{"id":4659,"date":"2021-01-25T11:57:24","date_gmt":"2021-01-25T17:57:24","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4659"},"modified":"2022-01-25T11:58:14","modified_gmt":"2022-01-25T17:58:14","slug":"uncion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4659","title":{"rendered":"Unci\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<p>Seg\u00fan los hebreos,\nel aceite penetra\nprofundamente en el cuerpo (Sal 109, 18), le\nda fuerza, salud, alegr\u00eda y belleza. Se comprende que en el plano religioso se considerara a las unciones de aceite como (I) se\u00f1ales\nde alegr\u00eda o de respeto; se utilizaron tambi\u00e9n como ritos (II) de curaci\u00f3n\no (III) de consagraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>I. LA UNCI\u00d3N, SIGNO DE ALEGR\u00cdA O DE HONOR. 1. El aceite, sobre todo el aceite\nperfumado, es un <em>s\u00edmbolo de alegr\u00eda\n<\/em>(Prov 27,9; cf. Ecl 9,8) y as\u00ed se\nutilizaba especialmente en las festividades (Am 6,6). Deber privarse de toda\nunci\u00f3n era una desgracia (Dt 28,40; Miq 6,15); esta privaci\u00f3n, unida al ayuno, era se\u00f1al de luto (Dan 10,3; cf. 2Sa 12,20). Sin embargo, Jes\u00fas prescribe al que ayuna que se unja la cabeza como para un fest\u00edn (Mt 6,17), para que su penitencia no se exhiba delante de los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p>La imagen de la unci\u00f3n serv\u00eda para expresar el gozo del pueblo de Israel reunido en Jerusal\u00e9n para las grandes fiestas\n(Sal 133,2), o el consuelo\naportado a los afligidos\nde Si\u00f3n despu\u00e9s del exilio (Is 61,3); formaba igualmente parte de la descripci\u00f3n del fest\u00edn mesi\u00e1nico: \u00absobre esta monta\u00f1a\nbeber\u00e1n el gozo, beber\u00e1n vino: con aceite perfumado se ungir\u00e1n sobre esta monta\u00f1a\u00bb\n(Is 25, 6s LXX). Sobre todo en este contexto de gozo mesi\u00e1nico\nse repite la f\u00f3rmula \u00abel aceite\nde alegr\u00eda\u00bb (Is 61,3; Sal 45,8; Heb 1,9).<\/p>\n\n\n\n<p>2. Derramar aceite sobre un hu\u00e9sped era una <em>muestra de honor. <\/em>La expresi\u00f3n\naparece en los salmos para figurar la abundancia de los favores divinos: \u00abDelante de m\u00ed preparas una mesa frente a mis adversarios; con una unci\u00f3n perfumas\nmi cabeza\u00bb (Sal 23,5; cf. 92,11). Dos veces refieren\nlos evangelios que una\nmujer tribut\u00f3 a Jes\u00fas este homenaje. Fue primero la pecadora, en casa de Sim\u00f3n\nel fariseo: mientras que \u00e9ste, del que Jes\u00fas era hu\u00e9sped, no hab\u00eda derramado aceite sobre su cabeza, la mujer le ungi\u00f3 los pies con perfume (Lc 7,38. 46).\nLa v\u00edspera de la entrada\nen Jerusal\u00e9n, Mar\u00eda, hermana de L\u00e1zaro, repiti\u00f3 este testimonio de respeto ungiendo a Jes\u00fas con nardo de gran precio, con\nesc\u00e1ndalo de los disc\u00edpulos (Mt 26,6-13 p; Jn 12,1-8).\nPero Jes\u00fas aprob\u00f3 a Mar\u00eda y\ndio a su acto un significado nuevo y prof\u00e9tico, refiri\u00e9ndolo al uso (Mac 16,1) de\nungir los cad\u00e1veres con aromas; el gesto de la mujer ven\u00eda a ser anticipaci\u00f3n y signo del rito de sepultura\nque se practicar\u00eda sobre el cuerpo de Jes\u00fas despu\u00e9s\nde su muerte en la cruz (Jn 19,40).<\/p>\n\n\n\n<p>LA UNCI\u00d3N DE LOS ENFERMOS Y DE LOS POSESOS, 1. Tambi\u00e9n se utilizaba el aceite con el fin de <em>curar a los enfermos, por <\/em>ejemplo, para las heridas (Is\n1,6), como lo hizo el buen samaritano\n(Lc 10,34); seg\u00fan Lev 14,10-32,\ncon los leprosos curados\nse practicaban unciones\nde aceite como ritos de purificaci\u00f3n. Cuando envi\u00f3 Cristo a los disc\u00edpulos para predicar el reino de Dios,\nles confiri\u00f3 el poder de expulsar a los esp\u00edritus\nimpuros y de curar toda enfermedad\ny toda dolencia (Mt 10,1; Lc 9,1s); cuando iban en misi\u00f3n hac\u00edan unciones de aceite\na muchos enfermos\ny los curaban milagrosamente (Mc 6, 13). Estas\nunciones, practicadas por los ap\u00f3stoles\nprobablemente por consigna\nde Jes\u00fas, son el fundamento del rito de la unci\u00f3n de los enfermos en la Iglesia.\nLa ep\u00edstola de Santiago\nprescribe a los presb\u00edteros que hagan en nombre del Se\u00f1or una unci\u00f3n\nde aceite sobre el enfermo:\n\u00ab12. oraci\u00f3n de fe salvar\u00e1 al paciente,\ny el Se\u00f1or lo aliviar\u00e1. Si ha cometido\npecados, le ser\u00e1n perdonados\u00bb (Sant 5,15). Siendo la\nenfermedad consecuencia del pecado, la unci\u00f3n hecha \u00aben nombre del\nSe\u00f1or\u00bb realiza la \u00absalvaci\u00f3n\u00bb del mundo: le hace participar en la victoria\nde Cristo sobre el pecado y la muerte,\nya por la curaci\u00f3n, ya por el acrecentamiento\nde fuerzas para afrontar la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>2. En Mc 6,13, <em>la expulsi\u00f3n\nde los demonios <\/em>est\u00e1 estrechamente ligada con la curaci\u00f3n de los enfermos:\nambos poderes taumat\u00fargicos eran signo del advenimiento del reino. As\u00ed diversas Iglesias\npracticaron en lo sucesivo sobre los\ncatec\u00famenos ritos de unci\u00f3n como exorcismos antes del bautismo.<\/p>\n\n\n\n<p>III. LA UNCI\u00d3N-CONSAGRACI\u00d3N. Las unciones de que habla el AT son en la\nmayor\u00eda de los casos ritos consacratorios.<\/p>\n\n\n\n<p>1. <em>Ciertos objetos del culto <\/em>eran consagrados mediante\nunciones, en particular\nel altar (\u00c9x 29,36s;\n30, 26-29; Lev 8,10s), que por el mismo caso adquir\u00eda\n\u00abuna eminente santidad\u00bb. Un rito an\u00e1logo muy antiguo, probablemente cananeo, hab\u00eda sido practicado\npor Jacob: despu\u00e9s de su visi\u00f3n nocturna\nerigi\u00f3 una estela conmemorativa y derram\u00f3 aceite sobre su cima para marcar el lugar de la presencia divina: de ah\u00ed el nombre de Bethel, \u00abcasa de Dios\u00bb (G\u00e9n 28, 18;\ncf. 31,13; 35,14).<\/p>\n\n\n\n<p><em>La unci\u00f3n real <\/em>ocupa un lugar aparte entre los ritos de consagraci\u00f3n. Se aplicaba por un hombre de Dios, profeta o sacerdote. Sa\u00fal (1Sa 10,1) y David (1Sa 16,13) fueron ungidos por Samuel; Jeh\u00fa, por un profeta que hab\u00eda enviado\nEliseo (2Re 9,6). Los reyes de Jud\u00e1 eran consagrados en el templo y ungidos por\nun sacerdote: Salom\u00f3n recibi\u00f3 la unci\u00f3n de Sadoq (1Re 1,39), Jo\u00e1s, del sumo\nsacerdote Yeh\u00f3yada (2Re 11,12). El sentido de este rito consist\u00eda en marcar\ncon un signo exterior que estos hombres hab\u00edan sido elegidos por Dios para ser instrumentos suyos en el gobierno del pueblo. El rey era el ungido de Yahveh. Con la unci\u00f3n ven\u00eda a ser part\u00edcipe del esp\u00edritu de Dios, como se ve en el caso\nde David: \u00abSamuel tom\u00f3 el cuerno de aceite y lo ungi\u00f3 en medio de sus hermanos.\nEl esp\u00edritu de Yahveh se posesion\u00f3 de David a partir de aquel d\u00eda\u00bb (1Sa 16,13). Si\nla unci\u00f3n habilitaba al rey para su funci\u00f3n y manifestaba exteriormente que hab\u00eda sido elegido por Dios para ser su servidor,\nse comprende que el nombre de ungido de\nYahveh pudiera aplicarse\nmetaf\u00f3ricamente a un rey pagano, Ciro (Is 45,1),\npues fue \u00e9l quien, poniendo\nfin a la cautividad de Babilonia, facilit\u00f3\nal pueblo elegido el\nretorno a Israel.<\/p>\n\n\n\n<p>En la aplicaci\u00f3n al Mes\u00edas es donde el tema de la unci\u00f3n real hab\u00eda de asumir toda\nsu importancia. El t\u00edtulo mismo de Mes\u00edas no es sino la transcripci\u00f3n de la\npalabra <em>masiah, <\/em>ungido. El Sal 2, que habla de Yahveh y de su ungido (v. 2), se interpretaba en la tradici\u00f3n\njud\u00eda y cristiana en sentido mesi\u00e1nico (Act 4, 25ss). El\njuda\u00edsmo adopt\u00f3 m\u00e1s y m\u00e1s la costumbre\nde dar al futuro libertador de Israel el nombre de mes\u00edas (= ungido),\no el de rey-mes\u00edas, derey de Israel.\nSin embargo Jes\u00fas, a causa de las resonancias demasiado terrenales de este nombre, no\nlo acept\u00f3 sino con reserva durante su vida p\u00fablica, pues deb\u00eda realizar su obra mesi\u00e1nica por su pasi\u00f3n, su resurrecci\u00f3n y su entrada en el reino celestial (Mt 16,13-21 p; 26,64 p). Pero despu\u00e9s de su resurrecci\u00f3n se dio expl\u00edcitamente este t\u00edtulo (Lc 24,26); en el momento de su ascensi\u00f3n\na la diestra del Padre fue\ncuando recibi\u00f3 la unci\u00f3n real (Heb 1,9; cf. Sal 45, 8) y vino a ser con pleno derecho Se\u00f1or y Mes\u00edas (Act 2,31; cf. Flp 2,11). As\u00ed este t\u00edtulo, traducido al griego\n<em>(khristos), <\/em>iba a formar en la Iglesia una parte integrante\ndel nombre del Se\u00f1or\n(Jesucristo). En el NT el t\u00edtulo de \u00abCristo\u00bb (ungido),\nevoca, pues, di- rectamente la obra de salvaci\u00f3n llevada a cabo por Jes\u00fas y su unci\u00f3n regia en\nla ascensi\u00f3n; pero la tradici\u00f3n\ncristiana iba a ligar a este t\u00edtulo la triple unci\u00f3n\ndel Mes\u00edas, como rey, como sacerdote y como profeta.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Los sacerdotes y <\/em>m\u00e1s especialmente el sumo sacerdote,\nson tambi\u00e9n ungidos. Por orden de Yahveh (\u00c9x 29,7) confiere Mois\u00e9s la unci\u00f3n a Aar\u00f3n (Lev 8,12) y en las prescripciones destinadas\nal sumo sacerdote se llama varias veces a este \u00faltimo\n\u00abel sacerdote consagrado por la unci\u00f3n\u00bb (p.e. Lev 4,5; 16,32). En otros pasajes la\nunci\u00f3n es conferida\na los simples sacerdotes \u00abhijos de Aar\u00f3n\u00bb (p.e. \u00c9x 28,41;\n40,15; N\u00fam 3,3). Sin embargo,\nestos diferentes textos pertenecen al c\u00f3digo\nsacerdotal posterior al exilio. Es, por tanto, probable que durante la monarqu\u00eda s\u00f3lo se ungiera al rey; en la \u00e9poca del segundo templo, el sumo sacerdote, venido a ser el jefe del pueblo, recibir\u00eda la unci\u00f3n en su lugar; luego\nno tardar\u00e1n en recibirla todos los sacerdotes. Alrededor del siglo primero la comunidad de Qumr\u00e1n aguardaba\nno s\u00f3lo un mes\u00edas de Jud\u00e1 (un rey), sino tambi\u00e9n\nun \u00abungido\u00bb oriundo de Lev\u00ed, un mes\u00edas sacerdote.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Los profetas <\/em>no eran ungidos con aceite; la unci\u00f3n de los profetas designa metaf\u00f3ricamente su investidura: El\u00edas recibe la orden de ungir a Eliseo\n(1R\u00e9 196), pero, en el momento del llamamiento de \u00e9ste, el Tesbita se limit\u00f3 a echarle\npor encima su manto comunic\u00e1ndole su esp\u00edritu (1Re 19,19; 2Re 2,9-15).\nEl autor de Is 61, para explicar\nsu misi\u00f3n prof\u00e9tica,\nescribe: \u00abEl Esp\u00edritu\ndel Se\u00f1or est\u00e1 sobre m\u00ed, pues me ha ungido. Me ha enviado a llevar la buena nueva a los pobres\u00bb (Is 61,1).<\/p>\n\n\n\n<p><em>La unci\u00f3n de Cristo. <\/em>El NT hace menci\u00f3n de una sola unci\u00f3n de Jes\u00fas durante su vida terrena (en cuanto a la unci\u00f3n regia en su entronizaci\u00f3n celestial, cf. Heb 1,9),\nla que recibi\u00f3 en el bautismo: \u00abFue ungido del Esp\u00edritu Santo y de poder\u00bb\n(Act 10,38). Jes\u00fas mismo, aplic\u00e1ndose el texto de Is 61,1, explica esta unci\u00f3n como una unci\u00f3n prof\u00e9tica para el anuncio\ndel mensaje. Pero la\ncomunidad apost\u00f3lica, inspir\u00e1ndose en las palabras\nde Jes\u00fas (Me 10,38; Lc 12,\n50), interpretar\u00eda el bautismo en la perspectiva de la muerte de Cristo (Act 4,27; cf.\nRom 6,3s): la misi\u00f3n recibida a comienzos\nde la vida p\u00fablica no era todav\u00eda sino una misi\u00f3n de predicaci\u00f3n, la del siervo-profeta (Is 42,1-7); pero deb\u00eda consumarse en el Calvario (cf. Un 5,6), en el sacrificio del siervo paciente.<\/p>\n\n\n\n<p>6. Tambi\u00e9n <em>el cristiano\n<\/em>recibe una unci\u00f3n (2Cor 1,21; Jn 2,20.27);\nsin embargo, no se trata de un rito sacramental (bautismo\no confirmaci\u00f3n), sino de una participaci\u00f3n\nen la\nunci\u00f3n prof\u00e9tica de Jes\u00fas, una unci\u00f3n espiritual por la fe. El catec\u00fameno, antes de recibir el sello del Esp\u00edritu en el momento\ndel bautismo, ha sido ungido por\nDios (2Cor 1,21; cf. Ef 4,30): Dios ha hecho penetrar en \u00e9l la doctrina\ndel Evangelio, ha suscitado en su coraz\u00f3n la fe en la palabra de verdad (cf. Ef\n1,13). Por eso a esta palabra venida de Cristo la llama Juan \u00abaceite de\nunci\u00f3n\u00bb, (khrisma): \u00abel aceite de unci\u00f3n\u00bb, interiorizado por la fe bajo la acci\u00f3n\ndel Esp\u00edritu (Jn 14,26; 16,13),\n\u00abpermanece en nosotros\u00bb\n(Jn 2,27), nos da el sentido de la verdad (v. 20s), nos instruye\nen todas las cosas (v. 27); as\u00ed puede\nJuan decir que el cristiano\nno tiene necesidad de que se le ense\u00f1e: la esperanza de los profetas en la nueva alianza se realiza (Jer 31,34; cf. Is 11,9). Esta doctrina\nde la unci\u00f3n interior\nes importante en la tradici\u00f3n\ny en la espiritualidad cristianas. Clemente\nde Alejandr\u00eda pone en boca de Cristo esta invitaci\u00f3n\ny esta promesa a los paganos:\n\u00abYo os ungir\u00e9 con el ung\u00fcento de la fe\u00bb; y san Bernardo considera como un rasgo distintivo\nde los hijos de Dios que \u00abla unci\u00f3n\nlos instruye en todas las cosas\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"text-align:center\">Todos\nlos derechos: <em>Vocabulario de teolog\u00eda\nb\u00edblica<\/em>, X. L\u00e9on-Dufour<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Seg\u00fan los hebreos, el aceite penetra profundamente en el cuerpo (Sal 109, 18), le da fuerza, salud, alegr\u00eda y belleza. 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