{"id":4655,"date":"2021-01-25T11:52:34","date_gmt":"2021-01-25T17:52:34","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4655"},"modified":"2022-01-25T11:54:23","modified_gmt":"2022-01-25T17:54:23","slug":"sufrimiento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4655","title":{"rendered":"Sufrimiento"},"content":{"rendered":"\n<p>\u00abMe complazco&#8230; en las aflicciones, en las angustias\u00bb\n(2Cor 12,10) osa escribir Pablo a\nlos convertidos de Corinto. El cristiano no es un estoico que cante \u00abla majestad\nde los sufrimientos humanos\u00bb, sino disc\u00edpulo del \u00abjefe de nuestra fe\u00bb que \u00aben lugar\ndel gozo que se le propon\u00eda soport\u00f3\nla cruz\u00bb (Heb 12,2). El cristiano mira todo\nsufrimiento a trav\u00e9s de Jesucristo; en Mois\u00e9s \u00abque estim\u00f3 el oprobio de Cristo\ncomo una riqueza superior a los tesoros de Egipto\u00bb (Heb 11,26) reconoce\nla pasi\u00f3n del Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfPero qu\u00e9 significados tiene el sufrimiento en Cristo? \u00bfC\u00f3mo el sufrimiento, tan frecuentemente maldici\u00f3n en el AT, se convierte\nen bienaventuranza en el\nNT? \u00bfC\u00f3mo puede Pablo \u00absobreabundar de gozo en todas las tribulaciones\u00bb (2Cor 7,\n4; cf. 8,2)? \u00bfSer\u00e1 la fe insensibilidad o exaltaci\u00f3n enfermiza?<\/p>\n\n\n\n<p>AT. I. LO SERIO DEL SUFRIMIENTO. La Biblia toma en serio el sufrimiento; no lo minimiza, lo compadece profundamente y ve en \u00e9l un mal que no debiera haber.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Los gritos del sufrimiento. <\/em>Lutos, derrotas y calamidades hacen que se eleve en la Escritura un inmenso concierto\nde gritos y de quejas.\nEs tan frecuente el gemido en\nella que dio origen a un g\u00e9nero literario propio, la lamentaci\u00f3n. Las m\u00e1s de las veces estos gritos se elevan a Dios. Cierto, el pueblo grita ante el fara\u00f3n para obtener pan (G\u00e9n 41,55), y los profetas\ngritan contra los tiranos. Pero los\nesclavos de Egipto gritan a Dios (\u00c9x 1,23s), los hijos de Israel gritan a\nYahveh (14,10; Jue 3,9) y los salmos est\u00e1n llenos de estos gritos de aflicci\u00f3n.\nEsta letan\u00eda del sufrimiento se prolonga hasta el \u00abgran clamor y hasta las l\u00e1grimas\u00bb\nde Cristo ante la muerte (Heb 5,7).<\/p>\n\n\n\n<p><em>El juicio pronunciado sobre el sufrimiento <\/em>responde a esta rebeli\u00f3n\nde la sensibilidad: el sufrimiento es un mal que no debiera ser. Desde luego, se sabe que es universal:\n\u00abEl hombre nacido de la mujer tiene una vida breve repleta de\nmiserias\u00bb (Job 14,1; cf. Eclo 40,1-9), pero uno no se re-signa\na ello. Se sostiene que sabidur\u00eda\ny salud van de la mano (Prov 3,8; 4,22; 14,30), que la\nsalud es un beneficio de Dios (Eclo 34,20) por raz\u00f3n del cual se le alaba (Eclo 17, 27)\ny se\nle pide (Job 5,8; 8,5ss; Sal 107,19).\nDiversos salmos son oraciones de enfermos que piden la curaci\u00f3n (Sal 6; 38; 41; 88). La\nBiblia no es dolorista; hace el\nelogio del m\u00e9dico (Eclo 38); aguarda la era mesi\u00e1nica\ncomo un tiempo de curaci\u00f3n (Is 33,24) y de resurrecci\u00f3n (26,19; 29,18; 61,2). La curaci\u00f3n\nes una de las obras de Yahveh (19,22;\n57,18) y del Mes\u00edas (53,4s).\nLa serpiente de bronce\n(N\u00fam 21,6-9) \u00bfno viene a ser una figura del Mes\u00edas (Jn 3,14)?<\/p>\n\n\n\n<p>EL ESC\u00c1NDALO DEL SUFRIMIENTO. La Biblia, profundamente sensible al sufrimiento, no puede, como tantas religiones\nen torno a ella, recurrir para explicarlo a querellas\nentre los diferentes\ndioses o a soluciones dualistas. Cierto que para los exilados de Babilonia, abrumados\npor sus calamidades \u00abinmensas como el mar\u00bb (Lam 2,13), era muy grande la tentaci\u00f3n\nde creer que Yahveh hab\u00eda sido vencido por uno m\u00e1s fuerte; sin embargo, los profetas,\npara defender al verdadero Dios, no piensan en excusarlo,\nsino en sostener que el sufrimiento no se le escapa: \u00abYo hago la luz y creo las tinieblas, yo hago la felicidad y provoco la desgracia\u00bb (Is 45,7; cf. 63,3-6). La tradici\u00f3n israelita no abandonar\u00e1 jam\u00e1s el atrevido principio\nformulado por Am\u00f3s: \u00ab\u00bfSucede\nalguna desgracia en una ciudad sin que Dios sea su autor?\u00bb (Am 3,6; cf. \u00c9x 8,12-\n28; Is 7,18). Pero esta intransigencia desencadena reacciones tremendas: \u00ab \u00a1No\nhay Dios!\u00bb (Sal 10,4; 14,1) concluye el imp\u00edo ante el mal del mundo, o s\u00f3lo un\nDios \u00abincapaz de conocimiento\u00bb (73,11);\ny la mujer de Job, consecuente: \u00ab\u00a1Maldice a Dios!\u00bb (Job 2,9).<\/p>\n\n\n\n<p>Sin duda se sabe distinguir\nen el sufrimiento lo que comporta alguna explicaci\u00f3n.\nLas heridas pueden ser producidas\npor agentes naturales\n(G\u00e9n 34,25; Jos 5,8;\n2Sa 4,4), los achaques de la vejez son normales\n(G\u00e9n 27,1; 48,10). Hay en el\nuniverso poderes malignos,\nhostiles al hombre,\nlos de la maldici\u00f3n y de Sat\u00e1 El\npecado acarrea la desgracia (Prov 13,8; Is 3,11; Eclo 7,1), y se tiende a\ndescubrir una falta como origen de toda desgracia (G\u00e9n 12,17s; 42, 21; Jos 7,6-\n13): tal es la convicci\u00f3n de los amigos de Job. Como fuente de la desgracia que pesa\nsobre el mundo hay que se\u00f1alar el primer pecado (G\u00e9n 3,14-19).<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, ninguno\nde estos agentes,\nni la naturaleza, ni el azar (\u00c9x 21,13), ni la funesta fecundidad del pecado, ni la maldici\u00f3n\n(G\u00e9n 3, 14; 2Sa 16,5) ni\nSat\u00e1n mismo se sus-traen al poder de Dios, de modo que fatalmente resulta implicado Dios. Los profetas\nno pueden comprender\nla felicidad de los imp\u00edos y la des-gracia de los justos (Jer 12,1-6; Hab 1,13; 3,14-18), y los justos perseguidos\nse creen forzosamente olvidados (Sal 13,2; 31,13; 44,10-18). Job entabla\nun proceso contra Dios y le intima a explicarse (Job 13,22; 23,7).<\/p>\n\n\n\n<p>EL MISTERIO DEL SUFRIMIENTO. Profetas\ny sabios, deshechos\npor el sufrimiento, pero sostenidos por su fe, entran progresivamente \u00aben el misterio\u00bb (Sal 73,17). Descubren\nel valor purificador del sufrimiento, como el\ndel fuego que separa el metal de sus escorias (Jer\n9,6; Sal 65,10), su valor educativo,\nel de una correcci\u00f3n paterna (Dt 8,5; Prov 3,11s; 2Par 32,26.31), y acaban por ver en la prontitud del castigo un como efecto de la benevolencia\ndivina (2Mac 6,12-17; 7,31-38). Aprenden\na acoger en el sufrimiento la revelaci\u00f3n de un designio divino que nos confunde (Job 42,1-6; cf. 38,2). Antes que Job, Jos\u00e9\nlo reconoc\u00eda delante de sus hermanos (G\u00e9n 50,20). Semejante\ndesignio puede explicar la muerte prematura\ndel sabio, preservado\nas\u00ed de pecar (Sab 4,17-20). En este sentido el AT conoce ya una bienaventurada de la mujer est\u00e9ril y del\neunuco (Sab 3,13s).<\/p>\n\n\n\n<p>El sufrimiento, incluido por la fe en el designio\nde Dios, viene a ser una prueba de\nalto valor que Dios reserva a los servidores de quienes est\u00e1 orgulloso,\nAbraham (G\u00e9n 22), Job (1,11; 2,5), Tob\u00edas (Tob 12,13) para ense\u00f1arles\nlo que vale Dios y lo que se puede sufrir por \u00e9l. As\u00ed Jerem\u00edas\npasa de la rebeli\u00f3n a una\nnueva conversi\u00f3n (Jer 15,10-19).<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, el sufrimiento tiene valor de intercesi\u00f3n y de redenci\u00f3n. Este valor aparece en la figura de Mois\u00e9s,\nen su oraci\u00f3n dolorosa (\u00c9x 17,11ss; N\u00fam 11,1s) y en el sacrificio que ofrece de su vida para salvar a un pueblo culpable (32,30-33). No obstante, Mois\u00e9s y los profetas m\u00e1s probados por el sufrimiento, como Jerem\u00edas (Jer 8,18.21;\n11,19; 15,18), no son sino figuras del siervo de Yahveh.<\/p>\n\n\n\n<p>El siervo conoce el sufrimiento bajo sus formas m\u00e1s tremendas,\nm\u00e1s escandalosas. Ejerci\u00f3 sobre \u00e9l todos sus estragos,\nlo desfigur\u00f3, hasta el punto de\nno provocar ya ni siquiera\ncompasi\u00f3n, sino horror y desprecio\n(Is 52,14s; 53,3); no\nes en\n\u00e9l un accidente, un momento tr\u00e1gico, sino su existencia\ncotidiana y su signo\ndistintivo: \u00abhombre de dolores\u00bb (53,3); parece no poder explicarse\nsino por una falta monstruosa y por un castigo ejemplar\ndel Dios santo (53,4). En realidad hay falta, y de proporciones incre\u00edbles, pero no precisamente en \u00e9l:\nen nosotros, en todos nosotros\n(53,6). \u00c9l es inocente, lo cual es el colmo del\nesc\u00e1ndalo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, ah\u00ed est\u00e1 precisamente el misterio, \u00abel logro del designio\nde Dios\u00bb (53,10). Inocente, \u00abintercede\npor los pecadores\u00bb (53,12) ofreciendo a Dios no s\u00f3lo la s\u00faplica del coraz\u00f3n,\nsino \u00absu propia vida en expiaci\u00f3n\u00bb (53,10), dej\u00e1ndose confundir\nentre los pecadores\n(53,12) para tomar sobre s\u00ed sus faltas. De este modo el esc\u00e1ndalo supremo\nse convierte en la\nmaravilla inaudita, en la \u00abrevelaci\u00f3n del brazo de Yahveh\u00bb (53,1).\nTodo el sufrimiento y todo el pecado del mundo se han concentra do en \u00e9l y, por haber \u00e9l\ncargado con ellos en la obediencia, obtiene para\ntodos la paz y la curaci\u00f3n (53,5), el fin de nuestros\nsufrimientos.<\/p>\n\n\n\n<p>NT. I. JES\u00daS Y EL SUFRIMIENTO DE LOS HOMBRES. Jes\u00fas no puede ser testigo de un sufrimiento sin quedar profundamente conmovido, con una misericordia divina (Mt\n9,36; 14,14; 15,32; Lc 7,13; 15,20); si hubiese estado all\u00e1, no habr\u00eda\nmuerto L\u00e1zaro: Marta y Mar\u00eda se lo repiten (Jn 11,21.32)\ny \u00e9l mismo lo hab\u00eda dado\na entender a los doce (11,14). Pero entonces, ante una emoci\u00f3n tan evidente &#8211;\n\u00ab\u00a1c\u00f3mo le amaba!\u00bb\n&#8211; \u00bfc\u00f3mo explicar este esc\u00e1ndalo?, \u00ab\u00bfno pod\u00eda hacer que\neste hombre no muriera?\u00bb (11,36s).<\/p>\n\n\n\n<p><em>Jesucristo, vencedor del sufrimiento. <\/em>Las curaciones y las resurrecciones son signos de su misi\u00f3n mesi\u00e1nica\n(Mt 11,4; cf. Le 4,18s), preludios de la\nvictoria definitiva. En los milagros\nrealizados por los doce ve Jes\u00fas la derrota\nde Sat\u00e1n (Lc 10,19). Cumple la profec\u00eda\ndel siervo \u00abcargado\ncon nuestras enfermedades\u00bb (Is 53,4) cur\u00e1ndolas\ntodas (Mt 8,17). A sus disc\u00edpulos les da el poder de curar en su nombre (Me 15,17), y la curaci\u00f3n\ndel tullido de la\nPuerta Hermosa testimonia la seguridad\nde la Iglesia naciente en este sentido (Act\n3,1-10).<\/p>\n\n\n\n<p><em>Jesucristo dignifica el sufrimiento. <\/em>Sin embargo, Jes\u00fas no suprime en el mundo ni la muerte, que \u00e9l ha ve-nido, no obstante, a \u00abreducir a la impotencia\u00bb (Heb 3,14) ni el sufrimiento. Si bien se niega a establecer un nexo sistem\u00e1tico entre la enfermedad o el accidente\ny el pecado (Le 13,2ss; Jn 9,3), deja, sin embargo,\nque la maldici\u00f3n del Ed\u00e9n produzca sus frutos. Es que \u00e9l es capaz de cambiarlos en gozo; Jes\u00fas no suprime el sufrimiento, pero lo consuela\n(Mt 5,5); no suprime\nlas l\u00e1grimas, \u00fanicamente enjuga algunas a su paso (Lc 7,13), en signo del gozo\nque unir\u00e1 a Dios y a sus hijos el d\u00eda en que \u00abenjugue\nlas l\u00e1grimas de todos\nlos rostros\u00bb (Is 25,8; Ap 7,17; 21, 4). El sufrimiento puede ser una bienaventuranza, pues prepara para acoger el reino, permite \u00abrevelar las obras\nde Dios\u00bb (Jn 9,3), \u00abla gloria de Dios\u00bb y la \u00abdel Hijo de Dios\u00bb (11,4).<\/p>\n\n\n\n<p>LOS SUFRIMIENTOS DEL HIJO DEL HOMBRE. A pesar del esc\u00e1ndalo de Pedro y de sus disc\u00edpulos, Jes\u00fas les repite que \u00abel Hijo del hombre debe sufrir\nmucho\u00bb (Mc 8,31; 9,31; 10, 33 p). Mucho antes de la pasi\u00f3n Jes\u00fas \u00abtiene\nfamiliaridad con el sufrimiento\u00bb (Is 53,3); sufre a causa de la multitud \u00abincr\u00e9dula y perversa\u00bb (Mt 17,17) como \u00abengendros\nde v\u00edboras\u00bb (Mt 12,34; 23,33),\npor ser desechado por los suyos (Jn 1,11). Llora delante de Jerusal\u00e9n\n(Le 19, 41; cf. Mt 23,37);\nse \u00abturba\u00bb al re-cuerdo de la pasi\u00f3n (Jn 12,27). Su sufrimiento resulta entonces una aflicci\u00f3n\nmortal, una \u00abagon\u00eda\u00bb,\nun combate en medio de la angustia y del miedo (Mc 14,33s; Lc 22,44). La pasi\u00f3n concentra todo el\nsufrimiento humano posible,\ndesde la traici\u00f3n hasta el abandono por Dios (Mt 27,\n46). Pero prueba en forma decisiva el amor de Cristo a su Padre (Jn 14, 30) y a\nsus amigos (15,13), es la revelaci\u00f3n de su gloria de Hijo (Jn 17,1; 12,31s), re\u00fane en\ntorno a \u00e9l \u00aben la unidad a los hijos de Dios dispersos\u00bb (11,52),\nle hace capaz \u00abde socorrer a los que se ven probados\u00bb (Heb 2,18) y de identificarse con todos los que sufren (Mt 25,35.40).<\/p>\n\n\n\n<p>LOS SUFRIMIENTOS DE LOS DISC\u00cdPULOS, Una ilusi\u00f3n amenaza a los cristianos\ncon la victoria de pascua:\nse acab\u00f3 la muerte, se acab\u00f3 el sufrimiento; corren peligro de ver vacilar su fe, debido a las realidades\ntr\u00e1gicas de la existencia (cf. 1Tes\n4,13). La resurrecci\u00f3n no deroga las ense\u00f1anzas del Evangelio, sino que\nlas confirma. El mensaje de las bienaventuranzas, la exigencia de la cruz cotidiana (Lc 9,23) revisten\ntoda su urgencia a la luz del destino del Se\u00f1or. Si a\nsu propia madre no se le ahorr\u00f3 el dolor (Lc 2,35), si el Maestro \u00abpara entrar en su gloria\u00bb (Lc 24,26) pas\u00f3 tribulaciones y persecuciones, los disc\u00edpulos han de\nseguir el mismo camino (Jn 15,20; Mt 10,24), y la era mesi\u00e1nica es un tiempo de\ntribulaciones (Mt 24,8; Act .14,22; 1Tim 4,1).<\/p>\n\n\n\n<p><em>Sufrir con Cristo. <\/em>As\u00ed como, si el cristiano\nvive, \u00abno es ya [\u00e9l] quien vive, sino\nque Cristo vive en [\u00e9l]\u00bb (G\u00e1l 2,20), as\u00ed tambi\u00e9n los sufrimientos del cristiano son \u00ablos\nsufrimientos de Cristo en [\u00e9l]\u00bb (2Cor 1, 5). El cristiano pertenece\na Cristo por su cuerpo mismo y el sufrimiento configura\ncon Cristo (Flp 3,10). As\u00ed como\nCristo, \u00abcon ser el Hijo, aprendi\u00f3 por sus padecimientos la obediencia\u00bb (Heb 5,8),\ndel mismo modo es preciso que nosotros\n\u00abcorramos al combate\nque se nos ofrece, puestos los ojos en el autor y consumador de nuestra fe&#8230; que soport\u00f3 la\ncruz\u00bb (Heb 12,1s).\nCristo, que se hizo solidario\nde los que sufren, deja a los suyos\nla misma ley (1Cor 12,26; Rom 12,15; 2Cor 1,7).<\/p>\n\n\n\n<p><em>Para ser glorificados con Cristo. <\/em>Si \u00absufrimos con \u00e9l\u00bb, es \u00abpara ser tambi\u00e9n glorificados con \u00e9l\u00bb (Rom 8,17); \u00absi llevamos\nen nuestro cuerpo siempre y en todas partes los sufrimientos de muerte de Jes\u00fas\u00bb, es \u00aba fin de que la vida de\nJes\u00fas se manifieste\nen nuestro cuerpo\u00bb\n(2Cor 4,10). \u00abEl favor de Dios que se\nnos ha otorgado es no s\u00f3lo creer en Cristo, sino sufrir por \u00e9l\u00bb (Flp 1,29). Del sufrimiento sobrellevado con Cristo no solamente nace \u00abel peso eterno de gloria\npreparado por encima de toda medida\u00bb (2Cor 4,17) m\u00e1s all\u00e1 de la muerte, sino tambi\u00e9n, ya desde ahora, el gozo. Gozo de los ap\u00f3stoles que hacen en Jerusal\u00e9n su primera experiencia y descubren \u00abel gozo de ser juzgados dignos de sufrir\nultrajes por el nombre\u00bb (Act 5, 41); llamamiento de Pedro al gozo de \u00abparticipar en los sufrimientos de Cristo\u00bb para conocer la presencia del \u00abEsp\u00edritu\nde Dios, del Esp\u00edritu de gloria\u00bb (1Pe 4,13s); goz\u00f3 de Pablo \u00aben los sufrimientos\nque soporta\u00bb, por poder \u00abcompletar\nen [su] carne lo que falta a las pruebas de\nCristo por su cuerpo, que es la Iglesia\u00bb (Col 1,24).<\/p>\n\n\n\n<p style=\"text-align:center\">&nbsp;Todos los derechos: <em>Vocabulario de teolog\u00eda b\u00edblica<\/em>, X. L\u00e9on-Dufour<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abMe complazco&#8230; en las aflicciones, en las angustias\u00bb (2Cor 12,10) osa escribir Pablo a los convertidos de Corinto. 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