{"id":4588,"date":"2021-01-22T10:44:49","date_gmt":"2021-01-22T16:44:49","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4588"},"modified":"2022-01-22T10:45:35","modified_gmt":"2022-01-22T16:45:35","slug":"pecado-3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4588","title":{"rendered":"Pecado"},"content":{"rendered":"\n<p>Casi en cada p\u00e1gina habla la Biblia de esta realidad a la que llamamos\ncom\u00fanmente pecado. Los t\u00e9rminos con que lo designa el AT son m\u00faltiples y est\u00e1n tomados de ordinario de las relaciones\nhumanas: falta, iniquidad, rebeli\u00f3n, injusticias, etc.; el juda\u00edsmo a\u00f1adir\u00e1\nel de deuda, del que tambi\u00e9n usar\u00e1 el\nNT; pero todav\u00eda m\u00e1s generalmente se presenta al pecador como \u00abquien hace el\nmal a\nlos ojos de Dios\u00bb, y \u00abal justo\u00bb <em>(saddiq) <\/em>se opone normalmente\nel \u00abmalvado\u00bb <em>(rasa`). <\/em>Pero\nla verdadera naturaleza del pecado, su malicia y sus dimensiones aparece,\nsobre todo, a trav\u00e9s\nde la historia b\u00edblica; en ella aprendemos tambi\u00e9n que esta revelaci\u00f3n sobre el hombre es a la vez una revelaci\u00f3n acerca de Dios, de su amor, al que se opone el pecado, y de\nsu misericordia, a cuyo ejercicio\nda lugar; en efecto, la historia de la salvaci\u00f3n\nno es otra que la de las tentativas\nde arrancar al hombre de su pecado, repetidas infatigablemente por el Dios creador.<\/p>\n\n\n\n<p>EL PECADO DE LOS OR\u00cdGENES.\nEntre todos los relatos del AT, el de la ca\u00edda,\ncon que se abre la historia de la humanidad, ofrece ya una ense\u00f1anza\nde extraordinaria riqueza.\nPara comprender lo que es el pecado hay que partir de aqu\u00ed, aun cuando no se pronuncie la palabra pecado.<\/p>\n\n\n\n<p>1. <em>El pecado de Ad\u00e1n <\/em>se manifiesta aqu\u00ed como una desobediencia, un acto por el que el hombre se opone consciente\ny deliberadamente a Dios violando\nuno de sus preceptos\n(G\u00e9n 3,3); pero m\u00e1s all\u00e1 de este acto exterior\nde rebeld\u00eda, la Escritura menciona un acto interior del que \u00e9ste procede: Ad\u00e1n y Eva\ndesobedecieron porque cediendo\na la sugesti\u00f3n de la serpiente quisieron\n\u00abser como dioses que conocen el bien y el mal\u00bb (3.5), es decir, seg\u00fan la interpretaci\u00f3n m\u00e1s com\u00fan, ponerse en lugar de Dios para decidir del bien y del mal: tom\u00e1ndose a s\u00ed mismos por medida, pretenden\nser due\u00f1os \u00fanicos de su destino y disponer de s\u00ed mismos a su talante; se niegan a depender\ndel que los ha creado, trastornando\nas\u00ed la relaci\u00f3n que un\u00eda al hombre con Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, seg\u00fan G\u00e9n 2, esta relaci\u00f3n\nno era \u00fanicamente de dependencia, sino tambi\u00e9n de amistad.\nEl Dios de la Biblia no hab\u00eda negado nada al hombre creado \u00aba su imagen y semejanza\u00bb (G\u00e9n 1,26s); no se hab\u00eda reservado nada para\ns\u00ed, ni siquiera la vida (cf. Sab 2,23), a diferencia de los dioses evocados por los\nmitos antiguos. Pero he aqu\u00ed que por instigaci\u00f3n de la serpiente, Eva y luego Ad\u00e1n\nse ponen a dudar de este Dios infinitamente generoso: el precepto dado para el bien del hombre (cf. Rom 7,10) no ser\u00eda sino una estratagema inventada por Dios para\nsalvaguardar sus privilegios, y la amenaza\na\u00f1adida al precepto ser\u00eda sencillamente una mentira:\n\u00ab\u00a1No! \u00a1no morir\u00e9is!\nPero Dios sabe que el d\u00eda en que com\u00e1is de este fruto ser\u00e9is como dioses que conocen el. bien y el\nmal\u00bb (G\u00e9n 3,4s). El hombre desconf\u00eda de Dios que ha venido a ser su rival. La\nnoci\u00f3n misma de Dios queda trastornada: a la noci\u00f3n del Dios soberanamente desinteresado, como soberanamente perfecto que es, sin que le\nfalte nada, y que s\u00f3lo puede dar, se opone la de un ser indigente,\ninteresado, totalmente ocupado\nen protegerse contra su criatura.\nEl pecado, ates de\nprovocar el gesto del hombre,\nha corrompido su esp\u00edritu; y como lo afecta en su relaci\u00f3n misma con Dios, cuya imagen es, no es posible concebir perversi\u00f3n ni trastorno m\u00e1s radical ni extra\u00f1arse de que acarree consecuencias tan graves.<\/p>\n\n\n\n<p><em>2. Las consecuencias del pecado.\n<\/em>Todo ha cambiado\nentre el hombre y Dios. Aun\nantes de que intervenga el castigo propiamente dicho (G\u00e9n 3. 23), Ad\u00e1n y Eva, que\nhasta entonces gozaban de la familiaridad divina (cf. 2,25), \u00abse esconden de Yahveh Dios entre los \u00e1rboles\u00bb\n(3,8). La iniciativa\nvino del hombre; \u00e9l es quien\nno quiere ya nada con Dios; la expulsi\u00f3n del para\u00edso ratificar\u00e1 esta voluntad del hombre;\npero \u00e9ste comprobar\u00e1\nentonces que la amenaza no era mentira: lejos de\nDios no hay acceso posible al \u00e1rbol de vida (3,22); no hay m\u00e1s que la muerte,\ndefinitiva. El pecado,\nruptura entre el hombre y Dios, introduce igualmente una ruptura entre los miembros\nde la sociedad humana, ya en el para\u00edso, en el seno mismo de la pareja primordial. Apenas cometido el pecado,\nAd\u00e1n se desolidariza, acus\u00e1ndola, de la que Dios le hab\u00eda dado como auxiliar (2,18), \u00abhueso de sus huesos y carne de su carne\u00bb (2,23), y el castigo consagra\nesta ruptura: \u00abLa pasi\u00f3n te llevar\u00e1\nhacia tu marido y \u00e9l te dominar\u00e1\u00bb\n(3,16). En lo sucesivo\nesta ruptura se extender\u00e1 a los hijos de Ad\u00e1n: ah\u00ed est\u00e1 el homicidio\nde Abel (4,8), luego el reinado\nde la violencia y de la ley del m\u00e1s fuerte que celebra\nel salvaje canto de Lamec (4,24). Pero no es todo. El misterio del pecado desborda el mundo humano. Entre Dios y el hombre entra en escena un tercer personaje, del que se guardar\u00e1\nde hablar el AT, sin duda para evitar que se haga de \u00e9l un segundo Dios, pero que la sabidur\u00eda\nidentificar\u00e1 con el diablo o Sat\u00e1n, y que reaparecer\u00e1 en el NT.<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, el relato de este primer pecado no se concluye sin dar al hombre\nuna esperanza. Cierto que la servidumbre a que \u00e9l se ha condenado creyendo adquirir la independencia, es en s\u00ed definitiva; el pecado,\nuna vez entrado en el mundo,\nno puede menos de proliferar, y a medida que se vaya multiplicando ir\u00e1 realmente disminuyendo la vida hasta cesar completamente con el diluvio (G\u00e9n 6,13ss). La iniciativa\nde la ruptura ha venido del hombre;\nes evidente que la iniciativa de la reconciliaci\u00f3n s\u00f3lo puede venir de Dios. Pero precisamente desde este primer relato deja Dios entrever que un d\u00eda tomar\u00e1 esta iniciativa (3,15). La bondad de Dios que el hombre ha despreciado acabar\u00e1\npor imponerse;\u00abvencer\u00e1 al mal con el bien\u00bb (Rom 12,21). La Sabidur\u00eda precisa\nque Ad\u00e1n \u00abfue liberado de su falta\u00bb (Sab 10. 1). En todo caso el G\u00e9nesis muestra\nya esta bondad en acci\u00f3n: preserva\na No\u00e9 y a su familia de la universal\ncorrupci\u00f3n y de su castigo (G\u00e9n\n6, 5-8), a fin de crear con \u00e9l, por decirlo as\u00ed, un universo\nnuevo (8,17.21s, comparados\ncon 1,22.28; 3,17); sobre todo, cuando \u00ablas naciones, un\u00e1nimes en su perversidad, fueron confundidas\u00bb (Sab 10,5), la bondad de Dios escogi\u00f3 a\nAbraham y lo retir\u00f3 del mundo pecador (G\u00e9n 12, 1; cf. Jos 24,2s.14),\na fin de que \u00abpor \u00e9l sean benditas todas las naciones de la tierra\u00bb\n(G\u00e9n 12,2s, que responde visiblemente a las maldiciones de G\u00e9n 3,14ss).<\/p>\n\n\n\n<p>EL PECADO DE ISRAEL. Como el pecado marc\u00f3 los or\u00edgenes de la historia\nde la humanidad, marca tambi\u00e9n el de la historia de Israel. Desde su nacimiento revive \u00e9ste el drama de Ad\u00e1n. A su vez aprende por su propia experiencia y nos ense\u00f1a lo que es el pecado.\nDos episodios parecen\nparticularmente instructivos.<\/p>\n\n\n\n<p>1. <em>La adoraci\u00f3n del becerro de oro. <\/em>Como Ad\u00e1n, y aun m\u00e1s gratuitamente si es\nposible, Israel fue colmado de los beneficios\nde Dios. Sin m\u00e9rito alguno por su parte (Dt 7,7; 9,4ss; Ez 16,2-5), en virtud del solo amor de Dios (Dt 7,8) &#8211;\npues Israel no era ni m\u00e1s ni menos \u00abpecador\u00bb\nque las otras naciones (cf. Jos\n24,2.14; Ez 20,7s.18) -, fue escogido para ser el pueblo particular, privilegiado entre todos los pueblos de la tierra (\u00c9x 19,5), constituido \u00abhijo primog\u00e9nito\nde Dios\u00bb (4,22). Para liberarlo\nde la servidumbre de Fara\u00f3n y de la tierra del\npecado (la tierra en la que no se puede servir a Yahveh, seg\u00fan 5,1), Dios multiplic\u00f3 los prodigios. Ahora bien, en el momento\npreciso en que Dios \u00abentra en\nalianzas con su pueblo, se compromete con \u00e9l entregando a Mois\u00e9s \u00ablas tablas\ndel testimonio\u00bb (31,18),\nel pueblo pide a Aar\u00f3n: \u00abHaznos\nun dios que vaya a nuestra\ncabeza\u00bb (32,1). No obstante las pruebas que Dios ha dado de su\n\u00abfidelidad\u00bb, Israel lo halla demasiado\nlejano, demasiado \u00abinvisible\u00bb. No tiene fe en\n\u00e9l; prefiere a un diosa su alcance,\ncuya ira pueda aplacar con \u00absacrificios\u00bb, en todo caso un dios al que pueda transportar a su guisa, en lugar de verse obligado\na seguirlo y a obedecer\na sus mandamientos (cf. 40, 36ss). En lugar de \u00abcaminar\ncon Dios\u00bb, querr\u00eda que Dios caminara con \u00e9l.\nPecado \u00aboriginal\u00bb de Israel, negativa\na obedecer, que m\u00e1s profundamente es una negativa a creer en Dios y a abandonarse a \u00e9l, la primera que menciona Dt 9,7\ny que se renovar\u00e1 en realidad con cada una de las innumerables rebeliones del \u00abpueblo de dura cerviz\u00bb. En particular, cuando m\u00e1s tarde Israel se vea tentado a\nofrecer un culto a los \u00abbaales\u00bb al lado del que tributaba\na Yahveh, ser\u00e1 siempre porque se negar\u00e1 a ver en Yahveh al \u00fanico \u00absuficiente\u00bb, el Dios del que\nha recibido la existencia, y a no servir m\u00e1s que a \u00e9l (Dt 6,13; cf. Mt 4,10). Y\ncuando san Pablo describa la malicia propia del pecado de idolatr\u00eda\naun entre los paganos,\nno vacilar\u00e1 en referirse a este primer pecado de Israel (Rom 1,23 = Sal 106,20).<\/p>\n\n\n\n<p><em>2. Los \u00absepulcros de la concupiscencia\u00bb. <\/em>Inmediatamente despu\u00e9s del episodio\ndel becerro de oro recuerda\nDt 9,22 otro pecado de Israel que san Pablo evocar\u00e1 tambi\u00e9n present\u00e1ndolo como el tipo de los \u00abpecados del desierto\u00bb (1Cor 10,6). El sentido del episodio es bastante claro. Al alimento\nescogido por Dios y distribuido milagrosamente prefiere Israel un manjar de su elecci\u00f3n:\n\u00ab\u00bf,Qui\u00e9n nos dar\u00e1 a comer carne?&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora perecemos privados\nde todo: nuestros\nojos no ven m\u00e1s que el\nman\u00e1\u00bb (N\u00fam 11,4ss). Israel se niega a dejarse guiar por Dios, a abandonarse a \u00e9l, a aceptar\nlo que en la mente de Dios deb\u00eda constituir\nla experiencia espiritual del desierto (Dt 8,3; cf. Mt 4,4). Su \u00abconcupiscencia\u00bb ser\u00e1 satisfecha, pero, como\nAd\u00e1n, sabr\u00e1 lo que cuesta al hombre sustituir por sus caminos los caminos de\nDios (N\u00fam 11,33).<\/p>\n\n\n\n<p>LA ENSE\u00d1ANZA DE LOS PROFETAS.\nTal es precisamente la lecci\u00f3n\nque Dios no cesar\u00e1 de repetirle\npor sus profetas. Al igual que el hombre que pretende construirse \u00e9l mismo no puede acabar sino en su ruina, as\u00ed el pueblo de\nDios se destruye tan luego se desv\u00eda de los caminos que Dios le ha trazado: as\u00ed aparece el pecado como el obst\u00e1culo por excelencia, en realidad el \u00fanico, para la\nrealizaci\u00f3n del plan de Dios sobre Israel, para su reinado, para su\n\u00abgloria\u00bb, concretamente identificada con la gloria de Israel,\npueblo de Dios. El\npecado del hombre adquiere una nueva dimensi\u00f3n: afecta no s\u00f3lo al que peca, sino al pueblo entero. Cierto que en este sentido el pecado del jefe, del rey, del sacerdote reviste una responsabilidad particular y se comprende que sea\nmencionado con preferencia; pero no exclusivamente. Ya el pecado de Ak\u00e1n hab\u00eda detenido el ej\u00e9rcito\nde todo Israel delante de Ai (Jos 7), y muy a menudo son los pecados del pueblo en su conjunto,\na los que los profetas\nhacen responsables de las desgracias de la naci\u00f3n:\n\u00abNo, la mano de Dios no es demasiado corta para salvar, ni su o\u00eddo demasiado\nduro para o\u00edr. Pero vuestras\niniquidades han zanjado un abismo entre vosotros y Dios\u00bb (Is 59,1s).<\/p>\n\n\n\n<p><em>La denuncia del pecado. <\/em>As\u00ed la predicaci\u00f3n de los profetas consistir\u00e1 en gran parte en denunciar el pecado, el de los jefes (p.e. 1Sa 3,11; 13,13s; 2Sa 12,1-15;\nJer 22,13) y el del pueblo: de ah\u00ed las enumeraciones de pecados, tan frecuentes en la literatura prof\u00e9tica, de ordinario con referencia m\u00e1s o menos directa al Dec\u00e1logo,\ny que se multiplican con la literatura sapiencial (p.e. Dt 27, 15-26; Ez 18,5-9; 33,25s; Sal 15; Prov 6,16-19; 30,11-14). El pecado viene a ser una\nrealidad sumamente concreta,\ny as\u00ed nos enteramos de lo que es engendrado\npor el abandono de Yahveh: violencias, rapi\u00f1as, juicios inicuos,\nmentiras, adulterios, perjurios, homicidios, usura, derechos atropellados, en una palabra, toda clase de des\u00f3rdenes sociales. La \u00abconfesi\u00f3n\u00bb inserta en Is 59 revela cu\u00e1les\nson concretamente estas \u00abiniquidades\u00bb que \u00abhan cavado un abismo entre el pueblo\ny Dios\u00bb (59,2): \u00abNuestros pecados\nnos est\u00e1n presentes\ny conocemos nuestros yerros: rebelarse contra Yahveh y renegar de \u00e9l, desviarse\nlejos de nuestro Dios, hablar con mala fe y rebeld\u00eda\ny mascullar en el coraz\u00f3n\npalabras mentirosas. Se deja al lado el juicio y se relega a la justicia,\npues la buena fe tropieza en la plaza p\u00fablica y la rectitud\nno puede presentarse\u00bb (59,13s). Mucho antes\nhablaba Oseas de la misma manera: \u00abNo hay sinceridad, ni amor, ni conocimiento\nde Dios en el pa\u00eds, sino perjurio\ny mentira, asesinato\ny robo, adulterio y violencia, homicidio\nsobre homicidio\u00bb (Os 4,2; cf. Is 1,17; 5,8; 65,6s; Am 4,1; 5,7-15; Miq 2,1s).<\/p>\n\n\n\n<p>La lecci\u00f3n es capital: quien pretenda construirse a s\u00ed mismo, independientemente\nde Dios, lo har\u00e1 ordinariamente a expensas de otros, particularmente de los peque\u00f1os y de los d\u00e9biles. El salmista lo pro-clama: \u00abEl hombre que no ha puesto\nen Dios su fortaleza\u00bb (Sal 52,9) \u00abmedita el crimen sin cesar\u00bb (v. 4), mientras que \u00abel justo se f\u00eda del amor\nde Dios constantemente y para siempre\u00bb (v. 10). \u00bfY no era ya esto lo que suger\u00eda el adulterio\nde David (2Sa 12)? Pero de este episodio, que se sabe el lugar que ocupaba en la concepci\u00f3n jud\u00eda del pecado (cf. el Miserere),\nse desprende otra verdad no menos importante: el pecado del hombre no s\u00f3lo\natenta contra los derechos de Dios, sino que, por decirlo as\u00ed, le hiere en el coraz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p><em>El pecado, ofensa de Dios. <\/em>Cierto que el pecador no puede herir a Dios en s\u00ed mismo;\nla Biblia tiene m\u00e1s que suficiente preocupaci\u00f3n por la trascendencia divina para recordarlo cuando llega el caso: \u00abSe hacen libaciones a dioses extranjeros para herirme. Pero \u00bfes acaso a m\u00ed a quien hieren? Or\u00e1culo\nde Yahveh. \u00bfNo es m\u00e1s bien a s\u00ed mismos para su propia confusi\u00f3n?\u00bb (Jer 7,19). \u00abSi pecas, \u00bfqu\u00e9 le\nhaces? Si multiplicas tus ofensas, \u00bfle haces alg\u00fan da\u00f1o?\u00bb (Job 35,6).\nPecando contra Dios no logra el hombre sino destruirse\na s\u00ed mismo. Si Dios nos\nprescribe leyes, no es en su inter\u00e9s,\nsino en el nuestro, \u00aba fin de que\nseamos todos felices y vivamos\u00bb\n(Dt 6,24). Pero el Dios de la Biblia no es el de Arist\u00f3teles, indiferente al hombre y al mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Si el pecado no \u00abhiere\u00bb a Dios en s\u00ed mismo, le hiere primero en la medida en que afecta a los que Dios ama. As\u00ed David, \u00abhiriendo con la espada a Ur\u00edas el hitita y\nquit\u00e1ndole su mujer\u00bb, se imaginaba\nseguramente no haber ofendido m\u00e1s que a un hombre, y \u00e9ste ni siquiera israelita: hab\u00eda olvidado que Dios se hab\u00eda\nconstituido garante de los derechos\nde toda persona humana. En nombre de Dios\nle hace comprender Nat\u00e1n que ha \u00abdespreciado a Yahveh\u00bb en persona y que\nser\u00e1 castigado como corresponde (2Sa 12,9s).<\/p>\n\n\n\n<p>Hay m\u00e1s. El pecado, \u00abcavando\nun abismo entre Dios y su pueblo\u00bb (Is 59,2), por\neso mismo alcanza a Dios en su designio de amor: \u00abMi pueblo ha cambiado su gloria\npor la Impotencia&#8230; Me ha abandonado a m\u00ed, fuente de agua viva, para cavarse cisternas, cisternas agrietadas que no conservan\nel agua\u00bb (Jer 2,11ss),<\/p>\n\n\n\n<p>A medida que la revelaci\u00f3n b\u00edblica vaya descubriendo las profundidades de este amor se podr\u00e1 comprender\nen qu\u00e9 sentido real puede el pecado \u00abofender\u00bb\na Dios: ingratitud del hijo para con un padre amant\u00edsimo (p.e. Is 64,7), y hasta para con una madre que no puede \u00abolvidar\nel fruto de sus entra\u00f1as,\naun cuando las madres lo olvidaran\u00bb (Is 49,15), sobre todo infidelidad de la esposa,\nque se prostituye al primero que se presenta,\nindiferente al amor constantemente fiel de\nsu esposo: \u00ab\u00bfHas visto lo que ha hecho Israel,\nla rebelde?&#8230; Yo pensaba: \u00abDespu\u00e9s de haber hecho todo esto volver\u00e1 a m\u00ed\u00bb;\npero no ha vuelto&#8230; \u00a1Vuelve,\nrebelde Israel!&#8230; Ya no tendr\u00e9 para ti un rostro severo,\npues soy miser1Cordioso\u00bb (Jer\n3,7.12; cf. Ez 16; 23).<\/p>\n\n\n\n<p>A este nivel de la revelaci\u00f3n el pecado aparece esencialmente como violaci\u00f3n\nde relaciones personales, como la negativa del hombre a dejarse amar por un Dios\nque sufre de no ser amado, al que el amor ha hecho, por decirlo as\u00ed, \u00abvulnerable\u00bb: misterio de un amor que s\u00f3lo hallar\u00e1 su explicaci\u00f3n en el NT.<\/p>\n\n\n\n<p><em>El remedio del pecado. <\/em>Los profetas denuncian\nel pecado y hacen notar su\ngravedad s\u00f3lo para invitar m\u00e1s eficazmente a la conversi\u00f3n. En efecto, si el\nhombre es infiel, Dios, en cambio, es siempre fiel; el hombre desde\u00f1a el amor\nde Dios, pero Dios no cesa de ofrecerle este amor; todo el tiempo que el hombre\nes todav\u00eda capaz de retorno,\nle apremia Dios para que vuelva. Como en la par\u00e1bola\ndel hijo pr\u00f3digo, todo est\u00e1 ordenado a este retorno deseado, que se daba por supuesto: \u00abPor eso voy a cerrar su camino con espinas,\nobstruir\u00e9 su ruta para\nque no halle ya sus senderos; ella perseguir\u00e1 a sus amantes y no los alcanzar\u00e1, los buscar\u00e1 y no los hallar\u00e1.\nEntonces dir\u00e1: Quiero volver a mi primer marido, pues entonces era m\u00e1s feliz que ahora\u00bb (Os 2,8s; cf. Ez 14,11; etc.).<\/p>\n\n\n\n<p>En efecto, si el pecado consiste en rechazar el amor, es claro que no se borrar\u00e1, no se suprimir\u00e1, no se perdonar\u00e1\nsino en la medida en que el hombre consienta\nen amar de nuevo; suponer un \u00abperd\u00f3n\u00bb que pueda dispensar\nal hombre de volver\na Dios, equivaldr\u00eda a querer que el hombre ame dispens\u00e1ndole a la vez de amar&#8230;. El amor mismo de Dios le impide por tanto no exigir este retorno. Si se proclama un \u00abDios celoso\u00bb (\u00c9x 20,5; Dt 5,9; etc.), es que sus celos son efecto de su amor\n(cf. Is 63,15; Zac 1,14); si pretende\nprocurar \u00e9l solo la felicidad\ndel hombre creado a\nsu imagen, es que s\u00f3lo \u00e9l puede hacerlo. Las condiciones de este retorno se\nhallar\u00e1n indicadas bajo las r\u00fabricas\nexpiaci\u00f3n, fe, perd\u00f3n, penitencia-\nconversi\u00f3n. redenci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La primera condici\u00f3n\npor parte del hombre consiste\nevidentemente en que renuncie\na su\nvoluntad de independencia, que consienta en dejarse guiar por Dios, en\ndejarse amar, con otras palabras,\nque renuncie a lo que constituye el fondo mismo de\nsu pecado. Ahora bien, el hombre se hace cargo de que precisamente esto se\nhalla fuera de su poder. Para que se perdone al hombre no basta con que Dios\nse digne no rechazar a la esposa infiel; hace falta m\u00e1s: \u00abHaznos volver y\nvolveremos\u00bb (Lam 5,21). Dios mismo ir\u00e1, pues, en busca de las ovejas dispersas (Ez 34); dar\u00e1 al hombre un \u00abcoraz\u00f3n nuevo\u00bb,\nun \u00abesp\u00edritu nuevo\u00bb,\n\u00absu propio Esp\u00edritu\u00bb (Ez 36,26s). Ser\u00e1 \u00abla nueva alianza\u00bb, en que la ley no estar\u00e1\nya inscrita en tablas de piedra, sino en el coraz\u00f3n de los hombres (Jet 31,31ss; cf. 2Cor 3,3). Dios no se contentar\u00e1 con ofrecer su amor y con exigir el\nnuestro: \u00abYahveh, tu Dios, circuncidar\u00e1 tu coraz\u00f3n y el coraz\u00f3n\nde tu posteridad, de modo que ames a Yahveh tu Dios con todo tu coraz\u00f3n y con toda tu alma, a fin de que vivas\u00bb (Dt 30,6). Por eso el salmista,\nconfesando su pecado, suplica a Dios mismo que le \u00ablave\u00bb,\nle \u00abpurifique\u00bb, \u00abcree en \u00e9l un coraz\u00f3n puro\u00bb (Sal 51),\npersuadido de que la justificaci\u00f3n del pecado reclama un acto estrictamente divino, an\u00e1logo al acto creador.\nFinalmente, el AT anuncia que esta\ntransformaci\u00f3n interior del hombre que lo arranca\na su pecado se efectuar\u00e1 gracias a la oblaci\u00f3n sacrificial de un siervo misterioso, cuya verdadera identidad no habr\u00eda podido sospechar\nnadie antes de la realizaci\u00f3n de la profec\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>LA ENSE\u00d1ANZA DEL NT. El NT revela que este siervo venido para \u00ablibrar al\nhombre del pecado\u00bb no es otro que el propio Hijo de Dios. No debe, pues, sorprender que el pecado no ocupe aqu\u00ed menos lugar que en el AT, y sobre todo que\nla revelaci\u00f3n plena de lo que ha hecho el amor de Dios para acabar con el<\/p>\n\n\n\n<p>pecado, permita descubrir\nsu verdadera dimensi\u00f3n\ny a la vez su papel en el plan de\nla Sabidur\u00eda divina.<\/p>\n\n\n\n<p>1. <em>Jes\u00fas y los pecadores.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>a) <\/em>Desde el comienzo\nde la catequesis sin\u00f3ptica vemos a <em>Jes\u00fas en medio de los pecadores. <\/em>En efecto, para ellos hab\u00eda venido, no para los justos (Mc 2,17).\nUtilizando el vocabulario jud\u00edo de la \u00e9poca les anuncia que sus pecados les\nson \u00abremitidos\u00bb, condonados. No ya que asimilando as\u00ed el pecado a una \u00abdeuda\u00bb\ny hasta empleando a veces el\nt\u00e9rmino (Mt 6,12; 18,23ss), entienda\nsugerir que pueda ser perdonado por un acto de Dios que no exija en absoluto transformaci\u00f3n del esp\u00edritu y del coraz\u00f3n del hombre. Jes\u00fas, como los profetas y como Juan Bautista (Mc 1,4), predica la conversi\u00f3n, un cambio radical del esp\u00edritu\nque ponga al hombre en la disposici\u00f3n de acoger el favor divino, de dejarse\nmover por Dios: \u00abEl\nreino de Dios est\u00e1 pr\u00f3ximo:\narrepent\u00edos y creed en la buena nueva\u00bb (Mc 1, 15).\nEn cambio, delante de quien rechaza la luz (Mc 3,29 p) o se imagina no tener necesidad de perd\u00f3n, como el fariseo\nde la par\u00e1bola (Lc I8,9ss),\nJes\u00fas se siente impotente.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso, tambi\u00e9n como los profetas, <em>denuncia el pecado <\/em>dondequiera que se halle, aun en los que se creen justos porque observan\nlas prescripciones de una\nley exterior. Porque el pecado est\u00e1 en el interior\ndel coraz\u00f3n, de donde \u00absalen los\npensamientos malos, las fornicaciones, los hurtos, los homicidios, los adulterios,\nlas codicias, las maldades, el fraude, la impureza, la envidia, la blasfemia, la altivez,\nla insensatez: cosas todas que salen de dentro y manchan al hombre\u00bb (Mc 7,21ss\np). Es que Jes\u00fas vino a \u00abcumplir\nla ley\u00bb en su plenitud,\nmuy lejos de abolirla\n(Mt 5,17); el disc\u00edpulo de Jes\u00fas no puede contentarse con \u00abla justicia\nde los escribas y de los fariseos\u00bb (5, 20); cierto que la justicia de Jes\u00fas se reduce\nfinalmente al solo precepto\ndel amor (7,12); pero el disc\u00edpulo, viendo obrar a su maestro aprender\u00e1\npoco a poco lo que significa \u00abamar\u00bb y correlativamente lo que es el pecado, negativa\nal amor.<\/p>\n\n\n\n<p>Y en particular\nlo aprender\u00e1 oyendo a Jes\u00fas revelarle la inconcebible\n<em>misericordia de Dios para con el pecador. <\/em>Pocos\npasajes del NT manifiestan mejor que\nla par\u00e1bola del hijo pr\u00f3digo &#8211; por lo dem\u00e1s tan afina la ense\u00f1anza\nprof\u00e9tica &#8211; en qu\u00e9 sentido el pecado es una ofensa de Dios y cu\u00e1n absurdo ser\u00eda concebir\nun perd\u00f3n de Dios que no implicara\nel retorno del pecador. M\u00e1s all\u00e1 del acto\nde desobediencia que se puede suponer &#8211; aun cuando el hermano\nmayor s\u00f3lo hace alusi\u00f3n a ella para oponerla\na su propia obediencia -, lo que \u00abcontrista\u00bb al padre es la partida de su hijo, esa voluntad\nde no ser ya hijo, de no permitir ya que\nsu padre le ame eficazmente: ha \u00abofendido\u00bb a su padre priv\u00e1ndole de su presencia de hijo. \u00bfC\u00f3mo podr\u00eda \u00abreparar\u00bb esta ofensa si no es con su retorno, aceptando de nuevo que se le trate como a hijo? Por eso la par\u00e1bola subraya\nel gozo del padre. Fuera de tal retorno\nno se puede concebir perd\u00f3n alguno; o m\u00e1s bien el\npadre hab\u00eda ya perdonado desde el principio, pero el perd\u00f3n no afecta eficazmente\nal pecado del hijo sino en el retorno y por el retorno de \u00e9ste.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, esta actitud de Dios frente al pecado todav\u00eda la revela m\u00e1s Jes\u00fas\n<em>con sus actos <\/em>que con sus palabras.\nNo s\u00f3lo acoge a los pecadores con el mismo amor y con la misma delicadeza\nque el padre de la par\u00e1bola (p.e. Lc 7,36ss; 19,5;\nMc 2,15ss; Jn 8,10s), exponi\u00e9ndose a escandalizar a los testigos de tal misericordia, tan incapaces de comprenderla como lo hab\u00eda sido el hijo mayor (Le\n15,28ss). Adem\u00e1s de esto act\u00faa directamente contra el pecado: \u00e9l el primero triunfa de Sat\u00e1n en la ocasi\u00f3n de la tentaci\u00f3n; durante su vida p\u00fablica arranca ya a los hombres a este influjo del diablo y del pecado que\nconstituyen la enfermedad de la posesi\u00f3n (cf. Mc \u2022 1,23), inaugurando as\u00ed el papel del\nsiervo (Mt 8,16s) antes de \u00abentregar su vida como rescate\u00bb (Mc 10,45)\ny \u00abderramar su sangre, la sangre de la alianza,\npor una multitud para remisi\u00f3n\nde los pecados\u00bb (Mt 26,28).<\/p>\n\n\n\n<p><em>El pecado del mundo. <\/em>San Juan, aunque conoce la expresi\u00f3n tradicional de \u00abremisi\u00f3n de los pecados\u00bb (Jn 20,23; 1Jn 2,12), habla m\u00e1s bien de Cristo que\nviene a \u00abquitar el pecado del mundo\u00bb (Jn 1,29). M\u00e1s all\u00e1 de los actos\nsingulares percibe la realidad misteriosa\nque los engendra: un poder de hostilidad a Dios y a su reinado con el que se ve enfrentado\nCristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta hostilidad se manifiesta primero\nconcretamente en el <em>repudio voluntario de la luz. <\/em>El\npecado tiene la opacidad de las tinieblas:\n\u00abLa luz vino al mundo y\nlos hombres amaron m\u00e1s las tinieblas que la luz porque sus obras eran malas\u00bb (Jn 3,19). El pecador se opone a la luz porque la teme, \u00abpor temor de que\nse descubran sus obras\u00bb. La odia: \u00abTodo el que hace el mal odia la\nluz\u00bb (3,20). Ceguera voluntaria, ceguera amada, porque no se reconoce como tal:\n\u00abSi fuerais ciegos, estar\u00edais sin pecado. Pero vosotros dec\u00eds: Nosotros vemos. Vuestro pecado permanece\u00bb (9,40).<\/p>\n\n\n\n<p>Una ceguera tan obstinada no se explica sino por el <em>influjo perverso\nde Sat\u00e1n.<\/em> En efecto,\nel pecado hace esclavos de Sat\u00e1n: \u00abTodo el que comete el pecado es\nesclavo\u00bb (Jn 8,34). Como el cristiano es hijo de Dios, el pecador es \u00abhijo del diablo, pecador desde el principio\u00bb y \u00abhace sus obras\u00bb (1Jn 3, 8-10). Ahora bien, entre estas obras se\u00f1ala Juan dos, el homicidio\ny la mentira: \u00abDesde el principio es homicida y no estaba establecido en la verdad porque en \u00e9l no hay verdad; cuando dice sus mentiras\nlas saca de su propio fondo porque es mentiroso\ny padre de la mentira\u00bb (Jn 8,44). Homicida\nlo fue infligiendo la muerte al hombre (cf.\nSab 2,24) y tambi\u00e9n inspirando\na Ca\u00edn que matara a su hermano (1Jn 3,12-15);\nlo es actualmente inspirando\na los jud\u00edos que den muerte al que les dice la verdad:\n\u00abVosotros quer\u00e9is matarme\na m\u00ed, que os digo la verdad que he o\u00eddo a Dios&#8230;\nVosotros hac\u00e9is las obras de vuestro padre y quer\u00e9is\nrealizar los deseos de\nvuestro padre\u00bb (Jn 8,39-44).<\/p>\n\n\n\n<p>Homicidio y mentira,\npor su parte, no se explican sino por <em>el odio. <\/em>A prop\u00f3sito del diablo 1a Escritura\nhablaba de envidia (Sab 2, 24); Juan no vacila en nombrar al\nodio: al igual que el incr\u00e9dulo obstinado\n\u00abodia la luz\u00bb (Jn 3,20), as\u00ed los jud\u00edos\nodian a Cristo y a Dios, su padre (15,22s):\nlos jud\u00edos, es decir, el mundo\nesclavizado por Sat\u00e1n, todo el que se niega a reconocer a Cristo. Y este odio acabar\u00e1 de hecho en el homicidio\ndel Hijo de Dios (8,37).<\/p>\n\n\n\n<p>Tal es la dimensi\u00f3n de este pecado del mundo de que <em>triunfa Jes\u00fas. <\/em>Puede hacerlo porque \u00e9l mismo no tiene pecado (Jn 8,46; cf. 1Jn 3. 5), es \u00abuno\u00bb con Dios\nsu Padre (Jn 10,30), pura \u00abluz\u00bb \u00aben quien no hay tinieblas\u00bb\n(1,5; 8,12), verdad sin huella alguna de mentira o de falsedad\n(1,14; 8,40), finalmente, y sobre todo quiz\u00e1s, \u00abamor\u00bb, pues \u00abDios es amor\u00bb (Jn 4,8), y si durante\nsu vida no ces\u00f3 de amar, su muerte ser\u00e1 un acto de amor tal que no se pueda concebir otro mayor,\nla \u00abconsumaci\u00f3n\u00bb del amor (Jn 15,13; cf. 13,1; 19,30). As\u00ed esta muerte fue una victoria sobre \u00abel pr\u00edncipe de este mundo\u00bb. \u00c9ste cree dirigir el juego; pero\ncontra Jes\u00fas no puede nada (14,30) y \u00e9l es quien \u00abes derrocado\u00bb (12,31). Jes\u00fas venci\u00f3 al mundo (Jn 16,33).<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que lo prueba, no es s\u00f3lo el que Jes\u00fas pueda \u00abvolver a tomar la vida que ha dado\u00bb (Jn 10,17); quiz\u00e1 lo es todav\u00eda m\u00e1s el que haga part\u00edcipes\nde su victoria a sus disc\u00edpulos: el cristiano, hecho \u00abhijo de Dios\u00bb por haber acogido a Jes\u00fas (1,12), \u00abno comete el pecado porque ha nacido de Dios\u00bb (1Jn 3,9); m\u00e1s a\u00fan: en\ntanto permanece en \u00e9l la \u00absemilla divina\u00bb,\nes decir, probablemente, como se expresa san Pablo, \u00aben tanto se deja mover por el Esp\u00edritu de Dios\u00bb (Rom 8,14s;\ncf. G\u00e1l 5,16) \u00abno puede pecar\u00bb. En efecto, Jes\u00fas \u00abquita el pecado del mundo\u00bb\nprecisamente comunic\u00e1ndole el Esp\u00edritu, simbolizado por el agua misteriosa que brot\u00f3 del costado abierto del crucificado como la fuente de que hablaba Zacar\u00edas, \u00ababierta a la casa de David para el pecado y la impureza\n\u00bb (Jn 19,30-37; cf. Zac 12,10; 13,1). Cierto que el cristiano, aun nacido de Dios,\npuede recaer en el pecado (1Jn 2,1); pero \u00abJes\u00fas se hizo propiciaci\u00f3n por nuestros pecados\u00bb (Un 2,2) y comunic\u00f3\nel Esp\u00edritu a los ap\u00f3stoles\na fin de que pudieran \u00abremitir\nlos pecados\u00bb (Jn 20,22s).<\/p>\n\n\n\n<p><em>La teolog\u00eda del pecado seg\u00fan san Pablo.<\/em> Merced a un vocabulario m\u00e1s rico puede Pablo distinguir\ntodav\u00eda m\u00e1s netamente el \u00abpecado\u00bb (gr. <em>hamart\u00eda, <\/em>en singular), y los \u00abactos pecaminosos\u00bb, llamados con preferencia, fuera de las f\u00f3rmulas\ntradicionales, \u00abfaltas\u00bb (liter. \u00abca\u00eddas\u00bb,\ngr. <em>parapt\u00f3 ma) <\/em>o \u00abtransgresiones (gr. <em>parabasis),\n<\/em>sin querer por eso disminuir\nlo m\u00e1s m\u00ednimo la gravedad de estos \u00faltimos.\nAs\u00ed el pecado cometido por Ad\u00e1n en el para\u00edso, del que se sabe la importancia que le da san Pablo, es\ndenominado sucesivamente \u00abtransgresi\u00f3n\u00bb, \u00abfalta\u00bb, \u00abdesobediencia\u00bb (Rom 5,14.17.19).<\/p>\n\n\n\n<p>En todo caso, en su moral el acto pecaminoso\nno ocupa ciertamente un puesto menor que en los Sin\u00f3pticos, como lo muestran\nlas listas de pecados, tan frecuentes en sus ep\u00edstolas: 1Cor 5,10s; 6,9s; 2Cor 12,20; G\u00e1l 5,19-21;\nRom 1,29- 31; Col 3,5-8; Ef 5,3; 1Tim 1,9; Tit 3,3; 2Tim 3, 2-5. Todos estos pecados\nexcluyen del reino de Dios, como se dice a veces expl\u00edcitamente (1Cor 6,9; G\u00e1l 5,21).\nAhora bien, aqu\u00ed se puede observar, exactamente como en las listas\nan\u00e1logas del AT, la relaci\u00f3n\nen que se ponen los des\u00f3rdenes sexuales,\nla idolatr\u00eda y las injusticias sociales\n(cf. Rom 1,21-32 y las listas de 1Cor, G\u00e1l, Col, Ef). N\u00f3tese igualmente la gravedad\natribuida por Pablo a la \u00abcodicia\u00bb <em>(gr. pleonex\u00eda), <\/em>ese pecado que consiste\nen querer \u00abposeer\nsiempre m\u00e1s\u00bb, vicio que los antiguos latinos llamaban <em>avaricia y <\/em>que se asemeja mucho a lo que el Dec\u00e1logo\n(\u00c9x 20,17) prohib\u00eda bajo el mismo nombre de \u00abcodicia\u00bb\n(cf. Rom 7,7): Pablo no se contenta con relacionar este pecado con la idolatr\u00eda, sino que lo identifica:\n\u00abesta codicia que es idolatr\u00eda\u00bb\n(Col 3,5; cf. Ef 5,5).<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s all\u00e1 de los actos pecaminosos se remonta Pablo a su principio: en el\nhombre pecador son la expresi\u00f3n\ny la exteriorizaci\u00f3n de la fuerza hostil a Dios y a su reinado de que hablaba san Juan. El mero hecho de que Pablo le\nreserve pr\u00e1cticamente el t\u00e9rmino de pecado (en singular) le da ya un relieve especial. Pero el Ap\u00f3stol se aplica sobre toda a describir\nya su origen en cada uno\nde nosotros, ya sus efectos,\ncon la suficiente precisi\u00f3n para ofrecer un esbozo de una verdadera teolog\u00eda\ndel pecado.<\/p>\n\n\n\n<p>El pecado, presentado como un poder personificado, hasta el punto de parecer\na veces confundirse con el personaje\nde Sat\u00e1n, el \u00abDios de este mundo\u00bb (2Cor 4,4), se distingue, sin embargo, de \u00e9l: pertenece\nal hombre pecador,\nes algo interior a \u00e9l. Introducido en el g\u00e9nero humano por la desobediencia de Ad\u00e1n (Rom 5,12-19)\ny como por repercusi\u00f3n, en el mismo universo material\n(Rom 8, 20; cf. G\u00e9n 3,17),\nel pecado pas\u00f3 a todos los hombres sin excepci\u00f3n,\narrastr\u00e1ndolos a todos a la muerte\neterna separaci\u00f3n de Dios, tal como la sufren los condenados en el\ninfierno; independientemente de la redenci\u00f3n\nforman todos seg\u00fan el dicho de\nsan Agust\u00edn &#8211; exacto con tal que se comprenda\nbien- una <em>massa damnata.\nY <\/em>Pablo se complace\nen describir por extenso esta situaci\u00f3n del hombre \u00abvendido\nal poder del pecado\u00bb\n(Rom 7,14), capaz todav\u00eda de \u00absimpatizar\u00bb con el bien (7,16.22) y hasta de \u00abdesearlo\u00bb (7, 15.21), lo que prueba que no todo est\u00e1 en \u00e9l corrompido,\npero absolutamente incapaz de realizarlo (7,18) y por tanto necesariamente destinado a la muerte eterna (7,24),\n\u00absalario\u00bb, o mejor todav\u00eda,\n\u00abdesemboque\u00bb, \u00abremate\u00bb del pecado (6,21-23).<\/p>\n\n\n\n<p>Tales afirmaciones hacen que a veces se acuse al Ap\u00f3stol de exageraci\u00f3n y de pesimismo. Esto es olvidar que Pablo, al formularlas, hace abstracci\u00f3n de la\ngracia de Cristo: su argumentaci\u00f3n misma le fuerza a ello, dado que subraya\nla universalidad del pecado y su tiran\u00eda con el solo fin de establecer la impotencia de la ley y de encarecer\nla absoluta necesidad\nde la obra liberadora de Cristo. M\u00e1s a\u00fan: Pablo s\u00f3lo recuerda la solidaridad de la humanidad\nentera con Ad\u00e1n para\nrevelar otra solidaridad muy superior,\nla de la humanidad entera con Jesucristo; en la mente de Dios Jesucristo, el antitipo, es primero (Rom 5,14); esto equivale a decir que el pecado de Ad\u00e1n y sus consecuencias s\u00f3lo fueron permitidos porque Jesucristo deb\u00eda triunfar\nde ellos y con tal sobreabundancia que aun antes de\nexponer las semejanzas\nentre el papel del primer Ad\u00e1n y el del segundo (5, 17ss), tiene Pablo empe\u00f1o en marcar las diferencias (5,15s).<\/p>\n\n\n\n<p>En efecto, la victoria de Cristo sobre el pecado no es para Pablo menos\nesplendente que para Juan. El cristiano justificado por la fe y el bautismo\n(G\u00e1l 3,26ss; cf. Rom 3, 21ss; 6,2ss) ha roto totalmente con el pecado; muerto\nal pecado, ha venido a ser, con Cristo muerto y resucitado, un ser nuevo (Rom\n6,5), una \u00abnueva criatura\u00bb (2Cor 5,17); no est\u00e1 ya \u00aben la carne\u00bb, sino \u00aben\nel Esp\u00edritu\u00bb (Rom 7,5; 8,9), si bien puede, todo el tiempo que vive en un \u00abcuerpo\nmortal\u00bb, recaer bajo el imperio del pecado y \u00abceder a\nsus concupiscencias\u00bb (6,12),\nsi se niega a \u00abcaminar\nseg\u00fan el Esp\u00edritu\u00bb (8,4).<\/p>\n\n\n\n<p>Dios no solamente\ntriunfa del pecado.\nSu <em>sabidur\u00eda \u00abde infinitos recursos\u00bb <\/em>(Ef 3,10) obtiene esta victoria\nutilizando el pecado.\nLo que era el obst\u00e1culo por excelencia al reinado de Dios y a la salvaci\u00f3n del hombre desempe\u00f1a su papel en la historia de esta salvaci\u00f3n.\nEn efecto, precisamente a prop\u00f3sito del pecado habla Pablo de la \u00absabidur\u00eda de Dios\u00bb (1Cor 1,21-24; Rom 11,33). Particularmente meditando sobre el pecado que fue sin duda para su coraz\u00f3n\nla herida m\u00e1s punzante (Rom 9,2) y en todo caso un esc\u00e1ndalo para su esp\u00edritu, la incredulidad de Israel, comprendi\u00f3 que esta infidelidad, por lo dem\u00e1s parcial y provisional (Rom 11,25), entraba\nen el designio salv\u00edfico de Dios sobre el g\u00e9nero humano y que \u00abDios no hab\u00eda incluido a todos los hombres en\nla desobediencia sino para usar de misericordia con todos\u00bb (Rom 11,32; cf. G\u00e1l\n3,22). As\u00ed exclama con una admiraci\u00f3n llena de reconocimiento: \u00ab\u00a1Oh abismo de la riqueza, de la sabidur\u00eda\ny de la ciencia de Dios ! \u00a1Cu\u00e1n insondables son sus decretos y cu\u00e1n incomprensibles sus caminos!\u00bb (Rom 11,33).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero este misterio\nde la sabidur\u00eda divina que utiliza para la salvaci\u00f3n\ndel hombre hasta su mismo pecado no se revela en ninguna parte m\u00e1s claramente\nque en la pasi\u00f3n del Hijo de Dios. En efecto,\nsi Dios Padre \u00abentreg\u00f3 a su Hijo\u00bb a la muerte\n(Rom 8,32), fue para ponerlo en tales condiciones que pudiera realizar\nel acto de obediencia y de amor m\u00e1s grande que se puede concebir,\ny operar as\u00ed nuestra redenci\u00f3n pasando \u00e9l el primero\nde la condici\u00f3n carnal a la\ncondici\u00f3n espiritual. Ahora bien, las circunstancias de esta muerte, ordenadas a crear\nlas condiciones m\u00e1s favorables de tal acto, son todas efecto del pecado\ndel hombre: traici\u00f3n de Judas, abandono de los ap\u00f3stoles,\ncobard\u00eda de Pilato, odio\nde las autoridades de la naci\u00f3n jud\u00eda, crueldad de los verdugos,\ny m\u00e1s all\u00e1 del drama visible, nuestros propios pecados, para cuya expiaci\u00f3n\nmuere. Para que pudiera amar como ning\u00fan hombre ha amado jam\u00e1s, quiso Dios que su Hijo se hiciera vulnerable al pecado del hombre,\nque fuera sometido\na los efectos mal\u00e9ficos del poder de muerte que es el pecado,\na fin de que nosotros\nfu\u00e9semos, gracias a este acto supremo de amor, sometidos a los efectos ben\u00e9ficos del poder de vida que es la justicia\nde Dios (2Cor 5,21). Tan cierto es que \u00abDios hace que todo concurra al bien de los que le aman\u00bb (Rom 8,28), todo, incluso el pecado.<\/p>\n\n\n\n<p>Todos\nlos derechos: <em>Vocabulario de teolog\u00eda\nb\u00edblica<\/em>, X. L\u00e9on-Dufour<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Casi en cada p\u00e1gina habla la Biblia de esta realidad a la que llamamos com\u00fanmente pecado. Los t\u00e9rminos con que lo designa el AT son m\u00faltiples y est\u00e1n tomados de ordinario de las relaciones humanas: falta, iniquidad, rebeli\u00f3n, injusticias, etc.; &hellip; <a href=\"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4588\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":""},"categories":[31],"tags":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p2dsrC-1c0","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4588"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=4588"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4588\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4589,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4588\/revisions\/4589"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=4588"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=4588"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=4588"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}