{"id":4604,"date":"2021-01-22T11:15:05","date_gmt":"2021-01-22T17:15:05","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4604"},"modified":"2022-01-22T11:16:07","modified_gmt":"2022-01-22T17:16:07","slug":"prueba-tentacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4604","title":{"rendered":"Prueba, tentaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<p>La palabra prueba evoca dos series de realidades. Una, orientada hacia la acci\u00f3n: un examen, un concurso:\notra, replegada en la aflicci\u00f3n; una enfermedad, un luto,\nun fracaso. Y si la palabra ha pasado del primer sentido al segundo,\nha sido sin duda porque, seg\u00fan una sabidur\u00eda\nya religiosa, el sufrimiento se experimenta como un \u00abtest\u00bb revelador\ndel hombre.<\/p>\n\n\n\n<p>El sentido activo es primero en la Biblia: <em>nsh, bhn, hqr. peiradsein, diakrinein, <\/em>para limitarnos a las ra\u00edces principales, significan \u00abponer a prueba\u00bb,\ntratar de conocer la realidad profunda\nm\u00e1s all\u00e1 de las apariencias inciertas. Como una aleaci\u00f3n, como un adolescente, el hombre debe \u00abdar prueba de s\u00ed\u00bb. De suyo, no\nhay aqu\u00ed nada de aflictivo.<\/p>\n\n\n\n<p>Tentar es tambi\u00e9n \u00abensayar\u00bb, experimentar. Pero si la tentativa se convierte\nen tentaci\u00f3n y el experimento o la prueba pasa al estado cr\u00edtico,\nentonces el hombre debe revelar en ella su verdadera orientaci\u00f3n profunda. As\u00ed, Dios tienta\nal hombre.<\/p>\n\n\n\n<p>Si la Biblia distingue la prueba particular\nque es la tentaci\u00f3n, es porque parece torcerse oscuramente hacia el mal. Aqu\u00ed interviene un tercer personaje, el tentador. Ya no es Dios quien tienta. As\u00ed en G\u00e9n 2,17 se trata de una prueba, en G\u00e9n 3, de\nuna tentaci\u00f3n (cf. Sant 1,1-12 y 1,13ss).<\/p>\n\n\n\n<p>La experiencia de la prueba-tentaci\u00f3n no es sencillamente de orden moral; se\nencuadra en un drama religioso\ne hist\u00f3rico; hace entrar en juego nuestra libertad en el tiempo frente a Dios y a Sat\u00e1n. En las diversas etapas del designio de Dios es interrogado el hombre: su vida teologal se pone a prueba en todos sus\naspectos, pudiendo a veces cargarse\nel acento sobre uno o sobre otro de ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>AT. I. LA PRUEBA DEL PUEBLO DE DIOS. En la conciencia de Israel, el drama\ncomenz\u00f3 con su elecci\u00f3n, en la promesa\nde llegar a ser por alianza el pueblo de Dios. Pero la esperanza as\u00ed suscitada va a tener que purificarse.<\/p>\n\n\n\n<p>En un primer estadio se llama al hombre a tomar partido frente a la promesa.\n<em>Es la prueba de su fe. <\/em>Es la de Abraham, de Jos\u00e9, de Mois\u00e9s, de Josu\u00e9 (Heb 11,1-40:\nEclo\n44,20; 1Mac 2,52). El hecho t\u00edpico es sin duda el sacrificio de Isaac (G\u00e9n 22):\npara que Dios lleve a t\u00e9rmino la promesa, la fe del hombre debe aceptar libremente que se traduzca en la obediencia que ajusta dos voluntades.<\/p>\n\n\n\n<p>La tentaci\u00f3n vivida en los cuarenta a\u00f1os del desierto\n(Dt 8,2) consiste\nen no creer en el Dios pascual y preferir a \u00e9l las cebollas de Egipto. Lleva consigo un juicio; y la pascua s\u00f3lo se consuma para la generaci\u00f3n fiel: s\u00f3lo ella obtiene la tierra\nprometida.<\/p>\n\n\n\n<p>La experiencia del desierto ayuda a dar su valor teol\u00f3gico a la expresi\u00f3n\n\u00abtentar a Dios\u00bb. O bien el hombre quiere salir de la prueba intimando a Dios a ponerle fin (cf.\nla ant\u00edtesis \u00c9x 15,25 y 17,1-7); o bien se pone en una situaci\u00f3n\nsin salida \u00abpara ver si\u00bb Dios es capaz de sacarlo\nde ella; o tambi\u00e9n se obstina, a pesar de los signos evidentes,\nen pedir otras \u00abpruebas\u00bb de la voluntad\ndivina (Sal 95,9; Mt\n4,7; Act 15,10; 1Cor 10,9).<\/p>\n\n\n\n<p>Dios concluye una alianza con el aglomerado del que ha sacado un pueblo. En esta segunda etapa, la prueba versa sobre la fidelidad\na la alianza. Se la puede\nllamar <em>la prueba del amor. <\/em>El pueblo ha escogido, s\u00ed, servir a su Dios (Jos\n24,18); pero su coraz\u00f3n es falso; la prueba obliga al amor a declararse y a probarse: purifica\nel coraz\u00f3n. Es una obra de grandes\nalientos, en la que Dios pone\nla mano (imagen del fuego y del fundidor: Is 1,25s). Lentamente se elaboran los c\u00f3digos (alianza, santidad,\nsacerdotal), en los que se oye el llamamiento a la santidad que Dios dirige a su pueblo (Lev, passim). Un nuevo juicio corresponde\na esta nueva prueba; el exilio, el retorno al desierto sanciona\nla idolatr\u00eda, que es\nun adulterio (Os 2).<\/p>\n\n\n\n<p>2. S\u00f3lo un peque\u00f1o resto saldr\u00e1 probado de la cautividad: el comportamiento\ndivino es el mismo en la prueba de Israel frente a Yahveh (1Re 19,18) y frente a Jes\u00fas\n(Rom 11,1-5); en todos estos casos, si la prueba da por resultado un resto,\nes por pura gracia. La cautividad y el largo per\u00edodo que la sigue muestran, en efecto,\nhasta qu\u00e9 punto la promesa\nes humanamente irrealizable. Dilaciones interminables, contradicciones, persecuciones, las debilidades mismas del\npueblo, vuelven a plantear no tanto la cuesti\u00f3n de la fe en la palabra de Yahveh\no de\nla fidelidad a su alianza,\ncuanto la del cumplimiento mismo de la promesa.\nAs\u00ed, desde el exilio hasta el Mes\u00edas,\nla prueba del peque\u00f1o resto es principalmente <em>una prueba de la esperanza. <\/em>El reino parece retroceder indefinidamente en el tiempo. La tentaci\u00f3n es la del momento presente,\nde \u00abeste siglo\u00bb, la tentaci\u00f3n del mundo. El pueblo de Dios, en trance de secularizarse, adquiere m\u00e1s conciencia de la acci\u00f3n de Sat\u00e1n, \u00abpr\u00edncipe\nde este mundo\u00bb (Job 1-2). Esta prueba de\nla esperanza es la m\u00e1s \u00edntima. la m\u00e1s purificadora. Cuanto m\u00e1s pr\u00f3ximo est\u00e1\nDios, tanto m\u00e1s prueba (Jdt 8,25ss). La prueba acabar\u00e1 en un \u00faltimo juicio: el\nadvenimiento del reino, la entrada\ndel siglo venidero\nen este mundo mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>II. LA PRUEBA DE LA CONDICI\u00d3N HUMANA. El AT tiene todav\u00eda que transmitirnos un doble mensaje. 1. <em>En el plano de la persona. <\/em>La reflexi\u00f3n de los\nsabios, transponiendo al plano personal\nlas pruebas del pueblo, insiste en otro aspecto de la prueba: el sufrimiento, en particular el del justo. Aqu\u00ed alcanza la prueba\nel m\u00e1ximum de agudeza, y la presencia\nde Dios el m\u00e1ximum de proximidad, pues el hombre se ve abocado, no ya a lo imposible, sino a lo absurdo.\nA este grado de agudeza la tentaci\u00f3n\nno consiste ya en dudar del poder de Dios, en\nserle infiel o en preferir\nel mundo a Dios, sino que es la tentaci\u00f3n\ndel insulto, de esa blasfemia que es la forma como Sat\u00e1n da testimonio a Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>El libro de Job abre el debate y lo entierra en el misterio\nde la sabidur\u00eda de Dios, no\ndesentendi\u00e9ndose del tema, sino en un reconocimiento confuso de que la\nprueba hace que el hombre se ajuste progresivamente al misterio de Dios (cf. G\u00e9n\n22). L\u00edneas m\u00e1s definidas de respuesta se presentan en el poema del siervo (Is\n52,13-33,12), y sobre todo en los libros salidos de la gran tribulaci\u00f3n (Dan 9,24-\n27; 12,1-4; Sab passim). La prueba aparece en ellos insoluble en el plano individual; su fuente est\u00e1 fuera del hombre (Sab 1,13; 2,24), es un hecho de \u00edndole\nconcerniente al g\u00e9nero humano. Pero s\u00f3lo una persona podr\u00e1 hacerla desembocar en la vida, alguien sobre quien no tendr\u00e1 ventaja Sat\u00e1n y que ser\u00e1\nsolidario de la \u00abmultitud\u00bb, aun poni\u00e9ndose en su lugar. El juicio estar\u00e1 en la venida del siervo.<\/p>\n\n\n\n<p><em>2. En el plano, de\nla naturaleza humana.\n<\/em>Estas conclusiones, en que se percibe\nla impronta de la reflexi\u00f3n\nsacerdotal, convergen con las que en los relatos\ndel G\u00e9nesis, que describen los or\u00edgenes, nos hacen llegar al fondo de la condici\u00f3n humana. La elecci\u00f3n\nes finalmente la revelaci\u00f3n m\u00e1s expresiva del amor\ngratuito de Dios, su libertad.\nCon ello reclama en el hombre el m\u00e1ximum\nde libertad en su respuesta.<\/p>\n\n\n\n<p>La prueba es precisamente el campo dejado a esta respuesta. G\u00e9n 2 manifiesta por medio de im\u00e1genes\nesta solicitud gratuita por el soberano de la creaci\u00f3n,\nque es el hombre.\nTal amor de elecci\u00f3n no se impone, se escoge: de ah\u00ed la prueba,\na trav\u00e9s del \u00e1rbol del conocimiento (G\u00e9n 2,17). La condici\u00f3n\nhumana fundamental se revela as\u00ed: el hombre s\u00f3lo es tal por su posibilidad constante\nde elegir por vocaci\u00f3n a Dios, a cuya \u00abimagen\u00bb\nes.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, Ad\u00e1n se escogi\u00f3 a s\u00ed mismo como Dios (G\u00e9n 3,5). Es que entre la prueba y\nla elecci\u00f3n intervino\nla crisis, !a tentaci\u00f3n, cuyo autor personal\naparece finalmente: Sat\u00e1n (G\u00e9n 3; cf. Job 1-2). Como se ve, la tentaci\u00f3n es m\u00e1s que la prueba, incluso\nen su paroxismo. Han hecho entrada elementos\nnuevos: el maligno, que es tambi\u00e9n el mentiroso, aparece como seductor.\nEl hombre s\u00f3lo escoge su soledad porque en ella cree hallar la vida; si s\u00f3lo halla en ella la desnudez y la muerte,\nes que lo han enga\u00f1ado.\nSu prueba implica, pues, fundamentalmente un combate contra la mentira, una lucha para escoger seg\u00fan la verdad,\nen que se vive solamente\nla experiencia de la libertad (Jn 8,32-44). He aqu\u00ed la \u00faltima respuesta a la reflexi\u00f3n\nde los sabios.<\/p>\n\n\n\n<p>La humanidad est\u00e1 empe\u00f1ada en una prueba que la rebasa y que no superar\u00e1 sino por\nefecto de una promesa, efecto que es gracia (G\u00e9n 3,15), por la venida de\nla descendencia, que pondr\u00e1 fin a la prueba.<\/p>\n\n\n\n<p>NT. 1. LA PRUEBA DE CRISTO. Cristo se ve puesto por Sat\u00e1n en las situaciones en que Ad\u00e1n y el pueblo hab\u00edan sucumbido\ny en que los pobres parec\u00edan abrumados. En \u00e9l, prueba y tentaci\u00f3n coinciden\ny son superadas, pues al pasar por ellas hace Jes\u00fas\nque se logre el amor de elecci\u00f3n\nque las hab\u00eda suscitado.<\/p>\n\n\n\n<p>Cristo es \u00abla\u00bb descendencia seg\u00fan la promesa,\nel primog\u00e9nito del nuevo pueblo. En\nel desierto (Lc 4,1s) triunfa Jes\u00fas del tentador en su propio terreno (Lc 11,24). Es a la\nvez el hombre que se nutre por fin, y sustancialmente, de la palabra\nde Dios, y \u00abYahveh\nsalvador\u00bb, al que su pueblo sigue tentando\n(Mt 16,1; 19,3; 22,18).<\/p>\n\n\n\n<p>Jes\u00fas es el rey fiel, buen pastor, que ama a los suyos hasta el fin. La cruz es la gran prueba (Jn 12, 27s) en que Dios \u00abda prueba\u00bb de su amor (3,14ss).\nJes\u00fas es el peque\u00f1o resto, en el que el Padre concentra\nsu amor de elecci\u00f3n: en esta seguridad filial es a la vez odiado por el mundo y vencedor\ndel mundo (Jn 15,18;\n16,33).<\/p>\n\n\n\n<p>Jes\u00fas es servidor,\ncordero de Dios. Llevando en la cruz el pecado de los hombres, transforma la tentaci\u00f3n\nde blasfemia en queja filial y la muerte absurda en resurrecci\u00f3n (Mt 27, 46; Lc 23,46; Flp 2,8s).<\/p>\n\n\n\n<p>Como nuevo Ad\u00e1n e imagen del Padre que es, su tentaci\u00f3n\nes la tentaci\u00f3n del jefe:\nse intercala entre la teofan\u00eda\nde su misi\u00f3n y el ejercicio de esta misi\u00f3n (Mc 1,11-14). A todo lo largo de \u00e9sta la encontrar\u00e1, como antagonista de la voluntad\ndel Padre: sus padres (Mc 3,33ss),\nPedro (Mc 8,33), los signos espectaculares (Mc 8,12),\nel mesianismo temporal (Jn 6,15). Finalmente, la \u00faltima etapa de su misi\u00f3n\ndeber\u00e1 abrirse con la \u00faltima tentaci\u00f3n, la de la agon\u00eda(Le 22,40.46). As\u00ed Cristo, vencedor del tentador desde el principio\nhasta el fin de su misi\u00f3n (Lc 4,13),\nempe\u00f1a por fin la nueva humanidad en su verdadera\ncondici\u00f3n: la vocaci\u00f3n filial (Hab 2,10-18).<\/p>\n\n\n\n<p>LA PRUEBA DE LA IGLESIA.\nDe la prueba de Cristo sale la Iglesia, como la\nmultitud justificada por el siervo (Is 53,11). Y su misi\u00f3n sigue el mismo rumbo que el de Cristo (2Tim 2,9ss; Lc 22.28ss);\nel bautismo, en el que la pascua de Cristo viene a ser la de la Iglesia, es una prueba (Mc 10,38s) y anuncia\npruebas tras \u00e9l (Heb 10,32-39).<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed el vocabulario de la prueba se mezcla con el del sufrimiento (thlipsis- tribulaci\u00f3n, diogmos-persecuci\u00f3n) y de la paciencia (sobre todo\n<em>hypomone-constancia). <\/em>En el NT su resonancia\nes primero escatol\u00f3gica antes de ser psicol\u00f3gica. La proximidad del retorno del Se\u00f1or lleva a su paroxismo la oposici\u00f3n de la luz y de las tinieblas.\nLa Iglesia es el lugar de la prueba, el lugar en que la persecuci\u00f3n debe consolidar la fidelidad (Lc 8,13ss; 21,12-19;\nMt 24,7,13) y en que el hombre sale \u00abprobado\u00bb\nde la tribulaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta prueba de la Iglesia es apocal\u00edptica; revela realidades ocultas\nal hombre carnal, y\nel grado de responsabilidad encomendada a cada uno en la gran misi\u00f3n que\nviene del Padre: Cristo (Heb 2,14-28), Pedro (Lc 22,31s),\nlos disc\u00edpulos (Le 21,\n12s), toda iglesia fiel (Ap 2,10). En este sentido prueba y misi\u00f3n culminan\nen el martirio. Pero el gran combate escatol\u00f3gico, que es la prueba propia de la Iglesia, revela tambi\u00e9n al verdadero autor de la tentaci\u00f3n: Dios prueba a los\nsuyos, s\u00f3lo Sat\u00e1n los tienta (Lc 22,31; Ap 2,10; 12,9s); la Iglesia\nprobada desenmascara al seductor, al acusador, al mismo tiempo que da testimonio por su Par\u00e1clito,\nel Esp\u00edritu victorioso\nque la conduce al t\u00e9rmino\nde la pascua (Ap 2-3; Lc 12,11s; In 16, 1-15). Por esta raz\u00f3n aparece en los apocalipsis\na la\nvez perseguida y salvada (Dan 12,1; Ap 3,10; 2Pe 2,9). La prueba es, pues,\nla condici\u00f3n de la Iglesia, todav\u00eda por probar y\nya pura, todav\u00eda por reformar y\nya gloriosa. Las tentaciones propiamente eclesiales vienen las m\u00e1s de las veces del\ndescuido de uno de estos dos componentes.<\/p>\n\n\n\n<p>LA PRUEBA DEL. CRISTIANO. El anuncio del Evangelio est\u00e1 inscrito dentro de\nla tribulaci\u00f3n escatol\u00f3gica (Mt 24,14).\nLa prueba es, pues, particularmente necesaria a los que reciben el ministerio de la palabra (1Tes 2,4; 2Tim 2,15); de lo contrario, son traficantes (2Cor 2,17). La prueba es el signo de la misi\u00f3n (1Tim 3,10; Flp\n2,22). De ah\u00ed el discernimiento de los falsos enviados (Ap2,2; Jn 4,1).<\/p>\n\n\n\n<p>En el plano psicol\u00f3gico sondea Dios los corazones y los pone a prueba (1Tes\n2,4). \u00danicamente permite la tentaci\u00f3n\n(1Cor 10,13). \u00c9sta viene del tentador (Act 5,3;\n1Cor 7,5; 1Tes 3,5) a trav\u00e9s del mundo (1Jn 5,19) y sobre todo del dinero (1Tim 6,9). Por esto hay que pedir que no \u00abentremos\u00bb\nen la tentaci\u00f3n (Mt 6,13; 26,\n41), pues conduce a la muerte (Sant 1,14s). Esta actitud de oraci\u00f3n filial es\nel extremo opuesto de la que tienta a Dios (Lc 11,1-11).<\/p>\n\n\n\n<p>La prueba, s\u00ed, y la tentaci\u00f3n en que no se entra es una prueba, est\u00e1 ordenada a la vida. Es un dato de la vida en Jesucristo: \u00abs\u00ed, todos los que quieren vivir con piedad\nen Jesucristo, ser\u00e1n perseguidos\u00bb (2Tim 3, 12). La prueba es una condici\u00f3n indispensable de crecimiento (cf. Lc 8,13ss),\nde robustez (1Pe 1,6s\ncon miras al juicio), de verdad manifestada (1Cor 11,19: raz\u00f3n de ser de las divisiones cristianas), de humildad\n(1Cor 10,12), en una palabra, es el camino mismo de la pascua interior, el del amor que espera (Rom 5,3ss).<\/p>\n\n\n\n<p>Siendo ello as\u00ed, es una misma cosa ser un cristiano \u00abprobado\u00bb\ny experimentar el Esp\u00edritu.\nLa prueba dispone para un don mayor del Esp\u00edritu,\npues este opera ya\nen ella su trabajo de liberaci\u00f3n. El cristiano probado,\nas\u00ed liberado sabe discernir, verificar, \u00abprobar\u00bb todas las cosas (Rom 12,2; Ef 5,10). Este nuevo sentido de discreci\u00f3n es el Esp\u00edritu\n(1Jn 2,20.27). Aqu\u00ed tenemos la fuente teologal del examen de conciencia, que ya no es aritm\u00e9tica\nespiritual, sino discernimiento din\u00e1mico,\nen el que cada uno se prueba a la luz del Esp\u00edritu (2Cor 13,5; G\u00e1l 6,1).<\/p>\n\n\n\n<p>La Biblia invita a dar un sentido teologal a la prueba.\nLa prueba es paso \u00abhacia Dios\u00bb\na trav\u00e9s de su designio.\nLos diversos aspectos\nde la prueba (fe, fidelidad, esperanza, libertad)\nconfluyen en la gran prueba de Cristo, continuada en la Iglesia y\nen cada cristiano y que termina en un parto c\u00f3smico (Rom 8,18-25). La aflicci\u00f3n.\nde la prueba adquiere su verdadero sentido en la lucha escatol\u00f3gica.<\/p>\n\n\n\n<p>En el designio\nde Dios, que intenta divinizar\nal hombre en Cristo, la prueba\u201e y\nsu explotaci\u00f3n sat\u00e1nica, la tentaci\u00f3n, son ineluctables: hacen pasar de la\nlibertad ofrecida a la libertad\nvivida, de la elecci\u00f3n a la alianza.\nLa prueba ajusta al\nhombre con el misterio de Dios, y al hombre herido le es tanto m\u00e1s dolorosa la proximidad de Dios cuanto m\u00e1s \u00edntima es. El Esp\u00edritu\nhace discernir en el misterio de la cruz el paso de la primera\na la segunda creaci\u00f3n, el paso del ego\u00edsmo al amor.\nLa prueba tiene car\u00e1cter pascual.<\/p>\n\n\n\n<p>Todos\nlos derechos: <em>Vocabulario de teolog\u00eda\nb\u00edblica<\/em>, X. L\u00e9on-Dufour<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La palabra prueba evoca dos series de realidades. 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