{"id":4769,"date":"2015-01-29T17:59:05","date_gmt":"2015-01-29T23:59:05","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4769"},"modified":"2022-01-29T18:01:31","modified_gmt":"2022-01-30T00:01:31","slug":"eucaristia-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4769","title":{"rendered":"Eucarist\u00eda"},"content":{"rendered":"\n<p>En Teresa de Jes\u00fas el\nmisterio de la Eucarist\u00eda se hace presente en dos aspectos fundamentales. El de\nla experiencia y el de la catequesis pr\u00e1ctica, en vista de la piedad\neucar\u00edstica de sus carmelitas y de sus lectores. A su experiencia del misterio\nha precedido un laborioso curriculum informativo, condicionado por la teolog\u00eda\ny la liturgia eclesial del momento tridentino en que ella vive. Seguiremos por\norden esos varios aspectos.<\/p>\n\n\n\n<p>1. Su formaci\u00f3n\neucar\u00edstica<\/p>\n\n\n\n<p>Teresa tiene una\nelemental iniciaci\u00f3n hogare\u00f1a, normal en la Iglesia pretridentina: misa\ndominical, comuni\u00f3n de familia en la liturgia pascual y en especiales momentos\nfamiliares, procesiones populares, solemnidad popular y grandes\nescenificaciones con ocasi\u00f3n de la fiesta del Corpus Christi. Sin embargo, no\nparece que la Eucarist\u00eda tuviese importancia decisiva en la infancia y\nadolescencia de Teresa. No queda constancia de la fecha de su primera comuni\u00f3n.\nEse acontecimiento no aflora entre los n\u00edtidos recuerdos que ella tiene de su\nni\u00f1ez. En el relato de Vida, hay que recorrer muchas p\u00e1ginas para llegar a una\nprimera menci\u00f3n del Sacramento (4,9; 5,4; 7,11; 6,6; 7,21&#8230;). Alusiones no del\ntodo positivas: misas del cura de Becedas; \u201cdevociones de misas\u201d pero ya en\nper\u00edodo tard\u00edo; confesi\u00f3n y comuni\u00f3n despu\u00e9s del terrible colapso de Teresa el\n15 de agosto (5, 10: T tiene ya 24 a\u00f1os).<\/p>\n\n\n\n<p>En el monasterio de la\nEncarnaci\u00f3n, la piedad eucar\u00edstica vivida por ella es la normal en una\ncomunidad religiosa de entonces. Seg\u00fan la Regla del Carmen, la celebraci\u00f3n de\nla Misa era el acto comunitario por excelencia, el que reun\u00eda \u201cpor la ma\u00f1ana\ncada d\u00eda\u201d a los ermita\u00f1os dispersos por la monta\u00f1a del Carmelo. Tambi\u00e9n ahora\nen la Encarnaci\u00f3n, la Comunidad asiste cada ma\u00f1ana a la celebraci\u00f3n de la Misa.\nEn cambio, son pocas las fechas en que se permite a cada religiosa la comuni\u00f3n.\nEn las Constituciones de aquel tiempo, la \u201cr\u00fabrica tercera\u201d trataba \u201cde las\nconfesiones e comuni\u00f3n de las hermanas\u201d y prescrib\u00eda: \u201ccomulgar\u00e1n regularmente\nen la primera dominica del adviento, y en la natividad de nuestro Se\u00f1or, y en\nla primera dominica de la cuaresma, y en el jueves de la cena, y en el d\u00eda de\npascua siguiente, y en el d\u00eda del ascensi\u00f3n, y en la pascua del esp\u00edritu santo,\ny en el d\u00eda del corpus christi, en la fiesta de todos sanctos, y en las fiestas\nde nuestra se\u00f1ora, y en el d\u00eda que reciben el h\u00e1bito, y en el d\u00eda que hacen\nprofesi\u00f3n&#8230; Pero si nuestro Se\u00f1or diere devoci\u00f3n al convento, o a la mayor\nparte, de querer comulgar m\u00e1s a menudo, poderlo han facer de consejo del\nconfesor y de licencia de la priora\u201d (BMC 9, p. 485). Estamos lejos de la\ncomuni\u00f3n frecuente.<\/p>\n\n\n\n<p>Por el relato de Vida\nsabemos que en los a\u00f1os de baja espiritual de la propia Teresa tambi\u00e9n su\ncomuni\u00f3n eucar\u00edstica sufri\u00f3 nuevas menguas. No se mantuvo fiel a la comuni\u00f3n\ndominical, si es que anteriormente la hab\u00eda practicado, ya que merced al\nrevulsivo del gran \u201cparoxismo\u201d del mes de agosto 1539, hab\u00eda optado por\n\u201ccomulgar y confesar muy m\u00e1s a menudo, y desearlo\u201d (6,4). Al morir su padre,\ntres o cuatro a\u00f1os despu\u00e9s y proponerse ella una dr\u00e1stica revisi\u00f3n de vida,\nacoge la consigna de su confesor y vuelve a \u201ccomulgar de quince a quince d\u00edas\u201d\n(7,17). Ese t\u00edmido reflorecimiento de su piedad eucar\u00edstica alentar\u00e1 la vida\nespiritual de Teresa en los duros a\u00f1os de brega que van a seguir; entre los 29\ny los 39 de edad. En la Encarnaci\u00f3n florece por esas fechas un grupo de devotas\ndel Sacramento. Forman la \u201cCompa\u00f1\u00eda del Corpus&#8230;\u201d Con reglamento y pr\u00e1cticas\npropias. Teresa pertenece a esa Compa\u00f1\u00eda. Semillero fecundo, que sin duda\nproducir\u00e1 frutos exquisitos en la posterior piedad eucar\u00edstica de la Santa.<\/p>\n\n\n\n<p>Al lado, o quiz\u00e1s en\nla ra\u00edz misma de ese itinerario eucar\u00edstico de Teresa, hay que colocar unos\ncuantos factores de formaci\u00f3n. Baste enumerarlos.<\/p>\n\n\n\n<p>a) Entre los \u201cbuenos\nlibros\u201d presentes en la peque\u00f1a biblioteca de Don Alonso, figuraba \u2013desde antes\nde nacer Teresa\u2013 un \u201cTratado de la misa\u201d. Era, probablemente el \u201cTratado de la\nexcelencia del sacrificio de la ley evang\u00e9lica\u201d, de fray Diego de Guzm\u00e1n, y de\nhaber sido accesible a Teresa hubiera sido para ella una buena iniciaci\u00f3n\ncatequ\u00edstica y espiritual. Sabe\u00admos que, a\u00f1os m\u00e1s tarde ya en su periodo de\nfundadora, la Santa ten\u00eda su librito-misal castellano para seguir\nparticipativamente la celebraci\u00f3n de la misa. b) Mucho m\u00e1s influyente en su\npiedad eucar\u00edstica hubo de ser sin duda el precioso libro de la \u201cImitaci\u00f3n de\nCristo\u201d, o \u201cContemptus mundi\u201d como ella lo llama. Es cierto que T nunca se\nremite al famoso \u201clibro cuarto: del Sacramento del Altar\u201d. Pero es cierto\ntambi\u00e9n que ella lo ley\u00f3 y que algo de lo ah\u00ed contenido se trasvasar\u00e1 a los\ncap\u00edtulos del Camino, en que ella afronte el mismo tema. De hecho, Teresa lo\nretendr\u00e1 entre los libros fundamentales de la biblioteca de cada Carmelo (Cons\n2,7). c) Pero sobre todo ella tendr\u00e1 un precioso manual de formaci\u00f3n\neucar\u00edstica en \u201clos Cartujanos\u201d, es decir, en la \u201cVita Christi cartuxano\u201d,\nescrita por el cartujo Landulfo de Sajonia y traducida por el franciscano\nAmbrosio Montesino, tambi\u00e9n incluido por la Santa en la lista de libros\npropuestos en las Constituciones (2,7). Es probable que las p\u00e1ginas de ese\nlibro est\u00e9n en la base del relato de Teresa en la Relaci\u00f3n 26, seg\u00fan el cual\ndesde hace \u201cm\u00e1s de treinta a\u00f1os\u201d que ella practica una \u00edntima liturgia\neucar\u00edstica en la fiesta del domingo de Ramos. Pr\u00e1ctica y lectura que nos hace\nretroceder a los a\u00f1os 25 de Teresa, en pleno per\u00edodo de dificultades.<\/p>\n\n\n\n<p>2. Renovaci\u00f3n a trav\u00e9s\nde la experiencia m\u00edstica<\/p>\n\n\n\n<p>Como otros sectores\nimportantes de su proceso espiritual, tambi\u00e9n \u00e9ste de la piedad eucar\u00edstica\nser\u00eda inexplicable sin tener en cuenta el paso por la experiencia m\u00edstica. Era\nnormal. Una vez que la experiencia m\u00edstica de la Santa se centr\u00f3 en el misterio\nde Cristo (V 27), con especial atenci\u00f3n a su Humanidad (V 22 y M 6,7), era\nnormal que la Eucarist\u00eda pasase a integrar ese plano de la piedad crist\u00f3logica\nde T. Es probable que para esas fechas ya practique ella la comuni\u00f3n diaria,\naunque eso suponga una singularidad vistosa en su ambiente comunitario.\nSingularidad agravada por los condicionamientos de su salud (V 7,11; 40,20).\nEscrib\u00eda as\u00ed su primer bi\u00f3grafo, F. de Ribera: \u201cDesde antes que saliese de la\nEncarnaci\u00f3n a fundar estos monasterios, comulgaba ordinariamente cada d\u00eda&#8230;,\nsiendo cuando ella lo comenz\u00f3 una cosa que en aquella casa no se usaba, antes\nle recib\u00edan de tarde en tarde, y con su ejemplo se comenz\u00f3 en ella a continuar\nharto este Sacramento. Dio en este tiempo nuestro Se\u00f1or muestras de que gustaba\nde que ella comulgase cada d\u00eda, porque teniendo entre otras enfermedades\nv\u00f3mitos cada d\u00eda, uno a la ma\u00f1ana y otro a la noche, el de la ma\u00f1ana se le\nquit\u00f3 del todo presto y nunca m\u00e1s le tuvo, y el de la noche la dur\u00f3 toda la\nvida\u201d (\u201cLa vida de la Madre Teresa&#8230;\u201d, Salamanca 1590, IV, 12, p. 420).<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando las gracias\nm\u00edsticas arrecian y los te\u00f3logos sus asesores las ponen en duda, una de las\nmedidas m\u00e1s crueles adoptadas contra ella es alejarla de la comuni\u00f3n frecuente:\n\u201cd\u00edjome mi confesor que todos se determinaban en que era demonio, que no\ncomulgase tan a menudo\u201d. \u201cFuime de la iglesia con esta aflicci\u00f3n&#8230; habi\u00e9ndome\nquitado muchos d\u00edas de comulgar\u201d (25, 14-15). Se trat\u00f3 de una represi\u00f3n\npasajera. Para esas fechas (en torno al 1558\/59), ya su piedad eucar\u00edstica se\nhab\u00eda vuelto fuego incandescente. Lo recuerda uno de los te\u00f3logos que se\nagregan al grupo de asesores, Pedro Ib\u00e1\u00f1ez, en el \u201cDictamen\u201d que escribe sobre\nsu esp\u00edritu; \u201cEstas cosas (las gracias m\u00edsticas) le vienen despu\u00e9s de larga\noraci\u00f3n y de estar muy puesta en Dios, abrasada en amor o comulgando\u201d (BMC\n2,131). Al final del relato de Vida, ella misma contar\u00e1 que su deseo de\ncomulgar era tan impetuoso, \u201cque aunque me pusieran lanzas a los pechos, me\nparece entrara por ellas&#8230;\u201d (39, 22).<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora los principales\nacontecimientos de su historia de salvaci\u00f3n brotan de la Eucarist\u00eda. El primero\nde todos su misi\u00f3n de fundadora: \u201chabiendo un d\u00eda comulgado, mand\u00f3me mucho Su\nMajestad lo procurase con todas mis fuerzas&#8230;\u201d (32,11). El relato de Vida\nconcluye con una serie de gracias eucar\u00edsticas: as\u00ed la gracia pentecostal del\nEsp\u00edritu Santo aleteando sobre su cabeza (38,9-10), o las referidas a\ncontinuaci\u00f3n (38, 19. 23.30.31). Un r\u00e1pido recorrido del sartal de gracias\nm\u00edsticas contenidas en los apuntes sueltos de sus Relaciones pone en evidencia\nque gran parte de ellas las recibe en el momento de la comuni\u00f3n. As\u00ed, \u201cen lleg\u00e1ndome\na comulgar\u201d desaparecen sus achaques corporales (R 1,23; C 34,6). En la\nliturgia eucar\u00edstica del Domingo de Ramos, tiene la degustaci\u00f3n de la sangre\ndel Se\u00f1or (R 26). Igualmente, en el momento de la comuni\u00f3n recibe la gracia que\nla introduce en las s\u00e9ptimas moradas (R 35). Hasta las gracias m\u00edsticas que\nesmaltan su \u00faltima jornada de fundadora (F 30-31).<\/p>\n\n\n\n<p>En esa serie de\ngracias eucar\u00edsticas hay que destacar varios aspectos: Teresa tiene experiencia\nespecial del misterio y de la real presencia del Se\u00f1or en \u00e9l (V 28,8),\nexperiencia de su sangre derramada (R 26), de la majestad del Se\u00f1or resucitado\ny glorificado, ahora encubierto bajo el signo sacramental: \u201cCuando yo veo una\nmajestad tan grande disimulada en cosa tan poca como es la hostia&#8230;, me admira\nsabidur\u00eda tan grande, y no s\u00e9 c\u00f3mo me da el Se\u00f1or \u00e1nimo ni esfuerzo para\nllegarme a \u00e9l&#8230;\u201d (V 38,21). \u201cCuando yo me llegaba a comulgar y me acordaba de\naquella majestad grand\u00edsima que hab\u00eda visto, y miraba que era el que estaba en\nel sant\u00edsimo sacramento&#8230;, los cabellos se me espeluzaban, y toda parec\u00eda me\naniquilaba\u201d (ib. 19). Incluso fuera de contexto autobiogr\u00e1fico, Teresa nos ha\nhecho otras confidencias eucar\u00edsticas exquisitas (C 34, 6-7).<\/p>\n\n\n\n<p>3. Piedad eucar\u00edstica\nde Teresa<\/p>\n\n\n\n<p>La Madre Teresa ten\u00eda\nla convicci\u00f3n de que una nueva casa religiosa s\u00f3lo quedaba erigida cuando se\ncelebraba en ella la primera misa y quedaba instalado en la capilla el\nSant\u00edsimo Sacramento. Esa su convicci\u00f3n se deb\u00eda a la idea que ella ten\u00eda de la\ncentralidad del Sacramento en la din\u00e1mica de la casa religiosa. Los letrados\ntardar\u00e1n mucho en informarla de que ese requisito no es necesario para\nformalizar la puesta en marcha de un Carmelo. En torno a esa convicci\u00f3n vive\nella su drama de fundadora, con episodios emocionantes. Se estrena con su\nprimera salida, para fundar el Carmelo de Medina. Lo cuenta en el cap\u00edtulo 3 de\nlas Fundaciones: improvisaci\u00f3n apresurada de la capilla durante la noche;\npobreza total; celebraci\u00f3n ma\u00f1anera de la primera misa. E inmediatamente\ndesolaci\u00f3n de la Santa al caer en la cuenta de que aquel cobijo destartalado de\ncapilla pon\u00eda al Se\u00f1or del Sacramento en la boca de la calle, expuesto a todos\nlos riesgos, en tiempo de profanaciones eucar\u00edsticas. Casi contempor\u00e1neo es el\nepisodio de la profanaci\u00f3n del Sacramento en Alcoy, hecho que conmocionar\u00e1 a\ntoda Espa\u00f1a. \u201cAunque siempre dejaba hombres que velasen el Sant\u00edsimo\nSacramento, estaba con cuidado si se dorm\u00edan; y as\u00ed me levantaba a mirarlo de\nnoche por una ventana, que hac\u00eda muy clara luna, y pod\u00edalo ver&#8230; (A la gente)\npon\u00edales devoci\u00f3n de ver a nuestro Se\u00f1or otra vez en el portal. Y Su Majestad,\ncomo quien nunca se cansa de humillarse por nosotros, no parece quer\u00eda salir de\nall\u00ed\u201d (F 3,13). (Recordemos que la fundaci\u00f3n de Medina data de agosto de 1567.\nLos dram\u00e1ticos acontecimiento de Alcoy ocurren en enero de 1568, y deciden al\nsanto obispo de Valencia, Juan de Ribera a pedir a la Madre Teresa una\nfundaci\u00f3n de carmelitas en el lugar de la profanaci\u00f3n. El relato de la\nfundaci\u00f3n de Medina es evidentemente posterior a ambos sucesos, y probablemente\ninfluenciado por ellos.)<\/p>\n\n\n\n<p>Episodios parecidos se\nrepetir\u00e1n en cada fundaci\u00f3n: Toledo, Segovia, C\u00f3rdoba camino de Sevilla&#8230;\nHasta la fundaci\u00f3n de Burgos, la m\u00e1s penosa de todas. El Arzobispo de la ciudad\nno consiente que la casa de do\u00f1a Catalina, en que reside la peque\u00f1a comunidad\nde Teresa, rehabilite su antigua capilla para celebrar la misa cotidiana. La\nSanta y sus monjas tendr\u00e1n que madrugar cada ma\u00f1ana, atravesar la plaza de\nHuerto del Rey, subir una de las escalinatas de la iglesia de San Gil y asistir\na la primera misa que se celebra en la ciudad en la capilla de Nuestra Se\u00f1ora\nde la Buena Ma\u00f1ana, para regresar de nuevo en silencio y a oscuras a la casa de\ndo\u00f1a Catalina.<\/p>\n\n\n\n<p>Al hacer el balance de\nsu tarea de fundadora, Teresa la percibe ante todo como instalaci\u00f3n de la\nEucarist\u00eda en un templo m\u00e1s, o como colaboraci\u00f3n a la difusi\u00f3n de la presencia\ndel Se\u00f1or en el paisaje de los hombres, campos o ciudades: \u201cpara m\u00ed es\ngrand\u00edsimo consuelo ver una iglesia m\u00e1s adonde haya Sant\u00edsimo Sacramento\u201d (F\n3,10). Lo repetir\u00e1, p\u00e1ginas adelante: \u201cEs particular consuelo para m\u00ed, ver una\niglesia m\u00e1s, cuando me acuerdo de las muchas que quitan los luteranos. No s\u00e9\nqu\u00e9 trabajos, por grandes que fuesen, se hab\u00edan de temer a trueco de tan gran\nbien para la cristiandad; que aunque muchos no lo advertimos, estar Jesucristo,\nverdadero Dios y verdadero hombre, como est\u00e1 en el Sant\u00edsimo Sacramento en\nmuchas partes, gran consuelo nos hab\u00eda de ser\u201d (F 18, 5). Id\u00e9ntica idea\npersiste en las \u00faltimas fundaciones. Con ocasi\u00f3n de la de Palencia, escrib\u00eda:\n\u201caunque no sea sino haber otra iglesia adonde est\u00e1 el Sant\u00edsimo Sacramento, es\nmucho\u201d (F 29,27).<\/p>\n\n\n\n<p>Para la Santa\nandariega, la misa era literalmente un alto en el camino: \u201cPon\u00eda grand\u00edsimo\ncuidado en que los sacerdotes que iban con ella [de] camino, por ning\u00fan caso no\ndejasen de decir la misa ning\u00fan d\u00eda. Y uno que por no hallar recaudo para\ndecirla todos los que iban, falt\u00f3 para uno, dec\u00eda a las que all\u00ed \u00edbamos:\nrueguen a Dios que se halle lo que falta para decir esta misa, que me hace\nmucha fatiga pensar si se ha de privar hoy la Iglesia del valor de este\nsacrificio\u201d (Declaraci\u00f3n de Ana de Jes\u00fas en el proceso de Salamanca: BMC 18,\n465).<\/p>\n\n\n\n<p>Ya en el plano\nestrictamente personal, la actitud de Teresa frente al Sacramento constituye\ntodo un historial de fe, amor, tensi\u00f3n de esperanza escatol\u00f3gica, profundo\nsentido de la Eucarist\u00eda como centro nuclear del misterio eclesial, momento\nprivilegiado para el trato de amistad con el Se\u00f1or y Esposo, que en el sacramento\ncubre con un velo \u2013\u201cdisfraza\u201d, dice ella\u2013 la infinita majestad de su humanidad\nglorificada. Es su Pascua cotidiana.<\/p>\n\n\n\n<p>4. Educadora de la\npiedad eucar\u00edstica<\/p>\n\n\n\n<p>Al poner en marcha el\nnuevo estilo de vida comunitaria en sus carmelos, Teresa pens\u00f3 atentamente la\nimportancia de la Eucarist\u00eda. En el elemental proyecto de vida trazado en las\nprimeras Constituciones del grupo, la misa diaria ocupaba puesto destacado. Se\nla solemnizar\u00eda en los domingos y fiestas. A las Hermanas no les propone \u2013ni\nera pensable entonces\u2013 la pr\u00e1ctica de la comuni\u00f3n diaria, pero aumenta\nconsiderablemente el n\u00famero de comuniones permitidas en las precedentes normas\nde la Encarnaci\u00f3n. Ahora, el cap\u00edtulo segundo de las Constituciones versa sobre\n\u201cqu\u00e9 d\u00edas se ha de recibir el Se\u00f1or\u201d, y comienza: \u201cla comuni\u00f3n ser\u00e1 cada\ndomingo y fiestas de nuestro Se\u00f1or y nuestra Se\u00f1ora&#8230;, y los dem\u00e1s d\u00edas que al\nconfesor pareciere, conforme a la devoci\u00f3n y esp\u00edritu de las hermanas, con\nlicencia de la madre priora\u201d (2,1). El primer bi\u00f3grafo de la Santa, F. de\nRibera, a\u00f1ade que, adem\u00e1s de lo prescrito en las Constituciones, la M. Teresa\n\u201cmand\u00f3 que cada monja comulgase todos los a\u00f1os el d\u00eda en que tom\u00f3 el h\u00e1bito, y\nen el que hizo profesi\u00f3n. Y aunque esto no est\u00e1 en las Constituciones, quiso\nque tuviera la misma fuerza que si en ellas estuviera, y para que se supiese su\nvoluntad, una vez que se lo preguntaron pidi\u00f3 tinta y papel, y lo escribi\u00f3 y\nfirm\u00f3 de su nombre\u201d (ib p. 424). A\u00fan se conserva ese apunte pseudo-aut\u00f3grafo de\nla Santa: \u201cD\u00eda de la profesi\u00f3n y h\u00e1bito es constituci\u00f3n de las antiguas que\ncomulguen las hermanas que lo hubieren recibido\u201d (A 2).<\/p>\n\n\n\n<p>Y Ribera prosigue: \u201cDe\nesta devoci\u00f3n que ten\u00eda al sant\u00edsimo sacramento ven\u00eda la grande y entra\u00f1able\nreverencia que ten\u00eda a los sacerdotes, por ser ellos los que consagran\u201d (ib. p.\n423). Poco antes, el mismo Ribera hab\u00eda aportado un par de detalles\nreveladores: \u201cTen\u00eda grand\u00edsima curiosidad en que todo lo que tocaba al servicio\nde este Sacramento estuviese muy cumplido y limpio y bien aderezado, como es la\niglesia y el altar y frontales y ornamentos y c\u00e1lices y corporales, como se ve\nen todos sus monasterios por pobres que sean, y cuando estaba con grandes\nse\u00f1oras y le ofrec\u00edan muchas cosas, a lo que se acodiciaba eran pastillas y\npebetes para el Sant\u00edsimo Sacramento, y procuraba que fuesen los mejores que\nhab\u00eda\u201d (ib p. 423).<\/p>\n\n\n\n<p>Por una de sus\ncompa\u00f1eras m\u00e1s \u00edntimas, Ana de Jes\u00fas (Lobera) sabemos el inter\u00e9s de Teresa por\nla participaci\u00f3n activa en cualquiera de las misas celebradas en el convento:\n\u201cDeseaba ayud\u00e1semos siempre a oficiar la misa y buscaba c\u00f3mo lo pudi\u00e9semos\nhacer cada d\u00eda, aunque fuese en el tono que rezamos las horas, y si no pod\u00eda\nser por no tener capell\u00e1n propio y ser tan pocas entonces, que no \u00e9ramos m\u00e1s de\ntrece, dec\u00eda que le pesaba careci\u00e9semos de este bien\u201d (BMC 18, p. 473).<\/p>\n\n\n\n<p>Esas primeras\ndisposiciones elementales tienen amplio desarrollo doctrinal y pedag\u00f3gico en el\nCamino de Perfecci\u00f3n. La Santa se sirve de la petici\u00f3n central del Padrenuestro\n\u2013\u201cel pan nuestro de cada d\u00eda, d\u00e1noslo hoy, Se\u00f1or\u201d\u2013 para educar a fondo la\npiedad eucar\u00edstica de la comunidad y de cada hermana. Las ideas fundamentales\nque les inculca podr\u00edan resumirse as\u00ed:<\/p>\n\n\n\n<p>a) Ante todo, Teresa\npropone el tema \u201cjoanneo\u201d de que la Eucarist\u00eda es el don del Padre, su don por\nexcelencia, que ya no consiste en el man\u00e1 del desierto, sino en el don de su\npropio Hijo. Es ese don-persona lo que pedimos al Padre al decirle que nos d\u00e9\n\u201cel pan de cada d\u00eda\u201d. Se lo pedimos para el \u201choy\u201d pasajero de la vida presente,\ny para el inmarcesible \u201ccada d\u00eda\u201d de la eternidad (C 34, 1-2).<\/p>\n\n\n\n<p>b) La Eucarist\u00eda es a\nla vez la prolongaci\u00f3n de la presencia de Cristo entre los hombres. Presencia\n\u201cvelada\u201d de su Humanidad, como la Encarnaci\u00f3n fue presencia velada de su\ndivinidad. Nuevo \u201cdisfraz\u201d de su Persona gloriosa. Pero en suma cercan\u00eda\nmisteriosa. Tan importante y decisiva para el orante, necesitado \u2013seg\u00fan ella\u2013\nde entrar en la presencia misteriosa del Otro, para activar el trato rec\u00edproco\nde amor. Esa misteriosa presencia de Cristo en el Sacramento es la m\u00e1s\nexcelente plataforma para dar paso a todas las modulaciones de la oraci\u00f3n:\nadorar, pedir, dar gracias&#8230;, y especialmente para unirse a Cristo y orar con\nEl y por El al Padre, por la Iglesia (C 34).<\/p>\n\n\n\n<p>c) La Eucarist\u00eda es\nmisterio de comuni\u00f3n: principio y germen de uni\u00f3n. La comuni\u00f3n misma es\npropuesta por T como un proceso de interiorizaci\u00f3n. Comulgan-do, interiorizamos\nal Se\u00f1or y nos interiorizamos con El. No duda ella en recuperar los t\u00e9rminos\nb\u00edblicos de \u201ctemplo y posada\u201d, para aplicarlos a ese momento terminal del\nbanquete eucar\u00edstico en que el Se\u00f1or se convierte en alimento del comulgante.\nPara ella, lo m\u00e1s relevante en esa etapa terminal es el hecho de la \u201cuni\u00f3n\u201d.\nCon toda la fuerza que ese t\u00e9rmino tiene para el m\u00edstico. La uni\u00f3n es la\nesencia de la santidad. As\u00ed, la Eucarist\u00eda es el centro orbital de la santidad\ndel cristiano.<\/p>\n\n\n\n<p>d) A su vez, la\nEucarist\u00eda es teof\u00e1nica. Manifestaci\u00f3n suma de Cristo y de su amor. En ella se\nnos da a conocer El de manera especial: \u201cse nos descubre\u201d, escribe T. Oculto,\npero dispuesto a manifestarse al comulgante seg\u00fan la medida de sus deseos. El\nSe\u00f1or tiene mil formas de manifestarse, pero de hecho \u201cse descubre\u201d del todo,\ns\u00f3lo \u201ca quien mucho lo desea\u201d (C 34,10.12). Muy en coherencia con la estructura\nmisma del Sacramento-banquete, que requiere hambre espiritual para ser recibido\nadecuadamente.<\/p>\n\n\n\n<p>e) Por fin, en la\nEucarist\u00eda Cristo est\u00e1 sacrificado, para hacernos posible ofrecerlo en\nsacrificio al Padre. No s\u00f3lo en la misa. Ni s\u00f3lo el sacerdote. Sino en\ncualquier momento y por cualquiera de nosotros, llamados as\u00ed a ejercer lo sumo\ndel sacerdocio bautismal (C 35).<\/p>\n\n\n\n<p>Este \u00faltimo aspecto\nadquiere importancia especial en la formaci\u00f3n de la lectora carmelita. La Santa\nla ha responsabilizado, desde el primer cap\u00edtulo del Camino, de las grandes\nnecesidades de la Iglesia. No s\u00f3lo su oraci\u00f3n, sino toda la vida de la\ncarmelita debe apuntar ah\u00ed: sensibilizarse frente a los grandes bienes y\ngrandes males de la Iglesia misma. Sumo tesoro de ella, es la Eucarist\u00eda. Sumo\nmal suyo (\u201cgrand\u00edsimo mal\u201d), las profanaciones del Sacramento, que en el\nmomento en que escribe Teresa son signo patente de la rotura de la unidad\neclesial. Por eso, T termina su lecci\u00f3n de piedad eucar\u00edstica convocando a las\nhermanas para la gran prez eucar\u00edstica por la Iglesia. Las p\u00e1ginas del Camino\nle sirven de plataforma para la \u201csinaxis\u201d: ella en medio del grupo improvisa,\nen nombre de todas, una magn\u00edfica prez eclesial y la dirige al Padre. La\nEucarist\u00eda es el \u00fanico \u201cgran bien\u201d que podemos ofrecerle. S\u00f3lo ella compensa en\nla balanza divina todos los males y desacatos de que somos capaces los hombres.\nEl nos la dio. Se la tornamos a ofrecer, en pro de su Iglesia. Para que cesen\nlos males que la afligen, y para que se alejen los sufrimientos que oprimen a\nla humanidad entera. Teresa termina su gran prez, con una especie de grito\ndirigido al Padre celeste: por la Eucarist\u00eda \u201csalvadnos, Se\u00f1or m\u00edo, que\nperecemos\u201d (C 35,5).<\/p>\n\n\n\n<p>En la memoria de las\nprimeras carmelitas qued\u00f3 impreso el recuerdo de la postrera oraci\u00f3n\neucar\u00edstica de Teresa en el lecho de muerte. Exhausta de fuerzas, al acercarse\nel Sant\u00edsimo a su celda, la enferma se incorpora en la tarima, inicia en voz\nalta el di\u00e1logo con su Se\u00f1or, y le repite una y otra vez: \u201chora es ya, Esposo\nm\u00edo, de que nos veamos\u201d. Era un \u00faltimo eco del Cantar de los Cantares, que ella\nhab\u00eda vivido intensamente en tantas eucarist\u00edas de su vida.<\/p>\n\n\n\n<p>BIBL. \u2013 C. Garc\u00eda,\nExperiencia eucar\u00edstica de Santa Teresa de Jes\u00fas, en \u00abBurgense\u00bb 41 (2000),\n73-86.<\/p>\n\n\n\n<p>T. \u00c1lvarez<\/p>\n\n\n\n<p style=\"text-align:center\">Todos los derechos:&nbsp;<em>Diccionario Teresiano<\/em>,\nGpo.Ed.FONTE<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En Teresa de Jes\u00fas el misterio de la Eucarist\u00eda se hace presente en dos aspectos fundamentales. El de la experiencia y el de la catequesis pr\u00e1ctica, en vista de la piedad eucar\u00edstica de sus carmelitas y de sus lectores. 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