{"id":4841,"date":"2015-02-02T16:51:09","date_gmt":"2015-02-02T22:51:09","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4841"},"modified":"2022-02-02T16:52:16","modified_gmt":"2022-02-02T22:52:16","slug":"hombre-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4841","title":{"rendered":"Hombre"},"content":{"rendered":"\n<p>La antropolog\u00eda\nteresiana precisa por su hondura, amplitud y originalidad de una reducci\u00f3n un\ntanto violenta a esquema, pero orientativa de la investigaci\u00f3n personal. 1.\nAnatom\u00eda del alma. 2. Antropolog\u00eda teol\u00f3gica asumida por T. 3. Antropolog\u00eda m\u00edstica,\ny 4. Simb\u00f3lica b\u00e1sica del hombre seg\u00fan T.<\/p>\n\n\n\n<p>1. Anatom\u00eda del alma<\/p>\n\n\n\n<p>Un primer acercamiento\nexige el estudio arquitect\u00f3nico del hombre o de la nomenclatura y de los\ndiversos instrumentos de an\u00e1lisis que usa la autora para testificar su\nexperiencia y trasladarnos su idea del hombre, su modo de realidad y posibles\nrelaciones. La anatom\u00eda y la geometr\u00eda del esp\u00edritu seg\u00fan santa Teresa se\ndescribe en planta y alzado del alma o de la persona. Natural, naturaleza,\ncarne y esp\u00edritu, cuerpo y alma, exterior e interior, alto y bajo, centro y\nperiferia, superficie y hond\u00f3n son pares que le sirven de polos sobre los que\nhacer girar y crecer su \u00absistema\u00bb de observaciones que atribuye a una u otra\nesfera de lo humano. Su instrumental conceptual y su utillaje te\u00f3rico son sencillos\ny dependientes de su nivel cultural y de su aceptaci\u00f3n, no sin incomodidad a\nveces, de la panoplia que le ofrecen sus fuentes y \u00ablecturas\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Explorar el\nvocabulario psicol\u00f3gico y alcanzar sus nociones vagas y gen\u00e9ricas de filosof\u00eda\nes s\u00f3lo un primer paso. B\u00e1sicamente se compone de elementos simples: sentidos\nexternos e internos, potencias (111 v. + 9 en singular), capacidades,\nfacultades; entendimiento, intelecto, inteligencia, mente (2 v); mental,\nsiempre adjetivando a oraci\u00f3n (65 v.), imaginaci\u00f3n, memoria, fantas\u00eda;\nvoluntad, coraz\u00f3n, pasiones (12 v.), apetitos, deseos y deseo (categor\u00eda\ncentral para D. Vasse), sentimientos, deleite y dolor, gusto, tacto, o\u00eddo,\nolfato (nunca as\u00ed, ver olor y \u2018olores\u2019), vista (ojos), etc. Su correspondiente\ndin\u00e1mica de sensaci\u00f3n, percepci\u00f3n y \u00abteor\u00eda del conocimiento\u00bb subyacente nos\nofrecer\u00eda, en un primer paso obligado, la \u00abfisiolog\u00eda\u00bb rudimentaria del alma\nseg\u00fan santa T Pero este planteamiento no dar\u00eda sino una imagen plana del\nhombre, la com\u00fan al tiempo y la vulgarizada de la cultura popular de entonces\nen que T bebe. A lo m\u00e1s nos acercar\u00eda a la literatura y a la jerga espiritual o\n\u00abde los espirituales\u00bb de entonces. Ciertamente T ha aprovechado su \u201cpropio\ntrabajo imaginativo\u201d sobre la sensaci\u00f3n material para su exploraci\u00f3n interior y\npara su pedagog\u00eda oral y escrita. Pero no es lo mental, ni la voluntad o el\ndeseo lo determinante del h. en Teresa; sus potencias ps\u00edquicas son aun \u00abel\nnatural\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>De esta exploraci\u00f3n\n\u201canat\u00f3mica\u201d del alma no obtendr\u00edamos m\u00e1s que el cl\u00e1sico esquema: 1. vida\nsensible: \u00e1mbito de la afectividad: 1.1.1 concupiscible (deseo, gozo, amor&#8230;\netc.); 1.1.2 irascible (audacia, temor, dolor&#8230;); \u00e1mbito del conocimiento:\n1.2.1 sentidos externos (vista, o\u00eddo, tacto&#8230;). 1.2.2 sentidos internos\n(sentido com\u00fan, imaginaci\u00f3n, memoria sensitiva, fantas\u00eda, estimativa&#8230;). 2.\nvida espiritual: 2.1 afectividad: 2.1.1 voluntad y 2 conocimiento, 2.2.1\ninteligencia.<\/p>\n\n\n\n<p>2. Antropolog\u00eda\nteol\u00f3gica<\/p>\n\n\n\n<p>Sobre ellos habr\u00eda\ndespu\u00e9s que trazar el plano de la antropolog\u00eda teol\u00f3gica o del hombre nuevo en\nCristo, que vive por el bautismo. Este plano es un plan, es decir tiene forma\nhist\u00f3rica y presentaci\u00f3n de relato, aunque con consecuencias sistem\u00e1ticas. Se\ncompone de las siguientes fases: La misericordia original, el pecado y sus consecuencias\ny la reiterada llamada a la comuni\u00f3n de alianza esponsal.<\/p>\n\n\n\n<p>La terminolog\u00eda\nteol\u00f3gica est\u00e1 presente y activa: Gracia habitual (\u00abparticionera de su divina\nnaturaleza\u00bb: E 17,5) y actual (dones, mercedes, regalos, beneficios); auxilio\nparticular o general (V 14,6; M 3,1,2; 5,2,3), pecado y perd\u00f3n (R 66; V 20,28;\nM 3,1,3) son conceptos bien asimilados y usados con precisi\u00f3n t\u00e9cnica por T.\nVirtudes teologales y h\u00e1bitos morales, m\u00e9rito merecimiento\u00bb (M 7,3,14; R 6,1)\nson nociones teresianas que transportan su idea de la vida teologal o\nrelacional del hombre en Cristo. Se completa con nociones como inhabitaci\u00f3n y\npresencia, sacramentos, dones del Esp\u00edritu, carismas, incorporaci\u00f3n m\u00edstica y\neclesialidad de su concepto del hombre. Su peculiar modo de enfocar la\ndial\u00e9ctica natural-sobrenatural tambi\u00e9n merece atenci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Si hacemos esa\ninvestigaci\u00f3n afirmar\u00edamos y comprobar\u00edamos su visi\u00f3n existencial, din\u00e1mica y\npersonalista de la vida del hombre \u00aben\u00bb o bajo la gracia.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre es objeto de\nobservaci\u00f3n minuciosa, con curiosidad femenina e introspecci\u00f3n continua e\nintensa. T llega a lo profundo de \u00abs\u00ed misma\u00bb para saber su verdad y la verdad\ndel hombre; ha practicado el socr\u00e1tico \u00abcon\u00f3cete a ti mismo\u00bb; pero con T. \u00c1lvarez\npodemos afirmar que \u00abT pose\u00eda una noticia precaria de lo que es el alma: noci\u00f3n\nvaga o gen\u00e9rica de su espiritualidad, de sus potencias, de su profundidad. De\naspectos m\u00e1s delicados y complejos sus conocimientos eran mucho m\u00e1s precarios.\nAs\u00ed, de su misteriosa estructura espiritual, de sus relaciones ontol\u00f3gicas con\nla divinidad (Dios presente e inmanente) de su riqu\u00edsima potencialidad y\nvirtualidad frente a lo sobrenatural.\u00bb Siguiendo al mismo autor (EstTer III,\n117) podemos resumir la contemplaci\u00f3n o experiencia m\u00edstica del hombre (alma)\nseg\u00fan T en estos aspectos:<\/p>\n\n\n\n<p>T descubre al hombre\ncolmado de valores y belleza. En M1, 2 se dedica a este encarecimiento. El\nhombre vale por su alma ante todo; ella da valor al cuerpo y a las cosas (R 54;\ncta a Graci\u00e1n 13.12.76; C 28,9-12; V 40,56 y M2,2), pero es primero el alma en\nel orden del valor. Porque es imagen de Dios en su ser natural (M 1,1,1; R 54).<\/p>\n\n\n\n<p>Teresa ha explorado la\npropia alma, el ser del hombre en fin, guiada y en di\u00e1logo con la fe y con el\nCristo que la habla m\u00edsticamente: distinci\u00f3n de alma y potencias, entre\nentendimiento y fantas\u00eda; la independencia de las potencias espirituales, las\ndiversas moradas como formas de actuaci\u00f3n m\u00e1s intensa de lo humano; el centro\ndel alma desde donde Dios activa el nuevo ser del hombre.<\/p>\n\n\n\n<p>El descubrimiento del\nmanantial de lo sobrenatural en el hombre, la alegor\u00eda de los pilones que se\nensanchan, (M 7,2,6; 1,2; R 61), la visi\u00f3n del hombre en gracia y en pecado (M\n1,2,3.5; 7,1,3; R 24; V 40, 5), la percepci\u00f3n \u00abm\u00edstica\u00bb de la divisi\u00f3n entre\nalma y esp\u00edritu (R 29,1; R 61; M6,5,9; M 7, t\u00edt. 1.10-11; 2,3; 2,10), la\nrevelaci\u00f3n de la m\u00faltiple y mutua presencia de Dios al h. (por esencia,\npresencia y potencia), la inmanencia, inmensidad y continencia de Dios (M\n6,3,2-3; V 40,9-10, R 61, 45 y 18; V 10,1), la inhabitaci\u00f3n experimentada y\nconceptualizada R 6,9; R 16; M 6,1,6-7, todos estos \u00abmisterios del hombre\u00bb han\nsido explorados con la ayuda de su percepci\u00f3n m\u00edstica. Al fin para T el hombre\nes el campo de observaci\u00f3n de la obra de Dios en el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>3. Antropolog\u00eda\nm\u00edstica<\/p>\n\n\n\n<p>Dentro de esta imagen\nteol\u00f3gica del hombre hemos de explorar la antropolog\u00eda m\u00edstica y su despliegue\nprevio en fase asc\u00e9tica, donde la antropolog\u00eda teresiana, como todas se vuelve\npropuesta \u00e9tica, est\u00e9tica y pedag\u00f3gica.<\/p>\n\n\n\n<p>Propone primero como\nmedios de hominizaci\u00f3n: conocimiento propio, desasimiento, oraci\u00f3n vocal y\nmental, disciplina, ejercicios de actitudes, \u00abvirtudes\u00bb sociales, ante todo.\nEducaci\u00f3n y aprendizaje que imponen rupturas necesarias para hacer al h.\nunificado y \u00abarmonizado\u00bb: recogimiento, quietud, cautelas, mediaciones\nsacramentales, di\u00e1logos o discernimientos y fuertes determinaciones\nindispensables.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya en la fase m\u00edstica\nanaliza la realizaci\u00f3n del hombre en comuni\u00f3n con Dios: \u00e9xtasis, trance,\narrobamiento, nuevos sentidos espirituales y potencias (ver, o\u00edr, gustar, oler,\nsentir) e. d. visiones, hablas, sentimientos, toques, vuelos, heridas y\nvirtudes infusas, dones y carismas, con apropiaci\u00f3n de una nueva habilidad\nest\u00e9tica: \u00abgozo\u00bb, \u00abregalo\u00bb, \u00abdeleite\u00bb y \u00abcontento\u00bb, \u00abpena\u00bb; y con\ndescubrimeinto de nuevas \u00abregiones\u00bb de lo humano: abismo, hond\u00f3n del alma (M\n7,1,7; 6,11,2; 7,3,14; 4,2,6; 7,2,3), centro (M 7,2,3.10; 6,4,6-8), entra\u00f1as\ndel alma (M 6,2,4.6-8), los tu\u00e9tanos (M5,1,6; Conc 4,2); la \u00abc\u00e1mara real\u00bb (M\n6,4,8; 7,2,9), la morada del centro, \u00abel aposento de cielo emp\u00edreo que debemos\ntener en lo interior\u00bb (M 6,4,8; cf 7.2,9), \u00ablo superior de la voluntad\u00bb (R\n29,1), \u00abel tabern\u00e1culo de Dios\u00bb (M 7,3,13).<\/p>\n\n\n\n<p>Es este punto de la\ncontemplaci\u00f3n infusa del misterio del h. lo que a\u00f1ade valor filos\u00f3fico,\nteol\u00f3gico y eclesial a su mensaje antropol\u00f3gico. Sin este plano nada de lo\nteresiano se explica ni justifica.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero aun despu\u00e9s de\ndescribir as\u00ed al hombre desde su meta y cumbre, mucho de la idea del hombre\nespec\u00edficamente teresiana quedar\u00eda fuera. Su presentaci\u00f3n es existencial, es\ndecir, no conceptual sino narrativa y simb\u00f3lica. Se despliega en estas fases.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre ha nacido de\nla misericordia y \u00e9sta le envuelve, pero est\u00e1 situado en campo de nadie, en el\npecado y en la gracia, afectado de carne (\u00abruindad\u00bb \u00abmiseria\u00bb), infectado de\nmundo y de pecado social (\u00abhonra\u00bb y \u00abcodicia\u00bb), hecho de tiempo y herido de\nmuerte. Pero a su vez puede vivir todas estas determinaciones existenciales y\ntrascendentales, bajo el efecto de una determinaci\u00f3n existencial m\u00e1s poderosa:\nel encuentro con Cristo. La condici\u00f3n religada, corporal y mundanal, cultural y\nsocial, espiritual y personal, temporal y mortal del h., ha sido padecida y\nresuelta por Teresa en su propio drama vital. Su mejor obra ha sido construir\nsu persona en estas condiciones humanas convertida a Cristo de modo singular.\nVivir humana y femeninamente con tal grandeza y verdad, aventurando todo por su\namor y su proyecto de vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s, en sus\nescritos, T observa y analiza estas condiciones trascendentales del hombre en su\nplano prioritariamente religioso, con su genio y sensibilidad afectados por la\ncondici\u00f3n femenina, familiar, aurisecular, cristiana y carmelita. Analizar la\nvivencia de la labilidad humana (\u00abruindad\u00bb, \u00abmajestad\u00bb y \u00abse\u00f1or\u00edo\u00bb) del tiempo\n(\u00abtodo se pasa\u00bb, \u00abpara siempre, siempre\u00bb), de la escisi\u00f3n que nos habita y\ndeshace en tensi\u00f3n (deseos y alcances), de la muerte con su riesgo y ventura (V\n38,5; M 7,3,7, Vivo sin vivir en m\u00ed; V 29,8; R 1,3, etc.), de la condici\u00f3n\nespiritual en fin del h., vale decir, abierta a la trascendencia. Atender al\nmodo peculiar que T ofrece de este an\u00e1lisis existencial ser\u00eda completar m\u00e1s\najustadamente la presentaci\u00f3n teresiana de lo humano.<\/p>\n\n\n\n<p>4. La simb\u00f3lica\nteresiana<\/p>\n\n\n\n<p>Importa y se impone,\npues, todav\u00eda otro acceso al mensaje de T sobre le hombre.<\/p>\n\n\n\n<p>Ni la terminolog\u00eda\nfilos\u00f3fica ni la arquitectura o topograf\u00eda del esp\u00edritu dan idea cabal de lo\nque Teresa sabe de la persona humana. Hay que intentar un acercamiento m\u00e1s\noriginal, profundo y personal a trav\u00e9s de la rica simb\u00f3lica en la que se\nvierten y subrayan sus genuinas intuiciones sobre las notas caracter\u00edsticas del\n\u00abhombre\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>No importa ahora mucho\nprecisar el indefinible concepto de s\u00edmbolo. Basta juntar las fuerzas\nsimb\u00f3licas congregadas por la autora alrededor de varias im\u00e1genes y creaciones\npo\u00e9ticas que viven o subyacen en muchos soportes textuales: s\u00edmiles, alegor\u00edas,\nim\u00e1genes y met\u00e1foras. Excluir algunos s\u00edmbolos m\u00e1s comunes (el Viaje, la\nBatalla, el H\u00e9roe) puede ser peligroso, pero es preferible elegir los m\u00e1s suyos\npara percibir lo original de su an\u00e1lisis en este campo.<\/p>\n\n\n\n<p>Las im\u00e1genes son\ndin\u00e1micas, como la presentaci\u00f3n teresiana de la persona humana. No es\nsistem\u00e1tico ni org\u00e1nico su mensaje. No hay que decirlo. Din\u00e1micas quiere decir\nque en ellas no hay s\u00f3lo un valor descriptivo, objetivo o referencial, sino que\napelan y afectan al lector en zonas hondas y extensas de su afectividad y\nvoluntad. De hecho toda imagen trata de imponer o proponer por su misma\npresentaci\u00f3n un comportamiento, un compromiso, un camino. No tienen valor objetivo\nni solo est\u00e9tico o cosm\u00e9tico, sino que tienen valor de propuesta \u00e9tica y\nreligiosa. Indican y exigen al hombre entenderse como camino y en respuesta.\nAlgunas son privilegiadas por la autora:<\/p>\n\n\n\n<p>1. El hombre es un\njard\u00edn (V 11-21) con fuente y pozo, un huerto y para\u00edso que ha de cultivarse;\ncampo a la intemperie abierto a la lluvia y con una fuente alumbrada en su\nprofundidad. Lo m\u00e1s propiamente humano es ser campo de posibilidades\nnecesitadas de forzado trabajo, aunque a cielo abierto, pues, bajo la gracia,\nes f\u00e9rtil y feliz, si acoge esas posibilidades y las transfigura por su\ncooperaci\u00f3n interior y su compromiso moral. La semilla bautismal se ha de\nacoger y explotar. Ha de fecundar todas las relaciones. Entre \u00e9stas la\ndeterminante, el agua de la vida, es la relaci\u00f3n con el Dios Personal; \u00e9sta\nfunda las dem\u00e1s relaciones. \u201cCultivo\u201d en T equivale a disposici\u00f3n para recibir\npor uno u otro medio el don personal de la amistad: esfuerzo humano en diverso\ngrado de cooperaci\u00f3n. H. es un ser con dos fuentes en su vida, una lejana y\notra interior (M 4) que al golpe de aquella puede manar y rebosar. La vida del\nh. tiene al fin m\u00e1s de don que de conquista.<\/p>\n\n\n\n<p>La alegor\u00eda de los\ncuatro modos de regar no deja de se\u00f1alar, que en principio el hombre solo sabe\nde s\u00ed que desea, que tiene sed, pero ha de aprender a obedecer y recibir a\nquien le llama, ha de trabajar, \u00abahondar\u00bb para encontrar la fuente profunda e\ninterior que le desbordar\u00e1; ha de abrirse para que el diluvio le inunde. Eso es\nconversi\u00f3n: \u00abestaba muy desconfiada de m\u00ed y pon\u00eda toda mi confianza en Dios\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>2. El hombre es un\ncastillo (Moradas, passim) de m\u00faltiples moradas, pero habitado por un Hu\u00e9sped\nmisterioso y llamado a ser habitado y conquistado por su propio due\u00f1o. Es\nsagrado, pues se abre al abismo de Dios. El s\u00edmbolo azuza y se\u00f1ala la\npretensi\u00f3n infinita de ser este castillo interior capaz de Dios. El h. no est\u00e1\nsolo. \u00abVeo secretos en nosotros mismos que me traen espantada muchas veces \u00a1Y\ncu\u00e1ntos m\u00e1s debe haber!\u201d (M 4,2,5). \u00abJam\u00e1s nos acabamos de conocer si no procuramos\nconocer a Dios\u00bb (M 1,2,9). En Dios puede el h. reconocer su identidad, el\nmisterio de su libertad, la amplitud de su infinitud deseante. El original de\nsu imagen derivada. Moradas, castillo y facetas del diamante hablan de\npluralidad que, si eventualmente viven en guerra civil, progresivamente se\nunifican y armonizan. Siete moradas son \u00absiete fases del proceso espiritual,\npero a la vez siete estratos del esp\u00edritu\u00bb (T. \u00c1lvarez). La claridad del\ndiamante y del espejo (V 40,5) hablan del misterio de la conciencia trasparente\ny claro reflejo del mundo, de s\u00ed mismo y donde se puede \u00abver\u00bb y encontrar la\nhuella valiosa, reciente y bell\u00edsima de la diamantina imagen impresa de Dios.\nLa imagen de Dios es un hombre: Jesucristo. Proyecto absoluto del hombre. En el\ns\u00edmbolo del Castillo hay una propuesta por la que T ense\u00f1a al h. no solo a\nentenderse, sino a enfrentarse con los pavoroso fantasmas de la interioridad y\na enfrentar su manera de estar ante Dios acompa\u00f1ados de Cristo. Estar no s\u00f3lo\nante, sino con Dios, dialogar, entregarse a su fuerte atracci\u00f3n, caer en su\ncentro de gravedad es llegar a la ultima morada del hombre inquieto.<\/p>\n\n\n\n<p>3. El hombre es un\ncamino (Camino de Perfecci\u00f3n). No s\u00f3lo tiene camino ante sus pies, sino que \u00e9l\nmismo es para s\u00ed territorio a recorrer, conquistar y dominar para entregarlo.\nHa de abandonarse a s\u00ed mismo y buscar. Ha de desasirse de lo pose\u00eddo y\ntrasladarse a lo no visto y sabido. Por eso no hay h. sin humildad. Sin despojo\nde lo conocido y abnegaci\u00f3n de s\u00ed mismo y de sus apariencias y esclavizantes\nfiguras sociales (honra y linaje). Eso es caminar. Se traslada, se transciende\nsolo quien, conocida su menesterosa necesidad, sale de s\u00ed y camina hacia el\nencuentro. Recogerse, caminar hacia dentro, entrar para transcenderse, es la\nley teresiana para la realizaci\u00f3n personal. S\u00f3lo sale quien se da. Humildad,\ndesasimiento y amor componen las actitudes b\u00e1sicas del camino, del \u201chomo\nviator\u201d y del seguidor de Cristo. Ese \u00abderroque\u00bb desarmado de la propia\nvoluntad y pertenencia, esa libre dimisi\u00f3n de la propia existencia en Otro\nAmado y en su voluntad es lo que hace camino y constituye al hombre, esto le\nconvierte en caminante, le yergue sobre el polvo horizontal y le libra de vivir\nsometido al fijo, ciego y certero instinto animal.<\/p>\n\n\n\n<p>Este camino com\u00fan de\nhumanidad se prolonga en T en un camino m\u00edstico hecho de transportes,\ntraspasamientos y salidas de s\u00ed, de vac\u00edos y soledades, de desasosiego y\ndesaz\u00f3n, de \u00edmpetus y fatigas, de penas y ansias que destierran y exilian al\nh., de arrebatos, arrobamientos y anhelos desalados&#8230; Camino vertical, vuelo\nsin fin.<\/p>\n\n\n\n<p>4. El hombre es gusano\ny cris\u00e1lida (M 5). El hombre ha de trasformarse. El s\u00edmbolo marca la distancia\nentre lo natural dejado a su fluir espont\u00e1neo y el destino de gracia\nintroducido por la novedad cristiana. Una \u00absimiente como granos de pimienta\u00bb.\nMarca la discontinuidad o continuidad insospechada y sorprendente entre ser hombre\ny ser hombre en Cristo hombre. Nadie dir\u00eda que la \u201cmariposica\u201d, la \u201cpalomica\nblanca\u201d es fruto de aquella simiente de aquel \u00abgusano grande y feo\u00bb que se\nencerr\u00f3 en el \u00abcapuchillo muy apretado\u00bb. La metamorfosis teresiana indica que\nla gracia obliga a cambios radicales. Cambio ontol\u00f3gico en el bautismo primero\ny operaci\u00f3n existencial y vivencial paso a paso despu\u00e9s en la vida espiritual.\nSe habla de muerte y destrucci\u00f3n total pues \u00abel gusanillo pierde la vida en la\ndemanda\u00bb. Vida y muerte del hombre nuevo y viejo en Cristo, \u00abesta casa donde ha\nde morir es Cristo\u00bb. Dial\u00e9ctica que viene marcada por el poder de la cruz y la\nnecesidad de la muerte en Cristo para rehacer al h. en su integridad. Se habla\naqu\u00ed de la noche y de la total desfiguraci\u00f3n que comporta el camino del hombre\nsujeto a dolor y muerte. El gusano tiene un proyecto gen\u00e9tico, pero ha de\n\u2018entrar\u2019 y morir para alcanzar su fin. El hombre que consiente a la virtualidad\nde las realidades sobrenaturales se trasforma \u2013no sin dolor\u2013 en lo que no parece\nposible alcanzar: mariposica con alas, con inocencia, belleza y libertad.<\/p>\n\n\n\n<p>5.&nbsp;El hombre es\nuna esposa y un amigo. (Conc et passim). Si no hay di\u00e1logo no hay hombre. Si no\nse da a la amistad y disfruta de intimidad, no hay crecimiento personal. El\ns\u00edmbolo de la Esposa y el Amigo indican de su condici\u00f3n que el h. es alguien\nque recibe dignidad en y a trav\u00e9s de la uni\u00f3n. La esposa es insuficiente por s\u00ed\ny en su soledad, reclama otra Presencia a su lado, esposa es un ser dimidiado,\nmitad de un todo que espera el completo en la uni\u00f3n. No hay hombre solo. Esposa\no novia indica incompletez y apertura, ansiedad y esperanza, deseo y\ntrascendencia. La nupcialidad es tambi\u00e9n otro trascendental del hombre. La\nmisma componente transporta el s\u00edmbolo de la amistad: entender e interpretar la\naventura humana como historia y trato de amistad es entenderse ante Dios y ante\nlos hombres en solidaridad radical. Revela el s\u00edmbolo ante todo la \u2018corameidad\u2019\nhumana, el hombre \u201cvive ante\u201d otro, en f\u00f3rmula teresiana, \u201ccabe el Se\u00f1or\u201d y frente\na quien responde en libertad y en dependencia. Esposa alude tambi\u00e9n a la\npasi\u00f3n. El h. recibe m\u00e1s que tiene y obtiene m\u00e1s que alcanza, porque la gracia\nle precede y acompa\u00f1a. El hombre, como la esposa, recibe en la comuni\u00f3n y da\nm\u00e1s de s\u00ed que lo que posee de suyo, es capaz de lo que no puede por s\u00ed. Es\nfecundado. M\u00e1s que satisfacer, puede \u00absatispadecer\u00bb. La pasividad es fen\u00f3meno\nhumano no s\u00f3lo m\u00edstico. Padecer es una posibilidad pasiva inconmensurable. El\nhombre vive cuidado por otro, encomendado, ofrecido a, entregado. Administra\ndones encargados. Su honor y estima los posee en precario.<\/p>\n\n\n\n<p>5. La din\u00e1mica de lo\nhumano<\/p>\n\n\n\n<p>Teresa conoce al h. en\ns\u00ed misma y pasa de la ignorancia (pobre informaci\u00f3n filos\u00f3fica) a la sabidur\u00eda\nsobre el h.; sabidur\u00eda recibida y aprehendida no sin sorpresa, \u00abespanto\u00bb y\nl\u00e1stima ante lo que el h. ignora de s\u00ed mismo. Ignora su linaje, patria,\ncondici\u00f3n, sus posibles y derechos. Del h. sabe T lo que sabe de s\u00ed misma, pero\nno s\u00f3lo lo enumera y cuenta, busca siempre la correspondencia con la\nrevelaci\u00f3n, busca que sea verdad, no arbitrario deliquio.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre tiene dadas\nalgunas condiciones y posibilidades inmensas, pero las ha roto y desastrado. Es\nlibre, pero no se ha de inventar a s\u00ed mismo, est\u00e1 actuando en \u00e9l el poder de\nuna imagen y semejanza (en todos los hombres) o de una verdad (en bautizados):\nla Humanidad de Cristo. El h. no es su principio. \u00abCabe s\u00ed\u00bb lo tiene y \u00abdentro\nde s\u00ed\u00bb se encuentra. Ha de trasformarse en Cristo para alcanzarse a s\u00ed mismo.\nNo se conoce. No se domina, no se entrega. Ha de salir de s\u00ed. El \u00e9xtasis\nm\u00edstico (M 6) no es sino un impulso para el \u00e9xtasis de amor eficaz (M 7). Deus\nfacit, homo fit.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre ha de\nacometer con resoluci\u00f3n y caminar con determinaci\u00f3n hasta y para \u00aballegarse a\u00bb\nquien le plenifica. Un hombre no le ha de abandonar: Jes\u00fas. Cristo de Dios cuya\nHumanidad Sacra\u00adt\u00edsima es el medio indeclinable de toda humana realizaci\u00f3n.\nEsta confesi\u00f3n es el centro de la antropolog\u00eda de T, que en buena medida, es\nuna cristolog\u00eda solapada en la autobiograf\u00eda trasparente que urde en cada\np\u00e1gina. Pues no conoce otro modo de realizaci\u00f3n humana que el di\u00e1logo (de\noraci\u00f3n, amor y obras) con Dios en la intimidad y en la publicidad. Por m\u00ed y\npara m\u00ed Cristo vino, habl\u00f3, naci\u00f3, padeci\u00f3, obedeci\u00f3 y muri\u00f3: Este enfoque personalista\nes el primer factor personalizante que conoce T El h. para ella es alma. Vale\ndecir: \u00abuna figura ejemplar de existencia&#8230;\u00bb una forma paradigm\u00e1tica de vivir\nla experiencia religiosa en un mundo que comienza a secularizarse. No busca\nenriquecer su personalidad ni necesita afirmarla por la autoestima. Su\nrealizaci\u00f3n est\u00e1 en el encuentro, di\u00e1logo, amistad. En la relaci\u00f3n de amor y\napertura con Cristo hombre. Y en \u201cacostumbrarse a enamorarse mucho de su\nsagrada Humanidad y traerle siempre consigo y hablar con El, pedirle para sus\nnecesidades y quej\u00e1rsele de sus trabajos, alegrarse con El en sus contentos y\nno olvidarle por ellos, sin procurar oraciones compuestas, sino palabras\nconforme a sus deseos y necesidad\u201d (V 12,2).<\/p>\n\n\n\n<p>BIBL. \u2013 M. I.\nAlvira,&nbsp;Visi\u00f3n de l\u2019homme selon Th\u00e9r\u00e8se d\u2019\u00c1vila. Une philosophie de\nl\u2019hero\u00efsme, Paris, 1992; Antonella Roccetti, Antropolog\u00eda teresiana.\nAcercamiento humano a Teresa de \u00c1vila, Oviedo, 1999.<\/p>\n\n\n\n<p>G. Castro<\/p>\n\n\n\n<p>Todos los derechos:&nbsp;<em>Diccionario Teresiano<\/em>,\nGpo.Ed.FONTE<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La antropolog\u00eda teresiana precisa por su hondura, amplitud y originalidad de una reducci\u00f3n un tanto violenta a esquema, pero orientativa de la investigaci\u00f3n personal. 1. Anatom\u00eda del alma. 2. Antropolog\u00eda teol\u00f3gica asumida por T. 3. Antropolog\u00eda m\u00edstica, y 4. Simb\u00f3lica &hellip; <a href=\"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4841\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":""},"categories":[21],"tags":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p2dsrC-1g5","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4841"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=4841"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4841\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4842,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4841\/revisions\/4842"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=4841"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=4841"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=4841"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}