{"id":4702,"date":"2021-01-28T11:22:37","date_gmt":"2021-01-28T17:22:37","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4702"},"modified":"2022-01-28T11:27:36","modified_gmt":"2022-01-28T17:27:36","slug":"luz-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4702","title":{"rendered":"LUZ"},"content":{"rendered":"\n<p>(<em>fuego, Dios, amor, palabra<\/em>). Es uno de\nlos s\u00edmbolos principales de la experiencia israelita y cristiana. Puede tomarse\ncomo centro de una constelaci\u00f3n de significados, de los que evocaremos algunos,\nsiguiendo el mismo despliegue tem\u00e1tico del conjunto de la Biblia.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Creaci\u00f3n. Lo primero fue la luz.<\/em> \u00abEn el principio hab\u00eda oscuridad sobre la faz del abismo, y el Esp\u00edritu de Dios se cern\u00eda sobre la faz de las aguas. Entonces dijo Dios: Sea la luz y fue la luz. Dios vio que la luz era buena, y separ\u00f3 Dios la luz de las tinieblas. Dios llam\u00f3 a la luz d\u00eda, y a las tinieblas llam\u00f3 noche\u00bb (cf. Gn 1,2-5). \u00c9ste es el comienzo de todas las cosas, el principio y final de la creaci\u00f3n. Las tinieblas (<em>jok<\/em>) ya exist\u00edan, como fondo de caos que rodea al ser divino. No eran nada, y sin embargo estaban ah\u00ed. Ellas no son \u00abdios\u00bb, de manera que no existe un dios bueno y otro malo, pues Dios es s\u00f3lo bueno y signo suyo es la luz (<em>\u2018\u00f4r<\/em>) que \u00e9l mismo irradia y que concede sentido, espacio y tiempo y visibilidad a todo lo que existe. Pero en su mismo entorno, como expresi\u00f3n del l\u00edmite que Dios abre para que puedan existir otras cosas, se abr\u00edan las tinieblas. Quiz\u00e1 pudi\u00e9ramos decir que Dios mismo es la luz que se expande y regala, de tal forma que en \u00e9l (en Dios, en la luz) existe todo. Por eso, a su lado, la tiniebla \u00abno es\u00bb y, sin embargo, es necesaria, como entorno de Dios, como vac\u00edo que \u00e9l llena, como caos que \u00e9l ordena, como oscuridad que \u00e9l alumbra. Por eso podemos a\u00f1adir que la luz no es \u00abnada concreto\u00bb y, sin embargo, est\u00e1 en todo. No se pueden comparar luz y tinieblas, como si fueran sim\u00e9tricas (bien y mal, vida y muerte), como dos platillos de una misma balanza. S\u00f3lo existe luz, s\u00f3lo hay bien, s\u00f3lo existe la Palabra, que es la Vida y la Luz de los hombres (cf. Jn 1,4-12), pero all\u00ed donde los hombres no escuchan la Palabra se abre el silencio sin voz, la muerte sin vida, la oscuridad sin luz&#8230; Ese silencio muerto, ese mal y oscuridad son como entorno y contraste de esa luz, cuando se extiende sobre la nada. <em>Focos de luz: luminarias o luceros. <\/em>No son primero los focos de luz y despu\u00e9s la Luz, sino al rev\u00e9s: de la Luz que es Dios brotan los luceros o luminarias: \u00abEntonces dijo Dios: Haya luminarias en la b\u00f3veda del cielo&#8230; E hizo Dios las dos grandes luminarias: la luminaria mayor para se\u00f1orear el d\u00eda y la luminaria menor para se\u00f1orear la noche. Hizo tambi\u00e9n las estrellas. Dios las puso en la b\u00f3veda del cielo para alumbrar sobre la tierra, para presidir sobre el d\u00eda y la noche, y para separar la luz de las tinieblas\u00bb (Gn 1,14-18). \u00c9sta es la palabra que Dios dice en el d\u00eda central de la semana, en el momento en que se decide el orden y despliegue de la creaci\u00f3n. Hab\u00eda ya luz, hab\u00eda tierra y cielo, aguas y mares. Pero la luz no se hab\u00eda condensado todav\u00eda, formando unas lumbreras o luceros, focos de luz que gu\u00edan la vida de los hombres, separando tiempos (d\u00eda y noche) y espacios (unos luminosos, habitados, y otros oscuros, inhabitables). En este momento central culmina la creaci\u00f3n de la luz, expresada en los grandes y peque\u00f1os luceros, que no son Dios (como pensaban muchas religiones antiguas, desde Mesopotamia hasta Grecia), pero que traducen la presencia del Dios de la Luz, dando sentido y relieve a los diversos tiempos, lugares y personas. Estos luceros se llaman <em>me\u2019\u00f4rot <\/em>(en los LXX <em>phost\u00earas<\/em>): portadores de luz, los \u00abalumbrantes\u00bb. Entre ellos, como astro verdadero, surgir\u00e1 el sexto d\u00eda de la creaci\u00f3n el ser humano. <\/p>\n\n\n\n<p>1. <em>Colores\nde luz y de paz: el arco iris. <\/em>El cielo y la tierra de Dios son hermosos y\nfuertes, pero tienen un equilibrio inestable, vinculado a la misma libertad del\nhombre, que puede pervertirse y pervertirlo todo, y a las condiciones del\nmundo, hecho de equilibrios fr\u00e1giles: de posibles cataclismos, de duras\ntormentas, de diluvios. La Biblia cuenta, como ejemplo del riesgo de la vida de\nlos hombres, el gran diluvio de los tiempos antiguos del que s\u00f3lo algunos pocos\n(No\u00e9 y su familia) se salvaron (cf. Gn 6\u20137). Pues bien, la historia de ese\ncataclismo, siempre amenazante, termina con la evocaci\u00f3n de los colores de la\nluz que expanden su signo de paz, como expresi\u00f3n del pacto primigenio de la\nvida que vence a la muerte, de la esperanza que destruye al odio: \u00ab\u00c9sta ser\u00e1 la\nse\u00f1al del pacto que establezco con vosotros y con todo ser viviente que est\u00e1\ncon vosotros, por generaciones, para siempre: Yo pongo mi arco en las nubes\ncomo se\u00f1al del pacto que hago con la tierra. Y suceder\u00e1 que cuando yo haga\naparecer las nubes sobre la tierra, entonces el arco se dejar\u00e1 ver en las nubes\ny me acordar\u00e9 de mi pacto\u00bb (Gn 9,12-15). El arco era para los antiguos el signo\npor excelencia de la guerra: los arqueros eran los m\u00e1s duros militares.\nPues bien, la luz ha hecho el prodigio: el arco militar se ha convertido sobre\nel cielo de los d\u00edas de tormenta en juego de colores, en promesa de agua buena\ny de paz, por encima de todo cataclismo y guerra. La luz aparece as\u00ed como signo\ndel don de la vida que supera no s\u00f3lo la tiniebla y la violencia del cosmos,\nexpresada por la gran tormenta, sino tambi\u00e9n la guerra entre los hombres. <\/p>\n\n\n\n<p>2. <em>La\nluz de Dios cercano: Men\u00f4rah. <\/em>Los israelitas han concebido siempre la luz\ncomo un signo del Dios que est\u00e1 presente, patente y oculto, haciendo surgir de\nla tiniebla todas las cosas que existen. Por eso, es normal que los creyentes\nhayan respondido a Dios ofreci\u00e9ndole un foco de luz, una l\u00e1mpara en el\nsantuario. Uno de los testimonios m\u00e1s antiguos que conocemos de ello es el\nrelato de la vocaci\u00f3n del joven Samuel, que serv\u00eda al sacerdote en el templo de\nSilo donde ard\u00eda la \u00abl\u00e1mpara de Dios\u00bb (<em>ner<\/em>).\nPero el testimonio m\u00e1s conocido, hasta el d\u00eda de hoy, es el candelabro o\nportaluz de siete brazos que alumbrar\u00e1 m\u00e1s tarde de forma perpetua en el templo\nde Jerusal\u00e9n y que se llama precisamente <em>men\u00f4rah\n<\/em>(en los LXX <em>lykhnos<\/em>, de la misma\nra\u00edz que <em>lux, licht, <\/em>luz), portadora\nde la luz, de una luz que Dios ofrece a los hombres y que los hombres devuelven\na Dios (Ex 25,31-35). Este candelabro ser\u00e1 entre los israelitas el m\u00e1s perfecto\nde los signos y rituales religiosos: es la luz de los siete d\u00edas del tiempo (Gn\n1) y de los siete esp\u00edritus de Dios que llenan todo el universo y que, para los\ncristianos, se expresa de un modo especial en la iglesias, que el Apocalipsis\nconcibe como luces encendidas en el mundo (cf. Ap 1,12-13.20; 2,1). De manera\nsorprendente, la carta a los Hebreos define a los esp\u00edritus-\u00e1ngeles como luz de\nfuego, fuego de luz mensajera que se abre y se extiende hacia todos los hombres\n(cf. Heb 1,7). Por eso, es normal que los creyentes hayan querido ver a Dios,\nviendo la luz, por medio de la misma Luz que es Dios: \u00abEn ti est\u00e1n las fuentes\nde la Vida y en tu luz veremos la luz\u00bb (Sal 36,10). De manera significativa,\nVida y Luz se identifican: en la Vida de Dios vivimos, en su Luz nos conocemos,\nsiendo de esa forma un resplandor de su presencia. <\/p>\n\n\n\n<p>3. <em>Hijos de la luz e hijos de las tinieblas. <\/em>El\nlibro del G\u00e9nesis no hab\u00eda divinizado la luz y las tinieblas, sino s\u00f3lo la Luz, concibiendo las\ntinieblas como aquello que queda fuera de la Luz, como el contrapunto de nada\nque nos hace comprender mejor la luz, que es el Todo de todo lo que existe.\nPero en Israel ha existido tambi\u00e9n desde antiguo una tendencia a dualizar y\nescindir la realidad, a dividir todas las cosas, haciendo que ellas sean bien y\nmal, luz y tinieblas, vida y muerte (cf. Dt 30,19). Ciertamente, se sabe que\ntodo viene de Dios: \u00ab\u00a1Yo mismo hago la luz y creo las tinieblas! (cf. Is 45,7).\nSobre esa base se ha podido afirmar que existen dos esp\u00edritus eternos,\nenfrentados, divididos, en guerra perpetua, \u00abla guerra de los hijos de la luz\ncontra los hijos de las tinieblas\u00bb (cf. Qumr\u00e1n, <em>Milhama <\/em>1QM 1,1). \u00c9sta es la guerra para la que el Instructor de\nQumr\u00e1n educa a sus esenios: \u00abpara amar a todos los hijos de la luz&#8230; y para\nodiar a todos los hijos de las tinieblas, a cada uno seg\u00fan su culpa, en la\nvenganza de Dios\u00bb (<em>Regla de la Comunidad <\/em>1QS\n1,9-11). Esta oposici\u00f3n entre los hijos de la luz y los hijos de las tinieblas\nse encuentra en el fondo de varios textos del Nuevo Testamento, pero de un modo\ndistinto, no combativo, sino afirmativo y testimonial: \u00abTodos vosotros sois\nhijos de la luz e hijos del d\u00eda. No somos hijos de la noche ni de las\ntinieblas\u00bb (1 Tes 5,5); \u00absois Luz en el Se\u00f1or, caminad como hijos de la luz\u00bb\n(Ef 5,8); \u00abmientras ten\u00e9is la luz, creed en la luz, para que se\u00e1is hijos de la\nluz\u00bb (Jn 12,36; cf. Lc 16,8). Aqu\u00ed se sit\u00faa la diferencia cristiana. Algunos\ndualistas, como los esenios de Qumr\u00e1n estaban dispuestos a luchar, incluso en\nguerra militar, contra los hijos de las tinieblas, que ellos identificaban con\nlos romanos o jud\u00edos renegados, en un camino que sigue influyendo todav\u00eda en\ntodos los que hablan de la justicia infinita o de la guerra contra el eje del\nmal. Los cristianos, en cambio, se descubren hijos de la luz, pero no para\nluchar contra los hijos de las tinieblas, sino para alumbrar gratuita y\ngenerosamente en las tinieblas, irradiando su luz en la oscuridad. As\u00ed lo\nadvierte Jes\u00fas, de manera tajante, evocando el texto anterior de Qumr\u00e1n:\n\u00abHab\u00e9is o\u00eddo que se ha dicho amar\u00e1s a tu pr\u00f3jimo y aborrecer\u00e1s a tu enemigo;\nyo, en cambio, os digo: \u00a1amad a vuestros enemigos&#8230;!\u00bb. De esa forma ha roto\nJes\u00fas la simetr\u00eda violenta del bien y el mal, de la Luz y las tinieblas, viniendo\na presentarse s\u00f3lo como testigo universal de la luz. <\/p>\n\n\n\n<p>4. <em>Vosotros\nsois la luz del mundo: una ciudad encendida sobre el mundo. <\/em>En este\ncontexto se sit\u00faan algunos textos b\u00e1sicos del evangelio: \u00abNo se enciende una\nluz [<em>lykhnos<\/em>] para ponerla debajo de\nun celem\u00edn, sino sobre un candelabro o portador de luz [<em>lykhnia<\/em>], para que alumbre a todos los que est\u00e1n en la casa\u00bb (Mt\n5,15). Jes\u00fas concibe a sus disc\u00edpulos como una luz encendida en la altura\n(\u00a1vosotros sois la luz del mundo!), como una ciudad elevada y luminosa, para\nque todos vean y puedan caminar con claridad, sin miedo a perderse (cf. Mt\n5,14). De esa manera retoma uno de motivos m\u00e1s importantes de la esperanza\nprof\u00e9tica de Israel: \u00ab\u00a1Lev\u00e1ntate y brilla! Porque ha llegado tu luz, y la\ngloria de Yahv\u00e9 ha resplandecido sobre ti. Porque las tinieblas cubr\u00edan la\ntierra; y la oscuridad, los pueblos. Pero sobre ti resplandecer\u00e1 Yahv\u00e9 y en ti\nse contemplar\u00e1 su gloria. Entonces caminar\u00e1n las naciones a tu luz, y los reyes\nal resplandor de tu aurora\u00bb (Is 60,1-3). \u00c9sta es la esperanza y tarea de Jes\u00fas:\nquiere crear un pueblo de gentes luminosas, una ciudad de personas\ntransformadas en luz. As\u00ed quiere que sea su Iglesia: una ciudad de gentes que\nalumbran de forma generosa, regalando su luz, gratuitamente, para que todos\nvean y vivan en concordia. Aqu\u00ed no hay lucha de la luz contra las tinieblas,\nsino desbordamiento de vida: que todos puedan ver, porque a todos se regala, de\nmodo generoso, la luz recibida. <\/p>\n\n\n\n<p>5. <em>El\nmilagro de la luz: los ciegos ven. <\/em>Uno de los motivos centrales del\nEvangelio es el prodigio de la luz, que es gratuita (\u00a1el sol alumbra sobre\nbuenos y malos!: Mt 5,45), pero que se encuentra combatida y a veces rechazada:\n\u00abVino la luz a los hombres, pero los hombres no la recibieron\u00bb (Jn 1,10-12), de\nmanera que algunos prefirieron y prefieren vivir en las tinieblas (cf. Jn\n3,18). Pues bien, sobre esa base, Jes\u00fas aparece como portador apasionado de\nLuz, un hombre cuya principal tarea ha consistido y sigue consistiendo en abrir\nlos ojos a los ciegos (ciegos corporales, ciegos de esp\u00edritu), para que puedan\nver y escoger, caminar y vivir en libertad. Por eso, cuando le preguntan \u00ab\u00bfqu\u00e9 haces?\u00bb \u00e9l\nresponde: \u00ablos ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios&#8230;\u00bb (Mt\n11,5 par). Jes\u00fas no viene a resolver\nproblemas puntuales, a decir a los hombres y mujeres lo que han de hacer, sino\npara alumbrarles: quiere que ellos mismos se abran a la luz, que puedan\ncaminar, que se descubran limpios&#8230; Quiere que ellos sean lo que quieran, como\nquieran, en luz transparente, de manera que as\u00ed puedan, ellos mismos, en\nlibertad gozosa, decidir la forma en que deben comportarse. Una parte muy\nsignificativa de los evangelios est\u00e1 dedicada a los \u00abmilagros de la luz\u00bb,\nmilagros f\u00edsicos, pero, sobre todo, psicosom\u00e1ticos y espirituales: Jes\u00fas ha\ndeseado que los hombres vuelvan al principio de la creaci\u00f3n, como seres de Luz,\npara el amor, para la palabra, para la convivencia (cf. Mc 8,22-23; 10,46-51;\nJn 9,1-32; Lc 4,18). <\/p>\n\n\n\n<p>6. <em>Ten\ncuidado: luz de tu cuerpo es el ojo. <\/em>La luz no es algo que se da y recibe,\nque se ofrece y tiene, s\u00f3lo desde fuera, como una cosa objetiva que un hombre o\nmujer pudieran separar de s\u00ed mismos, sino que ella es vida profunda, la misma\nvida humana que el hombre y la mujer debe cultivar, siendo ellos mismos, seg\u00fan\ndice uno de los textos m\u00e1s bellos de la tradici\u00f3n del Evangelio: \u00abLa l\u00e1mpara [<em>lykhnos, <\/em>luz] del cuerpo es el ojo. Por\neso, si tu ojo est\u00e1 sano, todo tu cuerpo estar\u00e1 lleno de luz. Pero si tu ojo es\nmalo, todo tu cuerpo estar\u00e1 en tinieblas. De modo que, si la luz que hay en ti\nes oscuridad, \u00a1cu\u00e1n grande ser\u00e1 tu oscuridad! Nadie puede servir a dos\nse\u00f1ores; porque aborrecer\u00e1 al uno y amar\u00e1 al otro, o se dedicar\u00e1 al uno y menospreciar\u00e1\nal otro. No pod\u00e9is servir a Dios y a la mamona\u00bb (Mt 6,22-24; cf. Lc 11,34-36).\nEl hombre es portador de una Luz que le\ndesborda y que se expresa por sus ojos, que son la verdadera l\u00e1mpara de Dios en\nel mundo. Un ojo sano y transparente: \u00e9sa es la bendici\u00f3n de Dios, el don m\u00e1s\ngrande, la misma vida hecha Luz y comunicaci\u00f3n: un hombre o mujer hecho ojos\nque miran y se dejan mirar. Sin duda, hay comunicaci\u00f3n de palabras y de manos,\nde cuerpos y almas. Pero en el fondo de la creaci\u00f3n de Dios, la m\u00e1s honda\ncomunicaci\u00f3n es la de los ojos que miran y pueden ser mirados, dici\u00e9ndose a s\u00ed\nmismos. El d\u00eda en que hombres y mujeres se miren a los ojos y se digan a s\u00ed\nmismos a trav\u00e9s de la mirada habr\u00e1 existencia humana. El d\u00eda en que dejen de\nmirarse de esa forma los hombres y mujeres habr\u00e1n muerto, pues ellos no son m\u00e1s que luz compartida que se\nmantiene encendida y que arde s\u00f3lo al darse, siendo m\u00e1s fuerte cuanto m\u00e1s arde.\n<\/p>\n\n\n\n<p>7. <em>Una\npar\u00e1bola escandalosa. Diez muchachas con l\u00e1mpara. <\/em>\u00abEl reino de los cielos\nse parece a diez muchachas que tomaron sus l\u00e1mparas y salieron a recibir al\nnovio. Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes. Cuando las necias tomaron\nsus l\u00e1mparas, no tomaron consigo aceite, pero las prudentes tomaron aceite en\nsus vasijas, juntamente con sus l\u00e1mparas&#8230;\u00bb (Mt 25,1-3). \u00c9sta es una par\u00e1bola\nextra\u00f1a, por muchos motivos, y por eso no puede tomarse al pie de la letra.\nPero debemos recordar que la mayor\u00eda de las par\u00e1bolas son escandalosas o, si se\nprefiere, parad\u00f3jicas: son palabra que choca, que lleva a pensar, que exige una\nrespuesta&#8230; El esc\u00e1ndalo de esta par\u00e1bola es evidente. En primer lugar, las\nmuchachas no son <em>lykhnos, <\/em>luz\npersonal, sino que llevan \u00abl\u00e1mparas\u00bb (<em>lampadas<\/em>).\nSon novias de un esposo pol\u00edgamo, que va a casarse, al mismo tiempo, con diez o\ncon aquellas de las diez que sean prudentes. Adem\u00e1s, en contra de toda la\nense\u00f1anza del Evangelio, las prudentes no deben dar aceite a las necias&#8230; Por\notra parte, se trata de una par\u00e1bola machista: el novio viene, como due\u00f1o y\nse\u00f1or, las novias aguardan&#8230; Pero, dicho eso, debemos a\u00f1adir que se trata de\nuna par\u00e1bola gozosa, pues vincula el tema de la luz con el matrimonio,\nentendido como relaci\u00f3n de un hombre y una mujer. Desde esa base podemos\nretomar sus temas: el novio que viene es el amor, la luz plena; las novias que\nesperan son los hombres y mujeres capaces de cuidar su luz o de apagarla. Las\nbodas son dos luces que se unen, formando una luz compartida, luz de dos, en la\ngran Luz del Novio-Novia que les acoge en su amor. Son dos luces distintas, dos\npersonas diferentes, y una luz doble, que se abre a otros, a los amigos y a los\nhijos como luz creadora, en la Luz de Dios, donde se unifican y completan, cada\nuno en el otro y para el otro, cada uno desde el otro y con el otro. En este\ncontexto podemos decir que, para los cristianos, la luz originaria se ha venido\na revelar en Cristo. <\/p>\n\n\n\n<p>8. <em>Yo soy la luz del mundo, Dios es luz&#8230; <\/em>As\u00ed\ndice Jes\u00fas en el evangelio de Juan: \u00abYo soy la luz del mundo, el que me sigue no camina en las tinieblas\u00bb\n(Jn 8,12; 9,5; 12,46). Para eso ha venido, para que los hombres puedan vivir en\nla luz, am\u00e1ndose los unos a los otros. \u00c9ste es su poder, \u00e9ste su reino: que los\nhombres puedan vivir en la verdad (cf. Jn 18,37). No tiene una luz propia, sino\nla de Dios, retomando as\u00ed, de manera sorprendente, el tema del principio de la\nBiblia, cuando se dec\u00eda que Dios hab\u00eda empezado creando la luz (Gn 1,3-4).\nAhora no se dice que Dios crea la luz, sino que \u00e9l mismo es Luz, luz que se\nexpresa en el amor entre los hombres: \u00ab\u00c9ste es el mensaje: Dios es Luz, y en \u00e9l\nno existe oscuridad alguna. Si decimos que tenemos comuni\u00f3n con \u00e9l y andamos en\ntinieblas, mentimos y no practicamos la verdad. Pero si andamos en Luz, como \u00e9l\nest\u00e1 en Luz, tenemos comuni\u00f3n unos con otros\u00bb (1 Jn 1,5-7). La misma Palabra de\nDios es Luz para los hombres, como sabe el pr\u00f3logo solemne del evangelio de\nJuan: \u00abEn \u00e9l estaba la Vida y la Vida era la Luz para los\nhombres\u00bb (Jn 1,4-6), la luz de la Palabra compartida de los ojos y las manos,\nque Jes\u00fas quiere irradiar en este mundo, como un fuego: \u00abHe venido a encender\nfuego en la tierra. \u00a1Y c\u00f3mo quisiera ya que estuviera ardiendo!\u00bb (cf. Lc\n13,49). \u00c9sta es la verdad suprema: no existen dos esp\u00edritus, uno de luz, otro\nde tinieblas; no se puede hablar de guerra entre los hijos de la luz y los\nhijos de la oscuridad, pues Dios es solamente Luz, una luz que se expresa en el\namor que cada uno enciende en el otro, pues, al final del camino, la l\u00e1mpara de\ncada uno es el otro. Tenemos el riesgo de perdernos en nuestra propia\noscuridad, pero la luz de Dios es m\u00e1s fuerte que las oscuridades de los\nhombres. \u00c9sa es la luz que limpia el coraz\u00f3n, para que los hombres puedan\ndescubrir a Dios y descubrirse a s\u00ed mismos: \u00abBienaventurados los limpios de\ncoraz\u00f3n, porque ellos ver\u00e1n a Dios\u00bb (cf. Mt 5,7) y se amar\u00e1n unos a los otros.\n\u00c9sta es la verdad, \u00e9ste el mensaje: una luz que se ofrece y no se impone; una\nluz que se dice, silenciosamente, recreando cada d\u00eda la vida por el otro y con\nel otro.<\/p>\n\n\n\n<p>Cf. J. V\u00c1ZQUEZ ALLEGUE, <em>Los hijos de la luz y los hijos de las\ntinieblas. El pr\u00f3logo de la regla de la comunidad de Qumr\u00e1n, <\/em>Verbo Divino,\nEstella 2000.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"text-align:center\">Todos los\nderechos: <em>Diccionario de la Biblia,\nhistoria y palabra<\/em>, X. Pikaza<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(fuego, Dios, amor, palabra). Es uno de los s\u00edmbolos principales de la experiencia israelita y cristiana. Puede tomarse como centro de una constelaci\u00f3n de significados, de los que evocaremos algunos, siguiendo el mismo despliegue tem\u00e1tico del conjunto de la Biblia. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4702\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":""},"categories":[15],"tags":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p2dsrC-1dQ","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4702"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=4702"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4702\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4703,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4702\/revisions\/4703"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=4702"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=4702"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=4702"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}