{"id":4600,"date":"2021-01-22T11:08:10","date_gmt":"2021-01-22T17:08:10","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4600"},"modified":"2022-01-22T11:08:56","modified_gmt":"2022-01-22T17:08:56","slug":"presencia-de-dios-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4600","title":{"rendered":"Presencia de Dios"},"content":{"rendered":"\n<p>El Dios de la Biblia no es s\u00f3lo el alt\u00edsimo: es tambi\u00e9n el muy pr\u00f3ximo (Sal\n119,151); no es un ser supremo cuya perfecci\u00f3n lo a\u00edsle del mundo, pero tampoco\nuna realidad que se haya de confundir\ncon el mundo. Es el Dios creador presente a su obra (Sab 11,25; Rom 1,20), el Dios salvador\npresente a su pueblo (\u00c9x 19,4ss),\nel Dios Padre presente a su Hijo (Jn 8,29) y a todos los vivificados por el Esp\u00edritu\nde su Hijo y que le aman filialmente (Rom 8,14.28). La presencia de Dios no es\nmaterial por el hecho de ser real; si bien se manifiesta\npor signos sensibles,\nes la presencia de un ser espiritual cuyo amor envuelve\na su criatura (Sab 11,24; Sal\n139) y la vivifica (Act 17,25-28) quiere comunicarse al hombre y hacer de \u00e9l\nun testigo luminoso de su presencia (Jn 17,21).<\/p>\n\n\n\n<p>AT. Dios, que ha creado al hombre,\nquiere estarle presente;\nsi por el pecado huye el hombre esta presencia, el llamamiento divino no deja de perseguirle a trav\u00e9s de la historia: \u00abAd\u00e1n, \u00bfd\u00f3nde est\u00e1s?\u00bb (G\u00e9n 3, 8s).<\/p>\n\n\n\n<p>LA PROMESA DE LA PRESENCIA\nDE DIOS. Dios se manifiesta\nprimero a algunos privilegiados, a los que ase-gura su presencia: a los padres con quienes hace alianza (G\u00e9n 17,7; 26, 24; 28,15) y a Mois\u00e9s que tiene la misi\u00f3n de liberar a\nsu pueblo (\u00c9x 3,12). A este pueblo revela su nombre y el sentido de este nombre;\nle garantiza tambi\u00e9n que el Dios de sus padres estar\u00e1 con \u00e9l como ha estado con\nellos. Dios, en efecto, se denomina Yahveh y se define as\u00ed: \u00abYo soy el que soy\u00bb,\nes decir, yo soy el eterno, el inmutable y ell fiel; o tambi\u00e9n:\n\u00abYo soy el que es\u00bb, que es, y est\u00e1, siempre,\nen todas partes, marchando con su pueblo (3,13ss;\n33,16). La promesa de esta presencia omnipotente (poder) hecha en el momento de la alianza (34,9s) se renueva a los enviados por los que conduce Dios a su pueblo: Josu\u00e9 y los jueces (Jos 1,5; Jue 6,16; 1Sa 3.19). los reyes y los profetas (2Sa 7,9; 2Re 18.7; Jer 1,8.19).\nIgualmente significativo es el nombre del ni\u00f1o cuyo\nnacimiento anuncia Isa\u00edas y del que depende la salvaci\u00f3n\ndel pueblo: Emmanuel, es decir, \u00abDios con nosotros\u00bb\n(]s 7,14; cf. Sal 46,8).<\/p>\n\n\n\n<p>Incluso cuando debe Dios castigar\na su pueblo con el exilio, tampoco le abandona; es este pueblo que sigue siendo su servidor\ny su testigo (Is 41,8ss; 43,10ss), no deja de ser el pastor (Ez 34.15s.31; Is 40,10s), el rey (Is 52,7), el esposo y el redentor (Is 54,5s; 60,16);\nanuncia por tanto que va a salvarlo\ngratuitamente por fidelidad a sus promesas (Is 52.3.6),\nque su gloria regresar\u00e1 a la ciudad santa cuyo nombre ser\u00e1 en adelante\n\u00abYahveh est\u00e1 aqu\u00ed\u00bb (Ez 48,35),\ny que as\u00ed manifestar\u00e1 su presencia a todas las naciones (Is 45,14s) y las reunir\u00e1 en\nJerusal\u00e9n a su luz (Is 60); finalmente, el \u00faltimo d\u00eda estar\u00e1 presente\ncomo juez y rey universal (Mal 3,1; Zac 14,5.9).<\/p>\n\n\n\n<p>LOS SIGNOS DE LA PRESENCIA\nDE DIOS. Dios se manifiesta\npor signos diversos. La teofan\u00eda del Sina\u00ed suscita el temor sagrado\npor la tormenta, el trueno,\nel fuego y el viento (\u00c9x 20,18ss) que se vuelve a hallar en otras intervenciones divinas (Sal\n29; 18,8-16; Is 66,15; Act 2, 1ss; 2Pe 3.10; Ap 11,19).\nPero Dios aparece tambi\u00e9n\nen un\nclima muy diferente,\nel de la paz del Ed\u00e9n, donde sopla una brisa ligera (G\u00e9n 3,8), cuando conversa\ncon sus amigos, Abraham (G\u00e9n 18,23-33), Mois\u00e9s (Ex\n33,11) y El\u00edas (1Re 19,11ss).<\/p>\n\n\n\n<p>Por lo dem\u00e1s, por muy luminosos que sean los signos de la presencia\ndivina, Dios se envuelve\nen misterio (Sal 104,2); gu\u00eda a su pueblo en una columna de nube y\nde fuego (Ex 13,21) y as\u00ed permanece\nen medio de \u00e9l. llenando\ncon su gloria la tienda donde se halla el arca de la alianza (\u00c9x 40,34) y m\u00e1s tarde el Santo de\nlos Santos (1Re 8,10ss).<\/p>\n\n\n\n<p>LAS CONDICIONES DE LA PRESENCIA\nDE DIOS. Para tener acceso a\nesta misteriosa y santa presencia\nhay que aprender de Dios las condiciones.<\/p>\n\n\n\n<p>1. <em>La b\u00fasqueda de Dios. <\/em>El hombre debe responder a los signos que Dios le hace; por\neso le tributa culto en lugares en que se conserva el recuerdo de alguna\nmanifestaci\u00f3n divina, como Bersab\u00e9 o Betel (G\u00e9n 26, 23ss; 28,16-19).\nPero Dios no est\u00e1 ligado a ning\u00fan lugar, a ninguna morada material. Su presencia,\nde la que es signo el arca de la alianza, acompa\u00f1a\nal pueblo al que gu\u00eda a trav\u00e9s del desierto y del que quiere hacer su morada viva y santa (\u00c9x 19.5; 2Sa\n7,5s.11-16). Dios quiere habitar con la descendencia de David, en su casa. Y\nsi acepta que Salom\u00f3n le construya un templo, lo hace afirmando\nque este templo es incapaz de contenerle (1Re 8,27; cf. Is 66,1); se le hallar\u00e1 all\u00ed en la medida en que se invoque su nombre en verdad (1Re 8,29s.41ss; Sal 145,18), es decir,\nen cuanto se bus-que su presencia mediante\nun culto verdadero, el de un coraz\u00f3n fiel.<\/p>\n\n\n\n<p>Para obtener tal culto, eliminando\nel de los lugares altos y su corrupci\u00f3n, la reforma\ndeuteron\u00f3mica prescribi\u00f3 que se subiera tres veces al a\u00f1o a Jerusal\u00e9n\ny que no se sacrificara en otra parte (Dt 12,5; 16, 16). Esto no significa que baste\nsubir al templo para hallar al Se\u00f1or; es preciso adem\u00e1s que el culto que en \u00e9l\nse celebra exprese el respeto\ndebido al Dios que nos ve y la fidelidad\ndebida al Dios que nos habla (Sal 15; 24). De lo contrario\nse est\u00e1 lejos de \u00e9l con el coraz\u00f3n\n(Jer 12, 2), y Dios abandona el templo cuya destrucci\u00f3n anuncia porque los hombres lo han convertido\nen una cueva de ladrones\n(Jer 7,1-5; Ez 10-11).<\/p>\n\n\n\n<p>Por el contrario, Dios est\u00e1 cerca de los que caminan con \u00e9l como los patriarcas\n(G\u00e9n 5,22; 6,9; 48,15) y est\u00e1n delante de \u00e9l como El\u00edas (1Re 17,1); que viven con\nconfianza bajo su mirada (Sal 16,8; 23,4; 119,168) y le invocan\nen sus angustias (Sal 34,18ss); que buscan el bien (Am 5.4.14) con un coraz\u00f3n humilde\ny contrito (Is 57,15) y socorren a los desgraciados (Is 58,9); tales son los fieles\nque vivir\u00e1n incorruptibles, cerca de Dios (Sab 3,9; 6,19).<\/p>\n\n\n\n<p><em>2. El don de Dios. <\/em>Ahora bien, tal fidelidad \u00bfest\u00e1 en poder del hombre?\nEn presencia del Dios santo el hombre adquiere\nconciencia de su pecado (Is 6,1-5),\nde una corrupci\u00f3n que s\u00f3lo Dios puede curar (Jer 17,1.14). \u00a1Venga, pues, Dios a cambiar el coraz\u00f3n del hombre, ponga en \u00e9l su ley y su Esp\u00edritu (Jer 31, 33; Ez 36,26ss)! Los profetas anuncian\nesta renovaci\u00f3n, fruto de una nueva alianza que har\u00e1 del pueblo santificado la habitaci\u00f3n de Dios (Ez 37,26ss). Tambi\u00e9n los sabios anuncian que Dios enviar\u00e1 a los hombres su sabidur\u00eda y su Esp\u00edritu Santo,\na fin de que conozcan\nsu voluntad y se hagan sus amigos recibiendo en ellos\nmismos esta sabidur\u00eda que se goza en habitar entre ellos (Prov 8,31; Sap 9,17ss; 7,27s).<\/p>\n\n\n\n<p>NT. I. EL DON DE LA PRESENCIA\nEN JES\u00daS. Por su venida a la Virgen Mar\u00eda realiza\nel Esp\u00edritu Santo el don prometido a Israel: el Se\u00f1or est\u00e1 con ella y Dios est\u00e1\ncon nosotros (Lc 1,28.35; Mt 1,21ss). En efecto, Jes\u00fas, hijo de David, es tambi\u00e9n\nel Se\u00f1or (Mt 22,43s p), el Hijo del Dios vivo (Mt 16,16), cuya presencia se revela a los peque\u00f1os (Mt 11,25ss); es el Verbo de Dios, venido en la carne a habitar entre\nnosotros (Jn 1,14) y hacer presente la gloria de su Padre, del que su cuerpo es\nel verdadero templo (Jn 2.21). Como su Padre, que est\u00e1 siempre con \u00e9l, se llama \u00abYo\nsoy\u00bb (Jn 8,28s; 16,32) y da cumplimiento a la promesa\nde presencia implicada por este nombre; en \u00e9l, en efecto, se halla la plenitud de la divinidad\n(Col 2,9). Una vez acabada su misi\u00f3n, asegura\na sus disc\u00edpulos que est\u00e1 para siempre con\nellos (Mt 28 20; cf. Lc 22,30; 23,42s).<\/p>\n\n\n\n<p>EL MISTERIO DE LA PRESENCIA\nEN EL ESP\u00cdRITU. Cuando Jes\u00fas priva de su presencia corporal\na sus disc\u00edpulos, todav\u00eda pueden hallarle entre ellos si su fe lo busca donde est\u00e1, seg\u00fan su promesa:\nest\u00e1 en todos los desgraciados, en los cuales quiere ser servido (Mt 25,40);\nest\u00e1 en los que llevan su palabra,\nen los cuales quiere ser escuchado\n(Lc 10,16); est\u00e1 en medio de los que se unen para orar\nen su\nnombre (Mt 18,20).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero Cristo no est\u00e1 s\u00f3lo entre los creyentes: est\u00e1 en ellos, como lo revel\u00f3 a Pablo\nal mismo tiempo que su gloria: \u00abYo soy Jes\u00fas al que t\u00fa persigues\u00bb (Act 9,5);\nen efecto, vive en los que lo han recibido por la fe (G\u00e1l 2,20; Ef 3,17) y a los que alimenta con su cuerpo (1Cor 10,16s).\nSu Esp\u00edritu los habita, los anima\n(Rom 8,9.14) y hace de ellos el templo de Dios (1Cor 3,16s; 6,19; Ef 2,21s) y\nlos miembros de Cristo (1Cor 12,12s.27).<\/p>\n\n\n\n<p>Por este mismo Esp\u00edritu vive Jes\u00fas en los que comen su carne y beben su sangre\n(Jn 6,56s.63); est\u00e1 en ellos, como su Padre est\u00e1 en \u00e9l (Jn 14,19s).\nEsta comuni\u00f3n supone que Jes\u00fas ha retornado al Padre y ha enviado su Esp\u00edritu (Jn\n16,28; 14,16ss); por esto es mejor que est\u00e9 ausente corporalmente (Jn 16,7);\nesta ausencia es la condici\u00f3n\nde una presencia interior realizada\npor el don del Esp\u00edritu. Gracias\na este don, los disc\u00edpulos\ntienen en s\u00ed mismos el amor que une\nal Padre y al Hijo (Jn 17,26): por eso mora Dios en ellos (1Jn 4,12).<\/p>\n\n\n\n<p>LA PLENITUD DE LA PRESENCIA\nEN LA GLORIA DEL PADRE. Esta presencia del Se\u00f1or que Pablo desea a todos (2Tes 3,16; 2Cor 13,11) no ser\u00e1 perfecta sino despu\u00e9s de la liberaci\u00f3n de nuestros cuerpos\nmortales (2Cor 5,8). Entonces, resucitados por el Esp\u00edritu que est\u00e1 en nosotros (Rom 8, 11), veremos\na Dios, que ser\u00e1 todo en todos (1Cor 13,12; 15,28). Entonces\nen el supuesto que Jes\u00fas nos ha preparado\ncerca de \u00e9l veremos su gloria (Jn 14,2s; 17,24),\nluz de la nueva Jerusal\u00e9n, morada de Dios con los hombres (Ap 21,2s.22s). Entonces ser\u00e1 perfecta la presencia\nen nosotros del Padre y del Hijo por el don del Esp\u00edritu\n(1Jn 1,3; 3,24).<\/p>\n\n\n\n<p>Tal es la presencia que ofrece el Se\u00f1or a todo creyente.\n\u00abEstoy a la puerta y llamo\u00bb (Ap 3,20). No es una presencia\naccesible a la carne (Mt 16,17), ni reservada a un pueblo (Col 3,1i), ni ligada a un lugar (Jn 4,21); es el don del\nEsp\u00edritu (Rom 5,5; Jn 6,63), ofrecido a todos en el cuerpo de Cristo, donde est\u00e1 en plenitud (Col 2,9), e interior al creyente que entra en esta plenitud (Ef 3,17ss). El Se\u00f1or hace este don a quien le responde con la esposa y por el\nEsp\u00edritu: \u00ab\u00a1Ven!\u00bb (Ap 22, 17).<\/p>\n\n\n\n<p>Todos\nlos derechos: <em>Vocabulario de teolog\u00eda\nb\u00edblica<\/em>, X. L\u00e9on-Dufour<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Dios de la Biblia no es s\u00f3lo el alt\u00edsimo: es tambi\u00e9n el muy pr\u00f3ximo (Sal 119,151); no es un ser supremo cuya perfecci\u00f3n lo a\u00edsle del mundo, pero tampoco una realidad que se haya de confundir con el mundo. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4600\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":""},"categories":[31],"tags":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p2dsrC-1cc","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4600"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=4600"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4600\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4601,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4600\/revisions\/4601"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=4600"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=4600"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=4600"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}