{"id":4585,"date":"2021-01-22T10:41:41","date_gmt":"2021-01-22T16:41:41","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4585"},"modified":"2022-01-22T10:42:23","modified_gmt":"2022-01-22T16:42:23","slug":"paz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4585","title":{"rendered":"Paz"},"content":{"rendered":"\n<p>El hombre ans\u00eda la paz desde lo m\u00e1s profundo\nde su ser. Pero a veces ignora la\nnaturaleza del bien que tan ansiosamente anhela, y los caminos que sigue\npara alcanzarlo no son siempre los caminos de Dios. Por eso debe aprender\nde la historia sagrada\nen qu\u00e9 consiste la b\u00fasqueda\nde la verdadera paz y o\u00edr\nproclamar por Dios en Jesucristo\nel don de esta verdadera\npaz.<\/p>\n\n\n\n<p>LA PAZ, FELICIDAD\nPERFECTA. Para apreciar\nen su pleno valor la realidad\ndesignada por la palabra hay que percibir el sabor de la tierra latente en la expresi\u00f3n sem\u00edtica aun en su concepci\u00f3n\nm\u00e1s espiritual, y en la Biblia hasta el\n\u00faltimo libro del NT.<\/p>\n\n\n\n<p>1. <em>Paz y bienestar. <\/em>La palabra hebrea <em>shal\u00f3m <\/em>deriva de una ra\u00edz que, seg\u00fan sus\nempleos, designa el hecho de hallarse intacto,\ncompleto (Job 9,4), por\nejemplo, acabar una casa (1Re 9,25), o el acto de restablecer las cosas en su\npr\u00edstino estado, en su integridad, por ejemplo, \u00abapaciguar\u00bb a un acreedor\n(\u00c9x 21,34), cumplir un voto (Sal 50,14). Por tanto la paz b\u00edblica no es s\u00f3lo el \u00abpacto\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>que permite una vida tranquila,\nni el \u00abtiempo de paz\u00bb por oposici\u00f3n\nal \u00abtiempo de guerra\u00bb\n(Ecl 3,8; Ap 6,4); designa el bienestar\nde la existencia cotidiana, el estado\ndel hombre que vive en armon\u00eda con la naturaleza, consigo mismo, con Dios;\nconcretamente, es bendici\u00f3n,\nreposo, gloria, riqueza,\nsalvaci\u00f3n, vida.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Paz y felicidad. <\/em>\u00abTener buena salud\u00bb y \u00abestar en paz\u00bb son dos expresiones\nparalelas (Sal 38,4); para preguntar\nc\u00f3mo est\u00e1 uno, si se halla bien, se dice: \u00ab\u00bfEst\u00e1 en paz?\u00bb (2Sa 18,32; G\u00e9n 43,27); Abraham,\nque muri\u00f3 en una vejez dichosa\ny saciado de d\u00edas (G\u00e9n 25,8), parti\u00f3 en paz (G\u00e9n 15,15; cf. Lc 2,29). En sentido\nm\u00e1s lato la paz es la seguridad. Gede\u00f3n no debe ya temer la muerte ante la aparici\u00f3n celestial (Jue 6,23; cf. Dan 10,19); Israel no tiene ya que temer a enemigos\ngracias a Josu\u00e9, el vencedor\n(Jos 21,44; 23,1), a David (2Sa 7,1), a Salom\u00f3n (1Re 5, 4; 1Par 22,9; Eclo 47,13). Finalmente, la paz es concordia en una vida fraterna:\nmi familiar, mi amigo, es \u00abel hombre de mi paz\u00bb (Sal 41,10;\nJer 20,10); es confianza mutua, con frecuencia\nsancionada por una alianza\n(N\u00fam 25,12; Eclo 45,24) o por un tratado de buena vecindad\n(Jos 9,15; Jue 4,17;\n1Re 5,26; Lc 14,32; Act 12,20).<\/p>\n\n\n\n<p><em>Paz y \u00absalud\u00bb. <\/em>Todos estos bienes, materiales y espirituales, est\u00e1n comprendidos\nen el\nsaludo, en el deseo de paz (el <em>salamalec\n<\/em>de los \u00e1rabes).\ncon el que en el AT y en el NT se saluda, se dice \u00abbuenos d\u00edas\u00bb o \u00abadi\u00f3s\u00bb ya en la conversaci\u00f3n (G\u00e9n 26,29; 2Sa 18,29), ya por carta (p.e. Dan 3, 98; Flm 3). Ahora bien, si se\ndebe desear la paz o informarse sobre las disposiciones pac\u00edficas del visitante (2Re 9,18), es que la paz es un estado que se ha de conquistar o defender; es victoria\nsobre alg\u00fan enemigo.\nGede\u00f3n o Ajab esperan regresar\nen paz, es decir, vencedores de la guerra (Jue 8,9; 1Re 22,27s);\nasimismo se desea el \u00e9xito de\nuna exploraci\u00f3n (Jue 18,5s), el triunfo sobre la esterilidad de Ana (1Sa 1,17),\nla curaci\u00f3n de las heridas (Jer 6.14; Is 57,18s);\nfinalmente, se ofrecen \u00absacrificios pac\u00edficos\u00bb <em>(salutaris\nhostia), <\/em>que significan\nla comuni\u00f3n entre Dios y el hombre (Lev 3,1).<\/p>\n\n\n\n<p><em>Paz y justicia. <\/em>La paz, en fin, es lo que est\u00e1 bien por oposici\u00f3n\na lo que est\u00e1 mal (Prov 12,20; Sal 28,3; cf. Sal 34,15). \u00abNo hay paz para los malvados\u00bb\n(Is 48,22); por el contrario, \u00abved al hombre justo: hay una posteridad\npara el hombre de paz\u00bb (Sal 37,37); \u00ablos humildes poseer\u00e1n\nla tierra y gustar\u00e1n las delicias de una paz insondable\u00bb (Sal 37,11; cf. Prov 3,2). La paz es la suma de los\nbienes otorgados a la justicia:\ntener una tierra fecunda, comer hasta saciarse, vivir en seguridad, dormir sin temores,\ntriunfar de los enemigos, multiplicarse, y todo esto en definitiva porque Dios est\u00e1 con nosotros\n(Lev 26,1-13). La paz,\npues, lejos de ser solamente\nuna ausencia de guerra, es plenitud de dicha.<\/p>\n\n\n\n<p>LA PAZ, DON DE Dios. Si la paz es fruto y signo de la justicia,\n\u00bfc\u00f3mo, pues, est\u00e1n en paz los imp\u00edos (Sal 73,3)? La respuesta a esta pregunta\nacuciante se dar\u00e1 a lo\nlargo de la historia sagrada: la paz, concebida\nen primer lugar como\nfelicidad terrenal, aparece\ncomo un bien cada vez m\u00e1s espiritual por raz\u00f3n de su\nfuente celestial.<\/p>\n\n\n\n<p>1. <em>El Dios de paz. <\/em>Ya en los comienzos de la historia\nb\u00edblica se ve a Gede\u00f3n construir un altar a \u00abYahveh \u00d1alom\u00bb (Jue 6,24). Dios, que domina en el cielo puede, en efecto, crear la paz (Is 45,7). De \u00e9l se espera, pues, este bien. \u00abYahveh, es grande, que quiere la paz de su servidor\u00bb (Sal 35,27): bendice a Israel (N\u00fam\n6,26), su pueblo (Sal 29,11), la casa de David (1Re 2,33), el sacerdocio (Mal 2,5). En consecuencia, quien conf\u00eda en \u00e9l puede dormirse en paz (Sal 4,9; cf. Is\n26,3). \u00ab\u00a1Haced votos por la paz de Jerusal\u00e9n! Vivan en seguridad\nlos que te aman\u00bb (Sal 122, 6; cf. Sal 125,5; 128,6).<\/p>\n\n\n\n<p><em>Da pacem, Domine! <\/em>Este don divino lo obtiene el hombre por la oraci\u00f3n\nconfiada, pero tambi\u00e9n por una \u00abactividad de justicia\u00bb, pues Dios quiere que coopere a\nsu establecimiento en la tierra,\ncooperaci\u00f3n que se muestra ambigua a causa del pecado siempre presente. La historia\ndel tiempo de los jueces es la de Dios\nque suscita libertadores encargados de restablecer esa paz que Israel ha perdido\npor sus faltas. David piensa haber realizado\nsu cometido una vez que ha liberado al pa\u00eds de sus enemigos (2Sa 7,1). El rey ideal, se\nllama Salom\u00f3n, rey pac\u00edfico\n(1Par 22,9), bajo cuyo reinado se unen fraternamente los dos pueblos del norte y\ndel sur (1Re 5).<\/p>\n\n\n\n<p><em>La lucha por la paz.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>a) El combate prof\u00e9tico. <\/em>Ahora bien, este ideal se corrompe pronto,\ny los reyes tratan de procurarse la paz, no como fruto de la justicia divina, sino con alianzas pol\u00edticas, con frecuencia\nimp\u00edas. Conducta ilusoria,\nque parece autorizada por la palabra de apariencia prof\u00e9tica\nde ciertos hombres,\nmenos sol\u00edcitos de escuchar a Dios que \u00abde tener algo que meterse en la boca\u00bb (Miq 3,5): en\npleno estado de pecado osan proclamar una paz durable (Jer 14,13). Hacia el a\u00f1o\n850 Miqueas, hijo de Yimla, se alza para disputar a estos falsos profetas\nla palabra y la realidad de la paz (1Re 22,13-28). La lucha se hace muy viva\ncon ocasi\u00f3n del sitio\nde Jerusal\u00e9n (cf. Jer 23,9-40).\nEl don de la paz requiere la supresi\u00f3n del pecado y por tanto un castigo previo.\nJerem\u00edas acusa: \u00abCuran superficialmente la llaga de mi pueblo diciendo:\n\u00a1Paz! \u00a1Paz! Y sin embargo,\nno hay paz\u00bb Jer 6,14). Ezequiel\nclama: \u00a1Basta de revoques! La pared tiene que caer (Ez 13,15s).\nPero una vez que \u00e9sta se ha derrumbado, los que profetizaban desgracias, seguros ya de que no\nhay ilusi\u00f3n posible, proclaman de nuevo la paz. A los exilados\nanuncia Dios: \u00abYo, s\u00ed,\ns\u00e9 el\ndesignio que tengo sobre vosotros,\ndesignio de paz y no de desgracia:\ndaros porvenir y esperanza\u00bb (Jer 29,11; cf. 33,9). Se concluir\u00e1 una alianza de paz, que suprima las bestias feroces, garantice\nseguridad, bendici\u00f3n (Ez 34,25-\n30), pues, dice Dios, \u00abyo estar\u00e9 con ellos\u00bb (Ez 37,26).<\/p>\n\n\n\n<p><em>La paz escatol\u00f3gica. <\/em>Esta controversia sobre la paz est\u00e1 latente en el conjunto\ndel mensaje prof\u00e9tico. La verdadera paz se despeja de sus limitaciones terrenales y de sus falsificaciones pecadoras, convirti\u00e9ndose en un elemento\nesencial de la predicaci\u00f3n escatol\u00f3gica. Los or\u00e1culos\namenazadores de los profetas\nterminan ordinariamente con un anuncio de restauraci\u00f3n copiosa (Os 2,20&#8230;; Am 9,13&#8230;; etc.). Isa\u00edas sue\u00f1a con el \u00abpr\u00edncipe\nde la paz\u00bb (Is 9,5; cf. Zac 9,9s),\nque dar\u00e1 una \u00abpaz sin fin\u00bb (Is 9,6), abrir\u00e1 un nuevo para\u00edso, pues \u00ab\u00e9l ser\u00e1 la paz\u00bb (Miq 5,4). La naturaleza est\u00e1 sometida al hombre, los dos reinos separados\nse reconciliar\u00e1n, las naciones vivir\u00e1n en paz (Is 2,2&#8230;; 11,1&#8230;; 32,15-20;\ncf. 65,25), \u00abel justo florecer\u00e1\u00bb (Sal 72,7). Este evangelio de la paz (Nah 2,1), la\nliberaci\u00f3n de Babilonia\n(Is 52,7; 55. 12), es realizado por el siervo doliente\n(53,5), que con su sacrificio\nanuncia cu\u00e1l ser\u00e1 el precio de la paz. As\u00ed pues, \u00ab\u00a1 paz\nal que est\u00e1 lejos y al que est\u00e1 cerca! Las heridas ser\u00e1n\ncuradas\u00bb (57,19). Los gobernantes del pueblo ser\u00e1n paz y justicia (60,17):\n\u00abVoy a derramar sobre ella la paz como r\u00edo, y la gloria de las naciones como torrente desbordado\u00bb (66, 12; cf. 48,18; Zac 8,12).<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, <em>la reflexi\u00f3n sapiencial <\/em>aborda la cuesti\u00f3n\nde la verdadera paz. La fe afirma,: \u00abGran paz para los que aman tu ley; nada es para ellos\nesc\u00e1ndalo\u00bb (Sal 119,165); pero los acontecimientos parecen contradecirla (Sal 73,3)\nsuscitando el problema\nde la retribuci\u00f3n. \u00c9ste s\u00f3lo quedar\u00e1\nplenamente resuelto (Eclo 44,14) con la creencia\nen la vida futura perfecta\ny personal: \u00abLas almas de los justos est\u00e1n en la mano de Dios&#8230; A los ojos de\nlos insensatos parecen muertos&#8230; pero est\u00e1n en paz\u00bb (Sab 3,1ss), es decir, en la plenitud de los bienes, en la bienaventuranza.<\/p>\n\n\n\n<p>LA PAZ DE CRISTO. La esperanza de los profetas\ny de los sabios se hace\nrealidad concedida en Jesucristo, pues el pecado es vencido en \u00e9l y por \u00e9l; pero en\ntanto que no muera el pecado en todo hombre, en tanto que no venga el Se\u00f1or el \u00faltimo\nd\u00eda, la paz sigue siendo un bien venidero; el mensaje prof\u00e9tico conserva, pues, su valor: \u00abel fruto de la justicia se siembra en la paz por los que practican la paz\u00bb (Sant 3,18; cf. Is 32,17). Tal es el mensaje\nque proclama el NT, de Lucas a Juan, pasando por Pablo.<\/p>\n\n\n\n<p>1. <em>El evangelista Lucas <\/em>quiere en forma especial\ntrazar el retrato\ndel rey pac\u00edfico. A su nacimiento\nanunciaron los \u00e1ngeles la paz a los hombres, a los que Dios ama (Lc 2,14); este mensaje, repetido\npor los disc\u00edpulos gozosos que escoltan al rey a su entrada en su ciudad (19,38), no quiere acogerlo\nJerusal\u00e9n (19,42). En la boca del\nrey pac\u00edfico los votos de paz terrena\nse convierten en un anuncio de\nsalvaci\u00f3n: como buen jud\u00edo, dice Jes\u00fas: \u00ab\u00a1Vete en paz!\u00bb, pero con esta\npalabra devuelve la salud a la hemorro\u00edsa (8,48 p), perdona\nlos pecados a la\npecadora arrepentida (7,50),\nmarcando as\u00ed su victoria sobre el poder de\nla enfermedad y del pecado.\nComo \u00e9l, los disc\u00edpulos ofrecen\na las ciudades, junto con su saludo de paz, la salvaci\u00f3n en Jes\u00fas (10,5-9).\nPero esta salvaci\u00f3n\nviene a trastornar la paz de este mundo: \u00ab\u00bfPens\u00e1is que he venido a traer la paz a la tierra? No, sino la divisi\u00f3n\u00bb (12.51).\nDe este modo Jes\u00fas no se contenta\ncon proferir las mismas amenazas que los profetas\ncontra toda seguridad\nenga\u00f1osa (17,26-36; cf. 1Tes 5,3), sin que separa los miembros\nde una misma familia. Seg\u00fan el\ndecir del poeta cristiano, no vino a destruir la guerra, sino a sobrea\u00f1adir la paz, la paz de pascua que sigue a\nla victoria definitiva (Lc 24,36). As\u00ed pues, los disc\u00edpulos irradiar\u00e1n hasta los confines del mundo la <em>pax israelitica <\/em>(cf.\nAct 7,26; 9,31: 15,23), que en el plano religioso es como una transfiguraci\u00f3n de la <em>pax\nromana <\/em>(cf. 24,2), pues Dios anunci\u00f3 la paz por Jesucristo mostr\u00e1ndose \u00abel Se\u00f1or de todos\u00bb (10,36).<\/p>\n\n\n\n<p><em>Pablo, <\/em>uniendo ordinariamente en los saludos de sus cartas la gracia a la\npaz, afirma as\u00ed su origen y su estabilidad. Manifiesta sobre todo el nexo que tiene\ncon la redenci\u00f3n. Cristo, que es \u00abnuestra\npaz\u00bb, hizo la paz, reconcili\u00f3\na los dos pueblos uni\u00e9ndolos en un solo cuerpo (Ef 2,14-22), \u00abreconcili\u00f3 a todos los seres\nconsigo, tanto a los de la tierra como a los del cielo, haciendo\nla paz por la sangre de su cruz\u00bb (Col 1, 20). As\u00ed pues, como \u00abestamos reunidos\nen un mismo cuerpo\u00bb,:la paz de Cristo reina en nuestros corazones\u00bb (Col 3,15), gracias al Esp\u00edritu que crea en nosotros\nun v\u00ednculo s\u00f3lido (Ef 4,3). Todo\ncreyente, justificado, est\u00e1 en paz por Jesucristo\ncon Dios (Rom 5,1), el Dios de amor y de paz (2Cor 13,11), que lo santifica\n\u00aba fondo\u00bb (1Tes 5,23). La paz, como la caridad y el gozo, es fruto del Esp\u00edritu\n(G\u00e1l 5,22; Rom 14,17), es la vida eterna anticipada ac\u00e1 abajo (Rom 8,6), rebasa toda inteligencia (Flp 4,7), subsiste en la tribulaci\u00f3n (Rom 5,1-5), irradia en nuestras\nrelaciones con los hombres\n(1Cor 7,15; Rom 12,18; 2Tim 2,22), hasta el d\u00eda en que el Dios de paz que resucit\u00f3 a\nJes\u00fas (Heb 13,20),\nhabiendo destruido a Sat\u00e1n (Rom 16,20), restablezca todas las cosas en su integridad\noriginal.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Juan <\/em>explicita todav\u00eda m\u00e1s la revelaci\u00f3n. Para \u00e9l, como para Pablo, es la paz\nfruto del sacrificio de Jes\u00fas (Jn 16,33); como en la tradici\u00f3n\nsin\u00f3ptica, no tiene nada\nque ver con la paz de este mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Como el AT, que ve\u00eda en la presencia de Dios entre su pueblo el bien supremo de la paz (p.e. Lev 26, 12; Ez 37,26), muestra\nJuan en la presencia de Jes\u00fas la fuente\ny la\nrealidad de la paz, lo cual es uno de los aspectos\ncaracter\u00edsticos de su perspectiva. Cuando la tristeza\ninvade a los disc\u00edpulos que van a ser separados\nde su Maestro, Jes\u00fas los tranquiliza: \u00abLa paz os dejo, mi paz os doy\u00bb (Jn 14,27); esta paz\nno est\u00e1 ya ligada a su presencia\ncorporal, sino a su victoria\nsobre el mundo; por eso Jes\u00fas, victorioso de la muerte,\nda con su paz el Esp\u00edritu Santo y el poder\nsobre el pecado (20, 19-23).<\/p>\n\n\n\n<p><em>Beata pacis visio. <\/em>El cristiano, firme en la esperanza que le lleva a contemplar la Jerusal\u00e9n celestial (Ap 21,2), tiende a realizar\nla bienaventuranza: \u00abBienaventurados los pac\u00edficos\u00bb (Mt 5,9), pues esto es vivir\ncomo Dios, ser hijos de Dios en el Hijo \u00fanico, Jes\u00fas. Tiende por tanto con todas\nsus fuerzas a establecer ac\u00e1 en la tierra la concordia y la tranquilidad. Ahora bien, esta pol\u00edtica cristiana de la paz terrenal se muestra tanto m\u00e1s eficaz cuanto que es\nsin ilusi\u00f3n; tres principios gu\u00edan su infatigable prosecuci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00f3lo el reconocimiento universal del se\u00f1or\u00edo\nde Cristo por todo el universo en el \u00faltimo advenimiento establecer\u00e1 la paz definitiva y universal. S\u00f3lo la Iglesia, que rebasa las distinciones de raza, de clase y de sexo (G\u00e1l 3,28; Col 3,11), es en la tierra el lugar, el signo y la fuente de la paz entre los pueblos,\npuesto que ella es\nel cuerpo de Cristo y la dispensadora del Esp\u00edritu. Finalmente, s\u00f3lo la justicia delante de Dios y entre los hombres es el fundamento de la paz; puesto que ella es la que suprime el pecado,\norigen de toda divisi\u00f3n. El cristiano sostendr\u00e1\nsu esfuerzo pac\u00edfico oyendo a Dios, \u00fanico que da la paz, hablar a trav\u00e9s del salmo, en\nque est\u00e1n reunidos los atributos\ndel Dios de la historia:\n\u00abLo que dice Dios es la\npaz para su pueblo&#8230; Fidelidad\nbrota de la tierra y justicia mira desde lo alto de los cielos. Yahveh mismo dar\u00e1 la dicha, y la tierra su fruto. Justicia\nmarchar\u00e1 ante su faz, y paz en la huella de sus pasos\u00bb (Sal 85,9-14).<\/p>\n\n\n\n<p>Todos\nlos derechos: <em>Vocabulario de teolog\u00eda\nb\u00edblica<\/em>, X. L\u00e9on-Dufour<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El hombre ans\u00eda la paz desde lo m\u00e1s profundo de su ser. Pero a veces ignora la naturaleza del bien que tan ansiosamente anhela, y los caminos que sigue para alcanzarlo no son siempre los caminos de Dios. 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