{"id":5235,"date":"2022-02-02T00:01:38","date_gmt":"2022-02-02T06:01:38","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=5235"},"modified":"2022-03-17T17:04:25","modified_gmt":"2022-03-17T23:04:25","slug":"ciencia-de-la-cruz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=5235","title":{"rendered":"Ciencia de la Cruz"},"content":{"rendered":"\n<p><strong><a id=\"topCC\"><\/a><a href=\"#CC00\">Ciencia de la Cruz<\/a><\/strong><br \/><strong>&#8211; Edith Stein &#8211;<\/strong><br \/><br \/><strong>Indice<\/strong><br \/><strong><a href=\"#CC01\">Pr\u00f3logo<\/a><br \/><a href=\"#CC02\">Introducci\u00f3n<\/a><\/strong><br \/><strong><br \/><a href=\"#CC03\">I El mensaje de la Cruz<\/a><br \/><a href=\"#CC04\">1 Tempranos encuentros con la cruz<\/a><br \/><a href=\"#CC05\">2 El mensaje de la Sagrada Escritura<\/a><br \/><a href=\"#CC06\">3 El Sacrificio de la misa<\/a><br \/><a href=\"#CC07\">4 Visiones de la Cruz<\/a><br \/><a href=\"#CC08\">5. El mensaje de la Cruz<\/a><br \/><a href=\"#CC09\">6 Contenido del mensaje de la Cruz<\/a><\/strong><br \/><strong><br \/><a href=\"#CC09b\">II Doctrina de la Cruz<\/a><br \/><a href=\"#CC10\">Introducci\u00f3n: San Juan de la Cruz como escritor<\/a><br \/><a href=\"#CC11\">1. Cruz y noche (noche del sentido)<\/a><br \/><a href=\"#CC12\">1.1 Diferencia en el car\u00e1cter del s\u00edmbolo: El s\u00edmbolo y su expresi\u00f3n c\u00f3smica<\/a><br \/><a href=\"#CC13\">1.2 La canci\u00f3n de la <\/a><\/strong><em><strong><a href=\"#CC13\">Noche oscura<\/a><\/strong><\/em><strong><br \/><a href=\"#CC14\">1.3 Noche oscura del sentido<\/a><\/strong><br \/><a href=\"#CC123\"><strong>a) Introducci\u00f3n al sentido de la Noche<\/strong><\/a><strong><br \/><\/strong><a href=\"#CC234\"><strong>b) Entrada activa en la noche como seguimiento de la Cruz <\/strong><\/a><strong><br \/><\/strong><a href=\"#CC345\"><strong>c) La noche pasiva como crucifixi\u00f3n <\/strong><\/a><strong><br \/><a href=\"#CC15\">2 Esp\u00edritu y fe. Muerte y resurrecci\u00f3n: (Noche del esp\u00edritu)<\/a><br \/><a href=\"#CC16\">2.1 Despojo de las fuerzas espirituales en la noche activa<\/a><\/strong><br \/><a href=\"#CC456\"><strong>a) La noche de la fe como camino para la uni\u00f3n <\/strong><\/a><br \/><a href=\"#CC567\"><strong>b) La desnudez de las fuerzas espirituales como camino y muerte de cruz <\/strong><\/a><br \/><strong><a href=\"#CC678\">c) Incapacidad de todo lo creado para servir de medio para la uni\u00f3n<\/a><\/strong><br \/><a href=\"#CC789\"><strong>d) Desnudez de la memoria <\/strong><\/a><br \/><a href=\"#CC891\"><strong>e) Purificaci\u00f3n de la voluntad <\/strong><\/a><br \/><a href=\"#CC912\"><strong>Pasiones<\/strong><\/a> <strong><br \/><a href=\"#CC17\">2.2 Esclarecimiento mutuo entre \u201cesp\u00edritu\u201d y \u201cfe\u201d<\/a><\/strong><br \/><a href=\"#CC987\"><strong>a) Mirada retrospectiva y prospectiva <\/strong><\/a><br \/><a href=\"#CC876\"><strong>b) Actividad natural del esp\u00edritu<\/strong><\/a><br \/><a href=\"#CC765\"><strong>c) Elevaci\u00f3n del alma al orden sobrenatural <\/strong><\/a><br \/><a href=\"#CC654\"><strong>d) Comunicaciones extraordinarias de la gracia y liberaci\u00f3n de ellas<\/strong><\/a> <strong><br \/><a href=\"#CC18\">2.3 Muerte y resurrecci\u00f3n<\/a><\/strong><br \/><a href=\"#CC543\"><strong>a) Noche pasiva del esp\u00edritu<\/strong><\/a> <br \/><a href=\"#CC432\"><strong>b) Inflamaci\u00f3n de amor y transformaci\u00f3n <\/strong><\/a><br \/><a href=\"#CC321\"><strong>c) La secreta escala<\/strong><\/a> <br \/><a href=\"#CC210\"><strong>d) El vestido tricolor del alma <\/strong><\/a><br \/><a href=\"#CC198\"><strong>e) A oscuras y escondida en profunda paz <\/strong><\/a><br \/><a href=\"#CC566\"><strong>El alma en el reino del esp\u00edritu y de los esp\u00edritus <\/strong><\/a><br \/><a href=\"#CC577\"><strong>a) Estructura del alma-Esp\u00edritu de Dios y esp\u00edritus creados<\/strong><\/a> <br \/><a href=\"#CC588\"><strong>b) Comunicaci\u00f3n del alma con Dios y con los esp\u00edritus creados <\/strong><\/a><br \/><a href=\"#CC599\"><strong>c) El m\u00e1s profundo centro del alma y los pensamientos del coraz\u00f3n <\/strong><\/a><br \/><a href=\"#CC233\"><strong>d) El alma, el yo y la libertad <\/strong><\/a><br \/><a href=\"#CC244\"><strong>e) Diversas especies de la uni\u00f3n con Dios <\/strong><\/a><br \/><a href=\"#CC255\"><strong>f) Fe y contemplaci\u00f3n. Muerte y resurrecci\u00f3n<\/strong><\/a> <strong><br \/><a href=\"#CC19\">3 La gloria de la resurrecci\u00f3n<\/a><br \/><a href=\"#CC20\">3.1 En las llamas del Divino amor<\/a><\/strong><br \/><a href=\"#CC344\"><strong>a) En el umbral de la vida eterna<\/strong><\/a><br \/><strong><a href=\"#CC355\">b) Uni\u00f3n con Dios, Uno y Trino<\/a><\/strong><br \/><a href=\"#CC366\"><strong>c) Entre resplandores de gloria divina<\/strong><\/a><br \/><a href=\"#CC377\"><strong>d) Vida escondida de amor<\/strong><\/a><br \/><a href=\"#CC388\"><strong>e) Caracter\u00edsticas de la Llama<\/strong><\/a> <strong><br \/><a href=\"#CC21\">3.2 El c\u00e1ntico nupcial del alma<\/a><\/strong><br \/><a href=\"#CC411\"><strong>a) El C\u00e1ntico Espiritual y su relaci\u00f3n con los dem\u00e1s escritos<\/strong><\/a> <br \/><a href=\"#CC455\"><strong>b) La idea central, conforme a la exposici\u00f3n del Santo<\/strong><\/a> <br \/><a href=\"#CC466\"><strong>c) La imagen dominante y su valor dentro del contenido del C\u00e1ntico <\/strong><\/a><br \/><a href=\"#CC477\"><strong>d) El s\u00edmbolo de esposa y el detalle de las otras im\u00e1genes <\/strong><\/a><br \/><a href=\"#CC488\"><strong>e) El s\u00edmbolo de esposa y la cruz <\/strong><\/a><br \/><br \/><strong><a href=\"#CC22\">III El seguimiento de la Cruz<\/a> <br \/><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><br \/><br \/><\/strong><a id=\"CC00\"><\/a><strong>CIENCIA DE LA CRUZ<\/strong><br \/><br \/>Edith Stein<br \/><br \/>&#8211; Santa Teresa Benedicta de la Cruz &#8211;<br \/><br \/><br \/><br \/>A Juan de la Cruz,<br \/>Doctor de la M\u00edstica y Padre de los Carmelitas<br \/>en ocasi\u00f3n del 400 aniversario de su nacimiento<br \/><br \/>Por una de sus hijas<br \/>del Carmelo de Echt<br \/><br \/>1542-1942<br \/><br \/>(Traducci\u00f3n y notas: Francisco Javier Sancho Ferm\u00edn)<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><br \/><br \/><br \/><br \/><strong><a id=\"CC01\"><\/a>Pr\u00f3logo<\/strong><br \/><br \/>Nuestro intento en las presentes p\u00e1ginas es tratar de comprender a San Juan de la Cruz en la unidad de su ser tal como se manifiesta en su vida y en sus escritos y esto desde un punto de vista que permita captarla plenamente. No pretendemos ofrecer una biograf\u00eda del Santo ni dar tampoco una exposici\u00f3n completa de sus ense\u00f1anzas; pero, tanto los hechos de su vida como el contenido de sus escritos, los aprovecharemos para conseguir penetrar m\u00e1s profundamente el sentido de esta unidad.<br \/><br \/>Aduciremos profusi\u00f3n de testimonios a los cu\u00e1les trataremos de dar una interpretaci\u00f3n que sirva para confirmar lo que la autora, a trav\u00e9s de esfuerzos que han durado toda su vida, cree haber comprendido acerca de las leyes del ser y de la vida espiritual. Ha de aplicarse esto de manera particular a las disertaciones sobre el esp\u00edritu, la fe y la contemplaci\u00f3n que se insertan en distintos lugares y, sobre todo, en el apartado que lleva el t\u00edtulo: \u00abEl alma en el reino del esp\u00edritu y de los esp\u00edritus\u00bb. Lo que all\u00ed se afirma del \u00abyo\u00bb, de la \u00ablibertad\u00bb y de la \u00abpersona\u00bb no est\u00e1 tomado de los escritos del Santo, aunque no faltan en sus obras algunos puntos que pudieran servir de apoyo para ello. Una exposici\u00f3n detallada de estos problemas no entraba dentro de sus c\u00e1lculos ni estaba tampoco de acuerdo con su manera de pensar. Por otra parte, no podemos olvidar que la elaboraci\u00f3n de una filosof\u00eda de la persona, tal como aparece en esos lugares, s\u00f3lo se ha conseguido en los fil\u00f3sofos de los \u00faltimos tiempos.<br \/><br \/>En la presentaci\u00f3n de testimonios nos hemos guiado por los libros de nuestro Padre Bruno de Jes\u00fas Mar\u00eda Saint Jean de la Croix, Par\u00eds 1929 y <em>Vie d&#8217;amour de Saint Jean de la Croix<\/em>. Par\u00eds, 1936, as\u00ed como del de Juan Baruzi \u00ab<em>Saint Jean de la Croix et le Probl\u00e9me de l&#8217;Experience Mystique<\/em>\u00bb, Par\u00eds 1931. La obra de Baruzi es rica en sugerencias y, sin embargo, no la hemos transcrito con mucha frecuencia porque no resulta f\u00e1cil apoyarse en sus explicaciones sin haberlas pasado antes por el tamiz de una severa cr\u00edtica, cosa que no entraba dentro de nuestros planes al escribir el libro. Para quien conozca a Baruzi no resultar\u00e1 dif\u00edcil descubrir las huellas de su influjo y aun los elementos que puedan servir de fundamento a una cr\u00edtica de sus afirmaciones. Sin embargo, tiene Baruzi un m\u00e9rito que no se le puede discutir, el del celo incansable con que ha examinado y valorado las fuentes. M\u00e1s discutible resulta su posici\u00f3n respecto a las dos redacciones manuscritas a trav\u00e9s de las cu\u00e1les han llegado hasta nosotros El C\u00e1ntico Espiritual y la Llama de Amor Viva, la \u00faltima de las cu\u00e1les (posiblemente en el caso de la Llama y con toda verosimilitud en el C\u00e1ntico) seg\u00fan \u00e9l deber\u00eda considerarse ap\u00f3crifa, as\u00ed como su afirmaci\u00f3n, contra el sentir un\u00e1nime de la tradici\u00f3n, de que s\u00f3lo poseemos una versi\u00f3n ap\u00f3crifa y truncada de la Subida y de la Noche Oscura.<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><br \/><br \/><strong><a id=\"CC02\"><\/a>Introducci\u00f3n<\/strong><br \/><br \/>Sentido, origen y fundamento de la ciencia de la cruz<br \/><br \/>En el mes de septiembre u octubre de 1568 el joven carmelita Juan de Yepes, conocido hasta entonces con el nombre de Juan de Santo Mat\u00eda con el que hab\u00eda profesado en el Carmelo, hac\u00eda su entrada en la pobre alquer\u00eda de Duruelo, que hab\u00eda de servir de fundamento y piedra angular a la Reforma Teresiana que entonces comenzaba. El 28 de noviembre, juntamente con otros dos compa\u00f1eros, se comprometi\u00f3 a la observancia de la Regla primitiva y tom\u00f3 como t\u00edtulo de nobleza el sobrenombre de la Cruz. Era todo un s\u00edmbolo de lo que andaba buscando al abandonar el Convento Carmelitano de Medina, deslig\u00e1ndose con ello de la Observancia mitigada, cosa que ya anteriormente hab\u00eda procurado hacer viviendo conforme a la Regla primitiva, para lo cual hab\u00eda obtenido particular licencia. As\u00ed se manifestaba la caracter\u00edstica especial de la Reforma: la vida de los carmelitas descalzos deb\u00eda basarse en el seguimiento de Cristo al Calvario y en la participaci\u00f3n en su Cruz.<br \/><br \/>Como se acaba de notar, Juan de la Cruz no era para entonces ning\u00fan novato en la ciencia de la Cruz. El sobrenombre que adopt\u00f3 en la Orden demuestra que Dios se un\u00eda a su alma para simbolizar un particular misterio. Juan trata de indicar con su cambio de nombre que la Cruz ser\u00e1 en adelante el distintivo de su vida. Cuando hablamos aqu\u00ed de Ciencia de la Cruz no tomamos el nombre de ciencia en su sentido corriente: no se trata de pura teor\u00eda, es decir, de una suma de sentencias verdaderas o reputadas como tales, ni de un edificio ideal construido con pensamientos coherentes. Se trata de una verdad bien conocida la teolog\u00eda de la Cruz pero una verdad real y operante: como semilla que depositada en el centro del alma crece imprimiendo en ella un sello caracter\u00edstico y determinando de tal manera sus actos y omisiones, que por ellos se manifiesta y hace cognoscible. En este sentido es como puede hablarse de ciencia de los santos y a \u00e9l nos referimos cuando hablamos de ciencia de la Cruz.<br \/><br \/>De esta forma y fuerza vivientes brota en lo m\u00e1s profundo del hombre un concepto de la vida y una visi\u00f3n de Dios y del mundo que permiten un particular modo de pensar que se presta a ser formulado en una teor\u00eda. Una tal cristalizaci\u00f3n la tenemos en la doctrina de nuestro Santo Padre. Y es lo que nos proponemos buscar en su vida y en sus escritos. Mas antes de preguntarnos de qu\u00e9 manera podemos concebir una ciencia en el sentido arriba indicado.<br \/><br \/>Existen s\u00edntomas, detectables naturalmente, que demuestran que la naturaleza humana, tal como es en su realidad, se encuentra en estado de corrupci\u00f3n. Uno de estos s\u00edntomas es la incapacidad de apreciar las circunstancias de los actos en su verdadero valor y de reaccionar ante ellos rectamente. Incapacidad que puede provenir de cierto embotamiento, ya cong\u00e9nito, o ya tambi\u00e9n adquirido en el curso de la vida, o, finalmente, de una insensibilidad ante ciertos est\u00edmulos como resultado de rutinaria repetici\u00f3n. Lo continuamente o\u00eddo, lo conocido de mucho tiempo atr\u00e1s \u00abnos deja fr\u00edos\u00bb. A\u00f1\u00e1dase a todo que con la mayor frecuencia nos afectan en exceso nuestras propias conveniencias, mientras seguimos impermeables a las de nuestros pr\u00f3jimos. Sentimos esta insensibilidad nuestra como algo que no est\u00e1 de acuerdo con lo que debiera ser la realidad y nos hace sufrir. Pero de nada nos sirve pensar que obedece a una ley psicol\u00f3gica. Por otra parte nos sentimos felices al comprobar por experiencia que somos capaces de profundas y aut\u00e9nticas alegr\u00edas, y hasta un verdadero e \u00edntimo dolor lo consideramos como una gracia en comparaci\u00f3n con la fr\u00eda rigidez de la insensibilidad. Esto resulta particularmente penoso en el campo religioso. Muchos creyentes se sienten atormentados, porque los hechos de la Salvaci\u00f3n o nunca les han impresionado, o ya no les impresionan tanto como debieran, y ya no conservan para sus vidas la fuerza formativa de otros tiempos. La lectura de la vida de los santos les hace volver a la realidad y ver que donde la fe es en verdad viva, all\u00ed la doctrina de la fe y las grandes obras de Dios constituyen el n\u00facleo de la vida; todo lo dem\u00e1s queda postergado y \u00fanicamente conserva su valor en cuanto est\u00e1 informado por aquellos. Es el realismo de los santos, que brota del sentimiento \u00edntimo y fundamental del alma que se sabe renacida del Esp\u00edritu Santo. Cuanto en esa alma entra, ella lo acoge en forma adecuada y su correspondiente profundidad, y encuentra con ello una fuerza viva, impulsora y dispuesta a dejarse moldear, y no impedida por obst\u00e1culo ni entorpecimiento alguno, que se deja moldear, dirigir f\u00e1cil y gozosamente por lo que ha recibido. Cuando un alma santa acepta as\u00ed las verdades de la fe, \u00e9stas se le convierten en la Ciencia de los Santos. Y cuando su \u00edntima forma est\u00e1 constituida por el misterio de la Cruz, entonces esa ciencia viene a ser la Ciencia de la Cruz.<br \/><br \/>Este realismo santo tiene cierto parentesco con el realismo del ni\u00f1o que recibe sus impresiones y reacciona ante ellas con fuerza aun no debilitada y con una viveza e ingenuidad libre de inhibiciones. Claro est\u00e1 que tal reacci\u00f3n no siempre estar\u00e1 naturalmente en conformidad con la raz\u00f3n. Le falta la madurez de la inteligencia. Y tan pronto como la inteligencia entra en acci\u00f3n se le presentan fuentes de error y de enga\u00f1o tanto interiores como exteriores que la dirigen por caminos equivocados. El pertinente influjo del medio ambiente puede actuar preventivamente. El alma del ni\u00f1o es blanda y d\u00factil. Lo que en ella penetre puede estar inform\u00e1ndola toda la vida. Cuando los hechos de la Salvaci\u00f3n penetran en el alma tierna del ni\u00f1o debidamente, puede que se hayan colocado las bases para una vida santa. A veces nos encontramos tambi\u00e9n con una temprana y extraordinaria elecci\u00f3n de la Divina Gracia, coincidiendo en este caso el realismo infantil con el realismo santo. As\u00ed se cuenta de santa Br\u00edgida que a la edad de diez a\u00f1os oy\u00f3 por primera vez hablar de la Pasi\u00f3n y Muerte de Jes\u00fas. A la noche siguiente se le apareci\u00f3 el Salvador en la Cruz y desde entonces ya no le fue posible meditar la Pasi\u00f3n del Se\u00f1or sin derramar l\u00e1grimas.<br \/><br \/>En el caso de San Juan de la Cruz hay que tener en cuenta un tercer aspecto: pose\u00eda una naturaleza de artista. Entre los distintos oficios y artes manuales en los que se entren\u00f3 de ni\u00f1o se cuentan los de escultor y pintor. De \u00e9poca posterior se conservan todav\u00eda dibujos salidos de sus manos. (Es universalmente conocido su dibujo de la Subida al Monte Carmelo). Siendo prior de Granada traz\u00f3 los planos de un convento de contemplativos. Pero a la vez que artista dibujante, es poeta. Sent\u00eda la necesidad de expresar en canciones lo que experimentaba su alma. Sus escritos m\u00edsticos no son otra cosa que explicaciones posteriores de sus inmediatas expresiones po\u00e9ticas. Por ello en su caso hemos de atender al realismo propio del artista. El artista por la fuerza inquebrantable de su sensibilidad se emparenta al ni\u00f1o y al santo.<br \/><br \/>M\u00e1s al rev\u00e9s de lo que sucede en el realismo santo aqu\u00ed estamos ante una impresionabilidad que contempla el mundo a la luz de una determinada categor\u00eda de valores, con f\u00e1cil detrimento de los dem\u00e1s, y tiene su propio y peculiar procedimiento. Es propio del artista representar en im\u00e1genes lo que interiormente le impresiona y pugna por manifestarse al exterior. Cuando hablamos de im\u00e1genes no pretendemos limitarnos al arte gr\u00e1fico y representativo: se incluye en esta expresi\u00f3n cualquier reacci\u00f3n art\u00edstica, sin excluir la po\u00e9tica ni la musical. Es, al mismo tiempo, imagen que representa algo, y creaci\u00f3n: algo creado y encerrado dentro de s\u00ed mismo formando su peque\u00f1o mundo. Toda obra genuina de arte es adem\u00e1s s\u00edmbolo, h\u00e1yalo pretendido o no el artista, tanto si \u00e9ste es naturalista como si es simbolista. S\u00edmbolo: es decir, que de la plenitud infinita del sentido con la que tropieza necesariamente todo humano conocimiento, capta algo y lo hace manifiesto y lo expresa; y, por cierto, de tal manera que esa misma plenitud de sentido, inagotable para el conocimiento humano, encontrar\u00e1 en el s\u00edmbolo una misteriosa resonancia. As\u00ed entendido todo arte aut\u00e9ntico es una revelaci\u00f3n y la creaci\u00f3n art\u00edstica un servicio santo. A pesar de todo, sigue siendo verdad que en toda creaci\u00f3n art\u00edstica se oculta un peligro y esto no solamente cuando el artista no tiene idea de la santidad de su misi\u00f3n. Es el peligro de que se contente con la representaci\u00f3n externa de la imagen, como si no existieran para \u00e9l otras exigencias.<br \/><br \/>Lo que afirmamos de una manera general aparece con mayor claridad trat\u00e1ndose de la imagen de la Cruz. Apenas hay artista cristiano que no se haya sentido impulsado a representar a Cristo cargado con la cruz o clavado en ella. Pero el Crucificado pide al artista algo m\u00e1s de su imagen que una representaci\u00f3n. Exige de \u00e9l, como de cualquier otro hombre, la imitaci\u00f3n: que se convierta \u00e9l mismo en imagen de Cristo cargado con la cruz y crucificado y que conforme a ella se deje modelar. La mera representaci\u00f3n externa puede ser obst\u00e1culo para su configuraci\u00f3n personal, pero no debe ser en absoluto as\u00ed; incluso puede servir a ella, ya que la misma imagen interior, proyectada al exterior, no hace sino que quede m\u00e1s vivamente plasmada y m\u00e1s asimilable interiormente. Por ello, cuando ning\u00fan obst\u00e1culo se cruza en su camino, se convierte en forma interior que impulsa a la acci\u00f3n, es decir, a caminar en su seguimiento. S\u00ed, la misma imagen exterior, la creada por uno mismo, puede servir como acicate para la formaci\u00f3n de la propia persona. Tenemos motivos para afirmar que as\u00ed sucedi\u00f3 en el caso de san Juan de la Cruz: el realismo del ni\u00f1o, del artista y del santo se han unido en \u00e9l para preparar un terreno adecuado para el mensaje de la Cruz, para permitirle progresar en la ciencia de la Cruz. Ya hemos dicho que su naturaleza art\u00edstica se manifest\u00f3 desde su infancia. Tampoco faltan testimonios que nos hablan de su temprana vocaci\u00f3n a la Santidad. Contaba m\u00e1s tarde su madre a las carmelitas descalzas de Medina que su hijo durante su infancia se comport\u00f3 como un \u00e1ngel. Esta piadosa madre le inculc\u00f3 un amor tiern\u00edsimo a la Madre de Dios y sabemos de buena fuente que Mar\u00eda, por su intervenci\u00f3n personal, libr\u00f3 por dos veces al ni\u00f1o de ahogarse. Todo lo dem\u00e1s que de su infancia y su juventud conocemos demuestra igualmente que desde sus primeros a\u00f1os era el ni\u00f1o de la gracia.<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><strong><a id=\"CC103\"><\/a>I El mensaje de la cruz<\/strong><br \/><br \/><strong><a id=\"CC104\"><\/a>1 Tempranos encuentros con la Cruz<\/strong><br \/><br \/>Nos preguntamos ahora c\u00f3mo fue sembrada en esta tierra fecunda la semilla del mensaje de la Cruz. No poseemos ning\u00fan testimonio que nos diga cu\u00e1ndo contempl\u00f3 Juan por primera vez la imagen del Crucificado. Es veros\u00edmil que su madre, profundamente creyente, lo llevase consigo, siendo a\u00fan muy peque\u00f1o, a la iglesia parroquial de su Fontiveros natal. All\u00ed pudo contemplar al Salvador en la Cruz, desfigurado el rostro por el dolor, con cabellos naturales que descendiendo por sus mejillas llegaban hasta sus espaldas, cubiertas de heridas. Y cuando la joven viuda, que tanta necesidad y tanto sufrimiento hab\u00eda tenido, conducir\u00eda tambi\u00e9n ante la Madre del cielo, le conducir\u00eda tambi\u00e9n ante la Madre Dolorosa al pie de la cruz. Podemos conjeturar, con todo respeto ante los misterios de la gracia, que fue Mar\u00eda la que adoctrin\u00f3 a su protegido, ya en edad temprana, en la ciencia de la Cruz. \u00bfQui\u00e9n m\u00e1s instruida y penetrada en la dignidad de la Cruz que la Virgen Sapient\u00edsima?.<br \/><br \/>Juan encontr\u00f3 tambi\u00e9n, en todo caso, la imagen del Crucifijo en los obradores en que trabajaba. Es posible que ya entonces se entretuviera en tallar cruces, trabajo que tan gustosamente har\u00e1 m\u00e1s tarde. Si para todas estas afirmaciones nos hemos de conformar con conjeturas, tenemos un buen apoyo para la hip\u00f3tesis de un encuentro con la Cruz, en el hecho seguro de que muy pronto se manifest\u00f3 en \u00e9l el amor a la penitencia y mortificaci\u00f3n. Cuando contaba todav\u00eda 9 a\u00f1os despreciaba su cama y dorm\u00eda sobre una yacija de sarmientos. Algunos a\u00f1os m\u00e1s tarde no se conced\u00eda m\u00e1s que unas pocas horas de reposo sobre este duro lecho y empleaba en el estudio una buena parte de la noche. Siendo estudiante ped\u00eda limosna para otros compa\u00f1eros m\u00e1s pobres que \u00e9l y, m\u00e1s tarde, para los pobres del hospital. Despu\u00e9s de varios intentos sin \u00e9xito en otras profesiones, se consagr\u00f3 a la dura tarea de enfermero y persever\u00f3 en ella con plena dedicaci\u00f3n; seg\u00fan el testimonio de su hermano Francisco se trataba del \u00abhospital de los bubas\u00bb. Se ha aventurado tambi\u00e9n la hip\u00f3tesis de que los enfermos cuidados en este hospital eran sifil\u00edticos. Sea esto verdad o no, lo seguro es que el ni\u00f1o aprendi\u00f3 a conocer entre sus enfermos no s\u00f3lo las enfermedades del cuerpo, sino tambi\u00e9n a compadecerse de las del alma y las morales, y fiel cumplimiento de su deber exigi\u00f3 del puro, profundo y tierno coraz\u00f3n del ni\u00f1o con mucha frecuencia vencimientos dolorosos. \u00bfQui\u00e9n le dio fuerza para ello? Sin duda alguna el amor al Crucificado a quien quer\u00eda seguir por duro, escarpado y estrecho camino. El deseo de conocerlo m\u00e1s de cerca y conformarse m\u00e1s perfectamente con su imagen, determin\u00f3 a san Juan de la Cruz a frecuentar el estudio en el colegio de los Jesuitas como preparaci\u00f3n para su vocaci\u00f3n sacerdotal. Para mejor escuchar el mensaje de la Cruz rechaz\u00f3 la oferta lucrativa de capell\u00e1n en el Hospital en que serv\u00eda, prefiriendo la pobreza de la Orden. Este mismo deseo hizo que no encontrara reposo en la Observancia mitigada de los Carmelitas en aquel tiempo y se refugiara en la Reforma.<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><strong><a id=\"CC105\"><\/a>2 El mensaje de la Sagrada Escritura<\/strong><br \/><br \/>Es posible que ya siendo estudiante en los Jesuitas, san Juan de la Cruz fuera iniciado en el manejo de la Sagrada Escritura. En m\u00e1s temprana edad, tuvo, sin duda, ocasi\u00f3n, de escuchar las palabras de Cristo, y entre ellas, el mensaje de la Cruz, en los sermones e instrucciones y en la Liturgia. Por lo dem\u00e1s, el estudio cotidiano de las Sagradas Escrituras es cosa corriente entre los Carmelitas. Cuando, joven carmelita, fue enviado a estudiar a Salamanca, el examen del texto sagrado, bajo la direcci\u00f3n de competentes ex\u00e9getas, constitu\u00eda la parte esencial de su trabajo, y tenemos noticia de que, a\u00f1os m\u00e1s tarde, viv\u00eda sumergido por completo en la meditaci\u00f3n de la Escritura. Era la Biblia uno de los pocos libros que ten\u00eda siempre en su celda. Las palabras de la Escritura son inseparables de sus escritos, se hab\u00edan convertido en la expresi\u00f3n natural de su experiencia y brotan espont\u00e1neamente de su pluma. Su secretario y confidente de los \u00faltimos a\u00f1os, el padre Juan Evangelista, testifica que san Juan de la Cruz apenas necesitaba consultar la Escritura porque se la sab\u00eda casi de memoria. De todo ello podemos concluir que el mensaje de la Cruz, contenido en las Sagradas Letras, tuvo que ir penetrando cada vez m\u00e1s \u00edntimamente en su coraz\u00f3n a lo largo de toda su vida. Nos resulta imposible examinar exhaustivamente esta primer\u00edsima fuente de su ciencia de la Cruz, porque no podemos olvidar que toda la Sagrada Escritura, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, eran para \u00e9l el pan de cada d\u00eda. Las citas de la Sagrada Escritura son tan numerosas en sus obras, que no interesa citarlas todas. Por lo dem\u00e1s, no ser\u00eda razonable limitarnos a ellas y pretender que otras expresiones, que no se encuentran citadas por \u00e9l, no han tenido tambi\u00e9n un influjo vital en su alma. Por ello, hemos de limitarnos a mostrar, con otra serie de casos, su penetraci\u00f3n en el mensaje de la Cruz.<br \/><br \/>El mismo Salvador, en distintas ocasiones y con diverso sentido, ha hablado de la Cruz: cuando predijo su Pasi\u00f3n y Muerte (Mt 20,19;26,2) ten\u00eda ante sus ojos en sentido literal el madero de ignominia en que hab\u00eda de acabar su vida. Pero cuando dice \u00ab&#8230;el que no toma su cruz y sigue en pos de m\u00ed, no es digno de m\u00ed\u00bb (Mt 10,38) o \u00abel que quiera venir en pos de m\u00ed, ni\u00e9guese a s\u00ed mismo, y tome su cruz y s\u00edgame\u00bb (Mt 16,24; cfr. Mc 8,34; Lc 9,23;14,27), <em>la Cruz es el s\u00edmbolo de todo lo dif\u00edcil y pesado, y que resulta tan opuesto a la naturaleza, que, cuando uno toma esta carga sobre s\u00ed, tiene la sensaci\u00f3n de caminar hacia la muerte. <\/em>Y \u00e9sta es la carga que ha de llevar diariamente el disc\u00edpulo de Cristo (Lc 9,23). El anuncio de la muerte pon\u00eda ante sus disc\u00edpulos la imagen del Crucificado y esto mismo hace todav\u00eda hoy en cuantos leen o escuchan el Evangelio. Hay en esto una intimaci\u00f3n callada a responder de manera conveniente. La invitaci\u00f3n a seguir a Cristo por el V\u00eda Crucis de la vida nos da la respuesta oportuna y, al mismo tiempo, nos hace comprender el sentido de la muerte en la Cruz, ya que a estas palabras sigue inmediatamente la advertencia: \u00abQuien quisiere salvar su vida la perder\u00e1; pero quien perdiere su vida por amor de m\u00ed, la salvar\u00e1\u00bb (Lc 9,24; Mt 10,39; Lc 17,33; Jn 12,25). Cristo ofreci\u00f3 su vida para abrir a los hombres las puertas de la vida eterna. Mas para ganar esta vida eterna hay que renunciar a la terrena. Hay que morir con Cristo y con \u00e9l resucitar: morir con la muerte del sufrimiento que dura toda la vida, con la negaci\u00f3n diaria de s\u00ed mismo y, si se tercia, con la muerte sangrienta del martirio por el Evangelio.<br \/><br \/>Las narraciones evang\u00e9licas de la Pasi\u00f3n pintan por extenso y circunstanciadamente esta imagen de Cristo paciente y crucificado, aludida en las palabras del Se\u00f1or. El puro y tierno coraz\u00f3n de ni\u00f1o y la fantas\u00eda de artista que pose\u00eda Juan de Yepes, ten\u00edan que quedar imborrablemente impresionadas por estas im\u00e1genes. Adem\u00e1s, hemos de tener en cuenta que el ni\u00f1o asistir\u00eda e incluso har\u00eda de ac\u00f3lito en los oficios de Semana Santa. Todos los a\u00f1os, el domingo de Ramos y durante los d\u00edas de Semana Santa, la Iglesia, a trav\u00e9s de la liturgia, pone ante los fieles los \u00faltimos d\u00edas de la vida de Cristo, su muerte y sepultura con dram\u00e1tica viveza y con tan conmovedoras palabras y melod\u00edas, que convidan irresistiblemente a participar en ellas. Si hasta los hombres fr\u00edos y los mismos incr\u00e9dulos que viven envueltos en la vida mundanal no pueden permanecer indiferentes a ellas, \u00bfcu\u00e1l ser\u00eda el efecto que producir\u00edan sobre el santo joven del cual sabemos que en los a\u00f1os \u00faltimos de su vida apenas pod\u00eda hablar de cosas espirituales sin quedar extasiado y le bastaba o\u00edr una canci\u00f3n para entrar en arrobamiento?<br \/><br \/>Estudiando la Sagrada Escritura, adem\u00e1s de los datos de los Evangelios, se encontr\u00f3 con las profec\u00edas del Antiguo Testamento y, ante todo, con la descripci\u00f3n que del siervo de Dios hace Isa\u00edas y que el joven Carmelita pod\u00eda haber conocido por las lecciones del breviario en la Semana Santa. Aqu\u00ed no s\u00f3lo pod\u00eda encontrar retratada con despiadado realismo la Pasi\u00f3n, sino que se ofrec\u00eda el gran fondo hist\u00f3rico, sagrado y profano, sobre el cual se desarrollaba el drama del G\u00f3lgota; Dios el Creador, todopoderoso y Se\u00f1or del mundo que derriba los pueblos como vasija de barro y es al mismo tiempo Padre que rodea a su pueblo de los m\u00e1s tiernos cuidados que, a trav\u00e9s de los siglos, corteja a Israel su esposa y, una y otra vez, es despreciado y olvidado, como canta san Juan de la Cruz en su Canci\u00f3n del Pastorcito. Los Profetas y los Evangelios se aclaran mutuamente cuando pintan el retrato del Mes\u00edas que, obediente a su Padre, viene para rescatar a su esposa y que, para liberarla, toma su yugo sobre sus espaldas y no retrocede ante la muerte por darle la vida. En sus Romances resuena un eco de todo esto. En los Profetas las relaciones de amor de Israel se extienden a toda la humanidad y as\u00ed se da una correspondencia entre el anuncio del reino de Dios por los Profetas y por los Evangelios.<br \/><br \/>Hay todav\u00eda otra cosa que deb\u00eda aparecer clara para Juan en los libros profetices: la relaci\u00f3n que el mismo Profeta ten\u00eda con Dios: la vocaci\u00f3n y segregaci\u00f3n de un hombre sobre el que el Omnipotente hab\u00eda puesto su mano. Una relaci\u00f3n que convertir\u00e1 a este hombre en amigo y confidente de Dios, conocedor y mensajero de los divinos decretos, y exige, por otra parte, de \u00e9l una entrega incansable ay una limitada disposici\u00f3n por arrancarle de la comunidad de los hombres que piensan al modo natural y le convierte en signo de contradicci\u00f3n. Para todo esto no solamente se sirve inmediatamente de la Sagrada Escritura sino tambi\u00e9n de su interpretaci\u00f3n en la tradici\u00f3n de la Orden. En el Carmelo a\u00fan bajo la regla mitigada se conservaba vivo el recuerdo del Profeta El\u00edas \u00abGu\u00eda y Padre de los carmelitas\u00bb. La <em>Institutio primorum monachorum<\/em> lo presenta a los j\u00f3venes Carmelitas como modelo de vida contemplativa. El Profeta a quien Dios ordena que se retire al Desierto y se oculte en el torrente Karith, enfrente del Jord\u00e1n, y que beba del agua del torrente y se alimente de la comida que Dios le enviar\u00e1 (1Re 17,2-3), es el modelo de todos aquellos que, retir\u00e1ndose a la soledad, se despojan del pecado y de todos los gustos sensibles (as\u00ed interpreta la frase \u00abenfrente del Jord\u00e1n\u00bb) y se ocultan en el amor de Dios (Karith es interpretado como caritas): el torrente de la divina gracia le dar\u00e1 deleitosa bebida y la doctrina de los Padres ofrecer\u00e1 a su alma s\u00f3lido alimento: el pan del arrepentimiento y de la penitencia y la carne de la verdadera humildad. \u00bfNo habr\u00e1 encontrado aqu\u00ed san Juan de la Cruz la clave para explicar lo que Dios obra en su propia alma? Se realizan los planes salvadores de Dios sobre la humanidad y, por su medio, sobre su pueblo escogido. Mas dentro de \u00e9l tiene que tratar con cada una de las almas. Cada una debe ser rodeada por \u00e9l de sol\u00edcito cari\u00f1o y de cuidado paternal. Encontrar\u00e1 en la Sagrada Escritura, concretamente en el Cantar de los Cantares, un ejemplo de c\u00f3mo el sentirse amada se convierte para el alma en un aguij\u00f3n que ya no le permite quedar tranquila. El C\u00e1ntico espiritual es el eco de todo esto. M\u00e1s tarde demostraremos hasta qu\u00e9 punto es el motivo de la Cruz el que continuamente se repite en \u00e9l.<br \/><br \/>Si el poeta encuentra en las im\u00e1genes tan pl\u00e1sticas del Antiguo Testamento rica inspiraci\u00f3n, puede hallarlas el te\u00f3logo en otras fuentes fecundas. El alma, hecha una con Cristo, viviendo de su vida pero s\u00f3lo por su abandono en el Crucificado, s\u00f3lo cuando ha recorrido con \u00e9l todo el camino del Calvario; en ninguna parte aparece esto tan clara e impresionantemente expresado como en el mensaje de san Pablo que constituye bien desarrollada una Ciencia de la Cruz, una Teolog\u00eda de la cruz, vivida en el alma. \u00abCristo me envi\u00f3&#8230; a evangelizar y no con artificiosas palabras para que no se desvirt\u00fae la Cruz de Cristo. Porque la doctrina de la Cruz de Cristo es necedad para los que se pierden, pero es poder de Dios para los que se salvan\u00bb; \u00ab&#8230;los jud\u00edos piden se\u00f1ales, los griegos buscan sabidur\u00eda, mientras que nosotros predicamos a Cristo Crucificado, esc\u00e1ndalo para los jud\u00edos, locura para los gentiles, mas poder y sabidur\u00eda de Dios para los llamados, ya sean jud\u00edos, ya griegos. Porque la locura de Dios es m\u00e1s sabia que la sabidur\u00eda de los hombres, y la flaqueza de Dios m\u00e1s poderosa que la fuerza de los hombres\u00bb (1Cor 1,17-18 y 22-24.1).<br \/><br \/>La doctrina de la Cruz constituye el \u00abEvangelium Pauli\u00bb, el mensaje que tiene que anunciar a jud\u00edos y gentiles. Es un mensaje sencillo, sin adornos, sin pretensi\u00f3n alguna de persuadir con argumentos racionales. Saca toda su fuerza del testimonio mismo que anuncia y \u00e9ste es la Cruz de Cristo, es decir, la muerte de Cristo en la Cruz y el mismo Crucificado. Cristo es fuerza de Dios y sabidur\u00eda divina, no s\u00f3lo en cuanto enviado de Dios, Hijo de Dios y Dios El mismo, sino en cuanto crucificado. Y es que la muerte de Cruz es el medio de salvaci\u00f3n escogido por la infinita sabidur\u00eda, Y para demostrar que la fuerza y la sabidur\u00eda humana son incapaces de conseguir la Redenci\u00f3n ha sido dada la fuerza salvadora a aquello, que seg\u00fan medidas humanas, parece d\u00e9bil y loco: el que no quiere ser nada por s\u00ed mismo, sino que deja que la fuerza de Dios obre sola en \u00e9l, el que se ha despojado de s\u00ed mismo y \u00abse ha hecho obediente hasta la muerte y muerte de Cruz\u00bb (Fil 2,7-8).<br \/><br \/>La fuerza salvadora, es decir, el poder de resucitar a la vida a quienes estaban muertos a la vida divina por causa del pecado. Esta fuerza salvadora de la Cruz ha pasado a la palabra de la Cruz y, a trav\u00e9s de esta palabra, se comunica a cuantos la reciben y se abren a ella sin pretender milagros ni fundamentos de humana sabidur\u00eda: en ellos se convierte en esa fuerza vivificadora y formadora que llaman Ciencia de la Cruz. El mismo san Pablo ha cumplido esto a la perfecci\u00f3n; \u00abmas yo, por la misma ley, he muerto a la Ley, para vivir para Dios; estoy crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, es Cristo quien vive en m\u00ed. Y aunque al presente vivo en carne, vivo en la fe del Hijo de Dios, que me am\u00f3 y se entreg\u00f3 por m\u00ed\u00bb (Gal 2,19-20). Por aquellos d\u00edas en que en torno suyo se hizo noche y, sin embargo, luc\u00eda la luz en su interior, conoci\u00f3 el celador de la Ley, que la Ley era el pedagogo en el camino que conduce a Cristo. La Ley pod\u00eda preparar para recibir la vida pero no pod\u00eda dar vida alguna. Cristo ha tomado sobre s\u00ed el yugo de la Ley por cuanto la cumpli\u00f3 perfectamente y muri\u00f3 para la Ley y por la Ley. Con ello ha librado de la Ley a quienes de \u00e9l quieren recibir la vida, m\u00e1s s\u00f3lo podr\u00e1n recibirla cuando abandonen la suya propia. Porque cuantos han sido bautizados en Cristo han sido bautizados en su muerte (cfr. Rom 6,3ss).<br \/><br \/>Se han sumergido en su vida para ser miembros de su cuerpo y, como tales, padecer y morir con \u00e9l, pero tambi\u00e9n resucitar con \u00e9l a la vida eterna y divina. Esta vida llegar\u00e1 a nosotros plenamente en el d\u00eda de su gloria. Sin embargo, ya ahora \u00aben la carne\u00bb tomamos parte en El cuando creemos: creemos que Cristo ha muerto por nosotros para darnos la vida. Esta fe es la que nos permite ser una cosa con El con la unidad que tienen los miembros con la cabeza y abre para nosotros el torrente de su vida. Tal es la fe en \u00e9l Crucificado, la fe viva que va unida a un abandono amoroso y constituye para nosotros la entrada a la vida y el principio de la futura glorificaci\u00f3n: de aqu\u00ed que sea la Cruz nuestro \u00fanico t\u00edtulo de gloria: \u00abCuanto a m\u00ed, no quiera Dios que me glor\u00ede sino en la Cruz de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, por quien el mundo est\u00e1 crucificado para m\u00ed y yo para el mundo\u00bb (Gal 6,14). El que se ha decidido por Cristo, est\u00e1 muerto para el mundo y el mundo para \u00e9l. Lleva en su cuerpo los estigmas del Se\u00f1or (Gal 6,17); es d\u00e9bil y despreciado ante los hombres pero recto y, por ello mismo, fuerte, pues la fuerza de Dios es su fortaleza en la debilidad (cfr. 2Cor 12,9). Con este conocimiento, no s\u00f3lo toma el disc\u00edpulo de Cristo sobre si la Cruz que le ha sido impuesta, sino que \u00e9l mismo se crucifica. \u00abLos que son de Cristo Jes\u00fas han crucificado su carne con sus pasiones y concupiscencias\u00bb (Gal 5,24). Han tenido que librar una guerra implacable contra su naturaleza para que muriera en ellos la vida de pecado y diera lugar a la vida del esp\u00edritu. Esto \u00faltimo es lo que importa. La Cruz no es un fin en s\u00ed misma. Ella se eleva y empuja hacia lo alto. Por esta raz\u00f3n, no es solamente s\u00edmbolo, sino arma poderosa de Cristo, el cayado del pastor, con que el divino David sale a combatir con el Goliat infernal y con el cual llama con autoridad a la puerta del cielo y se le abre. Desde entonces fluyen torrentes de luz divina que envuelven a cuantos siguen al Crucificado.<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><strong><a id=\"CC106\"><\/a>3 El Sacrificio de la misa<\/strong><br \/><br \/>El morir con Cristo y resucitar con \u00e9l se hace factible para todos los fieles, y particularmente para los sacerdotes, en el Santo Sacrificio de la misa. El Sacrificio de la misa, seg\u00fan la doctrina cat\u00f3lica, no es otra cosa sino la renovaci\u00f3n del sacrificio de la Cruz. Para quien lo ofrece con fe viva o toma parte en \u00e9l vuelve a repetirse lo que en el G\u00f3lgota aconteci\u00f3. Juan siendo ni\u00f1o ayudaba a misa y este mismo oficio ejercit\u00f3, sin duda, en la Orden antes del sacerdocio. Sabemos por la historia de su vida que la mera contemplaci\u00f3n del crucifijo era capaz de dejarle literalmente ext\u00e1tico. \u00a1C\u00f3mo hubo de atraerle esta ofrenda perfecta! -primero como monaguillo y, m\u00e1s tarde, cuando era \u00e9l mismo el que la ofrec\u00eda-. Tenemos noticias de su primera misa. La celebr\u00f3 en el Convento de Santa Ana de Medina del Campo, en septiembre de 1567, acaso en la octava de la Natividad, y en presencia de su madre, de su hermano mayor Francisco y de su familia. Un santo terror le retra\u00eda de la dignidad del sacerdocio y s\u00f3lo la obediencia a las indicaciones de sus superiores consigui\u00f3 vencer sus escr\u00fapulos. Entonces, al comenzar la Santa Misa, se hizo m\u00e1s vivo en \u00e9l el sentimiento de su indignidad, se encendi\u00f3 en ardiente deseo de ser completamente puro para poder tocar con limpias manos al Santo de los Santos y brot\u00f3 de su coraz\u00f3n la petici\u00f3n de que el Se\u00f1or velara por \u00e9l para que nunca le ofendiera mortalmente. Quiso sentir dolor de todas las faltas en las que pod\u00eda caer sin la asistencia divina, pero sin cometer la culpa. En la consagraci\u00f3n escuch\u00f3 las palabras \u00abyo te concedo cuanto me pides\u00bb y, desde entonces, fue confirmado en gracia y conserv\u00f3 el coraz\u00f3n puro como el de un ni\u00f1o de dos a\u00f1os. Sentirse libre de culpa y, a pesar de ello, experimentar dolor \u00bfno constituye esto una verdadera compenetraci\u00f3n con el Cordero sin mancha que tom\u00f3 sobre s\u00ed los pecados del mundo? \u00bfNo es esto Getseman\u00ed y el G\u00f3lgota?<br \/><br \/>Nunca disminuy\u00f3 el sentimiento de Juan ante la grandeza del sacrificio de la misa. Sabemos que un d\u00eda encontr\u00e1ndose en Baeza se retir\u00f3 extasiado del altar sin haber terminado la Santa Misa. Uno de los que asist\u00edan a ella exclam\u00f3 que deb\u00edan venir los \u00e1ngeles para terminar aquella misa porque el Santo Padre no se acordaba de que no la hab\u00eda terminado. En Caravaca se le vio en cierta ocasi\u00f3n durante la misa cubierto del resplandor que sal\u00eda de la Sagrada Hostia. El mismo cont\u00f3 que, a veces, durante varios d\u00edas tuvo que prescindir de celebrar la Santa Misa, porque su naturaleza era demasiado d\u00e9bil para soportar el torrente de consolaciones divinas. Con particular deleite celebraba la Misa de la Sant\u00edsima Trinidad. Existe una \u00edntima conexi\u00f3n entre este alt\u00edsimo misterio y el Santo Sacrificio que ha sido instituido conforme al decreto de las Tres Divinas Personas, sirve para su gloria y abre la puerta a la participaci\u00f3n del torrente eterno de vida trinitaria. No podemos ni siquiera sospechar la plenitud de divina iluminaci\u00f3n que le fue comunicada al Santo en el Altar durante el transcurso de su vida sacerdotal. En todo caso hubo de ser en gran parte durante la celebraci\u00f3n de la Santa Misa cuando se desarroll\u00f3 su ciencia de la Cruz y tuvo lugar su misteriosa y progresiva transformaci\u00f3n en el Crucificado.<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><strong><a id=\"CC07\"><\/a>4 Visiones de la Cruz<\/strong><br \/><br \/>El mensaje de la Cruz se deja o\u00edr en el coraz\u00f3n de todo aquel que vive dentro del ambiente cultural del cristianismo a trav\u00e9s de las palabras, las im\u00e1genes y las fiestas de la Liturgia, pero encuentra una particular resonancia en el coraz\u00f3n del sacerdote, aunque habr\u00e1 muy pocos tan capaces y tan dispuestos a aceptarlo y responder a El como san Juan de la Cruz. Adem\u00e1s, y, prescindiendo de las gracias extraordinarias de la Santa Misa, el mensaje de la Cruz ha llegado a \u00e9l de otras maneras extraordinarias. El Crucificado se le ha aparecido en repetidas ocasiones, de dos de las cu\u00e1les tenemos noticias concretas. En su doctrina considera el Santo las visiones, locuciones y revelaciones como elementos accidentales de la vida m\u00edstica. Ha advertido, ante todo y con gran insistencia, del peligro de enga\u00f1o o, por lo menos, de ser detenido en el camino de la uni\u00f3n que puede seguirse de dar valor a tales cosas. Adem\u00e1s se mostr\u00f3 siempre muy retra\u00eddo para comunicar nada que se refiriera a su vida, tanto en lo exterior como en lo interior. Si ha hablado de estas visiones, ha sido porque ten\u00edan para \u00e9l un significado particular. A ambas sigui\u00f3 en su vida una tempestad de persecuciones y de sufrimientos y es evidente que estas visiones le sirvieron como de avisos.<br \/><br \/>La primera aparici\u00f3n tuvo lugar en \u00c1vila, en el Monasterio de la Encarnaci\u00f3n, a donde le hab\u00eda llamado santa Teresa como confesor de las monjas. Hall\u00e1ndose cierto d\u00eda sumergido en la contemplaci\u00f3n de la Pasi\u00f3n, se le mostr\u00f3 el Crucificado, visible a los ojos del cuerpo, cuerpo cubierto de llagas y ba\u00f1ado en sangre. Tan clara fue la aparici\u00f3n, que pudo dibujarla a pluma en cuanto volvi\u00f3 en s\u00ed. La hojita amarillenta, sobre la que la dibuj\u00f3, se conserva a\u00fan en nuestros d\u00edas en el Monasterio de la Encarnaci\u00f3n. El dibujo da una impresi\u00f3n de modernidad. La Cruz y el cuerpo est\u00e1n representados en fuerte escorzo, como vistos de lado: el cuerpo en movimiento forzado, muy separado de la Cruz, colgado de las manos (las manos, traspasadas por fuertes clavos, muy prominentes, son particularmente impresionantes), la cabeza est\u00e1 inclinada hacia delante de manera que no permite ver los rasgos de la cara y deja descubierta la parte superior de la espalda desnuda marcada de cardenales. El Santo envi\u00f3 la hojita a la hermana Mar\u00eda de Jes\u00fas a quien confi\u00f3 su secreto. Lo cual es cosa comprensible por cuanto el mismo Se\u00f1or comunic\u00f3 al alma de esta religiosa algo de los m\u00e1s \u00edntimos secretos del Santo: la gracia que recibi\u00f3 en su primera Misa. Ignoramos si le habl\u00f3 el Se\u00f1or al inclinarse tan profundamente en la Cruz. Pero lo que podemos afirmar es que tuvo lugar un intercambio de coraz\u00f3n a coraz\u00f3n. Sucedi\u00f3 esto poco antes de que se desencadenara la persecuci\u00f3n de los calzados contra la Reforma, cuya principal v\u00edctima hab\u00eda de ser \u00e9l precisamente.<br \/><br \/>La segunda aparici\u00f3n tuvo lugar en Segovia hacia el fin de su vida. Hab\u00eda llamado all\u00ed a su hermano Francisco que es el que nos ha transmitido el hecho. \u00abYo fui a verle y despu\u00e9s de haber estado all\u00ed dos o tres d\u00edas, le ped\u00ed licencia para venirme. D\u00edjome que me detuviese algunos d\u00edas m\u00e1s, que no sab\u00eda cu\u00e1ndo nos volver\u00edamos a ver. Fue esta la \u00faltima vez que le vi.<br \/><br \/>Una tarde despu\u00e9s de la cena me tom\u00f3 de la mano y me llev\u00f3 al jard\u00edn y cuando nos encontramos solos me fijo: \u00abquiero contaros una cosa que me sucedi\u00f3 con Nuestro Se\u00f1or. Ten\u00edamos un crucifijo en el convento y estando yo un d\u00eda delante de \u00e9l, pareci\u00f3me estar\u00eda m\u00e1s decentemente en la Iglesia, y con deseo de que no s\u00f3lo los religiosos le reverenciasen, sino tambi\u00e9n los de fuera, hice como me hab\u00eda parecido. Despu\u00e9s de tenerle en la iglesia puesto lo m\u00e1s decentemente que yo pude, estando un d\u00eda en oraci\u00f3n delante de \u00e9l, me dijo: \u00abfray Juan, p\u00eddeme lo que quisieres, que yo te lo conceder\u00e9 por este servicio que me has hecho\u00bb. Y yo le dije: \u00abSe\u00f1or, lo que quiero que me deis trabajos que padecer por vos, y que yo sea menospreciado y tenido en poco\u00bb.<br \/><br \/>Cuando Juan expres\u00f3 este deseo, las circunstancias de su vida eran tales, que f\u00e1cilmente pod\u00eda cumplirse sin intervenir m\u00e1s que las causas naturales. Era superior provincial del reformado Carmelo el padre Nicol\u00e1s Doria, exaltado celador de la observancia, que quer\u00eda modelar la Reforma de Teresa conforme a sus propias ideas. Juan defendi\u00f3 con decisi\u00f3n la herencia de la Santa Madre y a las v\u00edctimas del fanatismo: el padre Graci\u00e1n y las carmelitas. El 30 de mayo de 1591 se abri\u00f3 en Madrid el Cap\u00edtulo General de los Descalzas de Segovia. La priora Mar\u00eda de la Encarnaci\u00f3n exclam\u00f3 vivamente impresionada: \u00abPadre, qui\u00e9n sabe si no volver\u00e1 vuestra reverencia como provincial de esta Provincia\u00bb y el Santo respondi\u00f3: \u00abSi supiese, hija cuan diferentemente pienso yo lo que en el Cap\u00edtulo pasar\u00e1!. H\u00e1gola saber que estando en oraci\u00f3n encomendando a Dios los sucesos de \u00e9l, me pareci\u00f3 que me tomaban y arrojaban a un rinc\u00f3n\u00bb. Y as\u00ed sucedi\u00f3 de hecho. No se le dio ning\u00fan cargo y fue enviado a la soledad de la Pe\u00f1uela. All\u00ed le llegaron noticias de las vejaciones de que eran objeto las Descalzas. Se las tomaba declaraci\u00f3n para reunir materiales contra el Santo. Se buscaban motivos para arrojarlo de la Orden. Poco despu\u00e9s, a causa de sus enfermedad, se vio obligado a abandonar la Pe\u00f1uela donde carec\u00eda de asistencia m\u00e9dica. As\u00ed lleg\u00f3 a la \u00faltima estaci\u00f3n de su V\u00eda Crucis: \u00dabeda. Cubierto de llagas purulentas, encontr\u00f3 aqu\u00ed en el padre prior. Francisco Cris\u00f3stomo, un enconado enemigo que hizo m\u00e1s que lo suficiente para colmar su deseo de ser despreciado. Hab\u00eda llegado a la cumbre del G\u00f3lgota.<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><strong><a id=\"CC08\"><\/a>5. El mensaje de la Cruz<\/strong><br \/><br \/>Tenemos todav\u00eda un tercer testimonio que prueba que san Juan de la Cruz recibi\u00f3 de la imagen del Crucificado un influjo poco corriente. Y es f\u00e1cil que le haya ocurrido con mucha m\u00e1s frecuencia de lo que sabemos. Todos estos influjos los consideramos como mensajes que le animan y preparan a llevar la Cruz Mas tambi\u00e9n todo cuanto comprendemos simb\u00f3licamente bajo el nombre de Cruz, todas las cargas y sufrimientos de la vida, pueden considerarse como mensajes de la Cruz, ya que es precisamente por su medio como mejor se puede aprender esta ciencia. El Santo tuvo ocasi\u00f3n, desde sus primeros a\u00f1os, de conocer el dolor y la necesidad. La temprana muerte del padre, la lucha que hubo de emprender su madre para ganar el pan para sus hijos, sus propios esfuerzos, siempre fracasados, para colaborar al sostenimiento de la familia -todo esto debi\u00f3 de hacer una profunda impresi\u00f3n en sus tiernos a\u00f1os-; mas nada sabemos de ello. Tampoco sabemos mucho del efecto que tuvieron en su alma las crisis de los primeros a\u00f1os de su vida religiosa.<br \/><br \/>De tiempos posteriores se conservan noticias que nos descubren mejor su vida interior. Una tarde en \u00c1vila, despu\u00e9s de haber o\u00eddo las confesiones, volv\u00eda del monasterio a la hora del \u00c1ngelus por la senda que conduc\u00eda a la casita en que habitaba con su compa\u00f1ero, el Padre Germ\u00e1n. Repentinamente se precipit\u00f3 sobre \u00e9l un hombre que lo moli\u00f3 a palos y lo derrumbo al suelo. (Era la rabia de un amante a quien hab\u00eda arrebatado su presa). Cuando contaba Juan esta aventura sol\u00eda a\u00f1adir que nunca hab\u00eda experimentado tanto consuelo, porque hab\u00eda sido tratado como el mismo Salvador y hab\u00eda podido probar la dulzura de la Cruz.<br \/><br \/>La prisi\u00f3n en Toledo le ofreci\u00f3 tambi\u00e9n abundant\u00edsimas ocasiones para ello. El Santo hab\u00eda comenzado la Reforma en Duruelo y fue trasladado a Mancera al crecer la Comunidad; trabaj\u00f3 despu\u00e9s en el noviciado de Pastrana y, finalmente, dirigi\u00f3 el colegio de la Orden de Alcal\u00e1, en 1572 le llam\u00f3 la Santa Madre a \u00c1vila para que la ayudara en su dif\u00edcil misi\u00f3n. Hab\u00eda recibido la orden de volver como priora al Monasterio de la Encarnaci\u00f3n del que hab\u00eda salido. Deb\u00eda, bajo la observancia de la regla mitigada, suprimir los abusos que all\u00ed se hab\u00edan introducido y llevar a la numerosa Comunidad a una verdadera vida espiritual. Para ello le pareci\u00f3 imprescindible contar con buenos confesores. Ninguno pudo encontrar m\u00e1s a prop\u00f3sito que Juan, cuya experiencia en la vida interior conoc\u00eda muy bien. Desde 1572 a 1577 trabaj\u00f3 aqu\u00ed con gran provecho de las almas. Mientras \u00e9l tan calladamente trabajaba, la Reforma hab\u00eda realizado grandes progresos. La Santa Madre viajaba de un monasterio a otro. Tambi\u00e9n hab\u00edan surgido nuevos conventos de frailes. Grandes personalidades hab\u00edan ingresado en la orden y tomado las riendas de su gobierno. Entre ellos los m\u00e1s importantes eran el padre Ger\u00f3nimo Graci\u00e1n y Ambrosio Mariano. Los calzados, no sin culpa, se sintieron perjudicados y organizaron una poderosa contraofensiva. No vamos a investigar aqu\u00ed por qu\u00e9 dirigieron principalmente sus tiros, y con particular dureza, contra el Padre Juan, cuya actividad era puramente espiritual. En la noche del 3 al 4 de diciembre de 1577 penetraron algunos calzados con sus c\u00f3mplices en la casa que habitaban los dos padres confesores y se los llevaron presos. Desde entonces desapareci\u00f3 todo rastro del padre Juan. La Santa Madre se enter\u00f3 de que el padre Maldonado se lo hab\u00eda llevado.<br \/><br \/>S\u00f3lo nueve meses m\u00e1s tarde, a ra\u00edz de su liberaci\u00f3n, se supo d\u00f3nde hab\u00eda estado. Con los ojos vendados fue conducido, a trav\u00e9s de barrios solitarios, al Convento de Nuestra Se\u00f1ora en Toledo, el m\u00e1s famoso de los conventos que la Observancia mitigada pose\u00eda en Castilla. Se le tom\u00f3 declaraci\u00f3n y, como se negaba a abandonar la Reforma, fue tratado como rebelde. Le sirvi\u00f3 de prisi\u00f3n una habitaci\u00f3n estrecha, diez pies de larga por seis de ancha, en la que apenas cab\u00eda \u00abcuan chico es\u00bb, como escribi\u00f3 m\u00e1s tarde Teresa. Esta habitaci\u00f3n no ten\u00eda ventana ni otro respiradero sino una saetera abierta en la pared. El prisionero para rezar su breviario ten\u00eda que subirse a una silla y esperar hasta que el sol diera de frente. La puerta estaba asegurada con un candado. Cuando en marzo de 1578 se tuvo noticia de la fuga del padre Germ\u00e1n, se cerr\u00f3 incluso la puerta de la sala que estaba delante de la celdilla. Al principio todas las tardes y posteriormente tres veces a la semana, -a lo \u00faltimo s\u00f3lo los viernes-, era llevado el preso al refectorio, donde, sentado en tierra, tomaba s\u00f3lo pan y agua como comida. En el mismo refectorio recib\u00eda la disciplina. Se arrodillaba, desnudo de cintura arriba y con la cabeza inclinada, y todos los religiosos pasaban delante de \u00e9l y le golpeaban con la disciplina. Como todo lo llevaba con paciencia le llamaban mosca muerta, m\u00e1talas callando. Para apartarle de la Reforma le ofrecieron como cebo un priorato, pero se mostr\u00f3 tan inm\u00f3vil como una roca. Entonces abri\u00f3 sus labios que hab\u00edan permanecido sellados y asegur\u00f3 que no volver\u00eda atr\u00e1s aunque le costase la vida. Los j\u00f3venes novicios, testigos de las injurias y de los malos tratos, lloraban de compasi\u00f3n y, admirados de su paciencia, dec\u00edan: \u00abes un Santo\u00bb. Su t\u00fanica quedaba empapada con la sangre de los azotes. Mas no pod\u00eda cambi\u00e1rsela y hubo de llevarla durante los nueve meses que dur\u00f3 su prisi\u00f3n. Puede imaginarse lo que hubo de padecer as\u00ed en los calurosos meses de verano. La comida que le serv\u00edan le causaba tales trastornos, que pens\u00f3 que le quer\u00edan matar. Ten\u00eda que hacer un acto de amor con cada bocado pare resistir a esta tentaci\u00f3n.<br \/><br \/>Sabemos cuan \u00edntimamente compenetrado estaba con los dem\u00e1s compa\u00f1eros de la Reforma a la que se hab\u00eda entregado con toda su alma: la Santa Madre y los dem\u00e1s que segu\u00edan identificados con \u00e9l para esta grandiosa empresa y que, como \u00e9l, hab\u00edan consagrado su vida entera -en gran parte bajo su direcci\u00f3n- al ideal del Carmelo primitivo. M\u00e1s tarde, cuando sus obligaciones le retuvieron durante largo tiempo en Andaluc\u00eda, manifest\u00f3 a personas de su confianza su nostalgia de Castilla. \u00abQue despu\u00e9s que me trag\u00f3 aquella ballena y me vomit\u00f3 en este extra\u00f1o puerto, nunca m\u00e1s merec\u00ed verla, ni a los santos de por all\u00e1\u00bb. Ahora se encontraba tan separado de todos ellos, que no pudo darles noticia alguna durante todos estos meses. \u00abA veces me preocupa el pensamiento de que podr\u00e1n pensar que me he vuelto atr\u00e1s en lo comenzado y lo siento por el dolor de la Santa Madre\u00bb.<br \/><br \/>Todav\u00eda hubo de soportar privaciones m\u00e1s duras. El 14 de agosto de 1578, el padre Maldonado, prior, entr\u00f3 en su celda con otros dos frailes. El prisionero estaba tan d\u00e9bil, que apenas se pod\u00eda mover. No le vio y pens\u00f3 que se trataba de su carcelero. El prior le golpe\u00f3 con el pie y le pregunt\u00f3 por qu\u00e9 no se hab\u00eda levantado en su presencia. Como \u00e9l le pidiese perd\u00f3n y le asegurara que no se hab\u00eda dado cuenta de qui\u00e9n era, le pregunt\u00f3 el padre Maldonado: \u00abpues \u00bfen qu\u00e9 pensabais ahora?\u00bb, respondi\u00f3 el Santo: \u00abpensaba en que ma\u00f1ana es d\u00eda de Nuestra Se\u00f1ora y gustara mucho decir Misa\u00bb. \u00a1Cu\u00e1nto debi\u00f3 sufrir no pudiendo decir Misa ni una sola vez en los nueve largos meses de prisi\u00f3n! El d\u00eda del Corpus, d\u00eda en que acostumbraba a pasar largas horas de oraci\u00f3n arrodillado delante del Sant\u00edsimo, hubo de quedarse sin decir Misa y sin comulgar.<br \/><br \/>Sentirse indefenso, entregado a la maldad de encarnizados enemigos, sufriendo en cuerpo y alma, separado de todo humano consuelo y hasta de la fuente de energ\u00eda de la vida sacramental de la Iglesia, \u00bfpod\u00eda darse una m\u00e1s dura escuela de la Cruz? Y, sin embargo, no fueron \u00e9stos los m\u00e1s hondos sufrimientos. Nada de esto pod\u00eda separarle de la fuente trinitaria de cuya existencia estaba plenamente cierto por la fe. Su esp\u00edritu no se encontraba encerrado en la prisi\u00f3n, pod\u00eda levantarse hasta esa fuente que siempre mana y corre y bucear en sus insondables profundidades, en ese torrente que llena todo lo creado y aun el propio coraz\u00f3n. Ning\u00fan poder humano pod\u00eda separarle de Dios. Pero Dios mismo pod\u00eda escap\u00e1rsele. Y el prisionero experiment\u00f3 la m\u00e1s oscura de las noches aqu\u00ed en la prisi\u00f3n.<br \/><br \/>\u00ab\u00bfA d\u00f3nde te escondiste, Amado,<br \/>y me dejaste con gemido?\u00bb<br \/><br \/>Este grito de dolor del alma reson\u00f3 en la c\u00e1rcel de Toledo. No tenemos ning\u00fan testimonio que nos diga cu\u00e1ndo experiment\u00f3 Juan por primera vez la dulzura de la proximidad divina. Pero todo parece indicar que su vida de oraci\u00f3n m\u00edstica comenz\u00f3 muy tempranamente en \u00e9l. Para quedar m\u00e1s libre para el servicio de Dios se hab\u00eda separado de sus seres queridos; por esta misma raz\u00f3n hab\u00eda abandonado la carrera de los estudios y dej\u00f3 tambi\u00e9n el Convento de Medina. Su ocupaci\u00f3n en \u00c1vila no fue otra que hacer libres a las almas para que pudieran servir a Dios y esto mismo puede aplicarse a toda su actividad dentro de la Orden. Por este ideal de la Reforma soport\u00f3 las penalidades de la prisi\u00f3n. Sufri\u00f3 alegremente las enfermedades y vejaciones por amor de su Se\u00f1or. Y ahora parec\u00eda que se hab\u00eda apagado su dulce luz en su coraz\u00f3n. Dios le dejaba solo. Este fue el sufrimiento m\u00e1s profundo con el que ning\u00fan dolor terreno puede compararse. Y, sin embargo, era la prueba de un amor de predilecci\u00f3n. Parec\u00eda conducirle a la muerte, pero le llevaba a la vida.<br \/><br \/>Ning\u00fan humano coraz\u00f3n ha penetrado jam\u00e1s en una tan oscura noche como el Verbo Encarnado en Getseman\u00ed y el G\u00f3lgota. Ning\u00fan esp\u00edritu humano podr\u00e1, por mucho que investigue, penetrar en el secreto del abandono divino de Cristo moribundo. Pero Jes\u00fas puede dar a gustar a las almas escogidas algo de esta extrema amargura. Son sus m\u00e1s fieles amigos a quienes exige la suprema prueba de amor. En el caso de que no se asusten de ello y se vuelvan atr\u00e1s, sino que voluntariamente se dejen introducir en la oscura noche, \u00e9l mismo se convierte en su gu\u00eda.<br \/><br \/>\u00a1Oh noche que guiaste,<br \/>oh noche amable m\u00e1s que la alborada!<br \/>\u00a1Oh noche amable que juntaste<br \/>amado con amada,<br \/>amada en el amado transformada!.<br \/><br \/>Esta es la gran experiencia de Toledo: abandono de Dios y en medio de este abandono uni\u00f3n con el Crucificado. As\u00ed deben acaso explicarse los testimonios referentes al tiempo de su prisi\u00f3n que parecen contradictorios; cuando nos dicen que nunca o muy raras veces encontr\u00f3 consolaci\u00f3n; que sufri\u00f3 en el cuerpo y en el alma; y que, por otra parte, con una sola de las gracias que recibi\u00f3 en la prisi\u00f3n pod\u00edan darse por bien pagados muchos a\u00f1os de c\u00e1rcel. M\u00e1s adelante demostraremos c\u00f3mo el alma, con la experiencia de su nada y de su impotencia en la noche oscura, llega al verdadero conocimiento de s\u00ed misma y a la iluminaci\u00f3n acerca de la inmensa grandeza y santidad de Dios, y c\u00f3mo, de esta manera purificada y adornada de virtudes, se prepara para la uni\u00f3n con Dios. Son ciertamente gracias preciosas que nunca se pagan demasiado caras y por ellas podemos comprender que Juan, despu\u00e9s de la huida de la c\u00e1rcel, hablase a las Carmelitas de Toledo de sus verdugos como de sus grandes bienhechores. Cuando \u00e9l asegura en esta ocasi\u00f3n que jam\u00e1s ha experimentado tanta luz y consuelo sobrenaturales como en la prisi\u00f3n, podemos suponer que aqu\u00ed alcanz\u00f3, en el m\u00e1s alto grado, la gracia de la Cruz y sufrimiento. Tambi\u00e9n las estrofas de la Noche Oscura y del C\u00e1ntico espiritual que nacieron en la prisi\u00f3n, dan testimonio de una uni\u00f3n beatificante. Cruz y noche son caminos para llegar a la luz celestial: \u00e9ste es el mensaje gozoso de la Cruz.<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><strong><a id=\"CC09\"><\/a>6 Contenido del mensaje de la Cruz<\/strong><br \/><br \/>Hemos considerado los caminos por los cu\u00e1les lleg\u00f3 a san Juan el mensaje de la Cruz. En las p\u00e1ginas siguientes pretendemos demostrar hasta qu\u00e9 punto este mensaje ha influido en la vida y en la doctrina del Santo. Para ello es necesario, a grandes rasgos, poner delante de los ojos el contenido de este mensaje. Lo exponemos aqu\u00ed tal como lo hemos encontrado en el mismo maestro de la ciencia de la Cruz.<br \/><br \/>\u00abCuan angosta es la puerta y estrecho el camino que gu\u00eda a la vida, y pocos son los que le hallan\u00bb (Mt 7,14). En la cual autoridad debemos mucho notar aquella exageraci\u00f3n y encarecimiento que contiene en s\u00ed aquella part\u00edcula quam. Porque es como si dijera: de verdad es mucho angosta&#8230;; porque esta senda del alto monte de perfecci\u00f3n, como quiera que ella vaya hacia arriba y sea angosta, tales viadores requiere que ni lleven carga que les haga peso cuanto a lo inferior ni cosa que les haga embarazo cuanto a lo superior; que pues es trato en que s\u00f3lo Dios se busca y se granjea, s\u00f3lo Dios es el que se ha de buscar y granjear&#8230; De donde instruy\u00e9ndonos e induci\u00e9ndonos Dios en este camino, dijo por san Marcos, aquella tan admirable doctrina, no s\u00e9 si diga tanto menos ejercitada de los espirituales cuanto les es m\u00e1s necesaria&#8230; Si alguno quiere ser mi disc\u00edpulo ni\u00e9guese a s\u00ed mismo, tome su cruz y s\u00edgame. Porque el que quisiere salvar su alma, perderla ha; pero el que por m\u00ed la perdiere, ganarla ha.<br \/><br \/>\u00ab\u00a1Oh! qui\u00e9n pudiera aqu\u00ed dar a entender y ejercitar y gustar qu\u00e9 cosa sea este consejo que nos da aqu\u00ed el Se\u00f1or&#8230;; aniquilaci\u00f3n de toda suavidad en Dios, en sequedad, en sinsabor, en trabajo, lo cual es la pura cruz espiritual y desnudez de esp\u00edritu pobre de Cristo&#8230; Porque buscarse a s\u00ed en Dios es buscar los regalos y recreaciones de Dios; mas buscar a Dios en s\u00ed es no s\u00f3lo querer carecer de eso y de esotro por Dios, sino inclinarse a escoger por Cristo todo lo m\u00e1s desabrido ahora de Dios, ahora del mundo; y esto es amor de Dios\u00bb.<br \/><br \/>Este abandono conforme a la voluntad de Dios debe ser un morir y aniquilarse a todo lo que la voluntad aprecia en lo temporal, natural y espiritual. Quien de esta manera lleva la cruz experimentar\u00e1 que es ella un yugo suave y una carga ligera (Mt 2,30).<br \/><br \/>\u00abPorque, si el hombre se determina a sujetarse a llevar esta cruz, que es un determinarse de veras a querer hallar y llevar trabajo en todas las cosas por Dios, en todas ellas hallar\u00e1 grande alivio y suavidad para andar este camino as\u00ed, desnudo de todo sin querer nada\u00bb. \u00abY cuanto viniere a quedar resuelto en nada, que ser\u00e1 la suma humildad, quedar\u00e1 hecha la uni\u00f3n espiritual entre el alma y Dios, que es el mayor y m\u00e1s alto estado a que en esta vida se puede llegar. No consiste, pues, en recreaciones y gustos y sentimientos espirituales, sino en una muerte de Cruz sensitiva y espiritual, esto es, interior y exterior\u00bb (2S 6). Esto no puede suceder de otra manera, sino conforme al admirable plan de salvaci\u00f3n por el cual el alma debe ser salvada y unida a Dios por los mismos medios por los que la naturaleza qued\u00f3 corrompida y destruida. Como, concretamente en el para\u00edso, por haber gustado el fruto prohibido, la naturaleza fue corrompida y entregada a la corrupci\u00f3n, de la misma manera bajo el \u00e1rbol de la Cruz ser\u00e1 por El salvada y restituida a su pr\u00edstino esplendor. El que quiere tomar parte en su vida debe como El caminar a la muerte de cruz, crucificar como El la propia naturaleza con una vida de mortificaci\u00f3n y de negaci\u00f3n de s\u00ed mismo y ofrecerse a la crucifixi\u00f3n en la Pasi\u00f3n y en la muerte como Dios quiere. Cuanto m\u00e1s perfecta sea esta crucifixi\u00f3n activa o pasiva, tanto m\u00e1s \u00edntima ser\u00e1 la uni\u00f3n con el Crucificado y tanto m\u00e1s rica la participaci\u00f3n en su vida.<br \/><br \/>Con esto hemos tocado los puntos principales de la Ciencia de la Cruz. Volveremos a encontrarnos con ellos cuando oigamos las ense\u00f1anzas del Santo y sigamos las huellas de su vida. Se ver\u00e1 entonces que ellas son las m\u00e1s profundas fuerzas motoras que han formado su vida y su obra.<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><strong><a id=\"CC09b\"><\/a>II Doctrina de la Cruz<\/strong><br \/><br \/><strong><a id=\"CC10\"><\/a>Introducci\u00f3n: San Juan de la Cruz como escritor<\/strong><br \/><br \/>Quien trate de comprender las ense\u00f1anzas de san Juan de la Cruz partiendo de sus ra\u00edces an\u00edmicas, debe tener en cuenta la particularidad, es m\u00e1s, el car\u00e1cter \u00fanico de sus escritos, su origen y su destino.<br \/><br \/>Desde que la Iglesia le ha elevado a la categor\u00eda de Doctor, quienquiera que trate de encontrar soluci\u00f3n a los problemas de la M\u00edstica dentro del catolicismo, debe dirigirse a \u00e9l. Y aun para los que militan fuera de la Iglesia cat\u00f3lica, reconocidamente, es uno de los esp\u00edritus rectores y de los m\u00e1s seguros gu\u00edas, ante el cual no puede pasar de largo quien quiera penetrar seriamente en el Reino de la vida interior. Y. sin embargo, san Juan de la Cruz no nos ofrece una exposici\u00f3n sistem\u00e1tica de la M\u00edstica. Su intenci\u00f3n al escribir no era teor\u00e9tica, por m\u00e1s que fuera suficientemente te\u00f3rico como para saber exponer las conexiones puramente objetivas de su doctrina saliendo del plan prefijado. Lo que \u00e9l pretend\u00eda era \u00abllevar de la mano\u00bb (como de s\u00ed dec\u00eda el Areopagita), completar con sus escritos su labor de Director de almas. No se ha conservado todo lo que \u00e9l escribi\u00f3; lo escrito antes de su prisi\u00f3n fue destruido por \u00e9l o por otros. Tambi\u00e9n la segunda persecuci\u00f3n (dentro de la Reforma) nos ha arrebatado mucho; por ejemplo, los valiosos apuntes que hicieron las Carmelitas tomados de sus ense\u00f1anzas orales. Tampoco de sus cartas se conserva m\u00e1s que un peque\u00f1o n\u00famero y de los grandes tratados que nos quedan -Subida del Monte Carmelo, Noche Oscura, C\u00e1ntico Espiritual, Llama de Amor Viva- la Subida y la Noche han llegado a nosotros incompletas. A pesar de estas lagunas y de algunas cuestiones insolubles que plantean, lo que hemos recibido como inestimable legado de nuestro Padre, contiene ideas tan claras y fundamentales, que bien podemos esperar encontrar en ellos la respuesta a nuestro problema.<br \/><br \/>El origen de estos escritos hay que buscarlo en su prisi\u00f3n de Toledo. La fuente de que manan es su intima experiencia; la felicidad y el tormento de un coraz\u00f3n probado y herido por Dios se expresan primero en una confesi\u00f3n l\u00edrica; las 30 primeras estrofas del C\u00e1ntico Espiritual nacieron en la c\u00e1rcel y acaso tambi\u00e9n las de la Noche Oscura que sirven de fundamento al tratado de este nombre y al de la Subida. Juan las sac\u00f3 consigo de la c\u00e1rcel (no sabemos si s\u00f3lo conservadas en la memoria o escritas en un cuaderno, ya que son dispares a este respecto los testimonios) y las dio a conocer a algunas almas de su confianza. Tenemos que agradecer a la s\u00faplica de algunos hijos e hijas espirituales los tratados aclaratorios respectivos. En ellos su experiencia, expresada antes de manera po\u00e9tica, se traduce al lenguaje de un pensador que conoce la teolog\u00eda y la filosof\u00eda, con un empleo sobrio de las expresiones escol\u00e1sticas y el uso m\u00e1s copioso de las im\u00e1genes expresivas. Extiende notablemente los fundamentos de su experiencia: lo que conoce por la propia viene aclarado por lo que llega a saber por su penetraci\u00f3n en la vida interior de otras personas, como maestro en la direcci\u00f3n de las almas. Esto le libra de particularismos y falsas generalizaciones. Cuenta siempre con la gran diversidad de los posibles caminos y con que la direcci\u00f3n de la gracia se acomoda siempre suave y f\u00e1cilmente a las circunstancias particulares. La Sagrada Escritura se convierte para \u00e9l en la fuente incesante de ense\u00f1anzas acerca de la vida interior. Halla siempre en ella la comprobaci\u00f3n segura de lo que por la experiencia interior le es ya conocido. Por otra parte, su propia experiencia le abre los ojos para el conocimiento m\u00edstico de los Sagrados Libros. El atrevido estilo de los Salmos, tan cuajados de im\u00e1genes, las par\u00e1bolas del Se\u00f1or, las narraciones hist\u00f3ricas del Antiguo Testamento, todo le resulta transparente y le permite dirigir una mirada cada vez m\u00e1s rica y profunda a lo \u00fanico que pretende alcanzar: el camino del alma hacia Dios y la acci\u00f3n de Dios en el alma. Dios ha creado las almas para S\u00ed. Dios quiere unirlas a S\u00ed y comunicarles la inconmensurable plenitud y la incomprensible felicidad de su propia vida divina, y esto, ya aqu\u00ed en la tierra. Esta es la meta hacia la que las orienta y a la que deben tender con todas sus fuerzas, pero la mayor parte se quedan en el camino y muy pocas logran pasar de los primeros principios, siendo en n\u00famero insignificante las que llegan hasta la meta. De ello son responsables los peligros del camino &#8211; peligros por parte del mundo, del enemigo malo y de la propia naturaleza y tambi\u00e9n la ignorancia y la falta de directores apropiados-. No comprenden las almas, lo que les sucede y muy pocas veces encuentran alguno que pueda abrirles los ojos para comprenderlo. El Santo tiene compasi\u00f3n de quienes as\u00ed yerran y lo siente por la obra de Dios que con ello se malogra.<br \/><br \/>Quiere y puede ayudar, porque conoce todos los caminos y pasos del reino misterioso de la vida interior. No le es posible decir todo cuanto sabe sobre el tema; tiene que ponerse un freno continuo para no sobrepasar lo que el tema exige.<br \/><br \/>El Santo no ha escrito sus obras para todos. No es que pretenda excluir a nadie expresamente, mas sabe que s\u00f3lo puede ser comprendido por un limitado c\u00edrculo de personas con una cierta experiencia de vida interior. Y piensa en primer lugar en los Carmelitas y las Carmelitas cuya vocaci\u00f3n propia es la contemplaci\u00f3n. Mas sabe tambi\u00e9n que la gracia de Dios no se circunscribe a un h\u00e1bito religioso ni a una Orden determinada. Precisamente, debemos su comentario a la Llama de Amor Viva a una de sus penitentes o hijas espirituales \u00abque viv\u00eda en el mundo\u00bb. Escribe para las almas contemplativas y las toma por la mano, en un determinado punto del camino, en el que la mayor parte de las almas, faltas de consejo, quedan paradas, incapaces de seguir adelante. En el camino por el que hasta entonces ha andado el alma choca con obst\u00e1culos insalvables. El nuevo camino que se abre ante ella sigue adelante a trav\u00e9s de impenetrable oscuridad -\u00bfqui\u00e9n tiene el valor de aventurarse por \u00e9l?-. La encrucijada de que se trata es la que separa la meditaci\u00f3n de la contemplaci\u00f3n. Hasta el presente el alma ha ejercitado sus fuerzas en las horas de meditaci\u00f3n, acaso por el m\u00e9todo ignaciano -sentidos, imaginaci\u00f3n, memoria, entendimiento, voluntad-. Nada de ello le sirve ahora, resultan in\u00fatiles todos sus esfuerzos. Los ejercicios espirituales, fuente un tiempo de interna alegr\u00eda, se le convierten en insufrible tormento, aridez y esterilidad. M\u00e1s tampoco siente ninguna inclinaci\u00f3n a interesarse de las cosas del mundo. Lo que el alma querr\u00eda es permanecer tranquila en la quietud de sus potencias, sin agitaci\u00f3n ninguna. Pero esto le parece ociosidad y p\u00e9rdida de tiempo. Algo parecido acontece en el alma cuando quiere meterla en la noche oscura.<br \/><br \/>Seg\u00fan el com\u00fan lenguaje cristiano a un estado as\u00ed bien puede llam\u00e1rsele Cruz. Ya anteriormente hemos advertido que Cruz y Noche tienen algo de com\u00fan. M\u00e1s de poco nos sirve la comprobaci\u00f3n de un cierto parentesco. Querr\u00edamos encontrar muchos lugares de los escritos del Santo Padre en que se hable con tal determinaci\u00f3n del significado de la cruz que pudi\u00e9ramos justificar plenamente con ellos nuestra pretensi\u00f3n de explicar su vida y su doctrina por la ciencia de la cruz. Pero estos lugares son relativamente pocos. El s\u00edmbolo que domina tanto en sus poes\u00edas como en sus tratados no es el de la Cruz sino el de la Noche, que constituye el centro de la Subida; y en el C\u00e1ntico y en la Llama (que propiamente tratan del estado que tiene el alma una vez atravesada la noche) contin\u00faa resonando todav\u00eda. Por ello es necesario hablar ante todo de la relaci\u00f3n entre la Cruz y la Noche, si se quiere aclarar el sentido de la Cruz en la doctrina del Santo.<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><strong><a id=\"CC11\"><\/a>1. Cruz y noche (noche del sentido)<\/strong><br \/><br \/><strong><a id=\"CC12\"><\/a>1. Diferencia en el car\u00e1cter del s\u00edmbolo: el simbolismo y su expresi\u00f3n c\u00f3smica<\/strong><br \/><br \/>Ante todo hemos de preguntarnos si la Cruz y la noche son s\u00edmbolos en el mismo sentido. La palabra s\u00edmbolo suele emplearse en diversos sentidos. A veces, se la toma en sentido amplio, pretendiendo significar por su medio todo elemento sensible a trav\u00e9s del cual se designa algo espiritual, o m\u00e1s bien todo aquello que, conocido por experiencia natural, sirve para designar algo que est\u00e1 al margen de esta experiencia. En este sentido lato, tanto la noche como la Cruz pueden llamarse s\u00edmbolos. Mas, en cuanto atendemos a la diferencia entre signo e imagen, se hace patente la distancia que entre ellos existe.<br \/><br \/>La imagen &#8211; en el sentido de representaci\u00f3n- muestra lo representado por medio de una \u00edntima semejanza: el que la contempla inmediatamente pensar\u00e1 en el modelo que ella le vuelve a representar o que por su medio puede conocer. Entre el signo y lo significado, por el contrario, no se precisa correspondencia alguna. Su relaci\u00f3n ha sido establecida arbitrariamente y quien quiera entender el signo debe ser instruido acerca de lo que con \u00e9l se pretende significar. La Cruz no es ciertamente una imagen en el sentido propio. (Cuando se la llama imagen no se quiere con ello significar otra cosa sino que es s\u00edmbolo en el sentido amplio a que m\u00e1s arriba hemos aludido: algo visible que extiende su significado a otra cosa invisible). Entre Cruz y sufrimiento no existe ninguna semejanza inmediata apreciable, pero tampoco media entre ellos una relaci\u00f3n de signo puramente arbitraria. La Cruz ha recibido su significado de la Historia. No es ning\u00fan objeto natural sino un instrumento preparado y usado por el hombre con una determinada finalidad. Como instrumento ha desempe\u00f1ado en la historia un papel de alcance incomparable. Todos cuantos viven dentro del ambiente cultural cristiano lo conocen muy bien. De aqu\u00ed que la Cruz, a trav\u00e9s de su figura visible, nos lleva a la plenitud del sentido que en ella se encierra. Es tambi\u00e9n un signo, una se\u00f1al, pero una se\u00f1al cuyo significado no le ha sido aplicado artificialmente, sino que dimana del fundamento de su eficacia y de su misma historia. Su figura visible significa algo dentro de la relaci\u00f3n sensible en que se emplea. A ella aludimos cuando decimos que la Cruz es un s\u00edmbolo.<br \/><br \/>La noche, en cambio, es algo natural: lo contrario de la luz que a nosotros y a todas las cosas envuelve. No es propiamente un objeto en el sentido literal de la palabra. No est\u00e1 delante de nosotros y ni siquiera se sostiene por s\u00ed mismo. No es tampoco una imagen, entendida como figura visible. Es invisible e informe. Y, sin embargo, la percibimos verdaderamente y est\u00e1 m\u00e1s pr\u00f3xima a nosotros que todas las formas y figuras, est\u00e1 m\u00e1s propiamente unida con nuestro ser. Como la luz penetra con sus propiedades visibles todas las cosas, de la misma manera se las traga la noche y amenaza con tragarnos a nosotros tambi\u00e9n. Lo que en ella se hunde es algo m\u00e1s que nada: contin\u00faa existiendo, pero indeterminado, invisible e informe como la noche misma o como una sombra, un fantasma y, por ello, como algo amenazador. En ella no s\u00f3lo est\u00e1 amenazado exteriormente nuestro ser por peligros ocultos en la noche, sino tambi\u00e9n interiormente afectados por la noche misma. Nos priva del uso de los sentidos, impide nuestros movimientos, reduce nuestras fuerzas y nos arroja a la soledad convirti\u00e9ndonos a nosotros mismos en sombras y fantasmas. Es como un preludio de la muerte y todo esto no tiene solamente un significado vital sino tambi\u00e9n an\u00edmico y espiritual. La noche c\u00f3smica produce en nosotros un efecto semejante al de la que en sentido figurado llamamos noche. O al rev\u00e9s: lo que en nosotros produce efectos semejantes a los de la noche c\u00f3smica puede ser designado con el nombre de noche en sentido figurado. Antes de intentar comprender en qu\u00e9 puede consistir esta noche hemos de dejar claro que la noche c\u00f3smica tiene un doble aspecto. Frente a la noche oscura y espantosa est\u00e1 el embrujo de las Noches de luna que la penetra con un suave y delicado resplandor. No se traga las cosas, sino que las deja brillar con aspecto nocturno. Todo lo duro, lo \u00e1spero y penetrante es moderado y suavizado y aparecen rasgos esenciales de las cosas que no se ven a la luz del d\u00eda. Se escuchan tambi\u00e9n voces que el ruido del d\u00eda amortigua y hace enmudecer. Mas no solamente la noche iluminada tiene sus encantos sino que podemos igualmente encontrarlos en la noche oscura. Da fin a la prisa y al ajetreo del d\u00eda y nos trae el descanso y la paz. Estos mismos efectos causa la noche, entendida en sentido an\u00edmico-espiritual. Hay tambi\u00e9n una suave claridad nocturna del esp\u00edritu en la cual el alma, libre de la esclavitud de los negocios cotidianos, se siente a un tiempo distra\u00edda y reconcentrada en una profunda armon\u00eda de su ser y de su vida entre el mundo y el trasmundo. Y hay en la paz de la noche un profundo y agradecido descanso.<br \/><br \/>Hay que pensar en todo esto si queremos comprender el simbolismo de la noche en san Juan de la Cruz. Por los testigos de su vida y por sus propias poes\u00edas, sabemos que era extraordinariamente sensible a la noche c\u00f3smica con todos sus matices. Pasaba noches enteras en la ventana, perdida la mirada en el amplio panorama o en el vac\u00edo. Y encuentra para describir la noche expresiones que no han sido igualadas por ning\u00fan poeta. El alma compara a su amado con:<br \/><br \/>La noche sosegada<br \/>en par de los levantes de la aurora,<br \/>la m\u00fasica callada,<br \/>la soledad sonora,<br \/>la cena que recrea y enamora (CE 15).<br \/><br \/>Cuando Juan, el pensador, habla de la noche en sus tratados, detr\u00e1s de sus palabras se encuentra lo que esta expresi\u00f3n significa para el hombre y el poeta. Hemos tratado de reflejarlo a grandes rasgos en cuanto expresi\u00f3n simb\u00f3lica, sin pretender por ello agotar su contenido. Ahora vamos a intentar captar lo que tal simbolismo trata de expresar. El Santo ha hablado de ello expresamente y a su exposici\u00f3n tenemos que recurrir. Ante todo vamos a dar una r\u00e1pida ojeada para comprender con propiedad las relaciones de este simbolismo. La noche m\u00edstica no debe entenderse c\u00f3smicamente. No tiene su origen fuera del alma sino que brota de sus mismas entra\u00f1as y afecta s\u00f3lo al alma de donde nace. Pero los efectos que opera en el interior, son semejantes a los de la noche c\u00f3smica: implica un hundimiento del mundo exterior, aunque el exterior se encuentre en la plena luz del d\u00eda. Establece el alma en la soledad, la aridez y el vac\u00edo, liga la actividad de su fuerzas y la angustia con los terrores amenazadores que en ella se ocultan. Sin embargo, tambi\u00e9n hay una luz en la noche, que descubre un nuevo mundo en lo m\u00e1s hondo del alma, y, en cierto modo, ilumina desde dentro el mundo exterior que se nos devuelve completamente transformado.<br \/><br \/>Ahora tratamos de aclarar la relaci\u00f3n de la noche c\u00f3smica con la m\u00edstica, en cuanto sea posible sobre la base de estas primeras consideraciones. No se trata evidentemente de una relaci\u00f3n de signos, no hay nada intencionalmente determinado desde fuera ni se trata tampoco de una dependencia causal que se haya desarrollado hist\u00f3ricamente como en el s\u00edmbolo. Existe entre ellas una \u00edntima analog\u00eda que permite que, en ambos casos, se empleen los mismos nombres. Cuando se habla de la imagen de la Noche, se quiere significar con ello que este nombre conviene en primer t\u00e9rmino a la noche c\u00f3smica y de ella se traslada a la m\u00edstica, para de esta forma dar a conocer, por medio de algo que nos es conocido, con lo que estamos familiarizados, algo desconocido y dif\u00edcil de comprender, pero que le es semejante. No se puede hablar, sin embargo, de una correspondencia de im\u00e1genes, ya que ninguna de las dos noches ha sido modelada a imagen de la otra. Antes bien hay que pensar en la relaci\u00f3n de una expresi\u00f3n simb\u00f3lica, como la que existe generalmente entre lo sensible y lo espiritual: de la misma manera que la fisonom\u00eda y los gestos son expresi\u00f3n de la personalidad y de la vida an\u00edmica y, al igual de como muchas veces lo espiritual, y a\u00fan el mismo Dios, se revelan en la naturaleza. Se trata de una comunidad de origen y una objetiva analog\u00eda que hace a lo sensible apropiado para revelar lo espiritual. De la correspondencia de im\u00e1genes no queda m\u00e1s que la semejanza, que , por cierto no puede captar \u00abel parecido\u00bb, por ambas partes, sino s\u00f3lo a trav\u00e9s de ciertos rasgos comunes. Es tambi\u00e9n diferente de la correspondencia de im\u00e1genes, no s\u00f3lo por faltarle la posibilidad de representaci\u00f3n sino tambi\u00e9n porque se da la circunstancia de que no se trata de im\u00e1genes, de figuras bien perfiladas. Estas pueden ser objeto de expresi\u00f3n por medio de los gestos. Un cambio determinado del rostro, que el pintor puede dibujar con el l\u00e1piz o con el pincel, corresponde a un acontecimiento an\u00edmico. La noche, por el contrario, tanto la c\u00f3smica como la m\u00edstica, es algo informe e inaprensible que, en la plenitud de su sentido, s\u00f3lo sugiere sin agotar nunca su contenido. En ello se incluye una cosmovisi\u00f3n completa y una perfecta concepci\u00f3n del ser. Un algo inaprensible es com\u00fan a ambas que, sin embargo, resulta tan claro como para que por medio de la una podamos descubrir a la otra para la que sirve de camino, no por una elecci\u00f3n intencionada y por una comparaci\u00f3n pensada de antemano, sino s\u00f3lo a trav\u00e9s de la experiencia simb\u00f3lica, que tropieza con la dependencia primitiva, y por ello, se encuentra una expresi\u00f3n gr\u00e1fica que le es necesaria para manifestar lo que no puede expresarse en abstracto.<br \/><br \/>Estamos ahora en disposici\u00f3n de comprender la diferencia que existe entre el car\u00e1cter simb\u00f3lico de la Cruz y la Noche. La Cruz es s\u00edmbolo de todo lo que causal o hist\u00f3ricamente depende de la de Cristo. Noche es la necesaria expresi\u00f3n c\u00f3smica de la m\u00edstica cosmovisi\u00f3n de san Juan de la Cruz. La nota predominante del simbolismo de la Noche es una prueba de que en los escritos del Santo Doctor no es el te\u00f3logo sino el poeta y el m\u00edstico el que habla, por m\u00e1s que tambi\u00e9n el te\u00f3logo controla concienzudamente los pensamientos y las palabras.<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong> <br \/><br \/><strong><a id=\"CC13\"><\/a>2. La canci\u00f3n de la <em>Noche oscura<\/em><\/strong><br \/><br \/>Vamos ahora a investigar la noche m\u00edstica para percibir en ella el eco del mensaje de la Cruz; para ello escogeremos como m\u00e1s indicado punto de partida la canci\u00f3n de la Noche Oscura que sirve de base a los dos grandes tratados que versan sobre la Noche M\u00edstica.<br \/><br \/><em>Noche oscura<\/em><br \/><br \/>1. En una noche oscura,<br \/>con ansias en amores inflamada,<br \/>\u00a1oh dichosa ventura!<br \/>sal\u00ed sin ser notada,<br \/>estando ya mi casa sosegada.<br \/><br \/>2. A oscuras y segura<br \/>por la secreta escala disfrazada,<br \/>\u00a1oh dichosa ventura!<br \/>a oscuras y en celada, <br \/>estando ya mi casa sosegada.<br \/><br \/>3. En la noche dichosa<br \/>en secreto, que nadie me ve\u00eda, <br \/>ni yo miraba cosa<br \/>sin otra luz, ni gu\u00eda,<br \/>sino la que en el coraz\u00f3n ard\u00eda.<br \/><br \/>4. Que \u00e9sta me guiaba<br \/>m\u00e1s cierto que la luz de mediod\u00eda, <br \/>a donde me esperaba<br \/>quien yo bien me sab\u00eda,<br \/>en parte donde nadie parec\u00eda.<br \/><br \/>5. \u00a1Oh noche, que guiaste,<br \/>oh noche amable m\u00e1s que el alborada, <br \/>oh noche, que juntaste<br \/>Amado con amada,<br \/>amada en el Amado transformada!<br \/><br \/>6. En mi pecho florido,<br \/>que entero para \u00e9l s\u00f3lo se guardaba, <br \/>all\u00ed qued\u00f3 dormido,<br \/>y yo le regalaba,<br \/>y el ventalle de cedros aire daba.<br \/><br \/>7. El aire de la almena<br \/>cuando ya sus cabellos esparc\u00eda, <br \/>con su mano serena<br \/>en mi cuello her\u00eda,<br \/>y todos mis sentidos suspend\u00eda.<br \/><br \/>8. Qu\u00e9deme y olv\u00eddeme,<br \/>el rostro reclin\u00e9 sobre el Amado, <br \/>ces\u00f3 todo y d\u00e9jeme,<br \/>dejando mi cuidado<br \/>entre las azucenas olvidado.<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><strong><a id=\"CC14\"><\/a>3 Noche oscura del sentido<\/strong><br \/><br \/><a id=\"CC123\"><\/a><strong>a) Introducci\u00f3n al sentido de la Noche<\/strong><br \/><br \/>La imagen po\u00e9tica se mantiene perfectamente sin que se intercale ninguna expresi\u00f3n doctrinal. Para entenderla tenemos la clave en los dos tratados explicativos Subida y Noche Oscura.<br \/><br \/>El alma que canta esta canci\u00f3n ya ha atravesado la Noche y llegado al t\u00e9rmino pasando a la uni\u00f3n con el amado divino. De aqu\u00ed que sea un canto de alabanza a la noche que ha servido de camino para su radiante felicidad. El grito de j\u00fabilo:<br \/><br \/>\u00a1Oh dichosa ventura! le sirve de estribillo. Pero no ha olvidado la oscuridad y la angustia pasadas. Y puede todav\u00eda con mirada retrospectiva trasladarse a la noche.<br \/><br \/>La casa que ha dejado la esposa es la parte sensible del alma (1S 1). Est\u00e1 sosegada, porque todos sus apetitos han sido acallados. El alma pudo salir de ellos porque Dios la ha librado previamente. Con sus propias fuerzas no lo hubiera conseguido. Aqu\u00ed con una breve aclaraci\u00f3n se nos da a conocer la diferencia m\u00e1s caracter\u00edstica que existe entre la noche activa y la pasiva, de la cual tratar\u00e1 m\u00e1s tarde expresamente, as\u00ed como la relaci\u00f3n que media entre las dos. El alma debe trabajar, poniendo en tensi\u00f3n todas sus fuerzas, para librarse de las ataduras de la naturaleza sensible, pero antes Dios debe venir en su ayuda con su acci\u00f3n divina, que es la que dirige y perfecciona la del alma.<br \/><br \/>El desprendimiento o purgaci\u00f3n es designando como la noche por la que el alma debe atravesar. Es de tres maneras seg\u00fan que se la considere relacionada con el punto de partida, el camino y la meta a alcanzar. El punto de partida es el gusto de las cosas de este mundo de que el alma debe desprenderse. Este desprendimiento deja el alma en tinieblas y como sin nada. Por esta raz\u00f3n se la denomina noche. El mundo que captamos por los sentidos es, desde el punto de vista natural, el suelo que nos sostiene, la casa en la cual nos sentimos como en nuestro propio centro, que nos alimenta y nos provee de lo necesario y es la fuente de nuestras alegr\u00edas y de nuestros gozos. Si se nos quita o nos vemos precisados a abandonarla es verdaderamente algo as\u00ed como si el suelo faltara bajo nuestros pies y como si se hubiera hecho noche en torno nuestro y nosotros mismos nos hundi\u00e9ramos y desapareci\u00e9ramos.<br \/><br \/>Pero no es esto lo que sucede, sino que de hecho quedamos asentados sobre un camino m\u00e1s seguro, aunque tenebroso y envuelto en la noche: el camino de la Fe. Es un camino que conduce a la meta de la divina uni\u00f3n. Pero es un camino nocturno, ya que, comparado con la evidencia del conocimiento racional, es el de la fe un conocimiento oscuro: nos da a conocer algo pero no podemos verlo. Por esta raz\u00f3n podemos afirmar que tambi\u00e9n el t\u00e9rmino que alcanzamos por el camino de la fe es Noche: Dios queda oculto para nosotros mientras vivimos en la tierra aunque lleguemos a la dichosa uni\u00f3n. El ojo de nuestro esp\u00edritu no est\u00e1 proporcionado a la intensidad de su luz y mira como si se encontrara en las tinieblas de la noche. Pero as\u00ed como la noche c\u00f3smica no es igualmente oscura a lo largo de toda ella, tambi\u00e9n la noche m\u00edstica tiene sus fases y grados respectivos. La purgaci\u00f3n del mundo de los sentidos es como la irrupci\u00f3n de la noche en que todav\u00eda queda algo de la claridad del d\u00eda. Por el contrario la fe se asemeja a la media noche en la que no s\u00f3lo ha desaparecido la actividad de los sentidos sino tambi\u00e9n el conocimiento natural de la raz\u00f3n. Mas cuando el alma encuentra a Dios, irrumpe en su noche una como alba del nuevo d\u00eda de la eternidad.<br \/><br \/>Ya con estas breves consideraciones podemos establecer alguna relaci\u00f3n entre la noche y la Cruz, que aparecer\u00e1 m\u00e1s clara cuando tratemos en particular de cada una de las fases de la noche.<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><a id=\"CC234\"><\/a><strong>b) Entrada activa en la noche como seguimiento de la Cruz<\/strong><br \/><br \/>El Santo llama Noche Oscura del Sentido al punto de partida o fase primera de la noche. Esta, en el sentido en que aqu\u00ed se trata, consiste en \u00abla privaci\u00f3n del gusto en el apetito de todas las cosas\u00bb. No puede ciertamente tratarse de que no hay que conocer ya con los sentidos, porque son ellos las ventanas por las que penetra la luz del conocimiento en la tenebrosa c\u00e1rcel del alma que sigue ligada al cuerpo: No podemos prescindir de ellas mientras vivimos. Pero, debemos aprender a ver y a o\u00edr de manera muy diversa a como vemos y o\u00edmos. El enfoque fundamental ante el mundo de los sentidos debe ser muy otro. Este enfoque no es una postura puramente intelectual para el hombre medio en su estado normal -ya que se encuentra en el mundo m\u00e1s bien como ser que apetece y como hombre de acci\u00f3n-. Est\u00e1 con \u00e9l relacionado de mil maneras, por cuanto le ofrece algo que puede calmar sus deseos, le impulsa a la acci\u00f3n y constituye la materia de la misma. Generalmente se deja guiar de sus impulsos y apetitos, en la comida y en el vestido, en el trabajo y en el descanso, en el juego y la diversi\u00f3n y en el trato con los dem\u00e1s. Se siente feliz y contento cuando no est\u00e1 embarazado por ning\u00fan obst\u00e1culo especial. Teniendo en cuenta que una veda sin obst\u00e1culo los no es posible en este mundo, idea con la que se ha familiarizado desde su juventud hasta tal punto que se ha convertido para \u00e9l en una segunda naturaleza, sabe por la educaci\u00f3n y experiencia que ha tenido que es condenable el dar rienda suelta a los apetitos de la naturaleza y as\u00ed se deja guiar por la recta raz\u00f3n y trata de limitarlos y reglamentarlos. En el mismo sentido influye el respeto hacia los dem\u00e1s; el derecho y moral naturales, como exigencia indeclinable, se imponen en la vida comunitaria. No se atenta con todo ello al derecho natural de los instintos; solamente se le pone en armon\u00eda con los otros derechos. Por el contrario, al instaurarse la Noche Oscura comienza algo completamente nuevo.<br \/><br \/>Toda esa c\u00f3moda familiaridad con el mundo, ese sentirse saciado con los placeres que ofrece el apetito de estos placeres, aceptado naturalmente por el alma -todo esto que para el hombre que vive siguiendo a la naturaleza es claro como la luz del d\u00eda- son tinieblas a los ojos de Dios e incompatibles con la luz divina. Deben ser arrancadas con todas sus ra\u00edces si se ha de dejar sitio en el alma para Dios. Responder a esta exigencia significa presentar batalla en toda la l\u00ednea a la propia naturaleza, tomar sobre s\u00ed su Cruz y entregarse a la crucifixi\u00f3n. El Santo Padre cita en esta ocasi\u00f3n las palabras del Se\u00f1or: \u00abel que no renuncia todas las cosas que con la voluntad posee, no puede ser mi disc\u00edpulo\u00bb (Lc 14,13). Que el se\u00f1or\u00edo que el apetito ejerce sobre el alma sea verdaderamente tinieblas lo prueba detalladamente: los apetitos cansan y atormentan al alma, la oscurecen y manchan y debilitan y le arrebatan el esp\u00edritu de Dios, del cual se aleja al abandonarse al esp\u00edritu animal. Entablar la lucha, o sea tomar sobre s\u00ed la cruz, es penetrar activamente en la Noche Oscura. El Santo da para ello unos avisos, breves y precisos, de los que \u00e9l mismo afirma que \u00abel que de veras quisiere ejercitarse en ellos no le har\u00e1n falta otros ningunos, antes en estos los alcanzar\u00e1 todos\u00bb. Son los siguientes:<br \/><br \/>\u00abLo primero traiga un ordinario apetito de imitar a Cristo en todas sus cosas, conform\u00e1ndose con su vida, la cual debe considerar para saberla imitar y haberse en todas las cosas como se hubiera \u00e9l.<br \/><br \/>Lo segundo para poder bien hacer esto, cualquiera gusto que se le ofreciere a los sentidos como no sea puramente para honra y gloria de Dios, ren\u00fancielo y qu\u00e9dese vac\u00edo de \u00e9l por amor de Jesucristo, el cual en esta vida no tuvo otro gusto ni le quiso, que hacer la voluntad de su Padre, lo cual llamaba El su comida y manjar. Pongo ejemplo. Si se le ofreciere gusto de o\u00edr cosas que no importan para el servicio y honra de Dios ni lo quiera gustar ni lo quiera o\u00edr&#8230; y en todos los sentidos, ni m\u00e1s ni menos en cuanto lo pudiere excusar buenamente; porque, si no pudiere, basta que no quiera gustar de ello, aunque estas cosas pasen por \u00e9l.<br \/><br \/>Y de esta manera ha de procurar dejar luego mortificados y vac\u00edos de aquel gusto a los sentidos, como a oscuras. Y con este cuidado en breve aprovechar\u00e1 mucho.<br \/><br \/>Y para mortificar y apaciguar las cuatro pasiones naturales, que son, gozo, esperanza, temor y dolor, de cuya concordia y pacificaci\u00f3n salen estos y los dem\u00e1s bienes, es total remedio lo que se sigue, y de gran merecimiento y causa de grandes virtudes:<br \/><br \/>Procure siempre inclinarse:<br \/>&#8211; no a lo m\u00e1s f\u00e1cil, sino a lo m\u00e1s dificultoso;<br \/>&#8211; no a lo m\u00e1s sabroso, sino a lo m\u00e1s desabrido;<br \/>&#8211; no a lo m\u00e1s gustoso, sino antes a lo que da menos gusto;<br \/>&#8211; no a lo que es descanso, sino a lo trabajoso;<br \/>&#8211; no a lo que es consuelo, sino antes al desconsuelo;<br \/>&#8211; no a lo m\u00e1s, sino a lo menos;<br \/>&#8211; no a lo m\u00e1s alto y precioso, sino a lo m\u00e1s bajo y despreciado;<br \/>&#8211; no a lo que es querer algo, sino a no querer nada;<br \/>&#8211; no andar buscando lo mejor de las cosas temporales, sino lo peor, y desear entrar en toda desnudez y vac\u00edo por Cristo de todo cuanto hay en el mundo.<br \/><br \/>Y estas obras conviene las abrace de coraz\u00f3n y procure allanar la voluntad en ellas&#8230;<br \/>Lo que est\u00e1 dicho, bien ejercitado, bien basta para entrar en la Noche Sensitiva&#8230;\u00bb (1S 13).<br \/><br \/>No son necesarias nuevas aclaraciones para probar que el caminar por la Noche Oscura del sentido es lo mismo que tomar voluntariamente la Cruz y llevarla con perseverancia; pero con s\u00f3lo llevar la Cruz no se muere y para atravesar la Noche por completo tiene el hombre que morir al pecado. Puede entregarse para ser crucificado, mas no crucificarse \u00e9l mismo. Por ello lo que la Noche activa ha comenzado ha de completarlo la Noche pasiva, esto es, el mismo Dios, \u00abporque, por m\u00e1s que el alma se ayude, no puede ella activamente purificarse de manera que est\u00e9 dispuesta en la menor parte para la divina uni\u00f3n de perfecci\u00f3n de amor, si Dios no toma la mano y la purga en aquel fuego oscuro para ella\u00bb (1N 3,3).<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><a id=\"CC345\"><\/a><strong>c) La noche pasiva como crucifixi\u00f3n<\/strong><br \/><br \/>Ya hemos advertido anteriormente que la entrada del alma en la Noche Oscura s\u00f3lo es posible porque la gracia divina preveniente le ha empujado y apoyado a lo largo del camino. Pero esta gracia preveniente y auxiliar no tiene todav\u00eda en los principiantes el car\u00e1cter de Noche Oscura. Estos son tratados por Dios m\u00e1s bien como los ni\u00f1os peque\u00f1itos por una madre cari\u00f1osa, que los lleva en sus brazos y los alimenta con dulce leche. En todos los ejercicios espirituales -oraci\u00f3n, meditaci\u00f3n, mortificaci\u00f3n- les comunica abundantemente alegr\u00eda y consuelo. Para ellos esta alegr\u00eda se convierte en motivo para entregarse a los ejercicios espirituales. No se dan cuenta de la imperfecci\u00f3n que esto supone, ni advierten las muchas faltas que cometen en la pr\u00e1ctica de las virtudes.<br \/><br \/>El Santo demuestra, con vivos ejemplos, que en los principiantes se encuentran los siete pecados capitales, trasladados al terreno espiritual: soberbia espiritual, con alguna satisfacci\u00f3n de las propias gracias y virtudes y desprecio de los dem\u00e1s, prefiriendo ense\u00f1ar a ser ense\u00f1ados; avaricia espiritual, que no se harta de libros, cruces, rosarios, etc. (1N 2-7). Para librarnos de estas faltas tenemos que ser destetados de la leche de los consuelos y alimentarnos con s\u00f3lida corteza \u00abya que se han ejercitado alg\u00fan tiempo en el camino de la virtud, perseverando en meditaci\u00f3n y oraci\u00f3n, en que con el sabor y gusto que all\u00ed han hallado se han desaficionado de las cosas del mundo y cobrado algunas fuerzas espirituales en Dios, con que tienen algo refrenados los apetitos de las criaturas, con que podr\u00e1n sufrir con Dios un poco de carga y sequedad sin volver atr\u00e1s al mejor tiempo; cuando m\u00e1s a su sabor y gusto andan en estos ejercicios espirituales, y cuando m\u00e1s claro les luce el sol de los divinos favores, oscur\u00e9celes Dios toda esta luz y ci\u00e9rrales la puerta y manantial de la dulce agua espiritual que andaban gustando en Dios en todas las veces y todo el tiempo que ellos quer\u00edan&#8230; y as\u00ed los deja tan a oscuras que no saben por d\u00f3nde ir con el sentido de la imaginaci\u00f3n y el discurso\u00bb (1N 8,3). Todos los ejercicios espirituales le parecen ahora al alma ins\u00edpidos o repugnantes.<br \/><br \/>Por tres se\u00f1ales se conoce que no es esto consecuencia de pecado o imperfecciones sino s\u00f3lo pura sequedad de la Noche Oscura:<br \/>1\u00b0Que el alma no halla gusto ninguno en las criaturas.<br \/>2\u00b0 \u00abQue ordinariamente trae la memoria de Dios con solicitud y cuidado penoso, pensando que no sirve a Dios sino que vuelve atr\u00e1s, como se ve con aquel sinsabor en las cosas de Dios\u00bb (1N 9,3). Esto la tendr\u00eda sin cuidado si su sequedad se fundase en la tibieza. En la sequedad purificativa, por el contrario, predomina siempre el deseo de servir a Dios, y el esp\u00edritu se fortalece mientras la parte sensible se adormece y se siente sin fuerzas por falta de gusto, \u00abporque la causa de esta sequedad es porque muda Dios los bienes y fuerza del sentido al esp\u00edritu, de los cu\u00e1les, por no ser capaz el sentido y fuerza natural, se queda ayuno, seco y vac\u00edo. Porque la parte sensitiva no tiene habilidad para lo que es puro esp\u00edritu, y as\u00ed, gustando al esp\u00edritu, se desabre la carne y se afloja para obrar. Mas el esp\u00edritu que va recibiendo el manjar, anda fuerte y m\u00e1s alerta y sol\u00edcito que antes en el cuidado de no faltar a Dios\u00bb (1N 9,4). Mas como no est\u00e1 acostumbrado a la dulzura espiritual, de primeras no experimenta en ello m\u00e1s que sequedad y disgusto.<br \/>3\u00b0 Se conoce la sequedad purificadera en \u00abel no poder ya meditar ni discurrir en el sentido de la imaginaci\u00f3n como sol\u00eda, aunque m\u00e1s haga de su parte. Porque, como aqu\u00ed comienza Dios a comunic\u00e1rsele, no ya por el sentido, como antes hac\u00eda por medio del discurso que compon\u00eda y divid\u00eda las noticias, sino por el esp\u00edritu puro, en que no cae discurso sucesivamente, comunic\u00e1ndosele con acto de sencilla contemplaci\u00f3n, la cual no alcanzan los sentidos de la parte inferior exteriores ni interiores\u00bb. Esta contemplaci\u00f3n oscura y seca para el sentido es algo escondido y misterioso aun para quien la posee (1N 9,8.6). \u00abOrdinariamente junto con esta sequedad y vac\u00edo que hace al sentido da al alma inclinaci\u00f3n y gana de estarse a solas y en quietud, sin poder pensar cosa particular ni tener gana de pensarla.\u00bb (1N9,6) y si el alma permaneciera en esta quietud \u00abluego en aquel descuido y ocio encontrar\u00eda delicadamente aquella refecci\u00f3n interior. La cual es tan delicada que, ordinariamente, si tiene gana o cuidado en sentirla no la siente; porque como digo ella obra en el mayor ocio o descuido del alma: que es como el aire, que en queriendo encerrar el pu\u00f1o se le sale\u2026 \u00abporque de tal manera pone Dios al alma en este estado, por tan diferente camino la lleva, que si ella quiere obrar con sus potencias antes estorba la obra que Dios va haciendo en ella\u00bb (1N 9,7). La paz que Dios quiere otorgar por medio de la sequedad del sentido \u00ab&#8230;es espiritual y delicada\u00bb y \u00abhace obra quieta y delicada, solidaria, satisfactoria y pac\u00edfica, y muy ajena de todos esotros gustos primeros que eran muy palpables y sensibles\u00bb (1N 9,6.7). As\u00ed se comprende que s\u00f3lo se perciba el morir del hombre sensible sin que se rastree el romper de una nueva vida que en esa muerte se oculta.<br \/><br \/>No hay, pues, ninguna exageraci\u00f3n cuando llamamos crucifixi\u00f3n a los sufrimientos del alma en este estado. Se encuentran como clavadas en su incapacidad para usar de sus propias fuerzas. A la sequedad se a\u00f1ade el tormento del miedo a ir equivocados. \u00abPensando que se les ha acabado el bien espiritual y que los ha dejado Dios\u00bb. Se empe\u00f1an en obrar como antes acostumbraban y no consiguen otra cosa sino turbar la paz que Dios va poniendo en ellas. En estas circunstancias el alma no debe hacer otra cosa sino \u00ab&#8230;tener paciencia y perseverar en la oraci\u00f3n sin hacer ellas nada. S\u00f3lo lo que aqu\u00ed han de hacer es dejar al alma libre y desembarazada y descansada de todas las noticias y pensamientos, no teniendo cuidado all\u00ed de qu\u00e9 pensar\u00e1n ni meditar\u00e1n, content\u00e1ndose s\u00f3lo con una advertencia amorosa y sosegada en Dios y estar sin cuidado, sin eficacia y sin gana de buscarla o sentirla\u00bb. Cuando carecen de Director experto, en lugar de esto se cansan in\u00fatilmente, atorment\u00e1ndose todav\u00eda con el pensamiento de que en la oraci\u00f3n no hacen m\u00e1s que perder el tiempo y de que deben abandonarla. Si se hubieran entregado a la oscura contemplaci\u00f3n pronto se habr\u00edan apercibido de lo que dice el segundo verso de la Canci\u00f3n de la Noche: \u00abla inflamaci\u00f3n del amor\u00bb. Porque la contemplaci\u00f3n no es otra cosa que una infusi\u00f3n secreta, pac\u00edfica y amorosa de Dios, que si le dan lugar inflama al alma en esp\u00edritu de amor\u00bb (1N 10,1.4.6). Al principio esta inflamaci\u00f3n de amor es, por lo general, imperceptible para el alma. El alma siente m\u00e1s bien sequedad y vac\u00edo, angustia dolorosa y preocupaci\u00f3n, y cuando algo de aquello rastrea no es m\u00e1s que una ansia penosa que la impulsa hacia Dios, una dolorosa herida de amor. Solo m\u00e1s tarde comprender\u00e1n que Dios trata de purificarla por la noche del sentido y de someter el sentido al esp\u00edritu. Entonces exclamar\u00e1: \u00a1oh dichosa ventura! y aparecer\u00e1 claro la ganancia que ha supuesto para ella \u00absalir sin ser notada\u00bb: se ha librado de la esclavitud en que la ten\u00edan los sentidos, sus inclinaciones se han ido progresivamente desprendiendo de todo lo creado y aficion\u00e1ndose a los bienes eternos. La Noche del Sentido fue para ella la puerta estrecha (Mt 7,14) que conduce a la vida. Ahora le resta caminar por el estrecho sendero de la Atoche del esp\u00edritu. Ciertamente que son pocos los que hasta aqu\u00ed llegan, pero a\u00fan las ventajas que el alma obtiene en la Noche del Sentido son extraordinarias: adquiere conocimiento de s\u00ed, llega a penetrarse de su propia miseria, no encuentra ya en s\u00ed nada bueno y aprende con ello a tratar con Dios con mayor temor y reverencia. S\u00ed, ahora se da cuenta de la grandeza y sublimidad divinas. Precisamente al sentirse liberada de los estorbos sensibles la capacita para recibir las ilustraciones y la hace accesible a la verdad. Por esto dice en el salmo \u00aben la tierra desierta, sin agua, seca y sin camino parec\u00ed delante de ti para ver tu virtud y gloria\u00bb (62,3). \u00ab&#8230;.Lo cual es cosa admirable que no da aqu\u00ed a entender David que los detalles espirituales y gustos muchos que hab\u00eda tenido le fuesen disposici\u00f3n y medio para conocer la gloria de Dios, sino las sequedades y desarrimos de la parte sensitiva\u00bb (1N 12,6). Por \u00abtierra sin camino\u00bb entiende el Santo la incapacidad para formar un concepto de Dios a base del discurso o con el pensamiento ayudado de la imaginaci\u00f3n.<br \/><br \/>Adem\u00e1s en la sequedad y vac\u00edo se vuelve el alma humilde. Desaparece la soberbia anterior, porque ya nada encuentra en s\u00ed que pueda servirle de apoyo para despreciar a los dem\u00e1s: m\u00e1s bien le parecen los otros mucho m\u00e1s perfectos y en consecuencia nace en su coraz\u00f3n el amor y aprecio hacia ellos. Tiene demasiado que hacer con su propia miseria para preocuparse de los dem\u00e1s. A causa de su desamparo se vuelve el alma sumisa y obediente: desea ser adoctrinada para encontrar el camino recto. La avaricia espiritual se ha curado radicalmente. El alma se ha hecho frugal y moderada, todo lo que hace lo hace tan s\u00f3lo para cumplir la voluntad divina, sin buscar en ello su propia satisfacci\u00f3n. Otro tanto sucede con las imperfecciones. Con ellas desaparece toda turbaci\u00f3n e intranquilidad. En su lugar se establece una profunda paz y un permanente recuerdo de Dios. Su \u00fanica preocupaci\u00f3n es saber que le puede desagradar. La Noche Oscura se convierte en escuela de todas las virtudes; se ejercita en la resignaci\u00f3n y paciencia, ya que permanece fiel a la vida espiritual, a pesar de no hallar consuelo ni refrigerio; alcanza un alto grado de amor de Dios, porque ya s\u00f3lo obra movida por \u00e9l. La perseverancia en las contradicciones le da energ\u00eda y fortaleza. La perfecta purificaci\u00f3n de todas las inclinaciones y apetitos sensibles la lleva a la libertad de esp\u00edritu en la que maduran los doce frutos del Esp\u00edritu Santo. Toma confianza contra los tres enemigos, demonio, mundo y carne, que nada pueden contra el esp\u00edritu. Tambi\u00e9n en relaci\u00f3n con ellos puede aplicarse lo de \u00absal\u00ed sin ser notada\u00bb. Y ahora que las pasiones han sido aquietadas y que los sentidos est\u00e1n dormidos, se queda \u00abla casa sosegada\u00bb.<br \/><br \/>El alma se ha escapado y ha alcanzado el camino del esp\u00edritu, el de los aprovechados o v\u00eda iluminativa, en el que Dios mismo quiere ser su maestro sin que intervenga la actividad del alma. Esta se encuentra ahora en un estado de tr\u00e1nsito. La contemplaci\u00f3n le proporciona alegr\u00edas puramente espirituales, en las que tambi\u00e9n toman parte los sentidos que a su vez est\u00e1n espiritualizados. Pero a veces vuelve todav\u00eda a la meditaci\u00f3n, y las alegr\u00edas se mezclan con dolorosas aflicciones. Antes de que entrara en la Noche del Esp\u00edritu a la sequedad y vac\u00edo se a\u00f1adieron pruebas m\u00e1s duras y dolorosas consistentes en penosas tentaciones; el esp\u00edritu de impureza y de blasfemia se hacen fuertes por la fuerza de la imaginaci\u00f3n y el esp\u00edritu de v\u00e9rtigo la sumerge en mil escr\u00fapulos, en desorden y perplejidad. En medio de estas tempestades se prueban y fortalecen las almas. Muchos no logran traspasar este per\u00edodo de transici\u00f3n, pero los que llegan al fin han de sufrir mucho. Cuanto m\u00e1s alto es el grado de uni\u00f3n con Dios al que Dios quiere elevarlas tanto m\u00e1s profunda y duradera debe ser la purificaci\u00f3n. Pero los mismos aprovechados conservan todav\u00eda muchas imperfecciones habituales, de las cu\u00e1les tienen que ser liberados por la Noche Oscura. Juntamente con el esp\u00edritu deben ser purificados plenamente los sentidos, ya que en ellos tienen su ra\u00edz las imperfecciones (2N 3. Noche del Esp\u00edritu).<br \/><br \/>La exposici\u00f3n de los caminos de la purificaci\u00f3n muestra claramente que no falta del todo la luz en esta noche, por m\u00e1s que los ojos del alma no est\u00e1n todav\u00eda acomodados a ella y no pueden verla. En las relativamente breves explicaciones que dedica el Santo a los sentidos resaltan en\u00e9rgicamente los apreciabil\u00edsimos frutos de la Noche. Mas esto no est\u00e1 re\u00f1ido con el mensaje de la Cruz. Ya anteriormente hemos recordado c\u00f3mo el Salvador termin\u00f3 el anuncio de su Pasi\u00f3n y muerte de Cruz con el alegre mensaje de la Resurrecci\u00f3n. La liturgia de la Iglesia recuerda el \u00abper passionem et crucem ad resurrectionis gloriam\u00bb. Con la muerte del hombre animal comienza a dar sus primeros pasos el hombre espiritual. Hasta el presente apenas si hemos aludido a este maravilloso renacimiento; Juan se ha detenido muy poco en la exposici\u00f3n de la primera noche , porque ten\u00eda prisa de llegar a la Noche del Esp\u00edritu que es el objeto fundamental de su estudio. Por ello es mejor que tratemos de las relaciones de la muerte y de la resurrecci\u00f3n inmediatamente despu\u00e9s de la Noche Oscura del Esp\u00edritu.<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><strong><a id=\"CC15\"><\/a>2. Esp\u00edritu y fe. Muerte y resurrecci\u00f3n: (Noche del esp\u00edritu)<\/strong><br \/><br \/>Introducci\u00f3n: desarrollo del problema<br \/>San Juan de la Cruz llama a la Noche Oscura del Esp\u00edritu Camino estrecho. Antes la hab\u00eda llamado Camino de fe y hab\u00eda comparado su oscuridad a la de la media noche. La fe debe por consiguiente representar un papel importante en la ciencia del Esp\u00edritu. Para ver esto claramente, debemos (emprender rectamente qu\u00e9 es lo que el Santo entiende por Esp\u00edritu y por Fe. No es tarea f\u00e1cil. Como fondo de todo lo que escribe se encuentra una Ontolog\u00eda del esp\u00edritu. Mas no nos ha dejado ning\u00fan tratado a este prop\u00f3sito y es posible que ni \u00e9l mismo se haya preocupado de convertir en teor\u00eda lo que viv\u00eda en \u00e9l como conocimiento habitual y que, circunstancialmente, se expresaba al exterior. Para su finalidad carec\u00eda de importancia esclarecerlo. La investigaci\u00f3n ulterior de estos problemas hist\u00f3ricos y espirituales nos llevar\u00eda demasiado lejos de nuestro intento. Mas no debemos pasar por alto las cuestiones fundamentales -lo que el santo entiende por esp\u00edritu y por fe-. Estas cuestiones deben ser resueltas a base de lo que nos ha dicho de la Noche del Esp\u00edritu.<br \/><br \/>Una cierta dificultad procede del hecho de que ha tratado de la Noche Oscura en dos veces -en la Subida yen la Noche- y que estos dos tratados han quedado incompletos.<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><strong><a id=\"CC16\"><\/a>1 Despojo de las fuerzas espirituales en la noche activa<\/strong><br \/><br \/><a id=\"CC456\"><\/a><strong>a) La noche de la fe como camino para la uni\u00f3n<\/strong><br \/><br \/>La segunda noche es m\u00e1s oscura que la primera, por cuanto \u00e9sta corresponde a la parte inferior sensitiva del hombre y por ello es m\u00e1s externa. La Noche del Esp\u00edritu, por el contrario, corresponde a la parte m\u00e1s elevada, la racional, y es por tanto m\u00e1s interna y priva al alma de la luz de la raz\u00f3n o la ciega.<br \/><br \/>\u00abLa fe dicen los te\u00f3logos que es un h\u00e1bito del alma cierto y oscuro\u00bb; oscuro porque \u00abhace creer verdades reveladas por el mismo Dios las cu\u00e1les son sobre toda luz natural y exceden a todo humano entendimiento sin alguna proporci\u00f3n. De aqu\u00ed que para el alma esta excesiva luz que se le da de fe le es oscura tiniebla, porque lo m\u00e1s priva y vence a lo menos\u00bb. \u00abAs\u00ed la luz de la fe por su grande exceso oprime y vence a la del entendimiento, la cual s\u00f3lo se extiende de suyo a la ciencia natural\u00bb (2S 2).<br \/><br \/>Puede consecuentemente captar lo sobrenatural cuando Dios la quiera levantar a su conocimiento. El entendimiento por s\u00ed s\u00f3lo puede adquirir conocimientos naturales por v\u00eda natural; por v\u00eda de los sentidos que le representan el objeto: \u00abpara lo cual ha de tener los fantasmas y las figuras de los objetos presentes en s\u00ed o en sus semejantes\u00bb (2S 2). Si se le habla a un hombre de algo que nunca ha visto y que no conoce nada semejante, que pueda servirle de rastro, podr\u00e1 captar el nombre mas no conseguir\u00e1 formarse una imagen de la cosa; por ejemplo, un ciego de nacimiento respecto de los colores. Lo mismo sucede en nosotros con la fe; nos da noticia de cosas de las cu\u00e1les jam\u00e1s hemos visto ni o\u00eddo nada; nada conocemos que se les parezca. Justamente podemos captar lo que se nos dice, si prescindimos de la luz de nuestro conocimiento natural. S\u00f3lo nos queda aceptar lo que o\u00edmos sin que nos haya llegado a trav\u00e9s de los sentidos. Por ello es la fe Noche completamente oscura para el alma. Mas esto mismo supone alguna luz; un conocimiento completamente cierto que supera a toda otra ciencia y conocimiento, hasta el punto de que s\u00f3lo en la contemplaci\u00f3n perfecta podemos alcanzar una recta idea de la fe. Por ello se dice: Si non credideritis, non intelligetis (\u00absi no creyereis no entender\u00e9is\u00bb) (Is 7,3).<br \/><br \/>Finalmente, de lo dicho no s\u00f3lo se deduce claramente que la fe es noche oscura, sino tambi\u00e9n que es camino: el camino hacia la meta por cuya consecuci\u00f3n se esfuerza el alma, es decir, la uni\u00f3n con Dios. Porque ella sola nos da el conocimiento de Dios. Ni \u00bfc\u00f3mo podr\u00eda llegarse a la uni\u00f3n con Dios sin conocerle?. Mas para poder ser dirigida por la fe hasta este t\u00e9rmino debe el alma comportarse de manera conveniente: introducirse en la Noche por su propia elecci\u00f3n y con sus propias fuerzas. Despu\u00e9s de haberse despojado en la Noche del sentido del apetito de todas las cosas creadas, tiene que morir ahora para llegar hasta Dios, morir a todas sus fuerzas naturales, a sus sentidos y a su misma raz\u00f3n. Pues para alcanzar la transformaci\u00f3n sobrenatural, tiene que dejar tras de s\u00ed todo lo natural. S\u00ed, debe desprenderse de todos los bienes sobrenaturales que Dios le regala. Debe deshacerse de todo lo que cae bajo el dominio de su concupiscencia. \u00abSiempre se ha de quedar como desnuda de ellas y a oscuras, as\u00ed como el ciego, arrim\u00e1ndose a la fe oscura, tom\u00e1ndola por gu\u00eda y luz y no arrim\u00e1ndose a cosa de las que entiende, gusta y siente e imagina. Porque todo aquello es tiniebla, que la har\u00e1 errar; y la fe es sobre todo aquel entender y gustar y sentir e imaginar\u00bb (2S 4,2).<br \/><br \/>Respecto de todo ello debe el alma ser ciega y permanecer en esta ceguera para alcanzar lo que la fe ense\u00f1a. Porque el que no es completamente ciego, no se deja guiar por el mozo de ciegos sino que conf\u00eda en lo que \u00e9l ve. \u00abY as\u00ed, el alma sin estribar en alg\u00fan saber suyo o gusto o sentir de Dios, como quiera que ello, aunque m\u00e1s sea, sea muy poco o dis\u00edmil de lo que es Dios, para s\u00ed por este camino f\u00e1cilmente yerra o se detiene por no querer quedarse bien ciega en fe, que es su verdadero gu\u00eda\u00bb. Para alcanzar la uni\u00f3n con Dios, al alma \u00abno ha de ir entendiendo ni arrim\u00e1ndose al gusto, ni al sentido, ni a la imaginaci\u00f3n, sino creyendo su ser que no cae en sentido, ni apetito, ni imaginaci\u00f3n, ni otro alg\u00fan sentido, ni en esta vida se puede saber; antes en ella, lo m\u00e1s alto que se puede sentir y gustar de Dios dista en infinita manera de Dios y del poseerlo puramente\u00bb.<br \/><br \/>Debe el alma esforzarse para ser perfectamente una misma cosa durante la vida con Aquel con quien otros est\u00e1n tan \u00edntimamente unidos en la gloria como dice el Ap\u00f3stol san Pablo que \u00abni ojo jam\u00e1s lo vio, ni o\u00eddo lo oy\u00f3, ni cay\u00f3 en pensamiento ni coraz\u00f3n de hombre\u00bb (1Cro 2,9; Is 64,4), por ello en cuanto le sea posible debe mostrarse insensible a \u00abtodo cuanto pueda entrar por el ojo y de todo lo que se pueda recibir por el o\u00eddo y se pueda imaginar con la fantas\u00eda y comprender con el coraz\u00f3n que aqu\u00ed significa el alma\u00bb (2S 4,3s). Si se apoya todav\u00eda en sus propias fuerzas no hace m\u00e1s que crearse dificultades e impedimentos. Para conseguir el fin tiene tanta importancia abandonar el camino propio como seguir el verdadero. S\u00ed, \u00aben este camino el entrar en camino es dejar su camino, o por mejor decir, es pasar al t\u00e9rmino, y dejar su modo es entrar en lo que no tiene modo que es Dios. Porque el alma que a este estado llega, ya no tiene modos ni maneras ni menos se ase ni puede asir a ellos\u00bb, a ninguna manera particular de entender, de gustar o de sentir \u00abaunque en s\u00ed encierre todos los modos, al modo del que no tiene nada, que lo tiene todo. Porque teniendo \u00e1nimo para pasar de limitado natural interior y exteriormente, entra en l\u00edmite sobrenatural que no tiene modo alguno, teniendo en sustancia todos los modos\u00bb (2S 4,5). Ha de levantarse sobre todo lo espiritual que puede ser conocido y comprendido de manera natural y tambi\u00e9n sobre todo lo espiritual que puede en esta vida ser gustado y sentido con los sentidos. Cuanto mayor aprecio haga de ello tanto m\u00e1s se aleja del supremo bien. Si en comparaci\u00f3n con \u00e9ste, todo lo tiene en poco, \u00abgrandemente se acerca el alma a la uni\u00f3n por medio de la fe\u00bb (2S 4,6).<br \/><br \/>El Santo da en este lugar una breve explicaci\u00f3n de lo que entiende por uni\u00f3n para mejor inteligencia de todo lo que viene exponiendo; no se refiere a esa uni\u00f3n sustancial de Dios ion todas las cosas por la cual \u00e9stas permanecen en su ser, sino la uni\u00f3n y transformaci\u00f3n del alma con Dios por amor: \u00ab\u00e9sta no est\u00e1 realizada siempre, sino s\u00f3lo cuando ha alcanzarlo el alma la semejanza con el amor\u00bb. Aquella uni\u00f3n es natural, \u00e9sta sobrenatural. La sobrenatural se establece cuando la voluntad del alma y la de Dios quedan fundidas en una, hasta \u00abal punto que no hay nada en una que contradiga a la otra.<br \/><br \/>Cuando el alma quitare de s\u00ed totalmente lo que repugna y no conforma con la voluntad divina, quedar\u00e1 transformada en Dios por amor.<br \/><br \/>Esto se entiende no s\u00f3lo en cuanto a lo que repugna a la voluntad divina seg\u00fan el acto, sino tambi\u00e9n seg\u00fan el h\u00e1bito. De manera que no s\u00f3lo los actos voluntarios de imperfecci\u00f3n le han de faltar, mas los h\u00e1bitos de esas cualesquiera imperfecciones ha de aniquilar. \u00abY por cuanto toda cualquier criatura y todas las acciones y habilidades de ella no cuadran ni llegan a lo que es Dios, por eso se ha de desnudar el alma de toda criatura y acciones y habilidades suyas&#8230; y as\u00ed se transforma en Dios\u00bb. La luz divina habita naturalmente en el alma. Pero s\u00f3lo cuando el alma se despoja por amor de Dios de todo lo que no es Dios -esto es amar- puede ser iluminada y transformada en Dios \u00aby le comunica Dios su ser sobrenatural de tal manera que parece el mismo Dios, y tiene lo que tiene el mismo Dios\u00bb. Y llega a tanto esta uni\u00f3n \u00abque todas las cosas de Dios y el alma son unas en transformaci\u00f3n participante; y el alma m\u00e1s parece Dios que alma\u00bb. Es Dios por participaci\u00f3n, pero conserva a pesar de la uni\u00f3n \u00absu ser naturalmente&#8230; tan distinto del de Dios como antes\u00bb (2S 5,7).<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><a id=\"CC567\"><\/a><strong>b) La desnudez de las fuerzas espirituales como camino y muerte de cruz<\/strong><br \/><br \/>El despojo que se exige para esta uni\u00f3n transformante debe producirse en el entendimiento por medio de la fe, en la memoria por la esperanza y en la voluntad por el amor. De la fe ya hemos dicho que por su medio el entendimiento adquiere un conocimiento oscuro pero seguro. La fe le muestra a Dios como luz inaccesible, incomprensible e infinito ante el cual fallan todas las fuerzas naturales y por lo mismo hace volver al entendimiento al reconocimiento de su nada; conoce su impotencia y la grandeza de Dios. De la misma manera la esperanza vac\u00eda la memoria, porque se preocupa de algo que no posee; \u00abla esperanza que se ve no es esperanza; porque si lo que uno ve lo posee \u00bfc\u00f3mo lo espera?\u00bb (Rom 8,24). Nos ense\u00f1a a esperarlo todo de Dios y nada de nosotros mismos o de las dem\u00e1s criaturas. Esperar de \u00e9l una felicidad sin fin y renunciar por ello en esta vida a todo gusto y posesi\u00f3n. Finalmente el amor libra la voluntad de todas las cosas, en cuanto obliga a amar a Dios sobre todas ellas. Pero esto s\u00f3lo es posible cuando se ha suprimido el apetito de las criaturas.<br \/><br \/>Este camino del despojo total ha sido descrito anteriormente como el camino angosto que pocos encuentran (Mt 7,14) el camino que conduce al alto monte de la perfecci\u00f3n y que s\u00f3lo puede ser andado por aquellos que no se asustan de ninguna carga. El camino de la Cruz, al cual convida Jes\u00fas a sus disc\u00edpulos: \u00abEl que quiera ser mi disc\u00edpulo ni\u00e9guese a s\u00ed mismo, lome su Cruz y s\u00edgame. Porque el que quiere salvar su vida la perder\u00e1; pero el que por mi amor la perdiere la salvar\u00e1\u00bb (Mc 8,34s.). Lo que aqu\u00ed se exige no es un poco de recogimiento y una cierta mejora en este o en el otro aspecto; una peque\u00f1a prolongaci\u00f3n de la oraci\u00f3n o un poco de mortificaci\u00f3n y en ellos gozar de consuelos y sentimientos espirituales. Quienes con ello se contentan, \u00abhuyen como de la muerte en ofreci\u00e9ndoseles algo de esto s\u00f3lido y perfecto, que es la aniquilaci\u00f3n de toda suavidad en Dios, en sequedad, en sinsabor, en trabajo, lo cual es Cruz pura espiritual y desnudez de esp\u00edritu pobre en Cristo\u00bb. Lo otro no es m\u00e1s que \u00abbuscarse a s\u00ed mismo en Dios, lo cual es harto contrario al amor. Porque buscarse a s\u00ed mismo en Dios, es buscar los regalos y recreaciones de Dios. Mas buscar a Dios en s\u00ed, es no s\u00f3lo querer carecer de eso y de eso otro por Dios, sino inclinarse a escoger por Cristo todo lo m\u00e1s desabrido, ahora de Dios, ahora del mundo; y esto es amor de Dios\u00bb (2S 7,5). Odiar su alma -o intentarlo- significa renunciar por amor de Cristo a \u00abtodo lo que puede apetecer su voluntad y gustar, escogiendo lo que m\u00e1s se parece a la Cruz\u00bb. Beber el c\u00e1liz con el Se\u00f1or (Mt 20,21) significa morir a la naturaleza -tanto sensitiva como espiritual-. S\u00f3lo as\u00ed puede el alma ascender por el camino estrecho. \u00abPues en \u00e9l no cabe m\u00e1s que la negaci\u00f3n&#8230; y la Cruz, que es el b\u00e1culo para poder estribar en \u00e9l, con el cual grandemente se aligera y facilita. De donde el Se\u00f1or dijo por san Mateo: mi yugo es suave y mi carga liviana, la cual es la Cruz (Mt 11,30). Porque si el hombre se determina a sujetarse y llevar esta Cruz, que es un determinarse de veras a querer hallar y llevar trabajo en todas las cosas por Dios, en todas ellas hallar\u00e1 grande alivio y suavidad para andar este camino as\u00ed desnudo de todo sin querer nada. Empero si pretende tener algo, ahora de Dios, ahora de otra cosa, con propiedad alguna, no va desnudo ni negado en todo; y as\u00ed no cabr\u00e1, no podr\u00e1 subir por esta senda angosta. Las almas espirituales tienen que persuadirse de que este camino de Dios no consiste en multiplicidad de consideraciones ni modos, ni maneras, ni gustos&#8230;, sino en una sola cosa necesaria, que es saberse negar de veras seg\u00fan lo interior y exterior, d\u00e1ndose al padecer por Cristo, y aniquil\u00e1ndose en todo. Porque ejercit\u00e1ndose en eso, todo eso otro y m\u00e1s que ello se obra y se halla aqu\u00ed. Y si en este ejercicio hay falta, que es el total y la ra\u00edz de las virtudes todas, todas esotras maneras es andar por las ramas y no aprovechar, aunque tengan tan altas consideraciones y comunicaciones como los \u00e1ngeles\u00bb. Cristo es nuestro camino. Todo se reduce a comprender c\u00f3mo hemos de caminar imitando al modelo que es Cristo.<br \/><br \/>\u00abCuanto a lo primero, cierto est\u00e1 que \u00e9l muri\u00f3, cuanto a lo sensitivo espiritualmente en su vida, y naturalmente en su muerte. Pues como \u00e9l dijo, en la vida no tuvo donde reclinar la cabeza (Mt 8,20). Y en la muerte lo tuvo menos. Cuanto a lo segundo, cierto est\u00e1 que al punto de la muerte qued\u00f3 tambi\u00e9n desamparado y como aniquilado en el alma, dej\u00e1ndole el Padre sin consuelo ni alivio alguno, en \u00edntima sequedad, por lo cual fue necesitado a clamar en la Cruz: \u00abDeus meus, Deus meus, ut quid deleriquisti me?: Dios m\u00edo \u00bfpor qu\u00e9 me has desamparado?\u00bb (Mt 27,46). Lo cual fue el mayor desamparo sensitivamente que ha tenido en su vida. Y as\u00ed entonces hizo la mayor obra que en toda su vida con milagros y maravillas hab\u00eda hecho&#8230;; que fue reconciliar y unir al g\u00e9nero humano por la gracia con Dios. Y esto fue al tiempo y punto que este Se\u00f1or estuvo m\u00e1s aniquilado en todo; conviene a saber: acerca a de la reputaci\u00f3n de los hombres, porque como le ve\u00edan morir en un madero, antes hac\u00edan burla de \u00e9l que le estimaban en algo; y acerca de la naturaleza, pues en ella se aniquilaba muriendo y acerca del amparo y consuelo espiritual del Padre, pues en aquel tiempo le desampar\u00f3, porque puramente pagase la deuda y uniese al hombre con Dios&#8230; para que entienda el buen espiritual el misterio de la puerta y del camino Cristo para unirse con Dios, y sepa que cuanto m\u00e1s se aniquilare por Dios, seg\u00fan estas dos partes sensitiva y espiritual, tanto m\u00e1s se une a Dios y tanto mayor obra hace. Y cuando viniere a quedar resuelto en nada, que ser\u00e1 la suma humildad, quedar\u00e1 hecha la uni\u00f3n espiritual entre el alma y Dios, que es el mayor y m\u00e1s alto estado a que en esta vida se puede llegar. No consiste pues en recreaciones ni gustos ni sentimientos espirituales, sino en una viva muerte de Cruz sensitiva y espiritual, interior y exterior\u00bb (2S 7,11\u2026).<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><a id=\"CC678\"><\/a><strong>c) Incapacidad de todo lo creado para servir de medio para la uni\u00f3n.<\/strong><br \/>Insuficiencia del conocimiento natural y sobrenatural<br \/><br \/>Se puede percibir aqu\u00ed c\u00f3mo pulsaba el coraz\u00f3n de nuestro Santo. Habla de grandes verdades que ha conocido y en cuya divulgaci\u00f3n consiste su misi\u00f3n; nuestra meta es la uni\u00f3n con Dios, nuestro camino Cristo crucificado. El \u00fanico medio apropiado para ello es la fe. Esto puede probarse, demostrando que ninguna cosa real o imaginaria fuera de ella puede servirnos para esta uni\u00f3n. Todo medio debe corresponder a su fin; por consiguiente, s\u00f3lo puede ser medio para la uni\u00f3n con Dios \u00abaquel medio que junta con \u00e9l y tiene con \u00e9l pr\u00f3xima semejanza\u00bb. Esto no puede afirmarse de ninguna cosa creada. Por m\u00e1s que todas las cosas tengan cierta relaci\u00f3n con Dios y lleven un cierto rastro suyo, de Dios a ellas ning\u00fan respecto hay ni semejanza esencial; antes la distancia que hay entre su divino ser y el de ellas es infinita, y por eso es imposible que el entendimiento pueda dar perfectamente en Dios por medio de las criaturas, ahora sean celestiales, ahora sean terrenas, por cuanto no hay proporci\u00f3n de semejanza. \u00abLos mismos \u00e1ngeles y Santos est\u00e1n tan lejos de la esencia divina, que no puede el entendimiento por su medio unirse perfectamente a Dios\u00bb. Y esto mismo puede afirmarse para \u00abtodo lo que la imaginaci\u00f3n pueda imaginar y el entendimiento recibir y entender en esta vida\u00bb (2S 8,4). El mundo natural lo conoce el alma a trav\u00e9s de formas y figuras que recibe por el sentido, y \u00e9stas no le sirven para adelantar en el camino que conduce a Dios. Y ni a\u00fan lo que aqu\u00ed en la tierra puede conocer de una manera precisa a Dios. No puede el entendimiento con su propia capacidad formarse un concepto adecuado de Dios, ni la imaginaci\u00f3n con su fantas\u00eda crear formas o im\u00e1genes que puedan representarle, ni finalmente puede la voluntad gustar ning\u00fan placer o gusto parecido a aquel que es Dios. Por lo cual el hombre para llegar hasta Dios \u00abantes ha de ir no entendiendo que queriendo entender; y antes ceg\u00e1ndose y poni\u00e9ndose en tinieblas, que abriendo los ojos para llegar m\u00e1s al Divino Rayo&#8230;\u00bb. Por ello el Areopagita llama a la contemplaci\u00f3n M\u00edstica Teolog\u00eda, esto es, sabidur\u00eda de Dios secreta y rayo de tiniebla (M\u00edstica Teolog\u00eda, I,1: 2S 8,5-6).<br \/><br \/>Esta tiniebla que gu\u00eda hasta Dios es, como ya sabemos, la fe. Es el \u00fanico medio que nos lleva a la uni\u00f3n, porque pone a Dios delante de nuestros ojos tal como \u00e9l es: infinito y trino. La fe es semejante a Dios porque ambos ciegan el entendimiento y se le aparecen en tinieblas. Por lo cual el alma est\u00e1 m\u00e1s \u00edntimamente unida a Dios cuanto m\u00e1s est\u00e1 llena de fe. Su oscuridad la representa la Sagrada Escritura en la imagen de la Nube bajo la cual Dios se ocultaba en las revelaciones del Antiguo Testamento: ante Mois\u00e9s sobre la Monta\u00f1a (Ex 19, 9 y 16; y 24, 15 s.); en el templo de Salom\u00f3n (1Re 8,12). En esta oscuridad se oculta la luz de la verdad. Ser\u00e1 descubierta e irradiar\u00e1 tan pronto como desaparezca la fe al acabar la vida (cfr. 2S 9,3). Pero mientras tanto necesitamos de ella. Lo que ella nos da -la contemplaci\u00f3n- es un conocimiento oscuro y general; la fe no s\u00f3lo est\u00e1 por encima de la capacidad natural sino tambi\u00e9n de los diversos modos con que al entendimiento clara y particularmente pueden comunic\u00e1rsele conocimientos sobrenaturales. Pueden mostrarse a los ojos del cuerpo figuras del otro mundo, \u00e1ngeles o Santos o un extraordinario resplandor. Pueden o\u00edrse palabras desusadas, percibirse olores agradables, gustarse gustos sensibles o sentirse grandes sensaciones de placer en el tacto.<br \/><br \/>Todo esto ha de desecharse sin investigar si es bueno o malo. Corresponde a Dios m\u00e1s propiamente comunicarse al esp\u00edritu que al sentido, y en ello encuentra el alma mayor seguridad y hace mayores progresos, mientras que con los fen\u00f3menos sensibles por lo regular van unidos grandes peligros. Porque en \u00e9sta los sentidos pretenden juzgar acerca de las cosas espirituales que conocen tan poco, como un jumento de las cosas de raz\u00f3n. En este terreno puede tambi\u00e9n el demonio ejercitar sus artes, puesto que tiene influjo en lo corp\u00f3reo. Y aunque las figuras procedieran de Dios, son tan poco provechosas para el esp\u00edritu, que, cuanto m\u00e1s se asienta en apariencias exteriores, menos est\u00edmulo tiene para la oraci\u00f3n, y da la sensaci\u00f3n de que tienen para \u00e9l m\u00e1s importancia y se deja mejor guiar por ellas que por la fe, y adem\u00e1s conducen al alma a pensar m\u00e1s altamente de s\u00ed misma. Por ello se sirve con tanta complacencia de ellas el demonio para perder a las almas. Por todos estos motivos lo mejor es rechazar tales im\u00e1genes. Si son de Dios, nada pierde el alma en ello, puesto que toda comunicaci\u00f3n que procede de Dios \u00aben este mismo punto que parece o se siente, hace su primer efecto en el &#8211; esp\u00edritu, sin dar lugar a que el alma tenga tiempo de deliberaci\u00f3n en quererlo o no quererlo\u00bb. Y contrariamente a lo que acontece con las visiones del Demonio \u00abque s\u00f3lo puede poner primeros movimientos en la voluntad y no puede moverla a m\u00e1s si ella no quiere\u00bb. A pesar de estos efectos saludables, no debe el alma en manera alguna desear tales apariciones: 1) \u00abporque causan perjuicio a la fe que est\u00e1 por encima de toda aprensi\u00f3n de los sentidos y de esta forma apartan al alma del \u00fanico medio para la uni\u00f3n con Dios. 2) Detienen al esp\u00edritu y la impiden levantarse a lo invisible. 3) No dejan llegar al alma al verdadero abandono y desnudez del esp\u00edritu; 4) Al quedarse pegada a lo sensible se hace menos permeable al esp\u00edritu de piedad; 5) Al procurar ego\u00edstamente las visiones, pierde la gracia que Dios quer\u00eda concederle. 6) Con ello da paso al demonio para enga\u00f1arla con tales visiones. Porque si el alma no rechaza y se muestra desfavorable a tales apariciones, el demonio va cesando de que ve que no hace da\u00f1o; y Dios por el contrario va aumentando y aventajando las mercedes en aquella alma humilde y desapropiada, constituy\u00e9ndola y poni\u00e9ndola sobre lo mucho, como el siervo que fue fiel en lo poco&#8230;(Mt 25, 21) en las cu\u00e1les mercedes si todav\u00eda el alma fuere fiel y retirada, no parar\u00e1 el Se\u00f1or hasta subirla de grado en grado a la divina uni\u00f3n y transformaci\u00f3n\u00bb (2S 11,9).<br \/><br \/>De la misma manera que las aprensiones de los sentidos deben tambi\u00e9n rechazarse las im\u00e1genes de los sentidos interiores, imaginaci\u00f3n y fantas\u00eda. La primera forja im\u00e1genes, la otra fantasea sobre lo imaginado. Ambas son \u00fatiles para la meditaci\u00f3n relacionada con tales im\u00e1genes. (Por ejemplo, se puede representar a Cristo en la Cruz, o en la columna de la flagelaci\u00f3n o la Dios en el trono de gloria). Todas estas im\u00e1genes sirven tan poco de medio inmediato para la uni\u00f3n como los objetos de los sentidos exteriores, \u00abporque la imaginaci\u00f3n no puede fabricar ni imaginar cosas algunas fuera de las que con los sentidos exteriores ha experimentado&#8230; o cuando mucho con poner semejanzas de otras cosas vistas, o\u00eddas o sentidas\u00bb; porque \u00e9stas no pertenecen a m\u00e1s alta categor\u00eda que las sensibles, \u00abpor cuando todas las cosas creadas&#8230; no pueden tener alguna proporci\u00f3n con el ser de Dios\u00bb, no puede servir de pr\u00f3ximo medio para la uni\u00f3n con Dios, aquello cuyo parecido podemos representarnos seg\u00fan nuestro capricho. Para los principiantes puede que sea necesario imaginarse a Dios como un gran fuego o resplandor o algo semejante para que el alma se inflame o mueva a amor a trav\u00e9s de lo sensible. Mas estas im\u00e1genes s\u00f3lo servir\u00e1n de medio remoto&#8230; Las almas \u00abordinariamente han de pasar por ellas para llegar al t\u00e9rmino y estancia del reposo espiritual\u00bb. Pero debe ser de manera que \u00abpasen por ellas y no se est\u00e9n en ellas, porque de esa manera no llegaran al t\u00e9rmino&#8230;\u00bb (2S 12,5).<br \/><br \/>El tiempo apropiado para abandonar la etapa de la meditaci\u00f3n habr\u00e1 llegado cuando concurran las tres se\u00f1ales que ya conocemos por la Noche Oscura del Sentido; que el alma no encuentre ya gusto, ni jugo en la oraci\u00f3n sensible; que no sienta tampoco inclinaci\u00f3n a ocuparse de otras cosas; que guste de plena quietud entretenerse con Dios en una noticia general amorosa. Este conocimiento amoroso ordinariamente es fruto de precedentes meditaciones conseguido a trav\u00e9s de penosas consideraciones, reflexiones y noticias particulares, que por el largo ejercicio se han convertido en h\u00e1bito. Por m\u00e1s que a veces Dios produce este estado en el alma sin que preceda mucho ejercicio, \u00abponi\u00e9ndolas luego en contemplaci\u00f3n y amor\u00bb. Este conocimiento general amoroso no permite ya ninguna noticia distinta, ni se detiene en particularidades, \u00abpor lo cual, en poni\u00e9ndose el alma en oraci\u00f3n, ya como quien tiene allegada el agua bebe sin trabajo en suavidad, sin ser necesario sacarla por los arcaduces de las pasadas consideraciones, formas o figuras. De manera que luego en poni\u00e9ndose el alma delante de Dios se pone en acto de noticia confusa, amorosa, pac\u00edfica y sosegada en que est\u00e1 el alma bebiendo sabidur\u00eda, amor y sabor\u00bb. Toda la intranquilidad y tormento vienen de no entender este estado y del empe\u00f1o en volver a la meditaci\u00f3n que se ha hecho ya infructuosa.<br \/><br \/>En la contemplaci\u00f3n contin\u00faan unidas las potencias del alma, memoria, entendimiento y voluntad. Pero en la meditaci\u00f3n y consideraci\u00f3n ve adem\u00e1s el Santo una actividad de las potencias del sentido. Cuanto m\u00e1s pura, simple y perfecta y m\u00e1s espiritual e interior es la noticia general, -y esto sucede cuando se derrama en un alma completamente pura, libre de todas las dem\u00e1s impresiones y conocimientos particulares-, tanto m\u00e1s libre y delicada ser\u00e1 y tanto m\u00e1s pronto podr\u00e1 sustraerse a la percepci\u00f3n. El alma se encuentra en un profundo olvido y vive como abstra\u00edda del tiempo. La oraci\u00f3n le parece muy breve aunque haya durado horas. Es la oraci\u00f3n breve que \u00abpenetra los cielos porque la tal alma est\u00e1 unida en inteligencia celestial\u00bb (2S 14,11). Deja en el alma como efecto un levantamiento de mente a inteligencia celestial y enajenaci\u00f3n y abstracci\u00f3n de todas las cosas, formas y figuras. Al mismo tiempo, las m\u00e1s de las veces queda tambi\u00e9n afectada la voluntad sumergida en deleite de amor, sin que sepa cu\u00e1l es el objeto particular de este amor. La actividad del alma en este estado consiste simplemente en recibir \u00ablo que le dan, como acaece en las iluminaciones, ilustraciones e inspiraciones de Dios\u00bb. Es una luz limpia y serena \u00e9sta que se le infunde y nada puede asemej\u00e1rsele, por lo cual el acudir a objetos o consideraciones particulares \u00abimpedir\u00eda la luz sutil y sencilla general del esp\u00edritu poniendo aquellas nubes en medio\u00bb. \u00abEsta luz nunca falta en el alma; pero por las formas y velos de criaturas con que el alma est\u00e1 velada y embarazada no se le infunde, que si quitare estos impedimentos y velos del todo&#8230; qued\u00e1ndose en la pura desnudez y pobreza del esp\u00edritu, luego el alma ya sencilla y pura se transformar\u00eda en la sencilla y pura sabidur\u00eda divina, que el hijo de Dios\u00bb. Y se infundir\u00e1 en el alma \u00abel divino sosiego y paz&#8230; con admirables&#8230; noticias de Dios, envueltas en divino amor\u00bb (2S 15,5). En este alto estado de uni\u00f3n de amor, ya no se comunica Dios al alma \u00abmediante alg\u00fan disfraz de visi\u00f3n imaginaria o semejanza o figura&#8230; sino boca a boca&#8230; (N\u00fam 12,6 ss.) esto es, en esencia pura y desnuda de Dios, que es como la boca de Dios, en amor, con esencia pura y desnuda del alma, mediante la voluntad, que es la boca del alma, en amor de Dios\u00bb (2S 16,9). Para llegar hasta aqu\u00ed es preciso andar un largo camino. Dios gu\u00eda al alma gradualmente a esta elevada cumbre. Se acomoda a su naturaleza y le comunica al principio lo espiritual por medio de cosas comprensibles y la lleva instruy\u00e9ndola \u00abpor formas, im\u00e1genes y v\u00edas sensibles a su modo de entender, ahora naturales, ahora sobrenaturales y por discursos a ese sumo esp\u00edritu de Dios\u00bb. Las visiones de la imaginativa tienen tambi\u00e9n su cabida en este plan de educaci\u00f3n divina. Pero en ellas no debe el alma atender a otra cosa sino a \u00ablo que Dios pretende y quiere, que es el esp\u00edritu de devoci\u00f3n, pues que no las da para otro fin principal; y se deja lo que El dejar\u00eda de dar si se pudiese recibir en esp\u00edritu sin ello&#8230;, que es el ejercicio a aprehensi\u00f3n del sentido\u00bb (2S 17,9).<br \/><br \/>En el Antiguo Testamento estaba permitido, en conformidad con la ordenaci\u00f3n divina, desear visiones y revelaciones y dejarse guiar por ellas, porque Dios descubr\u00eda de esta forma los secretos de fe y manifestaba su voluntad. Y es que \u00ablo que hablaba antes en partes a los profetas, ya lo ha hablado en El todo d\u00e1ndonos el todo que es su Hijo\u00bb. Antes hablaba Dios para prometemos a Cristo. Ahora todo nos lo ha dado en El y nos ha dicho: \u00abO\u00eddle\u00bb (Mt 17,5). Desear ahora revelaciones implicar\u00eda falta de fe, ya que \u00aben El est\u00e1n escondidos todos los tesoros de sabidur\u00eda y ciencia de Dios\u00bb (Col 2,3). \u00abY as\u00ed en todo nos habernos de guiar por la doctrina de Cristo Se\u00f1or nuestro, hombre, y de su Iglesia y de sus ministros, humana y visiblemente, y por esa v\u00eda remediar nuestras ignorancias y flaquezas espirituales. Y no se ha de creer cosa por v\u00eda sobrenatural, sino s\u00f3lo lo que es ense\u00f1anza de Cristo hombre, como digo, y de sus ministros, hombres&#8230; Todo lo dem\u00e1s no es nada ni se ha de creer sino conforme con ello\u00bb. Tampoco en la ley Antigua era l\u00edcito a cualquiera interrogar a Dios y tampoco respond\u00eda m\u00e1s que a los sacerdotes y profetas. \u00abPorque es Dios tan amigo que el gobierno y trato de los hombres sea tambi\u00e9n por otros hombres semejantes a \u00e9l y que por raz\u00f3n natural sea el hombre regido y gobernado, que totalmente quiere que las cosas que sobrenaturalmente nos comunica no las demos entero cr\u00e9dito \u2026, hasta que pasen por este arcaduz humano de la boca del hombre. Y as\u00ed siempre que dice algo o revela al alma&#8230;\u00bb imprime \u00abuna manera de inclinaci\u00f3n puesta en la misma alma a que se diga a quien conviene decirse. Porque en aquellos que se juntan a tratar la verdad se junta all\u00ed \u00e9l para aclararla y confirmarla en ellos\u00bb (2S 22,11). A lo que el entendimiento comprende con ayuda de los sentidos exteriores ni interiores y sin propio obrar \u00abse ofrecen al entendimiento clara y distintivamente por v\u00eda sobrenatural pasivamente; que es sin poner el alma alg\u00fan acto y obra de su parte, a lo menos activamente y como suyo\u00bb.<br \/><br \/>El Santo distingue entre visiones, revelaciones, locuciones y sentimientos espirituales, y agrupa a los cuatro bajo la denominaci\u00f3n general de visiones intelectuales, porque en todas ellas se da de alguna forma un ver del alma. En sentido m\u00e1s estricto reserva este nombre a lo que es visto espiritual mente a la manera de visi\u00f3n corporal. A su vez puede llamarse revelaci\u00f3n \u00aba lo que el alma recibe aprendiendo y entendiendo cosas nuevas&#8230;\u00bb; y a lo que el alma recibe a modo de o\u00edr, llamamos locuci\u00f3n y a lo que recibe a modo de los dem\u00e1s sentidos&#8230; llamamos sentimientos espirituales\u00bb. En ninguno de ellos intervienen ni formas, ni im\u00e1genes, ni figuras, sino que inmediatamente se comunican por obra y medios sobrenaturales.<br \/><br \/>Aunque estas aprensiones son de m\u00e1s subidos quilates y m\u00e1s provechosas que las que se reciben por intermedio de los sentidos o por la imaginaci\u00f3n no debe olvidarse que tambi\u00e9n en este caso puede suceder que salga perdiendo el entendimiento. \u00abPorque, embaraz\u00e1ndose y enrudeci\u00e9ndose con ellas, no se le impida el camino de soledad y desnudez&#8230;\u00bb (2S 23,4). Las visiones pueden representar ante los ojos del alma tantos seres corporales como incorp\u00f3reos. Puede el alma contemplar en una cierta luz sobrenatural todas las cosas corporales que hay en el cielo o en la tierra. Los seres incorp\u00f3reos (Dios, \u00e1ngeles, alma) s\u00f3lo pueden ser vistos con la lumbre de gloria, y ni a\u00fan esto en la presente vida. \u00abPorque si Dios las quisiera comunicar al alma esencialmente, como ellas son, luego saldr\u00eda de las carnes y se desatar\u00eda de la vida mortal\u00bb. Estas visiones s\u00f3lo pueden excepcionalmente concederse a alguno, \u00abdisponiendo Dios y salvando la condici\u00f3n de vida natural, abstrayendo totalmente al esp\u00edritu de ella. Como san Pablo en su visi\u00f3n del tercer cielo fue arrebatado de la vida natural\u00bb (2Cor 12,2). Estas visiones s\u00f3lo rar\u00edsimas veces acaecen y \u00fanicamente en hombres como Mois\u00e9s, El\u00edas y Pablo, \u00abque son fuentes del esp\u00edritu de la Iglesia y ley de Dios\u00bb. \u00abPero las sustancias espirituales no se pueden de ley ordinaria desnuda y claramente ver en esta vida con el entendimiento; pu\u00e9dense empero sentir en la sustancia del alma, mediante una noticia amorosa con suav\u00edsimos toques y juntas\u00bb. Esta \u00abnoticia oscura amorosa -que es la fe- sirve en esta vida para la divina uni\u00f3n, como la lumbre de gloria sirve de medio en la otra para la clara visi\u00f3n de Dios\u00bb (2S 24,4).<br \/><br \/>Aqu\u00ed se nos adelanta algo de lo que tratar\u00e1 m\u00e1s tarde extensamente. Vale, sobre todo, para dar luz acerca de las visiones espirituales de cosas corporales. Pueden \u00e9stas ser vistas por el entendimiento por una luz sobrenatural, a la manera como los ojos ven las cosas por luz natural. Pero el ver espiritual es m\u00e1s sutil y claro que el corporal. Es como el resplandor del rel\u00e1mpago que en la oscura noche s\u00fabitamente y por un instante hace ver las cosas clara y distintamente. Por influjo de la luz espiritual quedan las cosas tan profundamente grabadas en el alma, que, cada vez que ilustrada de Dios las advierte, las vuelve a ver como las viera antes. Estas visiones producen en el alma quietud, iluminaci\u00f3n, celestial alegr\u00eda, amor puro, humildad y elevaci\u00f3n de esp\u00edritu. Por estos efectos se distinguen de las imitaciones diab\u00f3licas. A pesar de todo debe el alma rechazarlas, porque si el alma quisiera conservarlas como un tesoro, \u00abser\u00eda estarse con aquellas formas, im\u00e1genes y personajes que acerca del interior residen embarazada, y no ir\u00eda por negaci\u00f3n de todas las cosas a Dios\u00bb. Es cierto que con el recuerdo de tales visiones puede alcanzarse un cierto grado de amor, pero puede conseguirse todav\u00eda m\u00e1s alto por medio de la fe pura, cuando por la desnudez, oscuridad y pobreza de esp\u00edritu se arraiga en el alma, se le infunde esperanza y amor, un amor que no se da a conocer por sentimiento alguno de ternura en el alma, sino que se manifiesta por un mayor \u00e1nimo, y una desconocida fortaleza. Dios es incomprensible y est\u00e1 sobre todo, y por esta raz\u00f3n \u00abnos conviene ir a \u00e9l por negaci\u00f3n de todo\u00bb (2S 24,9).<br \/><br \/>Con el nombre de revelaciones designa San Juan de la Cruz dos clases de comunicaciones espirituales: conocimiento intelectual, en el que se descubren verdades ocultas -pueden referirse a cosas materiales o espirituales- y revelaciones en el propio y estricto sentido, por cuyo medio se revelan secretos. El conocimiento de verdades puras es completamente distinto del de las visiones corporales del que hemos hablado antes. Pueden ser verdades acerca del Creador y de la criatura. Vienen acompa\u00f1adas de un deleite sin igual e inefable.<br \/><br \/>\u00abPorque acaecen estas noticias derechamente acerca de Dios, sintiendo alt\u00edsimamente de alg\u00fan atributo de Dios, ahora de su omnipotencia, ahora de su fortaleza, ahora de su bondad y dulzura, etc., y todas las veces que se siente, pega en el alma aquello que se siente. Que por cuanto es pura contemplaci\u00f3n, ve claro el alma que no hay c\u00f3mo poder decir algo de ello, si no fuese decir algunos t\u00e9rminos generales; mas no para que en ellos se pueda acabar de entender lo que all\u00ed el alma gust\u00f3 y sinti\u00f3\u00bb. Si se trata del conocimiento del mismo Dios, no se refieren a nada particular. \u00abEstas altas noticias amorosas no las puede tener sino el alma que llega a uni\u00f3n de Dios, porque ellas mismas son la misma uni\u00f3n; porque consiste el tenerlas en cierto toque que se hace del alma a la divinidad\u00bb. De algunas \u00abnoticias y toques de estos que hace Dios en la sustancia del alma basta una de ellas para quitar al alma de una vez todas las imperfecciones que ella no hab\u00eda podido quitar en toda la vida, mas la deja llena de bienes y virtudes de Dios. Y le son al alma tan sabrosos y de tan \u00edntimo deleite estos toques, que con uno de ellos se dar\u00e1 por bien pagada de todos los trabajos que en su vida hubiese padecido, aunque fuesen innumerables\u00bb. El alma no puede llegar a este elevado conocimiento por ning\u00fan esfuerzo propio. S\u00f3lo Dios obra en ella sin su colaboraci\u00f3n, a veces cuando menos lo piensa o lo desea. Y como le vienen tan repentinamente y sin su cooperaci\u00f3n, \u00abno tiene el alma que hacer en ellas en querer o no quererlas, sino h\u00e1yase humilde y resignadamente acerca de ellas, que Dios har\u00e1 su obra cuando y como \u00e9l quisiere\u00bb.<br \/><br \/>Respecto de estas noticias no piensa el Santo que hayan de ser desechadas como las anteriores, porque son una parte de la uni\u00f3n a la cual pretende encaminar al alma. Por ello debe desasirse de todas las otras y padecer con humildad, resignaci\u00f3n y desinter\u00e9s de toda retribuci\u00f3n. Porque estas mercedes no se hacen al alma propietaria, por cuanto son hechas con muy particular amor de Dios, que tiene con la tal alma, porque el alma tambi\u00e9n se le tiene a \u00e9l muy desapropiada. \u00abAs\u00ed se manifiesta Dios al alma que se allega a El y de veras le ama\u00bb (2S 26,10).<br \/><br \/>Muy diferentes de \u00e9stas son las otras dos maneras de noticias sobre cosas tales como hechos y casos que acaecen entre los hombres. Pertenecen al esp\u00edritu de profec\u00eda y a lo que san Pablo llama \u00abdiscreci\u00f3n de esp\u00edritus\u00bb (1Cor 12,10), se asientan profundamente en el alma y despiertan un convencimiento inconmovible de su verdad. Mas, a pesar de todo, deben ser sometidos al Director Espiritual, porque la fe es m\u00e1s seguro camino para la uni\u00f3n con Dios que el de la raz\u00f3n. As\u00ed algunas almas llegan por modo sobrenatural al conocimiento de la naturaleza y de sus fuerzas. A veces son s\u00f3lo iluminaciones particulares y pasajeras en los muy adelantados, pero, otras, consisten en conocimientos generales y duraderos. Hay espirituales que pueden con la fuerza de la ilustraci\u00f3n sobrenatural ver lo que hay en el interior de otros por se\u00f1ales que no aparecen externamente. Adem\u00e1s pueden conocer las acciones y suerte de ausentes. Estos conocimientos los recibe el alma sin hacer nada para ello. Puede ser que sin pensar absolutamente en ello adquiere un conocimiento de lo que ha le\u00eddo u o\u00eddo, mucho m\u00e1s claro que \u00abla palabra suena\u00bb. Sucede a veces que oye palabras de un idioma desconocido y, sin embargo, comprende perfectamente su sentido. En este terreno (al contrario de lo que acontec\u00eda en el anterior) puede de nuevo el demonio intervenir notablemente. Por lo cual, aun miradas desde este punto de vista, son de poca utilidad para el fin de la divina uni\u00f3n y encierran muchos peligros. De aqu\u00ed que lo mejor sea desecharlas, comunicarlas al Director y seguir su consejo. Como estas cosas solo pasivamente pueden comunic\u00e1rsele al alma, \u00absiempre se queda en ellas el efecto que Dios quiere sin que el alma ponga diligencia en ello\u00bb (2S 26,18).<br \/><br \/>Las revelaciones en sentido estricto se refieren a los misterios de la fe; a la esencia de Dios (Trinidad y Unidad) as\u00ed como a la acci\u00f3n divina en la creaci\u00f3n. A un segundo g\u00e9nero pertenecen las promesas y amenazas que hace Dios por boca de los Profetas, as\u00ed como \u00abotros muchos casos particulares que Dios ordinariamente revela, as\u00ed acerca del universo en general, como tambi\u00e9n en particular acerca de reinos, provincias, estados, familias y de personas particulares\u00bb. Cuando descubre al esp\u00edritu las verdades de fe en sentido estricto, no se trata de revelaciones, puesto que ya estaban reveladas, sino que son una manifestaci\u00f3n y aclaraci\u00f3n de la verdad revelada. Como todo esto se comunica por medio de palabras o se\u00f1ales, puede ser imitado por el demonio. Si en ello se revelase algo que se apartara de la fe, en manera alguna se podr\u00eda aceptar. Y aunque se trate de una nueva manifestaci\u00f3n de verdades ya reveladas, no debe el alma \u00abcreerlas porque entonces se revelan, sino porque ya est\u00e1n reveladas bastantemente a la Iglesia\u00bb. Y \u00abconvi\u00e9nele al alma mucho no querer entender esas cosas claras acerca de la fe para conservar puro y entero el cr\u00e9dito de ella tambi\u00e9n y para venir en esta noche del entendimiento a la luz de la divina uni\u00f3n\u00bb. El alma obrar\u00e1 prudentemente si se guarda de ellas \u00abpara caminar pura y sin error en la noche de la fe a la uni\u00f3n\u00bb (2S 27,7).<br \/><br \/>*<br \/><br \/>El Santo ha tratado bajo el nombre de locuciones de un tercer grupo de comunicaciones espirituales, que el entendimiento recibe sin intervenci\u00f3n de los sentidos. Se dividen en sucesivas, formales y sustanciales. Las primeras son palabras y razones que forma el esp\u00edritu cuando est\u00e1 recogido en s\u00ed. Esto le sucede \u00abcuando est\u00e1 el esp\u00edritu recogido y embebido en alguna consideraci\u00f3n muy atento&#8230;, discurriendo de uno en otro y formando palabras y razones muy a prop\u00f3sito, con tanta facilidad y distinci\u00f3n y tales cosas no sabidas de El\u00bb. Le parece que es otro el que responde y le ense\u00f1a. De hecho est\u00e1 hablando consigo mismo. El se propone las preguntas y las responde, pero en ello es instrumento del Esp\u00edritu Santo bajo cuya ayuda piensa. \u00abPorque como entonces el entendimiento est\u00e1 unido y recogido con la verdad de aquello que piensa y el Esp\u00edritu Divino est\u00e1 tambi\u00e9n unido con El en aquella verdad, como lo est\u00e1 siempre con toda verdad, de aqu\u00ed es que comunicando el entendimiento en esta manera con el Esp\u00edritu Divino mediante aquella verdad, juntamente vaya formando en el interior sucesivamente las dem\u00e1s verdades que son acerca de aquella que pensaba, abriendo la puerta y y\u00e9ndole dando luz el Esp\u00edritu Santo ense\u00f1ador\u00bb. A pesar de esta iluminaci\u00f3n no est\u00e1 el alma asegurada contra el error, en primer lugar porque la luz es tan fina y espiritual, que el entendimiento no puede orientarse f\u00e1cilmente y, adem\u00e1s, porque el mismo entendimiento puede enga\u00f1arse. \u00abQue como ya comenz\u00f3 a tomar hilo de la verdad al principio, y luego pone de suyo la habilidad o rudeza de su bajo entendimiento es cosa f\u00e1cil ir variando conforme a su capacidad\u00bb. Puede suceder que un entendimiento por naturaleza vivo y penetrante pueda sin ninguna ayuda sobrenatural llegar a semejantes actividades del esp\u00edritu y piense estar iluminado por Dios. A este peligro se a\u00f1ade otro y es pensar que por estas pretendidas locuciones divinas se les comunica algo grande y apartarse del abismo de la fe. Deben guardarse de ello, porque, aun cuando la iluminaci\u00f3n se deba al Esp\u00edritu Santo, el entendimiento en verdad es iluminado por el Esp\u00edritu Santo conforme al grado de su recogimiento. Pero nunca alcanza mayor recogimiento que en la fe. \u00abPorque cuanto m\u00e1s pura y esmerada est\u00e1 el alma en perfecci\u00f3n de viva fe, m\u00e1s tiene de caridad infusa de Dios; y cuanto m\u00e1s caridad tiene tanto m\u00e1s la alumbra y comunica los dones del Esp\u00edritu Santo\u00bb.<br \/><br \/>La luz que en la fe recibe, en comparaci\u00f3n a lo que por medio de la iluminaci\u00f3n de verdades se le comunica, es lo que el oro para los metales deleznables y como el Oc\u00e9ano comparado con una gota de agua. \u00abPorque en la una manera se le comunica sabidur\u00eda de una, dos o tres verdades&#8230;. y en la otra se le comunica toda sabidur\u00eda de Dios generalmente, que es el Hijo de Dios que se le comunica al alma en fe\u00bb. \u00abCuando uno hace caso de esas comunicaciones sobrenaturales impide esta plenitud. Debe m\u00e1s bien el alma con coraz\u00f3n puro y sencillo aprender \u00aba no hacer caso sino de fundar la voluntad en fortaleza de amor humilde y obrar de veras, y padecer imitando al Hijo de Dios en su vida y mortificaciones en todo; que \u00e9ste es el camino para venir a todo bien espiritual, y no muchos discursos interiores\u00bb, que pueden provenir no s\u00f3lo de la actividad de la propia naturaleza sino tambi\u00e9n del influjo del demonio. Ciertamente que dejan efectos diferentes en el alma seg\u00fan la causa de donde proceden, pero se precisa gran experiencia de la vida interior para distinguirlos con seguridad. Por lo cual lo mejor es no darles ning\u00fan valor. Debemos contentarnos \u00abcon saber los misterios y verdades con la sencillez y verdad que nos los propone la Iglesia, que esto basta para inflamar mucho nuestra voluntad\u00bb (2S 28,12).<br \/><br \/>Las palabras formales se diferencian de las sucesivas en que el esp\u00edritu las recibe sin poner nada de su parte, ni estar recogido y sin haber pensado en lo que recibe. A veces son muy formadas y otras consisten en una manera de conceptos en los que se comunica algo. Unas veces constan de una sola palabra, otras contienen muchas y, a veces, se componen de largas ense\u00f1anzas. No dejan impresi\u00f3n profunda, porque por lo general su \u00fanica finalidad es ense\u00f1ar o esclarecer al alma acerca de alg\u00fan punto determinado. Por lo com\u00fan ellas mismas disponen al alma para recibirlas. Mas puede suceder tambi\u00e9n que el alma muestre repugnancia al efecto que pretenden producir. Y esta repugnancia la permite Dios, sobre todo, cuando se trata de obras muy importantes que deben llevar el sello Divino. En las cosas humildes y bajas les pone mayor facilidad. Lo contrario acaece cuando son del demonio, pues entonces el alma se muestra llena de celo para las obras grandes y extraordinarias y siente repugnancia para las comunes, aunque tambi\u00e9n aqu\u00ed resulta dif\u00edcil distinguir lo que viene del bueno o del mal esp\u00edritu. Por ello \u00abde estas palabras formales tan poco caso ha de hacer el alma como de las otras sucesivas\u00bb. Por lo cual jam\u00e1s ha de seguir lo que las palabras reclaman, sino que antes exigen comunicarlas con alg\u00fan director espiritual experimentado y seguir su consejo. Si no se encuentra a nadie con suficiente experiencia, lo mejor ser\u00e1 quedarse con lo que ellas contienen de seguro y esencial y no preocuparse m\u00e1s de ello ni comunicarlo con nadie (cfr. 2S 30,5).<br \/><br \/>Las palabras sustanciales tienen de com\u00fan con las formales el que claramente se imprimen en el alma, pero difieren de ellas porque producen un efecto vivo y sustancial; causan en el alma lo mismo que dicen. As\u00ed si les habla el Se\u00f1or y les dice:\u00a1\u00e1mame!, si se trata de palabras sustanciales inmediatamente se hallan en posesi\u00f3n de este amor y pueden verificarlo. Las palabras: \u00abno temas\u00bb, inmediatamente en un alma angustiada producen valor y paz. Tales locuciones son para el alma \u00abvida y virtud y bien incomparable; porque tal vez le hace m\u00e1s bien una palabra de \u00e9stas, que cuanto el alma ha hecho en su vida\u00bb. Nada tiene que hacer, nada que desear, nada que temer. Es indiferente el que se muestre propicia o reacia a ellas. Ni debe preocuparse de ponerlas por obra, puesto que el mismo Dios se encarga de hacerlo. Las locuciones se le comunican sin su deseo: \u00abh\u00e1yanse con resignaci\u00f3n y humildad en ellas. No tiene qu\u00e9 desechar, porque el efecto de ellas queda sustanciado en el alma y lleno de bien de Dios, al cual, como se le recibe pasivamente, su acci\u00f3n es menos en todo\u00bb.<br \/><br \/>No hay que temer aqu\u00ed ning\u00fan enga\u00f1o del entendimiento o del demonio, porque ni uno ni otro son capaces de tales efectos sustanciales. S\u00f3lo en el caso de que un alma hubiera hecho un pacto libre con el demonio podr\u00eda imprimirle sus pensamientos y palabras; pero ser\u00edan efectos tales, que no tendr\u00edan semejanza con las que obra Dios.<br \/><br \/>\u00abY as\u00ed estas palabras sustanciales sirven mucho para la uni\u00f3n del alma con Dios; y cuanto m\u00e1s interiores m\u00e1s sustanciales son y m\u00e1s aprovechan\u00bb (2S 31,2).<br \/><br \/>Como cuarto y \u00faltimo g\u00e9nero de aprensiones intelectuales se cuentan los sentimientos espirituales. Pueden ser de dos clases: sentimientos espirituales enraizados en la inclinaci\u00f3n de la voluntad y sentimientos espirituales que tienen su asiento en la sustancia del alma. A\u00fan los primeros, cuando son de Dios, son muy subidos, pero los segundos \u00abson alt\u00edsimos y de gran bien y provecho\u00bb. Ni el alma ni quien la dirige pueden saber c\u00f3mo y por qu\u00e9 comunica Dios tales gracias, porque no dependen de las consideraciones ni de las obras del alma. Es cierto que con las tales obras y consideraciones puede el alma predisponerse a estas gracias, mas Dios las da \u00aba quien quiere y como quiere y por lo que El quiere\u00bb. Algunos que se habr\u00e1n ejercitado en muchas obras no les comunicar\u00e1 estos toques y, en cambio, a otros muchos que habr\u00e1n hecho menos se los dar\u00e1 en grado subido y abundantemente. Muchos de estos toques pueden sentirse claramente, pero pasan pronto; otros son m\u00e1s indeterminados, pero duran m\u00e1s. De todos estos sentimientos -tanto de los de la voluntad como de los que se obran en la esencia del alma-deriva al entendimiento un cierto conocimiento e inteligencia, que consiste ordinariamente en un subid\u00edsimo sentir de Dios y sabros\u00edsimo en el entendimiento, al que no puede poner nombre como tampoco al sentimiento del cual redundan. Tanto las noticias como los sentimientos se le comunican al alma pasivamente, la cual \u00abtampoco ha de hacer nada en ellos, sino haberse pasivamente acerca de ellos sin entrometer su capacidad natural. Porque&#8230; facil\u00edsimamente con su actividad turbar\u00e1 y deshar\u00e1 aquellas noticias delicadas que son una sabrosa inteligencia sobrenatural a que no llega el natural&#8230;; y as\u00ed no ha de procurarlas ni tener gana de admitirlas porque el entendimiento no vaya de suyo formando otras; ni el demonio en aquel tiempo tenga entrada con otras varias y falsas&#8230;\u00bb. El alma \u00abhayase resignada, humilde y pasivamente\u00bb y Dios se las comunicar\u00e1 \u00abvi\u00e9ndola humilde y desapropiada\u00bb (2S 32,4).<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><a id=\"CC789\"><\/a><strong>d) Desnudez de la memoria<\/strong><br \/><br \/>En las pasadas explicaciones se ha ocupado el Santo preferentemente de se\u00f1alar las relaciones que existen entre el conocimiento y la fe en orden al fin de la uni\u00f3n con Dios. Un nuevo mundo del esp\u00edritu se ha abierto ante nosotros. Se nos ha descubierto una serie variad\u00edsima de fen\u00f3menos an\u00edmicos, de cuya existencia ni siquiera sospecha la experiencia com\u00fan y de mano maestra se nos ha descrito su significaci\u00f3n y conexi\u00f3n con los fen\u00f3menos espirituales. Dada la finalidad de nuestra s\u00edntesis no nos es posible siquiera indicar todos los problemas y aspectos que de aqu\u00ed se derivan, por lo cual entresacaremos los m\u00e1s importantes para nuestro intento. Pero, ante todo, es preciso que sigamos exponiendo el pensamiento del Santo. Ya en p\u00e1ginas precedentes el Santo ha afirmado vigorosamente que el camino de la fe a trav\u00e9s de la Noche es una especie de V\u00eda Crucis. Por otra parte, nos ha hablado tanto de la luz y de felicidad, que, a veces, pod\u00eda parecer que hab\u00eda sido abandonado el tema de la Cruz. Pero hemos de advertir que cuando no se trataba de una exposici\u00f3n del t\u00e9rmino al que se dirige en todo cuanto trata -cosa necesaria para comprender el camino- ese despliegue de riquezas, iluminaciones y gracias no ten\u00eda otra finalidad sino demostrarnos que hay que renunciar a todas ellas. S\u00f3lo quien ha pose\u00eddo estas riquezas puede medir convenientemente lo doloroso que su abandono resulta; lo oscuro que queda todo cuando se cierran los ojos estando a plena luz; c\u00f3mo resulta una verdadera crucifixi\u00f3n controlar la vida del esp\u00edritu y privarle de todo lo que puede servirle de refrigerio. Ya se ha advertido que este despojo o purificaci\u00f3n no s\u00f3lo debe comprender al entendimiento sino tambi\u00e9n a las dem\u00e1s potencias del alma: memoria y voluntad. El \u00faltimo libro de la Subida est\u00e1 consagrado a prepararlas para la uni\u00f3n con Dios: \u00abSiendo verdad como lo es que a Dios el alma antes le ha de ir conociendo por lo que no es, que por lo que es: de necesidad, para ir a \u00e9l, ha de ir negando y no admitiendo hasta lo \u00faltimo que pudiese negar de sus aprensiones, as\u00ed naturales como sobrenaturales\u00bb (3S 2,3).<br \/><br \/>Debemos sacar la memoria de los l\u00edmites naturales que la estrechan y levantarla sobre s\u00ed, es decir, sobre toda noticia distinta y posesi\u00f3n sensible a \u00absuma esperanza de Dios incomprensible\u00bb. Hay que despojarla tambi\u00e9n de todos los conocimientos e im\u00e1genes que ha adquirido por la v\u00eda de los sentidos corporales. Como Dios no tiene forma ni imagen que pueda ser comprendida de la memoria tiene \u00e9sta que \u00abdesprenderse de todas las formas que no sean Dios. Esto es, cuando est\u00e1 unida con Dios&#8230; se queda sin forma y sin figura, perdida la imaginaci\u00f3n y embebida la memoria en un sumo bien y en un grande olvido sin acuerdo de nada\u00bb. Este perfecto vac\u00edo que tiene lugar en la uni\u00f3n no es -as\u00ed como tampoco la uni\u00f3n misma- fruto solamente de la propia actuaci\u00f3n personal. \u00abY as\u00ed es cosa notable cuando pasa esto; porque algunas veces, cuando Dios hace estos toques de uni\u00f3n en la memoria, s\u00fabitamente le da un vuelco en el cerebro, que es adonde ella tiene su asiento, tan sensible, que parece se desvanece toda la cabeza, y que se pierde todo el juicio y el sentido; y esto a veces m\u00e1s, y a veces menos, seg\u00fan que es m\u00e1s o menos fuerte el toque, y entonces&#8230; se vac\u00eda y purga la memoria&#8230; de todas las noticias y queda enajenada y a veces tan olvidada de s\u00ed misma que ha menester hacerse gran fuerza para acordarse de algo. Y de tal manera es a veces este olvido de la memoria con Dios, que se pasa mucho tiempo sin sentirlo y sin saber qu\u00e9 se hizo en aquel tiempo\u00bb (3S 2,6). Una tal suspensi\u00f3n de la potencia s\u00f3lo puede tener lugar en los principios de la uni\u00f3n, pero no en los perfectos. En ellos va todo dirigido por el Esp\u00edritu Santo: El es el que las advierte a su debido tiempo de lo que tienen que hacer, y as\u00ed se libran de las faltas en la conducta exterior que son propias del estado de transici\u00f3n.<br \/><br \/>La perfecta purificaci\u00f3n viene dirigida pasivamente por Dios. Lo \u00fanico que tiene que hacer el alma es disponerse para ella. De todo lo que le ofrecieron los sentidos \u00abno haga particular archivo ni presa de ellas en la memoria, sino que las deje luego olvidar, y lo procure con la eficacia, si es menester, que otras acordarse; de manera que no le quede en la memoria alguna noticia ni figura de ellas, como si en el mundo no fuesen, dejando la memoria libre y desembarazada, no at\u00e1ndola a ninguna consideraci\u00f3n ni de arriba ni de abajo, dej\u00e1ndola libremente perder en olvido como cosa que estorba&#8230;\u00bb (3S 2,14).<br \/><br \/>En cambio, un alma espiritual \u00abque todav\u00eda quiere usar de las noticias y discursos naturales de la memoria para ir a Dios\u00bb experimentar\u00e1 tres g\u00e9neros de da\u00f1o. Por parte de las cosas del mundo tendr\u00e1 que sufrir hartas mezquindades \u00abas\u00ed como falsedades, imperfecciones, apetitos, juicios, perdimiento de tiempo, etc\u00e9tera\u00bb. Si se deja que la memoria se entretenga en lo que ha percibido por los sentidos, hallar\u00e1 a cada paso imperfecciones, \u00aben lo cual se le ha de pagar alguna afici\u00f3n ahora de dolor, ahora de temor, ahora de odio. de vana esperanza, vano gozo&#8230;; cosas todas que impiden la perfecta pureza y simplic\u00edsima uni\u00f3n con Dios&#8230; De todos los cu\u00e1les da\u00f1os yo creo no habr\u00e1 quien se libre, si no es cegando y oscureciendo la memoria acerca de todas las cosas\u00bb. Sin duda \u00ablo que fuere puramente de Dios y ayudare aquella noticia confusa, universal, pura y sencilla, que eso no se deje, sino lo que detuviere en imagen, forma, figura o semejanza de criatura\u00bb. Por lo cual es lo mejor \u00abaprender a poner las potencias en silencio y callando, para que hable Dios\u00bb. Entonces \u00ab se las llenar\u00e1 de paz declinando sobre ella&#8230; un r\u00edo de paz en que la quitar\u00e1 todos los recelos y sospechas, turbaciones y tinieblas que la hac\u00edan creer que iba perdida\u00bb (3S 3,6).<br \/><br \/>Nuevos da\u00f1os vienen por parte del demonio, el cual \u00abpuede a\u00f1adir formas, noticias y discursos, y por medio de ellos afectar el alma con soberbia, avaricia, envidia, ira, etc., y poner odio injusto, amor vano, y enga\u00f1ar de muchas maneras&#8230; Y, finalmente, todos los m\u00e1s enga\u00f1os que hace el demonio y males al alma, entran por las noticias y discursos de la memoria. La cual, si se oscurece en todas ellas y se aniquila en olvido, cierra totalmente la puerta de este da\u00f1o del demonio y se libra de todas estas cosas que es grande bien\u00bb (3S 4,1).<br \/><br \/>El tercer da\u00f1o consiste en que las aprensiones naturales de la memoria \u00able pueden impedir el bien moral y privar de lo espiritual\u00bb. \u00abEl bien moral consiste en la rienda de las pasiones y freno de los apetitos desordenados\u00bb, de manera que con ello se hace posible: la paz, sosiego, tranquilidad del alma y las virtudes morales que son su cortejo. Toda turbaci\u00f3n y toda guerra le viene al alma del contenido de la memoria. El alma que vive desasosegada y no tiene ning\u00fan apoyo en el bien moral \u00abno es capaz, en cuanto tal, de lo espiritual, el cual no se imprime sino en el alma moderada y que est\u00e1 en paz\u00bb. Si el alma hace caso de los contenidos de la memoria y se inclina a ellos \u00abno es posible que est\u00e9 libre para lo incomprensible que es Dios\u00bb. Porque para que el alma llegue a unirse con Dios debe \u00abde trocar lo conmutable y comprensible, por lo inconmutable e incomprensible\u00bb (3S 5,3). Entonces en lugar de estos da\u00f1os gana el alma los provechos opuestos: tranquilidad y paz de esp\u00edritu, pureza de conciencia y de alma y con ello la mejor disposici\u00f3n para recibir \u00abla sabidur\u00eda humana y divina y las virtudes\u00bb. Se libra de muchas sugestiones, tentaciones y desasosiegos del enemigo malo que hace presa en tales pensamientos. Y se dispone el alma para las inspiraciones y consuelos del Esp\u00edritu Santo (3S 6,1).<br \/><br \/>Al igual que las aprensiones de los sentidos tambi\u00e9n las visiones, revelaciones, locuciones y sentimientos sobrenaturales dejan frecuentemente una viva impresi\u00f3n en la memoria y fantas\u00eda. Tambi\u00e9n para ellas vale el principio fundamental de que el alma no debe reflexionar sobre cosas claras y distintas para conservarlas en la memoria, porque \u00abcuanto el alma m\u00e1s presa hace en alguna aprehensi\u00f3n natural o sobrenatural distinta y clara, menos capacidad y disposici\u00f3n tiene en s\u00ed para entrar en el abismo de la fe, donde todo lo dem\u00e1s se absorbe. Porque&#8230; ningunas formas ni noticias&#8230; son Dios, ni tienen proporci\u00f3n con Dios, ni pueden ser pr\u00f3ximo medio para su uni\u00f3n\u00bb. De todo lo cual hay que vaciar la memoria \u00abpara unirse con Dios en esperanza perfecta y m\u00edstica\u00bb. \u00abPorque toda posesi\u00f3n es contra esperanza&#8230;; de donde cuanto m\u00e1s la memoria se desposee, tanto m\u00e1s de esperanza tiene, y cuanto m\u00e1s de esperanza tiene tanto m\u00e1s tiene de esta uni\u00f3n con Dios. Porque acerca de Dios, cuanto m\u00e1s espera el alma, tanto m\u00e1s alcanza, y entonces espera m\u00e1s cuando, como digo, se desposee m\u00e1s; y, cuando se hubiere despose\u00eddo perfectamente, perfectamente quedar\u00e1 con la posesi\u00f3n de Dios en uni\u00f3n divina\u00bb (3S 7,2).<br \/><br \/>La preocupaci\u00f3n por estos conocimientos sobrenaturales causa al alma cinco g\u00e9neros de da\u00f1os:<br \/><br \/>Primeramente la enga\u00f1a grandemente en el juicio, teniendo por revelaci\u00f3n divina, lo que no pasa de ser un juego de la fantas\u00eda, o tendr\u00e1 las cosas de Dios por ilusi\u00f3n del demonio, etc. Por ello debe el alma \u00abno querer aplicar el juicio para saber, qu\u00e9 sea lo que en s\u00ed tiene y siente&#8230; Pues todo cuanto ellas son en s\u00ed, no le pueden ayudar al amor de Dios tanto como el menor acto de fe viva y esperanza, que se hace en vac\u00edo y renunciaci\u00f3n de todo eso\u00bb (3S 8,5).<br \/><br \/>El segundo da\u00f1o es el peligro de presunci\u00f3n o vanidad. Piensa que est\u00e1 muy adelantada porque recibe comunicaciones sobrenaturales y mira con orgullo y desprecio farisaicos a los dem\u00e1s, que no han experimentado tales manifestaciones de la gracia. A este respecto debe el alma tener en cuenta dos cosas:<br \/><br \/>1) \u00abLa primera, que la virtud no est\u00e1 en las aprehensiones y sentimientos de Dios, por subidos que sean, ni en nada de lo que a este talle pueden sentir en s\u00ed, sino por el contrario, est\u00e1 en lo que no sienten en s\u00ed, que es mucha humildad y desprecio de s\u00ed y de todas sus cosas, muy formado y sensible en el alma, y gustar de que los dem\u00e1s sientan de aquello mismo, no queriendo valer nada en el coraz\u00f3n ajeno\u00bb.<br \/><br \/>2) \u00abLo segundo, ha menester advertir que todas las visiones, revelaciones y sentimientos del cielo, y cuanto m\u00e1s ellos quisieren pensar, no valen tanto como el menor acto de humildad, la cual tiene los efectos de la caridad, que no estima sus cosas ni las procura, ni piensa mal sino de s\u00ed, y de s\u00ed ning\u00fan bien piensa sino de los dem\u00e1s\u00bb (3S 9,4).<br \/><br \/>El tercer da\u00f1o proviene del demonio, \u00abpues no solamente puede representar en la memoria y fantas\u00eda muchas noticias y formas falsas, que parezcan verdaderas y buenas\u00bb, mostr\u00e1ndose al alma transfigurado en \u00e1ngel de luz. Esto lo hace sirvi\u00e9ndose de las comunicaciones que realmente provienen de Dios, movi\u00e9ndola a sentimientos espirituales desordenados y haci\u00e9ndola consentir en ellos y caer en gu\u00eda espiritual. Con ello se ciega el alma respecto del gusto y aprecia m\u00e1s el sabor sensible que el amor y no se preocupa del desprendimiento y del amor que exigen las virtudes teologales. El origen de este mal hay que buscarlo en que el alma \u00abal principio no fue negando el gusto de aquellas cosas sobrenaturales (3S 10,2).<br \/><br \/>Del cuarto da\u00f1o ya hemos hablado repetidas veces y no hay por qu\u00e9 volver a hacerlo; y es que toda posesi\u00f3n de la memoria constituye un impedimento para la uni\u00f3n con Dios por medio de la esperanza.<br \/><br \/>Finalmente, pueden las representaciones e im\u00e1genes de la memoria llevar al alma a \u00abjuzgar del ser y alteza de Dios menos digna y altamente de lo que conviene a su incomprensibilidad&#8230;, a no estimar y sentir de Dios tan altamente como ense\u00f1a la fe, que nos dice ser incomparable e incomprensible\u00bb. El alma s\u00f3lo puede conocer clara y distintamente en esta vida lo que cae bajo g\u00e9nero y especie. Pero Dios no cae bajo nada de esto y en consecuencia no puede ser comparado con ninguna criatura terrena, con ninguna imagen ni conocimiento que pueda ser aprendido por el alma. \u00abPor tanto el que embaraza la memoria y las dem\u00e1s potencias del alma con lo que ellas pueden comprender, no puede estimar a Dios y sentir de \u00e9l como debe\u00bb (3S 12,1).<br \/><br \/>Estos da\u00f1os, en el caso de una perfecta purificaci\u00f3n, se truecan en sus respectivos provechos. A la tranquilidad y paz que ya lleva consigo el despojo de las aprensiones naturales, se a\u00f1ade el que se ven libres de la preocupaci\u00f3n de si estas comunicaciones sobrenaturales ser\u00e1n buenas o malas, \u00aby del trabajo y tiempo que hab\u00eda de gastar con los maestros espirituales, queriendo que se las averig\u00fce si son buenas o malas&#8230;, pues de ninguna ha de hacer caso. Y as\u00ed el tiempo y caudal&#8230; lo puede emplear en otro mejor y m\u00e1s provechoso ejercicio, que es el de la voluntad para con Dios, y en cuidar de buscar la desnudez y pobreza espiritual y sensitiva\u00bb, es decir, que se preocupa seriamente de salir de todo sin reparar en consuelos y aprensiones. Este negar las comunicaciones divinas no implica apagar el esp\u00edritu. El alma con sus propias fuerzas no es capaz m\u00e1s que de actividad natural, sin que pueda realizar nada en el orden sobrenatural: s\u00f3lo Dios la mueve a ello. Por esta raz\u00f3n \u00absi el alma quiere obrar de suyo, de fuerza&#8230; ha de impedir con su obra activa la pasiva que Dios le est\u00e1 comunicando, que es el esp\u00edritu, porque se pone en su propia obra, que es de otro g\u00e9nero y m\u00e1s baja que la que Dios le comunica, porque la de Dios es pasiva y sobrenatural y la del alma activa y natural y esto ser\u00eda apagar el esp\u00edritu\u00bb.<br \/><br \/>\u00abLas potencias del alma, no pueden, de suyo, hacer reflexi\u00f3n y operaci\u00f3n sino sobre alguna forma o figura o imagen, y \u00e9sta es la corteza y accidente de la sustancia y esp\u00edritu que hay debajo de la tal corteza y accidente. La cual sustancia y esp\u00edritu no se une con las potencias del \u00e1nima en esta verdadera inteligencia y amor, sino cuando ya cesa la operaci\u00f3n de las potencias. Porque la pretensi\u00f3n y fin de la tal operaci\u00f3n no es sino venir a recibir en el alma la sustancia entendida y amada de aquellas formas. De donde la diferencia que hay entre la operaci\u00f3n activa y la pasiva, y la ventaja, es la que hay entre lo que se est\u00e1 haciendo y lo que est\u00e1 ya hecho, que es, como entre lo que se pretende conseguir y alcanzar, y entre lo que est\u00e1 ya conseguido y alcanzado\u00bb. Hacer uso activo de estas aprensiones sobrenaturales del alma \u00abno ser\u00eda menos que dejar lo hecho para volverlo a hacer\u00bb. Debe el alma poner todo su empe\u00f1o \u00aben todas las aprensiones que de arriba le vinieron&#8230; no haciendo caso de la letra y corteza (esto es, de lo que significa o representa o da a entender) advertir s\u00f3lo en tener el amor de Dios que interiormente le causan en el alma. Y de esta manera ha de hacer caso de los sentimientos de amor que le causan. Y para s\u00f3lo este efecto bien podr\u00e1 algunas veces acordarse de aquella imagen y aprehensi\u00f3n que le caus\u00f3 el amor, para poner el esp\u00edritu en motivos de amor. Porque aunque no hace despu\u00e9s tanto efecto cuando se acuerda como la primera vez que se comunic\u00f3&#8230; se renueva el amor y hay levantamiento de la mente en Dios, mayormente cuando es la recordaci\u00f3n de algunas im\u00e1genes, figuras o sentimientos sobrenaturales, que suelen sellarse o imprimirse en el alma, de manera que duran mucho tiempo, y algunas nunca se quitan del alma\u00bb. Tales recuerdos \u00abcasi cada vez que el alma advierte en ellos le hacen divinos efectos de amor, suavidad, luz, etc., unas veces m\u00e1s, otras menos; porque para estos se las imprimieron y as\u00ed es una gran merced a quien Dios la hace porque es tener un sin n\u00famero de bienes\u00bb. Estas im\u00e1genes \u00abest\u00e1n asentadas vivamente en el alma seg\u00fan su memoria inteligible, que no son como otras im\u00e1genes y formas que se conservan en la fantas\u00eda\u00bb. No necesita el alma de la fantas\u00eda para acordarse de ellas, \u00abporque ve que las tiene en s\u00ed misma como se ve la imagen en el espejo\u00bb. Y si en ellas se acuerda de despertar el amor dejan de ser impedimento, \u00abporque no le estorbar\u00e1n para la uni\u00f3n de amor en fe, como no quiera embeberse en la figura sino aprovecharse del amor\u00bb. Estas formales im\u00e1genes son m\u00e1s bien raras y para quien no tiene experiencia de ello resulta dificultoso distinguirlas de las que s\u00f3lo proceden de la fantas\u00eda. \u00abPero ahora sean \u00e9stas, ahora aqu\u00e9llas, bueno le es al alma no querer comprender nada, sino a Dios por fe en esperanza\u00bb (3S 13,9).<br \/><br \/>La memoria conserva no s\u00f3lo im\u00e1genes sino tambi\u00e9n noticias espirituales. \u00abPorque despu\u00e9s de haber ca\u00eddo en el alma alguna de ellas, se puede, cuando quisiere acordar de ellas\u00bb, porque la noticia deja en el alma una forma, imagen o concepto espiritual. Se trata, como ya hemos advertido anteriormente, del conocimiento de las perfecciones infinitas o de las cosas creadas. Puede recordar las noticias de la segunda especie, para avivar el amor; \u00abpero si no le causa el acordarse de ellas buen efecto, nunca quiera pasarlas por la memoria. Mas de las cosas increadas, digo que se procure acordar las veces que pudiere, porque&#8230; son toques y sentimientos de uni\u00f3n en Dios, que es donde vamos encaminando al alma\u00bb. El recuerdo no se provoca aqu\u00ed por medio de formas y figuras, ya que nada tiene que se las asemeje, sino s\u00f3lo por los efectos: luz, amor, deleite, renovaci\u00f3n espiritual. Y cada vez que de ellos se acuerda \u00abse le renueva algo de esto\u00bb (3S 14,2).<br \/><br \/>Resumiendo, recuerda el Santo una vez m\u00e1s que s\u00f3lo as\u00ed se logra conducir la memoria a la uni\u00f3n con Dios. Como s\u00f3lo puede esperarse lo que no se posee, tanto m\u00e1s perfecta ser\u00e1 la esperanza cuanto menos el alma posea. \u00abCuanto m\u00e1s el alma desaposesionare la memoria de formas y cosas memorables que no son Dios, tanto m\u00e1s pondr\u00e1 la memoria en Dios y m\u00e1s vac\u00eda la tendr\u00e1 para esperar de \u00c9l el lleno de su memoria\u00bb. Cuantas veces se le ofrezcan figuras o noticias determinadas, debe rechazarlas para volverse a Dios. S\u00f3lo debe hacer uso el alma de los recuerdos en cuanto le sea preciso para el cumplimiento de sus obligaciones. Y a\u00fan entonces sin que quede prendida de ellos, par que no se lleven consigo<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong> completamente el alma (cfr. 3S 15,1).<br \/><br \/><a id=\"CC891\"><\/a><strong>e) Purificaci\u00f3n de la voluntad<\/strong><br \/><br \/>\u00abNo hubi\u00e9ramos hecho nada en purgar el entendimiento para fundarle en la virtud de la fe, y a la memoria de la esperanza, si no purg\u00e1semos tambi\u00e9n la voluntad acerca de la tercera virtud que es la caridad\u00bb. Todo cuanto puede decirse acerca de la informaci\u00f3n de esta potencia por el amor de Dios est\u00e1 expresado perfectamente en las palabras del Deuteronomio: \u00abamar\u00e1s a tu Se\u00f1or Dios de todo tu coraz\u00f3n y de toda tu alma y de toda tu fortaleza\u00bb (Deut 6,5). \u00abLa fortaleza del alma consiste en sus potencias, pasiones y apetitos, todo lo cual es gobernado por la voluntad. Pues cuando estas pasiones y potencias y apetitos endereza a Dios la voluntad, y las desv\u00eda de todo lo que no es Dios, entonces guarda la fortaleza del alma para Dios y as\u00ed viene a amar a Dios de toda su fortaleza\u00bb.<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><a id=\"CC912\"><\/a><strong>Pasiones<\/strong><br \/><br \/>Como obst\u00e1culo fundamental se cruzan en el camino las cuatro pasiones del alma: gozo, esperanza, dolor y temor. \u00abLas cu\u00e1les pasiones poni\u00e9ndolas en obra de raz\u00f3n en orden a Dios, de manera que el alma no se goce sino de lo que es puramente honra y gloria de Dios nuestro Se\u00f1or, ni tenga esperanza de otra cosa ni se duela sino de lo que a eso tocare, ni tema sino a Dios solo, est\u00e1 claro que enderezan la fortaleza del alma y su habilidad para Dios. Porque cuanto m\u00e1s se gozare en otra cosa el alma, tanto menos fuertemente se emplear\u00e1 su gozo en Dios\u00bb. Si no son frenadas, cr\u00edan en el alma las pasiones toda clase de imperfecciones; mas si, por el contrario est\u00e1n ordenadas y subyugadas, son fuente de todas las virtudes. Las cuatro est\u00e1n tan unidas, que, si se somete una, quedar\u00e1n sometidas tambi\u00e9n las otras. Cuando la voluntad se goza de algo, tiene en s\u00ed el germen de la esperanza, del dolor y del temor, con relaci\u00f3n al mismo objeto. Una pasi\u00f3n arrastra consigo a las dem\u00e1s, lleva cautiva a la voluntad y al alma toda y no la deja volar \u00aba la libertad y descanso de la dulce contemplaci\u00f3n y uni\u00f3n\u00bb (3S 16,6).<br \/><br \/>Al examinar en las p\u00e1ginas siguientes la pasi\u00f3n del gozo establece el Santo el principio fundamental que debe regir toda esta materia y es que \u00abla voluntad no se debe gozar, sino de aquello que es honra y gloria de Dios y que la mayor honra que le podemos dar, es servirle seg\u00fan la perfecci\u00f3n evang\u00e9lica; y lo que es fuera de esto, es de ning\u00fan valor y provecho para el hombre\u00bb (3S 17,2). M\u00e1s adelante da esta luminosa aclaraci\u00f3n: \u00abTodo aquello de que se puede gozar la voluntad distintamente es lo que le es suave y deleitable, y ninguna cosa deleitable y suave que ella pueda gozar y gustar es Dios, porque como Dios no puede caer debajo de las aprehensiones de las dem\u00e1s potencias, tampoco puede caer debajo de los apetitos y gustos de la voluntad; porque en esta vida, as\u00ed como el alma no puede gustar a Dios esencialmente, as\u00ed toda la suavidad y deleite que gustare, por subido que sea, no puede ser Dios. Porque tambi\u00e9n todo lo que la voluntad puede gustar y apetecer distintamente, es en cuanto lo conoce por tal o tal objeto; pues como la voluntad nunca haya gustado a Dios como es, ni conoc\u00eddolo debajo de alguna aprehensi\u00f3n de apetito y por consiguiente, cu\u00e1l sea Dios no sabe, ni puede saber cu\u00e1l sea su gusto, ni puede su apetito y gusto llegar a saber a apetecer a Dios, pues es sobre toda su capacidad. Y as\u00ed est\u00e1 claro que ninguna cosa distinta de cuantas puede gozar la voluntad es Dios\u00bb. De lo cual se desprende la necesidad de renunciar al gusto de cualquier apetito tanto de cosas naturales como sobrenaturales, para conseguir la uni\u00f3n con Dios, porque esta uni\u00f3n s\u00f3lo es realizable por amor. \u00abComo el deleite y suavidad y cualquier gusto que puede caer en la voluntad no sea amor, s\u00edguese que ninguno de estos sentimientos sabrosos puede ser medio proporcionado para que la voluntad se una con Dios, sino la operaci\u00f3n de la voluntad, porque es muy distinta la operaci\u00f3n de la voluntad de su sentimiento. Por la operaci\u00f3n se une con Dios y se termina en el que es amar, no por el sentimiento y aprehensi\u00f3n de su apetito que se asienta en el alma como fin y remate\u00bb. Estos sentimientos \u00abde suyo no encaminan al alma a Dios, antes la hacen asentar en s\u00ed mismos; pero la operaci\u00f3n de la voluntad que es amar a Dios, s\u00f3lo en El pone el alma, dejadas atr\u00e1s todas las cosas, am\u00e1ndole sobre todas. De donde si alguno se mueve a amar a Dios no por la suavidad que siente, ya deja atr\u00e1s esta suavidad y pone el amor en Dios a quien no siente\u00bb. Si pusiese su amor en este sentimiento, \u00abser\u00eda ponerle en criatura&#8230; y hacer del motivo fin y t\u00e9rmino; y, por el consiguiente, la obra de la voluntad ser\u00eda viciosa&#8230;, y ans\u00ed queda el alma armando a lo cierto y de veras al gusto de la fe\u00bb (3S 46,4). Por esta raz\u00f3n \u00abmuy insipiente ser\u00eda el que falt\u00e1ndole la suavidad y deleite espiritual pensase que por eso le faltaba Dios, y cuando le tuviese se gozase, pensando que por eso ten\u00eda a Dios; y m\u00e1s lo ser\u00eda si anduviese a buscar esta suavidad en Dios y se gozase en ella, porque ya no andar\u00eda a buscar a Dios con la voluntad fundada en vac\u00edo de fe, sino el gusto espiritual, que es criatura&#8230;; y as\u00ed no amar\u00eda a Dios puramente sobre todas las cosas; lo cual es poner toda la fuerza de la voluntad en El&#8230;, porque es imposible que la voluntad pueda llegar a la suavidad y deleite de la divina uni\u00f3n, sin vac\u00edo del apetito en todo gusto particular. Eso quiere decir el Salmo: Dilata os tuum et implebo illud (Sal 80,11). El apetito es la boca de la voluntad, la cual se dilata cuando con alg\u00fan bocado de alg\u00fan gusto no se embaraza&#8230; Ha de tener todo bocado de apetito, para que Dios la hinche de su amor y dulzura\u00bb (3S 47,1-3).<br \/><br \/>Esto se demuestra examinando las distintas formas de objetos en que el apetito es capaz de encontrar contento. El gozo puede referirse a los bienes temporales: riquezas, honores, descendencia, etc. Aunque no llevan necesariamente al pecado, por lo regular desembocan en infidelidad para con Dios. S\u00f3lo debe alegrarse el alma de aquellas cosas que le ayudan a servir mejor a Dios, o a conseguir m\u00e1s seguramente la vida eterna. M\u00e1s, \u00abcomo no puede conocer claramente, qu\u00e9 sirve m\u00e1s a Dios, vana cosa ser\u00eda gozarse determinadamente de estas cosas&#8230;\u00bb (3S 18,3). El da\u00f1o principal que consigo lleva la afici\u00f3n de la voluntad a estas cosas, es el apartamiento de Dios. Este apartamiento se completa en cuatro grados que juntos se encuentran expresados en el texto sagrado: \u00abempach\u00f3se del amado y dio trancos hacia atr\u00e1s. Empach\u00f3se, engros\u00f3se, dilat\u00f3se: dej\u00f3 a Dios su Hacedor y alej\u00f3se de Dios su salud\u00bb (Deut 32,15). El empacharse significa el embotamiento de la mente para las cosas de Dios. Porque por lo mismo que \u00abel espiritual puso su gozo en alguna cosa&#8230;, se entenebrece acerca de Dios y a\u00f1ubla la sencilla inteligencia del juicio&#8230; y no basta santidad ni buen juicio que tenga el hombre para que deje de caer en este da\u00f1o, si da lugar a la concupiscencia o gozo de las cosas temporales\u00bb (3S 19,3.4). \u00abEmpach\u00f3se y dilat\u00f3se\u00bb expresa el segundo grado, que consiste en una \u00abdilataci\u00f3n de la voluntad se siente cada vez m\u00e1s alejada de las cosas espirituales y ya no encuentra gusto en ellas. Finalmente, \u00abquita al hombre los continuos ejercicios que ten\u00eda, y hace que toda su mente y codicia ande ya en lo secular\u00bb. Aqu\u00ed ya no s\u00f3lo tiene el entendimiento y el juicio oscurecidos \u00abpara conocer la verdad y la justicia&#8230;, m\u00e1s a\u00fan mucha flojedad y tibieza y descuido en saberlo y obrarlo\u00bb (3S 19,3).<br \/><br \/>El tercer grado consiste en el completo abandono de Dios: \u00abDej\u00f3 a Dios su Hacedor\u00bb. Los que hasta aqu\u00ed llegan no tienen atenci\u00f3n alguna a la que les obliga la ley de Dios. \u00abTienen grande olvido y torpeza acerca de lo que toca a su salvaci\u00f3n, y m\u00e1s viveza y sutileza acerca de las cosas del mundo. Tanto que les llama Cristo Se\u00f1or nuestro en el Evangelio hijos de este siglo: y dice de ellos que son m\u00e1s prudentes en sus tratos y agudos, que los hijos de la luz en los suyos\u00bb (Lc 16,8). Estos son los avarientos que \u00abno se pueden ver hartos, sino que antes su apetito crece tanto m\u00e1s y su sed, cuanto ellos est\u00e1n m\u00e1s apartados de la fuente que s\u00f3lo los pod\u00eda hartar, que es Dios\u00bb. \u00abSon los que caen en mil maneras de pecado por amor a los bienes materiales y son innumerables sus males\u00bb.<br \/><br \/>As\u00ed se llega al cuarto grado, en que el alma se olvida de Dios como si no existiera. Este completo olvido de Dios llega a tanto, que hace \u00abponer el coraz\u00f3n, que formalmente deb\u00eda poner en Dios. Tales almas convierten los bienes temporales en \u00eddolos suyos y les sacrifican la vida cuando est\u00e1n amenazados de perderlos. Su Dios les da lo que tiene: \u00abdesesperaci\u00f3n y muerte; y a los que no persigue hasta este da\u00f1o de muerte los hace vivir muriendo en penas de solicitud&#8230; Mas a los que menos da\u00f1o hace, es de tener harta l\u00e1stima, pues&#8230; hace volver al alma muy atr\u00e1s en la v\u00eda de Dios\u00bb (3S 19,10-11). Por el contrario, el que se libra de la dependencia de los bienes temporales consigue liberalidad, libertad de \u00e1nimo, claridad en la raz\u00f3n, tranquilidad profunda, y pac\u00edfica confianza en Dios juntamente con culto verdadero y plena sumisi\u00f3n a su voluntad divina. Gana tambi\u00e9n en gozo de las criaturas con el desasimiento: un gozo que nunca podr\u00e1n experimentar los avaros, porque en su inquietud carecen de libertad de esp\u00edritu. El que se ha liberado aprecia las criaturas en su verdadero valor natural y sobrenatural. \u00abPorque \u00e9ste las gusta seg\u00fan la verdad de ellas, esotro seg\u00fan lo peor; \u00e9ste seg\u00fan la sustancia, esotro, que ase su sentido a ellas, seg\u00fan el accidente\u00bb. \u00abAl desasido no le molestan cuidados, ni en oraci\u00f3n ni fuera de ella; y as\u00ed, sin perder tiempo, con facilidad hace mucha hacienda espiritual; pero a esotro todo se le suele ir en dar vueltas y revueltas sobre el lazo a que est\u00e1 asido y apropiado su coraz\u00f3n&#8230; Debe, pues, el espiritual al primer movimiento, cuando se le va el gozo a las cosas, reprimirle\u00bb. De esta forma se guarda el coraz\u00f3n \u00ablibre para Dios, que es principio dispositivo para todas las mercedes que Dios le ha de hacer&#8230;\u00bb. Por otra parte \u00abpodemos temer que todas las veces que vanamente nos gozamos, est\u00e1 Dios mirando y trazando alg\u00fan castigo&#8230; seg\u00fan lo merecido\u00bb (3S 20,4).<br \/><br \/>Bienes naturales. San Juan de la Cruz se\u00f1ala un segundo grupo de bienes naturales: las prendas del cuerpo y del alma; por ejemplo, la belleza, complexi\u00f3n corporal, y buen entendimiento y sano juicio. Estas prendas constituyen tanto para quien las posee como para los dem\u00e1s un peligro de aficionarse a ellas y de vano gozo. Para evitar este peligro debe pensar \u00abque la hermosura y todas las dem\u00e1s partes naturales son tierra y que de ah\u00ed vienen y a la tierra vuelven; y que la gracia y donaire es humo y aire de esta tierra&#8230;\u00bb y tiene que \u00abenderezar su coraz\u00f3n a Dios en gozo y alegr\u00eda de que Dios es en s\u00ed todas esas hermosuras y gracias eminent\u00edsimamente en infinito grado sobre todas las criaturas\u00bb (3S 21,2).<br \/><br \/>Los da\u00f1os particulares que se siguen al alma del gozo en los bienes naturales son: \u00abvanagloria, presunci\u00f3n, soberbia, y desestima del pr\u00f3jimo\u00bb. Excitaci\u00f3n de las sensualidad y molicie; afici\u00f3n a la lisonja y a alabanzas vanas de efecto perjudicial sobre la persona alabada; mayor embotamiento del entendimiento y del juicio que el que causa el gozo por los bienes temporales: tibieza y flojedad del esp\u00edritu, que llega hasta el aborrecimiento de las cosas divinas. El Santo subraya particularmente los peligros de la seducci\u00f3n del placer sensible: \u00abno se pueden comprender con la pluma ni significar con palabras&#8230;, y cu\u00e1nta sea esta desventura nacida del gozo puesto en las gracias y hermosura natural&#8230;, pues tan pocos se hallar\u00e1n que por santos que hayan sido, no les haya embelesado y trastornado algo esta bebida del gozo y gusto de las hermosuras y gracias naturales\u00bb. El vino del gozo de los sentidos anubla el entendimiento. Y si no se toma un contraveneno, \u00abcorre peligro la vida del alma\u00bb. \u00abLuego que el coraz\u00f3n se sienta mover de este vano gozo de bienes naturales, se acuerde cuan vana cosa es gozarse de otra cosa que de servir a Dios, y cuan peligrosa y perniciosa&#8230;, cu\u00e1nto da\u00f1o fue para los \u00e1ngeles gozarse y complacerse de su hermosura y bienes naturales, pues por eso cayeron en los abismos feos\u00bb (3S 21,6).<br \/><br \/>Si el alma se despoja de estos gozos, \u00abderechamente da lugar a la humildad para s\u00ed misma y a la caridad para sus pr\u00f3jimos\u00bb. Y si no se aficiona \u00aba ninguno por los bienes naturales aparentes que son enga\u00f1adores, le queda el alma libre y clara para amarlos a todos racional y espiritualmente, como Dios quiere que sean amados &#8211; Cuanto m\u00e1s crece este amor, tanto m\u00e1s crece el de Dios; y cuanto m\u00e1s el de Dios, tanto m\u00e1s \u00e9ste del pr\u00f3jimo\u00bb.<br \/><br \/>Este despojo produce tambi\u00e9n en el alma \u00abgrande tranquilidad y evac\u00faa las digresiones y hay recogimiento en los sentidos, mayormente en los ojos\u00bb. Si se ha conseguido en esto una cierta facilidad llega a tanto, que las cosas impuras no le causan ya impresi\u00f3n. Adquiere el alma \u00ablimpieza de alma y cuerpo, esto es, de esp\u00edritu y sentido y va teniendo conveniencia angelical con Dios, haciendo a su alma y cuerpo digno templo de Esp\u00edritu Santo\u00bb. As\u00ed llega a \u00faltimo provecho, \u00abque es un generoso bien del \u00e1nima tan necesario para servir a Dios, como es la libertad del esp\u00edritu, con que f\u00e1cilmente se vencen las tentaciones y se pasan bien los trabajos y crecen pr\u00f3speramente las virtudes del alma\u00bb (3S 23,6).<br \/><br \/>Bienes sensibles. Por bienes sensuales entiende el Santo todo lo que puede ser percibido por los sentidos exteriores o fabricado por los interiores. Dado que Dios no puede ser percibido por sentidos, \u00abser\u00eda por lo menos vanidad\u00bb buscar el gozo en los objetos sensibles: \u00abporque entonces har\u00eda que la voluntad no se emplease en Dios poniendo su gozo en El\u00bb.<br \/><br \/>Mas si no se detiene, sino que, tan pronto como experimenta gozo en estas cosas, pone su gozo en Dios, no precisa renunciar a estas impresiones, \u00abporque hay almas que se mueven mucho a Dios por los objetos sensibles\u00bb. En muchos casos parece que la intenci\u00f3n se dirige a Dios, pero en realidad \u00abel efecto que causan es para la recreaci\u00f3n sensitiva, en que sacan m\u00e1s flaqueza de imperfecci\u00f3n que avivar la voluntad y entregarla a Dios\u00bb. Quien, por el contrario, en cuanto siente los primeros movimientos pone todo su gozo en Dios, \u00abno se solicita por ellos y cuando se le ofrecen, luego pasa&#8230; la voluntad de ellos y los deja y se pone en Dios\u00bb (3S 24,5).<br \/><br \/>El abandonarse a los bienes sensibles adem\u00e1s de los da\u00f1os comunes a todo gozo en las cosas creadas causa otros particulares. El gozo de los bienes sensibles produce \u00abvanidad de \u00e1nimo, distracci\u00f3n de mente, codicia desordenada, deshonestidad, descompostura interior y exterior, impureza de pensamientos y envidias. Del gozo de o\u00edr cosas in\u00fatiles derechamente nace distracci\u00f3n de la imaginaci\u00f3n, parler\u00eda y envidia y juicios inciertos y variedad de pensamientos, y de estos otros muchos y perniciosos da\u00f1os. De gozarse en los olores suaves, le nace asco de los pobres, que es contra la doctrina de Cristo, enemistad a la servidumbre, poco rendimiento de coraz\u00f3n en las cosas humildes e insensibilidad espiritual, por lo menos seg\u00fan la proporci\u00f3n de su apetito. Del gozo en el sabor de los manjares derechamente nace gula y embriaguez, ira, discordia, falta de caridad con los pr\u00f3jimos y pobres; de ah\u00ed nace el destemple corporal, las enfermedades, nacen los malos movimientos, porque crecen los incentivos de la lujuria. Cr\u00edase derechamente gran torpeza en el esp\u00edritu, y estr\u00e1gase el apetito de las cosas espirituales&#8230; Nace tambi\u00e9n de este gozo distracci\u00f3n de los dem\u00e1s sentidos y del coraz\u00f3n y descontento acerca de muchas cosas. Del gozo acerca del tacto, en cosas suaves muchos m\u00e1s da\u00f1os, y m\u00e1s perniciosos nacen y que m\u00e1s en breve transvierten el sentido y da\u00f1an al esp\u00edritu, y apagan su fuerza y vigor. De aqu\u00ed nace el abominable vicio de las molicies&#8230; Cr\u00edase la lujuria, hace el \u00e1nimo afeminado y t\u00edmido, y el sentido&#8230; dispuesto para pecar y hacer da\u00f1o. Infunde vana alegr\u00eda y gozo en el coraz\u00f3n, y cr\u00eda soltura de lengua y libertad de ojos, y a los dem\u00e1s sentidos embelesa y embota seg\u00fan el grado de tal apetito. Empacha el juicio, sustent\u00e1ndole en insipiencia y necedad espiritual, y moralmente cr\u00eda cobard\u00eda e inconstancia; y con tiniebla en el alma y flaqueza de coraz\u00f3n, hace temer a\u00fan donde no hay que temer. Cr\u00eda este gozo esp\u00edritu de confusi\u00f3n algunas veces e insensibilidad, acerca de la conciencia y del esp\u00edritu; por cuanto debilita mucho la raz\u00f3n y la pone de suerte que ni sepa tomar consejo ni darlo, y p\u00e9nela incapaz para los bienes espirituales y morales, in\u00fatil como un vaso quebrado\u00bb (3S 25,6). Todos estos da\u00f1os causan m\u00e1s o menos perjuicio, seg\u00fan la intensidad del gozo y la sensibilidad de los distintos sujetos.<br \/><br \/>\u00a0\u00abAdmirables son los provechos que el alma saca de la abnegaci\u00f3n de este gozo&#8230;; se restaura acerca de la distracci\u00f3n&#8230;, recogi\u00e9ndose en Dios; y cons\u00e9rvase el esp\u00edritu y virtudes que ha adquirido, y se aumentan y de nuevo va ganando\u00bb. Luego se realiza una alta transformaci\u00f3n: \u00abque podemos decir con verdad que de sensual se hace espiritual, y de animal se hace racional, y de hombre camina a porci\u00f3n angelical; y que de temporal y humano se hace divino y celestial\u00bb; ya en esta vida se le da a la voluntad la recompensa del ciento por uno que ha prometido el Salvador (Mt 19,29). Cambia los gozos sensibles por espirituales y ya permanece unida con Dios. Como a nuestros primeros padres en el Para\u00edso le sirven las impresiones de los sentidos para aumentar la contemplaci\u00f3n. Finalmente, en la vida gloriosa, recibir\u00e1n el premio con que recompensar\u00e1 Dios el haberlos negado aqu\u00ed; \u00ablas dotes corporales de gloria, como son la agilidad y claridad, ser\u00e1n mucho m\u00e1s excelentes que la de aquellos que no se negaron; as\u00ed el aumento de la gloria esencial del alma que responde al amor de Dios\u00bb (3S 26).<br \/><br \/>Bienes morales. Al rev\u00e9s de lo que ocurre en los bienes externos naturales y sensibles, tienen los bienes morales una dignidad en s\u00ed mismos capaz de producir gozo; y pueden servir como instrumentos para los bienes que el hombre es capaz de crear. Las virtudes merecen por s\u00ed mismas aprecio y amor; adem\u00e1s traen ventajas temporales y por lo mismo, \u00abhablando humanamente, bien se puede el hombre gozar de tenerlas en s\u00ed, y ejercitarlas por lo que en s\u00ed son, y por lo que de bien humana y temporalmente importan al hombre\u00bb.<br \/><br \/>Esto hicieron los pr\u00edncipes sabios de la antig\u00fcedad. Apreciaron y ejercitaron las virtudes y Dios premi\u00f3 con bendiciones temporales \u00aba los que eran incapaces por su infidelidad de premio eterno\u00bb. Mas el cristiano, aunque pueda de esta primera manera gozarse de los bienes morales y de las buenas obras que realiza en el tiempo, por cuanto causan los bienes temporales a los que hemos aludido, no debe detenerse en ellos, \u00abpues tiene lumbre de fe, en que espera vida eterna y que sin \u00e9sta todo lo de ac\u00e1 y lo de all\u00e1 no le valdr\u00e1 nada. Y as\u00ed s\u00f3lo debe poner los ojos y el gozo en servir y honrar a Dios con su ejemplar conducta y virtudes\u00bb. Porque sin este respeto no valen delante de Dios nada las virtudes, como se ve en las diez v\u00edrgenes del Evangelio&#8230;\u00bb (Mt 25,1ss). \u00abDebe, pues, gozarse el cristiano, no en si hace buenas obras y sigue buenas costumbres, sino en si las hace por amor de Dios sin otro respeto alguno\u00bb (3S 27,4).<br \/><br \/>Del vano gozo en la propias obras se derivan al alma la presunci\u00f3n farisaica, vanagloria y desprecio de los dem\u00e1s, deseo de alabanzas humanas con p\u00e9rdida del premio eterno. El gozo y complacencia en las propias obras incluye la negaci\u00f3n de Dios, que es la causa primera de toda buena obra. Tales almas no adelantan en la perfecci\u00f3n. Si no encuentran ya gozo en sus obras, porque Dios les ofrece el pan de los fuertes, se quedan desalentadas y no son capaces de comerlo: \u00abpierden la perseverancia, de que no hallan dicho sabor en sus obras\u00bb. Se enga\u00f1an tambi\u00e9n de ordinario juzgando mejores las obras y ejercicios que les agradan que las que les desagradan. Pero a Dios, sobre todo trat\u00e1ndose de almas proficientes, le complacen m\u00e1s las obras que exigen mayor vencimiento propio.<br \/><br \/>Finalmente, el vano gozo en las propias obras hace al alma \u00abincapaz para recibir consejo y ense\u00f1anza razonable\u00bb acerca de las obras en que debe ejercitarse. \u00abEstos aflojan mucho en la caridad para con Dios y el pr\u00f3jimo. Porque el amor propio que acerca de sus obras tienen les hace resfriar en la caridad\u00bb (3S 28,9).<br \/><br \/>Si se rechaza el vano gozo, se libra \u00abde caer en muchas tentaciones y enga\u00f1os del demonio, los cu\u00e1les est\u00e1n encubiertos en el gozo de las tales buenas obras\u00bb. Ya el vano gozo constituye un enga\u00f1o. De ah\u00ed viene un segundo provecho que consiste en que el alma \u00abhace las obras m\u00e1s acordadas y cabalmente\u00bb. Porque la pasi\u00f3n del gozo impide el influjo de la raz\u00f3n y hace al alma variable en sus obras y prop\u00f3sitos. Se dirige por su gusto variable y deja sin concluir los asuntos principales, cuando desaparece el atractivo. Si el alma prescinde del contento natural, podr\u00e1 perseverar y alcanzar la meta. De esta forma se consigue tambi\u00e9n la pobreza de esp\u00edritu, que recomend\u00f3 nuestro Salvador. El alma se hace mansa, humilde y prudente en toda su manera de obrar, no har\u00e1 nada con \u00edmpetu y precipitaci\u00f3n, y no sabe nada de propia estimaci\u00f3n. Y as\u00ed al renunciar al gozo vano se \u00abhace agradable a Dios y a los hombres y se libra de la avaricia y gula y acidia espiritual y de la envidia espiritual y de otros mil vicios\u00bb (3S 29,5).<br \/><br \/>En el quinto grupo re\u00fane San Juan de la Cruz los bienes sobrenaturales, o sea, \u00abtodos los dones y gracias dadas de Dios, que exceden la facultad y virtud natural, que se llaman gratis datas, como son, los dones de sabidur\u00eda y ciencia que dio a Salom\u00f3n; y las gracias que dice San Pablo&#8230;; fe, gracia de sanidades, operaci\u00f3n de milagros, profec\u00eda, conocimiento y discreci\u00f3n de esp\u00edritus, declaraci\u00f3n de las palabras y tambi\u00e9n don de lenguas\u00bb (1Cor 12,9-10). Su actuaci\u00f3n va enderezada al \u00abprovecho de los hombres y para ese provecho y fin los da Dios\u00bb. (Por el contrario, la finalidad de los bienes espirituales de que se hablar\u00e1 m\u00e1s tarde se dirige a establecer relaciones entre el alma y Dios). Los dones sobrenaturales tienen como efecto natural la curaci\u00f3n de enfermedades, restituci\u00f3n de la vista a los ciegos, resurrecci\u00f3n de los muertos, etc., y como efectos espirituales, el conocimiento y glorificaci\u00f3n de Dios por lo que El obra o por los testigos de los milagros. Nadie debe complacerse en las obras sobrenaturales por los efectos temporales, porque no son medio apropiado para la uni\u00f3n con Dios. Y \u00absin estar en gracia y caridad se pueden ejercitar\u00bb. Dios puede concederlas de esta forma, como en los casos de Balaam y Salom\u00f3n; y pueden tambi\u00e9n ser ejecutadas por la intervenci\u00f3n de Satan\u00e1s o de las fuerzas ocultas de la naturaleza. San Pablo nos ha ense\u00f1ado que todos los dones gratuitos no son nada sin el amor (1Cor 13,1-2). Por ello responder\u00e1 Cristo a muchos que reclamar\u00e1n un premio eterno por las maravillas que han obrado: \u00abapartaos de m\u00ed, obradores de maldad\u00bb (Mt 7,23). Por lo cual debe el alma alegrarse solamente del provecho espiritual que saca de ellas, \u00absirviendo a Dios en ellas con verdadera caridad, en que est\u00e1 el fruto de la vida eterna\u00bb (3S 30,5).<br \/><br \/>El vano gozo de las cosas sobrenaturales puede llevar al alma a \u00abenga\u00f1ar y ser enga\u00f1ada\u00bb, hacerla retroceder en la fe, y convertirla en v\u00edctima de la vanagloria y otras vanidades. Los errores proceden de que se requiere mucha luz divina para conocer \u00abestas obras cu\u00e1les sean falsas y cu\u00e1les verdaderas y c\u00f3mo y a qu\u00e9 tiempo se han de ejercitar\u00bb. Este conocimiento va en contra de la alta estimaci\u00f3n de esas obras; porque el gozo embota el juicio, y la pasi\u00f3n mueve a alegrarse sin esperar a su debido tiempo. Dios da con esos dones y gracias la iluminaci\u00f3n y discernimiento para conocer c\u00f3mo y cuando se ha de servir de ellos. Mas los hombres en su imperfecci\u00f3n no se preocupan de la voluntad divina y no tienen en cuenta c\u00f3mo y cu\u00e1ndo quiere el Se\u00f1or que se hagan las obras. De este modo se hace posible un uso indebido y trastocado de los dones de Dios. De ah\u00ed proviene tambi\u00e9n el vano gozo por los prodigios hechos mediante fuerzas que no proceden de Dios.<br \/><br \/>\u00abPorque como el demonio los ve aficionados a estas cosas, dales en esto largo campo y mucha materia entrometi\u00e9ndose de muchas maneras\u00bb. \u00abDebe, pues, el que tuviere la gracia y don sobrenatural, apartar la codicia y el gozo de ejercicio de \u00e9l&#8230;, porque Dios que se lo da sobrenaturalmente para utilidad de su iglesia o de sus miembros, le mover\u00e1 tambi\u00e9n sobrenaturalmente a su ejercicio, c\u00f3mo y cu\u00e1ndo le debe ejercitar&#8230;; quiere que se aguarde el hombre a que Dios sea el obrero, moviendo el coraz\u00f3n, pues en su virtud se ha de obrar toda virtud\u00bb.<br \/><br \/>El detrimento de la fe que por tales obras se ocasiona se refiere en primer lugar al pr\u00f3jimo. Quien pretende hacer un prodigio sin esperar al tiempo y circunstancias oportunas, comete un grave pecado, porque tienta a Dios. Si fracasa en el empe\u00f1o, puede debilitar la fe en los corazones y hacerla despreciable. Y de todas formas sufrir\u00e1n ellos mismos detrimento en su fe, porque \u00abdonde m\u00e1s se\u00f1ales y testimonios concurren, menos merecimiento hay en creer\u00bb.<br \/><br \/>Todo demuestra que Dios no es amigo de manifestarse por milagros. Si los hace es s\u00f3lo porque \u00abson necesarios para creer, y para otros fines de gloria suya y de sus santos\u00bb. \u00abPierden mucho acerca de la fe los que aman gozarse en estas cosas sobrenaturales\u00bb (3S 31,9).<br \/><br \/>El alma que a tales gozos renuncia glorifica a Dios y se levanta sobre s\u00ed misma. Dios es ensalzado en esa alma, porque se aparta \u00abel coraz\u00f3n y el gozo de la voluntad de todo lo que no es Dios&#8230;\u00bb y al mismo tiempo es ensalzada el alma, porque en Dios s\u00f3lo se conf\u00eda. Manifiesta su alteza y grandeza y da testimonio de lo que en s\u00ed es. \u00abPues es verdad que se ensalza Dios poniendo el gozo en lo apartado de todas las cosas, mucho m\u00e1s se ensalza apart\u00e1ndola de \u00e9stas m\u00e1s maravillosas&#8230;\u00bb<br \/><br \/>Dios aparece m\u00e1s apartado y alto, cuanto m\u00e1s se conf\u00eda en El y se le sirve sin prodigios ni se\u00f1ales, \u00abpues cree de Dios m\u00e1s que las se\u00f1ales y milagros le pueden dar a entender\u00bb. Por este medio alcanza el alma una m\u00e1s pura fe. Dios se le infunde en m\u00e1s rica plenitud y aumenta su esperanza y amor. Y goza de esta forma \u00abde divinas noticias alt\u00edsimas por medio del oscuro y desnudo h\u00e1bito de la fe; y de grande deleite de amor por medio de la caridad, con que no se goza la voluntad en otra cosa que en Dios vivo; y en la satisfacci\u00f3n de la voluntad por medio de la esperanza. Todo lo cual es un admirable provecho que esencial y derechamente importa para la uni\u00f3n perfecta del alma con Dios\u00bb (3S 32,4).<br \/><br \/>Bienes espirituales. M\u00e1s que todo otro bien sirven los bienes espirituales para la uni\u00f3n con Dios. Por bienes espirituales entendemos \u00abtodos aquellos que mueven y ayudan para las cosas divinas y el trato del alma con Dios, y las comunicaciones de Dios con el alma\u00bb. Unos son sabrosos y otros penosos y pueden ser de cosas claras y distintas o referirse a cosas oscuras y confusas. El Santo quiere tratar aqu\u00ed solamente de los sabrosos y precisamente de los claros y distintos. (El resto lo deja para m\u00e1s adelante, cfr. 3S 33,5). Para todas las aprehensiones de la voluntad valen las mismas reglas que para las del entendimiento y la memoria, porque \u00e9stas no pueden aceptarse o rechazarse sin que la voluntad intervenga. Si ha de purificarse, la voluntad se ha de vaciar del gozo de ellas.<br \/><br \/>Los bienes que pueden ofrecer claro y distinto gozo a la voluntad se reducen a cuatro clases: motivos, provocativos, directivos y perfectivos. A los motivos pertenecen las im\u00e1genes y estatuas de los santos, los oratorios y ceremonias. \u00abY cuanto a lo que toca a las im\u00e1genes y retratos de los santos, puede haber mucha vanidad y vano gozo\u00bb, cuando las personas \u00abmiran m\u00e1s en la curiosidad de la imagen y valor de ella que en lo que representan\u00bb. Son los sentidos los \u00fanicos que de ellos se agradan \u00aby se queda el amor y gozo en aquello\u00bb; y llegan algunos hasta adornar a las im\u00e1genes con vestidos conformes al esp\u00edritu del tiempo, cosa que a los santos que representan fue aborrecible y lo es. Y de esta forma convierten la devoci\u00f3n en \u00abornato de mu\u00f1ecas\u00bb y se aficionan a ellos como si fuesen \u00eddolos. Hay personas \u00abque no se hartan de a\u00f1adir imagen a imagen, y que no sea sino de tal o tal suerte y hechura&#8230;.de suerte que deleite al sentido, y la devoci\u00f3n del coraz\u00f3n es muy poca&#8230;\u00bb Usadas rectamente las im\u00e1genes son muy \u00abimportantes para el culto divino y tan necesarias para mover la voluntad a devoci\u00f3n\u00bb. Para esto y para honra de los santos ha aprobado la Iglesia su uso. \u00abY por eso las que m\u00e1s al propio y vivo est\u00e1n sacadas y mueven m\u00e1s la voluntad a devoci\u00f3n, se han de escoger\u00bb. \u00abLa persona devota en lo invisible principalmente pone su devoci\u00f3n y pocas im\u00e1genes ha menester y de pocas usa\u00bb. Y ante todo, prefiere \u00abaquellas que m\u00e1s se conforman con lo divino que con lo humano, conform\u00e1ndolas a ellas, y as\u00ed con ellas con el traje del otro siglo y su condici\u00f3n, y no con \u00e9ste\u00bb. \u00abNi en esa de que usa tiene asido el coraz\u00f3n; y as\u00ed si se las quitan se pena muy poco, porque la viva imagen busca dentro de s\u00ed, que es Cristo crucificado, en el cual antes gusta de que todo se lo quiten y que todo le falte; hasta los motivos y medios que llegan m\u00e1s a Dios, quit\u00e1ndoselos, queda quieto&#8230;\u00bb \u00abDe manera que lo que ha de llevar el esp\u00edritu volando por all\u00ed a Dios, olvidando luego eso y esotro se lo coma todo el sentido, estando engolfado en el gozo de los instrumentos, que habi\u00e9ndome de servir s\u00f3lo para ayuda de esto, ya por mi imperfecci\u00f3n me sirva para estorbo, tal vez no menos que el asimiento y propiedad de otra cualquier cosa\u00bb&#8230;<br \/><br \/>M\u00e1s grave que el abuso de las im\u00e1genes es \u00abla imperfecci\u00f3n que com\u00fanmente tienen en los rosarios, pues apenas hallar\u00e1s quien no tenga alguna flaqueza en ellos, queriendo que sea de esta hechura m\u00e1s que de la otra, o de este color o metal m\u00e1s que de aqu\u00e9l, o de este ornato o de esotro, no importando m\u00e1s el uno que el otro para que Dios oiga mejor lo que se rece por \u00e9ste que por aqu\u00e9l; sino antes aquella que va con sencillo y recto coraz\u00f3n, no mirando m\u00e1s que agradar a Dios, no d\u00e1ndose nada m\u00e1s por este rosario que por aqu\u00e9l\u00bb (3S 35,7).<br \/><br \/>\u00abGrande es tambi\u00e9n la rudeza de las gentes que ponen m\u00e1s confianza en unas im\u00e1genes que en otras, entendiendo que les oir\u00e1 Dios m\u00e1s por \u00e9stas que por aqu\u00e9llas, representando ambas una misma cosa&#8230; Porque Dios s\u00f3lo mira a la fe y pureza del coraz\u00f3n del que ora\u00bb. \u00abY si a veces concede m\u00e1s gracias por medio de una imagen que por otra, esto sucede porque las personas despiertan m\u00e1s su devoci\u00f3n por medio de una que de otra. Que si la misma devoci\u00f3n tuviesen por la una que por la otra (y aun sin la una y sin la otra), las mismas mercedes recibir\u00edan de Dios\u00bb.<br \/><br \/>A veces sucede que los milagros obrados ante una imagen determinada se despierta la devoci\u00f3n de los fieles y se mueven \u00e9stos a orar all\u00ed con m\u00e1s perseverancia -que son las condiciones para que Dios nos oiga y conceda lo que se le pide- y el Se\u00f1or, movido por esa devoci\u00f3n contin\u00faa haciendo mercedes y milagros por medio de aquella imagen. Pero \u00abaun por experiencia se ve que si Dios hace algunas mercedes, ordinariamente las hace por medio&#8230;\u00bb. Pero \u00aba\u00fan por experiencia se ve que si Dios hace algunas mercedes y obras milagrosas, ordinariamente las hace por medio de algunas im\u00e1genes no muy bien talladas&#8230;, porque los fieles no atribuyan algo de esto a la pintura o hechura. Y muchas veces suele obrar Nuestro Se\u00f1or estas mercedes por medio de aquellas im\u00e1genes que est\u00e1n m\u00e1s apartadas y solitarias; lo uno, porque con aquel movimiento de ir a ellas crezca m\u00e1s el afecto&#8230; Lo otro porque se aparten de ruido y gente a orar, como lo hac\u00eda el Se\u00f1or. Por lo cual el que hace romer\u00eda, hace bien de hacerla cuando no va otra gente&#8230; Como haya devoci\u00f3n y fe, cualquier imagen bastar\u00e1; mas si no la hay, ninguna bastar\u00e1. Que harto viva imagen era nuestro Salvador en el mundo y con todo, los que no ten\u00edan fe, aunque m\u00e1s andaban con \u00e9l y hab\u00edan visto sus obras maravillosas, no se aprovechaban\u00bb (3S 36,3).<br \/><br \/>Pero aun donde se da verdadera devoci\u00f3n puede haber peligros en el uso de las im\u00e1genes. El demonio se aprovecha con mucho gusto de ellas para coger bajo su dominio a las almas incautas, por ejemplo, mediante manifestaciones sobrenaturales que \u00e9l imita (las im\u00e1genes comienzan a moverse, a hacer se\u00f1as y cosas por el estilo).<br \/><br \/>Para librarse de todo da\u00f1o debe buscar el alma en las im\u00e1genes tan s\u00f3lo \u00abel motivo y afici\u00f3n y gozo de la voluntad en lo vivo que representan\u00bb. Por m\u00e1s que una imagen \u00abahora le haga devoci\u00f3n sensitiva, ahora espiritual, ahora le haga muestras sobrenaturales\u00bb, el alma \u00abno haciendo caso de nada de estos accidentes&#8230; hecha a la imagen la adoraci\u00f3n que manda la Iglesia, luego levante de ah\u00ed la mente a lo que representa, poniendo el jugo y gozo de la voluntad en Dios con la devoci\u00f3n y oraci\u00f3n de esp\u00edritu\u00bb (3S 37,2).<br \/><br \/>El ponerla en im\u00e1genes o en oratorios hermosamente adornados es acaso todav\u00eda m\u00e1s peligroso que el ponerla en las cosas terrenas, y la raz\u00f3n es que el alma se siente en ellos m\u00e1s segura y no teme faltar en nada. Hay personas que gastan en el adorno de sus oratorios todo el tiempo \u00abque hab\u00edan de emplear en oraci\u00f3n de Dios y recogimiento interior&#8230; y desquietar\u00e1n en \u00e9l tal apetito y gusto a cada paso, mayormente si lo quisiesen quitar\u00bb (3S 38,5). A los principiantes les conviene tener alg\u00fan gusto y jugo sensible acerca de las im\u00e1genes, como oratorios y otras cosas devotas visibles. \u00abEsto sirve para quitarles el gusto de las cosas terrenas. Por el contrario, el puro esp\u00edritu no conoce m\u00e1s que recogimiento interior y trato mental con Dios\u00bb. De acuerdo con que hay que orar en un lugar conveniente; las iglesias y los lugares silenciosos son apropiados para consagrarlos a la oraci\u00f3n; sin embargo, para \u00abadorar en esp\u00edritu y en verdad\u00bb (Jn 4,23-24) no se ha de escoger lugar que halague a los sentidos. Sino m\u00e1s bien \u00ablugar solitario y aun \u00e1spero para que el esp\u00edritu s\u00f3lida y derechamente suba a Dios, no impedido ni detenido en las cosas visibles&#8230;; por lo cual nuestro Se\u00f1or ordinariamente escog\u00eda lugares solitarios para orar, y aquellos que no ocupasen mucho los sentidos (para darnos ejemplo), sino que levantasen el alma a Dios, como eran los montes que se levantaban de la tierra, y ordinariamente son pelados sin materia sensitiva de recreaci\u00f3n\u00bb (3S 39,2. Cfr. Lc 6,12).<br \/><br \/>De tres suertes de lugares se sirve Dios para mover la voluntad a devoci\u00f3n; paisajes impresionantes que por la disposici\u00f3n de la tierra, por sus \u00e1rboles y solitaria quietud despiertan devoci\u00f3n. Y de \u00e9stos se puede usar, \u00abcuando luego se endereza a Dios la voluntad en olvido de los dichos lugares\u00bb. A veces suele Dios hacerles a algunas personas mercedes particulares en determinados lugares, sean solitarios o no. Por esta raz\u00f3n quedan inclinadas a ellos y a veces sienten grandes deseos de volver all\u00ed. No se ha de ver en ello nada de desordenado, a condici\u00f3n de que se haga esto sin apetito de propiedad. Porque, aunque Dios no est\u00e1 ligado a lugar alguno, m\u00e1s parece que quiere ser alabado por la tal persona en tal determinado lugar, en que le hizo la merced; all\u00ed se acuerda el alma de su deber de gratitud, y el recuerdo aviva la devoci\u00f3n. Finalmente, hay \u00ablugares particulares que elige Dios para ser all\u00ed invocado y servido; as\u00ed como el monte Sina\u00ed, donde Dios dio la ley a Mois\u00e9s (Ex 24,12)&#8230; y tambi\u00e9n el monte Horeb, donde mand\u00f3 Dios ir a El\u00edas para mostr\u00e1rsele all\u00ed (3Reg 19,8)&#8230; La causa por que Dios escoge estos lugares m\u00e1s que otros para ser alabado. El se la sabe. Lo que a nosotros nos conviene saber es que todo es para nuestro provecho y para o\u00edr nuestras oraciones en ellos y doquiera que con entera fe le rog\u00e1remos. Aunque en los que est\u00e1n dedicados a su servicio hay mucha m\u00e1s ocasi\u00f3n de ser o\u00eddos en ellos, por tenerlos la Iglesia se\u00f1alados y dedicados para esto\u00bb (3S 42,5-6).<br \/><br \/>Los extrav\u00edos de que hasta aqu\u00ed hemos tratado \u00abpor ventura son algo tolerables, por ir en ellos algo inocentemente\u00bb. Pero resulta intolerable la confianza ilimitada que tienen algunos en \u00abmuchas maneras de ceremonias introducidas por gente poco ilustrada y falta en la sencillez de la fe\u00bb. Atribuyen a determinados ejercicios una tal eficacia que piensan que \u00absi un punto falta y sale de aquellos l\u00edmites, no aprovechar\u00e1 ni le oir\u00e1 Dios, poniendo m\u00e1s fiducia en aquellos modos y maneras, que en lo vivo de la oraci\u00f3n, no sin grande desacato y agravio de Dios. As\u00ed, como que sea la Misa con tantas candelas, y no m\u00e1s ni menos; y que la diga sacerdote de tal o tal suerte; y que sea a tal o tal hora, y no antes o despu\u00e9s; y que sea despu\u00e9s de tal d\u00eda, y no antes ni despu\u00e9s&#8230; y&#8230; que si falta algo&#8230;, no se hace nada&#8230;; y lo que es peor e intolerable, es que algunos quieren sentir alg\u00fan efecto en s\u00ed, o cumplirse lo que piden, o saber que se cumple el fin de aquellas sus oraciones ceremoni\u00e1ticas\u00bb (3S 43,2-3).<br \/><br \/>\u00abSepan, pues, \u00e9stos que cuanto m\u00e1s fiducia hacen de sus ceremonias, tanto menos confianza tienen en Dios, y no alcanzar\u00e1n de Dios lo que desean. Hay algunos que m\u00e1s oran por su pretensi\u00f3n que por la honra de Dios&#8230; Ser\u00eda mejor mudarlos en cosas de m\u00e1s importancia para ellos, como es de limpiar de veras sus conciencias, y entender de hecho en cosa de salvaci\u00f3n&#8230;, porque as\u00ed lo tiene prometido el Se\u00f1or por el evangelista, diciendo: pretended primero y principalmente el Reino de Dios y su justicia y todas esotras cosas se os a\u00f1adir\u00e1n (Mt 6,33). Porque esta es la pretensi\u00f3n y petici\u00f3n que es m\u00e1s a su gusto; y, para alcanzar las peticiones que tenemos en nuestro coraz\u00f3n, no hay mejor medio que poner la fuerza de nuestra oraci\u00f3n en aquella cosa que es m\u00e1s a gusto de Dios; porque entonces no s\u00f3lo nos dar\u00e1 lo que le pedimos, que es la salvaci\u00f3n, sino aun lo que El ve que nos conviene y nos es bueno&#8230; Cerca est\u00e1 el Se\u00f1or de los que le llaman: de los que le llaman en la verdad (Sal 144,18). Y aqu\u00e9llos le llaman en la verdad que le piden las cosas que son de m\u00e1s altas veras&#8230; De esta manera, pues, se han de enderezar a Dios las fuerzas de la voluntad y el gozo de ella en las peticiones, no curando de estribar en las invenciones&#8230; No quieran ellos buscar nuevos modos, como si supiesen ellos m\u00e1s que el Esp\u00edritu Santo y su Iglesia. Que si por esta sencillez no los oyera Dios, crean que no los oir\u00e1 aunque m\u00e1s invenciones hagan\u00bb.<br \/><br \/>Alcanzaremos de Dios todo lo que deseamos, \u00abporque Dios es de manera, que si le llevan por bien y a su condici\u00f3n, har\u00e1n de El cuanto quisieren, mas si por inter\u00e9s, no hay que hablarle\u00bb. \u00abCuando sus disc\u00edpulos le rogaron que les ense\u00f1ase a orar, les dir\u00eda todo lo que hace al caso, para que nos oyese el Padre Eterno&#8230;, y s\u00f3lo les ense\u00f1\u00f3 aquellas siete peticiones del Pater Noster, en que se incluyen todas nuestras necesidades corporales y espirituales, y no les dijo otras muchas maneras y ceremonias. Antes en otra parte les dijo que cuando oraban no quisiesen hablar mucho, porque bien sab\u00eda nuestro Padre celestial lo que nos conven\u00eda\u00bb (Mt 6,7 y 8). S\u00f3lo encarg\u00f3 con muchos encarecimientos, que persever\u00e1ramos en la oraci\u00f3n. Respecto a la forma de su ejecuci\u00f3n exterior nos dio solamente dos indicaciones: que or\u00e1semos en lo escondido al Padre Celestial en nuestro retiro y cerrada la puerta o retirados \u00aba los desiertos solitarios como El lo hac\u00eda y en el mejor y m\u00e1s quieto tiempo de la noche\u00bb (3S 44,5).<br \/><br \/>El Santo habla finalmente de los predicadores que nos exhortan a servir al Se\u00f1or. Para ser provechoso al pueblo y no convertirse en v\u00edctima de vana complacencia \u00abconvi\u00e9nele al predicador advertir que aquel ejercicio es m\u00e1s espiritual que vocal\u00bb. Para que la predicaci\u00f3n consiga su efecto, se precisa una cierta receptibilidad previa por parte del oyente, mas lo principal es la disposici\u00f3n por parte del predicador. Si no est\u00e1 penetrado de verdadero esp\u00edritu, la m\u00e1s sublime doctrina y el m\u00e1s elevado estilo de nada servir\u00e1n. Cuanto m\u00e1s ejemplar sea su vida tanto m\u00e1s provecho har\u00e1 aunque el estilo sea pobre y el discurso sencillo. Un hermoso estilo, una profunda doctrina y un buen discurso atraen poderosamente cuando habla por su medio el esp\u00edritu de piedad; pero \u00absin \u00e9l, aunque da sabor y gusto al sentido y al entendimiento, muy poco o nada de jugo o calor pega a la voluntad&#8230;, no teniendo la voz virtud para resucitar al muerto de su sepulcro\u00bb. El Santo quiere que el estilo sea bueno, que haya elocuencia, y no desecha las palabras escogidas \u00abporque antes hace mucho al caso al predicador, como tambi\u00e9n a todos los negocios; pues el buen t\u00e9rmino y estilo aun las cosas ca\u00eddas y estragadas levanta y reedifica, as\u00ed como el mal t\u00e9rmino a las buenas estraga y pierde\u00bb (3S 45,5).<strong><br \/><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><strong><a id=\"CC17\"><\/a>2. Esclarecimiento mutuo entre \u201cesp\u00edritu\u201d y \u201cfe\u201d<\/strong><br \/><br \/><a id=\"CC987\"><\/a><strong>a) Mirada retrospectiva y prospectiva<\/strong><br \/><br \/>Aqu\u00ed se interrumpe bruscamente la Subida del Monte Carmelo\u00bb. Ignoramos si es que la obra no fue terminada o si m\u00e1s bien no ha llegado a nosotros ning\u00fan manuscrito completo. No est\u00e1 concluido el trazado sobre el gozo y nada se ha expuesto acerca de las dem\u00e1s pasiones. Las partes anunciadas sobre la purificaci\u00f3n pasiva han sido expuestas en la Noche Oscura. Por lo dem\u00e1s es extra\u00f1o que la exposici\u00f3n s\u00f3lo en sus principios sea una explicaci\u00f3n directa de la poes\u00eda, y que progresivamente se aleje m\u00e1s y m\u00e1s del texto y siga la conexi\u00f3n real de las cuestiones planteadas. Tambi\u00e9n de ella tenemos un complemento en la Noche Oscura. En las \u00faltimas partes de esta obra sirven los versos de hilos conductores. Aunque la exposici\u00f3n se rompe en el primer verso de la tercera estrofa con la misma brusquedad que la Subida en mitad del tratado del gozo.<br \/><br \/>La forma y las circunstancias en que estos escritos nacieron nos pueden explicar su car\u00e1cter fragmentario, as\u00ed como su falta de unidad en muchos respectos. El Santo no escribi\u00f3 como un artista que quiere formar un todo completo desarrollado \u00edntegramente en todas sus partes. Tampoco pretend\u00eda crear como te\u00f3logo un sistema de M\u00edstica, o darnos, como fil\u00f3sofo o psic\u00f3logo una doctrina elaborada acerca de la v\u00eda afectiva. Escribi\u00f3 como padre y doctor de sus hijos e hijas espirituales. Tuvo a bien acceder a su petici\u00f3n de que declarara las canciones espirituales, reflexion\u00f3 penetrando en su propia experiencia interior lo que po\u00e9ticamente hab\u00eda expresado y tradujo sus im\u00e1genes al lenguaje del pensamiento. S\u00f3lo al hacerlo pudo darse cuenta de la necesidad de intercalar ac\u00e1 y all\u00e1 explicaciones previas para darse a entender. As\u00ed hubo de tratar de muchas cosas accidentales que estaban fuera de su primitiva intenci\u00f3n; pero nunca perdi\u00f3 de vista su pensamiento gu\u00eda, sujetando con mano firme las riendas de sus ideas, impidiendo su atropellada aglomeraci\u00f3n. Hay que tener en cuenta tambi\u00e9n que escribi\u00f3 sus tratados en los a\u00f1os en que estaba m\u00e1s cargado de oficios y de preocupaciones externas. Ni hay que olvidar que despu\u00e9s de una larga interrupci\u00f3n no vuelve a tomar el hilo donde lo hab\u00eda dejado, sino que en lugar de hacerlo comienza una nueva obra. Esto ha de tenerse en cuenta m\u00e1s de una vez para entender rectamente algunas declaraciones preliminares del Santo.<br \/><br \/>Hemos reproducido lo que dice San Juan de la Cruz en la Subida acerca de la entrada Noche del Esp\u00edritu para esclarecer lo que entiende por esp\u00edritu y por fe. Porque la fe es el camino a trav\u00e9s de la Noche hacia la meta de la uni\u00f3n con Dios y en ella se gesta el nuevo nacimiento doloroso del esp\u00edritu, su transformaci\u00f3n de ser natural en sobrenatural. Las explicaciones acerca del esp\u00edritu y de la fe se iluminan rec\u00edprocamente. La fe consigue la negaci\u00f3n de la actividad natural del esp\u00edritu. En esta negaci\u00f3n consiste la Noche Activa de la fe, el seguimiento activo y personas de la Cruz. Para explicar esta negaci\u00f3n y por su medio entender tambi\u00e9n en qu\u00e9 consiste la fe, hay que examinar la natural actividad del esp\u00edritu. Por otra parte, la fe, por su misma naturaleza, nos prueba la posibilidad de la existencia de un ser y una actividad espirituales por encima del ser y actividad naturales y, por ello, el aclarar en qu\u00e9 consiste la fe, nos lleva a una nueva visi\u00f3n del esp\u00edritu.<br \/><br \/>Esto es lo que hace comprensible que en distintos lugares se hable del esp\u00edritu de diversa manera. Ante una mirada superficial esta diversidad de formas de expresi\u00f3n puede parecer contradictoria, pero en realidad obedece a una necesidad objetiva. Porque el ser espiritual, en cuanto es vida y movimiento, no se deja encerrar en definiciones r\u00edgidas, sino que tiene un movimiento progresivo y hay que buscar expresiones fluidas para su captaci\u00f3n. Esto vale asimismo para la fe, que al ser espiritual, supone movimiento; un subir a alturas cada vez m\u00e1s incomprensibles y un bajar a abismos cada vez m\u00e1s profundos. Por tanto, para tratar de hacerlas comprensibles, en cuanto esto es posible, habr\u00e1 que echar mano de expresiones varias.<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><a id=\"CC876\"><\/a><strong>b) Actividad natural del esp\u00edritu.<\/strong><br \/>El alma, sus partes y sus potencias<br \/><br \/>Ante todo ser\u00e1 necesario aclarar en qu\u00e9 consista la actividad natural del esp\u00edritu. Se deduce de la estructura del ser an\u00edmico-espiritual. El Santo trata de explicarlo a trav\u00e9s de los conceptos tradicionales de la psicolog\u00eda escol\u00e1stica, que le eran familiares desde los a\u00f1os de sus estudios en Salamanca.<br \/><br \/>El alma es un principio de actividad dotado de diversas potencias: inferiores y superiores, sensibles y espirituales. Tanto en la parte inferior como en la superior, estas potencias se dividen en cognoscitivas y operativas. (Esto no lo dice el Santo, pero lo presupone en su exposici\u00f3n). Los sentidos son \u00f3rganos corporales y, a pesar de ello, son tambi\u00e9n ventanas del alma por las que llega a \u00e9sta el conocimiento del mundo exterior. La sensibilidad es tambi\u00e9n com\u00fan al cuerpo y al alma, pero ha prestado el Santo relativamente poca atenci\u00f3n a su parte corporal. A la sensibilidad pertenece, adem\u00e1s de las impresiones que le proporciona el conocimiento del mundo sensible, el gozo y el deseo que despiertan en el alma al recibir las impresiones que los sentidos le comunican. Como ya hemos advertido m\u00e1s arriba, la Noche del sentido se refiere ante todo a la sensibilidad en este doble aspecto: la de los apetitos y deseos conforme al gusto sensible debe librarse, es decir, purificarse, el alma en la primera noche. Esta limitaci\u00f3n se justifica plenamente porque el gusto y el deseo son posibles ya en el grado de vida an\u00edmica puramente sensible (aun entre los animales). Por el contrario, el conocimiento aun en su forma interior de aprensi\u00f3n sensible, no es dable sin actividad espiritual. Es m\u00e1s; lo que el alma \u00abpercibe\u00bb aqu\u00ed propiamente es el deseo y el gozo.<br \/><br \/>El conocimiento sensible no es posible sin actividad del esp\u00edritu; con ello se significa la \u00edntima correspondencia que existe entre la parte inferior y la superior del ser del alma. No son dos plantas superpuestas. La expresi\u00f3n parte superior e inferior es una imagen espacial de algo que es inespacial. El Santo advierte expresamente que \u00abel alma en cuanto esp\u00edritu no tiene alto ni bajo&#8230;, como tienen los cuerpos cuantitativos&#8230;\u00bb (L 1,10). La actividad sensible y espiritual se entremezclan en el campo de la acci\u00f3n natural. Si las ventanas de los sentidos no conducen a ning\u00fan conocimiento, si el esp\u00edritu no se asoma para mirar afuera a trav\u00e9s de ellas, sin embargo, se necesita de ellas para poder contemplar el mundo. Dicho de otra forma: los sentidos le proporcionan la materia sobre la cual act\u00faa. Siguiendo a San Agust\u00edn (De Trinitate, XII, 4 y 7) y apart\u00e1ndose en esto de Santo Tom\u00e1s, el Santo cuenta como tercera potencia espiritual, junto al entendimiento y la voluntad, a la memoria. No hay que ver en ello una profunda oposici\u00f3n real, ya que no se trata propiamente de una divisi\u00f3n efectiva del alma, sino solamente de diversas funciones y de la disposici\u00f3n de una misma potencia del alma en esta o en aquella direcci\u00f3n. Por lo dem\u00e1s existen razones v\u00e1lidas para ambas sentencias. Sin el trabajo fundamental de la memoria -conservar-, no ser\u00eda posible ni una impresi\u00f3n sensible ni una operaci\u00f3n espiritual. Ambas se estructuran en una sucesi\u00f3n temporal y para ello es necesario que las impresiones de cada momento no se hundan ni desaparezcan sino que se conserven. Para la actividad propiamente intelectual (comparaci\u00f3n, generalizaci\u00f3n, deducci\u00f3n, etc.), es tambi\u00e9n evidente que se precisan las dem\u00e1s operaciones de la memoria: el recuerdo y la libre combinaci\u00f3n que realiza la fantas\u00eda. Mas no podemos detenernos en esto. Si hemos aludido a ello, ha sido porque sirve para comprender que en la memoria se puede distinguir entre las operaciones de los sentidos y del esp\u00edritu y que puede considerarse como incluida en las otras potencias. Por otra parte sus operaciones no pertenecen propiamente al conocimiento, sino que tan s\u00f3lo le sirven de medio. (Lo mismo puede decirse de las relaciones entre la memoria y la voluntad) y esto puede servir para justificar el que se considere a la memoria como una potencia especial. En San Agust\u00edn fue motivo determinante externo para la divisi\u00f3n tripartita la consideraci\u00f3n del esp\u00edritu como imagen de la Trinidad; en San Juan de la Cruz, la relaci\u00f3n de las tres potencias del alma con las tres virtudes teologales. Y con ello llegamos al punto decisivo de su doctrina.<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><a id=\"CC765\"><\/a><strong>c) Elevaci\u00f3n del alma al orden sobrenatural<\/strong><br \/>Fe y vida de la fe<br \/><br \/>El esp\u00edritu en su actividad natural est\u00e1 ligado a los sentidos. Acepta lo que \u00e9stos le ofrecen, conserva lo recibido y cuando la ocasi\u00f3n se presenta vuelve a reflexionar sobre ello, lo compara con otras cosas, lo modifica y, comparando, universalizando, deduciendo, etc\u00e9tera, consigue llegar al conocimiento abstracto, al juicio y al raciocinio, actos propiamente intelectuales. Una actividad parecida ejerce naturalmente sobre lo que los sentidos le presentan, en ello encuentra su gozo, se esfuerza por poseerlo, siente perderlo, espera su posesi\u00f3n y teme su p\u00e9rdida.<br \/><br \/>Pero el destino del esp\u00edritu no era primariamente el conocer las cosas creadas para gozarse en ellas. Esto se debe a un trastorno de su ser primitivo y propio, que con ello ha quedado perturbado. De esta turbaci\u00f3n debe ser liberado y levantado a su verdadero ser para el que fuera creado. Su mirada debe dirigirse a su Creador y a El debe ser liberado y a El debe abandonarse con todas las fuerzas de su ser. Esto lo conseguir\u00e1 por medio de un escalonado y progresivo trabajo que comprende dos partes: educaci\u00f3n y purgaci\u00f3n. Dios da el impulso para iniciarlo y lo lleva a t\u00e9rmino, pero exige la colaboraci\u00f3n del hombre con su propia actuaci\u00f3n espiritual. El esp\u00edritu debe despojarse de todo lo que le preocupa naturalmente y as\u00ed mismo debe instruirse en el conocimiento de Dios y gozarse solamente en \u00e9l.<br \/><br \/>Para que esto acontezca, es necesario que a las potencias naturales se les ofrezca algo que les atraiga y satisfaga m\u00e1s que cuanto naturalmente pueden conocer y gustar. La fe muestra al entendimiento el Creador, cuya omnipotencia ha dado el ser a todas las cosas y es en s\u00ed mismo m\u00e1s grande, m\u00e1s elevado y m\u00e1s digno de amor que todas ellas. La \u00a1lustra sobre los atributos divinos y sobre todo lo que Dios ha hecho por el hombre y sobre lo que \u00e9ste debe a Dios.<br \/><br \/>\u00bfQu\u00e9 es lo que tratamos de expresar con este conjunto de verdades de fe? Evidentemente lo que se nos propone para creer, el contenido de todas las verdades reveladas, predicadas por la Iglesia: fieles quae creditur. Cuando el entendimiento acepa lo que se le propone, pero no puede conocer por su propia visi\u00f3n, da el primer paso hacia la Noche Oscura de la fe. Pero \u00e9sta no es todav\u00eda m\u00e1s que la fe que se cree, una actividad vida del esp\u00edritu, y el h\u00e1bito a ella correspondiente o virtud de la fe; el convencimiento de que Dios existe (creciere Deum) y la aceptaci\u00f3n convencida de lo que Dios ense\u00f1a por medio de su Iglesia (credere Deo). Con esta vida de la fe se levanta el esp\u00edritu sobre su actividad natural sin desprenderse en manera alguna de la misma. M\u00e1s bien, las potencias del alma reciben en el nuevo mundo que la fe les presenta una nueva cantidad de material sobre el que obrar.<br \/><br \/>Esta actividad por la que el esp\u00edritu hace suyo \u00edntimamente el contenido de la fe, es la meditaci\u00f3n. En ella presenta la imaginaci\u00f3n los acontecimientos de la Historia Sagrada delante de los ojos en vivas im\u00e1genes y trata de captarle con todos los sentidos, reflexiona con el entendimiento sobre su significado y las exigencias que para la propia persona se deriva; y de esta forma la voluntad se mueve a amar y se decide a transformar su vida viviendo de fe.<br \/><br \/>El Santo conoce otra forma m\u00e1s elevada de meditaci\u00f3n (Cfr. 2S 27). Un esp\u00edritu de naturaleza viva y bien dotada puede penetrar profundamente con el entendimiento en las verdades de la fe, y en di\u00e1logo consigo mismo examinarlas bajo todos sus aspectos, desarrollando sus consecuencias y descubriendo sus \u00edntimas relaciones. Todav\u00eda m\u00e1s f\u00e1cil y fructuosa resulta esta actividad cuando el Esp\u00edritu Santo le da alas y la impulsa. En tal caso hasta tal extremo se siente en la mano de un poder m\u00e1s alto e iluminado por \u00e9l, que le parece que no es \u00e9l mismo el que obra, sino que es ense\u00f1ado por Dios mismo.<br \/><br \/>Lo que el esp\u00edritu de esta o de aquella manera ha elaborado se convierte en su posesi\u00f3n duradera. Y es algo m\u00e1s que un tesoro de verdades almacenadas, susceptibles cuando sea necesario de volver a presentarse a la memoria. El esp\u00edritu -y tomamos aqu\u00ed esta palabra en su sentido amplio que comprende no s\u00f3lo el entendimiento sino tambi\u00e9n el coraz\u00f3n- por esta duradera atenci\u00f3n a Dios se ha familiarizado con \u00e9l, le conoce y le ama. Este conocimiento y amor se han convertido en parte constitutiva de su ser, algo as\u00ed como la relaci\u00f3n con un hombre con el que se ha convivido durante mucho tiempo y con el que se ha llegado a compenetrar \u00edntimamente. Tales personas no necesitan informarse la una de la otra ni discurrir para comprenderse mutuamente y mostrar su afecto, ni tampoco precisan de palabras entre ellas. Es verdad que cada nueva entrevista hace que nuevamente se despierte y crezca el amor e incluso que proporcione el conocimiento de nuevos aspectos de cada uno, pero esto viene de por s\u00ed, sin que sea preciso preocuparse de ello. Algo parecido vienen a ser las relaciones del alma con Dios tras una larga pr\u00e1ctica de la vida espiritual. Ya no necesita el alma de la meditaci\u00f3n para conocer y amar a Dios. Este camino ha quedado muy atr\u00e1s y el alma descansa en el t\u00e9rmino. Tan pronto como se pone en oraci\u00f3n est\u00e1 ya con Dios y permanece en un santo abandono en su presencia. Su silencio le es a Dios m\u00e1s amable que muchas palabras. Esto es lo que hoy se designa con el nombre de \u00abcontemplaci\u00f3n adquirida\u00bb. (El Santo no usa esta expresi\u00f3n pero conoce muy bien la cosa). Es fruto de la propia actividad, puesta en movimiento y llevada a cabo por una variada intervenci\u00f3n de la gracia. Es ya una gracia la que interviene cuando llega a nosotros el mensaje de la fe, la verdad revelada por Dios. Es tambi\u00e9n la gracia la que hace que admitamos este mensaje y nos convirtamos en creyentes. Sin el auxilio de la gracia no es posible ninguna oraci\u00f3n o meditaci\u00f3n. Y, sin embargo, todo ello es tambi\u00e9n objeto de nuestra libertad y se realiza con nuestras propias fuerzas. De nosotros depende el entregamos a la oraci\u00f3n y el tiempo y modo que dediquemos a la contemplaci\u00f3n adquirida. Si examinamos esta contemplaci\u00f3n, como tranquilo y amoroso abandono en Dios, podemos considerarla como una forma de la fe -fides qua creditur-: no como el credere Deum (por m\u00e1s que la fe en el ser divino se presupone y va incluida en ella), ni tampoco como el credere Deo, (por m\u00e1s que sea el resultado de todo lo que nosotros aceptamos por la fe como verdad revelada por Dios), sino creciere in Deum, creer en Dios, entregarnos a El por la fe.<br \/><br \/>Este es el m\u00e1s alto grado que la vida de fe puede alcanzar con sus propias fuerzas, cuando, fundada en ella y como consecuencia pr\u00e1ctica, se perfecciona el abandono de la propia voluntad en la divina y la direcci\u00f3n de las acciones y pasiones de la propia voluntad se conforma a la divina. Supone tambi\u00e9n una mayor elevaci\u00f3n del esp\u00edritu sobre la condici\u00f3n de su ser natural. Las verdades de fe nos acercan a Dios por medio de figuras, im\u00e1genes y conceptos tomados de las cosas creadas. Pero adem\u00e1s nos ense\u00f1an que Dios est\u00e1 por encima de todo lo creado y de todo concepto o aprensi\u00f3n. Por ello debemos abandonarlo todo y todas las fuerzas con las que lo captamos y comprendemos, para levantarnos por la fe a Dios, el inaprensible e incomprensible.<br \/><br \/>Para ello no sirven ni los sentidos, ni el entendimiento, si por entendimiento queremos entender la facultad de concebir pensamientos abstractos&#8230; En el abandono en Dios incomprensible que la fe presupone, somos puro esp\u00edritu, desligados de im\u00e1genes y conceptos y, por ello, quedamos en tinieblas, porque el mundo de nuestro conocimiento ordinario est\u00e1 edificado sobre im\u00e1genes y conceptos. Y desligados tambi\u00e9n del m\u00faltiple mecanismo de las diversas potencias, unidos y simples en una vida, en la que el conocer, el recordar y el amar son una misma cosa. Nos encontramos en los umbrales de la vida m\u00edstica, en la entrada a la transformaci\u00f3n que puede alcanzarse por la Noche del Esp\u00edritu; pero hemos llegado tambi\u00e9n a eso que queda intacto al ser suspendidas las potencias. Algo debe quedar siempre para que al suspenderse las potencias contin\u00fae siendo posible la uni\u00f3n y transformaci\u00f3n del alma en Dios. Y esto algo m\u00e1s all\u00e1 de los sentidos y del entendimiento ligado a ellos, es el esp\u00edritu propiamente dicho. San Juan de la Cruz habla tambi\u00e9n de la sustancia del alma. El alma seg\u00fan su sustancia es esp\u00edritu y por lo m\u00e1s \u00edntimo de ella es receptiva de todo lo espiritual; puede percibir a Dios, al puro esp\u00edritu y a todo lo que \u00e9l ha creado y que por su \u00edntima naturaleza es espiritual; puede percibir a Dios, al puro esp\u00edritu y a todo lo que \u00e9l ha creado y que por su \u00edntima naturaleza es espiritual. Pero se halla sumergida en lo corp\u00f3reo y tiene como \u00f3rganos de captaci\u00f3n los sentidos corporales para conocer lo corporal. En el estado de ca\u00edda estos \u00f3rganos, destinados a servir, se han convertido en se\u00f1ores. Para recuperar la potencia de vivir y obrar puramente en lo espiritual y reconquistar el dominio sobre los sentidos, el esp\u00edritu ha de librarse del abrazo con que la aprisionan. Hemos seguido hasta cierto punto la obra que realiza la fe en este proceso de liberaci\u00f3n. Hemos visto c\u00f3mo el esp\u00edritu se orienta hacia Dios y, finalmente, se eleva a una comunicaci\u00f3n puramente espiritual con El. Para esta comunicaci\u00f3n con Dios se precisa todav\u00eda algo m\u00e1s: el abandono de todo lo que no es Dios. Esta es la labor fundamental que se llevar\u00e1 a cabo durante la Noche Activa del Esp\u00edritu.<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><a id=\"CC654\"><\/a><strong>d) Comunicaciones extraordinarias de la gracia y liberaci\u00f3n de ellas<\/strong><br \/><br \/>Hemos dicho que la fe impulsa las potencias del alma llev\u00e1ndolas a emplearse en Dios y en las cosas divinas, pero con ello est\u00e1 todav\u00eda muy lejos de alcanzar el alma el desprendimiento del mundo creado. Aun aquellos que se deciden seriamente por una vida espiritual y permanecen firmes en ella, dedican tan s\u00f3lo una parte mayor o menor del d\u00eda a la oraci\u00f3n y meditaci\u00f3n. Por lo dem\u00e1s, est\u00e1n firmemente asentados en el mundo creado. Se preocupan por comprenderlo y someterlo a su dominio, por alcanzar bienes temporales y disfrutar de ellos. Sucumben todav\u00eda a los m\u00e1gicos encantos de los bienes temporales y no son inaccesibles para lo que contenta los sentidos, por m\u00e1s que es posible que por influjo de la vida de oraci\u00f3n hayan puesto, en este aspecto, barreras cada vez m\u00e1s avanzadas. As\u00ed su entendimiento est\u00e1 ocupado en las cosas de este mundo y emplea en ello sus energ\u00edas; llena de ellas est\u00e1 tambi\u00e9n la imaginaci\u00f3n y la voluntad es por ellas determinada en sus aspiraciones y ligada a ellas en sus pasiones.<br \/><br \/>Todo esto se convierte en obst\u00e1culo para la vida de oraci\u00f3n, que quedar\u00eda finalmente destruida por completo de no acudir Dios en su ayuda con una particular asistencia de la gracia. Esto sucede no s\u00f3lo por medio del mensaje de la fe, sino tambi\u00e9n a trav\u00e9s de comunicaciones propias para vencer la atracci\u00f3n del mundo y destruir su influjo. Ofrecen a los sentidos y a la imaginaci\u00f3n im\u00e1genes que superan todo lo terreno. El entendimiento es elevado por iluminaci\u00f3n sobrenatural a la comprensi\u00f3n de cosas que nunca hubiera llegado a conocer por su propio esfuerzo intelectual. El coraz\u00f3n queda lleno de un gozo celestial junto al cual palidecen todas las alegr\u00edas y gustos del mundo. De esta forma se prepara el alma para desprenderse con todas sus fuerzas de los bienes terrenos y levantarse a los celestiales.<br \/><br \/>Pero con esto se ha hecho s\u00f3lo la mitad de la tarea. Nunca se llegar\u00e1 a la meta de la uni\u00f3n con Dios si se pretende detenerse en las comunicaciones sobrenaturales y descansar en su gusto. Y es que las visiones, revelaciones y sentimientos deleitosos no son Dios ni llevan a El, exceptuados aquellos elevad\u00edsimos toques puramente espirituales en los cu\u00e1les Dios mismo se comunica a la sustancia del alma y con los cu\u00e1les lleva a cabo la uni\u00f3n. Por ello debe el alma desprenderse nuevamente de todo lo supraterreno de los dones de Dios para poder alcanzar al dador en vez de sus dones. \u00bfQu\u00e9 es lo que podr\u00e1 hacer que el alma se determina a abandonar voluntariamente estos dones? Aqu\u00ed viene de nuevo el trabajo de la fe que ense\u00f1a que Dios no es nada de cuanto podemos captar y comprender y nos invita a caminar por su camino oscuro, que es el \u00fanico que conduce al fin (cfr. 2S 3). Pero se conseguir\u00eda muy poco si se limita a dirigirse al entendimiento pretendiendo ense\u00f1arle con palabras. La realidad imponente del mundo natural y de los dones naturales debe ser suplantada por una m\u00e1s imponente realidad. Esto sucede en la Noche Pasiva. Sin ella &#8211; el Santo se complace en repetirlo- nunca alcanzar\u00eda su prop\u00f3sito la Noche Activa. Debe intervenir la mano de dios vivo para desatar al alma de los lazos de todo lo creado y atraerla a s\u00ed. Esta intervenci\u00f3n es la oscura y m\u00edstica contemplaci\u00f3n que va unida al despojo de todo aquello que hasta el presente procuraba luz, sost\u00e9n y consuelo.<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><strong><a id=\"CC18\"><\/a>3. Muerte y resurrecci\u00f3n<\/strong><br \/><br \/><a id=\"CC543\"><\/a><strong>a) Noche pasiva del esp\u00edritu<\/strong><br \/><br \/>Fe, contemplaci\u00f3n oscura, desnudez espiritual<br \/><br \/>Sabemos ya por la Noche del Sentido que llega un momento en que el alma pierde el gusto de todos los ejercicios espirituales as\u00ed como de todas las cosas terrenas. Se encuentra en completa oscuridad y vac\u00edo. No le queda nada a qu\u00e9 asirse mas que la fe. La fe le presenta delante de los ojos a Cristo: pobre, humillado, crucificado y en la misma Cruz abandonado por su Padre. El alma en su pobreza y abandono se encuentra con la pobreza y abandono de Cristo. Sequedad, desgana, fatiga son \u00ablas puras cruces espirituales\u00bb, que se le ofrecen. Si las acepta, experimenta que son yugo suave y carga ligera. Le servir\u00e1n de cayado para ascender r\u00e1pidamente monte arriba. Cuando conoce que Cristo en su mayor humillaci\u00f3n y aniquilamiento en la cruz fue cuando precisamente realiz\u00f3 su mayor proeza, la Redenci\u00f3n y la uni\u00f3n del hombre con Dios, se despierta en ella el pensamiento de que tambi\u00e9n para ella el aniquilamiento, que es una \u00abviva muerte de cruz sensitiva y espiritual\u00bb (2S 7,9), la lleva a la uni\u00f3n con Dios. Del mismo modo que Cristo en su abandono en la Cruz se entreg\u00f3 en manos del Dios invisible e incomprensible, as\u00ed debe tambi\u00e9n ella abandonarse en la oscuridad de la media noche de la fe, que es el \u00fanico camino para llegar al Dios incomprensible. A este fin se le comunica la contemplaci\u00f3n m\u00edstica, el \u00abrayo de tiniebla\u00bb, la oculta sabidur\u00eda de Dios, el conocimiento oscuro y general; esto s\u00f3lo corresponde a la incomprensibilidad divina que ciega el entendimiento y se le presenta como en tinieblas. Penetra esta contemplaci\u00f3n en el alma como un torrente con tanta mayor pureza cuanto m\u00e1s libre est\u00e1 de otras impresiones. Es algo m\u00e1s puro, delicado, espiritual e interior que todo el conocimiento que procede por v\u00eda natural del esp\u00edritu y se eleva sobre todo lo temporal, constituyendo un verdadero comienzo de la vida eterna en nosotros. No se trata tan s\u00f3lo de aceptar el mensaje de la fe percibido por los o\u00eddos, ni tan s\u00f3lo de un mero volverse a Dios a quien s\u00f3lo se conoce de o\u00eddas, sino de un toque interior de la divinidad, de un percibir a Dios con fuerza suficiente para desligarla de todas las cosas creadas y encumbrarla sumergi\u00e9ndola en un amor de naturaleza desconocida. No queremos decidir ahora si este oscuro amoroso conocimiento, en el cual el alma es \u00edntimamente tocada por Dios de \u00abboca a boca\u00bb, de sustancia a sustancia, puede ser todav\u00eda considerado como la fe. Consiste en el abandono del alma, por su voluntad (que es su boca) en Dios que amorosamente le sale al encuentro todav\u00eda escondido: amor, que no es sentimiento, sino acci\u00f3n y disposici\u00f3n para el sacrificio, conformidad de la propia voluntad con la divina, para ser s\u00f3lo dirigida por \u00e9l. Al volver a comunic\u00e1rsele ahora al alma iluminaciones, revelaciones y consuelos -como suele suceder con frecuencia en la Noche del Esp\u00edritu que por lo general es de larga duraci\u00f3n-, el alma est\u00e1 dispuesta a no detenerse en ellos. Dejar\u00e1 a Dios que obre lo que pretende por medio de estas comunicaciones sobrenaturales, pero ella permanecer\u00e1 en la oscuridad de la fe, porque no s\u00f3lo ha aprendido, sino que conoce tambi\u00e9n por experiencia, que nada de ello es Dios ni le da a Dios y que en la fe tiene todo cuanto necesita: al mismo Cristo verdad eterna y, en El, al Dios incomprensible. Tanto m\u00e1s dispuesta estar\u00e1 a este despojo y a la perseverancia en la fe cuanto m\u00e1s de ra\u00edz se vaya purificando a trav\u00e9s de la noche oscura.<br \/><br \/>Ya varias veces hemos apuntado c\u00f3mo el alma aun despu\u00e9s de larga pr\u00e1ctica de vida espiritual est\u00e1 todav\u00eda llena de imperfecciones y precisa de una m\u00e1s honda purificaci\u00f3n para hacerse apta para la uni\u00f3n. Vimos tambi\u00e9n c\u00f3mo estas imperfecciones pod\u00edan estar \u00edntimamente relacionadas con comunicaciones sobrenaturales de todas clases, de forma que en un alma no purificada por completo, los dones de Dios pueden dar motivo a imperfecciones, particularmente soberbia, vanidad y gula espiritual. Todas estas debilidades las cura Dios por medio del despojo que lleva a cabo a trav\u00e9s de la Noche Oscura \u00abdejando a oscuras el entendimiento y la voluntad a secas, y vac\u00eda la memoria y las aficiones del alma en suma aflicci\u00f3n, amargura y aprieto\u00bb (2N 3,3). Aqu\u00ed sufren el esp\u00edritu y el sentido juntamente su \u00faltima purificaci\u00f3n despu\u00e9s de que en la primera Noche del sentido la transformaci\u00f3n y el dominio de los apetitos y del trato con Dios la han fortalecido tanto como para poder soportar la carga de esta penetrante purificaci\u00f3n segunda. Tambi\u00e9n esta purificaci\u00f3n es obra de la oscura contemplaci\u00f3n.<br \/><br \/>Hasta aqu\u00ed hemos considerado la contemplaci\u00f3n principalmente desde la ganancia que el alma proporciona al hacerla poner en Dios todas sus fuerzas y desligarla de todas las cosas creadas. Esta ganancia ya parec\u00eda clara en las explicaciones de la Subida acerca de la Noche Activa del esp\u00edritu. Una vez m\u00e1s la resume el Santo en la nueva exposici\u00f3n que hace de la primera estrofa de la Noche al principio del tratado de la Noche oscura del esp\u00edritu: \u00abEn pobreza, desamparo y desarrimo de todas las aprehensiones de mi alma, esto es, en oscuridad de mi entendimiento y aprieto de mi voluntad, en aflicci\u00f3n y angustia de la memoria, dej\u00e1ndome en pura fe, la cual es Noche Oscura para las dichas potencias naturales, sola la voluntad tocada de dolor y aflicciones y ansias de amor de Dios, sal\u00ed de m( mismo; esto es, de mi bajo modo de entender, y de mi flaca suerte de amar, y de mi escasa y pobre manera de gustar de Dios, sin que la sensualidad ni el demonio me lo estorben. Lo cual fue gran dicha&#8230; para m\u00ed; porque en acabando de aniquilarse y sosegarse las potencias, pasiones, apetitos y aficiones de mi alma, con que bajamente sent\u00eda y gustaba de Dios, sal\u00ed del trato y escasa operaci\u00f3n humana m\u00eda a operaci\u00f3n y trato con Dios. Es a saber, mi entendimiento sali\u00f3 de s\u00ed, volvi\u00e9ndose humano y natural en divino; porque, uni\u00e9ndose por medio de esta purgaci\u00f3n con Dios, ya no entiende por su vigor natural sino por la divina Sabidur\u00eda con que se uni\u00f3. Y mi voluntad sali\u00f3 de s\u00ed haci\u00e9ndose divina; porque unida con el divino amor, ya no ama bajamente con su fuerza natural, sino con fuerza y pureza del Esp\u00edritu Santo&#8230;, y ni m\u00e1s ni menos la memoria se ha trocado en aprehensiones eternas de gloria&#8230; Todas las fuerzas y afectos del alma, por medio de esta noche y purgaci\u00f3n del viejo hombre, todas se renuevan con temples y deleites divinos\u00bb (2N 4,1-2). La purificaci\u00f3n no es s\u00f3lo noche, sino tambi\u00e9n pena y tortura, y esto por dos causas: \u00abla primera es por la alteza de la Sabidur\u00eda Divina, que excede el talento del alma y en esta manera le es tinieblas. La segunda, por la bajeza e impureza de ella, y de esta manera le es penosa y aflictiva, y tambi\u00e9n oscura\u00bb (2N 5,2). Mediante esta luz extraordinaria y sobrenatural \u00abla priva y oscurece el acto de su inteligencia natural. De donde resulta que \u00aben derivando Dios de s\u00ed al alma, que a\u00fan no est\u00e1 transformada, este esclarecido rayo de su sabidur\u00eda secreta se le hace tinieblas oscuras en el entendimiento\u00bb. La pena y tortura del alma procede de que \u00abesta divina contemplaci\u00f3n infusa tiene muchas excelencias en extremo buenas, y el alma que las recibe, por no estar purgada, tiene muchas miserias tambi\u00e9n en extremo malas; de aqu\u00ed es que no pudiendo caber dos contrarios en un sujeto, \u00abel alma se siente en medio de esta clara luz tan impura y miserable, que le parece estar Dios contra ella, y que ella est\u00e1 hecha contraria a Dios&#8230;; lo cual es de tanto sentimiento y pena para el alma, porque le parece aqu\u00ed que Dios la ha arrojado\u00bb. Vive atormentada por el temor de que nunca ser\u00e1 digna de Dios y que ha perdido todos los tesoros de la gracia. Porque aquella divina y oscura luz le manifiesta claramente su miseria y sus pecados y el alma \u00abve claro c\u00f3mo de suyo no podr\u00e1 tener otra cosa\u00bb (2N 5,5).<br \/><br \/>De otra manera sufre el alma a causa de su debilidad natural, moral y espiritual. \u00abComo esta Divina contemplaci\u00f3n embiste en el alma con alguna fuerza, a fin de la ir fortaleciendo y domando, de tal manera pena en su flaqueza, que poco menos desfallece; particularmente algunas veces cuando con alguna m\u00e1s fuerza la embiste; porque el sentido y esp\u00edritu, as\u00ed como si estuviese debajo de alguna inmensa y oscura carga, est\u00e1n penando y agonizando\u00bb. En estas circunstancias desear\u00eda la muerte como un alivio y un favor. Asombro \u00abque sea aqu\u00ed tanta la flaqueza e impureza del \u00e1nima, que siendo la mano de Dios de suyo tan blanda y suave, la siente el alma aqu\u00ed tan grave y contraria, con no cargar ni asentarla, sino solamente tocando, y eso misericordiosamente&#8230;, a fin de hacer mercedes al alma y no de castigarla\u00bb (2N 5,7).<br \/><br \/>Cuando se juntan los dos extremos, divino y humano, la contemplaci\u00f3n que viene de Dios y la misma alma, \u00abdesmenuza y deshace la sustancia espiritual, absorbi\u00e9ndola en una profunda y honda tiniebla&#8230; Embiste al alma de tal manera que ella se siente estar deshaciendo y derritiendo a la faz y vista de sus miserias, con muerte de esp\u00edritu cruel\u00bb. Pero lo que m\u00e1s doloroso se le hace aqu\u00ed al alma atribulada \u00abes parecerle claro que Dios la ha desechado, y aborreci\u00e9ndola arrojado en las tinieblas&#8230; Sombra de muerte y gemidos de muerte y dolores de infierno siente el alma muy a lo vivo, que consiste en sentirse sin Dios, y castigada y arrojada&#8230;; y m\u00e1s, que le parece en una temerosa aprehensi\u00f3n, que ya es para siempre\u00bb.<br \/><br \/>Finalmente por esta alteza y magnitud de la contemplaci\u00f3n adquiere el alma conciencia de su profunda pobreza y extrema miseria. Siente un hondo vac\u00edo y pobreza de bienes temporales, naturales y espirituales y se ve metida en los males contrarios \u00abmiserias de imperfecciones, sequedades y vac\u00edos de las aprehensiones de las potencias y desamparo del esp\u00edritu en tiniebla&#8230;, como si a uno le pendiesen o detuviesen en el aire (que no respirase). Mas tambi\u00e9n est\u00e1 purgando al alma, aniquilando, vaciando o consumiendo en ella (as\u00ed como hace el fuego al or\u00edn y moho del metal), todas las afecciones y h\u00e1bitos imperfectos que ha contra\u00eddo toda la vida. Que por estar ellos muy arraigados en la sustancia del alma suele padecer grandes gravedades, deshacimiento y tormento interior, de m\u00e1s de la dicha pobreza y vac\u00edo natural y espiritual\u00bb.<br \/><br \/>Para alejar y extirpar el or\u00edn de sus inclinaciones es necesario que el alma \u00aben cierta manera&#8230; ella misma se aniquile y deshaga, seg\u00fan est\u00e1 connaturalizada en estas pasiones e imperfecciones\u00bb; y ella \u00absiente este deshacimiento en la misma sustancia del alma con extrema pobreza en que est\u00e1 como acabando&#8230; En esto humilla Dios mucho al alma para ensalzarla mucho despu\u00e9s\u00bb, y si se prolongase mucho este estado, \u00abdesamparar\u00eda el cuerpo en muy breves d\u00edas; mas son interpolados los ratos en que se siente su \u00edntima vileza. La cual algunas veces se siente tan a lo vivo, que le parece al alma que ve abierto el infierno&#8230; De \u00e9stos son los que de veras descienden al infierno viviendo, pues aqu\u00ed se purgan a la manera que all\u00ed&#8230; Y as\u00ed el alma que por aqu\u00ed pasa o no entra en aquel lugar, o se detiene all\u00ed muy poco, porque aprovecha aqu\u00ed m\u00e1s una hora, que muchas all\u00ed\u00bb (2N 6,6).<br \/><br \/>El sufrimiento se agudiza con el recuerdo de la felicidad pasada, ya que tales almas para \u00abcuando entran en esta noche, han tenido muchos gustos en Dios y h\u00e9chole muchos servicios\u00bb, y ahora se ven alejados de estos bienes y sin poder conseguir nada de ello. Adem\u00e1s, la contemplaci\u00f3n deja al alma en tan gran soledad y desamparo que no puede \u00abhallar consuelo ni arrimo en ninguna doctrina ni en maestro espiritual. Porque aunque por muchas v\u00edas le testifique las causas del consuelo que puede tener&#8230;, par\u00e9cele que como ellos no ven lo que ella ve y siente, no lo entendiendo dicen aquello, y en vez de consuelo, antes recibe nuevo dolor, pareci\u00e9ndole que no es aqu\u00e9l el remedio de su mal, y a la verdad as\u00ed es. Porque hasta que el Se\u00f1or acaba de purgarla de la manera que \u00e9l lo quiere hacer, ning\u00fan medio ni remedio le sirve ni aprovecha para su dolor\u00bb. Esto dura \u00abhasta que aqu\u00ed se ablande, humille y purifique el esp\u00edritu, y se ponga tan sutil, sencillo y delgado, que pueda hacerse uno con el esp\u00edritu de Dios seg\u00fan el grado que su misericordia quisiere concederle de uni\u00f3n de amor\u00bb. Conforme a este grado ser\u00e1 de fuerte y larga la purificaci\u00f3n. Generalmente dura a\u00f1os, aunque con intervalos, \u00aben que por dispensaci\u00f3n de Dios dejando esta contemplaci\u00f3n oscura de embestir en forma y modo purgativo, embiste iluminativa y amorosamente, en que el alma, bien como salida de tal mazmorra y tales prisiones, y puesta en recreaci\u00f3n de anchura y libertad, siente y gusta gran suavidad de paz y amigabilidad amorosa con Dios con abundancia f\u00e1cil de comunicaci\u00f3n espiritual\u00bb. Piensa entonces el alma que los trabajos se han terminado para siempre, como pensaba antes que nunca iban a cesar sus penas. La raz\u00f3n de esto es, \u00abporque de esta calidad son las cosas espirituales en el alma, cuando son m\u00e1s puramente espirituales; que cuando vuelven los trabajos, le parece al alma que nunca ha de salir de ellos&#8230;, porque la posesi\u00f3n actual de un contrario en el esp\u00edritu, de suyo remueve la actual posesi\u00f3n y sentimiento del otro contrario; lo cual no acaece as\u00ed en la parte sensitiva del alma, por ser flaca su aprehensi\u00f3n. M\u00e1s como quiera que el esp\u00edritu a\u00fan no est\u00e1 aqu\u00ed bien purgado y limpio de las aficiones que por la parte inferior tiene contra\u00eddas, aunque en cuanto esp\u00edritu no se mude, en cuanto est\u00e1 afectado con ellas, se podr\u00e1 mudar en penas.<br \/><br \/>Mas no sucede con frecuencia que piense el alma que se le han acabado las penas, \u00abporque hasta que est\u00e9 acabada de hacer la purgaci\u00f3n espiritual, muy raras veces suele ser la comunicaci\u00f3n suave tan abundante que le encubra la ra\u00edz que queda, de manera que deje el alma de sentir all\u00e1 en el interior un no s\u00e9 qu\u00e9 que le falta&#8230;, que no le deja cumplidamente gozar de aquel alivio, sintiendo all\u00e1 dentro como un enemigo suyo, que aunque est\u00e1 como sosegado y dormido, se recela que volver\u00e1 a revivir y hacer de las suyas. Y as\u00ed es, que cuando m\u00e1s segura est\u00e1 y menos se cata, vuelve a tragar y a absorber al alma en otro grado peor y m\u00e1s duro y oscuro y lastimero que el pasado, el cual durar\u00e1 otra temporada por ventura m\u00e1s larga que la primera\u00bb. Y otra vez cree el alma que la plenitud de bienes est\u00e1 acabada para siempre, porque \u00abla actual aprehensi\u00f3n del esp\u00edritu&#8230; aniquila en \u00e9l todo lo que a ella es contrario\u00bb. Esta es la raz\u00f3n por qu\u00e9 las almas del purgatorio tienen duda de que tendr\u00e1n fin sus sufrimientos. Ciertamente tienen las virtudes teologales y conocen que aman a Dios, mas no hallan en ello ning\u00fan consuelo, \u00abporque no les parece que 1os quiere Dios a ellos ni que de tal cosa son dignos&#8230;; y as\u00ed el alma aqu\u00ed en esta purgaci\u00f3n, aunque ella ve que quiere bien a Dios, y que por El dar\u00eda mil vidas&#8230;, con todo no le es alivio eso, antes le causa m\u00e1s pena; porque queri\u00e9ndole ella tanto, porque no tiene otra cosa que le d\u00e9 cuidado, como se ve tan miserable, no pudiendo creer lo que Dios la quiere a ella, ni que tiene ni tendr\u00e1 jam\u00e1s por qu\u00e9, sino antes que tiene por qu\u00e9 ser aborrecida no s\u00f3lo de El, sino de toda criatura para siempre, du\u00e9lese de ver en s\u00ed causas porque merezca ser desechada de quien ella tanto quiere y desea\u00bb (2N 7,7).<br \/><br \/>Tambi\u00e9n se ven impedidas las potencias en este penoso estado, porque el alma no puede ya como antes levantar el coraz\u00f3n y la mente a Dios. Si ora es \u00abcon tanta sequedad y sin jugo que le parece que no le oye Dios ni hace caso de ella&#8230; A la verdad no es este tiempo de hablar con Dios, sino de poner&#8230; su boca en el polvo&#8230;, sufriendo con paciencia su purgaci\u00f3n. Dios es el que anda haciendo la obra en el alma; por eso ella no puede nada&#8230;, ni rezar ni asistir con mucha advertencia a las cosas divinas puede, ni menos a las dem\u00e1s cosas y tratos temporales. Ni tiene s\u00f3lo esto, sino tambi\u00e9n muchas veces tales enajenamientos, y tan profundos olvidos en la memoria, que se le pasan muchos ratos sin saber lo que se hizo ni pens\u00f3, ni qu\u00e9 es lo que hace ni qu\u00e9 es lo que va a hacer\u00bb. Y eso le sucede, porque tambi\u00e9n la memoria debe ser purificada de todos discursos y noticias. La enajenaci\u00f3n y frialdad provienen del \u00edntimo recogimiento en que la contemplaci\u00f3n absorbe al alma con todas sus potencias y la abstrae de toda afici\u00f3n a lo creado y de toda imaginaci\u00f3n de criaturas. Esto le dura m\u00e1s o menos tiempo seg\u00fan la intensidad de la contemplaci\u00f3n. Cuando m\u00e1s pura y limpia embiste en el alma la luz divina, tanto m\u00e1s oscurece, vac\u00eda y aniquila. \u00abY dej\u00e1ndola as\u00ed vac\u00eda y a oscuras la purga e ilumina el rayo divino de contemplaci\u00f3n\u00bb, sin que se percate el alma de que recibe esta divina luz. Permanece m\u00e1s bien en tinieblas, como el rayo de sol, \u00abque aunque est\u00e1 en medio del aposento, si est\u00e1 puro y no tiene en qu\u00e9 topar, no se ve, pero con esta luz espiritual de que est\u00e1 embestida el alma, cuando tiene en qu\u00e9 reverberar, esto es, cuando se ofrece alguna cosa que entender espiritual de perfecci\u00f3n&#8230;, o juicio de lo que es falso o verdadero, luego lo ve y entiende mucho m\u00e1s claramente que antes que estuviese en estas oscuridades. Y ni m\u00e1s ni menos conoce la luz que tiene espiritual, para conocer con facilidad la imperfecci\u00f3n que se le ofrece\u00bb. \u00abDonde por ser esta luz espiritual tan sencilla, pura y general, no afectada ni particularizada a ning\u00fan particular&#8230;, de aqu\u00ed es que con grande generalidad y facilidad conoce y penetra el alma cualquier cosa de arriba de abajo que se ofrece. El espiritual todas las cosas penetra, hasta los profundos de Dios (1Cor 2,10). Y el Sabio dice que toca hasta doquiera por su pureza (Sap 7, 24): es a saber, porque no se particulariza a ning\u00fan particular inteligible ni afici\u00f3n. Y \u00e9sta es la propiedad del esp\u00edritu purgado y aniquilado acerca de todas particulares aficiones e inteligencias, que en este no gustar nada ni entender nada en particular, morando en su vac\u00edo, oscuridad y tinieblas, lo abraza todo con gran disposici\u00f3n\u00bb (2N 8,5).<br \/><br \/>As\u00ed, pues, esta dichosa noche no tiene otra finalidad al oscurecer el esp\u00edritu sino \u00abdarle luz de todas las cosas\u00bb, y si le \u00abhumilla y pone miserable, no es sino para ensalzarle y levantarle, y aunque le empobrece y vacila de toda posesi\u00f3n y afici\u00f3n natural, no es sino para que divinamente pueda extenderse a gozar y gustar de todas las cosas de arriba y de abajo siendo con libertad de esp\u00edritu general en todo\u00bb (2N 9,1). Como el entendimiento natural no es capaz de captar la luz divina, debe ser puesto en tiniebla. \u00abLa cual tiniebla conviene que le dure tanto cuanto sea menester para expeler y aniquilar el h\u00e1bito que de mucho tiempo tiene en su manera de entender. La destrucci\u00f3n del entendimiento natural es profunda, horrible y dolorosa, \u00abporque como se sienten en la profunda sustancia del esp\u00edritu, parecen tinieblas sustanciales\u00bb. Tambi\u00e9n la voluntad debe ser purificada y aniquilada para llegar por medio de la uni\u00f3n de amor a aquel alt\u00edsimo y pur\u00edsimo amor divino y espiritual que sobrepuja toda inclinaci\u00f3n, sentimiento y deseo de la voluntad, \u00abdej\u00e1ndola en seco y en aprieto tanto cuanto conviene seg\u00fan el h\u00e1bito que ten\u00eda de naturales aficiones, as\u00ed cerca de lo divino como de lo humano\u00bb. Para que \u00abextenuada, enjuta y extricada en el fuego de esta oscura contemplaci\u00f3n de todo g\u00e9nero de demonio&#8230;, tenga disposici\u00f3n pura y sencilla, y el paladar purgado y sano para sentir los subidos y peregrinos toques del divino amor&#8230; Porque para la dicha uni\u00f3n&#8230; ha de estar el alma llena y dotada de cierta magnificencia gloriosa en la comunicaci\u00f3n con Dios, que encierra en s\u00ed innumerables bienes y deleites que exceden toda la abundancia que el alma naturalmente puede poseer, porque en tan flaco e impuro natural no la puede recibir&#8230; Conviene que primero sea puesta el alma en vac\u00edo y en pobreza de esp\u00edritu&#8230;, para que as\u00ed vac\u00eda est\u00e9 bien pobre de esp\u00edritu y desnuda del hombre viejo, para vivir aquella nueva y bienaventurada vida&#8230;, que es el estado de la uni\u00f3n con Dios&#8230; El alma ha de venir a tener un sentido y noticia divina muy generosa y sabrosa acerca de todas las cosas divinas y humanas&#8230;, porque las mira con ojos tan indiferentes que antes, como difiere la luz y gracia del Esp\u00edritu Santo del sentido, y lo divino de lo humano\u00bb. Por esto debe tambi\u00e9n ser liberada la memoria, que debe quedar \u00abcon sentido interior y temple de peregrinaci\u00f3n y extra\u00f1eza de todas las cosas, en que le parece que todas son extra\u00f1as y de otra manera que sol\u00edan ser\u00bb. \u00abPorque en esto va sacando esta noche al esp\u00edritu de su ordinario y com\u00fan sentir de las cosas, para traerle al sentido divino, el cual es extra\u00f1o y ajeno de toda manera humana, tanto, que le parece al alma que anda fuera de s\u00ed. Otras veces piensa si es encantamiento el que tiene o embelesamiento, y anda maravillada de las cosas que ve y oye, pareci\u00e9ndole muy peregrinas y extra\u00f1as, siendo las mismas que com\u00fanmente sol\u00eda tratar\u00bb (2N 9,5).<br \/><br \/>\u00abTodas estas aflicciones y purgaciones del esp\u00edritu para reengendrarla en vida de esp\u00edritu&#8230; las padece el alma, y con estos dolores viene a parir el esp\u00edritu de salud&#8230; De m\u00e1s de esto, porque por medio de esta Noche Contemplativa se dispone el alma para venir a la tranquilidad y paz interior, que es tal&#8230; que&#8230; excede todo sentido (Fil 4,7), convi\u00e9nele al alma que toda la paz primera deje (que por cuanto estaba envuelta con imperfecciones no era paz, aunque a ella le parec\u00eda&#8230;que era paz dos veces\u00bb). Y es que hab\u00eda adquirido la paz del conocimiento sensitivo y espiritual y se ve\u00eda en el sentido y el esp\u00edritu rodeada de la plenitud de esta paz. Mas antes debi\u00f3 someterse el alma a una limpieza. Ten\u00eda que serle quitada y destruida esta paz para experimentar el cumplimiento de aquella palabra; \u00abquitada y despedida est\u00e1 mi alma de la paz\u00bb (Lam 3,17). Padece el alma muchos temores, luchas e imaginaciones. Tiene el sentimiento de estar perdida para siempre. \u00abDe aqu\u00ed es que entr\u00f3 en el esp\u00edritu un dolor y gemido tan profundo que le causa fuertes rugidos y bramidos espirituales, pronunci\u00e1ndolos a veces por la boca, y resolvi\u00e9ndose en l\u00e1grimas, cuando hay fuerza y virtud para poderlo hacer; aunque las menos veces hay este alivio\u00bb. Como las avenidas de las aguas, \u00abas\u00ed este rugido y sentimiento del alma algunas veces crece tanto, que aneg\u00e1ndola y transpas\u00e1ndola toda, la llena de angustias y dolores espirituales todos sus afectos profundos y fuerzas sobre todo lo que se puede encarecer. Tal es la obra que en ella hace esta noche encubridora de las esperanzas de la luz del d\u00eda\u00bb. Tambi\u00e9n la voluntad es traspasada con dolores, dudas y temores que no tienen fin. \u00abProfunda es esta guerra y combate, porque la paz que espera ha de ser muy profunda; y el dolor espiritual es \u00edntimo y delgado y apurado, porque el amor que ha de poseer, ha de ser tambi\u00e9n muy \u00edntimo y apurado. Porque cuanto m\u00e1s \u00edntima y esmerada y pura ha de ser y quedar la obra, tanto m\u00e1s \u00edntima, esmerada y pura ha de ser la labor&#8230; Y ni m\u00e1s ni menos, porque el alma ha de venir a poseer y gozar en el estado de perfecci\u00f3n, a que por medio de esta purgativa noche camina, de innumerables bienes de dones y virtudes\u00bb, primero conviene que se vea despejada&#8230;\u00abvac\u00eda y pobre de ellos; y le parezca que de ellos est\u00e1 tan lejos, que no se puede persuadir que jam\u00e1s ha de venir a ellos\u00bb (2N 9,9).<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><strong>b) Inflamaci\u00f3n de amor y transformaci\u00f3n<\/strong><br \/><br \/>En las angustias mortales de la noche del esp\u00edritu se han ido extinguiendo las imperfecciones del alma, de la manera como el madero se libra por medio del fuego de toda humedad y una vez seco puede \u00e9l mismo arder resplandeciente. El fuego que calienta el alma purific\u00e1ndola, y que luego la hace llamear, es el amor. As\u00ed se cumple lo que anunciaba el segundo verso de la canci\u00f3n de la noche: \u00abcon ansias en amores inflamada\u00bb. Es un amor apasionado, en el cual queda el alma inflamada. Mas es un inflamarse en el esp\u00edritu y tan distinto del que se excita en la parte sensitiva como la parte espiritual lo es de los sentidos. Es un amor infuso que se manifiesta m\u00e1s como pasivo que como activo; \u00aby va teniendo ya este amor algo de uni\u00f3n con Dios; y as\u00ed participa algo de sus propiedades\u00bb, esto es, que en el alma las acciones \u00abson m\u00e1s acciones de Dios que de la misma alma, las cu\u00e1les se sujetan en ella pasivamente, aunque el alma lo que aqu\u00ed hace es dar el consentimiento; mas al calor y fuerza, y temple y pasi\u00f3n de amor, o inflamaci\u00f3n&#8230; s\u00f3lo el amor de Dios que se va uniendo con ella se le pega\u00bb.<br \/><br \/>El alma se ha preparado maravillosamente para la uni\u00f3n por medio de la oscura purificaci\u00f3n. En este estado \u00abel alma ha de amar con gran fuerza de todas sus fuerzas y apetitos espirituales y sensitivos del alma\u00bb. Es una fuerte inflamaci\u00f3n de amor, \u00abdonde Dios tiene recogidas todas las fuerzas, potencias y apetitos del alma, as\u00ed espirituales como sensitivos, para que toda esta armon\u00eda emplee sus fuerzas y virtudes en este amor, y as\u00ed venga a cumplir de veras con el primer precepto\u00bb (Deuter 6,5). Cuando el alma se siente inflamada y herida de amor en tan extra\u00f1a manera y, sin embargo, se ve todav\u00eda sumida en tinieblas y dudas y carente de la dichosa posesi\u00f3n del amor, se despierta en ella el ansia que con todos sus apetitos la lleva hacia Dios. \u00abEn todas las cosas y pensamientos que en s\u00ed revuelve y en todos los negocios y casos que se le ofrecen ama de muchas maneras, y desea y padece en el deseo tambi\u00e9n a este modo de muchas maneras en todos los tiempos y lugares, no sosegando en cosa\u00bb. \u00abH\u00f3cese a esta alma todo angosto, no cabe en s\u00ed, no cabe en el cielo ni en la tierra y ll\u00e9nase de dolores hasta las tinieblas&#8230;, que hablando espiritualmente ya nuestro prop\u00f3sito, es un penar y padecer sin consuelo, y hasta de cierta esperanza de alguna luz y bien espiritual\u00bb.<br \/><br \/>El ansia y la pena crecen continuamente, de una parte, por las tinieblas espirituales en que se ve metida y, de otra, por el amor de Dios que la inflama. Sin embargo, en medio de este tormento siente en s\u00ed una fuerza que va decreciendo conforme se retira el peso de la tiniebla. Esto proviene de que esta fuerza del alma \u00abera pegada y comunicada pasivamente del fuego tenebroso de amor que en ella embest\u00eda; de aqu\u00ed es que en cesando de embestir en ella, cesan las tinieblas y la fuerza y calor de amor en el alma\u00bb (2N 11,7).<br \/><br \/>La purificaci\u00f3n del alma por medio de este fuego, oscuro, espiritual y amoroso, corresponde a la purificaci\u00f3n de las almas en la otra vida con fuego tenebroso y material. As\u00ed se alcanza la purificaci\u00f3n del coraz\u00f3n, que no es otra cosa sino el amor y la gracia divinas. Es la Sabidur\u00eda Divina que en la oscura contemplaci\u00f3n purifica e ilumina las almas. Es la misma sabidur\u00eda que a los \u00e1ngeles libra de la ignorancia. La misma luz divina que ilumina a los \u00e1ngeles, comenzando por las m\u00e1s altas jerarqu\u00edas de las que esta luz se deriva a las inferiores y de ellas, finalmente, desciende hasta los hombres. Porque la divina luz que ilumina el \u00e1ngel ilumina, esclareci\u00e9ndole y suaviz\u00e1ndole en amor, como a puro esp\u00edritu dispuesto para la tal infusi\u00f3n, al hombre por ser impuro y flaco naturalmente le ilumina&#8230;, oscureci\u00e9ndole, d\u00e1ndole pena y aprieto (como hace el sol al ojo enfermo, que le alumbra apasionada y aflictivamente), hasta que este mismo fuego de amor le espiritualice y sutilice, purific\u00e1ndole, para que con suavidad pueda recibir la uni\u00f3n\u00bb. Esta ansia amorosa no la siente siempre, ni de ordinario, al principio de la purificaci\u00f3n, sino despu\u00e9s de que el fuego divino la ha calentado ya durante alg\u00fan tiempo. Entretanto el entendimiento es iluminado por \u00abesta m\u00edstica y amorosa teolog\u00eda&#8230;tan sabrosa y divinamente, que ayuda&#8230; la voluntad se afervora maravillosamente, ardiendo en ella, y sin ella hacer nada, de este divino fuego de amor en vivas llamas, de manera que ya al alma le parece vivo fuego&#8230;, este encendimiento de amor con uni\u00f3n de estas dos potencias&#8230; es cosa de gran riqueza y deleite para el alma. Porque es cierto toque en la divinidad y ya principios de la perfecci\u00f3n de la uni\u00f3n de amor que espera\u00bb. En estas comunicaciones de la gracia puede suceder \u00abamar la voluntad sin entender el entendimiento; as\u00ed como el entendimiento puede entender sin que ame la voluntad; porque pues esta Noche Oscura de contemplaci\u00f3n consta de luz divina y amor, as\u00ed como el fuego tiene luz y calor, no es inconveniente, que cuando se comunica esta luz amorosa, algunas veces hiera m\u00e1s en la voluntad inflam\u00e1ndola con el amor, dejando a oscuras el entendimiento sin herir en \u00e9l con la luz; y otras, alumbr\u00e1ndole con la luz, dando inteligencia, dejando seca la voluntad&#8230;, y esto obr\u00e1ndolo el Se\u00f1or que infunde como quiere\u00bb (2N 12,7 cfr. 1Cor 12,11). Esto no est\u00e1 sujeto a las leyes de la psicolog\u00eda, porque \u00abpor v\u00eda natural es imposible amar si no se entiende primero lo que se ama; mas por v\u00eda sobrenatural bien puede Dios infundir amor y aumentarlo, sin infundir ni aumentar distinta inteligencia&#8230;, y esto experimentado est\u00e1 de muchos espirituales\u00bb.Y muchos \u00abque no tienen muy aventajado entendimiento acerca de Dios, suelen aventajarse en la voluntad, y b\u00e1stales de la fe infusa por ciencia del entendimiento, mediante la cual les infunde Dios caridad y se la aumenta, y el acto de ella que es amar m\u00e1s, aunque no se le aumente la noticia\u00bb (CE 26,8). Esto \u00faltimo naturalmente no ha de entenderse como si de ordinario la fe s\u00f3lo despertara amor sin comunicar conocimiento. Al contrario: por s\u00ed misma se dirige ante todo al entendimiento y le descubre la verdad divina. Pero esto acontece de forma oculta y no a la manera del conocimiento natural. Por ello no necesita siempre poner delante de los ojos una determinada verdad. Puede tambi\u00e9n llamarse fe el acto de entregarse a la realidad a la que se refieren todas las verdades de fe, es decir, a Dios, y de tal manera puede uno darse a El que no se piense en El a la luz de ninguna verdad de fe particular, sino que se entregue a El, el Incomprensible que encierra en s\u00ed la sustancia de todas las verdades de fe y est\u00e1 sobre todas ellas en su incomprensi\u00f3n, en tiniebla e indeterminaci\u00f3n. En este entregarse el alma se siente como asida por este Dios oscuro e incomprensible, y por ello esta oscura contemplaci\u00f3n, que Dios mismo comunica al alma le es a un mismo tiempo luz y amor; es \u00abconfusa y oscura para el entendimiento&#8230; Que como en el entendimiento, esa noticia que le infunde Dios es general y oscura, sin distinci\u00f3n de inteligencia, tambi\u00e9n la voluntad ama generalmente sin distinci\u00f3n alguna de cosa particular entendida\u00bb. \u00abMas a veces en esta delicada comunicaci\u00f3n se comunica Dios m\u00e1s y hiere m\u00e1s en la una potencia que en la otra, porque algunas veces se siente m\u00e1s la inteligencia que el amor, y otras veces m\u00e1s amor que inteligencia, y a veces tambi\u00e9n todo inteligencia, sin ning\u00fan amor, y a veces todo amor sin ninguna inteligencia&#8230;, porque se puede comunicar Dios en la una potencia sin la otra; y as\u00ed puede inflamar la voluntad con el toque del calor de su amor, aunque no entienda el entendimiento; bien como una persona podr\u00e1 ser calentada en el fuego, aunque no vea el fuego\u00bb (L 3,49).<br \/><br \/>Pero cuando este conocimiento secreto penetra en el alma, \u00aben medio de estas tinieblas es ilustrada el alma y luce la luz en las tinieblas (Jn 1,5)&#8230; con una serenidad y sencillez tan delgada y deleitable al sentido del alma, que no se le puede poner nombre, unas veces en una manera de sentir de Dios, otras en otra\u00bb. <br \/><br \/>El hecho de que, a pesar de hacerse al mismo tiempo la purificaci\u00f3n del entendimiento y la de la voluntad, se siente por lo com\u00fan antes en \u00e9sta como amor que en el entendimiento, como noticia se explica por la oposici\u00f3n del amor como pasi\u00f3n, y como acto libre de la voluntad. Aquella \u00abinflamaci\u00f3n de amor m\u00e1s es pasi\u00f3n de amor que acto libre de la voluntad, porque hiere en la sustancia del alma este calor de amor, y as\u00ed mueve las afecciones pasivamente. Y as\u00ed \u00e9sta antes se llama pasi\u00f3n de amor que acto libre de la voluntad; el cual en tanto se llama acto de la voluntad en cuanto es libre. Pero porque estas pasiones y afecciones se reducen a la voluntad, por eso se dice que si el alma est\u00e1 apasionada en alguna afecci\u00f3n, lo est\u00e1 la voluntad; y as\u00ed es la verdad, porque de esta manera se cautiva la voluntad y pierde su libertad, de manera que la lleva tras s\u00ed el \u00edmpetu y fuerza de la pasi\u00f3n; y por eso podemos decir que esta inflamaci\u00f3n de amor es en la voluntad, esto es, inflama el apetito de la voluntad; y as\u00ed \u00e9sta antes se llama, como decimos, pasi\u00f3n de amor que obra libre de la voluntad. Y porque la pasi\u00f3n receptiva del entendimiento s\u00f3lo puede recibir la inteligencia desnuda y pasivamente (y esto no puede sin estar purgado), por eso antes que lo est\u00e9, siente el alma menos el toque de inteligencia que el de la pasi\u00f3n de amor. Porque para esto no es menester que la voluntad est\u00e9 tan purgada acerca de las pasiones, pues que a\u00fan las pasiones le ayudan a sentir amor apasionado\u00bb.<br \/><br \/>\u00abEsta inflamaci\u00f3n y sed de amor, por ser ya aqu\u00ed del Esp\u00edritu Santo, es diferent\u00edsima de la otra que dijimos en la Noche del Sentido\u00bb. Se siente en el esp\u00edritu, aunque tambi\u00e9n el sentido toma parte. As\u00ed sucede que lo que el alma siente y aquello de que se ve privada le causa un tormento tan grande, que en su comparaci\u00f3n toda la pena del sentido es nada, a pesar de que tambi\u00e9n \u00e9sta es mucho mayor que en la primera Noche del Sentido pasada; \u00abporque en el interior conoce una falta de un gran bien, que con nada se puede remediar\u00bb. Ya a los comienzos de esta Noche del Esp\u00edritu, cuando a\u00fan \u00abno se siente esta inflamaci\u00f3n de amor, por no haber obrado este fuego de amor&#8230;, da desde luego Dios al alma un amor estimativo tan grande de Dios, que, como habernos dicho, todo lo m\u00e1s que padece y siente en los trabajos de esta noche, es ansia de pensar si tiene perdido a Dios y pensar si est\u00e1 dejada de El&#8230; Si entonces se pudiera certificar que no est\u00e1 todo perdido y acabado, sino que aquello que pasa es por mejor&#8230;, y que Dios no est\u00e1 enojado, no se le dar\u00eda nada de todas aquellas penas, antes se holgar\u00eda sabiendo que de ellos se sirve Dios. Porque es tan grande el amor de estimaci\u00f3n que tiene a Dios&#8230;, que holgar\u00eda mucho de morir muchas veces por satisfacerle. Pero cuando ya la llama ha inflamado al alma, juntamente con la estimaci\u00f3n que ya tiene de Dios, suele cobrar tal fuerza y br\u00edo y tal ansia por Dios, comunic\u00e1ndosela el calor de amor, que con grande osad\u00eda, sin mirar cosa alguna&#8230;, en la fuerza y embriaguez del amor y deseo&#8230;, har\u00e1 cosas extra\u00f1as e inusitadas&#8230;por poder encontrarse con el que ama su alma\u00bb.<br \/><br \/>Con los sufrimientos de la Noche del Esp\u00edritu \u00abse le renueva como al \u00e1guila su juventud\u00bb (Ef 4,24). El entendimiento humano, unido con el divino en la iluminaci\u00f3n sobrenatural, se hace divino; y lo mismo la voluntad en la uni\u00f3n con la voluntad divina, y el divino amor y la memoria y los apetitos y aficiones vueltos seg\u00fan Dios se transforman divinamente. \u00abY as\u00ed esta alma ser\u00e1 ya alma de cielo, celestial y m\u00e1s divina que humana\u00bb, por lo cual puede el alma al mirar atr\u00e1s hacia la noche exclamar: \u00ab\u00a1Oh dichosa ventura!\u00bb (2N 13,11). Ahora ya \u00absali\u00f3 sin ser notada, estando ya su casa sosegada\u00bb. Su casa, es decir, el modo natural de obrar del alma, sus deseos y afecciones, todas sus potencias. Estos son los criados que deben permanecer tranquilos para no ser obst\u00e1culos en el camino del amor. Ahora conoce que estaba \u00aba oscuras y encelada\u00bb. Todos los yerros le vienen al alma \u00abpor sus apetitos o sus gustos, o sus inteligencias o sus aficiones&#8230; De donde impedidas todas estas operaciones y movimientos, est\u00e1 claro que queda el alma segura de no errar en ellos porque no s\u00f3lo se libra de s\u00ed, sino tambi\u00e9n del&#8230; mundo y demonio, los cu\u00e1les, apagadas las aficiones y operaciones del alma, no le pueden hacer guerra por otra parte ni de otra manera\u00bb. Ahora ya no se pierden sus apetitos y potencias en cosas in\u00fatiles y peligrosas; y siente \u00abcuan segura est\u00e1&#8230; de vano y falso gozo y de otras muchas cosas&#8230;\u00bb; y \u00abpor ir a oscuras, no s\u00f3lo no va perdida sino aun muy ganada, pues aqu\u00ed va ganando las virtudes\u00bb (2N 16,3).<br \/><br \/>El que esta oscura noche quite al alma el gusto de las cosas buenas procede de que las potencias no purificadas del alma aun las cosas sobrenaturales no pueden recibirlas sino de manera ordinaria y natural, \u00abporque destetadas y purgadas y aniquiladas&#8230; pierdan aquel bajo y humano modo de obrar y recibir, sentir y gustar lo divino y sobrenatural alta y subidamente, lo cual no puede ser si primero no muere el hombre viejo. De aqu\u00ed es que todo lo espiritual, si de arriba no viene, comunicado del Padre de las lumbres sobre el albedr\u00edo y apetito humano, aunque m\u00e1s se ejercite el gusto y potencias del hombre con Dios, y por mucho que les parezca gustan de El, no le gustar\u00e1n divina y espiritualmente, sino humana y naturalmente, como gustan las dem\u00e1s cosas, porque los bienes no van del hombre a Dios, sino vienen de Dios al hombre; y as\u00ed hay muchas almas que encuentran mucho m\u00e1s gusto en Dios y en las cosas espirituales, y \u00abpensar\u00e1n que aquello es sobrenatural y espiritual y, por ventura, no son m\u00e1s que actos y apetitos naturales y humanos\u00bb. Por lo cual debe considerar el alma la aridez y oscuridad como dichosas se\u00f1ales de que Dios est\u00e1 all\u00ed para librarla de s\u00ed misma, \u00abquit\u00e1ndole de las manos la hacienda\u00bb. Es cierto que el alma podr\u00eda haber conseguido mucho, pero nunca hubiera realizado obra tan perfecta como ahora que Dios ha puesto su mano en ello. Porque le gu\u00eda como a un ciego por un camino oscuro, sin que sepa d\u00f3nde ni por d\u00f3nde, mas es un camino que, por bien que hubiera andado el alma, jam\u00e1s habr\u00eda podido encontrar ni caminar por \u00e9l \u00abpor sus ojos y pies\u00bb. Hace el alma grandes progresos, sin sospecharlo siquiera, antes pensando que va perdida.<br \/><br \/>Porque todav\u00eda no conoce el nuevo estado y ve tan s\u00f3lo \u00abque se pierde acerca de lo que sab\u00eda y gustaba\u00bb. S\u00f3lo mirando hacia atr\u00e1s conoce que va \u00aba oscuras y encelada\u00bb. Era m\u00e1s seguro camino porque era camino de padecer, \u00abporque el camino de padecer es m\u00e1s seguro y aun provechoso, que el de gozar y hacer&#8230;; porque en el padecer se le a\u00f1aden fuerzas de Dios, y en el hacer y gozar ejercita el alma sus flaquezas e imperfecciones. Y&#8230; porque en el padecer se van ejercitando y ganando las virtudes y purificando el alma, y haci\u00e9ndola m\u00e1s sabia y cauta&#8230; Pero, ante todo, la causa de la oscuridad consiste en la misma sabidur\u00eda oscura, \u00abporque de tal manera la absorbe y embebe en s\u00ed esta oscura Noche de contemplaci\u00f3n, y la pone tan cerca de Dios, que la ampara y libra de todo lo que no es Dios. Porque como est\u00e1 aqu\u00ed puesta en cura esta alma, para que consiga su salud, que es el mismo Dios, ti\u00e9nela su Majestad en dieta y abstinencia de todas las cosas, extragado el apetito para todas ellas\u00bb. Est\u00e1 el alma \u00aben el escondrijo de su rostro escondida de la turbaci\u00f3n de los hombres\u00bb (Sal 30,30), esto es, est\u00e1 con la oscura contemplaci\u00f3n fortalecida \u00abcontra todas las ocasiones que de parte de los hombres le pueden sobrevenir\u00bb.<br \/><br \/>Le da tambi\u00e9n seguridad \u00abla fortaleza que, desde luego, esta oscura, penosa y tenebrosa agua de Dios pone en el alma. Que al fin, aunque es tenebrosa, es agua, y por eso no ha de dejar de refeccionar y fortalecer al alma en lo que m\u00e1s le conviene&#8230; Porque, desde luego, ve el alma en s\u00ed una verdadera determinaci\u00f3n y eficacia de no hacer cosa que entienda ser ofensa de Dios, ni dejar de hacer lo que le parece cosa de su servicio. Porque aquel amor oscuro se le pega con un muy vigilante cuidado y solicitud interior de lo que har\u00e1 o dejar\u00e1 de hacer por El para contentarle&#8230; Aqu\u00ed todas las fuerzas y apetitos y potencias del alma, como est\u00e1n recogidas de todas las dem\u00e1s cosas, emplean su conato y fuerza s\u00f3lo en obsequio de su Dios\u00bb. De esta manera sale el alma de s\u00ed misma y de todas las cosas creadas y camina \u00aba oscuras y encelada\u00bb hacia la dulce y deleitosa uni\u00f3n \u00abpor la secreta escala disfrazada\u00bb (2N 16,14).<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><a id=\"CC321\"><\/a><strong>c) La secreta escala<\/strong><br \/><br \/>La escala secreta es la oscura contemplaci\u00f3n; secreta, por cuanto es teolog\u00eda m\u00edstica, que de misteriosa manera se le infunde al alma por medio del amor. C\u00f3mo suceda esto, \u00abno s\u00f3lo ella no lo entiende pero nadie, ni el mismo demonio. Por cuanto el maestro que la ense\u00f1a est\u00e1 dentro del alma sustancialmente, donde no puede llegar el demonio, ni el sentido natural, ni el entendimiento\u00bb. Es tambi\u00e9n esta sabidur\u00eda secreta y oculta a causa de sus efectos: en las tinieblas de aprietos de la purificaci\u00f3n como en la iluminaci\u00f3n que a ellas se sigue. El alma est\u00e1 incapacitada \u00abpara discernir y ponerle nombre para decirle, que de m\u00e1s que ninguna gana da al alma de decirlo, no halla modo ni manera, ni s\u00edmil que le cuadre, para poder significar inteligencia tan subida y sentimiento espiritual tan delicado&#8230; Bien as\u00ed como el que viese una cosa nunca vista, cuyo semejante tampoco nunca vio&#8230;; no la sabr\u00eda poner nombre ni decir lo que es, aunque m\u00e1s hiciese, y esto con ser cosa que la percibi\u00f3 con los sentidos \u00bfcu\u00e1nto menos, pues, se podr\u00e1 manifestar lo que no entr\u00f3 por ellos?\u00bb. All\u00ed habla Dios en la intimidad al alma en puro esp\u00edritu, anulando toda la capacidad de los sentidos interiores y exteriores y haci\u00e9ndolos enmudecer. Los sentidos no comprenden este lenguaje, ni pueden traducirlo, ni siquiera ganas sienten de decirlo.<br \/><br \/>Se llama tambi\u00e9n secreta la ciencia m\u00edstica, \u00abporque&#8230; tiene propiedad de esconder el alma en s\u00ed. Algunas veces de tal manera absorbe al alma y la sume en un abismo secreto, que ella echa de ver claramente que est\u00e1 puesta alejad\u00edsima y remot\u00edsima de toda criatura; de suerte que le parece que la colocan en una profunda y anch\u00edsima soledad, donde no puede llegar alguna humana criatura, como un inmenso desierto que por ninguna parte tiene fin, tanto m\u00e1s deleitoso, sabroso y amoroso, cuanto m\u00e1s profundo, ancho y s\u00f3lo, donde el alma se ve tan secreta cuanto se ve levantada sobre toda temporal criatura y tanto levanta y engrandece entonces este abismo de sabidur\u00eda al alma, meti\u00e9ndola en las venas de la ciencia de amor, que la hace conocer no solamente que va muy baja toda condici\u00f3n de criatura acerca de este supremo saber y sentir divino, sino tambi\u00e9n echa de ver cuan bajos y cortos y, en alguna manera impropios, son todos los t\u00e9rminos y vocablos con que en esta vida se trata de las cosas divinas, y c\u00f3mo es imposible por v\u00eda y modo natural&#8230; poder conocer y sentir de ellas como ellas son\u00bb. S\u00f3lo puede ser ilustrada acerca de esto por la m\u00edstica teolog\u00eda. \u00abComo son cosas no sabidas humanamente, has de caminar a ellas humanamente no sabiendo y divinamente ignorando. Porque hablando m\u00edsticamente&#8230;, las cosas y perfecciones divinas no se conocen ni entienden como ellas son, cuando las va buscando y ejercitando, sino cuando las tiene halladas y ejercitadas\u00bb. \u00abQue esta propiedad tienen los pasos y pisadas que Dios va dando en las almas que quiere llevar a s\u00ed, haci\u00e9ndolas grandes en la uni\u00f3n de su sabidur\u00eda, que no se conocen\u00bb (2N 17,8).<br \/><br \/>En la Canci\u00f3n de la Noche se llama a la oscura contemplaci\u00f3n escala; porque \u00abas\u00ed como con la escala se sube y se escalan los bienes y tesoros y cosas que hay en las fortalezas, as\u00ed tambi\u00e9n por esta secreta contemplaci\u00f3n, sin saberse c\u00f3mo, sube el alma a escalar, conocer y poseer los bienes y tesoros del cielo\u00bb. Es m\u00e1s: \u00abcomo la escala esos mismos pasos que tiene para subir, los tiene tambi\u00e9n para bajar, as\u00ed tambi\u00e9n esta secreta contemplaci\u00f3n, esas mismas comunicaciones que hace el alma, que la levantan en Dios, la humillan en s\u00ed mismo. Porque las comunicaciones que verdaderamente son de Dios, esta propiedad tienen, que de una vez humillan y levantan al alma\u00bb. En este camino experimenta el alma muchos altibajos. Tras la prosperidad \u00abluego sigue alguna tempestad y trabajo; tanto que parece que le dieron aquella bonanza para prevenirla y esforzarla para la siguiente penuria; como tambi\u00e9n despu\u00e9s de la miseria y tormenta se sigue abundancia y bonanza. De manera que le parece al alma que para hacerla aquella fiesta, la pusieron primero en aquella vigilia. Y este es el ordinario estilo y ejercicio del estado de contemplaci\u00f3n&#8230;, que nunca permanece en un estado, sino todo es subir y bajar. La causa de esto es que, como el estado de perfecci\u00f3n, que consiste en perfecto amor de Dios y desprecio de s\u00ed mismo, no puede estar sino con estas dos partes, que son conocimiento de Dios y de s\u00ed mismo, y de necesidad ha de ser ejercitada el alma primero en lo uno y en lo otro, d\u00e1ndole ahora a gustar lo uno engrandeci\u00e9ndola, y haci\u00e9ndola probar lo otro humill\u00e1ndola, hasta que, adquiridos los h\u00e1bitos perfectos, cese ya el subir y bajar, habiendo ya llegado y un\u00eddose con Dios, que est\u00e1 en el fin de esta escala, en quien la escala se arrima y estriba\u00bb.<br \/><br \/>Pero la principal raz\u00f3n porque esta contemplaci\u00f3n se llama escala es porque es \u00abciencia de amor, la cual es noticia infusa de Dios amorosa, y que juntamente va ilustrando y enamorando al alma, hasta subirla de grado en grado a Dios su creador. Porque s\u00f3lo el amor es el que une y junta al alma con Dios\u00bb. Los grados de esta escala (con San Bernardo y Santo Tom\u00e1s) los distinguiremos por sus efectos; \u00abporque conocerlos en s\u00ed, por cuanto esa escala de amor es&#8230; tan secreta, que s\u00f3lo Dios es el que la mide y pondera, no es posible por v\u00eda natural\u00bb (2N 18,5).<br \/><br \/>\u00abEl primer grado de amor hace enfermar al alma provechosamente&#8230; pero esta enfermedad no es de muerte, sino para gloria de Dios, porque en esta enfermedad desfallece el alma al pecado y a todas las cosas que no son Dios, por el mismo Dios&#8230;\u00bb.<br \/><br \/>\u00abEl segundo grado hace al alma buscar sin cesar a Dios&#8230; Aqu\u00ed en este grado tan sol\u00edcita anda el alma, que en todas las cosas busca al amado; en todo cuanto piensa, luego piensa en el amado; en cuanto habla, en todos cuantos negocios se ofrecen, luego es tratar y hablar del amado&#8230;\u00bb.<br \/><br \/>\u00abEl tercer grado de la escala amorosa es el que hace al alma obrar y le pone calor para no faltar&#8230; En este grado las obras grandes por el amado tiene por peque\u00f1as, las muchas por pocas, el largo tiempo que le sirve por corto, por el incendio de amor en que ya va ardiendo&#8230; Tiene el alma aqu\u00ed, por el grande amor que tiene a Dios, grandes l\u00e1stimas y penas de lo poco que hace por Dios; y le parece que vive de balde. Y de aqu\u00ed le nace otro efecto admirable, y es que se tiene por m\u00e1s mala averiguadamente para consigo que todas las otras almas&#8230; Porque como las obras que aqu\u00ed hace por Dios son muchas, y las conoce por faltas e imperfectas, de todas saca confusi\u00f3n y pena, conociendo tan baja manera de obrar para un tan alto Se\u00f1or&#8230;\u00bb.<br \/><br \/>\u00abEl cuarto grado&#8230; causa en el alma, por raz\u00f3n del amado, un ordinario sufrir sin fatigarse&#8230; El esp\u00edritu aqu\u00ed tiene tanta fuerza, que tiene tan sujeta a la carne y la tiene tan en poco como el \u00e1rbol a una de sus hojas. En ninguna manera aqu\u00ed el alma busca su consuelo ni gusto, ni en Dios ni en otra cosa, ni anda deseando ni pretendiendo pedir mercedes a Dios, porque ve claro que hartas le tienen hechas, y tiene todo su cuidado en c\u00f3mo podr\u00e1 dar gusto a Dios y servirle algo por lo que El merece y de El tiene recibido, aunque fuese muy a su costa&#8230; Harto levantado es este grado de amor; porque como aqu\u00ed el alma con tan verdadero amor se anda siempre tras Dios con esp\u00edritu de padecer por El, dale su Majestad muchas veces&#8230; el gozar, visit\u00e1ndola en el esp\u00edritu sabrosa y deleitablemente; porque el inmenso amor del Verbo Cristo no puede sufrir penas de su amante sin acudirle&#8230;\u00bb.<br \/><br \/>\u00abEl quinto grado&#8230; hace al alma apetecer y codiciar a Dios impacientemente. En este grado el amante tanta es la vehemencia que tiene por aprehender al amado y unirse con El, que toda dilaci\u00f3n por m\u00ednima que sea se le hace muy larga, molesta y pesada y siempre piensa que halla al amado&#8230; En este grado el amante no puede dejar de ver lo que ama, o morir\u00bb (2N 19,5).<br \/><br \/>\u00abEl sexto grado hace correr al alma ligeramente a Dios y dar muchos toques en \u00e9l. Y sin desfallecer corre por la esperanza; que aqu\u00ed el amor que la ha fortificado, la hace volar ligera\u00bb. La ligereza que aqu\u00ed se le comunica al alma proviene de que est\u00e1 muy dilatada en la caridad y es casi perfecta su purificaci\u00f3n de todas las cosas.<br \/><br \/>As\u00ed llega pronto al s\u00e9ptimo grado. En \u00e9ste el amor \u00abhace atrever al alma con vehemencia; aqu\u00ed el amor no se aprovecha del juicio para esperar, ni una del consejo para se retirar, ni con verg\u00fcenza se puede enfrenar&#8230; Estos alcanzan de Dios lo que con gusto le piden&#8230;\u00bb. \u00abDe esta osad\u00eda y mano que Dios le da al alma en este s\u00e9ptimo grado, para atreverse a Dios con vehemencia de amor, se sigue el octavo, que es hacer ella presa en el amado y unirse con El. Hall\u00e9 al que ama mi coraz\u00f3n y \u00e1nima, t\u00favole y no le soltar\u00e9\u00bb (Cant 4,3). \u00abEn este grado de uni\u00f3n satisface el alma su deseo, mas no de continuo, porque algunos llegan a poner el pie y luego le vuelven a quitar; que si&#8230;durasen en este grado, tendr\u00edan cierta manera de gloria en esta vida&#8230;\u00bb.<br \/><br \/>El nono grado de amor \u00abes el de los perfectos, los cuales arden ya en Dios suavemente. Porque este ardor suave y deleitoso les causa el Esp\u00edritu Santo por raz\u00f3n de la uni\u00f3n que tienen con Dios&#8230; De los bienes y riquezas de Dios que el alma goza en este grado no se puede hablar; porque si de ellos se escribiesen muchos libros, quedar\u00eda lo m\u00e1s por decir&#8230;\u00bb.<br \/><br \/>\u00abEl d\u00e9cimo y \u00faltimo grado de esta escala secreta del amor no pertenece ya a esta vida\u00bb. \u00abHace al alma asimilarse totalmente a Dios, por raz\u00f3n de la clara visi\u00f3n de Dios que luego posee inmediatamente el alma, que habiendo llegado en esta vida al nono grado, sale de la carne. Porque estos (que son pocos) por cuanto ya por el amor est\u00e1n purgad\u00edsimos, no entran en el purgatorio. De donde San Mateo dice: Beati mundo corde; quoniam ipsi Deum Videbunt (Mt 5,8). Esta visi\u00f3n es la causa de la similitud total del alma con Dios&#8230; No porque el alma se har\u00e1 tan capaz como Dios, porque eso es imposible, sino porque todo lo que ella es se har\u00e1 semejante a Dios; por lo cual se llamar\u00e1, y lo ser\u00e1. Dios por participaci\u00f3n&#8230;; mas en este \u00faltimo grado de clara visi\u00f3n, que es lo \u00faltimo de la escala donde estriba Dios, como ya dijimos, y no hay cosa para el alma encubierta&#8230; Pero hasta este d\u00eda, aunque el alma m\u00e1s alta vaya, le queda algo encubierto, y tanto, cuanto le falta para la asimilaci\u00f3n total con la divina esencia. De esta manera por esta teolog\u00eda m\u00edstica y amor secreto se va el alma saliendo de todas las cosas y de s\u00ed misma, y subiendo a Dios. Porque el amor es semejante al fuego, que siempre sube hacia arriba, con apetito de engolfarse en el centro de su esfera\u00bb (2N 20,6).<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><a id=\"CC210\"><\/a><strong>d) El vestido tricolor del alma<\/strong><br \/><br \/>El alma, conforme se ha dicho, sali\u00f3 disfrazada por la secreta escala. Disfrazarse significa ocultar su propio vestido y su propia figura bajo otra distinta y eso se hace \u00abpara ganar la gracia y voluntad de quien bien quiere; ahora tambi\u00e9n para encubrirse de sus \u00e9mulos, y as\u00ed poder hacer mejor su hecho. Y entonces aquellos trajes y librea toma que m\u00e1s represente y signifique la afici\u00f3n de su coraz\u00f3n, y con que mejor se pueda de sus contrarios disimular&#8230; El alma, pues, aqu\u00ed tocada del amor del Esposo Cristo&#8230;, sale disfrazada con aquel disfraz que m\u00e1s al vivo represente las aficiones de su esp\u00edritu y con que m\u00e1s segura vaya de sus adversarios&#8230;; demonio, mundo y carne\u00bb. Por esto tiene su librea tres colores fundamentales: blanco, verde y rojo, s\u00edmbolo de las tres virtudes teologales. Con ellos se gana el alma la complacencia de su amado y camina del todo segura de sus tres enemigos. \u00abPorque la fe es una t\u00fanica interior de una blancura tan levantada, que disgrega la vista de todo entendimiento. Y as\u00ed, yendo el alma vestida de fe, no ve ni atina el demonio a empecerla\u00bb. No puede darse mejor vestido que el blanco deslumbrante de la fe, fundamento para las dem\u00e1s virtudes, si se ha de ganar la benevolencia del Amado y alcanzar la uni\u00f3n. Este deslumbrante vestido blanco de la fe lleva el alma en la salida de la noche, mientras camina en medio de las tinieblas, y aprietos interiores de la noche oscura. No la tranquiliza ning\u00fan conocimiento natural, ni la anima ninguna iluminaci\u00f3n sobrenatural, porque el cielo le parece cerrado; pero \u00absufri\u00f3 con constancia y persever\u00f3, pasando por aquellos sin desfallecer y faltar al Amado\u00bb.<br \/><br \/>Sobre esta t\u00fanica blanca de la fe lleva el alma el verde corpino de la esperanza. En fuerza de esta virtud \u00abel alma se libra y ampara del segundo enemigo, que es el mundo. Porque esta verdura de esperanza viva en Dios da al alma una tal viveza y animosidad y levantamiento a las cosas de la vida eterna, que en comparaci\u00f3n de lo que all\u00ed espera, todo lo del mundo le parece (como es la verdad) seco y lacio y muerto y de ning\u00fan valor. Aqu\u00ed se desnuda y despoja de todas estas vestiduras y trajes del mundo, no poniendo su coraz\u00f3n en nada, ni esperando nada de lo que hay o ha de haber en \u00e9l, viviendo solamente vestida de esperanza de vida eterna. Por lo cual, teniendo el coraz\u00f3n tan levantado del mundo, no s\u00f3lo no le puede tocar y asir el coraz\u00f3n, pero ni alcanzarle de vista. Y as\u00ed con esta verde librea y disfraz va el alma muy segura de este segundo enemigo, que es el mundo\u00bb y \u00abes el oficio ordinario que hace la esperanza en el alma, levantar los ojos s\u00f3lo a mirar a Dios\u00bb, de manera que de ninguna otra parte espera bien alguno. En este vestido agrada al amado hasta tal punto que de \u00e9l alcanza cuanto espera. Sin esta librea de la esperanza no conseguir\u00e1 nada \u00abpor cuanto la que mueve y vence es la esperanza porfiada\u00bb.<br \/><br \/>\u00abSobre el blanco y verde, para el remate y perfecci\u00f3n de esta librea, lleva el alma aqu\u00ed el tercer color, que es una excelente toga colorada\u00bb s\u00edmbolo del amor. Por medio de ella \u00abno s\u00f3lo se ampara y encubre del tercer enemigo que es la carne (porque donde no hay verdadero amor de Dios, no entra amor de s\u00ed ni de sus cosas); pero a\u00fan hace p\u00e1lidas a las dem\u00e1s virtudes, d\u00e1ndoles vigor y fuerza, para amparar al alma, y grada y donaire para agradar al Amado con ellas; porque sin caridad ninguna virtud es graciosa delante de Dios\u00bb.<br \/><br \/>Esta es la vestidura por la cual el alma, en la noche de la fe, se levanta hacia Dios. Fe, esperanza y amor le proporcionan la adecuada preparaci\u00f3n para la uni\u00f3n. \u00abPorque la fe vac\u00eda y oscurece al entendimiento de toda su inteligencia natural, y en esto le dispone para unirle con la sabidur\u00eda divina. Y la esperanza vac\u00eda las aficiones y apetitos de la voluntad de cualquier cosa que no es Dios, y s\u00f3lo los pone en El&#8230; Y as\u00ed porque estas virtudes tienen por oficio apartar al ama de todo lo que es menos que Dios, lo tienen consiguientemente de juntarla con Dios\u00bb. Sin el traje de estas tres virtudes \u00abes imposible llegar a la perfecci\u00f3n de amor con Dios&#8230; Y tambi\u00e9n afin\u00e1rsele a vestir y perseverar con \u00e9l hasta conseguir pretensi\u00f3n y fin tan deseado como era la uni\u00f3n de amor, fue gran ventura\u00bb (2N 21,12).<br \/><br \/>Ahora est\u00e1 claro c\u00f3mo ha sido una gran ventura para el alma haber llevado a cabo tan gran obra; se ha librado del demonio, del mundo y de su propia sensibilidad, y ha ganado la preciosa libertad del esp\u00edritu, se ha trocado de alma terrena en celestial y ha conseguido que su vida sea divina (2N 22).<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><a id=\"CC198\"><\/a><strong>e) A oscuras y escondida en profunda paz<\/strong><br \/><br \/>Fue tambi\u00e9n una dicha que el alma pudiera salir \u00aba oscuras y encelada\u00bb. A oscuras camina m\u00e1s segura, libr\u00e1ndose de los m\u00e1s astutos planes y asechanzas del demonio. Como la contemplaci\u00f3n infusa se le ha comunicado de modo secreto y sin su cooperaci\u00f3n, todas las potencias de la parte sensible permanecen en tinieblas. El demonio no puede penetrar ni conocer \u00ablo que hay en el alma, y lo que en ella pasa. De donde, cuando la comunicaci\u00f3n es m\u00e1s espiritual, interior y remota de los sentidos, tanto menos alcanza el demonio a entenderla. Y as\u00ed es mucho lo que importa para la seguridad del alma, que el trato interior con Dios sea de manera que sus mismos sentidos de la parte interior queden a oscuras y ayunos de ello y no lo alcancen&#8230;, porque haya lugar que la comunicaci\u00f3n espiritual sea m\u00e1s abundante, no impidiendo la flaqueza de la parte sensitiva la libertad del esp\u00edritu\u00bb. De esta manera estar\u00e1 segura contra el enemigo malo.<br \/><br \/>Lo que sucede en la parte superior del alma debe pasar inadvertido: \u00absea s\u00f3lo secreto ente el esp\u00edritu y Dios\u00bb. A veces puede el demonio deducir las comunicaciones internas y espirituales que acaecen en el alma \u00abpor la gran pausa y silencio que causan algunas de ellas en los sentidos y potencias de la parte sensitiva. Por aqu\u00ed echa de ver que las hay, y que recibe el alma alg\u00fan gran bien. Y entonces, como ve que no puede alcanzar a contradecirlas al fondo del alma, hace cuanto puede por alborotar y turbar la parte sensitiva, que es donde alcanza, ahora con dolores, ahora con horrores y miedos, con intento de inquietar y turbar por este medio a la parte superior y espiritual del alma, acerca de aquel bien que entonces recibe y goza. Pero muchas veces cuando la comunicaci\u00f3n de tal contemplaci\u00f3n tiene su puro embestimiento en el esp\u00edritu y hace fuerza en \u00e9l, no le aprovecha al demonio su diligencia, para desquietarle, antes entonces el alma recibe nuevo provecho y amor y m\u00e1s segura paz; porque en sintiendo la turbadora presencia del enemigo, \u00a1cosa admirable!, que sin saber c\u00f3mo es aquello y sin ella hacer nada de su parte, se entra ella m\u00e1s adentro del fondo interior, sintiendo muy bien que se pone en cierto refugio, donde se ve estar m\u00e1s alejada y escondida del enemigo&#8230; Y entonces todo aquel temor le cae por de fuera, sinti\u00e9ndolo ella claramente y holg\u00e1ndose de verse tan a lo seguro gozar de aquella quieta paz y sabor del esposo en escondido, que ni mundo ni demonio pueden dar ni quitar\u00bb.<br \/><br \/>\u00abOtras veces, cuando la comunicaci\u00f3n espiritual no comunica mucho con el esp\u00edritu, sino que participa en el sentido, con m\u00e1s facilidad alcanza el demonio a turbar el esp\u00edritu, y algunas veces m\u00e1s de lo que se puede decir; porque como va de esp\u00edritu a esp\u00edritu desnudamente, es intolerable el horror que causa el malo en el bueno, digo en el del \u00e1nima, cuando le alcanza su alboroto&#8230; Otras veces acaece, cuando es por medio del \u00e1ngel bueno, que algunas veces el demonio echa de ver algunas mercedes que Dios quiere hacer al alma; porque las que son por medio del \u00e1ngel bueno, ordinariamente permite Dios que las entienda el adversario; lo uno para que haga contra ellas lo que pudiere, seg\u00fan la proporci\u00f3n de la justicia, y as\u00ed no pueda el demonio alegar de su derecho, diciendo que no le dan lugar para conquistar al alma&#8230;; lo cual ser\u00eda si no le dejase Dios lugar a que hubiese cierta paridad en los dos guerreros, conviene a saber, el \u00e1ngel bueno y el malo, acerca del alma, y as\u00ed la victoria de cualquiera sea m\u00e1s estimada y el alma victoriosa y fiel en la tentaci\u00f3n sea m\u00e1s premiada. Esta es la causa porque&#8230; Dios&#8230; da licencia al demonio para que de esa misma manera se haya \u00e9l con el alma\u00bb.<br \/><br \/>Si por medio del \u00e1ngel bueno se le comunican visiones verdaderas puede tambi\u00e9n representar falsas el mal esp\u00edritu y tan semejantes a las verdaderas, que f\u00e1cilmente puede ser el alma enga\u00f1ada. Asimismo puede imitar las comunicaciones espirituales que por medio del buen \u00e1ngel se le transmiten. Pero no puede hacer esto con las comunicaciones espirituales que no tienen forma ni figura. \u00abY as\u00ed para impugnarla, al mismo modo que el alma es visitada, repres\u00e9ntala su temeroso esp\u00edritu, para impugnar y destruir espiritual con espiritual. Cuando esto acaece as\u00ed al tiempo que el \u00e1ngel bueno va a comunicar al alma la espiritual contemplaci\u00f3n, no puede el alma ponerse tan presto en lo escondido y celado de la contemplaci\u00f3n, que no sea notada del demonio y la alcance de vista con alg\u00fan horror y entonces algunas veces se puede el alma despedir presto, sin que haya lugar de hacer en ella impresi\u00f3n el dicho horror del esp\u00edritu malo; y se recoge dentro de s\u00ed favorecida para esto de la eficaz merced que el \u00e1ngel bueno entonces le hace\u00bb.<br \/><br \/>\u00abOtras veces prevalece el demonio y comprende la turbaci\u00f3n y horror, lo cual es al alma de mayor pena que ning\u00fan tormento de esta vida le pod\u00eda ser, porque como esta horrenda comunicaci\u00f3n va de esp\u00edritu a esp\u00edritu algo desnuda y claramente de todo lo que es cuerpo, es penosa sobre todo sentido&#8230; Todo esto que aqu\u00ed habernos dicho pasa en el alma pasivamente, sin ser ella parte en hacer ni deshacer acerca de ello\u00bb. Los horrores pasados la han preparado en gran manera para recibir esto, \u00abpara purificarla y disponerla con esta vigilia espiritual para alguna gran fiesta y merced espiritual&#8230; conforme a la purgaci\u00f3n tenebrosa y horrible que padeci\u00f3, goza de admirable y sabrosa contemplaci\u00f3n espiritual, a veces tan subida, que no hay lenguaje para ella&#8230;, porque estas visiones espirituales m\u00e1s son de la otra vida que de \u00e9sta, y cuando se ve una dispone para otra\u00bb. Esto es solamente aplicable a las gracias que se comunican por medio de los \u00e1ngeles. Mas cuando es Dios mismo el que visita al alma permanece del todo \u00aba oscuras y encelada\u00bb, porque \u00abcomo su Majestad mora esencialmente en el alma, donde ni el \u00e1ngel ni el demonio pueden llegar a entender lo que pasa, no pueden conocer las \u00edntimas y secretas comunicaciones que entre ella y Dios all\u00ed pasan. Estas&#8230; totalmente son divinas y soberanas, porque todo son toques sustanciales de divina uni\u00f3n entre el alma y Dios; en uno de los cu\u00e1les, por ser \u00e9ste el m\u00e1s alto grado de oraci\u00f3n que hay, recibe el alma mayor bien que en todo el resto&#8230;\u00bb.<br \/><br \/>Por esta raz\u00f3n \u00abel alma estima y codicia un toque de esta divinidad m\u00e1s que todas las mercedes que Dios le hace&#8230; Cuando acaece que aquellas mercedes se le hacen en el alma encelada, que es s\u00f3lo, como habernos dicho, en esp\u00edritu, suele en algunas de ellas el alma verse sin saber c\u00f3mo es aquello, tan apartada y alejada seg\u00fan la parte superior de la porci\u00f3n inferior y sensitiva, que conoce en s\u00ed dos partes tan distintas entre s\u00ed, que le parece no tiene que ver la una con la otra, pareci\u00e9ndole que est\u00e1 muy remota y apartada de la una. Y a la verdad, en cierta manera as\u00ed lo est\u00e1; porque seg\u00fan la operaci\u00f3n que entonces obra, que es toda espiritual, no comunica en la parte sensitiva. De esta suerte se va haciendo el alma toda espiritual; y en este escondrijo de contemplaci\u00f3n unitiva se le acaban por sus t\u00e9rminos de quitar las pasiones y apetitos espirituales en mucho grado\u00bb. Y esto mueve al alma a cantar refiri\u00e9ndose a su parte espiritual: \u00abestando ya mi casa sosegada\u00bb (2N 23,14).<br \/><br \/>Quiere con ello decir: \u00abestando la porci\u00f3n superior de mi alma ya tambi\u00e9n como la inferior sosegada seg\u00fan sus apetitos y potencias, sal\u00ed a la divina uni\u00f3n de amor de Dios\u00bb. Tanto la parte sensitiva como la espiritual han sido atacadas en la Noche Oscura y ambas deben ser puestas en paz y sosiego con todas sus potencias y pasiones. Por ello repite dos veces este verso. \u00abEste sosiego y quietud de esa casa espiritual viene a conseguir el alma, habitual y perfectamente (seg\u00fan esta condici\u00f3n de vida sufre), por medio de los actos, como sustanciales, de divina uni\u00f3n\u00bb. Por medio de ellos el alma se ha purificado, sosegado y fortalecido para alcanzar aquella uni\u00f3n, \u00abque es el desposorio divino entre el alma y el Hijo de Dios. El cual, luego que estas dos casas del alma se acaban de sosegar y fortalecer en uno con todos sus dom\u00e9sticos de potencias y apetitos, poni\u00e9ndolas en sue\u00f1o y silencio acerca de todas las cosas de arriba y de abajo, inmediatamente esta divina sabidur\u00eda se une en el alma con un nuevo nudo de posesi\u00f3n de amor&#8230; No se puede venir a esta uni\u00f3n sin gran pureza&#8230; El que rehusare salir en la noche ya dicha a buscar al amado, y ser desnudado de su voluntad, y ser mortificado, sino que en su lecho y acomodamiento le busca&#8230;, no llegar\u00e1 a hallarle\u00bb (2N 24,4).<br \/><br \/>En la dichosa noche fue agraciada el alma con la sosegada y oscura contemplaci\u00f3n que para la parte sensitiva es tan ajena e incomprensible, que ninguna criatura puede ponerse en contacto con ella y apartarla del camino de la uni\u00f3n de amor. Mediante las tinieblas espirituales de esta noche quedan todas las potencias superiores a oscuras. De esta manera no puede conocer nada ni se le ofrece cosa alguna fuera de Dios que le sea dado alcanzar. Queda libre de todas las formas, im\u00e1genes y noticias que pueden ser obst\u00e1culo para la uni\u00f3n con Dios. No puede ya apoyarse en ninguna iluminaci\u00f3n del entendimiento ni en gu\u00eda o director alguno para encontrar consuelo y satisfacci\u00f3n, \u00abporque el amor s\u00f3lo que en este tiempo arde, solicitando el coraz\u00f3n por el amado, es el que mueve y gu\u00eda al alma entonces, y la hace volar a su Dios por el camino de la soledad, sin ella saber c\u00f3mo ni de qu\u00e9 manera\u00bb (2N 25,4).<br \/><br \/>Aqu\u00ed termina bruscamente el tratado de la Noche Oscura. de ocho estrofas que tiene la canci\u00f3n s\u00f3lo dos han sido explicadas. Esta explicaci\u00f3n tiene para nosotros una doble significaci\u00f3n: nos da una m\u00e1s amplia informaci\u00f3n sobre la sustancia del esp\u00edritu y nos muestra que la contemplaci\u00f3n oscura es a un tiempo muerte y resurrecci\u00f3n a una nueva vida.<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><a id=\"CC566\"><\/a><strong>El alma en el reino del esp\u00edritu y de los esp\u00edritus<\/strong><br \/><br \/><a id=\"CC577\"><\/a><strong>a) Estructura del alma-Esp\u00edritu de Dios y esp\u00edritus creados<\/strong><br \/><br \/>El alma se encuentra, en cuanto esp\u00edritu, en el reino del esp\u00edritu y de los esp\u00edritus. Est\u00e1 constituida con su propia peculiaridad individual; no es solamente forma viviente de un cuerpo, elemento interior de algo externo, sino que en s\u00ed misma lleva la oposici\u00f3n entre algo interno y externo. El alma se encuentra propiamente en su casa cuando est\u00e1 en su parte m\u00e1s \u00edntima, en la sustancia o en lo m\u00e1s profundo de su ser. A trav\u00e9s de la actividad de sus potencias, sale de s\u00ed misma para encontrarse con el mundo exterior, en una actividad puramente sensible y que est\u00e1 por debajo de s\u00ed misma. Esto en busca de lo cual sale el alma, la introduce dentro de s\u00ed y queda de ello prendada; la determina en su acci\u00f3n y pasi\u00f3n y en cierto sentido limita su libertad. No puede penetrar en su intimidad, pero puede mantenerla alejada de ella. En su elevaci\u00f3n hacia Dios el alma se levanta o es levantada sobre s\u00ed misma, y s\u00f3lo cuando esto acaece consigue propiamente penetrar en su interior. Esto puede parecer paradoja; sin embargo, responde a la realidad y se funda en la relaci\u00f3n que existe entre el reino del esp\u00edritu y Dios.<br \/><br \/>Dios es esp\u00edritu puro y prototipo de todo ser espiritual. Por ello s\u00f3lo partiendo de Dios puede entenderse rectamente qu\u00e9 sea un esp\u00edritu, esto es, que es un misterio que continuamente nos atrae, porque es el misterio de nuestro propio ser. Tenemos un cierto acceso a \u00e9l, por cuanto nuestro propio ser es tambi\u00e9n espiritual. Y todos los seres pueden a \u00e9l encaminarnos, ya que todos tienen algo de espiritual, en cuanto pueden ser conocidos y comprendidos por el esp\u00edritu. Pero se descubre m\u00e1s profundamente en proporci\u00f3n a nuestro conocimiento de Dios, sin que llegue jam\u00e1s a ser completamente desvelado, es decir, sin que deje de ser misterio.<br \/><br \/>El esp\u00edritu de Dios es perfectamente comprensible para si mismo, y puede con plena libertad disponer de s\u00ed (en la infinitud que encierra el ser que es); libremente sale de s\u00ed mismo permaneciendo, no obstante, en s\u00ed. Saca de s\u00ed todos los seres, los comprende, los penetra y los domina. El esp\u00edritu creado no es m\u00e1s que una limitada imagen de Dios en todos sus aspectos; en cuanto imagen, semejante a Dios, en cuanto limitada, contraria a El; tiene m\u00e1s o menos capacidad para la capacidad receptiva de Dios, que en su m\u00e1s elevada forma implica la posibilidad de una uni\u00f3n con Dios por medio de una libre y mutua entrega.<br \/><br \/>Hablamos de un reino del esp\u00edritu y de los esp\u00edritus, porque todos los esp\u00edritus tienen por lo menos posibilidad de relacionarse y forman parte de un todo. Lo llamamos reino del esp\u00edritu, porque el esp\u00edritu abarca m\u00e1s que todos los esp\u00edritus, a saber, todo lo espiritual, en lo cual en cierta manera se comprende todo lo existente. A\u00f1adimos de \u00ablos esp\u00edritus\u00bb, porque ni este reino, los esp\u00edritus, es decir, las sustancias con entidad personal y espiritual, juegan un papel important\u00edsimo.<br \/><br \/>En la c\u00faspide de este reino est\u00e1 Dios, que sobrepuja infinitamente todo lo espiritual y a todos los esp\u00edritus. A El no ruede subir un esp\u00edritu creado m\u00e1s que levant\u00e1ndose sobre s\u00ed mismo. Mas por cuanto Dios da el ser y lo conserva a todos los seres, es Dios el fundamento que a todos los sustenta. El que sube hasta El, baja al mismo tiempo hasta su m\u00e1s seguro centro de gravedad.<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><a id=\"CC588\"><\/a><strong>b) Comunicaci\u00f3n del alma con Dios y con los esp\u00edritus creados<\/strong><br \/><br \/>El Santo llama a Dios centro del alma, sirvi\u00e9ndose de una imagen espacial tomada de las ciencias naturales, conforme se encontraban en su tiempo (LB 1,10-12). Seg\u00fan \u00e9stas, los cuerpos son atra\u00eddos con todas sus fuerzas hacia el centro de la tierra como hacia el punto de su mayor atracci\u00f3n. Una piedra se encontrar\u00eda en cierta manera en su centro en el interior de la tierra, pero no estar\u00eda por ello s\u00f3lo en su m\u00e1s profundo centro, porque a\u00fan tiene facultad, fuerza e inclinaci\u00f3n para caer m\u00e1s profundamente mientras no se encuentra en el centro de la tierra.<br \/><br \/>As\u00ed tambi\u00e9n el alma encuentra su \u00faltimo y m\u00e1s profundo centro en Dios \u00abcuando con todas sus fuerzas entienda y ame y goce a Dios\u00bb. Nunca acontece esto perfectamente en esta vida. Por m\u00e1s que con la divina gracia se encuentre ya en su centro, no es \u00e9ste el m\u00e1s profundo centro porque siempre podr\u00e1 adentrarse m\u00e1s profundamente en Dios, ya que la fuerza que le empuja hacia Dios es el amor y \u00e9ste puede siempre alcanzar mayor grado de intensidad mientras vivimos en la tierra. Cuando este grado es m\u00e1s alto, m\u00e1s profundamente est\u00e1 anclado en el alma y m\u00e1s \u00edntimamente est\u00e1 el alma asida de Dios. El alma sube a Dios, es decir, alcanza la uni\u00f3n con El por los grados de la escala del amor. Cuanto m\u00e1s se eleva hacia Dios, m\u00e1s profundamente baja dentro de s\u00ed, porque la uni\u00f3n con Dios se realiza en lo interior del alma, en su m\u00e1s profundo seno. Esto puede parecer parad\u00f3jico; mas para comprenderlo hay que tener en cuenta que se trata de im\u00e1genes espaciales, que se aclaran mutuamente y sirven para expresar algo que est\u00e1 fuera del espacio y que no puede ser representado por nada que se encuentre dentro del \u00e1mbito de la experiencia natural.<br \/><br \/>Mora Dios en lo \u00edntimo del alma y no se le oculta nada de cuanto hay en ella. Por el contrario, ning\u00fan esp\u00edritu creado puede adentrarse en este huerto cerrado y ni siquiera penetrar en \u00e9l con su mirada. Por esp\u00edritus creados se entienden los buenos y malos esp\u00edritus (llamados tambi\u00e9n esp\u00edritus puros porque carecen de cuerpo) y las almas humanas. Poco es lo que hablamos en la doctrina del Santo relativo a la comunicaci\u00f3n de las almas entre s\u00ed. Hay una sola relaci\u00f3n humana de que trata con alguna detenci\u00f3n: la de las almas espirituales con su director. M\u00e1s tampoco se interesa en se\u00f1alar los medios por los que se establece esa comunicaci\u00f3n. Tan s\u00f3lo una vez hace la advertencia de que el hombre, a quien le ha sido otorgada la gracia de la discreci\u00f3n de esp\u00edritus, puede conocer por peque\u00f1os indicios externos lo que acontece en el interior de los dem\u00e1s (2S 26,14). Ah\u00ed est\u00e1 se\u00f1alado el camino normal que lleva al conocimiento del alma del pr\u00f3jimo, partiendo de las manifestaciones sensibles de su vida an\u00edmica, penetrando tan adentro como le permita su apertura \u00edntima. Porque al salir al exterior estos brotes de lo \u00edntimo del alma, en los gestos, interjecciones y palabras, as\u00ed como en las ocasiones y obras, llevan consigo algo que arranca del interior queri\u00e9ndolo o no, consciente o inconscientemente, y que por su medio se manifiesta. De aqu\u00ed que no puede ser nada bien definido, nada que se comprenda con seguridad y distintamente, y si s\u00f3lo se manifiesta por medios naturales y no va acompa\u00f1ado de la iluminaci\u00f3n divina, quedar\u00e1 m\u00e1s bien como algo secreto y misterioso. Y cuando el interior queda cerrado, ninguna mirada humana puede penetrar en \u00e9l.<br \/><br \/>El alma no s\u00f3lo est\u00e1 en relaci\u00f3n con sus semejantes, sino tambi\u00e9n con los esp\u00edritus puros creados, malos y buenos. San Juan de la Cruz afirma, siguiendo al Areopagita, que al hombre se le comunican las iluminaciones divinas por medio de los \u00e1ngeles. Es cierto que para \u00e9l no es el \u00fanico medio de comunicaci\u00f3n ese descender de la gracia divina pasando por todos los grados de la Jerarqu\u00eda Celeste. Conoce una uni\u00f3n inmediata de Dios con el alma y a ella es precisamente adonde quiere conducir a las almas. El Santo da m\u00e1s importancia a las asechanzas del demonio que a la acci\u00f3n de los \u00e1ngeles. Ve continuamente a los demonios rondando en torno a las almas para desviarlas del camino de Dios. \u00bfQu\u00e9 posibilidades de comunicaci\u00f3n existen entre las almas y los esp\u00edritus puros o incorp\u00f3reos? Tambi\u00e9n aqu\u00ed hay una posible v\u00eda de comunicaci\u00f3n a trav\u00e9s de formas corporales y otras manifestaciones sensibles. Y eso, por cuanto los puros esp\u00edritus tienen facultad para entenderse con los hombres, apareciendo en formas visibles o d\u00e1ndose a conocer por medio de palabras perceptibles al o\u00eddo. M\u00e1s \u00e9ste es un camino peligroso, y expuesto a muchos enga\u00f1os y errores. Puede atribuirse a apariciones de los esp\u00edritus lo que no es m\u00e1s que un enga\u00f1o de los sentidos o creaci\u00f3n de la fantas\u00eda: el demonio puede aparecer revestido de \u00e1ngel de luz para enga\u00f1ar m\u00e1s f\u00e1cilmente. Y, por el contrario, puede tambi\u00e9n el alma, por temor de tales enga\u00f1os, rechazar como enga\u00f1o del demonio o de los sentidos aut\u00e9nticas apariciones celestiales.<br \/><br \/>Por otra parte, las manifestaciones sensibles pueden servir a los esp\u00edritus puros de medio para penetrar en el interior del alma. Las narraciones de los libros de Job y de Tob\u00edas no pueden ser explicadas m\u00e1s que admitiendo que el demonio y el \u00e1ngel observan y vigilan la conducta exterior de los hombres. Es doctrina de fe que los \u00e1ngeles tienen conocimiento del mundo sensible y con ello tambi\u00e9n del exterior del hombre, ya que esto se presupone en el servicio que, seg\u00fan la fe, prestan al hombre.<br \/><br \/>El que para ello no se necesita de los sentidos exteriores es una prueba de que, adem\u00e1s de esta clase de conocimiento sensible, existen otras posibilidades para conocer la naturaleza corporal, de que hay \u00abun conocimiento de lo sensible sin los sentidos\u00bb. No es nuestra intenci\u00f3n investigar aqu\u00ed estas posibilidades. Pero, en todo caso, no es lo exterior el \u00fanico camino para penetrar en la vida interior. Tambi\u00e9n son perceptibles para los esp\u00edritus las palabras y manifestaciones espirituales interiores. El \u00c1ngel de la guarda \u00aboye\u00bb la oraci\u00f3n que sin ruido de palabras fluye del coraz\u00f3n. El enemigo malo observa ciertos movimientos del alma, que le dan pretexto para sus sugestiones. Y los esp\u00edritus tienen, por su parte, la posibilidad de hacerse perceptibles a las almas por medios espirituales: a trav\u00e9s de palabras calladas que, sin intermedio de los sentidos exteriores, hablan en lo interior y en lo interior son escuchadas, o por medio de operaciones que uno advierte en s\u00ed mismo pero como producidas desde fuera de s\u00ed, por ejemplo, cambios en la disposici\u00f3n de \u00e1nimo, impulsos de la voluntad que no tienen explicaci\u00f3n si los examinamos desde el punto de vista de la propia experiencia personal. Lo que no cae bajo los sentidos exteriores no por ello est\u00e1 completamente libre de toda perceptibilidad y por ello no puede considerarse, sin m\u00e1s como puramente espiritual, en el sentido que San Juan de la Cruz da a esta expresi\u00f3n. Ciertamente designa a la memoria, al entendimiento y a la voluntad con el nombre de potencias espirituales, pero su actividad natural est\u00e1 ligada en esta vida a los sentidos y es por ello vida sensitiva; puramente espiritual es solamente aquello que tiene lugar en lo m\u00e1s profundo del coraz\u00f3n, la vida del alma desde Dios y en Dios (LB 2,32-36). Aqu\u00ed no tienen posibilidad de entrada los esp\u00edritus creados. Los pensamientos del coraz\u00f3n les est\u00e1n ocultos naturalmente, pero, naturalmente tambi\u00e9n, puede Dios manifest\u00e1rselos.<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><a id=\"CC599\"><\/a><strong>c) El m\u00e1s profundo centro del alma y los pensamientos del coraz\u00f3n<\/strong><br \/><br \/>Los pensamientos del coraz\u00f3n pertenecen a la vida Fontal del alma, a su ser m\u00e1s profundo, a una profundidad anterior a su divisi\u00f3n en distintas potencias y artos. El alma vive en estas profundidades tal como es en s\u00ed, al margen de todo lo que en ella se ha producido al contarte con las criaturas. Como esta parte \u00edntima es la morada de Dios y el lugar donde se realiza la uni\u00f3n del alma con El, resulta que es aqu\u00ed donde brota la vida propia, antes de que comience la vida de uni\u00f3n; y esto aun en las almas que nunca llegar\u00e1n a la uni\u00f3n. Toda alma tiene una parte m\u00e1s \u00edntima cuya esencia es su vida. Pero esta vida fontal no s\u00f3lo est\u00e1 oculta a los dem\u00e1s esp\u00edritus, sino que el alma misma desconoce su existencia. Varios son los motivos que explican esto. Ante todo, el hecho de que la vida primaria es informe. Los pensamientos del coraz\u00f3n no son pensamientos en el sentido corriente, no se trata de conceptos bien delimitados, coordinados e inteligibles del entendimiento que piensa. Antes de que lleguen a convertirse en tales, han de atravesar diversos estratos de formaci\u00f3n. Ante todo, han de brotar del coraz\u00f3n. Despu\u00e9s llegan a un primer umbral en el que se hacen perceptibles. Esta percepci\u00f3n es una manera de conciencia mucho m\u00e1s primitiva que el conocimiento intelectual. Es anterior tambi\u00e9n a la divisi\u00f3n de potencias y artos. Le falta la claridad del puro conocimiento intelectual y, por otra parte, es m\u00e1s rica que \u00e9l. Lo que brota de esta percepci\u00f3n se presenta bajo tales condiciones que el alma se ve obligada a decidirse a permitir su desarrollo o impedirlo.<br \/><br \/>Conviene notar aqu\u00ed que lo que de esta manera puramente natural se presente a la percepci\u00f3n, no es todav\u00eda la pura vida interior del alma, porque no pasa de ser la respuesta a algo que la ha puesto en movimiento. Pero esto nos llevar\u00eda a tratar un tema del que no queremos ocuparnos aqu\u00ed. En ese umbral en que se experimentan los \u00edmpetus nacientes, comienza la divisi\u00f3n gen\u00e9rica de las facultades cognoscitivas y la formaci\u00f3n de conceptos comprensibles; entre ellos se cuentan los pensamientos elaborados por el entendimiento con su divisi\u00f3n racional (se trata de las palabras interiores, a las que responden las palabras exteriores), los movimientos del esp\u00edritu y determinaciones de la voluntad, que como potencias operativas forman parte de la estructura del alma. Aqu\u00ed ya no entendemos por vida del alma la vida primera elemental en su profundidad, sino algo que pueda ser captado en la percepci\u00f3n interior. Y la percepci\u00f3n interior es una manera de comprensi\u00f3n muy distinta de aquella primera que no pasaba de ser un simple rastrear lo que brotaba de las profundidades del alma. Se diferencia tambi\u00e9n de la aparici\u00f3n de un concepto ya formado, que se conserv\u00f3 en la memoria y que vuelve a cobrar vida de nuevo.<br \/><br \/>En realidad uno no se da cuenta de todo lo que brota del alma. Muchas veces se desarrolla y se transforma en palabras interiores o exteriores, en deseos, en voliciones y en actos, \u00abantes de que uno pueda darse perfecta cuenta\u00bb. S\u00f3lo quien vive plenamente recogido en su interior, es capaz de vigilar con fidelidad sobre todo los primeros movimientos.<br \/><br \/>Con ello llegamos a un segundo motivo que explica por qu\u00e9 est\u00e1 oculto su interior para el hombre. Ya hemos dicho antes que cuando el alma est\u00e1 recogida en su interior es cuando propiamente se encuentra en su casa. Pero -por extra\u00f1o que parezca- por lo regular el alma no est\u00e1 en casa. Hay muy pocas almas que viven en su interior y de su interior; y todav\u00eda muchas menos las que viven as\u00ed de una manera permanente. Naturalmente -es decir, conforme a la naturaleza ca\u00edda- se quedan las almas en las estancias exteriores del Castillo de sus almas. Lo que de fuera les viene las empuja a salir y es preciso que Dios las llame e impulse perceptiblemente \u00aba hacer en s\u00ed mismas su morada\u00bb.<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><a id=\"CC233\"><\/a><strong>d) El alma, el yo y la libertad<\/strong><br \/><br \/>Importa extraer la idea, lo m\u00e1s inmaterializada y decantada de especies imaginarias posible, que expresan estas im\u00e1genes espaciales. Son im\u00e1genes de las que apenas podemos prescindir. Pero se prestan a ser tomadas en varios sentidos y a interpretaciones err\u00f3neas. Lo que al alma llega desde fuera pertenece al mundo exterior, con lo cual designamos algo que no pertenece al alma misma y a\u00fan generalmente lo que no pertenece al cuerpo que ella anima; ya que tambi\u00e9n el cuerpo, aunque se considera como el contorno exterior del alma, forma con \u00e9sta un todo \u00fanico en la unidad de un mismo ser, y no es algo tan externo como lo que le es totalmente extra\u00f1o y se halla separado de ella. Entre estas cosas extra\u00f1as y separadas podemos distinguir unas que tienen un ser simplemente externo, es decir, extendido en el espacio, y otras, que tienen un ser \u00edntimo, como en el caso de la misma alma.<br \/><br \/>Por otra parte, en la propia alma podemos y debemos hablar de una parte interna y otra externa. Cuando ella asoma hacia el exterior, no por eso se sale de s\u00ed misma; no hace sino alejarse algo m\u00e1s de su centro m\u00e1s profundo, de su interior, asom\u00e1ndose y entreg\u00e1ndose al mismo tiempo y en la misma medida al mundo exterior. A las cosas que desde fuera se acercan al alma y pueden con alg\u00fan derecho interesarla y reclamar su atenci\u00f3n, conforme al valor y significaci\u00f3n que en s\u00ed y para ella tengan, les corresponde una determinada profundidad del alma, en la que merecen ser admitidas. As\u00ed cabe hablar de que el alma en cierto modo sale de su interioridad al paso de las cosas. Con todo no es preciso que ella abandone ning\u00fan punto situado m\u00e1s adentro de ella misma; como es un ser espiritual y un reino espiritual es su castillo interior, aqu\u00ed tienen aplicaci\u00f3n unas leyes diversas de las del espacio material y externo; cuando el alma se halla en lo profundo de este su reino \u00edntimo, entonces es due\u00f1a absoluta de \u00e9l y es libre de trasladarse desde all\u00ed adonde le plazca, sin abandonar su lugar propio, su centro.<br \/><br \/>El alma tiene en raz\u00f3n de su yo, de su autonom\u00eda individual, la facultad de moverse en s\u00ed misma. El yo es en el alma aquello por lo que ella se posee a s\u00ed misma y lo que en ella se mueve como en su propio campo. Su centro m\u00e1s profundo es tambi\u00e9n el centro de su libertad: el centro, donde, por decirlo as\u00ed, puede concentrar todo ser y se\u00f1alarle una determinada orientaci\u00f3n. Ciertas decisiones de menor importancia podr\u00e1n en cierto modo ser tomadas desde un punto situado mucho m\u00e1s al exterior; pero ser\u00e1n decisiones superficiales; ser\u00e1 pura casualidad el que una decisi\u00f3n as\u00ed sea la adecuada, porque \u00fanicamente partiendo desde el centro m\u00e1s profundo hay la posibilidad de medir todo con la regla exacta y suprema; y, despu\u00e9s de todo, tampoco ser\u00e1 una decisi\u00f3n libre, porque el que no es due\u00f1o absoluto de s\u00ed mismo no puede obrar sino inducido, no puede disponer de nada con verdadera libertad.<br \/><br \/>El hombre est\u00e1 llamado a vivir en su interior y a ser tan due\u00f1o de s\u00ed mismo como \u00fanicamente puede serlo desde all\u00ed; s\u00f3lo desde all\u00ed es posible un trato aut\u00e9nticamente humano aun con el mundo; s\u00f3lo desde all\u00ed puede hallar el hombre el lugar que en el mundo le corresponde. Pero aun siendo esto.as\u00ed, ni \u00e9l mismo llega nunca a penetrar del todo en ese interior suyo. Es un secreto de Dios cuyos velos s\u00f3lo El puede levantar, en la medida que a El le plazca. Pero, eso s\u00ed, el hombre ha sido constituido due\u00f1o de ese reino suyo \u00edntimo; puede mandar en \u00e9l con entera libertad; pero tambi\u00e9n le incumbe el deber de guardarle como tesoro precioso que le ha sido confiado. Y a\u00fan le cabe una gloria mayor dentro del reino de los esp\u00edritus: es la gloria de que los mismos \u00e1ngeles han sido encargados de su custodia. Tambi\u00e9n los esp\u00edritus malos se esfuerzan por adue\u00f1arse de \u00e9l. Y Dios mismo le ha escogido para morada suya. Sin embargo, ni los esp\u00edritus buenos ni los malos tienen acceso libre a esa morada interior. Los esp\u00edritus buenos por s\u00ed no est\u00e1n m\u00e1s capacitados que los malos para leer los \u00abpensamientos del coraz\u00f3n\u00bb, pero pueden ser iluminados por Dios acerca de lo que necesitan saber de esos secretos del coraz\u00f3n. Aparte de esto, se dan en las almas ciertas v\u00edas de acceso espirituales, para poder establecer contacto con otros esp\u00edritus creados. Puede un alma formar en s\u00ed un verbo, una palabra interior, y dirigirse mediante ella a otro esp\u00edritu. As\u00ed es como entiende Santo Tom\u00e1s el hablar de los \u00e1ngeles, el lenguaje con el que estos esp\u00edritus se comunican entre s\u00ed: como un dirigirse en esp\u00edritu a otro con prop\u00f3sito de comunicarle lo que ha concebido en su interior. As\u00ed es como se ha de entender tambi\u00e9n el silencioso recurso al santo \u00c1ngel de la Guarda o la invocaci\u00f3n puramente mental de los esp\u00edritus malos. Pero aun sin que haya por nuestra parte intenci\u00f3n de comunicar nada, no dejan de tener los esp\u00edritus creados cierto acceso a lo que en nuestro interior pasa; no a lo que se oculta en lo m\u00e1s interior de nuestro ser, pero s\u00ed a lo que en \u00e9l haya entrado en forma perceptible por sus repercusiones ps\u00edquicas en lo \u00edntimo del alma, las cu\u00e1les le sirven como de llaves para penetrar y ver lo que all\u00ed pasa oculto a sus miradas. De los \u00e1ngeles buenos hemos de suponer que guardan con reverente recato el Santuario cerrado. Lo que \u00fanicamente pueden ellos hacer es inducir y mover al alma a encerrarse en su interior, para entregar a Dios la posesi\u00f3n de \u00e9l; en cambio los intentos de Satan\u00e1s tienden a apropiarse de lo que es reino y propiedad de Dios; no est\u00e1 en su poder conseguirlo por sus propias fuerzas, pero s\u00ed puede el alma entreg\u00e1rsele. Mas no haya miedo de ello, mientras el alma permanezca encerrada y escondida en su interior y haya probado por experiencia lo que pasa en la divina uni\u00f3n. Porque entonces est\u00e1 tan absorta y escondida en Dios, que ya ninguna tentaci\u00f3n puede afectarla. Pero, \u00bfc\u00f3mo puede ser que ella se entregue, si no es due\u00f1a de s\u00ed misma m\u00e1s que estando encerrada en su interior? No podemos pensar sino que esto sucede en una especie de ataque por sorpresa desde fuera. El alma ella misma se extravierte, sin percatarse de lo que con ello entrega. Ni el mismo demonio podr\u00eda romper el sello que se ha puesto en sus manos, pero cerrado. A lo m\u00e1s puede llegar a estropear lo que, por lo dem\u00e1s, le quedar\u00e1 oculto e inaccesible.<br \/><br \/>El alma tiene el derecho de disponer y decidir de s\u00ed misma. La misteriosa grandeza de la libertad personal estriba en que Dios mismo se detiene ante ella, la respeta. Dios no quiere ejercer su dominio sobre los esp\u00edritus creados sino como una concesi\u00f3n que \u00e9stos le hacen por amor. El conoce los pensamientos del coraz\u00f3n, penetra con su mirara los m\u00e1s profundos senos y reconditeces del alma, adonde ella misma no pod\u00eda llegar, de no ser iluminada con luz especial a prop\u00f3sito. Pero no quiere apoderarse de lo que es propiedad del alma, sin que ella misma consienta en ello. No dejar\u00e1 de poner, sin embargo, todo en juego, a fin de conseguir que el alma entregue libremente la propia voluntad a la voluntad divina como una donaci\u00f3n que ella le hace en su amor, y poder de esta suerte conducirla hacia la uni\u00f3n bienaventurada. Esta es la Buena Nueva que nos anuncia Juan de la Cruz y a cuya manifestaci\u00f3n se encaminan todos sus escritos.<br \/><br \/>Lo que acabamos de decir acerca de la estructura del alma y, en particular, acerca de las relaciones entre su fondo \u00edntimo y la libertad, no es precisamente cosa que nos diga el Santo; por eso, vamos a examinar y ver si al menos est\u00e1 en consonancia con sus ense\u00f1anzas, y si puede tambi\u00e9n contribuir a ponerlas m\u00e1s en claro. S\u00f3lo en caso afirmativo estar\u00e1 justificado el que hayamos tra\u00eddo estas nociones a nuestro prop\u00f3sito. A primera vista mucho de lo que aqu\u00ed hemos dicho pudiera parecer no compaginar con determinadas ideas expuestas por el Santo. Todo hombre es libre y cada d\u00eda y en cada momento se halla abocado a decisiones ineludibles. En cuanto al centro profundo del alma, es el lugar donde Dios s\u00f3lo mora, en tanto que no est\u00e1 hecha la uni\u00f3n de amor en toda su plenitud (LB 4,14), que la Santa Madre Teresa llamar\u00e1 la s\u00e9ptima morada, a la que no tiene acceso el alma sino con el matrimonio espiritual (7M 1). Pues bien, \u00bfser\u00e1 posible que \u00fanicamente el alma que ha llegado al \u00faltimo grado de perfecci\u00f3n es capaz de una decisi\u00f3n perfectamente libre?. T\u00e9ngase tambi\u00e9n presente que la libre actuaci\u00f3n del alma est\u00e1 al parecer tanto m\u00e1s disminuida, cuanto m\u00e1s se acerca a su centro m\u00e1s profundo. Y cuando ya ha llegado all\u00e1 es Dios quien hace todo en ella, y ella no tiene nada que hacer sino recibir en actitud pasiva o receptiva (LB 1,9). Sin embargo, en esta actitud receptiva es donde cabalmente se pone de manifiesto la participaci\u00f3n de su libertad, participaci\u00f3n que se hace mucho m\u00e1s decisiva, por cuanto, si Dios hace aqu\u00ed todo, es porque primero el alma se le ha entregado m\u00e1s por entero. Y esta entrega constituye el ejercicio supremo de su libertad. El Santo mismo describe el matrimonio espiritual como una entrega lib\u00e9rrima de Dios al alma y del alma a Dios, y atribuye tal poder al alma que se encuentra en este grado de perfecci\u00f3n, que no s\u00f3lo es due\u00f1a de s\u00ed mima, sino que lo es tambi\u00e9n de Dios (LB 3,71). Hay, pues, para este alt\u00edsimo grado de la vida del alma una absoluta consonancia entre las ense\u00f1anzas m\u00edsticas de nuestros santos reformadores y la concepci\u00f3n, seg\u00fan la cual, el centro m\u00e1s profundo del alma es tambi\u00e9n el centro de la m\u00e1s perfecta libertad.<br \/><br \/>Mas, \u00bfqu\u00e9 pasa en la gran masa de los hombres, que no alcanzan esas profundidades del matrimonio m\u00edstico? \u00bfPodr\u00e1n tambi\u00e9n ellos entrar hasta lo m\u00e1s \u00edntimo de s\u00ed mismos y ser desde all\u00ed capaces de decisiones aut\u00e9nticas, o no lo ser\u00e1n sino de decisiones m\u00e1s o menos superficiales? No es posible dar a esto una contestaci\u00f3n categ\u00f3rica, ni en sentido afirmativo ni negativo.<br \/><br \/>La estructura del alma -su mayor o menor profundidad, su centro m\u00e1s profundo mismo- es algo de lo primero que concebimos como constituy\u00e9ndola, y en ella a su vez, como en su base natural, se asienta la posibilidad de movimientos del yo, como una capacidad de determinar o modificar su ser. El yo toma ya \u00e9sta, ya la otra postura, seg\u00fan los motivos que se le ofrezcan y le afecten. Pero sus movimientos parten desde un punto donde gusta posarse preferentemente, seg\u00fan los diversos tipos humanos. El hombre sensual, amigo del placer, estar\u00e1 las m\u00e1s veces sumergido en el deleite de los sentidos, o estar\u00e1 ocupado en buscarse otro placer cualquiera; se sit\u00faa en un punto muy alejado del interior de su alma. El que anda detr\u00e1s de la verdad vive preferentemente en ese centro interior donde tiene lugar la actividad encantadora del entendimiento; si en serio trata de buscar la verdad (y no de acumular meros conocimientos aislados), tal vez se halle m\u00e1s cerca de Dios de lo que \u00e9l mismo se imagina, m\u00e1s cerca de ese Dios, que es la misma verdad, y, por lo mismo, m\u00e1s cerca tambi\u00e9n del propio centro. A estos dos tipos o casos queremos a\u00f1adir otro tercero, que parece revestir alguna especial importancia: es el del hombre individualista, que gira siempre alrededor de su propio yo. Mirando superficialmente, pudiera parecer que vive muy en su interior, y, sin embargo, tal vez ning\u00fan otro tipo tenga m\u00e1s cerrado el camino que a esas profundidades conduce. (Todo hombre est\u00e1 un poco en esa situaci\u00f3n, mientras no haya pasado por las \u00faltimas purgaciones de la Noche Oscura). Veamos de examinar y ver las posibilidades que tienen todos estos tipos de moverse, de decidirse por s\u00ed mismos y llegar hasta sus propias profundidades.<br \/><br \/>Cuando a un hombre sensual, esclavo de determinado apetito, se le presenta la oportunidad de proporcionarse un intenso placer, es casi seguro que sin m\u00e1s, sin previa reflexi\u00f3n ni elecci\u00f3n, pasar\u00e1 del est\u00edmulo del apetito a la obra. Ha habido un movimiento, pero no una decisi\u00f3n libre propiamente ni tampoco una interiorizaci\u00f3n, un paso hacia una mayor profundidad, si las causas excitantes del apetito est\u00e1n en el mismo plano sensual.<br \/><br \/>Sin embargo, tambi\u00e9n el hombre sensual puede sentir las solicitaciones de algo perteneciente a un orden de valores muy diferentes: No hay ning\u00fan tipo fijado exclusivamente en un solo campo, en cada caso se trata m\u00e1s bien de tipos con predominio de unas caracter\u00edsticas sobre otras. Un hombre sensual puede sentirse impulsado a renunciar a un determinado placer, por socorrer a un semejante. En este caso dif\u00edcilmente se conseguir\u00e1 el objeto pretendido sin que haya habido una libre decisi\u00f3n. En todo caso, el hombre sensual no llegar\u00e1 a una renuncia natural y espont\u00e1neamente, sino haciendo un verdadero esfuerzo: si se niega a la renuncia tras alguna reflexi\u00f3n o con un espont\u00e1neo y r\u00e1pido \u00ab\u00bfpara qu\u00e9?\u00bb, estamos tambi\u00e9n ante una decisi\u00f3n voluntaria.<br \/><br \/>Puede darse tambi\u00e9n el caso extremo de quedarse con el placer sin negarse a la renuncia; es cuando el esp\u00edritu est\u00e1 tan sumergido en la vida de los sentidos, que la llamada o intimaci\u00f3n apenas llega hasta \u00e9l; ha o\u00eddo las palabras, acaso ha entendido la significaci\u00f3n material de las mismas, pero el \u00edntimo centro receptor est\u00e1 desconectado e impedido para captar su sentido exacto. En este caso extremo no s\u00f3lo no tenemos una libre decisi\u00f3n, sino que la misma libertad est\u00e1 de antemano como vendida. Al rechazar la invitaci\u00f3n, se ha entendido perfectamente su sentido, aunque probablemente no se ha ponderado todo su alcance. En este no pesar todo el alcance de la invitaci\u00f3n estriba la superficialidad de la decisi\u00f3n tomada, a la vez que la disminuci\u00f3n de la libertad en el caso. No se quieren mirar de cerca y examinar en todo su peso determinados motivos y hay una resistencia a adentrarse en aquellas profundidades en las que los dichos motivos pudieran hacer mella. Con ello se abandona la \u00fanica zona en que cabe una verdadera decisi\u00f3n; uno ya no es due\u00f1o de s\u00ed mismo o, al menos, de las capas m\u00e1s profundas del propio ser, y queda sin la posibilidad de tomar una actitud verdaderamente racional y verdaderamente libre, la \u00fanica basada en la aut\u00e9ntica realidad. Junto a esta negativa superficial cabe por cierto imaginarse tambi\u00e9n otra, m\u00e1s natural y explicable; una negativa que puede darse, cuando la llamada a un acto de caridad y de abnegaci\u00f3n se ha dejado o\u00edr con toda su fuerza y peso en el alma y es clar\u00edsima, y, sin embargo, tras de pesar todos los motivos y contra motivos, uno se siente inclinado a rechazarla, como injustificada y no convincente. El rechazo de esta llamada ser\u00e1 del mismo orden que su aceptaci\u00f3n tras una serena consideraci\u00f3n de los motivos y contramotivos que la aconsejan o desaconsejan. Ambos actos s\u00f3lo son posibles cuando el hombre sensual deja su actitud de tal y adopta una postura \u00e9tica, es decir, la postura del que est\u00e1 pronto a aceptar y a hacer lo que moralmente sea justo. Mas para ello ha de situarse muy dentro en el propio interior, tan adentro, que el alcanzar tal profundidad equivale a una aut\u00e9ntica conversi\u00f3n que quiz\u00e1 no es posible naturalmente, y s\u00ed \u00fanicamente en virtud de una conmoci\u00f3n, de una sacudida extraordinaria. S\u00ed, podemos afirmar sin titubeos: una decisi\u00f3n real y aut\u00e9ntica no es posible, en definitiva, sino desde el hond\u00f3n del alma. Porque nadie est\u00e1 por s\u00ed en situaci\u00f3n de abarcar con su mirada todos los motivos y contramotivos que hacen o\u00edr su voz en una decisi\u00f3n. Cada cual s\u00f3lo es capaz de decidirse como mejor puede, conforme a su saber y conciencia, dentro de lo que se le alcanza.<br \/><br \/>Pero el hombre creyente sabe tambi\u00e9n que hay Uno, cuya mirada no est\u00e1 limitada a ning\u00fan horizonte, sino que abarca en realidad todo y todo lo penetra. Quien vive con la certeza de esta creencia no puede ya en su conciencia descansar en el propio saber. Por consiguiente deber\u00e1 esforzarse por conocer lo que es justo y verdadero a los ojos de Dios. (Esta es la raz\u00f3n de que la actitud religiosa sea la \u00fanica verdaderamente \u00e9tica. Claro es que hay un deseo y unos impulsos naturales de buscar el bien y la justicia, y a\u00fan cabe que uno tenga la dicha de encontrarlos, pero s\u00f3lo cuando se busca la voluntad de Dios es cuando aquel deseo y aquellos conatos se encuentran a s\u00ed mismos y hallan satisfacci\u00f3n). Aquel a quien Dios mismo ha hecho la gracia de introducirlo en el propio interior y se ha entregado a El por entero en la uni\u00f3n de amor, ese tal tiene resuelto el problema de una vez para siempre; ya no tiene sino dejarse guiar y llevar por el esp\u00edritu de Dios que sensiblemente le est\u00e1 empujando, y tiene en todo lugar y momento la conciencia de hacer lo que debe. En la gran decisi\u00f3n que ha tomado en un acto de suprema libertad, van incluidas todas las decisiones posteriores, las cu\u00e1les se ir\u00e1n produciendo en cada caso por sus pasos naturales. Pero desde el simple buscar una decisi\u00f3n justa en un caso determinado hasta llegar a estas alturas, hay un largo camino que recorrer, si es que en verdad hay alg\u00fan camino que a ellas conduzca.<br \/><br \/>El que no busca la justicia sino de modo espor\u00e1dico y aislado y decide su caso concreto como mejor cree saberlo cada vez, tambi\u00e9n ese tal lleva camino de encontrarse con Dios y consigo mismo, por m\u00e1s que \u00e9l lo ignore. Pero no ha llegado a\u00fan a ser tan due\u00f1o de s\u00ed mismo como solamente llega a serlo quien domina las \u00faltimas capas interiores de la propia alma; de ah\u00ed que no puede disponer de s\u00ed plenamente, ni posee ante las cosas plena y perfecta libertad. Quien busca seriamente el bien, es decir, el que est\u00e1 pronto a hacerlo en todo momento, ha tomado ya su partido y ha depositado su voluntad en la voluntad divina, aun cuando no tenga conciencia clara de que el bien se identifica con lo que Dios quiere. Pero, al faltarle esta claridad, le falta todav\u00eda el medio seguro de acertar con el bien; y dispone de s\u00ed como si ya fuera due\u00f1o, a pesar de que no se le han abierto todav\u00eda las \u00faltimas profundidades de su propio interior.<br \/><br \/>La \u00faltima libre decisi\u00f3n no ser\u00e1 posible sino en el encuentro cara a cara con Dios. Pero si alguien ha avanzado tanto en la vida de fe que ha tomado ya entera y decididamente el partido de Dios y ya nada quiere sino lo que Dios quiere, \u00bfpuede ser que a\u00fan no haya llegado a lo m\u00e1s interior y que le falta algo para alcanzar el grado sumo de uni\u00f3n de amor? Muy dif\u00edcil es trazar aqu\u00ed una neta l\u00ednea divisoria, a\u00fan m\u00e1s dif\u00edcil reconocer la que nos traza nuestro padre San Juan de la Cruz; y, a pesar de todo, par\u00e9ceme a m\u00ed necesario, atendida la realidad y la misma mente del Santo, reconocer la existencia de una l\u00ednea divisoria y hacerla destacar. El que verdaderamente no quiere sino lo que Dios quiere, as\u00ed con una fe ciega y absoluta, ha conquistado la m\u00e1s alta cima que al hombre es dado alcanzar con la gracia divina; su voluntad est\u00e1 enteramente purificada y libre de toda atadura a est\u00edmulos terrenos; est\u00e1, en raz\u00f3n de su libre entrega, unido con la voluntad de Dios. Y, con todo, le falta algo m\u00e1s decisivo para el m\u00e1s alto grado de uni\u00f3n de amor, que es el del Matrimonio Espiritual.<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><a id=\"CC244\"><\/a><strong>e) Diversas especies de la uni\u00f3n con Dios<\/strong><br \/><br \/>Hemos de recordar aqu\u00ed que San Juan de la Cruz distingue tres maneras de uni\u00f3n con Dios: por la primera. Dios se hace presente esencialmente en todas las cosas y las mantiene en el ser; por la segunda se entiende la presencia de Dios en el alma por gracia, y por la tercera, la uni\u00f3n transformante, divinizadora, mediante el amor perfecto. San Juan de la Cruz parece establecer en el pasaje citado s\u00f3lo una diferencia de grado entre la segunda y la tercera manera de uni\u00f3n. Pero si acudimos a otros textos y los examinamos detenidamente, parece tenemos una diferencia espec\u00edfica y dentro de cada especie una serie de grados. En el C\u00e1ntico Espiritual, por ejemplo, alude el Santo a esta divisi\u00f3n tripartita sin hacer menci\u00f3n de la dicha simple diferencia de grado entre la presencia de gracia y la presencia o uni\u00f3n de amor, y haciendo resaltar m\u00e1s bien el sentimiento de la presencia del Sumo Bien en la uni\u00f3n de amor, y su efecto: el ansia ardiente de ver cara a cara a Dios y consumar as\u00ed su felicidad (CB 11).<br \/><br \/>Tambi\u00e9n la Santa Madre Teresa de Jes\u00fas se ocupa m\u00e1s de una vez de esta cuesti\u00f3n. Dice en las Moradas (5M 1) que la oraci\u00f3n de uni\u00f3n fue la que la llev\u00f3 al conocimiento de la presencia divina en todas las cosas por esencia, presencia y potencia. Anteriormente solamente supo de la presencia de Dios en el alma por gracia. Despu\u00e9s, a fin de procurarse mayor claridad sobre lo que hab\u00eda descubierto, consult\u00f3 con varios te\u00f3logos. Un \u00abmedio letrado\u00bb tampoco supo darle raz\u00f3n m\u00e1s que de la inhabitaci\u00f3n o presencia de Dios en el alma por gracia. Pero otros la tranquilizaron, asegurando como art\u00edculo de fe lo que ella hab\u00eda deducido de sus propias experiencias en la oraci\u00f3n de uni\u00f3n. Tal vez nos ayude a hacer m\u00e1s luz sobre la cuesti\u00f3n un esfuerzo por armonizar las dos descripciones, en apariencia divergentes, de los dos Padres de la reforma carmelitana.<br \/><br \/>Ambas descripciones est\u00e1n de completo acuerdo sobre una verdad de fe que para San Juan de la Cruz, como te\u00f3logo, era familiar, mientras que la Santa tuvo primero que descubrirla:<br \/><br \/>Dios creador est\u00e1 presente en todas las cosas y las conserva en su ser; las tuvo presentes todas y cada una de ellas antes de crearlas, y las conoce perfect\u00edsimamente con todas las mudanzas y destinos que pueden correr. El puede en virtud de su omnipotencia hacer en todo momento con cada ser lo que le plazca. Puede dejar las cosas a merced de sus propias leyes, dej\u00e1ndolas seguir el curso normal de los acontecimientos. Puede asimismo actuar con intervenciones extraordinarias. De esta manera es como mora y asiste tambi\u00e9n Dios en cada alma, conoce a cada una desde toda la eternidad, con todos los secretos de su existencia y todos los latidos de su vida. Toda alma depende de El; El es libre de abandonarlas a s\u00ed mismas y dejar que sigan su propio curso, o de intervenir con mano poderosa en su destino. Uno de estos milagros de su omnipotencia es el nuevo nacimiento de un alma, cuando es vivificada por la gracia santificante.<br \/><br \/>Una vez m\u00e1s Juan y Teresa est\u00e1n de perfecto acuerdo al afirmar que la inhabitaci\u00f3n divina por gracia en las almas es cosa diferente de la presencia divina, com\u00fan a todos los seres, por la que Dios las conserva en el ser de ellas. Puede Dios morar en el alma \u00abpor esencia, presencia y potencia\u00bb, sin que ella lo sepa ni lo quiera, hasta cuando, endurecida en el pecado, vive en el mayor alejamiento de Dios: posible es que ella no tenga el menor barrunto de la divina presencia en su interior. La inhabitaci\u00f3n por gracia solamente es posible en seres personales y espirituales, ya que supone la libre aceptaci\u00f3n de la gracia santificante en el que la recibe. (En el bautismo de los ni\u00f1os esta libre aceptaci\u00f3n tiene lugar por mediaci\u00f3n de un adulto que asume la representaci\u00f3n del ni\u00f1o, aceptaci\u00f3n que ser\u00e1 m\u00e1s tarde ratificada por el bautizado, t\u00e1citamente con su vida de fe y expresamente por la renovaci\u00f3n de las promesas del bautismo). Ello implica que Dios no puede morar de esta \u00faltima manera en ninguna alma pecadora, que viva de espaldas a Dios. La gracia santificante incluso se llama as\u00ed, porque borra el pecado.<br \/><br \/>Que Dios no pueda morar por gracia en seres impersonales, infrahumanos, es cosa que se deduce de la naturaleza misma de esta manera de presencia divina. Ella implica una influencia permanente, un continuo derramarse de la vida y del ser divino en el alma agraciada. Pues bien, este ser de Dios es vida personal y solamente puede derramarse all\u00ed donde por un acto personal se le da entrada. Esta es la raz\u00f3n de que sea imposible la recepci\u00f3n de la gracia si no se la acepta personalmente. El resultado es una fusi\u00f3n de dos vidas y de dos seres, que no es posible sino donde haya un ser que tenga vida interior, espiritual. Solamente un ser que vive por el esp\u00edritu puede recibir en s\u00ed una vida espiritual.<br \/><br \/>El alma, en la que mora Dios por gracia, no es simplemente una pantalla impersonal en la que se refleje la vida divina, sino que ella misma est\u00e1 dentro de esa vida. La vida divina es una vida trinitaria, tripersonal: es el amor desbordante con el que el Padre engendra al Hijo y le da su ser, y con el que el Hijo recibe ese ser y se lo devuelve al Padre, el amor en que el Padre y el Hijo son una misma cosa y que lo espiran ambos como su com\u00fan Esp\u00edritu. Mediante la gracia este esp\u00edritu se derrama a su vez sobre las almas. De esta manera resulta que el alma vive su vida de gracia por el Esp\u00edritu Santo, ama en El al Padre con el amor del Hijo y al Hijo con el amor del Padre.<br \/><br \/>Este participar la vida trinitaria, puede realizarse sin que el alma experimente en s\u00ed la presencia de las divinas personas. De hecho s\u00f3lo un reducido n\u00famero de elegidos es el que llega a la percepci\u00f3n experimental de Dios trino en el fondo \u00edntimo de sus almas. M\u00e1s numerosas son las almas que, guiadas por una fe ilustrada, llegan a un conocimiento vivo y c\u00e1lido de esa presencia y a un trato amoroso con las tres divinas personas. El que no haya llegado a este tan alto grado puede, con todo, estar unido con Dios por la fe, por la esperanza y el amor, aun cuando no tenga clara conciencia de que Dios vive en su interior y de que all\u00ed puede hallarle, de que toda su vida de gracia y de ejercicio de las virtudes es efecto de esta vida divina que con s\u00ed atesora, y de la que \u00e9l mismo participa.<br \/><br \/>La vida de fe supone una convicci\u00f3n firme de que Dios existe, es creer todo lo que Dios ha revelado, y es estar presto por amor a dejarse regir por la voluntad divina. Como conocimiento sobrenatural, infundido por Dios, de las cosas divinas, es un \u00abcomienzo de vida divina en nosotros\u00bb, pero s\u00f3lo un comienzo. Ha sido depositada en nosotros juntamente con la gracia santificante, como la semilla que se deposita en un campo; t\u00f3canos a nosotros mediante nuestros cuidados hacer que ella brote y se desarrolle hasta formar un gran \u00e1rbol con abundancia de frutos. Este es el camino que nos ha de conducir, ya en esta vida, a la uni\u00f3n con Dios, si bien la \u00faltima consumaci\u00f3n de esta uni\u00f3n est\u00e1 reservada a la otra vida. Y henos ya ante la tarea de aclarar en qu\u00e9 se diferencian entre s\u00ed la uni\u00f3n de amor y la presencia de Dios en el alma por gracia. Es un punto en que el santo Padre y la santa Madre se explican de diferente manera.<br \/><br \/>La Santa parece ha querido ver en la oraci\u00f3n de uni\u00f3n una primera manera de presencia distinta de la presencia por gracia, mientras que, seg\u00fan la Subida, la uni\u00f3n de amor se ha de considerar como un grado superior de la uni\u00f3n por gracia. Por lo dem\u00e1s, tambi\u00e9n la Santa conoce una uni\u00f3n con Dios, que se ha de alcanzar sencillamente mediante una constante y asidua cooperaci\u00f3n con la gracia, la mortificaci\u00f3n de los apetitos naturales y el perfecto ejercicio del amor de Dios y del pr\u00f3jimo. Hace en ello mucho hincapi\u00e9 para consuelo de los que no llegan a la llamada oraci\u00f3n de uni\u00f3n. Pero antes ha afirmado con la m\u00e1xima claridad deseable y haciendo no menos hincapi\u00e9 que de ning\u00fan modo es posible alcanzar la oraci\u00f3n de uni\u00f3n por diligencias propias (5M 1 y 2).<br \/><br \/>Esta oraci\u00f3n es como un arrancar Dios el alma de s\u00ed misma, que la hace insensible a las cosas del mundo, a la vez que la deja del todo despierta para Dios. \u00abPorque en hecho de verdad se queda como sin sentido&#8230; que ni hay poder pensar, aunque quiera&#8230; Hasta el amar, si lo hace, no entiende c\u00f3mo, ni qu\u00e9 es lo que ama ni qu\u00e9 querr\u00eda. Todo su entendimiento se querr\u00eda emplear en tener algo de lo que siente&#8230; de manera que, si no se pierde del todo, no menea pie ni mano\u00bb. Dios obra en ella, \u00absin que nadie le estorbe ni nosotros mismos\u00bb. Y lo que Dios obra en ella \u00abes sobre todos los gozos de la tierra y sobre todos los deleites y sobre todos los contentos\u00bb. Tal uni\u00f3n no dura sino poco tiempo, apenas si pasa de media hora. Mas el modo como Dios permanece durante ella en el alma es de tal naturaleza \u00abque, cuando torna en s\u00ed, en ninguna manera puede dudar que estuvo con Dios y Dios en ella. Con tanta firmeza le queda esta verdad que, aunque pasen a\u00f1os sin tornarle Dios a hacer aquella merced, ni se le olvida, ni puede dudar que estuvo. Aun dejemos por los efectos con que queda\u00bb.<br \/><br \/>Mientras duraba el misterioso fen\u00f3meno, ella no lo ha notado. Pero despu\u00e9s bien experimenta y reconoce su realidad. No lo ha visto con claridad, pero \u00abuna certidumbre queda en el alma que s\u00f3lo Dios la puede poner\u00bb. No se trata de una presencia sentida \u00aben forma corporal, como el Cuerpo de nuestro se\u00f1or Jesucristo est\u00e1 en el Sant\u00edsimo Sacramento&#8230;, sino de sola la divinidad. Pues \u00bfc\u00f3mo lo que no vimos se nos queda con esa certidumbre? Eso no lo s\u00e9 yo, son obras suyas; mas s\u00e9 que digo verdad&#8230; Basta ver que es todopoderoso el que lo hace; y pues no somos ninguna parte por diligencias que hagamos para alcanzarlo, sino que es Dios el que lo hace, no lo queramos ser para entenderlo\u00bb.<br \/><br \/>Sin ella propon\u00e9rselo, sin embargo, la santa Madre ha hecho algunos intentos de explicaci\u00f3n. Ya nos dio alguna, cuando conceb\u00eda la presencia divina, que ella sent\u00eda con una certidumbre tan irrefragable, como la presencia com\u00fan a todos los seres creados. Una explicaci\u00f3n tenemos tambi\u00e9n en esta afirmaci\u00f3n: \u00abQuien no quedare con esta certidumbre, no dir\u00eda yo que es uni\u00f3n de toda el alma con Dios, sino de alguna potencia, y otras muchas maneras de mercedes que hace Dios al alma\u00bb. En la verdadera uni\u00f3n Dios se une con la substancia del alma.<br \/><br \/>Lo que para nosotros tiene un valor extraordinario es que Santa Teresa nos describe con toda sencillez e ingenuidad lo que ella ha experimentado, sin preocuparse de una posible explicaci\u00f3n te\u00f3rica de su experiencia, sin preocuparse tampoco del juicio o censura que su explicaci\u00f3n pudiera merecer. Su sencilla y fiel descripci\u00f3n tal vez nos ayude a descubrir qu\u00e9 clase de presencia e inhabitaci\u00f3n es la que aqu\u00ed se da, y nos facilite a la vez un juicio acerca del mismo intento de explicaci\u00f3n que ella hace. El alma tiene la certidumbre de que ella estuvo en Dios y Dios en ella. Esta certidumbre le ha quedado de la vivencia de su uni\u00f3n con Dios. Al reconstruir y describir \u00e9sta, incluso pone dicha vivencia como elemento esencial de la misma, si bien s\u00f3lo despu\u00e9s de pasado el fen\u00f3meno adquiere conciencia del mismo. La conciencia de la uni\u00f3n no es algo externo sobrea\u00f1adido a la misma uni\u00f3n, sino que pertenece a ella. All\u00ed donde tal conciencia y la certidumbre subsiguiente resultan imposibles, como en las piedras o en las plantas, tampoco puede darse esta manera de uni\u00f3n.<br \/><br \/>Es, pues, de hecho una uni\u00f3n o presencia diferente de la com\u00fan a todos los seres creados la que Teresa ha experimentado en la oraci\u00f3n de uni\u00f3n. Y esta nueva manera de presencia no siempre se da de hecho ni siquiera all\u00ed donde en principio podr\u00eda darse. La misma Santa lo da a entender claramente, cuando asegura que el alma tiene la certeza de haber estado ella con Dios y Dios con ella. Es una situaci\u00f3n transe\u00fante, pasajera; mientras que la presencia divina \u00abpor esencia, presencia y potencia\u00bb no se interrumpe en ning\u00fan momento, en tanto que un ser subsiste. La cesaci\u00f3n de esa presencia ser\u00eda para el ser creado su hundimiento en la nada.<br \/><br \/>As\u00ed podemos asegurar con San Juan de la Cruz que la presencia que se da en la uni\u00f3n de amor es diferente de la que conserva todas las cosas en su ser.<br \/><br \/>Por otra parte, de las explicaciones de la santa Madre se desprende bien a las claras que se trata de una presencia e inhabitaci\u00f3n diferente de la presencia por gracia, no s\u00f3lo en grado, sino en especie. Ella exhorta a sus hijas muy encarecida e insistentemente a tender con todas sus fuerzas hacia las m\u00e1ximas alturas de perfecci\u00f3n alcanzables con la fiel cooperaci\u00f3n a la gracia, hacia la uni\u00f3n total de la voluntad humana con la divina mediante la m\u00e1s perfecta pr\u00e1ctica del amor de Dios y del pr\u00f3jimo. Pero con igual encarecimiento e insistencia tilda de desatino el empe\u00f1arse en alcanzar esa otra uni\u00f3n que s\u00f3lo Dios puede dar. Nadie llegar\u00e1 jam\u00e1s por diligencias propias, ni aun apoyadas por la gracia, a experimentar como realidad viviente la presencia divina en su interior y el sentimiento de estar unido con Dios. Nunca el esfuerzo de la voluntad, ni con la ayuda de la gracia, lograr\u00e1 los maravillosos efectos que se producen en los fugaces momentos de una uni\u00f3n: transformar el alma de tal modo, que ya ella no se reconozca a s\u00ed misma, hacer de la oruga, ese gusano feo, una hermosa mariposa. El esfuerzo propio necesitar\u00eda muchos a\u00f1os de dura lucha para lograr algo que se le pareciera.<br \/><br \/>La oraci\u00f3n de uni\u00f3n no es todav\u00eda la uni\u00f3n a la que apunta siempre San Juan de la Cruz como meta de la Noche Oscura. Es un prenuncio y un primer pelda\u00f1o para la misma. Sirve de disposici\u00f3n al alma para la perfecta entrega a Dios y de despertador de ansias impacientes porque se repita la merced de la uni\u00f3n y porque su posesi\u00f3n sea permanente. Claramente se ve esto en las Moradas V y VI del Castillo Interior, donde se describen la preparaci\u00f3n y la consumaci\u00f3n del desposorio espiritual. An\u00e1loga descripci\u00f3n se halla en el C\u00e1ntico Espiritual en la declaraci\u00f3n de las canciones XIII y XIV. En estos lugares San Juan de la Cruz y Santa Teresa declaran de consuno que el Desposorio se verifica en medio de un arrobamiento. Dios tira con fuerza del alma hacia s\u00ed, de suerte que la naturaleza casi sucumbe bajo el peso de la acci\u00f3n de Dios. La Santa subraya que hace falta mucho \u00e1nimo para aceptar este Desposorio. Y en el C\u00e1ntico Espiritual los labios de la t\u00edmida y sobresaltada esposa piden suplicantes al Amado retire sus ojos, en cuanto \u00e9ste le ha concedido de repente la gracia de la tan ansiada y solicitada mirada.<br \/><br \/>No est\u00e1 de perfecto acuerdo con esto lo que leemos en otro pasaje sanjuanista, seg\u00fan el cual la posesi\u00f3n por gracia y la posesi\u00f3n por la uni\u00f3n se relacionan entre s\u00ed como el desposorio y el matrimonio. La una significar\u00eda algo que el hombre podr\u00eda alcanzar con su voluntad y la asistencia de la gracia, o sea, la total conformidad de la voluntad humana con la divina por la perfecta purificaci\u00f3n del alma; la otra supondr\u00eda la mutua entrega y uni\u00f3n totales (LB 3,9ss). Esta aparente contradicci\u00f3n admite en parte una explicaci\u00f3n simplemente terminol\u00f3gica: la palabra desposorio no se halla empleada en ambos pasajes en el mismo sentido. Pero, aparte de esto, existe en ambos pasajes una real diferencia: lo propiamente m\u00edstico parece ce\u00f1irse en el uno a los grados m\u00e1s elevados, en tanto que en el otro se inicia m\u00e1s temprano.<br \/><br \/>Pero en el problema que tratamos de dilucidar con todas estas consideraciones, lo decisivo es que, en todo caso. San Juan de la Cruz establece ya en los \u00faltimos grados una diferencia fundamental entre lo m\u00e1ximo a que se puede llegar con sola la voluntad ayudada de la gracia, y el matrimonio espiritual. As\u00ed queda evidentemente superada aquella afirmaci\u00f3n de la Subida que quer\u00eda ver s\u00f3lo una diferencia de grado entre la uni\u00f3n por gracia y la uni\u00f3n m\u00edstica. Aparte de esto, en todos los libros del Santo salen al paso pasajes que claramente manifiestan que el comienzo de lo propiamente m\u00edstico hay que ponerlo en grados mucho m\u00e1s interiores. No tenemos sino recordar aquellos toques en la substancia del alma, de los que se habla en la Subida (2S 32). De ellos se afirma que, cuando se dan, el entendimiento entiende de un modo m\u00e1s eminente y sabroso, que no dependen de lo que haga el alma, que lo \u00fanico que \u00e9sta puede hacer es disponerse para recibirlos, pero no causarlos, que no se reciben sino pasivamente, y que se han de ordenar a la uni\u00f3n con Dios. Todo esto est\u00e1 indicando algo que se halla fuera del camino normal de la gracia: una uni\u00f3n actual y transe\u00fante, que es un anticipo de la habitual y permanente.<br \/><br \/>\u00bfC\u00f3mo es posible que Juan de la Cruz no se haya definido de modo claro e inequ\u00edvoco en esta cuesti\u00f3n tan importante? Para dar a esta pregunta una respuesta decisiva, ser\u00eda menester que conoci\u00e9ramos de la vida \u00edntima de este Santo silencioso algo m\u00e1s de lo que \u00e9l nos hace adivinar a trav\u00e9s de sus escritos y de lo que sus contempor\u00e1neos nos han transmitido. S\u00f3lo hipot\u00e9ticamente diremos algo de lo que la historia de su \u00e9poca y las nuevas investigaciones sobre el texto de sus escritos sugieren. Las grandes luchas religiosas de su tiempo, las herej\u00edas siempre en aumento, los peligros de un misticismo morboso hab\u00edan dado lugar a una severa vigilancia sobre los escritos de car\u00e1cter religioso.<br \/><br \/>Todo el que escribiera sobre temas de vida interior ten\u00eda que contar con que la Inquisici\u00f3n pondr\u00eda su mano sobre \u00e9l y sobre sus escritos. No ser\u00eda temerario pensar que, ante esto, tambi\u00e9n San Juan de la Cruz tendr\u00eda la precauci\u00f3n de hacer que no se confundieran sus ense\u00f1anzas con las de los iluminados, o Alumbrados (lo que evidentemente lo hace en muchos lugares) y tratar\u00eda de llevar el camino m\u00edstico por una l\u00ednea la m\u00e1s aproximada posible al camino normal de la gracia.<br \/><br \/>Que un tal prop\u00f3sito presidi\u00f3, en efecto, la publicaci\u00f3n de sus escritos, lo ha demostrado el examen de sus primeras ediciones y el cotejo de unos manuscritos con otros. La Llama de amor Viva y el C\u00e1ntico Espiritual nos han llegado en dos redacciones manuscritas. Las modificaciones introducidas con posterioridad evidencian, por la mitigaci\u00f3n de expresiones m\u00e1s atrevidas y las aclaraciones a\u00f1adidas, el empe\u00f1o de prevenir falsas interpretaciones. Estas modificaciones se deben al Santo mismo \u00bfo son obra de mano ajena? La Subida y la Noche se nos han transmitido en una \u00fanica redacci\u00f3n. Pero las diferencias entre estos manuscritos y las m\u00e1s antiguas ediciones hasta la edici\u00f3n cr\u00edtica del padre Gerardo (lo mismo que las diferencias entre las primeras ediciones de la Llama y su primera redacci\u00f3n manuscrita, en la que se basan) son tan notables, que aqu\u00ed es evidente e innegable la intervenci\u00f3n de alguna mano ajena. A la Subida y a la Noche, tal como nos han llegado, les faltan partes. En ambos casos faltan las partes en que deb\u00eda haberse tratado de intento acerca de la uni\u00f3n, y en las que las cuestiones que aqu\u00ed nos ocupan habr\u00edan hallado aclaraci\u00f3n.<br \/><br \/>\u00bfSer\u00e1 que estas partes nunca fueron escritas o que fueron suprimidas en las copias? (de las cuatro obras s\u00f3lo poseemos copias, y de ninguna de ellas el original; s\u00f3lo una de las copias del C\u00e1ntico tiene correcciones de mano del Santo). Y tal supresi\u00f3n, si la hubo obedeci\u00f3 a indicaci\u00f3n del Autor o \u00bfla impuso una voluntad ajena? Son preguntas a las que nosotros no hemos hallado respuesta.<br \/><br \/>Con el deseo de hacer luz hemos recurrido a las descripciones, naturales e ingenuas, de nuestra santa Madre. Ellas nos vienen a dar la seguridad, all\u00ed donde las diversas formulaciones que hallamos en San Juan de la Cruz infunden dudas. Ellas, como datos aut\u00e9nticos de incalculable valor, no s\u00f3lo nos dan una base para una formulaci\u00f3n te\u00f3rica. Tenemos adem\u00e1s el derecho a suponer que los dos Santos, a pesar de la diferencia de sus caracteres y aun del tipo de santidad y de la diversa apreciaci\u00f3n de las gracias m\u00edsticas no esenciales, son de una misma opini\u00f3n en cuanto a la concepci\u00f3n fundamental de la vida interior.<br \/><br \/>El Castillo Interior, lo mismo que los escritos del Santo, han sido compuestos despu\u00e9s de haber vivido ambos durante algunos a\u00f1os en \u00c1vila en un intercambio \u00edntimo de ideas. La santa Madre llam\u00f3 desde entonces a su joven colaborar \u00abPadre de su alma\u00bb, y Juan aludi\u00f3 ocasionalmente a los escritos de la Santa, para ahorrarse mayores explicaciones, que en aqu\u00e9llos pod\u00edan encontrarse (CB 13,7). Si, pues, en las explicaciones que da la Santa acerca de los diversos grados de la uni\u00f3n m\u00edstica encontramos algo que la haga ser a todas luces espec\u00edficamente diferente de la uni\u00f3n por gracia, podemos estar convencidos de que estamos en presencia de algo que tiene la aprobaci\u00f3n de San Juan de la Cruz. Coordinando, pues, las ense\u00f1anzas de ambos reformadores carmelitas, llegamos a confirmarnos en la opini\u00f3n de que las tres mencionadas maneras de presencia e inhabilitaci\u00f3n de Dios en el alma no s\u00f3lo suponen diferencias de grado, sino que son espec\u00edficamente diferentes. Veamos de precisar a\u00fan m\u00e1s estas diferencias reales.<br \/><br \/>Es el mismo Dios uno en tres personas el que se hace presente en cada una de esas maneras de presencia, y su esencia inmutable es la misma en todas ellas. Y, con todo, es diversa su presencia, porque el ser en el que esa divinidad una e inmutable viene a morar queda en cada caso modificado en su ser, y esto modifica dicha inhabitaci\u00f3n.<br \/><br \/>La primera forma de presencia no hace otra cosa sino dejar a aquel en quien Dios as\u00ed se hace presente sometido a la sabidur\u00eda y poder divinos y dependiente del ser de Dios. Todo esto es com\u00fan a todos los seres creados. El ser de Dios y el de la criatura permanecen en esta manera de presencia totalmente separados; entre ellos no media sino una relaci\u00f3n, por una de las partes, de dependencia de la otra en su ser y existir, que no supone ninguna mutua compenetraci\u00f3n, por tanto, una uni\u00f3n propiamente dicha. Porque para que haya inhabilitaci\u00f3n o uni\u00f3n, hace falta por ambas partes una naturaleza dotada de interioridad, es decir, un ser que se vuelva sobre s\u00ed y se comprenda a s\u00ed mismo y sea capaz de recibir dentro de s\u00ed a otro, de modo que surja una unidad que no anule la autonom\u00eda del que es recibido ni del que recibe.<br \/><br \/>Esto no cabe sino entre seres espirituales; s\u00f3lo un ser espiritual est\u00e1 dentro de s\u00ed y puede recibir en su interior a otro, que a su vez sea esp\u00edritu. S\u00f3lo as\u00ed se da una verdadera uni\u00f3n. La uni\u00f3n por gracia es ya algo de esta naturaleza. El que se somete al ser, a la sabidur\u00eda y querer o poder divinos, ese tal da lugar a Dios en s\u00ed, y su ser ser\u00e1 penetrado por el ser de Dios. Pero esta penetraci\u00f3n no es total y completa, no llega sino hasta donde le permite la capacidad receptora del recipiente.<br \/><br \/>Para ser penetrada plenamente por el ser divino (en ello consiste la perfecta uni\u00f3n de amor), el alma ha de liberarse de todo otro ser: vaciarse de toda criatura y de s\u00ed misma, como San Juan de la Cruz tan machacona e insistentemente lo ha declarado y probado. Amar en su m\u00e1s alta realizaci\u00f3n es hacerse uno el amante con el amado en una libre entrega mutua: esa es la vida divina en el seno de la Trinidad. Hacia esa plena realizaci\u00f3n aspiran el amor anhelante y porfiado de la criatura (amor, eros) y el amor misericordioso de Dios que se abaja hasta aqu\u00e9lla (caritas, \u00e1gape). Donde estos dos amores se encuentren, all\u00ed se ir\u00e1 realizando progresivamente la uni\u00f3n a costa de todo lo que se oponga a su paso y en la medida en que todo esto quede aniquilado. Esto va haci\u00e9ndose, como ya lo sabemos, a lo largo de la Noche oscura por modo activo y pasivo. Mediante la purificaci\u00f3n activa la voluntad humana se va uniendo cada vez m\u00e1s con la divina, pero de tal manera que la voluntad divina no se percibe como realidad presente, sino que es acogida en la oscuridad de la fe. Aqu\u00ed en realidad hay s\u00f3lo una diferencia de grado entre la presencia por gracia y la uni\u00f3n de amor. Por el contrario en la purificaci\u00f3n pasiva causada por el fuego consumidor del amor divino, la voluntad divina va penetrando progresivamente hasta sentirla como una realidad presente. Y aqu\u00ed estamos y, a mi parecer, ante una presencia nueva con diferencia m\u00e1s que de grado de la presencia general de Dios por gracia. Tal diferencia puede hacerse m\u00e1s patente, si se la mira a la luz de la interpretaci\u00f3n que da San Agust\u00edn de las palabras del Evangelio de San Juan: \u00abMuchos creyeron en su nombre&#8230;, mas Jes\u00fas no se confiaba a ellos\u00bb.<br \/><br \/>San Agust\u00edn aplica estas palabras a los catec\u00famenos: ellos creen y se declaran fieles a Cristo, mas Cristo no se les entrega a\u00fan en el Sant\u00edsimo Sacramento. Nosotros podemos aplicarlas a las dos maneras de presencia cuya diferencia tratamos de precisar, a la vez que a la diferencia entre la fe y la contemplaci\u00f3n. La presencia por gracia nos la da la virtud de la fe, es decir, esa facultad de aceptar como real lo que no vemos presente y de tener por cierto y verdadero lo que no es demostrable en rigor con argumentos de raz\u00f3n. Es como si se diera un hombre de quien hubi\u00e9semos o\u00eddo ya cosas buenas y maravillosas; nos ha hecho incluso favores y hemos recibido de \u00e9l grandes regalos; por todo esto nos sentimos pose\u00eddos de gratitud y de amor hacia \u00e9l, y en nuestro interior nace un deseo, que va tomando proporciones crecientes, de conocerlo personalmente. Pero \u00e9l no se conf\u00eda todav\u00eda a su protegido; no le concede siquiera la satisfacci\u00f3n m\u00ednima de una entrevista personal, y menos le ha abierto su interior y le ha hecho entrega de su coraz\u00f3n.<br \/><br \/>Pues bien, todos estos favores hace Dios al hombre por grados sucesivos mediante la tercera manera de presencia suya, la de la elecci\u00f3n m\u00edstica: Dios le otorga una entrevista personal mediante un contacto o toque en el centro o sustancia del alma; le abre su propio interior, concedi\u00e9ndole especiales ilustraciones sobre la naturaleza de Dios y sobre sus secretos juicios y misterios; le hace el regalo de su propio Coraz\u00f3n, primeramente por una entrevista personal que tendr\u00e1 lugar en un arrobamiento moment\u00e1neo (en la oraci\u00f3n de uni\u00f3n; 5M 1; 2N v. 2; CB 13), luego en posesi\u00f3n duradera y permanente, en los desposorios m\u00edsticos (6M 4; CB 13 y 14) y en el matrimonio espiritual (7M 1; CB 22). Todo esto no es, sin embargo, la visi\u00f3n cara a cara; aqu\u00ed falla la comparaci\u00f3n o s\u00edmil de la aproximaci\u00f3n progresiva entre los hombres. Pero s\u00ed se trata de un encuentro de persona a persona y, por lo mismo de un conocimiento experimental ya desde los primeros grados \u00edntimos de la uni\u00f3n. Dios toca con su misma divinidad en lo m\u00e1s hondo del alma (designado tambi\u00e9n por el Santo como la sustancia del alma). La Divinidad no es sino la misma esencia Divina, es el mismo Dios en persona; su ser en un ser personal; y el fondo o centro del alma es a su vez el centro y principio de la actividad personal de \u00e9sta a la vez que el punto de contacto suyo con otra vida personal. Un contacto de persona a persona s\u00f3lo es posible en el fondo m\u00e1s interior; con un contacto as\u00ed es como una persona da a sentir a otra su propia presencia. Cuando, pues, alguien se siente tocado de esta manera en lo m\u00e1s \u00edntimo de su ser, es que ha establecido un contacto vivo con otra persona. Esto no es a\u00fan la uni\u00f3n, sino un punto de contacto para establecerla.<br \/><br \/>En cuanto a la uni\u00f3n por gracia, es ya ella como una brecha que se abre a algo nuevo: es una participaci\u00f3n de la naturaleza divina, pero el fondo, como quien dice, personal de Dios no se le abre a\u00fan al alma, como si no entrara en esa comunicaci\u00f3n de naturaleza. Aqu\u00ed, en esta otra uni\u00f3n, el principio mismo de la vida divina (si cabe hablar as\u00ed) es el que se pone en contacto sustancial con el fondo \u00edntimo o sustancia del alma, y se hace sentir como presente aunque de modo oscuro y velado. Mediante las ilustraciones acerca de los misterios divinos ese interior cerrado de Dios se va abriendo. Si el alma, cuando se le comunica la gracia, recibe una corriente de vida divina y se ve as\u00ed elevada sobre su ser, aqu\u00ed, en la uni\u00f3n m\u00edstica, es ella la que es introducida en la misma vida y un ser de Dios. En esta uni\u00f3n, en sus diversos grados, se realiza una compenetraci\u00f3n mutua con un movimiento que parte desde el principio de ambas vidas personales, y termina en una mutua entrega de persona a persona.<br \/><br \/>Tenemos que hacer aqu\u00ed todav\u00eda varias observaciones: el solo contacto de Dios en la sustancia del alma no presupone necesariamente la presencia divina por gracia. Puede ser concedida a almas del todo infieles como medio para excitar la fe y como preparaci\u00f3n para recibir la gracia santificante. Puede tambi\u00e9n ser un medio de capacitar a un incr\u00e9dulo para ser instrumento id\u00f3neo para determinados fines. Otro tanto cabe decir de ciertas ilustraciones particulares. La uni\u00f3n, por el contrario, como entrega mutua que es, no puede darse sin fe y sin amor, es decir, sin la gracia santificante. Para establecerla en un alma que no estuviera en gracia, tendr\u00eda que serle concedida, juntamente con un principio de la misma, la gracia santificante y, como su condici\u00f3n previa, la contrici\u00f3n perfecta. Estas diversas posibilidades son una confirmaci\u00f3n de la distinci\u00f3n radical entre la uni\u00f3n por gracia y la uni\u00f3n m\u00edstica y entre las correspondientes maneras de presencia divina en el alma. Se trata aqu\u00ed de dos v\u00edas distintas escalonadas. Esto no equivale a negar que la vida ordinaria de la gracia prepare el camino a la uni\u00f3n m\u00edstica.<br \/><br \/>Si el centro o sustancia del alma es por principio el punto donde se realizan la uni\u00f3n y contacto de persona a persona, se comprende, en cuanto de comprender puede hablarse al hablar de los misterios de la divinidad, que Dios haya escogido dicho centro como el lugar de su morada. Si la uni\u00f3n es el fin para el que han sido creadas y destinadas las almas, por el mismo hecho tienen que darse las circunstancias y condiciones que hagan posible dicha uni\u00f3n.<br \/><br \/>Se comprende asimismo que este centro m\u00e1s profundo del alma est\u00e9 al alcance y libre disposici\u00f3n de la misma, ya que la entrega de amor s\u00f3lo es posible entre seres libres. Esta entrega de amor, que tiene lugar en el matrimonio m\u00edstico, \u00bfser\u00e1 tambi\u00e9n por parte del alma algo diferente de la entrega incondicional que hace de su voluntad a la voluntad divina? Evidente que s\u00ed.<br \/><br \/>Es algo diferente por raz\u00f3n del conocimiento que en ella act\u00faa; cuando Dios se entrega al alma en el matrimonio espiritual, llega a conocer a Dios de un modo como no le hab\u00eda conocido antes, con un conocimiento de que ninguna otra manera pudiera adquirir; antes ni siquiera conoc\u00eda la profundidad propia. Por consiguiente, tampoco supo antes, como lo sabe ahora, a qui\u00e9n entregaba su voluntad, ni lo que entregaba ni qu\u00e9 clase de entrega exig\u00eda de el la voluntad divina. Es diferente por parte de la voluntad: lo es por su objeto, ya que la entrega de la voluntad mira a la uni\u00f3n de la propia voluntad con la divina, y no a unirse con el coraz\u00f3n mismo de Dios, ni con las divinas personas; lo es por su punto de partida, ya que solamente ahora act\u00faa la sustancia o el centro \u00edntimo del alma, s\u00f3lo ahora la voluntad se abarca a s\u00ed misma toda, comprendiendo toda la persona desde el centro de su propia personalidad; lo es por su t\u00e9rmino: puesto que en la entrega matrimonial el alma no s\u00f3lo endereza y subordina la propia voluntad a la divina, sino que recibe a su vez a Dios que se le entrega; de aqu\u00ed que esta entrega de la propia persona resulta al mismo tiempo la m\u00e1s audaz conquista y ganancia muy sobre toda humana ponderaci\u00f3n. San Juan de la Cruz lo expresa bien claramente cuando dice que el alma puede dar a Dios m\u00e1s de lo que ella posee y es en s\u00ed; que da a Dios el mismo Dios en Dios (3L v. 5 y 6; 3L 78). Estamos, por consiguiente, aqu\u00ed en presencia de algo que difiere fundamentalmente de la uni\u00f3n por gracia; porque estamos ante la m\u00e1s profunda inmersi\u00f3n del alma en la esencia divina, que la deja como divinizada; una uni\u00f3n e identificaci\u00f3n de dos personas que no anula su independencia, sino que precisamente la supone; una compenetraci\u00f3n s\u00f3lo superada y aventajada por la circumincesi\u00f3n de las divinas personas, que es su prototipo. Esta es la uni\u00f3n, que San Juan de la Cruz ha tenido siempre presente como meta final a la que quiere conducir en sus libros, por m\u00e1s que muchas veces haya empleado el t\u00e9rmino en otro sentido y no haya precisado te\u00f3ricamente sus caracter\u00edsticas frente a las otras maneras de uni\u00f3n tan netamente como aqu\u00ed se ha tratado de hacerlo.<br \/><br \/>Ya lo hemos dicho antes de ahora: el matrimonio m\u00edstico es uni\u00f3n con las tres divinas personas. Mientras Dios no toca al alma sino en medio de las tinieblas y como en escondido, \u00e9sta no puede sentir el contacto personal divino sino confusamente, sin advertir si es una la Persona que la toca o son varias. Mas cuando en la perfecta uni\u00f3n de amor el alma es introducida en la corriente de la v\u00eda divina, ya no se puede ocultar que esa vida es una vida tripersonal, y ella entrar\u00e1 en contacto experimental con todas las tres divinas Personas.<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><a id=\"CC255\"><\/a><strong>f) Fe y contemplaci\u00f3n. Muerte y resurrecci\u00f3n<\/strong><br \/><br \/>Creemos que la doble inhabitaci\u00f3n de Dios en el alma por gracia y por amor m\u00edstico proporciona una buena base para una clara distinci\u00f3n entre fe y contemplaci\u00f3n. De ambas habla frecuentemente San Juan de la Cruz, pero sin compararlas entre s\u00ed, sin precisar claramente sus mutuas relaciones. Sus explicaciones dejan muchas veces la impresi\u00f3n de que no llega a haber entre ellas una clara l\u00ednea divisoria; ambas vienen a ser un medio para la uni\u00f3n, ambas aparecen definidas y descritas como conocimiento oscuro y amoroso. De la oscuridad de la fe habla en particular la Subida del Monte Carmelo (2S 1ss) donde se la compara a la oscuridad de la media noche, que totalmente es oscura, porque para dar lugar a la luz de la fe hemos de renunciar totalmente a la luz del conocimiento natural. A la contemplaci\u00f3n se la designa m\u00e1s a menudo con las expresiones del Areopagita: m\u00edstica teolog\u00eda (sabidur\u00eda de Dios secreta) y rayo de tiniebla. Una y otra aparecen muy \u00edntimamente relacionadas y acercadas cuando se nos dice que Dios, cuando se comunica al alma, se esconde en la oscuridad de la fe (2S 8).<br \/><br \/>Por lo dem\u00e1s, de estas mismas explicaciones de la Subida se desprende con claridad que fe y contemplaci\u00f3n no pueden tomarse lisa y llanamente como sin\u00f3nimos, pues se nos viene a decir que la noche de la fe es gu\u00eda que nos lleva a las delicias de la contemplaci\u00f3n y de la uni\u00f3n. Cierta diferencia entre ellas se presupone tambi\u00e9n cuando en el Pr\u00f3logo al C\u00e1ntico se nos habla de que la sabidur\u00eda m\u00edstica no ha menester entenderse distintamente y que es semejante a la fe, con la cual amamos a Dios sin comprenderle. Si ambas se identificaran, ya no cabr\u00eda hablar de semejanzas. Tal vez, donde m\u00e1s claramente est\u00e9 expresada la diferencia y a la vez la estrecha relaci\u00f3n entre ellas, sea en aquel pasaje en que se contrapone la contemplaci\u00f3n, como conocimiento oscuro y general, a las noticias sobrenaturales, distintas y particulares; \u00abLa inteligencia oscura y general est\u00e1 en una sola, que es la contemplaci\u00f3n que se da en fe\u00bb (2S 9 al final).<br \/><br \/>Para entender este texto y las relaciones entre fe y contemplaci\u00f3n, recu\u00e9rdese lo dicho anteriormente acerca de las varias significaciones que necesariamente incluye la palabra fe, lo mismo que la palabra contemplaci\u00f3n. La fe viene a ser el contenido de la Revelaci\u00f3n divina y la aceptaci\u00f3n de dicho contenido; y tambi\u00e9n, por \u00faltimo, la entrega amorosa a Dios, de quien la Revelaci\u00f3n nos habla y a quien se la debemos. El contenido de la fe nos suministra la materia para meditar, para ese ejercicio de las potencias del alma sobre las cosas que nos propone la fe, record\u00e1ndolas, haci\u00e9ndolas presentes a la imaginaci\u00f3n, discurriendo y razonando sobre ellas, sacando de las mismas prop\u00f3sitos y orientaciones para la voluntad. Como fruto de la meditaci\u00f3n viene a conseguirse un h\u00e1bito de inteligencia amorosa (2S 14,2ss). El alma permanece en una actitud de quieta, pac\u00edfica y amorosa atenci\u00f3n y presencia de Dios, a quien ha llegado a conocer por la fe, sin detenerse en la consideraci\u00f3n de ninguna verdad concreta. Como fruto de la meditaci\u00f3n, tenemos aqu\u00ed la contemplaci\u00f3n adquirida. En el fondo no se distingue de la fe en su tercer sentido, del \u00abcredere in Deum\u00bb, de esa adhesi\u00f3n a Dios por la fe y el amor.<br \/><br \/>Pero las m\u00e1s de las veces, cuando Juan de la Cruz habla de la contemplaci\u00f3n, tiene presente otra cosa distinta. Dios puede comunicar al alma un conocimiento oscuro y amoroso de S\u00ed mismo a\u00fan sin el ejercicio previo de la meditaci\u00f3n. Puede ponerla s\u00fabitamente en estado de contemplaci\u00f3n y de amor, infundirle la contemplaci\u00f3n. Esto no tendr\u00e1 lugar sin relaci\u00f3n a la fe. Ordinariamente ser\u00e1 gracia que se conceder\u00e1 al alma, ya preparada para recibirla por el ejercicio de una fe viva, con una vida pr\u00e1cticamente ajustada a esa fe. Si alguna vez se comunicara dicha gracia a alg\u00fan infiel, no creyente, el oportuno conocimiento de los art\u00edculos de la fe, que antes no cre\u00eda, le prestar\u00e1 una buena ayuda para el mejor conocimiento de lo que se le hubiera comunicado. Y la misma alma, fiel al amor, no dejar\u00e1 de acogerse, dejando la oscuridad de la contemplaci\u00f3n, a la mayor claridad de los art\u00edculos de la fe para por ellos entender lo que se ofrece a su contemplaci\u00f3n (CB 12,2). Y lo que a su contemplaci\u00f3n se ofrece es, pese a todas las semejanzas y coincidencia, algo fundamentalmente distinto de la contemplaci\u00f3n adquirida. El nuevo elemento es que el alma es posesionada por Dios, experimentalmente presente, o tambi\u00e9n -en los casos de la Noche oscura, en que el alma se ve privada de esa presencia sensible- es la sangrante herida de amor y las ansias vehementes que quedan, cuando Dios se retira del alma. Ambas experiencias son experiencias m\u00edsticas, basadas en aquella forma de presencia que constituye un contacto de persona a persona en el fondo m\u00e1s \u00edntimo del alma. En cambio, la fe, y todo lo que a la vida de fe pertenece, descansa sobre la presencia de Dios en el alma por gracia.<br \/><br \/>El contraste entre la presencia sensible y el abandono sensible de Dios en la contemplaci\u00f3n m\u00edstica nos pone ante otro elemento \u00fatil para distinguir a \u00e9sta de la fe. La fe es, en primer t\u00e9rmino, objeto del entendimiento. La voluntad participa claramente en la adhesi\u00f3n a la fe, pero \u00e9sta es, ante todo, la aceptaci\u00f3n de alg\u00fan concepto. Una de sus propiedades es la oscuridad de la fe. La contemplaci\u00f3n es cosa del coraz\u00f3n, es decir, de lo m\u00e1s interior del alma, y por lo mismo, de todas sus fuerzas m\u00e1s \u00edntimas. En el coraz\u00f3n es donde se sienten tanto la presencia como la ausencia aparente de Dios, ya para hacer feliz al alma, ya para dejarla desfallecida en dolorosas ansias. Pues bien, aqu\u00ed en lo m\u00e1s interior de ella, donde ella parece concentrar todo su ser, es donde el alma se siente a s\u00ed misma y ve toda su \u00edntima constituci\u00f3n; y en tanto que no est\u00e1 totalmente purificada, esta visi\u00f3n y percepci\u00f3n le es insufrible martirio, al verse formando tal contraste con la santidad de Dios, presente en ella. Lo que caracteriza, pues, la noche de la contemplaci\u00f3n, es no solamente la oscuridad del conocimiento, sino tambi\u00e9n lo tenebroso de las impurezas del alma y el dolor purificador.<br \/><br \/>La fe y la contemplaci\u00f3n son el medio en que Dios se apodera del alma. La aceptaci\u00f3n de la verdad revelada no tiene lugar por una simple decisi\u00f3n de la voluntad. El mensaje de la fe llega a muchos que no la aceptan. Puede ello obedecer a razones o motivos naturales; pero tambi\u00e9n se dan casos en que, en el fondo, hay como una imposibilidad misteriosa; es que no ha sonado a\u00fan la hora de la gracia. Falta a\u00fan la presencia por gracia. En cambio, en la contemplaci\u00f3n Dios mismo sale al encuentro del alma y se apodera de ella.<br \/><br \/>Y como Dios es amor, de ah\u00ed que el apoderarse Dios del alma es inflamarla en amor conforme a la disposici\u00f3n del esp\u00edritu. El amor eterno es fuego devorador, que consume todo lo terreno y perecedero que halla, como son los movimientos que despiertan en el alma las criaturas. En tanto que el alma anda tras las criaturas, est\u00e1 esquivando el amor de Dios, pero no puede huir de El; entonces aun el amor a s\u00ed misma se le convierte en fuego consumidor.<br \/><br \/>El esp\u00edritu humano, en cuanto esp\u00edritu, est\u00e1 hecho conforme al modelo de un ser imperecedero, inmutable. Esto se manifiesta en la inmutabilidad que atribuye a sus propios estados an\u00edmicos; cree que siempre va a permanecer en el estado en que de momento se encuentra (2N 7,3). Es una ilusi\u00f3n, puesto que el esp\u00edritu en su existencia temporal se halla sujeto a mudanzas. Pero esa convicci\u00f3n, suya revela tambi\u00e9n que su existencia no se reduce a lo temporal, sino que hunde sus ra\u00edces en la eternidad. Por su naturaleza no puede desintegrarse o descomponerse como los seres compuestos de materia. Pero si \u00e9l libremente se abraza y ase a lo temporal, entonces llegar\u00e1 a sentir la mano del Dios vivo, el cual con su omnipotencia puede reducirlo a la nada, consumirlo al fuego vengador del amor divino rechazado, o mantenerlo en un eterno consumirse como a los \u00c1ngeles ca\u00eddos. Esta segunda muerte, muerte la m\u00e1s verdadera, ser\u00eda nuestro destino, de no haber mediado Cristo con su Pasi\u00f3n y muerte entre nosotros y la justicia divina, dando paso a la misericordia.<br \/><br \/>Ni por su naturaleza ni por libre decisi\u00f3n hubo en Cristo nada que opusiera resistencia al amor. En cada momento de su existencia vivi\u00f3 entregado sin reservas al amor divino. Mas, al hacerse hombre, tom\u00f3 sobre s\u00ed toda la carga de los pecados humanos, se abraz\u00f3 con ellos en su misericordioso amor, escondi\u00e9ndolos en su propia alma, con aquel Ecce venio, con el que inaugur\u00f3 su vida terrena, expresamente repetido en su bautismo, y con el Fiat de Getseman\u00ed. As\u00ed se fue consumando su sacrificio de expiaci\u00f3n, primero, en su interior, y luego en los dolores todos a lo largo de su existencia, pero de modo m\u00e1s espantoso en el Huerto de los Olivos y en la Cruz, porque aqu\u00ed lleg\u00f3 a\u00fan a cesar de momento el gozo que a su alma redundaba de su uni\u00f3n hipost\u00e1tica, para que as\u00ed quedara m\u00e1s totalmente a merced del dolor, hasta probar el m\u00e1s total abandono de Dios. El Consumatum est se\u00f1alar\u00e1 el fin de ese holocausto expiatorio, y el Pater, in manus tuas commendo spiritum meum ser\u00e1 el definitivo retorno a la eterna e inalterable uni\u00f3n de amor.<br \/><br \/>Nuestros pecados quedaron destruidos a fuego en la Pasi\u00f3n y muerte de Cristo. Cuando esto creemos y nos unimos al Cristo total, guiados por la fe, lo cual quiere decir que hemos entrado tambi\u00e9n decididos por el camino del seguimiento de Cristo, ya entonces. Cristo nos va llevando \u00aba trav\u00e9s de su Pasi\u00f3n y de su Cruz, a la gloria de la Resurrecci\u00f3n\u00bb. Esto mismo, exactamente, es lo que experimenta el alma en la contemplaci\u00f3n: el paso, a trav\u00e9s del fuego expiatorio, a la dichosa ventura de la uni\u00f3n de amor. Es lo que da raz\u00f3n de su doble car\u00e1cter. Es muerte y resurrecci\u00f3n. Tras la Noche Oscura brillan los resplandores de la Llama de amor viva.<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><br \/><strong><a id=\"CC19\"><\/a>3 La gloria de la resurrecci\u00f3n<\/strong><br \/><br \/><strong><a id=\"CC20\"><\/a>1. En las llamas del Divino amor<\/strong><br \/><br \/><em>Llama de amor viva<\/em><br \/><br \/>I<br \/>\u00a1Oh llama de amor viva,<br \/>que tiernamente hieres<br \/>de mi alma en el m\u00e1s profundo centro!<br \/>Pues ya no eres esquiva,<br \/>acaba ya si quieres,<br \/>rompe la tela de este dulce encuentro!<br \/><br \/>II<br \/>\u00a1Oh cauterio suave!<br \/>\u00a1Oh regalada llaga!<br \/>\u00a1Oh mano blanda! \u00a1Oh toque delicado,<br \/>que a vida eterna sabe<br \/>y toda deuda paga!<br \/>Matando, muerte en vida la has trocado.<br \/><br \/>III<br \/>\u00a1Oh l\u00e1mparas de fuego,<br \/>en cuyos resplandores<br \/>las profundas cavernas del sentido,<br \/>que estaba obscuro y ciego,<br \/>con extra\u00f1os primores<br \/>calor y luz dan junto a su querido!<br \/><br \/>IV<br \/>\u00a1Cuan manso y amoroso<br \/>recuerdas en mi seno <br \/>donde secretamente solo moras:<br \/>y en tu aspirar sabroso,<br \/>de bien y gloria lleno,<br \/>cuan delicadamente me enamoras!<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><a id=\"CC344\"><\/a><strong>a) En el umbral de la vida eterna<\/strong><br \/><br \/>El alma ha salido de la noche. Lo que ahora le aguarda supera a cuanto pueda ser expresado por palabras. Las exclamaciones \u00a1oh, y cuan! tratan de expresar lo que siente. Por esta raz\u00f3n ha diferido el Santo el complacer a la petici\u00f3n de su hija espiritual Ana de Pe\u00f1alosa de que declarara estas cuatro canciones. Sent\u00eda la ineptitud del lenguaje para declarar cosas tan espirituales y entra\u00f1ables. Pero despu\u00e9s de alg\u00fan tiempo le pareci\u00f3 \u00abque el Se\u00f1or ha abierto un poco la noticia, y dado alg\u00fan calor\u00bb, y se decidi\u00f3 a llevar adelante esta empresa (L Pr\u00f3l.,1, a Ana de Pe\u00f1alosa).<br \/><br \/>\u00ab\u00a1Alg\u00fan calor!\u00bb De hecho, da la impresi\u00f3n de que no s\u00f3lo las cuatro estrofas de la canci\u00f3n, sino todo el comentario no es m\u00e1s que un llamear incesante de la \u00abLlama de amor viva\u00bb. Por ello s\u00f3lo con un santo respeto nos atrevemos a acercarnos a estos divinos secretos que tienen lugar en lo m\u00e1s \u00edntimo de un alma escogida. Pero una vez que se ha descorrido el velo no est\u00e1 permitido callar. Tenemos ante nosotros lo que la Subida y la Noche nos hab\u00edan prometido: el alma que, tras el largo camino del Calvario, ha llegado al t\u00e9rmino de la uni\u00f3n deseada.<br \/><br \/>Ya hemos advertido antes, que tambi\u00e9n los primeros escritos evidencian haber sido compuestos por alguien que ya ha alcanzado la meta. De otra forma apenas si ser\u00eda comprensible La Canci\u00f3n de la Noche Oscura. Pero al declarar las estrofas se ha retrotra\u00eddo al tiempo en que atravesaba todav\u00eda la Noche y la ha descrito como si estuviera todav\u00eda aprisionado en ella. Tan s\u00f3lo mirando hacia adelante nos ha dicho algo acerca de su t\u00e9rmino. Pero ahora se encuentra sumergido en la radiante luz de la ma\u00f1ana de la Resurrecci\u00f3n. Si todav\u00eda habla de cruz y de noche es como un recuerdo. Es verdad que esta mirada retrospectiva da mayor significaci\u00f3n a esta obra dentro del conjunto: la nueva vida ha nacido de la muerte, la gloria de la Resurrecci\u00f3n es el premio de haber aguantado fielmente la Noche y la Cruz. As\u00ed es como \u00abtoda deuda paga\u00bb.<br \/><br \/>El alma \u00absiente, c\u00f3mo corren de su seno r\u00edos de agua viva\u00bb (Jn 7,38), y le parece, que pues con tanta fuerza est\u00e1 transformada en Dios, y tan altamente de \u00e9l pose\u00edda, y con tan ricas riquezas de dones y virtudes arreada, que est\u00e1 tan cerca de la bienaventuranza, que no la divide sino una leve y delicada tela\u00bb. Cada vez que la embiste esta delicada llama de amor, que en ella arde \u00abla est\u00e1 como glorificando con suave y fuerte gloria\u00bb y le parece que va a romper la tela de su vida y que le falta poco para alcanzar la posesi\u00f3n de la felicidad y vida eterna. As\u00ed est\u00e1 llena de grandes deseos y suplica ser liberada de la envoltura mortal (L 1,1).<br \/><br \/>La llama de amor viva es el Esp\u00edritu Santo, \u00aba el cual siente ya el alma en s\u00ed, como fuego que le tiene consumida y transformada en suave amor\u00bb, y adem\u00e1s \u00abcomo fuego, que arde en ella y echa llama&#8230;, y aquella llama cada vez que llamea, ba\u00f1a el alma en gloria y la refresca en temple de vida divina\u00bb. El Esp\u00edritu Santo causa en el alma inflamaciones de amor, en las que el alma se hace un mismo amor con la divina llama. La transformaci\u00f3n en amor es el h\u00e1bito, estado duradero, al que est\u00e1 el alma transportada, el fuego que arde en ella permanentemente. Sus actos \u00abson la llama que nace del fuego del amor, que tan vehemente sale, cuanto es m\u00e1s intenso el fuego de la uni\u00f3n\u00bb. En este estado no es capaz el alma de obrar por s\u00ed misma. Todos los actos son dados y hechos por el Esp\u00edritu Santo, y por esta raz\u00f3n son todos divinos. De aqu\u00ed que el alma tiene la impresi\u00f3n cada vez que llamea esta llama, de que se le est\u00e1 dando la vida eterna: \u00abpues la levanta a operaci\u00f3n de Dios en Dios\u00bb (L 1,4). En esta transformaci\u00f3n en llama de amor se le comunican el Padre, el Hijo y el Esp\u00edritu Santo, y tanto se aproxima a Dios, que percibe como un vislumbre de vida eterna y tiene la impresi\u00f3n de haberla alcanzado (L 1,3-4).<br \/><br \/>La llama del amor divino toca al alma con la ternura de la vida divina y la hiere tan fuertemente en sus entra\u00f1as m\u00e1s profundas que se derrite de amor. Mas \u00bfc\u00f3mo se puede hablar aqu\u00ed de heridas? De hecho estas heridas son \u00abcomo llamaradas tiern\u00edsimas de delicado amor\u00bb, fuegos de la eterna Sabidur\u00eda, \u00abllamaradas de tiernos toques, que a el alma tocan por momentos, de parte del fuego de amor que no est\u00e1 ocioso.\u00bb (L 1,8).<br \/><br \/>Esto acontece en el m\u00e1s profundo centro del alma, donde no pueden penetrar ni el sentido ni el demonio, por consiguiente en completa seguridad, substancial y deleitablemente. \u00abCuanto m\u00e1s deleitable e interior, es m\u00e1s pura: y cuanto hay m\u00e1s de pureza, tanto m\u00e1s abundante y frecuente y generosamente se comunica Dios, y as\u00ed es tanto m\u00e1s el deleite y el gozar del alma&#8230;, porque es Dios el obrero de todo, sin que el alma haga de suyo nada\u00bb. El alma no puede hacer nada por s\u00ed misma si no es con ayuda de los sentidos corporales, de los cuales en este estado est\u00e1 completamente apartada, y as\u00ed \u00absu negocio es ya s\u00f3lo recibir de Dios, el cual s\u00f3lo puede en el fondo del alma&#8230;, sin ayuda de los sentidos, hacer obra y mover el alma en ella\u00bb. De esta forma todos los movimientos del alma son divinos, actos de Dios, pero tambi\u00e9n actos de la misma alma. \u00abPorque los hace Dios en ella con ella, que da su voluntad y consentimiento\u00bb (L 1,9).<br \/><br \/>Cuando afirma el alma que el Esp\u00edritu Santo la ha herido en su m\u00e1s profundo centro, quiere significar que hay otros puntos menos profundos en ella, que corresponden a los grados del amor divino: pero ahora es tocada y alcanzada en su substancia, en su operaci\u00f3n y en su fuerza. No quiere con ello significar \u00abque sea esta tan substancial y enteramente como la beat\u00edfica visi\u00f3n de Dios en la otra vida&#8230;\u00bb d\u00edcelo solamente \u00abpara dar a entender la copiosidad y abundancia de deleite y gloria que en esta manera de comunicaci\u00f3n en el Esp\u00edritu Santo siente: el cual deleite es mayor y m\u00e1s tierno, cuanto m\u00e1s fuerte y m\u00e1s substancialmente est\u00e1 transformada y reconcentrada en Dios el alma. Mas no acontece esto tan perfectamente como en la vida eterna. \u00abAunque por ventura el h\u00e1bito de la caridad puede el alma tener en esta vida tan perfecto como en la otra: mas no la operaci\u00f3n y el fruto&#8230;\u00bb Mas es tan parecido su estado al de la vida futura, que sintiendo el alma ser as\u00ed, se atreve a afirmar: de mi alma en el m\u00e1s profundo centro. Quien no tenga de ello experiencia lo juzgar\u00e1 exagerado. Mas no es \u00abincre\u00edble que el padre de las lumbres, cuya mano no es abreviada y con abundancia se difunde&#8230; a un alma ya encaminada y probada y purgada en el fuego de tribulaciones&#8230;, y hallada fiel en el amor, deje de cumplirse en esta fiel alma en esta vida lo que el Hijo de Dios prometi\u00f3, conviene a saber: que si alguno le amase vendr\u00eda la Sant\u00edsima Trinidad en \u00e9l, y morar\u00edan de asiento en \u00e9l (Jn 14,23), lo cual es ilustr\u00e1ndole el entendimiento divinamente en la sabidur\u00eda del Hijo, y deleit\u00e1ndole la voluntad en el Esp\u00edritu Santo, y absorbi\u00e9ndole el Padre poderosa y fuertemente en el abismo de su dulzura\u00bb. Pero en el alma en la que arde la viva llama hace el Esp\u00edritu Santo mucho m\u00e1s que en la comunicaci\u00f3n y transformaci\u00f3n de amor. \u00abPorque lo uno es como un ascua encendida: lo otro, como ascua en que tanto se afervora el fuego, que no solamente est\u00e1 encendida, sino echando llama viva\u00bb. La uni\u00f3n simple es comparada al \u00abfuego de Dios que est\u00e1 en Si\u00f3n\u00bb (Is 31,9), esto es en la Iglesia militante, en la que el fuego del amor no est\u00e1 en extremo encendido, y la uni\u00f3n de amor con inflamaci\u00f3n de amor, \u00abal horno de Dios, que est\u00e1 en Jerusal\u00e9n\u00bb, visi\u00f3n de paz en la Iglesia triunfante, en la que este fuego como en un horno est\u00e1 encendido en perfecci\u00f3n del cielo, pero echa llamas como horno de fuego en contemplaci\u00f3n pac\u00edfica, gloriosa y radiante de amor. Experimenta c\u00f3mo \u00abesta viva llama de amor vivamente le est\u00e1 comunicando todos los bienes\u00bb. Por ello exclama: \u00ab\u00a1Oh llama de amor viva, que tiernamente hieres\u00bb. Como si dijera: \u00a1Oh encendido amor, que con tan amorosos movimientos regaladamente est\u00e1s glorific\u00e1ndome, seg\u00fan la mayor capacidad y fuerza de mi alma!, es a saber, d\u00e1ndome inteligencia divina, seg\u00fan toda la habilidad y capacidad de mi entendimiento, y comunic\u00e1ndome el amor, seg\u00fan la mayor fuerza de mi voluntad, y deleit\u00e1ndome en la sustancia del alma con el torrente de tu deleite en tu divino contacto y junta substancial, seg\u00fan la mayor fuerza de mi sustancia y capacidad y anchura de mi memoria\u00bb.<br \/><br \/>Cuando se ha terminado la purgaci\u00f3n de todas las potencias, \u00abla Sabidur\u00eda Divina&#8230; profunda y sutil y subidamente con su divina llama la absorbe en s\u00ed, y en aquel absorbimiento del alma en la sabidur\u00eda, el Esp\u00edritu Santo ejercita los vibramientos gloriosos de su llama\u00bb (L 1,17). Es el mismo fuego que en la purificaci\u00f3n era oscuro y doloroso para el alma y que ahora la ilumina amorosa y beat\u00edficamente. Por ello dice el alma: \u00ab\u00a1Pues ya no eres esquiva!\u00bb. Anteriormente la divina luz no le permiti\u00f3 ver m\u00e1s que sus propias tinieblas. Ahora, como ya est\u00e1 iluminada y transformada, contempla en s\u00ed misma la luz. Antes era la llama terrible para la voluntad, porque le hac\u00eda sentir dolorosamente su dureza y sequedad, y no pod\u00eda rastrear la ternura y delicadeza de la llama ni gustar su dulzura, porque estaba estragado su gusto por inclinaciones bastardas. El alma no pod\u00eda apreciar las inmensas riquezas ni el deleite de la llama de amor y sent\u00eda bajo su influjo solamente su propia pobreza y miseria. Piensa en todo ello como en cosa pasada y con esas breves palabras quiere decir: \u00abya no solamente no me eres oscura como antes, pero eres la divina luz de mi entendimiento, con que te puedo mirar: y no solamente no haces desfallecer mi flaqueza, mas antes eres la fortaleza de mi voluntad con que te puedo amar y gozar, estando toda convertida en divino amor; y ya no eres pesadumbre y aprieto para la sustancia de mi alma, mas antes eres la gloria y deleite y anchura de ella\u00bb (L 1,26). Y como se sabe ya tan pr\u00f3xima a la meta, pide por \u00faltimo:<br \/><br \/>\u00abAcaba ya, si quieres\u00bb.<br \/><br \/>Es pedirle perfecto matrimonio espiritual en la visi\u00f3n beat\u00edfica. Como el alma en este tan alto estado est\u00e1 completamente abandonada en Dios y sin deseo propio, no puede pedir otra cosa. Mas como vive todav\u00eda en esperanza y no tiene la plena filiaci\u00f3n divina, suspira por la consumaci\u00f3n, y esto tanto m\u00e1s intensamente por cuanto ha experimentado el pregusto y el goce de ello, en cuanto es posible en la tierra. Tan elevado es este grado, que llega a creer que su naturaleza se disuelve, porque la parte inferior es incapaz de soportar un fuego tan subido y potente. Y as\u00ed suceder\u00eda en verdad de no venir Dios en ayuda de la debilidad de su naturaleza y sostenerla con su diestra. Por lo dem\u00e1s estos breves destellos de contemplaci\u00f3n son de tal suerte, \u00abque antes ser\u00eda poco amor no pedir entrada en aquella perfecci\u00f3n y cumplimiento de amor\u00bb. Ve all\u00ed el alma que el mismo Esp\u00edritu Santo la convida a aquella inmensa gloria y que, como el Esposo en el Cantar de los cantares, la llama: \u00abLev\u00e1ntate, amiga m\u00eda, graciosa m\u00eda, y mi paloma y, ven&#8230;\u00bb (Cant 2,10ss.) \u00abAcaba ya si quieres\u00bb; con esto pide el alma aquellas dos peticiones que \u00e9l nos ense\u00f1\u00f3 en el Evangelio, a saber: \u00abAdveniat Regnun tuum; fiat voluntas tua\u00bb(L 1,28). <br \/><br \/>Para que pueda tener lugar la uni\u00f3n perfecta, han de ser retiradas todas las telas que separan al alma de Dios. Pueden ser tres estas telas: \u00abtemporal, en que se comprenden todas las criaturas; natural, en que se comprenden las operaciones e inclinaciones puramente naturales&#8230;; sensitiva, en que s\u00f3lo se comprende la uni\u00f3n del alma con el cuerpo, que es vida sensitiva y animal&#8230;\u00bb La primera y segunda han tenido que haber sido rotas para llegar a la uni\u00f3n en que ya se encuentra el alma. Ello se ha hecho \u00abpor los encuentros esquivos de esta llama, cuando era ella esquiva\u00bb. Ahora s\u00f3lo queda la tercera tela de la vida sensitiva, y \u00e9sta con esta uni\u00f3n con Dios es tan sutil y delgada como un velo. Y cuando se rompe, puede hablar el alma de un dulce encuentro. Porque el morir natural de esta alma es muy diverso del de los dem\u00e1s, aunque sean semejantes las circunstancias de la muerte. \u00abPorque aunque en enfermedad mueran o en cumplimiento de edad, no las arranca el alma sino alg\u00fan \u00edmpetu y encuentro de amor mucho m\u00e1s subido que los pasados y m\u00e1s poderoso y valeroso, pues pudo romper la tela y llevarse la joya del alma. Y as\u00ed la muerte de semejantes almas es muy suave y muy dulce m\u00e1s que les fue la vida espiritual toda su vida; pues que mueren con m\u00e1s subidos \u00edmpetus y encuentros sabrosos de amor, siendo ellos como el cisne, que canta m\u00e1s suavemente cuando se muere. Que por eso dijo David que era preciosa la muerte de los justos en el acatamiento de Dios (Sal 5,15), porque por aqu\u00ed vienen en uno a juntarse todas las riquezas del alma, y van a encontrar los r\u00edos del amor del alma en la mar, los cuales est\u00e1n all\u00ed ya tan anchos y represados que parecen ya mares\u00bb (L 1,30). Se ve el alma en los umbrales de la entrada en la eterna felicidad y \u00abtan al canto de salir a poseer acabada y perfectamente su reino&#8230;; se conoce rica y pura y llena de virtudes y dispuesta para ello, porque en este estado deja Dios al alma ver su hermosura&#8230;; porque todo se le vuelve en amor y alabanzas, sin toque de presunci\u00f3n ni vanidad, no habiendo ya levadura de imperfecci\u00f3n&#8230;; y como ve el alma que no le falta m\u00e1s que romper esta flaca tela de vida natural&#8230;, con deseo de verse desatada y verse con Cristo, haci\u00e9ndole l\u00e1stima que una vida tan baja y flaca le impida otra tan alta y fuerte, pide que se rompa diciendo: Rompe la tela de este dulce encuentro\u00bb(L 1,31).<br \/><br \/>Como ahora \u00absiente el alma la fortaleza de la otra vida, echa de ver la flaqueza de estotra, y par\u00e9cele muy delgada tela y aun tela de ara\u00f1a (Sal 89,9) y aun es mucho menos\u00bb. Porque ahora conoce las cosas como Dios: \u00abtodas las cosas le son nada, y ella es para sus ojos nada. S\u00f3lo su Dios para ella es el todo\u00bb.<br \/><br \/>El alma pide que se rompa la tela, no que la corte: en primer lugar, porque romper es m\u00e1s propio del encuentro; adem\u00e1s, \u00abporque el amor es amigo de fuerza de amor y de toque fuerte e impetuoso\u00bb&#8230; En tercer lugar, porque el amor apetece que el acto sea brev\u00edsimo. \u00abPorque tiene tanto m\u00e1s fuerza y valor cuanto es m\u00e1s presto y m\u00e1s espiritual, porque la virtud unida m\u00e1s fuerte es que esparcida\u00bb. Los actos que en un instante se hacen en el alma, son infundidos por Dios; los que proceden del alma son m\u00e1s bien deseos dispositivos y nunca llegan a ser perfectos actos de amor, sino cuando, como hemos dicho, algunas veces, \u00abDios los forma y perfecciona con gran gravedad en el esp\u00edritu\u00bb. \u00abEn el alma dispuesta por momentos entra el acto de amor, porque la centella a cada toque prende en la enjuta yesca, y as\u00ed el alma enamorada m\u00e1s quiere la brevedad del romper\u00bb. No admite dilaci\u00f3n ni espera que naturalmente se acabe la vida. \u00abPorque la fuerza del amor y la disposici\u00f3n que en s\u00ed ve la hacen querer y pedir se rompa luego la vida con alg\u00fan encuentro o \u00edmpetu sobrenatural de amor\u00bb. Sabe el alma \u00abque es condici\u00f3n de Dios llevar antes de tiempo consigo las almas que \u00e9l mucho ama\u00bb, consum\u00e1ndolas en breve por medio de este amor. \u00abPor eso es gran negocio para el alma ejercitar en esta vida los actos de amor, porque, consum\u00e1ndose en breve, no se detenga mucho ac\u00e1 o all\u00e1 sin ver a Dios\u00bb.<br \/><br \/>El alma a este impetuoso embestimiento interior del Esp\u00edritu Santo le llama encuentro. Dios la acomete con este \u00edmpetu sobrenatural, para levantarla sobre la carne y conducirla a la perfecci\u00f3n ansiada. Son verdaderos encuentros: El Esp\u00edritu Santo penetra el ser del alma, le esclarece y diviniza, \u00aben lo cual absorbe al alma sobre todo ser el ser de Dios\u00bb. El alma gusta aqu\u00ed vivamente de Dios, y llama a este encuentro dulce sobre todos los dem\u00e1s toques y encuentros, porque supera a todos los dem\u00e1s. As\u00ed prepara Dios al alma para la perfecta glorificaci\u00f3n y le concede la petici\u00f3n de romper el velo, para que en adelante pueda amar a Dios sin barreras, sin fin en la plenitud y saciedad por la que hab\u00eda suspirado (1L 33-36).<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><a id=\"CC355\"><\/a><strong>b) Uni\u00f3n con Dios, Uno y Trino<\/strong><br \/><br \/>\u00a1Oh cauterio suave.<br \/>\u00a1Oh regalada llaga!<br \/>\u00a1Oh mano blanda! \u00a1Oh toque delicado,<br \/>que a vida eterna sabe<br \/>y toda deuda paga!<br \/>matando, muerte en vida la has troncado.<br \/><br \/>En la primera estrofa se ha considerado la uni\u00f3n principalmente como obra del Esp\u00edritu Santo. S\u00f3lo brevemente hemos notado que las tres divinas personas establecen en el alma su morada. Ahora trataremos de exponer, qu\u00e9 parte tiene cada una de las personas en la \u00abdivina obra de la uni\u00f3n\u00bb. Cauterio, mano y toque son sustancialmente una misma cosa; los nombres han sido impuestos con relaci\u00f3n a los efectos. \u00abEl cauterio es el Esp\u00edritu Santo; la mano es el Padre, y el toque el Hijo\u00bb. Cada uno le trae un don especial; al Esp\u00edritu Santo, al cauterio suave, le debe la regalada llaga. El Hijo, por medio del toque delicado, le da a gustar la vida eterna. El Padre con mano blanda la transforma en Dios. Y, sin embargo, habla ella tan s\u00f3lo con uno, \u00abporque todos ellos obran en uno, y as\u00ed todo lo atribuye a uno, y todo a todos\u00bb(L 2,1).<br \/><br \/>Sabemos que el Esp\u00edritu Santo es Fuego consumidor (Deut 4,24), \u00abfuego de amor, el cual como sea de infinita fuerza, inestimablemente puede consumir y transformar en s\u00ed al alma que tocare. Y por cuanto este divino fuego, en este caso, tiene transformada al alma en s\u00ed, no solamente siente cauterio, mas toda ella est\u00e1 hecha un cauterio de vehemente fuego- Y es cosa admirable&#8230;, que con ser este fuego de Dios tan vehemente y consumidor que con mayor facilidad consumir\u00eda mil mundos que el fuego de aqu\u00ed una raspa de lino, no consuma y acabe el alma en que arde&#8230;, sino que la endiosa y deleita\u00bb. \u00abLa dichosa alma que por grande ventura a este cauterio llega, todo lo sabe, todo lo gusta, todo lo que quiere hace y se prospera, y ninguno prevalece delante de ella, ni le toca\u00bb. Para ella valen las palabras del Ap\u00f3stol: \u00abEl espiritual todo lo juzga y \u00e9l de ninguno es juzgado\u00bb (1Cor 2,15) y de nuevo: \u00abEl Espiritual todo lo rastrea, hasta lo profundo de Dios\u00bb (1Cor 1,10). Porque esta es la propiedad del amor: \u00abescudri\u00f1ar todos los bienes del amado\u00bb (L 2,2-4).<br \/><br \/>El suave cauterio causa una llaga regalada; \u00abporque siendo el cauterio de amor suave, ella ser\u00e1 llaga de amor suave, y as\u00ed ser\u00e1 regalada suavemente. Y para dar a entender c\u00f3mo ser\u00e1 esta llaga con quien ella aqu\u00ed habla, es de saber que e) cauterio del fuego material en la parte do asienta siempre hace llaga, y tiene esta propiedad: que si asienta sobre llaga que no era de fuego, la hace que sea de fuego. Y eso tiene este cauterio de amor, que en el alma que toca, ahora est\u00e9 llagada de otras llagas de miserias y pecados, ahora est\u00e9 sana, luego la deja llagada de amor\u00bb. Y aun las mismas llagas que el amor causa no pueden ser curadas sino por el amor y en esto se diferencia del fuego material. Pero si las cura es para producir otras nuevas. \u00abPorque cada vez que toca el cauterio de amor en la llaga de amor, hace mayor llaga de amor, y as\u00ed cura y sana m\u00e1s por cuanto llaga m\u00e1s&#8212;, hasta tanto que la llaga sea tan grande que toda el alma venga a resolverse en llaga de amor. Y de esta manera..,, hecha una llaga de amor, est\u00e1 toda sana en amor, porque est\u00e1 transformada en amor\u00bb. A pesar de esto el cauterio no deja de hacer su operaci\u00f3n, sino que como buen m\u00e9dico acaricia amorosamente la llaga ya curada.<br \/><br \/>Este tan alto grado de herida de amor se produce por \u00abun toque s\u00f3lo de la Divinidad en el alma, sin forma ni figura alguna intelectual ni imaginaria\u00bb (L 2,8). Mas se dan todav\u00eda otras muy subidas maneras de cauterios con forma intelectual. El Santo nos da aqu\u00ed una detallada descripci\u00f3n de c\u00f3mo puede ser el alma herida por un Seraf\u00edn con una flecha o dardo encendido. No puede referirse m\u00e1s que a la Transverberaci\u00f3n de nuestra madre Santa Teresa (V 29). La descripci\u00f3n contiene sin embargo importantes detalles que Santa Teresa no hab\u00eda notado en su propio relato. No es esto de extra\u00f1ar teniendo en cuenta que la santa hab\u00eda abierto por entero su alma a San Juan de la Cruz y en todo caso se expres\u00f3 sin reserva, cosa que no pudo hacer en su exposici\u00f3n literaria. El alma -dice el Santo- \u00absiente la herida fina y la hierba con que vivamente iba templado el hierro, como una viva punta en la sustancia del esp\u00edritu, como en el coraz\u00f3n del alma traspasado\u00bb (L 2,9). \u00abY en este \u00edntimo punto de la herida que parece queda en medio del coraz\u00f3n del esp\u00edritu, que es donde se siente lo fino del deleite, \u00bfqui\u00e9n podr\u00e1 hablar como conviene? Porque siente el alma all\u00ed como un grano de mostaza muy m\u00ednimo, viv\u00edsimo y encendid\u00edsimo, el cual de s\u00ed env\u00eda en circunferencia un vivo y encendido fuego de amor; el cual fuego, naciendo de la sustancia y virtud de aquel punto vivo donde est\u00e1 la sustancia y virtud de la yerba, se siente difundir sutilmente por todas las espirituales y sustanciales venas del alma&#8230;\u00bb. Con ello ve el alma que crece m\u00e1s en alto grado el del amor. Y en este ardor se afina el amor tanto, que le parece como si hubiera en ella mares de fuego amoroso que llegan a lo alto y a lo bajo inundando de amor la parte superior e inferior del alma. En este fuego el mundo entero le parece un mar de amor, en el que est\u00e1 ella engolfada, sintiendo en s\u00ed el punto y centro vivo del amor. \u00abY lo que aqu\u00ed goza el alma no hay m\u00e1s que decir sino que all\u00ed siente cuan bien comparado est\u00e1 en el Evangelio el reino de los cielos al grano de mostaza que por su gran calor, aunque tan peque\u00f1o, crece en \u00e1rbol grande (Mt 13,31); pues que el alma se ve hecha como un inmenso fuego de amor que nace de aquel punto encendido del coraz\u00f3n del esp\u00edritu.<br \/><br \/>\u00abPocas almas llegan a tanto como esto. Mas algunas han llegado, mayormente las de aquellos cuya virtud y esp\u00edritu se hab\u00eda de difundir en la sucesi\u00f3n de sus hijos, dando Dios la riqueza y valor a las cabezas en las primicias del esp\u00edritu seg\u00fan la mayor o menor sucesi\u00f3n que hab\u00edan de tener en su doctrina y esp\u00edritu\u00bb (Tambi\u00e9n esta observaci\u00f3n apunta a la Santa Madre).<br \/><br \/>En algunas ocasiones esta herida interior se hace visible externamente en el cuerpo. El Santo acude para explicarlo a las llagas de San Francisco, a quien, cuando le llag\u00f3 el Seraf\u00edn con las cinco llagas, \u00abtambi\u00e9n sali\u00f3&#8230; el efecto de ellas al cuerpo, imprimi\u00e9ndolas tambi\u00e9n en el cuerpo y llag\u00e1ndole tambi\u00e9n, como las hab\u00eda impreso en su alma llag\u00e1ndola de amor; porque Dios, ordinariamente, ninguna merced hace al cuerpo que primero y principalmente no la haga en el alma\u00bb. Y cuanto mayor es el deleite y la fuerza del amor como consecuencia de la herida interior, \u00abtanto mayor es el de fuera en la llaga del cuerpo y creciendo lo uno crece lo otro\u00bb, porque \u00abestando estas almas purificadas y puestas en Dios, lo que a su corruptible carne es causa de dolor y tormentos&#8230;, en el esp\u00edritu fuerte y sano le es dulce y sabroso. Pero cuando el llagar es s\u00f3lo en el alma, sin que se comunique fuera, puede ser el deleite m\u00e1s intenso y m\u00e1s subido; porque como la carne tenga enfermado el esp\u00edritu, cuando los bienes espirituales de \u00e9l se comunican tambi\u00e9n a ella, ella tira la rienda y enfrena la boca de este ligero caballo del esp\u00edritu y ap\u00e1gale su gran br\u00edo, porque si \u00e9l usa de la fuerza la rienda se ha de romper&#8230;\u00bb (L 2,13).<br \/><br \/>La breve alusi\u00f3n a la variedad de heridas de amor es digna de tenerse en cuenta, por cuanto demuestra el cuidado que ha puesto el Santo en esclarecer su propia experiencia con lo que ha acontecido a otras almas; por ella se ve tambi\u00e9n con cu\u00e1nta claridad ha establecido su distinci\u00f3n y con qu\u00e9 seguridad afirma lo que es para \u00e9l postulado fundamental: por muy subidas que puedan ser las heridas de amor en la experiencia visionaria, no pueden equipararse con lo que de manera puramente espiritual acontece en la esencia del alma. Esto concuerda con la teor\u00eda de las relaciones entre el cuerpo y el alma que en este pasaje esboza San Juan de la Cruz; el alma en cuanto esp\u00edritu, es esencialmente la que ejerce el dominio, pero como se encuentra en el estado de naturaleza ca\u00edda, aun en los grados m\u00e1s altos del proceso m\u00edstico, tiene que sostener el peso del cuerpo y se siente oprimida por la envoltura terrena; el orden de la gracia se acomoda a este orden primordial de la naturaleza y as\u00ed sus dones ante todo y en primera l\u00ednea se conceden al alma. y s\u00f3lo eventual mente, a trav\u00e9s del alma, redundan en el cuerpo.<br \/><br \/>La mano que produce la herida, es el Padre piadoso y omnipotente: mano \u00abque pues tan generosa y dadivosa cuanto poderosa y rica, ricas y poderosas d\u00e1divas dar\u00e1 al alma cuando se abre para hacerla mercedes\u00bb. El alma siente c\u00f3mo se posa amorosa sobre ella y c\u00f3mo la toca tanto m\u00e1s delicadamente cuanto esta misma mano podr\u00eda hundir el mundo en el abismo, si con mayor fuerza la aplicara. Ella mata y ella da vida y nadie puede escaparse a su poder. \u00abMas t\u00fa \u00a1Oh divina vida! nunca matas sino para dar vida&#8230;; cuando castigas levemente tocas, y eso basta para consumir el mundo; pero cuando regalas muy de prop\u00f3sito asientas, y as\u00ed del regalo de tu dulzura no hay n\u00famero. Llag\u00e1steme para sanarme \u00a1oh divina mano! y mataste en m\u00ed lo que me ten\u00eda muerta sin la vida de Dios en que ahora me veo vivir y esto hiciste con la liberalidad de tu generosa gracia de que usaste conmigo con el toque con que me tocaste del resplandor de tu gloria y figura de tu sustancia (Hebr 1,3), que es tu Unig\u00e9nito Hijo, en el cual siendo \u00e9l tu Sabidur\u00eda, tocas fuertemente desde un fin hasta otro fin (Sab 8,1); y este Unig\u00e9nito Hijo tuyo, \u00a1oh mano misericordiosa del Padre! es el toque delicado con que me tocaste en la fuerza de tu cauterio y me llagaste.<br \/><br \/>\u201cOh, pues, t\u00fa, toque delicado, Verbo Hijo de Dios, que por la delicadeza de tu ser divino penetras sutilmente la sustancia del alma, y toc\u00e1ndola toda delicadamente en ti la absorbes toda en divinos modos de deleites y suavidades nunca o\u00eddos en la tierra de Cana\u00e1n, ni vistos en Teman! (Bar 3,22). \u00a1Oh, pues, mucho, y en gran manera mucho delicado toque del Verbo, para m\u00ed tanto m\u00e1s, cuanto habiendo trastornado los montes y quebrantado las piedras en et Monte Oreb con la sombra de tu poder y fuerza que iba delante de ti, te diste m\u00e1s suave y fuertemente a sentir al profeta en el silbo de aire delicado! (1Re 19,11-12). \u00a1Oh aire delgado! como eres aire delgado y delicado, di: \u00bfc\u00f3mo tocas delgada y delicadamente. Verbo, Hijo de Dios, siendo tan terrible y poderoso? \u00a1Oh dichosa, y muy mucho dichosa el alma a quien tocares delgada y delicadamente, siendo tan terrible y poderoso! Di esto al mundo, mas no se lo quieras decir al mundo, porque no sabe \u00e9l de aire delgado y no te sentir\u00e1, porque no te pueden ver ni te pueden recibir. sino aquellos. Dios m\u00edo y vida m\u00eda, te ver\u00e1n y sentir\u00e1n tu toque delgado, que enajen\u00e1ndose del mundo se pusieren en delgado, conviniendo delgado con delgado, y as\u00ed te puedan sentir y gozar&#8230; Oh. pues, otra vez y muchas veces delicado toque tanto m\u00e1s fuerte y poderoso, cuanto m\u00e1s delicado; pues que con la fuerza de tu delicadeza deshaces y apartas al alma de todos los dem\u00e1s toques de las cosas creadas y la adjudicas y unes s\u00f3lo para ti; y tan delgado efecto y dejo dejas en ella, que todo otro toque de todas las cosas altas y bajas le parece grosero y bastardo y le ofende aun mirarle y le es pena y grave tormento tratarle y tocarle\u00bb.<br \/><br \/>Cuanto es m\u00e1s delgada tanto m\u00e1s crece su capacidad y cuanto m\u00e1s sutil y delicada tanto se hace m\u00e1s comunicativa. El Verbo es infinitamente sutil y delicado, y el alma delicado, y el alma por su purificaci\u00f3n se ha convertido en un vaso ancho y capaz. Y cuanto m\u00e1s fino y delgado es el toque tanto m\u00e1s deleite proporciona. Este toque divino no tiene forma ni figura, porque el Verbo que es el que lo hace no puede caer bajo modo ni manera alguna. Es toque sustancial, es decir, que obra en el alma por medio de la divina sustancia que es simplic\u00edsima, por tanto, inefable. Y como es infinito es infinitamente delicado\u00bb (L 2,16-20). De esta forma puede decir \u00abque a vida eterna sabe\u00bb. No es esto imposible, porque toca la substancia de Dios en la sustancia del alma. El placer que experimenta es inefable. \u00abNi yo querr\u00eda hablar en ello, porque no se entienda que aquello no es m\u00e1s de lo que se dice, que no hay vocablos para declarar\u00bb. Las almas tienen su lenguaje propio para declarar cosas tan subidas de Dios, y s\u00f3lo pueden entenderlo aquellas a quienes han sido comunicadas: estas se alegran de haberlas recibido y las guardan en secreto. Acontece aqu\u00ed como con la piedra blanca de que habla San Juan (Ap 2,17) que nadie la conoce, sino el que la recibe. Este divino toque encierra en s\u00ed un pregusto de la vida eterna, aunque no se goza tan perfectamente como en la gloria. El alma \u00abgusta aqu\u00ed de todas las cosas de Dios, comunic\u00e1ndosele fortaleza, sabidur\u00eda, amor, hermosura, gracia, bondad, etc. Que como Dios sea todas estas cosas, g\u00fastalas el alma en un solo toque de Dios, y as\u00ed el alma seg\u00fan sus potencias y sus sustancias goza. Y de este bien del alma a veces redunda en el cuerpo la unci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo y goza toda la sustancia sensitiva y todos los miembros y huesos y m\u00e9dulas&#8230;, con sentimiento de gran deleite y gloria, que se siente hasta en los \u00faltimos artejos de pies y manos\u00bb (L2,22). En este pregusto de vida eterna se siente el alma ricamente y sobre todo merecimiento pagada de todos los trabajos, tribulaciones, tentaciones y penitencias pasadas. Y as\u00ed se cumple el verso \u00aby toda deuda paga\u00bb.<br \/><br \/>Si son muy pocos los que llegan \u00aba tan alto estado de perfecci\u00f3n de uni\u00f3n de Dios\u00bb, la causa no hay que buscarla en Dios que quiere que todos sean perfectos pero encuentra pocos vasos que \u00absufran tan alta y subida obra\u00bb. La mayor\u00eda \u00abno queriendo sujetarse al menor desconsuelo y mortificaci\u00f3n, (Dios) no va adelante en purificarlos y levantarlos del polvo de la tierra por la labor de la mortificaci\u00f3n&#8230;\u00bb. \u00ab\u00a1Oh almas que os quer\u00e9is andar seguras y consoladas en las cosas del esp\u00edritu! si supieseis cu\u00e1nto os conviene padecer sufriendo para venir a esa seguridad y consuelo&#8230;, llevar\u00edais la cruz, y, puestas en ella. querr\u00edais beber la hiel y vinagre puro y lo habr\u00edais a gran dicha, viendo c\u00f3mo muriendo as\u00ed al mundo y a vosotras mismas vivir\u00edais en Dios en deleites de esp\u00edritu, y as\u00ed, sufriendo con paciencia y fidelidad lo poco exterior, merecer\u00edais que pusiese Dios los ojos en vosotras para purgaros y limpiaros por algunos trabajos m\u00e1s espirituales, para daros bienes m\u00e1s de adentro\u00bb. De aqu\u00ed proviene el que \u00abson muy pocos los que merecen ser consumados por pasiones, padeciendo a fin de venir a tan alto estado\u00bb (L 2,30).<br \/><br \/>Volviendo atr\u00e1s la vista conoce el alma que todo ha servido para su salvaci\u00f3n y que la luz brota de las tinieblas. No solamente le han sido pagadas todas las deudas, sino que quedan muertos todos los apetitos imperfectos que le querr\u00edan arrebatar la vida espiritual. Y as\u00ed Dios matando, muerte en vida la ha trocado.<br \/><br \/>La vida de que aqu\u00ed habla puede entenderse de dos maneras: la visi\u00f3n beat\u00edfica, que s\u00f3lo se puede alcanzar por la muerte natural, y la perfecta vida espiritual, que es posesi\u00f3n de Dios por amor: a ella lleva la mortificaci\u00f3n de todos los vicios y apetitos. Lo que llama aqu\u00ed el alma muerte, \u00abes todo el hombre viejo, que es el uso de las potencias, memoria, entendimiento y voluntad, ocupado y empleado en cosas del siglo y los apetitos y gustos de criaturas\u00bb. En todo esto consiste la vieja vida, y se identifica con la muerte de la nueva vida espiritual. En esta nueva vida de uni\u00f3n, todos los apetitos, potencias, inclinaciones y operaciones deben transformarse en divinas. \u00abVive vida de Dios y as\u00ed se ha trocado su muerte en vida. que es vida animal en vida espiritual\u00bb. Su entendimiento se ha transformado en entendimiento divino, su voluntad, su memoria y todos sus apetitos est\u00e1n divinizados. \u00abY la sustancia de esta alma, aunque no es sustancia de Dios, porque no puede sustancialmente convertirse en \u00e9l, es Dios por participaci\u00f3n de Dios\u00bb. Y por ello puede con todo derecho decir el alma: -vivo yo, mas ya no soy yo el que vivo, sino Cristo el que vive en m\u00ed- (G\u00e1l 2,20). De aqu\u00ed que siempre \u00abel alma anda interior y exteriormente como de fiesta y trae con gran frecuencia en el paladar de su esp\u00edritu un j\u00fabilo de Dios, grande, como un cantar nuevo, envuelto en alegr\u00eda y en amor en conocimiento de su feliz estado\u00bb. Dios, que todo lo hace nuevo, renueva tambi\u00e9n al alma permanentemente. No la deja, como antes, volver atr\u00e1s, sino que aumenta sus merecimientos; \u00abadem\u00e1s del conocimiento que tiene de las mercedes recibidas, siente a Dios aqu\u00ed tan sol\u00edcito en regalarle con tan preciosas y delicadas y encarecidas palabras, y de engrandecerla con unas y otras mercedes, que le parece al alma que no tiene \u00e9l otra en el mundo a quien regalar, ni otra cosa en que se emplear, sino que todo es para ella sola; y sinti\u00e9ndolo as\u00ed lo confiesa como la esposa en los Cantares: Mi amado es para m\u00ed y yo soy para mi amado\u00bb (Cant 2,16; L 2,36 final).<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><a id=\"CC366\"><\/a><strong>c) Entre resplandores de gloria divina<\/strong><br \/><br \/>\u00a1Oh l\u00e1mparas de fuego,<br \/>en cuyos resplandores<br \/>las profundas cavernas del sentido,<br \/>que estaba oscuro y ciego,<br \/>con extra\u00f1os primores<br \/>calor y luz dan junto a su querido!<br \/><br \/>El alma rebosa gratitud ante las gracias que le vienen de la uni\u00f3n. Sus potencias y sentidos, en otro tiempo ciegos y en tinieblas, ahora est\u00e1n transparentes de luz y encendidos por las noticias que recibe y que la inflaman en fuego de amor. As\u00ed es como puede ahora devolver luz y amor al Amado, lo cual colma su felicidad.<br \/><br \/>En su uni\u00f3n sustancial con Dios recibe el alma noticias de las excelencias y propiedades de todos los atributos divinos, encerrados en la unidad de la esencia divina: su omnipotencia, sabidur\u00eda, bondad, misericordia, con su pureza y limpieza, etc. y \u00abcomo cada una de estas cosas sea el mismo ser de Dios en un solo supuesto suyo. que es el Padre o el Hijo o el Esp\u00edritu Santo, siendo cada atributo de estos el mismo Dios, y siendo Dios infinita luz e infinito fuego divino&#8230;, de aqu\u00ed es que en cada uno de estos atributos, que son innumerables, luzca y d\u00e9 calor como Dios, y as\u00ed cada uno de estos atributos es como una l\u00e1mpara que luce al alma y da calor de amor\u00bb. En un solo acto de uni\u00f3n recibe el alma noticia de los diversos atributos divinos, y as\u00ed \u00abjuntamente le es al alma el mismo Dios muchas l\u00e1mparas, que distintamente le lucen en sabidur\u00eda y dan calor\u00bb. De esta manera estas l\u00e1mparas, todas ellas juntas y cada una en particular, van inflamando al alma. \u00abPorque todos estos atributos, son un ser&#8230;; y as\u00ed todas estas l\u00e1mparas son una l\u00e1mpara, que seg\u00fan sus virtudes y atributos, luce y arde como muchas l\u00e1mparas&#8230;\u00bb. Porque el resplandor que le da esta l\u00e1mpara del ser de Dios, en cuanto es omnipotente, le da luz y calor de amor de Dios, en cuanto es omnipotente\u00bb. Pero a la vez la llena del resplandor de Dios, en cuanto es sabidur\u00eda omnisciente y as\u00ed ya le es una l\u00e1mpara de sabidur\u00eda. Y ni m\u00e1s ni menos le ocurre con los dem\u00e1s atributos divinos que juntamente aqu\u00ed al alma se representan en Dios. Admirable es el deleite que el alma recibe del calor y luz de estas l\u00e1mparas, admirable e inmenso, \u00abporque es tan copioso como de muchas l\u00e1mparas, que cada una abrasa en amor. y ayuda tambi\u00e9n el calor de la una al calor de la otra, y la llama de la una a la (lama de la otra, as\u00ed como tambi\u00e9n la luz de la una a la luz de la otra, porque por cualquier atributo se conoce el otro; y as\u00ed todas ellas est\u00e1n hechas una luz y un fuego\u00bb (L 3,5).<br \/><br \/>El alma se siente profund\u00edsimamente sumergida y engolfada en delicadas llamas y llagada sutilmente de amor por cada una de ellas y a\u00fan m\u00e1s llagada por todas ellas juntas en amor de vida de Dios, \u00abechando ella muy bien de ver que aquel amor es de vida eterna, la cual es juntura de todos los bienes. Dios comunica al alma su amor y sus favores conforme a todos sus atributos; porque la favorece y ama con su omnipotencia y su sabidur\u00eda, con su bondad y santidad, con su justicia y misericordia, con su pureza y limpieza, etc. Y la ama con suma estimaci\u00f3n y quiere igualarla consigo y se le muestra en medio de estas noticias de la uni\u00f3n con rostro alegre y gracioso. Y derrama sobre ella impetuosos r\u00edos de amor, y la deja \u00abmaravillosamente letificada, seg\u00fan toda la armon\u00eda de su alma y aun la de su cuerpo, hecha todo un para\u00edso de regad\u00edo divino\u00bb. Y tan suave es el inmenso fuego que la consume, que es como aguas de vida que hartan la sed del esp\u00edritu con el \u00edmpetu deseado. Es aquel fuego figurado en el maravilloso hecho que refiere e! libro de los Macabeos: el fuego sagrado, que hab\u00eda sido escondido por Jerem\u00edas en una cisterna, en el interior de \u00e9sta se hab\u00eda convertido en agua; pero sacada al altar del sacrificio, de nuevo se transform\u00f3 en fuego (2Mac 1,19-22). Cual suave y deleitosa agua es el esp\u00edritu divino, cuando est\u00e1 escondido en las venas del alma, pero cuando sale a la luz del d\u00eda para ser quemado en el altar del amor divino, es ya llamas vivas de fuego. Pero como aqu\u00ed el alma se halla inflamada y puesta en ejercicio de amor, m\u00e1s bien las llama l\u00e1mparas que agua.<br \/><br \/>Todo esto no viene a ser m\u00e1s que un intento, que se queda corto, de expresar lo que en realidad sucede en el fondo de todo, \u00abporque la transformaci\u00f3n del alma en Dios es indecible\u00bb (L 3,8 final).<br \/><br \/>Por los resplandores de que se habla y con los que resplandece el alma se entienden las noticias, envueltas en amor, que los atributos y perfecciones de Dios dan de s\u00ed al alma. Envuelta en estos atributos y perfecciones, ella misma resplandece como ellos, hecha resplandores de amor. Mas la luz de estos divinos resplandores no es como la luz de las l\u00e1mparas materiales. Estas alumbran con sus llamaradas los objetos que est\u00e1n en torno y fuera de ellas; aquellas, en cambio, alumbran y hacen ver lo que est\u00e1 dentro de las mismas llamas. Y e! alma. que se halla precisamente metida dentro de aquel incendio de luz, queda transformada y hecha resplandores; es como el aire que est\u00e1 en la llama, encendido y transformado \u00e9l mismo en llama.<br \/><br \/>Los movimientos de esta llama divina, sus vibraciones y llamaradas, no son ya s\u00f3lo obra del alma, sino de ella y del Esp\u00edritu Santo juntos; y \u00abno s\u00f3lo son resplandores, sino glorificaciones en el alma&#8230;, los juegos y fiestas alegres que en el segundo verso de la primera canci\u00f3n dec\u00edamos que hac\u00eda el Esp\u00edritu Santo en el alma\u00bb. Parece como si en ellos quisiera darle Dios la vida eterna y acabarla de trasladar a la gloria, que este fin llevan todas las gracias primeras y postreras que Dios la hace. M\u00e1s, aunque estos movimientos del Esp\u00edritu Santo sean tan eficaces, no acaban de absorber al alma en la plenitud de la gloria \u00abhasta que llegue el tiempo en que salga&#8230; de esta vida de carne, y pueda entrar en el centro del esp\u00edritu, de la vida perfecta en Cristo\u00bb.<br \/><br \/>Pero no se vaya a atribuir estos movimientos de la llama, de que se ha hablado, propiamente a Dios, sino al alma. Porque Dios es inmutable; aunque parezca que se mueve en el alma, en s\u00ed mismo no se mueve.<br \/><br \/>Estos resplandores pueden llamarse por otro nombre obumbraciones, como lo hizo el \u00e1ngel en la Anunciaci\u00f3n (Lc 1,35). Porque obumbrar o hacer sombra \u00abquiere decir tanto como amparar y favorecer y hacer mercedes\u00bb. Porque cubrir una persona a otra con su sombra equivale a estar cerca para protegerla y asistirla. Ahora bien, cada cosa hace sombra conforme a su propia naturaleza. \u00abSi la cosa es opaca y oscura, hace sombra oscura; y si la cosa es clara y sutil, hace la sombra clara y sutil\u00bb. As\u00ed son las sombras que hacen las l\u00e1mparas encendidas y resplandecientes de los atributos divinos. \u00abLa sombra que hace al alma la l\u00e1mpara de la hermosura de Dios ser\u00e1 otra hermosura al talle y propiedad de aquella hermosura de Dios; y la sombra que le hace la sabidur\u00eda de Dios, ser\u00e1 otra sabidur\u00eda de Dios al talle de la de Dios; y la sombra que la hace la fortaleza ser\u00e1 otra fortaleza al talle de la de Dios&#8230;, o por mejor decir, ser\u00e1 la misma hermosura y la misma sabidur\u00eda y la misma fortaleza envuelta en sombra, porque el alma ac\u00e1 perfectamente no la puede comprender\u00bb. Pero como esta sombra de Dios es al talle del ser y propiedad de Dios, el alma conoce en sombra perfectamente la excelencia y grandeza adivinas. As\u00ed la omnipotencia y sabidur\u00eda divinas como su bondad y gloria infinitas, todas ellas desfilan \u00aben las claras y encendidas sombras de aquellas claras y encendidas l\u00e1mparas\u00bb, y todas ellas las conoce y busca el alma. De esta manera va viendo, conociendo y gustando todas las riquezas reunidas y encerradas en la unidad y simplicidad infinitas de la esencia divina. Y el conocimiento de lo uno no impide el conocimiento y gusto perfecto de lo otro; antes cada gracia y virtud es luz que alumbra cualquier otra grandeza divina. La pureza de la sabidur\u00eda divina hace que, vi\u00e9ndose una, se vean otras muchas cosas en ella (Cfr. L 3,15).<br \/><br \/>Toda esta gloria es la que viene a inundar \u00ablas profundas cavernas del sentido\u00bb. Por \u00e9stas se entienden \u00a1as potencias del alma: memoria, entendimiento y voluntad, las cuales son tan profundas cuanto de grandes bienes son capaces, pues no se llenan con menos que infinito\u00bb, y cuanto m\u00e1s padecieron cuando a\u00fan estaban vac\u00edas, tanto m\u00e1s se gozan y deleitan ahora que de su Dios est\u00e1n llenas. No sent\u00edan antes el gran vac\u00edo de su profunda capacidad, mientras no estaban vac\u00edas, purgadas y limpias de toda afici\u00f3n de criatura. La menor cosilla que a ellas se pegue basta a hacerlas tan insensibles a su mal, \u00abque no sientan su da\u00f1o ni echen menos sus inmensos bienes, ni conozcan su capacidad&#8230; Con ser capaces de infinitos bienes, basta el menor de ellos a embarazarlas de manera que no los puedan recibir hasta de todo punto vaciarse&#8230; Pero cuando est\u00e1n vac\u00edas y limpias, es intolerable la sed y hambre y ansia del sentido espiritual. Porque como son profundos los est\u00f3magos de estas cavernas, profundamente penan, porque el manjar que echan menos tambi\u00e9n es profundo, que&#8230; es Dios. Y este tan grande sentimiento com\u00fanmente acaece hacia los fines de la iluminaci\u00f3n y purificaci\u00f3n del alma\u00bb. Y es que, cuando el apetito espiritual est\u00e1 purgado de toda criatura y afecci\u00f3n de ella, ha perdido su temple natural y ha tomado el de Dios y tiene ya el vac\u00edo hecho. \u00abY como todav\u00eda no se le comunica lo divino en uni\u00f3n de Dios, llega el penar de este vac\u00edo y sed m\u00e1s que a morir, mayormente cuando por algunos visos y resquicios se le trasluce alg\u00fan rayo divino, y no se le comunica Dios. Y estos son los que penan con amor impaciente, que no pueden estar mucho sin recibir o morir\u00bb (L 3,18 final).<br \/><br \/>La primera caverna es el entendimiento: su vac\u00edo es sed de Dios y ansia de la divina sabidur\u00eda. La segunda caverna es la voluntad, la cual siente hambre de Dios y suspira por el amor perfecto. La tercera caverna es la memoria, la cual se deshace y derrite por la posesi\u00f3n de Dios. Lo que en estas cavernas puede caber es Dios mismo. Y como Dios es profundo e infinito, as\u00ed la capacidad de ella en cierta manera ser\u00e1 infinita, infinita y profunda tambi\u00e9n su hambre y sed, y su desgarramiento y pena muerte sin fin. Y aunque esta pena no sea tan intensa como las de la otra vida, \u00e9stas pueden servir para dar una idea de las que aqu\u00ed se padecen, pues est\u00e1 ya el alma con la necesaria disposici\u00f3n para recibir en s\u00ed la plenitud de la vida eterna. Pero como este penar tiene su asiento en el amor, no hay para \u00e9l ning\u00fan alivio. \u00abPorque cuanto mayor es el amor, es tanto m\u00e1s impaciente por la posesi\u00f3n de su Dios, a quien espera por momentos de intensa codicia\u00bb (L 3,22).<br \/><br \/>Pero si el alma ansia a Dios con tantas veras, posee ya al que ama, y as\u00ed \u00bfno parece que no puede ya penar m\u00e1s? \u00abPorque en el deseo&#8230;, que tienen los \u00e1ngeles de ver al Hijo de Dios, no hay pena ni ansia, porque ya le poseen\u00bb. Y como la posesi\u00f3n de Dios da deleite y hartura, \u00abtanto m\u00e1s de hartura y deleite hab\u00eda el alma de sentir aqu\u00ed en este deseo, cuanto mayor es el deseo, pues tanto m\u00e1s tiene a Dios; y no de dolor y pena\u00bb (L 3,23).<br \/><br \/>Bien estar\u00e1 aqu\u00ed advertir que hay dos modos de poseer a Dios: por gracia solamente y por uni\u00f3n. Entre ellos existe la misma relaci\u00f3n que entre el desposorio y el matrimonio. En el desposorio hay una sola voluntad por ambas partes, frecuentes visitas del esposo a la esposa, e intercambios de regalos; pero no hay comunicaci\u00f3n rec\u00edproca ni uni\u00f3n de las personas, como la hay en el matrimonio. De la misma manera la voluntad de Dios y la del alma, por la total purificaci\u00f3n de \u00e9sta, han llegado a una completa y libre conformidad; el alma ha llegado ya entonces a tener \u00abtodo lo que puede por v\u00eda de voluntad y gracia, y esto es haberle Dios dado en el s\u00ed de ella su verdadero si y entero de su gracia. Y este es un alto estado de desposorio espiritual del alma con el Verbo de Dios. en el cual el Esposo le hace grandes mercedes y la visita amoros\u00edsimamente muchas veces\u00bb.<br \/><br \/>Pero todos estos favores tan altos que aqu\u00ed recibe el alma no admiten comparaci\u00f3n con los del matrimonio espiritual; no son sino una preparaci\u00f3n para \u00e9ste. Porque para esto no s\u00f3lo necesita estar purificada de toda afecci\u00f3n de criaturas, mas ha menester de otras disposiciones positivas de visitas y dones de Dios, con los que se va m\u00e1s purificando y hermoseando y adelgazando para estar decentemente dispuesta para tan alta uni\u00f3n. Esto requiere alg\u00fan tiempo, en unos m\u00e1s. en otros menos. La preparaci\u00f3n la van haciendo las unciones del Esp\u00edritu Santo. Cuando estas unciones son m\u00e1s elevadas, \u00absuelen ser las ansias de las cavernas del alma extremadas y delicadas. Porque como aquellos ung\u00fcentos son ya m\u00e1s pr\u00f3ximamente dispositivos para la uni\u00f3n con Dios, porque son m\u00e1s allegados a Dios, y por eso saborean al alma y la engolosinan m\u00e1s delicadamente de Dios, es el deseo m\u00e1s delicado y profundo, porque el deseo de Dios es disposici\u00f3n para unirse con Dios\u00bb (L 3,26). Dichos ung\u00fcentos del Esp\u00edritu Santo \u00abson ya tan sutiles y de tan delicada unci\u00f3n, que penetrando ellas la \u00edntima sustancia del fondo del alma, la disponen y la saborean de tal manera que el padecer y desfallecer en deseo con inmenso vac\u00edo de estas cavernas es inmenso\u00bb. Pero cuanto m\u00e1s subida y delicada sea la disposici\u00f3n, tanto m\u00e1s perfecta ser\u00e1 la hartura y fruici\u00f3n que sentir\u00e1 el sentido del alma, una vez realizada la uni\u00f3n. \u00abPor el sentido del alma entiende aqu\u00ed la virtud y fuerza que tiene la sustancia del alma para sentir y gozar los objetos y las potencias espirituales, con que gusta la sabidur\u00eda y amor y comunicaci\u00f3n de Dios\u00bb. El alma llama a sus potencias \u00abprofundas cavernas del sentido\u00bb, porque por medio de ellas siente y gusta las grandezas de la sabidur\u00eda y excelencia divinas. Y \u00abcomo siente que en ellas caben las profundas inteligencias y resplandores de las l\u00e1mparas de fuego, conoce que tiene tanta capacidad y senos, cuantas cosas distintas recibe de inteligencias, de sabores, de gozos, de deleites, etc., de Dios\u00bb. Del mismo modo que el sentido com\u00fan de la fantas\u00eda es el recept\u00e1culo y archivo en que se reciben las formas e im\u00e1genes del sentido, as\u00ed \u00abeste sentido com\u00fan del alma que est\u00e1 hecho recept\u00e1culo y archivo de las grandezas de Dios, est\u00e1 tan ilustrado y tan rico cuanto alcanza de esta alta y esclarecida posesi\u00f3n\u00bb (L 3,68-69). En otro tiempo estuvo \u00aboscuro y ciego\u00bb, es decir, antes que Dios le esclareciese y alumbrase. El ojo corporal no puede ver lo que est\u00e1 en la oscuridad o cuando \u00e9l est\u00e1 ciego. As\u00ed el alma, aunque tenga vista muy potente y sana, no puede ver nada cuando Dios, que es su luz, no la alumbra. Y a la inversa, si su ojo espiritual est\u00e1 cegado por el pecado o por el apetito de cosas creadas, in\u00fatilmente le embiste la luz divina. No reconoce su propia oscuridad, es decir, su ignorancia. Hay que hacer distinci\u00f3n entre las tinieblas del pecado y la simple oscuridad o la ignorancia no culpable, tanto acerca de lo natural como de lo sobrenatural. Conforme a esto, el sentido del alma antes de la purificaci\u00f3n del alma estaba ciego en doble sentido. \u00abPorque hasta que el Se\u00f1or dijo: H\u00e1gase la luz, estaban las tinieblas sobre el haz del sentido del alma, el cual cuanto es m\u00e1s abismal y de m\u00e1s profundas cavernas, tanto m\u00e1s abisales y profundas cavernas y tanto m\u00e1s profundas tinieblas hay en \u00e9l acerca de lo sobrenatural, cuanto Dios, que es su luz, no le alumbra; y esle imposible alzar los ojos a la divina luz ni caer en su pensamiento, porque no sabe c\u00f3mo es, no habi\u00e9ndola visto, y por eso no la podr\u00e1 apetecer; antes apetecer\u00e1 tinieblas, porque sabe c\u00f3mo son, e ir\u00e1 de una tiniebla en otra, guiado por aquella tiniebla\u00bb. Mas cuando Dios ha comunicado al alma la luz de la gracia, entonces el ojo de su esp\u00edritu queda esclarecido, abri\u00e9ndose a la luz divina. Y si antes un abismo de tinieblas llamaba a otro abismo de tinieblas (Sal 18,3) ahora un abismo de gracia llama a otro abismo de gracia, que es esta transformaci\u00f3n del alma en Dios, de modo que podemos decir que la luz de Dios y la del alma toda es una, unida la luz natural del alma con la luz sobrenatural de Dios y luciendo ya la sobrenatural solamente.<br \/><br \/>El sentido del alma estaba asimismo ciego, porque gustaba de otra cosa que de Dios. Es que el apetito se atravesaba como catarata o como una nube ante el ojo de la raz\u00f3n; as\u00ed \u00e9ste estaba ciego para la suma hermosura y las inmensas riquezas de Dios. Si ante los ojos se pone un objeto, por peque\u00f1o que sea, basta para impedir la vista de otros objetos situados m\u00e1s lejos, por grandes que sean. As\u00ed basta un peque\u00f1o apetito que el alma tenga para impedir a \u00e9sta la vista de todas las grandezas de Dios. En estas condiciones el \u00abojo del juicio\u00bb no ve sino aquella catarata o nube, ya de un color, ya de otro; y piensa que es Dios aquella catarata que se le pone sobre el sentido, siendo as\u00ed que Dios no cae dentro del alcance del sentido. Por consiguiente, los que todav\u00eda no est\u00e1n purgados y libres de los apetitos y gustos, deben desenga\u00f1arse y convencerse de que andan errados en sus juicios. Tendr\u00e1n por gran cosa las cosas m\u00e1s viles y bajas para el esp\u00edritu y que m\u00e1s halagan al sentido, y las que son de m\u00e1s valor y alteza para el esp\u00edritu no las estimar\u00e1n y las tendr\u00e1n en poco. Al hombre animal, es decir, al que vive seg\u00fan los apetitos y gustos naturales, hasta los apetitos que tienen su ra\u00edz en el esp\u00edritu se le vuelven completamente naturales. Ni siquiera cuando el alma apetece a Dios, le apetece siempre sobrenaturalmente, sino s\u00f3lo cuando ese apetito es infundido por Dios, dando \u00e9l la fuerza de tal apetito (L 3,72-74).<br \/><br \/>Este sentido, pues, del alma, estaba oscuro y ciego por sus apetitos y desordenadas inclinaciones. Mas ahora ha sido iluminado por efecto de esta alt\u00edsima y sobrenatural uni\u00f3n con Dios; es m\u00e1s, \u00e9l mismo se ha convertido en luz resplandeciente, y puede ya<br \/><br \/>\u00abcon extra\u00f1os primores, <br \/>calor y luz dar junto a su querido\u00bb.(cfr. L 3,70-76)<br \/><br \/>Las cavernas est\u00e1n totalmente inundadas por la luz de las l\u00e1mparas divinas; y ellas mismas est\u00e1n ardiendo y, con amorosa gloria inclinadas hacia Dios, est\u00e1n enviando a Dios en Dios esos mismos resplandores que de El tienen recibidos, como el vidrio hace con la luz que le env\u00eda el sol, y aun de m\u00e1s subido modo, por intervenir aqu\u00ed la propia voluntad. Y esto se verifica con tal perfecci\u00f3n y primores tales y tan extra\u00f1os, que exceden todo com\u00fan pensar y no se pueden ponderar con palabras humanas. Porque conforme a la perfecci\u00f3n y primores con que el entendimiento, hecho uno con el de Dios, recibe la sabidur\u00eda divina, as\u00ed es como emite \u00e9l hacia Dios luz y calor de la misma sabidur\u00eda. Y conforme a la perfecci\u00f3n con que la voluntad est\u00e1 unida con la bondad divina, es la perfecci\u00f3n y primor con que ella da a Dios en Dios la misma bondad. Porque el alma no recibe sino para tener qu\u00e9 dar; y as\u00ed est\u00e1 devolviendo a su Querido en su Querido toda la luz y todo el calor que recibe de su Querido. Estando hecha una misma cosa con El mediante esta sustancial transformaci\u00f3n, es ella como una sombra de Dios, y as\u00ed \u00abhace ella en Dios por Dios lo que El hace en ella por s\u00ed mismo, al modo que \u00e9l lo hace&#8230;\u00bb Y as\u00ed \u00abcomo Dios se le est\u00e1 comunicando con libre y graciosa voluntad, as\u00ed tambi\u00e9n ella, teniendo la voluntad tanto m\u00e1s libre y generosa cuanto m\u00e1s unida en Dios, est\u00e1 dando a Dios al mismo Dios en Dios&#8230; all\u00ed ve el alma que verdaderamente Dios es suyo, y que ella le posee en posesi\u00f3n hereditaria, con propiedad de derecho como hijo de Dios adoptivo&#8230;; y como cosa suya, le puede dar y comunicar a quien ella quisiere de voluntad&#8230;Y as\u00ed dale ella a su Querido, que es el mismo Dios que se lo dio a ella\u00bb. De donde redunda al alma \u00abcomo inestimable deleite y fruici\u00f3n, porque ve que da ella a Dios cosa suya propia que cuadra a Dios seg\u00fan su infinito ser&#8230; Y Dios se paga con aquella d\u00e1diva del alma que con menos no se pagar\u00eda, y le toma Dios con agradecimiento como cosa que de suyo le da el alma\u00bb, y en eso mismo la ama y de nuevo libremente se entrega al alma. Y as\u00ed entre Dios y el alma est\u00e1 actualmente formado un amor rec\u00edproco en conformidad de la uni\u00f3n y entrega matrimonial, en que los bienes de entrambos, que son la divina esencia, posey\u00e9ndolos cada uno libremente por raz\u00f3n de la entrega voluntaria del uno al otro, los poseen entrambos juntos&#8230; \u00abEsta es la gran satisfacci\u00f3n y contento del alma, ver que da a Dios m\u00e1s que ella en s\u00ed es y vale, dando con tanta liberalidad a Dios a s\u00ed mismo como cosa suya&#8230;; lo cual en la otra vida es por medio de la lumbre de gloria, y en esta vida por medio de la fe ilustrad\u00edsima. De esta manera las profundas cavernas del sentido con extra\u00f1os primores calor y luz dan junto a su Querido\u00bb. Junto, dice, porque juntos se comunican el Padre y el Hijo y el Esp\u00edritu Santo en el alma, y ellos son luz y fuego para ella.<br \/><br \/>Extra\u00f1os y subid\u00edsimos quilates alcanza, en efecto, aqu\u00ed el amor del alma a Dios, lo mismo que el gozo que de ello al alma redunda, y la alabanza y gratitud que a Dios tributa. Lo primero, ama aqu\u00ed el alma a Dios, no por s\u00ed, sino por El mismo, \u00abporque ama por el Esp\u00edritu Santo, como el Padre ama al Hijo\u00bb. Lo segundo, ama el alma a Dios en Dios; \u00abporque en esta uni\u00f3n vehemente se absorbe el alma en amor de Dios, y Dios con gran vehemencia le entrega al alma\u00bb. Y, por \u00faltimo, el alma ama aqu\u00ed a Dios por quien El es. \u00abPorque no le ama s\u00f3lo porque para s\u00ed es largo, bueno y glorioso, etc&#8230;., sino mucho m\u00e1s fuertemente, porque en s\u00ed es todo esto esencialmente\u00bb.<br \/><br \/>De ah\u00ed que la fruici\u00f3n sea tambi\u00e9n tan soberana, por cuanto es un gozar de Dios por el mismo Dios. Porque como el alma tiene unido el entendimiento con la omnipotencia, sabidur\u00eda y bondad divinas, aunque no con tanta claridad como lo ser\u00e1 en la otra vida, se deleita sobremanera en todas estas cosas entendidas clara y distintamente. Adem\u00e1s s\u00f3lo halla ya gozo y deleite en Dios, sin que la tiente ninguna otra criatura. Y goza a Dios s\u00f3lo por quien \u00e9l es, sin mezcla alguna de propio gusto.<br \/><br \/>En cuanto a la alabanza que el alma tributa a Dios en estas alturas, se caracteriza por tributar la ya de oficio, porque ve que para su alabanza la cri\u00f3 Dios. Le alaba, lo segundo, por los bienes que recibe y por el deleite que tiene en alabarle. Lo tercero, le alaba \u00abpor lo que Dios es en S\u00ed; porque aunque el alma ning\u00fan deleite recibiese, le alabar\u00eda por quien El es\u00bb (L 3,84).<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><a id=\"CC377\"><\/a><strong>d) Vida escondida de amor<\/strong><br \/><br \/>\u00a1Cuan manso y amoroso<br \/>recuerdas en mi seno,<br \/>donde secretamente solo moras;<br \/>y en tu aspirar sabroso,<br \/>de bien y gloria lleno,<br \/>cuan delicadamente me enamoras!<br \/><br \/>Habla el alma de una maravillosa operaci\u00f3n de Dios que de vez en cuando experimenta en ella. Y acude a su mente la imagen de quien despertara de un sue\u00f1o y respirara; tiene la impresi\u00f3n de que algo semejante sucede en ella.<br \/><br \/>\u00abMuchas maneras de recuerdos hace Dios al alma, tantos que, si hubi\u00e9ramos de contarlos, nunca acabar\u00edamos. Pero este recuerdo que aqu\u00ed quiere dar a entender el alma, que le hace el Hijo de Dios, es, a mi ver, de los m\u00e1s levantados y que mayor bien hacen al alma; porque este recuerdo es un movimiento que hace el Verbo en la sustancia del alma, de tanta grandeza y se\u00f1or\u00edo y gloria y de tanta suavidad, que le parece al alma que todos los b\u00e1lsamos y especies odor\u00edficas y flores del mundo se trabucan y menean, revolvi\u00e9ndose para dar su suavidad; y que todos los reinos y se\u00f1or\u00edos del mundo y todas las potestades y virtudes del cielo se mueven. Y que no s\u00f3lo eso, sino que tambi\u00e9n todas las criaturas, virtudes y sustancias y perfecciones y gracias de todas las cosas relucen y hacen el movimiento, todo a una y en uno&#8230; De aqu\u00ed es que, movi\u00e9ndose este gran Emperador en el alma, cuyo principado, como dice Isa\u00edas, trae sobre su hombro, que son las tres m\u00e1quinas celeste, terrestre e infernal, y las cosas que hay en ellas, sustent\u00e1ndolas todas (como dice San Pablo) con el verbo de su virtud, todas a una parecen moverse, al modo que al movimiento de la tierra se mueven todas las cosas naturales que hay en ella, como si no fuesen nada&#8230; aunque esta comparaci\u00f3n es harto impropia, porque ac\u00e1 no s\u00f3lo parecen moverse, sino que tambi\u00e9n todas descubren las bellezas de su ser, virtud, hermosura y gracias, la ra\u00edz de su duraci\u00f3n y vida. Porque echa all\u00ed de ver el alma c\u00f3mo todas las criaturas de arriba y de abajo tienen su vida y fuerza y duraci\u00f3n en El\u00bb: aunque conoce estar el ser de Dios \u00abcon infinita eminencia\u00bb sobre estas cosas, tanto que las conoce mejor en el ser de Dios que en las mismas cosas.<br \/><br \/>\u00abY este es el deleite grande de este recuerdo, conocer por Dios las criaturas y no por las criaturas a Dios&#8230; (L 4,5) Y c\u00f3mo sea este movimiento, como quiera que Dios sea inmovible, es cosa maravillosa, porque aunque entonces Dios no se mueve realmente, al alma le parece que en verdad se mueve; porque como ella es la innovada y movida por Dios para que vea esta sobrenatural vista, y se le descubren con tanta novedad aquella divina vida y ser y armon\u00eda de todas las cosas y criaturas en ella con sus movimientos en Dios, par\u00e9cete es Dios el que se mueve, y que toma la causa el nombre del efecto que hace\u00bb (L 4,6). As\u00ed es el alma la movida y la que despierta del sue\u00f1o de vista natural a vista sobrenatural.<br \/><br \/>\u00abLo que yo entiendo, c\u00f3mo se haga este recuerdo y vista del alma, es que, estando el alma en Dios sustancialmente, como lo est\u00e1 toda criatura, qu\u00edtale de delante algunos de los muchos velos y cortinas que ella tiene antepuestos, para poderle ver como \u00e9l es. Y entonces trasl\u00facese y vis\u00e9ase algo entreoscuramente, porque no se quitan todos los velos, aquel rostro suyo lleno de gracias, el cual como todas las cosas est\u00e1 moviendo con su virtud, par\u00e9cese juntamente con \u00e9l lo que est\u00e1 haciendo, y parece moverse \u00e9l en ellas y ellas en \u00e9l con movimiento continuo. Y por eso le parece al alma que El se movi\u00f3 y record\u00f3, siendo ella la movida y recordada\u00bb (L 4,7). Que as\u00ed es como atribuyen los hombres a Dios lo que en ellos se halla: que siendo ellos los dormidos y ca\u00eddos dicen a Dios que El sea el que se levante y se despierte. \u00abPero a la verdad, como quiera que todo el bien del hombre venga de Dios y el hombre de suyo ninguna cosa pueda que sea buena, con verdad se dice que nuestro recuerdo es recuerdo de Dios&#8230; De donde porque el alma estaba dormida en sue\u00f1o de que ella jam\u00e1s por s\u00ed misma no pudiera recordar, y s\u00f3lo Dios es el que la pudo abrir los ojos y hacer este recuerdo, muy propiamente le llama recuerdo de Dios a esto\u00bb (L 4,9). \u00abTotalmente es indecible lo que el alma conoce y siente en este recuerdo de la excelencia de Dios\u00bb. Y es que esa, excelencia divina se le comunica en la sustancia del alma, a la que llama su seno, y se manifiesta con inmensa fuerza haci\u00e9ndose o\u00edr en ella como un potente coro de voces, \u00abde multitud de excelencias de millares de millares de virtudes nunca numerables de Dios\u00bb, en medio de las cuales queda el alma \u00abterrible y s\u00f3lidamente ordenada como haces de ej\u00e9rcitos y suavizada y agraciada con todas las suavidades y gracias de las criaturas\u00bb (L 4,10).<br \/><br \/>El que el alma, no obstante la flaqueza de la carne, pueda aguantar tan fuerte comunicaci\u00f3n sin desfallecer ni quedar amilanada, solamente se explica en primer lugar, porque se halla ya en estado de perfecci\u00f3n. La parte inferior est\u00e1 ya muy purgada y conformada con el esp\u00edritu, de suerte que no siente el detrimento y penas que en las anteriores comunicaciones. Y es que, adem\u00e1s, y \u00e9sta es la segunda causa y explicaci\u00f3n. Dios se le muestra aqu\u00ed \u00abmanso y amoroso\u00bb. Es El quien tiene cuidado de que el alma no reciba ning\u00fan detrimento y quien sostiene el natural en el momento de comunicar al esp\u00edritu su grandeza. \u00abY as\u00ed tanta mansedumbre y amor siente el alma en El cuanto poder y se\u00f1or\u00edo de grandeza\u00bb. Y si fuerte es el deleite, tan fuerte es el amparo divino en mansedumbre y amor, para hacerle capaz de sufrir tan fuerte transporte. Y as\u00ed el alma m\u00e1s bien queda fuerte y firme que desfallecida. El rey del cielo trata aqu\u00ed con ella amigablemente como con su igual y hermano. Desciende de su trono para inclinarse hacia ella y abrazarla. Y all\u00ed la viste de las vestiduras reales, que son las virtudes de Dios; la envuelve en el resplandor del oro, que es la caridad; y hace lucir en ella las piedras preciosas de las noticias de las sustancias superiores e inferiores (cfr. L 4,4-13). Todo esto pasa en la \u00edntima sustancia del alma donde El \u00absecretamente s\u00f3lo mora\u00bb. Verdad es que Dios en todas las almas mora en secreto y encubierto, que de no ser as\u00ed, no podr\u00edan ellas subsistir. Pero \u00aben unas mora solo, en otras no mora solo; en unas mora agradado y en otras mora desagradado; en unas mora como en su casa mand\u00e1ndolo y rigi\u00e9ndolo todo, y en otras mora como extra\u00f1o en casa ajena, donde no le dejan mandar ni hacer nada. El alma en que menos apetitos y gustos moran, es donde El m\u00e1s solo y agradado y m\u00e1s como en casa propia mora, rigi\u00e9ndola y gobern\u00e1ndola, y tanto m\u00e1s secreto mora cuanto m\u00e1s solo. Y as\u00ed en esta alma, en que ya ning\u00fan apetito ni otras im\u00e1genes ni formas ni afecciones de alguna cosa criada moran, secret\u00edsimamente mora el Amado, con tanto m\u00e1s \u00edntimo e interior y estrecho abrazo cuanto ella&#8230; est\u00e1 m\u00e1s pura y sola de otra cosa que Dios\u00bb. Ni el demonio ni el entendimiento del hombre pueden saber ni sospechar lo que all\u00ed pasa. Mas para la misma alma no es cosa tan secreta, porque \u00absiempre siente en s\u00ed este abrazo\u00bb. Pero todav\u00eda hay aqu\u00ed esa diferencia que existe entre el momento del sue\u00f1o y del de la vigilia o despertar. Sucede muchas veces como si el Amado estuviera dormido en el seno del alma, de modo que no hay comunicaci\u00f3n de noticias ni de amor entre ambos, hasta que luego parece despertarse.<br \/><br \/>\u00a1Dichosa el alma que siempre siente estar Dios descansando en ella y reposando en su seno! \u00a1Cu\u00e1nto le conviene apartarse de cosas, huir de negocios y vivir con inmensa tranquilidad, porque ni con la m\u00e1s m\u00ednima motica ni bullicio inquiete ni revuelva el seno del amado! Porque si estuviese siempre en ella recordando, comunic\u00e1ndole noticias y amores, ya ser\u00eda estar en la gloria. En otras almas que no han llegado a esta uni\u00f3n de amor, las m\u00e1s de las veces mora secreto para ellas, porque no le sienten de ordinario, sino cuando Ellas hacen algunos recuerdos sabrosos, que no son del g\u00e9nero y metal de los que est\u00e1n en estado de perfecta uni\u00f3n de amor, ni tampoco son tan secretos para el demonio ni al entendimiento del hombre como los otros, por no ser del todo espirituales; quedan tambi\u00e9n algunos movimientos del sentido todav\u00eda. Mas en aquel recuerdo que el esposo despierta en el alma perfecta todo es perfecto, porque todo lo hace El. Entonces aquel aspirar y recordar es al modo de cuando uno despierta y respira, sintiendo el alma un extra\u00f1o y singular deleite al percibir el aspirar del Esp\u00edritu Santo (L 4,16). Por eso a\u00f1ade:<br \/><br \/>\u00abY en tu aspirar sabroso,<br \/>de bien y gloria lleno,<br \/>\u00a1cuan delicadamente me enamoras!\u00bb<br \/><br \/>\u00abEn la cual aspiraci\u00f3n, llena de bien y de gloria y delicado amor de Dios para el alma, yo no querr\u00eda hablar ni aun quiero, porque veo claro que no tengo de saber decir, y parecer\u00eda menos, si lo dijese. Porque es una aspiraci\u00f3n que hace al alma Dios, en que por aquel recuerdo del alto conocimiento de la deidad la aspira el Esp\u00edritu Santo con la misma proporci\u00f3n que fue la inteligencia y noticia de Dios, en que la absorbe profund\u00edsimamente en el Esp\u00edritu Santo, enamor\u00e1ndola con primor y delicadeza divina, seg\u00fan aquello que vio en Dios. Porque siendo la aspiraci\u00f3n llena de bien y gloria, en ella llen\u00f3 el Esp\u00edritu Santo al alma de bien y gloria, en que la enamor\u00f3 sobre toda lengua y sentido en los profundos de Dios;<br \/>y por eso, aqu\u00ed lo dejo\u00bb (L 4,17).<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><a id=\"CC388\"><\/a><strong>e) Caracter\u00edsticas de la Llama, con relaci\u00f3n a los libros anteriores del Santo<\/strong><br \/><br \/>Si un sentimiento de incapacidad para expresar lo inefable impone silencio al Santo, \u00bfc\u00f3mo nos hemos de atrever nosotros a a\u00f1adir nada positivo a sus palabras? S\u00f3lo nos queda agradecerle el que nos haya concedido asomarnos hacia ese mundo de maravillas, ese para\u00edso terrenal situado ya en los linderos del para\u00edso celeste. Sin embargo, vamos a hacer un intento de relacionar lo que aqu\u00ed acaba de revelarnos con lo que ya anteriormente conocemos por \u00e9l. El amor a las almas abri\u00f3 sus labios y movi\u00f3 su pluma; quiso darles alientos para subir el duro Calvario, la senda estrecha y empinada que termina en cimas tan felices y luminosas.<br \/><br \/>Hemos se\u00f1alado con esto en pocas palabras la \u00edntima conexi\u00f3n que existe entre la Llama y los dos tratados anteriores, cuyo objeto propio era el camino de la Cruz: la Subida y la Noche. Una confrontaci\u00f3n rigurosa de su contenido ideol\u00f3gico s\u00f3lo nos ser\u00eda posible teniendo a nuestra disposici\u00f3n las partes quiz\u00e1s perdidas o quiz\u00e1s nunca escritas de esas dos obras primeras. De todos modos, una cosa cabe afirmar, y es que, a la vista de lo que esos primeros escritos anticipan acerca de la uni\u00f3n, tenemos la impresi\u00f3n de hallarnos ante nuevos elementos de experiencia. La postura fundamental sigue siendo la misma: no hay m\u00e1s camino para llegar a la uni\u00f3n que el de la cruz y el de las noches, la muerte del hombre viejo. Ni tenemos que suprimir despu\u00e9s nada de lo que repetidamente hemos subrayado antes: que el poeta y cantor de la noche hab\u00eda llegado ya para entonces a la uni\u00f3n. Pero parece ser que la uni\u00f3n se va perfeccionando en la noche, es decir, en la Cruz. El Santo no parece haber descubierto y experimentado hasta m\u00e1s tarde, con inmensa satisfacci\u00f3n suya, todo lo anchamente que ya desde esta vida puede abrirse el cielo a un alma.<br \/><br \/>Fue tambi\u00e9n m\u00e1s feliz la suerte externa del \u00faltimo escrito suyo que el de los primeros. No queremos con esto decir solamente que esta obra qued\u00f3 terminada y se conserv\u00f3 entera. Si las otras obras de hecho quedaron incompletas (nosotros siempre hemos dejado esta cuesti\u00f3n abierta y en suspenso), quiz\u00e1s se debe a que la declaraci\u00f3n se escribi\u00f3 m\u00e1s tarde que el poema, y a distancia de \u00e9ste, no s\u00f3lo cronol\u00f3gica sino tambi\u00e9n psicol\u00f3gica. La Subida y la Noche tienen un tono mucho m\u00e1s marcadamente did\u00e1ctico que la Llama. El pensador est\u00e1 ante el poema, expresi\u00f3n de una experiencia suya primera, casi como ante algo ajeno; en todo caso, como ante una realidad pasada y considerada de modo impersonal y objetivo. Y el af\u00e1n por concretar con claridad su pensamiento sobre los conceptos all\u00ed encerrados y explicar las im\u00e1genes que le sirven de hilo conductor, le lleva tan lejos, que pronto abandonar\u00e1 en la Subida su prop\u00f3sito primero de explicar el canto, estrofa por estrofa y verso por verso, y no lo reanudar\u00e1 sino m\u00e1s tarde en la Noche.<br \/><br \/>En cambio, en la Llama el canto y su declaraci\u00f3n forman una unidad. No perjudica a esta unidad el que entre la composici\u00f3n del primero y la redacci\u00f3n de la otra haya transcurrido alg\u00fan tiempo. Todo lo contrario; Juan demor\u00f3 alg\u00fan tanto el comentario, porque le pareci\u00f3 una empresa imposible de realizar a un entendimiento humano. Se decidi\u00f3 a acometerla en un momento en que de nuevo sinti\u00f3 encenderse en su alma el fuego del amor, inund\u00e1ndole de luces divinas. Y entonces se le abri\u00f3 como por encanto e ilumin\u00f3 con m\u00e1s profundas luces lo que antes hab\u00eda escrito. As\u00ed resulta natural y nada forzada esa estrecha y l\u00f3gica ilaci\u00f3n de pensamiento entre las cuatro estrofas. La unidad del conjunto s\u00f3lo se interrumpe por un en\u00e9rgico razonamiento dirigido a algunos directores de almas, ignorantes y de tosca mano. Prescindiendo de esta interrupci\u00f3n, la obra es de una sola pieza, animada desde el principio al fin por un alto vuelo po\u00e9tico y m\u00edstico. De la sobreabundancia de luz resulta otra de las propiedades de su estilo. El Santo siempre vivi\u00f3 y respir\u00f3 en las Sagradas Escrituras.<br \/><br \/>Sin ning\u00fan esfuerzo acuden en tropel a los puntos de su pluma en todo momento im\u00e1genes y comparaciones de los libros sagrados, y gusta de echar mano de ellas para avalar y confirmar con palabras de la Escritura lo que por propia experiencia aprendi\u00f3. Pero la consonancia de la experiencia propia con la palabra revelada y los hechos de la Historia Sagrada es aqu\u00ed particularmente impresionante. Se ve c\u00f3mo para el Santo todo velo cae y todo se le vuelve transparente para poder iluminar las secretas comunicaciones entre Dios y el alma. Lo que para la vista no ilustrada no pasa de ser un acontecimiento material se vuelve para el Santo, como la cosa m\u00e1s natural, en expresi\u00f3n y s\u00edmbolo de un fen\u00f3meno m\u00edstico. Baste un ejemplo: Mardoqueo, que salva la vida del Rey Asuero, es para Juan de la Cruz figura del alma que sirve fielmente al Se\u00f1or sin recibir premio alguno en recompensa. Pero ya llegar\u00e1 el d\u00eda en que le paguen aqu\u00ed todos los trabajos y servicios, \u00abhaci\u00e9ndole no s\u00f3lo entrar dentro del palacio y que est\u00e9 delante del Rey vestido con vestiduras reales, sino que tambi\u00e9n se le ponga la corona y el cetro y silla real, con posesi\u00f3n del anillo real, para que todo lo que quisiere haga, y lo que no quisiere no lo haga en el Reino de su Esposo\u00bb (L 2,5).<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><strong><a id=\"CC21\"><\/a>2 El c\u00e1ntico nupcial del alma<\/strong><br \/><br \/><a id=\"CC411\"><\/a><strong>a) El C\u00e1ntico Espiritual y su relaci\u00f3n con los dem\u00e1s escritos<\/strong><br \/><br \/>Cuando Juan habla de la uni\u00f3n del alma con Dios en cualquiera de sus escritos, las palabras del Cantar de los Cantares gustan de acudir en tropel a sus labios. Pero en los d\u00edas en que con particular violencia fue sacudida su alma por todas las penas y todos los gozos del amor, en sus meses de prisi\u00f3n en Toledo, el viejo poema nupcial brot\u00f3 de su coraz\u00f3n con nuevas resonancias. Este poema se nos ha transmitido en dos redacciones, cuyas diferencias tienen su importancia para nosotros.<br \/><br \/><em>Canciones entre el alma y el Esposo<\/em><br \/><br \/>Esposa<br \/>1<br \/>\u00bfAdonde te escondiste,<br \/>Amado, y me dejaste con gemido?<br \/>como el ciervo huiste, habi\u00e9ndome herido;<br \/>sal\u00ed tras ti clamando, y eras ido.<br \/><br \/>2<br \/>Pastores, los que fuerdes<br \/>all\u00e1 por las majadas al otero,<br \/>si por ventura vierdes<br \/>aquel que yo m\u00e1s quiero,<br \/>decidle que adolezco, peno y muero.<br \/><br \/>3<br \/>Buscando mis amores,<br \/>ir\u00e9 por esos montes y riberas, ni coger\u00e9 las flores,<br \/>ni temer\u00e9 las fieras,<br \/>y pasar\u00e9 los fuertes y fronteras.<br \/><br \/>Pregunta a las criaturas<br \/><br \/>4<br \/>\u00a1Oh bosques y espesuras,<br \/>plantadas por la mano del Amado!<br \/>\u00a1Oh prado de verduras,<br \/>de flores esmaltado,<br \/>decid si por vosotros ha pasado!<br \/><br \/>5<br \/>Mil gracias derramando,<br \/>Pas\u00f3 por esos sotos con presura,<br \/>y y\u00e9ndolos mirando,<br \/>con sola su figura<br \/>vestidos los dej\u00f3 de hermosura.<br \/><br \/>Esposa<br \/><br \/>6<br \/>\u00a1Ay, qui\u00e9n podr\u00e1 sanarme!<br \/>Acaba de entregarte ya de vero,<br \/>no quieras enviarme<br \/>de hoy m\u00e1s ya mensajero,<br \/>que no saben decirme lo que quiero.<br \/><br \/>7<br \/>Y todos cuantos vagan,<br \/>de ti me van mil gracias refiriendo.<br \/>Y todos m\u00e1s me llagan,<br \/>y d\u00e9jame muriendo<br \/>un no s\u00e9 qu\u00e9 que quedan balbuciendo.<br \/><br \/>8<br \/>Mas, \u00bfc\u00f3mo perseveras,<br \/>oh vida, no viviendo donde vives,<br \/>y haciendo porque mueras<br \/>las flechas que recibes<br \/>de lo que del Amado en ti concibes?<br \/><br \/>9<br \/>\u00bfPor qu\u00e9, pues has llagado<br \/>aqueste coraz\u00f3n, no le sanaste?<br \/>Y pues me le has robado,<br \/>\u00bfpor qu\u00e9 as\u00ed le dejaste,<br \/>y no tomas el robo que robaste?<br \/><br \/>10<br \/>Apaga mis enojos<br \/>pues que ninguno basta a deshacellos,<br \/>y v\u00e9ante mis ojos,<br \/>pues eres lumbre dellos,<br \/>y s\u00f3lo para ti quiero tenellos.<br \/><br \/>11<br \/>Descubre tu presencia,<br \/>y m\u00e1teme tu vista y hermosura;<br \/>mira que la dolencia<br \/>de amor, que no se cura<br \/>sino con la presencia y la figura.<br \/><br \/>11(12)<br \/>\u00a1Oh cristalina fuente,<br \/>si en esos tus semblantes plateados,<br \/>formases de repente<br \/>los ojos deseados<br \/>que tengo en mis entra\u00f1as dibujados!<br \/><br \/>12(13)<br \/>Ap\u00e1rtalos, Amado, que voy de vuelo.<br \/><br \/>Esposo<br \/><br \/>Vu\u00e9lvete, paloma,<br \/>que el ciervo vulnerado por el otero asoma,<br \/>al aire de tu vuelo, y fresco toma.<br \/><br \/>Esposa 13(14)<br \/><br \/>Mi Amado las monta\u00f1as,<br \/>los valles solitarios nemorosos,<br \/>las \u00ednsulas extra\u00f1as,<br \/>los r\u00edos sonorosos,<br \/>el silbo de los aires amorosos.<br \/><br \/>14 (15)<br \/>La noche sosegada<br \/>en par de los levantes de la aurora,<br \/>la m\u00fasica callada,<br \/>la soledad sonora,<br \/>la cena, que recrea y enamora.<br \/><br \/>***<br \/><br \/>(TEXTO B)<br \/><br \/>15<br \/>Nuestro lecho florido<br \/>de cuevas de leones enlazado,<br \/>en p\u00farpura tendido,<br \/>de paz edificado,<br \/>de mil escudos de oro coronado.<br \/><br \/>16<br \/>A zaga de tu huella<br \/>las j\u00f3venes discurren al camino,<br \/>al toque de centella,<br \/>al adobado vino,<br \/>emisiones de b\u00e1lsamo divino.<br \/><br \/>17<br \/>En la interior bodega<br \/>de mi amado beb\u00ed y cuando sal\u00eda<br \/>por toda aquesta vega,<br \/>ya cosa no sab\u00eda,<br \/>y el ganado perd\u00ed que antes segu\u00eda.<br \/><br \/>18<br \/>all\u00ed me dio su pecho,<br \/>all\u00ed me ense\u00f1\u00f3 ciencia muy sabrosa,<br \/>y yo le di de hecho a m\u00ed, sin dejar cosa,<br \/>all\u00ed le promet\u00ed de ser su esposa.<br \/><br \/>19<br \/>Mi alma se ha empleado,<br \/>y todo mi caudal en servicio,<br \/>ya no guardo ganado,<br \/>ni ya tengo otro oficio,<br \/>que ya s\u00f3lo en amar es mi ejercicio.<br \/><br \/>20<br \/>Pues ya si en el ejido<br \/>de hoy m\u00e1s no fuere vista ni hallada,<br \/>dir\u00e9is que me he perdido;<br \/>que andando enamorada,<br \/>me hice perdidiza y fui ganada.<br \/><br \/>III<br \/><br \/>21<br \/>De flores y esmeraldas,<br \/>en las frescas ma\u00f1anas escogidas,<br \/>haremos las guirnaldas<br \/>en tu amor florecidas,<br \/>y en un cabello m\u00edo entretejidas.<br \/><br \/>22<br \/>En s\u00f3lo aquel cabello<br \/>que en mi cuello volar consideraste,<br \/>mir\u00e1stele en mi cuello,<br \/>y en \u00e9l preso quedaste,<br \/>y en uno de mis ojos te llagaste.<br \/><br \/>23<br \/>Cuando t\u00fa me mirabas,<br \/>su gracia en m\u00ed tus ojos imprim\u00edan;<br \/>por eso me adamabas,<br \/>y en eso merec\u00edan<br \/>los m\u00edos adorar lo que en ti v\u00edan.<br \/><br \/>24<br \/>No quieras despreciarme,<br \/>que, si color moreno en m\u00ed hallaste,<br \/>ya bien puedes mirarme<br \/>despu\u00e9s que me miraste,<br \/>que gracia y hermosura en m\u00ed dejase.<br \/><br \/>25<br \/>Cogednos las raposas,<br \/>que est\u00e1 ya florecida nuestra vi\u00f1a,<br \/>en tanto que de rosas<br \/>hacemos una pi\u00f1a<br \/>y no parezca nadie en la monti\u00f1a.<br \/><br \/>26<br \/>Detente, cierzo muerto;<br \/>ven, austro, que recuerdas los amores,<br \/>aspira por mi huerto y corran sus olores<br \/>y pacer\u00e1 el Amado entre las flores.<br \/><br \/>Esposo<br \/><br \/>27<br \/>Entr\u00e1dose ha la esposa<br \/>en el ameno huerto deseado<br \/>y a su sabor reposa<br \/>el cuello reclinado<br \/>sobre los dulces brazos del Amado.<br \/><br \/>28<br \/>Debajo del manzano<br \/>all\u00ed conmigo fuiste desposada;<br \/>all\u00ed te di la mano<br \/>y fuiste reparada<br \/>donde tu madre fuera violada.<br \/><br \/>29<br \/>A las aves ligeras,<br \/>leones, ciervos, gamos saltadores,<br \/>montes, valles, riberas,<br \/>aguas, aires, ardores,<br \/>y miedos de las noches veladores:<br \/><br \/>30<br \/>por las amenas liras<br \/>y canto de serenas os conjuro<br \/>que cesen vuestras iras<br \/>y no toqu\u00e9is el muro<br \/>porque la esposa duerma m\u00e1s seguro.<br \/><br \/>Esposa<br \/><br \/>31<br \/>\u00a1Oh ninfas de Judea!<br \/>en tanto que en las flores y rosales<br \/>el \u00e1mbar perfumea,<br \/>mora en los arrabales<br \/>y no quer\u00e1is tocar nuestros umbrales.<br \/><br \/>32<br \/>Esc\u00f3ndete, Carillo,<br \/>y mira con tu haz a las monta\u00f1as<br \/>y no quieras decillo,<br \/>mas mira las compa\u00f1as<br \/>de la que va por \u00ednsulas extra\u00f1as.<br \/><br \/>***<br \/><br \/>(16)<br \/>Cazadnos las raposas,<br \/>que est\u00e1 ya florecida nuestra vi\u00f1a,<br \/>en tanto que de rosas<br \/>hacemos una pina,<br \/>y no parezca nadie en la monti\u00f1a<br \/><br \/>(17)<br \/>Detente, cierzo muerto,<br \/>ven, austro, que recuerdas los amores,<br \/>aspira por mi huerto,<br \/>y corran tus olores,<br \/>y pacer\u00e1 el Amado entre las flores.<br \/><br \/>Esposo<br \/><br \/>(18)<br \/>Oh ninfas de Judea,<br \/>en tanto que en las flores y rosales<br \/>el \u00e1mbar perfumea,<br \/>mora en los arrabales,<br \/>y no quer\u00e1is tocar nuestros umbrales.<br \/><br \/>(19)<br \/>Esc\u00f3ndete, Carillo,<br \/>y mira con tu haz a las monta\u00f1as,<br \/>y no quieras decillo<br \/>mas mira las compa\u00f1as<br \/>de la que va por \u00ednsulas extra\u00f1as. Esposo<br \/><br \/>(20)<br \/>A las aves ligeras,<br \/>leones, ciervos, gamos saltadores,<br \/>montes, valles, riberas,<br \/>aguas, aires, ardores<br \/>y miedos de las noches veladores:<br \/><br \/>(21)<br \/>por las amenas liras,<br \/>y canto de serenas os conjuro<br \/>que cesen vuestras iras,<br \/>y no toqu\u00e9is al muro,<br \/>porque la Esposa duerma m\u00e1s seguro.<br \/><br \/>(22)<br \/>Entrado se ha la Esposa<br \/>en el ameno huerto deseado,<br \/>y a su sabor reposa,<br \/>el cuello reclinado<br \/>sobre los dulces brazos del Amado.<br \/><br \/>(23)<br \/>Debajo del manzano,<br \/>all\u00ed conmigo fuiste desposada,<br \/>all\u00ed te di la mano,<br \/>y fuiste reparada<br \/>donde tu madre fuera violadas.<br \/><br \/>Esposa<br \/><br \/>(24)<br \/>Nuestro lecho florido<br \/>de cuevas de leones enlazado<br \/>en p\u00farpura tendido<br \/>de paz edificado<br \/>de mil escudos de oro coronado.<br \/><br \/>(25)<br \/>A zaga de tu huella<br \/>las j\u00f3venes discurren al camino<br \/>al toque de centella<br \/>al adobado vino;<br \/>emisiones de b\u00e1lsamo divino.<br \/><br \/>(26)<br \/>En la interior bodega<br \/>de mi Amado beb\u00ed, y cuando sal\u00eda<br \/>por toda aquesta vega<br \/>ya cosa no sabia<br \/>y el ganado perd\u00ed que antes segu\u00eda.<br \/><br \/>(27)<br \/>All\u00ed me dio su pecho,<br \/>all\u00ed me ense\u00f1\u00f3 ciencia muy sabrosa<br \/>y yo le di de hecho<br \/>a mi, sin dejar cosa;<br \/>all\u00ed le promet\u00ed de ser su esposa.<br \/><br \/>(28)<br \/>Mi alma se ha empleado<br \/>y todo mi caudal en su servicio;<br \/>ya no guardo ganado<br \/>ni ya tengo otro oficio,<br \/>que ya s\u00f3lo en amar es m\u00ed ejercicio.<br \/><br \/>(29)<br \/>Pues ya si en el ejido<br \/>de hoy m\u00e1s no fuere vista ni hallada,<br \/>dir\u00e9is que me he perdido;<br \/>que andando enamorada<br \/>me hice perdidiza y fui ganada.<br \/><br \/>(30)<br \/>De flores y esmeraldas<br \/>en las frescas ma\u00f1anas escogidas<br \/>haremos las guirnaldas<br \/>en tu amor floridas<br \/>y en un cabello m\u00edo entretejidas.<br \/><br \/>(31)<br \/>En s\u00f3lo aquel cabello<br \/>que en mi cuello volar consideraste<br \/>mir\u00e1stele en mi cuello<br \/>y en \u00e9l preso quedaste<br \/>y en uno de mis ojos te llagaste.<br \/><br \/>(32)<br \/>Cuando t\u00fa me mirabas<br \/>su gracia en mi tus ojos imprim\u00edan;<br \/>por eso me adamabas<br \/>y en eso merec\u00edan<br \/>los m\u00edos adorar lo que en ti v\u00edan.<br \/><br \/>(33)<br \/>No quieras despreciarme,<br \/>Que si color moreno en m\u00ed hallaste,<br \/>ya bien puedes m\u00edrame<br \/>despu\u00e9s que me miraste,<br \/>que gracia y hermosura en m\u00ed dejaste.<br \/><br \/>***<br \/><br \/>Textos B y J<br \/><br \/>Esposo<br \/><br \/>33 (34)<br \/><br \/>La blanca palomica<br \/>al arca con el ramo se ha tomado,<br \/>y ya la tortolica,<br \/>al socio deseado<br \/>en las riberas verdes ha hallado.<br \/><br \/>34 (35)<br \/>En soledad viv\u00eda,<br \/>y en soledad ha puesto ya su nido,<br \/>y en soledad la gu\u00eda a solas su querido,<br \/>tambi\u00e9n en soledad de amor herido.<br \/><br \/>Esposa<br \/><br \/>35 (36)<br \/>Goc\u00e9monos, Amado,<br \/>y v\u00e1monos a ver en tu hermosura<br \/>al monte y al collado<br \/>do mana el agua pura;<br \/>entremos m\u00e1s adentro en la espesura.<br \/><br \/>36 (37)<br \/>Y luego a las subidas<br \/>cavernas de la piedra nos iremos,<br \/>que est\u00e1n bien escondidas,<br \/>y all\u00ed nos entraremos,<br \/>y el mosto de granadas gustaremos.<br \/><br \/>37 (38)<br \/>All\u00ed me mostrar\u00edas<br \/>aquello que mi alma pretend\u00eda,<br \/>y luego me dar\u00edas<br \/>all\u00ed, t\u00fa, vida m\u00eda,<br \/>aquello que me diste el otro d\u00eda.<br \/><br \/>38 (39)<br \/>El aspirar del aire,<br \/>el canto de la dulce filomena,<br \/>el soto y su donaire, en la noche serena<br \/>con llama que consume y no da pena.<br \/><br \/>39 (40)<br \/>Que nadie lo miraba,<br \/>Aminadab tampoco parec\u00eda,<br \/>y el cerco sosegaba,<br \/>y la caballer\u00eda a vista de las aguas descend\u00eda.<br \/><br \/>Este poema, compuesto en la c\u00e1rcel, es de una riqueza incomparable de im\u00e1genes y conceptos. Y esto es lo que le distingue notablemente de las estrofas de la Noche Oscura y de la Llama. En \u00e9stas tenemos en cada caso una \u00fanica imagen que domina todo el conjunto: la salida nocturna, el fuego que arde con su penacho de llamas. Cierto que tambi\u00e9n en el C\u00e1ntico hay un hilo conductor que da unidad al conjunto; ya volveremos sobre ellos; pero engarzadas en \u00e9l hay una multitud de im\u00e1genes que se suceden y cambian constantemente. All\u00ed vemos sencillez y reposo; aqu\u00ed el alma y la creaci\u00f3n entera en variado movimiento. No se trata de simple diversidad de estilo po\u00e9tico; la diferencia de estilo es consecuencia de otra m\u00e1s profunda diferencia de vivencias que le sirven de fundamento. La Noche y la Llama dan, como quien dice, un perfil de la vida m\u00edstica en un determinado momento de su proceso, en un momento cabalmente en que el alma, dejadas todas las cosas creadas tras de s\u00ed, tan s\u00f3lo se ocupa de Dios. \u00danicamente en una mirada retrospectiva se alude a sus relaciones con las cosas del mundo. El C\u00e1ntico Espiritual reproduce, no s\u00f3lo en la explicaci\u00f3n sino en las estrofas mismas, el proceso m\u00edstico entero y ha sido escrito por un alma profundamente afectada y presa de los encantos todos de la creaci\u00f3n visible. Sobre ese preso en oscura celda, que es nuestro poeta y artista, tan sensible al encanto de la m\u00fasica, el mundo exterior del que se halla separado parece precipitarse con todas sus maravillosas im\u00e1genes y sus arrobadoras armon\u00edas. Claro es que \u00e9l no se queda en las im\u00e1genes ni en las armon\u00edas. Estas son para \u00e9l como una clave cifrada con la que discurrir y poder darse a entender sobre lo que secretamente pasa en su alma. Se trata, efectivamente, de una misteriosa clave tan rica de sentido, que al mismo Santo llega a parecerle imposible hallar palabras adecuadas para declarar todo lo que el Esp\u00edritu Santo con gemidos inenarrables hizo o\u00edr en su alma. Porque es al Esp\u00edritu Santo al que estas estrofas se deben. Est\u00e1n compuestas \u00aben amor de abundante inteligencia m\u00edstica\u00bb. El esp\u00edritu de Dios se las ha inspirado al alma en la que ha fijado su morada, y ni el mismo agraciado podr\u00eda hacerlas comprender ni declararlas al justo. El poeta, por lo mismo, renuncia de antemano a declararlo todo. Su intento es \u00abs\u00f3lo dar alguna luz general\u00bb, y, por lo dem\u00e1s, dejar esos dichos de amor \u00aben toda su anchura para que uno de ellos se aproveche seg\u00fan su modo y caudal de esp\u00edritu\u00bb. Cuenta el Santo con que la sabidur\u00eda m\u00edstica \u00abno ha menester distintamente entenderse para hacer efecto de amor y afici\u00f3n en el alma\u00bb.<br \/><br \/>As\u00ed es como el Esp\u00edritu Santo, que ha infundido a esta alma su amor, facilitar\u00e1 a otras almas amantes el modo misterioso de expresar dicho amor. Por eso advierte que no hay para qu\u00e9 atarse ni a su propia interpretaci\u00f3n. Despu\u00e9s de leer sus comentarios, nosotros hemos de agradecerle sinceramente esta advertencia; porque el contraste entre el vuelo y entusiasmo po\u00e9tico-m\u00edsticos del poema y el tan distinto estilo de su declaraci\u00f3n es aqu\u00ed mucho m\u00e1s profundo y notable que en la Subida y en la Noche. Tenemos aqu\u00ed el polo opuesto de la Llama, si bien ambos escritos cronol\u00f3gica e ideol\u00f3gicamente se acercan mucho. No s\u00f3lo ocurre aqu\u00ed lo que en los otros tratados anteriores, es decir, que el pensador y el maestro se hallan ante el poema como ante una realidad pasada y casi ajena. (A ello ha contribuido en cada caso la distancia del tiempo: la mayor parte de las canciones datan de 1578 en Toledo, la primera versi\u00f3n de las declaraciones fue redactada en Granada en 1584). Es que adem\u00e1s se tiene la impresi\u00f3n de que, aparte del intento principal de descifrar y explicar con prop\u00f3sitos doctrinales el simbolismo del poema, actuaba en el autor alguna otra consideraci\u00f3n. Parece como si detr\u00e1s de sus hijos e hijas espirituales, para los que se escribe en primer t\u00e9rmino, el Santo tuviera presente otro p\u00fablico menos bien dispuesto y menos d\u00f3cil. Ya cuando trat\u00e1bamos de comprender y explicar la Subida y la Noche Oscura nos vino la sospecha de que tal vez, en la importante cuesti\u00f3n de los l\u00edmites entre la vida propiamente m\u00edstica y la de la gracia ordinaria, la explicaci\u00f3n no es del todo franca, sino que parece influenciada por la preocupaci\u00f3n del ojo vigilante de la Inquisici\u00f3n y de la sospecha del iluminismo, a que se expon\u00eda de antemano todo lo m\u00edstico. El C\u00e1ntico Espiritual parece a\u00fan m\u00e1s influenciado por esta consideraci\u00f3n y preocupaci\u00f3n. Las modificaciones de la segunda redacci\u00f3n parecen estar en el fondo impuestas por ellas. Y aun estas modificaciones no se limitan a las declaraciones, sino que inciden profundamente en el poema mismo.<br \/><br \/>Perm\u00edtasenos aqu\u00ed se\u00f1alar ante todo cuatro hechos que al parecer est\u00e1n \u00edntimamente relacionados: 1\u00b0 La segunda redacci\u00f3n contiene una estrofa o canci\u00f3n que faltaba en un principio. (Cierto es que esta estrofa apareci\u00f3 ya en algunas ediciones impresas, que en lo dem\u00e1s salieron conformes a la primera redacci\u00f3n, pero probablemente fue tomada de alg\u00fan manuscrito de la segunda). 2\u00b0 La segunda redacci\u00f3n divide el C\u00e1ntico en tres partes: I, II, III. 3\u00b0 Introduce una alteraci\u00f3n en el orden de las estrofas, alterando la estructura inicial del poema. 4\u00b0 Intercala a continuaci\u00f3n del poema, antes de comenzar la declaraci\u00f3n de la primera canci\u00f3n, un argumento, que aqu\u00ed se ha a\u00f1adido y que recuerda la divisi\u00f3n corriente de las tres v\u00edas, corresponde la consiguiente divisi\u00f3n del C\u00e1ntico en tres partes. (Conforme a esto, al hacer en el curso de la obra un resumen retrospectivo del camino recorrido habr\u00e1 una alusi\u00f3n a las tres v\u00edas: cfr. CB 22,2).<br \/><br \/>La Canci\u00f3n 11, que se ha a\u00f1adido, expresa el ansia del alma por la clara y directa visi\u00f3n de Dios en la vida eterna y provoca la nueva explicaci\u00f3n de las canciones 36-39 (35-38): canciones, que en la primera redacci\u00f3n evidentemente se refieren al estado del matrimonio espiritual, pero a las que en la segunda, mediante algunas variaciones y adiciones hechas a la declaraci\u00f3n, se les ha dado el car\u00e1cter de una descripci\u00f3n anticipada de la vida eterna.<br \/><br \/>Todo esto acusa la existencia de un prop\u00f3sito unitario en la segunda redacci\u00f3n: el de presentar el proceso m\u00edstico en una forma la m\u00e1s tradicional y menos sospechosa posible y de limitar el matrimonio espiritual al per\u00edodo m\u00e1s pr\u00f3ximo a la \u00faltima perfecci\u00f3n y consumaci\u00f3n del alma en la vida eterna. Pronto habremos de examinar si tambi\u00e9n la alteraci\u00f3n en el orden de las canciones habr\u00e1 obedecido al mismo prop\u00f3sito.<br \/><br \/>Si la reelaboraci\u00f3n de las primeras declaraciones obedece a un intento de aclarar y precisar todo lo que pudiera infundir sospecha y ser mal interpretado, parece que esta precauci\u00f3n tampoco estuvo ausente de la primera redacci\u00f3n. Ya en los pr\u00f3logos a la Subida y la Llama el Santo hizo su habitual declaraci\u00f3n de que en todo se somet\u00eda al juicio de la Santa Madre Iglesia, remiti\u00e9ndose adem\u00e1s a la doctrina de las Sagradas Escrituras. Pero aqu\u00ed hace esto mismo a\u00fan con m\u00e1s machacona insistencia. Asegura al final del pr\u00f3logo (CB Pr\u00f3l. 4) que no afirmar\u00e1 cosa de suyo ni se fiar\u00e1 de su propia experiencia ni de lo que en otras almas haya conocido, quiere m\u00e1s bien que todo vaya confirmado y declarado con autoridades de la Escritura, a lo menos en lo que pareciere m\u00e1s dificultoso de entender. Pero en el C\u00e1ntico no siempre surgen las citas escritur\u00edsticas con la naturalidad que en la Llama, en particular los textos paralelos del Cantar de los Cantares, frecuentemente producen la impresi\u00f3n de un empe\u00f1o estudiado en dejar bien probado que ciertas expresiones atrevidas est\u00e1n fundadas en el modo de hablar de los Libros Sagrados y empleadas en el mismo sentido que en ellos. En \u00faltimo t\u00e9rmino, este prop\u00f3sito tal vez pudiera tambi\u00e9n explicar la innegable distancia en el tiempo que media entre la composici\u00f3n del C\u00e1ntico y su declaraci\u00f3n, si bien a ello contribuyeron ciertamente otras circunstancias.<br \/><br \/>Hemos advertido ya que este poema se distingue de los otros que el Santo coment\u00f3 en sus escritos, por la abundancia y variedad de las im\u00e1genes. Los comentarios casi resultan aqu\u00ed un diccionario-clave para descifrar dichas im\u00e1genes, cuya interpretaci\u00f3n en parte est\u00e1 sugerida por la misma propiedad de ellas, las cuales empero no guardan relaci\u00f3n de unidad natural con lo que representan, como los s\u00edmbolos en sentido propio y estricto: por ejemplo, los s\u00edmbolos de la Noche y de la Llama. Cierto que existe cierta semejanza entre la imagen y lo representado por ella, y, por tanto, cierta base objetiva para la representaci\u00f3n simb\u00f3lica o significativa. Pero esta base no basta para entender sin m\u00e1s el sentido de las im\u00e1genes. Es necesario aprender su lenguaje, el cual es, por lo dem\u00e1s, mucho m\u00e1s arbitrario en la elecci\u00f3n de sus expresiones que el lenguaje natural de las palabras, si bien no tan arbitrario como un idioma artificial, ni como un sistema de signos elegidos a capricho. Esta libertad de elecci\u00f3n y la relaci\u00f3n mutua poco o d\u00e9bilmente objetiva traen como consecuencia que las im\u00e1genes no sean un\u00edvocas, sino ocasionadas a varias interpretaciones; a la inversa, lo que ellas significan admite tambi\u00e9n otra expresi\u00f3n, por cuanto no significan necesariamente una sola cosa. Todas estas notas describen lo que se llama una alegor\u00eda. Esta, en el gusto de la \u00e9poca, era una caracter\u00edstica de la poes\u00eda barroca. Juan conoc\u00eda perfectamente los procedimientos po\u00e9ticos de su tiempo y se dej\u00f3 formar por ellos. As\u00ed le resultaba cosa natural el empleo de dichos procedimientos art\u00edsticos y los manej\u00f3 con maestr\u00eda en su obra po\u00e9tica. Pero cuando en sus comentarios va ensartando glosa tras glosa, dando muchas veces a una misma figura varias explicaciones diferentes, (por ejemplo, en la canci\u00f3n III los pastores significan ya los deseos y afectos del alma, ya los \u00e1ngeles), entonces se sale ya de lo que la alegor\u00eda como tal pide, y resulta en detrimento del efecto po\u00e9tico, por destruirse la unidad ante la multiplicaci\u00f3n de detalles y por insistirse en sugerencias raras y caprichosas de las im\u00e1genes. \u00bfDetr\u00e1s de esta acumulaci\u00f3n de explicaciones y significaciones no habr\u00e1 tambi\u00e9n alg\u00fan intento de precaver interpretaciones dudosas o peligrosas? Si fue as\u00ed, el coraz\u00f3n del poeta m\u00e1s de una vez hubo de protestar contra los procedimientos del comentarista. En todo caso, su afirmaci\u00f3n de que con su propia interpretaci\u00f3n no pretend\u00eda poner topes al soplo del esp\u00edritu en el alma abreviando a un sentido los dichos de amor. puede tomarse como un requerimiento o invitaci\u00f3n a atenerse ante todo al poema.<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><a id=\"CC455\"><\/a><strong>b) La idea central, conforme a la exposici\u00f3n del Santo<\/strong><br \/><br \/>La primera impresi\u00f3n que el C\u00e1ntico en su primera redacci\u00f3n nos causa, al leerlo, libres de ideas preconcebidas, es de que se trata de una fiel descripci\u00f3n de todo el camino m\u00edstico. Subrayamos la palabra \u00abm\u00edstico\u00bb: porque el Santo mismo nos dice en la antes mencionada ojeada retrospectiva que hace en la declaraci\u00f3n de la canci\u00f3n 27 o 22 (CB 22,1) que las cinco primeras canciones tratan de los comienzos de la vida espiritual, que es al tiempo en que el alma se ejercita en la meditaci\u00f3n y en la mortificaci\u00f3n; ya con la canci\u00f3n 6, a\u00f1ade la segunda redacci\u00f3n, se entra en la v\u00eda contemplativa. Sin embargo, ya desde el grito anhelante con que comienza el c\u00e1ntico: \u00bfadonde te escondiste? escuchamos el quejido de un alma, herida de amor divino en lo m\u00e1s profundo de su coraz\u00f3n. Esta alma de fijo no s\u00f3lo conoce de o\u00eddas al Se\u00f1or, sino que ha llegado ya a tener un encuentro \u00edntimo personal con El y ha sentido su contacto en las mismas entra\u00f1as. Su dolor es el dolor de la amante que se cree con derecho a gozar de la presencia, que le har\u00eda feliz, de su amado, presencia de la que ha de verse privada todav\u00eda. Este ha dejado al alma abandonada y toda llorosa; porque la \u00abausencia del amado causa continuo gemir en el amante\u00bb, mayormente cuando el alma habiendo gustado alguna dulce y sabrosa comunicaci\u00f3n del Esposo, al ausentarse \u00e9ste, se qued\u00f3 sola y seca de repente\u00bb (CB 22,1). \u00bfC\u00f3mo no pensar en alt\u00edsimas gracias m\u00edsticas, cuando se nos habla de \u00abtoques de amor que, a manera de saetas de fuego, hieren y traspasan el alma y la dejan toda cauterizada con fuego de amor\u00bb? Inflaman \u00e9stas tanto la voluntad, que se est\u00e1 el alma abrasando en fuego y llamas de amor, tanto que \u00able hace salir fuera de s\u00ed y renovar toda y pasar a nueva manera de ser, as\u00ed como el ave f\u00e9nix, que se quema y renace de nuevo\u00bb (CB 1,17). No podemos menos de reconocer en esta descripci\u00f3n la uni\u00f3n de amor que, conforme a la doctrina de la Santa Madre y del propio Santo Padre, es preparaci\u00f3n para el desposorio y matrimonio m\u00edsticos. Viene a ser el alma un estado nuevo que ella misma no entiende. Busca, pues, a su amado ausente en la consideraci\u00f3n de las criaturas pero sin hallar en ellas consuelo ninguno ni satisfacci\u00f3n. Esto hace que esta alma sea claramente distinta de aquellos principiantes en la vida espiritual, que hallan tanto gusto en los ejercicios ordinarios de piedad, porque no han entrado a\u00fan en la Noche de la Contemplaci\u00f3n. El alma, tocada por Dios en sus mismas entra\u00f1as, no puede ya hallar satisfacci\u00f3n en ninguna otra cosa que no sea Dios: \u00aben las heridas de amor no puede haber medicina sino de parte del que hiri\u00f3\u00bb. De ah\u00ed es que sale aqu\u00ed corriendo, clamando tras su Amado. Este salir tras Dios tiene lugar \u00absaliendo de todas las cosas\u00bb, y \u00absaliendo de s\u00ed mismo por olvido de s\u00ed, lo cual se hace por el amor de Dios\u00bb. El alma en estas condiciones no puede hacer otra cosa sino amar a Dios y consumirse en ansias de verlo y de contemplarlo. Y Dios no puede resistir largo tiempo a tales ansias. El amor, que El mismo ha encendido, le mueve a nuevas e inauditas muestras de amor. Y de pronto hace una aparici\u00f3n repentina, levantando al alma en vuelo impetuoso hacia s\u00ed (CB 13,7). Esta descripci\u00f3n del Desposorio Espiritual, con sus raptos tan espantables para el alma y que la sacan de sus naturales modos de ser, concuerda en todo con lo que hallamos descrito por la Santa Madre en las sextas Moradas de su Castillo interior. La debilidad del natural teme sucumbir y prorrumpe en un grito suplicante: \u00abAp\u00e1rtalos, Amado\u00bb, es decir, aparta esos ojos tan deseados. Pero esta s\u00faplica no va en serio. El alma m\u00e1s bien ansia ser desatada de las cadenas que la sujetan a esta vida, a fin de poder entrar a gozar junto a su Amado. Mas a\u00fan no le ha llegado la hora. El \u00abvu\u00e9lvete, paloma\u00bb es una invitaci\u00f3n que le dirige el Amado a volver a su existencia terrena. De momento tiene que contentarse con lo que ac\u00e1 se le da. Y que ser\u00e1, por cierto, algo que la har\u00e1 inmensamente rica.<br \/><br \/>Ahora comienzan los juegos de amor entre el Amante divino y el alma amada. Ya no necesita \u00e9sta de las criaturas como de intermediarias para ir a su Amado. En la uni\u00f3n con su Esposo divino queda tambi\u00e9n ella enriquecida y colmada de dones, adornada de maravillosa gracia y fortaleza, toda engolfada en amor y paz. Como participa de la vid de Dios, tambi\u00e9n se alegra y goza en el fuego del amor que El ha encendido en otras almas. Ahora la introducen \u00aben la interior bodega\u00bb, el Santuario m\u00e1s \u00edntimo del amor, donde Dios mismo se le comunica y la transforma en S\u00ed. Toda rebosante de la felicidad inmensa y embriagadora que disfruta en esta nueva vida, olvida todas las cosas del mundo, todo apetito de ellas desaparece. Y como el Amado la rodea de incomparables ternezas, ella a su vez se entrega sin reservas y por entero, s\u00f3lo vive para su Amado y est\u00e1 muerta para el mundo. En esta uni\u00f3n de amor florecen todas las virtudes. El alma ve y reconoce con inmensa satisfacci\u00f3n la hermosura celestial y divina de que se encuentra ahora adornada. Pero sabe que todas estas riquezas se las debe \u00fanicamente a la mirada graciosa en que le ha envuelto Dios y no quiere utilizarlas m\u00e1s que para contentar y agradar con ellas al Dador. Hay que alejar todo lo que estorbe a esta santa y feliz vida de amor. El Se\u00f1or mismo se encargar\u00e1 de hacer desaparecer todo lo que sea obst\u00e1culo a la permanencia y estabilidad de esta uni\u00f3n. El introducir\u00e1 al alma \u00aben el ameno huerto deseado\u00bb, donde \u00e9sta pueda permanecer junto a su Amado y reposar a su sabor sin el menor estorbo que la turbe. Puesta en la soledad m\u00e1s completa y pac\u00edfica, \u00e9l la ir\u00e1 instruyendo en los secretos misterios de su sabidur\u00eda, abras\u00e1ndola en el fuego de su amor. No hay criatura alguna capaz de barruntar algo siquiera de lo que Dios reserva al alma, a la que ha acogido y escondido en su propio seno para siempre.<br \/><br \/>As\u00ed, en visi\u00f3n sumaria, creemos poder resumir el primitivo plan del C\u00e1ntico; como una ascensi\u00f3n de grado en grado por la escala de la uni\u00f3n de amor, o como un adentrarse cada vez m\u00e1s profundamente a por los grados de esa uni\u00f3n. Primero tenemos un encuentro o entrevista fugaz; luego, conforme a las ansias y al tormento sufrido en la busca del Amado, vienen unos raptos, que sacan al alma de s\u00ed y la levantan a una uni\u00f3n m\u00e1s \u00edntima, que viene a ser un per\u00edodo de preparaci\u00f3n para pasar a una uni\u00f3n habitual y permanente; y, por \u00faltimo, la paz serena, imperturbable del matrimonio espiritual. Aqu\u00ed apenas hay lugar para nada que se refiera a esa divisi\u00f3n de las tres v\u00edas o estados de purgaci\u00f3n, iluminaci\u00f3n y uni\u00f3n. Son m\u00e1s bien tres efectos que se entremezclan en toda la vida espiritual y sobre todo el recorrido del camino m\u00edstico, si bien en los diversos grados o etapas resalta uno u otro en cada caso. En la explicaci\u00f3n del C\u00e1ntico la uni\u00f3n est\u00e1 en el principio y en el fin y domina todo el conjunto. De la purgaci\u00f3n se habla con m\u00e1s frecuencia en el paso del desposorio al matrimonio. La iluminaci\u00f3n corre pareja con la uni\u00f3n.<br \/><br \/>En la distribuci\u00f3n u orden de las canciones de la primera redacci\u00f3n se nota que el paso del desposorio al matrimonio est\u00e1 borrosamente se\u00f1alado y se inicia muy tempranamente. En la canci\u00f3n 15 (24) ya est\u00e1 alcanzada toda la profundidad de la uni\u00f3n. Como dato para distinguirla del matrimonio no queda m\u00e1s que el hecho de que son todav\u00eda posibles algunos impedimentos o estorbos que han de desaparecer para que la uni\u00f3n pueda hacerse permanente. Al alterarse el orden de las canciones en la segunda redacci\u00f3n, la l\u00ednea divisoria queda m\u00e1s netamente trazada.<br \/><br \/>Previa la eliminaci\u00f3n de todos los estorbos o impedimentos, sigue la descripci\u00f3n de la uni\u00f3n plena, que se inicia con la entrada en el \u00abameno huerto deseado\u00bb (canci\u00f3n 22). Es \u00e9sta una ventaja de la segunda redacci\u00f3n que compensa el efecto un tanto antiest\u00e9tico de ofrecernos, inmediatamente despu\u00e9s de la bell\u00edsima estrofa 15 con los encantos m\u00e1gicos de su noche, la alusi\u00f3n a \u00ablas raposas\u00bb en la vi\u00f1a. Es muy natural y comprensible que en el primer borrador el orden de las estrofas no fuera precisamente el m\u00e1s apropiado objetivamente. Las estrofas tampoco nacieron todas de una vez; aun las que se remontan al per\u00edodo de la estancia del Santo en la prisi\u00f3n fueron en todo caso unidas y agrupadas sucesivamente conforme a las experiencias \u00edntimas vividas. Ya antes se ha recordado que hay declaraciones de testigos que no concuerdan sobre si las canciones fueron trasladadas al papel en la misma c\u00e1rcel o s\u00f3lo despu\u00e9s de la huida. Lo primero es veros\u00edmil, pero no excluye que el prisionero se viera obligado a guardar sus versos largo tiempo en su memoria, hasta que tuviera lo necesario para escribirlos. Tal vez entonara ya \u00e9sta o ya la otra canci\u00f3n conforme a su estado de \u00e1nimo en cada momento, y es posible que inmediatamente las trasladara al papel, sin poner mucho cuidado en el mejor orden de las mismas, como lo pondr\u00eda luego en su \u00faltima elaboraci\u00f3n. Estas consideraciones nos hacen ver lo acertado de seguir ahora, ante el examen detenido del contenido teol\u00f3gico y de la forma art\u00edstica, el orden de la segunda redacci\u00f3n. No hemos de perder de vista, sin embargo, lo que ya hemos afirmado sobre el motivo principal que pudo inducir a la segunda redacci\u00f3n, dando en su consecuencia todo su valor a la interpretaci\u00f3n primera de las canciones.<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><a id=\"CC466\"><\/a><strong>c) La imagen dominante y su valor dentro del contenido del C\u00e1ntico<\/strong><br \/><br \/>Esta r\u00e1pida y sumaria visi\u00f3n no ten\u00eda otro objeto que el de tratar de descubrir el sentido del conjunto y en ella apenas ha habido lugar sino a hacer alguna alusi\u00f3n a la abundancia y variedad de detalles. El que quiera estudiar estos, deber\u00e1 esforzarse por descifrar el lenguaje figurado del poema. En esta empresa el gu\u00eda m\u00e1s indicado ser\u00e1 el diccionario del mismo Santo, por m\u00e1s que ser\u00e1 preciso no atenerse tampoco a \u00e9l demasiado servilmente.<br \/><br \/>La nota dominante del C\u00e1ntico es la de una fuerte tensi\u00f3n a que est\u00e1 sometida el alma entre el tormento de una b\u00fasqueda ansiosa y la satisfacci\u00f3n y felicidad del encuentro. Esta nota dominante ha hallado su expresi\u00f3n en la imagen, que a la vez domina el conjunto por encima de la muchedumbre de im\u00e1genes varias, que se agrupan a su alrededor: es la imagen de la esposa, que suspira por el Amado, que se deshace busc\u00e1ndole, y que al fin le halla para inmensa satisfacci\u00f3n suya.<br \/><br \/>Para nosotros no es esto ninguna novedad. Ya en la noche hemos visto a la esposa abandonar su casa para lanzarse en busca del Amado; asimismo en la llama la vemos marchando tras el Esposo. Mas all\u00ed la relaci\u00f3n de esposa no es central, m\u00e1s bien queda en el fondo como cosa sobreentendida. Aqu\u00ed todo gira alrededor suyo. Esta imagen no es puramente aleg\u00f3rica. Cuando llamamos al alma esposa de Dios, no estamos tan s\u00f3lo ante una relaci\u00f3n de semejanza entre dos objetos, que autoriza a caracterizar al uno por el otro. Antes bien hay entre la imagen y lo imaginado una unidad tan \u00edntima, que apenas hay lugar a hablar de una dualidad. Esta es la caracter\u00edstica de la relaci\u00f3n simb\u00f3lica en sentido propio y estricto.<br \/><br \/>La relaci\u00f3n del alma a Dios, tal como Dios la previo desde la eternidad, apenas cabe caracterizarla mejor y m\u00e1s atinadamente que como una relaci\u00f3n matrimonial, de esposo a esposa. A su vez la idea de matrimonio en ninguna otra parte se cumple tan propia y perfectamente como en la uni\u00f3n amorosa de Dios con el alma. Una vez que se ha comprendido esto, hay una permuta exacta de papeles entre la imagen y su objeto; se comprende ya que Dios es el propio y natural esposo, y todas las relaciones matrimoniales humanas se ven como reproducciones imperfectas de aquel original y tipo primero, de la misma manera que la paternidad de Dios es el prototipo de toda paternidad terrena. En raz\u00f3n de la relaci\u00f3n que guarda la copia con su original, las relaciones humanas entre esposa y esposo pueden servir para expresar simb\u00f3licamente las relaciones de Dios con el alma su esposa; y en raz\u00f3n de esta funci\u00f3n, lo que en la vida real se considera relaci\u00f3n puramente humana queda relegado a segundo t\u00e9rmino. Esta relaci\u00f3n humana tiene su raz\u00f3n de ser y su m\u00e1s alto sentido en su aptitud para ser expresi\u00f3n de un misterio divino (Cfr. Ef 5,23 ss.).<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><a id=\"CC477\"><\/a><strong>d) El s\u00edmbolo de esposa y el detalle de las otras im\u00e1genes<\/strong><br \/><br \/>\u00bfQu\u00e9 relaci\u00f3n guarda esta imagen predominante de esposa con la abigarrada variedad de las otras im\u00e1genes aleg\u00f3ricas del C\u00e1ntico? Para contestar a esta pregunta, hemos de contestar a otra, ya anteriormente formulada; \u00bfhabr\u00e1 que considerar estas im\u00e1genes como ficciones arbitrarias del poeta o como inspiraciones del Esp\u00edritu Santo?. Pregunta es \u00e9sta, que le fue hecha al propio autor por la hermana Magdalena del Esp\u00edritu Santo. Dice \u00e9sta, declarando como testigo, que el padre Juan hab\u00eda dejado en el Convento de Beas su cuaderno de poes\u00edas compuestas en la c\u00e1rcel, y que la mandaron a ella sacar algunas copias. Maravillada de la vehemencia y calor de las palabras, de la hermosura y delicada precisi\u00f3n de la expresi\u00f3n, pregunt\u00f3 un d\u00eda al Padre si aquellas palabras, tan bellas y tan henchidas de sentido, le hab\u00edan sido inspiradas por Dios. El padre le contesto; \u00abhija, unas veces me las daba Dios, y otras las buscaba yo\u00bb. Parecida conclusi\u00f3n nos sugiere la lectura misma de la obra. Ya en su pr\u00f3logo se nos advierte que las canciones han sido escritas con alg\u00fan fervor de amor de Dios y que es imposible hallar las palabras justas para explicarlas (cfr. CB Pr\u00f3l. 1). Es evidente que esto se refiere ante todo a la dificultad de comentarlas tiempo despu\u00e9s de escritas. La expresi\u00f3n po\u00e9tica parece haber sido recibida del Esp\u00edritu Santo a la vez que su contenido. Pronto se nos hace saber, sin embargo, que ni la misma expresi\u00f3n inmediata es capaz de traducir lo que el esp\u00edritu divino hace sentir y entender interiormente al alma. De ah\u00ed que \u00e9sta, al tratar de explicarse, recurra a im\u00e1genes y semejanzas a fin de dar a entender algo de ello.<br \/><br \/>Por consiguiente, hay en la experiencia del m\u00edstico cierto elemento espiritual e \u00edntimo que hay que distinguir de su expresi\u00f3n verbal. Y es que la plenitud divina, carente de modos y formas, jam\u00e1s se dejar\u00e1 encerrar del todo en palabras humanas. El recurso a las im\u00e1genes y comparaciones puede explicarse como un intento por hallar la expresi\u00f3n adecuada. Pero puede tambi\u00e9n ser un echar mano de algo que el Esp\u00edritu de Dios presenta al alma. Cuando San Juan de la Cruz echa mano de im\u00e1genes tomadas de las Sagradas Escrituras, que con frecuencia producen una impresi\u00f3n tan rara y se prestan a ser mal interpretadas, podemos pensar en una asistencia sobrenatural que le ha ayudado a dar forma verbal su pensamiento. No se ha de concebir ciertamente la inspiraci\u00f3n de modo que no s\u00f3lo todo cuanto digan los escritores sagrados, sino hasta las im\u00e1genes y palabras todas que emplea hayan de ser tomadas como sugeridas y dichas por Dios; con todo, en muchos pasajes, es evidente que hasta la expresi\u00f3n externa hay que entenderla literalmente como palabra de Dios. Es cosa que, seg\u00fan declaraci\u00f3n propia, tambi\u00e9n le pas\u00f3 a San Juan de la Cruz en muchos casos. Pero aun en los casos en que el Santo busc\u00f3 la expresi\u00f3n, no se excluye la ayuda del Esp\u00edritu Santo. La viveza de su imaginaci\u00f3n de artista, agudizada por su situaci\u00f3n violenta y antinatural de incomunicaci\u00f3n y total apartamiento de lo que pudiera contentar a los sentidos externos, era capaz de traer a su alma como por arte de magia una profusi\u00f3n de im\u00e1genes del m\u00e1s vistoso colorido. Y si estas im\u00e1genes est\u00e1n en consonancia con lo que el poeta experimenta en su interior, ya esto no cabe atribuirlo a la mera fuerza creadora de su imaginaci\u00f3n, ni tampoco a capricho de interpretaci\u00f3n; es que el poeta hall\u00f3 en dichas im\u00e1genes la expresi\u00f3n que buscaba para decir lo indecible, es que el esp\u00edritu Santo le revel\u00f3 el sentido espiritual de ese mundo multicolor que entra por los sentidos y le dirigi\u00f3 en su elecci\u00f3n. As\u00ed se comprende la armon\u00eda del conjunto, y de ah\u00ed la \u00edntima elocuencia de esas im\u00e1genes. Sin duda no se puede afirmar esto de todas ellas. M\u00e1s de una ha sido elegida por modo natural y hasta buscada en el sentido laborioso de esta palabra. Y m\u00e1s que a las im\u00e1genes mismas es esto aplicable a los comentarios sucesivos.<br \/><br \/>El mundo en el que el C\u00e1ntico nos introduce es el mundo tal como se le representa a un alma toda anhelante y embriagada de amor. Si ella sale, es \u00fanicamente para buscar al Amado. Donde quiera que va, trata de descubrir alguna huella de su Amado; todas las cosas le van dando noticias de El, y ninguna tiene significaci\u00f3n para ella sino en cuanto le traen nuevas suyas, o en cuanto le pueden servir de medianeras para enviar sus mensajes al Amado. Como ciervo fugitivo que asoma veloz saliendo por un bosque y desaparece en cuanto ha sido avistado por el ojo del cazador, as\u00ed se comport\u00f3 el Se\u00f1or en los primeros encuentros: se mostr\u00f3 al alma, pero desapareci\u00f3 antes de que ella le pudiera dar alcance. Fuente cristalina que ofrece refrigerio a la viajera errante viene a ser para ella la fe; la verdad que la fe ofrece es pura y exenta de toda mancha y turbidez de error, y de ella brota al alma el agua de la vida que salta hasta la vida eterna (Jn 4,14). Sobre esa fuente va a inclinarse el alma anhelante y sedienta; \u00bfno tendr\u00e1 la dicha de ver reflejarse sobre el claro espejo de sus aguas los ojos de su Amado. Estos ojos no son sino los rayos de las verdades divinas que embisten al alma en lo m\u00e1s profundo de su ser, la iluminan y la inflaman. El alma se siente siempre bajo la mirada de esos ojos, y as\u00ed los lleva como dibujados en sus mismas entra\u00f1as. Todo esto es f\u00e1cil de entender como expresi\u00f3n gr\u00e1fica de la situaci\u00f3n general. Pero, cuando, adem\u00e1s, el comentario nos asegura que, los semblantes son los art\u00edculos de la fe, los cuales nos reflejan las verdades divinas encubierta e imperfectamente, y que esos \u00absemblantes\u00bb se dicen plateados, porque en dichos art\u00edculos el oro puro de la verdad se nos presenta como cubierto de una capa de plata (CB 12,4), perderemos ya de vista el cuadro gr\u00e1fico, y no acertamos a descubrir relaci\u00f3n alguna con el s\u00edmbolo que nos guiaba. Estamos ante una interpretaci\u00f3n puramente racional y art\u00edstica, que, en atenci\u00f3n a la autoridad del poeta e int\u00e9rprete, podemos aceptar -o tambi\u00e9n no aceptar- porque \u00e9l mismo nos ha dejado en libertad para hacerlo.<br \/><br \/>Por fin tiene lugar lo que ha sido largamente ansiado y pedido. De pronto e inesperadamente, el alma, tenaz en su b\u00fasqueda, se ha encontrado con la mirada de los ojos divinos. Su ardiente deseo ha movido al Amado \u00aba visitar a su esposa casta y delicada y amorosamente\u00bb (CB 13,2). Tambi\u00e9n esta vez ha aparecido como el ciervo: por el otero, es decir, en la alta atalaya de la contemplaci\u00f3n. No hace m\u00e1s que asomarse, \u00abporque por altas que sean las noticias que de Dios se le dan al alma en esta vida, todas son como unas muy desviadas asomadas\u00bb. Y el Amado a su vez tambi\u00e9n est\u00e1 herido. \u00abPorque en los enamorados la herida de uno es de entrambos, y un mismo sentimiento tienen los dos\u00bb. Y se recrea y se alivia con el aire del vuelo de la esposa, a la que llama paloma, porque vuela alta y ligera en alas de la contemplaci\u00f3n, y porque tiene un coraz\u00f3n c\u00e1ndido y amoroso. El aire de su vuelo es el esp\u00edritu de amor que ella aspira en esta alta contemplaci\u00f3n con el conocimiento de altas noticias divinas, como el Padre y el Hijo aspiran al Esp\u00edritu Santo. Por el vuelo se entiende el conocimiento que se infunde de Dios, y por el aire del vuelo, el amor que de aquel conocimiento brota. Y es el amor el que atrae al Esposo y le da ciervo sediento y llagado a refrescarse en ellas. \u00abComo el aire da fresco y refrigerio al que est\u00e1 sediento y fatigado por el calor, as\u00ed este aire de amor, refrigera y recrea al que arde con fuego de amor. Porque tiene tal propiedad este fuego de amor, que el aire con que fresco toma y refrigerio es m\u00e1s fuego de amor. Porque en el amante el amor es llama que arde con apetito de arder m\u00e1s\u00bb; y por cuanto esta llama es la que enciende el amor de la esposa, este amor viene a ser para el esposo aire refrigerante (CB 13).<br \/><br \/>Al gozar ya de la presencia del Amado, el alma cesa en sus angustiosas llamadas, y comienza m\u00e1s bien a cantar y a alabar al Amado por las grandezas que siente y goza en su uni\u00f3n con El. Porque, como hemos visto, en ese vuelo del esp\u00edritu es donde se verifica el Desposorio con el Verbo Hijo de Dios. Aqu\u00ed es donde \u00abcomunica Dios al alma grandes cosas de s\u00ed, hermose\u00e1ndola de grandeza y majestad, y arre\u00e1ndola de dones y virtudes y visti\u00e9ndola de conocimiento y honra de Dios, bien as\u00ed como a desposada en el d\u00eda de su desposorio\u00bb (CB 14-15 anotaci\u00f3n). Entra ya ella en \u00abun estado de paz y deleite y de suavidad de amor\u00bb, y no sabe hacer \u00abotra cosa sino contar y cantar las grandezas de su Amado\u00bb. Y en sus transportes experimenta la verdad de lo que dec\u00eda San Francisco de As\u00eds: \u00abDios m\u00edo, y todas las cosas\u00bb. Dios es ya de hecho todo para ella, todo el bien derramado y esparcido en todos los seres; y as\u00ed halla en las criaturas un trasunto y reflejo de las perfecciones divinas. Cada una de esas perfecciones es Dios y todas juntas son Dios. \u00abPor cuanto en este caso se une el alma con Dios, siente ser todas las cosas Dios, seg\u00fan lo sinti\u00f3 San Juan, cuando dijo: \u00abLo que fue hecho, en El era vida\u00bb (Jn 1,14). No quiere esto decir que el alma vea las criaturas en Dios, \u00abque es como ver las cosas en la luz o las criaturas en Dios; sino que en aquella posesi\u00f3n siente serle todas las cosas Dios\u00bb. Tampoco es esto ver a Dios clara y esencialmente. Es, s\u00ed, \u00abuna fuerte y copiosa comunicaci\u00f3n\u00bb, pero que no da sino un \u00abvislumbre de lo que El es en S\u00ed\u00bb (CB 14-15,5); y a trav\u00e9s de esa vislumbre es como se le descubren las perfecciones de las criaturas.<br \/><br \/>La monta\u00f1a con sus elevadas cimas y la gracia y el encanto de sus muchas y olorosas flores tiene algo de la grandeza y hermosura del Amado. El alma en medio de su soledad descansa como en un bosque fresco y solitario, exuberante de vegetaci\u00f3n. En el conocimiento de Dios viene a descubrir un nuevo y maravilloso mundo, como un navegante que llegara a descubrir islas extra\u00f1as. Cual r\u00edo desbordante que todo lo anega y con su ruido acalla y domina todo otro ruido, as\u00ed se contempla el alma embestida por el torrente del esp\u00edritu de Dios, el cual con tanta fuerza se posesiona de ella, \u00abque le parece que vienen sobre ella los r\u00edos del mundo\u00bb. Pero esta inundaci\u00f3n no le causa tormento ninguno, porque se trata de \u00abr\u00edos de paz\u00bb y su embestir \u00abtoda la hincha de paz y gloria\u00bb, y esta divina agua llena los bajos de su humildad y los vac\u00edos de sus apetitos; y en el ruido de su corriente percibe \u00abun ruido y voz espiritual que es sobre todo sonido y voz, la cual voz priva toda otra voz y su sonido excede todos los sonidos del mundo\u00bb. \u00abEs como una voz y sonido inmenso interior que viste el alma de poder y fortaleza\u00bb, como la voz y el sonido que percibieron en su esp\u00edritu los ap\u00f3stoles al descender el Esp\u00edritu Santo sobre ellos. El potente fragor que los habitantes de Jerusal\u00e9n oyeron en aquella ocasi\u00f3n denotaba el que en su interior percibieron los ap\u00f3stoles. Esta espiritual voz, con ser tan grande y potente, es suave y dulce de o\u00edr. San Juan la oy\u00f3 y le pareci\u00f3 como \u00abvoz de muchas aguas y como voz de un gran trueno\u00bb pero a la vez como \u00abvoz de citaristas que ta\u00f1\u00edan sus c\u00edtaras\u00bb (Ap 14,2; CB 14-15,10).<br \/><br \/>Como el aire suave con su dulce silbido y delicado toque parece acariciar blandamente nuestras mejillas, tal es la forma suave y amable como se comunican e infunden las virtudes y gracias del Amado en el alma. Y el silbido de estos aires es \u00abuna subid\u00edsima y sabros\u00edsima noticia de Dios y sus virtudes, la cual redunda en el entendimiento del toque que hacen estas virtudes en la sustancia del alma\u00bb. Y como el toque del aire se percibe por el sentido del tacto y su silbido por el o\u00eddo, tambi\u00e9n el toque de las virtudes del Amado se siente y goza en el tacto en esta alma, es decir, en la sustancia de ella, y la inteligencia de las tales virtudes se siente en el o\u00eddo del alma que es el entendimiento. Y as\u00ed como el silbo de aire, se entra agudamente en el \u00f3rgano del o\u00eddo, as\u00ed esta sutil\u00edsima y delicada inteligencia se entra con admirable sabor y deleite en lo \u00edntimo de la sustancia del alma, que es muy mayor deleite que todos los dem\u00e1s, porque se le da sustancia entendida y desnuda de accidentes y fantasmas. \u00abEste divino silbo, que entra por el o\u00eddo del alma, no solamente es sustancia, como he dicho entendida, sino descubrimiento de verdades de la divinidad y revelaci\u00f3n de secretos suyos ocultos\u00bb.<br \/><br \/>Ordinariamente cada vez que en las Escrituras se habla de alguna comunicaci\u00f3n de Dios, que se dice entrar por el o\u00eddo, se trata de manifestaciones de estas verdades desnudas en el entendimiento, de revelaciones o visiones puramente espirituales, que \u00fanicamente se dan al alma sin servicio ni ayuda de los sentidos. Por esta raz\u00f3n estas comunicaciones que se dicen hacerse al o\u00eddo son alt\u00edsimas y seguras. As\u00ed se cree haber visto nuestro Padre San El\u00edas a Dios, cuando le sinti\u00f3 en aquel \u00absilbo del aire delgado\u00bb (1Re 19,12) y lo mismo San Pablo, cuando oy\u00f3 las palabras secretas que al hombre no es dado hablar (2Cor 12,4). Porque \u00abel o\u00edrlo con el o\u00eddo del alma es verlo con el ojo del entendimiento pasivo\u00bb. No se trata naturalmente de la perfecta y clara visi\u00f3n como en la Gloria, sino de contemplaci\u00f3n todav\u00eda oscura, en \u00abrayo de tiniebla\u00bb, como dijo San Dionisio.<br \/><br \/>Y puesto que el alma recibe tal oscura y abismal inteligencia divina y goza, recostada sobre el pecho del amado, inefable sosiego y paz, la compara ella a la noche sosegada, pero noche que va siendo iluminada por las claridades de la aurora, ya que \u00abes sosiego y quietud en luz divina, en conocimiento de Dios nuevo, en que el esp\u00edritu est\u00e1 suav\u00edsimamente quieto, levantado a la luz divina\u00bb. Y este esp\u00edritu, ya sosegado y quieto en Dios, es levantado de la tiniebla del conocimiento natural a la luz matutinal del conocimiento sobrenatural de Dios. Es la noche en par de los levantes de la aurora, en que ni del todo es d\u00eda ni del todo es noche, sino como entre dos luces, de modo que el alma ni del todo es informada por la luz divina ni deja de participar algo de ella (CB 14-15,23).<br \/><br \/>En el sosiego y silencio de esta noche echa de ver el alma \u00abuna admirable conveniencia y disposici\u00f3n de la sabidur\u00eda de Dios en las diferencias de todas sus criaturas y obras: todas ellas y cada una de ellas dotadas con cierta respondencia a Dios, en la que cada una a su manera da su voz de lo que en ella es Dios; de suerte que le parece una armon\u00eda de m\u00fasica subid\u00edsima, que sobrepuja todos los saraos y melod\u00edas del mundo\u00bb. Pero es una m\u00fasica callada, porque esta inteligencia sosegada y quieta se comunica sin ruidos de voces, y \u00abas\u00ed se goza en ella la suavidad de la m\u00fasica y la quietud del silencio\u00bb (CB 14-15,25), y esta m\u00fasica de armon\u00edas tan dulces solamente se percibe \u00aben soledad y ajenaci\u00f3n de todas las cosas exteriores\u00bb, por lo que se la califica de callada, y a la soledad de \u00absonora\u00bb.<br \/><br \/>Si la visi\u00f3n divina es la cena o comida de los \u00e1ngeles y bienaventurados, tambi\u00e9n el alma tiene una cena que la alimenta y recrea: son las noticias divinas que se le comunican en medio de la serenidad de su noche. Ella la gusta con la gozosa impresi\u00f3n de que han pasado ya todos los trabajos y males del d\u00eda. El Amado mismo \u00abcena con ella\u00bb (Ap 3,20), y le da parte en todos sus bienes y la va m\u00e1s enamorando, comunic\u00e1ndose a ella m\u00e1s graciosa y largamente.<br \/><br \/>Con el adorno de las virtudes que la espl\u00e9ndida misericordia divina tan profusamente le comunica, la esposa contempla su propio interior como un jard\u00edn todo \u00e9l lleno de olorosas flores o como una vi\u00f1a en flor. Siente en su coraz\u00f3n la presencia de su Amado, cual si en \u00e9l reposara como en su propio lecho. Quisiera entregarse a su Esposo Divino con todas las riquezas y profusi\u00f3n de flores de que se ve adornada, para rendirle su mejor homenaje y contentarle, y alejar todo impedimento que estorbe su mutua comunicaci\u00f3n.<br \/><br \/>Mas los apetitos y movimientos que hac\u00eda tiempo estaban sosegados, a manera de raposas que se hacen las dormidas, despertados y azuzados por los esp\u00edritus malos, irrumpen de golpe en la vi\u00f1a del alma en plan de hacer guerra a su florido y pac\u00edfico reino. Porque el demonio m\u00e1s precia \u00abimpedir a esa alma un quilate de esta riqueza y glorioso deleite que hacer caer a otras muchas en otros muchos y muy graves pecados, porque las otras tienen poco o nada que perder y \u00e9sta mucho, porque tiene mucho ganado y muy precioso\u00bb (CB 16,2). De ah\u00ed que los esp\u00edritus malos inciten y levanten los apetitos con vehemencia para perturbar al alma; y si de esta manera no pueden, embisten en ella con tormentos y ruidos corporales. Lo peor es cuando la atacan con horrores espirituales; entonces el tormento puede llegar a ser insufrible y por dem\u00e1s horroroso. \u00abLo cual a este tiempo, si se les da licencia, pueden ellos muy bien hacer; porque como el alma se pone en muy desnudo esp\u00edritu para este ejercicio espiritual, puede con facilidad \u00e9l hacerse presente a ella, pues tambi\u00e9n \u00e9l es esp\u00edritu. Otras veces le hace otros embestimientos de horrores&#8230;, al tiempo que Dios la comienza algo a sacar de la casa de sus sentidos para que entre&#8230; al huerto de su Esposa; porque sabe que, si una vez se entra en aquel recogimiento, est\u00e1 tan amparado, que, por m\u00e1s que haga, no puede hacerle da\u00f1o. Y muchas veces, cuando aqu\u00ed el demonio sale a tomarle el paso, suele el alma con gran presteza recogerse en el hondo escondrijo de su interior, donde halla gran deleite y amparo y entonces padece aquellos terrores tan por de fuera y tan a lo lejos, que no s\u00f3lo no le hacen temor, mas le causan alegr\u00eda y gozo\u00bb (CB 16,6). Pero al sentir alguna turbaci\u00f3n, invoca a los \u00e1ngeles, pidi\u00e9ndoles \u00abcacen las raposas\u00bb; porque es oficio de ellos favorecer a este tiempo al alma. espantando y ahuyentando a los demonios.<br \/><br \/>Una vez alejadas todas las alima\u00f1as da\u00f1inas, puede el alma gozar en uni\u00f3n con su Amado de todas las flores de virtudes que se abren y esparcen sus aromas al influjo de la mirada de Aqu\u00e9l. Junt\u00e1ndolas todas, hace con ellas un ramillete, \u00aby as\u00ed juntas las ofrece al Amado con gran ternura de amor y suavidad\u00bb. Mas necesita para ello su ayuda; \u00absin su favor y ayuda no podr\u00eda ella hacer esta junta y ofrenda\u00bb. Y las junta y recoge, por cierto, fuertemente, de modo que formen como una pina que en s\u00ed contiene muchas piezas fuertes y fuertemente-abrazadas. As\u00ed es tambi\u00e9n la perfecci\u00f3n del alma como una sola pieza, la cual contiene en s\u00ed fuerte y ordenadamente abrazadas muchas perfecciones y virtudes fuertes y dones muy ricos. Mientras el alma va formando este ramillete por el ejercicio de las virtudes, nada ha de perturbar la paz del monte en que esto se realiza, es decir, ninguna noticia, afecto ni advertencia particular ha de presentarse en las potencias del alma, a fin de que nada le impida su \u00abasistencia de amor a Dios\u00bb.<br \/><br \/>Pero a\u00fan hay otra cosa que turba su felicidad. Al tiempo del desposorio el Amado no est\u00e1 todav\u00eda permanentemente unido con ella. Y como su amor es tan grande y tan \u00edntimo, esto le causa gran tormento cada vez que El se retira. De ah\u00ed que tema la sequedad como fr\u00edo cierzo que mata toda flor. De ah\u00ed tambi\u00e9n que recurra a la oraci\u00f3n y a los ejercicios espirituales para atajar ese peligro. Pero en este alto estado de vida interior que ha alcanzado ya, las cosas que Dios comunica al alma son tan interiores, que con ning\u00fan ejercicio de sus potencias puede alcanzarlas ni gustarlas. En vista de lo cual llama al austro, ese otro aire h\u00famedo y apacible, con el que las flores se abren y derraman su fragancia: es el Esp\u00edritu Santo, que despierta o \u00abrecuerda los amores\u00bb. \u00abPorque cuanto este divino aire embiste en el alma, la inflama toda y la regala y aviva, y despierta la voluntad y levanta los apetitos, que antes estaban ca\u00eddos y dormidos, al amor de Dios\u00bb. Y lo que el alma le pide a este Esp\u00edritu es que sople o aspire, no en el huerto, sino por su huerto. \u00abPorque es grande la diferencia que hay entre aspirar a Dios en el alma y aspirar por el alma es hacer Dios toque y moci\u00f3n en las virtudes y perfecciones que ya le son dadas, renov\u00e1ndolas y movi\u00e9ndolas de suerte que den de s\u00ed admirable fragancia y suavidad al alma. Bien as\u00ed como cuando menean las especies arom\u00e1ticas, que, al tiempo que se hace aquella moci\u00f3n, derraman la abundancia de su olor, el cual antes ni era tal ni se sent\u00eda en tanto grado\u00bb. As\u00ed el alma no siempre est\u00e1 sintiendo y gozando sus virtudes. Antes bien est\u00e1n \u00e9stas en ella en esta vida, como flores en cogollo cerradas, o como especies arom\u00e1ticas tapadas. Sin embargo algunas veces sopla el Esp\u00edritu Divino por el huerto del alma, y entonces \u00ababre El todos estos cogollos de virtudes y descubre estas especies arom\u00e1ticas de dones y perfecciones y riquezas del alma, y manifestando el tesoro y caudal interior, descubre toda la hermosura de ella\u00bb (CB 17,6).<br \/><br \/>Esta fragancia de las flores de virtudes \u00abes en tanta abundancia algunas veces, que al alma le parece estar vestida de deleites y ba\u00f1ada en gloria inestimable; tanto, que no s\u00f3lo ella lo siente de dentro, pero aun suele redundar tanto de fuera, que lo conocen los que saben advertir y les parece estar la tal alma como un delicioso jard\u00edn, lleno de deleites y riquezas de Dios&#8230; Y no s\u00f3lo cuando estas flores est\u00e1n abiertas se echa de ver esto en estas santas almas, pero ordinariamente traen en s\u00ed un no s\u00e9 qu\u00e9 de grandeza y dignidad, que causa detenimiento y respeto a los dem\u00e1s\u00bb (CB 17,6). En este aspirar del Esp\u00edritu Santo en alta manera se comunica tambi\u00e9n al alma el esposo Hijo de Dios. Es El quien ante lodo halla especial complacencia en contemplar ese arreo de llores tan espl\u00e9ndidas y olorosas en el alma, la cual por su parte de nada gusta m\u00e1s que de complacer y deleitar al Amado. Este a s u vez llega a deleitarse y a apacentarse en ella y a transformarla en s\u00ed. de modo que est\u00e1 ya ella como \u00abguisada, salada y sazonada con las dichas flores de virtudes\u00bb, de cuyo sabor y suavidad gozan ambos amantes. \u00abPorque \u00e9sta es la condici\u00f3n del Esposo: unirse con el alma entre la fragancia de estas flores\u00bb (CB 17,10).<br \/><br \/>En medio de toda esta dicha, una pena le queda al alma y es la de no ser enteramente due\u00f1a de las fuerzas de su parte inferior, las cuales a\u00fan siguen promoviendo rebeliones en la parte sensitiva y dificultan la vida del esp\u00edritu. El alma se dirige, pues, ahora a esos desordenados movimientos y los conjura para que no pasen de sus propias fronteras o l\u00edmites. Los llama \u00abninfas\u00bb, porque procuran atraer con halagos y porf\u00eda. Y llama \u00abJudea\u00bb a la parte inferior del alma, \u00abporque es flaca y carnal y de suyo ciega, como lo es la gente judaica\u00bb (CB 17,10). Mientras los rosales de las potencias superiores del alma llevan y cr\u00edan flores de virtudes y despiden ambarinos perfumes del Esp\u00edritu Santo, estas otras ninfas deben permanecer fuera en la cerca exterior o arrabales del sentido interior, y no tocar los umbrales, es decir, los primeros movimientos de la parte superior. (En esta estrofa no ya s\u00f3lo el comentario, sino la misma estrofa parece rebuscada y por dem\u00e1s influenciada por el gusto de la \u00e9poca. La siguiente, por el contrario, encaja perfectamente en el cuadro del conjunto simb\u00f3lico cfr. CB 18 y 19).<br \/><br \/>El alma suspira ansiosa nada menos que por la visi\u00f3n de Dios cara a cara. Le ha hallado ya en lo m\u00e1s escondido de ella misma y quisiera permanecer escondida en El. Cuando Dios se digna descubrirle la gloria y excelencia de su divinidad, nada de ello debe trascender a los sentidos exteriores, no sea que de ah\u00ed se le siga alguna perturbaci\u00f3n o contratiempo. Sabe el alma que la flaqueza de su natural sucumbir\u00eda bajo el peso de la grandeza de lo que pasa en el monte, y esto estorbar\u00eda al esp\u00edritu la contemplaci\u00f3n facial de Dios. De ah\u00ed que le gustar\u00eda sentir el contacto con la esencia divina en la propia sustancia- del alma, sin la compa\u00f1\u00eda y participaci\u00f3n molesta del cuerpo, y disfrutar de la contemplaci\u00f3n de las maravillosas joyas con las que el mismo Dios la ha arreado y que son las noticias de Dios, ajenas a todos los sentidos y muy por encima de todos los modos de conocer comunes.<br \/><br \/>El Esposo a su vez tambi\u00e9n desea el matrimonio y se dispone a agraciar a su esposa con una excepcional pureza, gran fortaleza y subido amor, a fin de que pueda ser digna del fuerte y estrecho abrazo de Dios, y de esta manera viene a establecer en su alma una perfecta armon\u00eda. Cesa en ella toda voluble digresi\u00f3n de la fantas\u00eda, todo \u00edmpetu de ira y toda debilidad y cobard\u00eda. Se allanan e igualan todos los montes, valles y riberas; es decir, desaparecen todos los actos que exceden de lo justo. Han de retirarse las aguas del dolor, han de enmudecer los vientos de la esperanza y apagarse los ardores de la pasi\u00f3n del gozo; se han de desterrar todos los miedos con los que el enemigo procura poner tinieblas y oscurecer la luz divina del alma. As\u00ed es como podr\u00e1 la esposa reposar del todo tranquila en los brazos del Amado, y habr\u00e1 alcanzado tal grandeza y firmeza en su alma, que nada ser\u00e1 capaz de hacerla tambalear ni vacilar. Y aun cuando conserva un sentimiento muy vivo por las faltas propias y ajenas, no le causan dolor ni tormento. Porque en este estado \u00able falta al alma lo que ten\u00eda de flaco en las virtudes y le queda lo fuerte, constante y perfecto de ellas. Porque, a modo de los \u00e1ngeles que perfectamente estiman las cosas que son de dolor sin sentir dolor y ejercitan las obras de misericordia de compasi\u00f3n, le acaece al alma en esta transformaci\u00f3n de amor\u00bb (CB 20-21,10). Si todav\u00eda Dios le da a sentir y padecer en algunas cosas, es para que m\u00e1s merezca y se afervore en el amor, pero el estado de matrimonio ya no lleva consigo nada de eso. Pues tambi\u00e9n la esperanza del alma que ha llegado a esta uni\u00f3n con Dios ha quedado apaciguada y satisfecha en cuanto en esta vida cabe, y nada tiene que esperar ni desear en este mundo. En cuanto a las afecciones del gozo, \u00abes tanta la que ella ordinariamente goza, que a manera de la mar ni mengua por los r\u00edos que de ella salen ni crece por lo que en ella entra\u00bb. Cierto que no le faltan gozos accidentales, y aun ordinariamente los tiene sin cuento, pero \u00abno por eso en lo que es sustancial comunicaci\u00f3n de esp\u00edritu se le aumenta nada, porque todo lo que de nuevo le puede venir ya ella se lo ten\u00eda\u00bb. En esto tiene en alguna manera \u00abla propiedad de Dios, el cual, aunque en todas las cosas se deleita, no se deleita en ellas como en S\u00ed mismo, porque tiene El en S\u00ed eminente bien sobre todas ellas\u00bb. As\u00ed todas las novedades en gozos y gustos s\u00f3lo le sirven al alma de recordar y reavivar el deleite de la uni\u00f3n. Si alguna vez se le ofrecen cosas de gozo y de alegr\u00eda, luego se acuerda de ese otro bien inmensamente mayor que tiene en s\u00ed y se convierte a gozar de \u00e9l. Y todo lo que le ponen de nuevo esas novedades en comparaci\u00f3n de lo sustancial que ella ya en s\u00ed tiene \u00abes tan poco&#8230;, que le podemos decir nada&#8230;; pero es cosa admirable de ver que con no recibir esta alma novedades de deleites, siempre le parece que las recibe de nuevo y tambi\u00e9n que siempre se las ten\u00eda\u00bb.<br \/><br \/>\u00abPero si quisi\u00e9ramos hablar de la iluminaci\u00f3n de gloria que en este ordinario abrazo que tiene dado al alma algunas veces hace en ella, que es cierta conversi\u00f3n espiritual a ella, en que la hace ver y gozar por junto este abismo de deleites y riquezas que ha puesto en ella, nada se podr\u00eda decir que declarase algo de ello. Porque a manera del sol cuando de lleno embiste la mar, esclarece hasta los profundos senos y cavernas y parecen las perlas y venas riqu\u00edsimas de oro y otros minerales preciosos, etc., as\u00ed este divino Sol del Esposo, convirti\u00e9ndose a la esposa, saca&#8230; a la luz las riquezas del alma&#8230; En la cual iluminaci\u00f3n aunque es de tanta excelencia no se le acrecienta nada a la tal alma, sino s\u00f3lo sacarle a luz a que goce lo que antes ten\u00eda\u00bb (CB 20-21,14).<br \/><br \/>As\u00ed iluminada, clarificada y fuertemente afirmada y asentada en Dios, ya no perturban ni espantan con sus terrores los demonios al alma. \u00abNinguna cosa la puede llagar ni molestar\u00bb. Estando ya centrada en Dios, goza de la perfecta paz que sobrepuja a todo sentido y no es posible expresarla con palabras humanas (CB 20-21,15).<br \/><br \/>\u00abEntr\u00e1dose ha la esposa en el ameno huerto deseado\u00bb. El mundo entero ha quedado ya a la espalda, est\u00e1 ultimada la preparaci\u00f3n. En el periodo de desposorios que ha precedido esta esposa se ha mantenido fiel, saliendo airosa de la prueba. Es El, el tan ansiado, en quien ahora ella se transforma. Porque \u00abse hace tal junta de las dos naturalezas y tal comunicaci\u00f3n de la divina a la humana, que, no mudando alguna de ellas su ser, cada una parece Dios. Aunque en esta vida no puede ser perfectamente, aunque es sobre todo lo que se puede decir y pensar\u00bb (CB 22,5). Porque, en fin, el alma \u00abhalla en este estado mucha m\u00e1s abundancia y henchimiento de Dios, y m\u00e1s segura y estable paz y m\u00e1s perfecta suavidad sin comparaci\u00f3n que en el desposorio espiritual\u00bb. Vese acogida y envuelta en los brazos divinos con un verdadero y estrecho abrazo espiritual, viviendo vida de Dios, y dejando reclinar su cuello en los brazos del Amado, el cual le comunica su propia fortaleza, transformando su flaqueza en la misma fortaleza de Dios.<br \/><br \/>El lugar donde ella ha entrado es un nuevo para\u00edso. El matrimonio se consuma debajo del manzano. All\u00ed es donde la fiel esposa es instruida en los profund\u00edsimos y maravillosos misterios de Dios, sobre todo en los dulc\u00edsimos misterios de la Encarnaci\u00f3n y Redenci\u00f3n. As\u00ed como en el Para\u00edso, comiendo de la fruta prohibida del \u00e1rbol, la humana naturaleza fue estragada y perdida, as\u00ed en el \u00e1rbol de la Cruz fue redimida y reparada, y all\u00ed en lo alto de la Cruz es donde el Esposo divino alarg\u00f3 al alma su esposa la mano de su gracia y misericordia y por medio de su Pasi\u00f3n y Muerte hizo cesar la enemistad que por el pecado original hab\u00eda entre el hombre y Dios. Debajo del \u00e1rbol del Para\u00edso terrenal la madre (la naturaleza humana) fue violada por el pecado en la persona de los primeros padres. Debajo del \u00e1rbol de la Cruz se devuelve la vida al alma. El Desposorio que se hizo en la Cruz no es, desde luego, exactamente el mismo que el m\u00edstico de que aqu\u00ed se trata: aquel se consuma en el bautismo y de una vez para cada alma, mientras que este otro desposorio m\u00edstico va ligado a la obra de perfeccionamiento personal y se va haciendo poco a poco dependientemente de la generosidad del alma. Pero en el fondo vienen a ser la misma uni\u00f3n.<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><a id=\"CC488\"><\/a><strong>e) El s\u00edmbolo de esposa y la cruz<\/strong><br \/>(Matrimonio m\u00edstico. Creaci\u00f3n, Encarnaci\u00f3n y Redenci\u00f3n)<br \/><br \/>Hemos llegado ya aqu\u00ed a un punto capital\u00edsimo y hemos de hacer un intento de avanzar un poco m\u00e1s all\u00e1 de lo que los comentarios expl\u00edcitos del Santo nos llevan.<br \/><br \/>Es para nosotros la Cruz el s\u00edmbolo de la Pasi\u00f3n y Muerte de Cristo, y de todo lo que con \u00e9stas guarda relaci\u00f3n, como su causa y clave de explicaci\u00f3n. La Cruz nos recuerda, de un lado, el fruto de la muerte de Cristo: la recuerda, de un lado, el fruto de la muerte de Cristo: la Redenci\u00f3n. Pero no olvidemos que en \u00edntima relaci\u00f3n con la Redenci\u00f3n tenemos la Encarnaci\u00f3n como condici\u00f3n previa para la Pasi\u00f3n y Muerte redentoras, y el pecado, como causa o motivo de ambas. Ya adelantamos antes la idea de que los sufrimientos de la noche oscura son una participaci\u00f3n en la Pasi\u00f3n de Cristo y, principalmente, en el tormento principal de la misma: el abandono de Dios. Esta idea est\u00e1 expresamente confirmada en el C\u00e1ntico espiritual, donde el ansia de ver al Dios escondido constituye el martirio que domina todo el camino m\u00edstico. Martirio que no cesa ni en medio de la felicidad de la uni\u00f3n matrimonial: antes bien, al crecer el conocimiento y amor de Dios, en cierto modo aumenta tambi\u00e9n aqu\u00e9l, puesto que entonces presiente m\u00e1s claramente lo que la clara e inmediata visi\u00f3n de Dios tiene reservado al alma. (Esto est\u00e1 puesto m\u00e1s de relieve en la segunda redacci\u00f3n).<br \/><br \/>\u00bfPero qu\u00e9 angustia humana, por m\u00e1s dolorosa que sea, podr\u00e1 medirse con la de la Pasi\u00f3n de Cristo, quien durante toda su vida goz\u00f3 de la visi\u00f3n beat\u00edfica, hasta que por propia y libre decisi\u00f3n se priv\u00f3 de este gozo la noche de Getseman\u00ed? No hay esp\u00edritu ni coraz\u00f3n humanos que sean capaces de penetrar el misterio insondable de esa privaci\u00f3n, como no lo son para imaginarse siquiera ni sentir lo que puede ser la visi\u00f3n beat\u00edfica. Solamente El, el \u00fanico que la sufri\u00f3, puede ser capaz de dar a probar algo de ella a los que para esa gracia tiene destinados, en la intimidad de la uni\u00f3n que se realiza en el matrimonio espiritual. A El s\u00f3lo estuvo reservado el sentir de toda su profundidad el abandono divino y solamente El lo pudo padecer, por ser Dios y hombre a un tiempo. Como Dios, era incapaz de sufrimientos; como puro hombre, no habr\u00eda podido conocer el bien de que se privaba. As\u00ed la Encarnaci\u00f3n vino a ser la condici\u00f3n previa para este tormento de la pasi\u00f3n, y la naturaleza humana, al ser apta para sufrir y sufriendo de hecho, se convirti\u00f3 en instrumento de redenci\u00f3n. La causa motiva de la pasi\u00f3n redentora y, por lo mismo, de la Redenci\u00f3n, fue la naturaleza humana, en cuanto capaz de caer y ca\u00edda de hecho. Por el primer pecado, la naturaleza humana perdi\u00f3, en la persona del primer hombre, su dignidad, su perfecci\u00f3n originaria y su elevaci\u00f3n al orden de la gracia. Pero es de nuevo elevada en cada alma, que mediante el bautismo ha nacido de nuevo y ha sido elevada a la dignidad de hija de Dios; y es, por \u00faltimo, como coronada en las almas escogidas que llegan a la uni\u00f3n matrimonial con el Redentor. Todo esto se realiza a la sombra del \u00e1rbol de la Cruz, como fruto maduro de la muerte del Se\u00f1or y como participaci\u00f3n en esa muerte redentora. Pero \u00bfc\u00f3mo entender que el lugar de la elevaci\u00f3n o reparaci\u00f3n sea el mismo que el de la ca\u00edda, que el \u00e1rbol de la Cruz y el del Para\u00edso terrenal sean el mismo? La soluci\u00f3n me parece estar en el misterio del pecado. El \u00e1rbol del Para\u00edso, cuyo fruto fue vedado al hombre, era precisamente el \u00e1rbol de la ciencia del bien y del mal. Un verdadero conocimiento experimental del mal y de su radical oposici\u00f3n al bien \u00fanicamente pod\u00edan los hombres adquirir obrando el mal, haci\u00e9ndolo. As\u00ed podemos considerar el \u00e1rbol del Para\u00edso como el s\u00edmbolo de la naturaleza humana en su pecabilidad, y el pecado real, lo mismo el primero que los subsiguientes, con todas sus consecuencias, como su fruto. Pero la consecuencia m\u00e1s terrible del pecado y, por tanto, \u00edndice y revelaci\u00f3n de su terribilidad, es la pasi\u00f3n y muerte de Cristo. De esta manera viene a ser la Redenci\u00f3n fruto del \u00e1rbol del Para\u00edso en varios sentidos, porque fue el pecado el que movi\u00f3 a Cristo a cargar con su pasi\u00f3n y muerte, porque fue el pecado en todas sus formas y manifestaciones el que crucific\u00f3 a Cristo, y porque por todo esto se convirti\u00f3 \u00e9l en instrumento de redenci\u00f3n. Pues bien, el alma unida a Cristo llega por la participaci\u00f3n en la Pasi\u00f3n del Crucificado (es decir, en la noche oscura de la contemplaci\u00f3n), al \u00abconocimiento del bien y del mal\u00bb, adquiriendo experiencia de su fuerza redentora. Siempre se insiste, en efecto, de una forma y de otra, en que el alma se purifica precisamente mediante ese padecer agud\u00edsimo y viv\u00edsimo, causado por el propio conocimiento (como reconocimiento de la propia \u00edntima condici\u00f3n pecadora).<br \/><br \/>Hemos de hacer aqu\u00ed otra advertencia m\u00e1s, y es que la uni\u00f3n m\u00edstica hay que concebirla tambi\u00e9n como una participaci\u00f3n en la Encarnaci\u00f3n. Hay, en efecto, una estrecha relaci\u00f3n entre ambos misterios. As\u00ed se desprende tambi\u00e9n de los giros y expresiones que el Santo emplea al hablar del matrimonio espiritual. Cuando nos habla de \u00abtal junta humana\u00bb, que el alma unida en matrimonio espiritual con Dios parece Dios, se nos viene a las mentes la uni\u00f3n de las dos naturalezas de Cristo en la uni\u00f3n hipost\u00e1tica (CB 22,5). Los te\u00f3logos gustan cabalmente de calificar la asunci\u00f3n de la naturaleza humana por el Verbo de Dios como un matrimonio con la humanidad. Mediante la Encarnaci\u00f3n Dios hombre se abri\u00f3 una v\u00eda de comunicaci\u00f3n con cada alma y en cierto modo vuelve a encarnarse y hacerse hombre cada vez que un alma se le entrega tan sin reservas que pueda ser elevada hasta el matrimonio m\u00edstico. Cierto que se da una diferencia esencial, porque en Cristo Jes\u00fas ambas naturalezas se unen en una persona. Mientras que en el matrimonio m\u00edstico entran en contacto y se unen dos personas, manteniendo su dualidad. Pero tambi\u00e9n mediante la mutua entrega surge una uni\u00f3n que se parece y acerca a la hipost\u00e1tica. Ella abre las almas a la infusi\u00f3n de la gracia divina, y por la absoluta y total sumisi\u00f3n de la propia voluntad a la divina, el Se\u00f1or queda con las manos libres para poder disponer de tales almas como si fueran miembros de su propio cuerpo. Ya no viven su propia vida sino la de Cristo, ya no sufren su propia pasi\u00f3n sino la Pasi\u00f3n de Cristo. Se alegran, por la misma raz\u00f3n, de la vida y gracias m\u00edsticas que el se\u00f1or comunica a otras almas, cuando la centella del amor divino las toca y el vino de dicho amor las ponen en una santa embriaguez (CB 25).<br \/><br \/>El alma que ha llegado al matrimonio espiritual est\u00e1 metida \u00aben la interior bodega\u00bb, es decir, en el m\u00e1s alto grado de amor. El Santo enumera y distingue aqu\u00ed siete grados de amor, correspondientes a los siete dones del Esp\u00edritu Santo, considerando el del temor como el \u00faltimo y m\u00e1s perfecto de dichos dones. \u00abCuando el alma llega a tener en perfecci\u00f3n el esp\u00edritu de temor, tiene ya en perfecci\u00f3n el esp\u00edritu de amor, por cuanto aquel temor, que es el \u00faltimo de los siete dones, es filial, y el temor perfecto de hijo sale de amor perfecto de padre\u00bb (CB 23,3). En esta \u00edntima uni\u00f3n el alma llega a beber del mismo Amado. \u00abAs\u00ed como la bebida se difunde y derrama por todos los miembros y venas del cuerpo, as\u00ed se difunde esta comunicaci\u00f3n de Dios sustancialmente en toda el alma, o por mejor decir, que el alma se transforma en Dios&#8230;, seg\u00fan la sustancia de ella y seg\u00fan sus potencias espirituales. Porque seg\u00fan el entendimiento bebe sabidur\u00eda y ciencia, seg\u00fan la voluntad bebe amor suav\u00edsimo y seg\u00fan la memoria bebe recreaci\u00f3n y deleite en recordaci\u00f3n y sentimiento de gloria\u00bb (CB 26,5). Al salir de su profundo embebecimiento (no se trata en modo alguno de interrupci\u00f3n de la uni\u00f3n sustancial, sino \u00fanicamente de cesaci\u00f3n de su redundancia en las potencias), el alma no \u00absabe cosa\u00bb; \u00abporque aquella bebida de alt\u00edsima sabidur\u00eda de Dios que all\u00ed bebi\u00f3 la hace olvidar todas las cosas del mundo, y le parece al alma que lo que antes hab\u00eda y aun lo que sabe todo el mundo, en comparaci\u00f3n de aquel saber, es pura ignorancia&#8230; De m\u00e1s de esto, aquel endiosamiento y levantamiento de mente en Dios&#8230; no la deja advertir a cosa alguna del mundo: porque no s\u00f3lo de todas las cosas, mas a\u00fan de s\u00ed queda enajenada y aniquilada, como resumida y resuelta en amor&#8230; Est\u00e1 el alma en este puesto en cierta manera como Ad\u00e1n en la inocencia, que no sab\u00eda qu\u00e9 cosa era mal; porque est\u00e1 tan inocente, que no entiende el mal ni cosa juzga a mal; y oir\u00e1 cosas muy malas y las ver\u00e1 con sus ojos, y no podr\u00e1 entender que lo son\u00bb. (Esto no se opone a lo que poco antes se ha dicho, o sea, que la contemplaci\u00f3n infunde conocimiento del bien y del mal. Aquel conocimiento es propio de los comienzos de la vida m\u00edstica, y el no saber del mal, propio de esta otra inocencia restaurada, pertenece a las cimas de la perfecci\u00f3n). Por lo dem\u00e1s este \u00abno saber cosa\u00bb del alma en este grado no se ha de entender como que \u00abpierde all\u00ed los h\u00e1bitos de las ciencias adquiridos que ten\u00eda, que antes se le perfeccionan con el m\u00e1s perfecto h\u00e1bito, que es el de la ciencia sobrenatural que se le ha infundido. Aunque ya esos h\u00e1bitos no reinan en el alma de manera que tenga necesidad de saber por ellos, aunque no impide que algunas veces sea. Porque en esta uni\u00f3n de sabidur\u00eda divina se juntan estos h\u00e1bitos con la sabidur\u00eda superior de las otras ciencias, as\u00ed como junt\u00e1ndose una luz peque\u00f1a con otra grande, la grande es la que priva y luce y la peque\u00f1a no se pierde, antes se perfecciona, aunque no es la que principalmente luce&#8230; Pero las noticias y formas particulares de las cosas y actos imaginarios y cualquier otra aprensi\u00f3n que tenga forma y figura, todo lo pierde e ignora en aquel absorbimiento de amor. Y eso por dos causas: la primera, porque como actualmente queda absorta y embebida el alma en aquella bebida de amor, no puede estar en otra cosa actualmente&#8230; La segunda, y principal, porque aquella transformaci\u00f3n en Dios de tal manera la conforma con la sencillez y pureza de Dios (en la cual no cabe forma ni figura imaginaria), que la deja limpia y pura y vac\u00eda de todas las formas y figuras que antes ten\u00eda (CB 26,16-17). Con todo, este no saber no dura sino lo que dura el efecto de aquel amor.<br \/><br \/>Pues este beber en la interior bodega tiene tambi\u00e9n otro efecto: hace que reemplace al hombre viejo otro hombre totalmente nuevo. Antes de que el alma entre en este estado de perfecci\u00f3n, \u00abaunque m\u00e1s espiritual sea, siempre le queda alg\u00fan ganadillo de apetitos y gustillos y otras imperfecciones suyas, ahora espirituales, ahora naturales, tras de que se anda procurando apacentarlos en seguirlos y cumplirlos\u00bb (CB 26,18). Al entendimiento suele quedarle algo de sus antiguas ganas de saber, la voluntad se deja llevar de algunos gustillos y apetitos propios. Todav\u00eda le apetece poseer algunas cosillas, guarda asimientos y preferencias, busca la estima de los dem\u00e1s y tienen puntillos de honra, tocante a comida y bebida gusta m\u00e1s de esto que de aquello, es presa de cuidados impertinentes, de variedad de gozos, dolores, esperanzas y temores. Tal es el ganado tras el que se andan estas almas \u00abhasta que, entr\u00e1ndose a beber en esta interior bodega, lo pierden todo, qued\u00e1ndose&#8230; hechos todos en amor\u00bb(CB 26,19).<br \/><br \/>En el matrimonio espiritual Dios hace al alma objeto de un amor que no hay amor de madre que se le pueda comparar. All\u00ed \u00able da su pecho\u00bb, es decir, les descubre sus secretos como amigo y le comunica la ciencia sabrosa de la Teolog\u00eda M\u00edstica, la ciencia secreta de Dios. Ella, a su vez, se entrega a Dios con entrega total, \u00absin dejar cosa\u00bb. Quiere ser toda suya y no tener ya m\u00e1s en s\u00ed cosa que no sea El. Y como Dios ha quitado de ella todo lo que pod\u00eda atar su coraz\u00f3n, puede entregarse no s\u00f3lo seg\u00fan la voluntad, sino de hecho absolutamente sin reservarse nada. Ni primeros movimientos siente ya levantarse contra lo que sea voluntad de Dios. No sabe otra cosa sino amar y andar siempre en deleites de amor con el Esposo. Ha llegado ya a aquel estado, \u00abcuya forma y ser es el amor\u00bb. Ella \u00abtodo es amor, si as\u00ed se puede decir, y todas sus acciones son amor, y todas sus potencias y caudal de su alma emplea en amar&#8230; Como el alma ve que su Amado nada aprecia ni de nada se sirve fuera del amor, de aqu\u00ed es que, deseando ella servirle perfectamente, todo lo emplea en amor puro de Dios&#8230; As\u00ed como la abeja saca de todas las hierbas la miel que all\u00ed hay, y no se sirve de ellas m\u00e1s que para esto, as\u00ed tambi\u00e9n de todas las cosas que pasan por el alma, con gran facilidad saca ella la dulzura de amor que hay\u00bb (CB 27,8).<br \/><br \/>Y la raz\u00f3n de que Dios s\u00f3lo del amor y de sus manifestaciones se agrade es porque todas nuestras obras y todos nuestros trabajos nada son a los ojos de Dios. Nada podemos darle en ellos ni nada de eso ha menester ni lo desea. \u00abSi de algo se sirve es de que el alma se engrandezca; y como no hay otra cosa en que m\u00e1s la pueda engrandecer que igual\u00e1ndola consigo, por eso solamente se sirve de que le ame, porque la propiedad del amor es igualar al alma que ama con la cosa amada. De donde porque el alma aqu\u00ed tiene perfecto amor, por eso se llama esposa del Hijo de Dios, lo cual significa igualdad con El, en la cual igualdad de amistad todas las cosas de los dos son comunes a entrambos\u00bb (CB 28,1).<br \/><br \/>Est\u00e1, pues, el alma, con todo lo que es y tiene, ocupada en el servicio de Dios, tan natural le es a ella trabajar por El y por su honra, que muchas veces lo hace sin pensarlo y sin darse cuenta de que est\u00e1 trabajando para Dios. Antes se entregaba a muchas y diversas ocupaciones u oficios \u00abno provechosos\u00bb. Porque todos cuantos h\u00e1bitos de imperfecciones ten\u00eda, tantos oficios podemos decir que ejercitaba: h\u00e1bito de hablar cosas \u00fatiles y de pensarlas y obrarlas, sin mirar en ello a la mayor perfecci\u00f3n del alma, cumplimientos, procurar parecer bien, etc. Todos estos oficios u ocupaciones los ha dejado ya: \u00abporque ya todas sus palabras y pensamientos y obras son de Dios y enderezadas a Dios\u00bb (CB 28,1). Ya no tiene otro ejercicio o empleo que el de amar. Todas sus facultades se mueven ya por el amor y en el amor. Y esto puede afirmarse lo mismo para el ejercicio de la oraci\u00f3n que para otros empleos u ocupaciones en cosas temporales. Antes de que se realizase la uni\u00f3n perfecta de amor, le conven\u00eda al alma ejercitar el amor as\u00ed en la vida activa como en la contemplativa. Mas en este estado \u00abno le es conveniente ocuparse en otras obras y ejercicios exteriores que le puedan impedir un punto de aquella asistencia de amor a Dios\u00bb. Y esto, aunque se trate de obras que parezcan redundar en honra y servicio de Dios. Porque ante Dios m\u00e1s valor tiene \u00abun poquito de este puro amor y m\u00e1s provecho hace a la Iglesia, aunque parezca que no hace nada, que todas esas otras obras juntas\u00bb (CB 29,2).<br \/><br \/>Si el mundo da por perdida a un alma que no quiere saber nada de sus cosas y pasatiempos, ella acepta de buena gana tal imputaci\u00f3n o murmuraci\u00f3n. Lo confiesa espont\u00e1nea y resueltamente: s\u00ed, me hice perdidiza, pero fui ganada. El haberse perdido equivale para ella a ganancia. El enamorado \u00abno pretende ganancia ni premio, sino s\u00f3lo perderlo todo y as\u00ed mismo en su voluntad por Dios\u00bb, lo cual, traducido a lenguaje espiritual, quiere decir que en su trato con Dios el alma ha dejado todos los caminos y v\u00edas naturales y que s\u00f3lo trata ya con El en fe y amor. De esta manera est\u00e1 ella ganada para Dios, \u00abporque de veras se ha perdido a todo lo que no es Dios\u00bb (CB 29,11).<br \/><br \/>Ahora todo est\u00e1 ganado para el alma, adornada como est\u00e1 con las flores y esmeraldas de escogidas virtudes, las cuales juntas y entretejidas en forma de guirnaldas forman un acabado y precios\u00edsimo adorno para su vestidura nupcial. Y aun las almas santas todas forman cada una y todas ellas juntas una guirnalda para la cabeza del Esposo Cristo. Todas las flores con las que se adorna el alma son regalo del Amado. El cabello, que ata y sujeta las flores en la guirnalda, es la voluntad, y su amor es el v\u00ednculo y la atadura de la perfecci\u00f3n (Col 3,14). Sin esa atadura o v\u00ednculo las virtudes se desatar\u00edan y destruir\u00edan. El amor ha de ser fuerte para poder sujetar la guirnalda de las virtudes. Si as\u00ed lo es y se mantiene sincero y entero en la fe. Dios mirar\u00e1 al alma con agrado y amor, y se quedar\u00e1 prendado de ella. \u00abGrande es el poder y la porf\u00eda del amor, pues el mismo Dios prenda y liga\u00bb. Y Dios \u00abtiene tal condici\u00f3n, que si le llevan por amor y por bien, le har\u00e1n hacer cuanto quisieren; y si de otra manera, no hay que hablar ni poder con El, aunque hagan extremos\u00bb. El alma ha probado experimentalmente esta verdad, y reconoce que sin m\u00e9rito por su parte Dios le ha hecho grand\u00edsimas mercedes y todo lo atribuye, no a s\u00ed, sino a Dios (CB 32,1). Si ha hallado gracia a los ojos del Esposo divino, todo ha sido efecto de la mirada amorosa de Este, que con su gracia la ha dejado tan hermosa que ha merecido ser amada del modo m\u00e1s tierno por El. Dios no puede amar cosa fuera de s\u00ed. Por eso \u00abamar Dios al alma es meterla en cierta manera en S\u00ed mismo igual\u00e1ndola consigo, y as\u00ed ama al alma en S\u00ed consigo con el mismo amor con que El se ama, y por eso en cada obra, por cuanto la hace en Dios, merece el alma el amor de Dios; porque, puesta en esta gracia y alteza, en cada obra merece al mismo Dios\u00bb. Obrar en gracia significa para el alma lo mismo que mirar a Dios. Alumbrados y elevados por la gracia, pueden los ojos de su esp\u00edritu ver lo que antes permanec\u00eda invisible para su ceguera: \u00abgrandeza de virtudes, abundancia de suavidad, bondad inmensa, amor y misericordia en Dios, beneficios innumerables que de El hab\u00eda recibido\u00bb. Nada de eso era capaz de ver ni adorar antes. \u00abPorque es grande la rudeza y ceguera del alma que est\u00e1 sin su gracia\u00bb. El alma que no est\u00e1 \u00a1lustrada por el amor de Dios no se acuerda del deber de reconocer y agradecer las gracias divinas ni cae en la cuenta de ello. \u00abQue hasta aqu\u00ed llega la miseria de los que viven, o, por mejor decir, est\u00e1n muertos en pecado\u00bb (CB 32,9).<br \/><br \/>Una vez que Dios ha librado al alma de sus pecados y fealdades, \u00abnunca m\u00e1s le da en cara con ellos ni por eso le deja de hacer m\u00e1s mercedes\u00bb. Pero al alma no le conviene olvidar sus pecados primeros. De esta manera no se volver\u00e1 presumida, tendr\u00e1 siempre materia de agradecer, y podr\u00e1 confiar m\u00e1s y m\u00e1s, para m\u00e1s recibir. El recuerdo de su primer estado feo y vergonzoso le sirve para a\u00fan gozarse m\u00e1s en la compa\u00f1\u00eda de su Esposo divino. Porque si de s\u00ed estaba morena y ennegrecida por el pecado, ahora ve que la mirada de Dios la ha dejado vestida de hermosura y digna de recibir nuevas y mayores gracias. Y, en efecto, recibe \u00abgracia sobre gracia\u00bb (Jn 1,16). \u00abPorque cuando Dios ve al alma graciosa en sus ojos, mucho se mueve a hacerle m\u00e1s gracia, por cuanto en ella mora bien agradado&#8230; de manera que, si antes que estuviese en su gracia, por S\u00ed solo la amaba, ahora que ya est\u00e1 en su gracia no s\u00f3lo la ama por S\u00ed, sino tambi\u00e9n por ella; y as\u00ed, enamorado de su hermosura&#8230; siempre le va El comunicando m\u00e1s amor y gracia, y como la va honrando y engrandeciendo m\u00e1s, siempre se va m\u00e1s prendando y enamorando de ella&#8230; \u00bfQui\u00e9n podr\u00e1 decir hasta d\u00f3nde llega lo que Dios engrandece un alma cuando da en agradarse de ella? No hay poderlo ni aun imaginar; porque, en fin, lo hace como Dios, para mostrar qui\u00e9n es El\u00bb (CB 33,7-8).<br \/><br \/>Por amor al Amado el alma ha escogido vivir en soledad, es decir, se ha privado y abstra\u00eddo de todo lo terreno. Sin embargo, en esa misma soledad viv\u00eda antes entre cuidados y trabajos. Mas ahora Dios la ha llevado a una nueva y m\u00e1s perfecta soledad, donde halla descanso y satisfacci\u00f3n. \u00abEn esta soledad que el alma tiene de todas las cosas, en que est\u00e1 sola con Dios, El la gu\u00eda y mueve y levanta a las cosas divinas\u00bb. Y \u00abEl mismo a solas es el que obra en ella sin otro alg\u00fan medio. Porque esta es la propiedad de esta uni\u00f3n del alma con Dios en matrimonio espiritual, hacer Dios en ella y comunic\u00e1rsele por S\u00ed s\u00f3lo, no por medio de \u00e1ngeles ni por medio de habilidad natural; porque los sentidos exteriores e interiores y todas las criaturas, y aun la misma alma, muy poco hacen al caso para ser parte para recibir esas grandes mercedes sobrenaturales que Dios hace en este estado&#8230; No la quiere dar otra compa\u00f1\u00eda, aprovech\u00e1ndola y fi\u00e1ndola de otra que de S\u00ed solo\u00bb (CB 35,6).<br \/><br \/>Desde las altas cimas de esta perfecci\u00f3n suben ahora vehementes las ansias de esta alma por gozar de la visi\u00f3n beat\u00edfica: por subir al monte del conocimiento esencial de Dios en el Verbo, y al collado de esa sabidur\u00eda, cual agua pura, la va a limpiar de toda mancha de ignorancia. A medida que crece el amor crece tambi\u00e9n y se hace m\u00e1s intenso el deseo de entender clara y desnudamente las verdades divinas y de adentrarse m\u00e1s y m\u00e1s en los abismos de los incomprensibles juicios y misterios divinos. \u00abY a trueque de esto le ser\u00eda grande consuelo y alegr\u00eda entrar por todos los aprietos y trabajos del mundo, y por todo aquello que le pudiese ser medio para esto por dificultoso y penoso que fuese&#8230; De donde tambi\u00e9n por esta espesura, en que aqu\u00ed el alma desea entrar, se entiende harto propiamente la espesura y multitud de los trabajos y tribulaciones en que desea esta alma entrar, por cuanto le es sabros\u00edsimo y provechos\u00edsimo el padecer; porque el padecer le es medio para entrar m\u00e1s adentro en la espesura de la deleitable sabidur\u00eda de Dios. Porque el m\u00e1s puro padecer trae m\u00e1s \u00edntimo y puro entender, y, por consiguiente, m\u00e1s puro y subido gozar, porque es de m\u00e1s adentro saber. Por tanto no se contentando con cualquier manera de padecer, dice: entremos m\u00e1s adentro en la espesura, es a saber, hasta los aprietos de la muerte, por ver a Dios&#8230;\u00bb \u00ab\u00a1Oh, si se acabase de entender c\u00f3mo no se puede llegar a la espesura y sabidur\u00eda de las riquezas de Dios que son de muchas maneras, si no es entrando en la espesura del padecer de muchas maneras, poniendo en eso el alma su consolaci\u00f3n y deseo! \u00a1Y c\u00f3mo el alma que de veras desea sabidur\u00eda divina desea primero el padecer para entrar en ella, en la espesura de la Cruz!&#8230; Porque para entrar en estas riquezas de su sabidur\u00eda, la puerta es la Cruz, que es angosta\u00bb (CB 36,11-13). La Cruz es la que conduce y lleva a las subidas cavernas, es decir, a \u00ablos subidos y altos y profundos misterios de sabidur\u00eda de Dios que hay en Cristo sobre la uni\u00f3n hipost\u00e1tica de la naturaleza humana con el Verbo divino&#8230; Cada misterio de lo que hay en Cristo es profund\u00edsimo en sabidur\u00eda y tiene muchos senos de juicios suyos muy ocultos de predestinaci\u00f3n y presciencia en los hijos de los hombres&#8230; Tanto que, por m\u00e1s misterios y maravillas que han descubierto los Santos y doctores y entendido las santas almas en este estado de vida, les qued\u00f3 lo m\u00e1s por decir y aun por entender, y as\u00ed hay mucho que ahondar en Cristo\u00bb, en quien moran todos los tesoros y sabidur\u00eda escondidos (Col 2,3 ; CB 36,11-13). Tesoros a los que el alma no tiene acceso si \u00abno pasa primero por la estrechura del padecer interior y exterior a la divina sabidur\u00eda. Porque aun a lo que en esta vida se puede alcanzar de estos misterios de Cristo, no se puede llegar sin haber padecido mucho y recibido muchas mercedes intelectuales y sensitivas de Dios y habiendo precedido mucho ejercicio espiritual, porque todas estas mercedes son m\u00e1s bajas que la sabidur\u00eda de los misterios de Cristo, porque todas son disposiciones para venir a ella\u00bb (CB 37,4). El gozar de estos misterios es el mosto, que en com\u00fan gustan ambos amantes.<br \/><br \/>Pero lo que sobre todo pretende el alma \u00abes la igualdad de amor con Dios, que siempre ella natural y sobrenaturalmente apetece, porque el amante no puede estar satisfecho si no siente que ama cuanto es amado. Y como el alma ve que con la transformaci\u00f3n que tiene en Dios en esta vida, aunque es inmenso el amor, no puede llegar a igualar con la perfecci\u00f3n de amor con que de Dios es amada, desea la clara transformaci\u00f3n de gloria en que llegar\u00e1 a igualar con el dicho amor\u00bb. Entonces el alma amar\u00e1 a Dios \u00abcon voluntad y fuerza del mismo Dios, unida con la fuerza de amor con que es amada de Dios; la cual fuerza es el Esp\u00edritu Santo, en el cual est\u00e1 el alma all\u00ed transformada: que siendo El dado al alma para la fuerza de este amor, supone y suple en ella, por raz\u00f3n de la tal transformaci\u00f3n de gloria, lo que falta en ella\u00bb (CB 38,3).<br \/><br \/>Junto con la perfecci\u00f3n del amor espera el alma la eterna gloria, es decir, la visi\u00f3n de la esencia divina, a la que Dios la predestin\u00f3 desde la eternidad. A \u00e9sta, a la gloria eterna, no la nombra sino en segundo lugar, porque el amor tiene su asiento en la voluntad y es lo primero que ahora se le pone a ella delante; adem\u00e1s, porque lo propio del amor es dar y no precisamente recibir, y lo propio del entendimiento, que es sujeto de la gloria, es recibir y no dar. Por eso \u00abembriagada del amor, no se le pone la gloria que Dios le ha de dar, sino darse ella a El, en entrega de verdadero amor sin alg\u00fan respecto de provecho\u00bb. Por lo dem\u00e1s, \u00aben la primera pretensi\u00f3n se incluye la segunda&#8230;, porque es imposible venir a perfecto amor de Dios sin perfecta visi\u00f3n de Dios\u00bb. A esta visi\u00f3n divina predestin\u00f3 Dios al alma desde la eternidad. Pero es algo que ning\u00fan ojo lo vio, ni ning\u00fan o\u00eddo lo oy\u00f3 ni cay\u00f3 en coraz\u00f3n de hombre (1Cr 2,9; Is 64,4). Pero lo que de ella llega a barruntar el alma es algo tan grande, que para expresarlo no hay otra palabra que aquello (que me diste el otro d\u00eda). No es posible dar una explicaci\u00f3n de este misterioso aquello. El Se\u00f1or se refiri\u00f3 a \u00e9l por medio de siete distintas expresiones y comparaciones. \u00abAl que venciere le dar\u00e9 a comer del \u00e1rbol de la vida que est\u00e1 en el para\u00edso de mi Dios\u00bb (Ap 2,7). \u00abS\u00e9 fiel hasta la muerte y te dar\u00e9 la corona de la vida\u00bb (ib\u00edd. 2,10). \u00abAl que venciere le dar\u00e9 el man\u00e1 escondido y le pondr\u00e9 una piedrecilla blanca y en la piedrecilla escrito un nombre nuevo, que nadie lo sabe sino el que lo recibe\u00bb (ib\u00edd. 2,17). \u00abAl que venciere y guardare mis obras hasta el fin le dar\u00e9 potestad sobre las gentes, y las regir\u00e1 con vara de hierro y como un vaso de barro se desmenuzar\u00e1n, as\u00ed como yo tambi\u00e9n la he recibido de mi Padre, y le dar\u00e9 la estrella de la ma\u00f1ana\u00bb (ib\u00edd. 2,26-27). \u00abEl que venciere ser\u00e1 vestido con vestiduras blancas, y no borrar\u00e9 su nombre del libro de la vida y confesar\u00e9 su nombre delante de mi Padre\u00bb (ib\u00edd. 3,5). \u00abAl que venciere le har\u00e9 columna del templo de mi Dios, y no saldr\u00e1 fuera ya jam\u00e1s, y escribir\u00e9 sobre \u00e9l el nombre de mi Dios y el nombre de la ciudad de mi Dios, la Jerusal\u00e9n nueva, la que desciende del cielo de mi Dios, y tambi\u00e9n mi nombre nuevo\u00bb (ib\u00edd. 3,12). \u00abAl que venciere yo le har\u00e9 sentarse conmigo en mi trono, como yo venc\u00ed y me sent\u00e9 con mi Padre en su trono\u00bb (ib\u00edd. 3,21). Hasta aqu\u00ed son palabras del Hijo de Dios para dar a entender aquello. Y es que lo inefable no se deja encerrar en palabras humanas (cfr. CB 38,8).<br \/><br \/>El alma en el matrimonio espiritual no est\u00e1 del todo ignorante de ese aquello inmenso e inefable. La transformaci\u00f3n en Dios le va dando algunos barruntos y como prendas: el aspirar del aire, que es una aspiraci\u00f3n de ese mismo Esp\u00edritu, el Esp\u00edritu de amor que el Padre y el Hijo juntos aspiran, y que \u00abes el mismo Esp\u00edritu Santo que a ella le aspira en el Padre y el Hijo en la dicha transformaci\u00f3n, para unirla consigo. Porque no ser\u00eda verdadera y total transformaci\u00f3n, si no se transformase el alma en las tres personas de la Sant\u00edsima Trinidad en revelado y manifiesto grado. Y esta tal aspiraci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo en el alma, con que Dios la transforma en S\u00ed, le es a aquella de tan subido y delicado y profundo deleite, que no hay decirlo por lengua moral, ni el entendimiento humano en cuanto tal puede alcanzar algo de ello&#8230; Y en la transformaci\u00f3n que el alma tiene en esta vida pasa esta misma aspiraci\u00f3n de Dios al alma y del alma a Dios con mucha frecuencia con subid\u00edsimo deleite de amor en el alma, aunque no en revelado y manifiesto grado, como en la otra vida&#8230; Y no hay que tener por imposible que el alma pueda una cosa tan alta&#8230; Porque, dado que Dios le haga merced de unirla en la Sant\u00edsima Trinidad, en que el alma se hace deiforme y Dios por anticipaci\u00f3n, \u00bfqu\u00e9 incre\u00edble cosa es que obre ella tambi\u00e9n su obra de entendimiento, noticia y amor, o, por mejor decir, la tenga obrada en la Trinidad juntamente con ella como la misma Trinidad? Pero por modo comunicado y participado, obr\u00e1ndolo Dios en la misma alma; porque esto es estar transformada en las tres personas en potencia, sabidur\u00eda y amor, y en esto es semejante el alma a Dios, y para que pudiese venir a esto la cri\u00f3 a su imagen y semejanza\u00bb (CB 39,3-4).<br \/><br \/>En el aspirar del alma siente el alma en su interior la dulce voz de su amado a la que ella une la suya propia en sabrosa jubilaci\u00f3n. As\u00ed como la filomena o ruise\u00f1or suele cantar en la primavera, pasados ya los fr\u00edos, lluvias y los cambios de tiempo en invierno, as\u00ed es como se deja o\u00edr tambi\u00e9n el canto del amor en esta nueva primavera del alma, cuando ella, pasadas todas las tempestades y casos varios de la vida, y \u00abdesnuda y purgada de las imperfecciones, penalidades y nieblas, as\u00ed del sentido como del esp\u00edritu, siente nueva primavera en libertad y anchura y alegr\u00eda del esp\u00edritu, en la cual siente la dulce voz del Esposo&#8230;; en cuyo refrigerio y amparo y sentimiento sabroso ella tambi\u00e9n, como dulce filomena, da su voz con nuevo canto de jubilaci\u00f3n a Dios, juntamente con Dios que la mueve a ello. Que por eso El da su voz a ella, para que ella en uno la d\u00e9 junto con El a Dios; porque esa es la pretensi\u00f3n y deseo de El, que el alma entone su voz espiritual en jubilaci\u00f3n a Dios\u00bb. Para que esta voz sea perfecta tiene que brotar del conocimiento y asimilaci\u00f3n de los misterios de la Encarnaci\u00f3n. Y como todas las obras que el alma hace en esta uni\u00f3n son perfectas, de ah\u00ed es que esta voz de jubilaci\u00f3n sea perfecta y dulce para Dios, y dulce tambi\u00e9n para el alma, aunque todav\u00eda no sea tan perfecta como el cantar nuevo de la vida gloriosa (cfr. CB 39,10).<br \/><br \/>Tambi\u00e9n se revela Dios al alma aqu\u00ed como Creador y Conservador de todas las cosas (como soto con su multitud y variedad de animales y plantas), y le da a conocer la gracia, sabidur\u00eda y belleza que Dios ha ido sembrando en cada criatura, as\u00ed como en sus mutuas relaciones y en la armoniosa ordenaci\u00f3n de unas a otras. Y todo esto pasa al alma \u00aben la noche oscura\u00bb de la contemplaci\u00f3n, recibiendo todas esas noticias pasivamente, sin que pueda dar cuenta de las mismas. M\u00e1s tarde las ver\u00e1 \u00aben la noche serena\u00bb de la clara visi\u00f3n de Dios (CB 39,11-13).<br \/><br \/>Por fin. la llama del amor divino se acaba de transformar en el amor consumado y perfecto que no causa en el alma pena ni dolor. \u00abLo cual no puede ser sino en el estado beat\u00edfico, donde ya esta llama es amor suave&#8230; Por tanto, no da pena de variedad en m\u00e1s o menos, como hac\u00eda antes que el alma llegase a la capacidad de este perfecto amor\u00bb. En esta vida la transformaci\u00f3n nunca es sin dolor, ni siquiera en los grados m\u00e1s altos de amor, y el natural siempre padece alguna manera de pena y detrimento&#8230; \u00ablo uno, por la transformaci\u00f3n beat\u00edfica, que siempre echa menos en el esp\u00edritu; lo otro, por el detrimento que padece el sentido flaco y corruptible con la fortaleza y alteza de tanto amor, porque cualquiera cosa excelente es detrimento y pena a la flaqueza natural&#8230; Pero en aquella vida beat\u00edfica ning\u00fan detrimento ni pena sentir\u00e1, aunque su entender ser\u00e1 profund\u00edsimo y su amor inmenso, porque para lo uno le dar\u00e1 Dios habilidad y para lo otro fortaleza, consumando Dios su entendimiento con su sabidur\u00eda y su voluntad con su amor\u00bb (CB 39,14).<br \/><br \/>El alma est\u00e1 esperando esta consumaci\u00f3n beat\u00edfica con la profunda paz que le infunde la certidumbre de estar dispuesta y aparejada para recibirla y de que por ning\u00fan lado tiene peligro que temer. El demonio, enemigo declarado del alma, est\u00e1 tan vencido y tan de retirada, que ya no osa comparecer. Ninguna criatura barrunta ya nada de lo que ella goza en lo escondido de su interior recogimiento en Dios. Ya no la asedian las pasiones y apetitos que amenazaban su sosiego y quietud. La parte sensitiva del alma con sus potencias est\u00e1 tan purgada y espiritualizada, que puede participar en los bienes y deleites espirituales de que en su interior goza con Dios. Lo que esas potencias no pueden hacer, por cierto, es gozar de las mismas aguas de los dichos bienes espirituales, como no sea cierta distancia, a vista de ellas. \u00abPorque esta parte sensitiva con sus potencias no tiene capacidad para gustar esencial y propiamente de los bienes espirituales, no s\u00f3lo en esta vida, pero ni a\u00fan en la otra; sino por cierta redundancia del esp\u00edritu reciben sensitivamente recreaci\u00f3n y deleite de ellos, por el cual deleite estos sentidos y potencias corporales son atra\u00eddos al recogimiento interior, donde est\u00e1 bebiendo el alma las aguas de los bienes espirituales\u00bb. Ellas, las potencias corporales, las pasiones de la parte sensitiva, descienden ya, cual jinetes de su cabalgadura, porque \u00abbajan de sus operaciones naturales, cesando de ellas, al recogimiento espiritual\u00bb (CB 40,6). <br \/><br \/>En este variado y vistoso desfile de im\u00e1genes ha quedado expuesto ante nuestros ojos todo el itinerario espiritual del alma. As\u00ed hemos podido sorprender a la vez algo de los secretos designios de Dios, los cuales nos dejaron de antemano trazado dicho itinerario desde la ma\u00f1ana de la creaci\u00f3n. Y vemos c\u00f3mo el oculto y misterioso camino del alma est\u00e1 estrechamente relacionado y unido con los misterios de la fe. Desde la eternidad est\u00e1 el alma destinada a participar, en calidad de esposa del Hijo de Dios, de la vida trinitaria divina. A fin de esposarse con ella, el Verbo Eterno se reviste de la naturaleza humana. Dios y el alma ser\u00e1n dos en una carne (Gn 2,24). Mas como la carne del hombre pecador est\u00e1 en rebeld\u00eda contra el esp\u00edritu, de ah\u00ed que toda vida en la carne sea lucha y dolor: lucha y dolor para el Hijo del hombre a\u00fan m\u00e1s que para los dem\u00e1s hombres; y para estos, tanto m\u00e1s cuanto m\u00e1s estrechamente est\u00e9n unidos con Aqu\u00e9l. Cristo Jes\u00fas inicia su obra de conquista de las almas, exponiendo su propia vida por la vida de ellas, en lucha contra sus propios enemigos y los de las almas. Expulsa a Satan\u00e1s y dem\u00e1s esp\u00edritus malos, donde quiera que tiene un encuentro personal con ellos. Arranca a las almas de su tiran\u00eda. Desenmascara sin miramiento ninguno la malicia humana, donde quiera que se le enfrenta ella, ciega, embozada o empedernida. Tiende su mano a todos aquellos que reconocen su condici\u00f3n pecadora, la confiesan arrepentidos y anhelan librarse de ella. Pero reclama de ellos que le sigan incondicionalmente y renuncien a todo lo que en sus almas se oponga a su esp\u00edritu, al esp\u00edritu de Dios. Por todo esto se atrae la rabia del infierno y el odio de la malicia y debilidad humanas, hasta que esa rabia y odio estallan y se aprestan a darle muerte en la Cruz. Aqu\u00ed, en la Cruz, es donde en medio de los mayores martirios de cuerpo y de alma, particularmente el de la noche del abandono divino, paga a la justicia divina el precio del rescate por todas las culpas y pecados de todos los tiempos y abre las esclusas de la misericordia del Padre en favor de todos los que no vacilen en abrazarse con la Cruz y el Crucificado. Sobre estas almas derramar\u00e1 su luz y vida divinas; pero como esta luz y esta vida aniquilan irresistiblemente todo lo que las contradice o se les opone, las almas las experimentan, ante todo, en forma de noche y de muerte. Es la noche oscura de la contemplaci\u00f3n, la crucifixi\u00f3n del hombre viejo. La noche ser\u00e1 tanto m\u00e1s oscura y la muerte tanto m\u00e1s atroz, cuando el asedio del amor divino se haga m\u00e1s apretado e insistente sobre el alma, y cuanto m\u00e1s sin reserva el alma se entregue a \u00e9l. El aniquilamiento progresivo de la naturaleza de cada vez m\u00e1s y mayor cabida a la luz de arriba y a la vida divina. Esta se apodera de las fuerzas naturales y las transforma, espiritualiz\u00e1ndolas y diviniz\u00e1ndolas. De esta manera viene a verificarse una nueva encarnaci\u00f3n de Cristo en los cristianos, equivalente a una resurrecci\u00f3n despu\u00e9s de la muerte en Cruz. El nuevo hombre ostentar\u00e1 las se\u00f1ales de las llagas de Cristo sobre su cuerpo, como un recuerdo del estado miserable de pecado, de que ha sido resucitado a una nueva vida de santidad, y del precio que por su rescate fue necesario pagar. Y aun despu\u00e9s le quedar\u00e1 la cruz, el martirio de sus ansias por gozar de la vida plena, hasta el d\u00eda en que, franqueada la puerta de la muerte corporal, pueda entrar en la luz sin sombras de la gloria.<br \/><br \/>As\u00ed es como la uni\u00f3n matrimonial del alma con Dios ser\u00e1 el fin, para el que ella fue creada, mediante la Cruz redimida y en la Cruz consumada y santificada, para quedar marcada con el sello de la Cruz para toda la eternidad.<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><strong><a id=\"CC22\"><\/a>III El seguimiento de la Cruz<\/strong><br \/><br \/>La doctrina de la cruz que San Juan de la Cruz nos ense\u00f1a no podr\u00eda considerarse como ciencia de la Cruz en el sentido que damos a esta expresi\u00f3n, si tan s\u00f3lo tuviese como base el entendimiento. Pero lleva el sello aut\u00e9ntico de la Cruz. Es una ramificaci\u00f3n inmensa de un \u00e1rbol cuyas ra\u00edces han penetrado en lo m\u00e1s profundo del alma y se alimentan de la sangre misma del coraz\u00f3n. Sus frutos los podremos contemplar en la vida del Santo.<br \/><br \/>Prueba concreta de que llevaba en su coraz\u00f3n el amor al Crucificado la tenemos en su amor a la representaci\u00f3n de la Cruz. Las cruces daban su sello caracter\u00edstico a la casita de Duruelo. Conocida es la impresi\u00f3n que produjo en Santa Teresa: \u00abComo entr\u00e9 en la Iglesia, qu\u00e9deme espantada de ver el esp\u00edritu que el Se\u00f1or hab\u00eda puesto all\u00ed. Y no era yo sola; que dos mercaderes que hab\u00edan venido de Medina hasta all\u00ed conmigo, que eran mis amigos, no hac\u00edan otra cosa sino llorar. \u00a1Ten\u00eda tantas cruces, tantas calaveras! Nunca se me olvida una cruz peque\u00f1a de palo que ten\u00eda para el agua bendita, que ten\u00eda ella pegada una imagen de papel con un Cristo, que parec\u00eda que pon\u00eda m\u00e1s devoci\u00f3n que si fuera de cosa muy bien labrada\u00bb (Teresa de Jes\u00fas, F 14,6).<br \/><br \/>Se supone que el primer carmelita descalzo, antiguo aprendiz de escultura y pintura, fue quien confeccion\u00f3 aquellas cruces para adorno de su conventito. Aquellas cruces est\u00e1n en conformidad con las ideas que \u00e9l desarroll\u00f3 m\u00e1s tarde a prop\u00f3sito de la veneraci\u00f3n de las im\u00e1genes: el material precioso y el trabajo art\u00edstico pueden resultar un peligro, porque f\u00e1cilmente puede uno por esta causa apartarse de lo esencial -el Esp\u00edritu de oraci\u00f3n y el camino hacia la uni\u00f3n con Dios- (3S 35-36). A esta uni\u00f3n pretend\u00eda encaminarse y encaminar a los dem\u00e1s por aquellas cruces y todos los dem\u00e1s medios que empleaba. Y esto mismo explica el porqu\u00e9 m\u00e1s tarde le gustar\u00e1 labrar cruces y regalarlas. Para recompensar los buenos servicios de su afable carcelero, el P. Juan de Santa Mar\u00eda, no se le ocurri\u00f3 otra nada mejor que regalarle una cruz. Esta cruz ten\u00eda un valor humano particular tanto para el que la daba como para el que la recib\u00eda, por la circunstancia de que San Juan de la Cruz la hab\u00eda recibido en Duruelo de manos de la Santa Madre. Lo que probablemente fue para \u00e9l una raz\u00f3n para desprenderse de ella.<br \/><br \/>Las visiones del Crucificado de las cuales hemos hablado anteriormente son una prueba de que al Se\u00f1or te agradaba este amor a las cruces y al Crucificado y el af\u00e1n de ocuparse de su veneraci\u00f3n (supra parte I,6). De todas formas contribuyeron a imprimir m\u00e1s profundamente la se\u00f1al de la cruz en su coraz\u00f3n. Durante la \u00faltima noche de su vida ten\u00eda la cruz en sus manos. Poco antes de la media noche y cuando llegaba el momento por \u00e9l profetizado de su muerte, Juan entreg\u00f3 la Cruz a uno de los presentes, a fin de poder con las dos manos componer su cuerpo. Despu\u00e9s volvi\u00f3 a tomar el Santo Cristo, dici\u00e9ndole palabras tiernas y lo bes\u00f3 por \u00faltima vez antes de exhalar imperceptiblemente el \u00faltimo suspiro. <br \/><br \/>Bien est\u00e1 el venerar al Crucificado en imagen y fabricar crucifijos para estimular su veneraci\u00f3n. Pero mejor que las im\u00e1genes de madera y piedra son las im\u00e1genes vivas. Formar almas seg\u00fan la imagen de Cristo, plantar la Cruz en sus corazones, ese fue el ideal de la vida del Reformador del Carmelo y gu\u00eda de las almas. A ello se encaminaban todos sus escritos y de ello dan testimonio m\u00e1s personal sus cartas y declaraciones de los testigos acerca de su vida.<br \/><br \/>En el Carmelo de Granada dio el Santo h\u00e1bito a su hija espiritual Mar\u00eda Machuca, imponi\u00e9ndole el nombre de Mar\u00eda de la Cruz. Cuando le llevaron despu\u00e9s al locutorio, le advirtieron que \u00e9l la amar\u00eda particularmente porque se apellidaba \u00abde la Cruz\u00bb pero el Santo replic\u00f3 que ciertamente la amar\u00eda mucho m\u00e1s si ella se mostraba amante de la cruz. A las personas con quienes manten\u00eda relaciones, \u00abexhortaba&#8230; a que fuesen muy aficionadas a padecer por Cristo muy a solas y sin consuelo de la tierra\u00bb. Muchas veces dec\u00eda: \u00abHija, no quiera otra cosa sino cruz a secas, que es linda cosa\u00bb.<br \/><br \/>A su penitenta Juana de Pedraza, que resid\u00eda en Granada, le escrib\u00eda contestando a sus quejas a causa de sus sufrimientos: \u00abTodo es aldabadas en el alma para m\u00e1s amar, que causan m\u00e1s oraci\u00f3n y suspiros espirituales a Dios, para que \u00e9l cumpla lo que el alma pida para \u00e9l&#8230; \u00a1Oh gran Dios de amor y Se\u00f1or!, y qu\u00e9 de riquezas vuestras pon\u00e9is en el que no ama ni gusta sino de Vos; pues a Vos mismo le dais y hac\u00e9is una cosa por amor. Y en eso le dais a gustar y amar lo que m\u00e1s el alma quiere en Vos y le aprovecha. Mas porque conviene que no nos falte cruz, como a nuestro Amado hasta la muerte de amor. El ordena nuestras pasiones en el amor de lo que m\u00e1s queremos para que mayores sacrificios hagamos y m\u00e1s valgamos. Mas todo es breve, que todo es hasta alzar el cuchillo y luego se queda Isaac vivo, con promesa del hijo multiplicado\u00bb (Cta. 28-I-1589).<br \/><br \/>Tuvo particular intimidad con las Carmelitas de Beas. Cuando fue Superior del Calvario (poco despu\u00e9s de su huida de la c\u00e1rcel) as\u00ed como siendo Rector del colegio de Baeza, viv\u00eda cerca de ellas y pod\u00eda visitar a menudo su convento, influyendo sobre ellas con sus pl\u00e1ticas, conversaciones espirituales y exhortaciones en el confesionario. Tambi\u00e9n m\u00e1s tarde fue con frecuencia su hu\u00e9sped. La correspondencia completaba la instrucci\u00f3n oral. En una carta del 18 de noviembre de 1586 les dice: \u00abDe manera que el que busca gusto en alguna cosa, ya no se guarda vac\u00edo para que Dios le llene de su inefable deleite; y as\u00ed como va a Dios, as\u00ed se sale, porque lleva las manos embarazadas y no puede tomar lo que Dios le daba. Dios nos libre de tan malos embarazos, que tan dulces libertades estorban. Sirvan a Dios, mis amadas hijas en Cristo, siguiendo sus pisadas de mortificaci\u00f3n en toda paciencia, en todo silencio y en todas ganas de padecer, hechas verdugos de los contentos, mortific\u00e1ndose si por ventura ha quedado algo por morir que estorba la resurrecci\u00f3n interior del esp\u00edritu\u00bb (Cta. 7). A la Madre Leonor Bautista, priora de Beas, le escribe el Santo a 8 de febrero de 1588: \u00ab&#8230;Acord\u00e1ndome que as\u00ed como Dios la llam\u00f3 para que hiciese vida apost\u00f3lica, que es vida de desprecio, la lleva por el camino de ella, me consuelo. En fin, el religioso de tal manera quiere Dios que sea religioso, que haya acabado con todo y que todo se haya acabado para \u00e9l; porque \u00e9l mismo es el que quiere ser su riqueza, consuelo y gloria deleitable. Harta merced le ha Dios hecho a Vuestra Reverencia, porque ahora, bien olvidada de todas las cosas, podr\u00e1 a sus solas gozar bien de Dios, no se le dando nada que hagan de ella lo que quisieren por amor de Dios, porque no es suya, sino de Dios\u00bb (Cta. 9).<br \/><br \/>A una postulante le dio el siguiente consejo: \u00abAcerca de la pasi\u00f3n del Se\u00f1or procure el rigor de su cuerpo con discreci\u00f3n, el aborrecimiento de s\u00ed misma y mortificaci\u00f3n y no querer hacer su voluntad y gusto en nada, pues ella fue la causa de su muerte y pasi\u00f3n\u00bb (Cta. 12).<br \/><br \/>Escribe a la Superiora del reci\u00e9n fundado monasterio de C\u00f3rdoba: \u00abY que hayan entrado en casas tan pobres y con tantos calores ha sido ordenaci\u00f3n de Dios, porque hagan alguna edificaci\u00f3n y den a entender lo que profesan, que es a Cristo desnudamente, para que las que se moviesen sepan con qu\u00e9 esp\u00edritu han de venir&#8230; Y miren que conserven el esp\u00edritu de pobreza y desprecio de todo&#8230; queri\u00e9ndose contentar s\u00f3lo con Dios. Y sepan que no tendr\u00e1n ni sentir\u00e1n m\u00e1s necesidades que a las que quisieren sujetar el coraz\u00f3n, porque el pobre de esp\u00edritu en las menguas est\u00e1 m\u00e1s constante y alegre, porque ha puesto su todo en nonada y en nada y as\u00ed halla en todo anchura de coraz\u00f3n. Dichosa nada y dichoso escondrijo de coraz\u00f3n, que tiene tanto valor que lo sujeta todo, no queriendo sujetar nada para s\u00ed y perdiendo cuidados por poder arder m\u00e1s en amor\u00bb. Aconseja a las hermanas \u00abque se aprovechen de este primer esp\u00edritu que da Dios en estos principios para tomar muy de nuevo el camino de perfecci\u00f3n en toda humildad y desasimiento de dentro y de fuera, no con \u00e1nimo ani\u00f1ado, mas con voluntad robusta: sigan la mortificaci\u00f3n y penitencia, queriendo que les cueste algo este Cristo, y no siendo como los que buscan su acomodamiento y consuelo, o en Dios o fuera de \u00e9l, sino en padecer en Dios, y fuera de \u00e9l por el silencio y esperanza y amorosa memoria\u00bb (Cta. 16).<br \/><br \/>El camino m\u00e1s oscuro es el m\u00e1s seguro. En la gu\u00eda de almas insiste en esta doctrina de la Noche Oscura: \u00abComo ella anda en esas tinieblas y vac\u00edos de pobreza espiritual, piensa que todos le faltan y todo. Mas no es maravilla, pues en eso tambi\u00e9n le parece le falta Dios&#8230; Quien no quiere otra cosa sino a Dios, no anda en tinieblas, aunque m\u00e1s oscuro y pobre se vea; y quien no anda en presunciones ni gustos propios, ni de Dios ni de las criaturas, ni hace su voluntad propia en eso ni en esotro, no tiene en qu\u00e9 tropezar ni en qu\u00e9 tratar&#8230; Nunca estuvo mejor que ahora, porque nunca estuvo tan humilde ni tan sujeta, ni teni\u00e9ndose en tan poco, ni a todas las cosas del mundo. Ni se conoc\u00eda por tan mala, ni a Dios por tan bueno, ni serv\u00eda a Dios tan pura y desinteresadamente como ahora&#8230; \u00bfQu\u00e9 quiere?&#8230; \u00bfQu\u00e9 piensa que es servir a Dios, sino no hacer males, guardando sus mandamientos, y andar en sus cosas como pudi\u00e9ramos? Como esto haya, \u00bfqu\u00e9 necesidad hay de otras aprensiones, ni otras luces ni jugos de ac\u00e1 o de all\u00e1, en que ordinariamente nunca faltan tropiezos y peligros al alma, que con sus entenderos y apetitos se enga\u00f1a y se embelesa y sus mismas potencias le hacen errar? Y as\u00ed es gran merced de Dios cuando las oscurece, y empobrece al alma de manera que no puedan errar con ellas&#8230;, viviendo ac\u00e1 como peregrinos, pobres, desterrados, hu\u00e9rfanos, secos, sin camino y sin nada, esper\u00e1ndolo all\u00e1 todo\u00bb (Cta. 19).<br \/><br \/>El Santo escribe a sus hijas espirituales, pero con un cari\u00f1o que no es otra cosa que el deseo ardiente de su eterna salvaci\u00f3n: \u00abAhora en tanto que Dios nos le da (el bien) en el cielo, entret\u00e9ngase ejercitando las virtudes de mortificaci\u00f3n y paciencia, deseando hacerse en el padecer algo semejante a este gran Dios nuestro humillado y crucificado; pues que esta vida, si no es para imitarle, no es buena\u00bb (Cta. 20 a la M. Ana de Jes\u00fas en Segovia, 6-VII-1591)<br \/><br \/>Por ello no pod\u00eda creer en la autenticidad de determinadas gracias m\u00edsticas cuando se trataba de almas que carec\u00edan de humildad. Cuando le fue encomendado por el Vicario General de los carmelitas descalzos, P. Nicol\u00e1s Doria, que examinara el esp\u00edritu de una monja que pasaba por haber recibido gracias extraordinarias, expuso su convicci\u00f3n en el siguiente juicio en el que se\u00f1ala los defectos que para juzgarle por verdadero esp\u00edritu hallaba.<br \/><br \/>\u00abLo principal, que en este modo que lleva no parecen efectos de humildad, los cuales, cuando las mercedes son, como ella aqu\u00ed dice, verdaderas, nunca se comunican de ordinario al alma sin deshacerla y aniquilarla primero en abatimiento interior de humildad\u00bb. Porque aunque los efectos de humildad \u00ab&#8230;no en todas las aprehensiones de Dios acaezcan tan notables; pero \u00e9stas, que ella aqu\u00ed llama uni\u00f3n, nunca andan sin ellos&#8230; Pru\u00e9benla en el ejercicio de las virtudes a secas, mayormente en el desprecio, humildad y obediencia, y en el sonido del toque saldr\u00e1 la blandura del alma, en que han causado tantas mercedes; y las pruebas han de ser buenas, porque no hay demonio que por su honra no sufra algo\u00bb.<br \/><br \/>Id\u00e9ntico esp\u00edritu se observa en las reglas de conducta (cautelas) para religiosos que redact\u00f3 el Santo en diversas ocasiones. Entre las cautelas, destinadas probablemente a las Carmelitas de Beas, se encuentran las tres siguientes contra la carne:<br \/><br \/>1. \u00abLa primera cautela, que entiendas que no has venido al convento sino a que todos te labren y ejerciten. Y as\u00ed, para librarte de las imperfecciones y tribulaciones que se pueden ofrecer acerca de las condiciones y tratos de los religiosos y sacar provecho de todo acaecimiento, conviene que pienses que todos son oficiales los que est\u00e1n en el convento para ejercitarte, como a la verdad lo son: que unos te han de labrar de palabra y otros de obra, otros de pensamiento contra t\u00a1; y que en todo has de estar sujeto, como la imagen est\u00e1 al que la labra, y al que la pinta y al que la dora. Y si esto no guardas, no sabr\u00e1s vencer tu sensualidad y sentimiento, ni sabr\u00e1s haberte bien en el convento con los religiosos, ni alcanzar\u00e1s la santa paz, ni te libreras de muchos tropiezos y males\u00bb.<br \/><br \/>2. \u00abQue jam\u00e1s dejes de hacer las obras por la falta de gusto o sabor que en ellas hallares, si conviene al servicio de Nuestro Se\u00f1or que ellas se hagan; ni las hagas por s\u00f3lo el sabor o gusto que te dieren, sino que conviene hacerlas tanto como las desabridas; porque sin esto es imposible que ganes constancia y venzas tu flaqueza\u00bb.<br \/><br \/>3. \u00ab&#8230;Nunca en los ejercicios el var\u00f3n espiritual ha de poner los ojos en lo sabroso de ellos para asirse a ellos y por s\u00f3lo ello hacer los tales ejercicios, ni ha de huir lo amargo de ellos, antes ha de buscar lo trabajoso y desabrido. Con lo cual se pone freno a la sensualidad, porque de otra manera ni perder\u00e1s el amor propio, ni ganar\u00e1s el amor de Dios\u00bb (Cautelas 15-17).<br \/><br \/>Dios llama a las almas al claustro \u00abpara que se prueben y purifiquen como el oro con fuego y martillo: conviene que no falten pruebas y tentaciones de hombres y de demonios, fuego de angustias y desconsuelos. En las cuales cosas se ha de ejercitar el religioso, procurando siempre llevarlas con paciencia y conformidad con la voluntad de Dios, y no llevarlas de manera que en lugar de aprobarle Dios en la probaci\u00f3n, le venga a reprobar por no haber querido llevar la Cruz de Cristo con paciencia&#8230;\u00bb (Avisos 4,4). Y no tienen que \u00abandar escogiendo lo que es menos cruz, pues es carga liviana; y cuanto m\u00e1s carga, m\u00e1s leve es, llevada por Dios\u00bb (Avisos 4,6). \u00abCuando est\u00e1s cargado est\u00e1s junto a Dios, que es tu fortaleza, el cual est\u00e1 con los tubulados: cuando est\u00e1s aliviado est\u00e1s junto a ti, que eres tu misma flaqueza; porque la virtud y fuerza del alma en los trabajos de paciencia crece y se confirma\u00bb (D 4). \u00abM\u00e1s estima Dios en ti el inclinarte a la sequedad y al padecer por su amor, que todas las consolaciones y visiones espirituales y meditaciones que puedas tener\u00bb (D 14). \u00abNo podr\u00e1 llegar a la perfecci\u00f3n el que no procura satisfacerse con nada, de manera que la concupiscencia natural y espiritual est\u00e9n contentas en vac\u00edo; que para llegar a la suma tranquilidad y paz de esp\u00edritu esto se requiere; y de esta manera el amor de Dios en el alma pura y sencilla casi frecuentemente est\u00e1 en acto\u00bb (D 54).<br \/><br \/>Un grupo completo de sentencias tiene por tema la imitaci\u00f3n de Cristo: \u00abEl aprovechar no se halla sino imitando a Cristo, que es el camino, la verdad y la vida y la puerta por donde ha de entrar el que quiera salvarse\u00bb (D 76; 2S 7,8). \u00abEl primer cuidado que se halle en ti, procura ser un ansia ardiente de imitar a Cristo en todas tus obras, estudiando en haberte en cada una de ellas con el modo que el mismo Se\u00f1or se hubiera\u00bb (D 77;1S 13,3). \u00abCualquier gusto que se le ofreciere a los sentidos, como no sea puramente para honra y gloria de Dios, ren\u00fancialo y qu\u00e9date vac\u00edo de \u00e9l por amor a Jesucristo, el cual en esta vida no tuvo otro gusto, ni lo quiso, que hacer la voluntad de su Padre, lo cual llamaba \u00e9l su comida y manjar\u00bb (D 78; 2S 7,8). \u00abCrucificada interior y exteriormente con Cristo, vivir\u00e1 en esta vida con hartura y satisfacci\u00f3n de su alma, posey\u00e9ndola en su paciencia\u00bb (D 80). \u00abB\u00e1stele Cristo crucificado, y con \u00e9l pena y descanso, y sin \u00e9l ni pena ni descanso; y por esto aniquilarse en todas las cosas exteriores y propiedades interiores\u00bb (D 81). \u00abSi quieres llegar a poseer a Cristo, jam\u00e1s le busques sin la Cruz\u00bb (cfr. 1S 13,11). \u00abEl que no busca la cruz de Cristo, no busca la gloria de Cristo\u00bb (D 84). \u00ab\u00bfQu\u00e9 sabe el que por Cristo no sabe padecer? Cuando se trata de trabajos, cuanto mayores y m\u00e1s graves son, tanto mejor es la suerte del que los padece\u00bb (D 87). \u00abAl\u00e9grese ordinariamente en Dios que es su salud y mire que es bueno el padecer de cualquiera manera que sea por el que es verdaderamente bueno\u00bb (D 49). \u00abSi quieres ser perfecto vende tu voluntad y dala a los pobres de esp\u00edritu y ven a Cristo por mansedumbre y humildad, y s\u00edguele hasta el Calvario y el sepulcro\u00bb (D 7).<br \/><br \/>\u00abQue los trabajos o penas abrazadas por Dios eran como preciosas perlas, que cuanto mayores son m\u00e1s preciosas y mayor amor causan en quien las recibe para con quien se las da; as\u00ed las penas dadas y recibidas de la criatura por Dios, cuanto mayores, eran mejores, y mayor amor causaban para con \u00e9l; y que por un momento que llevan de penas por Dios en el suelo, reciben de Su Majestad en el cielo inmensas y eternas buenas, que es a s\u00ed mismo, su hermosura&#8230;\u00bb (no se encuentra en los escritos del santo. Se recoge en los procesos).<br \/><br \/>Cierto d\u00eda hablaba una Hermana en presencia del Santo en tono despectivo a prop\u00f3sito de un seglar que hab\u00eda manifestado hostilidad contra el convento. Recibi\u00f3 la siguiente advertencia: \u00abQue entonces ella y las dem\u00e1s le hab\u00edan de hacer m\u00e1s bien: que esto es ser disc\u00edpulas de aquel poco de amargura que traen consigo, encomend\u00e1ndolos a Dios, que no la doblada amargura, que se nos ha de seguir de cumplir nuestra voluntad con tales sentimientos contra el pr\u00f3jimo\u00bb (Dictamen 2).<br \/><br \/>Hablando con un religioso le dijo con palabras vehementes: \u00ab&#8230; Si en alg\u00fan tiempo le persuadiere alguno, aunque sea prelado, con alguna doctrina de anchura, por m\u00e1s que la confirme con milagros, no la crea, ni admita, sino abrace la penitencia y desasimiento de todas las cosas, y nunca busque a Cristo fuera de la cruz; que a seguirle con la negaci\u00f3n de todo y de nosotros mismos, nos ha llamado a los descalzos de la Virgen, y no a procurar nuestras comodidades y blanduras. Y mire que no se le olvide de predicarlo donde se le ofreciere como cosa que tanto importa\u00bb (Dictamen 5).<br \/><br \/>A trav\u00e9s de esta advertencia habla el amor de Cristo que impulsa al disc\u00edpulo de la Cruz a ense\u00f1ar a otros el camino que \u00e9l mismo ha encontrado: \u00ab\u00bfNo sab\u00edas que deb\u00eda emplearme en las cosas de mi Padre?\u00bb (Lc 2,49). Estas palabras de Nuestro Divino Salvador, las primeras que nos han sido transmitidas, las aplica el Santo a la gran obra de la vida de Cristo en favor de nosotros sus fieles: \u00abQue lo que es del Padre Eterno aqu\u00ed no se ha de entender otra cosa que la redenci\u00f3n del mundo, el bien de las almas, poniendo Cristo Se\u00f1or Nuestro los medios preordinados del Padre Eterno. Y que San Dionisio Areopagita, en confirmaci\u00f3n de esta verdad, hab\u00eda escrito aquella maravillosa sentencia que dice: Omnium Divinorum divinissimum est cooperari Deo in Salutem animarum. Esto es, que la suprema perfecci\u00f3n de cualquiera sujetos en su jerarqu\u00eda y en su grado, es subir y crecer, seg\u00fan su talento y caudal, a la imitaci\u00f3n de Dios, y lo que es m\u00e1s admirable y divino, ser cooperador suyo en la conversi\u00f3n y reducci\u00f3n de las almas. Porque en esto resplandecen las obras propias de Dios, en que es grand\u00edsima gloria imitarle. Y por esto les llam\u00f3 Cristo Se\u00f1or Nuestro obras de su Padre, cuidados de su Padre. Y que es evidente verdad que la compasi\u00f3n de los pr\u00f3jimos tanto m\u00e1s crece cuanto m\u00e1s ama, tanto m\u00e1s desea que ese mismo Dios sea de todos amado y honrado. Y cuanto m\u00e1s lo desea tanto m\u00e1s trabaja por ello, as\u00ed en la oraci\u00f3n como en todos los otros ejercicios necesarios y a \u00e9l posibles\u00bb. \u00abY es tanto el favor y fuerza de su caridad, que los tales pose\u00eddos de Dios no se pueden estrechar ni contentar con su propia ganancia; antes pareci\u00e9ndole poco el ir solos al cielo, procuran con ansias y celestiales afectos y diligencias exquisitas llevar muchos al cielo consigo. Lo cual nace del grande amor que tienen a su Dios; y es propio fruto y afecto \u00e9ste de la perfecta oraci\u00f3n y contemplaci\u00f3n\u00bb (Dictamen 10).<br \/><br \/>Aqu\u00ed vemos c\u00f3mo el celo de almas es el fruto de la uni\u00f3n; pero tambi\u00e9n, por otra parte, considera el Santo el amor del pr\u00f3jimo como medio important\u00edsimo para alcanzarla: \u00abDos cosas sirven al alma de alas para subir a la uni\u00f3n con Dios, que son la compasi\u00f3n efectiva de la muerte de Cristo, y la de los pr\u00f3jimos; y que, cuando el alma del Se\u00f1or, se acordare que en ella estuvo solo obrando nuestra redenci\u00f3n\u00bb (Dictamen 11). Es decir: quien amorosamente profundiza en este sentimiento del Salvador en la Cruz, que supone el amor hasta el sacrificio y la entrega de s\u00ed mismo, se unir\u00e1 con la voluntad divina, que consiste en la voluntad del Padre que se cumple en el amor redentivo y el sacrificio de Jes\u00fas; y entonces ser\u00e1 una misma cosa con el ser divino, que es, a su vez, amor que se entrega: tanto en la rec\u00edproca entrega de las Tres Divinas Personas en la vida \u00edntima trinitaria, como en las obras \u00abad extra\u00bb de la Creaci\u00f3n. De esta forma se encuentran indisolublemente unidos la propia perfecci\u00f3n, la uni\u00f3n con Dios, el trabajo para que el pr\u00f3jimo alcance la uni\u00f3n con Dios, y la propia perfecci\u00f3n. Y el camino para todo ello, la Cruz. Y la predicaci\u00f3n de la Cruz ser\u00eda vana si no fuera la expresi\u00f3n de una vida unida a Cristo Crucificado. \u00abAmado m\u00edo, todo para ti y nada para m\u00ed: nada para ti y todo para m\u00ed. Todo lo \u00e1spero y trabajoso quiero para m\u00ed y nada para ti\u00bb (CB 28,10).<br \/><br \/>\u00abOh cuan dulce ser\u00e1 a m\u00ed la presencia tuya, que no eres sino bien. Allegarme he yo con silencio a ti, y descubrirte he los pies, porque tengas por bien de me ajuntar contigo en matrimonio a m\u00ed; y no holgar\u00e9, hasta que me goce en tus brazos; y ahora te ruego. Se\u00f1or, que no me dejes en ning\u00fan tiempo en mi recogimiento, porque soy desperdiciador de mi alma\u00bb (CB 28,10).<br \/><br \/>En estos suspiros del coraz\u00f3n enamorado se refleja el camino que ha seguido San Juan de la Cruz. Ha andado tras las huellas de su amado Maestro camino del Calvario. Por esta raz\u00f3n escogi\u00f3 siendo ni\u00f1o un duro lecho y, de muchacho, con incansable abnegaci\u00f3n se entreg\u00f3 al cuidado de los enfermos, viva imagen del Salvador, que no conoc\u00eda el descanso, cuando se ve\u00eda estrujado por los que sufr\u00edan y en \u00e9l buscaban alivio. Este amor a los enfermos, miembros doloridos del Cuerpo M\u00edstico de Cristo, lo conserv\u00f3 toda su vida. M\u00e1s tarde, cuando siendo Visitador o Superior, llegaba a un convento, tras los saludos de r\u00fabrica su primer cuidado consist\u00eda en visitar a los enfermos. El mismo les preparaba la comida, limpiaba los vasos y no toleraba que por falta de dinero fueran llevados al hospital, corrigiendo severamente cualquier negligencia.<br \/><br \/>El amor a la Cruz le hizo vivir tan penitentemente, siendo religioso en el convento de Medina del Campo y en el Colegio de San Andr\u00e9s de Salamanca, que la Santa Madre al principio de la Reforma dijo de \u00e9l (en contraposici\u00f3n a su compa\u00f1ero m\u00e1s antiguo el P. Antonio de Heredia): \u00abninguna prueba hab\u00eda menester, porque aunque estaba entre los del Pa\u00f1o Calzados, siempre hab\u00eda hecho vida de mucha perfecci\u00f3n y religi\u00f3n\u00bb (F 13,1). En Salamanca se azotaba cada noche hasta derramar sangre, una gran parte de la noche la pasaba en oraci\u00f3n y para el corto descanso se serv\u00eda de una especie de artesa. La pobre casita de Duruelo de la que dec\u00eda la compa\u00f1era de Santa Teresa, a ra\u00edz de su visita: \u00abNo hay esp\u00edritu, por bueno que sea, que lo pueda sufrir\u00bb (F 13,3) fue para los dos Padres un para\u00edso. Ya hemos narrado anteriormente, c\u00f3mo estaba adornado de cruces y calaveras. \u00abEl coro era el desv\u00e1n, que por mitad estaba alto, que pod\u00edan decir las Horas; mas hab\u00edanse de abajar mucho para entrar y para o\u00edr misa. Ten\u00edan a los dos rincones, hacia la iglesia, dos ermitillas, adonde no pod\u00edan estar sino echados o sentados, llenas de heno (porque el lugar era muy fr\u00edo, y el tejado casi les daba sobre las cabezas), con dos ventanillas hacia el altar, y dos piedras por cabeceras. Supe que despu\u00e9s que acababan Maitines hasta Prima, no se tornaba a ir, sino all\u00ed se quedaban en oraci\u00f3n: que la ten\u00edan tan grande que les acaec\u00eda ir con harta nieve los h\u00e1bitos, cuando iban a Prima, y no haberlo sentido\u00bb (F 14,7). Para instruir a la gente pobre e ignorante de los alrededores \u00abiban a predicar descalzos&#8230; y con harta nieve y fr\u00edo&#8230; y despu\u00e9s que hab\u00edan predicado y confesado, se tornaban bien tarde a comer a casa. Con el contento todo se les hac\u00eda poco\u00bb (F 14,7). Mientras permanecieron en Duruelo su madre y su hermano Francisco, era \u00e9ste a veces su compa\u00f1ero en las excursiones apost\u00f3licas. Despu\u00e9s de predicar volv\u00edan r\u00e1pidamente al convento y no aceptaban ninguna invitaci\u00f3n que para quedarse a comer, comiendo en alguna cuneta el pan y queso que Catalina, su madre, les hab\u00eda preparado. As\u00ed vivi\u00f3 el Santo fiel a los consejos que escribir\u00e1 m\u00e1s tarde para los dem\u00e1s: \u00abDeseando entrar por amor a Jesucristo en la desnudez, vac\u00edo y pobreza de cuanto hay en el mundo\u00bb (D 355). \u00abEl pobre de esp\u00edritu en las menguas est\u00e1 m\u00e1s contento y alegre; y el que ha puesto su coraz\u00f3n en la nada en todo halla anchura\u00bb (D 355).<br \/><br \/>La severidad de la penitencia de los dos primeros Carmelitas Descalzos fue tan grande, que la Santa Madre tuvo que suplicarles que se moderaran un poco. Le hab\u00eda costado \u00abtantas oraciones y l\u00e1grimas\u00bb encontrar religiosos apropiados para el principio de la Reforma, y ahora tem\u00eda que el diablo empujara los dos hac\u00eda un celo indiscreto, para que se agotaran antes de tiempo y destruir de esta forma la obra en sus comienzos. Pero los Padres hicieron poco caso de sus palabras y siguieron con la misma austeridad de vida.<br \/><br \/>\u00abPoco tiempo despu\u00e9s, cuando ya se hab\u00eda reunido en torno a los dos Padres una peque\u00f1a comunidad, el P. Juan se sinti\u00f3 tan debilitado por el cansancio, que pidi\u00f3 permiso al P. Antonio, su Prior, para tomar la colaci\u00f3n m\u00e1s temprano que de costumbre. Mas tan pronto como hubo tomado la peque\u00f1a refecci\u00f3n, se sinti\u00f3 presa de amargo remordimiento. Se apresur\u00f3 a presentarse al P. Antonio y le pidi\u00f3 permiso para acusarse delante de la Comunidad. Despu\u00e9s llev\u00f3 piedras y trozos de cristal al refectorio, se arrodill\u00f3 sobre ellos durante la colaci\u00f3n y se azot\u00f3 las desnudas espaldas hasta derramar sangre. Interrumpi\u00f3 la disciplina s\u00f3lo para acusarse en alta voz y con palabras emocionadas. Despu\u00e9s continu\u00f3 azot\u00e1ndose cruelmente hasta que cay\u00f3 desfallecido. Los religiosos asistieron llenos de terror y admiraci\u00f3n al espect\u00e1culo. Finalmente el P. Antonio le mand\u00f3 retirarse y rogar a Dios para que perdonara todas sus miserias\u00bb <br \/><br \/>Tampoco m\u00e1s tarde se apiad\u00f3 jam\u00e1s de s\u00ed mismo el Santo. Su celda, aun siendo Superior, era la m\u00e1s pobre de la casa. Estando d\u00e9bil y enfermo, por mandato de su Provincial, recorri\u00f3 Espa\u00f1a bajo un sol abrasador en el verano de 1586, haciendo 400 millas de camino, vestido del pesado h\u00e1bito y de t\u00fanica de lana, que llevaba indistintamente en verano como en invierno. Siendo Prior de Segovia comenz\u00f3 la edificaci\u00f3n de un nuevo convento. Mas no s\u00f3lo dirig\u00eda las obras, sino que tambi\u00e9n trabajaba con sus propias manos llevando piedras de las rocas. Durante todo el a\u00f1o iba calzado con alpargatas.<br \/><br \/>En el grave conflicto que estall\u00f3 en el seno de la Orden entre los dos frailes antag\u00f3nicos, Nicol\u00e1s Doria y Jer\u00f3nimo Graci\u00e1n, ve\u00eda las virtudes y defectos de ambas partes y trat\u00f3 de hacer de mediador, pero sus palabras no sirvieron para nada. Entonces volvi\u00f3 a echar mano de la disciplina. El Hermano Mart\u00edn, su compa\u00f1ero de viaje, no pudiendo sufrir por m\u00e1s tiempo el terrible golpear de los azotes, se acerc\u00f3 con una vela encendida donde estaba el Santo. Este le replic\u00f3 que ten\u00eda edad suficiente para cuidarse sin ayuda de nadie. El mismo Hermano Mart\u00edn le cuid\u00f3 durante una grave enfermedad y le quit\u00f3 una cadena que hab\u00eda llevado ce\u00f1ida a su cuerpo durante siete a\u00f1os. Al quit\u00e1rsela brot\u00f3 sangre. Por el contrario, el P. Juan Evangelista, viajando en su compa\u00f1\u00eda, le suplic\u00f3 en vano para que le entregara un cilicio que llevaba. Descubri\u00f3 que el Santo llevaba oculto debajo del h\u00e1bito una especie de perneras hechas con muchos nudos, y le dijo que ello era una crueldad estando enfermo como estaba. \u00abCalle, hijo, que harto regalo es ir a caballo. No ha de ser todo descanso\u00bb.<br \/><br \/>Durante su \u00faltima enfermedad se le ocurri\u00f3 al buen Hermano Pedro de San Jos\u00e9 aliviarle un poco los terribles dolores recre\u00e1ndole con m\u00fasica y contrat\u00f3 para ello a los tres mejores m\u00fasicos de \u00dabeda. Su bi\u00f3grafo Jer\u00f3nimo de San Jos\u00e9 cuenta, que a los pocos instantes quiso el Santo despedirlos amablemente, considerando no ser conveniente mezclar los gozos terrenos con los celestiales. Mas para no entristecer al Hermano, dej\u00f3 continuar a. los m\u00fasicos. Pero cuando le preguntaron por su opini\u00f3n respondi\u00f3: \u00abNo he o\u00eddo la m\u00fasica, otra m\u00fasica mil veces m\u00e1s hermosa me ha tenido suspenso todo el tiempo\u00bb. A pesar de este testimonio creemos que hay que dar m\u00e1s fe al testigo que hace al Santo decir a su enfermero: \u00abHermano, reg\u00e1lelos y desp\u00eddalos, que yo quiero padecer estos regalos y mercedes que Dios me hace sin ning\u00fan alivio, para m\u00e1s merecer con ellos\u00bb. Esto est\u00e1 mas de acuerdo con el esp\u00edritu de Nuestro Santo que quer\u00eda llevar su cruz hasta el fin sin alivio alguno. Pero por otra parte la segunda mitad del relato tiene en su favor el que en ella aparece su atenci\u00f3n para con el Hermano, cosa que tan bien se aviene con las delicadezas del Santo. Tampoco cabe rechazar lo de la m\u00fasica celestial, ya que a lo largo de toda su vida se manifest\u00f3 la liberalidad de Dios para con \u00e9l con toda clase de consuelo. Bien pod\u00eda saborear tanta dulzura, porque s\u00f3lo amargura hab\u00eda buscado durante su vida.<br \/><br \/>A pesar de lo duramente que se ejercitaba en la mortificaci\u00f3n corporal, jam\u00e1s la consider\u00f3 como un fin en s\u00ed misma, para \u00e9l era tan s\u00f3lo un medio indispensable. En primer lugar, para dominar plenamente su cuerpo y su sensualidad, y de esta manera no ser estorbado en lo m\u00e1s importante que es la mortificaci\u00f3n interior; despu\u00e9s, para unirse a trav\u00e9s de los sufrimientos corporales con el Redentor paciente. Una prueba de que daba m\u00e1s importancia a la mortificaci\u00f3n interior la tenemos en el hecho de que en sus escritos y pensamientos ocupa m\u00e1s lugar, mientras la corporal queda relegada a segundo t\u00e9rmino en relaci\u00f3n con la espiritual. Algunas veces habla del mutuo influjo entre ambas, pero, por lo general el hombre es para el Santo ante todo, alma. Es de notarse que raras veces emplea la expresi\u00f3n hombre, m\u00e1s veces la de persona, y, sobre todo habla de almas. El mismo ha dicho claramente lo que piensa de las relaciones entre la mortificaci\u00f3n exterior e interior. \u00abLa sujeci\u00f3n y obediencia es penitencia de la raz\u00f3n y discreci\u00f3n, y por eso es para Dios m\u00e1s acepto y gustoso sacrificio que todos los dem\u00e1s de penitencia corporal\u00bb (1N 6,2). \u00abLa penitencia corporal sin obediencia es imperfect\u00edsima porque se mueven a ella los principiantes s\u00f3lo por el apetito y gusto que all\u00ed hallan; en lo cual, por hacer su voluntad, antes van creciendo en vicios que en virtudes\u00bb(1N 6,2). Y lleg\u00f3 a condenar el que los Superiores cargaran a los s\u00fabditos con penitencias excesivas. El mismo mostr\u00f3 en esto una prudente moderaci\u00f3n y algunas veces tuvo que reparar lo que otro, por fervor indiscreto, hab\u00eda destruido. Esto aconteci\u00f3 en 1572 cuando por indicaci\u00f3n de Santa Teresa, fue enviado al Noviciado de Pastrana, para poner fin a los excesos del Maestro de Novicios P. \u00c1ngelo. Asimismo, cuando en el a\u00f1o de 1578 -pocos meses despu\u00e9s de haber huido de la c\u00e1rcel- fue enviado como Superior al Convento del Calvario, encontr\u00f3 all\u00ed un ascetismo irracional y exagerado y se preocup\u00f3 de moderarlo. Su penetrante mirada capt\u00f3 en seguida que detr\u00e1s de aquellos rigores se disimulaba una inseguridad interior. A Pedro de los \u00c1ngeles -a quien todo rigor le parec\u00eda poco, antes de su viaje a Roma- le anunci\u00f3 que ir\u00eda all\u00e1 Descalzo y volver\u00eda Calzado. Y, efectivamente, el celoso asceta no pudo mantenerse firme en las blanduras de la corte de N\u00e1poles, mientras que el Santo no tuvo jam\u00e1s vacilaci\u00f3n alguna.<br \/><br \/>Lo m\u00e1s importante, en este aspecto de las relaciones entre la mortificaci\u00f3n interior y exterior, no es la doctrina, sino la vida misma. Cuando consideramos las penitencias que a lo largo de toda su vida practic\u00f3 el Santo, pudiera parecer que apenas es posible que fueran superadas por las cruces espirituales. En este caso no puede establecerse propiamente una comparaci\u00f3n. Para la mortificaci\u00f3n interior, como por lo dem\u00e1s para todo lo puramente espiritual, no existen medidas fijas traducibles en n\u00fameros, ni menos una medida com\u00fan con las obras exteriores. De todas formas, cuando recordamos las sentencias de San Juan de la Cruz, tal como las ha expuesto en la Subida (cfr. 2S 1,3): No gozar, no saber, no poseer, no ser nada, debemos ciertamente afirmar: en esto consiste el non plus ultra de la desnudez y ni la m\u00e1s alta medida de las almas exteriores ha podido jam\u00e1s alcanzar esta perfecci\u00f3n. Y es que las obras exteriores m\u00e1s bien aumentan la confianza en s\u00ed mismo y nunca llevan a la Nada, a la muerte del propio yo.<br \/><br \/>Mas \u00bfc\u00f3mo podemos demostrar que Juan alcanz\u00f3 de hecho la perfecta desnudez espiritual que exige? \u00bfNo est\u00e1 cerrado para nosotros el interior de este Santo tan callado? Es cierto que no podemos leer en su coraz\u00f3n como en el de la Santa Madre y tantos otros santos que se vieron obligados a escribir la historia de sus almas. Sin embargo, el interior del Santo se revela, sin \u00e9l pretenderlo, en sus escritos y particularmente en sus poes\u00edas. Adem\u00e1s, poseemos gran cantidad de testimonios de contempor\u00e1neos suyos, que nos dan una imagen fuerte y precisa de su personalidad. Algunos de ellos se apoyan en confidencias del mismo Santo. Se trata de personalidades que estuvieron tan unidos con \u00e9l en Dios, que les descubri\u00f3 algo de los secretos de su interior: particularmente a su hermano Francisco y a algunas Carmelitas.<br \/><br \/>Pero es en sus poes\u00edas donde podemos encontrar las manifestaciones m\u00e1s puras y transparentes. Habla en ellas su mismo coraz\u00f3n. Y en algunas de ellas con tan limpio sonido, que parece que nada terreno le detiene. En algunas, no en todas. La canci\u00f3n de la Noche Oscura est\u00e1 impregnada de la m\u00e1s profunda paz. En la bendita quietud y silencio de esta noche no puede percibirse nada del ruido y prisa del d\u00eda. En la Llama de Amor Viva se abrasa su coraz\u00f3n en los m\u00e1s puros y celestiales incendios. El mundo ha desaparecido por completo. El alma abraza con todas sus fuerzas a solo Dios. Tan s\u00f3lo la llaga nos recuerda todav\u00eda la divisi\u00f3n entre el cielo y la tierra.<br \/><br \/>La total paz del alma de la que brotan estas canciones, se manifiesta no tan s\u00f3lo en el contenido del pensamiento sino tambi\u00e9n en la forma po\u00e9tica. Su calma y su sencillez son el latido natural de su coraz\u00f3n que se abre en ellas sin esfuerzo alguno, con toda naturalidad, como canta el ruise\u00f1or, o se abre en ellas sin esfuerzo alguno, con toda naturalidad, como canta el ruise\u00f1or, o se abre el capullo de una rosa. Son obras maestras, porque no se percibe en ella nada de artificial.<br \/><br \/>Cosa parecida se puede afirmar de otras dos poes\u00edas: la Canci\u00f3n del Pastorcico y la Canci\u00f3n de la Fonte. Estas difieren, sin embargo, por su contenido y su forma de las dos anteriores, y son, a su vez, muy distintas la una de la otra. En la Canci\u00f3n del Pastorcico no se expresan inmediatamente los sentimientos del alma. El poeta capt\u00f3 una imagen y la expresa art\u00edsticamente. \u00abVe a Cristo Crucificado y escucha la queja que dirige a las almas y c\u00f3mo llora por pensar que est\u00e1 olvidado\u00bb. Con este tema compone una \u00e9gloga pastoral tan del gusto de su tiempo, y como en m\u00e1s grandioso estilo lo ha hecho en el C\u00e1ntico. Si para \u00e9ste se inspir\u00f3 en el Cantar de los Cantares, para aqu\u00e9lla pens\u00f3 en el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas (Jn 10). \u00bfY no es la queja del pastor para con su esquiva pastora un eco de aquella lastimera llamada de Cristo, cuando llor\u00f3 sobre Jerusal\u00e9n? (Mt 23-37). El estribillo, \u00abEl pecho del amor muy lastimado\u00bb, es la clave del estado de su alma. Sus versos salen de un coraz\u00f3n olvidado de s\u00ed mismo y adentrado en el del Salvador. Habla en ellos el puro padecer de un alma liberada de s\u00ed misma y unida al Crucificado. Con esto concuerda lo que se cuenta en su vida, que viviendo en Segovia, una Semana Santa se hall\u00f3 tan impresionado por la meditaci\u00f3n de la Pasi\u00f3n, que no le fue posible salir del Convento.<br \/><br \/>En la Canci\u00f3n de la Ponte, vuelve el alma a cantar algo que la conmueve en lo m\u00e1s profundo de su ser, como en la Llama de Amor Viva y en la Noche Oscura. Mas lo que aqu\u00ed le mueve a cantar no es el destino de su alma, sino la vida \u00edntima de la Divinidad, tal como la fe nos la presenta: la fuente que siempre mana, origen de todos los seres, que a todos ellos presta luz y vida; que hace nacer de s\u00ed misma un r\u00edo igual, del cual en uni\u00f3n con el primero procede de una tercera corriente de id\u00e9ntica plenitud. La canci\u00f3n que canta estas verdades no es poes\u00eda conceptista. Canta la realidad, con los m\u00e1s puros y musicales sonidos. La doctrina de la fe se ha convertido en vida que fluye y el mar eterno con tranquilo oleaje envuelve al alma que en \u00e9l sumergida canta su canci\u00f3n. Y cada vez que golpea la orilla un eco misterioso responde: \u00abaunque es de noche\u00bb. El alma es limitada y no puede abrazar el mar infinito. Su mirada espiritual no se adapta a la luz celestial, que le parece oscuridad. Y as\u00ed vive en medio de la uni\u00f3n con la Trinidad, y a pesar de gozar del pan de vida en la Eucarist\u00eda, una vida de a\u00f1oranza: Porque es de noche. En estos versos se expresa la esencia de la contemplaci\u00f3n oscura.<br \/><br \/>El mismo pensamiento se encierra en el estribillo de la poes\u00eda \u00abVivo sin vivir en m\u00ed\u00bb. Que muero porque no muero. El estribillo no es aqu\u00ed como en la de la Ponte y el Pastorcico, una melod\u00eda que vuelve a brotar, continuamente y sin pretenderlo, del fondo del coraz\u00f3n. Es un tema que se repite con variantes. Quien ha cincelado estas estrofas tiene conciencia de su arte. Juega con su tema; el dolor de morir, de perder esta vida, que no es la vida verdadera, no es la pena viva que se expresa en la canci\u00f3n; aparece s\u00f3lo como un reflejo, en la consideraci\u00f3n retrospectiva, que el poeta recoge. Sus potencias est\u00e1n a\u00fan en acto. Y como su alma no se ha entregado plenamente y sin reservas, teme todav\u00eda perder a Dios; por ello se lamenta de sus pecados y los siente como fuertes ataduras que la atan a esta vida.<br \/><br \/>Tambi\u00e9n otras de sus poes\u00edas presentan esta misma forma, con un \u00ableitmotiv\u00bb que encierra el tema fundamental y que se repite como estribillo. No nos es posible reproducirlas todas. <br \/><br \/>Tan s\u00f3lo queremos volver, desde este punto de vista, al C\u00e1ntico Espiritual. El P. Silverio estima que es \u00e9sta la primera y m\u00e1s hermosa de sus poes\u00edas, y efectivamente muchas de sus estrofas son de un encanto inimitable. Para nosotros resulta claro que la riqueza de sus im\u00e1genes encuentra unidad perfecta en el simbolismo del desposorio. Mas no se puede afirmar que todas esas maravillosas im\u00e1genes hayan brotado del profundo del alma sin que haya existido una preocupaci\u00f3n por darles forma. Algunas han sido personales y formadas art\u00edsticamente, de otras podemos decir que parecen tra\u00eddas por los cabellos. Y esta variada multitud de im\u00e1genes y pensamientos est\u00e1 en consonancia con su contenido: la inquietud de un proceso movido del desarrollo interior del alma. Si comparamos esta canci\u00f3n, seg\u00fan su contenido y su forma, con las otras cuatro de que hemos hablado, todas ellas en conjunto nos dan una respuesta al problema de c\u00f3mo ha practicado el Santo la mortificaci\u00f3n interior; el alma ha llegado a un completo desprendimiento de s\u00ed y a la sencillez y a la calma en la uni\u00f3n con Dios. Pero ha sido fruto de la purificaci\u00f3n interior, en la que una naturaleza ricamente dotada ha cargado con la cruz y se ha puesto en las manos de Dios para ser crucificada; un esp\u00edritu de energ\u00eda y vitalidad sorprendentes se deja prender y un coraz\u00f3n de ardor apasionado ha alcanzado la paz, por medio de un renunciamiento radical. Los testimonios confirman este resultado.<br \/><br \/>El P. Eliseo de los M\u00e1rtires escribe que el Santo todo lo hac\u00eda \u00abcon admirable severidad y gravedad\u00bb. \u00abSu trato y conversaci\u00f3n apacible, muy espiritual y provechoso para los que le o\u00edan y comunicaban. Y en esto fue tan singular y animador, que los que le trataban, hombres y mujeres, sal\u00edan espiritualizados, devotos y aficionados a la virtud. Supo y sinti\u00f3 altamente de la oraci\u00f3n y trato con Dios, y a todas las dudas que le propon\u00edan acerca de estos puntos respond\u00eda con alteza de sabidur\u00eda, dejando a los que le consultaban muy satisfechos y aprovechados. Fue amigo de recogimiento y de hablar poco; su risa poca y muy compuesta\u00bb. \u00abTen\u00eda constante perseveraci\u00f3n en la oraci\u00f3n y presencia de Dios y en los actos y movimientos anag\u00f3gicos y jaculatorias oraciones\u00bb. Jam\u00e1s alzaba la voz ni conoc\u00eda bromas pesadas o poco convenientes, jam\u00e1s us\u00f3 de motes para designar a nadie. A todos trataba con igual respeto. En su presencia nadie pod\u00eda hablar mal de otro. Aun en la recreaci\u00f3n hablaba s\u00f3lo de cosas espirituales y cuando \u00e9l hablaba, nadie le interrump\u00eda. Si al final de la comida comenzaba una conversaci\u00f3n espiritual, se quedaban todos como clavados oy\u00e9ndole atentamente. Su influencia sobre los dem\u00e1s fue asombrosa. Ya entre los Calzados su presencia era una invitaci\u00f3n al silencio. Con una breve frase acallaba definitivamente las angustias y tentaciones. Fue asimismo grande en el discernimiento de los esp\u00edritus: postulantes que ped\u00edan el ingreso en la Orden, fueron por \u00e9l rechazados, a pesar de que a los dem\u00e1s parec\u00edan completamente aptos, o fueron por \u00e9l aprobados a pesar de que a otros no parec\u00edan a prop\u00f3sito para la Orden. A una Carmelita le hizo recordar en la confesi\u00f3n una grave falta olvidada durante largo tiempo, en la cual no hab\u00eda reparado. Podemos a\u00f1adir tambi\u00e9n a este prop\u00f3sito el conocido episodio de la Santa Madre, cuando al distribuir la comuni\u00f3n a las religiosas en el Monasterio de la Eucarist\u00eda, el Santo le dio media hostia, para mortificarla abiertamente, porque conoc\u00eda su predilecci\u00f3n por las hostias grandes. M\u00e1s riguroso se mostr\u00f3 todav\u00eda con la Madre Catalina de San Alberto en Beas. Hab\u00eda declarado que estaba segura de comulgar un d\u00eda determinado, que, por lo dem\u00e1s, era d\u00eda de comuni\u00f3n. Cuando lleg\u00f3 dicho d\u00eda, el Santo, al distribuir la comuni\u00f3n, la pas\u00f3 de largo, sin darle la hostia y esto a pesar de que volvi\u00f3 dos o tres veces. Preguntado por qu\u00e9 hac\u00eda esto, respondi\u00f3: \u00abque pues la hermana estaba segura de que comulgar\u00eda hab\u00eda obrado as\u00ed para ense\u00f1arle que jam\u00e1s debemos estar seguros de lo que pensamos\u00bb. En ambos casos el proceder del Santo se basa en el conocimiento de lo que las almas necesitaban para verse libres de sus imperfecciones. Esta fuerza de penetraci\u00f3n sobrenaturalmente agudizada corre parejas con una indomable energ\u00eda, que tampoco puede considerarse como meramente natural. Conociendo el respeto y amor que a Nuestra Santa Madre profesaba, \u00bfc\u00f3mo se hubiera atrevido el joven y humilde religioso, a comportarse de este modo con Santa Teresa, la ya madura Fundadora, si la virtud del Esp\u00edritu Santo no le hubiera dado fuerzas para ello? \u00bfC\u00f3mo hubiera podido el bueno y manso San Juan de la Cruz por s\u00ed mismo ense\u00f1ar de un modo tan sensible y humilde como en el caso de Beas? Ciertamente tampoco su bondad y mansedumbre pueden considerarse como dones puramente naturales. Por las observaciones agudas que hac\u00eda a prop\u00f3sito de los Directores inexpertos y violentos, tanto en la Llama de Amor Viva, como en otros lugares de sus obras, sabemos que el Santo distaba mucho de ser por naturaleza una paloma sin hiel. La descripci\u00f3n que hace en los \u00faltimos cap\u00edtulos de la Subida de ciertos tipos de piedad son de una iron\u00eda que en el trato personal pod\u00eda resultar muy hiriente. El que ni como Superior respecto a sus s\u00fabditos, ni como simple religioso en las horas de recreaci\u00f3n haya hecho uso de ella, demuestra que hab\u00eda conseguido dominar plenamente su naturaleza. Vivi\u00f3 fiel a sus ense\u00f1anzas. Cuando comparamos sus dichos acerca de las virtudes y dones con los testimonios acerca de su comportamiento, vemos que existe un acuerdo perfecto.<br \/><br \/>Exige una fe, que se apoye puramente en la doctrina de Cristo y su Iglesia y no en revelaciones extraordinarias. Durante el Cap\u00edtulo de Lisboa fueron muchos, aun entre los Padres graves, a visitar una monja, que hab\u00eda llamado poderosamente la atenci\u00f3n por sus estigmas y guardaron como reliquias trozos de pa\u00f1o empapado en sangre que dec\u00edan sali\u00f3 de sus llagas. Cuando m\u00e1s tarde de vuelta en Granada le preguntaron los religiosos si hab\u00eda visto a la estigmatizada, respondi\u00f3: \u00abYo no la vi ni la quise ver, porque me quejara yo mucho de mi fe si entendiera hab\u00eda de crecer un punto con ver cosas semejantes&#8230;\u00bb. Y a\u00f1adi\u00f3: \u00abestimaba m\u00e1s quedar en fe de las llagas de Cristo que todas las cosas creadas, y que para esto no ten\u00eda necesidad de ver en nadie las llagas\u00bb.<br \/><br \/>Quer\u00eda una esperanza en Dios \u00abcon la que el alma le est\u00e9 siempre mirando, sin poner en otra cosa los ojos&#8230;\u00bb, y estaba convencido de que un alma \u00abtanto alcanza cuanto espera\u00bb (D 119; 2N 21,7.9). El P. Juan Evangelista testifica que en los ocho o nueve a\u00f1os que convivi\u00f3 con el Santo, observ\u00f3 siempre \u00abque viv\u00eda en ella, y que \u00e9sta le sustentaba\u00bb. Y cuenta en particular que siendo el dicho Padre Juan Evangelista Procurador del convento de Granada y el Santo Prior de la Comunidad, un d\u00eda falt\u00f3 lo necesario y le pidi\u00f3 permiso para salir a procur\u00e1rselo. El Santo le advirti\u00f3 que confiara en Dios y nada les faltar\u00eda. Pasado un rato volvi\u00f3 el Procurador a la carga con el pretexto de que era tarde y hab\u00eda enfermos que ten\u00edan necesidad. El Santo le mand\u00f3 tornar a su celda y pedir all\u00ed a Dios lo necesario. El obedeci\u00f3, mas de all\u00ed a poco por tercera vez volvi\u00f3 al Prior y le dijo: \u00abPadre , esto es tentar a Dios, d\u00e9me V.R. licencia e ir\u00e9 a hacer diligencia, que es muy tarde\u00bb. Esta vez le fue concedido el permiso, pero a\u00f1adi\u00f3 el Santo: \u00abVaya y ver\u00e1 c\u00f3mo le confunde Dios en esa poca fe y esperanza que tiene\u00bb. Y efectivamente, cuando se iba a poner en camino trajeron al convento lo que necesitaban. Esto mismo sucedi\u00f3 en otras ocasiones.<br \/><br \/>Apenas si es necesario hablar del amor, porque toda la doctrina del Santo es una ense\u00f1anza de lo que tiene que hacer el alma, para conseguir transformarse en Dios, que es amor. Todo depende del amor, porque al final seremos \u00abexaminados en el amor\u00bb. Y su vida entera fue una vida de amor: uni\u00f3n \u00edntima con sus familiares en el amor de Dios; olvido de s\u00ed mismo y entrega generosa al servicio de los enfermos; bondad paternal para con sus s\u00fabditos; incansable paciencia con los penitentes de todas clases; respeto para con las almas; deseo ardiente de liberarlas para Dios; discernimiento de esp\u00edritus, para ense\u00f1ar a las almas los diversos caminos de Dios y, en consecuencia, la m\u00e1s delicada adaptaci\u00f3n a los distintos esp\u00edritus. A los Novicios los sacaba al aire libre, y all\u00ed les dejaba conforme a la inspiraci\u00f3n divina escogiesen un lugar para llorar, cantar, o rezar. Ni siquiera para con sus enemigos tiene una palabra hiriente. El da\u00f1o que le hacen lo considera como obra y voluntad divinas. De ello no debe ni hablarse. Todas estas diversas manifestaciones del amor al pr\u00f3jimo tienen su ra\u00edces el amor de Dios y del Crucificado. Como ya hemos visto repetidas veces, el amor consiste \u00aben tener gran desnudez y padecer por el amado\u00bb (Aviso 123), cosa que \u00e9l practic\u00f3 durante su vida, como lo hemos probado de muchas maneras y aparecer\u00e1 m\u00e1s claro todav\u00eda en lo que nos queda por decir.<br \/><br \/>Nos queda tan s\u00f3lo demostrar esta conformidad de su doctrina y su vida en un punto importante. El Santo ha insistido en sus escritos en que el alma no s\u00f3lo debe renunciar a los saberes y gozos naturales, sino tambi\u00e9n a todos los fen\u00f3menos sobrenaturales, -visiones, revelaciones, consuelos y otras semejantes- para, trascendiendo lo comprensible, salir al encuentro de lo incomprensible por medio de la oscuridad de la fe. Los testimonios de las diversas \u00e9pocas de su vida nos demuestran que San Juan de la Cruz fue colmado abundantemente de gracias extraordinarias, y, al mismo tiempo, nos dan a entender que con todas sus fuerzas trataba de rechazarlas. Cuando, viniendo a Segovia, caminaba por los claustros del convento y, a veces, aun durante una conversaci\u00f3n, golpeaba disimuladamente con el pu\u00f1o en la pared, para defenderse del \u00e9xtasis y no perder el hilo de la conversaci\u00f3n.<br \/><br \/>A la madre Ana de San Alberto le confi\u00f3 en cierta ocasi\u00f3n: \u00abYo. hija, traigo siempre mi alma dentro de la Sant\u00edsima Trinidad y all\u00ed quiere mi Se\u00f1or que yo la traiga\u00bb. Pero recibe tan extremado consuelo, que su d\u00e9bil naturaleza no lo podr\u00e1 aguantar y por ello no se atreve a abandonarse a un total recogimiento. Ya se dijo tambi\u00e9n c\u00f3mo a veces se ve\u00eda obligado a privarse durante varios d\u00edas seguidos de la santa misa por miedo a que le aconteciese algo extraordinario. Reiteradamente se lamenta de la \u00abd\u00e9bil naturaleza\u00bb, demasiado d\u00e9bil para soportar el exceso de gracias, pero lo bastante fuerte para buscar y desear la cruz bajo cualquier forma que se presente. Y el Se\u00f1or tampoco se las rehus\u00f3.<br \/><br \/>M\u00e1s efectiva que la mortificaci\u00f3n que procede de la propia elecci\u00f3n, es la cruz que Dios impone a cada uno, as\u00ed exterior como interior. Al igual que el camino del Salvador, fue tambi\u00e9n el de su fiel siervo, desde el principio hasta el fin, un verdadero V\u00eda Crucis: apremiante pobreza y miseria en los primeros a\u00f1os de su infancia, vanos esfuerzos para ayudar a su madre en la dura lucha por la existencia, despu\u00e9s un trabajo profesional que exig\u00eda de \u00e9l el empleo de todas sus fuerzas corporales y espirituales y de su escuela de la Cruz. Vienen luego sus decepciones sobre el esp\u00edritu de la Orden, a la que le atrajo la llamada divina, las dudas y luchas interiores que precedieron, con toda probabilidad, a su decisi\u00f3n de pasar a la Cartuja, y tras el feliz comienzo de la Reforma en Duruelo, una cadena de pruebas y sufrimientos en la lucha por su ideal.<br \/><br \/>En la vida de Cristo fueron sin duda las horas m\u00e1s felices las que en la noche callada pasaba en di\u00e1logo solitario con el Padre. Pero eran tambi\u00e9n s\u00f3lo un respiro tras la actividad, que le situaba en medio de la muchedumbre y le ofrec\u00eda d\u00eda a d\u00eda y hora a hora, como una bebida de hiel y vinagre, una mezcla de debilidad, vulgaridad y maldad por parte de los hombres. Tambi\u00e9n San Juan de la Cruz conoci\u00f3 la felicidad de las horas calladas de la noche y los coloquios con Dios bajo el cielo raso. Siendo Rector del Colegio de Baeza adquiri\u00f3 una parcela de terreno junto al r\u00edo. All\u00ed pasaba d\u00edas enteros en compa\u00f1\u00eda de Juan de Santa Ana. La noche la pasaba solo en oraci\u00f3n, pero a veces tomaba a su compa\u00f1ero, bajaba con \u00e9l al r\u00edo y conversaban de la belleza del cielo, de la luna y de las estrellas. Tambi\u00e9n en el tiempo que fue Prior de Segovia disfrutaba de un oasis parecido: una ermita en lo alto desde donde se dominaba un amplio panorama. All\u00ed sol\u00eda retirarse, siempre que los negocios se lo permit\u00edan. Vivir solo y en silencio su vida de oraci\u00f3n, fue siempre su anhelo desde los primeros a\u00f1os hasta su muerte. Pero la mayor parte de su vida estuvo sobrecargada con las obligaciones de los cargos que desempe\u00f1\u00f3. Y as\u00ed como hab\u00eda seguido a Cristo en el amoroso cuidado de los enfermos (incluso con el carisma de curaciones prodigiosas), de la misma manera le imit\u00f3 sacrific\u00e1ndose en el apostolado en pro de las almas. Mientras fue Rector de Baeza, los religiosos, siguiendo su ejemplo, atend\u00edan al confesionario durante todo el d\u00eda. El estaba a disposici\u00f3n de todos. Un d\u00eda le suplic\u00f3 el portero, que era el Hermano Mart\u00edn, que le procurara un confesor amable para un paciente ligero de cascos. Fue \u00e9l mismo a confesarle y transform\u00f3 tan completamente a aquel hombre mundano que luego acud\u00eda \u00abd\u00eda y noche\u00bb al convento para participar en los ejercicios espirituales (Ib\u00edd., 228).<br \/><br \/>Ten\u00eda una infinita paciencia para los escrupulosos, a quienes ning\u00fan otro quer\u00eda atender. El dolor m\u00e1s grande para su afectuoso coraz\u00f3n era ver c\u00f3mo las almas eran conducidas por caminos errados y tiranizadas por directores ignorantes y autoritarios. El bondadoso Santo encuentra para ellos palabras tan duras y \u00e1speras como el Salvador para los fariseos. En la Llama de Amor Viva interrumpe la descripci\u00f3n de las unciones del Esp\u00edritu, que sirven de preparaci\u00f3n pr\u00f3xima para la uni\u00f3n, para dar paso a una larga digresi\u00f3n acerca de los directores espirituales: \u00abMas es tanta la mancilla y l\u00e1stima que cae en mi coraz\u00f3n ver volver las almas atr\u00e1s, no solamente no se dejando ungir de manera que pase la unci\u00f3n adelante, que no tengo de dejar de avisarlas aqu\u00ed&#8230;\u00bb. El Director espiritual \u00abdem\u00e1s de ser sabio y discreto, es menester que sea experimentado, porque&#8230; si no hay experiencia de lo que es puro y verdadero esp\u00edritu, no atinar\u00eda a examinar al alma en \u00e9l, cuando Dios se lo da, ni aun lo entender\u00e1. De esta manera muchos maestros espirituales hacen mucho da\u00f1o a muchas almas&#8230; No sirven m\u00e1s que para principiantes, que no sabiendo ellos m\u00e1s que para \u00e9stos, y aun eso plega a Dios, no quieren dejar las almas pasar (aunque Dios las quiera llevar) a m\u00e1s de aquellos principios discursivos e imaginarios&#8230;\u00bb (L 3,3; L 3,31). \u00abAs\u00ed como en un rostro de extremada y delicada pintura tocase una tosca mano con bajos y toscos colores, ser\u00eda el da\u00f1o mayor y m\u00e1s notable y de m\u00e1s l\u00e1stima que si borrasen muchos rostros de pintura com\u00fan, porque aquella mano tan delicada que era el Esp\u00edritu Santo que aquella tosca mano deturb\u00f3 \u00bfqui\u00e9n la acertar\u00e1 a asentar? (L 3,42)&#8230; Cu\u00e1ntas veces est\u00e1 Dios ungiendo al alma contemplativa con alguna unci\u00f3n muy delgada de noticia amorosa, serena, pac\u00edfica, solitaria, muy ajena del sentido y de lo que se puede pensar&#8230;; y vendr\u00e1 un maestro espiritual que no sabe sino martillar y macerar con las potencias como herrero, y dir\u00e1: Andad, dejaos de esos reparos, que es ociosidad y perder tiempo&#8230;\u00bb (L 3,43). Y como estos directores no tienen la ciencia debida, no deber\u00edan tampoco entremeter su tosca mano en cosa que no entienden, no dej\u00e1ndola a quien la entiende; que no es cosa de peque\u00f1o peso y culpa hacer a un alma perder inestimables bienes y a veces dejarla muy bien estragada por su temerario consejo. \u00abY as\u00ed el que temerariamente yerra&#8230; no pasar\u00e1 sin castigo, seg\u00fan fue el da\u00f1o que hizo; porque los negocios de Dios con mucho tiento y muy a ojos abiertos se han de tratar, mayormente cosas de tanta importancia y en negocio tan subido como es el de estas almas, donde se aventura casi infinita ganancia en acertar, y casi infinita p\u00e9rdida en errar\u00bb (L 3,56). Del todo inexcusable es el director \u00abque tratando un alma, jam\u00e1s la deja salir de su poder all\u00e1 por lo motivos e intentos varios que \u00e9l se sabe\u00bb, aunque precise una ense\u00f1anza m\u00e1s alta que la suya. \u00abNo cualquiera que sabe desbastar el madero sabe entallar la imagen, ni cualquiera que sabe entallarla sabe perfeccionarla y pulirla; y no cualquiera que sabe pulirla, sabr\u00e1 poner la \u00faltima mano y perfecci\u00f3n&#8230; Pues veamos si t\u00fa, siendo no m\u00e1s que debastador, que es poner el alma en el desprecio del mundo y mortificaci\u00f3n de sus pasiones y apetitos, o cuando mucho entallador, que ser\u00e1 ponerle en santas meditaciones, y no sabes m\u00e1s \u00bfc\u00f3mo llegar\u00e1s esa alma hasta la \u00faltima perfecci\u00f3n&#8230;, que&#8230; consiste en la obra que Dios en ella ha de ir haciendo?&#8230; Porque \u00bfqui\u00e9n habr\u00e1 como San Pablo, que tenga para hacerse todo a todos, para ganarlos a todos? (1Cr 9,22). Y t\u00fa de tal manera tiranizas las almas, que&#8230; les quitas la libertad&#8230;\u00bb (L 3,59). El mismo Santo que siendo Superior se ganaba los corazones por su bondad y esp\u00edritu de sacrificio y que, cuando ten\u00eda que reprender lo hac\u00eda paternalmente, con bondad y mansedumbre, decididamente se enfrent\u00f3 con el R\u00e9gimen brutal en la direcci\u00f3n de la Orden. Cuenta un testigo: \u00abD\u00edjome en cierta ocasi\u00f3n, que cuando vi\u00e9semos en la Orden perdida la Urbanidad, parte de la Polic\u00eda Cristiana y Mon\u00e1stica, y que en lugar suyo entrase la agresividad y ferocidad en los Superiores (que es propio vicio de b\u00e1rbaros), la llor\u00e1semos por perdida\u00bb (Dictamen 15).<br \/><br \/>Es la preocupaci\u00f3n de las almas la que le hace decir tan \u00e1speras palabras. Cristo ha comprado las almas con su Pasi\u00f3n y Muerte y cada una de ellas es para \u00e9l y sus disc\u00edpulos de infinito valor. El fin de la Reforma no es otro que procurar a las almas escogidas condiciones de vida que permitieran que la mano de Dios realizara en ellas su obra sin estorbo alguno. Conocemos ya qu\u00e9 sufrimientos acept\u00f3 alegremente San Juan de la Cruz cuando esta obra divina se vio amenazada desde fuera; mas es posible que sufriera m\u00e1s todav\u00eda al ver c\u00f3mo dentro de la Reforma lleg\u00f3 a imponerse un esp\u00edritu que amenazaba la obra de Dios en las almas. El peligro vino de dos lados opuestos: el P. Graci\u00e1n impulsaba a la obra exterior de las Misiones. No carec\u00eda ciertamente el Santo de sentido apost\u00f3lico misional. Le dol\u00eda en el alma el que \u00abnuestro verdadero Dios y Se\u00f1or\u00bb fuera todav\u00eda desconocido en casi todo el mundo y conocido en una tan peque\u00f1a parte. Mas no quer\u00eda actividad alguna exterior a costa del recogimiento. Nicol\u00e1s Doria defend\u00eda el extremo opuesto; quer\u00eda soledad y rigor de penitencia, pero quer\u00eda imponer este ideal con toda rigidez, y con ello contrariaba al esp\u00edritu de Santa Teresa y de sus compa\u00f1eros de Reforma, y al mismo esp\u00edritu de Dios, que sopla donde quiere. Santa Teresa hab\u00eda sufrido mucho por la falta de comprensi\u00f3n de confesores inexpertos; por ello en sus constituciones hab\u00eda dejado a salvo para sus hijas la libertad de trato con varones espirituales, en quienes pudiera confiarse. El P. Doria quiso quitarles esta libertad. Provincial desde 1585, con amplios poderes de Roma, introdujo una constituci\u00f3n centralista: un consejo general, que nombraba priores, predicador y confesores. Juan de la Cruz luch\u00f3 por defender la herencia de la Santa, apoyado por las dos grandes hijas de Teresa, Mar\u00eda de San Jos\u00e9 y Ana de Jes\u00fas, y por el fiel amigo de la Reforma, Domingo B\u00e1\u00f1ez. Y es que se trataba tambi\u00e9n de la vida interior de sus hijas. En \u00c1vila, Beas, Caravaca, Granada y Segovia, bajo sus sol\u00edcitos cuidados y su mano a un tiempo delicada y firme hab\u00edan brotado tantas flores maravillosas como las que describe en su C\u00e1ntico Espiritual. \u00bfNo era normal que le pareciera que se malograba la obra de su vida, si ahora ca\u00eda el granizo de la persecuci\u00f3n sobre estos jardines del Para\u00edso?<br \/><br \/>En el Cap\u00edtulo de Madrid se opuso con toda modestia al Provincial, fiel a su principio: \u00abSi no osaren, dec\u00eda, lo que conviene por flaqueza o pusilanimidad, o por miedo de no enojar al Superior&#8230; tengan la Orden por perdida\u00bb. Por esto le quitaron todo cargo, y como consecuencia, toda posibilidad de ayudar exteriormente. Llegaron a intentar atacarle en su honor, para tomar pretexto de expulsarle de la Orden; mas \u00e9l conserv\u00f3 perfectamente la paz de su esp\u00edritu. En esta ocasi\u00f3n demostr\u00f3 cuan sincera hab\u00eda sido la petici\u00f3n que hiciera de \u00abpadecer y ser despreciado\u00bb por el Se\u00f1or, y que no eran palabras hueras cuando escribi\u00f3 que Cristo nunca hab\u00eda obrado tanto como en la Cruz (cfr. 2S 7,11). Seg\u00fan el testimonio del P. Eliseo de los M\u00e1rtires, cierto d\u00eda al exponer las palabras de San Pablo: \u00abLas se\u00f1ales de su apostolado las hab\u00e9is visto en medio de vosotros: paciencia, se\u00f1ales, milagros y prodigios\u00bb (2Cr 12,12), nota que el Santo coloca la paciencia antes que los milagros. \u00abDe modo que la paciencia es m\u00e1s cierta se\u00f1al del var\u00f3n apost\u00f3lico que el resucitar muertos. En la cual nota certifico yo, haber sido el P. Fr. Juan de la Cruz var\u00f3n apost\u00f3lico, por haber sufrido con sin igual paciencia y tolerancia los trabajos que se le ofrecieron, que fueron muy sensibles, y que a los cedros del Monte L\u00edbano derribaran (Dictamen 13).<br \/><br \/>Las cartas que escribi\u00f3 desde el Cap\u00edtulo de Madrid, despu\u00e9s de que le quitaron todos los cargos, dan una idea clara del estado de su alma. A la Madre Ana de Jes\u00fas le escribe a 6 de julio de 1591: \u00abDe no haber sucedido las cosas como ella deseaba, antes debe consolarse y dar muchas gracias a Dios; pues habiendo su Majestad orden\u00e1dolo as\u00ed, es lo que a todos m\u00e1s nos conviene; s\u00f3lo resta aplicar a ello la voluntad, para que as\u00ed como es verdad nos lo parezca; porque las cosas que no dan gusto, por buenas y convenientes que sean, parecen malas y adversas; y esto v\u00e9se bien que no lo es, ni para m\u00ed, ni para ninguno pues en cuanto a m\u00ed, es muy pr\u00f3spera, porque con la libertad y descargo de almas, puedo si quiero (mediante el divino favor) gozar de la paz, de la soledad y del fruto deleitable del olvido de s\u00ed y de todas las cosas. Y a los dem\u00e1s tambi\u00e9n&#8230;, pues as\u00ed estar\u00e1n libres de las faltas que hab\u00edan de hacer a cuenta de mi miseria&#8230;\u00bb.<br \/><br \/>Al mismo tiempo se dirigi\u00f3 a Mar\u00eda de la Encarnaci\u00f3n, la Hija de la Madre Ana, que entonces estaba de Priora en Segovia. \u00abDe lo que a m\u00ed toca, hija, no le d\u00e9 pena, que ninguna a m\u00ed me da. De lo que tengo muy grande es de que se eche la culpa a quien no la tiene; porque estas cosas no las hacen los hombres sino Dios, que sabe lo que nos conviene, y las ordena para nuestro bien. No piense otra cosa sino que todo lo ordena Dios. Y a donde no hay amor, ponga amor, y sacar\u00e1 amor\u00bb (Cta. 21).<br \/><br \/>Quien de esta forma pod\u00eda hablar, estaba transformado \u00edntimamente en el Crucificado. Hab\u00eda llegado la hora en que deb\u00eda, aun externamente, morir con la muerte de Cruz del amor. Ahora se cumplir\u00e1n sus \u00faltimos deseos. \u00abYo s\u00f3lo deseo que la muerte me encuentre en un lugar apartado, lejos de todo trato con los hombres, sin hermanos de h\u00e1bito a quienes dirigir; sin alegr\u00edas que me consuelen y atormentado de toda clase de penas y dolores. He querido que Dios me pruebe como a siervo, despu\u00e9s de que El ha probado en el trabajo la tenacidad de mi car\u00e1cter; he querido que me visite en la enfermedad, como me ha tentado en la salud y en la fuerza; he querido que me tentase con el oprobio, como lo ha hecho con el buen nombre que he tenido ante mis enemigos. D\u00edgnate, Se\u00f1or, coronar con el martirio la cabeza de tu indigno siervo\u00bb.<br \/><br \/>En el Cap\u00edtulo de Madrid se le se\u00f1al\u00f3 como residencia el yermo de la Pe\u00f1uela. Esto no supon\u00eda un castigo para \u00e9l. En \u00e9l pod\u00eda encontrar la anhelada soledad. Con todo no se puede pensar que las discusiones y resoluciones de Madrid no le afectaran ni le hirieran en su interior. En su viaje de Madrid a la Pe\u00f1uela lleg\u00f3 un d\u00eda a las cuatro de la ma\u00f1ana al convento de Toledo, con su compa\u00f1ero el P. El\u00edas de San Mart\u00edn. Celebraron ambos la misa y se encerraron para hablarse y consolarse mutuamente. Sin tomar nada permanecieron hasta la noche, y al marchar declar\u00f3 el Santo que iba muy consolado y que con la gracia que Dios aquel d\u00eda le hab\u00eda otorgado, estaba pronto a padecer cualquiera cosa por El. \u00bfNo fue esta una noche de Getseman\u00ed en la que le envi\u00f3 Dios un \u00e1ngel para consolarle? Las duras penitencias de su vida, las persecuciones, la misma c\u00e1rcel de Toledo y los malos tratos del Prior de \u00dabeda, en opini\u00f3n del P. Silverio, no son m\u00e1s que sombras comparadas como la que tuvo que padecer a cuenta de la instituci\u00f3n de la famosa consulta. Mirando desde el punto de vista humano, al dirigirse a la Pe\u00f1uela, dejaba tras s\u00ed destrozada toda la obra de su vida, al igual que el Salvador cuando fue conducido maniatado del Monte de los Olivos a Jerusal\u00e9n.<br \/><br \/>La soledad monta\u00f1osa de la Pe\u00f1uela fue tan s\u00f3lo una pausa, un respiro antes de la subida del Calvario. No le dejan vivir para s\u00ed mismo. Los religiosos se sienten felices de tener entre ellos al Padre de la Reforma. El Prior le suplica que tome la direcci\u00f3n espiritual de la comunidad. Asiste con ellos a la recreaci\u00f3n, pero se nota que hasta entonces ha permanecido sumido en oraci\u00f3n. Ya antes de apuntar al alba, se dirige a la huerta y all\u00ed se arrodilla junto a los sauces a orillas del riachuelo, hasta que el calor del sol le advierta que es hora de celebrar la santa misa. Despu\u00e9s de celebrar se retira a su celda y all\u00ed consagra todo el tiempo a la oraci\u00f3n, cuando se lo permiten las obligaciones de la vida com\u00fan. Algunas veces se va a la ermita y all\u00ed se queda como extasiado en Dios. Un testigo declara que durante este tiempo se ocup\u00f3 tambi\u00e9n de la redacci\u00f3n de libros espirituales. (No sabemos a qu\u00e9 libros puede referirse, ya que sus grandes tratados los hab\u00eda terminado para entonces). Las pe\u00f1as le resultaban grata compa\u00f1\u00eda. Y sol\u00eda decir: \u00abentre piedras me hallo mejor que entre hombres\u00bb y tengo menos que confesar. Las noticias que le llegaban de fuera eran propias para destruir la tranquilidad y el recogimiento. El P. Juan Evangelista le escribi\u00f3 cont\u00e1ndole los atropellos que el P. Diego Evangelista se hab\u00eda permitido en los monasterios de las carmelitas de Andaluc\u00eda, para arrancar a las religiosas acusaciones contra el Santo. (Por aquel tiempo la hermana Agustina de San Jos\u00e9, para evitar que cayera en manos del P. Diego, se vio precisada a quemar un gran fajo de cartas del Santo, que ella apreciaba \u00abcomo las Ep\u00edstolas de San Pablo\u00bb, as\u00ed como un cuaderno con apuntes de sus pl\u00e1ticas y conversaciones). El P. Nicol\u00e1s Doria, ante las quejas que le llegaban por el modo de proceder del P. Diego, declar\u00f3 que no le hab\u00eda dado ninguna encomienda para ello, pero no castig\u00f3 al culpable. Era y continuaba siendo su fiel amigo. San Juan de la Cruz hab\u00eda reprendido \u00e1speramente a este Padre, porque con motivo de la predicaci\u00f3n pasaba meses enteros fuera del convento. Ahora quer\u00eda aprovechar la oportunidad para vengarse. Algunos meses despu\u00e9s, muerto ya el Santo, declar\u00f3 que muerto le hubiera quitado el h\u00e1bito y expulsado de la Orden. Temiendo esto uno de los hijos m\u00e1s fieles del Padre de la Reforma, el P. Juan de Santa Ana, le hab\u00eda avisado de ello y recibi\u00f3 del Santo la siguiente respuesta: \u00abhijo, no te d\u00e9 pena eso, porque el h\u00e1bito no me lo pueden quitar sino por incorregible o inobediente, y yo estoy muy aparejado para enmendarme de todo lo que hubiese errado y para obedecer en cualquiera penitencia que me dieren\u00bb (Cta. 32). \u00abAl P. Juan Evangelista le escrib\u00eda que estaba muy lejos de padecer con todas estas cosas, sino que le serv\u00edan de ense\u00f1anza para el amor de Dios y de los pr\u00f3jimos&#8230;\u00bb.<br \/><br \/>En esta \u00absanta soledad\u00bb goz\u00f3 imperturbablemente de paz interior y cuando la fiebre le oblig\u00f3 a abandonarla, lo hizo \u00abcon intento de volverme luego aqu\u00ed, que en esta santa soledad me hallo muy bien\u00bb. As\u00ed como no hab\u00eda escogido su residencia en la Pe\u00f1uela, sino que se hab\u00eda dejado en manos de la santa obediencia, tampoco quiere ahora pedir un lugar determinado para curarse. Le dan a escoger entre Baeza y \u00dabeda. Baeza era el Colegio que \u00e9l hab\u00eda fundado y en el que estaba el Prior, su fiel hijo el P. \u00c1ngel de la Presentaci\u00f3n, que le esperaba con los brazos abiertos. En cambio, como Superior de \u00dabeda se encontraba el P. Francisco Cris\u00f3stomo, quien, por los mismos motivos que el P. Diego, se hab\u00eda convertido en su enemigo. Estando as\u00ed las cosas la elecci\u00f3n no era dudosa: escogi\u00f3 \u00dabeda. Como el convento era de fundaci\u00f3n reciente y pobre y adem\u00e1s era all\u00ed totalmente desconocido, esperaba \u00abcon m\u00e1s comodidad y merecimientos padecer los trabajos de la enfermedad\u00bb. El d\u00eda 22 de septiembre de 1591 mont\u00f3 en un machuelo que un amigo puso a su disposici\u00f3n y emprendi\u00f3 el \u00faltimo viaje de su vida. Fue un aut\u00e9ntico calvario. Desde hac\u00eda varios d\u00edas no hab\u00eda podido comer cosa de provecho y apenas s\u00ed pod\u00eda tenerse en la silla a causa de la debilidad. La pierna enferma le dol\u00eda como si se la cortaran; ella era la causa de su enfermedad. Primero se le hab\u00eda hinchado, y luego se le hab\u00edan abierto cinco llagas purulentas que dieron al Santo ocasi\u00f3n de dirigir a Dios esta oraci\u00f3n: \u00abMuchas gracias os doy, se\u00f1or m\u00edo Jesucristo, que las cinco llagas que Vuestra Majestad tuvo en pies, manos y costados, me las ha querido dar Vuestra Majestad en este solo pie; \u00bfd\u00f3nde merec\u00ed yo tan grande merced?\u00bb. Y, a pesar de ser los dolores tan grandes, no se quejaba, sino que lo llevaba todo con gran paciencia. En estas condiciones tiene que cabalgar siete millas por senderos de monta\u00f1a. Se ve obligado a avanzar lentamente. Habla de Dios con el Hermano que le acompa\u00f1a. Cuando ya hab\u00edan caminado tres leguas, le propone el compa\u00f1ero un alto a orillas del Guadalimar: \u00abA la sombra de esta puente puede descansar un rato Vuestra Paternidad; la alegr\u00eda de ver el agua le abrir\u00e1 el apetito y podr\u00e1 comer alguna cosa\u00bb, le dijo el compa\u00f1ero. \u00abA gusto descansar\u00e9 -respondi\u00f3 el Santo-, porque lo necesito, pero en cuanto a comer de todas las cosas que Dios ha criado s\u00f3lo comer\u00e9 unos esp\u00e1rragos si los hubiera\u00bb. El Hermano le ayud\u00f3 a apearse y a sentarse en el suelo. Y luego apercibi\u00f3 de que sobre una piedra hab\u00eda un manojo de esp\u00e1rragos, atados con una cuerda, como para llevarlos al mercado. El Hermano pens\u00f3 que se trataba de un milagro, pero el Santo no quer\u00eda o\u00edr hablar de ello. Mand\u00f3 buscar al propietario, y como nadie apareci\u00f3, dej\u00f3 un cuarto sobre la piedra como indemnizaci\u00f3n. Al cabo de dos horas llegan a \u00dabeda. El Prior recibe al enfermo y le se\u00f1ala la celda m\u00e1s peque\u00f1a y pobre. El m\u00e9dico, licenciado Ambrosio de Villarreal, le examina las llagas. Diagnostica erisipela con focos purulentos. Se impone una dolorosa intervenci\u00f3n. El cirujano quiere dar con el origen exacto del mal y abre la pierna, descubriendo los huesos desde el tal\u00f3n hasta la mitad de la pantorrilla. Apretado por los terribles dolores pregunta el enfermo: \u00ab\u00bfQu\u00e9 ha hecho Vuestra Merced, se\u00f1or Licenciado?\u00bb. Contempla la herida y exclama:\u00abJes\u00fas, \u00bfeso ha hecho?\u00bb. M\u00e1s tarde dijo el m\u00e9dico al P. Juan Evangelista que el Santo hab\u00eda sufrido los dolores m\u00e1s grandes que se pueden sufrir, con inimitable paciencia. Tambi\u00e9n delante de otras personas manifest\u00f3 su admiraci\u00f3n de que el enfermo sufriera con tanta tranquilidad y alegr\u00eda, y afirmaba que \u00abfray Juan de la Cruz era gran santo, porque le parec\u00eda que tales dolores y tan continuos y con tanta paciencia no era posible padecerlos y sufrirlos sin quejarse, si no fuera muy santo y no tuviera mucho amor de Dios y ayuda del cielo\u00bb. Esta misma impresi\u00f3n ten\u00edan todos los circunstantes. Los religiosos consideraban como una gracia especial de Dios el tener tal ejemplo, en medio de ellos. Tan s\u00f3lo el Prior permanec\u00eda despiadado. Cuando le visitaba era s\u00f3lo para reprocharle el trato que le hab\u00eda dado cuando San Juan de la Cruz fue Vicario Provincial de Andaluc\u00eda. No pod\u00eda ver que los religiosos y los extra\u00f1os rivalizasen en aliviar las torturas del paciente. (En este punto hab\u00eda resultado in\u00fatil la preocupaci\u00f3n del Santo por escoger un lugar donde fuera desconocido: la santidad no puede ocultarse hasta tal punto que no encuentre admiradores). Don Fernando D\u00edaz de \u00dabeda le hab\u00eda o\u00eddo un d\u00eda, cuando la fundaci\u00f3n de la Mancha, predicar el Evangelio, y desde entonces hab\u00eda depositado en \u00e9l toda su confianza. Tan pronto como se enter\u00f3 de la llegada del enfermo, le visit\u00f3 y desde entonces ven\u00eda a verlo todos los d\u00edas, y hasta tres y cuatro veces diarias. Un d\u00eda le encontr\u00f3 el Prior, cuando quer\u00eda llevarse las vendas del Santo para lavarlas. Algunas piadosas mujeres se sent\u00edan felices de poder prestar ese servicio. Fueron recompensadas con un maravilloso perfume que manaba de los lienzos impregnados de pus. El Prior prohibi\u00f3 a D. Fernando que se preocupara de ello, porque \u00e9l mismo se cuidar\u00eda de este servicio. Se le oy\u00f3 quejarse con frecuencia de los gastos que el cuidado del enfermo ocasionaba, y del empleo de medicinas. El P. Diego de la Concepci\u00f3n, Prior de la Pe\u00f1uela, envi\u00f3 a \u00dabeda seis fanegas de trigo para la comunidad y seis gallinas para el enfermo. El P. Bernardo de la Virgen, su enfermero, pudo recoger diariamente pruebas de la hostilidad del Prior para con el Santo. Orden\u00f3 que nadie le visitara sin su permiso y, finalmente, prohibi\u00f3 al P. Bernardo que le cuidara, porque estimaba que le atend\u00eda demasiado. El enfermero envi\u00f3 noticia de todo al Provincial de Andaluc\u00eda, que lo era el anciano Antonio de Jes\u00fas, antiguo compa\u00f1ero del Santo en los D\u00edas de Duruelo. Este se apresur\u00f3 a ir a \u00dabeda para poner remedio, permaneciendo all\u00ed seis o siete d\u00edas. Reprendi\u00f3 al Prior \u00e1speramente y a los dem\u00e1s les orden\u00f3 que visitaran y asistieran al enfermo cuanto les fuera posible. El P. Bernardo fue repuesto en el oficio de enfermero con la orden de cuidarle con el mayor amor, y si el Prior le negaba lo necesario quedaba obligado a comunic\u00e1rselo al Provincial y, mientras tanto, deb\u00eda pedir prestado el dinero. En todas estas circunstancias no se oy\u00f3 al Santo una sola queja de la enemistad del Prior y todo lo sobrellev\u00f3 \u00abcon la paciencia de un Santo\u00bb.<br \/><br \/>El P. Antonio estuvo presente en la primera operaci\u00f3n. Cuando quiso consolar al enfermo, se disculp\u00f3 el Santo: \u00abPadre, perd\u00f3neme que no le puedo responder, que me estoy consumiendo de dolores\u00bb. Y, sin embargo, no hab\u00edan llegado a su m\u00e1s alto grado sus dolores corporales. Se le formaron nuevos abscesos en la espalda y en las caderas. Se excusaba el m\u00e9dico antes de una nueva intervenci\u00f3n: \u00abNada importa, si es necesario\u00bb, dijo este nuevo Job. Y le animaba a seguir adelante. Todos los dolores y sufrimientos los consideraba como gracias divinas. En las cartas que escribi\u00f3 desde el lecho -no han llegado a nosotros, pero sabemos de ellas por el testimonio de los testigos-, habla de la alegr\u00eda de sufrir por el Se\u00f1or, los dolores corporales no le imped\u00edan sumergirse en la oraci\u00f3n. Algunas veces suplic\u00f3 a su joven enfermero fray Lucas del Esp\u00edritu Santo, que le dejara solo, no para dormir, a\u00f1ade el que nos da la noticia, sino para engolfarse con mayor ardor en la contemplaci\u00f3n de las cosas divinas. Cuando el enfermero se dio cuenta de esto, no s\u00f3lo se retiraba \u00e9l, sino que a veces despachaba a las visitas. Tambi\u00e9n el m\u00e9dico se mostraba comprensivo a este respecto: \u00abDejemos orar al Santo\u00bb; dec\u00eda, \u00abcuando vuelva en s\u00ed, le curaremos\u00bb.<br \/><br \/>Este m\u00e9dico se transform\u00f3 completamente al lado del enfermo. El Santo le envi\u00f3 un ejemplar de la Llama escrito de su propio pu\u00f1o y letra, en el que m\u00e1s tarde le\u00eda para consolarse.<br \/><br \/>Cada d\u00eda se hac\u00eda m\u00e1s transparente el velo que ocultaba a su alma la gloria del cielo, y m\u00e1s esplendores lo atravesaban. El m\u00e9dico anuncia al enfermo su pr\u00f3xima muerte. Su respuesta es un grito de alegr\u00eda Laetatus sum in his quae dicta sunt mihi: in domum Domini ibimus (Ps 122,1). Los religiosos le indican la conveniencia de administrarle el vi\u00e1tico; pero \u00e9l responde que ya les avisar\u00e1 cuando llegue la hora. Desde la v\u00edspera de la Concepci\u00f3n conoc\u00eda el d\u00eda y hora de su muerte. Lo descubri\u00f3 al decir: \u00abLoada sea la Se\u00f1ora, que quiere que salga de la vida en s\u00e1bado\u00bb. Y cuando lleg\u00f3 el d\u00eda de su muerte, anunci\u00f3: \u00abGloria a Dios que esta noche tengo de ir a decir Maitines al cielo\u00bb.<br \/><br \/>Dos d\u00edas antes de su muerte quem\u00f3 en una candela todas sus cartas -una gran cantidad- porque dec\u00eda que era pecado ser su amigo. La tarde del jueves recibi\u00f3 al santo Vi\u00e1tico. A cuantos le ped\u00edan algo como recuerdo les remit\u00eda al Superior, porque \u00e9l era pobre y nada pose\u00eda. Hizo llamar al Prior, P. Francisco Cris\u00f3stomo, y le pidi\u00f3 perd\u00f3n de todos sus pecados y le suplic\u00f3: \u00abPadre nuestro, all\u00ed est\u00e1 el h\u00e1bito de la Virgen que he tra\u00eddo en uso; yo soy pobre y no tengo con qu\u00e9 enterrarme. Por amor de Dios suplico a Vuestra Reverencia que me lo d\u00e9 de limosna\u00bb. \u00abEl Prior le bendijo y abandon\u00f3 la celda. Parece que en este instante no se hab\u00eda roto a\u00fan la resistencia interior de su alma. Pero, finalmente, como el ladr\u00f3n arrepentido, cay\u00f3 llorando a los pies del moribundo y le pidi\u00f3 perd\u00f3n, porque su \u00abpobre convento\u00bb no hab\u00eda podido ofrecerle m\u00e1s alivios durante su enfermedad. \u00abPadre Prior, le contesta el enfermo, yo estoy contento y tengo m\u00e1s de lo que merezco&#8230; tenga confianza en nuestro Se\u00f1or, que tiempo ha de venir en que esta casa tenga lo que hubiere menester\u00bb.<br \/><br \/>El 13 de diciembre por la ma\u00f1ana pregunt\u00f3 qu\u00e9 d\u00eda era y como le respondieron que viernes, varias veces durante el d\u00eda se interes\u00f3 por la hora: esperaba ir a cantar los Maitines al cielo.<br \/><br \/>En este \u00faltimo d\u00eda de su vida estuvo m\u00e1s silencioso y recogido que de ordinario. La mayor parte del tiempo permaneci\u00f3 con los ojos cerrados. Cuando los abr\u00eda los fijaba amorosamente en un crucifijo de cobre.<br \/><br \/>Hacia las tres suplic\u00f3 que, antes de morir, le llevaran al P. Sebasti\u00e1n de San Hilario. Era \u00e9ste un Padre joven a quien hab\u00eda dado el h\u00e1bito en Baeza, y que entonces se encontraba enfermo con fiebre en una celda cercada a la de Santo. Fue conducido a la de San Juan de la Cruz y all\u00ed permaneci\u00f3 como una media hora. El Santo ten\u00eda algo muy importante que comunicarle: \u00abP. Sebasti\u00e1n, Su Reverencia ser\u00e1 elegido Superior de la Orden. Escuche con atenci\u00f3n lo que voy a decirle y comun\u00edquelo a los Superiores advirti\u00e9ndoles que se lo he manifestado antes de morir\u00bb. Se trataba de algo de particular inter\u00e9s para el desarrollo de la Provincia. A las cinco lanz\u00f3 un grito de alegr\u00eda exclamando: \u00abSoy dichoso porque, sin merecerlo, estar\u00e9 esta noche en el cielo\u00bb. Pidi\u00f3 la Extremaunci\u00f3n que recibi\u00f3 con gran devoci\u00f3n; y durante la misma respondi\u00f3 a las oraciones del sacerdote. Ante su s\u00faplica insistente le llevaron de nuevo el Sant\u00edsimo para que lo adorara. \u00abDijo&#8230; muchas cosas de ternura y devoci\u00f3n y, despidi\u00e9ndose, dijo: Ya, Se\u00f1or, no os tengo de volver a ver con los ojos mortales\u00bb.<br \/><br \/>El P. Antonio de Jes\u00fas y algunos otros de los m\u00e1s antiguos quisieron velarle, mas \u00e9l no lo permiti\u00f3. Los llamar\u00eda cuando llegase la hora. Cuando dieron las nueve dijo anhelante: \u00abTodav\u00eda tengo tres horas: incolatus meus prolongatus est\u00bb (Sal 119,5). El P. Sebasti\u00e1n le oy\u00f3 decir todav\u00eda que hab\u00eda obtenido tres gracias del se\u00f1or: no morir siendo Superior; morir en un lugar donde era desconocido y despu\u00e9s de haber sufrido mucho. Luego se qued\u00f3 sumido en profunda meditaci\u00f3n y tan quieto, que pensaron que estaba muerto. Mas volvi\u00f3 pronto en s\u00ed y bes\u00f3 los pies de su Cristo. A las diez oy\u00f3 sonar las campanas de las monjas. Pregunt\u00f3 a qu\u00e9 ta\u00f1\u00edan. Le respondieron que eran las religiosas que iban a catar los Maitines. \u00abY yo -respondi\u00f3- por la misericordia de Dios ir\u00e9 a cantarlos con nuestra Se\u00f1ora, en el cielo\u00bb. Alrededor de las once y media mand\u00f3 llamar a los Padres. Acudieron unos 14 o 15 religiosos que se preparaban para Maitines, y fueron colgando sus l\u00e1mparas en las paredes de la celda. Preguntado qu\u00e9 tal se encontraba, se agarr\u00f3 a la soga que pend\u00eda del techo y que serv\u00eda para facilitar los movimientos del enfermo, se incorpor\u00f3 y les dijo: \u00ab\u00bfQuieren que digamos el salmo De profundis, que estoy muy valiente?\u00bb. El Santo comenz\u00f3 y los dem\u00e1s respond\u00edan. De esta forma se fue prosiguiendo. \u00abY estaba en este tiempo&#8230; con el rostro muy sereno, y hermoso y alegre\u00bb, relata el P. Fernando de la Madre de Dios que era Superior. De esta forma rezaron \u00abno s\u00e9 cu\u00e1ntos salmos\u00bb; dice Francisco Garc\u00eda. Eran los salmos penitenciales, que preceden a la recomendaci\u00f3n del alma. Sobre si terminaron estos salmos y en qu\u00e9 lugar interrumpi\u00f3 el Santo su oraci\u00f3n, no est\u00e1n de acuerdo los testimonios. Se sinti\u00f3 cansado y volvi\u00f3 a echarse. Todav\u00eda manifest\u00f3 un \u00faltimo deseo; que alguien le leyera algo del Cantar de los Cantares; el Prior se encarg\u00f3 de complacerle. \u00ab\u00a1Qu\u00e9 piedras preciosas!\u00bb exclam\u00f3 el moribundo. Era la canci\u00f3n del amor que le hab\u00eda acompa\u00f1ado durante su vida.<br \/><br \/>Pregunt\u00f3 de nuevo por la hora. Hab\u00eda sonado medianoche. \u00abA esa hora estar\u00e9 delante de Dios para rezar Maitines\u00bb. El P. Antonio le dice para consolarle: \u00abAcu\u00e9rdese de las obras que hicimos y trabajos que padecimos en los principios de la Religi\u00f3n\u00bb. El Santo respondi\u00f3: \u00ab\u00a1Dios sabe lo que ha pasado!\u00bb. Mas \u00e9l no quiere apoyarse en sus m\u00e9ritos: \u00abPadre nuestro, no es \u00e9ste el momento para eso; por los m\u00e9ritos de Cristo nuestro Se\u00f1or espero salvarme\u00bb.<br \/><br \/>Los religiosos le piden la bendici\u00f3n y por orden del P. Provincial se la da. Les exhorta a que sean obedientes de verdad y religiosos perfectos.<br \/><br \/>Poco antes de media noche entrega su santo Cristo a uno de los circunstantes, probablemente a Francisco D\u00edaz. Quer\u00eda tener libres las manos para poner su cuerpo bien compuesto para la muerte. Pronto lo volvi\u00f3 a tomar y se despidi\u00f3 con tiernas palabras del Crucificado, como antes del Sant\u00edsimo Sacramento.<br \/><br \/>Doce campanadas sonaron en la torre. El moribundo dijo: \u00abHermano Diego, d\u00e9 la sa\u00f1a) para ta\u00f1er a Maitines, que ya es la hora\u00bb. Francisco Garc\u00eda que era ta\u00f1edor aquella semana sali\u00f3. Juan oy\u00f3 el ta\u00f1ido y dijo teniendo la cruz en sus manos: \u00abin manus tuas. Domine, commendo spiritum meum\u00bb. Una mirada de despedida, un \u00faltimo beso al Crucifijo, y se present\u00f3 ante el trono del Se\u00f1or para cantar Maitines con los coros ang\u00e9licos.<br \/><br \/>No tiene esta muerte algo de semejanza con la libertad divina con que Cristo inclin\u00f3 en la Cruz su cabeza? Y as\u00ed como en aquel primer Viernes Santo portentos y milagros anunciaron que era verdaderamente Hijo de Dios el que hab\u00eda muerto en la Cruz, tambi\u00e9n en esta ocasi\u00f3n el cielo dio testimonio de que un siervo bueno y fiel hab\u00eda entrado en la gloria de su Se\u00f1or.<br \/><br \/>Entre las nueve y diez de la noche, mientras la mayor parte de los religiosos, conforme al deseo del Santo, se hab\u00edan retirado a descansar. Francisco Garc\u00eda se acerc\u00f3 a la cabecera del lecho arrodill\u00e1ndose entre \u00e9ste y la pared para rezar su rosario. Entonces le vino al pensamiento que tal vez tendr\u00eda la dicha de ver algo de lo que el Santo contemplaba. Mientras los Padres recitaban los salmos, repentinamente vio un globo de luz entre el techo de la celda y los pies del lecho. Brillaba con tal resplandor, que oscurec\u00eda el de los catorce o quince candiles de los religiosos y los cirios del altar. Cuando el Santo expir\u00f3, el Hermano Diego lo ten\u00eda en sus brazos y vio una luz que envolv\u00eda el lecho. \u00abBrillaba como el sol y la luna y las luces del altar y los dos cirios parec\u00edan como envueltos en una nube y que no alumbraban\u00bb. S\u00f3lo entonces se percat\u00f3 el Hermano Diego de que el Santo se hallaba sin vida entre sus brazos. \u00abNuestro Padre se ha ido al cielo con esta luz\u00bb, dijo a los circunstantes, y cuando, despu\u00e9s, juntamente con el P. Francisco y el H. Mateo, compon\u00edan el cad\u00e1ver del Santo, se apercibieron de que de \u00e9l sal\u00eda un suave perfume.<br \/><strong><a href=\"#topCC\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><br \/><br \/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ciencia de la Cruz&#8211; Edith Stein &#8211; IndicePr\u00f3logoIntroducci\u00f3nI El mensaje de la Cruz1 Tempranos encuentros con la cruz2 El mensaje de la Sagrada Escritura3 El Sacrificio de la misa4 Visiones de la Cruz5. El mensaje de la Cruz6 Contenido del &hellip; <a href=\"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=5235\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":""},"categories":[36],"tags":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p2dsrC-1mr","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/5235"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=5235"}],"version-history":[{"count":30,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/5235\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":5288,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/5235\/revisions\/5288"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=5235"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=5235"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=5235"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}