{"id":4734,"date":"2015-01-28T16:29:17","date_gmt":"2015-01-28T22:29:17","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4734"},"modified":"2022-01-28T16:30:44","modified_gmt":"2022-01-28T22:30:44","slug":"religiosidad-popular","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4734","title":{"rendered":"Religiosidad popular"},"content":{"rendered":"\n<p>1. Planteamiento<\/p>\n\n\n\n<p>a) El tema: Teresa de\nJes\u00fas y la religiosidad popular puede estudiarse desde diversos puntos de\nvista. Ella vivi\u00f3 y fue protagonista de formas, manifestaciones y pr\u00e1cticas de\nreligiosidad popular = r. p., heredadas de los siglos precedentes. Foment\u00f3 y\ngarantiz\u00f3 con su conducta algunas pr\u00e1cticas caracter\u00edsticas, y las recomend\u00f3 en\nsus libros y en su epistolario. Quiso tambi\u00e9n corregir algunos defectos o abusos,\nde lo que ella calific\u00f3 como devociones a bobas (V 13,16).<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte Teresa\nde Jes\u00fas vivi\u00f3 y ense\u00f1\u00f3 una espiritualidad elitista, centrada en la pr\u00e1ctica de\nla oraci\u00f3n mental, y es testigo cualificado de una elevada experiencia m\u00edstica.\nLo \u00abelitista\u00bb y lo \u00abpopular\u00bb presentan en ella una perfecta simbiosis, operada\npor el amor incondicional a Dios, y por un conocimiento sapiencial de lo\nsagrado y de la misma vida del esp\u00edritu.<\/p>\n\n\n\n<p>Dada la complejidad\nque presenta este tema en su doble vertiente: r. p. por una parte, y testimonio\nde Teresa de Jes\u00fas, por otra, conviene hacer un planteamiento correcto y\nadecuada del mismo, y marcar con precisi\u00f3n los objetivos de nuestra exposici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>b) La biograf\u00eda\nteresiana registra m\u00faltiples datos y momentos especiales, que manifiestan al\nvivo el sentido profundo de la devoci\u00f3n y la religiosidad de la Santa\nreformadora. Ella es, por una parte, testimonio vivo de una r. p., vivida en el\nseno de su familia, y mamada con su primera educaci\u00f3n social y religiosa. Por\notra parte, a lo largo de su vida madur\u00f3 y enriqueci\u00f3 esa religiosidad\ntradicional con nuevas aportaciones, al hilo de su progreso espiritual y de sus\nvivencias m\u00edsticas m\u00e1s elevadas.<\/p>\n\n\n\n<p>Su figura nos interesa\naqu\u00ed como testigo cualificado de una r. p. en l\u00ednea de continuidad con el\npasado; pero, tambi\u00e9n, como Santa y Doctora de la Iglesia, que supo construir\nsobre ese fundamento com\u00fan el edificio luminoso de la m\u00e1s alta espiritualidad:\nlas siete Moradas de su Castillo Interior. En ella se funden r. p. y la m\u00e1s\nalta espiritualidad.<\/p>\n\n\n\n<p>2. Religiosidad\npopular<\/p>\n\n\n\n<p>a) En estas \u00faltimas\nd\u00e9cadas se ha incrementado notablemente la bibliograf\u00eda sobre la r. p., que se\nha estudiado en todas sus l\u00edneas y derivaciones, y desde todos sus \u00e1ngulos. Han\nvisto la luz largas listas, o cat\u00e1logos de libros y art\u00edculos cient\u00edficos de\ncar\u00e1cter doctrinal, hist\u00f3rico, pastoral&#8230; que analizan el tema en sus variadas\nperspectivas.<\/p>\n\n\n\n<p>Los estudiosos\nencuentran dificultades a la hora de describir, y m\u00e1s a\u00fan de definir la r. p. o\nde fijar sus notas caracter\u00edsticas y diferenciales. Algunos autores adoptan en\nsu an\u00e1lisis un procedimiento hist\u00f3rico, m\u00e1s que doctrinal. Pero, en m\u00e1s o en\nmenos todos coinciden en se\u00f1alar unas mismas caracter\u00edsticas fundamentales.<\/p>\n\n\n\n<p>b) Al margen de\nconsideraciones que no son de este lugar, entiendo aqu\u00ed la r. p. como un\nfen\u00f3meno que forma parte del mismo ser eclesial. Los sujetos y protagonistas de\nesta religiosidad constituyen, y han constituido lo que se llama hoy el\nCatolicismo popular, que se ha manifestado de una forma bastante uniforme a lo\nlargo de todos los tiempos.<\/p>\n\n\n\n<p>Religiosidad popular\n\u2013como escrib\u00ed en otra ocasi\u00f3n\u2013 es la forma de manifestar el pueblo cristiano\nsus creencias y sus vivencias de lo sagrado, en expresiones concretas y conexas\ncon la cultura y la idiosincrasia de cada \u00e9poca y cada etnia, a pesar de la\ninculturaci\u00f3n religiosa. Vivencia del pueblo, masa organizada que subsiste en\nlos individuos particulares, que act\u00faan en virtud de unos mismos principios:\nuna misma fe y un mismo amor sobrenatural.<\/p>\n\n\n\n<p>La r. p. est\u00e1 lejos de\nlos conceptualismos y de las especulaciones teol\u00f3gicas. Utiliza lo concreto, y\nprefiere la mediaci\u00f3n de los ritos y de las ceremonias, de los s\u00edmbolos y los\ngestos cultuales. Las im\u00e1genes y los iconos de lo sagrado cobran aqu\u00ed una\nimportancia capital, lo mismo que las fiestas y las celebraciones lit\u00fargicas.<\/p>\n\n\n\n<p>Los misterios de la\nvida de Jes\u00fas \u2013lejanos en el tiempo\u2013 se hacen cercanos en las representaciones\npl\u00e1sticas \u2013a veces al vivo\u2013, de modo particular en el ciclo de Navidad y en el\nde la Pasi\u00f3n. Podemos decir que exist\u00eda un modo popular de organizar las\ncelebraciones festivas. Incluso, una idea, o concepto popular de Cristo, un\npoco distinto del concepto de los te\u00f3logos (cf Guerrero, A., \u00abEl Cristo\npopular\u00bb, Nuevo Mundo (Caracas) 26 (1990) 213.306).<\/p>\n\n\n\n<p>3. Religiosidad\npopular en la Espa\u00f1a del s. XVI<\/p>\n\n\n\n<p>a) Nuestro objetivo\nconcreto es analizar los rasgos, o destellos de r. p. que irradia la imagen de\nTeresa de Jes\u00fas, o que afloran en las p\u00e1ginas de sus libros. Se trata de una\nconstataci\u00f3n, m\u00e1s que de un an\u00e1lisis. Nos interesa, por tanto, conocer el\nambiente y las expresiones de la religiosidad vivida en el tiempo y el lugar en\nque se desarrolla la vida y la actividad de Teresa; con qu\u00e9 formas, o en qu\u00e9\npr\u00e1cticas se expresaba entonces el sentimiento religioso del pueblo.<\/p>\n\n\n\n<p>La expresi\u00f3n oficial\nde la r. p. ha sido siempre en la Iglesia la liturgia, estructurada\ninicialmente a partir del siglo III, con relaci\u00f3n a algunos tiempos especiales.\nEn la Edad Media se configur\u00f3 una r. p. no oficial, como complemento y\nprolongaci\u00f3n de aquella liturgia, que por sus textos y el uso exclusivo de la\nlengua latina en todos sus actos, no satisfac\u00eda las leg\u00edtimas aspiraciones del\npueblo fiel, para expresar el dinamismo de su fe y de su devoci\u00f3n (cf Rosmini,\nA., Delle cinque piaghe della Santa Chiesa, Brescia, 1971, 18 y 21).<\/p>\n\n\n\n<p>De ah\u00ed nacieron, por\ninspiraci\u00f3n tambi\u00e9n de algunas situaciones de car\u00e1cter social, los santuarios y\nlas ermitas, como r\u00e9plica a las iglesias parroquiales; los festejos y los\n\u00abgozos\u00bb en honor del Santo Patr\u00f3n o de la Virgen Abogada, como prolongaci\u00f3n de\nlas fiestas lit\u00fargicas; incluso las asociaciones y las cofrad\u00edas cultuales y de\nasistencia, como otras formas de practicar las obras de misericordia.\nExpresiones todas de la m\u00e1s pura r. p.<\/p>\n\n\n\n<p>b) El siglo XVI hered\u00f3\n\u00e9stas y otras formas de r. p., y las universaliz\u00f3 y las potenci\u00f3. Entre las\nformas m\u00e1s arraigadas destacan la devoci\u00f3n a Jesucristo, a la Virgen Mar\u00eda y a\nlos Santos, representados en iconos e im\u00e1genes, en pasos de Semana Santa &#8230; en\nlos que la belleza y el sentimiento religioso rivalizan con la fuerza de la\npiedad y la devoci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Este es el coraz\u00f3n de\nla r. p., que late todav\u00eda hoy lleno de vitalidad. G. de Rosa afirmaba en 1980:\n\u201cEn la religi\u00f3n popular, Jesucristo juntamente con la Virgen Mar\u00eda y los Santos\nocupan un lugar destacado, lo mismo que los actos de culto y de devoci\u00f3n, que\nse practican en su honor\u201d (G. de Rosa, \u00abEv\u00c1ngelizzare\u00bb&#8230;., 547).<\/p>\n\n\n\n<p>Junto con esto se\ndifunde el culto a la Eucarist\u00eda, como r\u00e9plica a las doctrinas luteranas; a la\nSanta Cruz y a las reliquias. Se generaliza la piadosa pr\u00e1ctica del Via Crucis,\nque al paso del tiempo evoluciona hasta tomar la forma actual. Son frecuentes\nlas procesiones penitenciales, cultuales y de rogativas, y las de exaltaci\u00f3n de\nlos Santos, lo mismo que las peregrinaciones y las romer\u00edas a ermitas y\nsantuarios famosos.<\/p>\n\n\n\n<p>La devoci\u00f3n en esta\n\u00e9poca, como siempre, comprend\u00eda el amor, la veneraci\u00f3n y la imitaci\u00f3n de los\nSantos y de la Virgen Mar\u00eda, como actos interiores de culto; y tambi\u00e9n la\ncelebraci\u00f3n de sus fiestas y la veneraci\u00f3n y el culto tributado a sus im\u00e1genes.<\/p>\n\n\n\n<p>A este prop\u00f3sito dice\nDe la Rosa: \u201cHay que poner de relieve que en la religiosidad popular el culto\nde Mar\u00eda y de los Santos tiene un car\u00e1cter festivo. Se les honra haciendo\nfiestas en su honor\u201d (G. de Rosa, \u00abEvangelizzare\u00bb&#8230;, 548). Pancheri insiste en\nesta idea clave y fundamental: \u201cLa fiesta, con sus celebraciones rituales\nsimb\u00f3licas, llenas de colorido y fantas\u00edas, es el momento t\u00edpico y sumamente\nexpresivo de la religiosidad popular\u201d (F. S. Pancheri, 86).<\/p>\n\n\n\n<p>c) En el terreno de\nlas creencias el homo religiosus del siglo XVI, protagonista de la r. p., vive\nintensamente, con amor y temor su vinculaci\u00f3n con Dios, con Jesucristo\nRedentor, con la Virgen Mar\u00eda, los Santos y la Iglesia. Vive en un ambiente de\n\u00absacralizaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Este sujeto de la r.\np, viv\u00eda inmerso en la realidad de Dios, que daba sentido a su misma vida.\nInterpretaba en sentido de providencia la pobreza, el trabajo y la\nenfermedad&#8230;, dominado por los misterios de la escatolog\u00eda, por el\n\u00abmaravillosismo\u00bb, y por un esp\u00edritu de \u00ablocalismo\u00bb, o de sacralizaci\u00f3n del\nespacio y del tiempo. Hasta los Santos, san Juan de la Cruz, por ejemplo, son\ndeudores a las influencias del ambiente. El entusiasmo incluso que todos\nsent\u00edan por la pr\u00e1ctica de la oraci\u00f3n mental es un tema que pertenece a este\ncap\u00edtulo, porque en esa \u00e9poca, como dice M. Bataillon, \u201ctodo el pueblo se\nprecipitaba en la oraci\u00f3n\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay que a\u00f1adir aqu\u00ed un\ncap\u00edtulo sobre los milagros de car\u00e1cter f\u00edsico y moral, como integrantes de la\nr. p. La \u00abmiIagrer\u00eda\u00bb estaba como profesionalizada. Y los videntes, curanderos\ny taumaturgos eran unos profesionales m\u00e1s, en aquella sociedad cargada de\nconductas extra\u00f1as y sorprendentes.<\/p>\n\n\n\n<p>A\u00f1adamos tambi\u00e9n, como\ncontrapunto al \u00abmaravillosismo\u00bb religioso el tema del \u00abdemonismo\u00bb. La figura\ndel demonio, su presencia y su influencia en la vida espiritual, en particular\nen las personas que se dedicaban a la pr\u00e1ctica de la oraci\u00f3n mental, es una\nnota distintiva del siglo XVI espa\u00f1ol, tanto que la actitud de muchas personas\nen este contexto rayaba en lo morboso.<\/p>\n\n\n\n<p>A este prop\u00f3sito\nescrib\u00eda D. Chicarro en la Introducci\u00f3n al libro de la Vida de santa Teresa\n(1979): \u201cEs un rasgo de la \u00e9poca. La figura del demonio, como personificaci\u00f3n\ndel mal, que enga\u00f1a a las almas, ocupa un lugar relevante en los escritos de\nespiritualidad del siglo XVI. Su figura estaba rodeada de sugesti\u00f3n y de\nmisterio, que llegaba a lo morboso, por lo incomprensible. Nadie ve\u00eda raro en\nla Espa\u00f1a del XVI los frecuentes casos de posesi\u00f3n diab\u00f3lica, y estudiaban con\ndetalle las relaciones entre magia y profec\u00eda, s\u00f3lo por considerar que el\ndemonio era el agente impulsor. Teresa de Jes\u00fas, hija del ambiente \u2013nadie lo\nignora\u2013 fue v\u00edctima de bastantes de estas actitudes y convicciones\u201d (pp.87-88).<\/p>\n\n\n\n<p>d) La \u00e9poca del\n\u00abmaravillosismo\u00bb es al mismo tiempo la de las pr\u00e1cticas penitenciales y de la\nexaltaci\u00f3n de los Santos; de procesiones y peregrinaciones a santuarios y a\notros lugares de especial significaci\u00f3n. Las celebraciones de las grandes\nsolemnidades lit\u00fargicas inclu\u00edan la predicaci\u00f3n de sermones prolijos y de\nrelumbr\u00f3n, que los fieles escuchaban atentos y devotamente, y que cumpl\u00edan una\nfunci\u00f3n catequ\u00e9tica y de instrucci\u00f3n religiosa.<\/p>\n\n\n\n<p>4. Teresa de Jes\u00fas,\ntestigo de r. p.<\/p>\n\n\n\n<p>Sobre esta falsilla,\nque hemos dibujado, podemos situar en l\u00ednea las diversas y m\u00e1s importantes\nmanifestaciones de r. p., que nos ofrece Teresa de Jes\u00fas. Haremos una selecci\u00f3n\nde los datos m\u00e1s significativos, agrupados bajo t\u00edtulos generales.<\/p>\n\n\n\n<p>En el terreno de las\ncreencias, T vive motivada por los grandes principios de la vida cristiana, que\ndeterminan su modo de pensar, de sentir y de actuar frente a Dios y a\nJesucristo, frente a lo \u00absacro\u00bb en general, y frente a las cosas terrenas. En\nestos principios se funda la valoraci\u00f3n que ella hace de todo cuando existe y\nde su propia existencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Teresa de Jes\u00fas se mueve\nen ese clima de r. p., que no reduce la actividad, ni el trabajo material, sino\nque lo estimula y lo acent\u00faa, con el deseo de conseguir lo que es definitivo:\nla vida eterna. Su preocupaci\u00f3n dominante desde ni\u00f1a fue vivir en esa verdad:\n\u201cEstaba tan puesta en ganar bienes eternos, dice, que por cualquier medio me\ndeterminara a ganarlos\u201d (V 5,2; cf V 1, 4).<\/p>\n\n\n\n<p>Los conocimientos que\nT ten\u00eda de Dios, de Jesucristo, de la Iglesia y, en general, de las realidades\nsobrenaturales, hasta una edad madura, hacia los 40 a\u00f1os, por ejemplo, no eran\nmuy profundos ni ilustrados, sin restar ning\u00fan valor a sus comportamientos.\nDice de s\u00ed misma, que no conoc\u00eda bien c\u00f3mo estaba Dios presente en todas las\ncosas, por esencia, presencia y potencia, hasta que no recibi\u00f3 una merced\nespecial del Se\u00f1or (M 5,1,10; V 18,16). Esto mismo le hac\u00eda estar abierta a\nrecibir y aceptar con facilidad lo \u00abmaravilloso\u00bb y a ser proclive a la\n\u00abmilagrer\u00eda\u00bb, aunque aconseje que no debemos pedir a Dios que realice sin m\u00e1s\nmilagros (cta 174,2). Ella estaba persuadida de que la fundaci\u00f3n de algunos de\nsus conventos se hab\u00eda realizado con alg\u00fan milagro (F 14,10; R 9).<\/p>\n\n\n\n<p>La actitud que T\nmantuvo frente al demonio y cuanto dice sobre \u00e9l, sobre su influencia y\napariciones&#8230; lleva el signo de la m\u00e1s pura r. p. de su tiempo. Su modo de\npensar y de actuar en parte difiere del de san Juan de la Cruz. Su actitud y\nlas descripciones que hace de algunos fen\u00f3menos demon\u00edacos obedecen al parecer\na ideas obsesivas y rayan en lo morboso. Por lo mismo, Teresa de Jes\u00fas es testigo\nsingular del ambiente de la \u00e9poca.<\/p>\n\n\n\n<p>El demonio es para\nsanta Teresa la personificaci\u00f3n del mal, de todo el mal. Todo lo malo que le\nsucede personalmente a ella, o a la Reforma de la Orden, o a sus amigos y\ncolaboradores, o a las comunidades reformadas, es obra del demonio. Su\nprotagonismo para lo malo, de manera particular en las almas de oraci\u00f3n, est\u00e1\nal mismo nivel que el de Dios, de quien proceden todos los bienes (V 8 y 11, y\npassim).<\/p>\n\n\n\n<p>Santa Teresa fue\ntestigo de muchas apariciones e insidias del demonio. Describe con precisi\u00f3n su\n\u00ababominable figura\u00bb (V 38,23; 31,2,4-5), \u00abcon cuernos\u00bb (V 38,23), y el\ncontexto, o escenario de sus acciones diab\u00f3licas, con im\u00e1genes y terminolog\u00eda\ndel tiempo: hedor, olor a piedra azufre (V 31,6), llamas del infierno, tridente\nen sus manos. Como era frecuente en autores espirituales y en personas\ndedicadas a la oraci\u00f3n, tambi\u00e9n T traduce las sugestiones diab\u00f3licas en\nvisiones corporales, insistentes y agobiantes. Ella lo ve\u00eda en circunstancias\ninveros\u00edmiles y en los momentos menos indicados, como un negrillo abominable (V\n31,4-5); se le pon\u00eda sobre el breviario abierto, para impedirle el rezo del\noficio divino (V 31,10). En una ocasi\u00f3n presenci\u00f3 una contienda de demonios con\n\u00e1ngeles (V 31,11), y los vio en otras actitudes y circunstancias (V 38,4, y\n39,24-25).<\/p>\n\n\n\n<p>Santa Teresa habla en\nm\u00e1s de una ocasi\u00f3n de la posesi\u00f3n diab\u00f3lica, o del se\u00f1or\u00edo que tiene el demonio\nsobre algunas almas (V 5,4-5; 38,23-25), y de los hechizos diab\u00f3licos, como\nreminiscencias y eco de la literatura religiosa de la \u00e9poca. La p\u00e1gina sobre el\ncura de Becedas rezuma sabor de un relato de pura r. p. (cf M. Lep\u00e9e, \u00abSainte\nTh\u00e9r\u00e8se de Jesus et le D\u00e9mon\u00bb, EtCarm, Satan (1948), 98-103).<\/p>\n\n\n\n<p>En el terreno\ndevocional son innumerables los datos y argumentos que manifiestan la actitud\nde Teresa de Jes\u00fas, como expresi\u00f3n de r. p. Su devoci\u00f3n tuvo estos puntos de\nreferencia m\u00e1s intensos e importantes: Jesucristo en los misterios de la\ninfancia, de la Pasi\u00f3n y muerte, y de la Eucarist\u00eda; la Virgen Mar\u00eda y san\nJos\u00e9; los Santos en general, y las reliquias. Todo esto pertenece a la\nexpresi\u00f3n m\u00e1s pura de la r. p.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, las\nformas y el estilo de vivir su devoci\u00f3n, hacen de T una testigo y un testimonio\ncualificado de la religiosidad del pueblo. Su devoci\u00f3n no se reduc\u00eda a rezos y\nrecitaci\u00f3n de oraciones vocales, a obsequios espirituales, a f\u00f3rmulas de\nalabanza y gestos de imitaci\u00f3n. Integr\u00f3 tambi\u00e9n la celebraci\u00f3n de las fiestas y\nla veneraci\u00f3n de las im\u00e1genes llevadas en ocasiones en procesi\u00f3n. Era el modo\nde vivir entonces la aut\u00e9ntica r. p., como hemos visto m\u00e1s arriba.<\/p>\n\n\n\n<p>a) Todos los\ntratadistas consideran el culto y la devoci\u00f3n a Jesucristo como el centro de la\nr. p. En la vida y en la espiritualidad de Teresa de Jes\u00fas. El ocupa el lugar\nm\u00e1s \u00edntimo. El centr\u00f3 todas sus aspiraciones. Toda su vida fue muy \u201cdevota de\nCristo\u201d (V 22, 4). Celebraba con solemnidad y con gran alegr\u00eda los misterios de\nsu infancia: el nacimiento y la presentaci\u00f3n en el templo. Se ha hecho cl\u00e1sico\nel estilo teresiano de vivir esos misterios. En la misma l\u00ednea celebraba los\nmisterios de la pasi\u00f3n de Jes\u00fas, asociada a su dolor y a los desgarros que\nsufri\u00f3 su humanidad sacrat\u00edsima.<\/p>\n\n\n\n<p>Al margen de\nconceptualismos y especulaciones sobre su divinidad, ella consideraba\nfundamentalmente a Jesucristo como un amigo fiel (V 22,10; 37,5), con el que\ntrataba con gran familiaridad y confianza. A Teresa de Jes\u00fas le gustaba meditar\nlos misterios de la Pasi\u00f3n del Se\u00f1or. Le causaba gran efecto la oraci\u00f3n del\nhuerto (V 9, 3-4; cf V. 3,1; 10,2; 13,13; 23,17; 24,3; C 26,5). Le gustaba\ntambi\u00e9n con preferencia meditar y representarse la escena del Cristo atado a la\ncolumna (V 13,12-22; C 26,5), y era muy devota de una imagen de este misterio,\nque se veneraba en una ermita. Ante otra imagen de un Cristo muy llagado tuvo\nlugar en un d\u00eda de la Cuaresma su conversi\u00f3n definitiva al Se\u00f1or (V 9,1). De\naqu\u00ed procede su devoci\u00f3n a la Santa Cruz, a la que hizo un bello poema.<\/p>\n\n\n\n<p>La devoci\u00f3n que\nprofes\u00f3 a la Samaritana se debe a la cercan\u00eda y a la relaci\u00f3n que tuvo con\nJes\u00fas, como lo recuerda la escena junto al pozo de Jacob (Jn 4,7). Desde ni\u00f1a\nhab\u00eda contemplado esta escena en un cuadro que se veneraba en casa de sus\npadres.<\/p>\n\n\n\n<p>La devoci\u00f3n de T a la\nEucarist\u00eda es proverbial, y demuestra tambi\u00e9n su r. p. La comuni\u00f3n era para\nella el momento m\u00e1s importante del d\u00eda. Por otra parte, todo su deseo era\nglorificar a Cristo Sacramentado y extender su culto. Esto la anim\u00f3 a fundar\nsus conventos, para que hubiera una iglesia m\u00e1s, en la que se rindiese culto a\nJes\u00fas Eucarist\u00eda, oculto en el sagrario: \u201cPara m\u00ed es grand\u00edsimo consuelo ver\nuna iglesia m\u00e1s donde haya Sant\u00edsimo Sacramento\u201d (F 3, 9).<\/p>\n\n\n\n<p>b) La devoci\u00f3n de T a\nla Virgen Mar\u00eda, a su esposo san Jos\u00e9 y a los Santos presenta las rasgos m\u00e1s\ncaracter\u00edsticos de la r. p. Con relaci\u00f3n a la Virgen Mar\u00eda resaltan las\nactitudes de s\u00faplica, de confianza y amor filial. La invoca como mediadora y\nprotectora; y la amaba e imitaba como Madre espiritual. Desde ni\u00f1a Teresa de\nCepeda fue educada por su madre en esta devoci\u00f3n, que practic\u00f3 durante toda su\nvida. Como rasgo t\u00edpico, a Ella acudi\u00f3 con la ingenuidad de una ni\u00f1a\nangustiada, cuando qued\u00f3 huerfana de madre, \u2018suplic\u00e1ndola con l\u00e1grimas que\nhiciese Ella las veces de una madre\u2019 (V 1,7).<\/p>\n\n\n\n<p>Profes\u00f3 grande\ndevoci\u00f3n a algunas imagenes de Mar\u00eda, ante las que protagoniz\u00f3 algunos gestos\nsignificativos. Cuando fue nombrada priora del monasterio de la Encarnaci\u00f3n de \u00c1vila\ncoloc\u00f3 una imagen de la Virgen en la silla prioral del coro (R 25). Envi\u00f3 una\nimagen devota a la fundaci\u00f3n del convento de Caravaca. A la fundaci\u00f3n de\nVillanueva de la Jara llev\u00f3 la imagen de la Virgen, conocida como La Paloma. En\nla sala de la recreaci\u00f3n del primer monasterio reformado, el de San Jos\u00e9 de \u00c1vila,\ncoloc\u00f3 la piadosa imagen de Nuestra Se\u00f1ora Hilandera. En sus viajes portaba\ncruces, im\u00e1genes, agua bendita y otros objetos religiosos. Muchas veces llevaba\ncomo compa\u00f1era una imagen de Nuestra Se\u00f1ora de la Consolaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Algo parecido podemos\ndecir de la celebraci\u00f3n de las fiestas. Le gustaba participar en las\ncelebraciones de los grandes misterios del calendario lit\u00fargico. M\u00e1s de una vez\nasisti\u00f3 en la iglesia del convento de los Dominicos de \u00c1vila, escuchando el\nserm\u00f3n de circunstancias. As\u00ed lo hizo en la fiesta de la Asunci\u00f3n de 1561. Ella\ninstituy\u00f3 tambi\u00e9n para su Reforma la celebraci\u00f3n solemne de la fiesta de la\nPresentaci\u00f3n de la Virgen (R 60,2).<\/p>\n\n\n\n<p>En esta misma l\u00ednea\ndebemos interpretar su devoci\u00f3n a san Jos\u00e9, y a algunos Santos, Los cap\u00edtulos\n4-6 del libro de su Vida \u2013sobre todo este \u00faltimo\u2013 son un claro exponente de r.\np. en el terreno de los sentimientos y creencias religiosas, y en el de las\ndevociones.<\/p>\n\n\n\n<p>Su devoci\u00f3n popular\nalcanza su mayor expresividad con relaci\u00f3n al Patriarca san Jos\u00e9. La joven\nTeresa \u2013apenas ten\u00eda cumpidos 25 a\u00f1os\u2013 a los pocos meses de haber abrazado la\nvida religiosa cay\u00f3 gravemente enferma. Su enfermedad era un misterio. Se\nensayaron en ella numerosos f\u00e1rmacos y curas; pero, nada consigui\u00f3 remediar su\nsituaci\u00f3n. Estuvo a la muerte. Viendo que todas las medicinas naturales\nresultaban ineficaces para curar las dolencias que ven\u00eda padeciendo, acudi\u00f3 al\nPatriarca san Jos\u00e9, que de manera milagrosa remedi\u00f3 todos sus males. Una p\u00e1gina\ndel cap. VI de su autobiograf\u00eda nos da a conocer sus sentimientos, y revela el\nambiente de su fe y de su devoci\u00f3n, en el contexto de la r. p. (V 6,6.7).<\/p>\n\n\n\n<p>En el mismo contexto\nhay que interpretar su devoci\u00f3n a algunos Santos, a los que acud\u00eda para que la\nlibrasen del demonio, en particular a san Miguel (V 22,4). Profesaba gran\ndevoci\u00f3n a santa Clara (V 33,13) y al Rey David, cuya fiesta figuraba en el\ncalendario lit\u00fargico carmelitano (F 29,11). Era devota tambi\u00e9n de san Mart\u00edn de\nTours (cta 201), y de los santos El\u00edas y Eliseo (cf M 6,7,8; F 27,17).<\/p>\n\n\n\n<p>La sacralizaci\u00f3n del\ntiempo y del espacio es otra de las notas caracter\u00edsticas de la r. p. desde la\nEdad Media, que se acentu\u00f3 en la \u00e9poca de Teresa de Jes\u00fas. A este concepto\nresponden la instituci\u00f3n y celebraci\u00f3n de fiestas, los rezos, etc., as\u00ed como la\nconstrucci\u00f3n de monasterios, iglesias, santuarios, ermitas, capillas,\noratorios, y las peregrinaciones y romer\u00edas&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Santa Teresa de Jes\u00fas\n\u2013como hemos visto\u2013 era amiga de celebrar las fiestas de Jesucristo y de la\nVirgen Mar\u00eda, de san Jos\u00e9 y otros Santos; las fiestas de Navidad y del Corpus\nChristi (V 30,11); la fiesta del Nombre de Jes\u00fas (cta 172,14) y del Esp\u00edritu Santo\n(V 38,9-11; F 24,12).<\/p>\n\n\n\n<p>a) Era muy aficionada\na rezar oraciones vocales, costumbre que hab\u00eda heredado de su madre (V 1,1;\n3,2). Incluso se apartaba con frecuencia \u201ca soledad a rezar\u201d (V 7,2). Con este\nesp\u00edritu cumpl\u00eda con la obligaci\u00f3n de recitar el Oficio divino: maitines,\nprima, v\u00edsperas y completas&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>b) En forma parecida\ntrabaj\u00f3 con celo incansable por la sacralizaci\u00f3n del espacio, o del suelo. La\nfundaci\u00f3n de conventos reformados, que la ocup\u00f3 de lleno durante m\u00e1s de veinte\na\u00f1os \u2013los \u00faltimos de su vida\u2013 obedeci\u00f3 en gran parte a su deseo, que era una\naspiraci\u00f3n eficaz, de abrir nuevas iglesias, donde haya Sant\u00edsimo Sacramento (F\n3,10). Esto era para ella de grand\u00edsimo consuelo y satisfacci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Ante este acuciente\ndeseo, no dej\u00f3 de hacer una fundaci\u00f3n por trabajos y contratiempos que\nsurgieran, con tal de que en aquella casa se alabase a Dios, y hubiera un\nsagrario m\u00e1s con el Sant\u00edsimo Sacramento (cf F 18,5). Por esto, sent\u00eda dolor\npor haber realizado la fundaci\u00f3n en Salamanca, y no haber puesto el Sant\u00edsimo\n(F 19,6): \u201cAunque no sea sino haber otra iglesia adonde est\u00e1 el Sant\u00edsimo\nSacramento m\u00e1s, es mucho\u201d (F 29, 27).<\/p>\n\n\n\n<p>En esta misma l\u00ednea\npodemos interpretar esa auto-confesi\u00f3n que hizo la Santa: \u201cMe ve\u00edan&#8230; amiga de\nhacer pintar su imagen (de Dios) en muchas partes, y de tener oratorio y\nprocurar en \u00e9l cosas que hiciesen devoci\u00f3n\u201d (V 7,2).<\/p>\n\n\n\n<p>Teresa de Jes\u00fas es un\ntestimonio cualificado tambi\u00e9n a favor de otros datos y aspectos\ncaracter\u00edsticos de la r. p. Peregrin\u00f3, siendo joven, al Santuario de Nuestra\nSe\u00f1ora de Guadalupe (C\u00e1ceres). Cre\u00f3 en algunos monasterios reformados algunas\nermitas, y era muy aficionada a retirarse a ellas en soledad para orar mejor\n(cf V 1,5; 39,3; F 1,7; 39,3; Cons IX, 15). Era devota de tener reliquias de\nSantos, y en ocasiones envi\u00f3 algunas a otros monasterios, y a religiosas y\nfamiliares (cta 2,13; 24,14).<\/p>\n\n\n\n<p>Ten\u00eda mucha devoci\u00f3n a\nCristo crucificado; y le gustaba tomar en su mano una cruz, porque le parec\u00eda\nque por este medio Dios le daba \u00e1nimo para vencer a todos los demonios (V\n25,19; 29,4; 30, 1). En Burgos fue a visitar a un Cristo crucificado, que se\nveneraba precisamente en la capilla del Santo Cristo de la magn\u00edfica catedral\ng\u00f3tica (F 31,18).<\/p>\n\n\n\n<p>7. Conclusi\u00f3n<\/p>\n\n\n\n<p>A la vista de los\ndatos y testimonios biogr\u00e1ficos de Santa Teresa de Jes\u00fas, y de sus ense\u00f1anzas\n\u2013s\u00f3lo hemos aportado aqu\u00ed unos apuntes indicativos\u2013 podemos concluir en forma\nparecida a como lo hicimos en 1981. La personalidad de T es fruto de sus\nprofundas vivencias espirituales, que tuvieron su origen en distintas\ncorrientes de pensamiento; fruto a su vez de una labor consciente y\nresponsable, continuada y perseverante sobre s\u00ed misma, mantenida por la Madre\nTeresa con \u201cdeterminada determinaci\u00f3n\u201d (C 21,2).<\/p>\n\n\n\n<p>Esta labor transform\u00f3\nel estilo y las formas de la religiosidad popular inicial en la joven Teresa\ncon una disponibilidad abierta a experimentar los m\u00e1s altos fen\u00f3menos del\nmisticismo. Religiosidad popular y m\u00edstica constituyen en ella una unidad\nmaravillosa, que irradia desde el v\u00e9rtice de su personalidad indefinible. Por\nesto, su testimonio en este campo, est\u00e1 matizado por unas caracter\u00edsticas de\nsingularidad.<\/p>\n\n\n\n<p>La r. p. fue tan\nconnatural en la Madre Teresa \u2013como escrib\u00ed en 1981\u2013 como su mismo estilo\nliterario. No hay en ella nada de artificio. Se educ\u00f3 en ella; se abri\u00f3 a la\nvida estimulada y sostenida por el calor de su ambiente. A lo largo de los a\u00f1os\npudo mantener sin mayor dificultad todos sus postulados fundamentales, y\nfomentar sus pr\u00e1cticas m\u00e1s caracter\u00edsticas, vitalizadas con el carisma de su\nalta espiritualidad. Ayudada por el conocimiento sapiencial, que ella adquiri\u00f3\nen la pr\u00e1ctica de la oraci\u00f3n mental, supo discernir la aut\u00e9ntica piedad popular\nde las devociones a bobas, y utilizar sus valores positivos para manifestar su\nprofundo e incondicional amor a Jesucristo y a los Santos.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto ha hecho que la\nmadre Teresa de Jes\u00fas, maestra y l\u00edder de una espiritualidad cualificada, culta\ny elitista, sea al mismo tiempo uno de los testimonios m\u00e1s autorizados en la\npr\u00e1ctica de la r. p. Ella fue el fundamento y el soporte, el clima y la\natm\u00f3sfera en la que floreci\u00f3 y lleg\u00f3 a su m\u00e1s alta expresi\u00f3n su doctrina y su\nexperiencia espiritual.<\/p>\n\n\n\n<p>BIBL. \u2013 Estrada, J.\nA.,&nbsp;La transformaci\u00f3n de la religiosidad popular, S\u00edgueme, Salamanca 1986,\n136; Guijarro \u00c1lvarez, I. &#8211; Morata Barros, J., \u00abBibliograf\u00eda sobre religiosidad\npopular\u00bb, Comunidades: Religiosidad popular 81 (1994) 1-39; Llamas, E. \u00abSanta\nTeresa de Jes\u00fas y la religiosidad popular\u00bb RevEspir 159-160 (1981) 215-252;\nMaldonado, L., Religiosidad popular. Nostalgia de lo m\u00e1gico, Cristiandad,\nMadrid 1976; Id., Introducci\u00f3n a la religiosidad popular, Sal Terrae, Santander\n1985, 227; de Pablo Maroto, D., \u00abSan Juan de la Cruz, testigo de la\nreligiosidad popular, Salmant. 38 (1991) 65-88; Pancheri, F. S., \u00abLa\nreligiosit\u00e0 popolare\u00bb Il Santo 20 (1980) 55-93; de Rosa, G., \u00abEvangelizzare la\nreligione popolare\u00bb La CivCat (1980) IV, 540-551 (cf Ib 437- 451).<\/p>\n\n\n\n<p>E. Llamas<\/p>\n\n\n\n<p style=\"text-align:center\">Todos los derechos:&nbsp;<em>Diccionario Teresiano<\/em>,\nGpo.Ed.FONTE<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1. Planteamiento a) El tema: Teresa de Jes\u00fas y la religiosidad popular puede estudiarse desde diversos puntos de vista. Ella vivi\u00f3 y fue protagonista de formas, manifestaciones y pr\u00e1cticas de religiosidad popular = r. p., heredadas de los siglos precedentes. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4734\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":""},"categories":[21],"tags":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p2dsrC-1em","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4734"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=4734"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4734\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4735,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4734\/revisions\/4735"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=4734"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=4734"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=4734"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}