{"id":4609,"date":"2021-01-23T11:09:19","date_gmt":"2021-01-23T17:09:19","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4609"},"modified":"2022-01-23T11:11:01","modified_gmt":"2022-01-23T17:11:01","slug":"deseo-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4609","title":{"rendered":"DESEO"},"content":{"rendered":"\n<p>(<em>amor, pecado<\/em>). La Biblia presenta al\nhombre como animal de deseo, seg\u00fan indica Gn 2,23 desde una perspectiva\nmasculina (Ad\u00e1n desea a Eva), Gn 3,16 (la mujer desea al var\u00f3n) y, sobre todo,\nGn 3,1-6 (Eva [y Ad\u00e1n] desean y comen el fruto del \u00e1rbol del conocimiento del bien\ny del mal). Ciertamente, hay deseos negativos, como ha puesto de relieve Gn 6,5\ncuando afirma que los deseos del hombre est\u00e1n dirigidos al mal desde su\njuventud; pero hay tambi\u00e9n deseos positivos y gozosos, como pone de relieve el\nCantar* de los Cantares. En una l\u00ednea algo distinta, el deseo de los hombres,\ndominados por \u00e1ngeles perversos, toma en <em>1\nHen <\/em>la forma de apetito sexual desordenado (violaci\u00f3n) y de violencia\npatriarcalista. Por su parte, Sab destaca el riesgo del deseo ilimitado,\nentendido como b\u00fasqueda de gozo sin fin y como envidia.<\/p>\n\n\n\n<p>1.<em>Los cuatro deseos. <\/em>Desde ah\u00ed debe entenderse el texto clave (Rom 13,9) donde Pablo condensa los mandamientos principales del dec\u00e1logo* \u00e9tico en uno que dice \u00abno desear\u00e1s\u00bb, hablando despu\u00e9s del amor como superaci\u00f3n y conversi\u00f3n de los deseos: \u00abPorque no adulterar\u00e1s, no matar\u00e1s, no hurtar\u00e1s, no dir\u00e1s falso testimonio, no desear\u00e1s, y cualquier otro mandamiento se resume en esta palabra: Amar\u00e1s a tu pr\u00f3jimo como a ti mismo\u00bb. Ese pasaje supone que hay cuatro deseos b\u00e1sicos. (a) Deseo de adulterio afectivo y posesivo: quiero poseer precisamente lo que el otro tiene de m\u00e1s grande, su mujer (o su marido), para as\u00ed imponerme y dominarle. (b) Deseo de homicidio, que me sit\u00faa ante el otro en cuanto contrincante, alguien que no s\u00f3lo puede disputar mis bienes, sino disputarme y negarme a m\u00ed mismo: por eso le envidio (le temo y deseo) y le mato, con el intento de hacerme due\u00f1o de su vida. (c) Deseo de robar y apoderarme de todos los bienes de los otros, convirtiendo as\u00ed la vida en dominio ilimitado. (d) Deseo de enga\u00f1o. Adulterio, homicidio y robo s\u00f3lo se pueden mantener y triunfar con mentira, destruyendo la verdad en los tribunales y convirtiendo este mundo en un enga\u00f1o. Por eso, el mandamiento proh\u00edbe el falso testimonio, es decir, el enga\u00f1o jur\u00eddico. Frente a esos cuatro deseos eleva Pablo, conforme a la ley israelita (dec\u00e1logo*), las cuatro prohibiciones centrales que intentan superar por la fuerza (seg\u00fan ley) los mayores conflictos de la vida. Esos mandatos se pueden regular por una ley de Estado: las autoridades sostienen con su fuerza el derecho familiar (castigan el adulterio), defienden la vida y la propiedad, utilizando para ello los poderes del Estado, que est\u00e1 legalmente investido de la espada (como supone Rom 13,1-7).<\/p>\n\n\n\n<p><em>2. Un \u00fanico deseo negativo. <\/em>Pablo ha condensado las cuatro prohibiciones anteriores en un nuevo y \u00faltimo mandato, de tipo interior, cuyo cumplimiento no se puede regular ya por espada, pero que resulta necesario para que los hombres puedan vivir con un orden sobre el mundo: no desear\u00e1s. El texto primitivo del dec\u00e1logo (Ex 20,17; Dt 5,21) citaba unos deseos concretos (de casa, mujer, siervo, criado, toro, asno&#8230;). Pablo los ha condensado en su base com\u00fan, diciendo \u00abno desear\u00e1s\u00bb y vinculando en uno los cuatro mandatos anteriores (no adulterar, no matar, no robar, no mentir), que marcan la direcci\u00f3n de los males. Como buen rabino, Pablo ha resumido toda la ley en un mandato negativo: \u00abno desear\u00e1s\u00bb. Pero \u00e9l sabe que la barrera de esa ley resulta insuficiente. Por eso invierte el tema y lo plantea de forma positiva, presentando un deseo m\u00e1s alto, no en forma de prohibici\u00f3n o negaci\u00f3n, sino como despliegue vital: <em>Amar\u00e1s a tu pr\u00f3jimo. <\/em>M\u00e1s all\u00e1 de la ley, que se expresa en las cuatro prohibiciones anteriores y puede culminar de forma negativa (no desear\u00e1s), viene a desvelarse un \u00abmandamiento de gracia\u00bb, que no es ya mandamiento, sino revelaci\u00f3n de amor y que traduce de forma antropol\u00f3gica universal la exigencia teol\u00f3gica del <em>shem\u00e1 <\/em>israelita: \u00abEscucha, Israel, Yahv\u00e9 nuestro Dios es un Dios \u00fanico; amar\u00e1s a Yahv\u00e9, tu Dios, con todo tu coraz\u00f3n&#8230;\u00bb (Dt 6,4-5; cf. Mc 12,29 par). All\u00ed donde la ley pretend\u00eda cerrar con su mandato el camino del deseo, esta revelaci\u00f3n positiva extiende ante los hombres el m\u00e1s alto impulso y camino de un deseo de amor purificado, que les permite realizarse plenamente, siendo lo que son, lo que ha de ser en Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>3.<em>El amor, deseo positivo. <\/em>En este contexto ha proclamado Pablo la palabra decisiva de la antropolog\u00eda b\u00edblica \u00abAmar\u00e1s al pr\u00f3jimo como a ti mismo\u00bb (cf. Mc 12,31). En la tradici\u00f3n sin\u00f3ptica, ese amor al pr\u00f3jimo estaba vinculado al amor a Dios, en una l\u00ednea que hab\u00edan destacado ya algunos escribas y sabios jud\u00edos de aquel tiempo. Pues bien, Pablo no habla ya de dos amores, sino de un solo amor, que no se dirige directamente a Dios, sino al pr\u00f3jimo. Evidentemente, Dios tiene que estar y est\u00e1 en el fondo de ese amor, pero ya no aparece de manera expresa, como figura diferente, sino que se encuentra inmerso en el despliegue amoroso de la creaci\u00f3n, como si el camino de Dios se condensara en el amor entre los hombres, superando la ley del deseo. As\u00ed se enfrentan y vinculan mutuamente el deseo y la ley. (a) La ley del deseo supone que somos unos vivientes que, al romper el equilibrio con nuestro entorno, tendemos a buscar y poseer lo que otros tienen, para hacerlo as\u00ed nuestro. Los mandamientos recuerdan el riesgo y poder de ese deseo, elevando una barrera, para que no nos domine. A ese nivel, todos los mandatos se acaban resumiendo en uno: No desear\u00e1s. Parece que la misma religi\u00f3n se vuelve represi\u00f3n: por un lado nos muestra el poder de los deseos y por otro nos impide realizarlos. (b) Invitaci\u00f3n al amor. Pero en el hombre hay algo mayor que la prohibici\u00f3n del deseo, hay una fuente de amor activo y creador, como sab\u00eda ya el Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a, de manera que en esa l\u00ednea Pablo vuelve en lo esencial al mensaje de Jes\u00fas, situando por encima de la ley una palabra de gracia: Amar\u00e1s a tu pr\u00f3jimo como a ti mismo. En este nivel se sit\u00faa la antropolog\u00eda cristiana, de manera que amar a los hombres significa amar al mismo Dios o, mejor dicho, amar desde Dios y como Dios, en gratuidad supralegal, por encima del deseo que nos encierra dentro de nosotros mismos, en b\u00fasqueda insaciable y pecadora, que debe ser regulada por ley.<\/p>\n\n\n\n<p>Cf. X. PIKAZA, <em>Antropolog\u00eda b\u00edblica, <\/em>S\u00edgueme, Salamanca 2006.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"text-align:center\">Todos los\nderechos: <em>Diccionario de la Biblia,\nhistoria y palabra<\/em>, X. Pikaza<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(amor, pecado). La Biblia presenta al hombre como animal de deseo, seg\u00fan indica Gn 2,23 desde una perspectiva masculina (Ad\u00e1n desea a Eva), Gn 3,16 (la mujer desea al var\u00f3n) y, sobre todo, Gn 3,1-6 (Eva [y Ad\u00e1n] desean y &hellip; <a href=\"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4609\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":""},"categories":[15],"tags":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p2dsrC-1cl","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4609"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=4609"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4609\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4611,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4609\/revisions\/4611"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=4609"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=4609"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=4609"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}