{"id":4838,"date":"2015-02-02T16:47:49","date_gmt":"2015-02-02T22:47:49","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4838"},"modified":"2022-02-02T16:49:43","modified_gmt":"2022-02-02T22:49:43","slug":"gracia-santificante","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4838","title":{"rendered":"Gracia santificante"},"content":{"rendered":"\n<p>1. Terminolog\u00eda<\/p>\n\n\n\n<p>La terminolog\u00eda\nteresiana sobre la gracia es muy rica y variada. No se limita al t\u00e9rmino\n\u00abgracia\u00bb, sino que comprende otros muchos. Destacan los siguientes: merced\/es\n(bienes, beneficios, regalos), gracia\/s, misericordia\/s (bondad, perd\u00f3n),\nfavor\/es, auxilio, natural-sobrenatural. El orden se\u00f1alado es num\u00e9rico; est\u00e1 en\nproporci\u00f3n a la frecuencia de su uso, de m\u00e1s a menos.<\/p>\n\n\n\n<p>Gracias a la\ninformatizaci\u00f3n (A. Fortes, L\u00e9xico de Santa Teresa, Burgos 1997), hoy podemos\nsaber con exactitud el n\u00famero de veces que emplea cada uno de los vocablos.\nPero, teniendo en cuenta las distintas acepciones (no siempre teol\u00f3gicas) que\nles da, s\u00f3lo podemos establecer el n\u00famero aproximado. Los agrupamos en tres\nseries por orden num\u00e9rico: 1\u00aa\/ merced (426), mercedes (381), bienes (117),\nregalos (102), beneficios (8); 2\u00aa\/ gracia (412), gracias (79); 3\u00aa\/ misericordia\n(170), misericordias (17), bondad (107), perd\u00f3n (7); 4\u00aa\/ favor (158), favores\n(13), auxilio (3); 5\u00aa\/ natural (157), sobrenatural (38), sobrenaturales (21).<\/p>\n\n\n\n<p>Para una teolog\u00eda de\nla gracia en Santa Teresa es necesario el estudio de todos estos t\u00e9rminos.<\/p>\n\n\n\n<p>a.&nbsp;Descripci\u00f3n\ngeneral<\/p>\n\n\n\n<p>Si bien todos expresan\nla misma realidad central de la gracia divina, que es la comunicaci\u00f3n personal\nde Dios que nos renueva interiormente, cada uno tiene una connotaci\u00f3n\nparticular:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 El t\u00e9rmino\nfundamental es \u00abgracia\u00bb, que para la Santa significa primordialmente la\npresencia sobrenatural de Dios en el alma (\u00abpresencia por gracia\u00bb). Su\ndescubrimiento marca los comienzos de su itinerario espiritual. Es el \u00e1mbito\n\u00absobrenatural\u00bb en el que se desarrolla toda su vida. Comprende tambi\u00e9n la\ntransformaci\u00f3n interior, que da lugar a una nueva vida (\u00abestado de gracia\u00bb).<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Los t\u00e9rminos\n\u00abmerced\u00bb y \u00abmercedes\u00bb de Dios, con sus equivalentes, \u00abbienes\u00bb, \u00abregalos\u00bb y\n\u00abbeneficios\u00bb, designan predominantemente la intervenci\u00f3n personal de Dios en la\nvida de Teresa, con una triple serie de gracias: gracias de salvaci\u00f3n, que la\nponen en camino hacia \u00c9l; gracias de comuni\u00f3n, que recibe en su intensa vida de\noraci\u00f3n; gracias m\u00edsticas, que experimenta en la cumbre de su vida espiritual.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Los t\u00e9rminos\n\u00abmisericordia\u00bb, con sus equivalentes \u00abbondad\u00bb y \u00abperd\u00f3n\u00bb, dicen relaci\u00f3n a la\ngracia de la conversi\u00f3n, al perd\u00f3n de los pecados y a la confianza en el Se\u00f1or.\n\u00abLa misericordia de Dios nunca falta a los que en \u00e9l esperan\u00bb (M 6,1,13). En\nTeresa resplandece particularmente sobre el trasfondo de su ruindad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 El t\u00e9rmino \u00abfavor\u00bb\nde Dios (\u00abfavores\u00bb se usa pocas veces y en sentido diverso) responde a la idea\nde gracia como auxilio divino o ayuda interior para hacer el bien y progresar\nen el camino de la virtud y de la oraci\u00f3n. Este no falta nunca en el camino\nordinario. La Santa lo denomina auxilio general. Pero no basta en el camino\ncontemplativo, sino que es necesaria una nueva merced divina o gracia\nsobrenatural, que la denomina auxilio particular.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 El t\u00e9rmino\n\u00abnatural\u00bb, empleado casi siempre en sentido sustantivo, designa la debilidad de\nla condici\u00f3n humana o la flaqueza de nuestra naturaleza: \u00abse va nuestro natural\nantes a lo peor que a lo mejor\u00bb (V 2,3). El remedio a esta situaci\u00f3n es el\n\u00abfavor\u00bb de Dios, el auxilio de su gracia. \u00abSobrenatural\u00bb (en sentido adjetivo)\nlo usa ordinariamente para designar la oraci\u00f3n contemplativa y la uni\u00f3n\nm\u00edstica: \u00abEl alma no puede por s\u00ed llegar a este estado, porque es todo obra\nsobrenatural que el Se\u00f1or obra en ella\u00bb (V 22,1).<\/p>\n\n\n\n<p>b. Lectura teol\u00f3gica<\/p>\n\n\n\n<p>De esta descripci\u00f3n\ngeneral se desprenden algunos datos, que son b\u00e1sicos para la articulaci\u00f3n de\nuna teolog\u00eda teresiana de la gracia. Su concepci\u00f3n est\u00e1 lejos del hieratismo\nescolar. Para ella la gracia tiene siempre una connotaci\u00f3n personal. No es un\n\u00abaliquid in anima\u00bb o una realidad est\u00e1tica, sino una realidad eminentemente\npersonal y din\u00e1mica. En otros t\u00e9rminos, es una propiedad inseparable de la\npersona: tanto de la persona que comunica su gracia (Dios que se comunica =\ngracia increada), como de la persona que la recibe (el hombre transformado por\nesa comunicaci\u00f3n = gracia creada).<\/p>\n\n\n\n<p>Toda la vida de Teresa\nest\u00e1 envuelta en esta realidad personal de la gracia divina. Nada de ella se\nentiende, si no es dentro de este \u00e1mbito divino. Su vida no es otra cosa que\nuna relaci\u00f3n personal con Dios, vivida intensamente en su camino de oraci\u00f3n,\nhasta la plena uni\u00f3n con El. Tanto su itinerario espiritual como los misterios\nde vida cristiana en los que se fundamenta, aparecen siempre tamizados por esta\nrelaci\u00f3n personal, que constituye su experiencia m\u00edstica, factor determinante\nde su vida y de su doctrina.<\/p>\n\n\n\n<p>Los t\u00e9rminos descritos\nconvergen todos en el mismo punto: la realidad personal de la acci\u00f3n y\ncomunicaci\u00f3n divina (la gracia), que va moldeando y transformando su\nexistencia. Es una realidad omnipresente en su vida. De ella nos habla santa\nTeresa en todas sus p\u00e1ginas, con una reiteraci\u00f3n que hoy puede resultarnos\nexcesiva, pero que pone de manifiesto el \u00e1mbito sobrenatural y de gracia en que\nse mueve. La misma variedad de t\u00e9rminos para describir esta realidad y la\nfrecuencia de su uso lo confirman.<\/p>\n\n\n\n<p>A este respecto, es\nimportante destacar que, si bien los t\u00e9rminos descritos aparecen abundantemente\nen todas sus obras, la mayor parte de ellos aparecen en su Autobiograf\u00eda. Esto\npone de manifiesto hasta qu\u00e9 punto Teresa de Jes\u00fas, al echar una mirada\nretrospectiva a su vida, la considera toda ella obra de la gracia y nos da su\ninterpretaci\u00f3n en clave soteriol\u00f3gica. Es un canto a las misericordias de Dios.\nPor eso, consideramos que esta clave es fundamental para comprender tanto su\nvida como su doctrina.<\/p>\n\n\n\n<p>Es lo que intentamos\nhacer en los siguientes apartados, articulando los contenidos de los vocablos\nse\u00f1alados en torno a estos puntos: la acci\u00f3n salvadora de Dios en su vida, el\ndescubrimiento de la presencia divina, la transformaci\u00f3n por la gracia o\ncristificaci\u00f3n, el crecimiento en la vida de gracia, el sentido del\nsobrenatural.<\/p>\n\n\n\n<p>2. La acci\u00f3n salvadora\nde Dios<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando Santa Teresa\ncomienza el relato de su vida, una de sus primeras experiencias \u2013evocada y\ndescrita con fuertes trazos\u2013 es la intervenci\u00f3n salvadora de Dios en ella, que\nse vali\u00f3 de todos los medios y la hizo grandes mercedes, para librarla del\ninfierno, perdonar todas sus culpas y ponerla en camino de salvaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>a.&nbsp;Las \u00abmercedes\u00bb\nde Dios y su \u00abruin vida\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Desde el principio, es\nconsciente de \u00ablas mercedes que el Se\u00f1or [le] ha hecho\u00bb, frente a sus \u00abgrandes\npecados y ruin vida\u00bb (V Intr. 1). Si bien el Se\u00f1or le hab\u00eda dado abundantes\n\u00abgracias de naturaleza\u00bb, confiesa que de todas se comenz\u00f3 \u00aba ayudar para\nofenderle\u00bb (V 1,8). Fue as\u00ed \u00abperdiendo las mercedes que el Se\u00f1or le hab\u00eda\nhecho\u00bb (V 7, t\u00edt.).<\/p>\n\n\n\n<p>Entre estas mercedes,\ndestacan las que recibi\u00f3 en el per\u00edodo de su enfermedad en casa de su t\u00edo:\n\u00abComenz\u00f3me Su Majestad a hacer tantas mercedes en los principios, que al fin de\neste tiempo que estuve aqu\u00ed (que era casi nueve meses en esta soledad&#8230;),\ncomenz\u00f3 el Se\u00f1or a regalarme tanto&#8230;\u00bb (V 4,7).<\/p>\n\n\n\n<p>Su entrada en religi\u00f3n\nhab\u00eda marcado el comienzo de estas mercedes: \u00abC\u00f3mo la ayud\u00f3 el Se\u00f1or para\nforzarse a s\u00ed misma para tomar h\u00e1bito\u00bb (V 4, t\u00edt.), y \u00ablas grandes mercedes que\nme comenzasteis a hacer\u00bb (V 4,4): \u00abMuchas veces he pensado espantada de la gran\nbondad de Dios, y regal\u00e1dose mi alma de ver su gran magnificencia y\nmisericordia\u00bb (V 4,10).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, pasados los\nprimeros fervores religiosos, la Santa entra en un per\u00edodo oscuro, en una\nespecie de aton\u00eda espiritual, de la que le costar\u00e1 salir, hasta que el Se\u00f1or\nobra en ella la conversi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En el fondo de esta\ncrisis est\u00e1 la tensi\u00f3n entre su trato con Dios y su trato con el mundo.\nReconoce la libertad que para esto se daba en el monasterio de la Encarnaci\u00f3n,\ndebido al poco \u00abencerramiento\u00bb, aunque a ella no la justifica:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abNo estar en\nmonasterio encerrado\u00bb y \u00abla libertad que las que eran buenas pod\u00edan tener con\nbondad&#8230;, para m\u00ed, que soy ruin, hubi\u00e9rame cierto llevado al infierno, si con\ntantos remedios y medios el Se\u00f1or con muy particulares mercedes suyas no me\nhubiera sacado de este peligro\u00bb (V 7,3).<\/p>\n\n\n\n<p>Se comprende as\u00ed su\nexclamaci\u00f3n pat\u00e9tica y llena de agradecimiento, parecida a la del ap\u00f3stol san\nPablo (Rom 7,24-25):<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab\u00a1Oh Se\u00f1or de mi alma!\n\u00a1C\u00f3mo podr\u00e9 encarecer las mercedes que en estos a\u00f1os me hicisteis! \u00a1Y c\u00f3mo en\nel tiempo que yo m\u00e1s os ofend\u00eda, en breve me dispon\u00edais con un grand\u00edsimo\narrepentimiento para que gustase de vuestros regalos y mercedes!&#8230; Con regalos\ngrandes castig\u00e1bais mis delitos\u00bb (V 7,19).<\/p>\n\n\n\n<p>b.&nbsp;Las\n\u00abmisericordias\u00bb divinas frente a sus \u00abgrandes culpas\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>La toma de conciencia\nde las mercedes recibidas aviva en Teresa el sentido de sus culpas, a cuya luz\nreplandece \u00abla muchedumbre de las misericordias\u00bb de Dios. Hay dos hechos\ncentrales, en torno a los cuales gira esta experiencia.<\/p>\n\n\n\n<p>El primero es el\nsentimiento de la \u00abgran dignidad\u00bb que el Se\u00f1or le hab\u00eda hecho con la profesi\u00f3n\nreligiosa (1537), tom\u00e1ndola como esposa, y lo mal que \u00abhab\u00eda de usar de ella\u00bb\n\u2013\u00abcasi veinte a\u00f1os que us\u00e9 mal de esta merced\u00bb\u2013. El balance final de estos a\u00f1os\noscuros se cierra con un saldo a favor de la misericordia divina:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abMuchas veces me\ntempla el sentimiento de mis grandes culpas el contento que me da que se\nentienda la muchedumbre de vuestras misericordias. \u00bfEn qui\u00e9n, Se\u00f1or, pueden as\u00ed\nresplandecer como en m\u00ed, que tanto he oscurecido con mis malas obras las\ngrandes mercedes que me comenzasteis a hacer?\u00bb (V 4,3-4).<\/p>\n\n\n\n<p>El otro hecho central\nes el de su conversi\u00f3n (1554), que ella narra como el triunfo de la\nmiseridordia divina sobre sus faltas. Por eso pone especial empe\u00f1o en que \u00e9stas\nse conozcan: \u00abpara que se entienda mi maldad y la gran bondad de Dios y cu\u00e1n\nmerecido ten\u00eda el infierno por tan grande ingratitud\u00bb (V 7,9); \u00abpara que se vea\nla misericordia de Dios y mi ingratitud\u00bb (V 8,3).<\/p>\n\n\n\n<p>Esta constataci\u00f3n de\nla actuaci\u00f3n misericordiosa de Dios en su vida, pese a su resistencia interior,\nla eleva a categor\u00eda salv\u00edfica universal, v\u00e1lida para todos: \u00abPues si a cosa\ntan ruin como yo tanto tiempo sufri\u00f3 el Se\u00f1or&#8230;, \u00bfqu\u00e9 persona, por malo que\nsea, podr\u00e1 temer?&#8230; Ni \u00bfqui\u00e9n podr\u00e1 desconfiar, pues a m\u00ed tanto me sufri\u00f3?\u00bb (V\n8,8).<\/p>\n\n\n\n<p>Y llega a formular\neste principio soteriol\u00f3gico, realmente atrevido, que si no estuviese\nrespaldado por la proclamaci\u00f3n de Jes\u00fas en el Evangelio, ser\u00eda provocativo:\n\u00abMientras mayor mal, m\u00e1s resplandece el gran bien de vuestras misericoridas. \u00a1Y\ncon cu\u00e1nta raz\u00f3n las puedo yo para siempre cantar!\u00bb (V 14,10).<\/p>\n\n\n\n<p>Esta experiencia de la\nmisericordia de Dios inspira su pedagog\u00eda sobre la oraci\u00f3n, al glosar la \u00faltima\npetici\u00f3n del Padrenuestro, previniendo contra algunas tentaciones: \u00abAtajad el\npensamiento de vuestra miseria lo m\u00e1s que pudiereis, y ponedle en la\nmisericordia de Dios y en lo que nos ama y padeci\u00f3 por nosotros\u00bb (C 39,3).<\/p>\n\n\n\n<p>En las Sextas Moradas,\nante la experiencia purificadora del recuerdo de los pecados, exhorta vivamente\na confiar en la misericordia de Dios, que \u00abnunca falta a los que en \u00e9l esperan\u00bb\n(M 6,1,13), y trata de transmitir seguridad: \u00abNo ande el alma espantada, sino\nconfiada en la misericordia del Se\u00f1or\u00bb (M 6,3,17).<\/p>\n\n\n\n<p>3. Descubrimiento de\nla presencia divina en el alma<\/p>\n\n\n\n<p>La acci\u00f3n salvadora de\nDios, descrita como \u00abmercedes\u00bb y actuaciones de su \u00abmisericordia\u00bb, culmina en\nla presencia divina en el alma. Son distintas manifestaciones de la gracia, que\nact\u00faa en la vida de Teresa. La primera es la gracia como auxilio divino\n(exterior e interior); la segunda, la gracia como perd\u00f3n de los pecados; la\ntercera, la gracia como comunicaci\u00f3n personal de Dios, que se hace presente en\nel alma.<\/p>\n\n\n\n<p>a.&nbsp;Una presencia\nsobrenatural por gracia<\/p>\n\n\n\n<p>Teresa de Jes\u00fas llega\nal descubrimiento de esta presencia divina, a trav\u00e9s de una gracia m\u00edstica, que\nle revela el sentido de la presencia de Dios por inmensidad en todas las cosas\ny su presencia por gracia en el justo.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta experiencia\ncontemplativa aparece precedida por un proceso de interiorizaci\u00f3n y una serie\nde gracias de oraci\u00f3n, que suscitan en ella el sentimiento de la presencia\ndivina: \u00abAcaec\u00edame&#8230; venirme a deshora un sentimiento de la presencia de Dios\nque en ninguna manera pod\u00eda dudar que estaba dentro de m\u00ed y yo toda engolfada\nen El\u00bb (V 10,1).<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, nos\nconfiesa que ella ignoraba al principio el sentido verdadero de esta presencia,\nhasta que Dios la introdujo en ella de lleno:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abAcaeci\u00f3me a m\u00ed una\nignorancia al principio, que no sab\u00eda que estaba Dios en todas las cosas. Y\ncomo me parec\u00eda estar tan presente, parec\u00edame imposible. Dejar de creer que\nestaba all\u00ed no pod\u00eda, por parecerme casi claro hab\u00eda entendido estar all\u00ed su\nmisma presencia. Los que no ten\u00edan letras me dec\u00edan que estaba s\u00f3lo por gracia.\nYo no lo pod\u00eda creer; porque, como digo, parec\u00edame estar presente, y as\u00ed andaba\ncon pena. Un gran letrado de la Orden del glorioso Santo Domingo me quit\u00f3 de\nesta duda, que me dijo estar presente, y c\u00f3mo se comunicaba con nosotros, que\nme consol\u00f3 harto\u00bb (V 18,15 = M 5 1,10).<\/p>\n\n\n\n<p>Los comentaristas\nteresianos se han preguntado si el contenido de la experiencia es una presencia\nnatural (de inmensidad) o sobrenatural (de gracia). Tom\u00e1s \u00c1lvarez dice que se\ntrata de la especial presencia de Dios en ella, presencia sobrenatural, que la\nSanta percibe como distinta de la presencia divina natural de inmensidad (T. \u00c1lvarez,\nEstudios Teresianos, III, 123). Del mismo parecer es M. Garc\u00eda Ord\u00e1s, aunque\nadvierte atinadamente que la Santa tiene una noci\u00f3n incompleta y pobre de la\npresencia sobrenatural por gracia. Piensa que es s\u00f3lo intencional y afectiva.\nDe ah\u00ed su dificultad. Su experiencia est\u00e1 pidiendo una presencia real de Dios\nen ella, que se comunica personalmente (M. Garc\u00eda Ord\u00e1s, La persona divina en\nla espiritualidad de Santa Teresa, Roma 1967, pp.68-69).<\/p>\n\n\n\n<p>Este descubrimiento va\nseguido de otros dos, que son: la presencia de Cristo cabe s\u00ed (1560) y la\npresencia de la Trinidad por dentro, en el castillo del alma (1571). Estas tres\nexperiencias marcan su itinerario espiritual.<\/p>\n\n\n\n<p>b. Fundamento de su\npedagog\u00eda sobre la oraci\u00f3n y de la alegor\u00eda del Castillo Interior<\/p>\n\n\n\n<p>La percepci\u00f3n de la\npresencia divina en el alma es el fundamento de su pedagog\u00eda sobre la oraci\u00f3n,\nque consiste en educar para el descubrimiento de esa presencia, a trav\u00e9s de un\nproceso de interiorizaci\u00f3n, que expone particularmente en Camino. Se puede\ndecir que toda su exposici\u00f3n gira en torno a la convicci\u00f3n de la presencia de\nDios que se comunica al alma. Para hablar con \u00e9l, basta ponerse en su presencia\n(C 26,1); no es preciso \u00abir al cielo\u00bb, ni \u00abhablar a voces\u00bb (C 28,2).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEst\u00e1 Su Majestad tan\ncerca de ella que ya no ha menester enviarle mensajeros, sino hablar ella misma\ncon El, y no a voces, porque est\u00e1 ya tan cerca que en meneando los labios la\nentiende\u00bb (V 14,5).<\/p>\n\n\n\n<p>Asimismo, la realidad\nde la presencia divina es el fundamento de Moradas, que concibe el alma como\n\u00abun castillo todo de un diamante o muy claro cristal\u00bb, con \u00abmuchas moradas\u00bb,\nque \u00aben el centro y mitad de todas \u00e9stas tiene la m\u00e1s principal, que es adonde\npasan las cosas de mucho secreto entre Dios y el alma\u00bb (M 1, 1,1 y 3). A partir\nde esta descripci\u00f3n, propone la vida espiritual como un proceso de\ninteriorizaci\u00f3n, que, a trav\u00e9s de gracias m\u00edsticas y de una lenta purificaci\u00f3n,\nllega a la uni\u00f3n perfecta con El y capacita al alma para obrar apost\u00f3licamente\ncon todas sus energ\u00edas (M 7, 4,14).<\/p>\n\n\n\n<p>4. Transformaci\u00f3n por\nla gracia y vida nueva en Cristo<\/p>\n\n\n\n<p>Teresa, al reanudar el\nrelato de su autobiograf\u00eda tras el breve par\u00e9ntesis de los grados de oraci\u00f3n,\nque sigue a su conversi\u00f3n, confiesa: \u00abEs otro libro nuevo de aqu\u00ed adelante,\ndigo otra vida nueva. La de hasta aqu\u00ed era m\u00eda; la que he vivido desde que\ncomenc\u00e9 a declarar estas cosas de oraci\u00f3n, es que viv\u00eda Dios en m\u00ed\u00bb (V 23,1).<\/p>\n\n\n\n<p>a. \u00abOtra vida nueva\u00bb:\ndimensi\u00f3n pascual<\/p>\n\n\n\n<p>La novedad de esta\nvida es sencillamente la vida de gracia. La soteriolog\u00eda cristiana la describe\ncomo una transformaci\u00f3n radical, que afecta al hombre en lo m\u00e1s \u00edntimo de su\nser, como un nuevo nacimiento (Jn 1,13; 3,3-7) o una nueva criatura en Cristo\nJes\u00fas (G\u00e1l 6,15; 2Cor 5,17). La gracia, que nos viene por Cristo y nos configura\ncon \u00e9l, tiene un sentido esencialmente cristol\u00f3gico, que aparece\nparticularmente acentuado por Teresa de Jes\u00fas.<\/p>\n\n\n\n<p>Haci\u00e9ndose eco de las\npalabras de san Pablo (\u00abYa no vivo yo, es Cristo quien vive en m\u00ed\u00bb: G\u00e1l 2,20),\nescribe: \u00abQue no vivo yo ya, sino que Vos Criador m\u00edo, viv\u00eds en m\u00ed\u00bb (V 6,8). En\nparecidos t\u00e9rminos se expresa en una de las Relaciones, paralela al relato de\nVida: \u00abVi\u00e9nenme d\u00edas que me acuerdo infinitas veces de lo que dice San\nPablo&#8230;, que ni me parece vivo yo, ni hablo ni tengo querer, sino que est\u00e1 en\nm\u00ed quien me gobierna y da fuerza\u00bb (R 3,10).<\/p>\n\n\n\n<p>La vida nueva es la\nparticipaci\u00f3n en el misterio pascual de Jesucristo. Teresa la explica con la\nimagen del gusano de seda, que muere y de \u00e9l sale una palomica. De gusano\n\u00abgrande y feo\u00bb se transforma en \u00abuna mariposica blanca, muy graciosa\u00bb (M 5,\n2,2). Esta metamorfosis es la imagen del misterio pascual, de muerte y\nresurrecci\u00f3n, origen del hombre nuevo en Cristo, que se expresa en la\ndial\u00e9ctica paulina del \u00abmorir\u00bb para \u00abvivir\u00bb. Es la expresi\u00f3n pl\u00e1stica del\nmisterio pascual de muerte y vida del cristiano, que tiene lugar por la\nregeneraci\u00f3n bautismal:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abPues crecido este\ngusano&#8230;, comienza a labrar la seda y edificar la casa adonde ha de morir.\nEsta casa querr\u00eda dar a entender aqu\u00ed que es Cristo\u00bb (M 5, 2,4).<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed explica el sentido\nde las palabras del Ap\u00f3stol a los colosenses (Col 3,3-4), que cita como\ncolof\u00f3n:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEn una parte me\nparece he le\u00eddo u o\u00eddo que nuestra vida est\u00e1 escondida en Cristo, o en Dios,\nque todo es uno, o que nuestra vida es Cristo\u00bb (Ib).<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, dice ella, \u00absale\nuna alma de aqu\u00ed, de haber estado un poquito metida en la grandeza de Dios y\ntan junta con El\u00bb (M 5, 2, 7). Entiende \u00abya por experiencia c\u00f3mo ayuda el Se\u00f1or\ny transforma un alma, que no parece ella ni su figura\u00bb (M 5, 2,8).<\/p>\n\n\n\n<p>La culminaci\u00f3n de esta\nvida se describe en las S\u00e9ptimas Moradas como un eco de las palabras de san\nPablo, para quien \u00abla vida es Cristo, y la muerte, una ganancia\u00bb (Fip 1,21),\ncuando afirma: \u00abAs\u00ed me parece puede decir aqu\u00ed el alma, porque es adonde la\nmariposilla que hemos dicho, muere, y con grand\u00edsimo gozo, porque su vida es ya\nCristo\u00bb (M 7, 2,5).<\/p>\n\n\n\n<p>b.&nbsp;\u00abEstado de\ngracia\u00bb: dimensi\u00f3n antropol\u00f3gica<\/p>\n\n\n\n<p>La nueva vida en\nCristo, dentro de la perspectiva antropol\u00f3gica cristiana, comprende el perd\u00f3n\nde los pecados por la justificaci\u00f3n del pecador y la santificaci\u00f3n y renovaci\u00f3n\ninterior por la infusi\u00f3n de la gracia. Se denomina \u00abestado de gracia\u00bb (M 1,\n2,2). Santa Teresa lo contrapone al \u00abestado de pecado\u00bb, que describe en el cap\u00edtulo\nsegundo de las Primeras Moradas.<\/p>\n\n\n\n<p>El pecado destruye la\nimagen resplandeciente de Dios en el castillo interior del alma. Su alegor\u00eda\ndel Castillo Interior, que quiere significar la presencia de Dios en su mismo\ncentro, \u00abadonde pasan las cosas de mucho secreto entre Dios y el alma\u00bb (M 1, 2,3),\ncae totalmente por tierra. Por eso se ve obligada a prevenir sobre las\nconsecuencias del pecado mortal, antes de pasar adelante:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abNo hay tinieblas m\u00e1s\ntenebrosas, ni cosa tan oscura y negra, que no lo est\u00e9 mucho m\u00e1s. No quer\u00e1is\nm\u00e1s saber de que, con estarse el mismo sol que le daba tanto resplandor y\nhermosura todav\u00eda en el centro de su alma, es como si all\u00ed no estuviese para\nparticipar de El&#8230; Ninguna cosa le aprovecha&#8230;; y todas las buenas obras son\nde ning\u00fan fruto para alcanzar gloria&#8230; En fin, el intento de quien hace un\npecado mortal no es contentarle [a Dios], sino hacer placer al demonio, que\ncomo es las mismas tinieblas, as\u00ed la pobre alma queda hecha una misma tiniebla\u00bb\n(M 1, 2,1).<\/p>\n\n\n\n<p>Esta descripci\u00f3n\npl\u00e1stica del pecado est\u00e1 reforzada por la visi\u00f3n que le mostr\u00f3 el Se\u00f1or \u00abc\u00f3mo\nestaba el alma que est\u00e1 en gracia\u00bb y \u00abc\u00f3mo est\u00e1 el alma que est\u00e1 en pecado\u00bb (R\n24). De esta experiencia brot\u00f3 en ella el horror al pecado, el dolor por las\nalmas que se pierden y el deseo de trabajar por su salvaci\u00f3n. De ah\u00ed su grito\npat\u00e9tico: \u00ab\u00a1Oh almas redimidas por la sangre de Jesucristo! \u00a1Entendeos y habed\nl\u00e1stima de vosotras! \u00bfC\u00f3mo es posible que entendiendo esto no procur\u00e1is quitar\nesta pez de este cristal? Mirad que, si se os acaba la vida, jam\u00e1s tornar\u00e9is a\ngozar de esta luz\u00bb (M 1, 2,4).<\/p>\n\n\n\n<p>En las Moradas\ns\u00e9ptimas vuelve a hablar del pecado y del alma que no est\u00e1 en gracia, de su\nesclavitud y de su ceguera, pese a que el Se\u00f1or est\u00e1 en ella d\u00e1ndole el ser:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abDe la que no est\u00e1 en\ngracia, yo os lo confieso, y no por falta de Sol de Justicia, que est\u00e1 en ella\nd\u00e1ndole el ser; sino por no ser ella capaz de recibir la luz&#8230;; que estas\ndesventuradas almas es as\u00ed que est\u00e1n como en una c\u00e1rcel oscura, atadas de pies\ny manos para hacer ning\u00fan bien que les aproveche para merecer, y ciegas y\nmudas\u00bb (M 7,1,3).<\/p>\n\n\n\n<p>La gracia libera de\neste estado de alienaci\u00f3n y de muerte. Si el pecado es esclavitud, oscuridad,\nnoche, muerte, la gracia es libertad, luz, belleza, vida. La Santa explica esta\nrealidad con diversas im\u00e1genes: agua, fuente, jard\u00edn, flores, brasero,\nperfumes&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Ante todo, la gracia\nes la fuente de agua clara, que fecunda su vida: \u00abPorque as\u00ed como de una fuente\nmuy clara, lo son todos los arroyicos que salen de ella, como es un alma que\nest\u00e1 en gracia, que de aqu\u00ed le viene ser sus obras tan agradables a los ojos de\nDios y de los hombres, porque proceden de esa fuente de vida, adonde el alma\nest\u00e1 como un \u00e1rbol plantado en ella\u00bb (M 1, 2,2).<\/p>\n\n\n\n<p>El simbolismo del agua\nen la Santa es uno de los m\u00e1s ricos para explicar el misterio de la gracia. La\ngracia es la fuente de \u00abagua viva\u00bb que salta hasta la vida eterna (Jn 4,15), de\nla que pide al Se\u00f1or que le d\u00e9 a beber (V 30,19; F 31,46; Conc 7). Los cuatro\nmodos de regar el huerto, correspondientes a los cuatro grados de oraci\u00f3n (V\n11,7), presentan la gracia como el agua viva prometida por el Se\u00f1or a la Samaritana\n(M 6,11,5).<\/p>\n\n\n\n<p>Al principio, la\ncorriente surge suavemente: \u00abEs como unas fuentecicas que yo he visto manar,\nque nunca cesa de hacer movimiento la arena hacia arriba&#8230; Siempre est\u00e1\nbuyendo el amor y pensando qu\u00e9 har\u00e1\u00bb (V 30,19). Luego el surtidor se hace\ntorrente, como dos pilones que se hinchen de agua de diferentes maneras (M\n4,2,2-3) y colman al alma \u00abcon grand\u00edsima paz y quietud y suavidad\u00bb (M 4,2,4).\nEl surtidor y el torrente se convierten en mar: \u00abNo parece sino que aquel pilar\nde agua&#8230;, aqu\u00ed desat\u00f3 este gran Dios, que detiene los manantiales de las\naguas y no deja salir la mar de sus t\u00e9rminos, los manantiales por donde ven\u00eda\neste pilar del agua\u00bb (M 6,5,3). Las olas se agrandan y mueven impetuosas la\nnavecilla del alma. Dios ha terminado por absorberla en su oc\u00e9ano (M 7,2,7;\n3,15).<\/p>\n\n\n\n<p>c.&nbsp;La gracia\ninterior: dimensi\u00f3n experiencial<\/p>\n\n\n\n<p>Abordamos aqu\u00ed un\nproblema delicado, pero fundamental en la teolog\u00eda de la gracia de Teresa de\nJes\u00fas: su experiencia. \u00ab\u00bfExiste en Sta. Teresa \u2013se pregunta Tom\u00e1s \u00c1lvarez\u2013 una\nexperiencia directa y expresa de la gracia de la justificaci\u00f3n?\u00bb (T. \u00c1lvarez,\nEstudios Teresianos, III, p. 157).<\/p>\n\n\n\n<p>En su opini\u00f3n, la\nSanta tiene una percepci\u00f3n clara de la gracia como realidad interior, que\ntransforma el alma de ra\u00edz, desde los \u00abtu\u00e9tanos\u00bb (M 5,1,6; Conc 4,2), dej\u00e1ndola\n\u00absellada\u00bb (M 5,2,12) o \u00abesculpida\u00bb (V 22,4; 40,5.10; M 7,2,8), \u00abimprimiendo\u00bb su\ncu\u00f1o en las potencias (V 27,5; 28,9), estampando en lo m\u00e1s hondo del alma la\npresencia de Dios (V 28,8; 38,17; M 5,1,5; 6,1,1), del mismo Dios Trino (R 6,9;\n16; 47; M 7,1,6-7), los misterios de Cristo (V 13,13; M 6,7,9.11), su gloria y\nsu belleza (V 37,4; M 6,9,3) y las \u00abverdades\u00bb divinas (V 38,4.18; M 6,3,7;\n6,4,6; 6,5,11; 6,10,2). Es la gracia, en fin, que la hace part\u00edcipe de la\nnaturaleza divina (2Pe 1,4):<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abPorque la gracia de\nDios ha podido tanto que te ha hecho particionera de su divina naturaleza con\ntanta perfecci\u00f3n que ya no puedas ni desees poder olvidarte del sumo bien ni\ndejar de gozarle junto con su amor\u00bb (E 17,5).<\/p>\n\n\n\n<p>Tiene, asimismo,\npercepci\u00f3n directa del alma justa, que est\u00e1 en gracia en contraste con el alma\nen pecado (R 16,1; 24; 28). El alma en gracia est\u00e1 habitada por la Trinidad (R\n6,9; 33,1). Pero esta comunicaci\u00f3n no se produce cuando el alma est\u00e1 en pecado\n(R 57). Distingue, en fin, la belleza fundamental del alma en cuanto imagen de\nDios y en cuanto dotada de nueva belleza sobrenatural (M 1,1,1; 7,1,1; 7,4,22;\nR 29,1.3; 54; M 5,2.2.7).<\/p>\n\n\n\n<p>Llega tambi\u00e9n, seg\u00fan\nel P. Tom\u00e1s \u00c1lvarez, a una percepci\u00f3n de la infusi\u00f3n de la gracia como\n\u00abconstante influjo sobrenatural\u00bb de Dios en el alma, que se hace\nparticularmente fuerte a partir de la segunda agua (primeras experiencias\nm\u00edsticas) y de las sextas moradas. He aqu\u00ed un testimonio cualificado:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abD\u00e1sele ya un poco de\nnoticia de los gustos de la gloria&#8230;, porque comienza Su Majestad a\ncomunicarse a esta alma y quiere que sienta ella c\u00f3mo se le comunica&#8230; Quiere\nDios por su grandeza que entienda esta alma que est\u00e1 Su Majestad tan cerca de\nella que ya no ha menester enviarle mensajeros, sino hablar ella misma con El,\ny no a voces, porque est\u00e1 ya tan cerca que en meneando los labios la entiende\n[&#8230;] Quiere este Emperador y Se\u00f1or nuestro que entendamos aqu\u00ed que nos\nentiende, y lo que hace su presencia, y que quiere particularmente comenzar a\nobrar en el alma\u00bb (V 14,5-6).<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, se plantea\nel problema de la certeza de la gracia. El Concilio de Trento afirma que \u00abnadie\npuede saber con certeza de fe, en la que es imposible el error, que ha\nconseguido la gracia\u00bb (DzS 1534). Si bien se rechaza un tipo de certeza\nestrictamente dicha, no se descarta una certeza moral, basada en determinados\nsignos. Para Teresa de Jes\u00fas este signo es el amor de Dios: si estamos ciertos\nde tener ese amor, \u00ablo estaremos de que estamos en gracia\u00bb (C 40,2). La\nteolog\u00eda actual habla de una certeza afectiva o experiencial, de car\u00e1cter\nsobrenatural, que es a la que llega la Santa.<\/p>\n\n\n\n<p>En los a\u00f1os de sus\ngrandes crisis iniciales (1556-1560), Teresa se siente, a veces, afligida por\nno saber \u00absi estaba en gracia\u00bb (V 34,10). Pero, superadas estas crisis, \u00abla\nSanta \u2013afirma Tom\u00e1s \u00c1lvarez\u2013 llega a la certeza plena del contenido\nsobrenatural de sus altas experiencias, no s\u00f3lo moment\u00e1neamente mientras est\u00e1\nbajo la actual infusi\u00f3n m\u00edstica, sino habitual y establemente. Por ese mismo\ncamino llega a la certeza del propio estado de gracia. Pero esta seguridad\ntitubea y quiz\u00e1 llega a disolverse frente a los embates de los te\u00f3logos que le\noponen una decisi\u00f3n del Concilio de Trento, de eficacia fort\u00edsima en el \u00e1nimo\nde la Santa. De ah\u00ed sus dudas e incertidumbres acerca de la compatibilidad de\nlas altas gracias m\u00edsticas con el estado de pecado\u00bb (ib p. 158).<\/p>\n\n\n\n<p>5. Crecimiento en la\nnueva vida<\/p>\n\n\n\n<p>a.&nbsp;El dinamismo\nde la gracia<\/p>\n\n\n\n<p>Teresa de Jes\u00fas no\nhabla de la gracia en abstracto. A la luz de estas im\u00e1genes, aparece como algo\nvivo, lleno de frescor y de dinamismo interior, que vivifica, ilumina y recrea\ntodo cuanto se deja alcanzar por su radio de acci\u00f3n. Es el dinamismo de la\ngracia, que marca el itinerario espiritual y que se caracteriza por la\nprogresiva configuraci\u00f3n con Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>En este sentido, hay\nque destacar la fuerza renovadora del encuentro con Cristo y la exhortaci\u00f3n a\nseguir renov\u00e1ndose. Como San Pablo, que a partir del nuevo ser en Cristo\nexhorta al cristiano a despojarse del hombre viejo y a revestirse del hombre\nnuevo (Col 2,11-12; 3,1-15), tambi\u00e9n la Santa exhorta a sus hijas al desasimiento\nde las cosas criadas por la oraci\u00f3n y las obras de penitencia:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab\u00a1Muera, muera este\ngusano, como lo hace en acabando de hacer para lo que fue criado!, y ver\u00e9is\nc\u00f3mo vemos a Dios y nos vemos tan metidas en su grandeza como lo est\u00e1 este\ngusanillo en este capucho\u00bb (M 5,2,6).<\/p>\n\n\n\n<p>La imagen que mejor\nexplica esta realidad cristiana es la del simbolismo nupcial, que tiene su\nfundamento en la misma realidad bautismal: \u00abNosotras estamos desposadas \u2013dice a\nsus monjas\u2013 y todas las almas por el bautismo\u00bb (CE 38,1). A partir de aqu\u00ed,\ncomienza el camino hacia la uni\u00f3n bajo la marcha nupcial. El alma se identifica\ncon la novia del Cantar, que es conducida solemnemente a la sala del fest\u00edn. La\ngracia es su traje de bodas (M 5,1,12).<\/p>\n\n\n\n<p>La imagen nupcial\nculmina en el matrimonio espiritual, descrito en las S\u00e9pti\u00admas Moradas:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEsta alma que ya\nespiritualmente ha tomado por esposa, primero que se consuma el matrimonio\nespiritual m\u00e9tela en su morada, que es esta s\u00e9ptima; porque as\u00ed como la tiene\nen el cielo, debe tener en el alma una estancia adonde s\u00f3lo Su Majestad mora\u00bb\n(M 7,1,3).<\/p>\n\n\n\n<p>A la luz de la imagen\nnupcial, alcanza su pleno desarrollo el simbolismo pascual del gusano de seda,\ntransformado en \u00abmariposilla\u00bb que se abrasa y consume en el sol que arde en el\ncentro del alma. De gusano feo, que se arrastraba lleno de suciedad por el\nlodo, lleg\u00f3 a ser algo tan primoroso por \u00abel calor del Esp\u00edritu Santo\u00bb y el\nauxilio de la gracia (M 5,2,3). El gusano se transforma en mariposa de lindos\ncolores, que surca los aires y, al consumirse en la luz esplendorosa de Cristo,\nresucita en ave f\u00e9nix (M 6,4,3): \u00abAhora, pues, decimos que esta mariposica ya\nmuri\u00f3, con grand\u00edsima alegr\u00eda de haber hallado reposo, y que vive en ella\nCristo\u00bb (M 7,3,1).<\/p>\n\n\n\n<p>b. Colaboraci\u00f3n con la\ngracia<\/p>\n\n\n\n<p>La soteriolog\u00eda\ncristiana proclama la primac\u00eda absoluta de la gracia en orden a la salvaci\u00f3n.\nEs la tesis paulina de la justificaci\u00f3n por la fe, no por las obras de la ley\n(Rom 3,21-22; G\u00e1l 1,17). La experiencia teresiana de la gracia, que hemos\ndescrito, es la mejor testificaci\u00f3n de esta verdad soteriol\u00f3gica.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero Dios no nos trata\ncomo le\u00f1os muertos, sino que pide una respuesta libre y decidida; una\n\u00abdeterminada determinaci\u00f3n\u00bb (C 21,2). La acci\u00f3n salvadora de Dios respeta\nnuestra libertad. \u00abEl que te cre\u00f3 sin ti, no te salvar\u00e1 sin ti. Te cre\u00f3, pues,\nsin t\u00fa saberlo; pero s\u00f3lo te salva con el consentimiento de tu voluntad\u00bb (San\nAgust\u00edn).<\/p>\n\n\n\n<p>La afirmaci\u00f3n de la\nprimac\u00eda absoluta de la gracia y la necesidad de colaborar con ella generan una\ntensi\u00f3n, que cada uno ha de aprender a resolver en su vida cristiana y hacer su\npropia s\u00edntesis. Es la tensi\u00f3n entre fe y obras, de que habla el Ap\u00f3stol,\npresente en toda la historia del cristianismo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfC\u00f3mo resuelve santa\nTeresa este problema? Su respuesta se inspira directamente en la soteriolog\u00eda\npaulina, que se funda en una experiencia del misterio de Cristo, como Mediador\ny Redentor: \u00abEste Se\u00f1or nuestro es por quien nos vienen todos los bienes\u00bb (V\n22,7). Tiene, adem\u00e1s, \u2013como dice Tom\u00e1s \u00c1lvarez\u2013 \u00abn\u00edtida percepci\u00f3n de los m\u00e9ritos\nde Cristo, comunicados a su alma como dotaci\u00f3n personal o como haberes\nsobrenaturales transferidos del Se\u00f1or a ella\u00bb (T. \u00c1lvarez, Estudios Teresianos,\nIII, p. 159) (cf R 51; M 6,5,6).<\/p>\n\n\n\n<p>Este dato nos ofrece\nel primer elemento de la respuesta. Su vida de gracia es el permanente influjo\nde Cristo en ella, como \u00abla cabeza en los miembros\u00bb (Ef 4,15) y como \u00abla vid en\nlos sarmientos\u00bb (Jn 15,5), tal como expone bellamente el c. 16 del Decreto\nsobre la justificaci\u00f3n del Concilio de Trento (1547). As\u00ed lo experimenta ella\nde hecho.<\/p>\n\n\n\n<p>A partir de esta\nexperiencia soteriol\u00f3gica, llega la Santa a la s\u00edntesis de los dos elementos\n\u00abfe y obras\u00bb: \u00ab[Sin mirar e imitar a Cristo] no s\u00e9 c\u00f3mo le podemos conocer ni\nhacer obras en su servicio; porque la fe sin ellas y sin ir llegadas al valor\nde los merecimientos de Jesucristo, bien nuestro, \u00bfqu\u00e9 valor pueden tener?\u00bb (M\n2,5,6).<\/p>\n\n\n\n<p>A la misma s\u00edntesis\nllega tambi\u00e9n a trav\u00e9s del desarrollo de la alegor\u00eda del gusano de seda. Cristo\nes el capullo en que se sepulta y transforma el gusano; al mismo tiempo, esta\ntransformaci\u00f3n es el resultado del \u00abtrabajillo\u00bb de \u00e9ste:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abNo habremos acabado\nde hacer en esto todo lo que podemos, cuando este trabajillo, que no es nada,\njunte Dios con su grandeza y le d\u00e9 tan gran valor que el mismo Se\u00f1or sea el premio\nde esta obra. Y as\u00ed como ha sido el que ha puesto la mayor costa, as\u00ed quiere\njuntar nuestros trabajillos con los grandes que padeci\u00f3 Su Majestad y que todo\nsea una cosa\u00bb (M 5,2,5).<\/p>\n\n\n\n<p>Viene a confirmar esta\ns\u00edntesis del binomio \u00abfe y obras\u00bb el testimonio de una experiencia m\u00edstica:\n\u00abEstando yo una vez deseando de hacer algo en servicio de nuestro Se\u00f1or, pens\u00e9\nqu\u00e9 apocadamente pod\u00eda yo servirle, y dije entre m\u00ed: \u00bfPara qu\u00e9 Se\u00f1or, quer\u00e9is\nVos mis obras? D\u00edjome: \u2018Para ver tu voluntad, hija\u2019\u00bb (R 52).<\/p>\n\n\n\n<p>c.&nbsp;\u00abCon el favor\nde Dios\u00bb: La iniciativa divina<\/p>\n\n\n\n<p>La colaboraci\u00f3n con la\ngracia, expresada en el binomio \u00abfe y obras\u00bb, no hay que entenderla como una\nespecie de sinergismo de la gracia y de las obras humanas, como si \u00e9stas se\nprodujesen independientemente de aqu\u00e9lla, o como si la salvaci\u00f3n fuese el\nresultado de la suma por igual de estas dos fuerzas: la de la gracia y la de\nlas obras. Esta era la tesis del semipelagianismo, combatida en los primeros\nsiglos del cristianismo y que ha reverdecido en la historia bajo determinadas\nformas de rigorismo y de vida cristiana. La afirmaci\u00f3n correcta es que la misma\ncolaboraci\u00f3n humana de las obras est\u00e1 suscitada y mantenida por la gracia\ndivina. La s\u00edntesis teresiana \u00abfe y obras\u00bb as\u00ed lo confirma admirablemente.<\/p>\n\n\n\n<p>La gracia de Dios precede\nsiempre el querer y el obrar del hombre y los acompa\u00f1a: \u00abPues Dios es quien\nactiva en vosotros el querer y la actividad para realizar su designio de amor\u00bb\n(Fip 2,13). Este es tambi\u00e9n el sentido de la oraci\u00f3n lit\u00fargica, que implora la\ngracia divina, en la que tienen su origen \u2013como en su fuente\u2013 las obras buenas,\npara que las acompa\u00f1e y lleve a t\u00e9rmino. Toda la vida cristiana es gracia,\nexistencia regalada, alabanza a Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Teresa de Jes\u00fas llega\na una percepci\u00f3n clara de esta verdad soteriol\u00f3gica, expuesta bajo la f\u00f3rmula\n\u00abcon el favor de Dios\u00bb, que usa como acepci\u00f3n de gracia. Se repite como un\nritornelo en todas sus p\u00e1ginas. Indica un conjunto de auxilios interiores y\nexteriores de la gracia para toda obra buena, que s\u00f3lo puede hacerse con el\nfavor de Dios, pues \u00absin \u00e9ste ya se sabe no podemos tener un buen pensamiento\u00bb\n(V 11,9).<\/p>\n\n\n\n<p>Invoca el favor de\nDios, concretamente, en los comienzos de su vida espiritual, para \u00abhuir de las\nocasiones\u00bb (V 4,9) y \u00abapartarse de los peligros\u00bb (V 8,11). Es necesario para\nemprender el camino de la oraci\u00f3n (\u00absacar agua del pozo\u00bb: V 11,9) y tener \u00e1nimo\npara cosas grandes: \u00abEs imposible conforme a nuestra naturaleza \u2013a mi parecer\u2013\ntener \u00e1nimo para cosas grandes quien no entiende est\u00e1 favorecido de Dios\u00bb (V\n10,6; V 13,2). A \u00ablos que comienzan a ser siervos del amor\u00bb (V 11,1), \u00abp\u00f3neles\ntantos peligros y dificultades delante, que no es menester poco \u00e1nimo para no\ntornar atr\u00e1s, sino muy mucho y mucho favor de Dios\u00bb (V 11,4).<\/p>\n\n\n\n<p>Asimismo, es necesario\nel favor de Dios para progresar en la virtud (V 13,10; C 4,10), en el desprecio\ndel mundo (V 13,4), en el desasimiento (V 21,8; C 15,7); para seguir el camino\nemprendido de oraci\u00f3n (V 16,8), hasta llegar a beber el agua viva de la\ncontemplaci\u00f3n (C 16,6.8; C 19); para ser fiel a las mercedes recibidas (V\n18,4); para perseverar en la gracia (V 31,19; 37,3; M 6,5,12; 8,6; 10,3); en\nfin, para ser santos:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abDios nos libre,\nhermanas, cuando algo hici\u00e9remos no perfecto decir: \u2018no somos \u00e1ngeles\u2019, \u2018no\nsomos santas\u2019. Mirad que, aunque no lo somos, es gran bien pensar, si nos\nesforzamos, lo podr\u00edamos ser, d\u00e1ndonos Dios la mano; y no hay\u00e1is miedo que\nquede por El, si no queda por nosotras. Y pues no venimos aqu\u00ed a otra cosa,\nmanos a labor, como dicen: no entendamos cosa en que se sirve m\u00e1s el Se\u00f1or, que\nno presumamos salir con ella con su favor. Esta presunci\u00f3n querr\u00eda yo en esta\ncasa, que hace siempre crecer la humildad: tener una santa osad\u00eda, que Dios\nayuda a los fuertes y no es aceptador de personas\u00bb (C 16,12).<\/p>\n\n\n\n<p>En el \u00faltimo tramo del\nitinerario espiritual, el favor de Dios se intensifica y se convierte en\nauxilio especial, que se concreta en \u00abfavores\u00bb (M 6,3,17), \u00abmercedes,\n\u00abregalos\u00bb, \u00abbienes sobrenaturales\u00bb&#8230; Son gracias m\u00edsticas, que caracterizan el\nestado de uni\u00f3n contemplativa y que no pueden alcanzarse con el s\u00f3lo favor\nordinario de Dios: \u00abEl alma no puede por s\u00ed llegar a este estado, porque es\ntodo obra sobrenatural que el Se\u00f1or obra en ella\u00bb (V 22,1). Se necesita una\ngracia o auxilio especial, que Teresa llama \u00absobrenatural\u00bb&nbsp;(Sobre\u00adnatural).<\/p>\n\n\n\n<p>Concluyendo, queremos\ndestacar la importancia de la gracia en la experiencia teresiana y en la\nsoteriolog\u00eda cristiana. Teresa es un testimonio cualificado de la econom\u00eda de\nla gracia dentro de la Iglesia. Ciertamente, no habla de ella como te\u00f3logo,\naunque no desconoce las cuestiones m\u00e1s candentes de su tiempo. Habla desde la\nmaravillosa experiencia, que Dios hizo con ella. Fue, ante todo, \u00abun testigo\nexcepcional de la realidad de los valores sobrenaturales existentes en el alma\npropia y en la de todo justificado\u00bb (T. \u00c1lvarez, Estudios Teresianos III, p.\n170). Esta es su gran aportaci\u00f3n a la soteriolog\u00eda cristiana, que ratifica al\nte\u00f3logo en la verdad de su reflexi\u00f3n y le infunde un nuevo aliento de vida.<\/p>\n\n\n\n<p>BIBL. \u2013 T. \u00c1lvarez,&nbsp;Santa\nTeresa de Jes\u00fas contemplativa, en \u00abEstudios Teresianos\u00bb, III, pp. 154-163, (\u00abEl\nmisterio de la gracia\u00bb); F. Dom\u00ednguez Reboiras, \u00abEl amor vivo de Dios\u00bb. Apuntes\npara una teolog\u00eda de la gracia desde los escritos de Santa Teresa de Jes\u00fas\u00bb, en\n\u00abCompostellanum\u00bb 15 (1970), 5-59; S. Castro, La vida y la luz, la muerte y las\ntinieblas. Gracia y pecado, en \u00abTemas Teresianos\u00bb, \u00c1vila 1987, pp. 147-154.<\/p>\n\n\n\n<p>Ciro Garc\u00eda<\/p>\n\n\n\n<p>Todos los derechos:&nbsp;<em>Diccionario Teresiano<\/em>,\nGpo.Ed.FONTE<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1. Terminolog\u00eda La terminolog\u00eda teresiana sobre la gracia es muy rica y variada. No se limita al t\u00e9rmino \u00abgracia\u00bb, sino que comprende otros muchos. Destacan los siguientes: merced\/es (bienes, beneficios, regalos), gracia\/s, misericordia\/s (bondad, perd\u00f3n), favor\/es, auxilio, natural-sobrenatural. El orden &hellip; <a href=\"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4838\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":""},"categories":[21],"tags":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p2dsrC-1g2","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4838"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=4838"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4838\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4839,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4838\/revisions\/4839"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=4838"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=4838"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=4838"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}