{"id":4827,"date":"2015-02-02T16:36:54","date_gmt":"2015-02-02T22:36:54","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4827"},"modified":"2022-02-02T16:38:39","modified_gmt":"2022-02-02T22:38:39","slug":"fe-teologia-y-espiritualidad-de-la","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4827","title":{"rendered":"Fe, Teolog\u00eda y espiritualidad de la"},"content":{"rendered":"\n<p>1. Premisas teol\u00f3gicas<\/p>\n\n\n\n<p>Planteamientos\nteol\u00f3gicos subyacentes al pensamiento teresiano sobre la fe.<\/p>\n\n\n\n<p>La fe tiene en santa\nTeresa, como en el lenguaje teol\u00f3gico y religioso, diversos significados.\nExpresa, ante todo, su fe en Dios, que aparece como fundamento de su vida\nespiritual; designa tambi\u00e9n la fe cristiana en su conjunto: revelaci\u00f3n,\nEscritura, verdades de fe; m\u00e1s concretamente, significa la fe de la Iglesia,\nque ella vive en profunda comuni\u00f3n; finalmente, destaca su actitud pesonal de\nfe, como virtud teologal, vivida como relaci\u00f3n y encuentro con Jesucristo y con\nlas Personas divinas.<\/p>\n\n\n\n<p>Los tres primeros\nsignificados corresponden a la realidad objetiva de la fe (\u00abfides quae\u00bb) o\nconjunto de contenidos de la fe cristiana, que tienen su fuente en la\nrevelaci\u00f3n y en la tradici\u00f3n. El \u00faltimo responde a la realidad subjetiva de la\nfe (\u00abfides qua\u00bb) o actitud personal de acogida y de adhesi\u00f3n a la verdad\nrevelada.<\/p>\n\n\n\n<p>El pensamiento de la\nSanta se enmarca en estas coordenadas generales de la fe cristiana, pero al\nmismo tiempo las desborda, por la carga experiencial, que tanto una como otra\nperspectiva tienen en ella. Esta caracter\u00edstica hace de Teresa de Jes\u00fas un\ntestigo cualificado de la fe cristiana. Y lo es, no s\u00f3lo para los creyentes en\nsu proceso de maduraci\u00f3n de la fe, sino tambi\u00e9n para los que buscan a Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>La b\u00fasqueda de Dios:\nlos primeros pasos de la fe<\/p>\n\n\n\n<p>Precisamente la\nb\u00fasqueda y el deseo de Dios es el primer paso de la fe, desarrollado hoy por la\nteolog\u00eda y por la misma catequesis. Con ello se quiere expresar la correlaci\u00f3n\nentre mensaje de la fe y sujeto humano, destacando, por una parte, la apertura\ndel hombre a Dios y, por otra, la respuesta de Dios al hombre, que sale a su\nencuentro por medio de la revelaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Es significativo, a\neste prop\u00f3sito, el planteamiento del Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica en los\ntres primeros cap\u00edtulos de su exposici\u00f3n, que sirven de introducci\u00f3n a \u00abLa\nprofesi\u00f3n de la fe cristiana\u00bb. Comienza destacando el deseo de Dios: \u00abEl deseo\nde Dios est\u00e1 inscrito en el coraz\u00f3n del hombre, porque el hombre ha sido creado\npor Dios y para Dios; y Dios no cesa de atraer al hombre hacia s\u00ed, y s\u00f3lo en\nDios encontrar\u00e1 el hombre la verdad y la dicha que no cesa de buscar\u00bb (CEC 27).<\/p>\n\n\n\n<p>Este planteamiento\nest\u00e1 en el origen de la comprensi\u00f3n antropol\u00f3gica que santa Teresa tiene del\nhombre, como ser abierto a lo absoluto y a lo trascendente, \u00abcapaz de Dios\u00bb. Lo\nexplica a trav\u00e9s de la imagen del cristal, capaz de ser embestido por el sol.\nEl ser humano est\u00e1 hecho \u00abpara participar de El\u00bb, esto es, de Dios: pues es\n\u00abtan capaz para gozar de Su Majestad, como el cristal para resplandecer en \u00e9l\nel sol\u00bb (M 1,2,1).<\/p>\n\n\n\n<p>A id\u00e9ntica conclusi\u00f3n\nllega por el descubrimiento que hace de la interioridad de la persona humana.\nEsta adquiere su verdadero sentido en el encuentro con Dios dentro de s\u00ed misma\n(V 40,6; C 28,2; M 2,1,4). De ah\u00ed su consigna: \u00abBuscar a Dios en lo interior\u00bb\n(M 4,3,3).<\/p>\n\n\n\n<p>A esta consigna\nresponde el \u00abVejamen\u00bb, otro texto representativo de la experiencia de\ninterioridad. Explica el sentido de las palabras, dichas por el Se\u00f1or: \u00abB\u00fascate\nen m\u00ed\u00bb. Seg\u00fan J. Mart\u00edn Velasco, muestra \u00abla correlaci\u00f3n entre el descubrimiento\ndel hombre y el descubrimiento de Dios\u00bb (J. Mart\u00edn Velasco, en Actas, pp.\n809-834).<\/p>\n\n\n\n<p>2. Su arraigo en la fe<\/p>\n\n\n\n<p>Revelaci\u00f3n de Dios<\/p>\n\n\n\n<p>La fe de Teresa est\u00e1\nfirmemente arraigada en la revelaci\u00f3n y en la fe de la Iglesia. Es lo que le da\nseguridad y confianza. Si descubre a Dios en la interioridad, es porque \u00e9ste se\nha revelado y se ha comunicado previamente; pues El es el Dios \u00abvivo y\nverdadero\u00bb (R 56), que se comunica y act\u00faa en su vida, conforme a su plan\nrevelador: \u00abAl revelarse a s\u00ed mismo, Dios quiere hacer a los hombres capaces de\nresponderle, de conocerle y de amarle m\u00e1s all\u00e1 de lo que ellos ser\u00edan capaces\npor sus propias fuerzas\u00bb (CEC 52).<\/p>\n\n\n\n<p>Teresa de Jes\u00fas tiene\nuna n\u00edtida percepci\u00f3n de esta comunicaci\u00f3n de Dios, que la llena de\nestremecimiento: \u00ab\u00a1Que quer\u00e1is vos, Se\u00f1or, estar as\u00ed con nosotros&#8230;!\u00bb (V\n14,10). \u00abTrae consigo [esta comunicaci\u00f3n] un particular conocimiento de Dios, y\nde esta compa\u00f1\u00eda tan continua nace un amor tern\u00edsimo con Su Majestad y unos\ndeseos aun mayores que los que quedan dichos de entregarse toda a su servicio\u00bb\n(M 6,8,4).<\/p>\n\n\n\n<p>La experiencia\nteresiana de la revelaci\u00f3n de Dios pone de relieve en primer t\u00e9rmino el sentido\npersonal de la revelaci\u00f3n cristiana, destacado por el Concilio Vaticano II:\n\u00abQuiso Dios, con su bondad y sabidur\u00eda, revelarse a S\u00ed mismo y manifestar el\nmisterio de su voluntad&#8230; En esta revelaci\u00f3n, Dios invisible, movido de amor,\nhabla a los hombres como amigos, trata con ellos para invitarlos y recibirlos\nen su compa\u00f1\u00eda\u00bb (DV 2).<\/p>\n\n\n\n<p>Las verdades de la\nEscritura<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque Teresa llega a la percepci\u00f3n \u00edntima de Dios a trav\u00e9s de la experiencia, es plenamente consciente de que el camino de acceso principal es la Escritura. Su actitud es de total e ilimitada adhesi\u00f3n a la palabra revelada, criterio supremo de todas sus experiencias y revelaciones privadas: \u00abCreo ser verdadera la revelaci\u00f3n, como no vaya contra lo que est\u00e1 en la Sagrada Escritura o contra las leyes de la Iglesia que somos obligadas a hacer\u00bb (V 32,17). \u00abPor cualquier verdad de la Sagrada Escritura me pondr\u00eda yo a morir mil muertes\u00bb (V 33,5). \u00abNinguna [habla o revelaci\u00f3n] que no vaya muy conforme a la Escritura hag\u00e1is m\u00e1s caso de ellas que si la oyeseis al mismo demonio\u00bb (M 6,3,4). <\/p>\n\n\n\n<p>Es importante destacar\nc\u00f3mo la inmensa mayor\u00eda de las hablas divinas est\u00e1n formuladas con palabras de\nla Escritura y c\u00f3mo la escala de su proceso espiritual est\u00e1 sellada por\nexperiencias de palabras b\u00edblicas (cf T. \u00c1lvarez, Estudios Teresianos, III, pp.\n134-142).<\/p>\n\n\n\n<p>La fe de la Iglesia<\/p>\n\n\n\n<p>Si firme es su\naceptaci\u00f3n de la palabra b\u00edblica, no lo es menos su adhesi\u00f3n a la fe de la\nIglesia, en cuya comuni\u00f3n quiere vivir y morir. Es la piedra de toque de la\nautenticidad de sus experiencias m\u00edsticas. Son proverbiales sus confesiones de\nfe, sujet\u00e1ndose a \u00ablas verdades de nuestra fe cat\u00f3lica\u00bb (V 10,6) y a \u00ablo que\ntiene la santa Iglesia Cat\u00f3lica Romana\u00bb (M pr\u00f3l. 3, concl. 4). \u00abBien cree lo\nque tiene la Iglesia\u00bb (V 30,12).<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia es el\n\u00e1mbito en que vive y madura su fe, en el que percibe la verdad de la Sda.\nEscritura y experimenta el misterio de Cristo: \u00abCon este amor a la fe, que\ninfunde luego Dios, que es una fe viva, fuerte, siempre procura ir conforme a\nlo que tiene la Iglesia, preguntando a unos y a otros, como quien tiene ya\nhecho asiento fuerte en estas verdades, que no la mover\u00edan cuantas revelaciones\npueda imaginar \u2013aunque viese abiertos los cielos\u2013 un punto de lo que tiene la\nIglesia\u00bb (V 25,12).<\/p>\n\n\n\n<p>Es tambi\u00e9n el mejor\naval de la verdad de sus experiencias de oraci\u00f3n, que somete al discernimiento\nde los confesores y de la jerarqu\u00eda. Destaca el testimonio de la Relaci\u00f3n 4, en\nla que hace un relato de su fe al Obispo de Salamanca e Inquisidor en Toledo,\nFrancisco de Soto y Salazar: \u00abEl le dijo que todo esto no era cosa que tocaba a\nsu oficio, porque todo lo que ve\u00eda y entend\u00eda siempre la afirmaba m\u00e1s en la fe\ncat\u00f3lica, que ella siempre estuvo y est\u00e1 firme y con grand\u00edsimos deseos de la\nhonra de Dios y bien de las almas, que por una se dejara matar muchas veces\u00bb (R\n4,6).<\/p>\n\n\n\n<p>La misma preocupaci\u00f3n\nde fidelidad a la fe cat\u00f3lica y para que \u00e9sta vaya en aumento, la gu\u00eda en la\nfundaci\u00f3n de sus monasterios: \u00abSiempre jam\u00e1s estaba sujeta y lo est\u00e1 a todo lo\nque tiene la santa fe cat\u00f3lica, y toda su oraci\u00f3n y de las casas que ha\nfundado, es porque vaya en aumento. Dec\u00eda ella, que cuando alguna cosa de \u00e9stas\nla induciera contra lo que es fe cat\u00f3lica y la ley de Dios, que no hubiera\nmenester andar a buscar pruebas, que luego viera era demonio\u00bb (R 4,10).<\/p>\n\n\n\n<p>La fe de la Iglesia le\nda seguridad y es la que, en definitiva, cuenta a la hora de la verdad suprema,\ncuando llega el momento de la muerte. En ella se funda su esperanza de\nsalvaci\u00f3n: \u00abEn fin, Se\u00f1or, soy hija de la Iglesia\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>3. El n\u00facleo de la fe\nteresiana: el misterio salv\u00edfico<\/p>\n\n\n\n<p>El n\u00facleo del credo\nteresiano est\u00e1 formado primordialmente por hechos salv\u00edficos. Lo mismo que el\npeque\u00f1o credo hist\u00f3rico salv\u00edfico del Deuteronomio (Dt 26,5-10) o el primer\ncredo de la comunidad cristiana (1Cor 15,3-7) o el mismo \u00abS\u00edmbolo de los\nAp\u00f3stoles\u00bb. No son enunciados abstractos, sino confesiones hist\u00f3ricas de la\nacci\u00f3n salv\u00edfica de Dios, llevadas a t\u00e9rmino por la redenci\u00f3n de Jesucristo y\nel don del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n\n\n\n<p>El amor del Padre<\/p>\n\n\n\n<p>Santa Teresa de Jes\u00fas\ncontempla el amor del Padre como la fuente de todo bien, que nos lo ha dado\ntodo en su Hijo, como dice san Juan de la Cruz. Este hecho es la suprema\nrevelaci\u00f3n de Dios Padre, que nos ha entregado lo que El m\u00e1s ama: Jesucristo. Y\npone de manifiesto las \u00abentra\u00f1as tan amorosas\u00bb de Dios:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab\u00a1Oh Padre Eterno!, no\nson de olvidar tantos azotes e injurias y tan grav\u00edsimos tormentos. Pues, Criador\nm\u00edo, \u00bfc\u00f3mo pueden sufrir unas entra\u00f1as tan amorosas como las vuestras, que lo\nque se hizo con tan ardiente amor de vuestro Hijo y por m\u00e1s contentaros a Vos,\nque mandasteis nos amase, sea tenido en tan poco&#8230; el Sant\u00edsimo Sacramento?\u00bb\n(CE 4,2).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab\u00a1Oh Se\u00f1or m\u00edo, c\u00f3mo\nparec\u00e9is Padre de tal Hijo y c\u00f3mo parece vuestro Hijo hijo de tal Padre!\n\u00a1Bendito se\u00e1is por siempre jam\u00e1s! \u00bfNo fuera al fin de la oraci\u00f3n esta merced,\nSe\u00f1or, tan grande? En comenzando, nos hench\u00eds las manos y hac\u00e9is tan gran\nmerced que ser\u00eda harto bien henchirse el entendimiento para ocupar de manera la\nvoluntad que no pudiese hablar palabra\u00bb (CV 27,1).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab\u00a1Oh Hijo de Dios y\nSe\u00f1or m\u00edo!, \u00bfc\u00f3mo dais tanto junto a la primera palabra? Ya que os humill\u00e1is a\nVos con extremo tan grande en juntaros con nosotros al pedir y haceros hermano\nde cosa tan baja y miserable, \u00bfc\u00f3mo nos dais en nombre de vuestro Padre todo lo\nque se puede dar, pues quer\u00e9is que nos tenga por hijos, que vuestra palabra no\npuede faltar? Obli\u00adg\u00e1isle a que la cumpla, que no es peque\u00f1a carga, pues en\nsiendo Padre nos ha de sufrir por graves que sean las ofensas\u00bb (CV 27,2).<\/p>\n\n\n\n<p>Una de las gracias\nm\u00edsticas que recibe es el amor que le muestra la persona del Padre, al decirle:\n\u00abYo te di a mi Hijo y al Esp\u00edritu Santo y a esta Virgen. \u00bfQu\u00e9 me puedes t\u00fa dar\na m\u00ed?\u00bb (R 25,2).<\/p>\n\n\n\n<p>La redenci\u00f3n del Hijo<\/p>\n\n\n\n<p>El proyecto de\nsalvaci\u00f3n de Dios ha quedado concentrado en Jesucristo, que es la revelaci\u00f3n\ndel Padre: \u00abPor esta puerta hemos de entrar, si queremos nos muestre la\nsoberana Majestad grandes secretos\u00bb (V 22,6). Es tambi\u00e9n el Mediador y\nRedentor. As\u00ed lo proclama la Santa, haci\u00e9ndose eco de un pasaje de la carta a\nlos Hebreos (Heb 2,10 y 2Pe 1,4): \u00abEste Se\u00f1or nuestro es por quien nos vienen\ntodos los bienes\u00bb (V 22,7). Por eso, al final de uno de los cap\u00edtulos dedicado\na la humanidad de Jes\u00fas, convencida de \u00abtan grandes bienes como est\u00e1n\nencerrados en los misterios de nuestro bien Jesucristo\u00bb (M 6, 7,12), concluye:\n\u00abNo quiero ning\u00fan bien, sino adquirido por quien nos vinieron todos los bienes\u00bb\n(M 6,7,15).<\/p>\n\n\n\n<p>La profesi\u00f3n de fe de Teresa gira en torno al misterio redentor de Cristo, fuente de esperanza y de gozo: \u00abPorque en pensar y escudri\u00f1ar lo que el Se\u00f1or pas\u00f3 por nosotros, mu\u00e9venos a compasi\u00f3n, y es sabrosa esta pena y las l\u00e1grimas que proceden de aqu\u00ed. Y de pensar la gloria que esperamos y el amor que el Se\u00f1or nos tuvo y su resurrecci\u00f3n, mu\u00e9venos a gozo\u00bb (V 12,1).<\/p>\n\n\n\n<p>La salvaci\u00f3n en la\nIglesia<\/p>\n\n\n\n<p>De la mano del\nmisterio de Cristo, viene el misterio de la Iglesia, como medio de salvaci\u00f3n.\nTeresa de Jes\u00fas siente una pena desgarradora por los males y desgarros de la\nIglesia y por la perdici\u00f3n de las almas. Es una experiencia eclesiol\u00f3gica, que\nla Santa traslada al plano cristol\u00f3gico, se\u00f1alando cu\u00e1nto mayor ser\u00e1 \u00abel\nsentimiento de nuestro Se\u00f1or Jesucristo\u00bb:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEs as\u00ed que muchas\nveces he considerado en esto [en las vehementes ansias de Cristo en la \u00faltima\ncena], y sabiendo yo el tormento que pasa y ha pasado cierta alma que conozco,\nde ver ofender a nuestro Se\u00f1or, tan insufridero que se quisiera mucho m\u00e1s morir\nque sufrirla, y pensando si una alma con tan poqu\u00edsima caridad, comparada a la\nde Cristo, que se puede decir casi ninguna en esta comparaci\u00f3n, sent\u00eda este\ntormento tan insufridero, \u00bfqu\u00e9 ser\u00eda el sentimiento de nuestro Se\u00f1or\nJesucristo, y qu\u00e9 vida deb\u00eda pasar, pues todas las cosas le eran presentes y\nestaba siempre viendo las grandes ofensas que se hac\u00edan a su Padre? Sin duda\ncreo yo que fueron muy mayores que las de su sacrat\u00edsima Pasi\u00f3n\u00bb (M 5,2,14).<\/p>\n\n\n\n<p>El misterio trinitario<\/p>\n\n\n\n<p>El amor del Padre, el\nmisterio de Cristo y de su Iglesia desembocan en el de la Sant\u00edsima Trinidad.\nEste representa la cumbre de la profesi\u00f3n de fe de la Madre Teresa. Por gracia\nespecial, alcanza una comprensi\u00f3n del misterio, que no hay quien la mueva de\nesta fe. Estar\u00eda dispuesta a disputar con todos los te\u00f3logos la verdad de este\nmisterio (V 27,9). Cuanto menos lo entiende m\u00e1s lo cree (R 33).<\/p>\n\n\n\n<p>El pasaje central, en\nel que se condensa su experiencia trinitaria, es el de las s\u00e9ptimas moradas. En\n\u00e9l destaca la diferencia entre o\u00edr, creer y entender las palabras reveladoras\ndel misterio: \u00abSe le muestra la Sant\u00edsima Trinidad, todas tres Personas\ndistintas&#8230; Entiende con grand\u00edsima verdad ser todas tres Personas una\nsustancia y un poder y un saber y un solo Dios; de manera que lo que tenemos\npor fe, all\u00ed lo entiende el alma, podemos decir, por vista&#8230; Aqu\u00ed se le\ncomunican todas tres Personas, y la hablan, y la dan a entender aquellas\npalabras que dice el Evangelio que dijo el Se\u00f1or: que vendr\u00eda El y el Padre y\nel Esp\u00edritu Santo a morar con el alma que le ama y guarda sus mandamientos.\n\u00a1Oh, v\u00e1lgame Dios! \u00a1Cu\u00e1n diferente cosa es o\u00edr estas palabras y creerlas a\nentender por esta manera cu\u00e1n verdaderas son!\u00bb (M 7,1,6-7).<\/p>\n\n\n\n<p>4. El dinamismo\nteologal de la fe<\/p>\n\n\n\n<p>Con esta expresi\u00f3n\nqueremos referirnos a la fe como actitud personal de Teresa. Es la \u00abfides qua\u00bb\no virtud teologal, en la que se manifiesta tanto su arraigo en la fe como el\nn\u00facleo de su credo. Es, en definitiva, su respuesta a la revelaci\u00f3n de Dios,\ncerrando as\u00ed el proceso iniciado en su b\u00fasqueda.<\/p>\n\n\n\n<p>Respuesta a la\nrevelaci\u00f3n y sentido de la vida<\/p>\n\n\n\n<p>La primera expresi\u00f3n\ndel dinamismo teologal de la fe es su car\u00e1cter de respuesta. Esta aparece,\nefectivamente, como la culminaci\u00f3n de un proceso, que se inicia con la b\u00fasqueda\ndel hombre (\u00abel hombre \u2018capaz\u2019 de Dios\u00bb), al que sigue la revelaci\u00f3n de Dios\n(\u00abDios al encuentro del hombre\u00bb), y que termina con \u00abla respuesta del hombre a\nDios\u00bb, expresada en la obediencia de la fe (cf CEC, cc. 1-3).<\/p>\n\n\n\n<p>Desde esta\nperspectiva, el Catecismo define la fe como \u00abla respuesta del hombre a Dios que\nse revela y se entrega a \u00e9l, dando al mismo tiempo una luz sobreabundante al\nhombre que busca el sentido de su vida\u00bb (CEC 26).<\/p>\n\n\n\n<p>Teresa experimenta los\nprimeros pasos de su fe precisamente como una luz, que viene a redimensionar\ntoda su existencia: \u00ab[Ten\u00eda] una luz de parecerme todo de poca estima lo que se\nacaba y de mucho precio los bienes que se pueden ganar con ello, pues son\neternos\u00bb (V 5,2; cf 21,7). Gracias a la luz de la fe, comprende \u00abla vanidad del\nmundo\u00bb (Conc 4,3), y su vida adquiere un sentido trascendente, vivido en\ntensi\u00f3n hacia el encuentro con el Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>La respuesta de la fe\nes un don de Dios, regalo de su gracia: \u00abNo hay [raz\u00f3n] para que Dios nos haga\ntan gran merced, sino sola su bondad\u00bb (V 15,7). \u00abEsto es cosa muy conocida, el\nconocimiento que da Dios para que conozcamos que ning\u00fan bien tenemos de\nnosotros, y mientras mayores mercedes, m\u00e1s\u00bb (V 15,14).<\/p>\n\n\n\n<p>Quiere decir esto que\nla fe es una virtud sobrenatural infundida por Dios, como explica la teolog\u00eda y\nratifica este texto del Concilio Vaticano II: \u00abPara dar esta respuesta de la fe\nes necesaria la gracia de Dios, que se adelanta y nos ayuda, junto con el\nauxilio interior del Esp\u00edritu Santo, que mueve el coraz\u00f3n, lo dirije a Dios,\nabre los ojos del esp\u00edritu y concede \u2018a todos gusto en aceptar y creer la\nverdad\u2019\u00bb (DV 5).<\/p>\n\n\n\n<p>La formaci\u00f3n en la fe:\nverdades de fe<\/p>\n\n\n\n<p>Uno de los requisitos\nintr\u00ednsecos a la virtud teologal de la fe es el conocimiento y la formaci\u00f3n en\nesa misma fe. Santa Teresa lo siente como una exigencia radical, nada com\u00fan en\nsu \u00e9poca y menos entre mujeres. Ella quiere ir fundada siempre en la verdad: la\nverdad de las Escrituras, la verdad de lo que ense\u00f1a la Iglesia. Por eso busca\nel asesoramiento de los te\u00f3logos y de los que tienen letras: \u00abSiempre he\nprocurado buscar quien me d\u00e9 luz\u00bb (V 10,8).<\/p>\n\n\n\n<p>Son muy conocidos los\npasajes en que hace su apolog\u00eda de los letrados (V 13,17-21; 28,6; R 3,7; C\n3,2; M 5,1,7) y el sentido que tienen las letras para la vida espiritual: \u00abEsp\u00edritu\nque no vaya comenzado en verdad yo m\u00e1s le querr\u00eda sin oraci\u00f3n; y es gran cosa\nletras, porque \u00e9stas nos ense\u00f1an a los que poco sabemos y nos dan luz y,\nllegados a verdades de la Sagrada Escritura, hacemos lo que debemos: de\ndevociones a bobas nos libre Dios\u00bb (V 13,16).<\/p>\n\n\n\n<p>Llama la atenci\u00f3n la\npreocupaci\u00f3n de Teresa por su formaci\u00f3n religiosa y la de sus hijas. No es algo\ncoyuntural; responde a la naturaleza misma de la fe cristiana, tal como ella la\npercibe. Sus principios esenciales no brotan de las exigencias naturales, sino\nde la revelaci\u00f3n divina positiva. Este car\u00e1cter positivo de la fe impone un\ndeber primario: enterarse de su contenido. Este conocimiento no puede ser\nsustituido por la sola buena intenci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En el cristianismo la\nrecta comprensi\u00f3n de las verdades de fe es tan fundamental como la buena\nintenci\u00f3n: \u00ab\u00a1Si hubiese de decir los yerros que he visto suceder fiando en la\nbuena intenci\u00f3n!\u00bb (V 13,10). La falta de formaci\u00f3n religiosa es la causa\nprimordial de muchas incoherencias de la fe. Por eso la Santa, refiri\u00e9ndose a\nesta ignorancia, dice que \u00abde devociones a bobas nos libre Dios\u00bb (V 13,16).\n\u00abCuando digo \u2018credo\u2019, raz\u00f3n me parece ser\u00e1 que entienda y sepa lo que creo\u00bb (C\n24,2).<\/p>\n\n\n\n<p>Dentro del cultivo y formaci\u00f3n de la fe, que Teresa de Jes\u00fas busca por todos los medios, hay que se\u00f1alar las \u00abgrandes verdades\u00bb, que el Se\u00f1or le revela a trav\u00e9s de su experiencia m\u00edstica. Desde que Jes\u00fas se convierte en su libro vivo (V 26,5), es \u00c9l quien la va amaestrando sobre las grandes verdades de su vida: Quiere \u00abhacer Dios que entienda el alma lo que El quiere y grandes verdades y misterios\u00bb (V 27,6). \u00abEl Se\u00f1or la da a entender secretos y grandezas suyas\u00bb (V 27,12). \u00abMuestra Su Majestad estas verdades de manera, que quedan tan impresas que se ve claro no lo pudi\u00e9ramos por nosotros de aquella manera en tan breve tiempo adquirir\u00bb (V 38,4). Una palabra de las que el Se\u00f1or le dice, \u00abtrae consigo esculpida una verdad que no la podemos negar\u00bb (V 38,16). Y refiri\u00e9ndose a la humildad dice: \u00abEntend\u00ed qu\u00e9 cosa es andar un alma en verdad delante de la misma Verdad\u00bb (V 40,3).<\/p>\n\n\n\n<p>La maduraci\u00f3n en la\nfe: vida de fe<\/p>\n\n\n\n<p>El dinamismo y\ncrecimiento en la fe no se da s\u00f3lo por el conocimiento de las verdades de fe,\nsino tambi\u00e9n \u2013y muy particularmente\u2013 por una adhesi\u00f3n plena a Dios, en el\nencuentro personal con \u00c9l. Es un crecimiento no en extensi\u00f3n, por el que se\nllega a conocer un n\u00famero cada vez mayor de verdades, sino en intensidad, por\nel que uno se adhiere m\u00e1s plena y profundamente al misterio personal de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Este crecimiento en la\nfe sigue normalmente un proceso de purificaci\u00f3n, que aparece descrito en san\nJuan de la Cruz en su conocida \u00abnoche oscura\u00bb (la \u00abnoche de la fe\u00bb), pero que\nen santa Teresa est\u00e1 m\u00e1s difuminado. Y es que en ella la purificaci\u00f3n de la fe\nva unida a la purificaci\u00f3n de la oraci\u00f3n, en la que se expresa y desarrolla la\nfe. Para Teresa de Jes\u00fas la fe es el encuentro personal con Dios, que se vive\nen y por medio de la oraci\u00f3n. El proceso de maduraci\u00f3n de la fe coincide con el\nproceso de maduraci\u00f3n de la oraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta vinculaci\u00f3n entre\nfe y oraci\u00f3n es intr\u00ednseca a su misma naturaleza. Se ora como se cree y se cree\ncomo se ora: \u00abLex orandi, lex credendi\u00bb. La oraci\u00f3n es expresi\u00f3n de fe. As\u00ed la\npresenta el Catecismo: \u00abEste Misterio [el Misterio de la fe] exige que los\nfieles crean en \u00e9l, lo celebren y vivan de \u00e9l en una relaci\u00f3n viviente y personal\ncon Dios vivo y verdadero. Esta relaci\u00f3n es la oraci\u00f3n\u00bb (CEC 2558).<\/p>\n\n\n\n<p>En Teresa de Jes\u00fas la\nrelaci\u00f3n entre fe y oraci\u00f3n es consecuencia de su misma definici\u00f3n de la\noraci\u00f3n, como \u00abtrato de amistad\u00bb (V 8,5), esto es, como \u00abrelaci\u00f3n viviente y\npersonal con Dios vivo y verdadero\u00bb. Es \u00abtrato de personas\u00bb, mucho m\u00e1s y antes\nque \u00abtrato de negocios\u00bb; es fundamentalmente \u00abestar con El\u00bb. No es algo\ndirectamente funcional, sino una realidad primordialmente comunional. La\nexpresi\u00f3n m\u00e1s fuerte de esta comuni\u00f3n para la Santa es el encuentro personal\ncon Cristo y con el misterio trinitario.<\/p>\n\n\n\n<p>Actitud teologal: \u00abfe\nviva\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>La fe engloba toda la\nvida de Teresa. Lo mismo que la oraci\u00f3n, en la que se expresa. Y as\u00ed como \u00e9sta\nno se da aislada de su quehacer ordinario, como un recoleto parque religioso,\nal margen de los acontecimientos, lo mismo la fe. La oraci\u00f3n teresiana a Dios\nbrota de la vida y retorna a la vida; es un continuo fluir entre Dios y la\nvida, la vida y Dios. La mejor expresi\u00f3n de esta interrelaci\u00f3n es su insistencia\nen c\u00f3mo \u00abMarta y Mar\u00eda han de andar juntas\u00bb (M 7,4,12).<\/p>\n\n\n\n<p>Este ensamblaje entre\nfe y vida, entre oraci\u00f3n y compromiso, aparece en ella como una actitud\nteologal, que la lleva a descubrir a Dios en todas las cosas y que se expresa\nen la oraci\u00f3n contemplativa, centro de su pedagog\u00eda sobre la oraci\u00f3n (Camino de\nPerfecci\u00f3n, cc. 25-26 y 31-32). Es una mirada de fe y una entrega confiada a la\nvoluntad amorosa del Padre.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta mirada de fe y de\nentrega confiada es la manifestaci\u00f3n de la fe viva, de que habla san Pablo (Rom\n1,5; G\u00e1l 5,6), f\u00f3rmula que repite con distintas modulaciones Santa Teresa, como\ncriterio supremo de comportamiento (cf Concordancias: Fe). Ese \u00abavivar la fe\u00bb\n(V 27,17) o tener \u00abfe viva\u00bb (V 19,5; 27,9; 42,2; C 34,6) es reconocer a Dios en\ntodo y hacer su voluntad. A los que \u00abno tienen fe viva\u00bb Dios no les habla (Conc\n1,11). Y ocurre que cuando \u00abest\u00e1 tan muerta la fe&#8230;, queremos m\u00e1s lo que vemos\nque lo que ella nos dice\u00bb (M 2,1,5).<\/p>\n\n\n\n<p>La \u00abfe viva\u00bb\nrepresenta, en definitiva, una especie de connaturalidad o de enraizamiento del\ncreyente en la fe, de modo an\u00e1logo a como se est\u00e1 arraigados en los principios\nnaturales. Significa la plena asimilaci\u00f3n de los criterios de fe y de su escala\nde valores, de modo que no sean solamente objeto de conocimiento, sino de\nconvencimiento que motiva hondamente la vida. Es la culminaci\u00f3n del proceso de\nmaduraci\u00f3n de la fe.<\/p>\n\n\n\n<p>BIBL. \u2013 Ana M.\u00aa\nL\u00f3pez,&nbsp;La experiencia de fe en Santa Teresa, en \u00abStudium Legionense\u00bb 23\n(1982), 9-52.<\/p>\n\n\n\n<p>Ciro Garc\u00eda<\/p>\n\n\n\n<p>Todos los derechos:&nbsp;<em>Diccionario Teresiano<\/em>,\nGpo.Ed.FONTE<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1. Premisas teol\u00f3gicas Planteamientos teol\u00f3gicos subyacentes al pensamiento teresiano sobre la fe. La fe tiene en santa Teresa, como en el lenguaje teol\u00f3gico y religioso, diversos significados. 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