{"id":4657,"date":"2021-01-25T11:55:53","date_gmt":"2021-01-25T17:55:53","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4657"},"modified":"2022-01-25T11:56:39","modified_gmt":"2022-01-25T17:56:39","slug":"tristeza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4657","title":{"rendered":"Tristeza"},"content":{"rendered":"\n<p>La tristeza, contrariamente a la alegr\u00eda (gozo) que est\u00e1 ligada a la salvaci\u00f3n y a\nla presencia de Dios, es un fruto amargo del pecado que separa de Dios. Sus causas\naparentes son variadas:\nuna prueba que significa que Dios oculta su\nrostro (Sal 13,2s), una esposa que decepciona\npor su malicia (Eclo 25,23), un\nhijo mal educado (30,9s), un amigo traidor (37,2), la propia locura de\nuno (22,10ss) o su perversidad (36,20), la maledicencia de otros (Prov 25,23).\nLa Biblia no se contenta\ncon referir la continua decepci\u00f3n\ndel hombre, condenado a \u00abalimentarse de un pan de l\u00e1grimas\u00bb (Sal 80, 6), sin hallar consolador (Ecl 4,1);\ntras la inmensa pena de los hombres descubre el pecado que es su verdadera causa y\nmuestra su remedio en el Salvador: si la tristeza\nviene del pecado,\nla alegr\u00eda es fruto de la salvaci\u00f3n (Sal 51,14).<\/p>\n\n\n\n<p>AT. 1. <em>Sentido com\u00fan y tristeza.\n<\/em>La revelaci\u00f3n no se eleva de golpe a tales alturas; acusa tambi\u00e9n la reacci\u00f3n vulgar,\nde tipo estoico, que trata de esquivar la tristeza, aun sabiendo\nque s\u00f3lo el temor del Se\u00f1or asegura\nla alegr\u00eda de la\nvida (Eclo 1, 12s). La tristeza deprime el coraz\u00f3n\n(Prov 12,25), abate el\nesp\u00edritu (15,13), deseca los huesos (17,22), todav\u00eda m\u00e1s que la enfermedad (18,14). Consiguientemente aconsejan los sabios: \u00abNo te abandones\na tus ideas sombr\u00edas\u00bb\n(Eclo 30,21), \u00abexpulsa\nla tristeza que ha perdido a muchos\u00bb\ny los cuidados que hacen envejecer\nantes de tiempo (30,22). Desde luego, hay que \u00abafligirse con los afligidos\u00bb\n(Eclo 7,34; cf. Prov 25,20); pero ante la p\u00e9rdida de\nun ser querido no hay que lamentarse\ndesmesuradamente: \u00abconsu\u00e9late una vez\nque ha partido su esp\u00edritu\u00bb\n(Eclo 38,16-23); el vino consuela\nno pocas amarguras (Prov 31,6s; Ecl 9,7; 10, 19); y si bien \u00abtoda alegr\u00eda se cambia pronto\nen pesar\u00bb (Prov 14,13), no olvides \u00abque hay tiempo para llorar y tiempo para re\u00edr\u00bb (Ecl 3,4). Estos consejos,\npor muy prosaicos que sean, pueden ayudar a\ndesenmascarar el artificio\nque se insin\u00faa solapadamente en la tristeza; preparan para una revelaci\u00f3n\nm\u00e1s alta.<\/p>\n\n\n\n<p><em>La tristeza, signo del pecado.\n<\/em>En efecto, la historia de la alianza es en cierto\nrespecto educaci\u00f3n de Israel partiendo\nde la tristeza que causan los\ncastigos merecidos: significa\nque se ha tomado conciencia\nde la separaci\u00f3n de Dios. La sanci\u00f3n del pecado de idolatr\u00eda en el Sina\u00ed consiste en que Yahveh \u00abno\nacompa\u00f1ar\u00e1 en persona\u00bb\nal pueblo; habr\u00e1 que quitarse\nlos vestidos de fiesta\nen se\u00f1al de duelo y de separaci\u00f3n (\u00c9x 33,4ss). A la entrada\nde la tierra prometida (Jos 7,6s.11s),\ndurante el per\u00edodo de los Jueces (Jue 2), se deja sentir el mismo ritmo: pecado, alejamiento de Dios, castigo,\nque engendra tristeza.\nLos profetas est\u00e1n encargados\nde revelar esta tristeza, denunciando la paz ilusoria\ndel pueblo pecador; lo hacen primero\ndej\u00e1ndose sumergir ellos mismos en un abismo de\ntristeza. Jerem\u00edas es modelo, y sus propios gritos de dolor debieran\nser los del pueblo: ante la guerra que se acerca (Jer 4,19), ante el hambre (8,18), la desgracia (9,1), es Jerem\u00edas la con-ciencia contrita\ndel pueblo pecador (9,18;\n13,17; 14,17). Vive separado del pueblo, en testimonio contra \u00e9l (15,17s; 16,8s); Ezequiel tambi\u00e9n, pero al rev\u00e9s: no debe llorar por \u00abla alegr\u00eda de sus\nojos\u00bb, su mujer; hasta tal punto est\u00e1 endurecido el coraz\u00f3n de piedra de Israel\n(Ez 24,15-24).<\/p>\n\n\n\n<p><em>La tristeza seg\u00fan Dios. <\/em>Los profetas tienen tambi\u00e9n por misi\u00f3n procurar una verdadera compunci\u00f3n. En efecto, la tristeza se expresa con cantidad de gritos\ny gestos: ayuno (Jue 20,26), vestidos rasgados\n(Job 2,12), saco y ceniza (2Sa 12,16; 1Re 20,31s; Lam 2,10: Jl 1,13s; Neh 9, 1; Dan 9,3), gritos y\nlamentaciones (Is 22,12; Lam 2,18s; Ez 27,30ss;\nEst 4,3). Estas liturgias\nde penitencia merecen a veces ser estigmatizadas por los profetas\n(Os 6,1-6; Jer 3,21-4,22), porque si hay que llorar, no es tanto por los dones perdidos cuanto por\nla ausencia del Se\u00f1or (Os 7,14), a condici\u00f3n de ser fieles a la ley (Mal 2,13),\npara expresar una aut\u00e9ntica contrici\u00f3n: \u00abDesgarrad vuestros corazones, no vuestros vestidos\u00bb (Jl 2,12s). Entonces\nson valederas estas demostraciones (Neh 9,\n6-37; Esd 9,6-15; Dan 9,4-19; Bar 1,15-3,8;\nIs 63,7-64,11); los llantos atraen la\ncompasi\u00f3n de Dios (Lam 1,2; 2,11.18; Sal 6,7s); la tristeza es una confesi\u00f3n del pecador: \u00abSe\u00f1or, recoge mis l\u00e1grimas\nen tu odre\u00bb (Sal 56,9).<\/p>\n\n\n\n<p>4. <em>Tristeza y esperanza. <\/em>El quebrantamiento del coraz\u00f3n no mata la esperanza,\nsino al contrario: recurre al Salvador que no quiere la muerte,\nsino la vida del pecador (Ez 18,23). A trav\u00e9s del exilio, reconocido como el castigo ejemplar de los pecados cometidos, Israel entrev\u00e9 que un d\u00eda cesar\u00e1 definitivamente la tristeza. Raquel llor\u00f3 sus hijos deportados; rio quer\u00eda ser consolada, pero Yahveh interviene: \u00ab\u00a1Cesa de lamentarte! \u00a1Enj\u00fagate los ojos!\u00bb (Jer 31,15ss). En efecto, un arma de esperanza\nes lo que maneja el profeta de las\nlamentaciones, convertido de repente en mensajero de consolaci\u00f3n: \u00abSalieron entre llantos, yo los hago volver consolados&#8230; trocar\u00e9 en j\u00fabilo su tristeza, convertir\u00e9 su pena en alegr\u00eda, los consolar\u00e9, los alegrar\u00e9 despu\u00e9s\nde sus penas\u00bb (31,9.13). Entonces en el coraz\u00f3n de Si\u00f3n, que no quer\u00eda cantar jubilosamente en el exilio (Sal 137), derramar\u00e1\nsu b\u00e1lsamo el libro de la consolaci\u00f3n (Is 40-55; 35,10; 57,18; 60,20; 61, 2s; 65,14; 66,10.19). \u00abLos que siembran con l\u00e1grimas siegan cantando\u00bb (Sal 126,5; cf. Bar 4,23; Tob 13, 14).\nCierto que todav\u00eda podr\u00e1n sobrevenir\nel pecado y la tristeza\n(Esd 10,1), pero se espera que no sumerjan\nya sino a la ciudad del mal (Is 24,7-11),\nmientras que en la monta\u00f1a de Dios \u00abenjugar\u00e1\nel Se\u00f1or las l\u00e1grimas de todos los rostros\u00bb (25, 8).\nPero no es \u00e9sta la \u00faltimoa palabra del AT. Esta perspectiva paradis\u00edaca, que reasumir\u00e1 el Apocalipsis, no ve-la todav\u00eda la realidad\ndolorosa del camino de\nla alegr\u00eda sin fin: un d\u00eda habr\u00e1 que hacer una lamentaci\u00f3n sobre el \u00abtraspasado\u00bb para que se abra en el flanco de la ciudad la fuente inagotable de alegr\u00eda (Zac 12,10s).<\/p>\n\n\n\n<p>NT. 1. <em>La tristeza de Jesucristo. <\/em>Era preciso que aqu\u00e9l que quitaba el pecado\ndel mundo fuera abrumado de la inmensa\ntristeza de los hombres, aunque sin\nquedar aplastado por ella. Como los profetas,\nse entristeci\u00f3 profundamente por el endurecimiento de los fariseos\n(Mc 3,5), se lament\u00f3 por la inconsciencia de Jerusal\u00e9n que desconoc\u00eda\nla hora de su visita (Le 19,41). Adem\u00e1s de esta\ntristeza por el pueblo elegido, llor\u00f3 Jes\u00fas por la muerte, por L\u00e1zaro, su amigo\nmuerto hac\u00eda algunos d\u00edas (Jn 11,35). No se trata sencillamente de la\namistad puramente humana que en ello cre\u00edan ver los jud\u00edos (11,36s),\npues Jes\u00fas se estremece\ninteriormente de nuevo (11,38), sin duda porque amaba a L\u00e1zaro con un amor que viene del Padre (15,9). Pero se hab\u00eda estremecido ya una vez y se hab\u00eda\nturbado (11,33.38) con ocasi\u00f3n de los sollozos\nque expresaban en todo su horror\nla realidad de la muerte con que iba a enfrentarse en la tumba de un L\u00e1zaro\nya en\nputrefacci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>No s\u00f3lo frente a la muerte, sino en la muerte misma quiso Jes\u00fas sufrir \u00abtristeza y angustia\u00bb, \u00abestar triste hasta la muerte\u00bb (Mt 26,37s p), con una tristeza\nque equival\u00eda a la muerte:\n\u00bfno iba a hallarse su voluntad en conflicto con la del Padre, cavando un foso que s\u00f3lo ser\u00eda capaz de colmar una oraci\u00f3n obstinada?\nPero habiendo as\u00ed recogido en su s\u00faplica los clamores\ny las l\u00e1grimas de los hombres frente a la muerte, fue escuchado (Heb 5,7); cuando en la cruz exprese el\nabandono del Padre en que se siente morir, lo har\u00e1 por medio del salmo del justo\nperseguido (Mt 27,46 p): como lo interpret\u00f3 Lucas, ser\u00e1 para abandonarse\na aquel que parec\u00eda abandonarle (Lc 23,46). Entonces\nqueda vencida la tristeza por aquel que, sin ser pecador.\nse entreg\u00f3 a ella.<\/p>\n\n\n\n<p><em>2. Bienaventurados los que lloran. <\/em>(Lc 6,21). El que as\u00ed deb\u00eda sumergirse\nen el abismo de la tristeza\npod\u00eda por adelantado\nbeatificar no al dolor en cuanto tal, sino\na la\ntristeza unida con su gozo de redentor.\nConviene distinguir tristeza y tristeza. \u00abLa tristeza seg\u00fan Dios produce una penitencia de la que no hay que arrepentirse; la tristeza del mundo lleva a la muerte\u00bb\n(2Cor 7,10). Esta sentencia paulina est\u00e1 ilustrada con ejemplos\nconocidos. Por una parte vemos al joven que se va\ntriste porque prefiere sus riquezas\na Jes\u00fas (Mt 19,22), anunciando de lejos a los ricos, que condena Santiago\nprometi\u00e9ndoles la muerte eterna (Sant 5,1); ah\u00ed est\u00e1n\nlos disc\u00edpulos de Getseman\u00ed, agobiados\nde sue\u00f1o y de pesadumbre, es decir, maduros para abandonar a su maestro (Lc 22,45); finalmente, ah\u00ed est\u00e1\nJudas, desesperado por haberse separado\nde Jes\u00fas por la traici\u00f3n\n(Mt 27,3ss): tal es la tristeza\ndel mundo. Viceversa, la tristeza seg\u00fan Dios aflige a los disc\u00edpulos cuando piensan en la traici\u00f3n\nque amenaza a Jes\u00fas (Mt 26,22), a Pedro\nque solloza por haber renegado\na su Se\u00f1or (26,75), a los disc\u00edpulos\nde Ema\u00fas que caminan tristes recordando\na Jes\u00fas que los ha dejado (Lc 24, 17). Mar\u00eda\nsolloza porque se han llevado a su Se\u00f1or (Jn 20,11ss). Lo que distingue las dos tristezas es el amor de Jes\u00fas; el pecador\ndebe pasar por la tristeza\nque le separa del mundo para adherirse a Jes\u00fas, mientras\nque el convertido no quiere conocer m\u00e1s tristeza que la de la separaci\u00f3n de Jes\u00fas.<\/p>\n\n\n\n<p><em>2. De la tristeza nace la alegr\u00eda.\n<\/em>La bienaventuranza promet\u00eda\nla consolaci\u00f3n a los\nque lloran; sin embargo, Jes\u00fas hab\u00eda anunciado\nque se llorar\u00eda cuando fuera retirado\nel esposo (Mt 9,15). El serm\u00f3n despu\u00e9s\nde la cena revela el sentido profundo\nde la tristeza. Jes\u00fas hab\u00eda sido la causa de los llantos renovados\nde Raquel por los\nni\u00f1os inocentes (Mt 2,18); ni siquiera hab\u00eda temido contristar\na su madre cuando lo exig\u00edan los asuntos de su Padre (Lc 2,48s). Ahora no niega que su partida sea causa\nde tristeza, pues de lo contrario no ser\u00eda \u00e9l aquel sin quien la vida no es\nsino muerte; sabe tambi\u00e9n que el mundo se regocijar\u00e1\nde su desaparici\u00f3n (Jn 16, 20). Volviendo a la comparaci\u00f3n utilizada para describir\nel nacimiento de un\nmundo nuevo (Is 26,17; 66,7-14;\nRom 8,22), evoca el gozo de la mujer que ha atravesado la tristeza de su hora trayendo un hombre al mundo (Jn 16,21).\nAs\u00ed \u00abvuestra tristeza se convertir\u00e1\nen alegr\u00eda\u00bb (16,20):\nya ha pasado, o m\u00e1s bien\nha pasado a la alegr\u00eda,\ncomo las llagas que marcan para siempre al cordero\ncelestial, como degollado\n(Ap 5,6); ahora ya la tristeza se consuma en una alegr\u00eda que nadie puede arrebatar\n(Jn 16,22), pues proviene de aquel que se mantiene\nen pie m\u00e1s all\u00e1 de las puertas de la muerte.\nBrota de la turbaci\u00f3n fatal (14,27), de las tribulaciones (16,33). Los disc\u00edpulos\nde Jes\u00fas no est\u00e1n ya tristes porque no\nse hallan nunca en aquella soledad de hu\u00e9rfanos, en que parec\u00edan\nhaber quedado (14,18), entregados al mundo perseguidor (16, 2s): el resucitado les da\nsu propio gozo (17,13; 20,20).<\/p>\n\n\n\n<p>En adelante, pruebas\n(Heb 12,5-11; 1Pe 1,6ss; 2,19), separaci\u00f3n de los\nhermanos difuntos (1Tes 4,13) o a\u00fan incr\u00e9dulos\n(Rom 9,2), nada puede ya hacer\nmella al gozo del creyente\nni separarle del amor de Dios (Rom 8, 39). El disc\u00edpulo del Salvador, aparentemente triste, en realidad siempre gozoso (2Cor 6,10), aun\npisando los caminos de la tristeza conoce el gozo celestial, el que colmar\u00e1 a\nlos elegidos, con los que Dios permanecer\u00e1 para siempre, enjugando\ntoda l\u00e1grima de sus ojos (Ap 7,17; 21,4).<\/p>\n\n\n\n<p style=\"text-align:center\">Todos\nlos derechos: <em>Vocabulario de teolog\u00eda\nb\u00edblica<\/em>, X. L\u00e9on-Dufour<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La tristeza, contrariamente a la alegr\u00eda (gozo) que est\u00e1 ligada a la salvaci\u00f3n y a la presencia de Dios, es un fruto amargo del pecado que separa de Dios. 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