. Sin hablar de Mahoma \u00abenviado de Dios\u00bb, que pretende suceder a los profetas b\u00edblicos, se la encuentra en cierto grado en el paganismo griego. 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