{"id":4661,"date":"2021-01-25T11:59:53","date_gmt":"2021-01-25T17:59:53","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4661"},"modified":"2022-01-25T12:00:37","modified_gmt":"2022-01-25T18:00:37","slug":"venganza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4661","title":{"rendered":"Venganza"},"content":{"rendered":"\n<p>En el lenguaje\nde hoy, vengarse es castigar\nuna ofensa devolviendo a otro mal por mal. En el lenguaje\nb\u00edblico la venganza\ndesigna en primer lugar\ncierto restablecimiento de la justicia,\nuna victoria sobre el mal. Si est\u00e1 siempre prohibido vengarse por odio del malvado, es, en cambio, un deber vengar\nel derecho atropellado. Sin embargo,\nel ejercicio de este deber evolucion\u00f3 a lo largo de\nla historia: se sustrajo al individuo para confiarlo a la sociedad\ny, sobre todo, Dios se revel\u00f3 poco a poco como el \u00fanico vengador leg\u00edtimo\nde la justicia.<\/p>\n\n\n\n<p><em>1. El vengador de la sangre. <\/em>En la sociedad n\u00f3mada que formaba Israel en\nsus or\u00edgenes, los miembros del clan deb\u00edan protegerse y defenderse mutuamente. En caso de homicidio\nun <em>goel, <\/em>\u00abvengador de la sangre\u00bb\n(N\u00fam 35,21), vengaba\nal clan matando al asesino. Al motivo de solidaridad se a\u00f1ad\u00eda la convicci\u00f3n de que\nla sangre derramada clama venganza\n(cf. G\u00e9n 4,10; Job 16.18). que ha profanado\nla tierra en que mora Yahveh (N\u00fam 35,33s). As\u00ed deb\u00eda salvaguardarse la justicia.<\/p>\n\n\n\n<p>Israel, convertido en pueblo sedentario, conserv\u00f3 esta costumbre\n(cf. 2Sa 3,22-27). Pero su legislaci\u00f3n (\u00c9x 21, 12; Lev 24,17). aun considerando todav\u00eda al vengador de la sangre como justiciero\n(N\u00fam 35,12.19), se cuida de regularizar\nel ejercicio de su derecho a fin de que est\u00e9 prevenido\ncontra los excesos de su ira\n(Dt 19,6). Ahora ya s\u00f3lo a consecuencia de un homicidio\nvoluntario (Dt 24,16) cae\nel homicida bajo los golpes del vengador\nde la sangre; adem\u00e1s, debe haberse celebrado un proceso en la ciudad-refugio a que se haya trasladado\nel asesino (N\u00fam 35,24.30;\nDt 19). As\u00ed, poco a poco el derecho a la venganza\npasa del individuo a la sociedad.<\/p>\n\n\n\n<p>2. <em>La venganza personal.\n<\/em>La legislaci\u00f3n israelita\nfrena mediante la ley del tali\u00f3n\n(\u00c9x 21,23ss; Lev 24,19; Dt 19,21) la pasi\u00f3n humana siempre pronta a devolver mal por mal; proh\u00edbe la actitud de venganza\nilimitada de los tiempos b\u00e1rbaros\n(cf. G\u00e9n 4,15.24). Finalmente, suaviza incluso la ley del tali\u00f3n admitiendo\nen ciertos casos la posibilidad de compensaci\u00f3n pecuniaria, principio reconocido en otros\nc\u00f3digos orientales (\u00c9x 21, 18s.26s).\nSin embargo, el tali\u00f3n pod\u00eda impedir que la conciencia se elevara progresivamente: el deseo de venganza, aun codificado por la justicia social, puede seguir ocupando el coraz\u00f3n del hombre. Era, pues,\npreciso, realizar tambi\u00e9n una educaci\u00f3n\nde la conciencia.<\/p>\n\n\n\n<p><em>a) Prohibici\u00f3n de vengarse. <\/em>La ley de santidad ataca en su ra\u00edz al de-seo de venganza: \u00abNo tendr\u00e1s en tu coraz\u00f3n\nodio contra tu hermano&#8230; No te vengar\u00e1s\ny no guardar\u00e1s rencor a los hijos de tu pueblo. Amar\u00e1s a tu pr\u00f3jimo como a ti mismo\u00bb (Lev 19,17s). Son c\u00e9lebres algunos\nejemplos de perd\u00f3n:\nel de Jos\u00e9, que interpreta la persecuci\u00f3n de que ha sido v\u00edctima como un designio de Dios\nque sabe sacar bien del mal (G\u00e9n 45, 3s.7; 50,19); el de David que no se venga de\nSa\u00fal (1Sa 24,4s; 26,5-12) a fin de no poner la mano en el ungido de Yahveh.\nSin embargo, el mismo David hace que se ejerza una venganza\np\u00f3stuma contra Sime\u00ed y contra Joab (1Re 2,6-46).\nEn todo caso, el deber del perd\u00f3n queda restringido a los hermanos de raza: as\u00ed el libro de los Jueces no critica en\nmodo alguno a Sans\u00f3n por vengarse personalmente de los filisteos\n(Jue 15,3.7). Con los Sapienciales este deber tender\u00e1 a universalizarse y a profundizarse: \u00abQuien se vengue experimentar\u00e1 la venganza del Se\u00f1or&#8230; No guardes rencor a\ntu pr\u00f3jimo\u00bb (Eclo 28,1.7). El principio no excluye a nadie, a lo que parece.<\/p>\n\n\n\n<p>b) <em>El llamamiento a la venganza\ndivina. <\/em>El motivo por el cual el justo\nrenunciar\u00e1 completamente a vengarse es su confianza\nen Dios: \u00abNo digas: Yo devolver\u00e9\nel mal; ten con-fianza en Yahveh y \u00e9l te librar\u00e1\u00bb (Prov 20,22). El justo\nno se\nvenga, deja a Dios el cuidado de vengar la justicia: \u00abM\u00eda es la venganza, dice el\nSe\u00f1or\u00bb (Dt 32,35).\nAs\u00ed lo hace Jerem\u00edas perseguido cuando \u00abconf\u00eda a Dios\nsu causa\u00bb (Jer 20,12); cierto que desea \u00abver la venganza divina\u00bb (II, 20), pero\nes porque ha identificado su causa con la causa de Dios (15,15). No desea el mal,\nsino la justicia; pero \u00e9sta s\u00f3lo puede ser restablecida por Dios. Igualmente\nel salmista que, con \u00e9nfasis sem\u00edtico,\ndesea \u00ablavarse los pies en la sangre de\nsus enemigos\u00bb (Sal 58.11) y profiere contra ellos terribles\nimprecaciones (Sal 5,11; 137, 7s), est\u00e1 animado de una voluntad de justicia.\nSiempre es posible la ilusi\u00f3n\nacerca de la autenticidad de tal sentimiento, pero es innegable\nel valor religioso de la actitud.\nCoincide con la de Job: \u00abYo s\u00e9 que mi defensor <em>(goel) <\/em>vive, que \u00e9l, al fin, se levantar\u00e1\nsobre la tierra\u00bb y har\u00e1 justicia (Job 19.25).<\/p>\n\n\n\n<p><em>3. El Dios vengador. <\/em>Job tiene raz\u00f3n, y Jerem\u00edas\ntambi\u00e9n, pues Dios es el juez\npor excelencia que sondea los ri\u00f1ones y los corazones\ny retribuye a cada uno seg\u00fan\nsus obras; es el <em>g\u00f3el <\/em>de Israel (Is 41,14). Consiguientemente el d\u00eda del Se\u00f1or\npuede llamarse \u00abd\u00eda de la venganza\u00bb (Jer 46,10): Dios vengar\u00e1 entonces la justicia; vengar\u00e1 tambi\u00e9n su honra, y en este sentido puede decirse que s\u00f3lo Dios\n\u00abse\u00bb puede vengar. Justicia, salvaci\u00f3n, venganza: esto es lo que aportar\u00e1 el d\u00eda del Se\u00f1or (Is 59, 17s). En la medida en que Israel es fiel a la alianza puede,\npues, apelar de la injusticia de los jueces humanos a su <em>g\u00f3el, <\/em>al \u00abDios de las venganzas\u00bb para que aparezca\ny juzgue a la tierra (Sal 94). Si esto no es todav\u00eda\nperdonar en cristiano,\nes por lo menos aguardar,\ncon humilde su-misi\u00f3n al Se\u00f1or, el d\u00eda de su visita.<\/p>\n\n\n\n<p>4. <em>Cristo y la venganza. <\/em>Este d\u00eda lleg\u00f3 cuando Jes\u00fas derram\u00f3 su sangre: entonces la suprema injusticia de los hombres revel\u00f3 la justicia infinita\nde Dios. En adelante\nel comportamiento del creyente ser\u00e1 transformado radicalmente por el ejemplo de Cristo que \u00abinsultado, no devolvi\u00f3 el insulto\u00bb (1Pe 2,23). Jes\u00fas no s\u00f3lo instaura\nuna ley nueva que cumple o consuma\nel principio del tali\u00f3n, sino que prescribe que no se resista al malvado\n(Mc 5,38-42). No condena la justicia de los\ntribunales humanos, de la que Pablo dir\u00e1 que est\u00e1 encargada de ejercer la venganza divina (Rom 13,4); pero exige de su disc\u00edpulo el perd\u00f3n de las ofensas y\nel amor de los enemigos.\nSobre todo insin\u00faa que s\u00f3lo el que es capaz de soportar la injusticia personal no cometer\u00e1 con otros injusticia. Desde ahora no basta\nya remitirse a la venganza\ndivina, sino que hay que \u00abvencer el mal con el\nbien\u00bb (Rom 12, 21): as\u00ed \u00abse ponen carbones ardientes\nsobre la cabeza del enemigo\u00bb, coloc\u00e1ndole en una situaci\u00f3n\nimposible que le induce a cambiar su odio\nen amor.<\/p>\n\n\n\n<p>Si bien por la sangre de Cristo se cumpli\u00f3 toda justicia,\nno es menos cierto que todav\u00eda no ha llegado el \u00faltimo d\u00eda. El amor tiene en la tierra sus fracasos.\nAun despu\u00e9s de Jes\u00fas hay cristianos que mueren v\u00edctimas\nde una injusticia violenta. Si perdonan\na sus verdugos (Act 7,60), no por eso deja su sangre de clamar a\nDios: \u00ab\u00bfHasta cu\u00e1ndo, Se\u00f1or santo y verdadero, tardar\u00e1s en hacer justicia, en tomar\nvenganza de nuestra\nsangre en los habitantes de la tierra\u00bb?\n(Ap 6,10; cf. 16,6;\n19,2). Pero esta venganza final de la justicia por el Dios-juez\ntendr\u00e1 por resultado acabar para siempre con la maldici\u00f3n (22,3).<\/p>\n\n\n\n<p style=\"text-align:center\">Todos\nlos derechos: <em>Vocabulario de teolog\u00eda\nb\u00edblica<\/em>, X. L\u00e9on-Dufour<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el lenguaje de hoy, vengarse es castigar una ofensa devolviendo a otro mal por mal. En el lenguaje b\u00edblico la venganza designa en primer lugar cierto restablecimiento de la justicia, una victoria sobre el mal. 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