{"id":4843,"date":"2015-02-02T16:55:13","date_gmt":"2015-02-02T22:55:13","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4843"},"modified":"2022-02-02T16:56:19","modified_gmt":"2022-02-02T22:56:19","slug":"humildad-3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4843","title":{"rendered":"Humildad"},"content":{"rendered":"\n<p>Se ha dicho que\nhumildad es uno de los t\u00e9rminos m\u00e1s ambiguos del lenguaje espiritual y\nreligioso, porque se presta a muchos equ\u00edvocos. Para santa Teresa \u00abhumildad es\nandar en verdad\u00bb (M 6,10,7).<\/p>\n\n\n\n<p>1. Qu\u00e9 es \u00abandar en\nverdad\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>La definici\u00f3n\nteresiana de la humildad es fruto de una gracia m\u00edstica. La cuenta en Vida.\nLuego la presentar\u00e1 en Moradas, atenuando los colores m\u00edsticos. En ambos\nrelatos aparece la Verdad de Dios y nuestra verdad. \u00abAndar\u00bb en ellas es\nhumildad.<\/p>\n\n\n\n<p>a)&nbsp;Vida:&nbsp;\u00abQued\u00f3me\nuna verdad de esta divina Verdad que se me represent\u00f3 &#8230;, porque da noticia de\nSu majestad y poder de una manera que no se puede decir &#8230; Qued\u00f3me muy gran\ngana de no hablar sino cosas muy verdaderas&#8230; No vi nada, mas entend\u00ed el gran\nbien que hay en no hacer caso de cosa que no sea para llegarnos m\u00e1s a Dios, y\nas\u00ed entend\u00ed qu\u00e9 cosa es andar un alma en verdad delante de la misma Verdad.\nEsto que entend\u00ed es darme el Se\u00f1or a entender que es la misma Verdad\u00bb (V 40,3).<\/p>\n\n\n\n<p>b)&nbsp;Moradas:&nbsp;\u00abUna\nvez estaba yo considerando por qu\u00e9 raz\u00f3n era nuestro Se\u00f1or tan amigo de esta\nvirtud de la humildad y p\u00fasoseme delante&#8230; esto: que es porque Dios es suma\nVerdad y la humildad es andar en verdad\u00bb (M 6,10,7). En el contexto de Moradas\nse recoge la experiencia de Vida y detectamos dos \u00abverdades\u00bb: la verdad fontal\nque es Dios y la verdad creatural que somos nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>Verdad fontal: \u00abDios\nes la suma Verdad\u00bb. Entenderlo ha sido uno de los regalos secretos dados por\nDios a Teresa en su desposorio espiritual: \u00abSe le descubre c\u00f3mo en Dios se ven\ntodas las cosas y las tiene todas en s\u00ed mismo&#8230; y muy claro dado a entender\nque El solo es verdad&#8230;, verdad que no puede faltar\u00bb (M 6,10,2.5).<\/p>\n\n\n\n<p>Verdad creatural: en\nsu doble vertiente de participada y propia. La verdad participada es todo bien\nque existe en nosotros: la creaci\u00f3n misma con toda su hermosura y armon\u00eda\nadmirables, la maravilla del ser humano con su bondad y saber. Nuestra verdad\npropia es \u00abno tener cosa buena de nosotros, sino la miseria y ser nada; y quien\nesto no entiende, anda en mentira\u00bb (M 6,10,7).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abAndar en verdad\u00bb es,\npues, una actitud, que explicitar\u00e1 Teresa con l\u00f3gica segura: \u00abestudiemos\nsiempre mucho de andar en esta verdad&#8230; delante de Dios y de las gentes de\ncuantas maneras pudi\u00e9remos, &#8230;en nuestras obras dando a Dios lo que es suyo y\na nosotros lo que es nuestro, y procurando sacar en todo la verdad\u00bb (M 6,10,6).<\/p>\n\n\n\n<p>2. Propiedades<\/p>\n\n\n\n<p>El concepto teresiano\nde humildad se hace m\u00e1s evidente, teniendo en cuenta sus propiedades y\nconnotaciones. Haga\u00admos una lista: a) reconocer los dones que de Dios\nrecibimos; entre ellos destaca la existencia, su conservaci\u00f3n, la encarnaci\u00f3n\ndel Hijo, la oraci\u00f3n\/amistad con Dios, donde \u00e9l lo hace todo \u00aby nosotros casi\nnonada\u00bb; (V 10,4.5; 20,7; 21,11); b) aceptar nuestra pobreza cong\u00e9nita, que \u00abda\npena ver lo que somos\u00bb e \u00abimpr\u00edmese mucha humildad\u00bb (V 10,4; 20,7; 30,9); c)\ncaminar \u00abpor el valle de la humildad\u00bb, pues \u00abcamino real\u00bb es abandonar todo y\ngozar de la felicidad de poseer a Dios, \u00fanico bien (V 35, 13); sin humildad el\namor cristiano dejar\u00eda de serlo, pues entre las tres virtudes principales\n(\u00abamor unas con otras\u00bb, \u00abdesasimiento de todo lo criado\u00bb y \u00abverdadera\nhumildad\u00bb), la humildad \u00abes la principal y las abraza todas\u00bb (C 4,4); d) imitar\nal Se\u00f1or, teni\u00e9ndose, \u00aben poco y perseguido y condenado sin culpa, aun en cosas\ngraves\u00bb (C 15,2; M 1,2,11); e) descuidarse de t\u00edtulos y honores, que hasta nos\npueden hacer ant\u00edpaticos (C 36,5); f) practicarla para crecer en el propio\nconocimiento y curar nuestras heridas (M 1,2,9.11; M 3,2,6); g) amar los\ncaminos de Dios en nuestra vida (C 17,6; M 3,2,8.10); h) no fiar de s\u00ed \u00abes un\ng\u00e9nero de humildad\u00bb (V 7,22) i) obedecer es crecer en humildad (F pr. 1).<\/p>\n\n\n\n<p>3. Humildad y oraci\u00f3n<\/p>\n\n\n\n<p>La oraci\u00f3n, como\nrelaci\u00f3n de amistad \u00edntima con Dios, est\u00e1 en la base de todos los escritos\nteresianos. Oraci\u00f3n como amor y humildad como verdad se piden mutuamente.<\/p>\n\n\n\n<p>a) Actitud y fruto. La\nhumildad nacer\u00e1 en el camino orante como actitud y fruto. Ser\u00e1 una exigencia\ndel amor orante y un fruto de su experiencia. Nacer\u00e1 del encuentro con Dios,\nsea normal o m\u00edstico.<\/p>\n\n\n\n<p>Teresa colocar\u00e1 en la\nbase de la humildad el propio conocimiento. Pero, en su consecuci\u00f3n, no quiere\narrinconar al orante en la negatividad propia; prefiere que se confronte con\nDios: \u00abJam\u00e1s nos acabamos de conocer, si no procuramos conocer a Dios; mirando\nsu grandeza, acudamos a nuestra bajeza y mirando su limpieza veremos nuestra\nsuciedad; considerando su humildad veremos cu\u00e1n lejos estamos de ser humildes\u00bb.\n(M 1,2,9; 2,8).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero siempre ser\u00e1\nCristo el maestro. Tambi\u00e9n del propio conocimiento humilde. El har\u00e1 que no nos\nacomplejemos ante nuestra pobreza espiritual, sino que nos inunde de paz\ninterior el descubrimiento de nuestra verdad: \u00abPongamos los ojos en Cristo\nnuestro bien, y all\u00ed deprenderemos la verdadera humildad,&#8230; y ennoblecerse ha\nel entendimiento&#8230;, y no har\u00e1 el propio conocimiento ratero y cobarde\u00bb (M 1,\n2,11).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no siempre ser\u00e1n\nnuestras consideraciones las que nos hagan ver nuestro interior. Dios tiene\ntambi\u00e9n otras sendas misteriosas para hacer crecer la humildad en el orante. Se\ntrata de una humildad \u00abno adquirida por el entendimiento, sino con una clara\nverdad que comprende en un momento lo que en mucho tiempo no pudiera alcanzar,\ntrabajando la imaginaci\u00f3n, de lo muy nonada que somos y lo muy mucho que es\nDios\u00bb (C 32,13; F 21,6).<\/p>\n\n\n\n<p>b) En los primeros pasos.\nTeresa, partiendo de la propia experiencia orante, va a dar consejos al lector\nque quiere emprender la aventura de la vida de amor con Dios. Su pensamiento\npodr\u00eda resumirse en una palabra: humildad. Y aqu\u00ed, humildad es dejar hacer a\nDios. \u00abEste edificio todo va fundado en humildad; mientras m\u00e1s llegados a Dios\nm\u00e1s adelante ha de ir esta virtud\u00bb (V 12,4). Todo es cuesti\u00f3n de amor. Pero \u00abno\nest\u00e1 el amor de Dios en tener l\u00e1grimas, ni estos gustos y ternura que por la\nmayor parte los deseamos y consolamos con ellos; sino en servir con justicia y\nfortaleza de alma y humildad\u00bb (V 11,13). Todo un programa gozoso y\nperseverante, en actitud humilde.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero humildad no es\napocamiento. Sino entusiasmo confiado, a pesar de los fracasos. \u00abConviene mucho\nno apocar los deseos &#8230; Quiere Su Majestad y es amigo de almas animosas, como\nvayan con humildad y ninguna confianza de s\u00ed\u00bb (V 13,2). Hay que evitar todo\nenga\u00f1o, \u00abhaciendo que nos parezca soberbia\u00bb \u00aby entender mal de la humildad\u00bb (V\n13,4).<\/p>\n\n\n\n<p>Humildad tampoco es\ncara triste: \u00abPues proc\u00farese a los principios andar con alegr\u00eda y libertad; que\nhay algunas personas que parece se les ha de ir la devoci\u00f3n si se descuidan un\npoco. Bien es andar con temor de s\u00ed para no se fiar poco ni mucho de ponerse en\nocasi\u00f3n&#8230;; mientras vivimos, aun por humildad, es bien conocer nuestra\nmiserable naturaleza\u00bb (V 13,1). \u00abSiempre la humildad delante para entender que\nno han de venir estas fuerzas de las nuestras\u00bb (V 13,3).<\/p>\n\n\n\n<p>c) Espera humilde.\nComparando los inicios orantes con el trabajo de sacar el agua de un pozo,\nTeresa va analizando las dificultades de ese ejercicio. Habr\u00e1 momentos en que\nno hay agua: resultar\u00e1 dif\u00edcil concentrarse; parecer\u00e1 que toda va perdido; se\ntendr\u00e1 la sensaci\u00f3n de volver atr\u00e1s; \u00abtodo parece est\u00e1 seco y que no ha de haber\nagua para sustentarle, ni parece hubo jam\u00e1s en el alma cosa de virtud\u00bb.\nResultado: \u00abG\u00e1nase aqu\u00ed mucha humildad; tornan de nuevo a crecer las flores\u00bb (V\n14, 9). Ante una actitud paciente y humilde Dios, \u00absin agua sustenta las flores\ny hace crecer las virtudes\u00bb (V 11,9).<\/p>\n\n\n\n<p>A las personas que\nquieren un camino orante lleno de rosas, Teresa les recordar\u00e1 la necesidad de\nla humildad en la prueba del amor para dejar actuar a Dios; pedirle \u00abmercedes\u00bb\nser\u00e1 falta de humildad (V 9,9).<\/p>\n\n\n\n<p>d) Estadios\nsuperiores. Despu\u00e9s de describir las dificultades del primer grado de oraci\u00f3n,\nTeresa entra a describir los estadios superiores. En todos ellos la humildad\nseguir\u00e1 teniendo un papel central; \u00abque jam\u00e1s por encumbrada que est\u00e9 le cumple\notra cosa ni podr\u00e1 aunque quiera: que la humildad siempre labra como la abeja\nen la colmena la miel\u00bb (M 1,2,8). Con ella se podr\u00e1n discernir los fen\u00f3menos\nm\u00edsticos. Su presencia es garant\u00eda; su ausencia es falsedad (V 15,10).<\/p>\n\n\n\n<p>En la oraci\u00f3n de\nquietud entiende \u00abque vale m\u00e1s un poco de estudio de humildad, y un acto de\nella, que toda la ciencia del mundo\u00bb (V 15, 9).10). En los grados siguientes,\nlos fen\u00f3menos m\u00edsticos verdaderos dejar\u00e1n \u00abmuy mayor la humildad y m\u00e1s\nprofunda&#8230;, porque ve m\u00e1s claro que poco ni mucho hizo\u00bb (V 17,3). En ellos el\norante nada hace \u00abpara sacar humildad y confusi\u00f3n; porque el mismo Se\u00f1or la da\nde manera bien diferente de la que nosotros podemos ganar con nuestras\nconsideracioncillas\u00bb (V 15,14).<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de la visi\u00f3n\nde Cristo, de \u00abesta sacrat\u00edsima Humanidad junto con la Divinidad\u00bb, Teresa\nescribe: \u00abaqu\u00ed es la verdadera humildad que deja en el alma ver su miseria, que\nno la puede ignorar\u00bb (V 28,9). Teresa polemiza con los que dec\u00edan que, en los\nestadios m\u00edsticos superiores, hay que prescindir de Cristo Hombre, como todo lo\nque es material: \u00abEs enga\u00f1o&#8230;, humildad tan solapada y escondida, que no se\nsiente\u00bb (V 22, 3.5).<\/p>\n\n\n\n<p>e) Gratuidad. Leyendo\nlos textos teresianos, se puede llegar a una conclusi\u00f3n b\u00e1sica de nuestra\nexistencia: en nosotros todo es recibido, todo es gratuidad. Y humildad es\nvivir esa gratuidad. Para llegar a esta conclusi\u00f3n hay dos caminos: la propia\nconvicci\u00f3n y la experiencia m\u00edstica de Dios. En \u00e9sta se ve claro \u00abque estas\nmercedes son dadas de El, y que de nosotros no podemos en nada, nada, e\nimpr\u00edmese mucha humildad\u00bb (V 20,7).<\/p>\n\n\n\n<p>Teresa menciona\nespecialmente la gratuidad en los \u00abarrobamientos\u00bb y \u00abraptos\u00bb, con los que\n\u00abcrece el amor y humildad en el alma\u00bb, pues es tanto \u00ablo que el Se\u00f1or la da\naqu\u00ed, que no hay diligencia nuestra que a esto llegue\u00bb (V 21,8).<\/p>\n\n\n\n<p>La raz\u00f3n natural y la\nexperiencia m\u00edstica muestran el contraste infinito entre Dios y la creatura.\n\u00abAs\u00ed acaece muy muchas veces quedarse as\u00ed ciega del todo, absorta, espantada,\ndesvanecida de tantas grandezas como ve. Aqu\u00ed se gana la verdadera humildad\u00bb.\nEl creyente reconoce al dador de \u00abtodo el bien que tiene\u00bb, \u00abno puede ignorarlo;\nporque lo ve a vista de ojos\u00bb, los tiene \u00ababiertos para entender verdades\u00bb (V\n20.29).<\/p>\n\n\n\n<p>La conciencia de\ngratuidad es el term\u00f3metro de la humildad. Esta es la consigna de Teresa:\n\u00ab\u00a1Humildad, humildad!&#8230; Y lo primero en que ver\u00e9is si la ten\u00e9is es en no\npensar que merec\u00e9is estas mercedes y gustos del Se\u00f1or ni los hab\u00e9is de tener en\nvuestra vida\u00bb (M 4,2,9). El saber que todo es don genera en nosotros deseos de\n\u00abamar a Dios sin inter\u00e9s\u00bb, pues es \u00abun poco de poca humildad pensar que con\nnuestros servicios miserables se ha de alcanzar cosa tan grande\u00bb (M 4,2,9).<\/p>\n\n\n\n<p>4. Un Dios humilde<\/p>\n\n\n\n<p>El primer humilde es\nDios. Hasta aqu\u00ed le ha tra\u00eddo a Teresa la experiencia orante. El \u00abgran\nEmperador, Majestad, Se\u00f1or, Rey\u00bb, es al mismo tiempo amor humilde y servicial,\nsalido a nuestro encuentro: \u00abEn todo se puede tratar y hablar con Vos, como\nquisi\u00e9ramos, perdido el primer espanto y temor de ver Vuestra Majestad\u00bb (V\n15,8; 37,6).<\/p>\n\n\n\n<p>En la oraci\u00f3n\n\u00abpensada\u00bb del \u00abPadre nuestro\u00bb, Teresa aconseja: \u00abRepresentad al mismo Se\u00f1or\njunto con vos y mirad con qu\u00e9 amor y humildad os est\u00e1 ense\u00f1ando\u00bb (C 26,1;\n42,6). Es \u00abla humildad del buen Jes\u00fas\u00bb, vestido de nuestra tierra y lanzado a\nvivir nuestra existencia; pero ruega al mismo Jes\u00fas que no obligue al \u00abEterno\nPadre\u00bb a ser tan humildad, haci\u00e9ndole tratarnos como Padre amant\u00edsimo (C 27,3;\n33,2.5).<\/p>\n\n\n\n<p>El desposorio\nespiritual es un acto de humildad de Dios: \u00ab\u00a1Bendita sea su misericordia, que\ntanto se quiere humillar!\u00bb El \u00abnunca se cansa de humillarse por nosotros\u00bb (M\n5,4,3; F 3,13).<\/p>\n\n\n\n<p>5. Humildad falsa<\/p>\n\n\n\n<p>El tema de la falsa\nhumildad tendr\u00e1 un doble matiz: llamar humildad a lo que es soberbia, y llamar\nhumildad a lo que es cobard\u00eda o encogimiento. Teresa quiere prevenir de ambos\npeligros al buscador de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>a) Soberbia humilde.\nEn medio del problema afectivo de su juventud, Teresa decidi\u00f3 evitar el\nencuentro con el Dios amigo, sinti\u00e9ndose indigna de \u00abamistad estrecha con quien\ntrataba enemistad tan p\u00fablica\u00bb (V 19,10). As\u00ed abandon\u00f3 \u00abaquel camino\u00bb, cayendo\nen el \u00abterrible enga\u00f1o\u00bb de \u00abtemer de la oraci\u00f3n\u00bb, \u00abdebajo de parecer humildad\u00bb\n(V 7,1). \u00ab\u00a1Qu\u00e9 humildad tan soberbia inventaba en m\u00ed el demonio!\u00bb (V\n19,10.11.15). De esa experiencia propia Teresa sacar\u00e1 muchas ense\u00f1anzas. He\naqu\u00ed una: \u00abPues guardaos tambi\u00e9n, hijas, de unas humildades que pone el demonio\ncon gran inquietud de la gravedad de nuestros pecados, que suele apretar aqu\u00ed\nde muchas maneras, hasta apartarse de las comuniones y de tener oraci\u00f3n\nparticular\u00bb (C 39,1).<\/p>\n\n\n\n<p>b) Pusilanimidad.\nTeresa se sent\u00eda temerosa de caer en falta de humildad, a prop\u00f3sito de sus\nprogresos en la vida de oraci\u00f3n y de los fen\u00f3menos m\u00edsticos. Por otra parte,\nten\u00eda sus dudas sobre su autenticidad: \u00abParec\u00edame que a todos los tra\u00eda\nenga\u00f1ados\u00bb (V 31,16). Sus directores espirituales la sacar\u00e1n de dudas. As\u00ed\naconsejar\u00e1 m\u00e1s tarde: \u00abNo cure de unas humildades que hay, de que pienso\ntratar, que les parece humildad no entender que el Se\u00f1or les va dando dones\u00bb (V\n10,4); \u00abporque si no conocemos que recibimos, no despertamos a amar&#8230;, que\nmientras m\u00e1s vemos estamos ricos, sobre conocer somos pobres, m\u00e1s\naprovechamiento nos viene, y a\u00fan m\u00e1s verdadera humildad. Lo dem\u00e1s es acobardar\nel \u00e1nimo\u00bb (V 10,4). Ser\u00e1 \u00abtemor y no humildad, sino pusilanimidad\u00bb (V 31,17).<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, Teresa\nse sent\u00eda serena ante las habladur\u00edas y cr\u00edticas de todo g\u00e9nero, a causa de\nesos fen\u00f3menos y del tema de la fundaci\u00f3n del monasterio de San Jos\u00e9 de \u00c1vila.\nLuego entendi\u00f3 \u00abno era buena humildad\u00bb (V 31,14). Tambi\u00e9n, en un principio, le\nparec\u00eda falta de humildad pensar que entend\u00eda algunos estados de oraci\u00f3n\ndescritos en los libros, porque los hab\u00eda experimentado (V 30,17).<\/p>\n\n\n\n<p>Ser\u00e1 aleccionadora la\nconclusi\u00f3n teresiana: \u00abTodos estos temorcillos y penas y sombra de humildad\nentiendo yo ahora era harta imperfecci\u00f3n y de no estar mortificada; porque un\nalma dejada en las manos de Dios, no se le da m\u00e1s que digan bien que mal, si\nella entiende bien entendido \u2013como el Se\u00f1or quiere hacerle merced que lo\nentienda\u2013 que no tiene nada de s\u00ed\u00bb (V 31,16).<\/p>\n\n\n\n<p>c) En los estadios\nm\u00edsticos. En el nivel m\u00edstico, ella admitir\u00e1 la existencia de falsos fen\u00f3menos,\ncon sus secuelas de \u00abfalsa humildad\u00bb. En su descripci\u00f3n, Teresa har\u00e1 un\nprecioso an\u00e1lisis de la falsa y verdadera humildad.<\/p>\n\n\n\n<p>Falsa humildad\n\u00abm\u00edstica\u00bb: \u00abVese claro en la inquietud y desasosiego con que comienza, y el\nalboroto que da en el alma&#8230;, la sequedad y mala disposici\u00f3n para oraci\u00f3n ni\npara ning\u00fan bien&#8230;; todo parece lo pone Dios a fuego y a sangre. Repres\u00e9ntale\nla justicia, y aunque tiene fe que hay misericordia&#8230;, es de manera que no me\nconsuela, antes cuando mira tanta misericordia le ayuda a mayor tormento,\nporque me parece estaba obligada a m\u00e1s\u00bb (V 30,9).<\/p>\n\n\n\n<p>Humildad infusa por\nDios: \u00abLa humildad verdadera (aunque se conoce el alma por ruin y da pena ver\nlo que somos y pensamos grandes encarecimientos de nuestra maldad, tan grandes\ncomo los dichos y se sienten con verdad), no viene con alboroto, ni desasosiega\nel alma ni la oscurece ni da sequedad; antes la regala, y es todo al rev\u00e9s: con\nquietud, con suavidad, con luz; &#8230; Por otra parte, la ensancha su\nmisericordia; tiene luz para confundirse a s\u00ed y alaba a Su Majestad porque\ntanto la sufri\u00f3\u00bb (V 30,9).<\/p>\n\n\n\n<p>A\u00f1os despu\u00e9s, al\nhablar de la oraci\u00f3n a sus primitivas monjas, escribir\u00e1 con l\u00f3gica contundente:\n\u00abSe deje de unos encogimientos que tienen algunas personas y piensan es\nhumildad. S\u00ed, que no est\u00e1 la humildad en que si el rey os hace una merced no la\ntom\u00e9is, sino tomarla y entender cu\u00e1n sobrada os viene y holgaros con ella.\n\u00a1Donosa humildad, que me tenga yo al Emperador del cielo y de la tierra en mi\ncasa, que se viene a ella por hacerme merced y por holgarse conmigo, y que por\nhumildad no le quiera responder ni estarme con El, ni tomar lo que me da, sino\nque le deje solo!\u00bb (C 28,3).<\/p>\n\n\n\n<p>BIBL. \u2013 M.\nHerr\u00e1iz,&nbsp;La humildad es andar en verdad, en \u00abA zaga de tu huella\u00bb, Burgos,\n2001, pp. 249-267; A. Beaudoin, L\u2019humilit\u00e9 chez Sainte Th\u00e9r\u00e8se d\u2019\u00c1vila, en\n\u00abVieTh\u00e9r.\u00bb 7 (1967), 137-144.<\/p>\n\n\n\n<p>F. Malax<\/p>\n\n\n\n<p>Todos los derechos:&nbsp;<em>Diccionario Teresiano<\/em>,\nGpo.Ed.FONTE<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se ha dicho que humildad es uno de los t\u00e9rminos m\u00e1s ambiguos del lenguaje espiritual y religioso, porque se presta a muchos equ\u00edvocos. Para santa Teresa \u00abhumildad es andar en verdad\u00bb (M 6,10,7). 1. Qu\u00e9 es \u00abandar en verdad\u00bb La &hellip; <a href=\"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4843\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":""},"categories":[21],"tags":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p2dsrC-1g7","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4843"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=4843"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4843\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4844,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4843\/revisions\/4844"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=4843"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=4843"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=4843"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}