{"id":4760,"date":"2015-01-29T17:37:22","date_gmt":"2015-01-29T23:37:22","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4760"},"modified":"2022-01-29T17:41:29","modified_gmt":"2022-01-29T23:41:29","slug":"dios-3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4760","title":{"rendered":"Dios"},"content":{"rendered":"\n<p>Teresa de Jes\u00fas nace\ncon unas grandes dotes para la relaci\u00f3n interpersonal, para el encuentro con\nlas personas. En ella el t\u00fa a t\u00fa es f\u00e1cil, pronto, din\u00e1micamente abierto a la\nintimidad m\u00e1s \u00edntima. Es amada y ama. Crea grupo y es fiel. Se refiere de\npasada, y como poni\u00e9ndolo en la boca de otros, a las \u201cgracias de naturaleza que\nel Se\u00f1or me hab\u00eda dado, que, seg\u00fan dec\u00edan, eran muchas\u201d (V 1,8). De su primer\nencuentro estable fuera del \u00e1mbito familiar, en el monasterio de Santa Mar\u00eda de\nGracia, nos dice: \u201cTodas lo estaban [contentas] conmigo; porque en esto me daba\nel Se\u00f1or gracia, en dar contento adondequiera que estuviese, y as\u00ed era muy\nquerida\u201d (V 2,8). \u201cEn esto de dar contento a otros he tenido extremo\u201d (V 3,4).\nFiel, con ella todos se sent\u00edan seguros: \u201cv\u00ednose a entender que adonde yo\nestaba ten\u00edan seguras las espaldas\u201d (V 6,3). Agradecida de condici\u00f3n: \u201cdebe ser\nnatural, que con una sardina que me den me sobornar\u00e1n\u201d (cta a Mar\u00eda de S. Jos\u00e9,\nprin.9.78). Desde jovencita, confiesa, \u201cme parec\u00eda virtud ser agradecida y\ntener ley a quien me quer\u00eda\u201d (V 5,4).<\/p>\n\n\n\n<p>Nativamente, por\ngracia de naturaleza, Teresa buscaba la persona con el m\u00ednimo de \u201cmediaciones\u201d,\ndirectamente, para crear la m\u00e1xima comuni\u00f3n, el \u201cnosotros\u201d que era la casa en\nque quer\u00eda, necesitaba habitar. El \u201cnosotros\u201d aparece en la primera p\u00e1gina del\nLibro de la Vida con una fuerza y un vigor que golpean al lector:\n\u201cconcert\u00e1bamos\u201d, \u201cacaec\u00edanos\u201d, \u201cbusc\u00e1bamos\u201d, \u201cprocur\u00e1bamos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Una persona as\u00ed ten\u00eda\nque gravitar pronto en torno a la Persona divina, al Dios tripersonal.\nGravitaci\u00f3n majestuosa que marcar\u00e1 profundamente la experiencia espiritual de\nTeresa y, despu\u00e9s, pasar\u00e1 con el m\u00ednimo de p\u00e9rdida a su palabra, a la\nespiritualidad que propone. Curtida en el campo de las relaciones humanas, con\nmuchas experiencias gratificantes, y no pocas frustraciones y desencantos,\nescribir\u00e1 que son \u201ctodos [los hombres] unos palillos de romero seco y que asi\u00e9ndose\na ellos no hay seguridad&#8230;\u201d. S\u00f3lo Jes\u00fas \u201ces el amigo verdadero y h\u00e1llome con\nesto con un se\u00f1or\u00edo&#8230;\u201d (R 3,1). La b\u00fasqueda de TU divino cubre toda la vida de\nTeresa; y es coextensiva a ella. Si esto es as\u00ed, y lo es, es porque antes y m\u00e1s\nella experiment\u00f3 a Dios en divina gravitaci\u00f3n de amor inefable, comunicador\nincansable de s\u00ed mismo, apasionado buscador de Teresa. Su personal experiencia\nes la fuente de su palabra y la fuerza de la misma.<\/p>\n\n\n\n<p>1. Experiencia de Dios<\/p>\n\n\n\n<p>La experiencia es la\ngran riqueza de Teresa. Dice reiteramente que hablar\u00e1 s\u00f3lo \u201cde lo que el Se\u00f1or\nme ha ense\u00f1ado por experiencia\u201d (V 10,9). Y confiesa con sencillez: \u201ccreo hay\npocos que hayan llegado a la experiencia de tantas cosas\u201d (40,8). Y porque,\ncomo acabo de decir, la experiencia es la fuente de su palabra, por la\nexperiencia, larga y profunda, hay que empezar para captar en toda su fuerza el\nalcace de su palabra. Es ya un principio metodol\u00f3gico en los estudiosos de la\nSanta abulense; como lo es que su experiencia es paso para enunciar una\nense\u00f1anza de alcance universal.<\/p>\n\n\n\n<p>1.1.&nbsp;Un Dios en\nacci\u00f3n<\/p>\n\n\n\n<p>La escritora Teresa\nsabe mejor que nadie lo que tiene que decir. Ya en el Libro de la Vida nos\nrecuerda con viveza que \u201ccomo no estaba su Majestad esperando sino alg\u00fan\naparejo en m\u00ed, fueron creciendo las mercedes\u201d (V 9,9; 19,7; 23,2). Esta\nexperiencia crece vertiginosamente, sobre todo a partir de la conversi\u00f3n de la\nque nos habla en V 9 y que se\u00f1ala el arranque definitivo de su viaje m\u00edstico.\nDe este viaje volver\u00e1 a nosotros con su mejor cosecha de inteligencia del\nmisterio de Dios. Su palabra ser\u00e1 siempre confesional, de lo que sabe por\nexperiencia, narrativa en la l\u00ednea de la historia b\u00edblica. Tambi\u00e9n en Moradas\nvolver\u00e1 a poner el acento donde debe ponerlo: en Dios, a quien ha experimentado\nagente de su historia. Advierte a sus hermanas, ya al comienzo mismo del libro:\n\u201cEs menester que vay\u00e1is advertidas a esta comparaci\u00f3n; quiz\u00e1 ser\u00e1 Dios servido\npueda por ella daros algo a entender de las mercedes que es Dios servido de\nhacer a las almas\u201d (M 1,1,3; ep\u00edl. 3; cta a Gaspar de Salazar, 7.12.77; n. 10).\nDe Dios va a escribir. Va a contar las acciones salv\u00edficas de las que ella ha\nsido objeto, las magnalia Dei. Sus escritos ser\u00e1n prioritariamente una\n\u201cbiograf\u00eda de Dios\u201d, la historia de cuanto ha hecho por Teresa. A partir de\nesta palabra hay que leer las dem\u00e1s. Sin aquella, \u00e9stas carecer\u00e1n de sentido.\nM\u00e1s, conducir\u00e1n al error.<\/p>\n\n\n\n<p>Dios entr\u00f3 en acci\u00f3n\nbien pronto, y fuerte, en la vida de Teresa. Al menos es el convencimiento de\nla escritora: \u201cVe\u00eda claramente lo mucho que el Se\u00f1or hab\u00eda puesto de su parte,\ndesde que era muy ni\u00f1a, para hallegarme a s\u00ed con medios harto eficaces\u201d (R\n16,2). Ya en el primer cap\u00edtulo de Vida dej\u00f3 constancia de esta certeza gravada\na fuego en su ser. Y quiere que la tenga en cuenta el lector: \u201cNo me parece os\nqued\u00f3 a Vos nada por hacer\u201d (8).<\/p>\n\n\n\n<p>Esta afirmaci\u00f3n\nvigorosa, englobante la desgrana con sentido agradecimiento ante el lector para\nque focalice su atenci\u00f3n en Dios, en quien ella la tiene puesta. En la crisis\nde la adolescencia Teresa nos presentar\u00e1 a Dios libr\u00e1ndola de los peligros en\nlos que se iba metiendo \u201cde manera que se parece bien procuraba contra mi\nvoluntad que del todo no me perdiese\u201d (V 2,6); \u201cparece andaba su Majestad\nmirando y remirando por d\u00f3nde me podr\u00eda tornar a s\u00ed\u201d (ib 8).<\/p>\n\n\n\n<p>Lo mismo confesar\u00e1 con\nrelaci\u00f3n a su vocaci\u00f3n : \u201cMe forz\u00f3 para que me forzara\u201d (V 4; 4,3). Ya a la\naltura del cap\u00edtulo cuarto, bajo la presi\u00f3n de cuanto se le agolpa recordando\nesos a\u00f1os de su vida, nos habla de su \u201cespanto\u201d en la contemplaci\u00f3n de \u201cla gran\nbondad de Dios\u201d; est\u00e1 convencida de \u201cque fuera menester otro entendimiendo que\nel m\u00edo para saber encarecer lo que en este caso le debo&#8230; Tanto me ha sufrido\u201d\n(4,10).<\/p>\n\n\n\n<p>Es sabedora de que \u201cla\nmagnificencia de Dios\u201d aparecer\u00e1 con m\u00e1s fuerza ante el lector cuanto \u00e9sta se\npresente m\u00e1s lejos est\u00e9 de cualquier \u201cmerecimiento\u201d. Por eso, en lucha con\nquien \u201cme mand\u00f3 moderase el contar mis pecados\u201d, le pide que \u201cde mis culpas no\nquite nada, pues se ve m\u00e1s aqu\u00ed la magnificencia de Dios y lo que sufre a un\nalma\u201d (V 5,12). Teniendo viva conciencia de \u201clo mucho que le debe\u201d, de que Dios\n\u201cme ha perdonado m\u00e1s\u201d, no puede menos de exclamar, en una oraci\u00f3n ardiente a\nDios, que \u201cmientras mayor mal, m\u00e1s resplandece el gran bien de vuestras\nmisericordias\u201d (14,11). La misericordia, el amor inmerecido, gratuito siempre\nde Dios ser\u00e1 su \u201cseguridad\u201d (V 38,7). Ella s\u00f3lo puede \u201cpresumir de su\nmisericordia\u201d (M 3,1,3).<\/p>\n\n\n\n<p>Un punto \u00e1lgido en\nesta lucha entre el Dios misericordioso y Teresa a la deriva en manos de su\nmiseria se sit\u00faa en la evocaci\u00f3n de su consagraci\u00f3n religiosa, a\u00fan reconociendo\nde entrada \u201cla gran determinaci\u00f3n y contento con que la hice\u201d: \u201cNo parece, Dios\nm\u00edo, sino que promet\u00ed no guardar cosa de lo que os hab\u00eda prometido&#8230;, para que\nm\u00e1s se vea qui\u00e9n sois Vos, Esposo m\u00edo, y qui\u00e9n soy yo\u201d (V 4,3). Evidentemente:\n\u201caunque os dejaba yo a Vos, no me dejasteis&#8230;, con darme siempre la mano\u201d\n(6,9; 7,22).<\/p>\n\n\n\n<p>Siempre ha\nexperimentado as\u00ed a Dios: al acoso de su infidelidad, \u201cdorando sus culpas\u201d\n(4,10), atray\u00e9ndola con fuerza, sin descanso a su amistad, cerr\u00e1ndole todas las\nsalidas de huida, haci\u00e9ndolo todo. Es decir, con un protagonismo de gracia y\namor, s\u00f3lo de gracia y amor. Porque en Dios s\u00f3lo hay amor. Todo es gracia.<\/p>\n\n\n\n<p>Protagonismo amoroso,\nfuerte, paciente y a prueba de todas las resistencias de Teresa: \u201cHarto me\nparece hac\u00eda su piedad&#8230;, y con verdad hac\u00eda mucha misericordia conmigo en\nconsentirme delante de s\u00ed y traerme a su presencia, que ve\u00eda yo, si tanto \u00e9l no\nlo procurara, no viniera\u201d (V 9,9). Protagonismo de artista, de mimo,\ncuidados\u00edsimo. Escritora, Teresa pretende que sus lectores adviertan \u201cel\nartificio y misericordia con que el Se\u00f1or procura tornarla a s\u00ed\u201d (8,10); que\neste \u201cbuen amigo\u201d la va \u201cregalando y sufriendo, y espera a que se haga a su\ncondici\u00f3n\u201d (ib 6). \u201cAunque os dejaba yo a Vos, no me dejasteis Vos a m\u00ed tan del\ntodo&#8230;, con darme Vos siempre la mano; y muchas veces&#8230;, muchas veces me\nllamabais de nuevo\u201d (V 6,9).<\/p>\n\n\n\n<p>Protagonismo invadente\nde Dios hasta derribar todas las resistencias de Teresa. Cuando ya estaban a\npunto de saltar las \u00faltimas trabas de un amor cautivo por el acoso a que Dios\nla somete, recibe Teresa el consejo de \u201cresistir gustos y regalos de Dios\u201d.\nPronto cae en la cuenta de que \u201ccuanto m\u00e1s procuraba divertirme, m\u00e1s me cubr\u00eda\nel Se\u00f1or de aquella suavidad y gloria, que me parec\u00eda toda me rodeaba y que por\nninguna parte pod\u00eda huir, y as\u00ed era\u201d (V 24,2). \u201cGrand\u00edsima largueza\u201d ha tenido\nDios con Teresa (V 21,14). Confesi\u00f3n final: \u201cprimero me cans\u00e9 de ofenderle que\nsu Majestad dej\u00f3 de personarme\u201d (V 19,15). Dios la segu\u00eda y persegu\u00eda\namorosamente por todos los caminos de infidelidad. Teresa tuvo que rendirse a\nla evidencia: Dios era m\u00e1s fuerte en su amor que ella en su pecado.<\/p>\n\n\n\n<p>Protagonismo siempre y\n\u00fanicamente de gracia: \u201cA la verdad, tomabais&#8230;, el m\u00e1s delicado y penoso\ncastigo por medio que para m\u00ed pod\u00eda ser, como quien bien entend\u00eda lo que me\nhab\u00eda de ser m\u00e1s penoso: con regalos grandes castigabais mis delitos\u201d (V 7,19.\nYa casi al final de Vida se referir\u00e1 a esto mismo poniendo en boca de Dios estas\npalabras: \u201cque me acordase lo que le deb\u00eda, que cuando yo le daba mayor golpe,\nestaba \u00e9l haci\u00e9ndome mercedes\u201d, 38,16). Indudablemente, para una mujer de\ncondici\u00f3n tan \u201csobornable\u201d, tan agradecida a las muestras de amor que recib\u00eda\ncomo Teresa, no pod\u00eda haber mayor \u201ccastigo\u201d que responder con amor a su\ndesamor, con misericordia a su infidelidad. Ya en el mismo pr\u00f3logo de Vida dej\u00f3\nescrito que \u201cparece tra\u00eda estudio a resistir las mercedes que su Majestad me\nhac\u00eda, como quien se ve\u00eda obligada a servir m\u00e1s\u201d (1).<\/p>\n\n\n\n<p>Protagonismo\ndesbordante, a la medida de Dios: \u201cquiso hacerme con m\u00e1s riquezas que yo\nsupiera desear\u201d (V 10,5); \u201csiempre he visto en mi Dios harto mayores y m\u00e1s\ncrecidas muestras de amor de lo que yo he sabido pedir y desear\u201d (E 5,2). Con\nuna formulaci\u00f3n relativamente frecuente en sus escritos, Teresa dice que Dios\nlo hizo todo. Consciente de su miseria absoluta, de su incapacidad para todo\nbien, de que \u201cno hab\u00eda fuerzas en mi alma para salvarse, si su Majestad con\ntantas mercedes no se las pusiera\u201d (V 18,5), de que \u201cno podemos nada, sino lo\nque \u00e9l nos hace poder\u201d (C 16,10), comprende que haya personas que vuelvan\natr\u00e1s: \u201cY as\u00ed creo hiciera [yo], si el Se\u00f1or tan misericordiosamente no lo\nhiciera todo de su parte; y hasta que por su bondad lo puso todo, ya ver\u00e1&#8230;\nque no ha habido en m\u00ed sino caer y levantar\u201d (31,17; 19,8). Lo mismo expresa\ncon otras formulaciones: \u201cno me parece os qued\u00f3 a Vos nada por hacer\u201d (1,8).\nTodo cuanto se cuente de lo que Dios hace por nosotros \u201ces una gota del mar\ngrand\u00edsimo de bienes\u201d; es para mostrar que Dios \u201cno deja nada por hacer con los\nque ama\u201d (22,17). \u201cSin tasa\u201d se ha dado a Teresa y \u201csin tasa\u201d se da a todos. Es\nel mensaje del Libro de la Vida: \u201cQue\u00adremos poner tasa a quien sin ninguna da\nsus dones cuando quiere\u201d (39,9; 21,12). As\u00ed tambi\u00e9n en la carta al P. Garc\u00eda de\nToledo: \u201cD\u00e9se prisa a servir a su Majestad.., pues ver\u00e1&#8230; por lo que aqu\u00ed va,\ncu\u00e1n bien se emplea en darse todo&#8230; a quien tan sin tasa se nos da\u201d\n(prin.6.1562; n. 3).<\/p>\n\n\n\n<p>1.2.&nbsp;El rostro\nhumano de Dios<\/p>\n\n\n\n<p>En el camino de Teresa\na Dios, como en el camino de cualquier persona, Jesucristo, el rostro humano de\nDios, es absolutamente decisivo. Es \u00e9l, s\u00f3lo \u00e9l, quien expresa a Dios en\nnuestra condici\u00f3n. El ser, la realidad de Dios s\u00f3lo nos es accesible en y por\nJes\u00fas de Nazaret. Todas las palabras, las palabras que Dios mismo hab\u00eda\npronunciado por sus profetas, alcanzan su sentido en y por la Palabra, la \u00fanica\nPalabra \u2013ya no habr\u00e1 otra\u2013. Jes\u00fas expresa toda la insondable realidad de Dios,\nsiempre \u201cnueva\u201d para nosotros. Y esto, como muy bien dice C. Duquoc, es lo\noriginal en Jes\u00fas: que \u00e9l sea Hijo de Dios con una identidad misteriosa con la\nrealidad misma de Dios, y sin que esta destruya su vida hist\u00f3rica o la vuelva\nanodina\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Teresa es posiblemente\nuno de los testigos m\u00e1s clarividentes y l\u00facidos, m\u00e1s ardientes y vigorosos de\nque en la aceptaci\u00f3n de Jes\u00fas de Nazaret, Hombre-Dios, Dios-Hombre, Dios en\nnuestra carne, en nuestra naturaleza, estaba en juego toda la verdad originaria\ndel cristianismo. Y muy concretamente la verdad de Dios y la propia verdad\nhumana. Jes\u00fas \u201ces el libro verdadero adonde he visto las verdades\u201d (V 26,5). La\nverdad de Dios y de la persona en mutua gravitaci\u00f3n de comuni\u00f3n de amor, de\nunidad de amor.<\/p>\n\n\n\n<p>Confiesa Teresa que\nteniendo \u201cpoca habilidad para con el entendimiento (= imaginaci\u00f3n) representar\ncosas\u201d (V 9,6; 12,4), \u201cs\u00f3lo pod\u00eda pensar en Cristo como hombre\u201d (9,4). E\nigualmente manifiesta que su oraci\u00f3n primera consist\u00eda en procurar \u201clo m\u00e1s que\npod\u00eda traer a Jesucristo dentro de m\u00ed presente\u201d (4,7; 9,4; 10,1). Esta carencia\nnatural para \u201cimaginar\u201d lo que no tiene cuerpo, materialidad, y \u00e9sta\n\u201cinstintiva\u201d, fuerte inmersi\u00f3n de Teresa en el hombre Jes\u00fas, es determinante y\ndecisivo para ella. Aunque en un principio no tenga un conocimiento reflexivo\nde ello, Teresa inicia su particular batalla por salvar a la vez la verdad de\nDios y la verdad de la persona humana, unidas definitivamente en Jes\u00fas de\nNazaret. Ni divino sin humano, ni \u00e9ste sin aqu\u00e9l. Ni el m\u00e1s m\u00ednimo\ndesequilibrio en favor de uno u otro. Como en Jes\u00fas, en nosotros tambi\u00e9n\n\u201cdivino y humano junto\u201d (M 6,7,9). Las flaquezas y limitaciones propias de\nnuestra condici\u00f3n humana, que Dios mismo asume y padece, hace suyas en su Hijo\nnacido de Mar\u00eda Virgen, no limitan ni deforman la manifestaci\u00f3n de Dios. La \u201cimagen\u201d\nde Dios, el ser \u00edntimo de Dios se le revela en este hombre jud\u00edo, llamado Jes\u00fas\nde Nazaret, el hijo del carpintero. Dios es este hombre, uno de los miembros de\nla comunidad humana. Y este Hombre-Dios, que entra a formar parte de nuestra\nhistoria, nos \u201centra\u201d en el misterio trinitario, nos le abisma en \u00e9l, nos hace\nvivir en \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Si conocemos a Dios\npor sus obras en nuestra historia, por lo que ha hecho y hace por nosotros,\nporque se nos comunica, esto alcanza todo su significado en Jes\u00fas, la obra del\nPadre, en Quien nos ha dado todo de una vez y por siempre. \u201cBasta lo que nos ha\ndado en darnos a su Hijo que nos muestre el camino\u201d (M 5,3,7). El es \u201cla\nprenda\u201d del amor del Padre (V 22,14). El es el revelador del Padre en su\nhumanidad, en su carne. Por eso acostumbrar\u00e1 Teresa a subrayar la humanidad de\nJes\u00fas, porque en ella ve la m\u00e1xima aproximaci\u00f3n y cercan\u00eda de Dios a nosotros,\nla verdad de su amor que le hace semejante a nosotros, hasta en las \u201cflaquezas\ny debilidades\u201d intr\u00ednsecas a nuestra condici\u00f3n humana. \u201cVe\u00eda que, aunque era\nDios, que era Hombre (V 37, 6). Por eso \u201ces amigo\u201d, \u201ces compa\u00f1\u00eda\u201d: conoce\nnuestra condici\u00f3n humana. \u201cEs muy buen amigo Cristo, porque le miramos Hombre y\nv\u00e9mosle con flaquezas y trabajos, y es compa\u00f1\u00eda\u201d (V 22,10).<\/p>\n\n\n\n<p>Dios es verdaderamente\nhombre. Ha entrado en nuestra condici\u00f3n humana y en ella nos muestra qui\u00e9n es,\nhasta d\u00f3nde llega la verdad de su amor por nosotros, c\u00f3mo se muestra la\ntotalidad de su amor en la vida de un hombre, dentro de los l\u00edmites concretos\nde nuestra historia, en el interior de la misma, sin huidas ni evasiones, sin\nespiritualismos evanescentes, huecos. Encontrar a Dios en Jes\u00fas es ser\nremitidos a nuestra historia, a nuestra naturaleza, a nuestra carne, a la\nmateria, porque todo eso ha sido asumido por Dios, es Dios en Jes\u00fas de Nazaret.\nA partir de \u00e9l ya no hay otro Dios. Ni otra manera de participar en su vida\n\u00edntima, en el mundo de sus relaciones intratrinitarias.<\/p>\n\n\n\n<p>Reviste particular\nsignificaci\u00f3n el significado expl\u00edcito que Teresa de Jes\u00fas capta en sus experiencias\nm\u00edsticas cristol\u00f3gicas. Antes, en un largo, amoroso y accidentado antes, Teresa\nprocuraba \u201crepresentar a Cristo dentro de m\u00ed\u201d (V 9,4), \u201ctraerlo&#8230; dentro de m\u00ed\npresente\u201d (4,7), ahora, es decir, a partir de cierto momento de su proceso\nm\u00edstico, es Cristo quien se hace presente a Teresa. Despu\u00e9s de su encendido\nalegato en favor de la necesaria presencia de la Humanidad de Cristo, de\nDios-Hombre, en el proceso m\u00edstico \u2013M 6,7\u2013, comienza el cap\u00edtulo 8 con estas\npalabras: \u201cPara que m\u00e1s claro ve\u00e1is.., que es as\u00ed lo que os he dicho, y que\nmientras m\u00e1s adelante va un alma, m\u00e1s acompa\u00f1ada va de este buen Jes\u00fas, ser\u00e1\nbien que tratemos de c\u00f3mo, cuando su Majestad quiere, no podemos sino andar\nsiempre con \u00e9l\u201d (1). \u00bfQu\u00e9 significa para un cristiano la \u201cDivinidad\u201d, Dios, sin\nla humanidad en la que \u00e9l se nos muestra y se nos da? \u00bfQu\u00e9 Dios es el que no\n\u201cpasa\u201d por la humanidad de Jes\u00fas, el que no se confiesa en esa humanidad? \u00bfQu\u00e9\n\u201caporta\u201d, qu\u00e9 vale para el hombre un Dios que no \u201csalva\u201d, no redime su\nnaturaleza y en y desde ella le habla? \u00bfC\u00f3mo se muestra Dios \u201cvalioso\u201d para el\nhombre si le \u201cobliga\u201d a \u201cser \u00e1ngel\u201d, a renunciar a su condici\u00f3n humana?<\/p>\n\n\n\n<p>Teresa, que\nexperimentaba su yo indivisible, hondo, presente en todo su ser, asomado y\nactivo en sus sentidos como en \u201cel hond\u00f3n del alma\u201d, y que intu\u00eda al mismo\ntiempo, gozaba \u00edntimamente despu\u00e9s, que Dios la hab\u00eda liberado, asumiendo su\nnaturaleza, se resist\u00eda a vivir de espaldas a esa naturaleza misma que Dios\nhab\u00eda hecho suya, y que la hab\u00eda convertido en \u201clugar\u201d y fuente de gracia.\nQuiere esto decir que en Jes\u00fas todos los actos humanos son veh\u00edculos de gracia,\nredentores, en el fuerte sentido del t\u00e9rmino. \u00a1Y esto ten\u00eda algo que ver con\nella, con su vida de mujer redimida! Confesar a Dios Hombre en Jes\u00fas conlleva\nconfesar que la totalidad de nuestra persona ha sido salvada, frente a todas\nlas \u201cbober\u00edas de perfecci\u00f3n\u201d que se ciernen amenazadoramente sobre nosotros, y\nque atentan contra la verdad de Dios manifestado en Jes\u00fas de Nazaret.<\/p>\n\n\n\n<p>Tres apuntes,\nhuman\u00edsimos, como tantos en la biograf\u00eda teresiana, y que son manifestaciones\n\u201cnormales\u201d en una persona que ha cre\u00eddo seriamente en el Hombre en quien se\nmanifiesta la plenitud de la Divinidad. El primero se refiere a su relaci\u00f3n con\nel P. Graci\u00e1n quien, sin duda, le ha manifestado alguna inquietud al respecto.\nTeresa le tranquiliza, al menos manifiesta claramente su pensamiento. Escribe:\n\u201cDice [Teresa] que le quisiera besar muchas veces las manos y que le diga a\nvuestra paternidad que bien puede estar sin pena, que el casamentero [Jesucristo]\nfue tal y dio el nudo tan apretado que s\u00f3lo la vida le quitar\u00e1, y aun despu\u00e9s\nde muerta estar\u00e1 m\u00e1s firme, que no llega a tanto la bober\u00eda de la perfecci\u00f3n,\nporque antes ayuda su memoria a alabar al Se\u00f1or\u201d (cta 9.1.1577, n. 7).<\/p>\n\n\n\n<p>El otro apunte tiene\ncomo destinataria a la gran amiga Mar\u00eda de S. Jos\u00e9, cuando la Madre Teresa est\u00e1\niniciando su \u00faltimo a\u00f1o de vida, nombrada priora de \u00c1vila \u201cpor pura hambre\u201d. La\namiga le ha expresado claramente su amor. Y Teresa arranca su respuesta as\u00ed:\n\u201cMucho me consol\u00e9 con su carta, y no es nuevo, que lo que me canso con otras\ndescanso con las suyas. Yo le digo que si me quiere bien, que se lo pago, y\ngusto que me lo diga. \u00a1Cu\u00e1n cierto es de nuestro natural querer ser pagadas!\nEsto no debe ser malo, pues tambi\u00e9n quiere serlo nuestro Se\u00f1or&#8230;; mas\nparezc\u00e1monos a \u00e9l, sea en lo que fuere\u201d (cta 8.11.1581, n. 1).<\/p>\n\n\n\n<p>Y, por \u00faltimo, su\nopini\u00f3n, expresa con natural desenvoltura, sobre su traslado a Malag\u00f3n: \u201cPor\nesa su carta ver\u00e1 vuestra paternidad lo que se ordena de la pobre vejezuela.\nSeg\u00fan los indicios hay (puede ser sospecha), que es m\u00e1s el deseo que estos mis\nhermanos calzados deben tener de verme lejos de s\u00ed, que la necesidad de\nMalag\u00f3n. Esto me ha dado un poco de sentimiento\u201d (cta a Graci\u00e1n, 10.6.79, n.\n4). Al principio de enero del a\u00f1o siguiente vuelve a escribir a Graci\u00e1n\nremantando la informaci\u00f3n de la anterior: \u201cYo digo a vuestra merced que aqu\u00ed\nhay una gran comodidad para m\u00ed que yo he deseado hartos a\u00f1os ha; que aunque el\nnatural se halla solo sin lo que le suele dar alivio, el alma est\u00e1 descansada;\ny es que no hay memoria de Teresa de Jes\u00fas m\u00e1s que si no fuese en el mundo. Y\nesto me ha de hacer no procurar irme de aqu\u00ed, si no me lo mandan, porque me\nve\u00eda desconsolada algunas veces al o\u00edr tantos desatinos; que all\u00e1, en diciendo\nque es una santa, lo ha de ser sin pies ni cabeza. R\u00edense porque yo digo que\nhagan all\u00e1 otra, que no les cuesta m\u00e1s que decirlo\u201d (cta fin.1.1580). \u00a1Qu\u00e9\ntorrentes de humanidad, redimida, por supuesto, como la persona toda! \u00a1Y\nredimible, de hecho, en cada uno! Pero nunca arrojada fuera, a las tinieblas,\ndel fest\u00edn del hombre nuevo.<\/p>\n\n\n\n<p>1.3.&nbsp;El misterio\ntrinitario<\/p>\n\n\n\n<p>En su proceso m\u00edstico,\npor el que se va adentrando en la verdad del misterio de Dios, Teresa desemboca\nen el conocimiento experiencial del Dios uno y trino. Es la culminaci\u00f3n del\ndesvelamiento del misterio de Dios. Del misterio de Dios en s\u00ed mismo, en la\nintimidad de la comunidad divina; y en el misterio participado, que la vive\ndentro y en el que ella vive, en una experiencia estable, continua los \u00faltimos\na\u00f1os de su vida. El dato de la fe sobre el misterio insondable, \u201cobjetivo\u201d, de\nDios es vivenciado por Teresa, \u201cpersonalizado\u201d en el centro de su ser. Y es\nJes\u00fas, \u201cla sacrat\u00edsima Humanidad\u201d la que le introduce en la Trinidad.<\/p>\n\n\n\n<p>En la traducci\u00f3n\nling\u00fc\u00edstica Teresa se sirve de las estereotipadas f\u00f3rmulas que le ofrece la\nteolog\u00eda, el catecismo. Aqu\u00ed no podemos buscar novedad alguna. Teresa no es\nte\u00f3logo que trata de profundizar intelectualmente el dato de la revelaci\u00f3n, o\nque busca una explicaci\u00f3n m\u00e1s ajustada de la verdad revelada. Ella traduce c\u00f3mo\nha vivido el misterio, qu\u00e9 comuni\u00f3n se ha dado entre Dios trino y ella.\nManifiesta de este modo que la Trinidad no es una \u201cverdad\u201d que escapa y provoca\nal entendimiento humano, sino un don \u201cvivible\u201d, que transforma la vida de la\npersona y la abre a la realizaci\u00f3n m\u00e1xima de su vocaci\u00f3n: ser \u201ccapaz\u201d de Dios,\nde entrar verdadera y realmente en la vida misma de Dios, de ser Dios por\nparticipaci\u00f3n, es decir, por donaci\u00f3n radicalmene gratuita de Dios. La novedad\nde la experiencia trinitaria del m\u00edstico est\u00e1 en decirnos c\u00f3mo afecta al ser de\nla persona, a qu\u00e9 horizontes le abre, en qu\u00e9 tierra hunde sus ra\u00edces y qu\u00e9\ncosecha de frutos produce.<\/p>\n\n\n\n<p>Encontramos en el\nLibro de la Vida dos referencias expl\u00edcitas a su comprensi\u00f3n del misterio\ntrinitario. En el cap\u00edtulo 27, hablando de una \u201cmanera que ense\u00f1a Dios al alma\ny la habla sin hablar\u201d (6), escribe: \u201cse ve el alma en un punto sabia, y tan\ndeclarado el misterio de la Sant\u00edsima Trinidad&#8230;, que no hay te\u00f3logo con quien\nno se atreviese a disputar la verdad de estas grandezas\u201d (9). Y, m\u00e1s adelante,\nnos dice c\u00f3mo se le dio a entender \u201cla manera c\u00f3mo era un solo Dios y tres\nPersonas tan claro, que yo me espant\u00e9 y consol\u00e9 mucho. H\u00edzome grand\u00edsimo\nprovecho para conocer m\u00e1s la grandeza de Dios y sus maravillas, y para cuando\npienso o se trata de la Sant\u00edsima Trinidad, parece entiendo c\u00f3mo puede ser y\nesme mucho contento\u201d (39,25). En estos dos textos est\u00e1 enunciado en s\u00edntesis la\ninteligencia experiencial del misterio trinitario. Pero ser\u00e1 a partir del a\u00f1o\n1571 cuando Teresa nos entregue las m\u00e1s abundantes relaciones de sus\nexperiencias trinitarias. En las M 7 dejar\u00e1 tambi\u00e9n precisa constancia, hasta\ndonde se puede, de su vivencia trinitaria. \u00daltimo tramo de su jornada m\u00edstica.\nDe hecho, en la \u00faltima Relaci\u00f3n que nos ha entregado dice: \u201cMe parece que\nsiempre se anda esta visi\u00f3n intelectual de estas tres Personas y de la\nHumanidad\u201d. Y todav\u00eda se\u00f1ala un apunte que no hay que pasar por alto: \u201cY ahora\nentiendo \u2013a mi parecer\u2013 que eran de Dios las [mercedes] que he tenido, porque\ndispon\u00edan el alma para el estado en que ahora est\u00e1\u201d (R 6,3).<\/p>\n\n\n\n<p>Recojamos la primera\nformulaci\u00f3n, cronol\u00f3gicamente hablando, de la experiencia de misterio\ntrinitario, en una relaci\u00f3n firmada el 29 de mayo de 1571: \u201cComenz\u00f3 a\ninflamarse mi alma, pareci\u00e9ndome que claramente entend\u00eda tener presente a toda\nla Sant\u00edsima Trinidad en visi\u00f3n intelectual, adonde entendi\u00f3 mi alma por cierta\nmanera de representaci\u00f3n, como figura de la verdad&#8230; c\u00f3mo es Dios trino y uno;\ny as\u00ed me parec\u00eda hablarme todas las tres Personas y que se representaban dentro\nde m\u00ed distintamente\u201d (R 16, 1). En parecidos t\u00e9rminos se expresar\u00e1, seis a\u00f1os\nm\u00e1s tarde, en M 7,1,6. En ambos textos, sobre todo en Moradas, anota tambi\u00e9n de\npasada la enorme diferencia que hay de \u201co\u00edr estas palabras [del Evangelio] y\ncree\u00adrlas, a entender por esta manera [por experiencia m\u00edstica] cu\u00e1n verdaderas\nson\u201d (M 7,1,7). Conocimiento \u201cpodemos decir por vista\u201d de lo que \u201ctenemos por\nfe\u201d, hab\u00eda dicho en el n\u00famero anterior, produciendo algunos escr\u00fapulos\nteol\u00f3gicos a los examinadores del libro. Un conocimiento \u201cimprimido\u201d en las\nentra\u00f1as, que marca profundamente, configura e identifica a la persona.<\/p>\n\n\n\n<p>2. La doctrina<\/p>\n\n\n\n<p>Teresa no se exhibe\ncont\u00e1ndonos su interioridad, no nos ofrece unas \u201cmemorias\u201d de su vida\nespiritual. Siente una profunda repugnancia a hacerlo. Si confiesa, con cierta\nfrecuencia, que le cuesta mucho recibir mercedes (V 39,21;7,19), m\u00e1s le cuesta\ndecirlas. Por eso se resiste cuanto puede. A Teresa le interesa la doctrina que\nse da en su experiencia, la palabra de alcance universal, con validez para\ntodos que en esa experiencia se encierra. Basta recordar el t\u00edtulo del \u00faltimo\ncap\u00edtulo del Libro de la Vida: \u201cProsigue en la misma materia de decir las grandes\nmercedes que el Se\u00f1or le ha hecho, de algunas de las cuales se puede sacar\nharto buena doctrina, que \u00e9ste ha sido&#8230;, su principial intento&#8230;, poner las\nque son para provecho de las almas\u201d (cf V 27,9;37,1). Es su modo de hacer\nteolog\u00eda: narrar su experiencia como premisa de un enunciado doctrinal. Es lo\nque persigue. La narraci\u00f3n de su experiencia no es un fin en s\u00ed misma.<\/p>\n\n\n\n<p>A nosotros tampoco nos\ninteresa su experiencia en cuanto tal, puerta abierta para asomarnos a su\ninterior. Su experiencia es suya, y con ella se fue. \u201c\u00bfQu\u00e9 me aprovecha a m\u00ed\nque los santos pasados hayan sido tales, si yo soy tan ruin despu\u00e9s, que dejo\nestragado con la mala costumbre el edificio?\u201d (F 4,6). Aunque tengamos que\narrancar \u2013como lo hemos hecho\u2013 de su experiencia, lo que nos interesa es el\ncamino personal que nos abre, la iluminaci\u00f3n doctrinal que derrama sobre los\ncaminos del esp\u00edritu. Eso es lo que pretendemos ahora.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando se acerca\nTeresa por primera vez en busca de un discernimiento de las experiencias\nm\u00edsticas que recibe, el sacerdote G. Daza y F. Salcedo, el Caballero santo, le\ndicen que \u201ca todo su parecer de entrambos era demonio\u201d (V 23,24), \u201cque no ven\u00eda\nlo uno con lo otro\u201d, a saber, gracias divinas y conducta de Teresa. Y le\nrazonan: \u201caquellos regalos eran ya de personas que estaban muy aprovechadas y\nmortificadas\u201d (V 23,11). A Teresa no le costaba admitir que ella no estaba \u201cmuy\nmortificada\u201d. Pero s\u00ed se le hac\u00eda dif\u00edcil \u2013si no imposible\u2013 aceptar que Dios\ntuviera que esperar \u201cla puesta a punto\u201d de la persona para otorgarle su gracia.\nY este convencimiento, que ya por entonces era muy grande, se le har\u00e1 certeza\nabsoluta, evidencia. Pondr\u00e1 siempre a salvo el protagonismo \u201cgracioso\u201d de Dios.\n\u00a1Dios no espera a que la persona est\u00e9 muy mortificada para hac\u00e9rsele presente\ncon su gracia! \u00a1El se adelanta siempre! \u00c9l, \u201cganoso de hacer mucho por\nnosotros\u201d (M 6,11,1).<\/p>\n\n\n\n<p>Las palabras del Padre\nnuestro \u201ch\u00e1gase tu voluntad&#8230;\u201d le ofrecen una buena ocasi\u00f3n para un\npronunciamiento rotundo, inequ\u00edvoco. Reza, como suele, con intensidad: \u201cBien hicisteis,\nnuestro buen Maestro, de pedir la petici\u00f3n pasada, para que podamos cumplir lo\nque dais por nosotros; porque, cierto, Se\u00f1or, si as\u00ed no fuera, imposible me\nparece. Mas haciendo vuestro Padre lo que Vos le ped\u00eds de darnos ac\u00e1 su reino,\nyo s\u00e9 que os sacaremos verdadero en dar lo que dais por nosotros; porque hecha\nla tierra cielo, ser\u00e1 posible hacerse en m\u00ed vuestra voluntad. Mas sin esto&#8230;,\nyo no s\u00e9, Se\u00f1or, c\u00f3mo ser\u00eda posible\u201d (C 32,2). Antes ya hab\u00eda escrito: \u201cComo\nvio su Majestad que no pod\u00edamos santificar ni alabar ni engrandecer ni\nglorificar este nombre santo del Padre eterno&#8230;, de manera que se hiciese como\nes raz\u00f3n, si no nos prove\u00eda su Majestad con darnos ac\u00e1 su reino&#8230;\u201d (30,4). \u201cNo\ntenemos qu\u00e9 dar si no lo recibimos\u201d (32,13; M 6,5,6).<\/p>\n\n\n\n<p>En Vida dir\u00e1 que nos\nes necesario saber que recibimos para poder nosotros responder, vivir en\nfidelidad. \u201cSi no conocemos que recibimos, no despertamos a amar\u201d (10,4). Y\nrazona su pensamiento para concluir con una pregunta precisa y una respuesta\ncontundente: \u201cPues \u00bfc\u00f3mo aprovechar\u00e1 y gastar\u00e1 con largueza el que no entiende\nque es rico? Es imposible \u2013conforme a nuestra naturaleza, a mi parecer\u2013 tener\n\u00e1nimo para cosas grandes quien no entiende est\u00e1 favorecido de Dios\u201d (ib 6). En\nesto, seg\u00fan la Doctora M\u00edstica, est\u00e1 en juego la verdadera humildad, es decir,\ncaminar en la verdad.<\/p>\n\n\n\n<p>Dios, pues, se\nadelanta siempre, es siempre gracia en su relaci\u00f3n con nosotros. Bastar\u00eda\nsimplemente pensar que, en una relaci\u00f3n interpersonal, amistosa, precede\nsiempre, se empe\u00f1a m\u00e1s quien m\u00e1s ama. Lo que anteriormente vimos al evocar la\nexperiencia teresiana (cf V 9,9), lo presenta como principio doctrinal. Escribe:\n\u201cPor cierto, cuando no hubiera otra cosa de ganancia en este camino de oraci\u00f3n,\nsino entender el particular cuidado que Dios tiene de comunicarse con nosotros\ny andarnos rogando&#8230; que nos estemos con \u00e9l&#8230;\u201d (M 7,3,9). Es una constante.\n\u201cNo es aceptador de personas, a todos ama\u201d (V 27,12).\u201cDios es amigo de dar\u201d (M\n5,1,5). \u201cY nunca querr\u00eda hacer otra cosa si tuviera a qui\u00e9n\u201d (Conc 6,1); \u201cno\nest\u00e1 de\u00adseando otra cosa sino tener a quien dar\u201d (M 6,4,12). Se\u00f1ala la conexi\u00f3n\nentre su experiencia, su caso y el mensaje que lanza al lector: \u201cAcu\u00e9rdense de\nsus palabras y miren lo que ha hecho conmigo, que primero me cans\u00e9 de ofenderle\nque su Majestad dej\u00f3 de perdonarme. Nunca se cansa de dar, ni se pueden agotar\nsus misericordias; no nos cansemos nosotros de recibir\u201d (V 19,15).<\/p>\n\n\n\n<p>Toda lectura de las\nmaravillas que Dios hizo en el pasado, empezando por la Biblia \u2013historia de las\nmaravillas obradas por Dios en favor de su pueblo\u2013, referente obligado de todo\ncreyente, no es v\u00e1lida si no nos abre y remite al presente en el que Dios obra,\nen nuestro personal presente y en el colectivo. Despu\u00e9s de recordar a los\nsantos Francisco y Domingo, \u201cy al P. Ignacio, el que fund\u00f3 la Compa\u00f1\u00eda\u201d, Teresa\nse vuelve a sus lectores y les dice \u201cque tan apararejado (=dispuesto) est\u00e1 este\nSe\u00f1or a hacer merced ahora como entonces\u201d. Y a\u00f1ade que \u201caun en parte m\u00e1s\nnecesitado de que las queramos recibir\u201d (M 5,4,6).<\/p>\n\n\n\n<p>Sobre lo mismo vuelve\nrecordando los primeros tiempos de la reforma iniciada por ella, tiempos de\nespl\u00e9ndida floraci\u00f3n espiritual. Y manda un mensaje a \u201clas que est\u00e1n por venir\u201d\ndici\u00e9ndoles que, si no se dan en ellas las gracias a las que se est\u00e1\nrefiriendo, \u201cno lo echen (=no culpen) a los tiempos, que para hacer Dios\ngrandes mercedes a quien de veras le sirve, siempre es tiempo\u201d (F 4,5). Y en el\nn\u00famero siguiente alarga su consideranci\u00f3n a los \u201cprincipios\u201d de toda Familia\nrelgiosa: \u201cOigo algunas veces de los principios de las \u00f3rdenes decir que, como\neran los cimientos, hac\u00eda el Se\u00f1or mayores mercedes a aquellos santos nuestros\npasados. Y es as\u00ed, mas siempre hab\u00edan de mirar que son cimientos de los que\nest\u00e1n por venir\u201d. Por lo tanto, gracia de \u201ccimientos\u201d recibimos para ser\ncofundadores, agentes de la gracia carism\u00e1tica que transmitimos. No es un\nrecurso oratorio para encarecer una exhortaci\u00f3n cuando Teresa dice a sus\nhermanas \u201cque cada una haga cuenta de las que vinieren, que en ella torna a\ncomenzar esta primera Regla de la Orden de la Virgen&#8230;\u201d (F 27,11). Ni tampoco\ncuando vuelve a decir a sus \u201chermanos y hermanas\u201d que \u201cno se diga por ellos lo\nque de algunas \u00d3rdenes que loan sus principios. Ahora comenzamos, y procuren ir\ncomenzando siempre de bien en mejor\u201d (29,32). En estas palabras hay una\nconfesi\u00f3n del Dios que no est\u00e1 encarcelado en el pasado, sino que preside y\nhace la historia, que siempre obra y se revela en cada momento de la historia.<\/p>\n\n\n\n<p>Y como sucedi\u00f3 en ella\n\u2013lo que no comprendieron sus primeros discernidores\u2013 Dios no se comunica porque\nson buenos los receptores sino porque \u00e9l es bueno, \u201cpara dar a conocer sus\ngrandezas\u201d. No tarda de decirlo con claridad en Moradas. Se dispone a dar a\nentender \u201clas mercedes que es Dios servido hacer a las almas\u201d (M 1,1,3). Sabe\nque hay personas a quienes \u201cles hace da\u00f1o entender que es posible en este\ndestierro comunicarse un tan gran Dios\u201d con nosotros (ib), o algunos que dicen\n\u201cque parecen cosas imposibles y que es bien no escandalizar los flacos\u201d (ib 4).\nPor eso, desde el principio, establece un principio indiscutible para ella:\n\u201cAcaece no las hacer [las mercedes] por ser m\u00e1s santos a quien las hace que a\nlos que no, sino porque se conozca su grandeza\u201d, la grandeza de su ser\ncomunicativo, grandeza \u201ccuantitativa\u201d y de gratuidad. Termina adorn\u00e1ndose con\ndos referencias b\u00edblicas: \u201ccomo vemos en san Pablo y la Magdalena\u201d (M 1,1,3).<\/p>\n\n\n\n<p>Y Dios se comunica \u201cno\nmenos que como Dios\u201d, seg\u00fan la expresi\u00f3n sanjuanista. Teresa no lo dice as\u00ed,\npero dice lo mismo. \u201c\u00a1Qu\u00e9 bajos quedar\u00edamos si conforme a nuestro pedir fuese\nvuestro dar!\u201d (Conc 5,6); \u201cno se contenta el Se\u00f1or con darnos tan poco como son\nnuestros deseos\u201d (ib 6,1). Un poco m\u00e1s adelante dice: \u201cM\u00e9tela [Dios al alma] en\nla bodega, para que all\u00ed m\u00e1s sin tasa pueda salir rica. No parece que el Rey\nquiere dejarle nada por dar\u201d (ib 3). \u201cQueremos poner tasa a quien sin ninguna\nda sus dones cuando quiere\u201d (V 39,9; 37,2). Cuando inicia la exposici\u00f3n de las\nM 7 pone en boca de sus lectores la cuesti\u00f3n siguiente: \u201cPareceros ha,\nhermanas, que est\u00e1 dicho tanto en este camino espiritual, que no es posible\nquedar nada por decir\u201d. Y responde seguidamente: \u201cHarto desatino ser\u00eda pensar\nesto\u201d. Argumenta brevemente, con rotundidad: \u201cPues la grandeza de Dios no tiene\nt\u00e9rmino, tampoco le tendr\u00e1n sus obras. \u00bfQui\u00e9n acabar\u00e1 de contar sus\nmisericordias y grandezas? Es imposible\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>San Juan de la Cruz,\nsiguiendo la filosof\u00eda escol\u00e1stica, escribe: \u201cCuando uno ama y hace bien a\notro, h\u00e1cele bien y \u00e1male seg\u00fan su condici\u00f3n y propiedades; y as\u00ed tu Esposo,\nestando en ti, como quien \u00e9l es hace las mercedes\u201d (Ll 3,6). El obrar sigue al\nser y con \u00e9l se corresponde. Dios es lo que obra. El ser y el hacer se\nidentifican en Dios. Por eso dice Teresa que, pues \u201cla grandeza (=el ser) no\ntiene t\u00e9rmino, tampoco le tendr\u00e1n sus obras\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la forma de la\ncomunicaci\u00f3n desmedida de Dios \u2013Teresa, abrumada por la \u201cgran magnanimidad\u201d de\nDios, le \u201cadvert\u00eda\u201d: \u201cmirad lo que hac\u00e9is&#8230; para poner tasa en las mercedes&#8230;\nos suplico que se os acuerde [los grandes males m\u00edos]\u201d (V 18,4)\u2013 var\u00eda seg\u00fan la\nvoluntad de Dios con cada uno de nosotros. La Santa lo dice abiertamente, sin\nambajes, porque responde a la verdad, y porque los lectores de sus libros no\nidentifiquen la donaci\u00f3n de Dios con la forma en la que se le ha comunicado a\nella.<\/p>\n\n\n\n<p>En dos textos\nvigorosos, y ambos en un contexto que los realza m\u00e1s todav\u00eda, traza bien la\nl\u00ednea divisoria entre la donaci\u00f3n de Dios y los caminos a trav\u00e9s de los cuales\nlleva a las personas y se comunica con ellas. Ya en plenas moradas m\u00edsticas, en\nlas M 5, despu\u00e9s de haber empezado a hablar de la \u201coraci\u00f3n de uni\u00f3n\u201d (c. 2), e\niniciar el siguiente, se detiene sobre la marcha, sorpresivamente para el\nlector, para hacer una aclaraci\u00f3n que ella juzga obligada. Y escribe: \u201cPar\u00e9ceme\nque queda algo oscura, con cuanto he dicho, esta morada. Pues hay tanta\nganancia de entrar en ella, bien ser\u00e1 que no parezca quedan sin esperanza a los\nque el Se\u00f1or no da cosas tan sobrenaturales\u201d. Sigue la important\u00edsima\nafirmaci\u00f3n de que \u201cla verdadera uni\u00f3n se puede muy bien alcanzar\u201d aunque no sea\nla \u201cuni\u00f3n regalada\u201d (\u00a1advierta el lector el uso de adjetivos!) de la que habla\nen estas moradas (M 5,3,3). Termina el n\u00famero siguiente con estas palabras:\n\u201cpoderoso es el Se\u00f1or de enriquecer las almas por muchos caminos y llegarlas a\nestas moradas, y no por el atajo que queda dicho\u201d. \u00bfEs posible, sin esas\ngracias m\u00edsticas, \u201cextraordinarias\u201d, \u201cmatar el gusano\u201d, rendirse totalmente a\nla voluntad de Dios? \u201cDe ser posible no hay duda\u201d (ib 6). \u201cNo ha menester el\nSe\u00f1or hacernos grandes regalos para esto, basta lo que nos ha dado en darnos a\nsu Hijo que nos ense\u00f1ase el camino\u201d (ib 7).<\/p>\n\n\n\n<p>El otro texto lo\nencontramos en las M 3, las de las \u201calmas concertadas\u201d que presentan \u201csus\nobrillas\u201d como moneda de cambio al Se\u00f1or para que \u201cpor justicia\u201d (C 18,6) les\nconceda gracias m\u00edsticas. La Santa les advierte \u201cque no han obligado a nuestro\nSe\u00f1or para que les haga semejantes mercedes\u201d (M 3,1,8). En su di\u00e1logo, paciente\ny no exento de compasiva iron\u00eda, comprensiva siempre, llega a pronunciarse as\u00ed:\n\u201cNo pens\u00e9is que importa poco que no quede por nosotros, que cuando no es\nnuestra la falta, justo es el Se\u00f1or y su Majestad os dar\u00e1 por otros caminos lo\nque os niega por \u00e9ste&#8230;; al menos ser\u00e1 lo que m\u00e1s nos conviene, sin duda\nninguna\u201d (2,11). Aqu\u00ed, en este mismo cap\u00edtulo (n. 13), y muy frecuentemente, la\nMaestra de oraci\u00f3n afirma que \u201cpara aprovechar mucho en este camino y subir a\nlas moradas que deseamos, no est\u00e1 la cosa en pensar mucho, sino en amar mucho\n(M 4,1,7). Pero \u201cquiz\u00e1 no sabemos qu\u00e9 es amar, y no me espantar\u00e9 mucho\u201d, anota\nTeresa; y contin\u00faa: \u201cporque no est\u00e1 [el amor] en el mayor gusto, sino en la\nmayor determinaci\u00f3n de desear contentar en todo a Dios\u201d (ib). Discurso que no\nseguimos nosotros ahora, pero que es un aut\u00e9ntico fil\u00f3n de oro en la\nespiritualidad teresiana. Nos basta terminar con sus palabras: \u201cSu Majestad\nsabe mejor lo que nos conviene; no hay para qu\u00e9 le aconsejar lo que nos ha de\ndar\u201d (M 2,1,8). \u201cGu\u00ede su Majestad por donde quisiere\u201d (V 11,12).<\/p>\n\n\n\n<p>3. L\u00edneas de\ncomportamiento<\/p>\n\n\n\n<p>Dios no se revela para\naumentar los espacios de nuestro conocimiento, para ser sabido sino para ser\nvivido. Cono\u00adcemos a Dios no por la informaci\u00f3n que de \u00e9l tenemos sino por la\nconformaci\u00f3n con \u00e9l. O, en t\u00e9rminos cristol\u00f3gicos, \u201cel mayor regalo\u201d que Dios\npuede hacernos \u201ces darnos vida que sea imitando a la que vivi\u00f3 su Hijo tan\namado; y as\u00ed tengo yo por cierto que son todas estas gracias [de las que ha\nhablado en las Moradas] para fortalecer nuestra flaqueza&#8230; para poderle imitar\nen el mucho padecer\u201d (M 7, 4,4). Las gracias de Dios tienen por finalidad\ncristificar nuestra existencia, conformarnos con la Gracia, Jes\u00fas.<\/p>\n\n\n\n<p>Cada uno vive seg\u00fan la\n\u201cidea\u201d que tiene de Dios. El conocimiento experiencial de Dios que Teresa nos\nha transmitido, generar\u00e1 en quienes lo acepten un nuevo modo de relaci\u00f3n con\nDios, una nueva forma de vivir. La vida revelar\u00e1 si y en qu\u00e9 grado hemos\nincorporado la palabra teresiana sobre Dios. Sin duda, aunque a los lectores\nsuperficiales y saltuarios, tambi\u00e9n a los oyentes, pueda parecer esto una\npalabra \u201cabstracta\u201d, es, sin embargo, la m\u00e1s \u201cconcreta\u201d, y, desde luego, la\n\u00fanica generadora de cristianos verdaderos que confiesan al \u201cDios y Padre de\nnuestro Se\u00f1or Jesucristo\u201d. Dir\u00eda que es la que autentica a un m\u00edstico y\nvaloriza su palabra. Palabra fuente de la que las dem\u00e1s se alimentan. Se\u00f1alo\nalgunas de las l\u00edneas de acci\u00f3n en las que se expresa esta imagen de Dios que\nvivi\u00f3 y nos transmite Teresa de Jes\u00fas.<\/p>\n\n\n\n<p>Al terminar el\ncap\u00edtulo 26 de Camino nos aconseja ponernos \u201ccabe este buen Maestro muy\ndispuestos a aprender lo que nos ense\u00f1a\u201d. Ser oyentes de Dios, acogedores de su\ndon. \u201cLos ojos en \u00e9l\u201d (V 35,14), \u201clos ojos en vuestro Esposo\u201d (C 2,1). Esto es\nser orantes, contemplativos. Orar \u201ces abrir la puerta\u201d a Dios: \u201cPara estas\nmercedes tan grandes que me ha hecho a m\u00ed, es la puerta la oraci\u00f3n; cerrada\n\u00e9sta, no s\u00e9 c\u00f3mo las har\u00e1\u201d (V 9,9). O\u00edr y acoger a Dios en su realidad, sin\nidolizarlo. \u201cDejar a Dios ser Dios\u201d. De lo contrario no hay \u201ct\u00fa\u201d con quien\nrelacionarnos. Si no es Dios con el que nos relacionamos, sino un \u00eddolo, hechura\nde nuestra manos, se explicar\u00eda que tantas vidas \u201cespirituales\u201d hayan\ndegenerado en estatuas de sal (M 1,1,6), \u201csantos en su parecer\u201d (Conc 2,24),\nque \u201cen su seso presumen de espirituales\u201d (V 13,5). Por lo tanto, cultivar una\napasionada b\u00fasqueda de la verdad de Dios, del Dios verdadero, que nos pondr\u00e1\ninevitablemente ante nuestra propia verdad. Rercord\u00e9 de pasada que la oraci\u00f3n\nes \u201centender estas verdades\u201d (C 22,8): qui\u00e9n es Dios, qui\u00e9n soy yo, y \u201cc\u00f3mo\nhar\u00e9 que mi condici\u00f3n conforme con la suya\u201d (ib 7).<\/p>\n\n\n\n<p>O\u00edr, acoger la verdad\nde Dios \u201cen trato personal\u201d \u2013\u00bfhay otra forma?\u2013 es desescombrar nuestra verdad\nm\u00e1s \u00edntima, \u201cla semejanza\u201d divina que llevamos de origen, \u201cla vocaci\u00f3n \u00fanica\u201d\nque es la uni\u00f3n con Dios, vivir su misma vida. \u201cPara ser verdadero el amor y\nque dure la amistad hanse de encontrar las condiciones\u201d (V 8,5). Si algo nos\nrevela Teresa al final del proceso m\u00edstico, proceso de desvelamiento de la\nverdad de Dios, de nosotros mismos, de la comuni\u00f3n de vida, ya de hecho\nexistente, es que somos relaci\u00f3n a los dem\u00e1s, capacitados para servirles,\ncapaces de ser presencia activa de amor, como somos capaces de Dios, por\nnaturaleza y gracia.<\/p>\n\n\n\n<p>La \u00faltima, definitiva\npalabra sobre Dios, \u201camigo de dar\u201d, la palabra que le hace cre\u00edble, realmente\npresente en el surco de la historia, es que la persona, sobre todo la que a \u00e9l\ndice vivir referida, se convierta en \u2013\u00a1sea!\u2013 don de s\u00ed. Y en la m\u00e1s pura\ngratuidad. Son las dos \u00faltimas palabras sobre las que voy a discurrir con\nbrevedad.<\/p>\n\n\n\n<p>El lector atento de\nTeresa puede descubrir el cambio de orientaci\u00f3n que se opera en ella. Ni le\npas\u00f3 por alto a ella, ni lo silenci\u00f3 en sus escritos. Comienza encareciendo uno\nde los efectos que produce la comunicaci\u00f3n de Dios y que llega a su plenitud en\nlas M 7. Podr\u00edamos decir que es el efecto, la obra que nace de la oraci\u00f3n, del\n\u201ctratar con Dios\u201d. A saber, el total acatamiento de la voluntad de Dios. As\u00ed\nescribe: \u201ces en tanto extremo el deseo que queda en estas almas de que se haga\nla voluntad de Dios en ellas&#8230;\u201d (M 7,3,4). Este deseo lo cifra en una sola\ncosa. Y confiesa que le \u201cespanta\u201d, que le sorprende fuertemente. Dice: \u201cLo que\nm\u00e1s me espanta de todo, es que ya hab\u00e9is visto los trabajos y aflicciones que\nhan tenido por morirse&#8230;; ahora es tan grande el deseo de servirle&#8230; y de\naprovechar alg\u00fan alma si pudiesen, que no s\u00f3lo no desean morirse, mas vivir muy\nmuchos a\u00f1os&#8230;; no les hace al caso, ni pensar en la gloria que tienen los\nsantos; no desean por entonces verse en ella; su gloria tienen puesta en si\npudiesen ayudar en algo al Crucificado\u201d (ib 6). \u201cSu gusto es en imitar en algo\nla vida trabajos\u00edsima que Cristo vivi\u00f3\u201d (Conc 7,8).<\/p>\n\n\n\n<p>La \u00faltima Relaci\u00f3n, de\nmayo de 1581, la remata as\u00ed: \u201cTiene tanta fuerza este rendimiento a ella [a la\nvoluntad de Dios], que la muerte ni la vida se quiere&#8230;; le queda el deseo de\nvivir, si \u00e9l quiere, para servirle m\u00e1s y si pudiese ser parte que siquiera un\nalma le amase m\u00e1s y alabase&#8230;, que&#8230; le parece importa m\u00e1s que estar en la\ngloria\u201d (R 6,9).<\/p>\n\n\n\n<p>Esta experiencia la\ntransmite como doctrina, particularmente en la terminaci\u00f3n del libro de las\nMoradas. El encuentro de Dios y con Dios, las gracias m\u00faltiples que de \u00e9l\nrecibe la persona, particularmente en estas profundidades de la comuni\u00f3n con\n\u00e9l, de la conformaci\u00f3n, la fortalecen para el amor y para el servicio.\nDios-Amor no se reserva nadie para s\u00ed. Las personas que se unen a \u00e9l \u201cno se\nesconden\u201d \u201cpara gozar de aquellos regalos y no entender [=no ocuparse) en otra\ncosa\u201d (M 7,4,5). Donde Dios \u201centra\u201d arrastra en la corriente de su amor a la\ndonaci\u00f3n de s\u00ed. Saben estos \u201cagraciados\u201d de Dios \u201cque su manjar [de Jesucristo,\nde Dios] es que de todas las maneras que pudi\u00e9remos lleguemos [= alleguemos]\nalmas para que se salven y siempre le alaben\u201d (ib 12).<\/p>\n\n\n\n<p>Afina el di\u00e1logo con\nsus hermanas, con el lector, en la l\u00ednea de un realismo vigoroso, hasta\nterminar diciendo \u201cque el Se\u00f1or no mira tanto la grandeza de las obras como el\namor con que se hacen\u201d (ib 15). \u201cS\u00f3lo amor es el que da valor a todas las\ncosas\u201d (E 5, 2). El amor es la \u00fanica obra que construye el Reino y lo revela.\nUn amor que es esencialmente din\u00e1mico: \u201cEl amor jam\u00e1s est\u00e1 ocioso\u201d (M 5,4,10; M\n7,4,10).<\/p>\n\n\n\n<p>Amor gratuito. La\ngratuidad, que define a Dios, define tambi\u00e9n a quien es vivido por \u00e9l. Pues as\u00ed\ntraduce Teresa la conversi\u00f3n que experiment\u00f3 ante la imagen del Cristo muy\nllagado (V 9, 1-3), y que fue creciendo y afirm\u00e1ndose hasta su plenitud,\nrelativa siempre. Escribe en V 23, 2 que desde aquel momento \u201ces otra vida\nnueva; la de hasta aqu\u00ed era m\u00eda; la que he vivido desde que comenc\u00e9 a declarar\nestas cosas de oraci\u00f3n, es que viv\u00eda Dios en m\u00ed\u201d. Cambio de sujeto, como\nexpresa, en petici\u00f3n ardiente en la Exclamaci\u00f3n 17,3, aspiraci\u00f3n honda de todo\nenamorado: \u201cMuera ya este yo, y viva en m\u00ed otro yo que es m\u00e1s que yo, y para m\u00ed\nmejor que yo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>A esta actitud de\ngratuidad llama y educa a sus lectores desde el principio de la jornada\nespiritual, cuando uno se decide \u201ca ser siervo del amor\u201d (V 11,1). Por lo\ntanto, \u201csu intento, no ha de ser contentarse a s\u00ed, sino a \u00e9l\u201d (ib 10), pues \u201cya\nno somos nuestros, sino suyos\u201d (ib 12). Los que inician bien el camino son\naquellos que \u201ccomo buenos caballeros [de Cristo] sin sueldo quieren servir a su\nRey\u201d (V 15, 11), los que \u201cvan por el camino del amor como han de ir, por s\u00f3lo\nservir a su Cristo crucificado\u201d (M 4,2,9). Estas consignas se convierten en\nabundante cosecha. En el cap\u00edtulo 7 de Conceptos de amor de Dios nos presenta\nunas p\u00e1ginas antol\u00f3gicas sobre la gratuizaci\u00f3n de la existencia, muy\nconcretamente en el servicio a los pr\u00f3jimos. P\u00e1ginas que avanzan la densa\ns\u00edntesis que nos ofrecer\u00e1 m\u00e1s tarde en las M 7. De quien ha llegado aqu\u00ed dice:\n\u201cSi est\u00e1 mucho con \u00e9l [con Cristo, si es verdadera la comuni\u00f3n con \u00e9l] poco se\ndebe acordar de s\u00ed; toda la memoria se le va en c\u00f3mo m\u00e1s contentarle\u201d(4,6).\nPresencia a Jes\u00fas, comuni\u00f3n con \u00e9l, y \u201colvido de s\u00ed, que parece que ya no es\u201d\n(3,2), \u201cno se acuerdan m\u00e1s de s\u00ed que si no fuesen\u201d (Conc 7,5). \u201cS\u00f3lo miran al\nservir y contentar al Se\u00f1or\u201d (Conc 7,5). Por eso \u201caprovechan mucho\u201d (ib).<\/p>\n\n\n\n<p>La palabra de Teresa\nsobre Dios, nacida de la experiencia, se convierte en una palabra sobre el\nhombre, creado por Dios \u201ca su semejanza\u201d, \u201cllamado\u201d, es decir, capacitado, para\nser Dios por participaci\u00f3n y gracia. Tiene raz\u00f3n Teresa cuando presentando, en\nlas primeras p\u00e1ginas de Moradas a los dos protagonistas de la historia que se\ndispone a contar, dice que \u201ca mi parecer jam\u00e1s nos acabamos de conocer, si no\nprocuramos conocer a Dios\u201d (M 1,2,9).<\/p>\n\n\n\n<p>BIBL. \u2013 M. A. Garc\u00eda\nOrd\u00e1s, La Persona divina en la espiritualidad de santa Teresa, Roma, 1967; M.\nHerr\u00e1iz, Donaci\u00f3n de Dios y compromiso del hombre. En la ra\u00edz de la experiencia\ny de la palabra de Teresa de Jes\u00fas, en \u00abA zaga de tu huella\u00bb, Burgos, 2001, pp.\n111-142.<\/p>\n\n\n\n<p>Maximiliano Herr\u00e1iz<\/p>\n\n\n\n<p style=\"text-align:center\">Todos los derechos:&nbsp;<em>Diccionario Teresiano<\/em>,\nGpo.Ed.FONTE<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Teresa de Jes\u00fas nace con unas grandes dotes para la relaci\u00f3n interpersonal, para el encuentro con las personas. 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