{"id":4814,"date":"2015-02-02T16:14:51","date_gmt":"2015-02-02T22:14:51","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4814"},"modified":"2022-02-02T16:17:21","modified_gmt":"2022-02-02T22:17:21","slug":"oracion-4","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4814","title":{"rendered":"Oraci\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<p>Ser maestra de oraci\u00f3n\nes uno de los t\u00edtulos oficiales de T. Es a la vez una de las misiones\ndesempe\u00f1adas por ella en la Iglesia. Todav\u00eda hoy es uno de los motivos de la\nactualidad de su persona y de su mensaje. Como orante contemplativa y como\npedagoga de la oraci\u00f3n ejerce ella de dialogante interconfesional e\ninterreligiosa. Para el creyente de a pie lo mismo que para el te\u00f3logo\nespecialista, Teresa re\u00fane las dos coordenadas fundamentales de todo aut\u00e9ntico\nmagisterio de la oraci\u00f3n: ser ella misma una orante que tipifica la praxis de\nla oraci\u00f3n desde las formas m\u00e1s humildes hasta las m\u00e1s encumbradas; y ser a la\nvez una pensadora y codificadora del fen\u00f3meno religioso de la oraci\u00f3n, capaz de\nanalizarlo en t\u00e9rminos teol\u00f3gicos originales. En el plano pedag\u00f3gico, ella es\nuna maestra atenta a la formaci\u00f3n de cada orante, pero es tambi\u00e9n capaz de\nliderar los grupos de oraci\u00f3n reunidos en cada Carmelo y modelar en ellos un\nestilo de vida contemplativa.<\/p>\n\n\n\n<p>En la presente\ns\u00edntesis, se tocar\u00e1n los siguientes puntos:<br>\n1\u00ba formaci\u00f3n personal de T en la pr\u00e1ctica de la oraci\u00f3n.<br>\n2\u00ba itinerario de su experiencia de oraci\u00f3n.<br>\n3\u00ba qu\u00e9 es la oraci\u00f3n, seg\u00fan la doctrina de T (su teolog\u00eda de la oraci\u00f3n).<br>\n4\u00ba su pedagog\u00eda de la oraci\u00f3n personal.<\/p>\n\n\n\n<p>1. Formaci\u00f3n personal\nde T en la vida de oraci\u00f3n<\/p>\n\n\n\n<p>Hija de su tiempo y de\nsu tierra, T tuvo la suerte de vivir en la Castilla del siglo XVI, precisamente\nen la encrucijada de corrientes que confluyen y fomentan la llamada a lo\ninterior y que propician un intenso movimiento \u201coracionista\u201d, que abarca desde\nlos \u201cespirituales\u201d de alta cota hasta la gente sencilla (\u201cmujeres de\ncarpinteros\u201d, se dijo con cierto menosprecio), las t\u00e9cnicas del recogimiento y\nla gran hornada de libros en romance que proponen los m\u00e9todos de meditaci\u00f3n,\nheredados, en parte, de la literatura de la \u201cdevotio moderna\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>a) Aunque parezca\nsimple t\u00f3pico, lo cierto es que T estren\u00f3 su formaci\u00f3n orante en el hogar.\nPrueba de ello es que en el manojo de recuerdos de infancia con que, a la\naltura de sus cincuenta a\u00f1os, quiere ella iniciar su autobiograf\u00eda, prevalecen\nesos \u201crecuerdos de oraci\u00f3n\u201d en el hogar. Nos interesar\u00eda saber hasta qu\u00e9 punto\nestaba presente en su familia (con ancestros jud\u00edos) el recurso al gran libro\nde oraci\u00f3n que es la Biblia. Pero no poseemos documentaci\u00f3n al respecto. Teresa\nrecuerda, en cambio, el influjo de su madre (V 1,6). Su afici\u00f3n a la \u201csoledad\npara rezar\u201d (ib). Aut\u00e9nticas elevaciones contemplativas, sobre la base de la\nlectura del \u201cFlos Sanctorum\u201d, compartida con un hermano mayor, Rodrigo (ib 4).\nTodo culminado con el gesto del espont\u00e1neo recurso a la Virgen-Madre, al quedar\nella hu\u00e9rfana (V 7). Aprendizaje f\u00e1cil, pero variado y en terreno propicio.<\/p>\n\n\n\n<p>b) Sin salir del\nespacio familiar, T tiene el fecundo encuentro con los libros de oraci\u00f3n de su\ntiempo, precisamente los mejores exponentes del movimiento oracionista.\nExpresamente recuerda ella la lectura del Tercer Abecedario de Osuna, que\nense\u00f1aba la oraci\u00f3n de recogimiento (V 4,7), y el impacto que le produjo. El\nlibro de Osuna ser\u00e1 su primer maestro de oraci\u00f3n. De joven, probablemente T lo\nlee en dos ocasiones. Las dos veces que cae enferma. A los 18 a\u00f1os le devuelve\nla sensibilidad de la oraci\u00f3n de infancia (\u201cvine a ir entendiendo la verdad de\ncuando ni\u00f1a&#8230;\u201d: V 3,5). Luego, a los 23 de edad, ya carmelita, le ense\u00f1a \u201cc\u00f3mo\nproceder en la oraci\u00f3n\u201d y la entrena en la oraci\u00f3n de recogimiento (V 4,7).\nTodav\u00eda despu\u00e9s de Osuna, T completar\u00e1 su formaci\u00f3n en otros autores coet\u00e1neos:\nPedro de Alc\u00e1ntara, Bernab\u00e9 de Palma, Bernardino de Laredo, Luis de Granada&#8230;\nPero todos ellos probablemente en fecha tard\u00eda, dif\u00edcil de precisar. Se limitan\nya a informarla y asistir a su proceso de crecimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>c) Buen clima de\nformaci\u00f3n y de oraci\u00f3n lo halla T, ya carmelita, en la comunidad de la\nEncarnaci\u00f3n. La Regla del Carmelo prescrib\u00eda como norma fundamental la oraci\u00f3n\ncontinua (\u201cdie ac nocte in lege Domini meditantes et in orationibus\nvigilantes\u201d), norma que molde\u00f3 la vida religiosa de Teresa, si bien no parece\nque en sus a\u00f1os j\u00f3venes el monasterio hubiese abierto sus puertas a la\ncorriente oracionista que alentaba por entonces la piedad popular (cf mi\nbalance sobre La Visita del P. Rubeo a las Carmelitas de la Encarnaci\u00f3n. En\n\u201cEstudios Teresianos\u201d I \u2013Burgos 1995\u2013 pp. 269-321). Probablemente T no lleg\u00f3 a\nleer el gran libro De Institutione primorum monachorum&#8230; De haberlo conocido,\nhubiera tenido en \u00e9l una excepcional preparaci\u00f3n y provocaci\u00f3n a la oraci\u00f3n\ncontemplativa.<\/p>\n\n\n\n<p>d) Ya antes de\ningresar en la Encarnaci\u00f3n, T hab\u00eda le\u00eddo las Ep\u00edstolas de san Jer\u00f3nimo, que\nofrec\u00edan todo un apartado sobre la vida erem\u00edtica y, en ella, sobre la oraci\u00f3n\n(Libro 3\u00ba: \u201cSobre el estado erem\u00edtico o vida contemplativa\u201d; cf V 3,7). No se\nolvide que fueron esas p\u00e1ginas las que en definitiva decidieron en T la opci\u00f3n\npor la vida religiosa (ib). No menor fue el impacto que en ella produjo la\nlectura de los Morales de san Gregorio Magno, comentando el b\u00edblico libro de\nJob. Teresa ley\u00f3 ese enorme infolio en clima de enfermedad, y en \u00e9l se encontr\u00f3\ncon un singular modelo de oraci\u00f3n b\u00edblica, el enfermo y abandonado patriarca de\nHus, que es capaz de dirigirse a Dios en los m\u00e1s variados registros posibles a\nun orante atenazado, como T misma, por la enfermedad. A ella le impresionaron\nfuertemente ese modelo de orante y esas oraciones de clamor. Pero, tiempo despu\u00e9s,\nno sabemos d\u00f3nde ni cu\u00e1ndo, hizo el hallazgo de otro orante inmensamente m\u00e1s\natractivo, San Jos\u00e9. Modelo de oraci\u00f3n silenciosa, contemplativa y operante, en\nla intimidad e inmediatez de Jes\u00fas y de Mar\u00eda. Modelo y maestro ideal.\n\u201cMaestro\u201d es t\u00edtulo que T le da expresa e intencionadamente (V 6,8). En la\nenfermer\u00eda de la Encarnaci\u00f3n se sinti\u00f3 fascinada por su talante y su silencio,\ny dej\u00f3 modelar su oraci\u00f3n por la singular figura de este orante b\u00edblico. Basta\nleer el cap. 6 de Vida, para percibir con qu\u00e9 fuerza pas\u00f3 ella de la clamorosa\noraci\u00f3n del orante de Hus a la silenciosa y contemplativa de san Jos\u00e9. Quiz\u00e1s\nfue \u00e9se el camino por el que T se dirigi\u00f3 expresamente a los Evangelios para\norientar y modelar su oraci\u00f3n: \u201cSiempre yo he sido aficionada y me han recogido\nm\u00e1s las palabras de los Evangelios que libros muy concertados\u201d (C 21,4; cf V\n30,19).<\/p>\n\n\n\n<p>A ese hallazgo del\nmaestro de oraci\u00f3n concurrieron en las lecturas de T su afici\u00f3n al \u201cFlos\nSanctorum\u201d, que en la versi\u00f3n castellana por ella le\u00edda a\u00f1ad\u00eda una preciosa\nsemblanza del Santo; contribuir\u00eda tambi\u00e9n la lectura de la \u201cJosefina\u201d de\nBernardino de Laredo; quiz\u00e1 tambi\u00e9n las \u201clecciones\u201d de su breviario carmelitano\nen la fiesta del Santo; y de un modo especial contribuir\u00edan sus lecturas de los\nCartujanos, donde ella aprendi\u00f3 tantas cosas acerca de la oraci\u00f3n y el modo\npr\u00e1ctico de hacerla e incluso la manera de insertarla en sus escritos.<\/p>\n\n\n\n<p>e) Un l\u00edmite en su\nagenda de formaci\u00f3n: la oraci\u00f3n lit\u00fargica. La formaci\u00f3n religiosa de T en el\nnoviciado de la Encarnaci\u00f3n impon\u00eda expresamente la asignatura lit\u00fargica. La\nr\u00fabrica 12 de la primera parte de las Constituciones (\u201cDe la ense\u00f1anza de las\nnovicias\u201d) prescrib\u00eda que \u201ccon mucha diligencia trabajen las novicias dentro\ndel a\u00f1o del noviciado de estudiar y ser ense\u00f1adas en la cantor\u00eda del salmear y\ndivino oficio, y sean ense\u00f1adas en las r\u00fabricas del Ordinario y instituciones\nque m\u00e1s le convenga\u201d (BMC 9, 494). El \u201crito del Santo Sepulcro\u201d que regulaba el\nbreviario carmeliano usado por T era rico en textos b\u00edblicos y en oraciones. De\nhecho conten\u00eda todo un magisterio de oraci\u00f3n. Pero, desafortunadamente estaba\ntodo y s\u00f3lo en lat\u00edn, y T lo comprend\u00eda escasamente a medias. En cambio, la\nliturgia eucar\u00edstica fue por s\u00ed misma capaz de ambientar y educar la oraci\u00f3n de\nT. Prueba de ello ser\u00e1 que, en los a\u00f1os de oraci\u00f3n dif\u00edcil, cuando ella para\nsus momentos de oraci\u00f3n personal necesite la ayuda de un libro, para la oraci\u00f3n\neucar\u00edstica no le es necesario (V 4,9).<\/p>\n\n\n\n<p>Un somero balance de\ntodo eso nos lleva a concluir que T fue una autodidacta. Careci\u00f3 de maestro\neducador (\u201cyo no hall\u00e9 maestro&#8230;, aunque lo busqu\u00e9, en veinte a\u00f1os\u201d: V 4,7).\nTuvo en suerte toda una serie de aportaciones, unas ambientales, otras\nliterarias, que confluyeron en su anhelo de aprendiz orante. Pero fue, sobre\ntodo, su vivencia personal la que le sirvi\u00f3 de br\u00fajula y de acicate.<\/p>\n\n\n\n<p>2. Itinerario\noracional de Teresa<\/p>\n\n\n\n<p>El factor\n\u201cexperiencia\u201d es tan importante en el magisterio teresiano de la oraci\u00f3n, que\ndif\u00edcilmente se podr\u00e1 captar su pensamiento o su pedagog\u00eda sin haberla seguido\na ella en los altibajos del camino y en su ascensi\u00f3n final a la oraci\u00f3n\ncontemplativa y m\u00edstica. Teresa misma tiene clara conciencia de esa\ninterconexi\u00f3n, y por ello se remite constantemente a la experiencia como fuente\nde su saber.<\/p>\n\n\n\n<p>En su itinerario de\noraci\u00f3n, ella misma ha distinguido tres tiempos, muy desiguales en duraci\u00f3n y\nen contenidos, a saber:<\/p>\n\n\n\n<p>1\u00ba su oraci\u00f3n\nespont\u00e1nea en los a\u00f1os de infancia,<\/p>\n\n\n\n<p>2\u00ba su larga jornada de\noraci\u00f3n dif\u00edcil en los a\u00f1os de juventud,<\/p>\n\n\n\n<p>3\u00ba la etapa final de\noraci\u00f3n m\u00edstica. (Para una exposici\u00f3n detallada de todo el proceso, me remito\nal estudio Oraci\u00f3n camino a Dios: el pensamiento de Santa Teresa, en mis\n\u201cEstudios Teresianos\u201d, I (Burgos 1996), pp. 45-101. De ellos tomo aqu\u00ed s\u00f3lo un\ngui\u00f3n).<\/p>\n\n\n\n<p>Primer tiempo: Es casi\nel punto de partida de la autobiograf\u00eda teresiana: Vida 1, 4-5, aproximadamente\na partir de los 7\/8 a\u00f1os, cuando T ya sabe leer, \u201cde seis o siete a\u00f1os\u201d, dice\nella probablemente anticipando fechas. Cuenta primero momentos de aut\u00e9ntica\ncontemplaci\u00f3n, tenidos desde las lecturas que hace con Rodrigo, su hermano\nmayor: le\u00edan, \u201cgustaban\u201d, \u201cse espantaban\u201d (estaban at\u00f3nitos), se estaban\n\u201cmuchos ratos\u201d, \u201cmuchas veces\u201d, hasta \u201cimprim\u00edrseles\u201d lo que pensaban&#8230; Luego\nhabla de su aprendizaje de la oraci\u00f3n vocal, el rosario y las devociones a la\nVirgen. Pero lo m\u00e1s importante es que en aquellos momentos de contemplaci\u00f3n se\nha despertado en su alma el sentido de trascendencia y de eternidad y se le ha\ngrabado \u201cla verdad de cuando ni\u00f1a\u201d (3,5).<\/p>\n\n\n\n<p>Segundo tiempo:\nadolescencia y juventud de T. No sabemos si entre esas experiencias de infancia\ny la oraci\u00f3n de juventud hay prolongaci\u00f3n o m\u00e1s bien una rotura de continuidad.\nLo cierto es que ahora, ya en plena juventud, T tiene que afrontar un verdadero\naprendizaje de oraci\u00f3n, que ser\u00e1 largo y dif\u00edcil.<\/p>\n\n\n\n<p>a) En contacto con su\nt\u00edo de Hortigosa, don Pedro y con el Tercer abecedario de Osuna, Teresa se\nentrena en la \u201coraci\u00f3n de recogimiento\u201d. Lo hace especialmente a su segundo\npaso por esa aldea, cuando frisa en los 23 a\u00f1os de edad. Sin embargo, practicar\u00e1\ntambi\u00e9n la oraci\u00f3n estrictamente meditativa. Le interesa sobre todo meditar la\nvida y los pasos de la Pasi\u00f3n de Jes\u00fas. Oraci\u00f3n de matiz y contenido\ncristol\u00f3gico, que durar\u00e1 muchos a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>b) En su pr\u00e1ctica de\nla oraci\u00f3n, T lucha con m\u00faltiples dificultades: primera de todas, entrenarse en\nla oraci\u00f3n sin maestro (a su entender, \u201cmaestro de oraci\u00f3n\u201d ser\u00eda alguien\nexperto en ella por practicarla y por conocer, desde la Biblia o la teolog\u00eda,\nlos caminos de la oraci\u00f3n). Segunda dificultad, su incapacidad discursiva, que\nno le permite meditar en continuidad. Luego, su imaginaci\u00f3n, \u201cla loca de la\ncasa\u201d, que impone su ley de desorden a los intentos de recogimiento interior, y\nque es causa de todo tipo de distracciones. Finalmente, la gran dificultad la\ndescubrir\u00e1 ella tarde en la incoherencia entre el momento en que \u2018practica\u2019 la\noraci\u00f3n, y el resto de su vida. No basta esa pr\u00e1ctica a ratos. Tendr\u00e1 que\n\u201cconvertirse\u201d. Entre tanto, no hay aprendizaje sin lucha. Teresa lucha\ndenodadamente. Y tendr\u00e1 que probar la derrota.<\/p>\n\n\n\n<p>c) Sus recursos de\nlucha y aprendizaje son m\u00faltiples: ayudarse de un libro de oraci\u00f3n, sobre todo\ndel Evangelio; le sirve tambi\u00e9n el libro de la naturaleza, \u201ccampo, agua,\nflores: en estas cosas hallaba yo memoria del Criador, digo que me despertaban\ny recog\u00edan y serv\u00edan de libro\u201d. \u201cY en mi ingratitud y pecados\u201d (V 9,5). Conoce\ntambi\u00e9n nuestro recurso a los iconos: tiene estampas de la Samaritana, del\nSe\u00f1or, de la oraci\u00f3n del Huerto. Sin libro y sin otro recurso alguno, le es\nf\u00e1cil la oraci\u00f3n en la Comuni\u00f3n. Tiene su manera peculiar de prepararse su\nliturgia interior, por ejemplo escenificando la oraci\u00f3n del Huerto: \u201cTen\u00eda este\nmodo de oraci\u00f3n: que, como no pod\u00eda discurrir con el entendimiento, procuraba\nrepresentar a Cristo dentro de m\u00ed, y hall\u00e1bame mejor \u2013a mi parecer\u2013 en las\npartes adonde le ve\u00eda m\u00e1s solo. Parec\u00edame a m\u00ed que, estando solo y afligido,\ncomo persona necesitada me hab\u00eda de admitir a m\u00ed. De estas simplicidades ten\u00eda\nmuchas&#8230;\u201d (V 94), y sigue describiendo su escenificaci\u00f3n \u00edntima del episodio\nde Getseman\u00ed. La misma escenificaci\u00f3n orante, identific\u00e1ndose con la Magdalena\na los pies de Jes\u00fas (C 34,6). Durante a\u00f1os repite como una enamorada su\nliturgia personal e \u00edntima el Domingo de Ramos (R 26). O las escenas de\nNavidad&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>d) A media jornada,\nprobablemente al superar su gran crisis de par\u00e1lisis en la enfermer\u00eda, le\nocurre una situaci\u00f3n parad\u00f3jica: mientras se vuelve fogosa propagandista de la\noraci\u00f3n y la inculca a su padre y a sus hermanas religiosas y reparte libros,\nella misma entra en crisis. Abandona la pr\u00e1ctica personal de la oraci\u00f3n, al\nmenos durante todo un a\u00f1o. Se rinde a las dificultades y alega un falso\nsentimiento de humildad: \u201cten\u00eda verg\u00fcenza de en tan particular amistad como es\ntratar de oraci\u00f3n, tornarme a llegar a Dios\u201d (V 7,1). \u201cFue el m\u00e1s terrible\nenga\u00f1o que el demonio me pod\u00eda hacer debajo de parecer humildad&#8230;\u201d (ib).\nMantiene la oraci\u00f3n lit\u00fargica comunitaria, pero descafeinada. Hasta que la\nmuerte de su padre, don Alonso, hace de revulsivo, y reanuda la oraci\u00f3n y\ncierta frecuencia de Comuni\u00f3n. Contaba los 28 a\u00f1os. Se propone por s\u00ed misma no\nfallar m\u00e1s en la hora cotidiana de oraci\u00f3n mental, y persevera en ella contra\nviento y marea. Es fiel, aunque tenga que luchar \u201ccontra reloj\u201d: \u201calgunos a\u00f1os\nten\u00eda m\u00e1s cuenta con desear se acabase la hora que ten\u00eda por m\u00ed de estar, y\nescuchar cu\u00e1ndo daba el reloj, que no en otras cosas buenas\u201d (V 8,7). \u201cDeseaba\nvivir. Que bien entend\u00eda yo que no viv\u00eda, sino que peleaba con una sombra de\nmuerte&#8230;\u201d (V 8,12).<\/p>\n\n\n\n<p>En ese clima de lucha\ny de impotencia, le llega la hora de la conversi\u00f3n. Pero m\u00e1s que \u201cconversi\u00f3n\n\u00e9tica\u201d, se tratar\u00e1 de un inesperado tr\u00e1nsito de la oraci\u00f3n meditativa a la\noraci\u00f3n m\u00edstica. En la meditaci\u00f3n, ella se representaba al Se\u00f1or. Ahora pasar\u00e1\nde la representaci\u00f3n a la presencia.<\/p>\n\n\n\n<p>El per\u00edodo tercero, de\noraci\u00f3n m\u00edstica, abarcar\u00e1 los \u00faltimos 28 a\u00f1os de vida de Teresa. Ya no librar\u00e1\nlucha alguna por sacar a flote su oraci\u00f3n. Suavemene (a veces, irruentemente)\nse le infunde. Todo se le vuelve oraci\u00f3n. Un h\u00e1lito nuevo se ha apoderado de su\nalma y de su vida. \u201cAun durmiendo, me parec\u00eda estaba en ella\u201d, en oraci\u00f3n (V\n29,7). \u201cTodo me era medios para conocer m\u00e1s a Dios y amarle y ver lo que le\ndeb\u00eda, y pesarme de lo que hab\u00eda sido\u201d (V 21,10).<\/p>\n\n\n\n<p>a) El ingreso en esa\nnueva etapa lo presenta ella as\u00ed: \u201cTen\u00eda yo algunas veces&#8230;, aunque con mucha\nbrevedad pasaba, comienzo de lo que ahora dir\u00e9: acaec\u00edame en esta\nrepresentaci\u00f3n que hac\u00eda de ponerme cabe Cristo&#8230;, y aun algunas veces\nleyendo, venirme a deshora un sentimiento de la presencia de Dios, que en\nninguna manera pod\u00eda dudar que estaba [El] dentro de m\u00ed o yo toda engolfada en\nEl\u201d (V 10,1: subrayo los dos vocablos diferenciales, representaci\u00f3n y\npresencia).<\/p>\n\n\n\n<p>b) El desarrollo de\nesa forma nueva de oraci\u00f3n, contemplativa e infusa, lo propone ella en una\nsencilla escala: primero los actos y estados de oraci\u00f3n infusa se apoderan de\nsus facultades: quietud de la voluntad, recogimiento de la mente, euforia\nexaltante en la relaci\u00f3n con Dios, embeleso en la presencia de El. Luego, m\u00e1s\nall\u00e1 de esa din\u00e1mica de las potencias, sobrevienen los estados de uni\u00f3n del\nalma con Dios, el \u201cvivo sin vivir en m\u00ed&#8230; \/ esta divina prisi\u00f3n (=uni\u00f3n) \/ del\namor en que yo vivo, \/ ha hecho a Dios mi cautivo \/ y libre mi coraz\u00f3n&#8230;\u201d.\nEntre uno y otro estadios interviene una cascada de fen\u00f3menos m\u00edsticos:\n\u00e9xtasis, visiones, heridas de amor&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>c) La naturaleza de\nesta nueva forma de oraci\u00f3n consiste en la especial participaci\u00f3n del Esp\u00edritu\ndivino en ella. Ahora es cuando \u201cel Esp\u00edritu ora en el creyente con gemidos\ninenarrables\u201d. En la alternativa dial\u00f3gica de la oraci\u00f3n, el dialogante divino\nirrumpe con toda su potencia y amor en la actividad del dialogante humano.\nAdquiere as\u00ed pleno sentido el \u201ch\u00e1gase tu voluntad\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Todos los escritos\nteresianos han sido redactados en este per\u00edodo final. Desde la altura de la\noraci\u00f3n m\u00edstica T abarca con la mirada todo su camino de oraci\u00f3n. Y desde esa\nexperiencia final comprende mejor la naturaleza y eficacia de la oraci\u00f3n\ncristiana.<\/p>\n\n\n\n<p>3. Su lecci\u00f3n de\noraci\u00f3n<\/p>\n\n\n\n<p>En el movimiento\noracionista contempor\u00e1neo de Teresa, los maestros invitaban a la meditaci\u00f3n\nmet\u00f3dica o propon\u00edan la oraci\u00f3n de recogimiento hacia la propia interioridad.\nAs\u00ed la practic\u00f3 ella alternativamente en sus a\u00f1os de aprendizaje. Y as\u00ed\nconceb\u00eda ella la oraci\u00f3n personal. Pero hubo un momento en que hizo una especie\nde hallazgo. Su oraci\u00f3n pas\u00f3 de ser meditaci\u00f3n personal a ser relaci\u00f3n amorosa\ne interpersonal entre ella y su Se\u00f1or. Esencial y estructuralmente dial\u00f3gica.\nPalabra del pobre orante humano al T\u00fa divino, \u201ccomo a Padre, o como a hermano o\ncomo a esposo&#8230;\u201d A las lectoras del Camino se lo dir\u00e1 pl\u00e1sticamente: \u201cTratad\ncon El como con padre y como con hermano y como con se\u00f1or y como con esposo, a\nveces de una manera, a veces de otra&#8230;\u201d (C 28,3). Relaci\u00f3n humano-divina\ndentro del misterio de fe, esperanza y amor teologales, en un plano de por s\u00ed\nsuperior al de las virtudes morales de nuestra lucha cotidiana.<\/p>\n\n\n\n<p>Es en el contexto de\nesa nueva experiencia, donde Teresa introduce la c\u00e9lebre definici\u00f3n o\ndescripci\u00f3n de lo que es oraci\u00f3n \u201ca su parecer\u201d, inciso que en su pluma no\nindica titubeo sino originalidad. El contexto narrativo autobiogr\u00e1fico en que ella\nintroduce esa idea se propone sencillamente hacer el \u201celogio de la oraci\u00f3n\u201d (cf\nel t\u00edtulo del cap. 8 de Vida), y la presenta as\u00ed: \u201cque no es otra cosa oraci\u00f3n\nmental \u2013a mi parecer\u2013 , sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a\nsolas con quien sabemos nos ama\u201d (V 8,5).<\/p>\n\n\n\n<p>a) Desde el punto de\nvista teol\u00f3gico, su propuesta de la oraci\u00f3n como actuaci\u00f3n de la amistad entre\nDios y el orante tiene varias connotaciones importantes: \u2013refleja ante todo el\nconcepto evang\u00e9lico de oraci\u00f3n y la oraci\u00f3n de Jes\u00fas mismo, como palabra dirigida\nal Padre-Dios; \u2013se basa en la fe o en la convicci\u00f3n de que Dios nos ama\n(\u201csabemos nos ama\u201d): \u2013y esta misma convicci\u00f3n se funda en la idea de Dios que\nse propone al orante: \u201cun Dios amigo\u201d, \u201cnadie le tom\u00f3 por amigo\u201d que no fuese\ncorrespondido o precedido por El en la amistad, que \u201cDios es amor\u201d; \u2013pero \u201cpara\nser verdadero el amor y que dure la amistad, hanse de encontrar las\ncondiciones\u201d (\u201cencontrar\u201d equivale a \u201cnivelar\u201d \u201cigualar\u201d), lo cual supone el\n\u201cabajamiento\u201d (la \u201ccat\u00e1basis\u201d) de Dios en Cristo para posibilitar la amistad;\n\u2013de ah\u00ed la importancia que en nuestra oraci\u00f3n tiene la referencia m\u00faltiple a la\nHumanidad del Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>b) Desde el punto de\nvista pedag\u00f3gico, en ese modo de concebir nuestra oraci\u00f3n, T acent\u00faa la\ncomponente afectiva. Ella dir\u00e1 que la oraci\u00f3n no consiste en \u201cpensar mucho,\nsino en amar mucho\u201d. Que no todas las almas son h\u00e1biles para pesar\n(=discurrir\/meditar), pero todas son capaces de amar. En la amistad no\ninteresan tanto los temas mediables cuanto las personas de los amigos. La oraci\u00f3n\nconsiste en aprender a \u201ctratarse\u201d; postular\u00e1 el recurso a la soledad: \u201ca solas\u201d\nen intimidad; exigir\u00e1 hacerla \u201cmuchas veces\u201d, no s\u00f3lo en los momentos de\nhorario, sino a lo largo y ancho de la vida, porque la amistad empe\u00f1a la vida,\nno se es amigo a ratos. Y lo normal, seg\u00fan T, es que la amistad introduzca una\nnueva dimensi\u00f3n en la vida del orante. Ahora, m\u00e1s que interesarse por un\ntemario de cosas meditables, interesan las personas y todo lo de cada una de\nlas dos personas, los bienes y los males, necesidades e ideales, amigos de cada\nuno de los amigos y su mundillo entorno. En ese arco de relaciones tienen ahora\nlugar adecuado todas las modulaciones tradicionales de la oraci\u00f3n cristiana:\nalabar, adorar, suplicar y pedir, interceder y expiar&#8230; Y Teresa a\u00f1adir\u00e1 toda\nuna gama de componentes afectivas: el requiebro, la queja, la osad\u00eda, hasta la\nlibertad de \u201cdecir desatinos\u201d de enamorado. Y como \u201cel amor nunca est\u00e1 ocioso\u201d\nde ah\u00ed la f\u00e1cil imbricaci\u00f3n de oraci\u00f3n y acci\u00f3n. La oraci\u00f3n requiere el\nrefrendo de las obras: \u201cobras, hermanas, obras quiere el Se\u00f1or. Y que si ves\nuna enferma a quien puedes dar alg\u00fan alivio, no se te d\u00e9 nada en perder esa\ndevoci\u00f3n y te compadezcas de ella&#8230;\u201d (M 5,3,11). Por fin, la amistad, como la\nvida, son esencialmente din\u00e1micas de crecimiento, as\u00ed la oraci\u00f3n, seg\u00fan T, es\ngermen de contemplaci\u00f3n, y la contemplaci\u00f3n es reclamo de uni\u00f3n con la voluntad\ny con el ser divino.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso, en la\nteolog\u00eda de la oraci\u00f3n, T incluye siempre un segundo cap\u00edtulo sobre el\ncrecimiento en la amistad, que ella designa como \u201cgrados de oraci\u00f3n\u201d. Remitimos\na esa voz en el presente diccionario.<\/p>\n\n\n\n<p>4. La pedagog\u00eda de la\noraci\u00f3n<\/p>\n\n\n\n<p>Como maestra de\noraci\u00f3n, T tuvo ocasiones muy diversas de ejercer su magisterio. Aleccion\u00f3 e\nintrodujo en la oraci\u00f3n a su propio padre, don Alonso. En su monasterio de la\nEncarnaci\u00f3n, inici\u00f3 en la oraci\u00f3n a un alto n\u00famero de amigas admiradoras suyas:\n\u201cEs tan grande el aprovechamiento de su alma en estas cosas&#8230;, que m\u00e1s de 40\nmonjas tratan en su casa (monasterio) de grande recogimiento\u201d, testifica uno de\nsus te\u00f3logos asesores (BMC 2,131). En su epistolario hay cartas de iniciaci\u00f3n\nen la oraci\u00f3n a su hermano Lorenzo, reci\u00e9n llegado de Am\u00e9rica. En el Libro de\nla Vida se entabla constantemente el di\u00e1logo con \u201clos cinco que al presente nos\namamos en Cristo\u201d (16,7) y que eran un peque\u00f1o grupo de oraci\u00f3n formado en\ntorno a la autora. Forman parte de \u00e9l al menos dos dominicos, Garc\u00eda de Toledo\ny Pedro Ib\u00e1\u00f1ez, que llegar\u00e1n a altos grados de oraci\u00f3n, sobre todo el segundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el grupo de\noraci\u00f3n en que m\u00e1s plenamente ejerci\u00f3 ella su magisterio fueron las j\u00f3venes\nreunidas en su primer Carmelo de San Jos\u00e9. No m\u00e1s de media docena en un\nprincipio. A lo sumo doce, al finalizar el primer quinquenio de aprendizaje (F\n1,1). Caracter\u00edstica peculiar de ellas era el no constituir ya un grupo\nocasional y heterog\u00e9neo como los cinco mencionados en Vida. Formaban una\ncomunidad orante. M\u00e1s aun, comunidad contemplativa, cuyo quehacer principal era\nla oraci\u00f3n. Una aut\u00e9ntica \u201cescuela de oraci\u00f3n\u201d. Para ella escribe T su manual\nde pedagog\u00eda de la oraci\u00f3n, el Camino de Perfecci\u00f3n. De \u00e9l recogeremos las\nideas b\u00e1sicas de la Santa:<\/p>\n\n\n\n<p>a) Ante todo, se ora\nen la Iglesia y para la humanidad entera. Postulado v\u00e1lido para aquel grupo de\ncontemplativas y para todo aprendiz de oraci\u00f3n. La oraci\u00f3n cristiana no es una\npractiquilla confinada en el restringido espacio del orante. Pasa a ser aliento\ny pulsi\u00f3n del mundo entero.<\/p>\n\n\n\n<p>b) La oraci\u00f3n se educa\ndesde la vida. Requiere empe\u00f1o previo o simult\u00e1neo en el cultivo de las\nvirtudes evang\u00e9licas. T selecciona tres fundamentales: amor a los hermanos,\ndesasimiento de las cosas, humildad. Porque la amistad con Dios, que es la\noraci\u00f3n, no es viable sin la amistad con los hermanos; no es posible sin\nlibertad de esp\u00edritu, y sin disponibilidad a la acci\u00f3n de Dios sobre uno mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>c) A\u00f1adir\u00e1 todav\u00eda dos\npostulados: \u201csed del agua viva\u201d, es decir, tensi\u00f3n de los deseos; y determinada\ndeterminaci\u00f3n: no ceder a las dificultades que, cierto, sobrevendr\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p>d) La mejor partitura\nde oraci\u00f3n es el Padrenuestro. En \u00e9l se aprende y se sintoniza con la oraci\u00f3n\nde Jes\u00fas. Se aprende a interiorizar la propia oraci\u00f3n a semejanza de la suya.<\/p>\n\n\n\n<p>e) As\u00ed llega el libro\nal n\u00facleo central de la pedagog\u00eda de Teresa, interiorizar la oraci\u00f3n a base de\nuna sencilla t\u00e9cnica de recogimiento. La expondr\u00e1 en los cap\u00edtulos 26-29 a base\nde dos lemas: recogerse es entrar dentro de s\u00ed; y, de nuevo, recogerse es\ncentrar la atenci\u00f3n en Cristo Se\u00f1or dentro de uno mismo. Para ello, el momento\nmejor es la oraci\u00f3n eucar\u00edstica en el acto de la comuni\u00f3n (cc 33-35).<\/p>\n\n\n\n<p>f) El recogimiento\nser\u00e1 la mejor disposici\u00f3n para la oraci\u00f3n contemplativa de quietud y de uni\u00f3n\n(cc 31-32).<\/p>\n\n\n\n<p>A la vez que T expone\nese sencillo itinerario pedag\u00f3gico, introduce en su ense\u00f1anza de la oraci\u00f3n un\nelemento nuevo, de gran importancia. Ella se atiene al lema: no hablar de\noraci\u00f3n sin hacerla. Por eso mismo, dentro del libro, hace realmente oraci\u00f3n\nante los lectores. Desde el primer cap\u00edtulo del Camino, \u00e9stos pueden constatar\npor vista de ojos c\u00f3mo ora Teresa. Asisten a su di\u00e1logo con el Se\u00f1or. Se\nsienten enrolar en esa pausa de elevaci\u00f3n vertical. Comprueban c\u00f3mo en el libro\nla vida y la oraci\u00f3n se funden: c\u00f3mo van alternando las palabras de di\u00e1logo con\nel lector y las dirigidas al Se\u00f1or. Sin soluci\u00f3n de continuidad entre unas y otras.\nTeresa ora por las necesidades de la Iglesia. Por las profanaciones de la\nEucarist\u00eda. Por el mundo en guerra. Por los responsables de todo eso. A veces\nsuplica, otras veces invoca o bendice o impreca. En todo caso, se esfuerza por\nenrolar a las lectoras en su ascensi\u00f3n orante.<\/p>\n\n\n\n<p>Es el mejor registro\nde la pedagog\u00eda de Teresa. Quien lee el libro no s\u00f3lo recibe instrucciones y\npautas para el camino, y no s\u00f3lo sabe c\u00f3mo ora ella, sino que se siente\nsolidario de su oraci\u00f3n y motivado por ella. El \u00faltimo recurso magisterial de T\nconsiste en pasar de la pedagog\u00eda a la mistagog\u00eda de la oraci\u00f3n. <\/p>\n\n\n\n<p>Bibl \u2013 M.\nHerr\u00e1iz,&nbsp;La oraci\u00f3n, historia de amistad, Madrid 1985; D. de Pablo Maroto,\nTeresa en oraci\u00f3n, Madrid 2004; T. \u00c1lvarez, As\u00ed oraba Teresa, Burgos 1989,\nEstTer 3, 45-101.<\/p>\n\n\n\n<p>T. \u00c1lvarez<\/p>\n\n\n\n<p>Todos los derechos:&nbsp;<em>Diccionario Teresiano<\/em>,\nGpo.Ed.FONTE<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ser maestra de oraci\u00f3n es uno de los t\u00edtulos oficiales de T. Es a la vez una de las misiones desempe\u00f1adas por ella en la Iglesia. 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