{"id":4698,"date":"2021-01-28T11:08:40","date_gmt":"2021-01-28T17:08:40","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4698"},"modified":"2022-01-28T11:14:36","modified_gmt":"2022-01-28T17:14:36","slug":"infierno-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4698","title":{"rendered":"INFIERNO"},"content":{"rendered":"\n<p>(<em>Hades, Sheol, condena, pena de muerte, exclusi\u00f3n, fuego, muerte<\/em>). Las religiones que no ponen en su centro la gracia de Dios y la libertad (individualidad) del hombre no pueden hablar de infierno o condena final, pues en ellas todo se mantiene en un eterno retorno de vida y de muerte. S\u00f3lo las religiones que acent\u00faan la experiencia de la gracia y dejan al hombre en manos de su propia libertad (como el juda\u00edsmo y el cristianismo) pueden hablar de un infierno o condena definitiva, interpretada como castigo de Dios, en la l\u00ednea de un juda\u00edsmo, cristianismo e islam ya estructurados. En esa l\u00ednea, el Antiguo Testamento en cuanto tal apenas puede hablar de infierno, a no ser en sus \u00faltimos estratos y de un modo simb\u00f3lico, como en Dn 12,2 (\u00abY muchos de los que duermen en el polvo de la tierra ser\u00e1n despertados, unos para vida eterna, y otros para verg\u00fcenza y confusi\u00f3n perpetua\u00bb) y en el libro de la Sabidur\u00eda (destrucci\u00f3n de los injustos). El infierno, como lugar y estado perdurable de los condenados, no aparece de un modo inequ\u00edvoco y expl\u00edcito en el conjunto de la Biblia; por otra parte, en el Nuevo Testamento, el infierno deber\u00eda entenderse desde la gracia de Dios en Cristo, que es m\u00e1s fuerte que todas las posibles condenas de los hombres. Sea como fuere, el nombre <em>infierno <\/em>proviene de la versi\u00f3n latina de la Biblia (la Vulgata), que traduce con esa palabra diversos nombres y conceptos de la Biblia hebrea, que en general tienen un sentido gen\u00e9rico de muerte o de mundo inferior (Sheol) donde se cree que est\u00e1n los que han muerto. <\/p>\n\n\n\n<p>1.<em>Im\u00e1genes fundamentales. <\/em>El tema del infierno recibe en la\ntradici\u00f3n b\u00edblica diversos sentidos y aplicaciones. (a) <em>Se puede hablar del infierno de los \u00e1ngeles perversos, <\/em>que han sido\ncondenados a vivir en un \u00ababismo de columnas de fuego que descienden\u00bb, como\ntemplo invertido, donde penan y purgan su pecado (<em>1 Hen <\/em>21,7-10). \u00abAqu\u00ed permanecer\u00e1n los \u00e1ngeles que se han unido a\nlas mujeres. Tomando muchas formas, ellos han corrompido a los hombres y los\nseducen, para que hagan ofrendas a los demonios como a dioses, hasta el d\u00eda del\ngran juicio en que ser\u00e1n juzgados, hasta que sean destruidos. Y sus mujeres,\nlas que han seducido a los \u00e1ngeles celestes, se convertir\u00e1n en sirenas\u00bb (<em>1 Hen <\/em>19,1-3). En esa l\u00ednea se sit\u00faa el\nsimbolismo de Mt 5,41, donde Jes\u00fas, Hijo de Hombre, dir\u00e1 a los injustos:\n\u00abapartaos de m\u00ed, malditos, al fuego eterno, preparado para el diablo y para sus\n\u00e1ngeles\u00bb (Mt 25,41). Los hombres pueden participar, seg\u00fan eso, de una condena\neterna, que deriva de la falta de solidaridad que han mostrado con los\nnecesitados. (b) <em>Se puede hablar de un infierno\nentendido como \u00abverg\u00fcenza y confusi\u00f3n perpetua\u00bb<\/em>, propia de aquellos que\nresucitan al fin de los tiempos para la condena (Dn 12,2). Aqu\u00ed no se destaca\nel fuego de la destrucci\u00f3n, como en el caso anterior, sino la \u00abfalta de honor\u00bb,\nla deshonra de aquellos que no participan en el brillo de la gloria de Dios.\n(c) <em>El signo m\u00e1s utilizado del infierno\nes la Gehenna<\/em>. Parece claro que Jes\u00fas ha puesto de relieve la imagen de la\nGehenna, peque\u00f1o valle hacia el sur de Jerusal\u00e9n donde se quemaban las basuras\nde la ciudad, como signo de perdici\u00f3n. Esta imagen se encuentra especialmente\nvinculada con el pecado del esc\u00e1ndalo: \u00absi tu mano te escandaliza,\nc\u00f3rtatela&#8230;; te es mejor entrar manco en el Reino que ir con las dos manos a\nla Gehenna\u00bb (cf. Mc 9,42-46 par). Ella aparece tambi\u00e9n en textos paren\u00e9ticos,\nen los que se invita a no tener miedo a los que pueden quitar la vida, pero no\npueden mandar al hombre a la Gehenna, como puede hacerlo Dios (cf. Mt 10,38; Lc\n12,5). Es evidente que esta imagen pone de relieve el riesgo de perdici\u00f3n en\nque se encuentra el hombre, pero quiz\u00e1 no puede aplicarse sin m\u00e1s a un tipo de\ninfierno eterno. <\/p>\n\n\n\n<p>2.\n<em>Un relato popular. <\/em>Un tipo de infierno aparece tambi\u00e9n en relatos\npopulares, como en la par\u00e1bola de L\u00e1zaro, el mendigo, y del rico sin misericordia:\n\u00abAconteci\u00f3 que muri\u00f3 el mendigo, y fue llevado por los \u00e1ngeles al seno de\nAbrah\u00e1n; y muri\u00f3 tambi\u00e9n el rico, y fue sepultado. En el Hades alz\u00f3 sus ojos,\nestando en tormentos, y vio de lejos a Abrah\u00e1n, y a L\u00e1zaro en su seno.\nEntonces, gritando, dijo: Padre Abrah\u00e1n, ten misericordia de m\u00ed y env\u00eda a\nL\u00e1zaro para que moje la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua, porque\nestoy atormentado en esta llama. Pero Abrah\u00e1n le dijo: Hijo, acu\u00e9rdate que\nrecibiste tus bienes en tu vida, y L\u00e1zaro, males; pero ahora \u00e9ste es consolado\naqu\u00ed, y t\u00fa atormentado. Adem\u00e1s de todo esto, una gran sima est\u00e1 puesta entre\nnosotros y vosotros, de manera que los que quieran pasar de aqu\u00ed a vosotros no\npueden, ni de ah\u00ed pasar ac\u00e1\u00bb (Lc 16,22-26). Significativamente, el texto no\nhabla ya de la Gehenna, sino del <em>Hades, <\/em>entendido\nen su sentido antiguo de <em>Sheol, <\/em>mundo\ninferior de los que han muerto. Pero ya no es un Sheol-Hades neutral, al que\nvan todos los muertos, sino que aparece como lugar de fuego-tormento. Por eso,\nse eleva a su lado la imagen del \u00abseno de Abrah\u00e1n\u00bb, vinculado sin duda a las promesas de\nsalvaci\u00f3n relacionadas con los patriarcas (como en Mt 8,11 y en Mc 12,26). <\/p>\n\n\n\n<p>3. <em>Relato apocal\u00edptico y experiencia cristiana. <\/em>Siguiendo tradiciones orientales, el Ap concibe el lugar\/estado de ruptura y destrucci\u00f3n total de los humanos como <em>estanque o lago de fuego<\/em> <em>y azufre <\/em>que arde sin cesar (Ap 19,20; 20,10.14.15; 21,8), al parecer en el fondo de la tierra, como pozo del abismo. No es el <em>Hades <\/em>de la tradici\u00f3n griega, donde los muertos esperan a\u00fan la salvaci\u00f3n, sino el estado final de aquellos que no han querido recibir al Cristo Cordero y no est\u00e1n inscritos en su Libro y\/o en la Ciudad final, la nueva Jerusal\u00e9n (cf. 2,10-15); es lugar de muerte sin fin. A pesar de las im\u00e1genes de Ap 14,9-11, el Apocalipsis no insiste en la condena o fracaso de los perversos como castigo-dolor, sino como muerte (no vida). Por eso, en contra de la tradici\u00f3n simb\u00f3lica posterior, reflejada por ejemplo en la <em>Divina Comedia <\/em>de Dante, el Ap no ha situado en paralelo el cielo y el infierno; a su juicio, s\u00f3lo existe una culminaci\u00f3n verdadera: la ciudad de los justos (Ap 21,1\u201322,5); el infierno no est\u00e1 al lado del cielo, como si fuera el otro platillo de una balanza judicial, sino que es s\u00f3lo una posibilidad de no recibir la gloria que Dios ofrece a todos los hombres en Cristo. Por eso, el infierno cristiano s\u00f3lo puede plantearse desde la experiencia pascual, que no ratifica la estructura judicial anterior, de tipo sim\u00e9trico, donde hay condenados y salvados, en la l\u00ednea del conocimiento del bien y del mal (Gn 2\u20133) o de la divisi\u00f3n que la teolog\u00eda del pacto israelita ha marcado entre la vida y la muerte (Dt 30,15), y que ha pasado a la visi\u00f3n paren\u00e9tica de Mt 25,31-46 (con derecha e izquierda, salvaci\u00f3n y condena). En principio, el mensaje pascual del cristianismo es s\u00f3lo experiencia de salvaci\u00f3n, que se funda en el amor de Dios, que ha dado a los hombres su propia vida, la vida de su Hijo (cf. Jn 3,16; Rom 8,32). Desde esa perspectiva deben replantearse todos los datos b\u00edblicos anteriores, incluido el lenguaje de Jes\u00fas sobre la Gehenna y la amenaza de Mt 25,41. Ese replanteamiento no es una labor de pura ex\u00e9gesis literal de la Biblia, sino de interpretaci\u00f3n social y cultural del conjunto de la Iglesia. En este campo queda por hacer una gran labor, que resultar\u00e1 esencial en los pr\u00f3ximos decenios de la teolog\u00eda y de la vida de la Iglesia, cuando se superen en ella una serie de supuestos legales y ontol\u00f3gicos que han venido determin\u00e1ndola desde el surgimiento de las iglesias establecidas de Occidente, a partir del siglo IV d.C. Pero una vez que se replantea el tema del infierno escatol\u00f3gico (del fuego final de un juicio de Dios) debe plantearse con mucha m\u00e1s fuerza el tema del infierno hist\u00f3rico, creado por la injusticia de los hombres que oprimen a otros hombres y por los diversos tipos de enfermedad y opresi\u00f3n que sufren especialmente los pobres. \u00c9ste es el infierno del que se ocup\u00f3 realmente Jes\u00fas; de ese infierno quiso liberar a los hombres y mujeres, para que pudieran vivir a la luz de la libertad y del gozo del reino de Dios. Las par\u00e1bolas en las que hay un reino del diablo que se opone al de Dios (como algunas de Mt 13 y 25) pertenecen a la ret\u00f3rica de la Iglesia, m\u00e1s que al mensaje de Jes\u00fas, a no ser que se interpreten en forma de advertencia, para que los hombres no construyan sobre este mundo un infierno. <\/p>\n\n\n\n<p>4. <em>El infierno de Jes\u00fas <\/em>(sepulcro, gracia, resurrecci\u00f3n). El credo oficial m\u00e1s antiguo de la Iglesia (el apost\u00f3lico o romano) dice que Cristo <em>baj\u00f3 a los infiernos, <\/em>poniendo as\u00ed de relieve el momento final de su historia humana. S\u00f3lo desde esa perspectiva se puede entender la posibilidad de un infierno cristiano. (a) <em>Baj\u00f3 a los infiernos. <\/em>Quien no muere del todo no ha vivido plenamente: no ha experimentado la impotencia abismal, el desvalimiento pleno de la existencia. Jes\u00fas ha vivido en absoluta intensidad; por eso muere en pleno desamparo. Ha desplegado la riqueza del amor; por eso muere en suma pobreza, preguntando por Dios desde el abismo de su angustia. De esa forma se ha vuelto solidario de los muertos. S\u00f3lo es solidario quien asume la suerte de los otros. Bajando hasta la tumba, sepultado en el vientre de la tierra, Jes\u00fas se ha convertido en compa\u00f1ero de aquellos que mueren, iniciando, precisamente all\u00ed, el camino ascendente de la vida. (b) <em>Jes\u00fas fue enterrado y su sepulcro es un momento de su despliegue salvador <\/em>(cf. Mc 15,42-47 y par; 1 Cor 15,4). S\u00f3lo quien muere de verdad, volviendo a la tierra, puede resucitar de entre los muertos. Jes\u00fas ha bajado al lugar de no retorno, para iniciar all\u00ed el retorno verdadero. Como Jon\u00e1s \u00abque estuvo en el vientre del cet\u00e1ceo tres d\u00edas y tres noches&#8230;\u00bb (Mt 12,40), as\u00ed estuvo Jes\u00fas en el abismo de la muerte, para resucitar de entre los muertos (Rom 10,7-9). En el foso de la muerte ha penetrado Jes\u00fas y su presencia solidaria ha conmovido las entra\u00f1as del infierno, como dice la tradici\u00f3n: \u00abLa tierra tembl\u00f3, las rocas se rajaron, las tumbas se abrieron y muchos de los cuerpos de los santos que hab\u00edan muerto resucitaron\u00bb (Mt 27,5152). De esa forma ha realizado su tarea mesi\u00e1nica: \u00abSufri\u00f3 la muerte en su cuerpo, pero recibi\u00f3 vida por el Esp\u00edritu. Fue entonces cuando proclam\u00f3 la victoria incluso a los esp\u00edritus encarcelados que fueron rebeldes, cuando antiguamente, en tiempos de No\u00e9&#8230;\u00bb (1 Pe 3,18-19). Se ha dicho que esos esp\u00edritus encarcelados eran los humanos del tiempo del diluvio, como supone la liturgia, pero la ex\u00e9gesis moderna piensa que ellos pueden ser los \u00e1ngeles perversos que en tiempo del diluvio fomentaron el pecado, siendo por tanto encadenados. No empez\u00f3 a morir cuando expir\u00f3 en la cruz y le bajaron al sepulcro; hab\u00eda empezado cuando se hizo solidario con el dolor y destrucci\u00f3n de los hombres, compartiendo la suerte de los expulsados de la tierra. Jes\u00fas hab\u00eda descendido ya en el mundo al infierno de los locos, los enfermos, los que estaban angustiados por las fuerzas del abismo: ha asumido la impotencia de aquellos que padecen y perecen aplastados por las fuerzas opresoras de la tierra, llegando de esa forma hasta el infierno de la muerte. <\/p>\n\n\n\n<p>5. <em>Un texto lit\u00fargico. Jes\u00fas y Ad\u00e1n. <\/em>La\nliturgia, continuando en la l\u00ednea simb\u00f3lica de los textos anteriores, relaciona\na Jes\u00fas con Ad\u00e1n, el hombre originario que le aguarda desde el fondo de los\ntiempos, como indica una antigua homil\u00eda pascual: \u00ab\u00bfQu\u00e9 es lo que hoy sucede?\nUn gran silencio envuelve la tierra: un gran silencio y una gran soledad. Un\ngran silencio, porque el Rey se ha dormido en la carne y ha despertado a los\nque dorm\u00edan desde antiguo. Dios ha muerto en la carne y ha puesto en conmoci\u00f3n\nal abismo. Va a buscar a nuestro primer padre, como si \u00e9ste fuera la oveja\nperdida. Quiere visitar a los que viven en tinieblas y sombras de muerte (cf.\nMt 4,16). \u00c9l, que es al mismo tiempo Dios e Hijo de Dios, va a librar de sus\nprisiones y de sus dolores a Ad\u00e1n y Eva. El Se\u00f1or, teniendo en sus manos las\narmas vencedoras de la cruz, se acerca a ellos. Al verlo, nuestro primer padre\nAd\u00e1n, asombrado por tan gran acontecimiento, exclama y dice a todos: mi Se\u00f1or\nest\u00e9 con todos. Y Cristo, respondiendo, dice a Ad\u00e1n: y con tu esp\u00edritu. Y,\ntom\u00e1ndolo por la mano, lo levanta dici\u00e9ndole: Despierta, t\u00fa que duermes,\nlev\u00e1ntate de entre los muertos y Cristo ser\u00e1 tu luz (cf. Ef 5,14). Yo soy tu\nDios que, por ti y por todos los que han de nacer de ti, me he hecho tu hijo. Y\nahora te digo que tengo el poder de anunciar a los que est\u00e1n encadenados: \u00a1salid!; y a los que se\nencuentran en tinieblas: \u00a1levantaos! Y a ti te mando: despierta, t\u00fa que\nduermes, pues no te cre\u00e9 para que permanezcas cautivo en el abismo; lev\u00e1ntate\nde entre los muertos, pues yo soy la vida de los muertos. Lev\u00e1ntate, obra de\nmis manos; lev\u00e1ntate, imagen m\u00eda, creado a mi semejanza. Lev\u00e1ntate, salgamos de\naqu\u00ed, porque t\u00fa en m\u00ed y yo en ti formamos una sola e indivisible persona\u00bb (PG\n43, 439. <em>Liturgia Horas, <\/em>s\u00e1bado\nsanto). Jes\u00fas ha descendido hasta el infierno para encarnarse plenamente,\ncompartiendo la suerte de aquellos que mueren. Pero al mismo tiempo ha\ndescendido para anunciarles la victoria del amor sobre la muerte, viniendo como\ngran evangelista que proclama el mensaje de liberaci\u00f3n definitiva, visitando y\nrescatando a los cautivos del infierno. Por eso, la palabra de la Iglesia le\nsit\u00faa frente a <em>Ad\u00e1n, <\/em>humano\nuniversal, el primero de los muertos. <\/p>\n\n\n\n<p>6. <em>Christus Victor. <\/em>Hasta el sepulcro de Ad\u00e1n ha descendido Jes\u00fas, como todos los hombres penetrando hasta el lugar donde la muerte reinaba, manteniendo cautivos a individuos y pueblos. Ha descendido all\u00ed para rescatar a los muertos (cf. Mt 11,4-6; Lc 4,18-19), apareciendo de esa forma como <em>Christus Victor, Mes\u00edas vencedor <\/em>del demonio y de la muerte. Su descenso al infierno para destruir el poder de la muerte constituye de alg\u00fan modo la culminaci\u00f3n de su biograf\u00eda mesi\u00e1nica, el triunfo decisivo de sus exorcismos, de toda su batalla contra el poder de lo diab\u00f3lico. Lo que Jes\u00fas empez\u00f3 en Galilea, curando a unos endemoniados, lo ha culminado con su muerte, descendiendo al lugar de los muertos, para liberarles a todos del Gran Diablo infernal. Tomado en un sentido literalista, este misterio (<em>descendi\u00f3 a los infiernos<\/em>) parece resto m\u00edtico, palabra que hoy se dice y causa asombro o rechazo entre los fieles. Sin embargo, entendido en su sentido m\u00e1s profundo, constituye el culmen y clave de todo el Evangelio. Aqu\u00ed se ratifica la encarnaci\u00f3n redentora de Jes\u00fas: sus curaciones y exorcismos, su ense\u00f1anza de amor y libertad. <\/p>\n\n\n\n<p>7 .<em>\u00bfEs posible un infierno cristiano? <\/em>Desde las observaciones anteriores y\nteniendo en cuenta todo el proceso de la revelaci\u00f3n b\u00edblica, con la muerte y\nresurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, se puede hablar de dos infiernos. (a) <em>Hay un primer infierno, <\/em>al que Jes\u00fas ha\ndescendido del todo por solidaridad con los expulsados de la tierra y por morir\ncon los condenados de la historia. \u00c9ste es el infierno de la destrucci\u00f3n donde\nlos humanos acababan (acaban) penetrando al final de una vida que conduce sin\ncesar hasta la tumba. Hab\u00eda sobre el mundo otros infiernos de injusticia,\nsoledad y sufrimiento, aunque s\u00f3lo el de la muerte era total y decisivo. Pero\nJes\u00fas ha derribado sus puertas, abriendo as\u00ed un camino que conduce hacia la\nplena libertad de la vida (a la resurrecci\u00f3n), en \u00e1mbito de gracia. En ese\ninfierno sigue viviendo gran parte de la humanidad, condenada al hambre,\nsometida a la injusticia, dominada por la enfermedad. El mensaje de Jes\u00fas nos\ninvita a penetrar en ese infierno, para solidarizarnos con los que sufren y\nabrir con ellos y para ellos un camino de vida (Mt 25,31-46). (b) <em>Hay un segundo infierno <\/em>o condena\nirremediable de aquellos que rechazando el don de Cristo y oponi\u00e9ndose de forma\nvoluntaria a la gracia de su vida, pueden caer en la oscuridad y muerte sin fin\n(por su voluntad y obstinaci\u00f3n definitiva). As\u00ed lo suponen algunas\nformulaciones b\u00e1sicas donde se habla de premio para unos y castigo para otros\n(cf. Dn 12,23). Esta visi\u00f3n culmina parab\u00f3licamente en Mt 25,31-46, donde Jes\u00fas\ndice a los de su derecha \u00abvenid, benditos de mi Padre, heredad el Reino,\npreparado para vosotros\u00bb y a los de su izquierda \u00abapartaos de m\u00ed, malditos, al\nfuego eterno preparado para el diablo y sus \u00e1ngeles\u00bb. Tomadas al pie de la\nletra, esas palabras suponen que hay cielo e infierno, como posibilidades\nparalelas de salvaci\u00f3n y condena para los hombres. Pero debemos recordar que\n\u00e9se es un lenguaje de par\u00e1bola y par\u00e9nesis, no de juicio legalista, como aquel\nque Jes\u00fas ha superado en su Evangelio (cf. Mt 7,1 par). Ese segundo infierno es\nuna posibilidad, pero no en el sentido en que es posibilidad el cielo de la\nplenitud escatol\u00f3gica, fundada en la resurrecci\u00f3n de Cristo. <\/p>\n\n\n\n<p>8.\n<em>Dios s\u00f3lo quiere la vida. <\/em>La Biblia cristiana, tal como ha\nculminado en la pascua de Cristo, formulada de manera definitiva por los\nevangelios y cartas de Pablo, s\u00f3lo conoce un final: la vida eterna de los\nhombres liberados, el reino de Dios, que se expresa en la resurrecci\u00f3n de\nCristo. En ese sentido tenemos que decir que, estrictamente hablando, s\u00f3lo\nexiste salvaci\u00f3n, pues Cristo ha muerto para liberar a los humanos de su\ninfierno. Pero desde esa base de salvaci\u00f3n b\u00e1sica podemos y debemos hablar\ntambi\u00e9n de la posibilidad de una muerte segunda (cf. Ap 2,11; 20,6.14; 21,8),\nque ser\u00eda un infierno infernal, una condena sin remedio (sin esperanza de otro\nCristo). En la l\u00ednea de ese infierno segundo quedar\u00edan aquellos que, a pesar\ndel amor y perd\u00f3n universal de Cristo, prefieren quedarse en su violencia, de\nmanera que no aceptan, ni en este mundo ni en el nuevo de la pascua, la gracia\nmesi\u00e1nica del Cristo. Sabemos que Jes\u00fas no ha venido a condenar a nadie; pero\nsi alguien se empe\u00f1a en mantenerse en su ego\u00edsmo y violencia, puede convertirse\n\u00e9l mismo (a pesar de la gracia de Jes\u00fas) en condena perdurable. Hemos dicho\n\u00abpuede\u00bb y as\u00ed quedamos en la posibilidad, dejando todas las cosas en manos de\nla misericordia salvadora de Dios, que tiene formas y caminos de salvaci\u00f3n para\ntodos, aunque nosotros no podamos comprenderlos desde la situaci\u00f3n actual de\ninjusticia y de muerte, de infierno, del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Cf. R. AGUIRRE, <em>Ex\u00e9gesis de Mt 27,51b-53. Para una teolog\u00eda de la muerte de Jes\u00fas en el\nevangelio de Mateo, <\/em>Seminario, Vitoria 1980; J. ALONSO D\u00cdAZ, <em>En lucha con el misterio. El alma jud\u00eda ante\nlos premios y castigos y la vida ultraterrena, <\/em>Sal Terrae, Santander 1967,\nG. AULEN, <em>Le triomphe du Christ, <\/em>Aubier,\nPar\u00eds 1970; L. BOUYER, <em>Le myst\u00e9re pascal,\nPar\u00eds <\/em>1957; W. J. DALTON, <em>Christ\u2019s\nproclamation to the Spirits. A study of 1 Pe 3,18; 4,6, <\/em>Istituto Biblico,\nRoma 1965; J. L. RUIZ DE LA PE\u00d1A, <em>El\nhombre y su muerte, <\/em>Aldecoa, Burgos 1971; <em>La pascua de la nueva creaci\u00f3n. Escatolog\u00eda, <\/em>BAC, Madrid 1996; H.\nU. VON BALTHASAR, \u00abEl misterio pascual\u00bb, <em>Mysterium\nSalutis <\/em>III\/II, Madrid 1971, 237-265.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"text-align:center\">Todos los\nderechos: <em>Diccionario de la Biblia,\nhistoria y palabra<\/em>, X. Pikaza<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Hades, Sheol, condena, pena de muerte, exclusi\u00f3n, fuego, muerte). Las religiones que no ponen en su centro la gracia de Dios y la libertad (individualidad) del hombre no pueden hablar de infierno o condena final, pues en ellas todo se &hellip; <a href=\"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4698\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":""},"categories":[15],"tags":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p2dsrC-1dM","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4698"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=4698"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4698\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4699,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4698\/revisions\/4699"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=4698"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=4698"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=4698"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}