{"id":4590,"date":"2021-01-22T10:46:44","date_gmt":"2021-01-22T16:46:44","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4590"},"modified":"2022-01-22T10:48:08","modified_gmt":"2022-01-22T16:48:08","slug":"penitencia-conversion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4590","title":{"rendered":"Penitencia, conversi\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<p>Dios llama a los hombres a entrar en comuni\u00f3n\ncon \u00e9l. Ahora bien, se trata\nde hombres pecadores. Pecadores de nacimiento (Sal 51,7): por la falta del\nprimer padre entr\u00f3 el pecado en el mundo (Rom 5.12) y desde entonces\nhabita en lo m\u00e1s \u00edntimo de su \u00abyo\u00bb (7,20). Pecadores\npor culpabilidad personal,\npues cada uno de ellos, \u00abvendido\nal poder del pecado\u00bb (7,14),\nha aceptado voluntariamente este yugo de las pasiones pecadoras\n(cf. 7,5). La respuesta al llamamiento de Dios\nles exigir\u00e1 por tanto en el punto de partida una conversi\u00f3n, y luego, a todo lo largo\nde la vida, una actitud penitente. Por esto la conversi\u00f3n y la penitencia ocupan un lugar considerable en la revelaci\u00f3n b\u00edblica..<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, el vocabulario que las expresa adquiri\u00f3 s\u00f3lo lentamente su plenitud\nde sentido a medida que se iba profundizando la noci\u00f3n del pecado. Algunas f\u00f3rmulas evocan la actitud del hombre que se ordena deliberadamente a Dios: \u00abbuscar a Yahveh\u00bb (Am 5,4; Os 10,12), \u00abbuscar\nsu rostro\u00bb (Os 5,15; Sal 24,6; 27, 8), \u00abhumillarse delante de \u00e9l\u00bb (1Re 21,29; 2Re 22,19), \u00abfijar su coraz\u00f3n en \u00e9l\u00bb (1Sa 7,3)&#8230; Pero el t\u00e9rmino m\u00e1s empleado, el verbo <em>silb, <\/em>traduce la idea de cambiar\nde rumbo, de volver, de hacer marcha atr\u00e1s, de volver uno sobre\nsus pasos. En contexto religioso\nsignifica que uno se desv\u00eda de lo que es malo y se vuelve a Dios. Esto define lo esencial de la conversi\u00f3n, que implica un cambio\nde conducta, una nueva orientaci\u00f3n de todo el comportamiento. En \u00e9poca tard\u00eda se\ndistingui\u00f3 m\u00e1s entre el aspecto\ninterior de la penitencia y los actos exteriores\nque determina. As\u00ed la Biblia griega emplea conjuntamente el verbo <em>epistrephein,<\/em>\nque connota cambio de la conducta pr\u00e1ctica,\ny el verbo <em>metanoein,\n<\/em>que atiende m\u00e1s a la vuelta interior (la <em>metanoia <\/em>es el arrepentimiento, la penitencia). Analizando los textos b\u00edblicos hay que considerar\nestos dos aspectos\ndistintos, pero estrechamente complementarios.<\/p>\n\n\n\n<p>AT. I. EN LOS OR\u00cdGENES DE LAS LITURGIAS DE PENITENCIA. 1 Ya en la\n\u00e9poca antigua, en la perspectiva de la doctrina\nde la alianza, se sabe que el v\u00ednculo\nde la comunidad con Dios puede romperse\npor culpa de los hombres,\nya se trate de pecados colectivos o de pecados\nindividuales que comprometen en cierto modo a la colectividad entera. As\u00ed las calamidades p\u00fablicas\nson ocasi\u00f3n para una\ntoma de conciencia de las faltas cometidas\n(Jos 7; 1Sa 5-6). Es cierto que la\nidea del pecado es con frecuencia bastante\nburda, como si toda falta material a una exigencia divina fuera capaz de irritar a Yahveh.\nPara restablecer el v\u00ednculo con \u00e9l y recobrar\nsu favor debe la comunidad\nen primer lugar castigar a los\nresponsables, lo cual puede llegar hasta la pena de muerte (\u00c9x 32,25-28; N\u00fam 25,7ss; Jos 7,24ss), al menos que haya \u00abrescate\u00bb\ndel culpable (1Sa 14,36-45). Por lo dem\u00e1s \u00e9ste mismo puede ofrecerse a los castigos\ndivinos para que sea salva la\ncomunidad (2Sa 24,17). Adem\u00e1s, mientras dura una plaga (o bien para impedir que sobrevenga), se implora\nel perd\u00f3n divino con pr\u00e1cticas\nasc\u00e9ticas y liturgias\npenitenciales: se ayuna (Jue 20,26; 1Re 21,8ss), se rasgan los vestidos o se visten las gentes de\nsaco (1Re 20,31s; 2Re 6,30; 19,1s; Is 22,12; cf. Jon 3,5-8), se extienden\nsobre la ceniza (Is 58,5; cf. 2Sa 12,16). En las reuniones cultuales\nse dejan o\u00edr gemidos y clamores\nde duelo (Jue 2,4; Jl 1,13; 2,17). Existen formularios de lamentaci\u00f3n y de s\u00faplica, de los que nuestro salterio\nconserva m\u00e1s de un ejemplo (cf. Sal 60; 74; 79; 83; Lam 5; etc.). Se recurre a ritos y a sacrificios expiatorios (N\u00fam 16,6-15). Sobre todo, se hace una confesi\u00f3n colectiva\ndel pecado (Jue 10,10; 1Sa 7,6)\ny eventualmente se recurre a la intercesi\u00f3n de un jefe o de un profeta,\npor ejemplo, Mois\u00e9s (\u00c9x 32,30ss).<\/p>\n\n\n\n<p>Las pr\u00e1cticas de este g\u00e9nero est\u00e1n atestiguadas en todas las \u00e9pocas. El profeta Jerem\u00edas en persona se ver\u00e1 mezclado en una liturgia penitencial en calidad\nde intercesor (Jer 14,1-15,4). Despu\u00e9s del exilio alcanzar\u00e1n un desarrollo\nconsiderable. El peligro est\u00e1 en que pueden limitarse a algo puramente\nexterior, sin que el hombre ponga en ello todo su coraz\u00f3n y traduzca luego su penitencia en actos. A este peligro de ritualismo superficial van a oponer los profetas\nsu mensaje de conversi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>EL MENSAJE DE CONVERSI\u00d3N DE LOS PROFETAS.\nYa en la \u00e9poca de David\nla intervenci\u00f3n de Nat\u00e1n cerca del rey ad\u00faltero anuncia\nla doctrina prof\u00e9tica\nde la penitencia: David se ve movido a confesar su falta (2Sa 12,13), luego hace penitencia conforme a las reglas y finalmente acepta el castigo divino (12,14-23). Pero el mensaje\nde conversi\u00f3n de los profetas,\nsobre todo a partir del siglo viii, se dirigir\u00e1 al pueblo entero. Israel ha violado la alianza, ha \u00ababandonado a Yahveh\ny despreciado al Santo de Israel\u00bb (Is 1,4); Yahveh tendr\u00eda derecho a abandonarlo, a menos que se convierta. As\u00ed el llamamiento a la penitencia ser\u00e1 un aspecto esencial de la predicaci\u00f3n prof\u00e9tica (cf. Jer 25,3-6).<\/p>\n\n\n\n<p><em>Am\u00f3s, <\/em>profeta de la justicia, no se contenta con\ndenunciar los pecados de sus contempor\u00e1neos. Cuando dice que hay que \u00abbuscar a Dios\u00bb (Am 5,4.6),\nla f\u00f3rmula no es solamente\ncultual. Significa: buscar el bien y no el mal, odiar el mal y amar el bien (5,14s); esto implica una rectificaci\u00f3n de la conducta\ny una pr\u00e1ctica leal de la justicia: s\u00f3lo tal reversi\u00f3n\npodr\u00e1 inducir a Dios a \u00abtener\npiedad del resto de Jos\u00e9\u00bb (5,15).<\/p>\n\n\n\n<p><em>Oseas<\/em> exige igualmente un despego real de la iniquidad y especialmente de la idolatr\u00eda; promete\nque a cambio desviar\u00e1 Dios su ira (Os 14,2-9). Estigmatizando las conversiones superficiales que no pueden producir fruto alguno, insiste en el car\u00e1cter interior\nde la verdadera conversi\u00f3n, inspirada\npor el amor <em>(hesed) <\/em>y el conocimiento de Dios (6, 1-6).<\/p>\n\n\n\n<p><em>Isa\u00edas <\/em>denuncia en los hombres de Jud\u00e1 pecados de todo g\u00e9nero: violaciones de la justicia y desviaciones cultuales,\nrecurso a la pol\u00edtica humana, etc. S\u00f3lo una verdadera conversi\u00f3n podr\u00e1 aportar la salvaci\u00f3n, pues el culto no es nada (Is 1.11-15: cf. Am 5,21-25)\ncuando no hay una sumisi\u00f3n\npr\u00e1ctica a las voluntades divinas: \u00ab\u00a1Lavaos! \u00a1Purificaos! \u00a1Quitad de mi vista vuestra maldad!\n\u00a1Cesad de hacer el mal, aprended a hacer el bien! \u00a1Buscad lo que es justo, socorred\nal oprimido, haced justicia al hu\u00e9rfano! (Is 1,16s). Entonces\nvuestros pecados. de color escarlata, se blanquear\u00e1n como nieve; purp\u00fareos.\nse pondr\u00e1n como lana\u00bb (1,18s). Desgraciadamente sabe Isa\u00edas que su mensaje topar\u00e1 con el endurecimiento de los corazones\n(6,10): \u00abCon la conversi\u00f3n y la calma hubierais podido salvaros&#8230;, pero no hab\u00e9is querido\u00bb (30.15).\nEl drama de Israel\nse encaminar\u00e1 por tanto hacia un desenlace\ncatastr\u00f3fico. Pero Isa\u00edas conserva\nla certidumbre de que \u00abun resto volver\u00e1&#8230; al Dios fuerte\u00bb (10,21; cf. 7.3). El pueblo\nque sea finalmente beneficiario de la salvaci\u00f3n\nestar\u00e1 formado s\u00f3lo de\nconvertidos.<\/p>\n\n\n\n<p>3. La insistencia en las disposiciones interiores que se deben ofrecer a Dios se convierte r\u00e1pidamente en un t\u00f3pico de la predicaci\u00f3n prof\u00e9tica: justicia, piedad y humildad,\ndice Miqueas (Miq 6,8); humildad y sinceridad. resuena el eco de Sofon\u00edas (Sof 2,3; 3.12s). Pero es sobre todo <em>Jerem\u00edas <\/em>quien\ndesarrolla ampliamente el tema de la conversi\u00f3n. Si el profeta\nanuncia las calamidades que amenazan a Jud\u00e1, es \u00abpara que cada uno vuelva de su mal camino\ny Yahveh pueda perdonar\u00bb (Jer 36,3). Efectivamente, los llamamientos al \u00abretorno\u00bb jalonan todo el libro; pero siguen precisando\nlas condiciones de este retorno. Israel la rebelde debe \u00abreconocer\nsu falta\u00bb si quiere que Dios no tenga\nya para ella un rostro severo (3,11s;\ncf. 2,23). Los hijos rebeldes\nno deben contentarse con llorar y suplicar confesando sus pecados (3,21-25); deben cambiar de conducta\ny circuncidar su coraz\u00f3n (4,1-4). Las consecuencias pr\u00e1cticas de un cambio de conducta\nno se le escapan al profeta\n(cf. 7,3-11). Por ello llega a dudar que sea posible una conversi\u00f3n real. Los que \u00e9l llama a tal conversi\u00f3n prefieren seguir el endurecimiento de su mal coraz\u00f3n (18, las;\ncf. 2,23ss). Lejos de deplorar\nsu maldad se sumergen en ella (8, 4-7). Por eso\nel profeta no puede menos de anunciar\nel castigo a Jerusal\u00e9n inconvertible (13,20-27). Pero no por eso deja de estar cargada de esperanza su perspectiva\nde porvenir. D\u00eda vendr\u00e1 en que el pueblo abatido acepte el castigo e implore como una gracia la conversi\u00f3n del coraz\u00f3n: \u00ab \u00a1 Hazme volver para que vuelva!\u00bb (31,18s). Y Yahveh responder\u00e1 a esta humilde petici\u00f3n, pues en la nueva alianza\n\u00abinscribir\u00e1 su ley en los corazones\u00bb\n(31,33): \u00abYo les dar\u00e9 un coraz\u00f3n para que conozcan\nque yo soy Yahveh; ellos ser\u00e1n mi pueblo y yo ser\u00e9 su Dios, pues volver\u00e1n a m\u00ed con todo\nsu coraz\u00f3n\u00bb (24,7).<\/p>\n\n\n\n<p><em>4. Ezequiel, <\/em>fiel a la misma tradici\u00f3n\nprof\u00e9tica, centra su mensaje, en el momento en que se cumpl\u00edan\nlas amenazas de Dios, en la conversi\u00f3n necesaria: \u00abArrojad\nlejos de vosotros las transgresiones que hab\u00e9is cometido\ny haceos un coraz\u00f3n\nnuevo y un esp\u00edritu nuevo. \u00bfPor qu\u00e9 habr\u00edais de morir, casa de Israel?\nYo no deseo la muerte de nadie. Convert\u00edos\ny vivir\u00e9is\u00bb (Ez 18,31s). Cuando precisa el profeta\nlas exigencias divinas, reserva sin duda a las prescripciones cultuales m\u00e1s lugar que\nsus predecesores (22,1-31),\npero tambi\u00e9n insiste m\u00e1s que ellos en el\ncar\u00e1cter estrictamente personal\nde la conversi\u00f3n: nadie puede responder m\u00e1s que\npor s\u00ed mismo, cada cual ser\u00e1 retribuido\nseg\u00fan su propia conducta (3, 16-21; 18; 33,10-20). Sin duda Israel es \u00abuna casta de rebeldes\u00bb (2, 4-8), pero a estos hombres de coraz\u00f3n duro puede dar Dios como gracia lo que les exige\ntan imperiosamente: en el tiempo de la nueva alianza les dar\u00e1 un coraz\u00f3n nuevo\ny pondr\u00e1 en ellos su esp\u00edritu, de modo que se aplicar\u00e1n\na su ley y lamentar\u00e1n su mala conducta (36,26-31; cf. 11,19s).<\/p>\n\n\n\n<p>5. De Am\u00f3s a Ezequiel\nse fue, pues, profundizando en forma constante\nla doctrina de la conversi\u00f3n paralelamente a la inteligencia del pecado. Al fin del exilio el <em>mensaje de consolaci\u00f3n <\/em>toma nota de la conversi\u00f3n efectiva de Israel,\no por lo menos de su resto. La salvaci\u00f3n que anuncia es \u00abpara los que tienen ansias\nde justicia, que buscan a Yahveh\u00bb (Is 51,1), que \u00abtienen la ley en el\ncoraz\u00f3n\u00bb (51,7). A \u00e9stos les puede asegurar\nque \u00abse acab\u00f3 la servidumbre y est\u00e1 expiado el pecado\u00bb (40,2).\nDice Yahveh a Israel, su servidor: \u00abHe disipado\ntus pecados como una nube&#8230; Vuelve a m\u00ed, pues te he rescatado\u00bb (44,22).\nEn esta nueva perspectiva, que supone al pueblo de Dios consolidado en la fidelidad, enfoca el profeta\nuna ampliaci\u00f3n incre\u00edble\nde las promesas de salvaci\u00f3n. Despu\u00e9s de Israel se convertir\u00e1n a su vez las naciones:\nabandonando sus \u00eddolos se volver\u00e1n todas hacia el Dios viviente\n(45,14s.23s; cf. Jer 16,19ss).<\/p>\n\n\n\n<p>La idea seguir\u00e1 adelante. No s\u00f3lo el juda\u00edsmo postex\u00edlico se abrir\u00e1 a los\npros\u00e9litos convertidos del paganismo (Is 56,3.6). Los mismos cuadros\nescatol\u00f3gicos no dejar\u00e1n ya de mencionar\neste universalismo religioso\n(cf. Sal 22,28). El libro de\nJon\u00e1s mostrar\u00e1 incluso\nla predicaci\u00f3n prof\u00e9tica\ndirigida expresa y directamente a los paganos \u00aba fin de que se conviertan y vivan\u00bb. En el t\u00e9rmino\nde tal desarrollo doctrinal\nse ve c\u00f3mo se ha profundizado la noci\u00f3n de penitencia;\nestamos lejos del puro ritualismo\nque ocupaba todav\u00eda demasiado lugar en el antiguo\nIsrael.<\/p>\n\n\n\n<p>LITURGIA DE PENITENCIA Y CONVERSI\u00d3N DEL CORAZ\u00d3N. 1. La\nconversi\u00f3n nacional de Israel fue el doble fruto de la predicaci\u00f3n prof\u00e9tica y de la prueba del exilio. El exilio fue la ocasi\u00f3n\nprovidencial de una toma de conciencia\ndel pecado y de una confesi\u00f3n sincera,\ncomo lo registran de com\u00fan acuerdo los textos tard\u00edos de la literatura deuteron\u00f3mica (1Re 8,46-51) y de la liturgia\nsacerdotal (Lev 26,39s).\nAhora bien, despu\u00e9s del exilio est\u00e1 tan grabada en los esp\u00edritus la penitencia que llega a colorar toda la espiritualidad jud\u00eda. Las antiguas liturgias\nde penitencia sobreviven (cf. Jl 1-2), pero la doctrina prof\u00e9tica ha renovado su contenido.\nLos libros de la \u00e9poca conservan formularios estereotipados en que se ve a la comunidad\n\u00abconfesar todos los pecados nacionales cometidos desde los or\u00edgenes e implorar a cambio el perd\u00f3n de Dios y el advenimiento de su salvaci\u00f3n\u00bb\n(Is 63, 7-64,11; Esd 9,5-15;\nNeh 9; Dan 9,4-19; Bar 1,15-3,8).\nLas lamentaciones colectivas\ndel salterio est\u00e1n construidas conforme a\neste patr\u00f3n (Sal 79; 106) y todav\u00eda es m\u00e1s frecuente el recuerdo de las impenitencias (cf. Sal 95,8-11).\nSe siente c\u00f3mo Israel est\u00e1 en tensi\u00f3n en\nun esfuerzo continuamente renovado, de conversi\u00f3n profunda.\nEs la \u00e9poca en que las liturgias de expiaci\u00f3n adquieren\ntambi\u00e9n gran extensi\u00f3n:\ntan grande es la obsesi\u00f3n del pecado.<\/p>\n\n\n\n<p>2. No menor es el esfuerzo en el plano individual, pues se ha comprendido la lecci\u00f3n de Ezequiel. Los salmos de los enfermos y de los perseguidos se orientan m\u00e1s de tina vez a la confesi\u00f3n del pecado (Sal 6,2; 32; 38; 103,3s; 143,1s)\ny el\npoeta de Job muestra un sentido muy profundo de la radical impureza del hombre (Job 9,30s; 14,4). La expresi\u00f3n\nm\u00e1s perfecta de estos sentimientos es el <em>Miserere <\/em>(Sal 51), en el que la doctrina de la conversi\u00f3n se traduce totalmente en oraci\u00f3n: reconocimiento de las faltas (v. 5ss), demanda de purificaci\u00f3n interior (v. 3s.9), recurso a la gracia,\n\u00fanica que puede cambiar el coraz\u00f3n (v. l2ss),\norientaci\u00f3n hacia una vida ferviente\n(v. 15-19). La liturgia de penitencia tiene ahora por centro el sacrificio del \u00abcoraz\u00f3n contrito\u00bb\n(v. 18s). Se comprende que los sectarios de Qumr\u00e1n, formados\nen la escuela de tal texto y herederos de toda\nla tradici\u00f3n que le preced\u00eda,\ntuvieran la idea de retirarse\nal desierto para convertirse sinceramente a la ley de Dios y \u00abprepararle el camino\u00bb. Si bien su empe\u00f1o\ntiene cierta marca de legalismo, no est\u00e1 muy lejos del que vamos a\ndescubrir en el NT.<\/p>\n\n\n\n<p>NT. I. EL \u00daLTIMO DE LOS PROFETAS.\nEn el umbral del NT el mensaje\nde conversi\u00f3n de los profetas reaparece\nen toda su pureza en la predicaci\u00f3n de Juan Bautista, el \u00faltimo de ellos. Lucas resume as\u00ed su misi\u00f3n: \u00abreducir\u00e1\nnumerosos hijos de Israel\nal Se\u00f1or su Dios\u00bb (Lc 1,16s; cf. Mal 3,24). Una frase condensa su mensaje: Convert\u00edos, pues el reino de los cielos est\u00e1 cerca\u00bb (Mt 3,2). La venida del\nreino abre una perspectiva de esperanza; pero Juan subraya sobre todo el\njuicio que debe precederla. Nadie podr\u00e1 sustraerse\na la ira que se manifestar\u00e1\nel d\u00eda de Yahveh (Mt 3,7.10.12). De nada servir\u00e1 pertenecer a la raza de\nAbraham (Mt 3,9). Todos los hombres deben reconocerse pecadores,\nproducir un fruto que sea digno del arrepentimiento (Mt 3,8), adoptar un\ncomportamiento nuevo apropiado\na su estado (Lc 3,10-14).\nComo signo de esta conversi\u00f3n da Juan un bautismo de agua, que debe preparar\na los penitentes para el bautismo\nde fuego y del Esp\u00edritu\nSanto que dar\u00e1 el Mes\u00edas (Mt\n3,11 p).<\/p>\n\n\n\n<p>CONVERSI\u00d3N Y ENTRADA EN EL REINO DE DIOS. 1. Jes\u00fas no se contenta con anunciar la proximidad del reino de Dios. Comienza\npor realizarla con poder:\ncon \u00e9l se inaugura el reino, si bien est\u00e1 todav\u00eda orientado\nhacia misteriosas realizaciones. Pero el llamamiento a la conversi\u00f3n lanzado por el Bautista no pierde por esto nada de su actualidad: Jes\u00fas lo reasume\nen propios t\u00e9rminos al comienzo de su ministerio\n(Mc 1,15; Mt 4,17). Si ha venido, ha\nsido para \u00abllamar a los pecadores a la conversi\u00f3n\u00bb (Lc 5,32); \u00e9ste es un aspecto\nesencial del Evangelio\ndel reino. Por lo\ndem\u00e1s, el hombre que toma conciencia de su estado de pecador,\npuede volverse a Jes\u00fas con confianza, pues \u00abel Hijo del hombre tiene poder para perdonar los pecados\u00bb (Mt 9,6 p). Pero\nel mensaje de conversi\u00f3n tropieza con la suficiencia humana bajo todas sus\nformas, desde el apego a las riquezas\n(Mc 10,21-25) hasta la soberbia\nseguridad de los fariseos (Lc 18,9). Jes\u00fas se alza como el \u00absigno de Jon\u00e1s\u00bb en medio de\nuna generaci\u00f3n mala, con disposiciones menos buenas para con Dios que en otro tiempo N\u00ednive (Lc 11, 29-32 p). As\u00ed eleva contra ella una requisitoria llena de amenazas; los hombres de N\u00ednive la condenar\u00e1n el d\u00eda del juicio (Lc 11,32); Tiro y Sid\u00f3n tendr\u00e1n una suerte menos rigurosa\nque las ciudades del Lago (Lc 10,13ss p). La impenitencia actual de Israel es, en efecto, se\u00f1al del endurecimiento de su coraz\u00f3n (Mt 13, 15 p; cf. Is 6,10). Si los oyentes impenitentes de Jes\u00fas no cambian de conducta, perecer\u00e1n\n(Lc 13,1-5) a semejanza de la higuera\nest\u00e9ril (Lc 13,6-9; cf. Mt 21,18-22\np).<\/p>\n\n\n\n<p>2. Cuando Jes\u00fas reclama la conversi\u00f3n no hace alusi\u00f3n alguna a las\nliturgias penitenciales. Hasta desconf\u00eda de los signos demasiado vistosos\n(Mt 6,16ss). Lo que cuenta es la conversi\u00f3n del coraz\u00f3n que hace que uno vuelva a\nser como un ni\u00f1o peque\u00f1o (Mt 18,3 p). Luego, el esfuerzo\ncontinuo por \u00abbuscar el\nreino de Dios y su justicia\u00bb (Mt 6,33). es decir, por regular la propia vida seg\u00fan\nla nueva ley. El acto mismo de la conversi\u00f3n se evoca con palabras muy expresivas. Si bien Implica una voluntad\nde transformaci\u00f3n moral, es, sobre todo, llamamiento humilde, acto de confianza: \u00abDios m\u00edo, tened piedad de m\u00ed,\nque soy pecador\u00bb (Lc 18,13). La conversi\u00f3n\nes una gracia preparada siempre\npor la iniciativa divina, por el pastor que sale en busca de la oveja perdida (Lc 15,4ss;\ncf. 15,8). La respuesta humana a esta gracia se analiza concretamente en la par\u00e1bola del hijo pr\u00f3digo, que pone en estupendo\nrelieve la misericordia del Padre (Lc 15,11-32).\nEn efecto, el Evangelio del reino implica esta revelaci\u00f3n desconcertante: \u00abHay m\u00e1s alegr\u00eda en el cielo por un pecador que se convierte que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad\nde penitencian (Lc 15,7.10).\nAs\u00ed tambi\u00e9n Jes\u00fas manifiesta a los pecadores\nuna actitud acogedora\nque escandaliza a los fariseos (Mt 9,10-13 p; Lc 15,2), pero provoca conversiones; y el Evangelio de Lucas se complace\nen referir en detalle algunas de estas vueltas a Dios, como la\nde la pecadora (Lc 7,36-50)\ny la de Zaqueo (19,5-9).<\/p>\n\n\n\n<p>CONVERSI\u00d3N Y BAUTISMO,\nMientras viv\u00eda Jes\u00fas hab\u00eda ya enviado a sus\nap\u00f3stoles a predicar la conversi\u00f3n anunciando el Evangelio\ndel reino (Mc 6,12).\nDespu\u00e9s de su resurrecci\u00f3n les renueva esta misi\u00f3n: ir\u00e1n a proclamar\nen su nombre el arrepentimiento a todas las naciones con miras a la remisi\u00f3n\nde los pecados (Lc 24,47), pues los pecados ser\u00e1n remitidos\na los que ellos los remitan (Jn <em>20,23). <\/em>Los Hechos y las Ep\u00edstolas nos hacen asistir al cumplimiento de esta orden. Pero, con todo, la conversi\u00f3n adopta diferente cariz seg\u00fan se trate\nde jud\u00edos o de paganos.\n1. Lo que se exige a los jud\u00edos es ante todo la\nconversi\u00f3n moral, a la que los hab\u00eda llamado ya Jes\u00fas. A este\narrepentimiento <em>(metanoia) <\/em>responder\u00e1 Dios otorgando el perd\u00f3n de los\npecadores (Act 2,38; 3,19: 5,31); la misma quedar\u00e1 sellada con la recepci\u00f3n\ndel bautismo y el don del Esp\u00edritu\nSanto (Act 2,38). Sin embargo,\nla conversi\u00f3n debe incluir,\nal mismo tiempo que una transformaci\u00f3n moral, un acto positivo de fe en Cristo: los jud\u00edos se volver\u00e1n\n<em>(epistrephein) <\/em>hacia\nel Se\u00f1or (Act 3. 19; 9,35).\nAhora bien, como lo experimenta bien san Pablo, tal adhesi\u00f3n\na Cristo es la\ncosa m\u00e1s dif\u00edcil de obtener.\nLos jud\u00edos tienen un vela sobre el coraz\u00f3n. Si se convirtieran. caer\u00eda el velo (2Cor 3,16). Pero, conforme al texto de Isa\u00edas Os\n6,9s), su endurecimiento los clava en la incredulidad (Act 28,24-27). Pecadores al igual que los paganos, amenazados como ellos por la ira divina, no comprenden que Dios da prueba de paciencia para inducirlos al arrepentimiento\n(Rom 2,4). S\u00f3lo un resto responde a la predicaci\u00f3n apost\u00f3lica (Rom 11,1-5).<\/p>\n\n\n\n<p>2. El Evangelio\nhalla mejor acogida en las naciones paganas.\nDesde el bautismo del centuri\u00f3n Cornelio\nlos cristianos de origen jud\u00edo comprueban con sorpresa que \u00abel arrepentimiento que conduce a la vida se ofrece a los paganos lo mismo que a ellos\u00bb (Ate 11,18; cf. 17,30). En realidad se anuncia con \u00e9xito en Antioqu\u00eda y en otras partes (Act 11. 21; 15,3.19);\nhasta es \u00e9se el objeto especial de la misi\u00f3n de\nPablo (Act 26.18.20).\nPero en este caso, la conversi\u00f3n exige, al mismo tiempo\nque el arrepentimiento moral <em>(rnetanoia), <\/em>abandono de los \u00eddolos para\nvolverse <em>(epistrephein) <\/em>hacia el Dios vivo (Act 14,15; 26,18; 1Tes 1,9), seg\u00fan un\ntipo de conversi\u00f3n que contemplaba ya el segundo\nIsa\u00edas. Una vez dado este primer paso, los paganos como los jud\u00edos son inducidos a \u00abvolverse a Cristo, pastor y\nguardi\u00e1n de sus almas\u00bb (1Pe 2,25).<\/p>\n\n\n\n<p>PECADO Y PENITENCIA EN LA IGLESIA.\n1. El acto de conversi\u00f3n sellado con el bautismo\nse cumple de una vez para siempre;\nsu gracia no se puede renovar\n(Heb 6,6). Ahora bien, los bautizados\npueden todav\u00eda recaer en el pecado:\nla comunidad apost\u00f3lica no tard\u00f3 en experimentarlo. En este caso el\narrepentimiento es todav\u00eda necesario si, a pesar de todo, se quiere tener parte en\nla salvaci\u00f3n. Pedro invita a ello a Sim\u00f3n mago (Act 822), Santiago apremia\na los cristianos fervientes para que hagan volver a los pecadores\nde su extrav\u00edo (Sant 5,19s). Pablo se regocija\nde que se hayan arrepentido los corintios (2Cor 7,9s), al mismo tiempo que teme que no lo hayan hecho ciertos\npecadores (12,21). Urge a Timoteo para que corrija a lis recalcitrantes, esperando\nque Dios les otorgue la gracia del arrepentimiento (2Tim 2,25). En fin, en los mensajes\na las siete Iglesias\nque abren el Apocalipsis se leen claras invitaciones\nal arrepentimiento, que suponen destinatarios deca\u00eddos del primitivo\nfervor (Ap 2,5.16.21s; 3;3.19).\nSin hablar expl\u00edcitamente del sacramento de penitencia muestran estos textos que la virtud de penitencia debe tener un lugar en la vida cristiana\ncomo prolongaci\u00f3n de la conversi\u00f3n bautismal. 2. En efecto, s\u00f3lo la\npenitencia prepara al hombre para afrontar el juicio de Dios (cf. Act 17,30s). Ahora bien, la historia\nest\u00e1 en marcha hacia este juicio. Si su llegada parece tardar, es \u00fanicamente porque Dios \u00abusa de paciencia. queriendo\nque no perezca nadie y que todos, si es posible, lleguen al arrepentimiento\u00bb (2Pe 3,9). Pero as\u00ed como Israel\nse endureci\u00f3 en la impenitencia en tiempo de Cristo y frente a la\npredicaci\u00f3n apost\u00f3lica, as\u00ed tambi\u00e9n, seg\u00fan el Apocalipsis, los hombres se obstinar\u00e1n\nen no\ncomprender el significado de las calamidades que atraviesa su historia y que anuncian el d\u00eda de la ira: tambi\u00e9n ellos se endurecer\u00e1n en la impenitencia (Ap 9,20s), blasfemando el nombre de Dios en lugar de arrepentirse y de darle gloria (16,9.11). No se trata de los miembros\nde la Iglesia, sino \u00fanicamente\nde los paganos y de los renegados (cf. 21,8). Sombr\u00eda\nperspectiva, que el juicio de Dios vendr\u00e1 a cerrar. As\u00ed tambi\u00e9n urge que los cristianos, por la penitencia, \u00abse salven de esta generaci\u00f3n extraviada\u00bb (Act 2,40).<\/p>\n\n\n\n<p>Todos\nlos derechos: <em>Vocabulario de teolog\u00eda\nb\u00edblica<\/em>, X. L\u00e9on-Dufour<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dios llama a los hombres a entrar en comuni\u00f3n con \u00e9l. Ahora bien, se trata de hombres pecadores. 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