{"id":4921,"date":"2021-02-15T16:16:51","date_gmt":"2021-02-15T22:16:51","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4921"},"modified":"2022-02-15T16:19:38","modified_gmt":"2022-02-15T22:19:38","slug":"fuego-3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=4921","title":{"rendered":"FUEGO"},"content":{"rendered":"\n<p>(<em>Dios,\nexcluidos, infierno, juicio, pecado<\/em>). Dentro de la teolog\u00eda cristiana,\nsuele citarse el fuego en relaci\u00f3n con la exclusi\u00f3n de los pecadores, conforme\na la sentencia de Mt 25,41: \u00abApartaos de m\u00ed, al fuego eterno\u00bb. Pero tiene adem\u00e1s otros sentidos,\nvinculados de un modo especial con la manifestaci\u00f3n de Dios, en su doble forma,\ncreadora y destructora.<\/p>\n\n\n\n<ol><li><em>Fuego de Dios: teofan\u00eda y castigo. <\/em>El fuego est\u00e1 ligado a lo divino como fuerza creadora y destructora. La misma revelaci\u00f3n de Dios, que trasciende y fundamenta los principios y poderes normales de la vida, se halla unida repetidamente al fuego. Hay fuego de Dios en la teofan\u00eda del Sina\u00ed (Ex 19,18), lo mismo que en la visi\u00f3n de la zarza ardiendo (Ex 3,2) y en la nube luminosa (Ex 13,21-22; Nm 14,14). El fuego acompa\u00f1a a las grandes teofan\u00edas apocal\u00edpticas de Ez 1,4.13.27 y Dn 7,10 y, l\u00f3gicamente, puede adquirir rasgos destructores para aquellos que se oponen al proyecto de Dios, dentro de la misma historia. En ese plano se sit\u00faa el castigo de las viejas ciudades pervertidas de la hoya del mar Muerto (Gn 19,24-25), lo mismo que la s\u00e9ptima plaga de Egipto (Ex 9,24). Por eso, no es extra\u00f1o que se diga que del seno de Dios proviene el fuego que devora a los rebeldes (Lv 10,2) o destruye a los murmuradores del pueblo de Israel en el desierto (Nm 11,1-3). \u00c9ste es el fuego que obedece a El\u00edas, profeta (1 Re 18,38-39; 2 Re 1,10-12), castigando a los enemigos de Dios o a los mismos israelitas pervertidos (cf. Am 1,4-7; 2,5; Os 8,14; Jr 11,16; 21,24; Ez 15,7; etc.). En contra de eso, el fuego de Mt 25,41 desborda el nivel hist\u00f3rico y debe situarse en una perspectiva escatol\u00f3gica: en el momento final de la historia, cuando Dios realiza el juicio sobre el mundo. En esta l\u00ednea han empezado a situarse ya las formulaciones de Joel, con su visi\u00f3n del fuego que precede y comienza a realizar el juicio (Jl 2,3; 3,3). Tambi\u00e9n es importante Ez 38,22; 39,6, que presenta el fuego como instrumento de la justicia de Dios, que destruye al \u00faltimo enemigo de los justos, Gog y Magog, antes de que surja un mundo nuevo. Por su parte, Mal 3,1-3.9 anuncia la venida escatol\u00f3gica de El\u00edas con el fuego de Dios que purifica y prepara la llegada de Dios. (2) <em>Mois\u00e9s. La zarza ardiente. <\/em>Conforme a un esquema usual en muchas tradiciones religiosas de Oriente y Occidente, la manifestaci\u00f3n de Dios se encuentra vinculada al <em>fuego<\/em>: es llama que arde y calienta. El texto m\u00e1s significativo es el de la zarza ardiente: \u00abEntonces se le apareci\u00f3 el \u00e1ngel de Yahv\u00e9 en una llama de fuego en medio de una zarza. Mois\u00e9s observ\u00f3 y vio que la zarza ard\u00eda en el fuego, pero la zarza no se consum\u00eda. Entonces Mois\u00e9s pens\u00f3: Ir\u00e9, pues, y contemplar\u00e9 esta gran visi\u00f3n; por qu\u00e9 la zarza no se consume. Cuando Yahv\u00e9 vio que se acercaba para mirar, lo llam\u00f3 desde en medio de la zarza dici\u00e9ndole: \u00a1Mois\u00e9s, Mois\u00e9s! Y \u00e9l respondi\u00f3: Heme aqu\u00ed\u00bb (Ex 3,2-4). Este pasaje vincula fuego y zarza (\u00e1rbol y llama), en paradoja que ilustra el sentido radical de lo divino. Mois\u00e9s ha tenido que atravesar el desierto y llegar a la monta\u00f1a sagrada, donde ve a Dios en la zarza que arde. \u00c1rbol y arbusto son desde antiguo signos religiosos, como aparece en la historia de Abrah\u00e1n (encina de Mor\u00e9: Gn 12,6) y como sabe la tradici\u00f3n religiosa cananea, combatida por los profetas (culto de la piedra y \u00e1rbol, de Baal y Ashera). Pues bien, en este momento, en medio del desierto, la visi\u00f3n de Dios se encuentra vinculada con un \u00e1rbol ardiente: la misma vegetaci\u00f3n se vuelve ardor y fuego donde Dios se manifiesta. \u00c9ste es un fuego parad\u00f3jico: es zarza llameante que arde sin consumirse. Esto es Dios: llama constante, vida que se sigue manteniendo en aquello que parece incapaz de tener vida. Quiz\u00e1 pudiera trazarse un paralelo: los hebreos oprimidos son la zarza, arbusto fr\u00e1gil que en cualquier momento puede quebrar y destruirse, consumidos por el desierto o aniquilados por la monta\u00f1a de los grandes pueblos de este mundo. Pues bien, en esa zarza que se consume sin consumirse se desvela Dios, como vida, en aquello que es m\u00e1s d\u00e9bil, m\u00e1s fr\u00e1gil. Mois\u00e9s ha ido a la Monta\u00f1a de Dios dispuesto a ver el espect\u00e1culo, como simple curioso que mira las cosas desde fuera. Pero Dios, que le hablar\u00e1 desde el fuego de la zarza, tiene otra intenci\u00f3n, se manifiesta de otra forma, revel\u00e1ndose como Yahv\u00e9 (El que Es) y envi\u00e1ndole a liberar a los hebreos.<\/li><li><em>Fuego destructor, fuego de castigo. Introducci\u00f3n. <\/em>A partir de los pasajes anteriores, la tradici\u00f3n exeg\u00e9tica ha distinguido dos tipos de fuego de castigo: uno que destruye a los culpables para siempre (fuego de aniquilaci\u00f3n) y otro que les castiga y atormenta, tambi\u00e9n para siempre (fuego de punici\u00f3n). (a) <em>Fuego de aniquilaci\u00f3n<\/em>. Es signo de la fuerza destructora de Dios que consume a los malvados. El mismo fuego de Dios ejerce una funci\u00f3n positiva (da calor, ofrece vida, es signo teof\u00e1nico) y tambi\u00e9n otra que es negativa (es terror\u00edfico, destruye todo lo que encuentra). En esa l\u00ednea, desde un punto de vista filos\u00f3fico, dentro de la tradici\u00f3n occidental, el fuego puede presentarse como signo de la totalidad c\u00f3smica, como principio positivo y constitutivo de la realidad (uno de los cuatro elementos; los otros son agua, tierra, aire) o como poder destructor, que todo lo aniquila para recrearlo (Her\u00e1clito). El fuego, en fin, tiene una clara connotaci\u00f3n psicol\u00f3gica y se muestra como expresi\u00f3n de aquel poder que nos conduce a la conquista del mundo (complejo de Prometeo) o nos lleva hacia la luz oscura de la muerte (mito de Emp\u00e9docles), convirti\u00e9ndose as\u00ed en sin\u00f3nimo de ruptura, destrucci\u00f3n, puro vac\u00edo. (b) <em>Fuego de<\/em> <em>castigo<\/em>. No destruye, sino que va quemando sin fin los cuerpos y las almas de los condenados. Esta visi\u00f3n de fuego de castigo inextinguible s\u00f3lo es posible all\u00ed donde se pone de relieve el car\u00e1cter perverso de algunos hombres y la visi\u00f3n de un Dios juez, que impone una condena sin fin a esos perversos. \u00c9ste es un tema clave de la teodicea entendida ya de una manera judicial. El viejo <em>Sheol<\/em> de las representaciones antiguas, donde todos por igual perviven tras la muerte, en estado de sombra (pero sin sufrimiento), no responde a la nueva experiencia de Dios y su justicia, que tiene que sancionar a los malvados. Por eso, el <em>Sheol <\/em>se convierte progresivamente en lugar de espera hasta que llegue el juicio que se expresa como salvaci\u00f3n o condena (cf. Dn 12,1-3).<\/li><li><em>Aniquilar o castigar. Desarrollo b\u00edblico. <\/em>Conforme a lo anterior, la <em>funci\u00f3n <\/em>del fuego es doble: puede concebirse como fuerza destructora que aniquila o como llama juzgadora que castiga. En un caso estamos ante la \u00abpena de muerte\u00bb que es propia de la misma naturaleza, muerte que aniquila al fin a todos, en un proceso constante de generaci\u00f3n y corrupci\u00f3n, que se aplica por igual a cuerpos y almas. En otro caso estamos ante una \u00abcondena perpetua\u00bb, un castigo sin fin. No es f\u00e1cil deslindar las perspectivas. Las palabras de los textos b\u00edblicos resultan muchas veces ambiguas. Quiz\u00e1 el mismo contenido de la suerte de los condenados resulte ambivalente. Por eso no es extra\u00f1o que se crucen las im\u00e1genes de tal forma que a veces se pueda pensar en una destrucci\u00f3n (aniquilaci\u00f3n) de los perversos que dejan de existir, consumidos por el fuego de Dios; otras, en cambio, parece que se trata de un castigo que no acaba, con un fuego de condena que jam\u00e1s termina de quemar a los malvados. Resulta arriesgado distinguir representaci\u00f3n de representaci\u00f3n. Por otra parte, no podemos olvidar que el fuego es s\u00edmbolo del fracaso del hombre que se pierde frente a Dios, es s\u00edmbolo y no concepto claro. A pesar de ello pensamos que hay algunas l\u00edneas que pueden destacarse. Del fuego que destruye a los malvados habla Job 36,9-10 y de forma todav\u00eda m\u00e1s concreta <em>4 Esd<\/em>: los perversos se han alzado contra el pueblo de los justos y parece que van a destruirlo; pues bien, entonces surgir\u00e1 \u00abese hombre\u00bb (Hijo de Hombre), arrojar\u00e1 fuego de su boca y destruir\u00e1 a los enemigos (<em>4 Esd <\/em>13,10-11; cf. <em>BarSir <\/em>37,1; 48,39). Este juicio destructor suele tener car\u00e1cter proped\u00e9utico: funci\u00f3n suya es quemar a todos los perversos, a fin de que resulte posible el orden de Dios, el mundo nuevo. S\u00f3lo viven y perviven, resucitan, los amigos de Dios o los salvados. De los otros no queda m\u00e1s recuerdo positivo ni existencia; ser\u00e1n aniquilados. El fuego de condena est\u00e1 simbolizado por la <em>gehena.<\/em><\/li><li><em>Gehenna: fuego de castigo. <\/em>Dentro de la l\u00f3gica de la teolog\u00eda israelita, resulta normal que en un momento dado el castigo de los pecadores deje de tomarse como aniquilaci\u00f3n y se interprete en forma de condena duradera. Junto a la vida de los justos en el nuevo e\u00f3n que ya se acerca est\u00e1 el castigo o sufrimiento de los condenados. El fuego, que antes era destructor, se vuelve ahora principio de tortura. As\u00ed lo supone Is 66,22-24: frente a los salvados, que ascienden y llegan al templo, se amontonan en la parte m\u00e1s honda del valle que est\u00e1 junto al templo los cad\u00e1veres de los rebeldes, pudri\u00e9ndose y quem\u00e1ndose por siempre (cf. Jdt 16,17; Eclo 21,9-10). Esta doble imagen, de la monta\u00f1a de Dios (templo, cielo) y del valle de los muertos (corrupci\u00f3n, fuego), pervive a lo largo de la tradici\u00f3n posterior. Frente al lugar de la vida o salvaci\u00f3n se encuentra el campo de la muerte, identificado con la <em>gehenna<\/em>, valle de mala memoria, al borde de Jerusal\u00e9n (cf. 2 Re 16,3; 21,6), basurero donde arden sin fin los desperdicios de la ciudad, lugar que se convierte en signo de castigo para los injustos (cf. <em>1 Hen <\/em>90,26; Jr 7,32; 19,6; <em>ApBar <\/em>59,10). Del <em>Sheol<\/em>, donde todos los muertos llevaban sin distinci\u00f3n vida de sombras, en el momento en que se va expresando la esperanza en una supervivencia, pasamos al simbolismo de la doble suerte de los hombres: nuevo e\u00f3n para los justos, <em>gehenna <\/em>o castigo para los imp\u00edos. S\u00f3lo ahora puede hablarse de una doble resurrecci\u00f3n: unos para la vida y otros para la ignominia eterna (Dn 12,1-2).<\/li><li><em>\u00bfNovedad de Jes\u00fas? <\/em>En este contexto se sit\u00faa la palabra de Jes\u00fas. Anotemos que, seg\u00fan la tradici\u00f3n evang\u00e9lica, Jes\u00fas ha rechazado el uso del fuego como expresi\u00f3n de un castigo dentro de la historia: no ha querido ser El\u00edas que destruye con la llama de Dios a las personas enemigas (cf. Lc 9,54-55). Tampoco alude al fuego como fuerza del juicio que aniquila, en la l\u00ednea de aquello que se pone en boca del Bautista (Mt 3,1-12 y par; cf. ApJn 20,9). Jes\u00fas anuncia el juicio y lo anuncia seriamente; pero nunca ha interpretado a Dios en forma de principio o portador de un fuego que destruye a los malvados. Dios viene a salvar, no a destruir; viene para amar a los pecadores y no para aniquilarlos con su llama. Pues bien, rechazando el fuego del castigo hist\u00f3rico, Jes\u00fas parece haber acentuado el papel del fuego en la condena escatol\u00f3gica, pero lo ha hecho siempre de forma parab\u00f3lica, a modo de llamada a conversi\u00f3n. El mismo Jes\u00fas que no quiere actuar como juez que destruye a los hombres del mundo ha anunciado, con radicalidad hasta entonces insospechada, la posibilidad de un rechazo humano, el peligro de un final que se expresa en la condena (cf. Mc 9,42-45; Mt 10,28; 13,40-42). En ese contexto se sit\u00faa Mt 25,41, cuando dice a los que se hallan a la izquierda: \u00abId al fuego eterno\u00bb. En este contexto, fuego (<em>pyr<\/em>) significa alejamiento del Se\u00f1or, separaci\u00f3n respecto al Hijo del Hombre (\u00abapartaos de m\u00ed\u00bb). Fuego es Dios como principio de vida (luz). Por el contrario, la lejan\u00eda de Dios se convierte en fuego de destrucci\u00f3n, en soledad, fracaso. Ese fuego es <em>aionios<\/em>, es decir, definitivo, es la expresi\u00f3n de una vida que llega a su fin, a un final que no tiene retorno. Pero, dicho eso, debemos a\u00f1adir que el texto de Mt 25,31-46, no es un texto filos\u00f3fico, dedicado a la naturaleza del fuego o del infierno, sino un texto paren\u00e9tico. No est\u00e1 diciendo s\u00f3lo lo que pasar\u00e1 al final, sino que est\u00e1 intentando precisar el sentido del presente, como tiempo en que los hombres pueden comunicarse entre s\u00ed, en amor mutuo. En ese sentido, el infierno (fuego definitivo) es el rechazo del otro, es el negar la vida al pobre, hambriento y sediento, es el negar la comuni\u00f3n al distinto (desnudo, extranjero), es el negar la ayuda al oprimido (enfermo, encarcelado). Jes\u00fas ha proclamado un mensaje de gracia total, de manera que ha ofrecido el reino de Dios a todos los hombres y mujeres, sin condiciones de ning\u00fan tipo, con la sola condici\u00f3n de que lo acepten, es decir, de que se acepten a s\u00ed mismos como amigos, perdonados, agraciados. Donde ellos no se aceptan as\u00ed, donde no se reconocen unos a los otros, corren el riesgo de perderse, pero siempre en el interior de un Dios que acaba siendo fuego de amor.<\/li><li><em>Apocalipsis. <\/em>El fuego es uno de los elementos b\u00e1sicos de la realidad, vinculado por una parte a Dios (es creador, signo de vida) y por otra al juicio y destrucci\u00f3n de los perversos. Estos aspectos resultan a veces dif\u00edciles de separar: (a) <em>Fuego de Dios<\/em>. Est\u00e1 representado por las l\u00e1mparas que brillan ante su trono (Ap 4,5) y por el mar cristalino de fuego que forma la base de su cielo (cf. 15,2). Es fuego que puede volverse destructor, quemando en la guerra final a los perversos (20,9). (b) <em>Fuego de Cristo<\/em>. Aparece en sus ojos que alumbran como llama (1,14; 2,18; 19,22) y en sus pies que son bronce candente (1,15; cf. 10,1). (c) <em>Fuego del juicio hist\u00f3rico<\/em>. Lo utilizan, por un lado, los perversos para realizar su obra fat\u00eddica (9,17; 13,13), que culmina en la quema de la Prostituta (17,16). Pero tambi\u00e9n Dios lo emplea en un proceso que va marcando la destrucci\u00f3n de todas las cosas (8,3-7; 16,8-9; 18,1). (4) <em>Fuego del juicio escatol\u00f3gico<\/em>. La Ciudad nueva no es fuego, sino brillo de luz que no quema: agua que da vida (cf. 22,1-5). Por el contrario, el estanque de azufre que arde sin fin (14,10; 20,10.14.15; 21,8) es fuego de pura destrucci\u00f3n.<\/li><\/ol>\n\n\n\n<p>Cf. G. BACHELARD, <em>Psicoan\u00e1lisis del fuego, <\/em>Alianza, Madrid 1973; A. CHOURAQUI, <em>Mois\u00e9s, <\/em>Herder, Barcelona 1999; V.\nMORLA, <em>El fuego en el Antiguo Testamento.\nEstudios de sem\u00e1ntica ling\u00fc\u00edstica, <\/em>Monograf\u00edas B\u00edblicas, Verbo Divino,\nEstella 1988; A. NEHER, <em>Mois\u00e9s y la\nvocaci\u00f3n jud\u00eda<\/em>, Villagray, Madrid 1963; X. PIKAZA, <em>Hermanos de Jes\u00fas y servidores de los m\u00e1s peque\u00f1os. Mt 25,31-46, <\/em>S\u00edgueme,\nSalamanca 1984.<\/p>\n\n\n\n<p>Todos los\nderechos: <em>Diccionario<\/em><em> de la Biblia, historia y palabra<\/em>, X. Pikaza<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Dios, excluidos, infierno, juicio, pecado). Dentro de la teolog\u00eda cristiana, suele citarse el fuego en relaci\u00f3n con la exclusi\u00f3n de los pecadores, conforme a la sentencia de Mt 25,41: \u00abApartaos de m\u00ed, al fuego eterno\u00bb. 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