{"id":4852,"date":"2015-02-02T17:15:28","date_gmt":"2015-02-02T23:15:28","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4852"},"modified":"2022-02-02T17:16:20","modified_gmt":"2022-02-02T23:16:20","slug":"liturgia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4852","title":{"rendered":"Liturgia"},"content":{"rendered":"\n<p>Con mucha frecuencia\nal hablar de la relaci\u00f3n entre Teresa y la liturgia se cae en una cierta\nsuperficialidad. Para algunos se trata de recordar simplemente su amor a las\nceremonias de la Iglesia, hasta el extremo de que por s\u00f3lo una de ellas dar\u00eda\nla vida. El contexto en que Teresa escribe esta frase es mucho m\u00e1s amplio que\nel de la interpretaci\u00f3n restringida a un solo rito. Dice Teresa: \u00abSab\u00eda bien de\nm\u00ed que en cosa de la fe, contra la menor ceremonia de la Iglesia que alguien\nviese yo iba, por ella o por cualquier verdad de la Sagrada Escritura me\npondr\u00eda a morir mil muertes\u00bb (V 33, 5). Se comprende en el contexto de la\nprotesta de los Reformadores c\u00f3mo Teresa quiere sintonizar al m\u00e1ximo con la\nIglesia y sus verdades y ritos. En este caso no se trata de morir mil muertes\npor una \u00abceremonia\u00bb, sino por uno de los ritos, de los sacramentos de la\nIglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Para otros Teresa de\nJes\u00fas es poco lit\u00fargica porque en las Constituciones prescribe: \u00abJam\u00e1s sea el\ncanto por punto, sino en tono, las voces iguales &#8230;\u00bb (Const 1,5). Tambi\u00e9n esta\nsobria prescripci\u00f3n de las Constituciones necesita su explicaci\u00f3n. Si\ncomparamos la numerosa comunidad de la Encarnaci\u00f3n de \u00c1vila, donde el oficio\ndivino se cantaba, con la ayuda de las casi 200 monjas, con la reducida\ncomunidad de San Jos\u00e9 de \u00c1vila, comprendemos que Teresa haya optado por la\nsobriedad cotidiana y haya dado una importancia a la solemnizaci\u00f3n de los\ndomingos y fiestas (Const 1, 3).<\/p>\n\n\n\n<p>En realidad, la\nverdadera sinton\u00eda de Teresa con la Iglesia, su agudo sentido de la fe y por lo\ntanto su finura lit\u00fargica va m\u00e1s all\u00e1 de estas valoraciones. Tratamos de entrar\nen el rico mundo lit\u00fargico teresiano en el que vamos a poner de relieve su amor\npor todo lo que es el culto externo de la iglesia, su deseo de una\nparticipaci\u00f3n activa y total, su amor por cada uno de los elementos de la\nliturgia, la vivencia m\u00edstica de los misterios celebrados, especialmente en la\nEucarist\u00eda y a lo largo del a\u00f1o lit\u00fargico. Teresa nos va a resultar de una\nactualidad impresionante, teniendo en cuenta que su testimonio no es de hoy;\nviene de hace cuatro siglos, en ese per\u00edodo de la vida de la Iglesia que\nalgunos liturgistas definen como la \u00e9poca culminante de una crisis en las\nrelaciones entre liturgia y espiritualidad.<\/p>\n\n\n\n<p>1. El marco externo de\nla liturgia: estilo teresiano<\/p>\n\n\n\n<p>Dos testimonios de los\nprimeros bi\u00f3grafos de Santa Teresa nos revelan una l\u00ednea lit\u00fargica que aun\nrefiri\u00e9ndose al marco externo de la celebraci\u00f3n, es suficientemente\nsignificativa. Teresa ha dejado a sus hijas una herencia de amor a la Eucarist\u00eda\ny a la liturgia. Dice el P. Ribera, su primer bi\u00f3grafo: \u00abTen\u00eda grand\u00edsima\ncuriosidad en que todo lo que tocaba al servicio de este Sacramento estuviese\nmuy cumplido y limpio y bien aderezado, como es la iglesia y el altar y\nfrontales y ornamentos y c\u00e1lices y corporales, como se ve en todos sus\nmonasterios por pobres que sean; y cuando estaba con grandes se\u00f1oras y la\nofrec\u00edan muchas cosas, a lo que se acodiciaba eran pastillas y pebetes para el\nSant\u00edsimo Sacramento, y procuraba fuesen los mejores que hab\u00eda\u00bb (Ribera 4,12,\np. 423).<\/p>\n\n\n\n<p>El P. Yepes recuerda\nsu estupor al recibir un pa\u00f1o muy oloroso para enjugarse las manos en el\n\u00ablavabo\u00bb de la misa. La Madre Teresa le respondi\u00f3: \u00abSepa, mi Padre, que esa\nimperfecci\u00f3n han tomado mis monjas de m\u00ed; pero cuando me acuerdo que nuestro\nSe\u00f1or se quej\u00f3 al fariseo en el convite que le hizo porque no lo hab\u00eda recibido\ncon mayor regalo, querr\u00eda desde el umbral de la puerta de la iglesia que todo\nestuviese ba\u00f1ado en agua de \u00e1ngeles; y mire, mi Padre, que no le dan ese pa\u00f1o por\namor de Vuestra Reverencia, sino porque ha de tomar en esas manos a Dios, y\npara que se acuerde de la limpieza y buen olor que ha de llevar en la\nconciencia; y si \u00e9sta no fuere limpia v\u00e1yanlo siquiera las manos\u00bb. Y el fraile\njer\u00f3nimo a\u00f1ade con un tono de estupor: \u00abDe aqu\u00ed han venido sus frailes y monjas\na ser tan mirados en el culto divino, que no hay semejante limpieza de altares\nen parte del mundo que yo conozca\u201d (Yepes, Vida yvirtudes&#8230;, 3, c.20).<\/p>\n\n\n\n<p>El ejemplo teresiano\nven\u00eda de lejos. Ya en la Encarnaci\u00f3n de \u00c1vila se hab\u00eda distinguido por su amor\nen la celebraci\u00f3n de algunas fiestas, encomendadas a la devoci\u00f3n de alguna de\nlas monjas que se encargaba de aderezar todo lo necesario. En el museo del\nconvento se conserva todav\u00eda la toalla bordada por Teresa para la ceremonia del\nlavatorio de los pies, el Jueves Santo. En Medina del Campo se conserva un\nhermoso terno blanco, bordado por la Madre con gran primor. Durante los viajes\nfundacionales gustaba pasar la noche en las ermitas y lo primero que hac\u00eda era\nlimpiar y aderezar la casa del Se\u00f1or: \u00abSi acaso quedaba con sus religiosas de\nnoche en alguna ermita luego se ocupaba (y mandaba lo mismo a sus religiosas)\nen limpiar la dicha ermita y componer los altares\u00bb (BMC 18,497). Otra religiosa\nrecuerda: \u00abaunque en el convento hab\u00eda mucha pobreza, no dej\u00f3 de haber cera en\nlas fiestas principales y mucho ali\u00f1o en los altares\u00bb (ib 19,563).<\/p>\n\n\n\n<p>Completa el cuadro\nexterno el amor de Teresa por las im\u00e1genes, la calidad y buena hechura de las\nque env\u00eda a sus hijas. Hab\u00eda escuchado de labios del Se\u00f1or que no deb\u00eda tener\nreparos ni escr\u00fapulos de pobreza que \u00abtodo lo que me despertase (al amor) no lo\ndejase\u00bb (R 30). Ella fue espl\u00e9ndida como una reina en las cosas del culto de\nDios, imprimiendo en el coraz\u00f3n de sus hijas el gusto por lo bello en la casa\ndel Se\u00f1or. Con amor de Esposa, y con una cierta envidia por los ministros del\nSe\u00f1or, Teresa nos ha dejado el ejemplo de un estilo noble, bello, solemne\ndentro de la sobriedad, para el marco externo de la celebraci\u00f3n de los misterios.\nSu amor por la Eucarist\u00eda la impulsaba a fundar monasterios para entronizar un\nsagrario m\u00e1s, y en torno al sagrario una comunidad orante (F 18, 5). Sufri\u00f3 el\ntemor de un posible sacrilegio en Medina del Campo (F 3, 10). Por eso rodeaba\nde finezas el lugar donde Cristo se hac\u00eda presente y se celebraban los\nmisterios (cf ib 333-335).<\/p>\n\n\n\n<p>2. Una liturgia\nplenamente participada<\/p>\n\n\n\n<p>Una nota de agradable\nsorpresa es la afirmaci\u00f3n com\u00fan del deseo que la Madre Teresa ten\u00eda de que la\nliturgia fuera plenamente participada.<\/p>\n\n\n\n<p>A trav\u00e9s de las\nf\u00f3rmulas un poco estereotipadas con que los testigos evocan algunos de los\nconsejos teresianos captamos el sentido de interioridad contemplativa que\nTeresa da a esa participaci\u00f3n: \u00abTambi\u00e9n vio esta declarante que la dicha Santa\nMadre ten\u00eda mucha puntualidad en acudir al coro y oficio divino, y lo rezaba\ncon grande devoci\u00f3n y reverencia&#8230; y as\u00edmismo procuraba y mandaba que en el\nrezo y canto del coro hubiese mucha pausa, atenci\u00f3n y devoci\u00f3n&#8230; \u00bb (ib);\n\u00abrezaba el oficio con mucha atenci\u00f3n y reverencia, y mandaba y ped\u00eda que sus\nreligiosas tuviesen la misma y cumpliesen con el oficio divino as\u00ed cantado como\nrezado con mucha pausa y devoci\u00f3n\u00bb (ib 495); \u00abpersuad\u00eda a las religiosas de\npalabras y tambi\u00e9n con el ejemplo, a estar muy atentas y compuestas en el\noficio divino y que el canto de \u00e9l fuese con mucha pausa &#8230;\u00bb (ib 2,333) ;\n\u00absiempre&#8230; la vio estar continuamente en el coro en el Oficio Divino, el cual\nrezaba y hac\u00eda rezar con devoci\u00f3n y pausa grande\u00bb (in 19, 533). La actitud\ncontemplativa que T recomienda tiene tambi\u00e9n su sentido apost\u00f3lico, como ella\nsubraya en el Modo de visitar los conventos, n. 40: \u00absi va con pausa&#8230; y que\nedifique\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta serie de\ntestimonios nos hace percibir que la ordenaci\u00f3n de la vida del Carmelo de T en\ntorno a la liturgia, seg\u00fan la tradici\u00f3n de la Regla, no es simplemente algo\njur\u00eddico; se trata de un respiro vital, no obstante la dificultad que en aquel\ntiempo supon\u00eda la barrera del lat\u00edn y la prolijidad y monoton\u00eda del oficio. Da\nun tono de originalidad y viva participaci\u00f3n en la oraci\u00f3n de la Iglesia este\ntestimonio de Mar\u00eda de San Jos\u00e9 que se refiere a la vida lit\u00fargica durante los\nviajes fundacionales; las carretas se convierten en iglesia orante; las ermitas\nque se encuentran por los caminos, en peque\u00f1os oasis de oraci\u00f3n; en medio del\ncampo T compone altares y manda rezar el oficio, dando a la comunidad orante el\nmarco de una liturgia c\u00f3smica en medio de la naturaleza; y en todo esto una\nnota de espontaneidad y de gracia: \u00abLuego guardaba silencio y ten\u00eda oraci\u00f3n y\ntodas sus compa\u00f1eras como si estuvieran en sus conventos, y cuando pod\u00eda, por\nlibrarse del ruido e inquietud de las posadas, se quedaba en el campo y debajo\nde pe\u00f1as ordenaba y compon\u00eda altares y mandaba que sus religiosas cantasen\nv\u00edsperas o completas; y si acaso quedaba con sus religiosas de noche en alguna\nermita, luego se ocupaba en limpiar la dicha ermita y componer los altares, y\nmandaba se rezasen los maitines y dem\u00e1s horas como si estuviesen en el\nconvento, y la dicha Madre hac\u00eda lo mismo\u00bb (ib 18, 497).<\/p>\n\n\n\n<p>Ana de Jes\u00fas a\u00f1ade la\nsabrosa anotaci\u00f3n: \u00abcuando \u00edbamos por los caminos y rezaba fuera del coro,\nsiempre rodeaba el salmo de arte que hubiera de decir ella el verso del Gloria\nPatri\u00bb (ib p. 473).<\/p>\n\n\n\n<p>A veces interrump\u00eda\ncon una cierta espontaneidad para pedir a alguno de los sacerdotes que les\nacompa\u00f1aban el sentido de alguna frase de la Escritura o la lectura de la\nBiblia que se hac\u00eda entonces en el breviario. Todo ten\u00eda el encanto de algo\nvivo, sencillo y solemne a la vez, como demuestran estos testimonios.<\/p>\n\n\n\n<p>La participaci\u00f3n era\ncapacidad de sumergirse en los textos lit\u00fargicos y saborearlos. La sobrina de\nla Santa nos recuerda que a la Madre Fundadora le encantaban las palabras\next\u00e1ticas del Gloria in excelsis que se refieren a Cristo: \u00aben especial en\naquellas palabras que se dicen en el Gloria: Quoniam tu solus sanctus\u00bb; y\nrecuerda tambi\u00e9n la predilecci\u00f3n por las palabras del Credo: \u00abCuius regni non\nerit finis\u00bb: \u00abEn el Credo le daba particular gozo en su alma cada vez que en \u00e9l\nse dec\u00eda que el reino de Cristo no habr\u00e1 de tener fin, goz\u00e1ndose\nextraordinariamente de que Dios fuese quien era, y de los bienes que pose\u00eda y\nhab\u00eda de poseer para siempre\u00bb (ib 2, 333). El testimonio responde plenamente a\nla confesi\u00f3n de Teresa en el Camino de Perfecci\u00f3n, 22, 1: \u00abCuando en el Credo\nse dice \u2018Vuestro reino no tiene fin\u2019, casi siempre me es particular regalo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Ana de Jes\u00fas nos\nregala todav\u00eda este hermoso detalle que demuestra el sentido de honda\nparticipaci\u00f3n en la liturgia: \u00abAlgunas veces sal\u00eda de rezar con una color y\nhermosura que maravillaba, y otras, tan desfigurada que parec\u00eda muerta; y en la\nvoz tambi\u00e9n la o\u00edamos esta diferencia, particularmente en la noche de Navidad,\ncantando en los maitines el Evangelio de San Juan, fue cosa celestial de la\nmanera que son\u00f3, no teniendo ella naturalmente buena voz\u00bb (ib 18,473).<\/p>\n\n\n\n<p>Estos testimonios nos\nhacen recordar espont\u00e1neamente la confesi\u00f3n de T con respecto a su poca\ncapacidad para el canto y los oficios del coro que tanto le hab\u00eda costado a los\nprincipios de su vida religiosa: \u00abSab\u00eda poco del rezado y de lo que hab\u00eda de\nhacer en el coro y c\u00f3mo lo regir&#8230; Sab\u00eda mal cantar&#8230;\u00bb (V 31, 23) Con el\ntiempo hab\u00eda hecho progresos.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s curioso todav\u00eda es\nel testimonio que refiere el deseo de la Santa de una plena participaci\u00f3n en la\nliturgia de la misa por parte de todas las religiosas; el lenguaje empleado y\nlos detalles aducidos nos parecen ser de hoy, como si T hubiese querido dirimir\nde antemano problemas que se pondr\u00edan cuatro siglos m\u00e1s tarde, en plena\nrenovaci\u00f3n lit\u00fargica del Vaticano II: \u00abDeseaba ayud\u00e1semos siempre a oficiar la\nmisa y buscaba c\u00f3mo lo pudi\u00e9semos hacer cada d\u00eda aunque fuese en el tono que\nrezamos las horas, y si no pod\u00eda ser por no tener capell\u00e1n propio y ser tan\npocas entonces (que no \u00e9ramos m\u00e1s de trece), dec\u00eda que le pesaba careci\u00e9semos\nde este bien, y as\u00ed, la vez que se cantaba la misa, por ning\u00fan otro negocio\ndejaba de ayudar, aunque en aquel punto acabase de comulgar y estuviese muy\nrecogida\u00bb (ib).<\/p>\n\n\n\n<p>Isabel de Jes\u00fas\ncompleta el cuadro de la participaci\u00f3n con otro detalle todav\u00eda m\u00e1s sugestivo;\nrecuerda haberla visto arrobada: \u00abestando oficiando misa; se qued\u00f3 en pie con\nun misalico peque\u00f1o\u00bb (ib 20, 120; cf 18, 57). Curioso detalle el de la Santa\nque sigue con fervor la misa ayudada de un \u00abmisalico\u00bb; no hemos podido\naveriguar de qu\u00e9 misal se trata, pero el testimonio es elocuente. En una carta\nTeresa da las gracias por unos misales que ha recibido (cta. a Ana de la\nEncarnaci\u00f3n, enero 1581); son quiz\u00e1 un regalo para la comunidad de Palencia que\npodr\u00e1 as\u00ed participar mejor en la liturgia de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>3. En oraci\u00f3n con la\nIglesia<\/p>\n\n\n\n<p>Teresa de Jes\u00fas ha\nvivido su experiencia orante con el oficio divino de la Iglesia. Al redactar el\nplan de vida de San Jos\u00e9 ha dado a lo que hoy llamamos la liturgia de las horas\nun puesto de relieve; aun con los inconvenientes de la distribuci\u00f3n del tiempo\nque hoy podemos observar en esta legislaci\u00f3n, no cabe duda que la jornada\ncarmelitana gira en tomo a este eje vital (cf. Const. 1-2). Para ella no se\ntrata s\u00f3lo de una observancia. No obstante la fatiga que impone el lat\u00edn, es un\nmomento privilegiado de oraci\u00f3n vocal; es certera la observaci\u00f3n que puede dar\nal oficio divino el sentido religioso aut\u00e9ntico: \u00abSi comenzamos a rezar las horas&#8230;\ncomience a pensar con qui\u00e9n va a hablar y qui\u00e9n es el que habla\u00bb (C 22, 3).<\/p>\n\n\n\n<p>La atenci\u00f3n y el\nsentido religioso la ayudan a penetrar en el significado de los salmos y de los\notros textos, como si estuviesen en romance. Dos detalles curiosos: el primero\nes la alusi\u00f3n al oficio de la Virgen tomado del Cantar de los Cantares: \u00abLo que\npasa Dios con la Esposa&#8230; lo pod\u00e9is ver, hijas, en el Oficio que rezamos de\nnuestra Se\u00f1ora cada semana\u00bb (Conc 6, 8); el segundo es la percepci\u00f3n del\nsignificado del verso del salmo 118, 32: \u00abAhora me acuerdo en un verso que\ndecimos a Prima, al fin del postrer salmo, que al cabo del verso dice Cum\ndilatasti cor meum\u00bb (M IV, 1, 5).<\/p>\n\n\n\n<p>Una gracia de esta\nsinton\u00eda eclesial de Teresa con la oraci\u00f3n p\u00fablica es precisamente la de entender\nel significado de los salmos, como si estuviesen en lengua castellana, y su\nsentido espiritual (Cf. V 15, 8 y Conc 1, 2): \u00abMe ha acaecido&#8230; con no\nentender casi cosa que rece en lat\u00edn, en especial del Salterio, no s\u00f3lo\nentender el verso en romance sino pasar adelante en regalarme de ver lo que el\nromance quiere decir\u00bb. De hecho, esas citas precisas de Teresa acerca de los\nsalmos de su profeta David no tienen otra fuente que la percepci\u00f3n espiritual\ndel significado de algunos versos escogidos, aprendidos en la oraci\u00f3n de la\niglesia, bajo el impulso del Esp\u00edritu Santo. Un detalle de esta sabrosa\ndegustaci\u00f3n de los palabras b\u00edblicas es la devoci\u00f3n de Teresa por el verso\ninicial del C\u00e1ntico de la Virgen. Por dos veces ha tenido una fuerte\nexperiencia m\u00edstica (R 29 y 61); otra vez ha hecho una hermosa glosa a la\nexperiencia mariana (E 7, 3); durante mucho tiempo fue, seg\u00fan el testimonio de\nMar\u00eda de San Jos\u00e9, su oraci\u00f3n preferida, repetida constantemente en voz baja,\nen lenguaje castellano (BMC 18, 491).<\/p>\n\n\n\n<p>El oficio divino ha\nsido un lugar privilegiado de oraci\u00f3n, de contemplaci\u00f3n del misterio, de\naut\u00e9nticas experiencias m\u00edsticas. La lista ser\u00eda muy compleja. La Santa alude a\nvarias experiencias tenidas durante el rezo de maitines (V 34, 2; 40, 14). Otra\nvez fue durante el rezo de las horas: \u00abEstando una vez en las horas con todas,\nde presto se recogi\u00f3 mi alma y pareci\u00f3me ser como un espejo, claro toda, sin\nhaber espaldas ni lados, ni alto ni bajo que no estuviera toda clara, y en el\ncentro de ella se me apareci\u00f3 Cristo nuestro Se\u00f1or como le suelo ver\u00bb (V 40,\n5). Otra vez fue durante el rezo de Tercia: \u00abA la hora de tercia, cuando se\ndec\u00eda el himno Veni Creator, vino a la Santa Madre un arrobamiento en forma de\nEsp\u00edritu Santo\u00bb (ib 19, 577). Otra vez fue con ocasi\u00f3n de la recitaci\u00f3n del\ns\u00edmbolo atanasiano que figuraba entonces con cierta frecuencia en la liturgia\ndominical: \u00abEstando una vez rezando el salmo (!) de \u201cQuicumque vult\u201d, se me dio\na entender la manera c\u00f3mo era un solo Dios y tres Personas\u00bb (V 39, 25). Por\n\u00faltimo, en otra ocasi\u00f3n T tuvo el gozo de contemplar a la Virgen presente en\nmedio de sus monjas que le aseguraba su intercesi\u00f3n y la presentaci\u00f3n de sus\noraciones a Cristo su Hijo (R 25); hermoso detalle que confirma la presencia de\nla Virgen en toda comunidad orante, seg\u00fan esta experiencia m\u00edstica teresiana.<\/p>\n\n\n\n<p>Podemos decir que\nTeresa, la maestra de la oraci\u00f3n, ha aprendido a orar en la escuela de la\nIglesia. Una perfecta sinton\u00eda se establece entre la oraci\u00f3n teresiana y la\noraci\u00f3n eclesial. Baste pensar que Teresa ora con los salmos, establece como\nc\u00f3digo y s\u00edntesis de oraci\u00f3n el Padre nuestro. En las plegarias teresianas que\nse encuentran en cada p\u00e1gina de sus escritos sentimos que prevalece un tono\neclesial de oraci\u00f3n; predomina la alabanza en todas sus formas (bendici\u00f3n,\nacci\u00f3n de gracias, admiraci\u00f3n contemplativa, adoraci\u00f3n) y la intercesi\u00f3n\nsuplicante, con frases que revelan una aut\u00e9ntica audacia (parrhes\u00eda) semejante\na la de los profetas. Teresa conoce el secreto de la oraci\u00f3n de alabanza y nos\nsorprende con esta hermosa enumeraci\u00f3n de vocablos t\u00e9cnicos de la oraci\u00f3n\ncristiana: \u00abmas como vio su Majestad que no pod\u00edamos santificar ni alabar ni\nengrandecer ni glorificar este nombre santo del Padre eterno &#8230;\u00bb (cf. C 30,\n4). Su intercesi\u00f3n audaz llena las p\u00e1ginas de las Exclamaciones y algunos\np\u00e1rrafos significativos del Camino de Perfecci\u00f3n (C 3, 8). Teresa es un alma de\noraci\u00f3n. que sabe orar como la Iglesia, porque ha aprendido a orar en su\nescuela que es la oraci\u00f3n lit\u00fargica.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos ejemplos concretos\nde esta sinton\u00eda entre oraci\u00f3n teresiana y oraci\u00f3n lit\u00fargica. El primero es la\nExclamaci\u00f3n 17; este \u00faltimo grito del alma de T es un mosaico de citas\nb\u00edblicas; las frases del salterio concluyen en un grandioso ep\u00edlogo esta\nexclamaci\u00f3n; alimentada con la oraci\u00f3n de los salmos, T junta su voz con la del\nsalmista para cantar las alabanzas del Se\u00f1or. El segundo ejemplo es todav\u00eda m\u00e1s\nelocuente. En el c. 35 del Camino de Perfecci\u00f3n se concluye la explicaci\u00f3n de\nlas palabras del \u00abPater\u00bb: El pan nuestro de cada d\u00eda d\u00e1nosle hoy. La\ninterpretaci\u00f3n teresiana a lo largo de los tres cap\u00edtulos (33-35) es\neucar\u00edstica. La ex\u00e9gesis y la contemplaci\u00f3n desembocan en una hermosa plegaria\neucar\u00edstica, especie de \u00aban\u00e1fora teresiana\u00bb. Con porte sacerdotal, con amor de\nEsposa, T levanta los ojos y las manos para orar al Padre. Lo hace con las\nmismas expresiones de la Iglesia: \u00abPadre Santo que est\u00e1is en los cielos, en\nnombre del buen Jes\u00fas&#8230;; y pues su santo Hijo puso tan buen medio para que en\nsacrificio le podamos ofrecer muchas veces, que valga tan precioso don&#8230; Pues\n\u00bfqu\u00e9 he de hacer, Criador m\u00edo, sino presentaros este sacrat\u00edsimo Pan, y aunque\nnos le distes, torn\u00e1rosle a dar, y suplicaros por los m\u00e9ritos de vuestro Hijo\nme hag\u00e1is esta merced&#8230;\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>T es una alma-iglesia\nque toma en sus manos la Eucarist\u00eda, don de Dios, y la ofrece como oblaci\u00f3n\nagradable al Padre. As\u00ed la Eucarist\u00eda aparece como la suprema oraci\u00f3n de la\nIglesia, y en este caso, de Teresa que ora en perfecta sinton\u00eda de\nsentimientos.<\/p>\n\n\n\n<p>4. Celebraci\u00f3n y\nexperiencia de la Eucarist\u00eda<\/p>\n\n\n\n<p>La Eucarist\u00eda fue el\ncentro de la vida de Teresa, el momento privilegiado de su comuni\u00f3n con Cristo,\nel espacio de sus experiencias m\u00edsticas m\u00e1s sublimes.<\/p>\n\n\n\n<p>Los cap\u00edtulos\ndedicados a la Eucarist\u00eda en el Camino de Perfecci\u00f3n (cc. 33-35) nos ofrecen\nuna visi\u00f3n certera del amor de Teresa por este misterio central de Cristo y de\nla Iglesia. Todos los aspectos centrales de la Eucarist\u00eda est\u00e1n puestos de\nrelieve: presencia eucar\u00edstica, comuni\u00f3n con Cristo, sacrificio, relaci\u00f3n entre\nla Eucarist\u00eda y la Iglesia. El momento eclesial impulsaba a Teresa a una\nconfesi\u00f3n de fe sin fisuras, a una ardiente defensa del Sant\u00edsimo Sacramento y\ntodo lo que a \u00e9l se refiere; alma-iglesia, Teresa reacciona desde lo hondo de\nsu fe, como lo hiciera por aquellos a\u00f1os el Concilio de Trento, al hablar de la\nEucarist\u00eda contra los protestantes. Su deseo de fundar con cada nuevo Carmelo\nuna iglesia m\u00e1s donde la presencia eucar\u00edstica constituye el centro ideal de la\ncomunidad orante, brota de las noticias que le llegan de los protestantes (C 3,\n8; 25, 3; 35, 3).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero su amor por la\nEucarist\u00eda viene de m\u00e1s lejos y tiene otros valores muy originales. Hemos dicho\nanteriormente c\u00f3mo Teresa quer\u00eda que la participaci\u00f3n en la Eucarist\u00eda\ncotidiana fuese lo m\u00e1s viva posible. Para ella participar era sobre todo\ncomulgar todos los d\u00edas, algo muy raro en aquellos tiempos. Las Constituciones\nde las Carmelitas de la Encarnaci\u00f3n se\u00f1alaban muy pocos d\u00edas al a\u00f1o para\ncomulgar. Teresa ampl\u00eda notablemente las fechas en sus Constituciones (Const\n2,1).<\/p>\n\n\n\n<p>Confesores, capellanes\ny compa\u00f1eras de la Santa atestiguan que comulgaba cada d\u00eda y lo ponen de\nrelieve como cosa extraordinaria para aquellos tiempos: \u00abSabe que la dicha\nMadre Santa Teresa de Jes\u00fas fue devot\u00edsima del Sant\u00edsimo Sacramento del altar,\ny deseaba que todos lo fuesen, lo cual vio y experiment\u00f3 esta declarante en que\nas\u00ed lo practicaba la dicha Santa y en que cada d\u00eda comulgaba, para lo cual la\nve\u00eda prepararse con singular cuidado, y despu\u00e9s de haber comulgado estar largos\nratos muy recogida en oraci\u00f3n, y muchas veces suspendida y elevada en Dios\u00bb\n(BMC 18, 563).<\/p>\n\n\n\n<p>Los recuerdos de las\nhijas de la Santa se agolpan para contar arrobamientos y gracias m\u00edsticas\nrecibidas con motivo de la comuni\u00f3n eucar\u00edstica. Dos detalles curiosos: el\nprimero es la costumbre que ten\u00eda la Santa de hacerse acompa\u00f1ar por otra\nreligiosa a comulgar, para no ser ella sola la que recib\u00eda al Se\u00f1or; as\u00ed lo\ncuenta Mar\u00eda de San Jos\u00e9: \u00abacostumbraba a llevar consigo a la santa comuni\u00f3n,\nora una religiosa, ora otra, pareci\u00e9ndola que, por la compa\u00f1\u00eda de la hermana\nque llevaba, nuestro Se\u00f1or la perdonar\u00eda el atrevimiento de comulgar cada d\u00eda\u00bb\n(ib 18, 493). El otro detalle es el de la oraci\u00f3n despu\u00e9s de comulgar con las\nmanos alzadas hacia el cielo, gesto caracter\u00edstico del orante cristiano que T\nasume espont\u00e1neamente con talante esponsal y sacerdotal: \u00abVio comulgar muchas\nveces a la Madre Teresa, y despu\u00e9s de haber comulgado, quedar tan arrebatada de\nesp\u00edritu y fuera de s\u00ed, que era necesario esperar esta testigo alg\u00fan tiempo\npara poderle dar el \u201clavatorio\u201d, y algunas veces la ve\u00eda esta testigo con las\nmanos alzadas arriba con mucha devoci\u00f3n, como elevada en el cielo, y que su\npostura y hermosura daba a entender estar m\u00e1s en el cielo que en la tierra\u00bb (ib\n19.8).<\/p>\n\n\n\n<p>Sabemos que se\npreparaba con esmero para recibir la comuni\u00f3n, como Esposa que se atav\u00eda para\nesperar al Esposo, con la confesi\u00f3n y el perd\u00f3n de sus culpas pedido a sus\nhijas y hermanas; acosada por muchas gracias m\u00edsticas, en su oraci\u00f3n a Dios le\nped\u00eda que se las hiciese antes de comulgar para presentarse mejor en presencia\nde su Amado (ib). Las Exclamaciones son la prolongaci\u00f3n orante de su acci\u00f3n de\ngracias despu\u00e9s de comulgar.<\/p>\n\n\n\n<p>Las experiencias\nm\u00edsticas teresianas tienen como marco privilegiado la celebraci\u00f3n de la\nEucarist\u00eda, la comuni\u00f3n sacramental con Cristo. Abarcan una serie de aspectos\nesenciales del misterio y son como la vivencia m\u00edstica de la riqueza de la\ngracia eucar\u00edstica; la dimensi\u00f3n esponsal-eclesial, el sentido trinitario, la\npresencia del Cristo pascual, la participaci\u00f3n en los misterios del a\u00f1o\nlit\u00fargico, son aspectos de esta maravillosa experiencia de gracia.<\/p>\n\n\n\n<p>Es nota com\u00fan de las\nexperiencias eucar\u00edsticas que Cristo se le representa siempre resucitado y\nglorioso, como sali\u00f3 del sepulcro, resplandeciente de gloria (V 28, 3; 28, 8;\n29, 4). Hay una serie de gracias que abren un panorama espl\u00e9ndido del\nsignificado de la Eucarist\u00eda. Una de ellas es la sensaci\u00f3n de dejarse \u00abasimilar\npor Cristo\u00bb, haci\u00e9ndose una cosa sola con El: \u00abUn d\u00eda acabando de comulgar me\npareci\u00f3 verdaderamente que mi alma se hac\u00eda una sola cosa con aquel cuerpo\nsacrat\u00edsimo del Se\u00f1or cuya presencia se me represent\u00f3\u00bb (R 49).<\/p>\n\n\n\n<p>En otra ocasi\u00f3n\npercibi\u00f3 este hermoso sentido trinitario de la Eucarist\u00eda: \u00abUna vez acabando de\ncomulgar se me dio a entender c\u00f3mo este sacrat\u00edsimo Cuerpo de Cristo lo recibe\nsu Padre dentro de nuestra alma&#8230; y cu\u00e1n agradable le es esta ofrenda de su\nHijo, porque se deleita y goza con El, digamos, ac\u00e1 en la tierra &#8230;\u00bb (R 58).\nSon muy sugestivas las gracias eucar\u00edsticas que parecen ser como una delicada\nparticipaci\u00f3n de Teresa a la vida de los disc\u00edpulos de Jes\u00fas despu\u00e9s de la\nResurrecci\u00f3n; as\u00ed por ejemplo ve a Cristo que le parte el pan, como a los dos\nde Ema\u00fas (R 26), o le coge la mano para introduc\u00edrsela en su costado, como a\nTom\u00e1s el incr\u00e9dulo (R 15, 6).<\/p>\n\n\n\n<p>Momento culminante,\ncelebraci\u00f3n de la alianza esponsal, es la gracia del matrimonio espiritual en\nla Encarnaci\u00f3n de \u00c1vila, el 18 de noviembre de 1572, Despu\u00e9s de comulgar,\nCristo realiza con Teresa la alianza nupcial, le da por se\u00f1al un clavo y le\ndice estas palabras: \u00abDe aqu\u00ed adelante, no s\u00f3lo como Criador y como Rey y tu\nDios mirar\u00e1s mi honra, sino como verdadera Esposa m\u00eda: mi honra es ya tuya y la\ntuya m\u00eda\u00bb (R 35; cf. M VII 2, 1). La Eucarist\u00eda es siempre el sacrificio de la\nAlianza, la comuni\u00f3n de Cristo Esposo con la Iglesia Esposa, como ya dec\u00edan los\nSantos Padres en la Iglesia antigua. Teresa tiene experiencia m\u00edstica de este\nmisterio en una aut\u00e9ntica perspectiva sacramental.<\/p>\n\n\n\n<p>Un \u00faltimo detalle. A\ntrav\u00e9s de Cristo Resucitado Teresa entra en la comuni\u00f3n trinitaria; tambi\u00e9n\naqu\u00ed es la Eucarist\u00eda -con toda su referencia al Padre, al Hijo y al Esp\u00edritu-\nla que introduce en el misterio fontal y culminante de la vida cristiana:\n\u00abHabiendo acabado de comulgar, el d\u00eda de San Agust\u00edn -yo no sabr\u00e9 decir c\u00f3mose\nme dio a entender y casi a ver&#8230; c\u00f3mo las tres Personas de la Sant\u00edsima\nTrinidad que yo trayo en mi alma esculpidas son una sola cosa\u00bb (R 47; cf. R\n16). Teresa pasar\u00e1 constantemente de la Eucarist\u00eda a la Trinidad o tendr\u00e1 la\nviva percepci\u00f3n que en el sacramento Cristo derrama sobre nosotros su Esp\u00edritu:\nfuego vivo y agua abundante (cf. R 17).<\/p>\n\n\n\n<p>Su \u00faltima Eucarist\u00eda,\nvi\u00e1tico para el cielo, ser\u00e1 un momento de gracia, vivido por Teresa como Esposa\nque dice su \u00abMaranatha\u00bb: \u00abYa es hora, Esposo m\u00edo, que nos vearnos\u00bb: Tambi\u00e9n\nesta vez, definitivamente, el camino ser\u00e1 de la Eucarist\u00eda a la Trinidad (cf mi\nestudio de \u201cMteCarm 88.1980.576-582).<\/p>\n\n\n\n<p>Resumiendo: la\nvivencia que Teresa tiene de la Eucarist\u00eda es de una precisi\u00f3n teol\u00f3gica, de\nuna sobriedad y de una hondura impresionantes. Su fe en la Eucarist\u00eda, su\nexperiencia del Resucitado, la comuni\u00f3n con el sacrat\u00edsimo y glorioso cuerpo de\nJes\u00fas, la participaci\u00f3n en sus misterios, la vivencia trinitaria podr\u00edan\ncompulsarse con los mejores textos eucar\u00edsticos del Vaticano II. La Eucarist\u00eda\nes para Teresa la presencia del Se\u00f1or Resucitado, la continuidad de la\nhumanidad sacrat\u00edsima en esta tierra; poner en tela de juicio la necesidad de\nCristo Dios y Hombre ser\u00eda vaciar de sentido la Eucarist\u00eda (M VI, 7, 14; cf. M\nV, 1, 11). Nos emociona el testimonio teresiano acerca de la potencia\nsantificante y saludable de la Eucarist\u00eda, incluso para el cuerpo (cf. V 30,\n14; 34, 6.8), como ella experiment\u00f3 con frecuencia; nos cautiva ese deseo de\ncomulgar con hostias grandes, pensando en el gozo que Teresa hubiera tenido de\ncomulgar al c\u00e1liz de la sangre del Se\u00f1or; pero hemos de recordar que lo que no\npudo vivir en aquellos tiempos, la comuni\u00f3n al c\u00e1liz, pudo vivirlo como gracia\nm\u00edstica: \u201cEl d\u00eda de Ramos, acabando de comulgar, qued\u00e9 con gran suspensi\u00f3n, de\nmanera que aun no pod\u00eda pasar la forma, y teni\u00e9ndomela en la boca\nverdaderamente me pareci\u00f3, cuando torn\u00e9 un poco en m\u00ed, que toda la boca se me\nhab\u00eda henchido de sangre; y parec\u00edame estar tambi\u00e9n el rostro y toda yo\ncubierta de ella, como que entonces acabara de derramarla el Se\u00f1or. Me parece\nestaba caliente, y era excesiva la suavidad que entonces sent\u00eda &#8230; \u00bb (R 26).<\/p>\n\n\n\n<p>No siempre, sin\nembargo, la Eucarist\u00eda teresiana ten\u00eda estos fulgores de experiencia m\u00edstica;\nson sentidas sus quejas al Se\u00f1or por su presencia \u00abdisimulada\u00bb (V 38, 21), por\nel \u00abdisfraz\u00bb con que se cubre (C 34, 3. 9. 12), por la humildad con que se\npresenta bajo las especies de pan (Conc 1, 1). Es el misterio de la\ncondescendencia, \u00abcompa\u00f1ero nuestro en el Sant\u00edsimo Sacramento\u00bb (V 22, 6), y de\nla \u00abafabilidad\u00bb: \u00abdebajo de aquel pan est\u00e1 tratable\u00bb (C 34, 9). Su presencia da\nsentido a la vida: \u00abPues suplicaros que no est\u00e9 con nosotros, no os lo osamos\npedir, \u00bfqu\u00e9 ser\u00eda de nosotros? Que si algo os aplaca es tener ac\u00e1 tal prenda\u00bb\n(C 35, 4). Vale la pena hacer el esfuerzo que la fe requiere para gozar de su\ncompa\u00f1\u00eda, semejante a la que ten\u00eda durante su vida mortal con los hombres (C\n34, 6.7); es man\u00e1 cotidiano que Dios Padre nos da en el \u00abhoy\u00bb de cada jornada:\n\u00abSu Majestad nos le dio este mantenimiento y man\u00e1 de la Humanidad que le\nhallamos como queremos, y que si no es por nuestra culpa no moriremos de\nhambre, que de todas cuantas maneras quisiere comer el alma hallar\u00e1 en el\nSant\u00edsimo Sacramento sabor y consolaci\u00f3n\u00bb (C 34, 2, con las preciosas efusiones\ndel aut\u00f3grafo del Escorial).<\/p>\n\n\n\n<p>Todo este inmenso amor\nde Teresa por la Eucarist\u00eda nos ayuda a comprender el sentido de sus\nfundaciones. Como su amigo, el ap\u00f3stol San Pablo, ir\u00e1 por los caminos de Espa\u00f1a\nfundando \u00abiglesias\u00bb, poniendo el Sant\u00edsimo Sacramento, asegurando en torno a \u00e9l\nuna comunidad viva que ora, celebra y se empe\u00f1a en el seguimiento de Cristo,\ngozando de su presencia eucar\u00edstica y de su magisterio interior, como un nuevo\n\u00abColegio de Cristo\u00bb, una nueva Casa de Betania (cf. C 17, 5-6), donde el Se\u00f1or\nes Hu\u00e9sped y a la vez Due\u00f1o de la Casa. Cobra todo su sentido en esta\nperspectiva el testimonio teresiano: \u00abNunca dej\u00e9 fundaci\u00f3n por miedo del\ntrabajo, aunque de los caminos, en especial largos, sent\u00eda gran contradicci\u00f3n;\nmas en comenz\u00e1ndolos a andar me parec\u00eda poco, viendo en servicio de quien se\nhac\u00eda y considerando que en aquella casa se hab\u00eda de alabar al Se\u00f1or y haber\nSant\u00edsimo Sacramento &#8230;\u00bb (F 18. 5).<\/p>\n\n\n\n<p>5. El misterio del a\u00f1o\nlit\u00fargico<\/p>\n\n\n\n<p>Otro aspecto\nimportante del esp\u00edritu lit\u00fargico de la Santa es su vivencia atenta del cielo\nlit\u00fargico y la participaci\u00f3n \u00abm\u00edstica\u00bb en la liturgia de los misterios del\nSe\u00f1or y de la Virgen.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde ni\u00f1a se hab\u00eda\nnutrido con las lecturas del \u00abFlos sanctorum\u00bb que ilustraban las fiestas del\nSe\u00f1or y de los Santos. En la Encarnaci\u00f3n se aficion\u00f3 a la lectura de la Vida de\nCristo, de Landulfo de Sajonia, texto fundamental de la formaci\u00f3n b\u00edblica y\npatr\u00edstica de la Santa; el traductor espa\u00f1ol, Fray Ambrosio de Montesinos,\nhab\u00eda facilitado su consulta con unos \u00edndices lit\u00fargicos que permit\u00edan seguir\nlos pasos de la vida de Cristo al filo de los Evangelios de cada domingo. Vemos\nas\u00ed a Teresa tomar este libro para prepararse a la celebraci\u00f3n de la fiesta de\nPentecost\u00e9s (V 38, 9), como seguramente sol\u00eda hacer en todas las fiestas y\ndomingos; este libro, como tambi\u00e9n el Flos Sonctorum, pasar\u00e1 a las bibliotecas\nde los Carmelos, seg\u00fan la prescripci\u00f3n de las Constituciones (Const. 2,7).<\/p>\n\n\n\n<p>Las cartas de Teresa\nest\u00e1n jalonadas de referencias al a\u00f1o lit\u00fargico, \u00edndice de una vivencia\ninterior. Las Relaciones contienen innumerables alusiones a las fiestas como\nmarco esencial de las gracias m\u00edsticas recibidas.<\/p>\n\n\n\n<p>a) Adviento y Navidad<\/p>\n\n\n\n<p>En varios lugares de\nlas Cartas encontramos una alusi\u00f3n a Adviento como tiempo de espera\npenitencial. La devoci\u00f3n de la Santa por el misterio navide\u00f1o es proverbial;\nest\u00e1 enlazada con su devoci\u00f3n a la humanidad de Cristo y su amor entra\u00f1able a\nlas im\u00e1genes del Ni\u00f1o Jes\u00fas que pueblan sus Carmelos, con los nombres m\u00e1s\ncari\u00f1osos. Sabemos que la Madre hac\u00eda preparar la fiesta con la procesi\u00f3n de\nlas \u00abposadas\u00bb, haciendo llevar de celda en celda el Ni\u00f1o Jes\u00fas, como si de\nnuevo la Sagrada Familia pidiese un lugar en el albergue (BMC 19, 335). Ana de\nJes\u00fas nos recuerda que \u00aben la noche de Navidad, cantando en los maitines el Evangelio\nde San Juan fue cosa celestial de la manera que son\u00f3, no teniendo ella\nnaturalmente buena voz. En estas fiestas hac\u00eda muchos regocijos y compon\u00eda\nalgunas letras en cantarcicos a prop\u00f3sito de ellas y nos los hac\u00eda hacer y\nsolemnizar con alegr\u00eda\u00bb (ib 18, 474).<\/p>\n\n\n\n<p>Conservamos algunas\npoes\u00edas navide\u00f1as de la Santa que nos permiten intuir los regocijos de aquellos\nd\u00edas (P 11-17). Qued\u00f3 en la memoria de las monjas una famosa pl\u00e1tica de la Santa\nMadre hecha en Navidad, despu\u00e9s del canto de la Calenda (ib 19, 35). M\u00e1s all\u00e1\ndel sencillo folklore conventual hay una intuici\u00f3n lit\u00fargica fundamental:\nNavidad es la celebraci\u00f3n del misterio de la condescendencia divina,\nmanifestada en la humanidad sacrat\u00edsima de Cristo. Bel\u00e9n es la referencia a una\npobreza que hay que imitar (C 2, 9; F 3, 13; F 14, 6). Junto al Ni\u00f1o Jes\u00fas\nTeresa descubre y celebra el misterio de la Virgen Madre y de San Jos\u00e9 (cf. C\n31, 2).<\/p>\n\n\n\n<p>b) Cuaresma, Pascua,\nPentecost\u00e9s<\/p>\n\n\n\n<p>El tramo principal del\na\u00f1o lit\u00fargico es la Pascua, con su preparaci\u00f3n cuaresmal y su prolongaci\u00f3n\nhasta Pentecost\u00e9s. Fue siempre tiempo fuerte en la vida de Teresa. Cuaresma es\ntiempo de penitencia y de preparaci\u00f3n, como resulta de las cartas teresianas.\nPara la Santa era un tiempo privilegiado; le recordaba su conversi\u00f3n, acaecida,\nseg\u00fan parece en la Cuaresma del 1554 como parece indicar la circunstancia de la\nimagen del Cristo llagado \u00abque se hab\u00eda buscado para cierta fiesta que se hac\u00eda\nen casa\u00bb (V 9, 1). Era tambi\u00e9n tiempo de felices recuerdos familiares. Ella\nhab\u00eda nacido un 28 de marzo de 1515, mi\u00e9rcoles de Pasi\u00f3n, y hab\u00eda sido\nbautizada unos d\u00edas despu\u00e9s, el mi\u00e9rcoles de la Semana Santa o quiz\u00e1s el mismo\nd\u00eda de Pascua de aquel a\u00f1o. La Semana Santa era tiempo privilegiado para\nTeresa: \u00ab&#8230;en especial las Semanas Santas que sol\u00eda ser mi regalo de oraci\u00f3n\u00bb\n(V 30, 11). Podemos decir que Teresa sigue paso a paso las celebraciones\nlit\u00fargicas, medita amorosamente los misterios, pone acentos de aut\u00e9ntica\nparticipaci\u00f3n y goza adem\u00e1s de exquisitas gracias m\u00edsticas.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya el p\u00f3rtico del\nDomingo de Ramos era sugestivo para T. La gracia narrada en la R 26 nos\ndescubre un secreto vivido por la Santa desde los primeros a\u00f1os de su vida\nreligiosa; el Se\u00f1or le dice: \u00abbien te pago el convite que me hac\u00edas este d\u00eda\u00bb;\ny ella nos explica este conmovedor pacto que ten\u00eda con el Se\u00f1or: \u00abEsto dijo\nporque ha m\u00e1s de treinta a\u00f1os que yo comulgaba este d\u00eda, si pod\u00eda, y procuraba\naparejar mi alma para hospedar al Se\u00f1or; porque me parec\u00eda mucha la crueldad\nque hicieron los jud\u00edos, despu\u00e9s de tan gran recibimiento, dejarle ir a comer\ntan lejos, y hac\u00eda yo cuenta de que se quedase conmigo, y harto en mala posada,\nseg\u00fan ahora veo; y as\u00ed hac\u00eda unas consideraciones bobas, y deb\u00edalas admitir el\nSe\u00f1or\u00bb. La tradici\u00f3n nos recuerda que Teresa pasaba en oraci\u00f3n toda la ma\u00f1ana,\nhasta las tres de la tarde, y daba de comer a un pobre como forma concreta de\n\u201chospedar al Se\u00f1or\u00bb (BMC 2,106).<\/p>\n\n\n\n<p>El Jueves Santo\ngustaba especialmente el rito del \u00abMandato\u00bb con el serm\u00f3n sobre la caridad y el\nlavatorio de los pies (cf. Conc 1, 5). Intuimos tambi\u00e9n sus meditaciones acerca\nde la Eucarist\u00eda en este d\u00eda. Entraba as\u00ed Teresa en la celebraci\u00f3n de la Pasi\u00f3n\ndel Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>Los episodios de la\nPasi\u00f3n hab\u00edan sido objeto de amorosa lectura y meditaci\u00f3n. Ser\u00eda prolijo\nrecordar aqu\u00ed todos los textos. No hay episodio que no la haya impresionado y\nen el que ella no participe como protagonista. Recordamos por ejemplo su\ndevoci\u00f3n a la oraci\u00f3n de Jes\u00fas en el huerto (V 9, 3-4); la traici\u00f3n de Judas la\napesadumbra con solo el recuerdo;. medita en el Cristo atado a la columna, en\nel \u00abEcce Homo\u00bb, en la coronaci\u00f3n de espinas, en el camino del Calvario, en la\nmuerte en la Cruz (cf V 3,1; 10,2; 12,1; 13,12-13.22; M 2,1;6,7,6-10; R 9).<\/p>\n\n\n\n<p>La percepci\u00f3n de los\nmisterios durante las celebraciones anuales adquieren una hondura insospechada.\nEn la Pascua de 1571 en Salamanca, vive todo el drama de la pasi\u00f3n, participa\nen la desolaci\u00f3n de la Virgen, recibe el gozo de la aparici\u00f3n de Cristo\nResucitado que le recuerda la primera aparici\u00f3n de Jes\u00fas a su Madre y tambi\u00e9n a\nTom\u00e1s (cf. R 15). Es la Pascua que Teresa vive con mayor intensidad. En otra\nocasi\u00f3n ha vivido por un momento la desolaci\u00f3n de Mar\u00eda con el Hijo en sus\nbrazos, como se representa a la Virgen en la famosa \u00abPiedad\u00bb de Miguel \u00c1ngel:\n\u00abse me puso en los brazos a manera de como se pinta la \u201cQuinta angustia\u201d\u00bb (R\n58, 3).<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, no\npodemos olvidar que el Cristo de Teresa es sobre todo el Resucitado. El domingo\nde Pascua, el triunfo de Cristo, est\u00e1 en el centro de la espiritualidad\nteresiana. Sus experiencias m\u00edsticas tienen siempre un tono pascual. Cristo\naparece siempre resucitado y glorioso (V 28, 3.8; 29, 4); es motivo de perenne\nalegr\u00eda: \u00abSi est\u00e1is alegre, miradle resucitado\u201d (C 264); se le manifiesta\nglorioso en la Eucarist\u00eda (R 17; M VI 9, 3; M VII 2, 1). Por una singular\ndelicadeza Teresa se puede contar, como dijo una vez Pablo VI, entre los santos\nque han visto a Cristo Resucitado, part\u00edcipe de una gracia semejante a la de\nlas mujeres evangelistas o a la de Pablo.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre las finezas\nrecibidas del Resucitado podemos recordar una gracia semejante a la de los\ndisc\u00edpulos de Ema\u00fas (R 26, 2): \u00abse me represent\u00f3 all\u00ed Cristo, y parec\u00edame que\nme part\u00eda el pan y me lo iba a poner en la boca &#8230; \u00bb; otra vez una gracia\nsemejante a la de Tom\u00e1s: \u00abUn d\u00eda despu\u00e9s de comulgar, me parece clar\u00edsimamente\nse sent\u00f3 cabe m\u00ed nuestro Se\u00f1or y comenz\u00f3rne a consolar con grandes regalos, y\nd\u00edjome entre otras cosas: \u201cVesme aqu\u00ed, hija, que yo soy; muestra tus mano?, y\nparec\u00edame me las tomaba y llegaba a su costado, y dijo: \u201cMira mis llagas. No\nest\u00e1s sin m\u00ed. Pasa la brevedad de la vida\u201d\u00bb (15, 6). En otras muchas ocasiones\nrecibi\u00f3 con el saludo de la paz la seguridad: \u00abNo temas, yo estoy contigo\u00bb (cf.\nM VII 2, 6; V 25. 18).<\/p>\n\n\n\n<p>El per\u00edodo que\nconcluye el tiempo pascual, de la Ascensi\u00f3n a Pentecost\u00e9s, est\u00e1 tambi\u00e9n cuajado\nde experiencias m\u00edsticas. Teresa se prepara con esmero a la venida del Esp\u00edritu\nSanto. Es tiempo carism\u00e1tico. As\u00ed se abisma en la contemplaci\u00f3n de la Trinidad,\ndespu\u00e9s de la comuni\u00f3n, un martes despu\u00e9s de la Ascensi\u00f3n (R 16). La vemos\nprepararse a la venida del Esp\u00edritu Santo, la vigilia de Pentecost\u00e9s, y recibir\nuna gracia semejante a la de los ap\u00f3stoles: La lectura del \u00abCartujano\u00bb suscita\nla alabanza, y en medio de la alabanza he aqu\u00ed el \u00abPentecost\u00e9s teresiano\u00bb: \u00abVeo\nsobre mi cabeza una paloma, bien diferente de las de ac\u00e1, porque no ten\u00eda estas\nplumas, sino las alas de unas conchicas que echaban de s\u00ed gran resplandor&#8230;\u00bb\n(V 38, 10). Es una gracia que le dura toda la Pascua del Esp\u00edritu Santo, como\ngraciosamente llama Teresa a esta fiesta. Todav\u00eda tenemos otras gracias\nrelatadas en torno a esta fecha (R 39; 40; 67). Y no hay que olvidar que en el\nambiente de Pentecost\u00e9s de 1577 surgi\u00f3 la idea de componer el libro que ser\u00e1\n\u00abEl Castillo interior\u00bb y llevar\u00e1 como fecha inicial la fiesta de la Trinidad (M\nPr\u00f3l. 3).<\/p>\n\n\n\n<p>No podemos olvidar que\nla fiesta de la Sant\u00edsima Trinidad era para Teresa una fecha memorable. Su\nexperiencia del misterio era riqu\u00edsima. La sinton\u00eda con lo que la Iglesia\ncelebraba, perfecta; as\u00ed Teresa contemplaba el misterio del que tantas sublimes\nexperiencias hab\u00eda tenido (Cf. V 27, 9; R 16; 24; 25; 47; M VII 1, 6). En su\nbreviario tra\u00eda la Madre unas estampas con la imagen de la Trinidad pintada de\nuna manera muy curiosa, como atestigua el P. Graci\u00e1n: \u00abLa del Padre era de un\nrostro muy venerable; la del Esp\u00edritu Santo era una figura de medio arriba,\ncomo de un mancebo muy hermoso, sin barbas, muy encendido el rostro y ocultado\nla mitad del cuerpo entre unas nubes de fuego&#8230; La del Hijo, resucitado, con\ncorona de espinas y llagas y ten\u00eda un no s\u00e9 qu\u00e9, porque no se miraba una vez\nque no diese consuelo y esp\u00edritu\u00bb (Escolias). Cuando escuchamos las\nexperiencias de Teresa acerca de la Trinidad nos parece contemplar el icono del\npintor ruso Andrej Roublev que tan bien supo pintar el misterio de Dios uno y\ntrino figurado en los \u00e1ngeles que se aparecieron a Abrah\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p>Recordamos por \u00faltimo\nsu devoci\u00f3n particular por la fiesta de Corpus Christi, como ella misma nos\nrecuerda (V 30, 11), d\u00eda en que pod\u00eda celebrar su amor y su fe por la Santa\nEucarist\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>c) Las fiestas de\nnuestra Se\u00f1ora<\/p>\n\n\n\n<p>Teresa celebra con\nternura y piedad filial las fiestas de nuestra Se\u00f1ora. Graciosamente afirma\nella que hab\u00eda experimentado los gozos, dolores y glorias de la Virgen, \u00aben sus\nd\u00edas vienen los trabajos y descansos como cosa propia\u00bb (cta. 242, 11); as\u00ed\nescrib\u00eda al P. Graci\u00e1n en la v\u00edspera de la Asunci\u00f3n de 1578, en plena marea de\ndificultades para la Reforma. Entre todas las fiestas de la Virgen, la m\u00e1s\nbella para Teresa es, sin duda, la Asunci\u00f3n de Nuestra Se\u00f1ora. Ya de joven\nhab\u00eda sido devota de esta fiesta (V 5, 9). En la misma festividad,\nprobablemente en el a\u00f1o 1560, recibe en \u00c1vila una gracia de la Virgen, con\nrostro de \u00abni\u00f1a\u00bb, una especie de investidura m\u00edstica en la que la Madre del\nCarmelo confiere a Teresa ser tambi\u00e9n madre del nuevo Carmelo (cf. V 33,14). En\notra ocasi\u00f3n fue como si participara en el triunfo mismo de la Virgen; en la\nfiesta de su Asunci\u00f3n gloriosa: \u00abUn d\u00eda de la Asunci\u00f3n de la Reina de los \u00c1ngeles\ny Se\u00f1ora nuestra&#8230; se me represent\u00f3 su subida al cielo y la alegr\u00eda y\nsolemnidad con que fue recibida y el lugar adonde est\u00e1. Fue grand\u00edsima la\ngloria que mi esp\u00edritu tuvo de ver tanta gloria&#8230; y qued\u00f3me gran deseo de\nservir a esta Se\u00f1ora, pues tanto mereci\u00f3\u00bb (V 39, 26).<\/p>\n\n\n\n<p>Otras fiestas\nentra\u00f1ables son la de la Natividad de la Virgen, en la que le parece renovar\nsus votos \u00aben manos\u00bb de nuestra Se\u00f1ora (R 48), y la fiesta de la Presentaci\u00f3n\nde la Virgen en el templo, por la gracia concedida en ese d\u00eda al P. Graci\u00e1n (R\n60; cf. R 64).<\/p>\n\n\n\n<p>Lo m\u00e1s importante para\nTeresa es la conciencia de la presencia de Mar\u00eda en medio de la comunidad\norante, como pudo experimentarla en San Jos\u00e9 de \u00c1vila, un d\u00eda despu\u00e9s de\ncompletas (cf. V 36, 24), y de nuevo en la Encarnaci\u00f3n donde le dice estas\nhermosas palabras: \u00abYo estar\u00e9 presente a las alabanzas que hicieren a mi Hijo,\ny se las presentar\u00e9\u00bb (R 25, 1). Mar\u00eda realiza su misi\u00f3n de presencia orante,\nintercesi\u00f3n ardiente, en medio de la comunidad carmelitana que es una Iglesia\nen peque\u00f1o donde no puede faltar la presencia de la Madre.<\/p>\n\n\n\n<p>d) En las fiestas de\nlos Santos<\/p>\n\n\n\n<p>Teresa tiene una\nrelaci\u00f3n amistosa y cordial con los Santos, con la Iglesia del cielo. Se\nconserva una lista con los nombres de los bienaventurados de los que ella era\nm\u00e1s devota. Ocupa un lugar de relieve San Jos\u00e9, a quien ya festejaba desde sus\na\u00f1os de la Encarnaci\u00f3n: \u00abProcuraba yo hacer su fiesta con toda la solemnidad\nque pod\u00eda &#8230; \u00bb (V 6, 7); en la legislaci\u00f3n lit\u00fargica de las Constituciones, S.\nJos\u00e9 tiene un grado especial (Const 2,1). Tambi\u00e9n son santos de gran intimidad\nlos Ap\u00f3stoles Pedro y Pablo, \u201ceran estos gloriosos santos muy mis se\u00f1ores\u00bb (V\n29, 5). Un d\u00eda de San Pablo, probablemente en la fiesta de la conversi\u00f3n (25 de\nenero de 1561), recibi\u00f3 la gracia de la presencia y visi\u00f3n de la Humanidad de\nCristo (V 28, 3). Tambi\u00e9n S. Agust\u00edn la obsequia un d\u00eda de su fiesta con una\ngracia trinitaria (R 47). En torno a la fiesta de San Mart\u00edn de Tours recibe\ndos gracias importantes: luz sobre la fecha de su muerte (R 7) y la merced del\nmatrimonio espiritual (R 35). Dos veces recibe una gracia en la fiesta de Santa\nMar\u00eda Magdalena de quien fue siempre muy devota (R 32; 42).<\/p>\n\n\n\n<p>Esta simple\nenumeraci\u00f3n de fechas y nombres, de experiencias m\u00edsticas y de participaci\u00f3n\nlit\u00fargica, nos revela la hondura con que Teresa sigue el ritmo de la oraci\u00f3n de\nla Iglesia en la celebraci\u00f3n de los Santos; las fechas del calendario eclesial\nse convierten en d\u00edas privilegiados de comuni\u00f3n espiritual con los Santos.<\/p>\n\n\n\n<p>6. El amor a los\nsacramentos<\/p>\n\n\n\n<p>No podemos terminar\nesta exposici\u00f3n sin aludir de manera general al amor de Teresa por los\nsacramentos de la Iglesia. Su confesi\u00f3n de fe est\u00e1 condensada en esta\nafirmaci\u00f3n, transida de amor por la Iglesia Cat\u00f3lica que los posee, y de dolor\npor los que se apartan de las fuentes de la vida: \u00abAqu\u00ed es&#8230; el acudir a los\nSacramentos; la fe viva que aqu\u00ed le queda de ver la virtud que Dios en ellos\npuso; el alabaros porque dejasteis tal medicina y ung\u00fcento para nuestras\nllagas, que no las sopresanan, sino que del todo las quitan\u00bb (V 19, 5). Certera\nteolog\u00eda y espiritualidad sacramental de Teresa en tiempos en que se negaba la\nfuerza santificante y renovadora de los sacramentos de la penitencia y de la\nunci\u00f3n de los enfermos, a los que parece aludir especialmente en este texto.<\/p>\n\n\n\n<p>Ana de Jes\u00fas completa\ny confirma lo dicho con esta hermosa declaraci\u00f3n: \u00abTambi\u00e9n se le ve\u00eda la viva\nfe en el amor y reverencia con que usaba de los Sacramentos, y la estima y\ndevoci\u00f3n que mostraba en todas las ceremonias de la Iglesia, y el consuelo que\nla daba tomar a menudo agua bendita, que nunca quer\u00eda camin\u00e1semos sin ella &#8230;\n\u00bb (BMC 19, 466). Alma de espl\u00e9ndida sensibilidad lit\u00fargica tiene gestos\nrituales tan entra\u00f1ables como este: \u00abEn llegando a alguna iglesia quer\u00eda que\nnos postr\u00e1semos todas con profunda reverencia; aunque estuviese cerrada la\npuerta se apeaba y hac\u00eda esto diciendo: qu\u00e9 gran bien que hallemos aqu\u00ed la\npresencia del Hijo de Dios\u00bb (ib 467).<\/p>\n\n\n\n<p>Pueden bastar estas\nreferencias, no completas, para percibir la sensibilidad lit\u00fargica de la Santa\nMadre en su vida. la herencia que dej\u00f3 a su Carmelo, el gozo con que hoy\nvivir\u00eda la liturgia renovada, con ritos y palabras que podr\u00eda comprender en su\nlengua, con una plena participaci\u00f3n como la que ya en sus tiempos quer\u00eda para\nella y sus hijas.<\/p>\n\n\n\n<p>Jes\u00fas Castellano\nCervera<\/p>\n\n\n\n<p>Todos los derechos:&nbsp;<em>Diccionario Teresiano<\/em>,\nGpo.Ed.FONTE<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Con mucha frecuencia al hablar de la relaci\u00f3n entre Teresa y la liturgia se cae en una cierta superficialidad. 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