{"id":4736,"date":"2015-01-28T16:31:51","date_gmt":"2015-01-28T22:31:51","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4736"},"modified":"2022-01-28T16:34:28","modified_gmt":"2022-01-28T22:34:28","slug":"reino-de-los-cielos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4736","title":{"rendered":"Reino de los cielos"},"content":{"rendered":"\n<p>\u00abEl Reino de los\ncielos ha sido inaugurado en la tierra por Cristo. \u2018Se manifiesta a los hombres\nen las palabras, en las obras y en la presencia de Cristo\u2019 (LG 5). La Iglesia\nes el germen y el comienzo de este Reino\u00bb (CEC 567).<\/p>\n\n\n\n<p>Otro de los t\u00e9rminos\nusados por Santa Teresa de Jes\u00fas para designar las realidades \u00faltimas, paralelo\nal de \u00abcielo\u00bb y \u00abgloria\u00bb, es el t\u00e9rmino \u00abReino\u00bb (78 veces), que aparece en el\ncentro de la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas, seg\u00fan los Sin\u00f3pticos. Con ello se quiere\nsignificar la irrupci\u00f3n de los tiempos escatol\u00f3gicos en la historia: \u00abEl tiempo\nse ha cumplido\u00bb (Mc 1,5). \u00abEl reino de los cielos ha llegado\u00bb (Mt 4,17). \u00abEsta\nEscritura, que acab\u00e1is de o\u00edr, se ha cumplido\u00bb (Lc 4,21). El Reino es ya una\nrealidad presente, aunque pendiente de su realizaci\u00f3n futura, que pide esfuerzo\ny lucha hasta su instauraci\u00f3n plena, que ser\u00e1 la intervenci\u00f3n definitiva de\nDios al final de los tiempos.<\/p>\n\n\n\n<p>Podemos decir que\nestos tres significados, sin necesidad de forzarlos, se hallan presentes en la\nespiritualidad teresiana. Siguiendo la evoluci\u00f3n cronol\u00f3gica de sus tres obras\nmayores, el Reino aparece dentro de una perspectiva futura, que polariza su\nvivencia, como meta de su peregrinaci\u00f3n terrena (Vida); aparece tambi\u00e9n como\nrealidad presente y como posesi\u00f3n \u00edntima, en la que basa su pedagog\u00eda a la\noraci\u00f3n (Camino); y, en fin, es objeto de lucha por conquistarlo y defenderlo,\ntal como explica el s\u00edmbolo guerrero del Castillo interior (Moradas).<\/p>\n\n\n\n<p>1. El Reino, realidad\nfutura<\/p>\n\n\n\n<p>Como realidad\nescatol\u00f3gico-futura, el Reino (lo mismo que el cielo y la gloria) aparece en el\nhorizonte de sus deseos, desde el principio de su andadura, puestos \u00ablos ojos\nen el verdadero y perpetudo reino que pretendemos ganar\u00bb (V 15,11). Uno de los\npuntos culminantes de esta andadura es la gracia que recibe como coronaci\u00f3n de su\noraci\u00f3n de uni\u00f3n, paralela a la gracia \u2013ya relatada\u2013 de su visi\u00f3n del cielo.<\/p>\n\n\n\n<p>La Santa explica c\u00f3mo,\nen una especie de arrobamiento o levantamiento de esp\u00edritu:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abCoge el Se\u00f1or el\nalma, a manera que las nubes cogen los vapores de la tierra, y lev\u00e1ntala toda\nde ella y sube la nube al cielo y ll\u00e9vala consigo, y comi\u00e9nzala a mostrar cosas\ndel reino que le tiene aparejado\u00bb (V 20,2).<\/p>\n\n\n\n<p>Esta gracia la\nexperimenta, ante todo, como un poder irresistible de Dios, semejante al poder\ndel Reino, como fuerza salvadora que irrumpe en la historia por medio de Jes\u00fas:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abViene un \u00edmpetu tan\nacelerado y fuerte, que veis y sent\u00eds levantarse esta nube o esta \u00e1guila\ncaudalosa y cogeros con sus alas\u00bb (V 20,3). \u00abAprovecha poco cuando el Se\u00f1or\nquiere, que no hay poder contra su poder\u00bb (V 20,6).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, sobre todo, deja\nen ella unos efectos admirables: \u00abDeja un desasimiento extra\u00f1o\u00bb, que \u00abh\u00e1cese\nuna extra\u00f1eza nueva para con las cosas de la tierra, que es muy penosa la vida\u00bb\n(V 20,8); la muestra \u00abla raz\u00f3n que tiene de fatigarse de estar ausente de bien\nque en s\u00ed tiene todos los bienes\u00bb (V 20,9); como san Pablo est\u00e1 crucificado al\nmundo (G\u00e1l 6,14), as\u00ed ella se siente \u00abcomo crucificada entre el cielo y la\ntierra\u00bb (V 20,11) y crece el \u00abansia de ver a Dios\u00bb (V 20,13).<\/p>\n\n\n\n<p>2. La lucha por el el\nReino<\/p>\n\n\n\n<p>La Santa describe esta\ntransformaci\u00f3n radical, similar a la producida por el poder del Reino en\naquellos que lo acogen, como fuente de arrojo y de valent\u00eda para luchar por la\ncausa de Jes\u00fas:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abAqu\u00ed es la pena de\nhaber de tornar a vivir. Aqu\u00ed le nacieron las alas para bien volar. Ya se le ha\nca\u00eddo el pelo malo. Aqu\u00ed se levanta ya del todo la bandera por Cristo, que no\nparece otra cosa sino que este alcaide de esta fortaleza se sube o le suben a\nla torre m\u00e1s alta a levantar la bandera por Dios. Mira a los de abajo como\nquien est\u00e1 en salvo. Ya no teme los peligros, antes los desea, como quien por\ncierta manera se le da all\u00ed seguridad de la victoria. Vese aqu\u00ed muy claro en lo\npoco que todo lo de ac\u00e1 se ha de estimar y lo nonada que es. Quien est\u00e1 de lo\nalto, alcanza muchas cosas. Ya no quiere querer, ni tener libre albedr\u00edo no\nquerr\u00eda, y as\u00ed lo suplica al Se\u00f1or. Dale las llaves de su voluntad\u00bb (V 20,22).<\/p>\n\n\n\n<p>Esta transformaci\u00f3n\nes, igualmente, fuente de se\u00f1or\u00edo y de libertad (V 20,23), que la lleva a\ndenunciar la mentira del mundo, su culto enga\u00f1oso de la honra (V 20,26), y a\nproclamar la verdad del Evangelio, basada en la bienaventuranza del reino:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab\u00a1Bienaventurada alma\nque la trae el Se\u00f1or a entender verdades! \u00a1Oh, qu\u00e9 estado \u00e9ste para los reyes!\n\u00a1C\u00f3mo les valdr\u00eda mucho m\u00e1s procurarle, que no gran se\u00f1or\u00edo! \u00a1Qu\u00e9 rectitud\nhabr\u00eda en el reino! \u00a1Qu\u00e9 de males se excusar\u00edan y habr\u00edan excusado! Aqu\u00ed no se\nteme perder vida ni honra por amor de Dios. \u00a1Qu\u00e9 gran bien \u00e9ste para quien est\u00e1\nm\u00e1s obligado a mirar la honra del Se\u00f1or, que todos los que son menos, pues han\nde ser los reyes a quien sigan! Por un punto de aumento en la fe y de haber\ndado luz en algo a los herejes, perder\u00eda mil reinos, y con raz\u00f3n. Otro ganar\nes. Un reino que no se acaba. Que con sola una gota que gusta un alma de esta\nagua de \u00e9l, parece asco todo lo de ac\u00e1. Pues cuando fuere estar engolfada en\ntodo \u00bfqu\u00e9 ser\u00e1?\u00bb (V 21,1).<\/p>\n\n\n\n<p>Teresa de Jes\u00fas\nquisiera \u00abdar voces para dar a entender qu\u00e9 enga\u00f1ados est\u00e1n\u00bb (V 20,25). Y\n\u00abtuviera en poco la vida por dar a entender una sola verdad de \u00e9stas\u00bb (V 21,2).\nPor eso no duda en entregarla de lleno:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abAqu\u00ed est\u00e1 mi vida,\naqu\u00ed est\u00e1 mi honra y mi voluntad; todo os lo he dado, vuestra soy, disponed de\nm\u00ed conforme a la vuestra. Bien veo yo, mi Se\u00f1or, lo poco que puedo; mas llegada\na Vos, subida en esta atalaya adonde se ven verdades, no os apartando de m\u00ed,\ntodo lo podr\u00e9; que si os apart\u00e1is, por poco que sea, ir\u00e9 adonde estaba, que era\nal infierno\u00bb (V 21,5).<\/p>\n\n\n\n<p>3. El Reino, realidad\npresente<\/p>\n\n\n\n<p>A tenor de lo dicho,\nla experiencia m\u00edstica del reino que tiene Teresa de Jes\u00fas, no la arranca de la\nrealidad hist\u00f3rica, sino que la hace tomar nueva conciencia de ella. Descubre\nsus verdaderas posibilidades de salvaci\u00f3n, dadas por el reino de Dios, y lucha\ndenodamente por su realizaci\u00f3n. Una vez m\u00e1s, se produce en ella un admirable\ntrueque o \u00abmaravilloso intercambio\u00bb: del reino futuro al reino presente.\nTransportada por el esp\u00edritu al reino de los cielos, se siente llamada a\nimplantarlo en la tierra. Descubierta su verdad, quiere comunicarla a los\nhombres. Degustados sus secretos, quiere compartirlos con los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta interrelaci\u00f3n\nentre el presente y el futuro del reino o entre el reino del cielo y el de la\ntierra, aparece m\u00e1s expl\u00edcitamente a prop\u00f3sito de su glosa a la doble petici\u00f3n\ndel Padrenuestro: \u00abSanctificetur nomen tuum, adveniat regnum tuum\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>La Santa une las dos\npeticiones, pues para pedir que \u00absea santificado su nombre\u00bb, Dios tiene que\nconcedernos primero \u00absu reino del cielo\u00bb. S\u00f3lo, si Dios nos concede su reino,\npodremos alabar y santificar su nombre en la tierra:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abMas como vio Su\nMajestad que no pod\u00edamos santificar ni alabar ni engrandecer ni glorificar este\nnombre santo del Padre Eterno conforme a lo poquito que podemos nosotros, de\nmanera que se hiciese como es raz\u00f3n, si no nos prove\u00eda Su Majestad con darnos\nac\u00e1 su reino, y as\u00ed lo puso el buen Jes\u00fas lo uno cabe lo otro\u00bb (C 30,4).<\/p>\n\n\n\n<p>El don del reino es\nuna de las gracias que Dios concede, seg\u00fan la Santa, en el marco de la oraci\u00f3n\ncontemplativa, que se aprende en \u00abla compa\u00f1\u00eda del Maestro\u00bb, que nos ense\u00f1\u00f3 esta\noraci\u00f3n, cuando dijo: \u00abSantificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino\u00bb.\n\u00abComienza el Se\u00f1or&#8230; a dar a entender que oye nuestra petici\u00f3n y comienza ya a\ndarnos su reino aqu\u00ed, para que de veras le alabemos y santifiquemos su nombre y\nprocuremos lo hagan todos\u00bb (C 31,1).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfC\u00f3mo es este reino\nque el Se\u00f1or comienza a darnos ac\u00e1? Teresa, tomando como paradigma el reino del\ncielo, destaca estos rasgos:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEl gran bien que me\nparece a m\u00ed hay en el reino del cielo, con otros muchos, es ya no tener cuenta\ncon cosa de la tierra, sino un sosiego y gloria en s\u00ed mismos, un alegrarse que\nse alegren todos, una paz perpetua, una satisfacci\u00f3n grande en s\u00ed mismos, que\nles viene de ver que todos santifican y alaban al Se\u00f1or y bendicen su nombre y\nno le ofende nadie. Todos le aman, y la misma alma no entiende en otra cosa\nsino en amarle, ni puede dejarle de amar, porque le conoce. Y as\u00ed le amar\u00edamos\nac\u00e1, aunque no en esta perfecci\u00f3n, ni en un ser; mas muy de otra manera le\namar\u00edamos de lo que le amamos, si le conoci\u00e9semos\u00bb (C 30,5).<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, hay que\ndestacar la alegor\u00eda del Castillo Interior, que es a la par un castillo de\norfebrer\u00eda y un castillo de guerra. En su centro est\u00e1 la c\u00e1mara o palacio del\nRey (M 1,2,2 y 14). \u00abUna estancia adonde s\u00f3lo Su Majestad mora\u00bb (M 7,1,3). El\nencuentro con \u00e9l en el matrimonio m\u00edstico (s\u00e9ptimas moradas), que es la\nrealizaci\u00f3n plena del reino en nuestra condici\u00f3n terrena, no es para regalarse\nsino \u00abpara que nazcan obras\u00bb e \u00abimitar a su Hijo en el mucho padecer\u00bb (M 7,4,4\ny 6). Es la lucha por el reino, que Teresa encomienda a sus hijas en los\nprimeros compases del Camino de Perfecci\u00f3n:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abTodas ocupadas en\noraci\u00f3n por los que son defensores de la Iglesia y predicadores y letrados que\nla defienden\u00bb (C 1,2). \u00abLo que hemos de pedir a Dios es que en este castillo\nque hay ya de buenos cristianos, no se nos vaya ya ninguno con los contrarios,\ny a los capitanes de este castillo o ciudad, los haga muy aventajados en el\ncamino del Se\u00f1or, que son los predicadores y te\u00f3logos\u00bb (C 3,2).<\/p>\n\n\n\n<p>Ciro Garc\u00eda<\/p>\n\n\n\n<p style=\"text-align:center\">Todos los derechos:&nbsp;<em>Diccionario Teresiano<\/em>,\nGpo.Ed.FONTE<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abEl Reino de los cielos ha sido inaugurado en la tierra por Cristo. \u2018Se manifiesta a los hombres en las palabras, en las obras y en la presencia de Cristo\u2019 (LG 5). 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